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21 noviembre 2013 4 21 /11 /noviembre /2013 00:00

"Creo que todavía no tenemos una conciencia clara,

de algo que me parece muy importante:

y es que los Derechos de la Naturaleza y los Derechos Humanos

son dos nombres de la misma dignidad.

Más de cinco siglos llevamos regalando los recursos naturales,

otorgando a cambio de nada recursos naturales que después se van,

se van sin decir adiós, sin decir gracias siquiera,

dejando a sus espaldas inmensos agujeros, miles de muertos,

en los socavones, en las plantaciones,

fantasmas, palacios vacíos"

(Eduardo Galeano, 2012)

 

 

 

ecosocialismo11.jpgUna de las patas fundamentales de lo que se ha dado en llamar el Ecosocialismo, donde replanteamos el concepto de justicia social, y lo hacemos descansar sobre dos nuevos conceptos, que son la justicia socioeconómica y la justicia ambiental. Traemos a colación este tema, cuando hemos vuelto a sufrir hace pocos días (Tifón Haiyan, en Filipinas) grandes alarmas sobre la devastación provocada por algunos fenómenos naturales, que ponen de manifiesto la necesidad de tomarse muy en serio los efectos del cambio climático. No obstante, se abre una pregunta en el horizonte: ¿podrán fusionarse sin conflicto las reivindicaciones por el trabajo digno con la defensa de la naturaleza y de los territorios? En este sentido, Annie Leonard ha planteado el siguiente panorama: "Con la generación actual de volúmenes mundiales de bienes y servicios ya estamos produciendo más de cinco veces (cerca de 6, en realidad) el nivel de emisiones de CO2 que necesitaríamos reducir hacia 2050 para evitar el caos climático total (...). Sí, estamos en problemas. Y a eso es preciso agregarle el impacto necesario para elevar el nivel de vida de los pobres del mundo (que implica inevitablemente el aumento de sus emisiones de CO2). Con la sobrecarga de dióxido de carbono que ya causamos en la frágil atmósfera terrestre, sumada a nuestra demanda de todos los otros servicios y recursos vitales que nos brinda la tierra, estamos presionando al planeta más allá de sus límites".

 

ecosocialismo12.jpgLos inconvenientes van más allá del cambio climático, pues otros problemas amenazan seriamente los ecosistemas, hasta tal punto que la propia raza humana se encuentra en riesgo, como lo ha planteado el científico Jared Diamond (2005), varios fenómenos son la causa de la crisis ambiental que aqueja al planeta: deforestación y destrucción del hábitat, problemas del suelo (erosión, salinización y pérdida de la fertilidad), problemas de gestión del agua, abuso de la caza, la pesca y la introducción de nuevas especies, el crecimiento de la población humana y el aumento del impacto per cápita de las personas, la concentración de productos químicos tóxicos en el medio ambiente, y la escasez de fuentes de energía.

 

Pues bien, en ese orden de cosas, parece que la reivindicación por la justicia socioeconómica entra en tensión con las exigencias que implica la justicia ambiental, pues elevar el nivel de vida de los trabajadores, aumentando los salarios, garantizando los derechos laborales y todos los derechos económicos y sociales que permitirían lo que hoy se considera una vida digna, implicaría un aumento de su capacidad de consumo. Reivindicar una mejora de las garantías laborales implicaría mejores salarios, lo que redundaría en una mayor demanda de mercancías, y de aquéllo que Diamond ha denominado como "aumento del impacto per cápita de las personas", profundizando las presiones sobre la naturaleza, y los problemas ecológicos de la humanidad.

 

ecosocialismo13.jpgAsí, pareciera que la justicia socioeconómica riñe o se opone a la justicia ambiental, o viceversa. O bien, que los derechos de la naturaleza entrarían en tensión o en conflicto con los derechos de los seres humanos, y más concretamente de los trabajadores. Demandar y alcanzar los derechos laborales implicaría la superación de la precarización, elevar los ingresos, disfrutar plenamente de la Seguridad Social y de las pensiones, y acceder a consumos hasta ahora negados por el capital. Lo anterior, desde una perspectiva relacional y pensando dentro de la lógica del capitalismo, presionaría directamente los ciclos de la naturaleza, agudizando el impacto ambiental que implica la sobreproducción de mercancías.

 

ecosocialismo14.jpgPor tanto, visto lo visto, ¿debe renunciar el trabajo a sus derechos para salvar al planeta? Responder positivamente a esta pregunta, parte de la premisa de pedir a los trabajadores que dejen de consumir para salvar el medio ambiente. Este tipo de agendas políticas y ambientales, al asumirse dentro del capitalismo en cualquiera de sus modelos, profundiza la injusticia social, pues le niega a las personas que trabajan el acceso a los bienes de los que históricamente han sido privados. Otra cara de la moneda la encontramos con la expansión del capitalismo verde, es decir, la promoción de prácticas ecológicamente sostenibles que generan ganancias para los grandes capitales. Aquí se asumen las premisas de los límites naturales de las actividades económicas, y se aboga por disminuir la población, reducir el consumo energético o el tamaño de las ciudades. Al otro extremo de esta posición se encuentra la recuperación de la vieja tesis de la privatización de bienes comunes como alternativa ambiental, retomando las reflexiones que sostienen que el acceso universal a los bienes comunes conlleva a una tragedia ecológica, pues si todos los individuos pueden tener acceso al agua o a los bosques, entonces los recursos tenderían a su paulatino agotamiento. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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