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5 octubre 2015 1 05 /10 /octubre /2015 23:00

Pero de todos los asuntos donde hemos visto diluirse la respuesta de PODEMOS, quizá el más representativo y el que ha podido hacer más daño de todos ha sido el relativo a su defensa incondicional de la formación griega Syriza, y de su líder Alexis Tsipras. Antes de las Elecciones de enero de 2015 en Grecia, quizá era lógica su defensa, pues Syriza representaba la nueva bocanada de aire fresco que necesitaba el país, y sus líderes prometían dar la batalla en el contexto europeo, y liberar a Grecia de las terribles consecuencias de la fanática austeridad a la que había sido sometida. Veíamos a Grecia como el germen del cambio para todo el Sur de Europa, pero desgraciadamente no fue así, y ya denunciamos en varios artículos al respecto, que las negociaciones que se llevaban a cabo con la Troika durante los cuatro o cinco primeros meses de gobierno no conducirían a buen puerto, ya que las terceras vías, en estos casos, nunca son posibles. Dimos incluso nuestro apoyo, y lo continuamos haciendo, a la formación del Comité para la Verdad de la Deuda Griega, cuyas conclusiones finales están previstas para diciembre de este año, pero que ya fueron adelantadas parcialmente por su Presidente, Eric Toussaint, quién además ha propuesto planes B alternativos para la salida del euro, desestimados sistemáticamente por los dirigentes de Syriza, salvo quizá por el ex Ministro de Finanzas, Yanis Varuofakis. Bien, durante todo este período, no sólo vimos a Pablo Iglesias defender a ultranza a Syriza y a su líder, sino participar conjuntamente en mítines y actos de campaña.

 

Pero el caso es que, llegado el momento cumbre de las negociaciones, durante el mes de julio pasado, y después de que el pueblo griego hubiera mostrado en referéndum su claro rechazo a continuar con los rescates y los planes de austeridad, Syriza (mejor dicho, su líder Tsipras) capituló y se rindió, traicionando no sólo las promesas a su pueblo, sino las ilusiones de terceras organizaciones de izquierda de otros países europeos, que pudieran haber seguido a Syriza en su confrontación a la arquitectura neoliberal de la Unión Europea. Tamaña traición y decepción para la izquierda política transformadora no podía ser ya justificada desde ningún punto de vista si se pretendía seguir manteniendo un planteamiento coherente, pero sin embargo, Pablo Iglesias y el resto de dirigentes de PODEMOS continuaron justificando las decisiones de Alexis Tsipras. Y a pesar de que la situación de auténtico surrealimo político había llegado en Grecia a límites increíbles, PODEMOS no se atrevió a retirar su confianza pública en una formación política que había defraudado profundamente a su pueblo y a sus ideales. 

 

Pero aún no habíamos llegado al último asalto de Tsipras, que ha consistido en dimitir y convocar nuevas Elecciones Generales, después de haber aprobado (sin el apoyo del ala izquierda de Syriza, que ha abandonado la formación y ha constituido una nueva formación política) el más cruel y fanático memorándum de rescate para el país. Muchos analistas coinciden en afirmar que esta maniobra ha respondido al objetivo de Tsipras de asegurarse el poder cuando todavía no se han hecho sentir las más dolorosas consecuencias del tercer rescate firmado con la Troika. Al momento de escribir el presente artículo no conocemos aún los resultados de dicha nueva convocatoria electoral, pero lo cierto es que, después de todo lo relatado, Pablo Iglesias ha tenido la desfachatez de continuar siendo compañero de campaña electoral de Tsipras, participando conjuntamente en mítines de Syriza, y presentando al indecente líder griego como un "león" que intentaba defender los intereses de su país. Decididamente, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Porque tanta querencia con el líder de una formación política tan decepcionante no hace sino contribuir a mostrarnos su auténtica cara, sus auténticas limitaciones. Nos encontramos con un PODEMOS que, llegado el momento, si alcanzara alguna vez a gobernar, cuando las Instituciones europeas le planten cara a sus propuestas, y comiencen sus medidas de chantaje, se limitará a meter el rabo entre las piernas, siguiendo la escuela Zapatero-Tsipras, y a renunciar a todas las medidas que están proponiendo ahora, tan valientemente. 

 

Y  precisamente es de esto de lo que carecen, de valentía, cualidad esencial y fundamental en la política, pues en caso de carecer de ella, los políticos se convierten en simples charlatanes de feria, sin interés alguno por alcanzar las metas y objetivos marcados, por difícil que sea el camino. Ya lo dejaba entrever la lideresa andaluza, Teresa Rodríguez, cuando se refería al "temblor de piernas" de Alexis Tsipras, y a la posibilidad de que a PODEMOS, llegado el caso, también le ocurriera lo mismo. Y tal y como está el patio, cuando la ofensiva neoliberal es auténticamente arrolladora, no necesitamos políticos cobardes y traidores, que es justamente lo que están demostrando que son, mediante su connivencia con otros políticos cobardes y traidores. Necesitamos políticos valientes y comprometidos, que sean capaces no sólo de poner en marcha sus propuestas, sino de que cuando se vean sometidos al chantaje institucional y al poderío de la ofensiva del gran capital internacional, sean capaces de enfrentarse a él con todas sus consecuencias.

 

Porque la política no es sólo cuestión de ideas, es también cuestión de actitudes. Necesitamos ser más radicales, llamar a las cosas por su nombre, dar un golpe encima de la mesa, levantar la voz con plena autoridad, no ser ingenuos, explicar al pueblo con claridad las ventajas y riesgos de las decisiones, no dejarnos amedrentar ante las amenazas, y hacer valer nuestros principios y nuestros derechos. Porque ahí ya no estarán delante de unas cámaras, en un plató de televisión, donde están acostumbrados a ponerse estupendos, sino que estarán negociando con auténticos buitres, que desprecian la voluntad de los pueblos y la democracia, y a los que les importa un bledo los intereses de las clases populares. Ellos no negocian, ellos imponen, avasallan, y te pasan por encima como una apisonadora. Y para enfrentarnos con ellos, no valen las medias tintas, no valen las terceras vías, no valen los paños calientes. Para eso ya tenemos en España a las fuerzas del bipartidismo, e incluso a formaciones políticas de nuevo cuño, como C's, que están dispuestos a apoyarles. En resumidas cuentas, PODEMOS está defraudando ya antes de comenzar a gobernar, presentándose como una fuerza socialdemócrata y reformista más del arco parlamentario, y sinceramente, para ese viaje no necesitábamos tantas alforjas.

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4 octubre 2015 7 04 /10 /octubre /2015 23:00

Desde el punto de vista económico-financiero, si se hiciera un estudio actuarial descontando las deudas ficticias, los intereses usurarios, los intereses de los intereses, los gastos y comisiones desproporcionados y la fuga de capitales, se llegaría a la conclusión de que la deuda ha sido totalmente pagada y probablemente se vería que los presuntos deudores son en realidad acreedores

Alejandro Teitelbaum ("La deuda externa", 2001)

La situación actual, por tanto, y sin ninguna duda, nos lleva a concluir que los Estados son rehenes absolutos de esta hidra bancaria internacional. Es una diabólica espiral que se retroalimenta, ya que los Estados no osan poner en cuestión el funcionamiento ni el poderío de estas instituciones, a la vez que éstas desarrollan lógicas financieras muy peligrosas, siendo responsables de la inestabilidad monetaria internacional, y con capacidad para desarmar todo intento de desmontar legalmente su influencia y sus reglas de juego. Este oligopolio internacional no sólo constituye una amenaza para las democracias, sino que posee el poder para modelarlas a su antojo, lo que evidentemente se traduce en que su tendencia deriva hacia democracias de baja intensidad, donde la participación ciudadana se encuentra bajo mínimos, los Estados tienen poca capacidad de intervención en la economía, y la financiarización de la misma domina absolutamente las reglas de juego. Como puede comprobarse, todo un círculo vicioso del cual es muy difícil escapar.

 

Las diferentes etapas por las que este proceso discurre, desde la década de los años 70 del siglo pasado, están bien clara: en primer lugar, pérdida de la soberanía monetaria, gran pilar que proporciona cierto nivel de independencia. En segundo lugar, riguroso sometimiento a una disciplina presupuestaria, bajo los falsos eslóganes de tener que reducir el déficit público, y sanear las cuentas públicas, todo lo cual converge en un debilitamiento progresivo de la democracia, sacrificando los pilares de la protección social de la ciudadanía, y sacrificando de facto los servicios públicos por mor de un pago de una deuda y de unos intereses. El Estado queda desprotegido, sin capacidad ni autonomía para enfrentarse a dichos poderes económicos, que acaban por someterlos a sus dictados, de forma más o menos expresa. Al final, en los casos más graves, este mundo bancario superpoderoso impone sus propias reglas, desmontando a su placer gobiernos enteros, y situando en la dirigencia a sus propios candidatos, de corte tecnocrático. Dichos candidatos tienen entonces un mandato muy claro, que básicamente consiste en "explicar" al pueblo que no existen otras alternativas, y sacrificar toda la política económica para satisfacer los intereses de esta hidra bancaria internacional. Es así como funciona este cotarro, y pretender ignorarlo o reformarlo desde dentro, incluso pretender enfrentarse a él sin un plan rigurosamente establecido, y sin la mayoría social de un pueblo apoyándolo, es absolutamente imposible, además de un ejercio de supina ingenuidad.

 

La crisis actual no ha sentado las bases para que este tinglado deje de funcionar, ni siquiera para que sea menos poderoso, así que la inestabilidad financiera persistirá, y como las deudas públicas no hacen más que aumentar en prácticamente todos los países desarrollados, resulta que  nos encontramos con la acuciante y creciente amenaza de una explosión de la burbuja de las obligaciones, igual que ocurrió con la burbuja inmobiliaria, o con la burbuja de las hipotecas basura. Las deudas están constituidas por obligaciones financieras, y como la deuda aumenta, llega un momento en el cual la burbuja explotará y asistiremos, de nuevo impotentes, a un cataclismo financiero tan grave o más que los vividos hasta ahora, ya que los Estados, debido precisamente a sus políticas de disciplina presupuestaria, no podrán intervenir. No se ha cambiado ni un ápice de la lógica profunda de la globalización de los mercados, y tampoco se ha querido romper el oligopolio. Por todo ello, el conflicto está servido. Sólo es cuestión de tiempo que volvamos a vernos inmensos en una inmensa crisis que agrave nuevamente nuestras condiciones de vida. 

 

Y cuando el cataclismo estalla, ya sabemos la forma de actuación del manual del gobernante neoliberal de turno, que consiste básicamente en recapitalizar las entidades bancarias objeto del desastre (bajo la falacia de que a los bancos no podemos dejarlos caer), o bien en "nacionalizarlos" (engañoso eufemismo, bajo el que se esconde en realidad una práctica limitada en el tiempo para socializar las pérdidas, y posteriormente privatizar de nuevo los beneficios). Al final, todo ello nos lleva a que la deuda privada engrose el montante de la deuda pública, pagando todos los contribuyentes, y abultando de nuevo los intereses de dicha deuda. Hoy día el sistema globalizado permite que los capitales se muevan en el escenario internacional a la velocidad de un clic, gracias al enorme poderío de estos agentes del capitalismo transnacional. Bien, la pregunta, por tanto, está muy clara: ¿cómo podemos y debemos actuar? ¿Qué solución podemos darle a esta barbarie capitalista de los grandes bancos y de la deuda pública que nos obligan a pagar, hipotecando nuestra soberanía y convirtiendo la moneda en un bien privado en vez de un bien público? Pues desde la izquierda transformadora, pensamos que en la propia pregunta está contenida la respuesta. Entonces, la nueva pregunta podría ser: ¿Porqué los Estados han de pagar sus deudas? ¿Deben estar siempre obligados a ello? Cada vez que se han planteado esta pregunta últimamente, nuestros mediocres e ineptos gobernantes se han llevado las manos a la cabeza, como si estuvieran ante un nuevo diluvio universal...¡¡NO PAGAR LA DEUDA!! ¡¡QUÉ BARBARIDAD!!

 

Pues como vamos a comenzar a demostrar, no es ninguna barbaridad. Me baso a partir de aquí en un estupendo artículo de Francisco Vidal Guardado, que precisamente se hace dicha pregunta en el título, e intenta responderla desde varios puntos de vista. Permítaseme aclarar otra frecuente falacia que se vierte, en el sentido de equiparar el funcionamiento económico del Estado al de una familia, para desmontar lo cual recomiendo a los lectores nuestro artículo "La familia como mal ejemplo económico", publicado en este mismo Blog. Pero asimilar esta diferencia es sólo el principio. Hay que partir de la base de que un Estado es la plasmación política de una sociedad, esto es, de una comunidad política. Es evidente que los Estados necesitan obtener recursos para financiarse. El principal medio del que disponen para ello es la propia confiscación de bienes a los habitantes del territorio que controlan, esto es, el mecanismo de los impuestos. La burguesía, los señores feudales, la aristocracia, las monarquías, el clero o los terratenientes, son ejemplos de estamentos sociales que históricamente se han autofinanciado de esta forma, explotando al pueblo llano para mantener sus privilegios. Una política socialista debe, en primer lugar, expropiar a dichos estamentos, redistribuyendo la riqueza y convirtiendo el mecanismo de los impuestos en un auténtico sistema de cohesión y de justicia social. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 octubre 2015 4 01 /10 /octubre /2015 23:00

Continuando con el relato del patrimonio en poder de la Iglesia, hemos de hacer capítulo aparte con las ayudas directas a la misma, para el sostenimiento, reforma y conservación del patrimonio artístico e inmobiliario que figura en su poder, acumulado en gran medida de forma ilícita e irregular, como ya hemos destacado en algún artículo anterior de esta serie. Entre ellos, por dar algunas cifras, 280 museos, 103 catedrales o colegiatas con cabildo y casi mil monasterios, situados muchos de ellos en sitios privilegiados, y en el centro mismo de grandes urbes, además de terrenos rústicos y urbanos, viviendas y otros bienes patrimoniales, como el oro, piedras preciosas, joyas, cuadros artísticos de enorme valor, arte sacro, etc. El volumen total de todo ello, como venimos insistiendo, es muy difícil de conocer con exactitud, pero desde diversas fuentes manejadas por Europa Laica, se deduce que pueden superar los 600 millones de euros anuales, lo que le cuesta al Estado la conservación y reparación de todo ese patrimonio (como siempre, vía central, autonómica y local)...¿conocemos alguna otra empresa o institución que se pueda equiparar en este terreno a la Iglesia Católica? Dejo la reflexión a los lectores. 

 

También hemos de hablar del capítulo de donaciones de suelo público, beneficios patrimoniales, inmatriculaciones y otras subvenciones y gastos menores de carácter local. Destacan aquí la cesión de suelo público y donaciones directas e indirectas, por parte de los Ayuntamientos a los Obispados para lugares de culto o para la denominada "obra social" (también tratada en anteriores entregas) o la enseñanza. Pagos diversos de los gastos varios de algunas casas parroquiales e Iglesias (energía, limpieza, mantenimiento, agua...). Gastos de Ayuntamientos en cartelería, anuncios en prensa y radio y programas de mano o panfletos para eventos religiosos, y donaciones a las cofradías de Semana Santa (hablaremos de ella en la recta final de estos artículos) y otros desfiles procesionales para los Cristos y Vírgenes patronos y patronas de muchas localidades (cada uno tiene su día en el año, donde suele celebrarse su tradicional procesión), ofrendas florales, romerías, fiestas religiosas, etc (hablaremos del aspecto de la religiosidad popular más adelante en esta serie de artículos). También figurarían aquí los costes extras de fuerzas de orden público, bandas de música y servicios de limpieza para todo tipo de eventos religiosos, etc. En fin, los gastos en este gran apartado son, como puede imaginarse, incalculables. 

 

Por su parte, las subvenciones de Comunidades Autónomas y entidades locales a organizaciones y asociaciones ligadas a la Iglesia Católica, en algunos casos muy radicales e integristas (también existe el integrismo católico, sólo hay que contemplar el pensamiento de algunos dirigentes del PP) puede superar un montante de varias decenas de millones de euros anuales en el conjunto del Estado. Desde la izquierda transformadora, pensamos que el culto y el clero de cualquier organización religiosa y de las demás organizaciones a su servicio, deberían estar financiadas exclusivamente y de forma voluntaria por las personas que sean fieles o se sientan atraídas por esa doctrina religiosa, siendo un ámbito absolutamente privado de cada cual, donde el Estado no sólo no debe entrar, sino que además, debe permanecer absolutamente neutral. Pero neutral no debe ser entendido como financiar a todas las confesiones religiosas por igual, sino como no financiar a ninguna. Toda la situación relatada va claramente en contra de los fundamentos de un Estado Laico, lo cual nos da pie para exigir al Estado que los Acuerdos Concordatorios con la Santa Sede de 1979 (y las modificaciones parciales acordadas en 2007, bajo un Gobierno del PSOE), al margen de otras consideraciones de presunta inconstitucionalidad, sean denunciados y anulados. 

 

Porque, tal y como afirman desde Europa Laica, a cuyo Informe de abril de 2015 nos estamos remitiendo durante todos estos artículos: "El poder económico real de la Iglesia Católica en España es prácticamente imposible calcularlo, dada su peculiar organización, la opacidad con la que funciona y su dependencia del Vaticano, y ello, aunque se tratara de evaluar la prestación de servicios voluntarios de fieles seglares, monjas y clérigos, más el dinero recaudado por diversas vías, para servicios educativos, sociales, sanitarios y de caridad, ya que se nutre de complicados mecanismos de ingresos privados y de financiaciones públicas, más la propiedad de bienes y patrimonio de muy variada índole, incluido su patrimonio financiero, como acciones, fondos de inversión, participación en Consejos de Administración de diversas empresas y entidades financieras varias, etc". Como conclusión, aunque todavía nos quedan por tratar algunos asuntos en esta recta final, podemos afirmar que después de más de 35 años de democracia formal y con una Constitución que, aún en su calculada ambigüedad en esta materia, establece que "ninguna confesión religiosa tendrá carácter estatal", las relaciones del Estado con la Iglesia Católica en materia económica, no sólo siguen con la misma orientación que en la dictadura franquista, sino que, en términos cuantitativos, se han acrecentado considerablemente. A las pruebas nos remitimos. Continuaremos en siguientes entregas.

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30 septiembre 2015 3 30 /09 /septiembre /2015 23:00

Uno de los valores que tenemos asumidos en el capitalismo consiste en imponer lo que pudiéramos denominar como una sanción contra los agentes que hayan causado cualquier daño a otros agentes, o bien no hayan respetado sus derechos. Es decir, se supone que existe un agente (un particular, una organización o una empresa, una Institución, o directamente el Estado) que ha vulnerado los derechos de otro agente, y que, como reparación de ello, el sistema le impone al primero una sanción, multa o canon, consistente típicamente en una cantidad monetaria que el sistema entiende (desde su punto de vista capitalista) que está destinado a resarcir los posibles daños causados. Normalmente, quien impone la sanción o multa suele ser un tribunal de justicia, al cual se ha apelado debidamente para denunciar, y en su caso reclamar, la indemnización correspondiente. Bajo un sistema que legitima el dinero como elemento fundamental para la consecución de la riqueza, la sanción capitalista es, en la inmensa mayoría de los casos, el elemento reparador por excelencia. Pero el extendido mantra de "Quien la hace, la paga" está mucho más extendido de lo que sería deseable, no representando en la inmensa mayoría de los casos, como vamos a ver, la solución al problema.

 

Podemos poner multitud de ejemplos de esta asidua práctica, porque además se aplica a muchos y muy diversos contextos: pueden ponerle una multa a los bancos por algunas de sus miles de prácticas fraudulentas, mafiosas e ilegales (la última, por ejemplo, intentar cobrar doble comisión si un usuario reintegra alguna cantidad desde un cajero externo a su red), o bien pueden imponerle una sanción económica a un grupo de empresas que hayan violado las normas de la libre competencia (como la reciente multa a las compañías petroleras por haber acordado las variaciones de precios del combustible), o pueden imponerse sanciones a determinadas empresas por prácticas fraudulentas (por ejemplo, tenemos el caso actual de la Wolkswagen, que ha trucado su software de control de emisiones en sus vehículos, para que detecten cuándo están siendo sometidos a una prueba), o bien pueden imponerse sanciones en el ámbito internacional, cuando determinados países incumplan acuerdos, normas o tratados de obligado cumplimiento (como le está ocurriendo a nuestro país, que ya ha sido denunciado ante la ONU por diversos asuntos relacionados con la memoria histórica, con la garantía de algunos derechos sobre acceso a servicios públicos, o bien ante su indecente política contra los inmigrantes africanos). 

 

Pero aún podemos ejemplificar más casos, donde el sistema de multas, indemnizaciones o sanciones se aplica, constituyendo claros casos de impotencia del sistema ante el intento de reparación del daño causado. Tenemos casos muy ilustrativos al respecto, como el de los Ayuntamientos que sistemáticamente pagan la multa correspondiente, por continuar ejerciendo prácticas consideradas ilegales, como en algunos casos de maltrato animal...y entonces podríamos preguntarnos: ¿realmente la multa o sanción capitalista cumple su función reparadora del daño? El importe de la cuantía suele ser perfectamente asumible por la Institución, que prefiere, aún a costa de ser multada, continuar practicando su ritual popular, tirando al ave desde el campanario de la Iglesia del pueblo, a sabiendas de que la sanción no afectará en nada. Y si tenemos por ejemplo muy claro que el sistema ha de indemnizar a terceros afectados ante casos de accidente grave o muerte (en este caso la indemnización se concedería a los familiares más directos), no lo tenemos tan claro cuando el sistema ha de compensar con dinero determinados hechos que causaron un efecto demoledor en la población, los animales o la propia naturaleza. Tenemos en la palestra el caso de los afectados por la talidomida, un medicamento de la farmacéutica alemana Grünenthal que muchos médicos recetaron a muchas mujeres embarazadas para controlar sus vómitos, durante las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado, y que provocó el nacimiento de miles de niños y niñas con enormes deformidades. En este caso, además, el caso ha sido aún más injusto, pues se han denegado las indemnizaciones a los afectados de nuestro país, bajo el argumento de la prescripción. Y como dijo uno de los afectados a la puerta del Tribunal Supremo: "Yo no prescribiré hasta que me muera". 

 

En cualquier caso, el principio de justicia social que pudiéramos denominar como "Te perjudico, pero te indemnizo" no parece estar siempre a la altura, sobre todo cuando se practica al contrario, esto es, siendo el propio ciudadano el que "indemniza", paga una multa en cuestión, al sistema o a su sociedad, para no verse "perjudicado". Quizá el caso más paradigmático de esta práctica, asumida y legitimada socialmente, pero aún injusta, sea el de las denominadas "fianzas judiciales". En efecto, se da cuando un juez entiende que existen indicios de comisión de delitos por parte de un sospechoso, y dictamina para dicha persona un período de prisión preventiva, hasta la celebración del juicio correspondiente, pero dicha entrada en prisión puede evitarse mediante el pago de una determinada cantidad en concepto de "fianza". Nos puede parecer justa en el sentido de que la cantidad a pagar por el supuesto imputado suele ser proporcional a la gravedad de sus delitos, pero en cualquier caso, es evidente de que sólo los que puedan conseguir el dinero para pagar la fianza (directamente o a través de terceros) se verán libres de la cárcel. Los que no puedan pagarla, no podrán evitar la prisión, representando una medida a todas luces injusta y discriminatoria.

 

Pero indiscutiblemente, donde el sistema de la sanción capitalista se muestra más injusto e impotente es aquél que pudiera responder al principio de que "Quien contamina, paga". Como sabemos, aún nos queda mucho camino por recorrer hasta desarrollar completamente un grado de concienciación social amplio con los problemas de sostenibilidad medioambiental, así como con el desarrollo de políticas de producción, uso, consumo y desecho de nuestros recursos naturales. Y en este medio camino entre la minoritaria conciencia sobre el problema, y la necesidad de desarrollar mecanismos para ir paliando las terribles consecuencias medioambientales de las políticas que se desarrollan, los Gobiernos insisten en recurrir a las compensaciones económicas como medio para enfrentarse a estas malas prácticas. Estas políticas de sanción, multa o canon van penetrando poco a poco en el seno de las comunidades, incluso dentro de los hábitos y costumbres particulares. Muchos las aceptan como moneda de cambio normal, pero estas políticas compensatorias tienen un alto coste, ya que con ellas se aceptan socialmente y se legitiman los daños a los territorios, a la salud, al medio ambiente, a los recursos naturales, e incluso a la vida tradicional de muchas comunidades, entendiendo que estas práticas y estos daños causados se pueden compensar con dinero. 

 

Y así, se abren las puertas a formas de entender la política y las medidas sociales enmarcadas en el dinero como elemento paliador de todos los efectos perniciosos que podamos causar por otras vías, cuando, y más en el caso al que estamos haciendo referencia, ni todo el dinero del mundo podría reparar los terribles e irreversibles daños que le estamos provocando al planeta. Tenemos por tanto que cambiar nuestra filosofía, y tenemos que hacerlo imperiosamente. Hemos de abandonar los puntos de vista centrados en la racionalidad mercantil, tan arraigada en nuestro imaginario colectivo, para entender que los intercambios o compensaciones económicas no van a paliar en ningún caso los graves deterioros causados. En el caso de un accidente o asesinato causado a terceras personas, aunque lógicamente la indemnización no nos devuelva a la vida a nuestros seres queridos, el pago está pensado para paliar determinadas situaciones de carencia derivadas de la ausencia de las personas afectadas. Pero en los casos de daños medioambientales, está claro que el dinero no devolverá la vida a los animales muertos, ni los árboles a los bosques talados, ni limpiará el agua contaminada, ni restablecerá las temperaturas desequilibradas, ni volverá a formar hielo en el mar de que se trate...los efectos ya serán irreversibles, y el pago por haber contaminado no restaurará las condiciones anteriores al daño. Lo que hemos de hacer es diseñar políticas de prevención, e implementar medidas que imposibiliten que dichas situaciones puedan continuar dándose. Si no lo hacemos, más temprano que tarde, el dinero no impedirá la autodestrucción.

 

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29 septiembre 2015 2 29 /09 /septiembre /2015 23:00

Los medios de comunicación dominantes son el elemento central de desestabilización, son armas de desinformación masiva

Juan Carlos Monedero

Hablábamos en estas últimas entregas sobre la tremenda fuerza que el pensamiento dominante ejerce en la ciudadanía a través de sus medios de comunicación de masas, auténticos medios de intoxicación y manipulación mediática, situados al servicio de los intereses del gran capital. Pero lo cierto es que la clase dominante dispone de muchos otros recursos para controlar la información (mejor la llamaríamos desinformación) que se vierten a través de los medios. Tenemos en primer lugar la propia relación laboral del periodista con el medio en cuestión. En una reciente entrevista, Javier Mestre lo explica en los siguientes términos: "Por ejemplo, mediante la utilización del periodista "a la pieza", que es creciente, y actúa como una de las formas más sangrantes de precariedad laboral. Consiste en que el periodista se declara como trabajador "por cuenta propia" (falso autónomo) y establece una relación laboral con la empresa, con la salvedad de que el medio no está obligado a aceptar el producto elaborado por el periodista. El medio de comunicación compra la "pieza" informativa. Así, el profesional sabe que tiene que escribir las "piezas" de una determinada manera si quiere que el medio se las compre. De ese modo, el control ideológico es total. No hace falta reñir ni censurar, basta con no comprar. El periodista ya sabe que si quiere comer tiene que seguir los dictados de la línea editorial...". Y efectivamente, es un tipo de relación del periodista con el medio que va en aumento, extendiendo no sólo un modelo de precariedad laboral, sino un sometimiento y control de la propia información a la vertiente ideológica del medio de comunicación de que se trate. La propia profesión periodística se degrada, se prostituye, e involuciona la dignidad moral del auténtico profesional de la información. 

 

Y a todo ello habría que sumar la descontextualización de las noticias, la mezcla indiscriminada de información y opinión, la precariedad laboral de los periodistas de plantilla, la existencia de enormes oligopolios mediáticos (en nuestro país más de un 60% de los canales privados de televisión y sus periódicos y revistas asociadas están controlados sólo por dos gigantes empresariales, como Mediaset y Atresmedia), la saturación y el ruido informativos, la inmediatez y el bombardeo de la propia información, la mezcla de asuntos importantes con temas banales, la mercantilización de la propia información y del espacio comunicativo, la atención exagerada a los asuntos de cotilleo, del morbo y del sensacionalismo, etc. Todo este panorama, existente en prácticamente todos los medios, nos retrata un modelo informativo aberrante y alienante en sí mismo, que contribuye cada vez más al embrutecimiento e inmadurez cultural e intelectural de la ciudadanía. Y así, hechos sesgados, opiniones interesadas, bombardeo mediático y mezcla de información y opinión forman el cóctel informativo de cada día. Por su parte, las redes sociales están contribuyendo también muy negativamente al retrato informativo, y en ellas nuestra atención suele ir de chiste en chiste, de vídeo gracioso e intrascendente a otro más por el estilo, de titular llamativo a titular más llamativo, de noticia explosiva en otra, pero siempre sin profundizar en el mesurado análisis del contexto donde todo ello se produce. 

 

Somos incapaces, porque al pensamiento dominante así le interesa, de analizar con serenidad y profundidad los hechos que nos acontecen como sociedad, las opiniones políticas de nuestra vida cotidiana, las consecuencias y el origen de lo que nos ocurre, del porqué y del cómo. Jorge Cappa lo expresa en los siguientes términos: "Hoy en día, se le dedica mucho más tiempo a ver y compartir vídeos "virales" de un niño pequeño bailando en una cocina o de un perro bajando unas escaleras que, por ejemplo, a informarse y reflexionar sobre los efectos que produce el hecho de que el Fondo Monetario Internacional someta a los Gobiernos elegidos en las urnas a los intereses privados de los bancos y las multinacionales. Algo va mal en una sociedad si una persona está mucho más pendiente de publicar en las redes sociales una foto para mostrar lo bien que le queda el pantalón que se acaba de comprar, que de conocer y debatir acerca de las consecuencias sociales que producen los recortes gubernamentales en servicios sociales y en cultura". Creo que queda perfectamente claro, y es parte del retrato alienante de la sociedad donde el capitalismo imperante nos conduce, una sociedad encerrada en sí misma, idiotizada, ignorante y sumisa, carente de cualquier capacidad de auténtica reflexión y cuestionamiento del sistema. 

 

También retrata este autor otra de las características fundamentales de nuestra sociedad, como es la dispersión, realizar varias cosas a la vez sin estar centrado en ninguna de ellas profundamente, y sin poder disfrutar plenamente de lo que se está haciendo. Cuando la gente sale por sistema a la calle con un par de auriculares en las orejas, para escuchar música, o cualquier otra cosa, la situación es realmente preocupante. Pero además de ello, ¿cuánta gente pone un disco en el coche y cambia de canción cada 15 segundos? ¿Cuánta gente revisa el teléfono móvil 3 ó 4 veces mientras está viendo una película en el cine o mientras charla con un amigo en el bar? El pensamiento dominante ha llegado a tal grado de control que modela también nuestras actitudes, nuestros comportamientos, nuestras pautas de vida, nuestras costumbres y  nuestras consideraciones sobre todo lo que nos rodea. Y nos hace partícipes de este aberrante sistema cultural, y de todo este imaginario colectivo. El pensamiento único ha modelado un sistema social que no nos deja ningún resquicio para otra cosa. La mayoría de la gente vive absorbida por horarios ingentes de trabajo, desplazamientos largos, realización de las tareas domésticas, atención a los hijos, etc. Hay mucho cansancio y estrés, y el poco tiempo libre disponible se utiliza para desconectar de la rutina, descansar y consumir, por lo que quedan pocas ganas y poco tiempo para informarse bien sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, y reflexionar profundamente sobre ello. 

 

Cada vez disponemos de más información, pero estamos cada vez más desinformados. Vivimos en la era del flash mode, del modo rápido, donde quizá Twitter sea el medio de comunicación paradigmático, en el cual la estupidez social se eleva a límites insospechados. Hoy día, si ocurre algo importante, en primer lugar estamos pendientes a los mensajes de twitter que puedan lanzar las personas de cierta relevancia social. Se genera así una búsqueda permanente de novedades, de nuevos estímulos que puedan sacarnos de la rutina, y el consumismo es la respuesta a este modelo de vida insatisfecha de la gente, una forma de evasión que sirve como un calmante, como un placebo que proporciona el modelo capitalista hegemónico, pero que no soluciona de verdad los auténticos problemas de fondo de nuestro modo de vida. Vivimos en la sociedad de la enajenación y de la alienación a la que el pensamiento dominante nos ha conducido, pero además, lo vivimos de una forma legitimada y consentida, asumiendo que no existen otras alternativas. La verdad es que los dirigentes de nuestro modelo de sociedad lo han sabido hacer muy bien. Han conseguido llevarnos al terreno donde querían, de forma que no nos demos cuenta, y encima entendamos que la sociedad no puede ser de otra manera. Victoria total. Hegemonía completa. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 septiembre 2015 1 28 /09 /septiembre /2015 23:00

Es muy triste para mi comprobar cómo, de un tiempo a esta parte, lo que en principio parecía ser una opción política no sólo regeneradora, sino auténticamente revolucionaria, se ha ido quedando en una opción socialdemócrata más. Y francamente, para este viaje no hacían falta tantas alforjas. Desde su creación, he escrito muchas veces en defensa de este grupo de intelectuales fundadores del partido, que luego se abrió al resto de la sociedad mediante sus círculos, y que parecían dar cauce electoral al espíritu político del 15-M. Me he rebelado en su momento, cuando se volvían feroces los ataques a la formación morada, mediante campañas de desprestigio orquestadas por los partidos que representan a la clase dominante, así como los medios de comunicación que les apoyan. He criticado a toda la órbita fascista anti PODEMOS que ha mostrado su cara más demoledora, en un intento de revertir los resultados de las elecciones donde la formación de Pablo Iglesias obtenía alguna representación. He escrito sobre el propio valor de la utopía, desde el punto de vista de varios autores, que parecía encarnado en algunas propuestas del PODEMOS fresco y original, que luego se han ido quedando en nada. 

 

Incluso me he rebelado contra la sugerencia que algunos representantes de la clase empresarial llegaron a hacer sobre la creación de un PODEMOS de derechas, reprochando el intento de prostitución sobre el sentido original de esta formación. Por último, también he intentado, y lo he hecho completamente convencido, explicar el cierto grado de ambigüedad en algunas de las propuestas y de los argumentos de PODEMOS, sobre todo a los que se referían a la construcción de nuevos significantes para expresar y referirse a los ejes izquierda-derecha como a los de arriba frente a los de abajo, o bien al concepto de casta para representar a la clase dominante en toda su dimensión. Pero lo cierto es que, en su obsesión por liderar el "centro del tablero político" (en expresión de Pablo Iglesias), esta formación política ha ido diluyendo, suavizando y renunciando a una serie de argumentos y de propuestas, que están provocando su rápida adscripción como una formación socialdemócrata al uso, no pudiéndose ya considerar como una formación política representante de la izquierda transformadora. Esto no significa que no sigamos estando de acuerdo (que lo estamos) con multitud de sus propuestas y enfoques programáticos, pero en muchos asuntos de calado, la respuesta y la actitud de PODEMOS se han vuelto completa y absolutamente decepcionantes. 

 

Por una parte, y desde su programa electoral original para las Elecciones al Parlamento Europeo en 2014, han suavizado, desvirtuado u omitido muchas propuestas que considerábamos como auténticas "joyas de la corona", como por ejemplo, la de la renta básica. En efecto, su redacción de la propuesta para dicha convocatoria electoral fue impecable, respondiendo a los objetivos, características y financiación de la misma, esto es, como una prestación económica mínima, concedida a toda persona como derecho de ciudadanía, destinada a erradicar la pobreza y la exclusión social, financiada por el Estado a partir de una reforma fiscal progresiva, y de la eliminación de todas las demás prestaciones de cuantía inferior a la RB. Pero en vez de mantener este enfoque, a partir de ahí el carácter de la propuesta fue descafeinándose, no sabemos si por influencia de los principales ponentes de su posterior programa, "Un proyecto económico para la gente", ya que sus redactores principales, los economistas Vicenç Navarro y Juan Torres, son declarados detractores de la renta básica. Después llegó su programa electoral para las Elecciones Municipales y Autonómicas de mayo pasado, de cuyas propuestas ya publicamos nuestro enfoque crítico en su momento, al que remito a los lectores. 

 

Pero no es el único tema donde las reacciones de PODEMOS se han tornado decepcionantes. Tenemos también el caso de Venezuela, que ha sido restregado hasta la saciedad por los "periodistas" adscritos a la derecha mediática de este país, y donde a las permanentes acusaciones de dichos medios al modelo socialista bolivariano del Presidente Nicolás Maduro, tildándolo de "dictadura represora", de no respetar los "derechos humanos", y de encarcelar a los "opositores al régimen político" de Maduro, las respuestas de los dirigentes de PODEMOS han sido completamente tibias y carentes de todo argumento que contrarreste los ataques mediáticos capitalistas y las calumnias que continuamente se vierten contra Venezuela y su legítimo gobierno. Desde la formación morada deben saber quiénes son los opositores venezolanos, y lejos de esquivar estos ataques de la caverna mediática y de los políticos representantes del gran capital (como Felipe González, con su lamentable visita a Venezuela y su encendida defensa de Leopoldo López), la respuesta de los dirigentes podemitas ha sido la tremenda tibieza a la hora de replicar a todos estos agentes de la intoxicación mediática, y a todos los borregos tertulianos que se limitan a repetir como un papagayo lo que el pensamiento dominante les expone.

 

Hemos echado en falta, por tanto, desde PODEMOS (y también desde Izquierda Unida, dicho sea de paso) una defensa mucho más clara, radical y tajante del régimen venezolano, explicando claramente el origen y las causas de la situación que allí se vive, denunciando a los auténticos actores que extorsionan el sistema (que no son otros que la derecha venezolana y las grandes empresas transnacionales, con el inestimable apoyo de los Estados Unidos), y defendiendo (con sus limitaciones, defectos e imperfecciones, naturalmente) el régimen chavista, no como un modelo a exportar fielmente a terceros países, pero sí como un ejemplo actual del socialismo del siglo XXI. Y en esta misma línea, a PODEMOS le han acusado hasta la saciedad, por activa y por pasiva, mediante los voceros de los medios de comunicación representantes del neoliberalismo, de financiarse del régimen bolivariano, y ellos no sólo se debieran haber limitado a negarlo, y a demostrarlo en los tribunales de justicia, sino que deberían haber contraatacado aclarando a la ciudadanía que son los grupos de extrema derecha venezolanos los que se financian desde los think tanks republicanos de los Estados Unidos. Para colmo, cuando Juan Carlos Monedero, uno de nuestros intelectuales mejor valorados internacionalmente, y de más experiencia en el campo de la izquierda, redacta un artículo poniendo las cosas en su sitio después de la reciente condena al golpista Leopoldo López, los dirigentes de PODEMOS se apresuran a desmarcarse de su línea, y a declarar que su opinión no es la postura oficial de la formación morada. Finalizaremos en el segundo y último artículo de esta serie.

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27 septiembre 2015 7 27 /09 /septiembre /2015 23:00

Para que pueda gobernar el capital financiero, primero deben saquearse a fondo las economías

Michael Hudson

Perfecta cita que nos da entrada al siguiente gran tema que vamos a abordar en esta serie de artículos, dentro del gran capítulo donde estamos exponiendo los puntales donde debe basarse, desde nuestra humilde opinión, el Socialismo en el siglo actual. Porque a lo que vamos a prestarle atención en los siguientes artículos es al importantísimo tema de la deuda pública, tan de rabiosa actualidad. Deuda pública cuyo montante e intereses pesan como una losa sobre los presupuestos de los respectivos Estados, como vamos a ir exponiendo. Pero para poder abarcar y comprender bien el asunto, debemos comenzar por el principio. Y el principio no es otro que relatar la increíble fuerza del oligopolio bancario en la actualidad, dentro de esta fase de neoliberalismo financiarizado que vivimos. Vamos a basarnos, en primer lugar, en una reciente entrevista que el periodista Eduardo Febbro, del medio argentino Página 12, realizaba al economista francés François Morin, de la Universidad de Tolouse, de la cual vamos a tomar las más interesantes reflexiones.

 

En la primera parte de esta serie de artículos, dedicada al capitalismo actual, ya dimos cuenta de la inmensa fuerza de la banca privada como gran agente económico transnacional, así que aquí, para no repetirnos, vamos a abordar sólo las cuestiones que tienen que ver con la banca en relación a la insoportable deuda pública de los Estados. Pero antes, esbocemos siquiera unas reflexiones de puro sentido común, y que proceden únicamente de la simple observación del sector bancario privado. Por ejemplo, fijémenos en el volumen de negocio (en este caso, el negocio es el movimiento de capitales) que muchos grandes bancos llegan a mover, superior al Producto Interior Bruto (PIB) de algunos países, lo cual ya da una ligera idea de su tamaño. O fijémonos también en el dato de las expectativas de aumento de sueldo (entre fijos, pluses, beneficios, etc.) de sus consejeros y altos directivos (20, 30 ó 40% anual, frente al ridículo 1% de los empleados, y eso teniendo suerte). O por último, démonos cuenta del régimen de jornada laboral de los empleados y directivos de banca, que sólo tienen horarios en turnos de mañana (salvo las excepciones de rigor), siendo quizá las únicas empresas del sector privado que se asemejan en jornada laboral a los funcionarios y empleados públicos. Sólo observando estos simples datos, no hace falta ser muy inteligente para concluir que la banca privada es hoy día un auténtico paraíso empresarial. 

 

Pero vamos a lo importante. Según François Morin, el mundo de la política y de las finanzas está dominado por lo que él llama una "hidra mundial" compuesta por 28 grandes bancos internacionales, cuyas decisiones marcan el curso no sólo de las finanzas en general, sino también de los gobiernos y las democracias parlamentarias a nivel de todo el planeta. Este conjunto de bancos, interrelacionados y conectados entre sí, manejan el mercado cambiario, las tasas de interés, crean los productos tóxicos por los cuales luego pagan los Estados (socializando sus pérdidas al resto de la ciudadanía), influyen en las políticas económicas que implementan los gobiernos, y en fin, modelan las democracias a su antojo, tendiendo hacia los modelos de baja intensidad que tenemos hoy día. Y así, maniobras fraudulentas, pactos secretos, lobby contra la democracia, manipulación de los mercados, y un sinfín más de prácticas despreciables, desempeñan un nefasto papel en las sociedades capitalistas actuales, y convierten la democracia mundial en un rehén de sus intereses privados. "Democracia", esa sagrada palabra que, en boca de estos sucios banqueros, se prostituye y se pervierte hasta límites increíbles. 

 

Un sólo dato basta para entrever el gigantesco poderío del que estamos hablando: en total, estos 28 bancos detentan un volumen de recursos superiores a los de la deuda pública de 200 Estados del planeta. Los Estados endeudados gracias a la perversa influencia de estas entidades, son hoy día Estados jibarizados, que han perdido su soberanía monetaria (base para el resto de las soberanías) y que se enfrentan a peligrosos y poderosos enemigos. Según Morin, entre los 28 bancos del oligopolio, hay 14 que "producen" los productos tóxicos derivados, cuyo valor estimado alcanza los 710.000 millones de dólares, el equivalente a 10 veces el PIB mundial. ¡Ahí es nada! En palabras de François Morin: "La hidra bancaria se ha transformado en un oligopolio vandálico para la economía mundial y la estabilidad de las sociedades". No es ninguna exageración. Bajo la apariencia de ausencia de ideología, estos poderosos personajes son las principales amenazas para la cohesión social, y las políticas de igualdad de los diversos países. Además, lógicamente, cuentan con el inestimable e incondicional apoyo de muy diversas organizaciones internacionales (FMI, BM, OCDE, etc.), así como con la cómplice colaboración de gran parte de la clase política, sobre todo aquélla que apuesta por el fomento del más despiadado neoliberalismo. 

 

Este oligopolio mundial bancario comenzó a emerger durante la última década del siglo XX, una vez maduradas las principales experiencias del neoliberalismo, tanto en Estados Unidos, en Europa y en América Latina. Concretamente, fue la liberalización completa del mercado de capitales (ya proclamada desde el Consenso de Washington) la que permitió la creación de vastos mercados monetarios y financieros desde todos los rincones del mundo. Podemos decir que a partir de 1995, existen bancos que se tornan sistémicos a nivel mundial, es decir, que la caída de uno de ellos puede provocar un cataclismo financiero a escala planetaria. De hecho, la mayoría de las crisis sistémicas que conocimos a partir de 1990, ya sea en los países del Sudeste Asiático, en Brasil o en Turquía, fueron crisis provocadas por la especulación internacional, promovida por el propio movimiento de capitales. Pero además, para mayor fortaleza, estos bancos se alían y se ponen de acuerdo entre ellos ante diversas situaciones, es decir, practican una suerte de colusión. Por tanto, actúan al modo de una banda criminal organizada para influenciar colectivamente sobre los principales precios de las finanzas mundiales, en especial las tasas cambiarias y de interés. François Morin aporta datos de que estas prácticas oligopolistas comienzan a partir de 2005. Es decir, entre los años 90 y 2005 el oligopolio comienza a formarse, y a partir de 2005, estas prácticas se vuelven corrientes. 

 

Por supuesto, desde entonces acá, algunos gobiernos y organizaciones han multado por dichas prácticas a esta hidra bancaria, pero fueron multas que, en relación con sus ganancias, resultan a todas luces insignificantes. Y las políticas de este gran oligopolio bancario se traducen, sobre todo, en el masivo e insostenible endeudamiento de los Estados. Antes de la actual crisis, el endeudamiento medio europeo se situaba en torno al 60% del PIB. Pero a partir de 2007, justo cuando empieza la crisis, ese endeudamiento se acrecienta brutalmente. Y aprovechemos para desarmar mitos y denunciar falacias que se vienen viertiendo desde entonces: el nivel de sobreendeudamiento actual está ligado a las causas de la crisis financiera, y no al despilfarro de las finanzas públicas, como nos quieren hacer creer. Se difunde por activa y por pasiva, desde las clases dominantes, que mediante políticas presupuestarias rigurosas, y mediante el saneamiento de las cuentas públicas se va a combatir el sobreendeudamiento, pero esto es totalmente erróneo. La crisis es una consecuencia del comportamiento abusivo y demencial de los grandes bancos, a través de la puesta en circulación y el uso generalizado de una serie de productos financieros tóxicos. Por tanto, si pretendemos reducir la deuda pública actual y la futura, tendremos que incidir sobre dichos comportamientos, cosa que evidentemente no se está haciendo. Los grandes bancos siguen comportándose igual que en el pasado, más aún si tenemos en cuenta que las actuales políticas les benefician más que antes. Continuaremos en siguientes entregas.

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24 septiembre 2015 4 24 /09 /septiembre /2015 23:00

Nos quedamos en nuestro último artículo de esta serie hablando sobre los fondos destinados a la denominada "actividad social" de la Iglesia, y denunciábamos el hecho de que se haya institucionalizado en nuestro país el "modelo caritativo" que estas organizaciones ofrecen (Cruz Roja, Cáritas, Bancos de Alimentos, etc.), mientras el Estado abandona progresivamente los pilares de la justicia social. Peligrosa deriva, porque la justicia social es un derecho exigible por toda sociedad democrática, mientras que la caridad es otra cosa bien distinta. Y remitíamos también a los lectores a nuestro artículo "¿Caridad, Solidaridad o Justicia Social?", donde abundábamos en estos asuntos. Y así, mientras nuestros Gobiernos incumplen sistemáticamente sus compromisos sobre el blindaje de los derechos sociales básicos (así como los relativos a la cooperación internacional y la lucha contra la pobreza a nivel mundial), las organizaciones sociales y ONG's dedicadas a la caridad potencian sus actividades, con el patrocinio de la Iglesia y de terceras empresas, que también sacan tajada del chiringuito. 

 

De esta forma, asistimos a esta paradójica e indecente sociedad, donde mientras crece la desigualdad a marchas forzadas, se potencian la caridad, la filantropía y el "neoliberalismo compasivo", que pregona que pueden paliarse la pobreza y la exclusión social aportando "lo que nos sobra". Y en medio de todo este tinglado, por supuesto, figura la Iglesia Católica como la Institución mejor colocada, actor principal y cómplice fundamental de todas estas políticas. Es la imagen de esta "solidaridad institucionalizada", que preconiza la necesidad de ejercer actividades solidarias, entre todos, desde el más pequeño al más grande, cada uno lo que pueda, pero aportando globalmente como sociedad para paliar las situaciones de extrema necesidad. Hay que denunciar todo este despreciable montaje, y exigir firmemente a los Gobiernos que no eludan sus responsabilidades, porque ellos han sido elegidos democráticamente para ejercerlas, y no para desviarlas a terceras organizaciones, convirtiendo derechos humanos fundamentales en caridad o solidaridad social. Se difunde de esta forma la imagen de personalidades amables, entregadas a los demás, solidarias y activistas, por una parte, frente a la existencia de Gobiernos impasibles y desalmados, que dedican sus presupuestos a armas, a los pagos de la deuda, o a la Iglesia Católica, como estamos contando en toda esta serie de artículos. Basta ya de tanta manipulación y tanta hipocresía. 

 

Evidentemente, todo este entramado politico, económico y social que promueve la caridad y la solidaridad social está montado, como no podía ser de otra manera, para esconder y presentar como más amables los tremendos y crueles desmanes que provoca el capitalismo, sistema que estos "actores solidarios" no cuestionan en absoluto. Pero debiera importarnos más evitar las causas de toda esta barbarie, de toda esta pobreza y exclusión, que paliar sus posteriores consecuencias, mediante la "actividad social" de la Iglesia y de las empresas del tercer sector. En el caso de la Iglesia Católica, la financiación pública para soportar estas actividades podría superar los 2.000 millones de euros, y estos últimos años está aumentando, dada la situación creciente de pobreza (generada por las propias políticas gubernamentales) y de la cual el Estado no se hace cargo, cediendo vergonzosamente esa responsabilidad institiucional a organizaciones que en una gran mayoría son de carácter religioso (católico). A ello hay que sumar las subvenciones directas y convenios con servicios hospitalarios por parte de las Consejerías de Sanidad (estimados en unos 800 millones de euros anuales). 

 

Hagamos en este punto una aclaración importante, desmontando otra de las falacias en relación a la "función social" de la Iglesia. Como indican desde Europa Laica, los Obispos y una parte de la sociedad sostienen que el Estado gastaría mucho más si tuviera que atender, por su cuenta, una parte de las obligaciones educativas, sanitarias y asistenciales, incluso que el apoyo económico del Estado revierte hacia el propio Estado multiplicado en más del doble...No nos dejemos engañar. Se trata, como tantas otras, de una opinión trampa, completamente falsa, que responde a datos erróneos y poco rigurosos. Además de que utilizan la denominada obra social de la Iglesia para hacer proselitismo religioso y política, con la que tratan de imponer al conjunto de la ciudadanía sus trasnochados y retrógrados valores, difundiendo su moral particular y sectaria, en ocasiones contrarias al propio Estado de Derecho, a leyes civiles y principios democráticos y constitucionales, resulta que las cuentas no salen tal como ellos argumentan. El Estado puede y debería atender a la educación, la sanidad y los servicios sociales directamente, en vez de privatizarlos mediante concesiones a las entidades religiosas, eliminando puestos de trabajo y riqueza real. Pero como decíamos, resulta que cuando la Iglesia Católica expone sus "peculiares" cuentas, se limitan al costo del servicio directo, sin tener en consideración los costos de gestión pública y el hecho de que el Estado ha de atender también al medio rural, que es más costoso. 

 

La conclusión está bien clara: mediante toda esta política de perversión social, dejando en manos de confesiones religiosas la atención caritativa de lo que son derechos humanos fundamentales, los poderes públicos hacen dejación de sus funciones y de su competencia institucional, financiando de forma deliberada esta "obra social de la Iglesia Católica". Además, hemos de incluir también en este capítulo que el Estado paga también la nómina y cargas sociales de los capellanes de los Hospitales (más de 800 a tiempo completo y parcial) y de los centros penitenciarios (158). Por su parte, el Servicio de Atención Religiosa de las Fuerzas Armadas cuenta con 110 capellanes de diversos niveles, que dependen del arzobispado castrense, y como curiosidad, podemos mencionar que el estatus profesional de estos capellanes fue sustancialmente mejorado bajo el Ministerio de Defensa de Carmen Chacón (PSOE). De igual modo, Universidades y Facultades públicas cuentan con capellanes en grados muy diversos, superando el centenar en este ámbito. También hay capellanes en algunos cementerios de varias localidades, que cobran de los presupuestos locales. Con todo ello, el coste de estos "clérigos funcionarios"  puede rondar los 50 millones de euros anuales, aproximadamente. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 septiembre 2015 3 23 /09 /septiembre /2015 23:00

A pesar de las confesiones y demostraciones de montajes y guerras injustificadas causadas por Estados Unidos, no existe hasta ahora ningún procesamiento internacional por crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad cometidos por ese país; así como por la flagrante violación a los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas de no injerencia en los asuntos internos de los Estados

Laila Tajeldine

Otro gran capítulo de la política terrorista, belicista y represora de los Estados Unidos lo constituye su propio tratamiento interno contra los afroamericanos que residen allí. Una política caracterizada básicamente por el racismo social e institucional, y por la impunidad que lo protege. Incluso de pocos años acá, esta política se ha recrudecido aún más si cabe, adquiriendo verdaderos tintes preocupantes. Y no sólo por las indiscriminadas matanzas de negros a manos de la policía, sino por el desprecio institucional que se les dedica. Se han hecho famosos últimamente, por ejemplo, los sonados casos de Eric Garner o Michael Brown, asesinados vilmente por agentes blancos de policía, que provocaron auténticos estallidos sociales en sus respectivas localidades. De hecho, la ciudad de Ferguson, en el Estado de Misouri, estuvo varios días en pie de guerra. Desgraciadamente, con la toma de posesión del primer Presidente negro de la historia norteamericana, estos hechos, lejos de ir disminuyendo, se han acrecentado. 

 

Para el editorial de La Jornada en esas fechas (diciembre de 2014): "...la situación descrita deja ver la histórica e innegable orientación racista de las autoridades de ese país, en contra de su población negra, que se acentúa particularmente en las corporaciones policiales, las fiscalías y las autoridades carcelarias. El correlato de esa tendencia es una concepción paranoica de la sociedad por parte de los distintos gobiernos estadounidenses, proclives a poblar sus cárceles y eliminar a ciudadanos considerados peligrosos como medidas de control social". Según destacaba el propio The New York Times en abril de 2015, uno de cada seis hombres negros entre 24 y 54 años ha desaparecido de la sociedad estadounidense, por muerte prematura o encarcelamiento. El artículo es especialmente interesante, porque además muestra estadísticas por ciudades y estados. El homicidio ocupa el primer lugar como causa de muerte entre los hombres negros jóvenes. Y en cuanto al encarcelamiento (al que dedicaremos en siguientes entregas una especial atención), recordemos que Estados Unidos posee un récord de reclusos en el mundo, ya que posee el 5% de la población mundial, y el 25% de la población encarcelada. Los datos hablan por sí solos, constituyendo una alarmante situación que únicamente se da en dicho país. 

 

De los 2,3 millones de presos en las cárceles estadounidenses, casi el 40% son afroamericanos, pero ellos sólo representan el 12,6% de la población total. La estadística nos confiesa que es del orden de 6 veces más probable que sea encarcelado un hombre negro que uno blanco. Y todo ello sin contar la marginación social a la que están sometidos, debido al desempleo, la discriminación racial o las sanciones que impiden que una persona con antecedentes policiales consiga trabajo. Y por supuesto, la ya de por sí pronunciada desigualdad económica es mucho más aguda si comparamos a las familias de afroamericanos con las familias de blancos. Y desde el repunte de casos de asesinatos de negros a manos de la policía, con la consiguiente impunidad ya destacada, se ha creado la organización "Black Lives Matter" (las vidas de los negros sí importan) que califica la situación como "estado de emergencia", y de "guerra pollicial y económica contra la comunidad negra", organizando multitud de movilizaciones para concienciar sobre el gravísimo problema. A ello han ayudado los numerosos casos de "gatillo fácil", que al ser además grabados en vídeo, han encendido aún más los ánimos, y desatado auténticos estallidos sociales. 

 

Black Lives Matter identifica tres tipos de violaciones de los derechos humanos de los negros en los Estados Unidos, como recoge Silvia Arana en su artículo: asesinato, encarcelamiento masivo y explotación económica, perpetrados sistemática e impunemente por el Estado y las corporaciones. Ante todo ello, Black Lives Matter demanda: el fin de toda forma de discriminación y el reconocimiento de los derechos humanos de los afroamericanos; que acabe la brutalidad policial contra dicho colectivo; creación de empleo con salarios dignos, vivienda y acceso a la salud; el fin del encarcelamiento masivo organizado por el complejo industrial de prisiones; justicia para todos los afroamericanos: hombres, mujeres, niños, transexuales, gays, lesbianas; la libertad de todos los presos políticos en EE.UU.; y la eliminación del complejo militar-industrial manejado por las corporaciones privadas para beneficiarse con la muerte y destrucción de los pueblos del mundo. Y como decíamos más arriba, la indignación frente a las constantes y cada vez más descaradas violaciones de los derechos humanos de la nación pobre y negra, y los asesinatos policiales de los afroamericanos ha sido el principal detonante de las protestas espontáneas organizadas en multitud de ciudades, desde Ferguson a Nueva York, San Francisco, Cleveland, Chicago, Baltimore, y otras muchas...Continuaremos en siguientes entregas.

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22 septiembre 2015 2 22 /09 /septiembre /2015 23:00

El TTIP es la Constitución de las multinacionales

Lola Sánchez, Eurodiputada de PODEMOS

Llegado este momento, bien pudiéramos formularnos la siguiente pregunta: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Porque nadie podría entender cómo se llega a una situación donde las grandes empresas transnacionales puedan albergar tanto poder como para, no sólo dirigir y protagonizar mayoritariamente las negociaciones, sino hacer que los Gobiernos y los Estados aprueben mecanismos que van claramente en contra de sus intereses (entendidos éstos como los intereses de la propia ciudadanía). Pues básicamente, todo ello se da porque hoy día es aberrante la dimensión global y el peso que las grandes corporaciones han adquirido en múltiples aspectos de nuestras vidas, de todas y cada una de las personas y pueblos que habitan este mundo sujeto al capitalismo globalizado. Prácticamente, desde que nacemos hasta que morimos, se puede decir que estamos viviendo para proporcionar beneficios a las grandes empresas multinacionales. El grado de consumismo desaforado al que hemos llegado lo constata diariamente. 

 

Muy interesante es, al respecto, el análisis que hace Gonzálo Fernández en su artículo "Alternativas para disputar el poder, el ser y el saber a las transnacionales", que voy a tomar como referencia a continuación. La fase de globalización neoliberal, que despega hace unas cuatro décadas, en el contexto de la crisis de los años 70 del siglo pasado, es donde las tendencias expansivas de las empresas transnacionales se agudizan. Éstas se convierten en punta de lanza del modelo capitalista imperante a nivel globalizado y de la perpetuación de sus valores (ánimo de lucro, maximización de la ganancia, acumulación, consumismo descontrolado, crecimiento económico), a partir de las directrices del Consenso de Washington, del cual ya hablamos a fondo en este artículo de nuestro Blog. Las políticas de desregulación, apertura, flexibilización de mercados, o limitación de la capacidad de intervención de los Estados, entre otras, se van imponiendo inexorablemente. Y a su vez, a todo ello ayuda al disciplinamiento de la propia clase trabajadora, por un lado, así como las mejoras tecnológicas en el transporte, mecanización, comunicación e información. Las grandes empresas van asumiendo el papel de agentes hegemónicos de la globalización neoliberal, ampliando sus fronteras geográficas y funcionales. 

 

Y de esta forma, la agricultura, los servicios básicos, los recursos naturales, los bienes de equipo, y muchos otros sectores van quedando dentro de la órbita de mercado e influencia de las grandes transnacionales. Ello va incidiendo en el volumen de éstas, entendido no sólo como volumen de beneficios, sino como volumen de mercado, y hoy día, dicho volumen supera, para muchas de ellas, el PIB de algunos Estados. Las empresas, como agentes económicos principales del neoliberalismo, van adquiriendo un poder extraordinario, que se expande más allá del ámbito económico, y que se evidencia también en los ámbitos político, cultural y jurídico. En el ámbito cultural, se fomenta el prototipo del gran empresario, como "self-made man" (hombre hecho a sí mismo), tomándose como modelo de referencia a imitar por las jóvenes generaciones. En el caso estadounidense (el gran actor que negocia con la Unión Europea el TTIP), dicho modelo es aún más venerado que en el ámbito europeo, y podemos comprobar el tremendo daño que este modelo está haciendo (sólo tenemos que fijarnos en los deplorables espejos de Sheldon Adelson, el magnate del fallido proyecto EuroVegas, o bien en Donald Trump, muy de moda por postularse para la carrera electoral de las elecciones presidenciales estadounidenses). 

 

En lo que respecta al poder económico, las empresas transnacionales se sitúan en el centro de las grandes cadenas globales de producción, distribución, comercialización, finanzas y comunicación, lo que les permite acumular beneficios que superan en ocasiones las capacidades de los propios Estados. Y llegados a este punto, ¿se nos ocurre la reacción que pueden tener los representantes de una gigantesca empresa, que estén negociando con un pequeño país, y los representantes de dicho país se enfrenten a sus propuestas? Seguramente los lobbies de dichas empresas saldrán amenazantes de la reunión, sabedores de que pueden chantajear, gracias a su tremendo poderío, los designios de dicho Estado, y pasar por encima de sus democráticas decisiones. Hemos llegado a un punto donde el poder privado de las grandes empresas multinacionales desafía abiertamente el poder democrático de los Estados y de sus gobernantes, poniendo en grave riesgo la sostenibilidad de la democracia y de los derechos humanos, de la naturaleza y, en última instancia, del planeta. Nos encontramos en un punto crítico, quizá de no retorno, si no somos capaces, a nivel internacional, de acabar con el terrible poderío de unos cuantos magnates internacionales, que gobiernan desde la atalaya de sus despachos los designios de prácticamente todo el mundo. 

 

Valgan para ello algunos ejemplos: Wall-Mart, la mayor empresa comercial del mundo, maneja un volumen anual de ventas que supera en mucho la suma del PIB de Colombia y Ecuador, mientras que la gigantesca petrolera Shell tiene unos ingresos anuales superiores al PIB de Emiratos Árabes Unidos, o el gigante bancario español BBVA, cuyos beneficios anuales superan el PIB de Guatemala. ¿Alguien se puede creer que una negociación de estos gigantes empresariales con alguno de los Gobiernos de dichos países estaría en condiciones de igualdad? Los lobbies empresariales argumentan sobre la importancia de la seguridad jurídica, pero lo cierto es que, gracias a ella, y a la impunidad que les proporciona, bloquean y chantajean importantes decisiones de países enteros, incluso de entidades o comunidades polìticas supranacionales. Y es que esta situación de privilegio económico se traduce de manera lógica y natural, en un poder político creciente. Ante la aparente neutralidad de los grandes dirigentes empresariales, se esconde la más peligrosa ofensiva a los derechos sociales, laborales y democráticos de las naciones. Es un hecho al que nos tenemos que enfrentar, ya no vale soslayarlo o ignorarlo por más tiempo. 

 

Hoy día, las multinacionales son las principales beneficiarias, y defensoras a ultranza, de la democracia de baja intensidad en la que vivimos, donde las decisiones políticas se alejan de los intereses de la ciudadanía, debido también a la clara y criminal complicidad de los gobernantes de turno, amparados en leyes y en prácticas que también los benefician indirectamente, a través de las llamadas "puertas giratorias", perverso montaje a través del cual se "agradecen" las decisiones políticas que benefician a las empresas mediante la inclusión de los políticos que las tomaron en los altos cuadros directivos de las empresas beneficiadas. El reverso de la puerta giratoria también está claro: los mismos directivos de las grandes empresas también se presentan de vez en cuando a las elecciones, para seguir tomando decisiones que las beneficien. Con ello, todo queda en casa. Pero también, como decíamos más arriba, las empresas transnacionales también acumulan poder cultural, jugando un papel fundamental en la reproducción simbólica del sistema, y actuando como voceras de sus valores a través de los medios de comunicación de su propiedad, convirtiéndose en sujetos activos en defensa de una civilización individualista, consumista, fragmentada y despolitizada.

 

Saben perfectamente que su legitimación depende de los imaginarios colectivos, de los valores imperantes, para lo cual trasladan la cultura a su terreno, mercantilizándola en la medida de lo posible, y diseñando, impulsando y generalizando un formato universal de sociedad, de ciudadanía global, y de saber y conocimiento, de actitudes y comportamientos sociales, adaptados a la primacía del crecimiento capitalista y de la democracia de baja intensidad. Para rematar su hegemonía, y como garantía para mantener todo este entramado de poder, las corporaciones multinacionales también acumulan un tremendo poder jurídico (que quieren continuar aumentando gracias al TTIP). Éste se muestra a través de la existencia de un derecho fuerte, basado en una maraña de jurisprudencia y de complejos tratados, acuerdos comerciales, acuerdos de inversión, etc., que bajo la bandera de la "seguridad jurídica", se imponen sobre la soberanía de los pueblos y sobre los marcos internacionales de derechos humanos, generando así una "arquitectura de la impunidad" (en expresión de Gonzalo Fernández) que les protege y blinda jurídicamente de las posibles iniciativas populares o gubernamentales. El círculo se cierra. Esta es la situación. Continuaremos en siguientes entregas.

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