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31 octubre 2014 5 31 /10 /octubre /2014 00:00

"Primero hay que aprender cómo vivir, después cómo morir"

(Pensamiento Zen)

 

 

 

 

 

Del griego eu-thanasía, que podemos traducir como "buena muerte", el término eutanasia puede definirse de muchas formas, pero quizá la más extendida es la que figura en la Wikipedia, como la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente deshauciado, siempre con su consentimiento, con la intención de evitar sufrimiento y dolor. De esta forma, la eutanasia nos induce a pensar en la muerte, en el final de la vida, sin sufrimiento. Pero la eutanasia, como vamos a ir viendo, posee en la actualidad multitud de flecos que la conectan con varios aspectos sociales, legales, médicos y de conciencia, que hacen difícil su regulación normativa. Siendo una problemática mundial, que cada país aborda según sus tradiciones culturales, lo cierto es que los límites de la eutanasia ponen de relieve la multiplicidad de sensibilidades que afloran en situaciones como ésta, generando controversias y polémicas a las que no podemos ser ajenos. En esta breve serie de artículos vamos a profundizar en los conceptos relacionados con la eutanasia, así como a apostar por su legalización y regulación normativa en nuestro país.

 

De entrada, y como nos sugiere Francisco Badarán, la eutanasia puede ser clasificada dentro de una de las manifestaciones en las que se plasma el derecho a la vida, el respeto a la vida humana. Aquí podríamos encuadrar la necesidad de abolición de la pena de muerte (aún quedan muchos países del mundo donde existe la pena capital), la necesidad de erradicar los conflictos bélicos (y por tanto todas sus secuelas limitativas para la vida humana), la necesidad de reconocer el derecho de las mujeres al aborto libre y gratuito (que ha vuelto a generar recientemente tanta polémica, dado el intento del Gobierno de PP de regresar a una ley de supuestos, incluso más restrictiva que la de 1985), y la que nos ocupa, esto es, la necesidad de reconocer un marco regulador para ejercer, llegado el momento, cualquier variante de eutanasia que el enfermo haya manifestado. Hagamos en primer lugar un breve repaso histórico. Podemos decir que el desarrollo de las variantes de la eutanasia está ligado al propio desarrollo de la medicina moderna. Por ejemplo, en la antigua Grecia, la eutanasia no planteaba problemas morales, donde la concepción de la vida humana era diferente. Para los griegos, una mala vida no era digna de ser vivida, y por tanto, la eutanasia no suscitaba grandes discusiones, con la excepción del famoso Hipócrates, que mediante su juramento prohibió a los médicos la eutanasia activa y la ayuda para cometer suicidio.

 

Más tarde, durante la Edad Media, se produjeron cambios en dichas concepciones sobre la muerte, y la eutanasia, el suicidio o el aborto comienzan a representar prácticas peligrosas, ya que bajo la óptica de las creencias religiosas imperantes (el cristianismo) son consideradas como "pecado", ya que el hombre no puede disponer libremente sobre su vida, considerada un "Don de Dios". La muerte es entendida para los cristianos como la posibilidad de rendir cuentas ante Dios, y la llegada a esa "otra" vida celestial, del más allá, donde existe un cielo para los buenos, y un infierno para los malos. La práctica eutanásica proveería un medio de intervención humana en dicho proceso, en el momento elegido por Dios para la muerte, por lo cual se rechaza tajantemente. Pero la llegada de la modernidad rompe con el clásico pensamiento medieval, la perspectiva cristiana deja de ser la única, y se conocen y vuelven a discutir los valores culturales de la Edad Antigua. Ya Tomás Moro, en su obra Utopía, fechada en 1516, nos presenta una sociedad en la que sus habitantes justifican el suicidio y también la eutanasia activa, aunque sin usar todavía este nombre.

 

Por su parte, el gran filósofo inglés Francis Bacon, en 1623, es el primero en retomar el antiguo nombre de eutanasia, y diferencia entre dos tipos: la eutanasia "exterior" como finalización directa de la vida, y la eutanasia "interior" como la preparación espiritual del hombre para afrontar la muerte. Las diferentes culturas manifiestan su particular entendimiento práctico de la eutanasia, y por ejemplo, se sabe que hasta finales del siglo XIX en América del Sur existía la figura del "despenador" o "despenadora", que era una persona encargada de hacer morir a los enfermos terminales, a petición de sus propios parientes. Y ya a comienzos del siglo XX, en numerosos países europeos se fundan sociedades para difundir la eutanasia, y se promulgan informes positivos para su legalización. En los comités y debates toman parte médicos, abogados, filósofos y teólogos. En la actualidad, se sustentan diferentes opiniones sobre la eutanasia, y son variadas las prácticas médicas y los entornos normativos que giran sobre este tema en diversos países del mundo.

 

Pero vamos con algunas definiciones previas. Por ejemplo, según la Real Academia de la Lengua Española (RAE) "la eutanasia tiene por finalidad evitar sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de la vida de un enfermo".  Para la Asociación Médica Mundial (AMM): "La eutanasia, es decir, el acto deliberado de poner fin a la vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares, es contraria a la ética. Ello no impide al médico respetar el deseo del paciente de dejar que el proceso natural de la muerte siga su curso en la fase terminal de su enfermedad". En el contexto anglosajón, se distingue entre la eutanasia como acción y la eutanasia como omisión, en el sentido de dejar morir al paciente. Más o menos responden a nuestros conceptos de eutanasia activa y pasiva, aunque estas distinciones no son aceptadas por nuestra Organización Médica Colegial. Consideran que la eutanasia es siempre deontológicamente condenable, y distinta de la decisión médica de suspender cierto tratamiento inútil para un determinado enfermo. Actualmente, el panorama europeo sobre la eutanasia es variopinto: mientras hay muchos países (incluido el nuestro) donde la eutanasia directa pasiva es legal (es decir, suspender un tratamiento determinado, precipitando el término de la vida), otros lo consideran ilegal, y otros mantienen un posición ambigua (Portugal o Italia, entre otros). Los más avanzados en este tema (Alemania, países nórdicos) incluyen legalmente la regulación del suicidio asistido. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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