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4 septiembre 2014 4 04 /09 /septiembre /2014 23:00

"Lo que es nuevo en la actual amenaza a la Educación Superior y a las Humanidades en particular, es que el ritmo creciente de corporatización y militarización de la Universidad, el aplastamiento de la libertad académica, el aumento de un contingente en permanente aumento de profesores académicos a tiempo parcial y el punto de vista de que los estudiantes son básicamente consumidores y los profesores proveedores de una mercancía vendible como una credencial o un conjunto de habilitades para el trabajo"

(Henry A. Giroux)

 

 

 

 

Y esto es fruto, como venimos demostrando, del ataque mercantilista que el mundo universitario está sufriendo, que se plasma por ejemplo en los planes de ciertas entidades bancarias por hacerse con los futuros créditos a que obligará la subida de tasas (ya se baraja la posibilidad de extender la figura de las becas-préstamo), para propiciar que las grandes empresas intervengan en la contratación de profesores, en el patrocinio de Másteres y cursos de postgrado, que las investigaciones pagadas con fondos públicos sean explotadas por empresas privadas, que los políticos (que a su vez obedecen al poder económico) nombren a dedo a los representantes de todos los órganos de gobernanza de la Universidad, y un largo etcétera, convirtiendola en un instrumento político de propaganda y de colocación de sus enchufados. Y para justificar estos planteamientos, vienen las permanentes campañas de desprestigio hacia nuestras Universidades Públicas, como un intento de predisponer a la opinión pública en contra del actual modelo.

 

universidad231.jpgTampoco hemos afirmado nunca que el actual modelo universitario español sea perfecto. Es cierto que hacen falta mejoras y reformas, que la Universidad sufre sus corrupciones, sus endogamias, la marginación de personas válidas, la excesiva burocracia, la necesidad de actualización de planes de estudios, etc. Pero las posibles reformas que se puedan plantear debieran mantener todo lo bueno que se ha conquistado: los principios de autonomía universitaria, de autosuficiencia de cara a su financiación, la calidad en la docencia y la investigación, la ilusión por el progreso humanístico y científico, etc. En su artículo "Asalto a la Universidad", Agustín Moreno afirma: "Lo que explica este furibundo ataque es el nicho de negocio en que se han convertido las enseñanzas superiores. Para el capital financiero la educación mundial representa el último gran mercado. Un fabuloso negocio que se cifra en 2 billones de dólares al año, según la UNESCO, y éste es un suculento pastel al que  no están dispuestos a renunciar. Las cosas vienen de antiguo, ya desde el Plan Bolonia, porque necesitan controlar no solo los mercados y la producción, sino también la ciencia. Surge así el llamado capitalismo académico, obligando a las universidades a buscar financiación exterior en el mundo empresarial y financiero, controlando el proceso de innovación para transformar la ciencia en rentabilidad empresarial. Se tira de eufemismos para denominar “universidades de iniciativa social” a las universidades privadas, para superar desprestigios y ocultar su finalidad. Se promueven cátedras, se imponen logotipos y formas de gestión provenientes del mundo empresarial. No importa para ello que los fondos aportados limiten o amenacen la vida intelectual, la libertad de pensamiento y la reflexión crítica". 

 

universidad232.jpgY continúa: "Solo faltaría que nos vendieran la moto, a estas alturas, que el problema de España es el exceso de formación de sus universitarios. Es verdad que hay problemas, pero son otros. El principal es el modelo productivo y de mercado de trabajo que crea pocos empleos y de ínfima calidad; es decir, no es una cuestión de sobrecualificación, sino de infraempleo, y ajustar la universidad a un mercado de trabajo precario sería un error histórico. Otro problema es la elitización de la universidad y la pérdida de igualdad de oportunidades que se está dando con la gran subida de tasas y la reducción de becas; parece que se trata de una cuestión ideológica: “que a la universidad no llegue cualquiera” -aunque sea un estudiante brillante-, como dice la derecha más conspicua. Por último, están los recortes presupuestarios y de personal docente y de investigación, y la aplicación de una tasa de reposición que solo permite contratar al 10% de las jubilaciones; esto sí está suponiendo una pérdida de talento al no permitir la contratación de profesorado excelente y expulsarlo al extranjero".

 

universidad233.jpgDebemos por tanto recuperar la Universidad para la sociedad, a la cual indefectiblemente pertenece. La Universidad ha de colaborar, ha de estar integrada en la sociedad de la que forma parte. Debe estar al servicio del conjunto de los ciudadanos, y no ser vendida ni regalada a los grandes banqueros o empresarios de turno, que van a servirse de ella para buscar beneficio económico, y proteger sus intereses, difundir sus mensajes y extender su imagen. En vez de buscar el libre pensamiento y la actitud crítica, van a contribuir a consolidar los dogmas neoliberales en los que creen profundamente, intentando uniformizar al estudiantado mediante este pensamiento único. La Universidad no debe ser instrumento de la avaricia de unos pocos desaprensivos, sino estar en la vanguardia del debate intelectual en todas sus formas, y para ello debe inspirar dicha ilusión en la propia comunidad universitaria, la ilusión del conocimiento, del progreso y de la razón, de forma libre y objetiva, más allá de intereses privados de tipo económico. No podemos continuar bajo este modelo clasista y mercantilista. Sabemos experimentalmente que cuantas más Universidades tenga un país más crece su economía, más se revitaliza y moderniza, y cada euro que se invierte en ellas revierte en la propia sociedad, más y mejor que ninguna empresa, por competitiva que ésta sea.

 

Y hoy día, el precario modelo de la Universidad Pública española se extiende sin cesar. A los recortes en número de profesores, al desmantelamiento de salas y aulas, al encarecimiento de los ciclos medio y superior, a la subida de tasas y matrículas, y al descenso del número y cuantía de las becas y ayudas al estudio, se suma también la precaria situación (y cada vez mayor) del cuerpo del profesorado universitario. Actualmente, casi el 40% de los/as profesores/as de Universidad (que ya de por sí han de superar pruebas y filtros muy exigentes) cobra menos de mil euros al mes, encontrándose en peligro de despido inminente toda una generación de profesores/as e investigadores/as que más criterios de calidad han pasado en la historia de la Universidad Pública española. La mayoría de estos brillantes profesionales tienen entre 30 y 45 años, y muchos de ellos ya están (al igual que los recién titulados) instalándose en el extranjero por el desprecio, la precariedad y la falta de salidas laborales que existen en España. No podemos continuar por este camino. Hemos de recuperar la Universidad para el sector público, hemos de revertir los actuales recortes en el mundo docente e investigador, y hemos de volver a socializar quizá el mayor bien público a largo plazo del que podemos disfrutar: la Educación Superior. Continuaremos en siguientes entregas.

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