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1 junio 2014 7 01 /06 /junio /2014 23:00

"Desde una óptica netamente social, diríamos que el binomio política oficial-medios de comunicación (acompañado por un modelo educativo arcaico y deformante, y un modelo cultural de corte netamente comercial) están haciendo, en beneficio de sus propios agentes, y de unas nuevas élites privilegiadas, un enorme daño, llevando, a modo de círculo vicioso, a una sociedad cada vez más enajenada, hacia la destrucción total de la conciencia, e incluso, de la propia identidad como seres humanos"

(Antonio José Gil Padilla)

 

 

 

 

retrato_sociedad_alienante53.jpgEn el momento actual, roto el esquema racional de pensamiento, la vida, como hemos señalado, se ha convertido en un casino donde la suerte de unos pocos es deseada por los demás. La posibilidad de encontrar en la escasa oferta laboral un trabajo digno, en sintonía con la cualificación profesional adquirida, no depende de las capacidades y méritos de la persona en cuestión, sino del azar o de la influencia. José López, por su parte, lo explica en los siguientes términos: "Una sociedad donde se fomenta el espabilamiento, la picaresca, la cultura del pelotazo, donde se idolatra la suerte, donde la gente vive de las escasas esperanzas de recibir un golpe de gracia de la diosa Fortuna, es justo lo contrario a una sociedad basada en el trabajo, en el esfuerzo, en la honradez. ¿Y aún decimos que los únicos corruptos son los políticos? La sociedad entera está corrompida de raíz. Una sociedad que rinde culto a los parásitos sociales, en la que muchos ciudadanos se entretienen con cuentos de hadas o de princesitas para escapar de las miserias de sus vidas, que sueñan con poder imitar las vidas de toda la farándula de personajes que venden sus vidas privadas a la "prensa" rosa. ¿Cómo va a cundir el ejemplo del esfuerzo si lo que se venera es justo lo contrario? Tenemos una sociedad en la que la máxima aspiración de muchos ciudadanos es poder vivir a costa de otros, en la que muchos aspiran a que otros trabajen por ellos, ya sean personas individuales o incluso toda la sociedad, en la que se institucionaliza el factor suerte, el parasitismo social en su máxima expresión, en la Monarquía. Una sociedad hipócrita que proclama solemnemente que el motor de su economía es la libre competencia y al mismo tiempo la imposibilita por cuanto no es posible la libre competencia cuando no todos compiten en igualdad de condiciones".

 

retrato_sociedad_alienante51.jpgY continúa: "Una sociedad no puede ser libre cuando sus individuos no pueden controlar sus vidas, cuando sus destinos vienen prácticamente predeterminados por el factor suerte. Uno es libre cuando puede elegir, cuando tiene opciones, cuando tiene margen de maniobra. En una sociedad libre, al contrario que en la actual, el esfuerzo de cada individuo es el factor clave para su supervivencia y prosperidad. En una sociedad verdaderamente libre cada uno hace su propia suerte, al menos en un grado importante. En suma, tenemos en la actualidad una sociedad construida sobre el factor suerte, en la que sus ciudadanos se encomiendan a la diosa Fortuna, en la que la gente pone su destino en manos de Dios, una sociedad donde la religión sigue siendo el eje central de la misma. Debemos transformar dicha sociedad, en manos de Fortuna o de Dios, basada en la fe, en la religión, en una sociedad en manos del hombre, basada en la razón y la ética. En la que la ética no dependa de la sumisión a un ser supremo sino que esté impregnada en el pensamiento de cada persona, en la que no se base en la coerción o en la amenaza sino en el convencimiento propio".

 

Finalmente concluye: "Debemos pasar de la jungla a la civilización, de la adolescencia a la edad adulta. La civilización no es sólo tecnología, es sobre todo política, es sobre todo filosofía, es sobre todo cultura, es sobre todo moral. Una sociedad es civilizada cuando la forma de pensar y actuar de los individuos que la componen lo es. Y sólo puede serlo cuando todo gira en torno a la razón y a la ética, y no en torno a la fe o a la suerte o al miedo. La evolución científica y tecnológica debe ser acompañada de una evolución social y política. La evolución material debe ser acompañada de una evolución intelectual, moral. Y para pasar de una sociedad medieval, de mentalidad medieval, a una sociedad moderna del siglo XXI, para progresar, debe empezarse por eliminar todos aquéllos coletazos del medioevo, debe empezarse por derrumbar aquéllos símbolos que atentan contra la razón y la ética".

 

retrato_sociedad_alienante52.jpgSi lo pensamos bien, veremos bastante relación entre estos argumentos y las preguntas que nos planteábamos desde el primer artículo de esta serie. Los instrumentos empleados para alienar a la población han conseguido que la sociedad, en sus múltiples facetas y actuaciones, haya llegado en nuestros días a una total desactivación, a un apagón racional. La forma mediante la cual hemos llegado hasta aquí se ha basado en un proceso en espiral en el que han intervenido, para la consecución del objetivo final, tanto la clase dominante como las instituciones políticas y sindicales. A una colectividad, en otros tiempos, inquieta y luchadora, se le fueron otorgando derechos y mejoras (como fruto de esa lucha) pero al mismo tiempo se les conducía por derroteros de corte reformista que, de una u otra forma, les iban integrando en el "sistema" (entiéndase sistema capitalista de valores, de producción y de consumo). Una vez conseguidas ciertas metas, el sistema ha actuado aplicando la vieja fórmula romana de "pan y circo para el pueblo", es decir, ha ido extendiendo el "entretenimiento" a las clases populares.

 

Las mejores condiciones de vida, junto a las prácticas alienantes empleadas, han ido destruyendo poco a poco la capacidad de lucha, muy lenta y progresivamente, hasta llegar a nuestros días, en los que nos encontramos con un panorama desolador en el que se ha producido una pérdida importante de lo que se consiguió en etapas históricas anteriores: estabilidad laboral, salarios dignos, Estado de Bienestar, etc. Por otra parte, aquéllos grupos que inicialmente fueron vanguardia e instrumentos indispensables de subversión, han sido también fagocitados por el propio sistema, han sido instrumentalizados para beneficio del sistema, transformándose en organizaciones sindicales colaboracionistas y burocratizadas, y en formaciones políticas que participan de forma demagógica en un sucio mercado para el único y exclusivo beneficio propio. En este sentido, recomiendo a los lectores la serie de artículos titulada "El mercado de la política", publicada recientemente en este mismo Blog, y que complementa algunos de los puntos aquí expresados. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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