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28 agosto 2014 4 28 /08 /agosto /2014 23:00

"Si el poder real es el poder económico, ¿qué hacemos hablando de Democracia?"

(José Saramago)

 

 

 

 

 

En el anterior artículo de esta serie, habíamos afirmado que, mientras recorremos ese camino hacia la democracia plena, ya podíamos ir implementando, haciendo implementar a las formaciones políticas (sobre todo, pero también de cara a la ciudadanía) una serie de medidas rápidas, sencillas, poco traumáticas, que fueran allanando el camino, y que construyeran un contexto de mayor "credibilidad democrática". Vamos a mencionar algunas de ellas. Por ejemplo, romper con la disciplina de voto dentro de los partidos, es decir, dejar libertad de voto (o voto en conciencia, como suele llamarse) a los/as diputados/as y senadores/as, independientemente de cuál sea la corriente o posición oficial de sus respectivos partidos políticos.

 

objetivo_democracia31.jpgDe igual forma, permitir la posibilidad de confeccionar listas abiertas en las convocatorias a los procesos electorales también sería una buena opción, para desligar los representantes concretos de aquéllos que marcara el partido político en cuestión. Una reforma de la Ley Electoral también sería de entrada imprescindible, que pudiera aglutinar algunas de las modificaciones que estamos proponiendo aquí, pero sobre todo, una modificación del Algoritmo de D'Hont, que es la fórmula matemática que se aplica actualmente para trasladar el número de votos conseguidos por cada coalición política, a su número de escaños en la Cámara de que se trate. Este algoritmo, tal como se aplica, favorece a las fuerzas políticas mayoritarias, a costa de las minoritarias, con lo cual la conclusión es clara: no todos los votos valen igual, ya que conseguir un escaño para una fuerza política, a medida que va siendo más votada, le cuesta menos que a las demás. Y esto es completamente inadmisible en democracia.

 

También podrían contemplarse algunos cambios en el tamaño de las circunscripciones, lo que ajustaría mejor la proporcionalidad que se le asigna al voto según los diferentes territorios. Asímismo, podrían permitirse las corrientes internas en los partidos políticos (algunos no las permiten en sus Estatutos), como medio para recoger las diferentes tendencias que puedan expresarse dentro de un mismo partido. Y también sería buena idea el hecho de abrir las Elecciones Primarias (internas) de los partidos a toda la población. Las Primarias se celebran normalmente para la elección de los candidatos dentro de un mismo partido, y al abrirlas a toda la ciudadanía, el aparato de los partidos perdería algo de capacidad para imponer su criterio sobre sus potenciales electores. Otra idea interesante es limitar por ley, como máximo, a dos legislaturas, el tiempo que los cargos públicos electos pudieran estar al frente de sus respectivas responsabilidades, así como que los/as diputados/as o senadores/as puedieran estar ejerciendo sus funciones en la Cámara correspondiente.

 

objetivo_democracia32.jpgEntendemos que la limitación de mandatos incide directamente en la calidad de la vida democrática, y en no permitir cierto nivel de acumulación de poder, de cara a posibles focos de corrupción. Por último, el Reglamento de funcionamiento de dichas Cámaras debería ser modificado, para que refleje fielmente la pluralidad política del Parlamento, y no se convierta en una mera caja de resonancia de las ideas y mandatos del Gobierno de turno. Remito a los lectores a la serie de artículos que publicamos hace algún tiempo bajo el título "Por un Parlamento más democrático", donde explicábamos con calma estas modificaciones propuestas. De entrada, y con estas sencillas medidas que se pueden ir implementando inmediatamente, ya conseguiríamos un panorama algo menos viciado, y una mayor apertura, una mejor rampa de lanzamiento, para ir migrando hacia una plena Democracia.

 

Otro aspecto a controlar para conseguir una democracia más robusta sería la posibilidad de impedir el fenómeno que se ha dado en llamar "puerta giratoria". Básicamente, consiste en una perversión de la política, en una prostitución de la misma, que altera la concepción de lo público y lo trastoca en privado, y viceversa, confundiendo los límites, la naturaleza, el ámbito y las funciones de ambos contextos. En otros muchos artículos ya hemos expuesto a fondo este fenómeno, mediante ejemplos concretos, explicando sus causas y consecuencias, y la necesidad de controlarlo. Por tanto, no insistiremos más aquí sobre ello, tan sólo nos limitamos a recordarlo. Y es que si, además de controlar la financiación de los partidos, impedimos por ley que cualquier funcionario o representante electo pueda pasarse a la empresa privada durante, como mínimo, determinado tiempo (actualmente este período se sitúa en dos años) tras ejercer cualquier cargo público, entonces tocamos de muerte al clientelismo político, a esa práctica tan habitual entre los políticos de legislar o gobernar para beneficiar a sus futuras empresas (o a la clase empresarial en general) donde, en el futuro, ejercerán cargos de responsabilidad muy bien remunerados. No puede esperarse que los gobernantes tomen medidas favorables a la clase trabajadora, a las mayorías que les votan, cuando ellos luego, al finalizar sus mandatos, ejercerán de grandes ejecutivos al servicio de ciertos empresarios.

 

objetivo_democracia33.jpgY para finalizar estas primeras entregas de la serie, a modo de introducción, demandamos también una mayor profundización, una completa separación de facto (no sólo en apariencia) entre los diferentes poderes del Estado, como una condición indispensable para una auténtica Democracia. En este sentido, retomo las palabras de José López, cuando afirma: "El concepto de la separación de poderes, además de aplicarse en la práctica (lo cual no se hace en nuestras actuales "democracias"), debe también evolucionar en el campo de la teoría. En particular, además de considerarlo para la tríada para la cual fue planteado originalmente por Montesquieu, es decir, para los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, debe considerarse también para el poder de la prensa y sobre todo para el poder económico. En general, debe aplicarse para todos los poderes. Mención aparte merece la imprescindible separación Iglesia-Estado, asignatura aún pendiente en la joven "democracia" española". Bien, damos por finalizada toda la parte introductoria de esta serie de artículos, y a partir de la siguiente entrega, entraremos de lleno en el primer gran bloque que tendremos que desarrollar para alcanzar una democracia plena, como es la Democracia Participativa.

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Published by Rafael Silva - en Política
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