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2 junio 2014 1 02 /06 /junio /2014 23:00

"La Historia ha demostrado que el papel de la socialdemocracia era servir a la burguesía para contener al proletariado desde dentro, y para dividir a la izquierda desde sus propias entrañas"

(José López)

 

 

 

 

Muchas veces lo hemos advertido, pues ya se preveía si llegaba el caso, pero ahora, después de las últimas declaraciones de altos líderes del tándem PP-PSOE, y sobre todo después de la irrupción de Podemos en el escenario político en las últimas Elecciones al Parlamento Europeo, el panorama está cada vez más claro. La gran coalición, el gobierno de concentración bipartidista, puede ser una realidad después de las próximas Elecciones Generales de 2015. El terreno está siendo tanteado, la opinión pública también. Dirigentes de ambos partidos han realizado no ya veladas declaraciones, sino auténticas revelaciones sobre la posibilidad de su alianza, en aras a salvaguardar "el interés general". Con el interés general deben referirse al interés de ambos partidos aún mayoritarios (aunque por poco tiempo), para no perder sus poltronas, su influencia y su reparto del poder en todas las instituciones del Estado.

 

coalicion_bipartidista1.jpgPocos días antes de las Elecciones, y entrevistado para cierto medio de comunicación, el candidato del PP, Miguel Arias Cañete, advertía de dicha posibilidad "en un futuro", y en entrevista televisiva, a los pocos días, el dinosaurio "socialista" Felipe González también recomendaba dicha posibilidad "para el interés del país". Y aunque otros líderes del PSOE se apresuraron a desmentir dicha posibilidad, ya sabemos que está en el ADN del PSOE, pues lo vienen haciendo durante más de 30 años. En lo que se refiere a los puntales de la política económica, el bipartidismo viene acordando las propuestas fundamentales desde los tiempos de la Transición. Todas ellas encaminadas a hacer perder poder y protagonismo a la clase trabajadora, en beneficio a la clase dominante, a las grandes empresas, a las instituciones financieras y al gran capital. Por mucho que intenten de cara a la galería exponer posiciones enfrentadas, su capacidad para ponerse de acuerdo en los grandes temas es cuestión de minutos. Basta una simple llamada telefónica entre los líderes principales de ambas formaciones, y asunto solucionado. De esta forma vienen actuando durante todo el período "democrático".

 

coalicion_bipartidista2.jpgPero ahora la situación es distinta. En los últimos comicios europeos el bipartidismo ha sido amenazado de muerte, está en situación de "jaque mate". Ambas formaciones han perdido votos y escaños de forma muy importante, a la vez que las fuerzas de izquierdas han ganado bastante terreno. A ello se une el fenómeno Podemos, que ha irrumpido con fuerza en la escena política, ganando la confianza de muchas personas que han visto en la joven formación política una forma fresca, renovada y auténtica de plantear los postulados de la izquierda. Y el bipartidismo tiene miedo. Durante los posteriores días de análisis de los resultados, las críticas de los partidos del régimen a la formación de Pablo Iglesias no se hicieron esperar. Críticas procedentes sobre todo del PP, pero también del PSOE, incluso de UPyD, están intentando desprestigiar a Podemos, a sus líderes y a sus votantes, y ello es la prueba más palpable no sólo del carácter antidemocrático de estas formaciones, sino sobre todo del tremendo miedo que poseen a que se acabe su situación de dominación política, social, económica y mediática. El fin del bipartidismo está al alcance de nuestra mano, está a la vuelta de la esquina.

 

coalicion_bipartidista3.jpgEn un reciente artículo cuya lectura recomiendo, el genial politólogo Manolo Monereo planteaba esta posibilidad, y la urgente necesidad de responder al gran objetivo que dicha coalición bipartidista se plantearía, que no es otra que organizar la transición hacia un nuevo régimen monárquico. Monereo lo planteaba en los siguientes términos: "¿Porqué aquí y ahora proponer un gobierno de coalición? La razón de fondo, a mi juicio, tiene que ver con el deterioro profundo del Régimen, y más allá, con el nuevo modelo de acumulación que se está configurando por y desde la crisis. Somos la periferia dependiente y subalterna de una estructura de poder organizada en torno a un "núcleo" dominado por la Gran Alemania. Los poderes económicos, la clase política y la Monarquía reinante están de acuerdo con el nuevo papel que se le asigna a España en la división del trabajo definida por la Unión Europea y que literalmente nos condena al subdesarrollo social y productivo. Este es el nudo donde se organizan y se entrecruzan las contradicciones. La "gran coalición" sería algo más que un Ejecutivo conjunto PSOE-PP. El objetivo parece claro: organizar desde el poder político una nueva transición hacia una (enésima) restauración borbónica, de ahí la radicalidad de la propuesta realizada por los portavoces orgánicos del capital financiero". Estamos completamente de acuerdo. Las intenciones son volver a canalizar el descontento popular en aras a esa "gran coalición", haciendo llamadas a la "responsabilidad" de sus líderes, a la terrible situación del país, y a las exigencias de pacto dentro del "marco constitucional". Ya nos sabemos la cantinela de memoria. Pero no debemos dejarnos engañar. Y menos esta vez, cuando estamos casi acariciando la posibilidad de vencerles ampliamente en las urnas.

 

coalicion_bipartidista4.jpgLa gran coalición bipartidista pretendería garantizar por todos los medios la continuidad de la Monarquía, entendida como el instrumento de cohesión entre el poder económico y el político. Pretendería impedir la convocatoria de un Proceso Constituyente, mediante tímidas reformas constitucionales que no cambiasen de forma profunda nuestro marco de convivencia. Pretendería volver a parchear las cuestiones pendientes de tipo plurinacional del Estado Español, volviendo a ignorar el reconocimiento del derecho de autodeterminación de todos los pueblos. Pretendería también apuntalar la vigente Ley Electoral, en aras a consagrar aún más si cabe el bipartidismo imperante, caminando hacia la "norteamericanización de la vida pública" (en expresión de Manolo Monereo). Pretendería igualmente no retroceder, impedir la derogación de todo el desmontaje que se ha venido practicando sobre el Estado Social y el Estado del Bienestar, consagrando la pérdida de derechos sociales y laborales, y apuntalando con ello los procesos previos de privatización de los servicios públicos. Y pretendería, por supuesto, continuar con la pertenencia de nuestro país a la UE y al Euro, así como al resto de organismos internacionales que secundan el capitalismo salvaje que nos invade (OTAN, FMI, OCDE, etc.).

 

Mi opinión personal es que para acabar de periclitar el fenómeno del bipartidismo, que tanto daño nos ha hecho durante todos estos años, toda la izquierda real y transformadora de este país debe acudir en gran coalición a las próximas Elecciones Generales de 2015. Sólo de esta forma el voto de izquierdas no será fragmentado, y podrá concentrarse en esta gran coalición, capaz de vencer no sólo al bipartidismo, sino también a los partidos bisagra que puedan presentarse, tipo UPyD. Con ello tendremos garantizado que se puede poner en marcha la auténtica alternativa en el poder, y comenzar a llevar a cabo las profundas transformaciones que nuestro país necesita para alcanzar una democracia plena, tales como el Proceso Constituyente y la Tercera República.

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Published by Rafael Silva - en Política
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