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17 diciembre 2014 3 17 /12 /diciembre /2014 00:00

Sobre la forma concreta de Estado Republicano, sus variantes e implicaciones, los autores Albert Jiménez, A. Dorado y Guillem Murcia, en su artículo "Diez falacias en defensa de la Monarquía: manual anti-tertulianos", nos cuentan lo siguiente: "Vaya por delante la aclaración de que una forma de Estado republicana no supone la panacea que resuelva los numerosos problemas que aquejan tanto a la sociedad como a la vida política del Estado Español. Existen regímenes republicanos con tremendos problemas sociales de desigualdad, falta de representación ciudadana en las Instituciones, o actuaciones antidemocráticas. Sin ir más lejos, Estados Unidos es una democracia de régimen presidencialista donde no hay un Jefe de Estado hereditario, sino que esta figura coincide con la del Presidente elegido (más o menos) libremente por el pueblo. Esto contrasta con regímenes parlamentarios como el caso irlandés, en los que el Jefe del Estado tiene atribuciones esencialmente ceremoniales. En la República de Irlanda, el Presidente es elegido directamente por los ciudadanos, pero la legitimidad democrática descansa en el Oireachtas (el Parlamento, compuesto por el Senado y el Dáil, las cámaras alta y baja respectivamente), al que también corresponde el poder legislativo, mientras que el ejecutivo es propio del Gobierno, al frente del cual está el Taoiseach (el Primer Ministro). El Presidente tiene sólo algunas funciones "bajo su propio juicio", según especifica la Constitución".

 

republica181.jpgY concluyen: "A medio camino entre las Repúblicas presidencialistas y las parlamentarias, se hallan aquéllas que suelen describirse como semi-presidencialistas, en las que existen tanto el Presidente de la República como el Primer Ministro, pero el primero tiene importantes atribuciones políticas que superan con mucho las "funciones ceremoniales" en los regímenes parlamentarios. Serían los casos de Francia o de Rusia (lo cual explica un poco porqué se ha visto esa rotación extraña entre Putin y Medvedev en los últimos años). Como vemos, decir "República" puede querer decir muchas cosas, incluso si hablamos sólo de la estructura institucional del Estado". Bien, estas líneas nos aclaran lo que venimos diciendo desde los primeros artículos de esta serie, en el sentido de no insistir tanto en las etiquetas o apellidos que una República pueda tener, sino en ofrecer para ella unos contenidos, un modelo de sociedad realmente justo e igualitario. En los diversos ejemplos que nos ofrecen estos autores, lo que queda claro no es que la forma de Estado republicana no nos sirva como modelo de democracia, sino que efectivamente, si no va reforzada y enlazada con un modelo de sociedad avanzado, realmente democrático, la República en sí mismo, como mera etiqueta, no sirve para nada.

 

republica182.jpgY por su parte, como ya sabemos, la Monarquía es una forma de gobierno en la que el poder supremo corresponde con carácter vitalicio a un Príncipe, designado generalmente según el orden hereditario y a veces por elección (como sucedió con el Rey Juan Carlos I, padre del actual Felipe VI). Hoy día, podemos decir que existen dos tipos de Monarquías: la Monarquía absoluta, aquélla en la que el Rey es titular del poder soberano y aúna y personifica todos los poderes del Estado (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), sin que exista límite constitucional alguno, es decir, una dictadura (por ejemplo, Arabia Saudita); y la Monarquía Constitucional (o Parlamentaria), que es aquélla que limita el poder del Rey a ser la encarnación del Estado del que es Jefe, y estipula su sometimiento y encaje bajo una Constitución. En esta segunda forma, el poder recae en el pueblo (formalmente, no realmente) que ejerce la soberanía a través de sus representantes públicos electos en el Parlamento, y en el Gobierno, que representa el Poder Ejecutivo (por ejemplo, España). Y aunque, teóricamente, la República hace referencia a que la soberanía reside en el pueblo de forma democrática, en la práctica, el concepto de República se lo pueden atribuir Estados que simplemente no adopten una forma de Monarquía, incluyendo en ocasiones Estados con sistemas totalitarios, oligarquías o dictaduras.

 

republica183.jpgDe ahí el extremo cuidado que hay que poner en los procesos de transición hacia la República, como el que queremos protagonizar en nuestro país. Queremos por tanto una República avanzada, radicalmente democrática, no una República desvirtuada, disfrazada o edulcorada, que pueda esconder otros sistemas oscuros o poco democráticos. Tienen en parte razón aquéllos que dicen que tampoco habría grandes diferencias entre la Monarquía española actual y una República a imagen y semejanza de las de nuestros vecinos europeos, como Francia, Italia, etc. Pero de lo que no se dan cuenta es de que si se produce cierto movimiento, éste nos puede hacer llegar más lejos que otros que ya no se mueven. No se dan cuenta, tal como dice la ley del desarrollo desigual y combinado de las sociedades, que al instaurar una República en nuestro país se abriría una oportunidad muy valiosa para intentar cambiar las cosas más a fondo, por intentar adelantar a nuestros vecinos y sus "Repúblicas", por construir una verdadera y completa República, esto es, una auténtica democracia. Es verdad que quizás la Tercera República Española no suponga grandes cambios con respecto a la Monarquía actual, pero de lo que se trata precisamente es de conseguir que se produzca un verdadero cambio, pero lo que es seguro es que si no se intenta el cambio, si ni siquiera lo intentamos, éste no se producirá, seguiremos anclados en nuestro régimen, en nuestro sistema, un régimen en descomposición desde la incompleta y engañosa Transición que protagonizamos a finales de la década de los 70 del siglo pasado.

 

republica184.jpgPero seamos realistas. El éxito del cambio nunca lo tendremos garantizado. El pueblo (o su vanguardia) que lo propugna debe siempre trabajar activamente y tenazmente por lograrlo. La voluntad popular mueve montañas, por tanto, hay que intentarlo. Porque si no se intentan los cambios, entonces es seguro que se garantiza el inmovilismo. Y el inmovilismo no nos lleva a ningún sitio. Si todos aquéllos que a lo largo de la Historia consiguieron mejoras para su sociedad, realizaron grandes aportes y avances en justicia e igualdad, en democracia, se hubieran dejado dominar por el pesimismo, por el conservadurismo, por el miedo, por la inseguridad, por la incertidumbre, por el derrotismo (propiciado por las élites del sistema precisamente para mantener su control sobre el mismo), entonces aún seguiríamos en la época de las cavernas. Si lo intentamos quizás lo consigamos, pero si no lo intentamos seguro que no lo conseguiremos. Intentémoslo y trabajemos por lograr un verdadero cambio, un auténtico cambio de régimen, una auténtica República democrática. Si lo conseguimos, nuestras siguientes generaciones nos lo agradecerán, pues les habremos dejado una sociedad mejor que la que nosotros encontramos. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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