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16 mayo 2013 4 16 /05 /mayo /2013 23:00

No queremos entrar en el presente artículo en una discusión filosófica sobre los sujetos y objetos políticos en cuanto a la Defensa y la Seguridad, ni reflexionar sobre la importancia de los Ejércitos o en general, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero es evidente que éstos necesitan una buena revisión, sobre todo a tenor de dos factores esenciales:

 

1.- El nuevo papel de los Ejércitos en las relaciones de paz, desde una perspectiva de salida de la OTAN y de la renuncia a la guerra como instrumento o posibilidad en el escenario internacional.

 

2.- El nuevo papel de los Cuerpos de Policía y Guardia Civil, en todos los ámbitos, después de los conflictos relacionados con las manifestaciones de la ciudadanía.

 

nuevo_modelo_seguridad1.jpgComo decimos, la discusión debería ser enmarcada en principios rectores mucho más profundos, comenzando por preguntarnos quién es el sujeto de la defensa y de la seguridad: ¿las personas, el Estado, las élites que nos gobiernan? ¿Cuáles son las amenazas que hay que afrontar hoy en día? ¿Qué naturaleza tienen, y cómo podemos abordarlas? De entrada, dejemos bien sentado que desde la izquierda siempre hemos apostado por la renuncia a la militarización, al uso de la guerra como instrumento de confrontación, y para conseguir (que siempre es el objetivo final) la exterminación de las personas y de los recursos naturales de los países en cuestión, a base del sufrimiento y del dolor infligido por el más fuerte (militarmente hablando, se entiende). El concepto de Seguridad debe entenderse por tanto en un contexto moderno, amplio, complejo y multidimensional, pero siempre bajo la premisa del pacifismo en toda su extensión.

 

La clásica defensa de los valores de soberanía, independencia, integridad territorial, etc., choca hoy en día con la presencia de las estructuras políticas y económicas supranacionales a las que pertenecemos, y en las que delegamos algunas funciones comunes. Pero sobre todo, tenemos que poner el énfasis en que, frente a los modelos clásicos de seguridad y defensa, donde priman los territorios, tenemos que acercar dicha seguridad a los ciudadanos, a las personas, a la población en general, es decir, tenemos que pensar en una seguridad más humana.

 

nuevo_modelo_seguridad2.jpgPor otro lado, los tipos de amenazas que sufrimos hoy en día son de índoles muy distintas a las del pasado, pasando a tener mayor relevancia las amenazas de tipo social, global, económico o medioambiental. En última instancia, la seguridad debe tener un componente humano fundamental, donde la defensa de los valores y de los derechos humanos queda inextricablemente unida al bienestar social de las personas, implicando que toda la población pueda ejercer sus derechos básicos y satisfacer sus necesidades en un entorno medioambiental seguro. La seguridad extiende sus facetas, pues, a la seguridad alimentaria, económica, de salud, medioambiental, personal, política y comunitaria.

 

En nuestro mundo actual, globalizado, interdependiente, tecnológico, insolidario, las amenazas que tenemos que sufrir se refieren a la delincuencia organizada (mafias o sectas que trafican con drogas, armas, personas, etc.), la ciberdelincuencia (lo mismo, pero utilizando medios tecnológicos y transfronterizos, y atacando a los sistemas de información), la violencia directa, los desastres naturales (ecológicos o que desequilibran los ecosistemas donde el hombre interacciona con su entorno), los accidentes de tráfico, y el terrorismo en todas sus vertientes.

 

Y resulta a todas luces ridículo pensar que todo un Ejército clásico, dotado con aviones de combate, misiles, bombas, barcos de guerra, etc., sea de utilidad contra el crimen organizado, la ciberdelincuencia, los robos, las mafias, los desastres naturales, los accidentes o el terrorismo. Por tanto, más allá de la función de los propios Ejércitos o sobre el debate estéril de su existencia, lo que debemos plantearnos es cuáles podrían ser sus funciones, cuáles son las auténticas amenazas de nuestro mundo, y cómo podemos luchar y enfrentarnos más eficazmente contra ellas.

 

Parece más bien, por tanto, que fomentando una política de desarme nuclear a nivel internacional, respetando los protocolos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, y desarrollando redes internacionales de colaboración más potentes entre policías y jueces, así como promoviendo el desmantelamiento de los paraísos fiscales, seríamos más efectivos a la hora de luchar contra todos estos tipos de agentes y sus respectivas amenazas. Es más lógico pensar que la lucha contra todas ellas se hará de forma más efectiva potenciando dichos medios, y a la vez también reduciendo los gastos en Defensa, reduciendo el potencial de los Ejércitos, y en general, intentando reducir el carácter militarista, belicista e incluso imperialista de las grandes potencias. Tómese en este sentido la referencia de los países emergentes (los llamados BRICS, por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que no parece que vayan a competir en estas lides, sino que sus derroteros y preferencias son otras bien distintas.

 

nuevo_modelo_seguridad3.jpgTenemos por tanto que migrar hacia un nuevo concepto de Seguridad, que bien pudiéramos llamar Seguridad Humana. Básicamente, consiste en romper los prismas actuales, que siguen las directrices ya comentadas, para pasar a situar al Hombre en el centro mismo de todo el desarrollo de las políticas públicas, nacionales e internacionales, de seguridad y de defensa, de completa garantía en el desarrollo de su protección y de su integridad a todos los niveles. En último término, una Seguridad que se dirija a resolver las necesidades de millones de seres humanos afectados por las inseguridades y tragedias derivadas de la globalización capitalista en los ámbitos político, económico, social, cultural y medioambiental.

 

Esta es la Seguridad que hay que cultivar, y todo lo demás vendrá como un añadido natural. Hemos de conceder mayor relieve a las políticas de cooperación, luchando contra el paradigma obsoleto de seguridad centrado en su punto de vista militar, y de protección de las fronteras nacionales frente a ataques externos. Hoy en día esos planteamientos no tienen sentido, y además son excluyentes y contradictorios con un pleno desarrollo y cooperación entre los pueblos.

 

Y en dicho concepto de Seguridad Humana, las amenazas que sufrimos, lejos de poder ser defendidas por ningún Ejército, son de los siguientes tipos:

 

1.- Económicas: El paro, las reducciones salariales, no tener recursos para vivir…

 

2.- Alimentarias: No disponer de alimentos, no disponer de soberanía alimentaria, la dependencia de las importaciones…

 

3.- Sanitarias: La propagación de epidemias, el deterioro constante de la protección y de los sistemas sanitarios…

 

4.- Personales: La violencia física, la represión política, la violencia de género, el maltrato de mujeres y niñas, la explotación infantil, la discriminación étnica…

 

5.- Comunitarias: El deterioro del tejido cívico, el cultivo al individualismo, los valores centrados en lo económico, los conflictos étnicos o religiosos…

 

6.- Medioambientales: el deterioro de los ecosistemas locales y mundiales, el agotamiento de los recursos naturales, los desastres provocados por la contaminación y el cambio climático…

 

7.- Políticas: El respeto a los Derechos Humanos, la falta de protección de las libertades públicas básicas, las garantías democráticas…

 

Por último, pero no menos importante, en cuanto a las fuerzas policiales y afines, a cualquier ámbito estatal, lo que pensamos desde la izquierda es que deben en primer lugar desmilitarizarse (aquéllas que tengan todavía un carácter y organización militar), y además que deben ser más protectoras de los derechos fundamentales y de las libertades básicas de la ciudadanía, en vez de constituirse en fuerzas defensoras del Estado. El Estado es la maquinaria del poder, de las élites que nos gobiernan, y que se alejan cada vez más del pueblo, y de las clases trabajadoras, como está sucediendo actualmente. En este sentido, los Cuerpos de Seguridad no pueden convertirse en sus cómplices, sino que se deben siempre a la defensa de la integridad física de las personas, así como a la garantía del libre ejercicio de sus derechos fundamentales y libertades básicas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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