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3 junio 2014 2 03 /06 /junio /2014 23:00

"En situaciones como la actual, en las que existe un conflicto abierto entre las Instituciones del Estado y las aspiraciones del pueblo, es preciso un Proceso Constituyente en el que descanse la legitimidad democrática"

(Manuel Ruiz, Capitán de Navío de la Armada, Miembro del Colectivo Anemoi)

 

 

 

 

proceso_constituyente181.jpgLa reinstauración borbónica de 1975, a la muerte del dictador, continuó permitiendo que la clase política y empresarial del franquismo ocuparan el aparato del Estado y las organizaciones de la gran patronal, volviéndose aparentemente democráticas, aunque en esencia, continúan funcionando de la misma forma. El reinado de Juan Carlos I ha supuesto la continuación de los beneficios para la clase dominante, cosa que aún se puede comprobar con el séquito que acompaña al Rey en sus viajes, siempre de tipo comercial. Está claro que nuestro Rey vela por los intereses de los más ricos y poderosos, a tenor de la actividad que desempeña y el discurso que difunde sobre nuestro país. Durante la Transición, el tributo de la izquierda para "aplacar" a los militares golpistas de aquélla época y poder incluirse legalmente en el aparato del Estado del nuevo régimen fue la disminución del nivel de lucha de la clase obrera, la aceptación de los nuevos símbolos constitucionales, la renuncia a la Tercera República y el enfrentamiento con cualquier movimiento constituyente.

 

proceso_constituyente182.jpgPero durante estas tres últimas décadas, se ha comprobado cómo la deriva mercantilista y capitalista de nuestros Gobiernos, apoyadas por la inclusión en el nuevo contexto europeo que se generaba, ha llevado al desmantelamiento progresivo de todas las conquistas que se fueron realizando en el pasado. Aunque los primeros gobiernos de Felipe González universalizaron los servicios públicos básicos y defendieron un nivel mímino de protección social, la excusa de la crisis y la pertenencia al Euro y a la UE han actuado no sólo de diques de contención, sino de plataformas para la anulación de dichas conquistas para la clase obrera. La Monarquía española representante de los poderes fácticos procedentes de la dictadura se empleó a fondo en su incorporación a la Europa del Capital y a la OTAN, donde esperaba obtener (y ha obtenido) enormes beneficios. Y ahora, 28 años después de nuestra inclusión formal de España en la OTAN (1981) y en la Unión Europea (1986), el precio pagado es patente en términos de precariedad, involución democrática, corrupción política, especulación, destrucción de las conquistas sociales, pérdida de derechos laborales, y desmontaje de todos los pilares del llamado Estado Social.

 

proceso_constituyente183.jpgY así, las decisiones políticas que favorecen la seguridad para la inversión del capital se presentan como un límite infranqueable para las políticas económicas y sociales. El culmen de su consagración ha sido el reciente blindaje de nuestra Constitución, para recoger en su nueva redacción del artículo 135 la obligatoriedad del pago de la deuda a nuestros acreedores, antes que cualquier otro gasto social. En los períodos de crecimiento económico, los nuevos contingentes laborales entran en el mercado de trabajo bajo condiciones ya muy precarizadas y constantemente presionadas a la baja, bajo un enorme poderío para la clase empresarial en lo que se refiere a la posibilidad de establecer o reasignar las condiciones laborales. En nuestros días, la precariedad avanza incluso en los sectores más sindicalizados y regulados, al haberse desintegrado la posibilidad que ofrecía la negociación de los Convenios Colectivos en la última Reforma Laboral del PP. Y por su parte, la burocracia sindical, ya muy acomodada al establishment, también consiente la represión de quienes ejercitan, desde abajo, los derechos fundamentales de negociación, expresión, reunión o manifestación. La complicidad de los dos partidos mayoritarios en la deriva neoliberal, tienen como consecuencia que se naturaliza la inseguridad laboral, y se facilita la profundización de las diferencias entre los trabajadores precarios y los estables, bajo la premisa del rasero hacia abajo sobre los derechos laborales.

 

proceso_constituyente184.jpgLos Gobiernos actúan al dictado de las grandes patronales, y a nivel europeo de la llamada Troika comunitaria (CE, BCE, FMI), cuyas recomendaciones se convierten en órdenes para los serviles gobernantes a su servicio. En el contexto europeo, el orden monetario implica el desorden social, ecológico y alimentario. La canciller alemana, Angela Merkel, ha declarado recientemente, que "la Unión Europea no es una Unión Social", descartando por completo cualquier atisbo de atender a las necesidades de las personas dentro del contexto de las normas y tratados comunitarios. Y de esta forma, la inseguridad para millones de ciudadanos europeos son el precio del establecimiento de un orden monetario a la medida de banqueros corruptos, especuladores y despiadados, bajo el paraguas que les proporcionan los políticos de turno. En palabras de Agustín Morán, del CAES: "Cuando se estanca la economía, no se puede pedir justicia porque hay que salir de la crisis, y cuando hay prosperidad, no se puede pedir igualdad porque se pone en peligro la continuidad del ciclo expansivo". Todo ello redunda en un nuevo equilibrio de las rentas del capital, que priman sobre las del trabajo, y en un mayor empobrecimiento de las clases sociales más desfavorecidas.

 

En nombre del Euro, la Troika impone a los Gobiernos el recorte de salarios y la total mercantilización de los servicios públicos, bajo unas cuantas palmaditas en la espalda, para felicitar por lo bien que se están cumpliendo sus recomendaciones. La deuda se dispara, hay más paro, más precariedad, más pobreza y más exclusión social, pero todo ello da lo mismo, porque según ellos, las cosas se están haciendo muy bien, y estamos en el buen camino. Seguramente sea porque los beneficios y el poderío de las grandes empresas transnacionales y de la banca también se está disparando. Pero estas políticas antipopulares (aunque las lleve a cabo un partido que se llama a sí mismo "Partido Popular") no son capaces de reactivar la economía ni de frenar el desbocado crecimiento del paro, la desigualdad y la exclusión, y está demostrado científicamente. Pero el dogma neoliberal es por lo visto más potente que cualquier ciencia social. El reformismo keynesiano de la "izquierda" mayoritaria ha resultado ser sólo un pequeño parche, insuficiente e impotente ante la economía capitalista, competitiva y globalizada. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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