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20 noviembre 2014 4 20 /11 /noviembre /2014 00:00

"Nosotros, la Izquierda, entendemos por democracia un orden social en el que priman los intereses de la mayoría. Una definición muy sencilla, que parte del movimiento mismo: define a la democracia a partir de sus resultados, no de su forma. Por desgracia, estamos acostumbrados a definir las cosas a partir de su forma: para este caso, que cada tanto tiempo vamos a las urnas. No, la democracia tiene que ser definida por sus resultados. En una sociedad en la que los salarios reales caen desde hace años, en que las pensiones se reducen desde hace años, en que las prestaciones sociales se recortan desde hace años, no gobierna ninguna democracia según lo que hemos definido, porque la democracia se define por sus resultados y no sólo por las formas"

(Oskar Lafontaine)

 

 

 

 

objetivo_democracia71.jpgPero para que esta democracia sin reservas, esta democracia participativa pueda desarrollarse, el pueblo ha de tener la cultura necesaria para ello. Al usar la palabra "cultura" no queremos decir que sólo el pueblo culto e ilustrado tenga derecho o posibilidad de ejercer la participación en los asuntos públicos, sino que, simplemente, el pueblo ha de estar acostumbrado, ha de poseer la necesaria mentalización, ha de estar concienciado y habituado a la participación en las decisiones públicas, en los asuntos de su comunidad. Y todo ello no es tan fácil ni ocurre de forma tan directa. En primer lugar, los casi 40 años de dictadura franquista, y en segundo lugar esta democracia limitada, junto con el desarrollo del propio sistema capitalista, han imbuido al pueblo español en la más absoluta apatía sobre la participación en los asuntos públicos, a lo cual ha contribuido también sin duda el descrédito de la política, o mejor dicho, de los políticos al uso que nos han gobernado durante este último período histórico. En este sentido, la corrupción ha ido creando también un cierto caldo de cultivo antagónico a la predisposición popular hacia los procesos participativos, de tal forma que se ha creado como una conciencia anti-participación en los asuntos públicos, amparada desde el propio sistema.

 

objetivo_democracia72.jpgEsos casi 40 años de dictadura represiva y criminal, bajo una ideología totalizadora, hicieron mucho daño a la mentalidad popular, que se acostumbró a la desidia y a la apatía sobre los asuntos públicos, con la mente puesta únicamente en sobrevivir, y en no protestar demasiado. La Transición que nos trajo la actual democracia abrió un poco la mentalidad del pueblo, pero aún sí, no disponemos a nivel general del nivel de conciencia ciudadana que sería deseable, ni de la suficiente organización de la sociedad civil, como para que se puedan ejecutar y abrir nuevas vías y cauces de participación popular. Éste quizá sería el objetivo más inmediato, en cuanto el régimen político cambiara hacia una mayor apertura democrática que la que poseemos ahora. Es decir, primero nos habríamos de dotar de un contexto de participación política de mayores posibilidades, más abierto, más completo, más capaz de otorgar al pueblo la participación directa, y por otro, habríamos de ser capaces de construir el tejido social necesario para canalizar dichas vías de participación. Estamos por tanto aún muy lejos de este escenario, sólo hay que observar nuestra realidad más directa, para comprobar que no sólo no estamos preparados mediante la oportuna organización y concienciación, sino que nuestros actuales gobernantes tienen auténtica "alergia" a convocar procesos de participación popular (obsérvense los recientes casos de los referémdum catalán y canario, ambos por distintos temas, y ambos tajantemente rechazados por el Gobierno y los Tribunales de alto rango).

 

objetivo_democracia73.jpgUna mayor participación directa y popular en los asuntos públicos, tanto los cotidianos como los de alto nivel, facilitaría no sólo la profundización en los procesos democráticos y organizativos, sino que también contribuiría a eliminar (casi) totalmente la posibilidad de que pudieran existir focos de corrupción y nepotismo. No obstante, estas imprescindibles declaraciones de intenciones han de conjugarse adaptando esta capacidad de participación de la ciudadanía a los tiempos actuales, de manera que sea posible compaginarla con los quehaceres diarios, con las obligaciones laborales y familiares, con las tareas privadas y públicas, sin que suponga sobrecarga alguna (ni temporal ni de responsabilidades) de cara al conjunto de la ciudadanía. No obstante, desde el momento en que se comprendiera realmente la importancia de la toma de decisiones compartida, desde el momento en que fuéramos tomando conciencia de la necesidad de la participación popular masiva, también nos acostumbraríamos a verlo como algo normal, y transcurrido cierto tiempo, incluso, no entenderíamos una sociedad sin dichos mecanismos de decisión colegiada, y de participación ciudadana. En artículos anteriores de esta serie hemos mencionado el trabajo de Juan Carlos Calomarde, que nos presenta su propuesta basada en el antiguo modelo de la democracia ateniense, del cual vamos a ir rescatando algunos pasajes.

 

objetivo_democracia74.jpgVamos pues a echar un rápido vistazo al sistema democrático de la antigua polis griega, para luego comentar cómo podríamos trasladar algunas de sus normas de funcionamiento e Instituciones a nuestros días. La democracia ateniense tiene muchos elementos rescatables, por lo cual es interesante, indispensable incluso, fijarnos en ella si pretendemos articular un modelo de democracia directa para la actualidad. En aquéllas calendas, los ciudadanos/as atenienses lograron una participación en los asuntos de su ente político (polis), muy pocas veces igualada en el largo camino que los humanos han recorrido hasta hoy. Sus peculiares Instituciones, con el predominio de su Asamblea (Ekklesía), y sus mecanismos para dificultar la aparición de cualquier atisbo de corrupción, merecen ser estudiados con detenimiento como inspiración para futuros regímenes. No obstante, hay algo todavía más importante que los elementos de su sistema político, que son los tres principios sobre los que se asentó su democracia. El primero de ellos, la Isonomía, exigía la igualdad de todos ante la ley, sin ella el sistema habría sido injusto, porque la ley habría afectado a los ciudadanos/as de manera discriminatoria. Por su parte, la Isegoría proclamaba la igualdad de la palabra en la Asamblea, sin este atributo no todos podrían haber intervenido en las mismas condiciones. En último lugar, la Eunomia abogaba por la promulgación de buenas leyes, necesarias para cualquier sistema que aspire a ser duradero. Asímismo, estos tres principios eran armonizados a través de otro: la Isocracia, que significa "igualdad en el poder", lo que nos indica la manera en la que en Atenas, los ciudadanos/as tenían acceso al poder público. No en vano fue llamado el "Gobierno de los iguales". Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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