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22 febrero 2016 1 22 /02 /febrero /2016 00:00

El individuo como categoría social al margen de la sociedad es una patraña ideológica que sirve para el desarrollo del capitalismo; sólo desde la mejora colectiva podremos proyectarnos individualmente en la sociedad

Josep Manel Busqueta

En esta sociedad alternativa al capitalismo cuyos mimbres estamos siquiera delimitando, nos hace falta, claro está, una metodología, un procedimiento, un método general que nos conduzca siempre por el buen camino, y que nos ilumine ante las posibles dudas que puedan surgir. Esta metodología no es otra que la propia democracia, de ahí la tremenda obstinación que hemos de tener en alcanzar una sociedad plenamente democrática, y no sólo mediante mecanismos de participación ciudadana, sino aboliendo buena parte de los puntales de nuestra sociedad donde descansan las limitaciones a la democracia, desde la Monarquía hasta la Ley Electoral. La democracia plena, completa y absoluta debe ser el marco de referencia para alcanzar y sostener el modelo de sociedad alternativo al capitalismo. Por ello, el socialismo aspira a socializar (esto es, democratizar, hacer extensivo a propiedad social) los medios de producción para poder redistribuir mejor la riqueza, para devolverle a la sociedad lo que de verdad es suyo, lo que en justicia le pertenece. El socialismo (y esto es otra falaz teoría que se vierte desde los detractores del mismo) no busca la erradicación de toda propiedad privada, ni la de los bienes particulares de las personas, sino sólo la de los grandes medios de producción, y sobre todo, de aquéllos que constituyen sectores básicos para la economía real, así como los relacionados con los Derechos Humanos. 

 

Se ha vertido la infantil falacia de que el auténtico socialismo (así como el comunismo), de instalarse en cualquier sociedad, pasará a despojar de todas sus propiedades a todos sus miembros, y claro está, el miedo social generado por estas falsas ideas se ha extendido, y la fiebre antisocialista (y anticomunista) ha corrido como la pólvora. Todavía siguen quedando muchas personas que piensan estas cosas, que las contemplan dentro de su imaginario colectivo, y es muy difícil desterrarlas de  los mismos. Pero como decimos, se trata de viles engaños que la clase dominante se ha encargado de verter sobre las conciencias y sobre las mentes de las clases explotadas, de las clases más vulnerables, y sobre el vulgo inculto (al que podía manipular mejor), con objeto de crear esta animadversión hacia cualquier sistema alternativo al capitalismo (y por tanto, contrario a sus intereses). Por tanto, es hora de poner las cosas en su sitio. El Socialismo sólo busca expropiar a los auténticos expropiadores, es decir, a los que acaparan la riqueza social tomando por la fuerza del capital los medios para generarla. Esto se refiere, lógicamente, a la expropiación únicamente para las grandes empresas de los sectores productivos básicos de la economía (expropiación de las empresas, que pasarán a propiedad social), a los grandes latifundistas y terratenientes (expropiación de sus terrenos, patrimonio, bienes y capitales), así como a las grandes fortunas (en este caso no se practicaría una expropiación, pues bastaría que mediante un sistema fiscal justo y progresivo, dichos titulares de estas grandes fortunas contribuyeran justamente al mantenimiento de su sociedad). 

 

Y con el rescate y devolución de todos estos medios y recursos a la sociedad, el socialismo practica la verdadera justicia social, que consiste en que cada individuo recibe de la sociedad lo acorde a su contribución, de acuerdo a su capacidad, y teniendo en cuenta sus necesidades. No es lo mismo una persona que ha elegido sólo hacer un trabajo doméstico o voluntario, que la persona discapacitada, que la persona que trabaja en dos ocupaciones, obteniendo una remuneración por cada una de ellas. La sociedad socialista manejará los recursos de todos, y a todos los devolverá según los parámetros de contribución, capacidad y necesidad. Por tanto, el Socialismo del siglo XXI debe buscar, fundamentalmente, pasar de una sociedad donde cada cual recibe en base a su propiedad, producto muchas veces de la suerte, y no tanto en base a su trabajo, a una sociedad donde cada cual recibe en base no sólo a lo que aporta, sino también a lo que necesita. El Socialismo liberará a las personas de la obligación de tener que vender su fuerza de trabajo a cambio de un mísero sustento, y además realizar un reparto del trabajo existente (que no es sólo el rentable económicamente para las empresas privadas, sino el rentable socialmente para el conjunto de la población, esto es, no sólo el que ofrece beneficios, sino también el que se necesita), y la jornada laboral podrá disminuirse, acabando con la explotación laboral asociada a jornadas interminables, horas extras que no se pagan, etc. Bajo el Socialismo, la suerte, uno de los pilares de la sociedad capitalista (manifestada en las herencias, los juegos de azar, la explotación sobre otros, etc.), dejará de protagonizar el destino de las personas.

 

¿Cómo se lleva a cabo todo ello? Durante las entregas anteriores dedicadas al Socialismo de este siglo XXI, a nuestras aportaciones y puntos de vista, ya hemos venido insistiendo en las transformaciones necesarias para ello. Remito a los lectores a las entregas anteriores de esta serie para un detalle y explicaciones más exhaustivas. Concretamente, habría que comenzar nacionalizando las 35 empresas más grandes del país agrupadas en el IBEX-35 (las 35 compañías con mayor volumen de cotización en la Bolsa de Madrid), e ir completándolo progresivamente hasta alcanzar la nacionalización de las 100 grandes empresas que cotizan en Bolsa, y que en conjunto suponen más del 70% de toda la actividad económica en el Estado Español. Hay que decir, además, que muchas de estas empresas monopólicas eran hasta hace apenas 10, 15 ó 20 años, empresas públicas muy rentables, que los sucesivos Gobiernos bipartidistas (PP-PSOE) comenzaron progresivamente a privatizar, introduciendo el capital privado en diferentes grados. Pero estas empresas eran empresas del pueblo, levantadas durante años por varias generaciones de trabajadores, y que les habían proporcionado trabajos de calidad, y prosperidad a sus respectivas familias. Gracias a los Gobiernos neoliberales de nuestra etapa "democrática", dichas empresas terminaron apropiadas y saqueadas por los amigos del poder, es decir, por la oligarquía española, que fue comprándolas a precio de saldo, mientras practicaba sucesivas oleadas de despidos, "externalizaciones", subcontratas, ERE's y deslocalizaciones. 

 

Tales empresas son, entre otras, Endesa, Telefónica, Repsol, Argentaria (unida luego a BBV para formar BBVA), Iberia, la antigua siderúrgica Ensidesa (ahora en el grupo Arcelor-Mittal), Seat (en manos de Volskwagen), Tabacalea (hoy Altadis, de la cual se están despidiendo actualmente muchos  trabajadores), y un largo etcétera. Pero como hemos dicho, las grandes palacas del Estado, las auténticas joyas de la corona, empresas que desarrollan y proveen bienes y servicios fundamentales para la ciudadanía, deben regresar al ámbito público, pasando a manos del Estado, y éste controlado por la clase trabajadora (como hemos explicado en otros artículos, si sólo nos quedáramos en la propiedad estatal, únicamente migraríamos hacia un capitalismo de Estado, que desarrollaría una oligarquía estatal y continuaría promoviendo la corrupción, como ocurre por ejemplo en China). Pero aún tenemos muchos sectores que trabajan con bienes y servicios ligados a los propios Derechos Humanos más elementales. Por ejemplo, bancos y promotoras inmobiliarias poseen miles de viviendas vacías, mientras tenemos un número creciente de personas sin hogar. Debemos conseguir que las viviendas vacías se entreguen a las personas sin hogar. Por su parte, la introducción inmediata de una jornada laboral de 35 horas semanales nos permitiría movilizar a millones de trabajadores/as desempleados/as para construir casas, escuelas, carreteras, u hospitales, para satisfacer las necesidades de la población. Esto es, repartir el trabajo existente, trabajar menos para poder  trabajar todos, encargar de nuevo al Estado que genere planes de empleo público y planes de trabajo garantizado, y todo ello, con salarios dignos y puestos estables, es decir, mediante trabajo decente. Continuaremos en siguientes entregas.

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19 febrero 2016 5 19 /02 /febrero /2016 00:00

Si para sobrevivir hay que conservar el mundo, primero hay que restaurar la capacidad humana de restauración

Vandana Shiva

En esta décima entrega de nuestro Programa por la Tierra, y una vez expuestas las medidas para el mundo hídrico (mares, costas, lagos, ríos, etc.), vamos a ocuparnos de nuestros bosques, de nuestros montes, para preservar su biodiversidad, y frenar su constante degradación. Actualmente, nuestros bosques se queman más que nunca, a la vez que las Administraciones Públicas competentes dedican cada vez menos recursos para la conservación de nuestros montes. Y por si todo ello fuera poco, la ola privatizadora y neoliberal de los recientes Gobiernos ha afectado también a este respecto, introduciendo la posibilidad de que muchos de nuestros montes públicos, que forman nuestro patrimonio natural más preciado, puedan pertenecer sólo a unos pocos. El panorama, por tanto, aquí también, es bastante desalentador. La protección y gestión de nuestros bosques y masas forestales, hoy día, es una competencia exclusivamente autonómica. He ahí por tanto el nivel donde tenemos que incidir, pero lógicamente, ha de venir apoyada por una política estatal situada en la misma onda. Un caso paradigmático lo tenemos en la existencia de empresas públicas, como TRAGSA y sus filiales, que poseen personal público destinado a la prevención, cuidado y extinción de incendios forestales (los BRIF), que están desarrollando políticas no sólo de explotación laboral, e infravaloración de sus actividades, sino de inmensos recortes de sus recursos humanos, mientras sus altos directivos (a modo de cementerio de elefantes) cobran sueldos astronómicos. 

 

Necesitamos una política forestal que ponga en valor nuestros montes, que recupere todo nuestro patrimonio de flora y fauna salvajes, que prevenga los incendios forestales, que recupere las zonas degradadas y que promueva en la sociedad los valores ambientales y sociales que atesoran nuestros bosques. Nuestro país es rico en masa forestal, quedando todavía parajes vírgenes absolutamente privilegiados, pero que ya comienzan a estar en claro riesgo, debido a nuestro constante descuido, así como a los nocivos efectos del cambio climático. Las especies de flora y fauna autóctonas, que proporcionan una biodiversidad casi única a nuestros ecosistemas, están siendo amenazadas por estos peligros, y sólo cabe un conjunto de medidas que sean capaces de concienciar sobre el terrible problema, y que pueda restaurar y proteger al máximo esta joya medioambiental que poseemos. Hemos de revertir, para empezar, los intentos (mediante las leyes autonómicas correspondientes, como las de Castilla-La Mancha) de privatizar el espacio público forestal, los montes que son de todos. Y es que en la línea de la estrategia que han implementado en la última Ley de Costas (a la que ya nos hemos referido en entregas anteriores), permitiendo la privatización de espacios públicos protegidos, así está pensado también actuar sobre nuestros montes, uno de los pocos reductos completamente públicos que nos quedaban. 

 

El caciquismo en estado puro, que ni siquiera en tiempos del franquismo era tan descarado (la Ley de Montes franquista de 1957 ya se refería a la "defensa de la propiedad forestal pública") está intentando regresar a algunas Comunidades gobernadas aún por el PP, permitiendo que unos cuantos dueños, latifundistas y terratenientes puedan comprar los montes de todos. Y así, diversos grupos ecologistas vienen denunciando las intenciones de privatizar terrenos de monte público, para actividades de explotación forestal y de caza, que son las actividades "deportivas" preferidas de esta gentuza (ya afirmaba Manuel Fraga, en entrevista concedida a la TV pública de la época, que la caza y la pesca le parecían "nobles actividades de índole superior"). Dichas prácticas resultarían del todo ilegales según la actual Ley Estatal de Montes de 2003, que declara "inalienables, imprescriptibles e inembargables" a los montes de dominio público. El conflicto está servido, y hemos de luchar para revertir esta tendencia. Los intentos ya comenzaron durante el Ministerio de Miguel Arias Cañete (ahora flamante Comisario Europeo de Energía y Cambio Climático, que manda narices, pues es como colocar al zorro a cuidar al galliinero), cerrando reservas naturales para convertirlas en cotos de caza, u organizando monterías privadas en fincas públicas. Las medidas que proponemos para revertir toda esta situación son las siguientes:

 

1.- Apoyar la gestión responsable de los bosques y promover el incremento del número de montes con instrumentos de gestión, el asociacionismo y los modelos tipo de gestión para superficies forestales pequeñas, los mercados para los productos forestales sostenibles y la certificación FSC.

 

2.- Diseñar planes específicos de prevención de incendios en las zonas de alto riesgo, que identifiquen las masas más vulnerables candidatas a sufrir grandes incentivos forestales, acoten los usos urbanos en el monte, sensibilicen a los sectores más relacionados con las causas de los incendios, adopten medidas para reducir el número de conatos e incendios, exijan planes de evacuación y defensa frente a incendios, e integren la agricultura y la ganadería extensiva en las labores de prevención. 

 

3.- En la misma línea, entender la política de prevención de incendios forestales, así como el cuidado del personal y los recursos dedicado a su extinción, como una política de Estado, definiendo y blindando una serie de políticas que impidan que dichos recursos y personal puedan ser privatizados, recortados o explotados salvajemente, como se hace en la actualidad. Asímismo, derogar todos los intentos legales de privatizar los espacios públicos naturales, expropiando las zonas de especial interés ecológico a sus posibles propietarios, e impidiendo desde el escalón normativo más alto (la propia Constitución) cualquier posibilidad de uso privativo de los mismos. 

 

4.- Impulsar programas de restauración forestal e hidrológica que mejoren la diversidad de las masas forestales, recuperen las llanuras de inundación, establezcan zonas prioritarias de restauración con criterios ecológicos, sociales y económicos, e impliquen a la población local en su mantenimiento y gestión. 

 

5.- Potenciar los cuerpos de agentes forestales y medioambientales, para lograr un sistema de vigilancia efectivo del medio natural, reconociendo las categorías laborales correspondientes, y dotando a dichos expertos del reconocimiento público necesario por parte de la sociedad. 

 

 

Fuente principal de referencia: Documento "Un Programa por la Tierra"

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18 febrero 2016 4 18 /02 /febrero /2016 00:00

Este es el mensaje a las fuerzas del cambio: nosotros somos tan fuertes, tenemos tanto poder, determinamos de tal modo la realidad, que no sólo podemos meteros en la cárcel sino que podemos llamar a eso “democracia”. Es una guerra

Santiago Alba Rico

En efecto, es una guerra, una guerra de clases, una guerra ideológica y una guerra por seguir controlando las instituciones, una guerra mediática por ver quién desprestigia más al adversario. Pero vayamos por partes. Desde la celebración de las pasadas Elecciones Generales del 20D, hemos oído en infinidad de ocasiones, sobre todo por parte del PP, el llamamiento al "respeto a sus votantes", más de 7 millones de personas, que han votado, que continúan votando, al partido heredero del franquismo. Se dice que por ello son "la primera fuerza política", y por tanto, la que está más legitimada para gobernar, y la que debe encabezar, en su caso, las posibles alianzas de gobierno. Comenzaremos por desmontar este artificio argumentativo. En efecto, aunque el PP sea un "partido político al uso" (lo ponemos entre comillas porque algunos jueces ya han dicho que en realidad es una organización criminal y corrupta), detrás de sus siglas se esconde todo el arco de la derecha española, esto es, desde la derecha más suave hasta la derecha más rancia, desde los más puros conservadores hasta los neoliberales, desde los seguidores de la derecha más autoritaria y fascista hasta los que no tienen cabida en el resto de formaciones políticas. 

 

Esto hace que en realidad el PP continúe siendo un megapartido, con el mayor número de militantes oficiales a nivel nacional, y que posee en sus filas a la derechona política, social y mediática que proviene de todas las fuerzas y coaliciones políticas que se formaron después del franquismo, desde las antiguas Fuerza Nueva y UCD, pasando por la extinta Alianza Popular. En realidad, podrían haber albergado también a la recién disuelta UPyD e incluso al floreciente CIUDADANOS, porque aunque hay pequeñas diferencias entre ellos, el grueso de su ideario, así como del modelo de sociedad que pretenden, es absolutamente compartido. Bien, pero ante una convocatoria electoral, el PP es un único partido, una lista más igual que cualquier otra. Y el Reino de España es definido en la Constitución de 1978 como una Monarquía Parlamentaria, donde consigue gobernar la fuerza política o el conjunto de ellas que consiga(n) más apoyos parlamentarios en el Congreso de los Diputados. Por consiguiente, que el PP haya sido el partido más votado no le concede ningún derecho sobre otras formaciones a la hora de liderar, aglutinar o negociar con otras opciones. No les otorga por tanto más respeto que el que se debe a los votantes de otras fuerzas políticas.

 

Bien, pues así las cosas, resulta que quienes piden continuamente respeto a sus más de 7 millones de votantes, y se pasan el día lamentándose de que el resto de fuerzas políticas no quieran apoyarles (después del rosario de crímenes sociales que han cometido durante la pasada legislatura, bueno es recordarlo), tratan con la punta del pie, con absoluto desprecio e indiferencia, con insultantes e indecentes ataques, al resto de las fuerzas políticas, sobre todo a los votantes de PODEMOS. He aquí algunas de las joyas y lindezas verbales diversas que Rajoy y sus compinches han dedicado en rueda de prensa a estos votantes (que por lo visto, no merecen respeto alguno): "...llamar a eso gobierno de progreso sería llevar al extremo la licencia poética", "Lo mejor para España es un gobierno de coalición entre PP, PSOE y C's" (¿es esto respeto hacia la tercera fuerza política del país?), "Deben gobernar el primer partido, con el segundo y con el cuarto..." (¿y al resto que le den morcilla? ¡cuánto respeto para sus votantes!), "La estabilidad vendrá dada únicamente por un gobierno de la mayoría" (¿y quién decide quiénes son la mayoría? ¿los mismos que tratan con tanto respeto al resto de fuerzas políticas?), "..., y con 90 escaños no se puede gobernar" (esta afirmación es muy buena, porque no se refiere ya tanto a la idea de obviar que dichos 90 escaños son sólo de la segunda fuerza política, que lógicamente vendrían apoyados por más escaños, sino al mensaje de que, como ellos tienen más escaños, van a intentar bloquear todas las iniciativas que surjan de los 90 escaños), "El gobierno que pretende el PSOE es una broma" (esta es la mejor, claro exponente del absoluto desprecio hacia el electorado del PSOE+PODEMOS+UP-IU+...), o bien la otra variante que dice que "Un gobierno de PSOE, con PODEMOS + IU + Confluencias + partidos independentistas sería una catástrofe para España" (más bien deberían decir que sería una catástrofe para sus intereses, y para la idea que ellos tienen de España). 

 

En fin, podríamos seguir, pero creo que esta selección es plenamente ilustrativa del nulo respeto que los dirigentes del PP le tienen a los votantes de otras fuerzas políticas...Ellos piden respeto para sus votantes, pero ¿quién respeta a los votantes de PODEMOS? Bien, pero desgraciadamente, la cosa no queda aquí. Porque el PP no ha sido el único actor que ha denigrado e insultado a la formación morada. Tenemos por ejemplo a la prensa del régimen, que ha llamado a su líder, entre otras lindezas, "bufón", "insolente" o "efectista" (siendo éstos los calificativos más suaves, y en un ejercicio nunca visto durante toda nuestra etapa "democrática"). Y por su parte, no nos olvidamos de los tremendos y furibundos ataques que los dirigentes (actuales e históricos) de la otra pieza del bipartidismo (PSOE), el otro partido del búnker ideológico, ha dedicado a la formación política de Pablo Iglesias, que no desmerecen en nada (incluso muchas veces los superan) a los dedicados por parte del PP. Por ejemplo, después de una cena con históricos dirigentes del partido de Pedro Sánchez, éstos elaboraron un Manifiesto (que el propio José Luis Corcuera intentó dejar al día siguiente en la sede de Ferraz), donde calificaban a la formación del círculo de "tóxico, desleal y populista", afirmando que destrozaría al PSOE si gobernaran juntos, cuando es justo lo contrario, ha sido siempre la intención del PSOE destrozar a PODEMOS, porque saben que son los únicos que pueden recuperar la hegemonía de la auténtica izquieda de este país, y desmontar su chiringuito de poder. 

 

Alfonso Guerra afirmaba que "una coalición con PODEMOS la veo imposible", Susana Díaz que estaba "harta de que el señor Iglesias se meta con los dirigentes y militantes socialistas" (porque Pablo había declarado que los auténticos socialistas verían con buenos ojos la coalición PSOE+PODEMOS para esta legislatura), Javier Lambán que "sería el patíbulo definitivo para el Partido Socialista", o Felipe González, tan locuaz y persistente últimamente, que "PODEMOS viene a subvertir nuestro sistema democrático", alineándose con los pesos pesados más trasnochados del PP, como Esperanza Aguirre o José María Aznar. Ha habido muchas manifestaciones más (como las ocurridas en el propio Congreso de los Diputados, intentando trasladar a los diputados morados al gallinero, descalificando el aspecto físico de algunos de ellos, o imposibilitando la formación de varios grupos parlamentarios para sus confluencias territoriales), pero las mostradas nos parecen suficientemente ilustrativas de lo que estamos intentando exponer. Unos y otros se arrogan el respeto para su formación política, unos y otros piden respeto para sus votantes, militantes y simpatizantes, unos y otros piden respeto para su partido, pero...¿quién respeta a los votantes de PODEMOS? Finalizamos volviendo al comienzo, para concluir que sólo desde una ambiente de guerra ideológica, de absolutismo neoliberal bipartidista (o tripartidista, si incluimos a la formación de Albert Rivera) puede explicarse tanto ataque, tanto desprecio y tanta falta de respeto hacia una formación política relativamente nueva, fresca, de gente joven, salida de la calle, de los movimientos sociales, y que pretenden (veremos si lo consiguen, o si les dejan) llevar a nuestro país hacia mejores cotas de justicia social. 

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17 febrero 2016 3 17 /02 /febrero /2016 00:00

Las preguntas son las únicas respuestas que de veras valen la pena. No porque estemos condenados a la duda incesante, sino porque las preguntas permiten imaginar un mundo diferente del que hoy por hoy padecemos. La realidad no es un destino, por lo tanto, puede ser sometida a preguntas que, a veces, son incómodas para los dueños del poder que administran el mundo

Eduardo Galeano

Por consiguiente, aspirando a ser más humanos, a no renunciar a nuestra capacidad de cuestionar, de criticar, de someter a debate, de pensar, de filosofar, de razonar, de satisfacer todo lo posible nuestras necesidades intelectuales, entre las que está la de saber, la de comprender nuestro mundo, nuestra sociedad, la de llegar hasta el fondo de todas las cuestiones para alcanzar los auténticos motivos que provocan los acontecimientos del mundo que nos rodea, debemos cuestionar de forma absolutamente radical al sistema capitalista, lo cual será un fantástico ejercicio en todos los sentidos: moral, intelectual, espiritual. Porque el capitalismo no desea tener ciudadanos libres. Desea, en todo caso, que éstos se sientan libres, pero sin serlo de verdad. Necesita imperativamente que no lo sean, porque la libertad de los individuos (que forman la sociedad) pondría en serio peligro la continuidad del sistema. Incluso desea que no necesiten ser libres, que se olviden que la libertad (plena, auténtica) existe. Y por ello, difunde un concepto, una idea de libertad totalmente falaz, pervertida por el sistema, adaptada al sentimiento de libertad que el capitalismo puede permitir. 

 

"Quien no se mueve, no siente las cadenas", decía la genial Rosa Luxemburgo. El capitalismo desea que ni siquiera nos movamos para no sentir las cadenas, y por tanto, no sentir la necesidad de cortarlas. Si despreciamos las necesidades intelectuales, si no nos "movemos" intelectualmente, si no nos volvemos inquietos, preguntones, inconformistas, no sentiremos las auténticas cadenas que nos atan al sistema, que son las cadenas mentales, renunciaremos a una de nuestras necesidades intelectuales más elementales: la libertad. Y así, renunciaremos a la libertad de pensamiento, de expresión, de acción. Poniendo un ejemplo de rabiosa actualidad, el pensamiento dominante nos ha vuelto a jugar otra mala pasada, otro intento de dejarnos fuera de juego, otra manifestación de su tremenda capacidad de manipular nuestras mentes. El relato es bien sencillo: durante la programación de actos del Carnaval en Madrid, tuvo lugar una función de títeres callejeros, destinada (erróneamente) al público infantil, aunque de infantil no tenía nada. Se trataba de una sátira que intentaba explicar mediante una leyenda el enfrentamiento de una mujer a los cuatro poderes del Estado: la propiedad, la religión, la fuerza del Estado y la ley. En un momento determinado de la obra, un policía deja inconsciente a la mujer (una bruja) y para incriminarla, coloca un cartel que reza "Gora Alka-ETA" sobre su cuerpo. 

 

Pues bien, este simple hecho, lógicamente contextualizado dentro del transcurso de la obra, fue suficiente para que los padres de los niños que estaban presenciando la misma montaran en cólera, llamaran a la policía, ésta interrumpiera la obra, detuviera a los dos titiriteros, los llevaran a declarar ante el juez, acusados de "enaltecimiento del terrorismo", y éste dictara orden de prisión provisional incomunicada y sin fianza (algo que se reserva para los delitos más evidentes y execrables), en cuya situación estuvieron durante cinco días. Al final, la presión popular de todo tipo de colectivos, movilizándose, escribiendo articulos, lanzado vídeos de campaña a favor de su liberación, y organizando protestas, ha sido capaz de provocar que la Fiscalía y el juez reconsideraran la medida de encarcelamiento, y les pusieron en libertad, aunque aún continúan con cargos. Como vemos, la cuestión ha sido absolutamente surrealista. Aplicando el mismo razonamiento, si la función de teatro llega a ser una película y la estamos viendo en el cine...¿tendríamos que haber llamado a la policía para que detuviera al director de la película, a su guionista y a sus actores? O por el mismo motivo, me tendrían que detener a mi también, porque acabo de utilizar dicho letrero unas líneas más arriba, para explicar lo que ocurrió. Es ridículo, demencial y falaz en toda su extensión. Algo grotesco e injustificado a todas luces.

 

Como estamos viendo, por tanto, y el ejemplo citado nos lo demuestra muy bien, el pensamiento único es producto de un juego tramposo. Oculta sus auténticas motivaciones, manipula las conciencias, exagera y tergiversa los hechos, impone sus puntos de vista, y evita la discusión racional sobre los asuntos. Porque en el ejemplo que hemos abordado, si comenzamos las auténticas preguntas en cadena (¿por qué?) llegaremos a la conclusión de que el verdadero motivo de que este esperpento mediático y judicial tuviera lugar no ha sido otro que la obsesión por tumbar (por parte de las fuerzas que lideran el pensamiento dominante) a los actuales dirigentes políticos del Ayuntamiento de Madrid. Y para conseguir dicho objetivo, no cesan en sus crueles e injustificados ataques hacia todo lo que se mueva o dicte por dicho Ayuntamiento. Es una estrategia clara de acoso y derribo sin tregua, que en el fondo revela un sentimiento de incapacidad de asumir que perdieron las elecciones municipales, y que ahora el poder local está dirigido por otras personas, que entienden la política de otro modo. Es así de simple. Así de sencillo. Antaño nos imponían el pensamiento único, mediante tanques y dictaduras. Ahora nos intentan convencer de él, y si no pueden, intentan boicotear, atacar, tumbar, chantajear, acosar, e injuriar cualquier acto o declaración de las personas que ejecutan las políticas que no les gustan. Es la política totalitaria, que se arroga para ella la propiedad en exclusiva de las instituciones y del poder. 

 

Y para ello, no dudan en llevar a cabo todas las tropelías de que sean capaces. Disfrazan la fe de razón. Disfrazan la religión de ciencia. Disfrazan los falsos derechos de derechos legítimos, y al contrario, niegan los auténticos derechos. Los dogmas religiosos (y eso se percibe muy bien en el ámbito de la economía) nos los venden como auténticas verdades científicas. Para ello lo adornan, con la ayuda de multitud de datos y herramientas, bajo la estructura científica, usando el método científico, y exponiendo sus conclusiones, pero lo manipulan todo para que al final, escondiendo algunas cosas y cambiando otras, las cifran expongan lo que ellos quieren. Torturan datos y estadísticas hasta que confiesen lo que a ellos les interesa. Ahora se utiliza la ciencia, la falsa ciencia, para imponer el pensamiento dominante que favorece a las élites. Éste es el verdadero peligro de nuestros tiempos: la religión está disfrazada de ciencia. El dogma neoliberal es pura creencia, falto de empirismo científico que demuestre su veracidad. Más bien al contrario, lo que está demostrado científicamente es su fracaso. El peligro de nuestros tiempos estriba en que las apariencias engañan, si cabe, más que antes. Antes no había debates, ahora hay falsos debates. Discuten apasionadamente sobre multitud de asuntos, cuando en el fondo defienden los mismos modelos. Aparentan una disparidad de criterios, cuando dicha disparidad no existe. En nuestra época actual todo se disfraza con ropajes que pasan cada vez más desapercibidos. El control social está más disfrazado. Por ello, es aún más peligroso que nunca, justo porque parece que no lo hay. 

 

Y así, acaban lenta y progresivamente con nuestras libertades, atacan sigilosamente nuestro íntimo y fundamental sistema de derechos, destruyen poco a poco todo el andamiaje de protección social para las clases más vulnerables, pero todo ello se oculta bajo el manto de la necesidad, del puro motivacionismo científico. Esconden el dogma bajo la aparente necesidad social, y bajo la aparente falta de alternativas. La manipulación del pensamiento humano ha llegado a extremos tan sofisticados en nuestros días, que hay que felicitarles por ello, ya que el dominio de la sociedad es casi absoluto. Muy pocas cosas se escapan a su control. Mediante el sutil control del sistema educativo, de los medios de comunicación, se modela la opinión pública de tal manera que dicho modelado parece no existir, queda escondido, o parece menor del que en verdad es. No hay control social más eficaz que aquél que pasa desapercibido. De esta forma, el pueblo cree que es libre y que piensa por sí mismo, cuando en verdad no es así. El pueblo siente que es más libre de que lo en verdad es. No se percata de la intensidad de sus carencias. Intuye (algo, un poco) que está alienado, pero en realidad no sospecha hasta qué punto. Las cadenas del sistema nos atan más que nunca. Pero no son del todo invisibles. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 febrero 2016 2 16 /02 /febrero /2016 00:00

A los políticos: defiendan y apoyen a la cultura. Es lo único que hay que hacer

Ricardo Darín (Premio GOYA al Mejor Actor 2016)

Quizá pudiera parecernos exagerada la afirmación del recién galardonado actor argentino, pero vamos a intentar explicarla en toda su dimensión, para que se entienda porqué no existe tal exageración. En efecto, pudiera parecernos que, además de fomentar la cultura, hay que lucha contra el desempleo, contra la corrupción, contra los recortes sociales, y un largo etcétera que ya hemos abordado en infinidad de artículos. Todo eso está muy bien. Pero...¿qué tal si diéramos la vuelta a la tortilla? ¿Qué tal si comenzáramos por afirmar que todo el conjunto de políticas públicas que se han venido ejecutando durante las últimas décadas (y que nos han traído a la situación actual) han sido posibles porque el pueblo las ha apoyado (con su voto), las ha legitimado, las ha asumido, las ha normalizado? Es una afirmación quizá peligrosa, que pueda despertar el recelo de más de un lector, pero si lo analizamos profundamente, llegaremos a dicha conclusión. Por poner un ejemplo paradigmático, el Ayuntamiento de Marbella fue gobernado durante más de 20 años por el equipo de Jesús Gil y Gil, y así le fue...¿acaso este controvertido personaje entró alguna vez en Marbella con tanques y fusiles? No, simplemente se presentó a unas elecciones, y le votaron. 

 

¿Cómo es posible que el pueblo vote continuadamente a opciones políticas que lo van llevando por peligrosos derroteros de regresión social? Para comprender esto, hemos de partir de la premisa básica y fundamental de que un pueblo culto es un pueblo libre, un pueblo al que no se le puede dominar, alienar, manipular. Pero aquí no nos estamos refiriendo a la cultura en su sentido elitista o sofisticado, como el número de personas que posean una titulación superior, o una profesión liberal. Es más, ellos, los ilustrados de la sociedad, también son manipulados y alienados por el poder que ejerce sobre ellos la clase dominante. ¿En qué sentido hablamos, pues, de cultura? La cultura a la que nos referimos tiene que ver con la conciencia crítica, con el pensamiento libre, con la capacidad para analizar y reflexionar, para abandonar los complejos, los prejuicios y el sectarismo, y ser capaces de analizar la sociedad que te rodea desde prismas absolutamente objetivos y racionales. Y precisamente, y desde ese punto de vista, tenemos un pueblo inculto cuando tenemos personas muy influidas por el pensamiento dominante (muchas veces, el pensamiento único), incapaces de comportarse críticamente con él, de enfrentarse y de adoptar comportamientos y actitudes de rebeldía contra el sistema. 

 

Tenemos un pueblo inculto cuando ni siquiera es capaz de comprender qué se esconde detrás de determinados mensajes políticos, cuando vota sistemáticamente a opciones políticas que los defraudan y traicionan sus principios, cuando no es capaz de distinguir los auténticos poderes que gobiernan la sociedad, sino simplemente, de convertirse en sus obedientes súbditos, vasallos, siervos o esclavos. Tenemos un pueblo inculto cuando los medios de comunicación y los poderes públicos se encargan de manipularlo y de alienarlo constantemente mediante las modernas versiones del antiguo circo romano, que hoy día podrían ser la religión (en todas sus dimensiones), los toros, el fútbol, las tertulias televisivas, los reallity shows, y un largo etcétera. Tenemos un pueblo inculto cuando se deja convencer con los argumentos de la prensa mayoritaria, de los grandes medios de comunicación dominantes, sin darse cuenta de que los que poseen la propiedad sobre los periódicos que el pueblo compra y las cadenas de TV que ve son los auténticos interesados en divulgar dichas opiniones, porque favorecen sus intereses. Tenemos un pueblo inculto, en fin, porque poco a poco se le ha ido recortando en principios democráticos, en educación, en igualdad, en música, en cine, en teatro, en medios de comunicación alternativos, en ciencia y en investigación. Todo ese cóctel converge hacia un único fin: formar a una masa popular cada vez más inculta, más manipulada, más alienable.

 

Y ahí radica la importancia política de la cultura. Una cultura entendida desde una sociedad que fomente una educación crítica y libre, pública, laica, gratuita y de calidad, una sociedad que no albergue grandes desigualdades, que fomente la equidad, la cooperación (en vez del egoísmo y de la competitividad), una sociedad que valore el bien común, la importancia de lo público, una sociedad, en fin, con una escala de valores digna de nuestra dimensión humana. Una sociedad con unos medios de comunicación públicos y privados que no se conviertan en voceros del pensamiento dominante, ni en defensores de los intereses de la clase que ostenta el poder. Una cultura entendida desde una sociedad, en definitiva, plenamente democrática. En vez de todo ello, lo que tenemos es un salvaje capitalismo que nos conduce a competir, a enfrentarnos entre nosotros, a volvernos egoístas y egocéntricos, que fomenta el individualismo, que infravalora lo público y la propiedad común, que únicamente da valor a lo privado. La inmensa mayoría de nuestros políticos (esos que dicen que nos representan) reproducen este perfil de la sociedad, son sus propios adalides, son los defensores de este modelo de sociedad. Pero para que nuestra sociedad haya llegado a este punto, han tenido que transformarse, poco a poco, los pensamientos y las actitudes, las escalas de valores, los modos, los usos y costumbres, el imaginario colectivo, todo ello convergiendo y tendiendo hacia el modelo de sociedad que tenemos ahora. 

 

Por ello la cultura, entendida bajo esta dimensión social, es tan importante. Porque la cultura es el auténtico poder del pueblo, es la mejor herramienta para ser capaces, como sociedad, de forma colectiva, de desterrar todo este conjunto de valores, de comportamientos, de pensamientos y de idearios, que contribuyen cada día a retroalimentar este salvaje y cruel sistema capitalista en que vivimos. Una cultura popular que sea capaz, en resumidas cuentas, de enfrentarse al pensamiento dominante, de mirarlo de frente, cara a cara, y de negarlo, de combatirlo, de desarrollar un(os) pensamiento(s) alternativo(s). Una cultura que sea capaz de entender que otro mundo es posible, que es posible vivir de otro modo, consumir de otro modo, ser felices de otro modo, valorar otras cosas. Una cultura que nos conduzca a entender y a fabricar otro modelo de sociedad diferente, fundado en los principios de la igualdad, de la solidaridad, de la cooperación, de la justicia social. Y si somos capaces de ir sembrando esta semilla en las mentes de la inmensa mayoría social, todo lo demás vendrá por añadidura, todo lo demás se implantará con total naturalidad, y habremos dejado atrás el modelo de sociedad que nos oprime, nos ahoga y nos explota. Nos haremos auténticamente libres, en el pleno sentido de la palabra, y nunca más podrán venir a gobernarnos desalmados representantes del gran capital, dispuestos a seguir avanzando en su macabro modelo. No exageraba Darín, por tanto, cuando afirmaba que fomentar la CULTURA (así, en mayúsculas) es lo único que hay que hacer. 

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15 febrero 2016 1 15 /02 /febrero /2016 00:00

El capitalismo, lejos de lo proclamado por sus apóstoles, no es el fin de la historia, es, al contrario, el fin de la prehistoria humana, es la antesala de la verdadera historia humana

José López

Y ello, porque, en efecto, hemos de cambiar el objetivo de la rentabilidad económica, esto es, la maximización del beneficio (materializado después en la propia sociedad mediante la acumulación de una serie de propiedades, por las cuales se mide la "prosperidad", el éxito y la valía de las personas), por el objetivo de la rentabilidad social, esto es, por la consecución de una serie de fines sociales, encaminados al verdadero progreso social, bien entendido éste como el bien común, materializado (entre otras formas) en la máxima, como nos dejara dicho E. F. Schumacher, de que "El acceso a las cosas es más importante que la propiedad sobre ellas", o bien, en la máxima de que "No hemos de maximizar el consumo, necesitamos maximizar la satisfacción". Estos objetivos son radicalmente contrarios a los objetivos por los cuales hoy día se mueve la sociedad, fomentados por el salvaje capitalismo globalizado, y bajo el cual, la búsqueda del beneficio es la prioridad, es un bien en sí mismo, representa el poder, quedando en planos secundarios la redistribución de la riqueza, la satisfacción de las necesidades de la colectividad, y la propiedad común. 

 

El giro social que hemos de dar está bien claro, pero también el giro personal, individual, de cada persona que formamos la sociedad. Ambos giros se alimentan mutuamente, se necesitan, se complementan, ya que uno no podrá darse sin el otro. Debemos abrir el paso a la idea de que no sólo es importante crear la riqueza (de forma sostenible, pues de lo contrario estaremos aniquilando el planeta), sino que igual de importante (incluso más) es la propia redistribución de la misma. En el Socialismo de este siglo XXI, hemos de dar prioridad a la tarea de reparto de la riqueza que a la tarea de generación de la misma. El Socialismo ha de buscar la racionalidad, la proporcionalidad, la sostenibilidad, pero también la ética, la igualdad, la justicia social, parámetros que definirán de verdad a una sociedad avanzada y civilizada. Y éstos serán los auténticos mimbres para una sociedad de progreso, ese adjetivo ("progresista") que tanto se usa últimamente, pero la mayoría de las veces despojado de su auténtico sentido. Y así, bajo los objetivos de conseguir una sociedad "moderna", y una sociedad "progresista", en realidad nos continúan vendiendo los mismos objetivos neoliberales que nos hunden cada vez más en la miseria social, en la barbarie, en el caos. Quien dice Socialismo dice Democracia. Quien dice Socialismo dice Civilización. Quien dice Socialismo dice Progreso. 

 

Nos debe quedar absolutamente claro que sólo un sistema (globalizado, a ser posible) donde TODA la sociedad decida, y no sólo una élite privilegiada, podrá controlar los destinos de la Humanidad, y decidir con absoluta garantía y legitimidad. Ésos que nos intentan convencer de que la democracia plena es un camelo, un imposible y una utopía, son los mismos que contribuyen diariamente a que la democracia se pervierta, se prostituya y acabe convertida en un engendro que sólo beneficia a los de siempre, a los ricos y poderosos. El sistema actual, al estar dominado por estas élites, pone en grave peligro el bienestar de la mayoría. De hecho, hoy día, el bienestar de la inmensa mayoría social no está ya garantizado, y las personas son abandonadas a su suerte. El sistema actual tiende hacia el empobrecimiento de la mayoría de la población, tiende hacia su alienación (para poder implantarse gradualmente, controlando los posibles estallidos sociales), y tiende también hacia la extinción de nuestro hábitat natural, poniendo en peligro al planeta, y por tanto, a todas sus especies vivas, incluyendo a la especie humana. Es un sistema absolutamente demencial e insostenible. Sólo puede ser defendido desde el fanatismo, desde la irracionalidad, desde el despotismo, desde la ignorancia o desde la inmadurez intelectual, además de por los propios privilegiados que forman la élite que se beneficia del sistema. 

 

El sistema, creo que lo estamos dejando bien claro mediante múltiples razonamientos y ejemplos, ha de ser gradual y progresivamente sustituido. No queremos abolir el capitalismo de un día para otro, esto no es una decisión que se tome por Decreto-Ley, no es algo que aparezca en el BOE, en uno de cuyos apartados podamos leer: "Queda prohibido el capitalismo". No es algo que un pregonero de pueblo nos pueda anunciar en la plaza, o que se publique desde el bando de una alcaldía. Hemos de ir evolucionando poco a poco, transformando las mentalidades colectivas e individuales, transformando nuestros modelos productivos, transformando nuestras escalas de valores, pero todo ello, por supuesto, apoyado desde políticas activas y concretas que sí vayan, poco a poco, abordando ciertos aspectos de funcionamiento de nuestra sociedad capitalista. Deben irse apoyando nuevos modelos comunales de participación, de cogestión y de propiedad, tales como el cooperativismo, el colectivismo, el estatismo, y otras variantes donde las empresas comiencen a pertenecer al ámbito público, bien al Estado, bien a sus propios trabajadores, para ir expropiando el poder a los grandes capitalistas. Todo ello deberá confluir, al final del recorrido, en modelos de propiedad social, que mezclan la pertenencia pública, esto es, la titularidad del Estado, pero la administración y la gestión por parte de los trabajadores, y de la propia sociedad. Entendemos que la propiedad social es el último escalón, el escalón definitivo, que garantiza además la plena democracia económica. 

 

Y ello, por supuesto, dando por sentado que no queremos prohibir la existencia de pequeños capitalistas, pues de lo contrario, estaríamos bajo una dictadura. Bajo el socialismo aún pueden quedar pequeños capitalistas, con sus propias empresas, con sus propios negocios, donde se cultive la iniciativa privada, pero siempre bajo una óptica de rentabilidad social, de reparto de la riqueza, y de equidad y justicia social. Podrán pervivir ciertas dosis de capitalismo, a pequeña escala, pero limitado, y siempre controlados por el Estado. Cuando el sistema fomenta y permite la existencia de grandes capitalistas, ya estamos viendo que se degenera hacia la barbarie social. Los grandes capitalistas absorben el poder, e imponen su excluyente y egoísta visión del mundo y de la sociedad. Hemos de romper ese poderío, garantizando que el Estado (bajo una óptica democrática, bajo un enfoque de participación ciudadana) controla y garantiza que todas las personas satisfacen todas sus necesidades básicas. De lo contrario, el Estado, como ocurre ahora, adelgaza, degenera e involuciona peligrosamente, realimentando el capitalismo, la corrupción y la espiral autodestructiva. Hay que conseguir cambiar la propiedad sobre los medios de producción, democratizar los poderes del Estado, planificar la economía con participación social, de acuerdo al interés general, de la inmensa mayoría social, del conjunto de la población. Continuaremos en siguientes entregas.

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12 febrero 2016 5 12 /02 /febrero /2016 00:00

Entendemos que la construcción de una ciudad justa e igualitaria es inseparable de la lucha por la democratización del acceso a tierra urbana y rural, de la lucha por la reforma urbana y agraria, de la lucha por la democratización de la gestión del territorio, por la soberanía alimentaria de los pueblos, por las prácticas agrícolas ambientalmente responsables, por la garantía de los modos y medios de vida de las y los agricultores familiares y de las poblaciones tradicionales e indígenas en todo el mundo

Carta de Río de Janeiro (Foro Social Urbano, marzo 2010)

Nuestro siguiente asunto a tratar, dentro de nuestro Programa por la Tierra, es el relativo al apoyo para una agricultura que funcione bajo un modelo distinto, que garantice la biodiversidad, así como un medio rural vivo y sostenible. Desde hace décadas que la agricultura (en general toda la actividad y los modelos de vida rurales) han sido descuidados y atacados por los programas de gobierno neoliberales, representando un gran peligro para la sostenibilidad social, económica, alimentaria y medioambiental. El medio rural es hoy día un medio infravalorado, en claro declive poblacional, y explotado únicamente por las grandes compañías multinacionales. Hemos de acabar con este panorama, porque para que la producción agraria sea compatible con la preservación del medio ambiente y de la naturaleza, con un mundo rural vivo y con la salida de la crisis que sufrimos, se debe apoyar, desde las Administraciones Públicas, un modelo basado en el respeto y cuidado de nuestra biodiversidad, el comercio local y la producción extensiva, así como en la reducción de la huella ambiental, y el apoyo a las variedades y razas autóctonas, y a los pequeños agricultores. 

 

Tal y como insisten los Informes sucesivos de los diversos Relatores de la ONU, la mejor opción para alimentar el mundo de forma respetuosa con el planeta y las personas que lo habitamos, así como al resto de seres vivos, consiste en un claro giro hacia un enfoque agroecológico en la producción, distribución y consumo de los alimentos. Y en un momento en el que las Comunidades Autónomas están aplicando las directrices de la nueva Política Agraria Común (PAC) de la Unión Europea, y finalizando sus Programas de Desarrollo Rural para el período 2014-2020, las decisiones tomadas determinarán si un territorio concreto avanza hacia la sostenibilidad, o continúa por la insostenible senda actual. Evidentemente, todo ello pasa por fortalecer el tejido rural de proximidad, y por reducir el poder y el control de las grandes empresas transnacionales, que comercializan hoy día desde la producción de semillas, hasta la distribución del producto final a través de sus inmensas redes de empresas e intermediarios, bajo el único prisma (insistimos, único) de la maximización del beneficio económico. Y este modelo no sólo amenaza el medio rural autóctono, la economía de proximidad, la producción local y la soberanía alimentaria, sino que incide peligrosamente sobre la salud ambiental y la de las personas, consumidores finales de dichos productos. Teniendo todo ello en cuenta, las propuestas que abordamos en relación al mundo rural son, entre otras, las siguientes:

 

1.- Mantener los sistemas agrarios y forestales en la Red Natura 2000 y otros de alto valor natural (dehesas, prados y pastos extensivos, secano...) con apoyo al relevo generacional y la transformación y venta directa por los propios productores. Minimizar por tanto la red de intermediarios, fomentando que la producción en origen se convierta en una actividad rentable y sostenible. 

 

2.- Aprobar planes específicos con medidas que favorezcan la ganadería extensiva y la trashumancia, dirigidos a apoyar la actividad en sí, divulgar sus beneficios ambientales y sociales, facilitar y fomentar la transformación y compraventa de sus productos (carne y embutidos, lácteos, lana...), y garantizar la coexistencia con la fauna salvaje. 

 

3.- Gestionar las medidas de desarrollo rural con los contratos territoriales por explotación, y apoyar herramientas de gestión participativa, como la custodia del territorio y los usos comunales. Hay que apoyar decididamente la expropiación de grandes terrenos para el cultivo por parte de los jornaleros y el mundo rural, siempre que dichos terenos estén inactivos, o dedicados únicamente a la obtención de subvenciones públicas para incrementar el capital de los grandes terratenientes, y la explotación del personal que los trabaja.

 

4.- Aprobar un programa para expandir la producción agroecológica en el ámbito autonómico de cada comunidad, en manos de pequeños agricultores y fomentando la incorporación de jóvenes al campo y al mundo rural. 

 

5.- Reducir el despilfarro de materiales, agua y energía en el sector, potenciando el consumo de frutas, verduras, hortalizas y legumbres, disminuyendo la ingesta de carne (pero apoyando la de calidad), luchando contra el derroche y el malgasto de alimentos, y apoyando los productos locales y de temporada, certificados, a través de la venta directa y de cadenas cortas de distribución y suministro. 

 

6.- Aplicar la Directiva de Uso Sostenible de los Plaguicidas con la introducción obligatoria de programas y planes de gestión integrada de plagas en las explotaciones, mediante calendarios y objetivos claros de reducción en el uso de plaguicidas, así como del fomento de métodos ecológicos.

 

7.- Prohibir los cultivos transgénicos comerciales al amparo de la nueva legislación europea, y rechazar cualquier petición de experimento transgénico al aire libre. Precisamente, el uso de alimentos transgénicos (OMG, u organismos modificados genéticamente) pretende ser completamente liberalizado mediante la implantación (si finalmente se aprueba) del TTIP, el Tratado de Libre Comercio que se está negociando en secreto entre la Unión Europea y Estados Unidos. 

 

 

 

Fuente principal de referencia: Documento "Un Programa por la Tierra"

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11 febrero 2016 4 11 /02 /febrero /2016 00:00

De conseguir tumbar el TTIP, habríamos ganado al poder industrial y sentaríamos un precedente histórico en la lucha por la democracia

Pia Eberhardt

Y es necesario volver a recordar, llegados a este punto, las formaciones políticas con las que podemos contar a la hora de combatir el TTIP, y la cuestión parece estar muy clara, pero volveremos a insistir en ello, porque, como ya nos tienen acostumbrados, los distintos partidos y bloques políticos (en relación al Parlamento Europeo) juegan al continuo despiste de cara a la ciudadanía, y  mientras se llenan la boca diciendo defender los derechos sociales y laborales, culturales y políticos, en definitiva los Derechos Humanos, la realidad es bien distinta, pues cuando llega la hora de votar, se alinean con las posturas más neoliberales de la Comisión Europea. No nos engañemos por tanto sobre este punto, ya que sólo existen dos bloques en relación al asunto de los TLC: la coalición de conservadores, socialdemócratas y liberales (representados en nuestro país por el tripartidismo PP-PSOE-C's, más el resto de fuerzas de carácter neoliberal, como PNV-CDC-CC...), y la coalición alineada con la Izquierda Verde Europea, representada en nuestro país por PODEMOS, IU-UP, y el resto de fuerzas de la izquierda, como EQUO, Compromís, CUP, EH-Bildu, etc.

 

Tengámoslo claro, por tanto, a la hora de prestar nuestro apoyo, y de dejarnos convencer o no, por los charlatanes que las representan, porque como decimos, se prestan a un peligroso juego a dos bandas, pues mientras sigilosamente ayudan a aprobar TLC's como el TTIP, en sus respectivos países dicen abogar por el fin de la austeridad y la defensa de los derechos humanos. Y debemos entender la protesta contra los TLC no en forma aislada, sino como un todo, pues las mismas fuerzas políticas que abogan en su contra, son las mismas que también están en contra de los paraísos fiscales, a favor de la banca pública, a favor de la auditoría de la deuda, de la renta básica, y de muchas otras medidas, que las fuerzas que abogan por los TLC's no apoyan. Los dos bandos están, por tanto, muy claros, por mucho que nos digan frases bonitas como que "no necesitamos frentes, sino destacar lo que nos une". Son puros eslóganes de cara a la galería, que no aclaran realmente nada, sino que a lo único que contribuyen es a intentar crear más confusión ideológica, y bajo la bandera de la conciliación, del pactismo y de la negociación, intentar llevarnos a su terreno. Y es un terreno terriblemente peligroso. 

 

Y ello porque, centrándonos en los servicios públicos (a los que ataca fundamentalmente el TISA), si los diversos TLC en liza se aprueban definitivamente, no existirá ninguna posibilidad de construir y mantener el tan ansiado Estado Social Europeo, del que forma parte nuestro Estado de Bienestar (tan atacado últimamente), si no se puede conservar una arquitectura pública, gratuita y universal para nuestros servicios públicos. Pero evidentemente, los TLC representan un ataque en toda la línea de flotación de estos principios, ya que sus adalides son los primeros que afirman que "lo gratuito no es sostenible". Y bajo ese mantra, intentan convencernos de las bondades de la gestión privada de nuestros servicios públicos, tarea en la que llevan inmersos varios años, intentando a varias bandas, y en varias oleadas privatizadoras, introducir el negocio privado y la lógica del beneficio en la arquitectura de nuestros servicios públicos. Y evidentemente, ello no es factible. Sólo la lógica de la rentabilidad social y de la inversión pública permite que disfrutemos de unos servicios completamente públicos, pues en caso contrario, si estos principos se rompen, si cambian los pilares de esta arquitectura, la extinción de estos servicios públicos estará, más pronto que tarde, asegurada. 

 

Y por supuesto, las grandes empresas transnacionales (y sus innumerables corporaciones filiales y asociadas) están obsesionadas por introducir sus modelos de negocio en los servicios públicos, para transformar el principio básico orientado a la rentabilidad social y al bien común, por el orientado a la rentabilidad económica y a la obtención de beneficios empresariales. Es otro punto sobre el cual no debemos dejarnos engañar, porque estos dos principios no casan, ni son compatibles entre sí. Y debemos rehuir de los experimentos en este sentido, pues lo único que pretenden es abordar la privatización poco a poco, de forma progresiva, de tal manera que el impacto sobre la ciudadanía sea sostenido, suave, pero al fin y al cabo, igualmente implacable. Y tomando las palabras de Fátima Aguado y Francis Cabezos, de la Federación de Servicios de CC.OO.: "Una sociedad moderna, igualitaria, que quiere construir una convivencia digna para que las personas puedan realizar sus proyectos vitales, es una sociedad en la que la redistribución de la riqueza es un punto básico de partida, unos cimientos sobre los que debe levantarse todo el edificio social que nos acoge como personas, y nos eleva a la categoría de propietarios de derechos de ciudadanía, de personas con futuro". Porque en efecto, los modelos de bienestar encarnan las señas de identidad de las sociedades más avanzadas, pero la corriente neoliberal más salvaje y conservadora está atropellando el derecho de la ciudadanía a unos servicios públicos de calidad. 

 

Nosotros, la clase trabajadora, las clases populares, las clases más vulnerables, estamos en el otro bando, en el bando de la defensa de la justicia social, del empleo digno, estable, decente y con derechos, del Estado del Bienestar y de la soberanía popular, para que sean los Estados, de forma democrática, los que regulen las reglas del juego, y no las insaciables multinacionales, que sólo buscan la lógica del beneficio a toda costa, sin importarles, desde su cima, ningún otro criterio. Bajo la excusa de la libre competencia (ya reflejada en el Tratado de Lisboa de 2007), se pretende abrir totalmente el abanico de servicios liberalizados, ahondando en la desregulación de los mismos, abriéndolos a la competencia privada, y despojando al conjunto de la ciudadanía de sus derecho a los mismos. Y para conseguirlo, pretenden dar a estos acuerdos transnacionales una categoría supraconstitucional, que limita la capacidad reguladora de los Estados en todos los niveles de sus respectivas Administraciones Públicas, en lo referente a la normativa que regula dichos servicios. Y aún es mayor la amenaza, al pretender hacer esto con un país como socio (EE.UU.) que sigue sin ratificar (dejaremos para un artículo posterior de esta serie todo el conjunto de normativas sobre derechos humanos que incumple USA) más de 70 Convenios de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Mal socio, referente y compañero de viaje hemos buscado, pues. Continuaremos en siguientes entregas.

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10 febrero 2016 3 10 /02 /febrero /2016 00:00

En la “lucha contra el terrorismo” que proclama Washington desde los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, en realidad enmascara cualquiera de sus agresiones militares contra otras naciones, y se incluye otra famosa frase, la de “daños colaterales”, que utiliza para justificar ataques y crímenes a poblaciones civiles

Rubén Abelenda

Creemos, a estas alturas de la serie, que hemos acreditado hasta la saciedad, bajo innumerables puntos de vista, usando infinidad de razonamientos y demostrándolo con hechos contrastados, que es una absoluta falacia la adscripción de Estados Unidos como una "democracia avanzada", así como el reconocimiento de su lucha "por los Derechos Humanos". Pero por si hubiese todavía lectores poco convencidos, les recomiendo este artículo de Michael Collon, de su propio sitio web, donde enumera un impresionante listado de varias de las aberraciones que el Gobierno de Washington ha perpetrado en su historia reciente, tales como armar a los saudíes en contra de los progresistas árabes, apoyado a la dictadura franquista en nuestro país, a la dictadura de Salazar en Portugal, apoyado la dictadura de Batista en Cuba, intentado acabar miles de veces con la revolución cubana, apoyado el sistema de apartheid en Sudáfrica, matado a 500.000 indonesios para imponer la dictadura de Suharto, instalado una dictadura militar en Vietnam, instalado una dictadura militar en Grecia, apoyado al golpista Pinochet para derrocar a Allende, armado a terroristas para desestabilizar Angola y Mozambique, asesinado a dos presidentes ecuatorianos para encumbrar en el poder a dictadores, derrocado al Presidente Zelaya en Honduras, apoyado al dictador Duvalier en Haití, apoyado a los talibanes en Afganistán, o a la contra nicaragüense. 

 

Pero aún hay más, sin agotar la lista: han invadido la isla de Granada, apoyado a los coroneles asesinos en Argentina, apoyado al General Banzer (y dictador) en Bolivia, apoyado las dictaduras feudales en Nepal y Tíbet, financiado a Mubarak en Egipto, apoyado los bombardeos con napalm del régimen etíope en Somalia, intentar derrocar y asesinar a Hugo Chávez en Venezuela (así como desestabilizar económicamente dicho país, y apoyado a los golpistas opositores), hacer lo mismo con Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, promocionar el derrocamiento del gobierno ucraniano y la guerra civil en Ucrania, así como las de Libia y Siria, y ¡cómo no!, apoyado y protegido todos los crímenes de Israel contra el pueblo palestino, quizá el genocidio más antiguo y sangrante de la actualidad. ¿Alguien da más? ¿Conocemos en la Historia (reciente) de la Humanidad algún país más macabro? Pareciera que los Presidentes estadounidenses no han evolucionado mucho desde los tiempos del Rey Agamenón, que afirmaba que "La paz es para los débiles...Los Imperios se forjan con la guerra". USA no sólo es un magnífico alumno de dichas enseñanzas (más de 3.500 años después), sino que pone en práctica dicho adagio a sangre y fuego. 

 

Claro, algo de optimismo nos podría llevar a pensar que los actuales líderes de Estados Unidos, en pleno siglo XXI, ya están hechos de otra pasta, que todas esos crímenes y correrías ya han quedado atrás, y que USA no tiene más remedio que volverse una nación civilizada...Si pensáramos esto, estaríamos en el más absoluto estado de inopia e ingenuidad posible, ya que basta mirar a los actuales líderes (sobre todo republicanos), para darnos cuenta de que, incluso, más que evolucionar, los candidatos norteamericanos retroceden, involucionan, empeoran su condición, su idiosincrasia. Tenemos hoy día quizá el caso más paradigmático de todos. Su nombre: Donald Trump. Tomamos como referencia este artículo de Howard Fineman para el medio The Huffington Post, para definir un poco la personalidad y las credenciales de dicho personaje. Trump es un peligroso multimillonario estadounidense, rancio, mal educado, agresivo, racista, xenófobo y arrogante, pero si sólo se quedara aquí, el problema no sería tan grave. Lo peor de todo es que Donald Trump no sólo falla en las formas, sino también en el fondo, representando no sólo la corriente más pura y dura del Tea Party (ultraconservadores y ultraliberales), sino la versión más agresiva del mismo. Y así, el grosero magnate norteamericano propone, entre otras, medidas como las siguientes:

 

1.- La construcción de un muro para militarizar la frontera entre EE.UU. y México

 

2.- Una postura belicosa en relación a Irán, China y Rusia

 

3.- Un absoluto desprecio por el Gobierno Federal, por todo el Gobierno (incluso por sus propios compañeros contrincantes a la Casa Blanca) y por la política tradicional que se ha venido practicando hasta ahora (pero no para suavizarla, sino para endurecerla).

 

4.- Un rechazo inmediato al acuerdo sobre el control de armas nucleares con Irán, que ahora está en el aire. 

 

5.- Una postura fortalecida a favor de la posesión individual de armas para la población norteamericana.

 

6.- El reemplazo de la reforma sanitaria de Barack Obama por un sistema privado de salud. 

 

7.- Una actitud de constante enfrentamiento, arrogante, irrespetuoso e injurioso, tanto en política como en los medios de comunicación, y en general, contra cualquiera que se le enfrente.

 

Este impresentable vocero del gran capital mundial, aunque acaba de sufrir una primera derrota en los caucus del Estado de Iowa, primero en liza para la carrera presidencial, no se priva a la hora de lanzar comentarios sexistas sobre las mujeres, de burlarse de los discapacitados, de arremeter abiertamente contra los políticos, de incendiar los medios de comunicación con sus groseras declaraciones, de insultar a los inmigrantes, sobre todo a los musulmanes (a quien pretende prohibir la entrada a los Estados Unidos), y de verter opiniones mezquinas e insulsas sobre asuntos fundamentales. Y lo mejor de todo, es que posee una buena cantera de ciudadanos/as norteamericanos/as que le apoyan, incluso con auténtica pasión, en todas estas barbaridades que acabamos de mencionar. Al parecer, su nicho de votantes responde al perfil de hombres blancos y jóvenes que apenas tienen una formación superior, que se dejan llevar por los exabruptos de Trump. Pero lo auténticamente significativo del fenómeno Trump es que representa de forma clara a un segmento muy importante de la población norteamericana, que le respalda sin fisuras.

 

Muchos expertos aseguran que él no hace más que vehiculizar públicamente lo que muchos/as norteamericanos/as piensan. Y desde ese punto de vista, lógicamente, Donald Trump es un producto de su propia sociedad, es un fiel reflejo de su gente, de lo que piensa un amplio sector de la ciudadanía norteamericana. Su grupo de fieles lo sigue a todas partes, y utilizan material de campaña de su propia factoría. Trump se ha convertido en un bufón mediático imprescindible, que además, planea seriamente hacerse con la Casa Blanca. Sus seguidores creen, desde su visión de la realidad política, que un empresario con una reputación de despiadado negociador (hombre de éxito, forjado a sí mismo, lo cual cuadra muy bien con la mentalidad norteamericana), puede ser un buen líder para la nación, respondiendo con ello, una vez más, al aberrante concepto que de la política poseen los estadounidenses (al menos, un gran segmento de ellos, tampoco queremos ser injustos). Como vemos, el Estado de Guerra Permanente continúa y continuará en USA, mientras líderes de esta calaña sean los que gobiernen los destinos de la nación más poderosa del mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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9 febrero 2016 2 09 /02 /febrero /2016 00:00

La corrupción es la injusticia y falta de solidaridad convertida en sistema

Rómulo Pardo

En el presente artículo vamos a intentar salir al paso de varias declaraciones realizadas de un tiempo acá por los dirigentes políticos (a veces también económicos) de las clases dominantes, y más concretamente del Partido Popular, en lo relativo a la naturaleza de la corrupción. Quizá una de las más argumentadas últimamente ha sido la pronunciada hace varios días por el Ministro de Justicia en funciones, Rafael Catalá, cuando al ser preguntado por esta cuestión, ha aseverado: "La corrupción se refiere a las personas, no a las organizaciones". Dichas declaraciones se enmarcan, como tantas otras, en el intento desesperado de defender al PP (como organización) sobre las acusaciones de corrupción en las que se está viendo envuelto, motivos por los cuales ya ha sido imputado (como organización). En realidad, es una afirmación más de tantas otras como se hacen en el intento de desviar el foco de atención, la responsabilidad y la gravedad sobre los casos de corrupción del Partido Popular, como cuando afirman que "corrupción existe en todas partes". 

 

Pero sin embargo, esta afirmación del Ministro Catalá (que tampoco ha sido original, ya fue proclamada por otros anteriormente) es especialmente significativa, así que vamos a tomar cartas en el asunto, para intentar rebatirla. Bien, parece ser que se parte de la idea de que no se puede tildar de "corrupta" a la propia organización, entidad, organismo o empresa (PP, en este caso), porque dicha cualidad sólo cabe asignarla a las personas. Desde ese punto de vista, parecería lógico, ya que tampoco las organizaciones son "bondadosas", "amables", "orgullosas", y un sinfín de características más de dimensión humana que atribuiríamos únicamente a las personas, y no a las organizaciones, al igual que si en una tienda familiar tres miembros de la familia son cojos, no diríamos que la tienda o el negocio es cojo, sino que son cojos sus dueños, o quienes lo gestionan. Perfecto hasta aquí. Impecable. Pero sin embargo, cuando afirmamos que el PP es corrupto, que es una organización criminal, pensada para delinquir, lo que estamos queriendo decir no es que determinadas personas concretas de dicha organización sean corruptas, sino que los propios procesos, sistemas, procedimientos y protocolos que dicha organización posee, o si se quiere, sus propios fundamentos de actuación, son corruptos. Es decir, es el propio sistema, formado, proyectado y creado por las propias personas que forman dicha organización, el que crea modos, formas, costumbres, usos y procedimientos corruptos, basados en métodos corruptos, y por tanto, donde no caben por definición procedimientos lícitos, éticos, morales y legales.

 

Y de ello tenemos infinidad de pruebas. Quizá la más evidente es que, cuando se han encontrado en el seno del partido (o en sus asesores o colaboradores) a personas que no querían seguir dichos procedimientos, el partido (las personas, pero también la propia organización) los han despedido, apartado, marginado o expulsado. Y a este nivel, es propio comparar al PP, por ejemplo, con una organización mafiosa, es decir, cuyo objeto es el diseño de una organización criminal. Y en este sentido, cuando por ejemplo hablamos de la mafia calabresa, no decimos que "sus miembros" sean los corruptos, sino que la propia organización lo es, pues está pensada para ello. Armando B. Ginés lo ha explicado en los siguientes términos: "Se quiere dar a entender que la corrupción no es estructural en el régimen capitalista, sino que presenta casos aislados e individuales, pasajeros y puntuales. Sin embargo, la corrupción del capitalismo es inherente al sistema. El capitalismo se basa en la corrupción ideológica, ética, política y económica. Su sustento, con añagazas legales o sin ellas, descansa sobre un dato objetivo: la explotación laboral y el robo institucional de una parte considerable del trabajo ajeno. A partir de esta premisa se construye un edificio jurídico, mítico y de valores que sostienen la ficción democrática bajo los conceptos estrella de libertad, igualdad y participación sociopolítica". 

 

Y al ser corrupto el propio sistema, podemos colegir que la organización es corrupta en sí misma. Podemos poner múltiples ejemplos, en otros órdenes, que compartirían una filosofía similar, y que podrían ayudarnos a entenderlo. Por ejemplo, no es lo mismo, hay que distinguir, entre la injusticia concreta que se pueda cometer contra un trabajador, y la injusticia que pervive en el propio sistema que permite que exista dicho trabajador. Una cosa es que sea injusto lo que un empresario pueda hacer, y otra cosa bien distinta es que es injusto el propio sistema que permite que dicho empresario pueda actuar de esa forma. Es una diferencia de dimensiones, entre el mundo de los árboles y del bosque, de las manzanas y del cesto, de los hechos y de las estructuras. El capitalismo es por tanto estructuralmente corrupto, y más allá de la lucha contra las injusticias concretas cometidas por él, es relevante la lucha contra el capitalismo en sí mismo, que permite que se den dichas situaciones. Podemos tomar como referencia también las palabras de Manolo Monereo y Héctor Illueca, que han dejado escrito lo siguiente: "Aunque a alguno se le erice el pelo, la actual forma del Estado no es la de un régimen democrático salpicado por casos de corrupción, sino la de un régimen oligárquico atravesado por la corrupción, y apenas disimulado por instituciones aparentemente democráticas". 

 

Esperamos que, después de estas reflexiones, quede acreditado, razonado y aclarado qué queremos decir cuando nos referimos al Partido Popular como organización corrupta en sí misma, y por tanto, pensamos que no es correcto dejarlo, como hizo recientemente el Ministro de Justicia, sólo en el ámbito de las personas. Nos cuentan esto para intentar que no veamos el bosque de la podredumbre de su formación política, con casos de corrupción sangrantes, innumerables y estructurales, con formas de actuar corruptas, con fines corruptos en sí mismos, que les han llevado desde el pago de las reformas de su sede central de C/. Génova pagada con dinero negro, hasta la cúpula del PP valenciano imputada al completo (han tenido que nombrar una Gestora provisional que dirija el partido allí), pasando por la Caja B y los sobresueldos de los dirigentes, los papeles de Bárcenas, o el expolio ingente de recursos y fondos públicos que hay detrás de los casos Gürtel, Púnica, Noos, Fabra, Camps, Matas, Granados, y un largo etcétera que hunde en el fango a esta organización, y que demuestra hasta qué nivel de ponzoña hemos albergado en nuestras instituciones. 

 

PS. Aún estamos esperando que Rajoy asuma responsabilidades políticas por los "...Te quiero, Alfonso, coño, te quiero..." y otras lindezas vertidas en los mítines del PP valenciano.

 

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