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24 septiembre 2013 2 24 /09 /septiembre /2013 23:00

Después de tantas y tantas entregas de esta serie de artículos, cada vez debemos tener más claras las razones para lanzar un nuevo Proceso Constituyente. Pero continuamos aportando más. Durante un largo período que va desde 1978 hasta principios de este siglo XXI, la Constitución Española ha sido considerada un tótem sagrado, intocable, y fuente ineludible de solución para todos los problemas que se presentaran en el país. Se ha venido practicando, podemos decir, una especie de fundamentalismo constitucionalista, pese al cual, los dos partidos gobernantes en el Estado Español, PP y PSOE, no han tenido inconveniente en pactar reformas parciales, tales como la practicada en 1992 para satisfacer las exigencias del Tratado de Maastricht, o la del cambio del Art. 135, realizada en 2011, para introducir la prioridad del pago de la deuda frente a cualquier otro gasto social.

 

proceso_constituyente141.jpgLa imagen que se da es que para los asuntos que se adaptan a su filosofía neoliberal, la Constitución es cambiada sin ningún problema y rápidamente. En cambio, la blindan ante cualquier propuesta que pueda suponer avances y progresos sociales, así como las que se refieren al modelo de Estado y territorial. La Constitución se ha convertido en el pretexto perfecto para echar por tierra todas las reivindicaciones de las minorías, con aquello del famoso consenso necesario para poder cambiarla. Y así llevamos más de tres décadas. Es obsceno que hablen del “marco de convivencia que nos hemos dado entre todos” para referirse a una Constitución que es papel mojado, pues su articulado principal no se cumple, así como excusa principal para el inmovilismo político. Y ha sido precisamente la movilización en la calle, cuando la gente se ha dado cuenta de que son los Gobiernos los que se sitúan en la clara ilegalidad, al incumplir de cara a la ciudadanía los derechos que se le otorgan a ésta en la propia Carta Magna.

 

proceso_constituyente142.jpgHa sido la nueva rebelión de los estudiantes indignados, de los parados, de los pensionistas, de las mujeres, de los jóvenes con empleos precarios, de los empleados públicos, etc., hartos de las actuaciones especulativas y corruptas de los gobernantes y los banqueros, la que ha manifestado la necesidad imperiosa de acabar con la gran estafa perpetrada por el capital contra los trabajadores y los ciudadanos en general, cuando se amparan en una Constitución que proclama derechos democráticos para luego conculcarlos en la práctica diaria. Se reclama desde esta ciudadanía harta la necesidad de alumbrar un nuevo proyecto político construido desde abajo, con su activa participación, que tenga como objetivo impedir a los de arriba seguir cometiendo las gravísimas agresiones sociales que el sistema capitalista viene realizando sin escrúpulos contra países, pueblos y personas.

 

proceso_constituyente143.jpgPero ya no nos basta la insuficiente vía reformista de la Constitución. Desde las fuerzas del bipartidismo pretenden hacernos creer que con cambiar un par de artículos de la misma, y reforzar el papel y la financiación de las Autonomías, ya estará el problema arreglado. No debemos dejarnos engañar. El problema es de agotamiento del propio sistema, del marco jurídico-normativo que se queda estrecho para cumplir con los derechos sociales y laborales, y a la vez servir de instrumento al capital en esta nueva agresión que representa la actual crisis. La Constitución ya no sirve, ya ha dejado de ser un instrumento útil, y además, no fue votada por gran parte de la población española que aún no era mayor de edad en 1978. Ya basta de fáciles pretextos y vanas excusas, no queremos esta Constitución, queremos y necesitamos una nueva Constitución, que defina un nuevo Modelo de Estado (Republicano) y un nuevo Modelo Territorial (Federal).

 

proceso_constituyente144.jpgPero no habrá cambio de sistema sin la configuración de una nueva mayoría social que defina una nueva correlación de fuerzas favorable a los intereses de las clases populares, de la clase obrera, dispuesta a configurarse como sujeto político y protagonista colectivo para elaborar, aprobar y defender desde abajo un nuevo orden político y social plasmado en un nuevo ordenamiento jurídico cuya piedra angular sea la nueva Constitución. Actualmente, la crisis económica y todas sus manifestaciones, el retroceso en la consecución del Estado del Bienestar, el descrédito de la actividad política por su alejamiento de las preocupaciones reales del pueblo, y los múltiples casos de corrupción en general, y de la Institución Monárquica en particular, así como de la radicalización de los nacionalismos, tanto los periféricos como el españolista, han precipitado las cosas, de forma que se impone dirigir todos nuestros esfuerzos para converger en el nuevo Proceso Constituyente, y migrar hacia un auténtico Estado Federal, con las características de republicano, plurinacional y solidario.

 

proceso_constituyente145.jpgPorque la España de hoy ya no es la de 1978, se han ido produciendo nuevos y graves fenómenos, tales como: la incorporación de España a la Unión Europea, el fenómeno masivo de la inmigración, la globalización del dominio capitalista e imperialista, la configuración de derechos de tercera generación, las crecientes demandas de participación ciudadana, nuestra adhesión al Euro como moneda común, los innumerables casos de corrupción política y empresarial descubiertos a lo largo de este largo período, y la actual crisis multifacética (económica-social-política-territorial-energética-ecológica-alimentaria), que ha acabado con el espejismo de la abundancia proporcionada por el capitalismo popular, y ha precipitado el descrédito y la inoperancia de un sistema incapaz de ofrecer otra salida que no sea la de imponer a los ciudadanos un ajuste durísimo, en aras del eufemismo de la famosa austeridad, y como consecuencia de todo ello, un paro masivo, crónico e insufrible, una precariedad laboral y vital generalizadas, fenómenos amplios de pobreza y exclusión social, desahucios, incremento de las desigualdades sociales, y la expropiación de los bienes, derechos y servicios públicos.

 

Además, el pueblo español está viviendo cada vez con mayor claridad su pérdida de soberanía en todos los aspectos, a favor de la oligarquía político-financiera personificada por la Unión Europea y sus Organismos y representantes, pero en verdad liderada por Alemania y el Bundesbank, que son quienes realmente toman las decisiones importantes, y nos las imponen a través de los gobiernos de turno, que actúan como imprescindibles correas de transmisión de sus postulados y dogmas neoliberales. Sólo mediante la ambiciosa propuesta del Proceso Constituyente, de la visión clara y concisa de la recuperación de la soberanía popular, se podrá ir generando una nueva hegemonía social, un empoderamiento ciudadano, una alternativa popular, un nuevo sujeto político mayoritario, que sea portador de un nuevo e ilusionante proyecto político que nos lleve por fin a buen puerto. Continuaremos en siguientes entregas. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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