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17 marzo 2016 4 17 /03 /marzo /2016 00:00

Nuestro método es la economía; nuestro objetivo es el alma

Margaret Thatcher

Y de ahí (de esas palabras de Thatcher) podemos deducir la tremenda importancia que posee la política económica, como corazón y pieza fundamental en el entramado de poderes que configura una determinada sociedad. Nuestra sociedad es capitalista, lo que implica que el capital nos tiene atrapados como trabajadores, como consumidores y como ciudadanos. Por tanto, debemos aprender a ser trabajadores menos sumisos, consumidores más responsables, y ciudadanos más libres. En suma, tenemos que dar la batalla al pensamiento dominante en todos los frentes, que como estamos comprobando, copa prácticamente todos los aspectos de nuestra vida, incluso los más íntimos y subliminales. Debemos, si no cortar definitivamente (esto sólo podrá hacerse colectivamente al final del camino), por lo menos adelgazar las cadenas que nos atan. En el trabajo, en el mercado de consumo, en el sistema político. En el terreno del trabajo, llevamos varios lustros retrocediendo en derechos laborales porque, entre otras razones, los trabajadores no nos unimos, no nos organizamos, no nos enfrentamos colectivamente al empresariado. La cultura del capital también favorece todas estas estrategias, lógicamente favorables a sus intereses. 

 

Mientras no recuperemos la iniciativa, iremos de retroceso en retroceso. Las conquistas del capital no cesarán, y la involución en derechos, libertades y garantías será paulatina. Por ello, la lucha colectiva es imprescindible en el mundo del trabajo. Véase nuestro reciente artículo sobre la huelga de los trabajadores malagueños de LIMASA, que la han desconvocado después de haberle ganado la partida al Ayuntamiento, y haber recuperado gran parte de los derechos perdidos. Debemos aprovechar las pocas maneras que tenemos de luchar pacíficamente para defender nuestros intereses y nuestros derechos. Y la mejor manera es y ha sido siempre la huelga. Una huelga es una revolución en miniatura, una pequeña revolución en potencia, pero que si se proyecta y se mantiene con inteligencia y perspicacia, se convierte en una fenomenal herramienta de presión hacia la clase dominante. Mediante huelgas se consiguieron la mayoría de los pocos derechos que poseemos en la actualidad, y mediante huelgas se evitaron ciertos retrocesos, se consiguió parar los pies al capital en determinados momentos de la historia. Y, precisamente, por no hacer las suficientes huelgas, por no tener el éxito que debieran, por no apoyarlas con la necesaria presión, el capital se está creciendo en los últimos tiempos. La única forma de contenerle es mediante las acciones organizadas, cuya cumbre son siempre las huelgas, especialmente las generales. Si además de general la huelga es indefinida, la presión sobre el mundo del capital será explosiva, definitiva. 

 

Pero para eso, como decimos, tenemos que cambiar el chip mental individual, colectivo, material y emocional. Hemos de cambiar nuestra escala de valores. Nos falta concienciación (colectiva) y nos falta valentía (individual). Pero si somos capaces, la huelga general e indefinida es el arma más mortífera contra la dictadura del capital. Podemos hundir empresas en cuestión de días, y podemos amenazar con causar una gran crisis (económica, esta vez sí), una crisis de tal envergadura que las fuerzas del gran capital se vean forzadas a ceder, a negociar, a retroceder en sus ambiciones y en sus actitudes. Porque si quiebra una determinada empresa, o siete, no pasará nada. El sistema no se colapsará por ello, podrá soportarlo. Las fuerzas del capital seguirán siendo más potentes. Pero si quiebran la mayoría de las empresas, el capital no podrá resistir un ataque tan fuerte. Por otra parte, y en el contexto de una gran empresa, si hacen huelga por ejemplo sólo una quinta parte de los empleados, incluso un tercio, la empresa es capaz de recuperarse, de distribuir fuerzas productivas y de salir adelante. Pero si hacen huelga la inmensa mayoría de sus empleados, la empresa no se podrá recuperar, quedará definitivamente tocada, incluso hundida. El ataque será total, definitivo, mortal. La opción está, por tanto, en nuestras manos. El poder también. Así que, como siempre hemos proclamado, la unión hace la fuerza. 

 

Si como trabajadores tenemos muy poco margen de maniobra, como consumidores, sin embargo, tenemos algo más de margen. De hecho, el capitalismo no funciona, entra en crisis cada cierto tiempo (existen autores, como Kondratiev, que han elaborado complejas teorías para explicarlo, como la de las ondas largas de este autor), precisamente porque como consumidores hacemos que fracase, aunque lo hacemos inconscientemente. Si baja nuestro poder adquisitivo, compramos menos y esto se traduce en las crisis de sobreproducción. No todos los productos pueden ser vendidos o deben venderse a menor precio. El capitalismo amenaza con colapsar porque los consumidores no hacemos realmente lo que quiere el sistema: consumir cada vez más. Consumir, consumir y consumir, es la regla de oro del sistema capitalista, del orden mundial dominante, y de su pensamiento asociado. Y así, las crisis cíclicas del capitalismo no son más que el estallido de sus contradicciones internas. En las últimas décadas se pudo salir a flote potenciando la faceta financiarizadora de la economía, haciendo que la gente se endeudara hasta límites insoportables, pero esto se tradujo también en otra profunda crisis: la crisis financiera actual (que hizo estallar también otras burbujas asociadas, como la inmobiliaria en nuestro país). Y dado que bajo el capitalismo el capital se convierte en la principal mercancía, dado que todo gira en torno a él, dado que la sociedad está a su completo servicio, la economía se financiariza inevitablemente, la cultura del pelotazo se impone (dícese de la cultura que aboga por obtener la mayor ganancia en el menor tiempo y con el menor esfuerzo) y la especulación (en sus diversas facetas) acaba dominando el conjunto de la economía. 

 

Bajo esta nueva fase, la economía se vuelve cada vez más artificial, más inestable, más volátil, más virtual. La especulación es el pan nuestro de cada día de los poderosos, que poseen a la tecnología como su principal herramienta aliada. Hoy día, los flujos de capitales se hacen instantáneamente, y determinada empresa puede deslocalizarse y volverse a localizar en cuestión de segundos, entorno que los propios empresarios utilizan como chantaje hacia los Gobiernos y la propia ciudadanía. Y es que el capitalismo siempre vive bajo la amenaza de su colapso. Y a este colapso podemos contribuir los ciudadanos, los consumidores, los trabajadores, esto es, nosotros mismos, en los diferentes aspectos bajo los que interactuamos con el sistema. Porque al final, todos esos aspectos son uno solo, funcionan bajo un prisma unívoco, funcionan enfocados hacia la consecución de unos mismos objetivos, y el sistema nos va marcando las pautas (el pensamiento dominante) para que todo ello nos parezca normal, lógico, aceptable. Puede como mucho no gustarnos, pero nos vemos arrastrados a ello, porque la fuerza del pensamiento dominante y de los poderes a su servicio son enormes. Por ello siempre hacemos un llamamiento a la valentía, a la rebeldía, pues sin ellas, el enfrentamiento certero con el pensamiento dominante no es posible. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 marzo 2016 3 16 /03 /marzo /2016 00:00

Las grandes desigualdades económicas son un impedimento a la libertad. Cuando un poder privado es tan inmenso que puede imponer su voluntad, o más técnicamente, su concepción del bien, al resto de la sociedad o a una gran parte, la libertad de esta mayoría está seriamente afectada. Los poderes privados más desarrollados que actualmente pueden imponer su voluntad a la gran mayoría, incluidos muchos Estados que parecen estar a su servicio (y en muchos casos actúan como si estuvieran directamente a sus órdenes), son las grandes transnacionales

Daniel Raventós

Los postulados de partida del TTIP (que retoman y endurecen los de tratados comerciales anteriores) dejarían la práctica totalidad de los servicios públicos básicos para el conjunto de la ciudadanía destinados al libre mercado: la justicia, el derecho al agua, a la electricidad, a la alimentación, a la seguridad pública, a la educación, a la sanidad, etc., solamente estarían al alcance de quienes pudieran pagarlos. Pero no solamente eso, sino que los diversos programas de las Administraciones Locales destinados a favorecer el mantenimiento o la reindustrialización en determinadas áreas geográficas no tendrían cabida, tales como por ejemplo las ayudas públicas a los astilleros, las iniciativas de empleo local, etc. Este TLC pretende proporcionar una especie de institución jurisdiccional transatlántica, que con carácter permanente esté a cargo de todas las regulaciones de la UE y los Estados Unidos, ya sean pasadas, presentes o futuras, y determinar así las condiciones bajo las cuales se presta cualquier servicio, ya sea básico (electricidad, alimentación, vivienda, agua...), o de interés general (infraestructuras, telecomunicaciones, servicios postales, servicios culturales...), que siendo susceptibles de ser comercializados, obligue tanto a la UE como a USA.

 

Deberíamos responder contundentemente como sociedad supuestamente madura y democrática, emprendiendo todas las acciones posibles a nuestro alcance para hacer llegar al Parlamento Europeo y a la Comisión nuestro frontal y firme rechazo a la firma de cualquier TLC o acuerdo transnacional que implique una cesión de nuestra soberanía en temas tan sumamente importantes para la inmensa mayoría social, máxime cuando además el secretismo, la ocultación, la falta de información y de participación social de los sectores implicados es absoluta. Debemos defender la completa exclusión del catálogo de servicios públicos y de bienes comunes, para evitar la apertura y liberalización de los mismos al mercado. Se deben exigir unos estándares mínimos, y cada vez más exigentes, en aspectos clave como puedan ser la protección medioambiental, la seguridad alimentaria, el desarrollo de productos farmacéuticos o la protección de la privacidad de las comunicaciones personales. Y tampoco debería nunca verse comprometido el denominado (y ya explicado en anteriores entregas) "Principio de Precaución" que rige actualmente en la UE, más aún teniendo en cuenta que la legislación en Estados Unidos, con respecto a temas sanitarios, alimentarios o medioambientales, por citar ejemplos muy significativos, es mucho más laxa y permisiva que la europea. 

 

Y en cualquier caso, deberíamos garantizar siempre que, más allá de todo acuerdo comercial o iniciativa de mayor calado, éstos no supongan en ningún caso el menoscabo o la pérdida de puestos de trabajo, o la precarización de los derechos laborales de los trabajadores/as. USA tiene una regulación mucho más laxa en el terreno laboral, ni siquiera ha ratificado una serie de Convenios básicos de la OIT, por lo que si la "armonización" se realiza a la baja, el TTIP supondrá una pérdida importante de derechos laborales y sociales para todos los trabajadores de los Estados miembro. Nos jugamos mucho con este tratado, que como llevamos viendo a través de toda esta serie de artículos, pretende configurar un nuevo status para las grandes empresas transnacionales, y un nuevo modelo de gobernanza global. Una nueva gobernanza mundial que institucionaliza como sujetos políticos a las transnacionales y prioriza la defensa de sus derechos, lo que se ha venido en denominar "seguridad jurídica", un manido concepto del derecho mercantil del que se ha abusado bastante, para dotar a las empresas de marcos regulatorios cada vez más favorables a sus intereses. Y así, tomando las palabras de Ignacio Muro: "La socialización de los riesgos del inversor (asumir riesgos era, hasta ahora, lo que justificaba los  beneficios empresariales) se convierte en un nuevo valor consagrado, al nivel de otros derechos políticos y sociales". 

 

Y de esta forma, la mal llamada "seguridad jurídica" adquiere con el TTIP un peligroso rango de norma protegida al más alto nivel, incluso por encima de la protección de las poblaciones, de los países y de los Estados. Simplemente, se privilegia la agenda y los derechos de las grandes corporaciones y su idea de la globalización neoliberal, mientras se obstruyen, ignoran e impiden otros caminos, otras prioridades y otras garantías, que tienen que ver sobre todo con los Derechos Humanos, de los pueblos y de la naturaleza. Pero además, existen otros intereses, fundamentalmente de tipo geoestratégico, que avalan la aprobación del TTIP, y que tienen que ver con que este TLC constituiría un arma decisiva frente a la imparable crecida del poderío de China y demás potencias emergentes que se agrupan en los denominados BRICS (por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), y que no sólo han aunado sus esfuerzos comerciales y sus intereses estratégicos, sino que incluso ya han desarrollado instrumentos conjuntos de inversión, tales como el Banco Asiático de Inversiones (BAII), alternativa real al BM y al FMI, y que ya ha puesto en marcha mecanismos de financiación para todos ellos, y el resto de países (hasta 43) que se han adherido al proyecto, y que piensa dar la batalla (de hecho, ya lo está haciendo) a Washington y sus más potentes aliados occidentales. 

 

Ignacio Ramonet lo ilustra bajo los siguientes términos: "Hay que precisar que, entre los años 2000 y 2008, el comercio internacional de China creció más de cuatro veces: sus exportaciones aumentaron un 474% y las importaciones un 403%. ¿Consecuencia? Estados Unidos perdió su liderazgo de primera potencia comercial del mundo que ostentaba desde hacía un siglo...Ante la crisis financiera global de 2008, EE.UU. era el socio comercial más importante para 127 Estados del mundo; China sólo lo era para 70 países. Ese balance se ha invertido. Hoy, China es el socio comercial más importante para 124 Estados; mientras que Estados Unidos sólo lo es para 76". El asunto queda perfectamente claro. El TTIP no sólo representa una nueva oleada de la avanzadilla neoliberal globalizadora, sino que supone también una ofensiva en toda regla para cambiar las relaciones comerciales y geoestratégicas del mundo e implantar nuevos reequilibrios de poder, balanceando de nuevo la posición de hegemonía hacia USA y sus principales aliados. Pero obsérvese hasta qué punto se confunden los intereses de las grandes empresas transnacionales con los intereses de país, fruto de décadas de influencia del pensamiento dominante capitalista y neoliberal, y fruto de la implantación progresiva de políticas que han ido beneficiando los intereses del gran capital, y reduciendo paulatinamente el poder de los Estados, y su capacidad para implementar políticas públicas en beneficio de su ciudadanía. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 marzo 2016 2 15 /03 /marzo /2016 00:00

Estados Unidos fue siempre una sociedad colonizadora. Incluso antes de constituirse como Estado estaba eliminando a la población indígena, lo que significó la destrucción de muchas naciones originarias

Noam Chomsky

Y prácticamente desde que existe como nación, Estados Unidos ha lanzado al mundo a una serie de guerras sin sentido, sobre todo desde que se encumbró como la auténtica superpotencia mundial. A ello contribuyó también, sin ningún género de dudas, el hecho de que, salvo el bloque soviético en su día, ninguna otra nación ha contravenido clara y directamente sus intereses (salvo honrosas excepciones, como los casos de Cuba o Corea del Norte), por lo cual el patio internacional no sólo no se ha enfrentado contundentemente a sus provocaciones, sino que incluso le ha reído siempre las gracias. Guerras que muchas de ellas se han autoproclamado como "guerras sagradas", invocando al supremo espíritu de primacía estadounidense. En este sentido, William Astore, en su artículo "Estados Unidos ha conseguido la guerra total", se ha expresado en los siguientes términos: "Pensad en las numerosas así llamadas guerras estadounidenses y evaluad si acaso ha habido algún progreso mensurable en alguna de ellas. En 1964, Lindon Johnson declaró la "guerra contra la pobreza". Más de medio siglo después, todavía existe un número alarmante de personas desesperadamente pobres, y en lo que va del siglo XXI, la brecha entre los más pobres y los más ricos se ha ensanchado hasta convertirse en un abismo (de hecho, desde los días del Presidente Ronald Reagan se podría hablar de una guerra contra los pobres y no contra la pobreza)".

 

Y continúa: "¿Y contra las drogas? Cuarenta y cuatro años después de que el Presidente Richard Nixon anunciara la guerra contra las drogas, aún hay millones de personas en la cárcel, se han gastado miles de millones de dólares, y las drogas abundan en las calles de las ciudades estadounidenses. ¿Y la guerra contra el terror? Ya van 13 años --y seguimos contando-- desde que se lanzara aquélla "guerra"; los grupos terroristas, menores por sus efectivos y alcances en 2001, han proliferado salvajemente y ahora existe una cosa llamada "califato" --lo que una vez fuera una fantasía de Osama Bin Laden-- en Oriente Medio: el Estado Islámico, que se ha hecho con partes de Iraq y de Siria; Al Qaeda crece en Yemen; Libia es el reino del caos y se la reparten cada vez más organizaciones extremistas; y hoy muchos inocentes continúan muriendo víctimas de los ataques con drones de Estados Unidos. ¿Y sobre Afganistán? El negocio del opio se ha recuperado a lo grande, el Talibán está resurgiendo y la región es cada día menos estable. ¿Y en cuanto a Iraq? Es un caldero donde hierven las rivalidades y los odios étnicos y religiosos, con más armamento estadounidense en viaje para alimentar la matanza en un país que, desde el punto de vista funcional, ha dejado de existir. La única certeza en buena parte de esas "guerras" estadounidenses es su violenta continuación, aún cuando de cada una de las misiones originales sólo quedan jirones". 

 

A lo largo de esta serie de artículos, hemos abordado múltiples y diferentes cuestiones de la historia, la política y la sociología norteamericanas, destacando la exposición de las siguientes cuestiones, que serían buenas candidatas para una encuesta popular a la población estadounidense:

 

* ¿Por qué los estadounidenses no podéis dejar de oponeros al cuidado de la salud de vuestros ciudadanos?

 

* ¿Cómo podéis seguir siendo tan ciegos frente a la realidad del cambio climático?

 

* ¿Cómo podéis hablar del imperio de la ley cuando vuestros Presidentes quebrantan la ley internacional para hacer la guerra cada vez que se les ocurre?

 

* ¿Cómo podéis dejar en manos de una sola persona corriente el poder de hacer saltar por los aires un planeta?

 

* ¿Cómo podéis tirar a la basura las Convenciones de Ginebra y vuestros principios para defender la tortura?

 

* ¿Por qué a los estadounidenses os gustan tanto las armas? ¿Por qué os matáis unos a otros tan desenfrenadamente?

 

* Y quizá para muchos la pregunta más importante y desconcertante: ¿Por qué enviáis a vuestros soldados a cualquier parte del mundo para provocar más y más problemas a todos nosotros?

 

Son preguntas muy interesantes, que demostrarían fehacientemente que la sociedad estadounidense debería hacérselo mirar. Para ilustrar la actitud de los gobiernos estadounidenses, diremos resumidamente que desde que Estados Unidos fue fundado en 1776, ha estado en guerra durante 222 de sus 239 años de existencia, es decir, el 93% de su tiempo de existencia como nación independiente, y unión federal de Estados soberanos. Sólo durante 21 años desde 1776, Estados Unidos ha vivido realmente en paz. Un triste récord, que creemos no supera ninguna nación reciente de nuestro tiempo. De ahí el título de nuestra serie de artículos. No sabemos si USA saldrá alguna vez de su estado de guerra permanente, o antes acabará con toda la Humanidad, y con los recursos del planeta. En otras palabras, ningún Presidente estadounidense se ha podido calificar como "Presidente en tiempos de paz". Técnicamente, todos los Presidentes de Estados Unidos pueden ser considerados "Presidentes de guerra". De hecho, USA nunca ha pasado una década completa sin guerras. La única vez que EE.UU. estuvo un lustro completo sin guerras fue durante el período aislacionista de la Gran Depresión (1935-1940), previo a la Segunda Guerra Mundial. Toda esta información la hemos extraído de esta página de washingtonsblog. Finalizaremos esta serie en su próxima entrega.

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14 marzo 2016 1 14 /03 /marzo /2016 00:00

El gran problema estratégico radica en que muchos pensadores consideran que la izquierda debe centrarse en la construcción de un modelo de capitalismo posliberal. Esta idea obstruye los procesos de radicalización. Supone que ser de izquierda es ser posliberal, que ser de izquierda es bregar por un capitalismo organizado, humano, productivo. Esta idea socava a la izquierda desde hace varios años, porque ser de izquierda es luchar contra el capitalismo. Me parece que es el abecé. Ser socialista es bregar por un mundo comunista

Claudio Katz

Hemos desarrollado ya, hasta la entrega actual, no solamente los aspectos esenciales de lo que puede ser el Socialismo del siglo XXI, aspectos todos ellos que han sido tratados a fondo en artículos anteriores (nacionalización de sectores estratégicos, nuevo modelo productivo, reparto del trabajo, renta básica, trabajo garantizado, repudio de la deuda, etc.), sino también los ejes fundamentales de lo que entendemos debería ser el programa socialista, basándonos en diversas fuentes y autores. Pero lo que hemos repetido hasta la saciedad, de mil formas distintas, e intentándolo razonar desde todos los puntos de vista, es la urgente, absoluta y perentoria necesidad de abandonar el capitalismo. Y es que sin la vocación de intervenir la diabólica lógica capitalista, no habrá jamás auténticas políticas progresistas para la clase trabajadora y la inmensa mayoría social. No es por tanto posible salir de esta crisis desde dentro del capitalismo, mediante "reformas estructurales" de diversos aspectos del sistema, como proponen sus voceros, sino que las transformaciones que nuestra sociedad necesita se deben ligar a la lucha por el socialismo. 

 

No habrá realmente modificaciones sustanciales sobre los asuntos importantes (redistribución de la riqueza, justicia e igualdad social, erradicación del patriarcado, etc.) sin un auténtico régimen socialista de economía planificada, que ponga fin a la anarquía salvaje del capitalismo, y que libere de su dogal a las clases populares. El capitalismo no da más de sí, sólo puede provocar involuciones, fascismos, revueltas populares, crisis económicas, guerras  imperialistas, represión de los derechos y libertades fundamentales, empobrecimiento de las clases populares y trabajadoras, y destrucción del tejido social y productivo. La única alternativa es el socialismo. Frente a los que nos acusan de ser la izquierda obsoleta, anticuada, trasnochada o fracasada, hay que decir que los que en verdad han fracasado han sido todas las oleadas de economistas neoliberales que pretendieron perpetuar el capitalismo, tanto en su versión reguladora como en su versión financiarizada. Nuestra lucha debe ir por otros derroteros, si pretendemos alcanzar otro mundo posible, que funcione bajo otros parámetros económicos, pero también políticos y sociales. Nuestra lucha debe ser por conseguir una sociedad donde los medios de producción sean de propiedad social (ya hemos explicado este concepto en artículos anteriores, así como en nuestra serie de artículos "Objetivo: Democracia"), donde la economía funcione de manera planificada y controlada por el conjunto de la sociedad, teniendo como objetivo la satisfacción plena de todas las necesidades sociales básicas para todo el mundo, y no el aumento de los beneficios de la gran clase capitalista. 

 

No existen, por tanto, atajos, ni reformas suaves del sistema, para hacer al capitalismo más humano, más sensible o más ecológico. Y aunque el estallido de esta última crisis ha sido provocado directamente por diferentes burbujas inmobiliarias y financieras, que han estallado sucesivamente a escala mundial, lo cierto es que ya estábamos sufriendo una crisis de sobreproducción clásica, propia del capitalismo, como consecuencia de la existencia de demasiados medios de producción, no desde el punto de vista de las necesidades sociales, sino desde el punto de vista de la rentabilidad de los capitalistas. Y así, la crisis se presenta como la solución "natural" del capitalismo, consistente en la destrucción de buena parte de esas fuerzas productivas, para su eliminación y reorganización de las restantes, y la imposición de peores condiciones laborales, para restituir la tasa de ganancia de las empresas, para todo lo cual es decisivo la ampliación del ejército de reserva (los parados) y el recorte de los derechos sociales, laborales, económicos, políticos y medioambientales. La mal llamada "economía de libre mercado", el gran tótem capitalista, ha demostrado con creces que no es capaz de acabar con el desempleo, sino que más bien al contrario, lo genera y lo incrementa porque lo necesita para mantener bajos los salarios y la protección social. Hay que sustituir este demencial sistema por un sistema más justo, más racional, más sostenible y más humano. 

 

Esta "economía de libre mercado" debe ser sustituida por una planificación democrática de la economía como mecanismo fundamental para decidir las inversiones y la asignación de recursos, así como la redistribución justa y equitativa de la riqueza que se crea. Y esto es lo que de verdad permitiría la restauración de las condiciones dignas de trabajo, tales como la reducción de la jornada laboral, el reparto del trabajo, la garantía del mismo, la renta básica, el adelanto de la edad de jubilación, la dignificación de rentas, salarios y pensiones, la política fiscal progresiva, el incremento de los servicios públicos hasta el nivel de las demandas sociales reales, el desarrollo de un nuevo sector productivo público y ecológicamente sostenible, la creación de un parque de vivienda protegida para alquiler social a precios asequibles, y un largo etcétera de objetivos que ya hemos enumerado en multitud de ocasiones. Y de un modo colateral, esta planificación democrática de la economía también permitiría (al recuperar el consumo y el poder adquisitivo de la clase trabajadora) una recuperación de la pequeña y mediana empresa y del tejido de los trabajadores autónomos, propiciando sobre todo el florecimiento de las pequeñas y medianas empresas cooperativas que se complementarían con un amplio sector público en los sectores productivos estratégicos y fundamentales. Y además, todo ello contribuiría a que los derechos fundamentales de la población quedaran protegidos, pues al desterrar la lógica del beneficio empresarial, las grandes empresas de propiedad social enfocarían su labor hacia la satisfacción de las necesidades sociales. 

 

El círculo se cerraría. Todo ello a su vez contribuiría a una nueva redistribución de la riqueza bajo otro prisma, bajo la óptica de la igualdad y de la justicia social, en beneficio de la inmensa mayoría social, reduciendo drásticamente las desigualdades, y por ende todas las maléficas consecuencias que ellas provocan. Pero como decimos, la auténtica llave para conseguir todo ello es provocar un cambio en las relaciones de propiedad, porque en caso contrario, si seguimos mareando la perdiz, y tratando a los grandes empresarios como los dioses del sistema, todas las demás transformaciones serán ineficaces y baldías, además de absurdas y fallidas, porque no podrán llevarse hasta sus últimas consecuencias, pues los grandes capitalistas las rechazarían precisamente porque suponen una reducción drástica de sus beneficios, y entonces tratarán de impedirlas o revertirlas por todos los medios. De hecho (y sin llegar aún a esa fase), ya estamos asistiendo a campañas de hostigamiento político, social y mediático hacia las formaciones políticas de la izquierda que pretenden simplemente llevar a cabo una recuperación de los derechos sociales y laborales. Véanse las continuas campañas de desestabilización hacia Venezuela, Ecuador o Bolivia en el plano internacional, o las campañas de desprestigio en España hacia PODEMOS (que, como decimos, aún no ha planteado un auténtico programa socialista). Continuaremos en siguientes entregas.

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12 marzo 2016 6 12 /03 /marzo /2016 00:00

Escribo desde Málaga, mi ciudad, que está protagonizando estos días, desgraciadamente, una ola de insolidaridad intolerable frente al conflicto de los trabajadores de LIMASA, la empresa pública de limpieza de la ciudad. De hecho, de entre todas las personas que han sido entrevistadas públicamente para los diversos medios de comunicación sobre este asunto, tan sólo he escuchado a una que ha declarado abiertamente: "Defiendo a los trabajadores". El resto de declaraciones han ido en la lamentable línea de siempre: "Esto es una vergüenza", "Esto es una indecencia", "Esto es un chantaje de los trabajadores", "La ciudad está hecha un asco", "Esto es intolerable con la Semana Santa en puertas", "Los comerciantes estamos hartos de soportar la basura a la puerta de nuestros locales", "Los malagueños no nos merecemos esto", "El olor se mete en mi casa", "El hedor de las calles es insoportable", y un largo etcétera de manifestaciones en este mismo sentido. El pensamiento dominante puede anotarse, de nuevo, un tanto a su favor: ha conseguido que deje de existir no sólo la conciencia de clase trabajadora, sino también que, ante conflictos laborales, el resto de la ciudadanía se manifieste en contra de los derechos de los trabajadores. 

 

Podría objetarse a ello que el servicio que realizan los empleados de LIMASA es un servicio público fundamental, como es la recogida diaria de la basura de las calles, pero precisamente por ello nos deberíamos preguntar: ¿No tienen entonces derecho a la huelga estos trabajadores? ¿No deberíamos apoyar sin fisuras su lucha y su causa, en vez de argumentar que bastante tienen con lo que tienen? ¿No deberíamos alinearnos en su defensa, pensando que también es nuestra lucha? Lo hemos hecho con los mineros, con los trabajadores de Panrico, con los bomberos forestales (BRIF) contratados por TRAGSA, con los trabajadores de la fábrica de Coca-Cola de Fuenlabrada, con los falsos autónomos de las subcontratas de Telefónica-Movistar, lo estamos haciendo todos los días con miles de conflictos laborales que se dan en nuestro país...¿entonces qué es lo que ocurre? ¿Quizás que cuando las consecuencias de la huelga nos afectan directamente como ciudadanos ya dejamos de alinearnos con la defensa de dichos trabajadores? Claro, parece que no es lo mismo adherirse a la lucha de los trabajadores autónomos subcontratados de Movistar, que no nos afecta para nada, que adherirnos a la huelga de unos trabajadores que nos están dejando nuestros portales llenos de bolsas de basura...Pero precisamente en situaciones como ésta es donde se ve realmente de qué pasta está hecha la ciudadanía, y hasta qué punto estamos perdiendo el norte de la solidaridad laboral.

 

El conflicto de la huelga de los trabajadores malagueños de LIMASA viene de lejos. Hace unos dos años, el Ayuntamiento de la ciudad (gobernado desde hace casi dos décadas por Francisco de la Torre, del PP, ahora en coalición con CIUDADANOS) prometió a estos trabajadores varias cosas, incumplidas hasta ahora. Por ejemplo, que iban a recuperar una de las pagas que se les había expropiado dentro de dos años (es decir, en 2016), o que si accedían a rebajarse su sueldo (un sueldo normal y corriente, establecido por Convenio), el Ayuntamiento reforzaría las plantillas con personal procedente de subcontratas. Nada de ello se ha cumplido por parte del Ayuntamiento, y los trabajadores ya están hartos. La huelga estalló hace diez días, es apoyada por la práctica totalidad de los trabajadores, se están cumpliendo los servicios mínimos, y después de varias jornadas negociadoras, el conflicto, lejos de solucionarse, se ha enconado aún más, aunque según últimas noticias, parece haber un principio de preacuerdo. No obstante y al momento de escribir este artículo, la huelga no se ha desconvocado, lo que ha provocado ya la quema de varios contenedores, algunas personas detenidas por la policía, y varias protestas ciudadanas a la puerta del Ayuntamiento, donde incluso se han llegado a las manos. 

 

En vista de ello y desde hace dos días, el Ayuntamiento ha procedido, ante la alarma de falta de salubridad, a la contratación de una empresa externa para que se encargue de la recogida de la basura hasta nuevo aviso, lo que ha provocado las lógicas protestas de los trabajadores de LIMASA. De entrada, es una decisión ilegal e ilegítima, pues no se puede contratar a una empresa para realizar los servicios que lleva a cabo otra empresa en situación de huelga. Pero más allá de ello, lo que se genera es una situación de absoluta indefensión de los trabajadores, pues se diluye la propia utilidad de la huelga laboral como herramienta de presión, de defensa y de reivindicación de los mismos (lo cual es un derecho constitucional), y deja de realizar su función principal, que no es otra que ser un instrumento de fuerza de la clase trabajadora ante los abusos de la patronal. Para más inri, parece ser que la empresa contratada para tales funciones es propiedad de un familiar de una concejala del consistorio malagueño, lo cual cierra el círculo de la contratación odiosa e ilegítima. En el fondo, tenemos el mismo planteamiento de siempre, que se resume en los intentos de una Administración Pública de ningunear a los trabajadores, y de externalizar unos servicios públicos fundamentales,  para poder precarizar mejor las condiciones de trabajo. 

 

Y ante ello, el conjunto de la ciudadanía malagueña, que debiera haberse levantado en defensa de los trabajadores de LIMASA, está teniendo un comportamiento completamente despreciable, alineándose con los intereses de sus comerciantes, y proclamando escandalosas soflamas como que los trabajadores de LIMASA "son unos privilegiados", o directamente "unos vagos que no quieren trabajar". Se les está incluso comparando con el resto de trabajadores precarios de empresas privadas, por lo visto para que se solidaricen con ellos, y entiendan que no pueden "abusar de sus privilegios". Absolutamente intolerable. Se está dando la falsa imagen de que los trabajadores de LIMASA son unos desalmados, frente a un Ayuntamiento consciente, negociador y preocupado por sus intereses. Pero ante todo ello, pregunto a los lectores: ¿conocen algún conflicto laboral donde los trabajadores alegremente vayan a la huelga sin razón? O si quieren, preguntémoslo a la inversa: ¿conocen algún conflicto laboral donde la empresa lleve la razón y los trabajadores sean unos insensatos? Creo que no se ha dado todavía en la historia de la humanidad. En fin, la lucha sigue, y sigue siendo, como siempre, no sólo la lucha de LIMASA, sino la lucha de toda la clase trabajadora, y ante ella, ningún trabajador/a ni ciudadano/a en general deberíamos ser insensibles. ¡POR LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES DE LIMASA! ¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!

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11 marzo 2016 5 11 /03 /marzo /2016 00:00

La misma lógica que explota clases y somete naciones es la que depreda los ecosistemas y extenúa el planeta Tierra

Leonardo Boff

Habíamos comentado en el artículo anterior de la serie el concepto de "Fiscalidad Sostenible", y vamos a hacer referencia a él a continuación, con un poco más de profundidad. A pesar de la existencia de numerosos instrumentos económicos y fiscales reconocidos por las diversas Instituciones y los expertos como herramientas eficaces de política ambiental, éstos no han sido aplicados ampliamente. Es urgente, pues, desarrollar un modelo de fiscalidad verde que desplace la presión fiscal sobre el trabajo hacia el consumo de recursos naturales y el deterioro del medio ambiente. Asímismo, es necesario penalizar la contaminación y primar los comportamientos ambientalmente adecuados. Se trata, en suma, de condenar socialmente las prácticas depredadoras de la naturaleza, para que deje de salir gratis la ejecución de dichas políticas y de dichos comportamientos. Básicamente, las medidas podrían ser las siguientes:

 

1.- Promover beneficios fiscales a la gestión y cerfificación forestal, agraria y pesquera. 

 

2.- Implantar un Impuesto de Matriculación sobre la base de las emisiones de los vehículos, así como un Impuesto de Circulación configurado sobre la base de las emisiones contaminantes.

 

3.- Implantar un Impuesto sobre el Cambio de Uso del Suelo. 

 

4.- Implantar un Impuesto para el Servicio de Gestión de Residuos, definiendo las tasas sobre la base de criterios ambientalistas. 

 

5.- Implantar un Impuesto Sobre el Vertido y la Incineración.

 

6.- Readaptar el Impuesto sobre Bienes Inmuebles de forma modular, en función de la certificación energética de la vivienda. 

 

7.- Penalizar las viviendas vacías con un incremento del IBI, tanto a la banca privada como a los grandes propietarios. 

 

Y así, llegamos al gran concepto, también mencionado de pasada en el artículo anterior, de lo que podríamos denominar como "Democracia Ambiental". Se trata por tanto de articular un sistema, una sociedad donde la justicia ambiental cobre su auténtico protagonismo y significado, porque sólo de esta forma tendremos una sociedad realmente consciente de la gravedad de los problemas ambientales, y su imperiosa necesidad de impedirlos. Hay que llevar a cabo las reformas necesarias en nuestras Instituciones Públicas para dar un salto cualitativo en la gobernanza ambiental en nuestro país, entendido como un proyecto de renovación y maduración democrática de varias legislaturas. Es prioritario corregir el incumplimiento repetido de la normativa ambiental, con frecuencia procedentes de Directivas Europeas que son competencia de las Comunidades Autónomas, que perjudica la imagen del país, el bienestar humano, el progreso y la economía. Además de la corrupción y del mal uso de fondos públicos, se detectan otros problemas graves asociados a la transparencia, la participación pública y la justicia, que se deberían reconocer y debatir antes de implantar soluciones consensuadas. Bien, a tenor de todo ello, las principales medidas para implementar un sistema de democracia ambiental podrían ser, entre otras muchas, las siguientes:

 

1.- Definir organigramas y procesos en los gobiernos ejecutivos y parlamentos que faciliten la coordinación y la coherencia entre las políticas ambientales y demás políticas, y entre las Instituciones autonómicas y estatales. 

 

2.- Publicar un Memorándum Ambiental para acompañar los presupuestos anuales de la Comunidad Autónoma y los Proyectos de Ley más significativos. 

 

3.- Disponer de información actualizada y fácilmente accesible, en registros públicos e informes anuales de recopilación, sobre el estado actual y las tendencias del medio ambiente, las causas de mejora o declive, y las medidas tomadas para estudiar, mantener y mejorar la calidad ambiental. 

 

4.- Establecer planes transparentes de cumplimiento de la normativa ambiental, con objetivos, presupuestos, medidas, responsabilidades y rendición de cuentas periódicamente a la ciudadanía. 

 

5.- Publicar las actas de todas las reuniones de órganos de debate y toma de decisiones con implicaciones para el medio ambiente. 

 

6.- Fomentar la participación pública activa en los debates y la toma de decisiones con relevancia ambiental. 

 

7.- Garantizar la presencia de organizaciones de defensa ambiental en los órganos de participación relacionados con el medio ambiente.

 

Finalizaremos esta serie de artículos en su próxima entrega. 

 

 

Fuente principal de referencia: Documento "Un Programa por la Tierra"

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10 marzo 2016 4 10 /03 /marzo /2016 00:00

Berta fue una mujer excepcional, lideresa nata que condujo a su pueblo Lenca más allá de las reivindicaciones básicas, para elevarlos a la conciencia de pueblo indígena, de pueblo digno, de pueblo con derechos y con voluntad para defenderlos

Guido Eguigure

Honduras era su país, Lenca era su pueblo, Berta Cáceres era su nombre. Ha ocurrido quizá en el país más peligroso del mundo, donde la desigualdad, la represión y la impunidad campan a sus anchas. El gran capital hostiga, explota, acecha, amenaza, soborna, chantajea, y utiliza todos sus resortes contra los osados (sean personas u organizaciones) que se atreven a cuestionar su poder y su fuerza. Y cuando todo ello no les vale, como en el caso de Berta Cáceres, recurren al asesinato directo, frío, vil y traicionero. Y así, la gran dirigente indígena y luchadora incansable de los movimientos ambientalistas de su región, ha sido asesinada de forma violenta, y con ello, el capital ha eliminado el obstáculo que ella representaba, un obstáculo para quienes continúan ejerciendo un sistema de dominio y explotación para el pueblo hondureño. El antes y el después lo podemos fijar en el derrocamiento del Gobierno de Manuel Zelaya, en 2009, desalojado del poder mediante un cobarde Golpe de Estado perpetrado, como siempre, por las fuerzas desestabilizadoras del capital. Berta había participado encabezando las protestas contra dicha usurpación ilegítima del poder. 

 

Berta siempre lo tuvo claro, porque de casta le viene al galgo. Ella pertenecía a la mayor etnia indígena de Honduras, y su madre, Berta Flores, según nos cuenta la Wikipedia, fue partera, enfermera y alcaldesa, y dio amparo a muchos refugiados procedentes de El Salvador. Según la tradición lenca, los espíritus femeninos están en los ríos, y las mujeres son sus principales guardianas. Quizá por ello el espíritu de Berta seguirá siempre vivo, iluminando las siguientes generaciones de activistas. Berta siempre denunció la expropiación de los territorios a su gente, así como las carencias en los sistemas de salud y agrícola, y rechazó la instalación de bases militares estadounidenses en el territorio hondureño. Por todo ello, Berta estaba situada en el ojo del huracán. En abril de 2015, Berta Cáceres fue galardonada con el mayor reconocimiento mundial que se otorga a los activistas medioambientales, el Premio Medioambiental Goldman. Berta era una hermosa flor de la Humanidad, una flor que ha sido cortada, pero parafraseando al maestro Pablo Neruda, aunque corten todas las flores, no detendrán la primavera. 

 

En Honduras existe, como en tantos otros lugares de América Latina, un Gobierno corrupto arrojado en manos de las fuerzas vivas del capital, formado por la oligarquía hondureña, apoyada por el soporte y la complicidad de las grandes empresas transnacionales y, por supuesto, por el criminal gobierno norteamericano. Pero Honduras y sus pueblos indígenas y nativos constituyen un rico arsenal de naturaleza viva, en constante enriquecimiento, pero también en constante destrucción por parte de estos agentes del capitalismo más salvaje y depredador. Y cuando, como en el caso de Berta, les salen auténticos líderes populares, valientes contestatarios que se enfrentan a su indecente poderío, ellos siguen recurriendo al crimen para eliminar a todos aquéllos y aquéllas que molestan a sus negocios, que alzan su voz rebelde, que se atreven a enfrentarse a su poder, que intentan frenar su demoledora y destructiva capacidad. Y así, los gobiernos hondureños continúan asesinando impunemente, con la ayuda de estos voceros del capitalismo, de estos grandes agentes de la malvada "globalización", de estos siervos de la destrucción y de la codicia. 

 

De hecho, antes que Berta, decenas de periodistas reivindicativos, de campesinos rebeldes, de activistas sindicales y de líderes de movimientos populares, así como defensores de los derechos humanos, activistas animalistas, defensores ecologistas, maestros, ambientalistas, y un largo etcétera de activistas sociales han sido el blanco de los asesinatos de esta mafia capitalista. Lo más triste de todo es que su impunidad es prácticamente total. Nada les impide llevar a cabo sus fechorías. Nada puede ensombrecer su poder. Los crímenes suelen quedar impunes, nada se investiga con la suficiente entidad, nada se esclarece, y así la corrupción, el saqueo y el asesinato son moneda de cambio ante la inacción y la pasividad de un Gobierno cómplice que se lava las manos ante tanta barbarie. Y ante ello, seguro que la prensa de los medios de comunicación dominantes no contarán esta noticia, seguro que no saldrán grandes voces a escandalizarse ante tanta corrupción, seguro que ningún dirigente político del mundo "occidental" y "civilizado" alzará su voz para denunciar tanto salvajismo, tanta injusticia y tanta impunidad. Seguro que ante el asesinato vil y despreciable de Berta no saldrán los grandes "defensores de los derechos humanos" para denunciar a la mafia capitalista hondureña y a sus cómplices de tan horrendo crimen. 

 

Como nos cuenta Carlos Iaquinandi desde SERPAL, Berta Cáceres fue una de las fundadoras del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) en 1993. Encabezó las movilizaciones contra los megaproyectos de grandes empresas mineras y energéticas, cuyas prácticas depredadoras intentaban aniquilar los ecosistemas naturales de los pueblos nativos de la región, así como expoliar los recursos naturales de los mismos. De hecho, había conseguido en varias ocasiones desmontar los planes de varias grandes empresas hidroeléctricas. Era frecuente verla, megáfono en mano, lanzando al pueblo sus mensajes, para concienciarles de sus derechos, y de las desastrosas consecuencias de lo que las grandes empresas venían practicando en sus territorios históricos. Y así, Berta luchó y defendió el agua, los ríos, la tierra, los bosques, en fin, la misma naturaleza que ella había vivido y habitado desde pequeña, y que había sido contexto natural de la convivencia de estos pueblos indígenas. En palabras de su propio hermano: "Ella defendía la riqueza indígena, los árboles, las aves, el agua, el derecho para que la gente tuviera un vaso, un plato de comida, calzado, etc. Su única arma era su voz". Y de madrugada, diversos testigos señalan que dos sicarios forzaron su vivienda, asesinando despiadamente a tiros a la dirigente indígena. Todo ello tiene la pinta de otro asesinato por encargo, el habitual procedimiento que se ejecuta contra los activistas sociales hondureños. Hasta siempre, Berta, tu muerte es la muerte de millones de activistas por todo el mundo, que luchan incansablemente contra las fuerzas del capital, y tu muerte también es la de todos nosotros, lo que creemos y luchamos por otro mundo, otro mundo que es posible y necesario. 

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9 marzo 2016 3 09 /03 /marzo /2016 00:00

Ya en la primera infancia se inculcan al niño creencias, que la mente infantil no puede sino asumir. Así continúa la formación mental de súbditos en las sucesivas etapas de una enseñanza orientada a formar productores competitivos y consumidores, que son los que interesan al pensamiento dominante. Fuera de las aulas los medios audiovisuales siguen inculcando las ideas del mando, sugieren preferencias políticas y desvían el interés de las personas hacia los atractivos del consumismo y los espectáculos. Es imposible enumerar la infinidad de argucias contra el pensamiento crítico, sin el cual la famosa libertad de expresión pierde su valor. Con un somero repaso a los programas y a los resultados electorales de nuestro entorno descubriremos fácilmente bajo la alfombra, etiquetada y vendida como «democracia occidental», un sistema oligárquico en manos de las minorías dominantes

José Luis Sampedro

Bien, espero que a estas alturas de la serie, los lectores tengan claro la suprema importancia de pensar de forma más libre. Esto es absolutamente esencial, pero no es suficiente. Y además, las ideas no nacen de la nada. Están, como mínimo, muy influenciadas por las condiciones materiales de la existencia. Esto es, por el conjunto de experiencias vitales que dicho ser humano haya sufrido (o gozado), así como su nivel de satisfacción de necesidades perentorias. No puede pensar lo mismo, en nuestro mundo actual, un refugiado sirio que un francés acomodado, no puede pensar lo mismo un anciano que vivió la Guerra Civil de nuestro país que un joven nacido en la generación de la Transición. No puede pensar lo mismo un parado que cobra el mísero subsidio de desempleo que un gran empresario que gana cientos de miles de euros al mes. Las condiciones materiales de la existencia de las personas, determinan (no absolutamente, pero sí en buena medida) sus prejuicios mentales, y por supuesto, su nivel de libertad. Nuestra situación económica condiciona nuestra existencia, y determina nuestra manera de ser, de pensar y de actuar. Determina incluso nuestro imaginario colectivo, y nuestro folklore, entendido en su amplio sentido. Por ello, por ejemplo, el pueblo andaluz creó el arte flamenco (cante, toque y baile) como expresión de una realidad social que había vivido durante siglos, o por ejemplo, los pueblos orientales crearon las artes marciales, para enfrentarse a sus enemigos con las propias armas de su cuerpo. 

 

Debemos desprendernos también de las ataduras económicas. Debemos soltar algunos "cabos" materiales, todos los que podamos, aunque sean pocos. No basta con la capacidad de elaborar un pensamiento alternativo, sino que también hemos de desprendernos de las cosas que nos hacen esclavos del pensamiento dominante. Mientras necesitemos vender nuestra fuerza de trabajo para poder subsistir dependeremos de quienes nos las quieran comprar, es decir, de los propietarios de los grandes medios de producción. Mientras no exista democracia en la propia economía, en el auténtico motor de la sociedad, no tendremos sociedades verdaderamente democráticas, y el poder del pueblo será una quimera, estará tocado de muerte, seguirá siendo una utopía. El control ideológico que ostentan las élites dominantes, lo ostentan porque tienen el control de la economía, y su control sobre ella les hace que sean fuertes y poderosos. No es por casualidad que el verdadero poder de la sociedad lo ostente el poder económico, y que más allá de la fachada social que se nos deja ver, el poder económico sea el primer poder de facto que nos gobierna en la sombra. La economía es el esqueleto del funcionamiento de toda sociedad. El modelo económico determina la estructura social completa, incluido el modo de pensar general, los conocimientos, y las actitudes y comportamientos de las personas. Vamos a ver varios ejemplos de hasta qué punto es auténticamente mezquina nuestra sociedad, mezquindad a la que conduce el pensamiento dominante. 

 

Me baso a continuación en un breve pero fantástico artículo de José Manzaneda, Coordinador del medio Cubainformación, que plantea y documenta varios ejemplos sobre la hipócrita doble vara de medir que tenemos a la hora de plantear muchos asuntos que abordan los medios de comunicación dominantes. Voy a hacerme eco de estos ejemplos (existen cientos más que podríamos poner), pero insto al lector a que acuda al artículo de referencia para que se documente sobre la veracidad de todos los datos que se aportan. Vamos con los ejemplos:

 

1.- En febrero pasado, el Gobierno español impedía a la conocida activista estadounidense Angela Davis visitar, en la prisión de Logroño, al preso político (independentista) vasco Arnaldo Otegi. El hecho no fue noticia en los grandes medios españoles, pero ¿recuerdan los lectores, por el contrario, el bombardeo mediático creado cuando, en junio pasado, el expresidente español Felipe González no pudo visitar, en Venezuela, al preso ultraderechista (golpista) Leopoldo López?

 

2.- Hace unas cuantas semanas, eran detenidos en Madrid, por orden judicial, dos integrantes de un grupo de marionetas en cuyo espectáculo, de género satírico, aparecía un cartel con la palabra ETA, en el contexto de la trama de la historia. Los dos titiriteros se pasaron cinco días en prisión, ante el aplauso generalizado de la prensa del régimen, acusados de "enaltecimiento del terrorismo". Pues bien, ¿se imaginan los lectores algo semejante en Cuba o en Venezuela? ¿Cuántos editoriales de prensa llamarían a la presión internacional contra dichos Estados, calificándolos de "violadores de la libertad de expresión"?

 

3.- En Colombia, cada 33 horas, muere un menor de 5 años por desnutrición, según el propio Instituto Nacional de Salud. La mayoría de estos niños son indígenas wayuu, y por tanto, no constituye ningún hecho que interese a la gran prensa dominante internacional. Como tampoco interesa que Cuba (sin el petróleo de Colombia ni su constante inyección de capital estadounidense) haya conseguido ser el primer país de América Latina en erradicar la desnutrición infantil.

 

4.- ¿Pueden imaginarse los lectores que en las plantaciones de tabaco de Cuba trabajaran menores de edad, de 16 años, en jornadas de 12 horas al día? ¿Se imaginan la repercusión internacional? ¿Verdad que sería objeto de impactantes reportajes en los medios de comunicación dominantes? ¿Por qué entonces no lo es cuando ocurre (y ocurre) en Carolina del Norte, Kentucky, Tennesee y Virginia, Estados donde se produce el 90% del tabaco de USA y donde, hasta 2014, trabajaban incluso menores de 11 años?

 

5.- Recortes de becas y aumentos de las tasas de las matrículas hasta niveles insoportables han conducido a más de 70.000 estudiantes del Estado Español a renunciar a la Universidad Pública. Y aquí nadie (de la clase dominante) ha cuestionado por ello la democracia "madura" de nuestro país. Una situación difícil de entender para un joven cubano, por ejemplo, donde en un país mucho más pobre que el nuestro, la Universidad es completamente gratuita. Gratuidad que, curiosamente, jamás mencionan los medios españoles cuando hablan de las carencias económicas o los bajos ingresos de la población cubana, o tachan al país caribeño como una dictadura. 

 

6.- Nuestro último ejemplo nos lleva a hablar de Julian Assange, ese inteligente y valiente joven que lleva cuatro años refugiado a la fuerza en la Embajada de Ecuador en Londres, y que recibió recientemente el respaldo del Grupo de Trabajo de la ONU para la Detención Arbitraria, que calificó de "ilegales" las órdenes de prisión contra él por parte de Suecia y Reino Unido. Recordemos que la policía de estos dos países persigue a Assange para entregarlo a Estados Unidos, donde sería juzgado por espionaje y revelación de secretos de estado a través de su plataforma Wikileaks. Reino Unido y Suecia han dejado bien claro que no acatarán la petición de la ONU, usando el habitual doble rasero de los gobiernos occidentales, que consiste en exigir el cumplimiento de las obligaciones, resoluciones, normas, leyes y tratados internacionales sólo cuando no les afecta.

 

De este último caso podríamos poner más ejemplos, como la sistemática negativa del Gobierno español a investigar los crímenes del franquismo y a derogar la ley de amnistía, a pesar de que se lo han pedido las autoridades europeas y está obligada por los tratados internacionales a los que nuestro país está suscrito. En fin, hemos querido en esta entrega volver a poner varios ejemplos que lleven a los lectores a la reflexión sobre el doble rasero y las diferentes varas de medir, producto de la profunda hipocresía del pensamiento dominante. Continuaremos en siguientes entregas.

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8 marzo 2016 2 08 /03 /marzo /2016 00:00

El TTIP complementa a nivel económico lo que hace la OTAN a nivel militar y estratégico. Si la OTAN es el actor global que apoya militarmente a los gobiernos para garantizar el acceso a recursos, sobre todo petróleo y minerales, a través de intervenciones militares con que lograr el control sobre Estados a los que someten para, más tarde, expoliarlos y empobrecerlos (Somalia, Mali, etc.), el TTIP hace lo mismo con la economía, utilizando estándares compartidos e imponiéndolos con estrategias de guerra, tanto a países del exterior como del interior, en contra, incluso, de las poblaciones de la UE y los EE.UU.

Francisco Sánchez del Pino y Manuel Montejo López

Continuando en torno a la gravedad de la deriva a la que el TTIP llevará los servicios públicos, sólo hay que acudir a su propia declaración de intenciones, que afirma textualmente que "El objetivo debe ser el de obligar al más alto nivel de liberalización que cada parte ha logrado en los acuerdos comerciales negociados hasta la fecha", lo cual da idea clara de sus perversos objetivos. Y es también literal cuando afirman que "Las estimaciones muestran que el 80% de las ganancias potenciales globales de riqueza de un acuerdo comercial, provendrá de la reducción de costes impuestos por la burocracia y las regulaciones, así como de la liberalización del comercio de servicios y la contratación pública". Es absolutamente evidente lo que siempre hemos proclamado, y que ya no se cortan un pelo en declararlo abiertamente, que no es otra cosa que su salvaje pretensión de acabar con el monopolio de los servicios públicos, para integrarlos en el registro de productos, bienes y servicios mercantilizables. Pero como venimos contando, el TTIP (si ve la luz finalmente) será una nueva generación derivada de tratados comerciales anteriores, que vienen sentando peligrosas bases de empoderamiento empresarial e industrial en detrimento de la soberanía de los Estados firmantes, así como de la democracia popular. 

 

Un buen antecedente, que ya hemos citado en artículos anteriores, es el CETA. El CETA es un acuerdo transatlántico entre Canadá y la UE suscrito finalmente en septiembre de 2014, y que sin contar con la participación ciudadana, afecta a la protección de la propiedad intelectual, los productos farmacéuticos, los derechos de los inversores, las compras del sector público, las políticas de compra local de alimentos, la regulación financiera, el movimiento temporal de trabajadores domésticos y los servicios públicos, entre otras muchas materias. Y como afirma el documento de CC.OO. que analiza estos tratados comerciales: "Este acuerdo supone sacrificar el interés público en beneficio de las grandes corporaciones, especialmente en los sectores de la construcción, la minería, el petróleo, el gas, las telecomunicaciones y aquéllos otros sectores donde existe una regulación marco de los gobiernos respectivos. Lo más destacable de este acuerdo es que ha sentado las bases de lo que pueda ser el TTIP, introduciendo la cláusula de protección a la inversión y especificando, por ejemplo, lo que significa la expropiación de los recursos". A falta de la ratificación (sin posibles enmiendas) de todos los Estados miembros, si finalmente es aprobado en el Parlamento Europeo y en el Consejo, el CETA podría entrar en vigor en este mismo año. 

 

En la misma línea o parecida tenemos al TISA (Trade Investment Services Agreement), acuerdo que se está negociando, esta vez de forma multilateral. Estados Unidos es uno de los 23 países que está negociando y promoviendo este acuerdo de servicios. El TISA abarca una amplia gama de servicios y actividades de transporte, telecomunicaciones, construcción, comercio, ingeniería, suministro de energía, distribución de agua, marketing, publicidad, conservación de la naturaleza, entretenimiento, museos, educación, salud, servicios funerarios, etc. Se estima que los países suscriptores de este acuerdo tendrán que liberalizar los servicios en casi la totalidad de los sectores, de acuerdo con sus postulados. Desde el punto de vista jurídico y social, hay que concluir que tanto el TISA como el TTIP rompen las reglas básicas de la democracia, en tanto que no respetan la soberanía de los Estados. Por contra, la finalidad de estas negociaciones es garantizar los derechos de las grandes corporaciones a ambos lados del Atlántico, en ningún caso defender los intereses de los ciudadanos y ciudadanas europeas, que han sido precisamente quienes les han legitimado para ostentar dicha representación. Todo ello socava profundamente los cimientos democráticos, además de violar flagrantemente el Tratado Fundacional de la Unión. 

 

Y aún cuando los respectivos Gobiernos conservarían el derecho "formal" de crear nuevos servicios públicos o ampliar los existentes, todos estos acuerdos y tratados comerciales harían que todo ello fuese mucho más difícil y costoso. En nuestro país, y con el reciente y grave antecedente de los cambios normativos para las Administraciones Locales, hay que decir que el TISA limitaría y quizás incluso prohibiría la remunicipalización de dichos servicios, ya que impediría que los gobiernos crearan o restablecieran la gestión directa o en exclusiva de los servicios públicos, incluso que diseñaran formas de prestación de servicios similares "no competitivas". Así, y basándose en los precedentes del AGCS (quizá el precursor histórico de los acuerdos comerciales), el TISA prohibirá los monopolios públicos y los proveedores exclusivos de servicios en sectores ampliamente comprometidos, incluso a escala regional y local. Por ejemplo, su cláusula de "status quo" bloquearía los niveles actuales de liberalización de los servicios en cada país, prohibiendo que cualquier disposición relativa a los servicios públicos basada en el mercado, pudiera ser modificada para pasar a estar basada en el Estado. Como vemos, estos tratados comerciales suponen un claro "cruce del rubicón" para estos asuntos. 

 

El TISA no prohibiría por tanto la gestión pública de los servicios, pero sí la creación de entidades públicas para su gestión, en sectores que están actualmente abiertos a la competencia del sector privado. Y por su parte, la cláusula "de trinquete" bloquearía automáticamente cualquier medida futura adoptada para liberalizar los servicios en un determinado país. No obstante, si un determinado Gobierno decidiera privatizar un servicio público, ese Gobierno ya sería incapaz de volver a un modelo público para dicho servicio en el futuro. El punto más determinante no es siquiera que la gestión pública directa (por parte del Estado) tenga que ser siempre la fórmula más apropiada, sino que se mantenga la capacidad, la autoridad y la soberanía de los Estados miembros para poder establecer, en el contexto de su autonomía, nuevos servicios públicos de su catálogo, o bien devolver los servicios privatizados al sector público, ya que entonces, estaríamos violando las libertades democráticas fundamentales, llegando a un estadío donde la fuerza y el poder de las empresas quedan por encima del marco de la soberanía popular y de la democracia, como en una especie de esfera superior infranqueable. Hemos de impedir como sea llegar a ese punto, prácticamente irretornable. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 marzo 2016 1 07 /03 /marzo /2016 00:00

No se decreta el socialismo, hay que crearlo, hay que construirlo y primero hay que pensarlo, hay que diseñarlo, hay que crearlo, hay que inventarlo, hay que debatirlo, hay que dar la batalla de las ideas

Hugo Chávez

Continuando desde los bloques ya comenzados en el artículo anterior:

 

5.- Lucha por el Derecho a la Vivienda. Hacemos un destacado sobre este asunto, pero en general, la lucha no es sólo por el derecho a la vivienda, sino en general por la plena garantía de todos los derechos humanos, siendo la vivienda uno de los más atacados durante los últimos años, debido a la explosión de la burbuja inmobiliaria, y a la concepción de la vivienda como un bien mercantilizable. Exigimos la abolición de toda legislación del suelo y ordenación urbana promulgada desde la ley franquista de 1956. Supresión de la actual ley de arrendamientos urbanos. Municipalización del suelo para acabar con la especulación urbanística. Sin perder de vista la función social de la propiedad, extender la vivienda social y los alquileres a precios asequibles, no suponiendo nunca un porcentaje superior al 15% del total de la renta familiar. Revalorizar el precio de la vivienda sin superar el IPC. Fomentar el paradigma del alquiler sobre el de la compra en propiedad. Expropiación de las viviendas vacías de los bancos, así como de los grandes propietarios. Derogar la actual legislación hipotecaria, teniendo en cuenta que las hipotecas deben ser bienes sujetos a la protección del que se declara en bancarrota. Dación en pago retroactiva para todas las personas. Garantías de concesión de una alternativa habitacional. Creación de una empresa pública gestora de la edificación de vivienda, y de su alquiler. En nuestro artículo titulado "Orientaciones para una nueva Ley Hipotecaria" podrán encontrar los lectores más información sobre el tema. 

 

6.- Lucha Contra la Corrupción. Debemos comprender la auténtica semilla de la corrupción, y actuar en sus orígenes. Incorporar la prohibición de las puertas giratorias. Desmitificar la corrupción en el ámbito público. Limitar la retribución máxima de los cargos públicos, para que gire en torno al salario medio de un obrero cualificado, limitar las dietas y complementos, reducir el número de coches oficiales, eliminar las pensiones vitalicias para cargos públicos, e integrar los cargos públicos en el Régimen General de la Seguridad Social. Recomiendo a los lectores seguir la serie de artículos "Plan de Choque Contra la Corrupción" que hemos publicado en este mismo Blog, donde hacemos un repaso más pormenorizado a toda la etiología y el conjunto de medidas que se pueden implementar para acabar con esta lacra, teniendo siempre muy presente que es una lacra ligada, como no podía ser de otra forma, al propio capitalismo, y que no podremos acabar con ella en toda su extensión hasta no acabar con el propio capitalismo, el germen que la genera y la alimenta. 

 

7.- Lucha por una Fiscalidad justa y progresiva. De entrada, existen infinidad de mitos y falacias en torno a la política fiscal, que debemos desmontar. Perseguir el gran fraude fiscal y la economía sumergida, que supone casi el 25% del PIB, lo que permitirá generar ingresos adicionales de decenas de miles de millones de euros al erario público. Combatir la fuga de capitales a los paraísos fiscales y considerar como delito con penas de expropiación cualquier movimiento de capitales destinado a eludir la contribución fiscal. Introducir una profunda reforma fiscal auténticamente progresiva, donde pague más quien más tiene y quien más gana, tanto en los impuestos directos como indirectos, reduciendo los impuestos a las rentas más bajas (el IVA a los productos básicos), aumentando el Impuesto de Sociedades de Capital Variable, el IVA a los bienes y servicios de lujo, la fiscalidad de intereses, dividendos y plusvalías, fijar tasas e impuestos al sector financiero y a las transacciones financieras internacionales (ITF), y recuperar el Impuesto de Patrimonio y el de Sucesiones. 

 

8.- Lucha por la Paz y contra el fascismo. Aplicar el principio de neutralidad activa. Implementar una reducción drástica de los gastos militares. Salida de la OTAN y de todas sus estructuras. Desmantelamiento de las bases militares norteamericanas y retirada de las tropas españolas de todos los puntos en conflicto. Oposición a las actuales guerras imperialistas en Europa, Oriente Medio y África, y a la financiación del fascismo europeo, así como del fascismo yihadista. Condena expresa y pública a todos los regímenes fascistas, antidemocráticos y a cualesquiera sistemas de apartheid, tales como Ucrania, las monarquías de Oriente Medio o Israel. Oponerse a la criminalización del comunismo y el antifascismo. Practicar una política exterior de solidaridad internacionalista con todos los pueblos del mundo amenazados por el imperialismo norteamericano y europeo. Asímismo, debemos contribuir a un proceso mundial de refundación y democratización de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), donde no se plasme la hegemonía de unos cuantos países poderosos, sino que se constituya en un auténtico foro que represente a la comunidad internacional de forma realmente democrática. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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