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11 diciembre 2014 4 11 /12 /diciembre /2014 00:00

"La democracia es inestable como sistema político, siempre y cuando se mantenga un sistema político y nada más, en vez de ser, como debe ser, no sólo una forma de gobierno, sino un tipo de sociedad, con un modo de vida congruente (...). Se trata, en primer lugar, de eliminar decididamente todas las formas de privilegio que favorecen a algunos grupos en detrimento de otros, sea por diferencias de medio ambiente, de educación, o de ingresos pecuniarios. Se trata, en segundo lugar, de la conversión del poder económico, ahora a menudo un tirano irresponsable, en un servidor de la sociedad, trabajando dentro de límites claramente definidos y responsable de sus acciones frente a una autoridad pública"

(R. H. Tawney)

 

 

 

 

objetivo_democracia91.jpgYa dibujamos, en artículos anteriores, la colaboración e implicación de las instituciones populares de la democracia en la polis griega. Y mediante el funcionamiento activo, cercano y dinámico de todas estas instituciones atenienses, los ciudadanos, en la época a que nos referimos, estaban cultivados políticamente hablando. Estaban entrenados en los asuntos del Estado, tenían conciencia de la necesidad de la participación popular, dentro de su comunidad, y para todos sus conciudadanos. Contemplaban como algo normal, cuando llegaban a cierta edad, haber asistido a unas cuantas sesiones de la Asamblea, haber oído y participado en muchos debates, o haber presenciado algún juicio. Evidentemente, la conciencia de un/a ciudadano/a formado/a mediante este sistema (o cualquier otro análogo) es muy diferente a la aquéllos/as que nunca han podido participar en ningún aspecto de su comunidad, de su nación o su de Estado. Esta conciencia de participación ciudadana es la que tenemos que volver a recuperar. En palabras de John Stuart Mill (muy poco sospechoso de poseer ideología de izquierdas): "La práctica del dicasterio y ecclesía elevó el nivel intelectual del ciudadano ateniense medio por encima de cualquier otra cosa de la que hasta hoy poseemos ejemplos en cualquier otra sociedad humana".

 

objetivo_democracia92.jpgY tal y como argumenta Juan Carlos Calomarde: "Si un Estado es muy grande para una sola Atenas, ¡construyamos muchas Atenas! Es decir, no existe ningún impedimento para que se organicen tantas Asambleas en tantos lugares como sea necesario. Después, es posible contabilizar, en un registro estatal, las votaciones de todas estas Asambleas". El sistema de sorteo puede parecernos raro en principio, ya que hoy en día, sólo lo contemplamos para los casos de elección de un jurado popular, o de constitución de una mesa electoral. Sin embargo, los atenienses entendían fundamental para la democracia, que los cargos, al menos la mayoría, fueran sorteados. Grandes filósofos, como Aristóteles, defendían este sistema por considerarlo el más justo, propugnando que se eligieran todos los cargos entre todos (al menos los que no requieran conocimientos y experiencia), y que todos manden sobre cada uno y cada uno alternativamente sobre todos. El sistema de sorteo garantiza, de esta forma, que todos los ciudadanos tienen las mismas posibilidades de ser elegidos. De esta manera, las facultades que tenga cualquier cámara sorteada pertenecerían potencialmente al pueblo en su totalidad, ya que en cualquier momento, y sin más medio que el azar, se produce una alternancia que puede colocar a cualquier persona en esa situación.

 

objetivo_democracia93.jpgEl sistema de sorteo ha sido defendido por muchos autores, como Sebastián Linares. Pero podemos aportar también otras reflexiones, que están hoy en día bastante en vigor. Por ejemplo, el hecho de que el sorteo coloque a todos en un mismo plano, consiguiendo que todos tengan las mismas posibilidades de salir elegidos, sirve para evitar que aquéllas personas (o grupos), solamente por contar con más recursos, pero no necesariamente con más capacidad, sean sistemáticamente elegidos. Es una manera de corregir que la desigualdad económica y social se traslade también a las instituciones políticas. Justo al contrario de lo que ahora mismo quieren hacer los Gobiernos (Autonómicos) del PP, que es colocar en los escaños a su gente, que suele coincidir con aquéllos que más recursos tienen, cerrando la puerta de la política a la gente más humilde, bajo la excusa de que no quieren "profesionalizar" la política. Y aunque entroncamos también con el debate de si habría que dar poder también a quien no lo quisiera, es evidente que todos estos mecanismos contribuyen también a erradicar (o al menos a dificultar) la corrupción imperante en los modernos sistemas de participación política. Y si alguien cuestiona el sistema de elección por sorteo por su posible ilegitimidad, ¿qué pasaría con nuestra actual Ley Electoral, que balancea los resultados beneficiando en escaños a los partidos mayoritarios? ¿O qué pensaríamos de un sistema donde se ignora la abstención, el voto en blanco o el voto nulo?

 

objetivo_democracia94.jpgEl procedimiento del sorteo, al fin y al cabo, solo interpola las decisiones de toda la población, concentradas en un grupo de personas, seleccionadas por azar, representativas de la población general del ámbito que seleccionemos (barrio, ciudad, comunidad, país, etc.). Concluimos, por tanto, que la legitimidad del procedimiento del sorteo queda validada para ser ejercida en cualquier democracia actual. Por otra parte, el concepto de representación política también ha sufrido cierta tergiversación a lo largo del tiempo. Y así, la mayoría de las democracias actuales, con el fin de que los cargos electos no sean controlados por los representados, han desplegado una serie de normas y reglamentos que impiden, de hecho, ejercer la democracia revocatoria y la democracia decisoria, dos variantes que implican poder revocar de sus cargos a las personas elegidas para tales, o bien tener la capacidad de poder elegir directamente sobre alguna opción o posibilidad. Parece ser que retener el uso del poder es más sencillo si no se deben rendir cuentas ante personas concretas y determinadas. Es más fácil, una vez elegidos, representar a entes abstractos como la nación o el pueblo, que directamente a los ciudadanos, aunque estos entes no sean los que les votan. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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