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30 marzo 2015 1 30 /03 /marzo /2015 23:00

El propósito de los medios masivos, no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien darle forma a la opinión pública, de acuerdo a la agenda del poder corporativo dominante

Noam Chomsky

¿Qué República queremos? (XXVII)

Traemos a colación esta magnífica cita del sabio Chomsky porque estamos tratando, hemos comenzado en el artículo anterior, el tratamiento de los medios de comunicación, bajo el nuevo contexto de la Tercera República que queremos. Y discutíamos allí lo relativo a la libertad de expresión, confundida y manipulada en torno a la libertad empresarial, y denunciando el tremendo peligro que existe en el momento en que las grandes corporaciones mediáticas privadas, aliadas con la clase dominante, se convierten en voceras del poder, minimizando y manipulando las voces discrepantes. Pensamos que la nueva Constitución Republicana, así como las leyes ulteriores que se desarrollen, deben impedir estas situaciones. En lo referente a la prensa, no parece adecuado establecer restricciones que realmente limitarían la libertad de expresión, puesto que los medios de comunicación escritos son muy diversos en cuanto a tamaño y poder.

No obstante, los grandes periódicos de difusión nacional, cuyas tiradas se cuentan en cientos de miles de ejemplares diarios, sí que constituyen realmente un oligopolio adscrito a empresas muy poderosas. Y ante esta realidad incontestable, de cara a una democracia plena, parece razonable que el Estado intervenga para asegurar la libertad de expresión, la pluralidad de la información y el derecho que tienen los ciudadanos a ser verazmente informados. Hoy día, el poder de manipulación de la información por parte de estas empresas es tan gigantesco, que pueden echar por tierra la labor de cualesquiera cargos públicos, dirigentes o instituciones, con sólo una campaña de desprestigio. Los grandes medios tienen a su servicio auténticos ejércitos de "periodistas de investigación" a sueldo, que son capaces de tergiversar la realidad, y convencer a una audiencia millonaria sobre cualquier asunto. Pero claro, enseguida saldrán a manifestarse en contra los "adalides de la libertad", que en realidad son liberticidas en su profesión, clamando a favor de la "libertad de expresión" entendida a su manera, entendiendo que ellos (los que controlan o trabajan para los grandes medios), tienen derecho a tal libertad, aunque ello aplaste la libertad de expresión de otros miles de periodistas y de ciudadanos.

¿Qué República queremos? (XXVII)

No se trata por tanto de impedir la libertad de nadie, sino de garantizar que todos deben expresar lo que quieran, siempre que no conculquen los derechos de los demás. Se trata de democratizar la libertad de expresión, de manera que todos tengan también su derecho y sus posibilidades de ser escuchados, y de incidir por igual (insistimos en ello, POR IGUAL) sobre las opiniones de sus semejantes. ¿Tenemos hoy día este retrato en España? Evidentemente NO. Baste citar los efectos del pensamiento dominante convertidos en grandes mentiras (como en el acoso mediático al gobierno venezolano) o campañas de desprestigio de aquéllo que quieren derribar (como la orquestada contra PODEMOS). Esta situación es completamente intolerable. ¿Cómo podemos solucionarlo? Evidentemente, democratizando los medios, y esto sólo tiene una traducción posible: decretando un cierto grado de control público sobre el poder de los medios de comunicación privados (en el artículo anterior de esta serie ya propusimos una fórmula al respecto). Y todo ello, porque hemos de partir de la base de que el derecho a la información y la libertad de expresión son derechos fundamentales, situados por tanto al mismo nivel que el derecho a la educación, a la vivienda o a la sanidad.

Y como ya hemos discutido en muchos otros artículos en este mismo Blog, todo ello viene arrastrado por nuestro reciente pasado, siempre caracterizado por una democracia de baja intensidad, procedente primero del franquismo, y luego de la Transición. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado nunca han sido depurados, sino que han sido formados política e ideológicamente por las esferas procedentes de la dictadura, y tienen unas tradiciones que aún continúan. De hecho, en nuestro país, el Estado nunca ha visto a la ultraderecha ni a los movimientos fascistas como un peligro, sino como un ente colaborador, a diferencia de la izquierda, que siempre ha sido atacada, denigrada y ocultada. Y así, por ejemplo, todo lo que huela a nacionalismo o independentismo, a anarcorrevolución o a islamismo radical, genera alarma. En cambio, la apología del nazismo o la negación del holocausto no tienen consecuencias. Esto lleva a situaciones auténticamente sorprendentes, como que se detenga a personas por hacer comentarios en las redes sociales contra la Corona, o se registren y desmantelen ateneos o asociaciones libertarias, consideradas como terroristas. La influencia del pensamiento dominante, de nuevo, es aplastante.

Sólo tenemos que comprobar cómo la RadioTelevisión Pública se ha convertido en un instrumento al servicio del Gobierno, ofreciendo una información tremendamente sesgada y manipulada. Bien, ¿cómo podemos ir estableciendo medidas que garanticen un mejor control sobre los medios? Pues básicamente, estableciendo mecanismos que:

1.- Aseguren la libertad de expresión de los periodistas, de forma que puedan ejercer su profesión libre y honestamente, sin el acoso ni la mediatización de las grandes corporaciones de la publicación, ni de otros poderes. En este sentido, y al igual que ocurría con el Poder Judicial, hemos de dotar de mecanismos de elección independientes a los medios públicos.

2.- Canalizar la participación de los ciudadanos y de las asociaciones de representación de los mismos en los grandes medios de comunicación, de tal forma que se garantice que todo ciudadano/a o colectivo debe tener derecho a expresar su opinión en los grandes medios escritos de comunicación de masas, y sobre todo a discutir y replicar las interpretaciones y opiniones vertidas por otras personas en dichos medios.

3.- Romper la fuerza de los oligopolios mediáticos, mediante la implementación de un sistema de cuotas que reparta por igual el poder de los medios públicos, de los privados y de las asociaciones y colectivos ciudadanos. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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