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1 junio 2017 4 01 /06 /junio /2017 23:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

Afirmar que las clases trabajadoras son los grupos sociales parasitarios que viven de los demás es un mito sin fundamento: son las grandes empresas y fortunas y los bancos quienes han asaltado los Estados y conquistado el poder que les permite vivir de rentas y no de la innovación y el riesgo

Juan Torres López

Bien, si aceptamos que existen en nuestra sociedad una serie de normas, surgidas de medidas que a su vez se han tomado desde una cierta óptica de privilegios e intereses creados por ciertos agentes económicos, y asumimos desde ahí que existe una arquitectura social y política proyectada en favor de la desigualdad, y estamos convencidos de que hay que actuar en sentido contrario, la siguiente pregunta sería: ¿Qué se puede hacer? Gran parte de las medidas que se pueden adoptar las hemos ido enumerando, no sólo en entregas anteriores (y las que vendrán en los siguientes bloques temáticos) de esta serie de artículos, sino en multitud de artículos concretos que hemos ido publicando en nuestro Blog. Por tanto, de lo que se trata es de continuar justificando su aplicación, comprendiendo sus motivaciones, y explicando sus efectos. De entrada, los impuestos y el gasto público son dos piezas del puzzle esenciales para equilibrar la balanza. Se trata de dos piezas magistrales, que bien movidas, pueden alterar sustancialmente la arquitectura de la desigualdad. De hecho, el sistema fiscal es una de las herramientas más importantes con que cuentan los Gobiernos de todo el mundo para hacer frente a la desigualdad, y en función de ella, aumentarla o disminuirla. Para demostrar esto, Oxfam Intermón realizó un estudio (cuyos resultados aparecen gráficamente en el documento de dicha ONG que estamos tomando como referencia para estos artículos) donde comparó el Coeficiente de Gini en 40 países antes y después de impuestos y transferencias, tanto en países de la OCDE como en América Latina y el Caribe. 

 

Estos datos demostraron la enorme capacidad redistributiva que posee un sistema fiscal bien diseñado cuando se combina con la consiguiente inversión pública para reducir la desigualdad de ingresos provocada por las condiciones de ese fundamentalismo de mercado al que nos hemos referido en entregas anteriores. Finlandia y Austria, por ejemplo, han conseguido reducir la desigualdad de ingresos a la mitad gracias a un sistema tributario progresivo y eficaz, acompañado de un gasto social bien orientado. En cambio, los sistemas fiscales mal orientados pueden empeorar la desigualdad. Cuando las rentas más altas disfrutan de tipos impositivos bajos y determinadas exenciones fiscales, y además pueden aprovecharse de vacíos legales en algunas materias impositivas, cuando los más ricos pueden ocultar su dinero en paraísos fiscales (hablaremos de ellos largo y tendido en su bloque temático correspondiente) fuera de sus fronteras, entonces las arcas públicas sufren cuantiosas pérdidas que el conjunto de la ciudadanía debe asumir, en una claro ejercicio de "acumulación por desposesión" (en expresión del geógrafo marxista británico David Harvey). Y desgraciadamente, la connivencia entre las empresas más poderosas y las élites nacionales e internacionales provoca que los sistemas fiscales (en sentido global) sean cada vez menos equitativos, agravando así la desigualdad. La lógica general está clara: si creemos en la sociedad (y no sólo en sus individuos) hemos de diseñar un sistema fiscal donde contribuya más a la misma quien más tiene y quien más gana. Pero sin embargo, los sistemas fiscales suelen ser cada vez más regresivos, y normalmente penalizan a los más vulnerables. Es otra de las consecuencias del elevado poder de las élites económicas, políticas y sociales que nos gobiernan. 

 

Tomemos un ejemplo fuera de nuestro país: el 20% más pobre de la población de Nicaragua tiene que destinar el 31% de sus ingresos al pago de impuestos, mientras que el 20% más rico contribuye con menos del 13% de sus ingresos. ¿Es éste un modelo de sociedad justa? ¿Podemos aspirar así a combatir la desigualdad? Por su parte, los impuestos indirectos (como el IVA), que recaen de forma desproporcionada sobre los más pobres, representan de media el 43% del total recaudado en Oriente Próximo y el Norte de África, y llegan hasta el 67% en el África subsahariana. Los países en desarrollo también poseen los índices de presión fiscal más bajos, lo cual significa que son los que están más lejos de alcanzar todo su potencial recaudatorio. Se nos inculca el bulo de que "hay o no hay dinero", en función de los intereses de un determinado Gobierno, comparando además el funcionamiento económico de un Estado con el de una familia. Pero esta es una tremenda falacia. Un Estado puede y debe controlar sus fondos públicos de manera autónoma (si partimos de la base de su soberanía), y para ello no debe renunciar a su capacidad de endeudamiento, así como a su capacidad de fabricar su propio dinero, siempre que todas estas opciones estén enfocadas al interés general. El neoliberalismo económico ha alterado también estas reglas del juego, dejando dichas capacidades reservadas para el sector privado, e impidiendo al sector público planificar sus fondos, repartos e inversiones. Mientras que, de media, en las economías avanzadas la recaudación fiscal alcanzaba alrededor del 34% del PIB en 2011, el porcentaje era mucho menor en los países en desarrollo (sólo entre el 15% y el 20% del PIB). Oxfam ha calculado que si la mayoría de los países de renta media y baja redujeran a la mitad su brecha fiscal, recaudarían en torno a un billón de dólares adicionales. 

 

La baja recaudación fiscal socava la efectividad en la lucha contra la desigualdad en aquéllos países que más necesitan la inversión pública para acabar con la pobreza e impulsar un desarrollo justo y sostenible. Asímismo, la recaudación fiscal en los países en desarrollo (y en otros desarrollados, como España) también se ve debilitada por la limitada capacidad de las Administraciones tributarias. Por ejemplo, los países del África subsahariana necesitarían contratar a más de 650.000 inspectores fiscales adicionales en el conjunto de la región para acercarse al promedio de inspectores por habitante de los países de la OCDE. En nuestro país, como decimos, también se han eliminado recursos humanos de la Administración tributaria, por lo cual no tenemos el personal necesario para hacer frente al elevado fraude fiscal practicado por las grandes fortunas y las empresas multinacionales. Es una estrategia de debilitamiento de los recursos humanos y materiales que se necesitan para vigilar un correcto funcionamiento del sistema. Por otra parte, la política de deducciones fiscales es otro gran puntal de los sistemas tributarios injustos: se trata de abundar en los privilegios fiscales, pero sólo para una minoría de los más ricos y poderosos. Por ejemplo, las políticas de empleo se han basado en nuestro país (acrecentándose esta práctica desde el comienzo de la crisis económica de 2007) en continuas subvenciones de las cuotas a la Seguridad Social que han de pagar las empresas por sus empleados, poniendo en marcha una serie de condicionantes que le hacen la vida más fácil a las empresas, todo bajo el supuesto objetivo de facilitar la empleabilidad. Sin embargo, todo ello no ha repercutido realmente en el aumento esperado de puestos de trabajo, porque realmente la crisis es financiera y de consumo, luego por tanto, por muy fácil que hagamos la contratación a las empresas, si éstas no tienen mercado donde colocar sus productos, de nada servirán dichas medidas. 

 

Y por su parte, la "carrera a la baja" en el Impuesto de Sociedades es una parte fundamental del problema. Los organismos internacionales y las instituciones financieras mundiales han alentado a los países en desarrollo y a los nuevos entes supranacionales (como nuestra Unión Europea) a ofrecer una extensa gama de incentivos fiscales (exenciones, rebajas y beneficios fiscales) a fin de atraer la inversión extranjera directa, así como para disminuir la contribución a la Seguridad Social que realizan los agentes económicos más poderosos. Se trata de una estrategia que debilita los fondos comunes que cohesionan al conjunto de la sociedad, pues son precisamente éstos los que deben contribuir más al sistema. Estos incentivos, por tanto, han erosionado considerablemente la capacidad del sistema para reaccionar ante contingencias y situaciones de crisis, a la vez que han disminuido la caja única de los fondos dedicados a la cohesión social. Y todo ello contribuye, una vez más, al incremento de la desigualdad, porque son los colectivos y personas más vulnerables las que más se aprovechan de la existencia de estos fondos comunes de cohesión (cotizaciones sociales, hucha de las pensiones, fondos para desempleo, etc.). Esta "carrera a la baja" impositiva es un elemento muy perjudicial que agrava en gran medida la desigualdad, ya que tiende a beneficiar sobre todo a quienes más ganan, además de constituir una pérdida de ingresos que podrían garantizar una mayor cobertura de los servicios públicos (sanidad, educación, políticas sociales, dependencia, etc.). Necesitamos revertir dichas medidas, para así garantizar un contexto social más redistributivo e igualitario. Continuaremos en siguientes entregas.

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31 mayo 2017 3 31 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

La cacareada libertad de prensa es la libertad de sus dueños en los medios privados y de los partidos gobernantes en los medios públicos que los instrumentalizan. Son todos ellos instrumentos al servicio del poder, y todos ellos comparten su hostilidad hacia las fuerzas políticas que consideran amenazantes para el poder que sostienen

Vicenç Navarro

Finalizando ya en esta última entrega esta serie de artículos, que espero haya sido de utilidad práctica a mis lectores y lectoras para identificar las herramientas que el pensamiento dominante utiliza para su masiva difusión, hemos de hacerlo más o menos como lo hacíamos al comienzo de la misma: detallando pequeñas pistas que puedan pasar desapercibidas, pero que representan claros testigos de la alienación a la que el pensamiento dominante nos conduce. Porque cuando el Presidente del Gobierno declara que el único periódico que lee es el Marca, tenemos un problema. Cuando la formación política más corrupta de toda Europa continúa siendo según las encuestas la más votada en nuestro país, tenemos un problema. Cuando el fútbol (al que hemos dedicado de nuevo nuestra imagen de entradilla) llega a acaparar la atención de tantas masas de personas, tenemos un problema. Cuando los focos de conflicto repartidos por todo el mundo no representan una preocupación para nosotros según la encuesta del CIS, tenemos un problema. Cuando después de cuarenta años de la muerte de un dictador genocida no hemos removido aún todos los resquicios del régimen franquista, tenemos un problema. Cuando nos volvemos insensibles ante tanta guerra, tanto sufrimiento, tanta muerte, tanta frialdad social, tanta indiferencia de los poderes públicos, tenemos un problema. Cuando recibimos como buena noticia la creación de unos pocos miles de empleos precarios, así como el aumento de los beneficios de nuestros milmillonarios, tenemos un problema. Y podríamos continuar. Tenemos un problema cuando tenemos una sociedad movida por los intereses individualistas, privados, egoístas y materialistas que representa el capitalismo. Tenemos un problema cuando, en una palabra, el pensamiento dominante ha conseguido moldear y uniformizar el pensamiento de tantos millones de personas. 

 

Armando B. Ginés, uno de los mejores críticos a mi juicio de nuestra realidad social, lo ha expresado en los siguientes términos: "Ante ese mundo heterogéneo de pobreza permanente y sufrimiento sin solución, las clases trabajadoras occidentales, muy dañadas por el neoliberalismo de rapiña de los últimos años, no son capaces de inventarse una alternativa coherente que enfrente las causas que han creado la realidad que hoy padecemos. Lo que intentan las élites por todos los medios a su alcance es que nadie tome conciencia de la verdadera situación sociopolítica, desviando las miradas hacia culpables imaginarios: los otros, los que viven en harapos, los que huyen de las bombas, las mujeres feministas, los radicales izquierdistas, los sindicalistas reivindicativos, los de distinta sexualidad, los no blancos y los no cristianos. Este fundamentalismo de las élites permite a los banqueros, a los políticos profesionales y a los directivos de los principales emporios multinacionales que dominan el mercado continuar en sus poltronas y seguir amasando beneficios astronómicos sin que la culpabilidad manifiesta de sus nocivas conductas roce siquiera un ápice su moral personal o corporativa. Mantener activo el nacionalismo, la xenofobia, el racismo y el machismo dentro de unos conductos ideológicos controlables a discreción, permite que la feroz lucha social por sobrevivir no produzca estallidos de relevancia que pongan en cuestión el orden establecido". Y así, el pensamiento dominante controla sus recursos, que a su vez controlan nuestras mentes, lo que pensamos, lo que sentimos, cómo actuamos. Controla incluso nuestros gustos, nuestras aficiones, nuestros hobbies, nuestras pasiones. Controla nuestras aspiraciones y nuestros deseos. Estamos fabricados a imagen y semejanza del pensamiento dominante. 

 

Y en este artículo del mismo autor, Ginés se refiere claramente a las válvulas de escape que el pensamiento dominante nos prepara como chivos expiatorios: "Y en este combate sordo de todos contra todos, las clases pudientes quedan fuera de las iras de la masa. Es más fácil y accesible directamente, sin intermediarios ni excesivas elucubraciones racionales, matar a una mujer, lanzar diatribas contra una musulmana por llevar burka o hiyab, escupir a un inmigrante, patear a un marginado, partirle la cara a un gay o una lesbiana o un transgénero o insultar a un árbitro de fútbol y liarse a puñetazos contra los hooligans del equipo adversario, que hacer frente a la realidad laboral y política in situ contra el enemigo común: el capitalismo y su egoísmo empresarial, la derecha recalcitrante y su corrupción inveterada o la izquierdita nominal que rinde vil vasallaje a los mercados bursátiles". En efecto, son los chivos expiatorios de turno, son las válvulas de escape de una sociedad decadente, son los recursos a los cuales nos dirige el pensamiento dominante para canalizar nuestras frustraciones. El pensamiento dominante nos desarma ante el enemigo común, incluso nos alía con él, nos hace que seamos comprensibles con él, para que no nos enfrentemos a las verdaderas causas que han diseñado un sistema político y económico tan cruel y despiadado. Y ello porque, como hemos podido ir comprobando a lo largo de toda esta ya extensa serie de artículos, desde que nacimos hemos sido manipulados, preparados y educados para aceptar los dogmas que rigen la sociedad. Esos dogmas pertenecen a múltiples variantes: ideologías políticas, religiones inútiles, historia oficial manipulada: todo ello con la participación de gobiernos aliados e implicados en el sistema, cómplices con él. 

 

La construcción de esquemas mentales alternativos, de pensamientos diferentes, que cuestionen ampliamente, desde la base, las propias reglas del mundo en que vivimos, es ciertamente complicado, y requiere dosis elevadas de toma de conciencia, de análisis y de aprendizaje. No obstante, si adoptamos una mente abierta, inquieta, crítica, que huya de sectarismos, que se libere de prejuicios, de dogmatismos, de simplismos, si juzgamos a las ideas por sí mismas, si somos insistentes en la difícil búsqueda de la verdad...poco a poco las puertas de la verdad se nos van abriendo, vamos comprendiendo realmente el mundo en el que vivimos, vamos asimilando sus peligrosas reglas y normas, vamos desvelando sus trampas, y por tanto vamos viendo de manera concreta cómo puede irse transformando. Es un reto gigantesto, quizá el mayor reto que tiene planteado la humanidad en estos momentos, pues el pensamiento dominante se ha globalizado de forma universal. Pero si perseveramos, en última instancia podremos conseguir que el pensamiento dominante nos haga el menor daño posible, ejerza en nosotros cada vez menos influencia, consiga cada vez alienarnos menos. Hemos de liberarnos de su dogal, hemos de salir de la enajenación a la que nos somete. Y hemos de hacerlo a nivel individual, pero también a nivel colectivo, esto es, como sociedad. Pero ese camino ha de ser recorrido con mucho cuidado, porque las fuerzas que mueven el pensamiento dominante nos pondrán todo tipo de obstáculos en el camino. Dichas fuerzas quieren impedir nuestra liberación sobre él, y son fuerzas muy poderosas. 

 

Hemos de estar alerta, porque los agentes que transmiten y apoyan la difusión del pensamiento dominante no se dejarán vencer fácilmente, y pondrán en marcha todas aquéllas medidas que intenten anular en lo posible la proliferación de pensamientos alternativos, de planteamientos críticos con el sistema. Las visiones diferentes realmente radicales serán acalladas, ignoradas, boicoteadas, chantajeadas, silenciadas. Las posibilidades van desde la condena al ostracismo profesional a ciertas personas consideradas non-gratas por el sistema (fundamentalmente periodistas, investigadores, politólogos, sociólogos, psicólogos...véase el caso concreto vivido por Ignacio Ramonet, que él mismo relata en este artículo a propósito de su amistad con Fidel Castro), hasta las más sibilinas técnicas de propaganda mediática para desvirtuar opciones, pensamientos y actitudes. Y esto, incluso y llegado el caso y el momento, de una manera feroz, trágica y violenta, porque de ejemplos de todo ello está plagada la Historia. En fin, aquí finalizamos esta serie de artículos, esperando haber cubierto el objetivo que nos habíamos marcado al principio de la misma, y que todas estas reflexiones hayan sido útiles para los lectores y lectoras. Si hemos contribuido humildemente a formar mentes más críticas y más abiertas, objetivo cumplido. Al menos, habremos contribuido con nuestro granito de arena a un mundo mejor, más libre y más humano. Continuaremos próximamente publicando artículos y series en esta sección de Psicología del Blog, lógicamente en lo que tenga que ver con los asuntos que nos atañen cotidianamente. Muchas gracias a mis lectores/as por su fidelidad. 

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30 mayo 2017 2 30 /05 /mayo /2017 23:00
Fotografía: http://www.ecorepublicano.es/

Fotografía: http://www.ecorepublicano.es/

Solo habría que hacer un poco de memoria para saber cuál ha sido la contribución de la Iglesia Católica en la reciente historia de España: el fomento de la ignorancia y la censura y de la servidumbre de los ciudadanos hacia las dictaduras fascistas, el cultivar la mansedumbre, el imponer la represión sexual de la población, apoyar el machismo y mantener a la mujer ungida al patriarcado más feroz

Antonio Gómez Movellán

En el artículo anterior de esta serie nos adentramos en las barbaridades y salvajadas que los niños y adolescentes vivieron en los internados franquistas de la época, apoyándonos en un estupendo documental de Montse Armengou y Ricard Belis, reseñados en este artículo que estamos tomando como referencia. Hemos de indicar también que los autores del citado documental también contactaron con algunos de los presuntos responsables de esos abusos, para corroborar los testimonios y contrastar la información.  Y algunos de los terribles testimonios se han incorporado también a la querella argentina contra el franquismo, ante la pasividad e indiferencia de las autoridades españolas. Y al contrario de lo que sucedió en Irlanda, donde tanto el Estado como la Iglesia han condenado los casos de abusos a menores, en nuestro país, el Estado ni siquiera ha escuchado a las víctimas. Pero como sabemos, con estas cosas ("son cosas que no importan a la gente", Mariano Rajoy dixit) aquí en España no pasa nada. La Ley de Memoria Histórica de 2007, aprobada bajo el Gobierno del PSOE de Zapatero, es un marco legal insuficiente, una ley estrecha de miras, y que no ocurre nada si se incumple. De hecho, se incumple casi diariamente, continuamente, se está incumpliendo mientras nuestros lectores y lectoras están leyendo este artículo. Incluso el indecente Gobierno del PP se ha jactado públicamente de dedicar "0 euros" del presupuesto público para ella. Son los mismos gobernantes que se llena la boca con "el cumplimiento de la ley", pero únicamente para los asuntos que a ellos les interesan políticamente. 

 

La Ley de Memoria Histórica, evidentemente, tampoco interesa a la Iglesia Católica. Ella consagró un modelo histórico de relación entre la política y la religión durante el franquismo, y se niega a que dicho modelo sea abolido. Poder y adoctrinamiento religioso formaron un peligroso tándem durante los cuarenta años de dictadura, y se resisten a derogarlo. Durante muchas épocas históricas, la Iglesia ha intentado que los poderes públicos deriven hacia ese totalitarismo de la fe cristiana, y cuando lo han conseguido, la cruz se ha convertido también en la espada. Incluso muchos teólogos han legitimado lo que pudiéramos denominar la fundamentación teológica del poder totalitario de la Iglesia. El franquismo fue un ejemplo de ello. El nacionalcatolicismo era la forma de pensar oficial, la manera de entender la vida, la actitud ante los roles sociales de hombres y mujeres, y ante la patria. El conjunto de valores morales católicos se impuso a sangre y fuego. Y llegan hasta nuestros días, donde algunos personajes de la jerarquía eclesiástica aún destilan ese odio en sus palabras hacia las mujeres, hacia los homosexuales, hacia la izquierda política y social. Y aunque nuestra Constitución de 1978 declare la aconfesionalidad del Estado, a efectos prácticos nuestro país sigue siendo un Estado católico. Aquélla Iglesia franquista del nacionalcatolicismo proyecta su alargada sombra hasta nuestros días. La insoportable y nefasta hipoteca de la Iglesia continúa aplastando la libertad de pensamiento que todo Estado laico requiere. En ese sentido, pues, hemos avanzado poco. La completa superación del franquismo también requiere la plena separación entre el ámbito eclesiástico y el ámbito del Estado, es decir, entre el ámbito público y el ámbito privado. 

 

En nuestros días, la Iglesia Católica continúa con su pretensión de someter al poder civil, enfrentándose públicamente a cuantas leyes, decretos y proyectos puedan perjudicar sus privilegios, o bien puedan alterar o hacer evolucionar el pensamiento religioso dominante. La Iglesia continúa intentando arrogarse el poder espiritual en nuestra sociedad, sin aceptar que sus tiempos de gloria han pasado, y que las sociedades libres y avanzadas separan (siempre desde el respeto institucional) su ámbito público del ámbito de las creencias privadas de los fieles de una determinada confesión religiosa. El laicismo es un principio indisociable de la democracia, lo cual constituye otro argumento más que abona la tesis que siempre hemos defendido: en realidad, desde la Transición hasta aquí, no hemos gozado de una democracia completa y real, solo de un amago de la misma, de una apariencia o disfraz de democracia, de una democracia limitada y recortada. Y hoy día, desde el marco legal de nuestra Carga Magna, hemos suplantado ese laicismo genuino por una laicidad del proselitismo católico. La Iglesia sigue percibiendo ingentes fondos públicos del conjunto de la sociedad, sigue impartiendo religión en las aulas públicas, y su simbología y filosofía política continúan presentes en todos los aspectos de nuestra vida social. Bajo la apariencia de un falso pluralismo religioso (pues la confesión católica es la única reconocida y apoyada por el Estado), los Gobiernos del bipartidismo imperantes hasta hoy día han instaurado un sistema que destruye la propia esencia del laicismo, y consagran la no-separación entre Iglesia y Estado. 

 

Una superación completa del franquismo conlleva por tanto dejar atrás el enorme poderío de la confesión católica en nuestro país, y una nueva conciencia colectiva sobre la necesidad (insistimos, desde el más absoluto respeto a todas las religiones) de separar los ámbitos público y privado. Hay que desarrollar en la sociedad una autonomía moral sobre todas las confesiones religiosas, así como una ética laica de la vida, que conlleve una nueva óptica de pensamiento donde los dogmas católicos dejen de absorber los planteamientos que se puedan hacer sobre todos los problemas de la vida social. Pero como venimos exponiendo durante toda esta serie de artículos, la superación real del franquismo implica muchas más vertientes, actitudes, decisiones y manifestaciones. Aquí van algunas de ellas, recogidas en la reciente PNL (Proposición No de Ley) mediante la cual el Congreso ha instado al Gobierno: volver a dotar las partidas presupuestarias dedicadas a la memoria histórica. Tomar un papel activo en la localización de fosas comunes e identificación de los cadáveres. Crear bancos de ADN, puesto que muchos de los familiares de las personas desaparecidas durante la Guerra Civil tienen ya una edad muy avanzada. Reabrir la Oficina de Ayuda a Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, que, hasta que la cerraron por la falta de voluntad para dedicarle presupuesto, era el órgano que coordinaba todos estos asuntos. Impulsar la retirada de todos los símbolos que exaltan la sublevación militar, la guerra o la dictadura (placas, monumentos, esculturas, callejeros, etc.). Ampliar el reconocimiento de la nacionalidad española a personas que la perdieron a causa del conflicto. Elaborar un censo completo de obras realizadas usando mano de obra esclava y trabajos forzados de presos políticos, y colocar placas que homenajeen a éstos. Cortar todo tipo de subvenciones dedicadas a las organizaciones que ensalcen la figura del dictador, y valorar la declaración de nulidad de las condenas dictadas por los tribunales penales franquistas contra quienes defendieron la legalidad republicana.

 

Por supuesto, la voluntad de los actuales gobernantes para llevar a cabo todas estas tareas es nula. Se siguen amparando en lógicas absurdas: "No queremos remover el pasado", "No debemos reabrir heridas", "Dejemos a los muertos en paz", "Con la crisis que estamos viviendo esto no es prioritario". Y al igual que un nuevo Proceso Constituyente, sí es prioritario. La base social que aún apoya o es equidistante con respecto al franquismo es la misma que continúa apoyando la Monarquía, y ambas facetas responden a un mismo problema, un problema que se sitúa en la base de la pirámide de todos los males que nos afectan. No se puede continuar ignorando esto, dedicándonos a resolver ciertos conflictos, pero olvidándonos de lo más importante, es decir, de los aspectos sociales que aún legitiman el autoritarismo y la explotación capitalista (así como la explotación espiritual de las mentes) que el franquismo supuso durante cuarenta años, y la propina "democrática" que llevamos sufriendo durante otros cuarenta más. Llevamos por tanto cuarenta años de retraso. En realidad, llevamos 80 años de retraso para volver a instaurar la legalidad y legitimidad republicanas, esa misma que destruyeron los militares golpistas, con ayuda de la Iglesia Católica, los grandes banqueros, empresarios y terratenientes de la época, y el apoyo de los fascismos europeos. No podemos esperar más tiempo. No debemos esperar más tiempo. La completa, absoluta y real superación del franquismo es un asunto prioritario para aspirar a una sociedad democrática que pueda presumir de ello. Es una cuestión de salud democrática, de saneamiento social, de liberación moral, espiritual y material. Continuaremos en siguientes entregas.

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29 mayo 2017 1 29 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

La derecha venezolana es una cobra de dos cabezas que serpentea al ritmo de la flauta de Estados Unidos

Laila y Basem Tajeldine

Nuestro país se ha convertido, desgraciadamente, en el estercolero de la derecha venezolana (en expresión de Marcos Roitman), dando argumentos al Presidente Nicolás Maduro en sus frecuentes ataques a nuestro indecente Gobierno. El PP y Ciudadanos, y un amplio sector del PSOE, se han empeñado en promover en nuestro territorio las bondades de la "oposición" venezolana, y en presentarla como víctima de la "dictadura chavista" de la Revolución Bolivariana. Es un proceso que no es nuevo, ya se viene dando de forma activa desde la colaboración de Aznar en el intento fallido de golpe de 2002, durante la etapa de Hugo Chávez. Los medios de comunicación dominantes nos presentan cada día la cara oscura y caótica de las calles venezolanas, mostrándonos un paisaje de cuasi guerra civil. No entran a detallar las verdaderas causas de dichas movilizaciones, ni a explicar los verdaderos motivos del desabastecimiento de productos básicos. Esconden la extrema violencia de los "opositores" al chavismo, y nos presentan, como siempre, una visión sesgada e interesada de la realidad venezolana. Su alianza con la extrema derecha norteamericana es evidente, así como con el resto de países donde el sistema neoliberal campa a sus anchas. Es ese mismo sistema el que quiere volver a sus fueros, derrotando todas las conquistas populares del chavismo, que lógicamente disminuyen los privilegios de los más ricos y poderosos. 

 

Pero incluso todo ello ha llegado a expresarse en nuestras ciudades, en forma de una nueva escalada en las estrategias desestabilizadoras, donde también cortan el tráfico, agitan pancartas, persiguen a los diplomáticos, boicotean manifestaciones de los que defienden el gobierno venezolano, abortan actos públicos, amenazan de muerte a los que no se alinean con sus tesis, y promueven la violencia para derrocar al régimen chavista. Nuestro gobierno y muchos líderes políticos de la derecha, así como los ex Presidentes Aznar y González, han celebrado numerosos actos de acogida y expresión de ciertos personajes de la derecha venezolana, tales como el padre del golpista Leopoldo López, su mujer Lilian Tintori, o María Corina Machado, así como algunos líderes de la MUD. Como ejemplo de todo ello, el pasado jueves 11 de mayo se perpetró un ataque a la sede de la Embajada de Venezuela en nuestro país, donde se celebraba un acto informativo del Comité de Víctimas de la Guarimba y el Golpe Continuado. Dicho local como es lógico goza de inviolabilidad diplomática, pero sin embargo, las fuerzas de seguridad del Estado permanecieron pasivas ante el ataque de los violentos manifestantes (de hecho, se confirmó que la Delegación del Gobierno había dado órdenes de no intervenir). A raíz de todo ello, más de 100 organizaciones sociales han denunciado en un Manifiesto que la oposición venezolana está exportando su violencia callejera al Estado Español, al sentirse perfectamente acogida por nuestras autoridades (con algunas excepciones, claro está, como por ejemplo la Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ejemplo de tolerancia en la inmensa mayoría de asuntos). 

 

A todo este clima de acoso al legítimo Gobierno de Maduro se unen por supuesto los medios de comunicación dominantes, propiedad de los grandes grupos económicos y financieros, que no sólo hacen continuo eco de la tensión vivida en las calles de Venezuela, sino que además insisten en su manipuladora campaña de presentar al gobierno bolivariano como corrupto y autoritario, mientras difunden el papel de una oposición que únicamente desea para su país libertad y democracia. Nada más lejos de la realidad. Lo que se está viviendo en Venezuela es lo más álgido de un proceso de desestabilización conspirado a nivel internacional por las derechas de los países latinoamericanos (auspiciados por la OEA, de la cual Venezuela ha salido recientemente), y bajo el paraguas de la derecha imperialista norteamericana. Y nuestro país, por supuesto, bajo el Gobierno del PP y de sus aliados de la triple alianza, participa de forma entusiasta en la desestabilización del régimen, bajo indecentes proclamas que dicen interesarse "por un país amigo como Venezuela". La derecha no tiene amigos en ningún sitio, sólo obedece a intereses. Y cuando dichos intereses se ponen en juego, son capaces de desatar la violencia más extrema para revertir los procesos democráticos y populares que los amenacen. Como se indica en el manifiesto de referencia, estamos ante una actuación absolutamente coordinada con las campañas de injerencia del PP contra la República Bolivariana de Venezuela, junto con otros partidos políticos del arco parlamentario neoliberal, y la constante manipulación de los medios de comunicación. 

 

Resulta muy significativo comprobar hasta qué punto Nicolás Maduro tenía razón cuando indicaba al eje "Madrid-Caracas-Miami-Washington" como el responsable de la desestabilización que sufre Venezuela, no como consecuencia de un Gobierno represor y antidemocrático, como la derecha mediática nos cuenta, sino  como consecuencia de la constante ofensiva de las derechas políticas española, latinoamericana y estadounidense. Hoy más que nunca hemos de pedir solidaridad con la Revolución Bolivariana, y denunciar tanta falacia y tanta hipocresía, porque el interés de la derecha española por la cuestión venezolana no tiene nada que ver con la defensa de los Derechos Humanos, de la democracia y de la libertad, sino con la clara injerencia política y el intervencionismo, y con la intoxicación mediática permanente, bajo un proceso de apoyo a los sectores más violentos para el derrocamiento del Gobierno del Presidente Nicolás Maduro. Y es que bajo una sarta de mentiras amplificadas con la inestimable colaboración de la prensa dominante, se vierten un conjunto de acusaciones sin fundamento, y se teje toda una construcción absolutamente falseada de la realidad. Se nos presenta a los manifestantes como inocentes disidentes políticos, injustamente encarcelados por un gobierno represor. Pero esto no es cierto. Lo que se esconde detrás de la "oposición" venezolana es toda una organización dedicada a alterar por la fuerza el orden constitucional vigente en su país, y a derrocar mediante la violencia a un gobierno elegido democráticamente. Para ello cuentan con la colaboración de mercenarios sufragados por Estados Unidos, y con el patrocinio de otros ex Presidentes latinoamericanos, que son los mismos que aparecen de vez en cuando firmando colectivamente documentos que hacen llamamientos al respeto a los derechos humanos en Venezuela. Toda una auténtica farsa puesta al servicio de las fuerzas de la ultraderecha más retrógrada. 

 

¿Por qué todo esto en Venezuela? ¿Por qué este clima de terror callejero, de violencia continua y extrema? ¿Por qué el desabastecimiento de comercios, de alimentos y productos básicos? ¿Por qué tanto eco mediático, cuando otros puntos del planeta resultan más calientes para la destrucción de los derechos humanos? Está bien claro, pero ofrece varias vertientes: Venezuela está en el punto de mira porque desde la llegada al poder de Hugo Chávez representa un mensaje que postula democracia frente a dictadura de los mercados, que postula fraternidad contra racismo, que postula cooperación y solidaridad contra discriminación, que postula servicios públicos frente a privatización, que postula patriotismo frente a entreguismo, que postula paz frente a violencia golpista y terrorista, y que postula educación, salud y asistencia social para todos, y de forma gratuita, frente a recortes y "planes de ajuste estructurales". Y a su vez, Venezuela es un país rico en petróleo y recursos naturales, esencial para controlar la geopolítica de la región, pero que se niega a servir a los intereses de las grandes corporaciones y empresas transnacionales, representantes del gran capital, cuyos siervos son estos indignos políticos de tres al cuarto que dicen "luchar por los derechos humanos". Por último, Venezuela, sobre todo durante los mandatos de Chávez, ha conseguido sembrar esa semilla, la semilla del Socialismo del siglo XXI, por muchos sitios de América Latina, desmontando las organizaciones que servían a los intereses imperialistas norteamericanos, y avanzando en la auténtica integración regional de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Todo eso es lo que pretende ser destruido. No lo permitamos. ¡Hasta la Victoria Siempre!

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28 mayo 2017 7 28 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

El verdadero peligro para el mundo no es Corea del Norte, como no lo es Siria, ni lo fue Libia. Como tampoco lo es Rusia, Venezuela o Irán, por más que Washington repita este discurso absurdo, irracional y con el claro propósito de generar un estado favorable a sus intenciones imperiales. El verdadero peligro para el mundo es la política exterior estadounidense y sus afanes hegemónicos. Su política hostil contra ciertas naciones, su apoyo a regímenes cuyas ideologías son las que desestabilizan al mundo: el wahabismo y el sionismo principalmente, sin que ello pueda ser detenido debido a la impotencia y la complicidad de organismos como la ONU, la OTAN, la Unión Europea, que suelen efectivamente bailar al compas de las notas musicales emitidas desde Washington

Pablo Jofré Leal

Estamos intentando explicar la compleja situación y reacción de Corea del Norte, ante el continuo hostigamiento de Estados Unidos, por supuesto desde un prisma pacifista, es decir, situando por delante nuestra crítica a la escalada armamentista norcoreana, pero intentando ser justos en nuestros planteamientos. Y siguiendo los razonamientos de Pablo Jofré expresados en este artículo, Corea del Norte sostiene que frente a la política de agresión estadounidense, está preparada para una guerra total, que evite ceder a las presiones extranjeras, y sobre todo caer en el error de la Libia de Gadaffi, que abandonó su programa nuclear años antes de caer bajo el poder de los mismos que exigieron el desmantelamiento de un programa que podría haberle dado la protección que Corea del Norte exige. Es decir, la pregunta de base podría ser: ¿Con qué autoridad decide Estados Unidos (y sus aliados) quién puede y quién no puede llevar a cabo un programa nuclear? ¿Quiénes son ellos para erigirse como valedores morales del resto de los países, cuando precisamente representan lo peor del belicismo mundial? Es evidente que desde un punto de vista pacifista NINGÚN PAÍS debería desarrollar un programa nuclear con objetivos armamentísticos, pero lo que no es de recibo es que ni Estados Unidos ni ningún otro país se arrogue la potestad de prohibir o permitir dicha escalada a terceros países. Porque precisamente USA es el mayor exponente de la escalada armamentista, y ningún otro país en ningún foro internacional ha prohibido a los estadounidenses llevarla a cabo. 

 

Por tanto, y en primer lugar, la propia comunidad internacional debería reaccionar democráticamente en contra de este supuesto liderazgo estadounidense en cuestión de armamento para el resto de países. El control del armamento mundial debería ser una cuestión decidida democráticamente por los foros universales, y no estar al capricho de unas pocas potencias (que, en realidad, se reducen a una: Estados Unidos). Bien, pero no todo es responsabilidad del gigante norteamericano, aunque es el principal actor. Rusia y China, por su parte, han hecho un llamamiento para reducir la tensión y el clima bélico, y encontrar una salida negociada, pero también han puesto en alerta sus fuerzas armadas. Y al otro lado, Japón y Corea del Sur actúan como aliados de Washington en la zona. Y  una vez repartidos los papeles, cada actor juega el suyo. China ha declarado que no tiene ninguna manera de influir en las decisiones de su vecino respecto a su programa nuclear, y ha instado a Estados Unidos para que tome el camino del alivio de las tensiones en lugar de presionar a Pyongyang mediante acciones intimidatorias que tienden a encender las pasiones y a exaltar los ánimos, en lugar de buscar alternativas de diálogo, en las cuales China se declara dispuesta a participar. Pero ya sabemos que Washington no entiende otro lenguaje que no sea el de la fuerza. Pero China, a pesar de esta postura, no ha escatimado críticas contra el gobierno de Corea del Norte, a partir de lo que ha denominado la tozudez del gobierno norcoreano en las pruebas de sus misiles balísticos estratégicos y que significó, por ejemplo, que durante febrero de 2017 Beijing suspendiera la importación de carbón norcoreano. 

 

Sin duda este es el camino, y no el de la permanente hostilidad que Washington despieliega hacia Corea del Norte, mientras asedia sus contornos con maniobras militares. Las presiones que la comunidad internacional debe ejercer contra cualquier país que intente desarrollar una carrera armamentista (aún basada en pretextos tecnológicos) deben ser de tipo económico y diplomático, aceptadas por consenso, y ejecutadas mediante sistemas que permitan controlar su validez y sus resultados. La senda pacifista, como tantas veces hemos argumentado, siempre ha de huir de soluciones violentas, agresivas o belicistas. Echar más leña a un fuego nunca es una salida. Y menos aún cuando dichas decisiones y medidas se adoptan de modo unilateral, sin el concurso de la comunidad internacional. Recientemente, el medio Rebelion.org, entrevistaba a través de su periodista Enric Llopis al Embajador de Corea del Norte en España, Kim Hyok-Chol, quien declaraba abiertamente: "Nos vemos obligados a poseer armas nucleares como medio de independencia y justicia frente al asedio exterior", denunciando la agresión imperialista por parte de Estados Unidos. Ya lo hemos dicho y lo volvemos a reiterar: no estamos de acuerdo con la posición norcoreana, pero su postura es perfectamente comprensible, a tenor de su papel como pequeño país que pretende no ser (como el resto) una marioneta más en manos de Washington. Y aquí como en tantos otros asuntos, la tremenda hipocresía de los aliados de la potencia norteamericana se deja ver muy fácilmente. Callan continuamente ante las continuas agresiones de Washington en cualquier país, pero se rasgan las vestiduras si el régimen norcoreano realiza pruebas y ensayos de misiles balísticos. 

 

En este sentido, las palabras del Embajador norcoreano en nuestro país eran muy reveladoras: "Con Estados Unidos no es cuestión de comunicarse, sólo cabe la acción; sólo es posible que se dobleguen si contamos con la fuerza suficiente". Lo cual delata, en el fondo, que los foros de la comunidad internacional son absolutamente incompetentes para cumplir su obligación de democratizar el poder y la gobernanza mundiales. Porque si fuera Naciones Unidas quienes leyeran la cartilla a Washington con la fuerza del resto de países, todos a una, controlando y haciendo ejecutar y vigilar sus resoluciones, nada de esto pasaría. Es un fracaso de la comunidad internacional, con un grado mayor de complicidad de todos los aliados occidentales de Washington, que le ríen constantemente las gracias, y se han convertido en sucios vasallos de su política imperialista. Corea del Norte, por tanto, basa sus acciones en un "justo derecho a la autodefensa", y lo apostilla el Embajador en nuestro país argumentando que "Corea es una nación con más de 5.000 años de historia que jamás ha arrojado una piedra a otros países", contraponiendo frente a esta realidad "el terrorismo imperialista norteamericano de agresión". Y por supuesto, los medios de comunicación dominantes continúan con su propaganda proyanki, justificando siempre las acciones norteamericanas, y tratando a los gobernantes y al pueblo norcoreano como psicópatas que desean una guerra. Pero veamos los datos para comprender cómo la situación es absolutamente desproporcionada.

 

En febrero de este año el medio BBC Mundo daba cuenta de la exhortación de Donald Trump a "fortalecer" y "expandir" el arsenal nuclear de Estados Unidos. ¿Algún país puso el grito en el cielo por ello? ¿Se escandalizó algún foro internacional? ¿Hubo algún llamamiento en contra de la decisión de Trump? Ya sabemos la respuesta. Añadamos que dicho arsenal multiplica por 31 el de Reino Unido, por 26 el de China o por 22 el de Francia, según la ONG "Asociación de Control de Armas" (con sede en Washington), que cita datos del propio Departamento de Defensa estadounidense. La citada fuente señala que Estados Unidos y Rusia poseen el 90% del arsenal nuclear mundial. Mientras el gigante norteamericano cuenta con 6.800 ojivas nucleares, Corea del Norte dispondría de una decena. ¿Es esta a ojos de cualquier observador justo e imparcial una situación deseable? ¿Tiene sentido que precisamente el mayor poseedor de ese tipo de armamento recrimine a terceros países su posesión? ¿Hace caso Washington de los constantes llamamientos al desarme nuclear mundial? ¿Tiene autoridad moral para instigar a otros países si libremente deciden desarrollar procesos de este tipo? Insistimos una vez más para que no haya duda ni malinterpretaciones de nuestra posición, ni del sentido de una senda pacifista: el desarrollo de armas nucleares ha de ser progresivamente reducido en la totalidad de los países. Punto. Pero esto no puede ser liderado a golpe de amenaza precisamente por la potencia que más armas de este tipo posee en todo el planeta, que además resulta ser la causante de la inmensa mayoría de conflictos armados desde hace siglos, sino que tiene que ser liderado por la propia comunidad internacional, en un proceso guiado, vigilado y controlado democráticamente, y donde todos los países se encuentren bajo esta obligación. Continuaremos en siguientes entregas.

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25 mayo 2017 4 25 /05 /mayo /2017 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (39)

Así como cualquier revolución se come a sus hijos, el fundamentalismo de mercado sin control puede devorar el capital social necesario para el dinamismo a largo plazo del propio capitalismo. Todas las ideologías tienden al extremo. El capitalismo pierde su sentido de la moderación cuando la confianza en el poder del mercado entra en el terreno de la fe. El fundamentalismo de mercado (reflejado en una regulación mínima, en la convicción de que no es posible identificar las burbujas y de que los mercados son siempre claros) ha contribuido directamente a la crisis financiera y al consiguiente deterioro del capital social

Mark Carney (Gobernador del Banco de Inglaterra)

Como estamos exponiendo, esta arquitectura social de la desigualdad está fundamentada en el exagerado predominio de una élite poderosa, que configura las ideas predominantes y el debate público en su favor. De hecho, durante mucho tiempo, las élites de todo el mundo han utilizado su dinero, poder e influencias para dar forma a los dogmas y percepciones imperantes en la sociedad, y han ejercido este poder para oponerse a medidas que hubieran reducido drásticamente las desigualdades. Las élites políticas, sociales y económicas han utilizado esta influencia para promover ideas y normas que respaldan los intereses de los privilegiados, es decir, de ellos/as mismos/as. Bajo un aparente disfraz democrático, han puesto a su servicio las leyes, los cuerpos y fuerzas de seguridad y todo el aparato del Estado, para garantizar que se blindaban sus privilegios e intereses. Por todo ello es tan complicado abatir todo este complejo edificio social consagrado a perpetuar la desigualdad. Este es el motivo principal de que en gran parte del mundo exista una percepción bastante equivocada de la magnitud y el alcance de la desigualdad y de sus causas. Asímismo, las élites también utilizan su poder para frenar activamente la difusión de ideas contrarias a sus intereses, y en los casos más graves (obsérvese lo que está ocurriendo en Venezuela), las élites de todo el mundo organizan activamente la resistencia hacia los regímenes políticos que se orientan hacia sistemas económicos más igualitarios. 

 

Este comportamiento por parte de las élites debilita y socava la propia democracia, al negar a las personas y colectivos que no forman parte de esos grupos la capacidad de hacer oír sus opiniones y planteamientos en un plano de respeto e igualdad, lo cual mina la capacidad de la inmensa mayoría de la población para ejercer sus derechos, además de impedir a los colectivos más pobres y vulnerables salir de la exclusión social y de la pobreza. De hecho, desde el año 2011, esta separación entre las élites y el resto de la ciudadanía ha desatado protestas masivas en todo el mundo, desde Estados Unidos hasta Oriente Próximo, tanto en economías emergentes (como Rusia, Brasil, Turquía o Tailandia), como en Europa (incluso en Suecia). La mayoría de los cientos de miles de hombres y mujeres que tomaron las calles y las plazas en las grandes ciudades de estos países, eran ciudadanos/as de clase media que veían cómo sus Gobiernos no estaban dando respuestas a sus peticiones, ni defendiendo sus intereses, ni representándolos en los Parlamentos. Y así, movimientos como el 15-M en España, Nuit Debout en Francia, u Occupy en Estados Unidos, así como las llamadas "Primaveras Árabes" en los países de Oriente Próximo, han sacado a la luz el descontento popular y la denuncia de las mayorías sociales ante este secuestro democrático por parte de unos pocos, en detrimento de los muchos. ¿Y cuál ha sido la respuesta de las élites ante esta denuncia? Pues lamentablemente, en muchos lugares, los Gobiernos han respondido limitando de forma legal (e incluso extralegal) el derecho de la ciudadanía a exigir responsabilidades a esos Gobiernos y a las Instituciones, en lugar de priorizar sus derechos en la elaboración de políticas, y frenar la influencia de las élites más poderosas. 

 

O bien se han aprobado leyes restrictivas de derechos fundamentales y libertades públicas (incluso declarando estados de excepción democrática), o bien simplemente se han lanzado campañas coordinadas de acoso a las organizaciones de la sociedad civil, en un intento de frenar a los ciudadanos que tratan de expresar libre pero contundentemente su indignación ante el secuestro del poder político y económico por parte de una minoría. Hay que continuar en esta línea de la movilización y de la protesta popular, de la lucha en la calle y en las instituciones, pues es el único camino para cambiar la mentalidad social, destapando toda esta arquitectura de la desigualdad, y proponiendo medidas y sistemas alternativos más igualitarios. Las élites que nos gobiernan nunca van a renunciar a su poder voluntariamente, ha de ser el conjunto de la sociedad civil quien se enfrente a ellas, desarmando su influencia mediante procesos democráticos apoyados por la mayoría. Es posible y necesario adoptar medidas para revertir las tendencias que agrandan la enorme brecha que actualmente separa a ricos y pobres, a los poderosos de aquéllos que no tienen ningún poder. El mundo necesita medidas coordinadas para construir un sistema político y económico más justo, que ponga a la mayoría por encima de una minoría. Las normas, medidas y sistemas que han dado lugar a esta desigualdad extrema que padecemos en la actualidad tienen que cambiar, y deben adoptarse decisiones para equilibrar la situación, introduciendo políticas que redistribuyan la riqueza y el poder, que fomenten la justicia social, y que prioricen el reparto y la igualdad. 

 

El camino hacia un mundo más equitativo es, pues, imperiosamente necesario y urgente. Las obscenas desigualdades actuales no pueden continuar. Son nefastas desde todos los puntos de vista, que ya hemos expuesto en entregas anteriores de esta serie. Desde 1990, tanto en países de renta baja, como en los de renta media y alta, los ingresos derivados del trabajo constituyen un porcentaje cada vez menor del PIB, y un porcentaje cada vez mayor del mismo proviene de las rentas del capital, lo cual constituye una peligrosa tendencia que aumenta la desigualdad material entre ricos y pobres. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las políticas que redistribuyen los ingresos en favor del trabajo, como el aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), mejorarían significativamente la demanda agregada y el crecimiento, además de reducir la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, las últimas décadas se han caracterizado por un contexto de debilitamiento de la legislación laboral, que unido a las campañas de desprestigio de los sindicatos y a la capacidad de las industrias para trasladarse allí donde los salarios son más bajos y los trabajadores poco activos en la defensa de sus derechos, ha provocado que muchas empresas hayan optado libremente por ofrecer a sus trabajadores salarios de miseria y condiciones laborales precarias e indignas. Según la Confederación Sindical Internacional (CSI), más del 50% de los trabajadores a nivel mundial tienen empleos vulnerables o precarios, y el 40% está atrapado en el sector informal, donde no existen ni el salario mínimo ni los derechos laborales. En la actual economía global, muchos sectores se organizan en cadenas de valor mundiales: es el caso de las industrias manufactureras, como el textil o la electrónica, y del comercio de productos agrícolas básicos, como el azúcar o el café. 

 

En estos sectores, las empresas transnacionales, agentes económicas de un tremendo poder, controlan complejas y extensas redes de proveedores en todo el mundo, y obtienen enormes beneficios por contratar a trabajadores en los países en desarrollo, a los cuales no garantizan ni las más mínimas condiciones laborales. Trabajo esclavo y precariedad integral son las características que están detrás del poderío de estas grandes empresas, que se aprovechan de un sistema empeñado y dedicado a garantizar, extender y perpetuar las desigualdades. Y como es lógico suponer, los altos directivos de estas grandes empresas nadan en la abundancia, llevan escandalosos trenes de vida, y ejercen un liderazgo social indiscutible. Algunas personas aducen que la escasa remuneración de los trabajadores de estos grandes imperios empresariales en los países en desarrollo es el resultado de la demanda de precios bajos por parte de los consumidores finales. No es cierto. Numerosos estudios han demostrado que incluso un aumento significativo de los salarios en, por ejemplo, la industria textil, apenas harían variar los precios al consumo. Concretamente, un estudio realizado por Oxfam reveló que si se duplicase el sueldo de los trabajadores de la industria floral en Kenia, el precio final de un ramo de flores en las tiendas del Reino Unido, que actualmente es de 4 libras (6,50 dólares), aumentaría sólo en 5 peniques. Otro ejemplo: los ingresos medios de un director de supermercado británico (donde se venden las flores de Kenia) se han multiplicado por más de cuatro entre 1999 y 2010, pasando de un millón a más de 4,2 millones de libras. Si es posible que los modelos de negocio contemplen estos aumentos en las remuneraciones a los directivos, ¿por qué no incluir un salario digno para los trabajadores de quienes dependen dichas remuneraciones? Continuaremos en siguientes entregas.

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24 mayo 2017 3 24 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

No nos dominarán por la fuerza, sino por la ignorancia

Simón Bolívar

A estas alturas de la presente serie de artículos, que ya estamos finalizando, creo que tendrán claro todos mis lectores y lectoras la importancia del desarrollo y expansión del pensamiento crítico por todos los medios posibles. Como venimos demostrando, hoy día se han extendido un conjunto de banalidades propias de un pensamiento único, sumiso y aberrante, que supone la plena aceptación y apología de todo lo existente. El pensamiento dominante es la mejor arma, y así lo hemos expuesto en multitud de aspectos, para controlar la mente y la vida de miles de millones de personas, repartidas en un mundo cada vez más despiadado, salvaje y caótico. Bajo ese prisma, el pensamiento dominante nos presenta al sistema capitalista como el vencedor indiscutible de la historia. Se nos intenta convencer de que dicho sistema es el "menos malo" de los existentes, y se nos presenta una visión histórica manipulada donde las posibles alternativas han fracasado estrepitosamente. Tildan a dichas alternativas como "el pasado", y al capitalismo como "el presente". Hacen loas al libre mercado, al liberalismo económico, a la iniciativa privada y al desprecio de lo público. Se presenta al capitalismo como el mejor de los mundos posibles, una realidad insustituible, sin concebir otras formas de organización social. Para que todo ello quede perfectamente enmarcado, se manipula la historia de forma descarada, para que el presente no se aparezca como una pesadilla que tenemos que soportar, sino como la única organización posible y el único sistema que funciona. 

 

Desde ese punto de vista, se impone la amnesia y el olvido para que aceptemos que el capitalismo siempre ha existido y siempre existirá, porque no es posible concebir otro mundo que funcione bajo otras reglas. Pero el conocimiento histórico nos ayuda a entender que el presente actualmente existente no es más que el resultado de la interacción de determinadas fuerzas, que a partir de cierto momento histórico impusieron su forma de entender las relaciones sociales. Y ello se hizo, en muchas ocasiones, desde la violencia y la irracionalidad. Aún hoy se continúa practicando en muchos países que intentan explorar otras vías que puedan representar una amenaza para el pensamiento dominante. Y como hemos explicado en anteriores entregas, el pensamiento crítico ha de ser radical, ya que para denunciar la injusticia y la desigualdad imperantes hay que llegar al fondo mismo de los problemas, esto es, a su raíz. La radicalidad así entendida no es ningún defecto, sino todo lo contrario, la garantía no sólo de que hacemos un correcto diagnóstico, sino de que también podemos plantear las oportunas soluciones. Un pensamiento radical debe huir de las apariencias, hurgar hasta el fondo en las motivaciones y causas de los problemas, y denunciar los mecanismos que mantienen la dominación, la explotación y la opresión. El pensamiento crítico ha de denunciar las falacias lingüísticas utilizadas por la clase dominante, llamando a las cosas por su nombre, recuperando la utilización correcta e idónea de los conceptos y de las ideas, y expresando sus consecuencias y trasfondos. 

 

El pensamiento crítico debe partir también de la base del anticapitalismo, es decir, de un enfrentamiento de base con respecto a los postulados del sistema económico imperante, injusto y depredador por naturaleza. Deben denunciarse las falacias del sistema capitalista, sus continuas crisis, sus bases en la desigualdad y en la ausencia de redistribución de la riqueza, y su obsesión por el mercado y el consumismo. Hay que denunciar la lógica mercantilista sobre todas las necesidades y derechos humanos, y su voracidad basada en el lucro y en el crecimiento ilimitado, todo lo cual trastoca los límites reales de nuestro entorno físico, es decir, nuestro planeta. El pensamiento crítico es a su vez un pensamiento abierto, que huya de los dogmas, que se base en las diversas tradiciones revolucionarias, así como en el conjunto de las artes y de las ciencias. El pensamiento crítico es renovador, adaptador, no acepta sin más los postulados de un sistema concreto, por muy perfecto o evolucionado que pueda parecer, sino que se enriquece constantemente con las corrientes de pensamiento complementarias que vayan pudiendo aportar sus puntos de vista a las corrientes clásicas. Por ello, aunque pueda partir de la base del marxismo, no debe limitarse a él, sino que debe también sumergirse en el anarquismo, el ecologismo, el pacifismo, el feminismo, el indigenismo y todo lo que ayude al propósito de reconstruir los elementos para la lucha contra el capitalismo y el imperialismo. El pensamiento alternativo también debe cuestionar ciertos preceptos que se han aceptado como mantras indiscutibles por la sociedad capitalista, tales como "crecimiento", "progreso", "bienestar", "modernidad", etc. Debe aportar otras visiones distintas sobre la idea de producción, de consumo, de reparto, de redistribución, de reciclaje, de remoción, etc. 

 

Debe tomar como meta alcanzable, como utopía posible los preceptos del buen vivir, replanteando todo el conjunto de relaciones entre una sociedad local, y entre ella y el resto de sociedades, cultivando nuevas formas de relación con las personas, los pueblos, los países, los animales y la naturaleza. Debe poner como objetivo indispensable la lucha contra el cambio climático y la destrucción de los ecosistemas, pues son ellos los que nos permiten la vida sobre este planeta. El pensamiento alternativo también debe ser, lo hemos dicho, ecologista y antipatriarcal. Debe cuestionarse las intrincadas relaciones que han mantenido modelos de relación entre hombres y mujeres, y sus roles ante la actividad humana. Hay que denunciar no sólo el conflicto capital-trabajo clásico del pensamiento de izquierdas, sino también el conflicto del patriarcado, y el conflicto capital-planeta, si queremos plantear soluciones globales a los tremendos problemas civilizatorios que padecemos. Hay que replantearse sistemas de gobernanza global más democráticos, para inclinar la balanza de la globalización hacia la verdadera globalización de los derechos humanos, de los animales y de la naturaleza. Hay que proceder a un profundo discurso ético sobre los límites y los efectos de la imparable robotización, para ponderar sus implicaciones sobre todas las actividades humanas, sin perder el horizonte de sociedades justas y avanzadas. Asímismo, el pensamiento crítico que se enfrente a los dogmas del pensamiento dominante debe ser nacionalista e internacionalista a un tiempo. Hay que denunciar el falso dilema planteado por la globalización neoliberal, que demoniza todo lo relacionado con lo nacional, y lo identifica como propio del atraso y de la barbarie. 

 

Y como nos argumenta Renán Vega Cantor en este breve documento: "Esto lo han hecho con la finalidad de justificar la entrega de la soberanía de los países y el regalo de los bienes comunes que se encuentran en sus territorios, todo a nombre de una pretendida modernización global". Por tanto, se debe denunciar esta falacia, y abogar no por el trasnochado patriotismo barato de bandera y pulsera, propio de la retrógrada mentalidad de los poderosos que han aplastado a los más vulnerables bajo la razón de la patria. Debemos apostar entonces por un nacionalismo abierto, cosmopolita y basado en las personas, tomando la famosa máxima de José Martí: "Patria es Humanidad". Esto se traduce en que aunque estemos asentados en un territorio, y nos identifiquemos como un pueblo, para comprender mejor el mundo hemos de relacionarnos de forma más adecuada con otros pueblos, países y territorios, y no creernos ni mejores ni peores que ellos. Ese enfoque está en plena sintonía para poder solidarizarnos y compartir las luchas de los oprimidos del mundo entero, y en ese sentido tenemos que entender el internacionalismo. Y abundando en ello, el pensamiento alternativo es por definición un pensamiento anticolonialista y antiimperialista. La siempre latente colonización, agenciada por las clases dominantes para mantener y extender sus privilegios, ha sido la responsable de la exclusión, la discriminación y la explotación de indígenas, afrodescendientes y mestizos pobres por todo el mundo, desde hace siglos. Aún hoy día se mantiene. Por último, el pensamiento crítico y alternativo debe conjugar los postulados teóricos con la actitud comprometida, valiente y decidida para cambiar el mundo. Un pensamiento que ha de devenir en praxis concreta y transformadora, para cambiar la realidad social de nuestro mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 mayo 2017 2 23 /05 /mayo /2017 23:00
Fotografía: http://www.ecorepublicano.es/

Fotografía: http://www.ecorepublicano.es/

La Iglesia desafió a la Segunda República hasta acabar con ella. Por ello, el laicismo fue la primera víctima de la barbarie franquista

Gonzalo Puente Ojea

En el último artículo de esta serie ya habíamos comenzado a exponer, con un poco más de profundidad, las relaciones de la Iglesia Católica con el régimen franquista y su complicidad con el mismo, así como los privilegios concedidos, que llegan hasta nuestros días. Porque tras la muerte del dictador, los Acuerdos firmados con el Vaticano en 1953 fueron sustancialmente modificados por otros, firmados en Ciudad del Vaticano el 28 de julio de 1976 por el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, el propagandista católico Marcelino Oreja Aguirre, y el Perfecto del Consejo para Asuntos de la Iglesia, el Cardenal Giovanni Villot. Con posterioridad se volverían a rectificar, tal como nos cuentan en este artículo que estamos tomando como referencia, firmando cuatro acuerdos entre España y la Santa Sede el 3 de enero de 1979, con total secretismo y alevosía cinco días después de la entrada en vigor de la Constitución del día 28 de diciembre de 1978 y publicándose en el BOE número 300 de 15 de diciembre de 1979. Dicho acuerdo, como decíamos, negociado en secreto y paralelamente a la discusión de los textos de la Constitución y de la redacción del polémico artículo 16 que garantizaba la libertad religiosa y de culto, sería ratificado por el entonces Rey Juan Carlos, tras la firma de nuevo de Marcelino Oreja y del Cardenal Villot. Dichos acuerdos eran referentes a asuntos jurídicos, culturales y de enseñanza, asuntos económicos y de asistencia religiosa, además de multitud de disposiciones de difícil digestión democrática, como podrían ser las relacionadas con la conservación de patrimonio e inmatriculaciones, financiación de fondos públicos, actividades doctrinales y comerciales o régimen de exención de impuestos, lo que podríamos considerar como un paraíso fiscal legalizado. 

 

El Estado, mediante dicho acuerdo, se seguía comprometiendo a colaborar con la confesión católica en la consecución de su adecuado sostenimiento económico a través de los Presupuestos Generales, asignándole un porcentaje del rendimiento de la imposición de renta que actualizará anualmente, y que estará exenta de recortes independientemente de la situación de las arcas públicas, lo que no se respeta igualmente en el caso de servicios públicos como la enseñanza, la sanidad, las pensiones o la asistencia social. Todo ello ya lo hemos desarrollado extensamente en nuestra serie de artículos "El inmenso poder de la Iglesia Católica", proyectado a nuestros días, que recomiendo a los lectores y lectoras que no la hayan seguido. Lo que nos interesa sobre todo destacar, en lo relativo al franquismo, es la expresión del corpus de pensamiento que la Iglesia difundió a sangre y fuego, y que se ha dado en llamar el nacionalcatolicismo. Este pensamiento recogía básicamente (además del propio dogma católico) una férrea y machista concepción del papel de la mujer, así como una activa homofobia y un enfrentamiento radical hacia los modelos de familia que se alejaran de la clásica concepción religiosa y nuclear. A tal respecto, sobre las mujeres se ejerció una brutal represión (como afirma la historiadora andaluza Pura Sánchez Sánchez) que conforma una categoría relevante, diferenciada de la ejercida sobre los hombres, y que no debe entenderse, por tanto, como una simple variante de la represión masculina, sino como un fenómeno que tiene sus rasgos propios. 

 

A las mujeres se las reprimió, básicamente, por haber transgredido el modelo tradicional femenino que el nacionalcatolicismo quería perpetuar acabando con los avances obtenidos durante la Segunda República. La Iglesia Católica y los retrógrados gerifaltes franquistas eran acérrimos enemigos de los avances en la libertad sobre el papel de las mujeres en la sociedad, sobre su autonomía y su protagonismo. Así que el retroceso sobre lo conseguido durante la República fue brutal. Su humillación pública, con castigos diferenciados y concretos que no se aplicaban a los hombres (separación de sus hijos, rapado del pelo, hacerlas tragar aceite de ricino...), responde a los patrones de una sociedad patriarcal, de cuya moral se erigían en defensores no sólo la Iglesia, sino los sublevados que provocaron la Guerra Civil. Y el otro colectivo que sufrió como ningún otro las tropelías de la Iglesia fue el infantil, ya que los niños y niñas en edad temprana y adolescente eran recluidos en internados, donde se les infligían torturas y malos tratos, obedeciendo la famosa máxima de que "la letra, con sangre entra". A este respecto, el documental "Los internados del miedo", realizado por dos de los periodistas que más han documentado la barbarie de la dictadura en España, Montse Armengou y Ricard Belis, recoge aterradores testimonios de abusos físicos, psíquicos, sexuales y laborales durante la dictadura, e incluso los primeros años de la democracia. A este respecto, recomiendo a los lectores y lectoras el artículo al completo de Brais Benítez, del medio La Marea (que incluye el vídeo del propio documental), que nosotros vamos a tomar aquí como referencia. 

 

Centenares de miles de niños y niñas pasaron gran parte de su infancia, si no toda ella, encerrados en internados religiosos y centros de beneficencia durante el franquismo. Allí fueron víctimas de palizas, violaciones, trabajo esclavo y vejaciones, en unos centros que el régimen utilizaba para su propaganda. Unas dramáticas experiencias vitales que quedaron sepultadas por el silencio de las paredes de estos internados. Los testimonios que han podido recabar los autores del documental citado destacan por su extrema crueldad, y evidencian la impunidad que las órdenes eclesiásticas disfrutaban. Malos tratos a unos menores que no tenían ninguna forma de defenderse, ni de denunciar su situación ante ninguna instancia. El régimen alegaba que dichos internados fueron creados para acoger a niños de familias desestructuradas, pero lo que no sacaba a la luz eran las aberrantes prácticas que ocurrían dentro. Algunos de los afectados dan fe en el documental de la explotación laboral a la que fueron sometidos. Los apaleaban de forma cruel, los humillaban en público, les quemaban el culo con velas, les restregaban ortigas por sus órganos genitales, o les hacían practicar felaciones a los curas, entre otras muchas barbaridades. Les daban una comida infecta, y si vomitaban les obligaban a comérselo. Todo aquéllo, como es lógico suponer, ha creado secuelas terroríficas en muchos de aquéllos niñas y niños de la época, hoy ancianos y ancianas. Estamos hablando de mucha maldad, de mucho desprecio. Este tipo de abusos tuvieron su auge durante las décadas de los años 60 y 70, pero incluso llegaron hasta principios de los 80. La Ley de Amnistía de 1977 permitió que muchos presos políticos salieran a la calle, pero no alcanzó a liberar a estos niños, que continuaron encerrados en estos centros del horror y la tortura. 

 

Montse Armengou se ha expresado en los siguientes términos: "El régimen franquista se encargaba de la beneficencia y la asistencia social, pero en la mayoría de los casos era una beneficencia falsa, con ánimo de adoctrinamiento y formación ideológica. Además, había sido el régimen el que había creado esa situación: niños desvalidos porque sus padres estaban en las cárceles, o porque se habían separado y la madre perdía la custodia, incluso abandonados porque la madre no podía soportar el estigma de ser madre soltera". Todo ese conjunto de casuísticas y circunstancias permitieron la extensión del fenómeno de los internados, donde como decíamos, miles de pequeños y pequeñas hubieron de resistir los más viles e infames tratamientos. Y continúa Armengou: "Existía un organismo terrorífico, el Patronato de Protección de la Mujer, que se creó textualmente para proteger a la mujer caída o en riesgo de caer; pero ese centro que iba encaminado a la prevención de la prostitución acabó siendo un contenedor donde fueron a caer niñas en exclusión social, adolescentes con inquietudes políticas, o menores que habían sido violadas por algún familiar y se habían quedado embarazadas". A pesar de no ser un fenómeno que sucediera en todos los internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o Centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación laboral y prácticas médicas dudosas ocurrieron en multitud de ellos. Y en sentido general, más allá de estos centros, es decir, extrapolando el fenómeno a los centros educativos de carácter religioso, siempre se caracterizaron por su rigidez de disciplina, por su enorme adoctrinamiento y por la transmisión de los más retrógrados valores. Continuaremos en siguientes entregas.

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22 mayo 2017 1 22 /05 /mayo /2017 23:00
Vientres de Alquiler: ¿Prohibición o Regulación?

Ni existen mujeres ricas o famosas que gesten para hombres de clase trabajadora, ni existen personas pobres que puedan permitirse un vientre de alquiler, por lo que es obvio que estamos ante una explotación de los privilegiados sobre las oprimidas. Ser padre o madre no es un derecho. Puedes serlo o no, pero en ningún caso te ampara como ciudadano o ciudadana un derecho elemental para tener descendencia

Barbijaputa

La constante tendencia del capitalismo a mercantilizar todos los aspectos, necesidades y derechos de la vida humana, parece no tener límites, y la última hornada de prácticas en este sentido afecta a lo que hemos venido en llamar "Vientres de alquiler", o más técnicamente, "Gestación subrogada". La consideración del cuerpo humano como un objeto de explotación del que se puede obtener beneficio (desde el tráfico de personas al completo, pasando por el tráfico de órganos humanos, y ahora por la gestación de un bebé para otros padres) está en la base filosófica y política del asunto, aunque muchos quieran hacernos entender otro enfoque distinto. Para el capitalismo todo puede ser comprado, vendido, troceado, enajenado o separado de su poseedor o de su legítimo destinatario. Y desde este punto de vista, los famosos "mercados" no ofrecen escrúpulos en introducirse en cada vez más necesidades humanas, para intentar gestionarlas como un negocio. Se apoyan falazmente en los avances científicos y tecnológicos, sin detenerse a pensar en los aspectos éticos de dichas transacciones económicas. Y así, la globalización económica amenaza con una mercantilización absoluta y descontrolada de todas las facetas de la vida, donde el cuerpo humano es la última frontera. A esta frontera bien podríamos llamarla "Explotación reproductiva", donde el caso de los vientres de alquiler viene a ser su última manifestación. 

 

Por tanto, detrás de las campañas cada vez más insistentes para normalizar y regularizar esta práctica, se esconde simplemente una expresión más del pensamiento y de la práctica neoliberal de la vida. Lo primero que nos hace notar Gloria Fortún en este artículo es que la designación sobre "Vientres de alquiler" es imprecisa, pues no se alquila sólo el vientre, sino la mujer entera. Durante nueve meses de "gestación subrogada", se alquilan sus cuerpos, sus sentimientos, sus experiencias, su dedicación, su tiempo. Durante ese período las mujeres se convierten en posesiones de las personas contratantes (y de las empresas intermediarias, si es el caso), quienes tienen derechos de propiedad sobre ellas, durante todo el tiempo del embarazo. Los defensores de esta práctica alegan que la regulación debe huir de todo lucro económico, pero es un claro oxímoron que si existen empresas dedicadas, lo vayan a hacer por amor al prójimo. Por otra parte, también hacen alegatos muy conmovedores hacia la sensibilidad emocional, reclamando el derecho de unas hipotéticas parejas a contar con toda la tecnología al alcance de realizar sus sueños de ser padres y madres. Reclaman la libertad de las mujeres a hacer lo que les plazca con su cuerpo, y claman por la realización del sueño de formar una familia para los contratantes del "servicio". Despliegan toda una falaz mística de las emociones, para intentar legitimar una práctica que en el fondo es una manifestación más de la violencia contra las mujeres. 

 

Parece claro que desde una posición feminista y anticapitalista, no podemos estar a favor de esta regulación de la explotación reproductiva que supone la práctica de los vientres de alquiler. No podemos estar a favor ni tolerar un sistema que mercantiliza hasta las capacidades humanas más elementales, donde la venta de la capacidad sexual o reproductiva puede llegar a ser cuestión de supervivencia para muchas mujeres. Quede claro que no estamos en contra de la existencia de las diversas técnicas de reproducción asistida, las cuales han sido desarrolladas por los avances médicos y biológicos. Pero sí estamos en contra de que estas técnicas supongan el apoyo científico que conviertan en un mero negocio el vientre de las mujeres y su gestación. La gestación subrogada, por muy elegante que se le presente, no es más que una industria más ligada al afán capitalista de obtener beneficios económicos en todas las facetas de la vida, y de todos los derechos humanos fundamentales. Ya lo consiguieron con la vivienda, con el trabajo, con la educación, con la sanidad, y continúan intentando hacerlo con subsiguientes aspectos. Y como expresa Antonio Gómez Movellán en este artículo: "Los vientres de alquiler constituyen una práctica donde los ricos del mundo utilizan a las mujeres de los países pobres y a las clases inferiores como criadoras para tener hijos genéticos. Es un retorno al principio del patriarcado, donde las mujeres son meras criadoras". Y añade que esta práctica de bebés ha sido realizada durante siglos por las órdenes religiosas, y hoy se realizan mediante prácticas de reproducción asistida en clínicas de México, Rumanía, Polonia, Ucrania o la India, que son los países donde más ha florecido este negocio. 

 

Y así, las personas más pudientes acuden a clínicas estadounidenses, donde un bebé puede costar en torno a 150.000 dólares, mientras que las clases medias van a la India o a Ucrania, donde suelen costar la mitad. Justificar este negocio en la libertad de las mujeres es un absoluto despropósito. Y concluye Gómez Movellán: "No estamos hablando de igualdad, ni de liberación ni de emancipación, estamos hablando de patriarcado y explotación bajo la apariencia de la libre decisión". Porque ya sabemos que el neoliberalismo disfraza sus atentados contra la humanidad bajo la apariencia de nuevos derechos: derecho a la libre elección de centro de enseñanza, derecho de los padres a elegir la educación de los hijos, y en este caso, derecho a que yo (mujer) pueda hacer con mi cuerpo lo que quiera, cuando en realidad lo que se esconde es otro mensaje diferente, que bien pudiera ser: "Déjame que yo exprima libremente a los que no pueden elegir como yo". Es decir, la máxima del neoliberalismo que aboga porque los privilegiados del mundo hagan lo que les apetezca sin límites, obstáculos, impedimentos ni cortapisas, aprovechándose de que la inmensa mayoría social no puede elegir como ellos. Lo vemos en el mercado laboral, en el mercado sanitario, y en muchos otros, donde la mano de obra o los productos o servicios más baratos, procedan de donde procedan, y se fabriquen como se fabriquen, y bajo cualesquiera condiciones denigrantes (para las personas, los animales y el medio ambiente), tienen prelación sobre todo lo demás. 

 

Se trata de un debate similar al de la prostitución (de hecho Gómez Movellán califica a la práctica de los vientres de alquiler como la "hermana pequeña de la prostitución"), en el que los neoliberales intentan convencernos de que las mujeres que la ejercen la eligen libremente, cuando todos sabemos que la inmensa mayoría de las mujeres prostituidas lo hacen porque han sido engañadas y están siendo controladas por perversas mafias que se enriquecen con su esclavitud sexual. De esta forma consiguen invisibilizar el problema que se esconde detrás de la prostitución, que no es otro que el de mujeres pobres sin otra alternativa vital, que sufren violencia de múltiples formas. Los que defienden los vientres de alquiler utilizan el mismo discurso, los mismos razonamientos. Por tanto, no caigamos en las trampas del discurso neoliberal, y al igual que nadie cuestiona que no esté permitida la venta de órganos humanos, concluyamos que no es lícito ni ético alquilar un cuerpo de mujer durante nueve meses, con todas sus consecuencias, para quedarse después con el bebé nacido de dicha gestación, y todo ello por dinero. ¿Es eso lo que queremos regular? ¿Tan bajo hemos caído como civilización? ¿En tan poco han quedado nuestros valores? ¿Hasta cuándo vamos a ceder en los intentos de mercantilizar todas las manifestaciones, actividades y derechos humanos? 

 

No es el derecho de una determinada pareja (de cualquier orientación sexual, que no hay que hacer discriminaciones) o persona individual (familia monoparental o monomarental) a ser padres y madres lo que se discute, pues ese derecho no existe, y además la opción de la adopción siempre está disponible. El derecho reconocido bajo una sociedad justa y avanzada es el correspondiente a los niños y niñas ya nacidos/as a tener una familia, pero por ellos, por los niños, no porque los adultos tengamos derecho a ejercer la paternidad o maternidad. Sin embargo, bajo una sociedad como la nuestra, donde la pobreza infantil crece a un ritmo insoportable, se plantea la "necesidad de regular" la práctica de los vientres de alquiler. Otra muestra más de la decadencia de nuestra sociedad capitalista, insensible a la protección de los derechos más elementales, pero proclive a la introducción del negocio en todas las vertientes. Porque como muy bien nos sugiere Judith Bosch en este artículo, defender aquí el uso de vientres de alquiler en nombre de la libertad es como defender que deje de prohibirse en el ámbito laboral sobrepasar cierto número de horas extra, trabajar sin medios de seguridad, rechazar vacaciones, etc. Porque claro, como "cada uno puede hacer lo que quiera"... Es el imperio de la ley del más fuerte, de la sociedad salvaje, del individualismo por encima de todo. Todo lo cual es justo la esencia del neoliberalismo. 

 

Y luego también, por supuesto, está el argumento determinista, que más o menos se enuncia así: "Estas prácticas existen. Se pueden ocultar o no, legalizar o no, así que o se regula ya sobre ellas, o las mafias seguirán sacando tajada de las más pobres". Son las mismas que dicen que "la prostitución es el oficio más viejo del mundo", o que "Ya que el asesinato existe desde hace miles de años, mejor legalizarlo o los asesinos seguirán escondiendo cadáveres" (tomando de nuevo un símil de Judith Bosch con el que estamos muy de acuerdo). Por tanto, la pasividad, torpeza, cobardía e impotencia de una sociedad para enfrentarse con graves problemas, sean éstos locales o globales, no puede convertir a dicha sociedad en más perversa aún de lo que ya sea. No puede defenderse la idea de que la gestación subrogada sea un contrato o acuerdo entre personas que libremente satisfacen sus necesidades. Es una perversa lectura que obvia las desigualdades de base de la sociedad. La práctica de los vientres de alquiler es un acuerdo, claro está, pero entre una persona adulta que quiere o necesita dinero (o se le ha inculcado que su útero es un bien social a disposición de los demás) y otra persona adulta que no puede gestar de manera natural, tiene dinero y se le ha inculcado que ser padre o madre es un derecho. Se vulnera por tanto la dignidad de la mujer, en varias dimensiones.

 

Y aún tenemos que denunciar otra falacia en relación con este asunto, que es el de la donación de semen u óvulos, en su comparación con el vientre de alquiler. Porque no podemos comparar el hecho de donar células de nuestro cuerpo con el hecho de ceder nuestro cuerpo. La donación de células u órganos para trasplantes (en vida o después de la muerte) no altera la dignidad de ninguna persona, como sí lo hace el alquiler de un útero, es decir, del cuerpo femenino, durante los nueve meses que dura un embarazo, con todo lo que ello comporta. Y la criatura resultante de dicho vientre alquilado, evidentemente, tampoco puede donarse, por lo cual el asunto de la gestación subrogada supera todos los límites éticos y jurídicos que podamos imaginar. Es hora por tanto de poner límites a la voracidad capitalista neoliberal. Es hora de enfrentarse a la devastación que dicho sistema genera en las vidas humanas, en el profundo desprecio que vierte hacia los más elementales derechos humanos, y es hora de enfrentarse a este indecente patriarcado que lleva desde hace muchos siglos cosificando y despreciando el cuerpo y las capacidades de las mujeres. ¡Basta de violencia, de explotación y de mercantilización con los cuerpos de las mujeres! ¡Basta ya de tanta retórica libertaria sobre derechos que no existen, para legitimar las aberrantes prácticas capitalistas! ¡NO a la regulación de los vientres de alquiler!

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Published by Rafael Silva - en Política
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21 mayo 2017 7 21 /05 /mayo /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://critica24.com/

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El discurso de los medios de comunicación, en particular los estadounidenses, es la retórica del terror, de la guerra. Presentan a quienes disienten de la política, de la cultura o las creencias dominantes como enemigos

Vicente Romano

En el artículo anterior de esta serie ya nos centramos un poco en el enorme peligro que representa para el pacifismo mundial el Gobierno de los Estados Unidos, y más aún con su nuevo mandatario, el magnate Donald Trump. En esa entrega nos centramos en los aspectos energéticos y climáticos y su relación con las guerras y los conflictos armados, pero hay mucho más. Los discursos de Trump durante su campaña electoral, y los que ha pronunciado siendo ya Presidente de la primera potencia mundial, son absolutamente escandalosos. Como nos indica Trevor Tim en este artículo del medio The Guardian recogido por eldiario.es en traducción de Lucía Balducci, Trump ha alardeado de que reinstaurará la tortura, la técnica del "waterboarding" y "cosas mucho peores". Ha hablado de asesinar a las familias inocentes de los terroristas, anunciando abiertamente al mundo entero que cometerá crímenes de guerra. Ha hablado por teléfono con diversos líderes mundiales, la mayoría de las veces sembrando la incertidumbre y las posibilidades de conflicto. Y Trevor Tim se pregunta con gran acierto y preocupación: "¿Quién lo detendrá cuando quiera cumplir sus escalofriantes promesas?" Hace pocas semanas hacía estallar en Afganistán la llamada "madre de todas las bombas" de categoría no nuclear, y su continuo hostigamiento hacia Corea del Norte (asunto del que hablaremos enseguida) no cesa durante estos últimos días. 

 

Con respecto a la ilegal prisión de Guantánamo, Trump no sólo dijo que la mantendría abierta (continuando con docenas de prisioneros bajo un limbo legal), sino que advirtió que le parece bien enviar a ciudadanos estadounidenses arrestados en suelo estadounidense a cumplir misiones militares institucionales. El magnate neoyorkino reconvertido en Presidente también prometió "bombardear todos los países de Oriente Medio" (ha criticado muchas veces el Acuerdo Nuclear con Irán), y tendrá también en su poder la capacidad mortífera de miles de inocentes que le proporciona el programa de drones secreto de la CIA, ya usado de forma masiva por su antecesor Barack Obama. Y quizá lo peor de todo, Trump también tendrá acceso a un impresionante arsenal nuclear, que sólo él podrá activar. En palabras de Trevor Tim: "Sólo podemos imaginar qué horrores nos deparará el mandato del Presidente Trump, pero lo que sí sabemos a ciencia cierta es que tendrá a su disposición todas las herramientas para causar estragos en nuestro país y en el mundo entero. Lo tendríamos que haber visto venir, y tendríamos que haber puesto en marcha dispositivos de seguridad para limitar el daño que podía causar". Y sentencia: "Ahora puede ser demasiado tarde". Nos vamos a centrar a continuación en el escabroso asunto de Corea del Norte, que también representa actualmente un foco caliente de conflicto. La sucesión de declaraciones, hostigamientos, lanzamientos de pruebas con misiles, y otros elementos añadidos al latente conflicto, se están disparando durante las últimas semanas. 

 

Parece ser que para Washington, bajo esta era Trump, ha llegado la hora de usar la fuerza contra Corea del Norte, en una más de las clásicas decisiones unilaterales con que Estados Unidos y sus peligrosos gobernantes tienen acostumbrados al mundo. Pero Corea del Norte es un caso especial. Desde siempre, el pequeño país asiático se ha declarado enemigo del imperialismo norteamericano, y ha mantenido su firme actitud de no convertirse en perrito faldero del mismo, como hace su vecino del Sur, Japón y muchas otras potencias mundiales. Ni siquiera acepta la amigable actitud de China, quizá su mejor aliado internacional. Corea del Norte se ha mostrado desde siempre decidida a continuar cultivando su programa nuclear, y uno de sus componentes es el desarrollo de armas atómicas. Pero como nos señala Pablo Jofré Leal en este artículo para el medio HispanTV, que tomamos como referencia para este asunto: "Tal como Israel (que posee entre 300 y 400 artefactos nucleares), que no es firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear, que agrede constantemente a sus vecinos, que ocupa territorio palestino, y sin embargo goza de prebendas, apoyo y complicidad de Washington, en una hipócrita doble moral que hay que desvelar constantemente". En efecto, y como en tantas ocasiones, la hipocresía estadounidense se pone de manifiesto de forma escandalosa. De entrada, queremos alinearnos claramente y sin fisuras bajo el prisma pacifista, y por tanto, desaprobamos la escalada nuclear y armamentista de Corea del Norte, ya que entendemos que este país debería defender su derecho a la soberanía y a la independencia del bloque estadounidense y sus aliados desde otras acciones. 

 

Pero desde su tamaño y posición, y contando con una comunidad internacional mayoritariamente aliada de Washington y de las potencias occidentales, y bajo unos foros mundiales absolutamente corrompidos y desnaturalizados (nos estamos refiriendo sobre todo a la ONU, dominada también por el poder de veto de unas pocas potencias)...¿Qué otra cosa se puede hacer si se pretende resistir al poderío estadounidense? Estamos queriendo decir que no justificamos la actitud de Corea del Norte, que no podemos hacerlo desde el enfoque pacifista, pero que entendemos perfectamente que este pequeño país, en el pleno ejercicio de su soberanía, y únicamente para acciones defensivas, se haya decantado por su clara hostilidad hacia Washington y sus aliados. Como nos explica Jofré Leal en el referido artículo, el eje principal del conflicto con Pyongyang es la decisión del Gobierno de Kim Jong un de llevar adelante su programa nuclear --con base en su programa de misiles como sistema vector transportador principal-- que involucra la fabricación de armas nucleares, bajo la divisa que sólo una Norcorea fuerte y con poder de disuasión puede hacer frente a la decisión de Washington y sus aliados de desestabilizar a esta nación asiática y derrocar un Gobierno basado en una estructura dinástica, consolidada tras la Guerra de Corea entre los años 1950-1953 que dividió la península a partir del paralelo 38 como límite político, ideológico y económico. Un programa que se sustenta en la disuasión nuclear y la defensa de su soberanía. Hasta ahora, el gobierno estadounidense ha decidido aplicar presión económica y diplomática contra Corea del Norte, junto a sus aliados regionales Japón y Corea del Sur, definiendo al gobierno de Pyongyang como "la amenaza más peligrosa y urgente para la paz y la seguridad en Asia Pacífico", según palabras del Vicepresidente estadounidense Mike Pence, pronunciadas recientemente a bordo del portaaviones USS Ronald Reagan frente a las costas japonesas. 

 

Como siempre, el Gobierno norteamericano se empeña en ejercer sin ninguna autoridad ni reconocimiento su papel de gendarme mundial, ante la pasividad de sus aliados y del resto de la comunidad internacional, que se limitan a denunciar la escalada verbal amenazante de ambos declarados enemigos. Y nosotros nos preguntamos: ¿No sería mejor y más adecuado que fuera el foro de Naciones Unidas quien ejerciera ese papel de forma democrática? Si de verdad tuviéramos una serie de foros internacionales realmente democráticos, no solamente la presión hacia Corea del Norte sería mayor y más efectiva, sino que además poseería la legalidad y legitimidad que lógicamente no posee cuando es sólo algún actor el que de forma unilateral se declara en líder del proceso. Mike Pence aún añadió: "Quienes desafíen nuestra determinación o preparación deberían saber que venceremos cualquier ataque. Estados Unidos siempre buscará la paz, pero con el Presidente Trump, el escudo está en guardia y la espada está lista". No parecen palabras muy conciliadoras, sobre todo viniendo del país que con diferencia mayor número de ataques, guerras y conflictos armados ha desatado en toda la historia de la humanidad. Y por otra parte, como señala Pablo Jofré Leal, difícil resulta creer que la búsqueda de esa paz, que tanto proclama el gigante norteamericano, vaya acompañada de la puesta en escena de toda una ingente maquinaria bélica que incluye portaaviones, cruceros, destructores, submarinos, la alerta de las fuerzas militares estadounidenses estacionadas en Corea del Sur, y que al amparo del acuerdo militar firmado con ese país, toman el mando de las fuerzas militares surcoreanas en caso de guerra. Continuaremos en siguientes entregas.

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