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8 septiembre 2013 7 08 /09 /septiembre /2013 23:00

Y en la lucha de clases está basada la desigualdad, legitimada por unos (la clase dominante) y combatida por muchos (los de abajo). Digamos que lucha de clases y desigualdad son caras de una misma moneda. La una no podría entenderse sin la otra. Ahondaremos más en las clases sociales, sobre todo centrando el problema en nuestro país, pero vamos a abordar desde ahora el tema de las desigualdades sociales, que como decimos, es complementario del anterior. Y ni qué decir tiene, que cuando se dan las crisis capitalistas, el nivel de desigualdad social de los países que se rigen por este sistema económico se acrecienta espectacularmente. Los que legitiman las desigualdades conciben el mundo como una suerte de darwinismo social, donde es aceptado que unos puedan tener mucho, a costa de que otros tengan muy poco. Nos vamos a basar para esta exposición en el estupendo artículo de Rodrigo Fernández Miranda publicado en AlbaSud.  

 

capitalismo_desigualdades1.jpgPartamos de la exposición filosófica que nos hace Jean Jacques Rousseau en su "Discurso sobre el origen de las desigualdades":"Concibo de la especie humana dos clases de desigualdad: una, que llamo natural o física, porque se halla establecida por la naturaleza (...) otra, que se puede llamar desigualdad moral o política, porque depende de una especie de convención, y se halla establecida (al menos autorizada) por el consenso de los hombres. Ésta consiste en los diferentes privilegios de que gozan los unos en perjuicio de los otros, como el ser más ricos, más distinguidos, más poderosos, incluso el hacerse obedecer (...) [Se trata] de señalar en el progreso de las cosas el instante en que, el derecho sucediendo a la violencia, la naturaleza fue sometida a la ley; de explicar por qué encadenamiento de prodigios el fuerte pudo determinarse de servir al débil y el pueblo a comprar un reposo ilusorio al precio de una felicidad efectiva".

 

Y al igual que las clases y su lucha, las desigualdades sociales son inherentes al capitalismo. Y bajo el paradigma del neoliberalismo, y en circunstancias de profundas crisis, como la actual, las desigualdades se hacen cada vez más acuciantes. Unos, la inmensa mayoría, los de abajo, son afectados negativamente, viendo mermados sus derechos sociales y sus condiciones de vida. Otros, demasiado pocos, los de arriba, son beneficiados por esta situación. Los datos que podemos poner encima de la mesa son abrumadores. En poco menos de cinco años, en la crisis que nos ocupa, el grueso de la sociedad española ha sido condenada al empobrecimiento, a la exclusión social, a la precariedad o a la emigración, mientras unos pocos han visto aumentar inusitadamente sus beneficios. Para unos, la degradación de sus condiciones de vida, el desmantelamiento de los servicios públicos, la decadencia democrática, la represión policial. Para otros, el aumento de sus rentas, las bajadas de impuestos, el aumento de su poder en las empresas, o el mayor número de desgravaciones.

 

capitalismo_desigualdades2.jpgComo se ve, pues, el nuevo orden neoliberal no hace más que agravar y acelerar las propias consecuencias negativas, permanentes, sistémicas e intrínsecas del capitalismo. Gracias a estos ajustes sobre la inmensa mayoría, el sistema capitalista salva sus muebles, y además sale reforzado, acrecentando las desigualdades sociales, haciendo a los pobres más pobres, y cada vez más poderosos a los que ya lo eran. Lo cierto es que nuestro país ya arrastraba un déficit social con respecto a los países de nuestro entorno, acumulado sobre todo durante la época franquista. La etapa "democrática" no acabó de asentar los pilares que hubiesen permitido recuperar dicho déficit social, y con la actual crisis sistémica, las desigualdades se han ahondado. Y desde 2012, el Estado Español ocupa la primera posición en cuanto a desigualdad social de la UE-27, siendo el país con una mayor distancia entre las rentas más altas y las más bajas.

 

En el Indice de Gini, quizá el mejor coeficiente para medir las desigualdades, el Estado Español se encuentra tercero por la cola en la UE (según este Indice, 0 equivale a la ausencia de desigualdades, y 100 a la máxima desigualdad). En 2011-2012 el valor de la desigualdad a través de este coeficiente en el país llegó a alcanzar los 34 puntos, 4 puntos por encima de la media de la UE, y el valor más alto que el país ha registrado. Otro indicador de desigualdad es el Ratio 80/20, que establece la brecha entre el 20% de la población que más ingresos tiene y el 20% que menos. Según este indicador, ocupamos el primer puesto en desigualdad, con un valor de 7,5, en relación al 5,7 de la media de la UE, y con un aumento que ronda el 40% desde 2007. Todo ello, según datos de Eurostat, la Oficina Estadística Europea. Otra forma de aproximarse a la medición de estas desigualdades sociales es a través de la distribución del Producto Interior Bruto (PIB) entre asalariados y empresariado. Mientras que entre 1995 y 2010 la población asalariada ha percibido el 48,8% del PIB y el empresariado el 41,7%, en el primer trimestre de 2012 por primera vez los excedentes del empresariado han superado a las rentas salariales. Los beneficios empresariales durante ese período crecieron un 47,8% en términos de PIB, y la revalorización de las acciones de las empresas en un 371% (Colectivo IOE, 2012), aumentando la fisura económica entre ambas clases sociales.  

 

capitalismo_desigualdades3.jpgTambién en el ámbito fiscal la “crisis” resulta una coyuntura favorable para esta minoría. Además de la amnistía fiscal ofrecida por el Gobierno a las grandes fortunas evasoras, las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV), instrumento de inversión que los principales patrimonios utilizan para evitar pagar impuestos, crecieron más del 10% en el primer semestre de 2012. Estas sociedades para inversiones colectivas no pagan los impuestos de Transmisiones Patrimoniales ni Impuesto de Actos Jurídicos Documentados y tributa como sociedad al 1%, en lugar de al 30 ó 35%. La inexistencia de un impuesto a las grandes fortunas y la nula tributación de las SICAV son medidas que se contraponen con la creciente presión fiscal que el Estado ejerce sobre los asalariados para aumentar la recaudación. Todo este panorama contribuye a construir una estructura social cada vez más jerarquizada, remarcando la diferencia de clases, y la desigualdad asociada.

 

Y frente a este escenario, las clases más poderosas hacen el agosto a través de la crisis. La CEOE consigue imponer su Reforma Laboral, que abarata los despidos y concede casi todo el poder a los empresarios, debilitando la capacidad negociadora de los trabajadores. Otros hacen grandes negocios: la “crisis” también se configura como una “oportunidad” para nuevas inversiones extranjeras, con unas condiciones excesivamente ventajosas. No sólo el magnate Sheldon Adelson pretende instalar, con el favor del Estado, un estado de excepción en el territorio a través del megaproyecto Eurovegas, sino que también su par Carlos Slim, hombre más rico del mundo, en los últimos meses se ha convertido en socio relevante de CaixaBank y accionista mayoritario del club Real Oviedo. Mientras que sólo doscientas familias españolas suman un patrimonio estimado de 135 mil millones de euros, se prevé que para 2017 el número de millonarios en el país se incremente un 110% (Credit Suisse, 2012). Para esta clase dominante la “crisis” representa una coyuntura propicia para la especulación, los privilegios, el optimismo, la acumulación o los negocios oportunistas. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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