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11 septiembre 2014 4 11 /09 /septiembre /2014 23:00

"El modelo educativo, como crisol deformante, y los medios de comunicación, como herramienta ágil y precisa, cumplen a la perfección la labor que les encomienda el poder para alienar a la ciudadanía y distraerla de la actual y remota realidad"

(Antonio José Gil Padilla)

 

 

 

 

     

El símil del "Circo para el pueblo", que hemos usado ya en otras ocasiones, nos sirve de nuevo para ilustrar la situación actual. Y así, al estilo de la vieja Roma, donde el Imperio hacía y deshacía a su antojo, donde la tiranía y la crueldad eran instrumentos inherentes al poder (no parece que hayamos avanzado mucho en 2.000 años), ahora, como entonces, se trata de adormecer y distraer de la cruda realidad al pueblo llano, de anestesiar sus conciencias, ofreciendo "pan y circo", y valiéndose para ello de las más subliminales programaciones y "actividades" culturales. La cultura se ofrece únicamente como espectáculo, donde la población es mera consumidora, en vez de instruir a la ciudadanía en el cultivo de la misma. Pocos escapan hoy día de las garras de esa pseudocultura que los representantes del poder real ofrecen y valoran. Las retransmisiones deportivas (a las que les dedicaremos más espacio en otro artículo de la serie), y en general toda la programación televisiva, ocupan un enorme espacio en esa premeditada tarea de distracción. Asuntos vanales, frívolos temas de conversación, tertulianos absurdos, rellenan  las parrillas de los medios de comunicación.

 

sociedad_alienante131.jpgSe han perdido los prejuicios que en otros tiempos existían, la oferta variada, la programación cultural amplia, extensa y auténtica, la pluralidad informativa. Los deportes pasan a la categoría de espectáculo planificado, y no sólo salones privados de los hogares de la gente, sino bares, restaurantes, pubs, incluso plazas públicas, son inundados de grandes pantallas donde se retransmiten los partidos de fútbol de turno, aglutinando a una población mayoritariamente embrutecida, inculta y alienada. Pero aquí no acaba todo, para aquéllos que huyen de tan vulgar afición, existen otras trampas algo más sofisticadas y subliminales: la lectura, el cine, el teatro, visitas a museos y exposiciones, etc., que forman parte de esa falsa cultura y que cumplen la misma o parecida función de embelesamiento que el fútbol o la TV. La literatura también está siendo afectada en esta alienante y alienada sociedad. Gran parte de la narrativa, aceptada, consumida y valorada por ciertas capas sociales, así como por los representantes políticos, se ha convertido en literatura basura que sirve para distraer (en todos los sentidos del término) a quienes la consumen.

 

En lo que se refiere a literatura, lo que se escribe por encargo, y se compra hoy, son best sellers, textos oportunistas sin trascendencia alguna u obras, escritas también por encargo, que se presentan a premios que, en muchas ocasiones, ya están asignados de antemano al autor o autora a quien fue encargada. Libros, textos, documentos en general que no aportan nada al acervo cultural de las personas. Esas masas que se refugian en la lectura, y presumen de hacerlo, suelen ser, por lo general, gentes ignorantes, que no llegan más allá de esa simple evasión o distracción. El texto de estas obras, destinadas a su lectura masiva por el gran público, suele ser de fácil comprensión, sin complicaciones, ya que cuanta más sencillez y más estupidez contenga, más se venderá la mercancía. Algunos de estos autores y autoras de moda han llegado a declarar abiertamente, sin pudor, en los medios de comunicación, que esto debe ser así. Por supuesto, a esta estupidez y alienación no escapan los más jóvenes, a quienes conviene ir preparando desde edades tempranas. Es el caso de la internacionalmente conocida historia de Harry Potter, cuya autora, en aplicación perfecta de esta instrumentalización, ha sido premiada económicamente con arreglo a su tarea de distracción o enajenación. Y lo mismo podemos afirmar de otras sagas narrativas, de tipo histórico-ficción, que se han llevado no sólo a las obras escritas, sino al cine de consumo masivo (piénsese, por ejemplo, en la saga del "Señor de los Anillos").

 

sociedad_alienante132.jpgCuriosamente este tipo de lector, es decir, el perteneciente a la gran masa lectora y espectadora, ni conoce, ni busca lecturas que le hagan pensar, lecturas de hombres y mujeres que exponen su visión de la vida, que intentan aportar soluciones, o al menos, interrogantes de todo lo que acontece, y que tanto nos afectan para la convivencia de todos. Cuánto menos está extendida, por supuesto, la literatura fuerte, compacta, sobre temas filosóficos o científicos. Cuando se habla de ciertas obras con quienes han cursado estudios superiores, recuerdan que leyeron en su momento algunas obras de este estilo, pero que lo hacían por obligación. Lo auténticamente interesante es que pudiéramos formar a las personas para que les "apeteciera" leer, en cualquier momento de su vida, y por citar solo algunos ejemplos, la poesía de Rafael Alberti, la obra de Francisco Fernández Buey, la filosofía de Kant, el teatro de Pedro Muñoz Seca, o los escritos de Marta Harnecker. O también, porqué no, las obras de Octavio Paz o Gabriel García Márquez, o de Noam Chomsky, la literatura de Luis García Montero, de Almudena Grandes, o los libros de economía de Juan Francisco Martín Seco. Tenemos mucho donde elegir, muchos autores de todo tipo entre los que escoger, para disfrutar de una buena literatura, de una magnífica filosofía, de una buena música, de una estupenda ciencia, de una fenomenal poesía, de un magnífico teatro, o de una economía que no reproduzca el saber convencional.

 

Por otra parte, la tarea de leer suele estar reñida con la de escribir, actividad bastante más creativa, por no decir absolutamente más creativa. Este tipo de lectores, algunos con nivel de estudios superiores, reconocen su ineptitud para escribir, tarea ésta última que conlleva pensar, organizar y expresar las ideas. El cine y el teatro se han convertido en otra válvula de escape de aquéllos que quieren huir de otras distracciones aparentemente más vulgares, pero el cine (sobre todo) se ha convertido hoy día en un espectáculo comercial que poco aporta a lo que entendemos por verdadera cultura. Digno de destacar es el afán por consumir visitas a exposiciones artísticas. Cada vez que se anuncia una muestra, acuden a ella ingentes masas que se mueven más por una cuestión de distinción que por el afán de aprender de aquéllos artistas que han dejado su huella en los lienzos (o en la piedra, si son escultores), para ejercer ellos mismos como creadores. Ese sería un legítimo motivo para asistir a ese tipo de actos. Y no hablemos ya de los conciertos, que se han convertido en una amorfa masa de gente que viene no ya sólo alienada de casa, sino para alienarse aún más con el propio concierto. Los músicos de moda responden también al mismo patrón, siendo los primeros representantes del comportamiento alienante de la propia sociedad. Continuaremos en siguientes entregas.

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