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26 agosto 2013 1 26 /08 /agosto /2013 23:00

Esta tercera entrega de la revisión que estamos llevando a cabo a los MS en España la vamos a dedicar al Movimiento llamado del 15-M, por iniciarse el 15 de Mayo de 2011, y que ha sufrido diversos avatares desde su formación pública. El 15M surge en un contexto de indignación social contra los recortes llevados a cabo por el Gobierno del PSOE del exPresidente Zapatero, y constituye una clara manifestación de la negativa a la resignación, de enfrentamiento a la idea de la inevitabilidad de los ajustes. Un desafío al consenso, y al marco establecido por ese consenso. Hoy en día, su sitio web oficial en Internet es http://www.movimiento15m.org/.  

 

ms31.jpgLa idea tiene también mucho que ver con un pequeño manifiesto publicado por el francés Stephane Hessel, que moriría poco después, al igual que su prologuista, el español José Luis Sampedro, al que desde aquí le dedicamos en su día un artículo a modo de homenaje. En dicho texto se hacía un llamamiento a la rebeldía, al inconformismo, a la no resignación, a la indignación, ante el panorama social al que nos estaban llevando las clases dominantes y los poderes económicos y financieros, los auténticos gobernantes en este mundo capitalista. Y de forma contundente, el movimiento del 15M da carta de naturaleza a la contestación general. Frente a la idea de que las clases populares únicamente se manifiestan por los salarios, por la reivindicación inmediata, por la protesta de corto recorrido, ésta fue una movilización de cuestionamiento global del sistema, que logró iniciar una dinámica de lucha donde la reivindicación económica y la reivindicación política van de la mano, elevando así el grado de confrontación.

 

ms32.jpgY por eso el 15M hizo tanto daño a las clases dominantes, y lo sigue haciendo. Despertó miles de conciencias juveniles y adultas, y volvió a resurgir una conciencia colectiva de que los pueblos pueden cambiar a las sociedades y a los sistemas. El 15M imprimió una línea de actuación acorde con la estrategia antes definida, insistiendo y haciendo ver que la salida social a la crisis requiere cambiar el marco político, y demostrando la validez y el seguimiento de dicho análisis. El 15M consiguió reactivar la movilización social y la protesta en la calle como dinámicas de lucha habituales. Y desde la izquierda social y política de este país, lo sentimos como algo nuestro. De hecho, la inmensa mayoría de las medidas que ha propuesto este MS desde su creación coinciden con las medidas que nosotros llevamos proponiendo desde la izquierda, desde hace mucho tiempo, que si cabe, cobran más vigor y actualidad con el respaldo del 15M.

 

ms33.jpgLo que el 15M ha puesto en tela de juicio es el enfrentamiento entre capitalismo y democracia, exigiendo democracia real, y concienciando a miles y miles de personas, de todas las edades, de todos los niveles intelectuales, de las deficiencias del actual sistema. Las múltiples vivencias de imposición de los intereses del capital desde el comienzo de la crisis han conducido a que a nivel de calle se planteara el problema clásico: ¿quién gobierna? ¿quién tiene el poder? Y se ha hecho ver, efectivamente, que el poder es manejado por unos señores que nunca se presentan a unas Elecciones, pero que ordenan las políticas que hay que llevar a cabo, siempre en favor de sus intereses. Y aquí reside el enorme potencial de la cuestión: el problema de la democracia permite plantear el problema del poder político. Permite plantear que si se dice que "la política debe controlar a la economía", se está diciendo que "la democracia debe controlar al capitalismo".

 

ms34.jpgY para ello, evidentemente, necesitamos un poder político no sometido al poder económico, es decir, una democracia no sometida al capitalismo, planteando la necesidad de abolir el sistema, que no de reformarlo o de suavizarlo. Pero en el caso del 15M no hablamos de un discurso articulado, ni de una estrategia definida, sino más bien de balbuceos sociales, de posiciones apenas intuitivas que se han manifestado en medio de un revuelto de consignas y conceptos contradictorios. La amplia hegemonía de la ideología dominante en el conjunto de la clase trabajadora, implica como no podía ser de otra manera, que en los inicios del movimiento existiera, y exista, un elevado grado de confusión y de variedad político-ideológica, con grandes contradicciones. Es normal, partiendo de la base de que se trata de un movimiento popular de base, asambleario, abierto, donde participan personas de la más variada formación política.

 

ms35.jpgAutodefiniciones como el supuesto "apoliticismo", luego reconvertido en "apartidismo", el desprestigio de las herramientas tradicionales de respuesta y organización de la clase obrera, o las reivindicaciones sobre la superficie, la profundidad y el alcance del sistema, pero sin cuestionarlo completamente, son manifestaciones de esta diversidad a que hacemos referencia. Sin embargo, estos mismos elementos son los que permitieron abrir la grieta, en el muro ideológico que dio cauce a la movilización de ciertos sectores de la población que difícilmente se hubieran manifestado bajo las premisas de un discurso más elaborado, logrando de esta forma incorporar a la manifestación política a sectores de la población que hasta entonces no estaban ligados a las organizaciones tradicionales. Y lo que es aún más importante, contribuyendo a la creación posterior de otros movimientos en sectores concretos.

 

ms36.jpgEs evidente por tanto la potencialidad de un MS como el 15M, que genera espacios de organización, participación y debate de dichos sectores, y unifica luchas, estrategias y objetivos en torno a condiciones de vida, rompiendo divisiones artificiales construidas de forma ideal por la ideología dominante, y permitiendo poner al descubierto los verdaderos intereses de clase que hay tras los valores que el sistema dice defender. Tiene también la potencialidad de incrementar el grado de politización social inyectando la toma de conciencia de las clases populares, y supone un desafío al poder político, económico y mediático que genera una dinámica de movilización donde muchas personas han podido constatar las contradicciones del sistema. En  la actualidad, el 15M se encuentra en un momento de regeneración, de reflujo en muchas partes, sin embargo ha contribuido a reforzar las ideas de otros movimientos, y a alentar la participación popular y la conciencia de clase.

 

ms37.jpgDesde su nacimiento, ha sabido descentralizarse a los barrios, mediante Asambleas Populares, y ha contribuido a sumar gente a diferentes MS que se desarrollan en su periferia, como la lucha contra los deshaucios, la defensa de los servicios públicos, la organización de los parados, etc. Respecto del objetivo de dinamizar la participación directa de la gente en la resolución de sus problemas, el 15M puede servir de espacio unitario articulador de luchas sectoriales y locales, sobre todo si contribuimos a su construcción como espacio de participación de los sectores afectados por la crisis desde lo local, y no como una marca más que se una a las ya existentes, sin menospreciar, por supuesto, todos los espacios previos, buscando su coordinación y articulación, desde el sindicato, la asociación, pasando por la cooperativa, la asamblea, la plataforma, la coordinadora, el ateneo, etc., como espacios desde los que recuperar las respuestas colectivas que hagan frente a la atomización, a la desidia, a la apatía social, a la desesperanza, a la resignación, a la pasividad.

 

ms38.jpgLa magnitud de este movimiento, su amplitud de miras y la diversidad de sus componentes, así como el repertorio de sus reivindicaciones, nos deben hacer mirar al 15M no como un adversario con el que disputar nuestra legitimidad política, ni al que mirar con recelo. El marxismo nos enseña que los movimientos revolucionarios necesitan movimientos de masas, y un partido donde los sectores más conscientes de esas masas se organicen creando una herramienta útil para dichos procesos. Ambos espacios pues, el social y el político, son necesarios y complementarios. El MS por sí solo, al menos al inicio, como cualquier otro movimiento de masas, no parte de una clara conciencia de clase de forma inmensamente mayoritaria, pero sienta las bases para su construcción. El 15M no puede verse como un fin en sí mismo, ni como un intento de creación de un bloque político o sindical organizado, sino como una herramienta creadora de conciencia colectiva. Lo importante no es radicalizar el movimiento, o mantenerlo sin adscripción ideológica, sino ayudar a que se consolide como un espacio amplio y unitario.

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Published by Rafael Silva - en Política
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