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14 julio 2014 1 14 /07 /julio /2014 23:00

"La democracia, si se queda sólo en lo formal, es vacía, no es democracia. Es el gobierno de los grandes grupos económicos secundados por los políticos de profesión y por todo el andamiaje cultural y militar que permite seguir con la misma estructura, dándose el lujo incluso de jugar a la participación de la gente en las decisiones. Pero la gente no decide. La población, la gran masa, es consumidora (hay que atenderla bien para que siga comprando), o electorado (hay que atenderlo bien para que me sigan votando)"

(Marcelo Colussi)

 

 

 

 

corrupcion_ambito_publico1.jpgIntroducimos con esta cita porque el trasfondo del asunto tiene mucho que ver, en realidad tiene todo que ver, con la democracia. La corrupción, sobre todo en el ámbito público (también en el privado), se nos vende continuamente como una deficiencia en cuanto al diseño de las leyes, y de los mecanismos de control que actúan para alertar/prevenir sobre dicho fenómeno. También se nos dice que las que fallan son las personas, haciendo referencia a la "maldad intrínseca" del ser humano. En otros artículos hemos tratado el tema de la corrupción, y hemos concluido que en el fondo se trata de un tema de valores humanos, de necesidades y de aspiraciones, y que por ello, no se acabará por completo con la corrupción hasta que no derroquemos el sistema que la mantiene, es decir, el propio capitalismo. Pero en el ámbito público el tema es aún más sangrante, porque los casos de corrupción se toman como referencia, por parte de la clase dominante, para desprestigiar a lo público, para desvirtuar su auténtica naturaleza, para desacreditar la función social del ámbito público. Esto lleva ocurriendo, sobre todo, desde que se permite, y cada vez con más virulencia, el fenómeno de las llamadas "puertas giratorias", esto es, el hecho de que gente del mundo privado se dedique, durante un tiempo, al mundo público.

 

corrupcion_ambito_publico2.jpgSi esto ocurre, y los mecanismos no están suficientemente engrasados, la tentación en cuanto a la corrupción se dispara. Es el propio capitalismo, con sus propios intereses, quien promueve estos fenómenos, puesto que su última razón de ser es la propia obtención del beneficio, y es por ello que al capitalismo el sector público le estorba, y tiende a minimizarlo, aunque sin destruirlo del todo, sobre todo porque, cuando estallan las crisis, hay que tirar del "Papá Estado" para que venga a rescatarnos. Pero el caso es que suele ocurrir que, cuando estos casos de corrupción estallan, siempre sale alguien que dice: "¿Véis como esto de lo público es un desastre?", intentando, como decíamos al principio, su descrédito. Se trata por tanto de una falacia que hay que combatir, como tantas otras trampas que nos pone la clase dominante para que vayamos picando. Y hay que recalcar que los desastres que tienen lugar en el ámbito público no se producen por el hecho de que sea público. Más bien al contrario, se producen porque no son suficientemente públicos.

 

corrupcion_ambito_publico3.jpgNos explicaremos con un poco más de claridad. En un sistema transparente, donde los ciudadanos/as y sus representantes tuvieran acceso a los datos, a la información y a las decisiones, es decir, tuvieran acceso al poder, la situación sería muy diferente. Los casos de corrupción se deben al poder concentrado en pocas manos, al oscurantismo, a la falta de transparencia, en última instancia, a la falta de democracia. Pero veamos el desarrollo de la típica situación: lo que ocurre es que existe la figura del empresario privado, al que le gusta hacer sus incursiones en lo público, pero no para contribuir a su extensión, potencialidad, eficacia o transparencia, sino para todo lo contrario, es decir, para servirse del sistema público, para enriquecerse a costa de él, para obtener poder e influencias gracias a él, que es lo mismo que decir a costa del dinero de toda la ciudadanía. Estos impresentables personajes son los mismos que suelen aducir motivos de poca eficiencia en el ámbito público, de excesiva burocracia, cuando de lo que en verdad se quejan es de los procedimientos de democracia directa e indirecta que permiten fiscalizar las cuentas, controlar los procesos, y auditar en qué se gastan y a qué se destinan los fondos públicos que sostienen a determinadas empresas o Instituciones.

 

corrupcion_ambito_publico4.jpgUn ejemplo claro y evidente de lo que decimos lo tenemos en el sector financiero: desde las tertulias y los medios de comunicación convencionales estamos hartos de escuchar el mensaje de que la crisis comenzó en las Cajas de Ahorros (recuérdense los procesos de bancarización de las mismas ocurridos durante la segunda legislatura de Zapatero), debido a que el poder político había metido demasiado las narices en sus asuntos. Pero nada más lejos de la realidad. Hoy en día está demostrado que las mayores tropelías de la banca privada, tanto a nivel nacional como internacional, han estado protagonizadas por banqueros a los que se les ha dado total libertad de maniobra, poder y ejecución. Pero, ¿porqué ocurre todo esto? Porque en las sociedades capitalistas, el verdadero poder es el económico. No es verdad por tanto que el poder político fuese el causante de las aberraciones que se cometían en las Cajas de Ahorros. Primero, porque no se cometían "sólo" en las Cajas de Ahorros, sino también en la gran banca privada (lo que ocurre es que sus casos salen menos a la luz porque pueden ser tapados gracias a otros terceros negocios exitosos que llevan a cabo).

 

corrupcion_ambito_publico5.jpgLos causantes eran los propios banqueros, junto a un Consejo de Administración (donde también había políticos y sindicalistas) que toleraba las prácticas corruptas y execrables de dichas empresas. Pero dicho ejemplo, como decimos, se ha tomado muchas veces para legitimar y dar fuerza a la idea de que el poder político ha sido el corruptor. Entonces, ¿cuál es la solución para que dejen de producirse estos desmanes? ¿Anular el poder político? ¿Dejar solos a los banqueros?  ¿Condecerles a ellos todo el poder? Los que sostienen esta tesis la apoyan además con el criterio "técnico", argumentando que nadie mejor que los propios economistas saben mejor lo que hay que hacer. Nueva falacia, porque dichos "economistas" son en realidad empleados del banco que se sirven de la economía como pretexto técnico, para seguir favoreciendo a los banqueros. La economía, como hemos indicado en infinidad de ocasiones, es una ciencia social, no es una ciencia exacta, no es una ciencia neutra, como los son las matemáticas o la física. La economía es una ciencia basada en cálculos y en predicciones, pero su funcionamiento, sus puntos de vista, están basados en los propios intereses de quienes los postulan.

 

A la luz de estas consideraciones, parece que sólo hay un camino posible, para que dichas situaciones de corrupción no se puedan producir, o sean minimizadas: aumentar la presencia del poder político, lo cual no significa aumentar el número de consejeros de los bancos que sean representantes de tal o cual partido, o de tal o cual sindicato. Cuando hablamos del "poder político" estamos hablando en realidad de la gente, cuando nos referimos al poder de la política estamos refiriéndonos a las personas. Esto se traduciría por tanto en que las decisiones de estos "Consejos" deberían ser refrendadas por otros "Consejos" más populares, con presencia de movimientos sociales, de plataformas, de asociaciones vecinales, organizaciones sociales, y todo tipo de representantes de todos los ámbitos de la sociedad. Con ello, conseguiríamos que de verdad las decisiones que se tomaran fueran realmente democráticas, transparentes y controladas. Se definirían nuevos cauces de participación y de decisión, mediante los cuales se haría casi imposible la presencia de poderes ocultos, de decisiones incontroladas, de actos corruptos, de descontrol y desinformación, de falta de transparencia. Entonces dichas empresas (las Cajas de Ahorros, en nuestro ejemplo) funcionarían de verdad de forma democrática, dispondrían de cauces democráticos de participación y de control, eliminando el desbocado poder de los banqueros, y la tentación corrupta por parte de algunos políticos de tres al cuarto que vienen a servirse de su poder para obtener más poder.

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