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17 octubre 2019 4 17 /10 /octubre /2019 23:00

Un Gobierno, cuanto más autoritario es, más miedo le tiene a la educación

Laura Mintegi

Comenzamos aquí una nueva serie de artículos, que como su nombre indica, va a intentar exponer la que, a nuestro juicio, debe ser una Reforma Educativa para todos, convirtiendo la Educación Pública en un verdadero instrumento al servicio de la formación de personas libres y críticas. Hablaremos durante los próximos artículos de los diversos aspectos que entendemos intervienen en una Educación Pública de calidad, comenzando por el propio derecho a la educación en su justo contexto, el derecho de la escuela pública a formar en valores al alumnado, los fundamentos de la Escuela Republicana, la educación como forma de enseñar a pensar, la educación libre frente a la educación basada en prejuicios, hablaremos también sobre el supuesto "derecho de los padres" sobre la educación de sus hijos, también abordaremos el tema de la escuela concertada, privada y pública, sobre la educación pública y laica como una necesidad democrática, sobre la libertad de conciencia frente al adoctrinamiento en la escuela, sobre la necesidad de excluir la Religión del currículum escolar, sobre la necesidad de formar en desobediencia civil, en educación sexual, en educación vial, y la necesidad de excluir otros conocimientos, como la lógica financiera, hablaremos también sobre el verdadero sentido de las evaluaciones, sobre las Nuevas Tecnologías en el aula, sobre la FP y la Universidad, sobre el acoso escolar, y sobre un montón de temas añadidos, que se vayan presentando al hilo de nuestra exposición. Como siempre, nos iremos basando en diversas fuentes de varios autores y organizaciones que iremos citando sobre la marcha, y que tomaremos como referentes a la hora de exponer nuestras ideas. Como sabrán mis lectores y lectoras más fieles, no es la primera vez que abordamos el asunto de la Educación en este Blog, sino que por mi vinculación profesional y mi pasión por la enseñanza, ha sido ya abordado en otros muchos artículos y series (la lista completa del buscador puede enlazarse aquí). Vamos a comenzar situando en contexto cómo vemos nosotros, desde la izquierda transformadora, el derecho a la educación. Y lo haremos tomando como referencia una reseña del texto "¿Qué hacemos con la educación?", de varios autores, publicado en este artículo para el medio digital eldiario.es.

 

¿Cuál es la finalidad de la enseñanza pública? Se deben responder una serie de cuestiones fundamentales en relación a esta pregunta básica, tales como: ¿Para qué se educa? ¿Qué valores debe transmitir la escuela pública? ¿Cuál es la función social que le atribuimos a la educación obligatoria? ¿Hay que educar para el mercado o hay que educar para la ciudadanía? Podemos afirmar, como premisa de partida, que la Educación tiene como finalidad básica el desarrollo humano, moral e intelectual de las personas. Y ello se materializa en los siguientes principios: la universalidad o derecho de toda la ciudadanía a recibir educación, la humanidad o pleno desarrollo de la personalidad de todo ser humano, la civilidad al basarse la educación en los derechos y libertades fundamentales, y la autonomía, para que todas las personas puedan aprender por sí mismas (Felipe Aguado, 2010). La educación tiene que ser pública para que tenga carácter universal, y también obligatoria y gratuita, para proporcionar un mínimo común educativo a todo el mundo, sobre las bases y principios enunciados. La educación también debe acoger a toda la población sin distinción de origen, condición o circunstancias, es decir, que tiene que ser una escuela inclusiva e integradora. Debe asegurar la igualdad en el acceso y en el desarrollo del derecho a la educación, combatiendo un fracaso escolar que afecta sobre todo al alumnado proveniente de las clases más desfavorecidas, y permitiendo la movilidad social. Por ello es fundamental su función compensadora: dar más a quién menos tiene para que supere sus dificultades y desarrolle toda su potencialidad. Estos principios generales deben ser asumidos por el conjunto de lo que llamamos la "comunidad educativa", compuesta por todos los actores que juegan algún papel en el sistema educativo: padres, profesores, alumnos, gestores, etc. Dichos principios rectores y elementales sobre el sistema educativo serán el eje sobre el que vertebraremos nuestra exposición, de tal forma que cada asunto educativo que tratemos, intentaremos siempre que sea compatible con todos ellos. 

 

En función de la prioridad que se dé a la educación, en centro concreto y para un alumnado concreto, asignaremos importancia, tiempo y dedicación a unos contenidos o a otros, a unas metodologías o a otras, o a unas actividades en el aula o a otras. Así por ejemplo, priorizaremos unos objetivos, diseñaremos el Proyecto Educativo de un centro determinado, excluiremos o no ciertas actividades, etc., dependiendo de todo ello. ¿A qué le dedicaremos más tiempo y empeño en nuestro trabajo cotidiano? ¿Finalizar el temario? ¿Asimilar los contenidos? ¿Estimular la convivencia en el aula? ¿Valorar la diversidad? ¿Estimular el pensamiento crítico? Todo ello condicionará la práctica docente concreta para una realidad educativa concreta. A la hora de responder a la pregunta de para qué la educación, ilustres pedagogos como Giner de los Ríos (fundador con otros de la Institución Libre de Enseñanza, ilustradora de la enseñanza durante el período republicano) decían que educar es preparar al joven para dirigir su propia vida. Se educa fundamentalmente para ser personas, y ello pasa por desarrollar valores en el alumnado como los siguientes:

 

1.- El amor y el gusto por la cultura y el saber, independientemente de su "utilidad en el mercado". Precisamente al sistema capitalista le interesa una educación concebida y orientada para el mercado, pero no para las personas. 

 

2.- La pasión por seguir aprendiendo y formándose durante toda su vida. Es decir, la escuela no puede ser únicamente sitio obligado de paso donde se aprenden unos conocimientos para el futuro, la mayoría de ellos inútiles, sino un lugar donde se nos fomenta la semilla y la necesidad por el conocimiento. 

 

3.- El sentido ético, para que sean hombres y mujeres con una moral bien desarrollada. Precisamente, la inmensa mayoría de los acontecimientos negativos de nuestra sociedad actual ocurren por la escasa catadura ética y moral de las personas que los ejecutan. 

 

4.- El sentido de la solidaridad, en un mundo en que cada día va a ser más necesaria esta virtud. La Escuela Pública debe formar personas sensibles y comprometidas, en vez de personas aisladas e individualistas. 

 

5.- El sentido crítico, para que puedan distinguir lo legal de lo justo, que no siempre coinciden, así como lo auténtico de lo falso. Valores como el sentido de la justicia, la desobediencia civil pacífica y otros pueden y deben ser estudiados en la escuela pública, como un referente de las conductas humanas. 

 

6.- La creatividad, como medio de imaginar lo que aún no se ha inventado, o no es posible. La creatividad humana, las Artes en general, nos proporcionan un mundo donde lo sublime nos conduce a valorar otros aspectos de nuestra naturaleza. En este sentido, la escuela pública debe atender a la semilla creativa de las personas que la posean. 

 

7.- La inteligencia emocional, para comprender las emociones propias y las ajenas. Nuestro rico mundo emocional debe ser conocido, para entender mejor por qué nos comportamos de cierta manera en determinados momentos, y poder encauzar nuestras reacciones. 

 

8.- Y en fin, para que les permita crecer como seres singulares y libres, y desarrollar todas sus capacidades. Precisamente, la escuela pública debe ser el mejor referente donde cada persona sea capaz de analizar sus propias habilidades y capacidades, y poder, si es el caso, dedicarse a ellas y explotarlas mejor. 

 

No se concibe la enseñanza pública, no obstante, desligada del conocimiento y análisis de la realidad, del compromiso ético, social y político con la comunidad humana de la que se forma parte, en el momento histórico en el que nos toca vivir. En ese sentido, mucho más importantes que nuestras puntuaciones en Matemáticas, Ciencias o Lingüística, es la implicación de la siguiente generación en el mantenimiento de una democracia real y en la construcción de una sociedad más justa para los que más la necesitan, esto es, los jóvenes, los enfermos, los ancianos, las mujeres, los desempleados, los desposeídos, los discapacitados, los analfabetos, los hambrientos, los desamparados en una palabra. Para todo ello, la Escuela Pública también debe ser una escuela que produzca ciudadanía políticamente activa y comprometida, socialmente útil, científicamente interesada, y colectivamente participativa. La ignorancia y falta de madurez política que caracteriza nuestra sociedad actual es fruto de unos sistemas educativos, de un modelo escolar fracasado e interesado en formar ciudadanos y ciudadanas dóciles y obedientes al sistema, en vez de libres y críticos con el mismo. Continuaremos en siguientes entregas.

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