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26 noviembre 2014 3 26 /11 /noviembre /2014 00:00

"La democracia representativa es hoy día, en países como el nuestro, el régimen político ideal como soporte del sistema económico neoliberal. En otras épocas, la aspiración democrática, legitimada por la razón, iba de la mano de términos tales como igualdad y fraternidad. El paso por las urnas cada cierto período de tiempo para elegir a los representantes es la coartada perfecta para justificar una falsa igualdad de la ciudadanía mientras que, en la realidad, las relaciones sociales se desmoronan"

(Antonio José Gil Padilla)

 

 

 

 

 

Continuando con la exposición de los rasgos de la antigua democracia ateniense que pudiéramos exportar a nuestros días, que ya introdujimos en el artículo anterior de esta serie, digamos que el régimen ateniense se apoyó sobre varias Instituciones. La más conocida era la Asamblea, ya que era la auténtica sede de la participación ciudadana. Sin embargo, ésta podía funcionar con suficiente agilidad gracias al trabajo del resto de órganos. También es destacable la notable implicación de los ciudadanos en la Administración de Justicia (bajo los llamados "dicasterios", origen de los actuales jurados populares). En Atenas, para los llamados Magistrados, existían ya un conjunto de mecanismos de control sobre su actividad, los cuales, sumados al hecho de que los cargos fueran designados mediante sorteo y que se renovaran anualmente, dificultaba mucho el surgimiento de la corrupción. Por su parte, la Boulé o Consejo de los Quinientos, era un gran órgano compuesto por 500 miembros seleccionados por sorteo. Sin embargo, existía la limitación de que únicamente podían ser reelegidos una sola vez. Y puesto que la Asamblea no podía dirigir exclusivamente el sistema político, fue necesario el apoyo de un cuerpo encargado de presentar los asuntos que debían discutirse en la propia Asamblea, puesto que ésta, dada su vasta composición, no podía permitirse desarrollar esas funciones.

 

objetivo_democracia81.jpgPor su parte, la competencia principal de la Boulé, como hemos indicado, era preparar los asuntos que posteriormente se someterían a deliberación en la Asamblea. No obstante, no terminaban aquí, puesto que además tenía asignadas otras tareas como el manejo del dinero público o la iniciativa legislativa. Asímismo, los ciudadanos de otras polis que buscaban reunirse con la Asamblea, solamente podían hacerlo después de haberse entrevistado previamente con la Boulé. Sin embargo, la cantidad tan extensa de personas que formaban este órgano (500) exigía que se dividieran en grupos de 10 (formado cada uno de ellos por 50 miembros) para realizar sus labores una décima parte del año, a la que se conocía como Pritanía. Cada día se designaba por sorteo un Presidente, al cual se le tenía en bastante consideración. Asímismo, es importante destacar que la Boulé y la Asamblea funcionaban armónicamente y ninguno de ellos tenía un papel subordinado al otro, sino que se trataba de una división estrictamente competencial.

 

objetivo_democracia82.jpgDe hecho, no parece que existieran intereses contrapuestos entre estos dos cuerpos, como a veces da la impresión que sucede en los regímenes actuales. Pero como decimos, no existía ningún tipo de privilegio ni discriminación entre los ciudadanos pertenecientes a dichas Instituciones. Los miembros de la Boulé y las personas que asistían a la Asamblea, eran todos ellos considerados ciudadanos por igual, tratándose de un matiz importante, resultado del entendimiento y aplicación de una democracia estrictamente popular, configurada y aplicada por el pueblo en su conjunto. Esta armonía entre determinadas personas que en algunos momentos puedan dedicarse a ciertas labores (como los miembros de la Boulé) y la ciudadanía normal y corriente, hay que recuperarla en nuestros días, si queremos disfrutar de una democracia fresca y saludable. No hay que olvidar que, como nos recuerda la sabiduría popular: un hombre con el estómago lleno no comprenderá a otro con el estómago vacío.

 

objetivo_democracia83.jpgJuan Carlos Calomarde, el autor del trabajo del cual estamos extrayendo toda esta información, nos hace la siguiente y muy interesante observación: "Esta valiosa experiencia nos indica que sería perfectamente factible que existiera actualmente una Cámara compuesta por ciudadanos designados por sorteo. Sin embargo, es cierto que sería difícil atribuirle tantas competencias como a la Boulé ateniense, ya que no entraña la misma dificultad operar en el ámbito de la polis que en el de un Estado actual". Juan Carlos tiene toda la razón en esta observación, ya que el ámbito de la polis griega se asemejaría al de nuestras actuales ciudades, y por tanto pudiera ser más bien aplicable al ámbito de los Ayuntamientos que al del propio Gobierno Central o al de una Comunidad Autónoma (o Estado Federado, cuando alcancemos dicha organización territorial). Pero volvamos a la Asamblea. La Asamblea o Ekklesía fue, podemos concluir, la Institución más sagrada de la democracia ateniense. Consistía básicamente en la reunión de todos los ciudadanos varones (aún no se respetaba mucho la igualdad de sexo o de género, aquí hemos avanzado respecto a los griegos de aquélla época) y mayores de edad que desearan asistir. El lugar donde solían celebrarse estas reuniones era la Pnyx. Las competencias de la Asamblea consistían esencialmente en votar las resoluciones de la Boulé, las cuales podían ir desde propuestas de leyes a declaraciones de guerras (tan frecuentes también en aquélla época). Asímismo, la Ekklesía también decidía cómo gastar algunos ingresos extraordinarios.

 

objetivo_democracia84.jpgLas votaciones podían realizarse a mano alzada, y posteriormente los escrutadores analizaban qué opción había recibido un mayor número de votos. También existieron votaciones que se llevaron a cabo introduciendo guijarros de diferentes colores (las papeletas no se habían inventado todavía) en varias vasijas, indicando así el sentido de la votación. La riqueza de la Asamblea radica en que, contrariamente a lo que sucede en la actualidad, el discurso no era unidireccional. Hoy día, las personas, de forma pasiva, reciben el mensaje de la clase política a través de los medios, pero este mensaje sólo viaja en una dirección, es decir, no existe posibilidad alguna de diálogo, ni entre gobernados y gobernantes, ni siquiera entre los propios gobernados (salvo que decidieran reunirse por su cuenta). Esta carencia empobrece la cultura política de la población, justamente todo lo contrario que sucedía en Atenas. Y aunque es cierto que actualmente las redes sociales y los blogs desempeñan en algo esa tarea, aún estamos muy lejos de alcanzar una ciudadanía con un grado de madurez intelectual de cierta relevancia en asuntos políticos. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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