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24 diciembre 2014 3 24 /12 /diciembre /2014 00:00

En definitiva, y sin lugar a dudas, podemos afirmar que en nuestro país, la causa republicana es peligrosa para la oligarquía, porque supone dar un paso concreto y factible a corto plazo. Pero si lo enfocamos y controlamos bien, un auténtico paso de gigante. Plantear cambios muy radicales, demasiado utópicos, a muy largo plazo, o bien demasiado poco concretos, siempre es menos peligroso para la  oligarquía, porque suena menos realista, y por tanto, menos alcanzable. Y así por ejemplo, el anarquismo o el comunismo suenan menos peligrosos para el sistema actual que la República, porque, entre otras razones, no podrán alcanzarse tan rápidamente como ésta. Sin embargo, el riesgo de la causa republicana es que ese "pequeño salto" (aparente) sea insuficiente, o peor aún, sea sólo aparente. De ahí el mensaje machacón que estamos repitiendo a lo largo de toda esta serie de artículos, haciendo hincapié en la idea de que la República ha de ser dotada de contenidos, porque en caso contrario, no nos servirá.

 

republica_queremos191.jpgLa lucha por la Tercera República debe aspirar a que dicho salto sea lo mayor posible, a que la República sea útil a la sociedad, despliegue la gran alfombra que nos conduzca a una mayor justicia social, a una mejor redistribución de la riqueza, a una sociedad más libre e igualitaria. Una República, como ya hemos afirmado, que no se limite sólo a poder elegir democráticamente al Jefe del Estado, sea presidencialista o no. Por el contrario, queremos una República que aspire de verdad a desarrollar la democracia sin límites, sin miedo, y sobre todo, continua e indefinidamente en el tiempo. Nuestra Tercera República será mejor cuanto más democrática sea, cuantos más mimbres se pongan para sostener una democracia plena y real. El paso dado debe significar, por tanto, comenzar a andar para no detenerse, para no fracasar, debe suponer quitar el freno de mano para arrancar y no dejar de circular, acelerando cuando sea posible. Y esto sí que es auténticamente peligroso para la clase dominante, que tomará conciencia de la pérdida de sus privilegios bajo el nuevo modelo de sociedad.

 

republica_queremos192.jpgEn todo caso está claro, como afirmábamos al principio de esta serie de artículos, que la Tercera República no vendrá sola, ni queremos que "nos la traigan". Debemos traerla nosotros, y debemos traer el modelo de República que nosotros queramos. ¿Quiénes somos nosotros? Pues todos los republicanos, todo el pueblo, la inmensa mayoría social que apoye y abandere ese nuevo modelo de sociedad. Y aquí corremos igualmente graves riesgos, porque el proceso de su instauración, consagración y aceptación popular ha de ser y estar inteligentemente dirigido. Por decirlo en pocas palabras para que se entienda, si no andamos con cuidado, podemos encontrarnos con una República "de derechas" (como de hecho existe en otros países). Y este riesgo podremos correrlo proporcionalmente inverso al grado de afirmación, de control y de democracia que guíe el proceso de proclamación e instauración de la República. Seamos conscientes también de que esto no podrá alcanzarse en poco tiempo. Puede ocurrir que llegue más pronto de lo previsto, prematuramente. Pero esto también es peligroso. Porque si se instaura una República con prisas, entonces será muy difícil, por no decir imposible, que dicha República tenga un contenido verdaderamente democrático, que es justo lo que no queremos hacer.

 

republica_queremos193.jpgSi la Monarquía actual, mejor dicho, si la oligarquía actual, ve peligrar su situación dominante, su status quo, sus privilegios, si entiende como inevitable abolir la Monarquía porque ya no es eficaz para camuflar la oligocracia bajo el disfraz de democracia, entonces procurará acelerar la proclamación de una República reducida a una mínima expresión, esto es, una República, si me permitís la expresión, "jibarizada". Una República sin contenidos, que sea sólo una nueva envoltura, más o menos formal, para dar la impresión de que cambiamos el sistema, pero sin cambiarlo. Esto es justo lo que hicimos en la Transición, donde nos vendieron la idea de que cambiábamos la dictadura por una democracia, cuando lo que hicimos fue sólo cambiar la apariencia, poder votar cada cuatro años, pero los grandes poderes fácticos continuaron dominando la situación, y por tanto, perpetuando sus intereses. El movimiento republicano debe luchar para evitar todo esto, y para llegar a instaurar una República que suponga un verdadero salto democrático, un auténtico cambio de régimen. Y para este viaje, las prisas no son nunca buenas consejeras. No pueden hacerse las cosas bien con prisas. Debemos tener prisa únicamente para ponernos a trabajar en serio, en preparar el camino para que, cuando llegue la ocasión histórica, la podamos aprovechar de verdad, no la desperdiciemos. El movimiento republicano ya lleva cierto tiempo trabajando por la causa, pero se necesita dar un salto cualitativo importante, para que la República sea un ideal de la inmensa mayoría social. Y esto sí que hay que conseguirlo cuanto antes.

 

republica_queremos194.jpgPero en todo caso, para instaurar una República que merezca la pena, se necesita primero superar ciertas etapas, como las que se acaban de describir. Hay que evitar que la República llegue de modo imprevisto e incontrolado, y se instale para perpetuar un Estado de precariedad. No queremos de ningún modo esta situación, porque el supuesto cambio no nos serviría para nada. Queremos una República con mayúsculas. En primer lugar, es imprescindible la unidad de acción republicana. Ésta es la labor más urgente, porque si no, las acciones aisladas que se hagan serán ineficaces. Para conquistar la República se necesita coordinación, tesón, unidad, firmeza, valentía. En segundo lugar, es primordial una ardua labor de concienciación de cara a la ciudadanía. Hemos afirmado infinidad de veces que sólo con el apoyo de la inmensa mayoría social, configurando ese contrapoder ciudadano que necesitamos, podremos alcanzar nuestro objetivo. Y esto nunca puede hacerse en dos días. Hay que desintoxicar al pueblo de tanta y tanta propaganda monárquica como el régimen ha ido vertiendo durante años, y aún sigue. Propaganda que lleva más de 35 años funcionando, y que tiene, por ahora, a los principales medios de comunicación a su servicio. Nuestra tarea es luchar frente a ese monopolio ideológico, frente a ese pensamiento dominante, que defiende a capa y espada la Monarquía, relegando sine die el referéndum popular para la llegada de la República, bajo el consabido pretexto de que "hay otros asuntos más urgentes", o de que "eso no le interesa a nadie".

 

republica_queremos195.jpgY a todo esto, no se nos olvide, hay que sumar la influencia de casi 40 años de franquismo, que llevamos a nuestras espaldas, sobre todo las generaciones que ya tenemos cierta edad. Un franquismo que colea aún en la actualidad, cuando aún se niegan desde las fuerzas políticas del bipartidismo a condenarlo en firme, a apoyar una Ley de Memoria Histórica que es pura fachada legal, a no hacer caso a los informes de los Relatores de la ONU que piden una limpieza democrática en este sentido, o a extraditar a algunos responsables aún vivos de la última etapa de la dictadura, y de sus abominables crímenes. Como vemos, la fuerza del pensamiento dominante es brutal. Por tanto, lo tenemos difícil, pero no imposible. Lo podemos conseguir, pero desplegando y haciendo gala de grandes dosis de unidad, esfuerzo, tenacidad, valentía y perseverancia. Lo que está claro es que si lo conseguimos, habremos alcanzado un nuevo hito de nuestra reciente Historia. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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