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2 junio 2020 2 02 /06 /junio /2020 23:00
Ilustración: Libro "América indígena 1491 - Una nueva historia de las Américas antes de Colón" de Charles C. Mann

Ilustración: Libro "América indígena 1491 - Una nueva historia de las Américas antes de Colón" de Charles C. Mann

La historia imperial española denigra los pueblos indígenas calificándolos de “salvajes”, “paganos”, “depravados”, “caníbales”, “herejes”, “hijos del demonio que realizaban sacrificios humanos” para de esta forma tan artera justificar los crímenes de la conquista y colonización del “nuevo mundo

Carlos de Urabá

En Octubre de 2018 Carlos de Urabá, de quien hemos tomado la cita de entradilla, escribió un fantástico artículo titulado "12 del patíbulo de 1492 ¿Cómo blanquear la leyenda negra?", publicado inicialmente en el sitio web de Laicismo.org, donde describe (muy resumidamente por supuesto, pues el detalle profundo sobre el tema abarcaría sin duda varios tomos de una enciclopedia) básicamente las terribles prácticas del genocidio hispano en tierras americanas, así como la tergiversación frecuente que se hace de la historia real. Tomaremos como referencia dicho artículo a continuación, presentando lo fundamental que aporta. Advertimos de que en todo lo que vamos a contar no hay exageración alguna, sino todo lo contrario: la realidad debió ser aún peor. Comienza con el siguiente párrafo: "Los descubridores con arrojo y valentía vencieron los peligros del mar de los Sargazos y desembarcaron en esas playas vírgenes cometiendo un vil acto de piratería --que luego transmutaron en una heroica odisea--. Los adelantados tomaron posesión de las míticas tierra de Cipango --la isla recubierta de oro-- y Catay --la cuna de los sultanes de las Mil y Una Noches--, hundiendo el estandarte real con el águila de San Juan y las armas de Castilla y Aragón. Y entonces el verbo se hizo carne". Los apoyos papales fueron cruciales para consolidar la Conquista, y así, gracias a las Bulas Alejandrinas los reinos castellanos recibieron por donación de la Santa Sede apostólica de los justos y legítimos títulos de Señor de las Indias Occidentales, islas y tierra firme del mar océano. En concreto, la Bula del Papa Alejandro VI decretaba textualmente: "...le damos, concedemos y asignamos a vos rey de Portugal y reyes de Castilla y de León, a vuestros herederos y sus sucesores; y damos, constituimos y deputamos a vos, a dichos vuestros herederos y sucesores de ellas, con libre, llano y absoluto poder, autoridad y jurisdicción". Y así los extranjeros cristianos despojaron a sus legítimos propietarios esas tierras ignotas a las que llamaron equivocadamente como "las indias". Como ya avanzamos en el artículo anterior, se produjeron durante las décadas siguientes brutales ataques bacteriológicos a la población nativa, todos ellos importados de Europa, que inocularon la peste, el cólera, la viruela, el sarampión, la tosferina, las paperas o la gripe, virus desconocidos que aniquilaron poco a poco a buena parte de los 60 millones de indígenas durante el período de la conquista y colonización. 

 

Para los colonizadores, fanáticos religiosos como ya hemos comentado, en esta inmensa cruzada "civilizadora" intervino la mano de Dios, pues según ellos, el supremo hacedor eligió a los hijos del Imperio Español para expandir la fe cristiana sobre la faz de la tierra. La versión del relato que ha llegado hasta nosotros es que esos hombres buenos y piadosos asumieron el reto de redimir a millones de gentiles, paganos idólatras y sanguinarios antropófagos que adoraban al sol, a la luna y a las estrellas, y que estaban perfectamente integrados y armonizados con la naturaleza que les rodeaba. De hecho, los nativos tuvieron que aprender a la fuerza el español (castellano entonces), la lengua oficial del Imperio, además de aceptar la religión cristiana, católica y apostólica, renegando de sus heréticas creencias. Por la fuerza, esas tribus hostiles, de cuerpos desnudos concebidos en pecado mortal, tuvieron que aceptar a sangre y fuego una nueva religión que predicaba unos mitos procedentes de Oriente Medio condensados en la Biblia (Adán y Eva, Abraham, Moisés, la Virgen María, el dogma de la Santísima Trinidad, o Jesucristo, el hijo único de Dios que murió en la cruz), completamente ajenos a la realidad histórica, social y cultural de ese continente. Pero como venimos contando, estos cínicos argumentos no son más que una forma burda de escabullirse de sus gravísimas responsabilidades históricas, pues los europeos olvidan intencionadamente su macabro prontuario: las Cruzadas, las terribles guerras de religión y dinásticas que dejaron miles y miles de muertos; el exterminio criminal de poblaciones enteras acusadas de herejía por el poder vaticanista de entonces, como es el caso del genocidio albigense o Cruzada Cátara, la caza de brujas, o las persecuciones de musulmanes, judíos o gitanos. Sin olvidar por supuesto la peor de todas, la Santa Inquisición, exportada al Nuevo Mundo por la Corona española, que sometía a los acusados a las más execrables torturas: el potro, el castigo del agua, aplastar pulgares, la pera vaginal, oral o anal, la garrucha, la cuna de Judas, la doncella de hierro o la sierra. El sadismo españolista no conocía límites pues gozaban con el dolor ajeno ejecutando a los condenados en las hogueras o aplastando sus cuellos mediante el garrote vil...Por cierto, ¿no se les enseñan estas instructivas prácticas a los estudiantes cuando se les narran las "heroicas hazañas" de la conquista?

 

Explica Carlos de Urabá: "Según los inquisidores el Nuevo Mundo (al que comparaban con el paraíso terrenal) estaba poseído por satanás y era necesario exorcizarlo. De ahí la incesante represión monárquico-papista, una persecución cruel y despiadada que pretendía extirpar las idolatrías, inmolar a los sacerdotes, destruir los adoratorios, templos y deidades, quemar los códices y libros sagrados con el objetivo de borrar cualquier vestigio de esos cultos que calificaban de "supersticiones del averno". Con perros de presa los verdugos capturaron a esos indios salvajes a los que marcaron con hierros candentes para luego domarlos a latigazos igual que se hace con los potros ariscos". El desprecio de los "conquistadores" fue total y absoluto. Los invasores aseveraban que los indígenas pertenecían a un sustrato pre-humano: eran ágrafos (no conocían la escritura), no conocían la rueda, ni el hierro, ni la pólvora, ni demás adelantos tecnológicos de la época. Despectivamente los calificaron de "razas inferiores", relegadas a la edad de piedra, salvajes sin alma susceptibles de ser redimidos por obra y gracia del espíritu santo. Con la más absoluta prepotencia y arrogancia, los conquistadores impusieron a la fuerza sus leyes y principios a los nativos; el respeto y obediencia debida a la jerarquía, a los nobles, a los aristócratas, a los castellanos viejos o hidalgos (el estamento clerical-militar), ante los cuales los nativos debían descubrirse y bajar la mirada ante sus señorías o vuesasmercedes (tal era el tratamiento de la época a dichas personalidades). Por su parte, los frailes doctrineros, pertenecientes a las órdenes mendicantes tales como los franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, etc., se lanzaron a la magnánima empresa de la evangelización de los gentiles. A los conversos se les obligó a aprender la lengua para hablar con Dios, se les bautizó con nombres y apellidos cristianos inspirados en el santoral o en honor a sus padrinos españoles, porque era necesario dotarlos de identidad y legalidad. Así mismo, había que pagar las indulgencias plenarias para ganarse el cielo y expiar los pecados: confesarse y arrepentirse en un acto de contrición y propósito de enmienda ("Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa..."), autoflagelándose presas del éxtasis místico. 

 

Sin duda ninguna, el año de 1492 y los venideros marcaron un antes y un después en aquélla civilización indígena. Es lo que nos dice el falso relato que se enseña en las escuelas: "antes solo reinaba la oscuridad, la ignorancia, la brutalidad y el bestialismo, no existían sentimientos humanos de cariño, ni amor, las madres como las perras criaban a sus hijos, los padres eran lo más parecido a engendros maléficos. Hasta que el padre eterno dijo: "hágase la luz, y la luz fue hecha". Los colonos españoles se negaban a trabajar, porque como se afirma en el Antiguo Testamento: "el trabajo es un castigo de Dios" (Génesis, 2:15), de ahí que la explotación de las haciendas, plantaciones o minas recaía en los siervos y esclavos (indígenas y negros) bajo el control de un capataz que se encargaba de disciplinarlos a latigazos y rendir cuentas (que generalmente alcanzaban el superávit, lo cual explica cuán fácil era hacer fortuna haciéndose "indiano", es decir, viajando a las indias, haciendo allí fortuna, y luego regresando a España). De esa forma, proliferaron los aventureros y hacedores de fortuna. La máxima aspiración de los mismos era adquirir un blasón de nobleza otorgado por su majestad el Rey como premio a los servicios prestados a la Corona allende los mares. Dichos servicios estaban normalmente relacionados con las campañas militares contra los gentiles (paganos o razas inferiores que representaban un obstáculo para la civilización). El asunto del mestizaje también tuvo su aquél. Carlos de Urabá lo explica en tono irónico: "La conquista y colonización de las indias la hicieron los hombres (con la excepción de un número reducido de mujeres) y por lo tanto, esos rudos hombres tenían que satisfacer sus instintos básicos y no les quedó más remedio que "relacionarse" con las nativas. ¿Quizás cortejaron a las indias, las enamoraron, les brindaron flores y poesía? ¿Aunque no hablaran su lengua les cantaron versos y luego les pidieron su mano a sus padres para unirse en matrimonio?¿Las consideraron sus legítimas esposas o simplemente como objetos para su placer? Una relación completamente desigual entre unos seres sobrenaturales (¿dioses?) que las sometieron a la fuerza para complacer sus bajos instintos. Sus mercedes se reservaban los mejores harenes de concubinas y barraganas para fornicar a su libre albedrío". 

 

El mestizaje, en efecto, se forjó en esos execrables crímenes sexuales que cometieron contra niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres maduras o madres, que para siempre quedaron impunes. Pero el relato oficial dominante, el difundo a través de siglos, nunca habló de violaciones, sino de uniones amorosas bendecidas por la Santa Madre Iglesia. Sin embargo, la realidad era bien distinta: la historia de los nobles peninsulares y de los criollos es una historia de patriarcas machistas y misóginos. A las mujeres se les relegaba a los trabajos del hogar, no tomaban decisiones y eran sistemáticamente discriminadas siguiendo los preceptos bíblicos de sumisión y obediencia debida a su padre o esposo. De hecho, aún durante el apogeo del franquismo, la Sección Femenina (el organismo del régimen dedicado a tal fin) divulgaba dichos atroces preceptos a las mujeres de la época. Las mujeres de aquéllas generaciones aún vivas lo recuerdan perfectamente. Los "indianos" de la época pertenecían a perfiles diversos, porque en este viaje transatlántico solo viajaban hombres, los hombres más rudos, los más fuertes y aguerridos, muchos de ellos delincuentes que iban a redimir sus penas a las Indias, pero también moriscos renegados, judíos fugitivos, reos liberados, y en fin, toda clase de hijos de la picaresca social de la época, donde imperaba el fraude, la corrupción, los sobornos y las malas artes, es decir, toda una pléyade de aventureros dispuestos a arriesgar sus vidas en una peligrosa travesía que muchas veces terminaba en tragedia. Pero era mejor eso que seguir soportando la misera y el vasallaje de una España feudal donde únicamente los hidalgos y aristócratas gozaban de privilegios, poder y prebendas. Se creó incluso la Casa de Contratación, una institución formada a tal efecto, para fijar un cupo y un pasaporte de limpieza de sangre para que no viajaran "herejes" a las Indias. Pero la picaresca propició que se comenzaran a difundir permisos clandestinos a gentes de dudosa reputación como moros, judíos y gitanos. A modo de curiosidad, se tiene noticia de que el primer prostíbulo del Nuevo Mundo se fundó en Santo Domingo en el año 1526 con el beneplácito del Rey Carlos I para atender a aquéllos aventureros y navegantes que, ávidos de compañía femenina, solicitaban la presencia de una moza que consolara sus cuitas de amor, tras sortear la larga travesía interoceánica. Continuaremos en siguientes entregas.

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31 mayo 2020 7 31 /05 /mayo /2020 23:00
Viñeta: Eli Zunzunegui

Viñeta: Eli Zunzunegui

La justicia ambiental trata sobre el derecho a permanecer en el lugar y el entorno natural que uno siente como propios y a estar protegido del crecimiento y la inversión incontrolados, la contaminación, el acaparamiento de tierras, la especulación, la desinversión, la decadencia y el abandono

Isabelle Anguelovski

Frente al "más deprisa, más lejos, más a menudo y menos caro" hay que contraponer el "más despacio, menos lejos, menos a menudo y más caro"

Yves Cochet

En la última entrega estuvimos analizando las posibilidades (y las formas de evitarlas) de que el abismo civilizatorio que nos amenaza desemboque en una suerte de ecofascismo social. A este respecto, Craig Collins explica en este artículo lo siguiente: "No obstante, a menos que sea abolido, el capitalismo no desaparecerá cuando la prosperidad se convierta en descalabro. En vez de eso, el capitalismo sediento de energía y sin poder crecer se volverá catabólico. El catabolismo es un conjunto de procesos metabólicos de degradación mediante el cual un ser vivo se devora a sí mismo. A medida que se agoten las fuentes de producción rentables, el capitalismo se verá obligado a obtener beneficios consumiendo los bienes sociales que en otro tiempo creó. Al canibalizarse a sí mismo, la búsqueda de ganancias agudizará la espectacular caída de la sociedad industrial. El capitalismo catabólico sacará provecho de la escasez, de la crisis, del desastre y del conflicto. Las guerras, el acaparamiento de los recursos, el desastre ecológico y las enfermedades pandémicas se convertirán en las nuevas minas de oro. El capital se desplazará hacia empresas lucrativas como la ciberdelincuencia, los préstamos abusivos y el fraude financiero; sobornos, corrupción y mafias; armas, drogas y tráfico de personas. Cuando la desintegración y la destrucción se conviertan en la principal fuente de beneficios, el capitalismo catabólico arrasará todo a su paso hasta convertirlo en ruinas, atracándose con un desastre autoinfligido tras otro". Esperemos que esta visión, ciertamente catastrofista y apocalíptica que nos presenta Craig Collins no llegue nunca a producirse, y precisamente por ello hemos de actuar en el buen sentido. Pero ni qué decir tiene que todos estos escenarios hemos de contemplarlos como posibles, dada la situación actual, las tendencias observadas, y la escasa concienciación popular sobre estos temas. Lo cierto es que si no lo evitamos, la situación de colapso irá poco a poco desmoronando todos los mimbres donde se asienta nuestra sociedad, y con ello, dislocando todas las estructuras, instituciones, flujos, costumbres, modos de vida, conciencias, valores, actitudes y comportamientos. Es lógico pensar que un sistema que ya no puede autoabastecerse ha de explotar por algún sitio, y las clases más desfavorecidas, como siempre, estarán en el ojo del huracán. 

 

¿Cuál es la solución para no llegar a este momento? Estar preparados, haber recorrido ya, al menos, una parte del camino alternativo, haber migrado a otras formas de vida más sostenibles. El Buen Vivir se nos ofrece como una senda posible y atractiva en este sentido. El Buen Vivir se nos presenta como un compendio, como un pensar para imaginar otro mundo a partir de otros principios civilizatorios, diferentes al dogma capitalista y neoliberal imperante y hegemónico. Una visión nueva que se aleja de los valores de la explotación, del saqueo y del desprecio a las formas de vida, y que sitúa al hombre en armonía con sus semejantes, con la Naturaleza y con el resto de seres vivos. Sus principios de reciprocidad, apoyo mutuo, cooperativismo e igualdad favorecen la reproducción de la vida, en vez de la reproducción del capital, cáncer responsable de la situación actual. El Buen Vivir nos obliga a valorar y a respetar los bienes comunes, esto es, el conjunto de bienes, productos, servicios y procesos que hemos de considerar pertenecientes al conjunto de la comunidad humana y animal a las que sirven. El Buen Vivir será comunitario o no será. Pero ello exige todo un proceso de descolonización mental del pensamiento dominante, es decir, ir "desaprendiendo" cuantos valores y esquemas mentales nos han imbuido en nuestras sociedades "desarrolladas". El Buen Vivir implica que un montón de cosas decrezcan (autopistas, fábricas, urbanizaciones, parkings, excavadoras, vuelos en avión, antenas, grúas, monocultivos, vertederos, centrales nucleares, residuos plásticos...) para que otras cosas crezcan (ríos y mares limpios, bosques sanos, aire no contaminado, ausencia de tráfico rodado, relaciones comunitarias, variedades de semillas, relaciones cara a cara, contemplación, tiempo libre, biodiversidad, moverse en bicicleta...). Actualmente, nuestras sociedades suman donde en realidad tienen que restar, y viceversa. Hay que irse olvidando de valorar solo las realidades que puedan ser mercantilizadas, para comenzar a valorar las que no pueden serlo. Debemos prestar más atención a la simplicidad, a la austeridad, a la huella ecológica, a la riqueza ecosistémica, a la evolución de la tierra fértil, a la resolución de las auténticas necesidades humanas, antes que al PIB, a la deuda pública, al déficit público, a la prima de riesgo y, en fin, al crecimiento económico. 

 

Las propuestas del Decrecimiento están en plena sintonía con el Buen Vivir, como estamos intentando demostrar en esta serie de artículos. El Decrecimiento se dirige más bien a la producción de supervivencia, de justicia y de bienestar, con una reducción planificada de energía, materiales y residuos. Hay por tanto que olvidarse de las prácticas extractivistas, de la degradación de materiales de la corteza terrestre, de la apropiación privada de los bienes comunes, del saqueo de la Naturaleza, del desprecio hacia la vida de los animales, de la desigualdad, del exceso de trabajo no deseado, de la explotación de recursos naturales, de la pérdida de soberanía, de la emisión de residuos, y de tantos aspectos que inciden en la provocación del colapso. El mundo de las necesidades humanas es un aspecto principal, como ya estudiamos en los artículos donde presentamos la teoría del Desarrollo a Escala Humana, de los pioneros Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martin Hopenhayn. En este artículo, Fernando Cembranos también nos lo explica breve y brillantemente: "El ser humano, aunque puede tener deseos ilimitados, tiene en realidad un conjunto más o menos finito de necesidades. Como el resto de los animales, podría saciarse y conformarse con una cantidad limitada de recursos materiales. La desigualdad introduce la comparación y con ella la idea de necesidades ilimitadas. Tener lo que tienen los que tienen más se convierte en una necesidad. Pobre es quien no tiene un televisor, pero si el país se desarrolla, entonces pobre es quien no tiene tres televisores. Se crea así una imparable espiral de necesidades. De hecho, los indicadores de pobreza se miden en magnitudes comparativas. Algunos economistas llegan a afirmar que la desigualdad funciona como un motor económico que hace que finalmente todos tengan más, pues parten de la idea de un mundo infinito. La realidad es que las "necesidades" ilimitadas creadas desde la desigualdad hacen crecer el sistema económico en un planeta que tiene límites".

 

El asunto de la proximidad también es fundamental para el Buen Vivir. Nuestra civilización ha entendido el "desarrollo" como la conquista de las distancias, pero esto también es un error. Los medios de transporte ágiles y veloces, así como las infraestructuras de la ciudad moderna estimulan la realización de todo tipo de actividades regulares cada vez más lejanas. Desde mediados del siglo XX hacia acá han aumentado inusitadamente las distancias que recorren los materiales, las mercancías y las personas para resolver las necesidades que podrían resolverse desde la proximidad, sin los costes ecológicos y sociales añadidos. El Buen Vivir nos conmina a la vida cercana, a la producción y consumo locales, a las distancias cortas, a la lentitud. Lo mismo ocurre con el trabajo humano: los mercados y su fundamentalismo político nos obligan a trabajar más de lo que necesitamos para llevar una vida satisfactoria y digna. Al mismo tiempo, mantiene en desempleo a millones de personas. Esta desigualdad evidente no hace sino reforzar los mecanismos de mercado. El Buen Vivir nos insta a repartir el trabajo existente, y a trabajar lo justo para vivir, valorando un conjunto de actividades que nuestra civilización ha ido olvidando, como disfrutar del tiempo libre para cultivar la reunión, la conversación, la contemplación, el paseo, el recreo, la lectura, el apasionamiento en general por cuantas actividades supongan un placer para los seres humanos. Como concluye Fernando Cembranos en su artículo: "Una sociedad preocupada por la justicia y la sostenibilidad dispondrá de nuevos indicadores de medición tales como el grado de equidad, el grado de suficiencia, la resolución no violenta de conflictos, el mantenimiento de la biodiversidad, el consumo energético por habitante, la huella ecológica o la relación entre felicidad y recursos". Todos estos, a muy grandes rasgos, son los elementos que exige cambiar nuestra actual civilización, si pretendemos evitar el colapso, o si éste es inevitable, al menos colapsar mejor, sobre todo esquivando y atajando la reproducción de un muy posible ecofascismo social, que ahondaría aún más la herida provocada. Si somos capaces de ir construyendo los moldes de una nueva sociedad fundada sobre estos pilares, es también muy posible que el colapso nos pille mejor preparados, más fuertes y con parte del trabajo hecho. El Buen Vivir es una solución de largo recorrido. 

 

El epicentro del pensamiento renovador para el cual hemos de prepararnos consiste básicamente en disolver la idea del progreso que la civilización capitalista nos ha traído. Lo explican muy bien Alberto Acosta y Eduardo Gudynas, dos de los mayores expertos mundiales (aquí venimos analizando muchos de sus trabajos), en este documento. Estos autores explican: "El ethos del progreso está íntimamente relacionado con las posturas culturales propias de la modernidad de origen europeo. Aparece bajo la atribución de un nuevo protagonismo otorgado al ser humano, por fuera de la naturaleza, la que debía ser dominada y manipulada. Sir Francis Bacon (1561-1626), célebre filósofo renacentista, plasmó esta ansiedad en un mandato al reclamar que "la ciencia torture a la naturaleza, como lo hacía el Santo Oficio de la Inquisición con sus reos, para conseguir develar el último de sus secretos..." (...) Poco a poco la idea de progreso se convirtió en uno de los conceptos dominantes y más influyentes (...), propagándose hacia América Latina, en un largo proceso que empezó con la conquista y que luego transitó durante la fase colonial y se proyectó en las jóvenes repúblicas. En ese largo devenir las concepciones alternativas propias de las culturas originarias fueron minimizadas, subordinadas y relegadas. En el siglo XIX la idea del progreso ya está consolidada en las élites de las repúblicas latinoamericanas y explica muchos aspectos de la estructuración económica y productiva de esos tiempos (...) La idea de progreso fue reformulada bajo el concepto de desarrollo a inicios del siglo XX, y en especial desde la década de 1940 (...) Repetidamente se ha llamado la atención sobre el discurso del presidente de Estados Unidos Harry Truman, cuando en 1949 presenta la idea del desarrollo directamente vinculada a la de subdesarrollo, donde unos países han avanzado en la ruta del progreso, y otros han quedado rezagados". Desde ese momento se da el pistoletazo de salida para que las escuelas económicas de pensamiento neoliberal, que se fueron desarrollando a partir de entonces, alcancen a los principales gobiernos del mundo, y proyecten sus paradigmas y peligrosos valores a sus sociedades. El resultado es el mundo que tenemos hoy día. La idea de progreso está profundamente arraigada en la cultura económica dominante, y lo está asociada a la idea de "desarrollo". Sus expresiones académicas y políticas son comunes, asumiendo como la meta del desarrollo el crecimiento económico perpetuo. Los conceptos del Buen Vivir ponen en jaque todas estas ideas. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 mayo 2020 4 28 /05 /mayo /2020 23:00

Los hombres, cuando enseñan, aprenden. No se trata solo de que enseña el que sabe y que aprende quien no sabe: todos sabemos algo y todos ignoramos algo. Todos somos, a la vez, maestros y alumnos

Séneca

33.- LA VISIÓN ACRÍTICA DE LA AGRICULTURA Y LA GANADERÍA INDUSTRIAL. El tratamiento que los libros de texto de nuestros escolares conceden a estas actividades históricas del ser humano también dista mucho de ser correcto. Erróneamente, los libros de texto consideran que los países en los que la mayor parte de la población se dedica a la agricultura y ganadería son atrasados, especialmente si no utilizan mecanización, abonos y pesticidas químicos o su producción no se basa en el monocultivo. La pérdida del peso de la agricultura en la economía se manifiesta como un índice de desarrollo y modernización. Por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal afirma: “La productividad del campo ruso seguía siendo muy escasa porque no se introdujo la mecanización”. O el mismo libro de la Editorial Oxford afirma: "La agricultura era tradicional y poco eficiente, ya que el rendimiento por hectárea era muy bajo". "Este panorama dificultaba que la agricultura abandonase su carácter general de subsistencia". Para los libros de texto, la economía de subsistencia se considera sinónimo de pobreza, a pesar de que las personas que viven de este modo puedan a menudo ser autosuficientes
o a veces trabajar menos horas que las personas que viven en economías industrializadas. Esto nos lo muestra muy claro, por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Edelvives: “En los países subdesarrollados la agricultura y la ganadería siguen siendo de subsistencia, es decir, la población consume lo que produce. Sin embargo, en los países desarrollados la aplicación de nuevas técnicas en cuanto a maquinaria, abonos, selección de razas, etc. ha generado una agricultura y ganadería comerciales, es decir, la producción se destina al comercio y no al propio consumo.” Los mensajes subliminales están bien claros. El modelo agropecuario tradicional se considera poco productivo. Se considera, por ejemplo, atrasada una agricultura condicionada a los factores del clima. No se tiene en cuenta lo ineficaces que resultan los sistemas de explotación agrícolas y ganaderos intensivos en cuanto a los balances energéticos, generación de residuos, pérdida de biodiversidad, introducción de elementos tóxicos peligrosos de efectos ambientales impredecibles, problemas para la salud de las personas o pérdida de soberanía alimentaria. 

 

A pesar de que el concepto de productividad en la agricultura debería tener en cuenta la internalización de los costes en todo el proceso, los libros de texto permanecen ignorantes a esta realidad y ocultan los impactos de la agricultura y ganadería intensiva sobre los ecosistemas, la salud, el maltrato animal, las condiciones laborales o el aumento de residuos generados. Sólo se fijan en el crecimiento de la productividad: como por ejemplo en el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal, que afirma: “Las prácticas agroquímicas y la mecanización lograron un aumento espectacular de la productividad agrícola”. O por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé, que cuenta: “La agricultura europea había experimentado un fuerte desarrollo basado en el incremento de la productividad. Esto se había conseguido aumentando la utilización de la tecnología, fertilizantes, energía, etc. Y disminuyendo la utilización del factor trabajo”. Pero aún tenemos más ejemplos: el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest dice: "Las tierras de regadío son más productivas y rentables" (como si estos factores fueran los únicos importantes), y el libro de Economía antes citado afirma: “En la revolución industrial se mejoraron las técnicas de cultivo, con lo que se incrementó la productividad”. Todos los mensajes, como vemos, van encaminados a reproducir y valorar únicamente la lógica capitalista, es decir, la de la rentabilidad y productividad, como si el resto de factores no fueran valorables, o como si el incremento de dichos factores no tuviera sus repercusiones negativas. Se oculta la vulnerabilidad de los cultivos actuales dada su inadaptación a las condiciones ambientales tales como la introducción de variedades de animales, plantas y semillas procedentes de otras áreas, la aparición de plagas que se tratan con ingentes cantidades de insecticidas químicos de efectos imprevisibles, la pérdida de biodiversidad en los monocultivos, la degradación de suelos, el despilfarro y la contaminación de agua, la introducción de transgénicos, los desastrosos balances energéticos, la generación de residuos o el transporte a largas distancias. Aunque la agricultura industrial actual es la “práctica de hacer comestible la energía del petróleo”, los libros no permiten tener conciencia de esta situación de riesgo. 

 

Por este camino, nuestros escolares pierden el conocimiento del origen y formas de producción de los alimentos que consumimos (mecanización, transporte a larga distancia, envasado, etc.). Se pierde el conocimiento de la vida, de los ciclos de la naturaleza, como en los invernaderos en los que no existen las estaciones y se aceleran los ciclos de la planta o en la estabulación permanente del ganado que cambia el fotoperíodo de los animales. Hay que enseñar a los alumnos y alumnas que la agricultura y ganadería industrializadas presentan un balance energético y ambiental altamente deficitario, de este modo, producir una caloría de carne de pollo en intensivo requiere doce calorías de cereal. Se ignora que el número de calorías introducidas en el proceso en relación con las obtenidas ha ido empeorado progresivamente con respecto a la agricultura tradicional. Tampoco se les enseña a los estudiantes los peligros de los agroquímicos utilizados en la agricultura industrial. Se justifica el uso de transgénicos sin tener en cuenta sus posibles efectos sobre la salud, el medio ambiente o los sistemas productivos tradicionales, de consecuencias mucho más graves y prolongadas que los agrotóxicos. No existe el principio de precaución. No se relaciona la introducción de la biotecnología con el control del mercado por parte de las transnacionales. Todos estos aspectos son ignorados por los libros de texto. Más bien al contrario, los libros de texto cuentan cosas como las siguientes: “Sin embargo, en la actualidad, el incremento de la producción agrícola puede haber tocado techo, por lo que el reto de la ingeniería genética está en obtener alimentos vegetales con costes menores y convertir en agrícolas terrenos hoy en día improductivos, mediante el cultivo de especies adaptadas a ellos” (libro de Biología y Geología 1º de Bachillerato Anaya). No se menciona apenas la ganadería como sistema productivo y, por tanto, se oculta el maltrato a los animales en la ganadería intensiva, potenciado por intereses económicos y comerciales completamente ajenos al sector ganadero tradicional, y por supuesto insensibles a cualquier consideración de salud pública, de bienestar animal, o de sostenibilidad y equidad. Los animales, ajenos al campo, son fuentes de producción de carne, leche, grasas o piensos, hacinados en instalaciones donde apenas pueden moverse, sometidos a estrés, alimentados con piensos de dudosa salubridad, hormonados o tratados con antibióticos. 

 

De nuevo, el libro de Biología y Geología de 1º de Bachillerato Ed. Anaya nos ofrece una buena muestra de todo ello: “Se han utilizado hormonas, principalmente en la producción lechera, tanto para aumentar la cantidad de leche como el porcentaje en grasa”. “El mayor adelanto ha sido el empleo de compuestos hormonales sintéticos para incrementar el peso del ganado vacuno en explotación intensiva”. Sin comentarios. Es imposible que de esta forma, tengamos luego generaciones de personas adultas que se encuentren sensibilizadas con las culturas y prácticas sostenibles, o las valoren siquiera. Se trata escasamente el tema de la pesca y cuando se hace no se tiene en cuenta su gestión sostenible. No se habla de la producción de pescado en acuicultura con piensos de dudosos efectos sobre la salud de las personas. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Anaya cuenta: “La pesca es importante en España, debido a la extensión de sus costas; pero atraviesa muchas dificultades, como el agotamiento de los bancos de peces, la limitación del número de barcos y de las áreas de captura, etc". Pero aún hay más: el libro de Inglés de 6º de Primaria Ed. Longman afirma que se considera una alimentación sana y equilibrada para la población aquélla que incluye "comer carne y pescado todos los días" (parece que no están considerado el veganismo precisamente). Se ocultan los efectos sobre la salud humana del actual sistema de alimentación que utiliza productos cancerígenos, hormonas, transgénicos o dioxinas. Mientras una gran parte de la población mundial muere de hambre por falta de alimentos, en los países industrializados muchas personas sufren de obesidad, colesterol, intoxicaciones o alergias de origen alimentario. El éxodo rural no se contempla como un problema social grave (desarraigos, pérdida de cultura rural tradicional, marginalidad en las ciudades, urbes insostenibles de millones de habitantes…) sino como un resultado del desarrollo y la modernidad. No se ve como un problema, por tanto, la tremenda desigualdad en la distribución de la población, ni la existencia de zonas vaciadas cada vez más extensas, ni la pérdida de modos de vida sostenibles, simples y frugales. Se oculta igualmente la relación entre los actuales modos de producción agrícola y el empobrecimiento de países enteros, la explotación laboral en condiciones infrahumanas, el enriquecimiento de unos pocos o el control de precios por parte de las grandes multinacionales. 

 

Los libros de texto y los docentes deberían enseñar a los escolares que en un mundo globalizado como el nuestro (se entiende según el modelo de globalización capitalista), las condiciones del "libre" comercio internacional controlan los precios y empujan a los pequeños agricultores de los países empobrecidos a una competencia injusta con los sistemas agrícolas del Norte, de gran escala, capital intensivo, fuerte mecanización y enormes subsidios. Lo que supone condenar a la miseria a una gran parte de la población mundial. La concentración de poder, la propiedad del suelo en manos de unos pocos, la especulación, la explotación laboral y el control del mercado por parte de las multinacionales ha de ponerse en evidencia para entender los sistemas agrícolas y ganaderos actuales. Las transnacionales controlan el 80% de la tierra dedicada a cultivos de exportación y sólo cinco empresas controlan casi el 100% del mercado mundial de transgénicos. Pero todo esto queda oculto a los estudiantes. Así es imposible que entiendan cómo funciona nuestro mundo, y mucho menos que siquiera imaginen cómo debería funcionar. No se dan a conocer las distintas alternativas a los sistemas agrarios y ganaderos que se están desarrollando en la actualidad tales como las luchas por la soberanía alimentaria, el comercio justo, la agroecología, las redes de consumo y de trueque o las campañas de resistencia a los agrotóxicos y los transgénicos. Nuestros escolares deben comprender la verdadera esencia de una agricultura y ganadería sostenibles, la importancia del buen trato hacia los animales que nos puedan ayudar a dichas tareas, y hasta qué punto la cultura capitalista ha alterado no solo los medios en los que se basan hoy día estas actividades, sino los fines en sí mismos a los que están dedicadas. Deben comprender, sencillamente, que mientras existen millones de campesinos en extensas zonas agrícolas y ganaderas del mundo empobreciéndose cada vez más, el modelo actual consagra el poderío de unas cuantas grandes corporaciones transnacionales, que se apropian de sus semillas, que las comercializan en todo el mundo, y que son las responsables de los perniciosos efectos que causan sobre nuestros hábitos alimentarios y de salud. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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26 mayo 2020 2 26 /05 /mayo /2020 23:00
El falso relato sobre el Descubrimiento de América (III)

Probablemente sólo los líderes espirituales sabían que aquél sería un día diferente para la aldea, y eso se comprobó cuando algunos guerreros se dieron cuenta de que algo nuevo y diferente estaba surgiendo en el horizonte del mar. Poco a poco fueron apareciendo banderas, grandes canoas, personas extrañas con costumbres también extrañas. Creímos así que el litoral y el continente indígena estaban siendo visitados, según nosotros, y «conquistados» para los que llegaban allí por primera vez...

Marcos Terena

...Quizás Cristóbal Colón y su gente hayan sentido una vanidad personal, un orgullo incomparable frente a su gobierno y a otros conquistadores, porque ellos eran los primeros en pisar tierra indígena; pero jamás pudieron, sin embargo, vivir lo suficiente para descubrir que todo aquello sería apenas el comienzo de una gran masacre social, cultural y espiritual de la historia. Un genocidio casi total en contra de pueblos que solamente vivían diferente, una forma de vida en donde había un sentimiento de vivir bien, respeto mutuo, equilibrio de relación entre viejos, adultos y niños, solidaridad y un gran amor por la madre tierra

Marcos Terena

En la entrega anterior nos basábamos en el artículo de Jorge Sancho titulado "La historia nunca prescribe", publicado en el digital Rebelion, para exponer algunas falsedades y malentendidos de la historia del "descubrimiento". Continuaremos aquí. El territorio de todo un continente fue reorganizado para servir a las necesidades del naciente capitalismo europeo. Durante años, varias generaciones de comunidades indígenas fueron explotadas y sacrificadas en las minas de Potosí o Zacatecas. La sobre-explotación económica colonial implicó un debilitamiento de las estructuras de auto-consumo indígenas, lo que a su vez afectó negativamente a la natalidad, y aumentó el terrible impacto de las epidemias llegadas desde Europa. Todo ello fue creando un perverso círculo vicioso de muerte y destrucción que perpetuó el impacto de la conquista durante los siglos venideros. Tal fue la voracidad y letalidad del Imperio Español en el Nuevo Mundo, que en poco tiempo ya no bastó solo con la población americana para mantenerla en marcha, y ya durante el siglo XVI fue necesario el traslado de importantes contingentes de esclavos africanos para realizar los trabajos más duros. Y así, condenados a la pérdida de identidad y a ser tratados como inferiores y subalternos por los herederos de los invasores, los pueblos amerindios llevan viviendo en una distopía los últimos 500 años. A esa distopía nosotros la llamamos pomposamente "Civilización". Una civilización que no solo no respetó lo que encontró, sino que sometió durante generaciones a los habitantes primigenios a un proceso de deshumanización y alienación brutal. No podemos estar orgullosos de ello. Y no podemos refugiarnos en los valores del mundo de entonces, porque hemos de juzgar los hechos bajo los parámetros del mundo de ahora. Sin embargo, desde los libros de texto hasta los reportajes, documentales y toda la pléyade de chascarrillos de la cultura popular, se intentan justificar todos los desmanes de la conquista y la colonización de América Latina. Veamos algunas de dichas justificaciones. 

 

Lo más frecuente y socorrido es argumentar que los castellanos/españoles no hacían nada que otros no hicieran en aquélla época: que el siglo XVI era una época cruel y violenta y que al fin y al cabo los portugueses, los ingleses, los franceses y los holandeses se comportaron de manera similar con los indígenas, y de hecho continuaron y profundizaron todo el edificio de colonización y expolio iniciada por la Monarquía Hispánica en el Nuevo Mundo. Tenemos que reconocer que esto es cierto. De hecho, no solo éramos brutos y salvajes con los indígenas, sino en nuestro patio interior: por aquélla misma época teníamos funcionando a la Santa Inquisición (que torturó y quemó en la hoguera a millones de personas), o se aprobaban brutales leyes de expulsión para gitanos y moriscos, que eran perseguidos, despojados de su identidad, torturados y esclavizados. Es cierto por tanto que aquélla época era así en todos sus rasgos y manifestaciones, pero ello no obsta para que sea bastante perverso argumentar que la generalización de un comportamiento antisocial disminuye su impacto, cuando es precisamente lo contrario. Por otra parte, el hecho de reconocer que los mimbres sociales de la época estaban basados en la crueldad y el vasallaje, es precisamente un motivo más para no enorgullecernos de ello, pedir perdón a los descendientes, y dejar de estudiar aquellos terribles hechos como gestas y hazañas heroicas. Por otro lado, como destaca Jorge Sancho, siempre sale a colación, especialmente en el caso de México, el hecho de que los Aztecas eran gobernantes brutales que practicaban sacrificios humanos y mantenían sojuzgados a multitud de pueblos mesoamericanos, cuya colaboración resultó indispensable para la victoria de Hernán Cortés. Dejando a un lado el hecho de que a lo largo de la historia todos los conquistadores, incluso los más siniestros, han contado con colaboradores entre las poblaciones sometidas para implementar y sostener su dominio, aquí la cuestión fundamental es que la situación de los amerindios no mejoró con la conquista, sino que empeoró de manera evidente y significativa para la inmensa mayoría de ellos, y esta situación de subordinación se prolongó durante siglos. 

 

El siguiente factor justificante lo explica Jorge Sancho en los siguientes términos: "En un intento de seguir diluyendo las responsabilidades por los efectos de la conquista y colonización española, se argumenta también que la agresión contra los pueblos originarios continuó (e incluso se intensificó) tras la independencia de las Repúblicas latinoamericanas a principios del siglo XIX. El cinismo de este argumento no tiene límite; es como si en el caso de una mujer que es maltratada por sucesivas parejas, la persistencia del maltrato exonerara automáticamente a los maltratadores previos a tal punto que casi debemos agradecer la actitud paternalista del maltratador original (probablemente un familiar) pese a que es el principal responsable de haber destruido la autoestima de la víctima, dejándola indefensa ante futuros abusos". Bien, llegamos ahora al argumento estrella, que puede enunciarse como: "¿Y qué pasa con los Romanos?". Es quizá el más utilizado comúnmente por la mayoría de la población, que simplemente estira hacia atrás en el tiempo los desmanes llevados a cabo por Imperios anteriores en la historia. Bien, ante este argumento también tenemos que hacer un par de precisiones. En primer lugar, la comparación histórica entre el proceso de Romanización y la conquista de América es completamente inadecuada. Veamos porqué: obviamente la invasión romana de la Península Ibérica implicó un alto grado de violencia (la "pacificación" de Hispania se prolongó durante más de 150 años), y también es cierto que la extensión de la esclavitud y el expolio de los recursos naturales por parte del Estado romano fueron importantes. Pero aquí terminan las similitudes entre ambos procesos: por un lado, el grado de mortandad entre la población indígena, tanto en términos absolutos como relativos, no es comparable. Por otro, mientras que en la Hispania romana se fue extendiendo progresivamente la ciudadanía igualitaria hasta alcanzar eventualmente a todos los hombres libres (integración política que se demuestra por la existencia de importantes Emperadores de origen hispano como Trajano, Teodosio o Adriano), en la América Hispana se estableció un estricto sistema de castas indiano en el que la raza era el principal elemento de estratificación social, y que impidió la integración entre la "república de los españoles" y la "república de los indios". Básicamente, son éstos los argumentos que se esgrimen falazmente para tratar de disculpar nuestra aberrante acción con la Conquista. 

 

Un "hecho diferencial" fundamental del proceso de la Conquista fue la bárbara política religiosa empleada en el Nuevo Mundo. En efecto, esta intolerante política religiosa aplicada por los conquistadores contra los pueblos originarios americanos tenía por objeto completar el expolio de metales y tierras con la destrucción de la espiritualidad y la cultura indígenas, para así poder justificar mejor las conquistas y debilitar la resistencia de los supervivientes. Hemos de partir de la base de que los Reyes Católicos (y los demás monarcas que les sucedieron, aunque en menor medida) eran fanáticamente religiosos, hasta tal punto de colocar como consejeros personales a los más altos jerarcas de la Iglesia, y entender dicha colonización espiritual como una auténtica Cruzada. No son de extrañar por tanto tales prácticas con los amerindios, teniendo en cuenta que castellanos y portugueses no hicieron sino continuar su cruzada contra el Islam occidental en los territorios de ultramar. Pero deberíamos ser conscientes de que en los tiempos pretéritos ya existían otras políticas religiosas alternativas a las de la conversión forzosa de las población sometidas: por ejemplo el sincretismo de la religión cívica romana, la coexistencia existente bajo el Imperio Mongol, o incluso, la relativa tolerancia con la que en Al-Ándalus, algunos siglos antes, se trataba a los mozárabes. Francamente, en estas comparaciones los españoles no salimos muy bien parados. Y como Jorge Sancho señala, otra de las "singulares virtudes" de la colonización española sería la del mestizaje. Pero hace falta tener una memoria muy selectiva para no querer ver que un mestizaje impuesto en condiciones de absoluta desigualdad (emparejamiento de hombres blancos con mujeres indígenas) implicas un alto grado de violencia sexual contra las mujeres indígenas. Por otra parte, la cultura de lo mestizo ha servido también para invisibilizar a los pueblos originarios hasta la actualidad, puesto que el "encuentro entre dos culturas" siempre se ha dado en condiciones asimétricas, dado que las diversas repúblicas americanas han continuado hasta el presente con la tradición colonial de mantener a sus pueblos originarios en situación subalterna y discriminada. 

 

No obstante todo ello, hay que resaltar que los pueblos originarios de Abya Yala no fueron simplemente testigos impasibles de un destino inexorable, sino que también ejercieron su resistencia durante siglos. Con la Conquista comenzó también la propia resistencia indígena, que fue una constante durante todo el período colonial (y más allá): desde Guaicaipuro a Tupac Amaru, pasando por la gesta de los Mapuches. De hecho, el que algunos de estos pueblos hayan resistido y conservado su cultura ancestral hasta nuestros días (ya de por sí un ejemplo de resiliencia para todo el género humano) debería hacernos reflexionar a los españoles muy seriamente sobre cómo nuestras acciones del pasado repercuten hasta el presente (un presente, dicho sea de paso, en el que las grandes corporaciones españolas siguen depredando y expoliando América Latina). La Monarquía hispánica jugó un papel de primer orden desde el siglo XVI para la configuración del mundo capitalista en el que vivimos. Y para ello, grandes convulsiones políticas y sociales tomaron a los pueblos originarios americanos como conejillos de indias (nunca mejor dicho) para probar los experimentos de sumisión y despojo coloniales. En perspectiva histórica, está muy claro que España ha ganado bastante más que América Latina del período colonial, aunque solo fuese porque gracias a la extensión de nuestro idioma, el castellano, por el Nuevo Mundo, nuestro país puede gozar en la actualidad de una destacada proyección internacional, y actuar como amigo y mediador entre el mundo latinoamericano y el mundo europeo. Pero reconocer estas realidades históricas no puede conducirnos a una lectura injusta de los hechos acontecidos durante la Conquista, donde el componente destructivo (humano y cultural) y expoliador (de territorios y recursos naturales) fue predominante. Éste es el relato, diferente como vemos al relato dominante que nos influye desde pequeños. Y nuestra actitud, por tanto, en vez de tan arrogante y displicente, ha de ser mucho más comprensiva y justa, entendiendo en su contexto los hechos históricos que sucedieron, pero nunca justificando ni haciéndonos cómplices de todo aquél horror. Continuaremos en siguientes entregas.

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24 mayo 2020 7 24 /05 /mayo /2020 23:00
Viñeta: Antonio Rodríguez

Viñeta: Antonio Rodríguez

Vivimos en efecto, una crisis del modelo de desarrollo dominante, destructor de los ecosistemas y de las sociedades. La razón profunda se encuentra en la “ontología” de Occidente y en su visión lineal científica y tecnológica de la historia, que considera a la naturaleza como una serie de elementos separados (recursos naturales) e impone una visión antropocéntrica (utilitarista) del desarrollo

François Houtart (2011)

Globalmente encuentras más satisfacción en el uso de las cosas que en su posesión

Aristóteles

Venimos comentando desde hace un par de artículos atrás toda la serie de condicionantes que pueden actuar para que, aún con toda la evidencia científica que existe sobre el advenimiento de un colapso civilizatorio, la mayoría de las personas todavía no se lo crean. Lo cierto es que cuando los negacionistas del colapso (del caos climático y del agotamiento de los combustibles fósiles, que son en el fondo los mismos) acusan a la comunidad científica de "alarmista" en todos los foros donde pueden, saben perfectamente lo que están haciendo. Saben que están invocando los más atávicos esquemas psicológicos, así como reforzando los esquemas mentales imbuidos por el capitalismo, y ya comentados en anteriores artículos. Lo saben muy bien. Básicamente el negacionismo apuntala dichos esquemas mentales, nos sirve para excusarnos en ellos y para reforzarlos, para darles vías de escape y continuidad. Negamos el problema y además nos refugiamos en prejuicios adquiridos, y buscamos afirmación en quienes siguen la corriente dominante, que son por desgracia la mayoría. Y como nos explican en el artículo de referencia, todo ello lleva implícita una carga emocional importante. De ahí que los debates sobre si dar a conocer la verdad o suavizarla han sido muy intensos no solo en la comunidad científica, sino también en la clase política (éstos últimos por miedo a perder votos). Pero esta táctica es continuar con el engaño: debemos, desde la atalaya donde nos toque hacerlo, contar toda la cruda realidad sobre el asunto, tal como estamos haciendo en este Blog. Solo esta actitud nos puede conducir a movilizarnos en favor del desarrollo de un plan creíble, valiente, ambicioso, viable, participativo e internacionalista (aunque esto último ya no depende de nosotros). Y así, hemos dejado a los negacionistas conseguir su objetivo, que no es ni siquiera negar la evidencia, sino "sembrar dudas". Han conseguido que sobre el cambio climático, todos tengamos una opinión, como si la teoría de la relatividad pudiera ser objeto de debate filosófico. Han conseguido relativizar tanto las advertencias y estudios científicos sobre el asunto, que hoy día todo el mundo habla de ello, pero la mayoría sin creérselo, o si se lo creen, a continuación apostillan que "ya inventarán algo" para remediarlo. En fin, creo haber mostrado a mis lectores y lectoras, con esta breve exposición, el conjunto de las principales motivaciones y circunstancias que intervienen en la poca credulidad que sobre el colapso civilizatorio posee el conjunto de la población mundial. 

 

Para verlo desde otro punto de vista (nos basamos ahora en el estupendo artículo "Mensaje en una botella" del Blog "The Oil Crash"), hemos de situar el papel de la energía en las sociedades en sus justas dimensiones. La energía no solo es un concepto físico y económico, sino que también cultural. ¿Por qué hemos hecho crecer nuestro PIB (y también los de otras naciones) durante largos años, décadas incluso? Porque cada año teníamos más: hemos tenido más comida, más agua, más energía, más coches, más electrodomésticos...Durante años hemos vivido una especie de tiempo "glorioso", un sueño de "progreso" continuo y rápido al que nos hemos venido acostumbrando. Poco a poco hemos olvidado los parámetros de un mundo pasado donde las cosas iban más lentamente y la vida era más difícil. Dichas apropiaciones capitalistas del "bienestar" acapararon nuestros modos de vida y nuestras costumbres, y pensamos que teníamos garantizado este modelo de vida, que teníamos "derecho" a ello. Se nos fueron imponiendo unos valores que fuimos asumiendo con normalidad, y unos comportamientos que consagraban dichos valores. Pero mientras nuestro "progreso" material se aceleraba también lo hacía nuestro consumo de materias primas, de todas ellas: carbón, petróleo, gas, uranio, hierro, cobre, aluminio, oro, plata, litio, estaño, cobalto, fosfatos, coltán...Al hilo de esa falaz forma de progreso, necesitábamos cada vez más cosas para poder fabricar más, y cada vez mejores y más rápidas. La publicidad, la obsolescencia programada y los sistemas de crédito contribuyeron también a la extensión de todo este modo de vida distópico y aberrante. Fuimos engañados también aquí, porque no nos contaron un detalle fundamental: el planeta y sus recursos son finitos, terminan, se acaban. Y ya no hay más. Así que tales modos de vida solo pueden durar un tiempo, hasta que dichos recursos se acaben. Claro, esto no ocurre de un día para otro, pero el cataclismo que su agotamiento provoca en nuestras sociedades hace necesario que vayamos advirtiendo de ello algún tiempo antes, algunas décadas o años antes de su fin. Y este es otro factor añadido por el que la mayoría de la gente tampoco se lo cree. Sus esquemas mentales rechazan la idea de que estos minerales y recursos naturales puedan agotarse. Influyen también mucho en ello los conceptos erróneos que se vierten en determinados medios. La confusión más típica es identificar el "pico" de un recurso con su agotamiento. Veamos la diferencia. 

 

En general, el pico de extracción de un recurso es el momento a partir del cual el flujo que se puede obtener de él alcanza el máximo y empieza a descender. Por tanto, el cénit o pico del petróleo (lo podemos extrapolar a cualquier otro recurso natural) no significa su agotamiento, sino que designa el momento a partir del cuase alcanza la mayor tasa de extracción de petróleo global para después entrar en declive rápidamente, ya que comienza a costar más extraerlo que lo que se obtiene, y comienza a ser mucho más difícil encontrar nuevos yacimientos. No significa por tanto que entremos de un día para otro en una situación de desabastecimiento, pero sí que comienza la progresiva y definitiva caída de dicho recurso. Así que a principios del siglo XXI, con reservas de estos combustibles y recursos naturales aún para varias décadas, comenzaron los mensajes de previsión de picos para un montón de ellos. De hecho y entre muchos otros, el cénit de producción del petróleo se produjo en 2005, el del carbón en 2011, el del uranio en 2015 y el del gas natural se producirá en 2025, aproximadamente. Bien, la siguiente pregunta sería: ¿ha actuado en consecuencia la comunidad internacional, enfrentando estos picos de recursos naturales, haciendo decrecer la producción y adaptándonos a otros modos de vida y a otros modelos de negocio? La respuesta se nos ofrece clara y cristalina: NO. La resistencia cultural capitalista a algo tan científico, empírico, demostrable y concluyente ofrece un vigor increíble. Y es que décadas de enseñanza económica en las Facultades de las grandes Universidades del mundo, todas cortadas por el mismo patrón (léase la Escuela de Chicago, es decir, la economía neoliberal pura y dura) no permitían que nuestros expertos económicos, los asesores de las grandes corporaciones y los Gobiernos pudieran entender un concepto tan sencillo. A ello hay que sumar la profunda inercia de las propias instituciones que hemos creado, y las resistencias a "perder" nuestros hábitos adquiridos y modos de vida imperantes. ¿Qué hemos hecho, entonces? Pues aunque parezca ridículo, negar la evidencia científica, de nuevo. La inercia, los esquemas mentales dominantes, la imposibilidad de aceptar que no podemos seguir creciendo, la falsa identificación del bienestar con el crecimiento económico, nos hace continuar por la misma senda. Algunos tibios pasos de concienciación se han hecho en las diversas Cumbres climáticas que se han celebrado durante los últimos años, pero nada más. 

 

El ejercicio es conectar todo ello, como venimos haciendo siempre en esta serie de artículos, con el Buen Vivir. Tenemos que comprender que tenemos que cambiar, que es toda nuestra base social, económica y cultural la que tiene que cambiar no solo para asumir los hechos científicos que estamos contando, sino para asumir psicológicamente otros marcos mentales, otras formas de vida. Toda la sociedad ha de cambiar, porque tenemos que organizarnos de otra manera. Porque si realmente comprendemos lo que pasa, el problema se reduce a un problema de esfuerzo y de cambio, de evolución y revolución de nuestras vidas hacia otros esquemas y conceptos. Toda esa filosofía económica predatoria de la Naturaleza, extractivista, consumista y explotadora, es la que nos ha conducido hasta aquí, y lo hemos permitido porque ha venido abanderada por esos grandes conceptos de "riqueza", "bienestar", "progreso" y "desarrollo". Si somos capaces de desescalar estos conceptos, de reapropiarnos de ellos mediante otros significados, entenderemos que realmente hemos sido engañados. Tenemos que preservar la energía, para ir "colapsando mejor", lo que implica no solo suavizar dicha caída energética, sino ir paulatinamente adaptando nuestros modos de vida a estilos menos consumistas, menos derrochadores, más simples y frugales. Hemos de cultivar de manera sostenible, sin esquilmar los terrenos. Tenemos que organizar la producción de los bienes necesarios, pero sin malgastar nada, ni materiales ni energía. Justamente de eso trata el Buen Vivir. Pero lo volvemos a repetir: este Buen Vivir implica revalorizar otras cosas que hasta ahora no hemos valorado, vivir con menos, adaptarnos al entorno, valorar a la propia Naturaleza de forma intrínseca, valorar a la propia comunidad humana, desechando los conceptos capitalistas de la agresiva competencia, y sustituyéndola por la cooperación y el apoyo mutuo. Dejemos de engañarnos: continuar por el camino actual supone el suicidio como especie, al terminar por destruir completamente las condiciones materiales para que se reproduzca la vida. Agotar los recursos naturales no implica solo quedarnos sin tal o cual componente para fabricar tal o cual dispositivo, sino eliminar de la Naturaleza uno de sus condimentos, de sus ingredientes, sin los cuales no pueden mantenerse los ecosistemas y las formas de vida que en ellos se albergan. 

 

La otra pregunta que podemos hacernos es la siguiente: si no reaccionamos...¿qué nos puede pasar? Está claro que el colapso civilizatorio (no del planeta, sino de la propia humanidad, en diversas escalas, ritmos y niveles), pero esto también ha sido estudiado por diversos autores, dada la complejidad del asunto. Tenemos datos concretos acerca de cómo ha sido el colapso en sociedades del pasado, pero nuestras sociedades actuales poseen niveles de complejidad mucho mayores. Está claro que algunas de sus consecuencias serán una menor capacidad de satisfacer las necesidades sociales, por parte de un mercado que se irá descomponiendo (al menos en su faceta globalizada, de ahí que aboguemos por los mercados locales y de proximidad) y de un Estado que será incapaz de sostener el conjunto de los servicios públicos tal y como se construyeron durante la segunda mitad del siglo XX, con el famoso "Estado del Bienestar". ¿Cómo encajarán todo ello los individuos de las clases medias o altas que no estén dispuestos a perder sus privilegios? Estos sujetos son hijos del capitalismo más descarnado, y se caracterizan por el individualismo, la agresividad y el miedo, que son sus motores fundamentales. Parece lógico pensar que la insatisfacción, el individualismo, la desigualdad, el miedo al diferente, la desorientación social, las democracias débiles o de baja intensidad, unido a la imposibilidad de mantener los niveles de vida y los modos de organización económica y social imperantes en la actualidad, formarán un peligroso caldo de cultivo para una suerte de fascismo social que habremos de evitar por todos los medios a nuestro alcance. No podemos esperar a llegar al estado de desesperación social de las masas, situación extremadamente peligrosa y difícil de controlar. Las incitaciones al odio y al miedo podrán hacerse más frecuentes y violentas. Las masas desorientadas, mal informadas, intoxicadas, que no comprenden lo que está sucediendo, son más fácilmente manipulables con discursos demagógicos que orienten su rabia y frustración hacia los sectores más débiles de la población. Podremos evolucionar hacia sociedades más polarizadas, donde la competitividad arreciará. Será necesario un profundo reparto de la riqueza, del trabajo y de los beneficios, para provocar en la población una situación de mayor resiliencia frente al Estado y los mercados. En un contexto de fuertes desigualdades y de descenso de los recursos disponibles, solo un reparto radical de la riqueza permitirá esquivar altos grados de sufrimiento social, que alienten en la población el instinto hacia salidas desesperadas. Para conseguir todo ello hay que proyectar esperanza en el futuro, capacidad de unión en la población, sentido de comunidad, y empatía social colectiva. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 mayo 2020 4 21 /05 /mayo /2020 23:00

Está claro que la escuela no importa. En absoluto. Como sociedad no la hemos dotado de los recursos que necesita. No nos creemos que el docente sea una de las figuras principales de la sociedad. No se encuentra en los rankings de trabajos de más prestigio social. Es más, cuando tenemos un hijo o una hija en edad de decidir qué carrera hará, si resulta que es bueno en matemáticas o en ciencias no le aconsejaremos que se dedique a la docencia, le decimos que haga una ingeniería. ¡Lo hacemos así! No nos hemos acabado de creer eso de la escuela

Enric Prats (Profesor de la UB)

En la última entrega nos quedamos exponiendo la equivocada visión que sobre el ecologismo presentan los libros de texto que llegan a nuestros escolares. El ecologismo se presenta en los libros de texto con diferentes caras. En algunos casos aparece como movimiento simpático y acrítico. Ser ecologista consiste básicamene en reciclar o tomar una postura en defensa de algún animal emblemático en peligro de extinción. Se concibe al ecologismo como un movimiento puramente naturalista y conservacionista, sin relación con problemas políticos o sociales. En ese sentido, los libros de texto, cuando se refieren a alguna actividad ecologista, lo hacen en plan divertido, como por ejemplo organizar grupos para limpiar el monte o la playa, o dar ideas para reutilizar lúdicamente los desperdicios. También pueden referirse a las personas voluntarias que trabajan para alguna asociación protectora de animales. Se obvia hasta qué punto las organizaciones ecologistas contribuyen al asesoramiento de políticas activas en nuestra sociedad y en nuestro mundo, y hasta qué punto dichas políticas han tenido que contar con la perspectiva ecológica para ser funcionales a una cierta sostenibilidad. En otras ocasiones se muestra su posición crítica ante la intervención humana en el deterioro del medio ambiente. En estos casos se tilda a los ecologistas de alarmistas y catastrofistas, aludiendo a que ofrecen una visión sesgada no científica y que se oponen al progreso. Algunos libros de texto califican a los ecologistas como ingenuos o cínicos por algunas de sus propuestas. Muchas veces incluso se ridiculizan sus posturas. Otras veces se presenta al ecologismo como un artículo de lujo, al alcance del mundo rico sensibilizado, que puede acceder a consumos limpios, etc. Se omiten las luchas ecologistas populares y de los países del Sur, el llamado "ecologismo de los pobres". Por ejemplo, seguro que no se debate en clase la causa que motiva a los indios Cherokee del norte de Estados Unidos a oponerse a un nuevo gaseoducto que romperá definitivamente su hábitat natural, y el de muchas especies de plantas y animales. Por tanto, no se pone de manifiesto la visión sistémica del ecologismo, que relaciona efectos y causas y analiza globalmente los problemas ambientales y sociales. Si el ecologismo más naturalista está presente de forma escasa y sesgada en los libros de texto, el ecologismo social y sus implicaciones en nuestro modo de organización política y económica, está totalmente ausente. 

 

31.- LA CONFUSIÓN ENTRE DIFUSIÓN Y COMUNICACIÓN. Los medios de difusión apenas aparecen en los libros de texto. A pesar de rivalizar (o complementarse) con éstos en la formación de categorías mentales con las que se mira el mundo, apenas son mencionados. Se llaman medios de comunicación a lo que son medios de difusión masiva, manteniendo la confusión habitual a pesar de la trascendencia que esta distinción tiene. No se encuentra problematizado el concepto de interacción, imprescindible en un proceso de comunicación, ni la relación jerárquica que se esconde detrás de un modelo "comunicacional" en el que muy pocos seleccionan y deciden la información que va a llegar a muchos de modo unidireccional. No aparecen apenas críticas al carácter de entretenimiento y espectáculo que han adquirido los llamados "medios de comunicación". En general, se vincula la comunicación a los aparatos tecnológicos, proclamando cómo las nuevas tecnologías de la comunicación permiten que mejoren las relaciones y el flujo de información. Se asume que la simple evolución de los elementos tecnológicos facilita la comunicación, pero esto no siempre es así. Se trata como excepción lo que es norma y en buena medida esencia de los medios de difusión masiva. No hemos encontrado referencias sobre quiénes son los dueños de los medios de difusión masiva ni explicaciones a cerca de a qué intereses suelen servir y a cuales no. Tampoco del grado de poder que llegan a poseer, y de la influencia misma que proyectan en las sociedades. Aunque existen muchos trabajos publicados que caracterizan los medios de "comunicación" como un cuarto poder y se han dado múltiples hechos históricos que demuestran cómo la propaganda de los medios es capaz de crear una realidad a la medida de los deseos de quienes ostentan el poder, los libros de texto no permiten atisbar ninguno de estos problemas. 

 

Tampoco aparece el movimiento de contestación a los "medios de comunicación" ni sus alternativas (contrainformación a través de diferentes canales). Nada se dice de la transmisión oral de la información y la comunicación, y la relación que esta fórmula ha tenido con la mayor sostenibilidad de algunas culturas y sociedades. Se plantea explícitamente que los medios de difusión permiten mantener la unidad lingüística, y no que condicionan fuertemente la diversidad lingüística. Sí es cierto que algunos textos han presentado algunas referencias críticas a estos medios. Se hace necesaria por tanto una exposición más justa y profunda sobre el alcance de estos medios en el aula, en los libros de texto y en los debates en clase entre docentes y estudiantes. Puesto que los textos ocultan el entramado de los medios de difusión, sería preciso incluir elementos que permitan a alumnos y alumnas interrogarse sobre: ¿Qué es lo que necesitamos conocer?, ¿Dónde está el conocimiento del territorio?, ¿Qué son hoy en día los medios de comunicación? (empresas, parte de grandes corporaciones eléctricas, del motor, bancos, editoriales, industrias culturales, etc.) ¿Quiénes “fabrican” las noticias para todo el planeta?, ¿Hasta qué puntos están estas noticias manipuladas en función de la satisfacción de ciertos intereses? ¿Qué son agencias de noticias?, ¿Cuántas hay y de qué países son?, ¿Cómo se selecciona la información?, ¿Para qué necesitamos los medios de difusión?, ¿Qué papel juegan los medios de difusión masivos en la supresión de la diversidad cultural? 

 

32.- EL SILENCIO SOBRE LA TELEVISIÓN. La televisión ocupa un espacio mínimo en los libros de texto en comparación con la relevancia que este objeto tiene en la actividad, (más bien pasividad), diaria de las personas -3,5 horas de media al día-. Si las referencias a la televisión son pocas, las referencias a los problemas graves de la televisión en relación con la sostenibilidad son inexistentes. Es preciso tener en cuenta que la televisión se interpone como retroalimentación errónea entre la cultura y el territorio, entre la observación directa y la realidad. La televisión se presenta como un hecho incuestionable. En ningún caso es problematizada su esencia ni su papel en la concentración de poder o en la potenciación de la producción y el consumo. A la televisión se le atribuyen una serie de mitos: que gracias a ella podemos recibir información de todas partes, que enseña cómo es el mundo…Mitos éstos, cuando menos cuestionables. Por ejemplo, el libro de Ciencia Tecnología y Sociedad de 1º de Bachillerato Ed. Algaida asegura que "La televisión nos acerca a las culturas más distantes". Al llamar a la TV medio de comunicación se muestra el escaso interés por entrar a analizar la verdadera naturaleza de la televisión. Por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edebé comenta: “Las comunicaciones por cable y por satélite han interconectado el planeta y han permitido, por ejemplo, el desarrollo de la telefonía móvil, a la vez que han hecho que la televisión se convierta en un medio de comunicación inmediato capaz de retransmitir en directo una guerra, como quedo patente en la guerra del golfo Pérsico”. La televisión se asocia indirecta o directamente con el progreso, el desarrollo y la modernidad, ignorando que podría ser causa de deterioro. Los libros de texto ignoran el problema de la escapada virtual, que consiste en relacionarse, percibir, preocuparse, sentir emociones y ocuparse más de las pantallas y de la percepción de la realidad que ellas muestran que de la realidad misma. 

 

Existen algunas tímidas propuestas de ver menos la televisión o de ver programas más adecuados que se insertan más en la idea de lo políticamente correcto que en una crítica esencial al fenómeno televisivo. Tampoco se estudia en profundidad el fenómeno de la televisión basura. Hemos encontrado algunas críticas, como por ejemplo en el libro de Lengua y Literatura de 1º de Bachillerato Ed. SM, que cuenta: ".... la mitad de los españoles ni lee ni va al cine nunca, que el 75% jamás va al teatro, un 92% nunca fue a un concierto de música culta, y los periódicos... los lee sólo el 30% de la población, mientras que delante del televisor se pasan los españoles, por término medio, 210 minutos diarios...". Otro ejemplo es el libro de Educación Física de 1º de Bachillerato Ed. Bruño, que asegura: "No nos engañemos, los espectáculos deportivos tienen como principal objetivo vender productos... a partir de seleccionar aquellas imágenes que más mueven a la pasión...". O bien el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edebé, que afirma: “La información se ha convertido, además, en un factor clave para la economía y ha generado la aparición de importantes grupos empresariales que tienden a concentrarse y a controlar medios diversos: prensa, televisión, etc.”. Son quizá las únicas referencias críticas reseñables que hemos encontrado. Sería de interés dar una visión completa del fenómeno televisivo. La TV no es un aparato sino un sistema que tiene muchos elementos. De quién es, cómo se seleccionan las noticias, quienes son los emisores y quienes los receptores, lo que no sale, las funciones, la financiación, etc. La esencia de la TV no deja de ser que unos pocos se dirigen a muchos con voz, sonido e imagen. También sería útil conocer las servidumbres que la TV como medio de difusión masivo tiene, como por ejemplo la servidumbre publicitaria y comercial, el hecho de legitimar al sistema que favorece a sus dueños, la obligación de mantener unos índices de audiencia y por lo tanto despertar atención. Puede resultar de interés conocer el fuerte deterioro que la TV provoca en la red de relaciones interpersonales al dificultar que esta red se desarrolle (la televisión ocupa 3,5 horas de media al día). Sería interesante problematizar características asociadas a la TV que se predican sin ser cuestionadas, como por ejemplo que la TV te integra en el mundo, que nos permite conocer todos los rincones del planeta, que facilita la conversación, etc. La mayor parte de las experiencias educativas de interés sobre la televisión están destinadas a aprender a verla mejor. Contemplar el no verla o prescindir de ella pudiera ser interesante desde el punto de vista de la sostenibilidad. La disminución de la relación con las pantallas aumenta de forma significativa la relación con las personas y con el territorio. Una relación mayor con el territorio posibilita una relación más responsable con él. Continuaremos en siguientes entregas.  

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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19 mayo 2020 2 19 /05 /mayo /2020 23:00
El falso relato sobre el Descubrimiento de América (II)

Solo se puede narrar verdaderamente el pasado como es, no como era. Ya que rememorar el pasado es un acto social del presente (…) y que afecta al sistema social del presente (…). La “verdad” cambia porque la sociedad cambia

Immanuel Wallerstein

Para finalizar el artículo anterior, primero de esta serie, tomamos un fragmento del texto "Arqueología de lo jondo", de Antonio Manuel, donde el autor relataba cómo tuvo que explicar a su hijo y corregir muchas de las cuestiones que su libro de texto le contaba sobre el supuesto "descubrimiento" de América, entre otras cuestiones. Y es que, efectivamente, los libros de texto que nos han enseñado determinadas asignaturas en nuestros tiempos escolares tienen la culpa (en realidad sus autores y editores, y en última instancia una política y una cierta cosmovisión de los hechos) de que fuésemos poseyendo desde pequeños un relato equivocado de lo que realmente sucedió. Los libros de texto que hablaban (y continúan hablando) del "descubrimiento" de América son un caso especialmente llamativo que pone de manifiesto la omisión y ocultación de la existencia de culturas sostenibles, muy anteriores a las nuestras (las occidentales). Al ser desconocida por la sociedad occidental, se consideró América desconocida de forma universal. Craso error. En los libros de texto de referencia de las principales editoriales, apenas se comenta el expolio de recursos que tuvo lugar, las degradaciones ambientales que provocaron, o los genocidios llevados a cabo en dicho continente por parte de los occidentales (españoles, en este caso, mayoritariamente). Y así, un montón de barbaridades son enseñadas a nuestros escolares en dichos textos, tales como que "La colonización consistió en poblar América" (América ya estaba poblada antes de la llegada de los europeos), o "Cristóbal Colón como todas las personas de su época no conocía la existencia de América" (por lo visto los indios e indias no eran personas o no existían), etc. La sarta de estupideces, mentiras y adulteraciones de la realidad que se vienen produciendo son un ejemplo de clara manipulación de los conocimientos, y de evidente colonización mental de los estudiantes, que lógicamente cuando llegan a adultos, poseen dicho relato completamente asumido. 

 

Por lo tanto, ni América estaba despoblada (sí de europeos), ni se descubrió ningún "Nuevo Mundo" (sí para los europeos). Pero al no ser habituales estas aclaraciones, se convierte la afirmación en clara mentira. ¿Diríamos por ejemplo que los inmigrantes latinoamericanos han "descubierto" España, puesto que no la conocían antes? En definitiva, llevamos siglos enseñando a nuestros escolares unos libros de texto que no recogen un enfoque intercultural en el que se analicen las culturas desde sus propios patrones civilizatorios, se efectúe un discurso y una enseñanza desde el respeto (dichos textos siempre se refieren a las culturas indígenas con desprecio, o como atrasadas), y se promueva un encuentro en equidad donde no quepan el paternalismo ni la dimensión inferior-superior. Y por otra parte, necesitamos contar a nuestras nuevas generaciones el relato desde la verdad presente, no desde la mentalidad imperialista de hace cinco siglos. Con todos esos mimbres, desde la escuela lo que estamos fomentando es "la inmadurez y la visceralidad con que la opinión pública española enfrenta su pasado histórico", en palabras de Jorge Sancho, cuyo artículo tomamos como referencia a continuación. De hecho, la inmensa mayoría de adultos españoles aún piensan que la destrucción de las civilizaciones y culturas amerindias es apenas un mal necesario para la construcción de una providencial, casi virtuosa, Hispanidad. Pero dicho relato es muy peligroso, pues además de un relato falso, hace gala de toda la banalidad, la zafiedad, el cinismo y la indigencia intelectual que en muchos aspectos nos caracteriza. No es un mal endógeno de la sociedad española, pero sí es evidente que se lo debemos a una educación y un pensamiento político muy sesgado a la derecha, como efecto, mirando solo a los tiempos más recientes, de cuatro décadas de nacionalcatolicismo franquista. Pero llevamos también más de cuatro décadas de democracia, lo cual ya sería por sí mismo etiqueta suficiente como para que hubiésemos olvidado aquél relato de épica y grandeza, que en realidad es un relato de expolio, muerte y destrucción. 

 

Explica Jorge Sancho: "La falta de la más mínima higiene democrática en la sociedad española se pone de manifiesto por la persistente popularidad de conceptos historiográficos absolutamente caducos como los de "Reconquista" o "Descubrimiento". Resulta completamente evidente que las expediciones colombinas no descubrieron absolutamente nada; que ese "Nuevo Mundo" estaba habitado desde hace decenas de miles de años por multitud de pueblos y culturas que se extendían desde Alaska a la Tierra de Fuego...y de hecho América fue visitada por los Vikingos, y probablemente también, por navegantes polinesios siglos antes de que la Pinta, la Niña y la Santa María partiesen desde Palos de la Frontera. Los conquistadores castellanos no llegaron a un continente vacío ni habitado por salvajes que esperaban recibir los regalos de la "civilización" para aprender a rezar o a escribir de manera correcta. Las Américas presentaban a finales del siglo XV un ecosistema humano rico y diverso; algunas de cuyas formaciones sociales (como los Mayas, Aztecas o Incas) tenían un grado de complejidad comparable a los Imperios Romano o Persa en la antigüedad". Esto es exactamente lo que nuestros escolares deberían aprender en sus libros de texto. Sin embargo, lo que aprenden es la "valentía y la heroicidad de nuestros conquistadores", que contribuyeron a que el Imperio Español de la época (a fuerza de destrucción a mansalva) se extendiera allende los mares. Añade Jorge Sancho que aunque técnicamente no sea lo más apropiado describir el proceso de conquista y colonización de los pueblos originarios americanos como un genocidio (a la manera del Holocausto nazi o el exterminio de los Tutsis ruandeses en 1994), estamos hablando de la destrucción histórica deliberada de pueblos enteros, y de expolio de sus riquezas y recursos naturales, con lo cual las supuestas "hazañas" de Colón, Hernán Cortés, Núñez de Balboa, Pizarro y tantos otros "conquistadores" merecerían entrar en la categoría más amplia de Democidio, es decir, destrucción de pueblos en su más alta dimensión, lo que implica la absoluta aniquilación de sus respectivas culturas. 

 

Una característica fundamental en todo democidio es la propia destrucción demográfica. En este sentido, es innegable que tomando en consideración el conjunto del proceso colonizador (que se extendió durante más de un siglo y a una escala continental, en sucesivas oleadas), la catástrofe demográfica alcanzó unas dimensiones apocalípticas. En términos absolutos murieron decenas de millones de personas, algo solo comparable con las Guerras Mundiales o las conquistas de los mongoles en Asia. En términos relativos el impacto fue aún mayor, dado que las estimaciones más conservadoras situarían la pérdida de población en el Nuevo Mundo en al menos un 75% de su población continental entre los años 1500 y 1650 (mediados del siglo XVII, aproximadamente), momento a partir del cual comenzó una lenta recuperación poblacional. Probablemente sea éste el proceso demográfico más relevante en tiempo histórico de toda la Historia de la Humanidad, ya que alteró de manera decisiva el equilibrio demográfico entre los continentes. Existe un debate historiográfico sobre las causas profundas de este colapso demográfico, que es sin duda de una enorme complejidad y en el que no abundan desgraciadamente (dada la antigüedad de los hechos acontecidos) las fuentes directas, por lo que inevitablemente hay un cierto grado de especulación al respecto de lo que realmente sucedió. En cualquier caso, las líneas generales de lo acontecido parecen estar bastante claras, a la luz de los datos e investigaciones que pueden consultarse. Es evidente que una destrucción demográfica de la envergadura de la que estamos tratando no ocurre al albur de unas determinadas circunstancias que se conciten aleatoriamente, sino que han de obedecer a la conjunción de múltiples factores que las determinen. Si colocamos por tanto todas las piezas del puzzle (este puzzle es el que estamos intentando exponer en esta serie de artículos) hasta conformar la realidad completa, en sus justos términos, está claro que, al menos, podríamos aproximarnos bastante bien al relato correcto de lo sucedido. 

 

Retomo de nuevo las palabras de Jorge Sancho: "El factor desencadenante es sin duda la invasión de castellanos (y portugueses) que se desarrolla con gran rapidez y virulencia entre finales del siglo XV y mediados del siglo XVI; los conquistadores por lo general se relacionan con los diversos grupos indígenas haciendo uso de una gran violencia --movidos por el fanatismo religioso y el afán de rapiña--; pese a que el número de los invasores es insignificante comparado con el de la población local, éstos traen consigo multitud de enfermedades infecciosas (como la Viruela o el Sarampión) que causan estragos entre una población que carece de defensas frente a los nuevos patógenos; la densidad demográfica americana y la relativa homogeneidad genética de sus poblaciones favorecen la extensión sin precedentes de las epidemias, cuyos efectos devastadores muchas veces anteceden a la llegada de los conquistadores, favoreciendo la disolución de las formaciones sociales amerindias y posibilitando su posterior asimilación a manos de los invasores europeos". Y añade: "Este proceso fue tan rápido, violento y traumático que en no pocas ocasiones desencadenó suicidios en masa entre los indígenas incapaces de asimilar el abrupto final de su universo social y cultural. Pero lo que hizo irreversible la catástrofe fue el sometimiento de los supervivientes a un régimen económico predatorio y extractivista que era completamente indiferente a la supervivencia de los indígenas". Necesitamos por tanto un poco de visión histórica, pero sobre todo grandes dosis de empatía, para poder ponernos en el lugar de esos pobladores indígenas, y de la espiral de muerte, violencia, imposición y destrucción que los llamados "conquistadores" llevaron consigo. La cruel violencia de las conquistas puede entenderse por la necesidad de los reducidos contingentes castellanos de usar un terror sistemático para dominar y mantener sometidos a las vastas poblaciones americanas. Los "conquistadores" fueron vectores de las epidemias y usaron de manera despiadada y oportunista los estragos por ellas causadas para afianzar su dominio, a toda costa. Y por su parte, el régimen de explotación económica al que fueron sometidos los pueblos originarios una vez consolidada la conquista (ejemplificada por la infame Encomienda y luego continuada por otras formas de trabajo forzoso como el Repartimiento) no solo pone de manifiesto que la codicia era el principal motor detrás del esfuerzo colonizador, sino el hecho de que la población indígena fuese tratada ante todo como mano de obra prescindible, cuyas vidas eran el preciado combustible con el que poner en marcha y mantener la maquinaria de la acumulación originaria del capital. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 mayo 2020 7 17 /05 /mayo /2020 23:00
Fuente Viñeta: https://havanatimesenespanol.org/

Fuente Viñeta: https://havanatimesenespanol.org/

La crisis ecológica evidencia que ha llegado el punto en que la contradicción entre los recursos existentes y la maquinaria de reproducción industrial parecen haber alcanzado un límite. El capitalismo –para mantener su ciclo vital– necesita destruir capital, vidas, bienes y recursos naturales mediante despojo de tierras y despoblamientos violentos de zonas y amplias regiones, expoliación de recursos y explotación a gran escala de fuerza de trabajo

Ignacio Eulogio Claudio

El decrecimiento debe ser una opción consciente, voluntaria y democrática, no obligada por la escasez o la austeridad; que surja del deseo de reordenar las prioridades: el bienestar, no el crecimiento; la calidad de vida, no el consumo

Serge Latouche

En la entrega anterior, tomando como referencia este artículo del Blog "Usted no se lo cree", habíamos comenzado a explicar los motivos por los cuales, aún con toda la evidencia científica sobre el cambio climático, el agotamiento de los combustibles fósiles y el abismo civilizatorio, las personas no reaccionan como sería lógico esperar. Continuaremos con este asunto, pues hay aún algunos puntos que exponer. El propio lenguaje científico nos juega también alguna mala pasada, en el sentido de no estar muy familiarizados con él, y debido a ello, poder realizar malas interpretaciones. Cuando los científicos hablan de "teoría" o "hipótesis", es porque es algo que ha sido verificado en un determinado porcentaje de casos, no de forma caprichosa. Pero los negacionistas aprovechan el uso de este lenguaje para hacer propaganda en su contra. ¿Alguien esperaría a tener una opinión unánime de todos los médicos si dos de ellos le han dicho que posee un 80% de probabilidades de desarrollar un linfoma? Aplicándolo a nuestro caso, por ejemplo, si nos dicen que el punto de no retorno del sistema climático se encuentra en el umbral de los +2 ºC respecto al promedio preindustrial, que lo alcanzaremos antes de 20 años y que, a pesar de llevar a cabo las acciones de mitigación más drásticas imaginables, existe un 25% de probabilidades de que no podamos evitar el colapso...¿qué debemos decidir? ¿Esperar 10 años más a que nos digan que estas incertidumbres han disminuido? Según los negacionistas, deberíamos esperar a que no haya incertidumbre ninguna, es decir, hasta el infinito (el problema es que el colapso nos alcanzará en dicha espera pasiva). Un nuevo motivo de dificultad en la asunción del problema reside en que no tenemos soluciones aparentemente viables al alcance. Entonces, aplicamos el famoso dicho que reza: "Si algo no tiene solución...¿para qué nos vamos a preocupar?". Ello depende también del grado de cambio en nuestras vidas que supongan las soluciones planteadas. En este sentido, también tenemos el famoso dicho que dice así: "Veremos antes el fin del mundo que el fin del capitalismo". Es decir, nos creemos que nuestro mundo está tan intrincadamente desarrollado en sus parámetros actuales que es imposible cambiarlo. Pero esta es otra impresión equivocada. 

 

En el último artículo decíamos que la visión antropocéntrica conlleva igualmente una visión del tiempo adaptada al ser humano, como si éste lo gobernara todo, y todo girara a su alrededor. En este sentido, el capitalismo lleva sobre la faz de la Tierra un par de siglos, dos siglos y medio como mucho, lo que implica que muchos miles de años antes no existía, es decir, las comunidades humanas poseían otros modos de organización social y económica. Luego por tanto, por muy imbuidos que estemos en el capitalismo, si nos demuestran que este sendero nos conduce al abismo, no debiéramos desesperar ni dar la causa por perdida, sino luchar con todas nuestras fuerzas por erradicar este demencial sistema, e irlo paulatimente sustituyendo por otros modos de organización de la producción y de la vida. La solución por tanto existe, aunque tenga un coste demasiado elevado (¿pero no tendría aún un coste más elevado el no hacer nada?). El problema aquí es luchar contra la enorme presión que los negacionistas establecen, que son los más interesados en que el sistema capitalista actual se mantenga (no hablamos aquí de los negacionistas por ignorancia, ya que la ignorancia puede ser derrotada simplemente poseyendo interés en ello). Las soluciones existen, aunque sea a coste muy elevado: por ejemplo, es técnicamente posible alimentar de electricidad a toda Europa con una combinación de energía fotovoltaica, eólica e hidroeléctrica ubicada en el desierto del Sáhara. Es posible también hacer lo mismo en Asia ubicando estos sistemas en Arabia Saudí, en los Estados Unidos en el suroeste de este país, etc. El problema es la viabilidad económica, relacionada además con el tiempo disponible, y la viabilidad política. Aunque ciertamente hay otro problema más serio todavía, consistente en cómo disponer de la energía para fabricar y mantener la imponente cantidad de generadores eólicos y solares que serían necesarios para asegurar (sobre todo en invierno) unos niveles de energía neta similares a los actuales. Pero con voluntad política, se podría estudiar dicha posibilidad. Aunque lo cierto es que para emprender proyectos de estas dimensiones tendríamos que disfrutar de un mundo amigo geopolíticamente hablando, lo cual dista mucho de ocurrir. Como podemos apreciar diariamente en los programas informativos, las grandes potencias se pasan el día peleando unas con otras por los más vergonzantes motivos. 

 

Bien, otro alegato contra la implantación (creencia, asunción mayoritaria) de una filosofía y políticas del Buen Vivir ante el abismo civilizatorio que nos amenaza, lo constituye la gran cantidad de aspectos personales que nos tocarían de lleno a cada uno de nosotros, en nuestra intimidad, en nuestras formas de vida, en nuestros planteamientos personales, deseos, aspiraciones, comodidades, etc. Por ejemplo, cuando nos digan que no podemos emplear nuestro coche privado, que solo podemos comer carne una vez a la semana o que deberíamos convertirnos en veganos, cuando se disparen los impuestos a la electricidad, cuando el desempleo se masifique y cronifique, y el Estado no pueda recaudar tantos impuestos como para mantener los subsidios de supervivencia...¿lo aguantaremos, estoicamente, en aras a mantener el clima del futuro? Las previsiones más optimistas consideran que se producirán revueltas populares más o menos violentas, las más pesimistas auguran la implantación de una suerte de "ecofascismo" mundial que desembocará en disturbios, guerras de competencia por los recursos, sistemas violentos y dictatoriales, profundización de las desigualdades, etc. Y entonces, lo más probable sea que no queramos siquiera imaginarnos ese mundo. Pero esconder la cabeza como el avestruz tampoco nos resolverá el problema. Es preciso por ello creerlo, asumirlo y actuar, para poder "colapsar mejor", es decir, conseguir que dichas situaciones que hemos descrito nos afecten lo menos posible. No habrá más remedio que asumir dichas situaciones, y por ello algunos Gobiernos de determinados países están ya implantando determinadas medidas para "suavizar" el colapso a sus respectivas poblaciones, aunque como decimos, este asunto es global, y las posibles medidas de un solo país, incluso de un solo continente, se volverán insuficientes si no son asumidas también por el resto de la comunidad internacional. ¿Cómo promoveremos entonces la solidaridad en unas sociedades tocadas de muerte por el individualismo culturalmente inducido, por unas prácticas y modos de vida imperantes procedentes del capitalismo más descarnado? El asunto es francamente complicado. Pero precisamente por ello debemos actuar, y actuar deprisa y convencidos de lo que hacemos. Actuar intentando difundir dichas acciones, para que cada vez más gente a su vez las asuma y las difunda. No existe otra. 

 

Pero como venimos diciendo, dado que estas respuestas han sido contaminadas con grandes dosis de intoxicación, negacionismo, ocultación y desinformación, bulos y mentiras, lo más extendido es seguir suponiendo, bajo la bandera de la tecnoutopía irracional, que la tecnología y las energías renovables acabarán acudiendo en masa a nuestro socorro, lo cual nos tranquiliza y nos aleja los motivos para la alarma. Estos son los motivos por los que continuamos instalados en la irresponsabilidad. Nuestros modelos mentales y civilizatorios nos pesan demasiado, y simplemente, es mejor relajarnos y no hacer nada, no creernos a los pájaros de mal agüero que nos hablan de colapsos, y continuar nuestros parámetros sociales y económicos tal cual los hemos practicado hasta ahora. Es un mecanismo de defensa psicológica y de preservación de nuestros esquemas mentales, porque luchar contra ellos es una batalla muy dura. Pero como decimos, estos esquemas y modelos mentales nos han sido inducidos. Hoy los consideramos como verdades elementales, pero no lo son. Solo son parte del mundo que nosotros hemos construido, de 250 años para acá. De hecho funcionamos con ellos como si fueran axiomas que no necesitaran demostración, cuando lo fácil es precisamente demostrar que no son ciertos. Por ejemplo, creemos que para que la sociedad funcione es necesario el crecimiento económico, que este crecimiento es una condición necesaria para el desarrollo de las sociedades y para mejorar las menos desarrolladas, y que el progreso, a pesar de algunas oscilaciones, se produce de forma continua, siempre a mejor. Es justo lo que nos han enseñado en la escuela, desde pequeños, y lo que hemos visto en nuestro mundo "real". Jamás nos pusimos a pensar, a cuestionar estos "dogmas" de nuestro mundo, porque nos parecían tan evidentes que cualquier cuestionamiento de los mismos era algo absurdo. Pero en esta serie de artículos estamos proporcionando otros puntos de vista para intentar demostrar que esto no es así. Ni las sociedades han ido siempre a mejor, ni el crecimiento económico de los países ricos revierte como una de sus consecuencias en la inmensa mayoría de las personas que viven en sociedades menos opulentas. Ni el "progreso" es el progreso, ni la "riqueza" es riqueza, ni el "bienestar" es tal, sino que son todas ellas construcciones mentales que el capitalismo nos ha imbuido. 

 

Otro modelo mental relacionado con los anteriores es creer que dicho crecimiento económico puede (y debe) continuar indefinidamente, que lo bueno es crecer, que lo malo es estancarse, y que se puede continuar así ad infinitum. Pero también estamos demostrando aquí que el crecimiento ilimitado es una falacia, es insostenible, nos conduce a la destrucción, y solo cabría hablar de sostenibilidad en caso de una redefinición de todos estos términos de los que la cultura capitalista se ha apropiado, algo que no parece estar en la mente de las mayorías sociales, ni de nuestros dirigentes políticos. Muchos intereses creados nos lo impiden. Pero los mecanismos biofísicos que rigen la dinámica de los ecosistemas son certezas matemáticas, y al igual que se hundió el Titanic por mucho que sus tripulantes y pasajeros no lo estuvieran asumiendo, lo mismo nos puede ocurrir a nosotros. Podemos seguir escuchando música para distraernos mientras el colapso nos lleva por delante, podemos seguir con nuestras distinciones sobre clases sociales, estamentos y status quo, pero el colapso vendrá de todos modos, pero podemos ir construyendo más botes salvavidas, podemos ir variando el rumbo de nuestra economía, podemos ir funcionando con otros esquemas mentales, podemos asumir otros valores y conceptos, podemos ir practicando otras formas de vivir, producir y consumir, y con todo ello, al final, es posible que nuestro choque con el gran iceberg civilizatorio no resulte tan caótico. De eso precisamente trata esta serie de artículos, de intentar poner los cimientos para una nueva filosofía y una nueva política, ambas enfocadas al Buen Vivir, es decir, al Vivir armoniosamente, con respeto, con frugalidad, con reparto, con tranquilidad, con lentitud, con sosiego, con cooperación, para poder alcanzar un puerto más seguro cuando el planeta en su conjunto alcance su punto álgido en el caos climático que ya estamos comenzando a experimentar. Ello nos implicará, ya lo venimos exponiendo, la remoción de muchos de los cimientos de nuestra cultura, de nuestros valores, de nuestras actitudes, pero será la única forma de sobrevivir al abismo sistémico que nosotros mismos hemos provocado. No es tarde para implementar todas estas políticas, para asumir todas las nuevas prácticas, valores y actitudes, nos cueste lo que nos cueste, porque de lo contrario, simplemente, dejaremos de existir como humanidad. El planeta continuará su recorrido, pero sin nosotros. ¿Quién necesita más a quién? Continuaremos en siguientes entregas.

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14 mayo 2020 4 14 /05 /mayo /2020 23:00

Una persona es anciana cuando se cree que lo sabe todo, o cuando ya no quiere aprender más

Laura Mintegi

28.- LA EDUCACIÓN ES SINÓNIMO DE ESCUELA. O si preferimos, los libros de texto no cuestionan la institución misma de la escuela, del colegio, del instituto. En general los libros de texto no hacen un análisis de la escuela y de su historia, de la relación de ésta con el poder, con las clases sociales y con el territorio. La escuela no es un contenido relevante en la escuela. Por lo común, el escaso discurso social sobre la educación se reduce a la reflexión sobre la escuela u otras instituciones académicas. Es la escuela quien educa a los menores. De este modo se ignoran o desprecian otras formas de transmisión de saberes, se eliminan otros espacios de aprendizaje como la familia, la comunidad, el trabajo o la naturaleza. No se tienen en cuenta las formas de educar de las culturas sostenibles. En los textos se presenta la educación escolar como un camino hacia el progreso, como un instrumento liberador, igualador, optimizador y aséptico. Educación es progreso, mientras que sostenibilidad es atraso. Pero curiosamente, los libros de texto omiten la distinción educación pública-privada y también la distinción educación confesional y aconfesional, ocultando que la organización y los conocimientos que se imparten están configurados desde grupos de poder. La educación está asociada a un espacio específico, las escuelas. Esta reclusión espacial impide conocer y valorar el territorio y aprender a sobrevivir y vivir bien en él, aprendizaje necesario para un comportamiento sostenible. Se encuentran casos –pocos- de algún libro que muestra una escuela tibiamente participativa y abierta, dentro del marco de la educación para la ciudadanía que las leyes educativas promueven. Como era de esperar no existen referencias a la educación para la contestación o para la transformación social. En el sistema escolar los esfuerzos y los logros educativos se conciben como un asunto individual, sin dar relevancia a los procesos de aprendizaje grupales o colectivos, como muestra el sistema de calificaciones o el mismo uso normalmente homogéneo e individual de los libros de texto. Para los alumnos y alumnas de cursos más avanzados, sería interesante discutir con ellos/as sobre los diferentes modelos de escuela que se han ido practicando durante los últimos siglos. La realidad que muestran los textos es fragmentaria. Cada disciplina (asignatura) enseña una supuesta parte de la realidad desvinculada del resto. Esta parcelación de los saberes no hace fácil reconocer las relaciones causa-efecto entre nuestras actuaciones y sus consecuencias. La ausencia de una mirada sistémica del mundo impide desarrollar una verdadera educación para la sostenibilidad. 

 

29.- LA NATURALEZA RESIDUAL Y PARCELADA. Como venimos contando, los libros de texto no presentan al alumnado una visión holística del mundo y de la naturaleza (visión de conjunto), sino que exponen visiones parciales, recortadas e independientes. La presencia de la naturaleza en los libros de texto de diferentes materias se concentra en las asignaturas de conocimiento del medio o ciencias naturales. La visión que aparece en ellos es "científica", mecanicista y supuestamente aséptica. Sin embargo en las referencias a la naturaleza que se cuelan de modos más indirectos observamos otros significados sutiles y no tan sutiles que se desvían de esa mirada aparentemente neutral y científica. Cómo se percibe la naturaleza es un aprendizaje central para la sostenibilidad. Conviene tener en cuenta que una parte importante de la población mundial (ya más de la mitad) no vive en contacto directo con espacios naturales ni observa de forma directa los ecosistemas, pues vive en medios urbanos profundamente artificiales. Por lo tanto no existen imágenes ni conciencia clara del alcance de su deterioro. Los libros de texto son un reflejo de esta visión, que sitúa a los seres humanos como una especie que, a diferencia de todas las demás, puede manipular e incluso vivir por encima de los procesos de la naturaleza. Sin embargo, los humanos somos una parte más de la naturaleza y por cierto, profundamente dependientes de ésta, por lo que si queremos mantener viva nuestra especie es imprescindible volver a pensar en los procesos naturales y hacerlos visibles. Todo ello se plasma en diferentes manifestaciones. Por ejemplo, la mayoría de los libros de texto ignoran los procesos de impacto en la naturaleza que la historia de la humanidad ha tenido: "…El proceso de industrialización… tuvo grandes repercusiones sociales y culturales", nos dice el libro de Historia Contemporánea 1º de Bachillerato Ed. Oxford. Los estereotipos sobre la naturaleza que reflejan los libros de texto son variados y se corresponden a los que encontramos en la sociedad. El primero de ellos es el de la naturaleza como fuente de recursos y fábrica al servicio de los humanos. Las referencias no problematizadas a la sobreexplotación de tierras o subsuelos o a las producciones contaminantes son prueba de ello. Existen mínimas referencias a la biodiversidad y a su importancia intrínseca para la sostenibilidad, y cuando se cita siempre es en función de las necesidades humanas. 

 

Otro de los estereotipos concibe la naturaleza como aquello que no está civilizado, que no está culturizado. Naturaleza es un concepto contrario y jerárquicamente inferior a cultura. Y entonces, como inferior, podrá ser sometida. Por ejemplo, el libro de Biología y Geología de 1º de Bachillerato Ed. Editex afirma que “Un índice del grado de civilización alcanzado por un grupo humano nos lo da la comprensión que tiene de la naturaleza, del lugar que ocupa en ella y de su posibilidad de modificarla”. Se coloca la categoría naturaleza junto con la de instinto, o la de romanticismo y en oposición a realismo y progreso. Un tercer estereotipo es el de “naturaleza indómita”, fuerza amenazante y molesta a la que hay que vencer o someter. Las referencias más frecuentes a la naturaleza hablan de ella como fuente de sufrimiento y de catástrofes, aunque inevitables, dado que responde a unas leyes. También encontramos representaciones cercanas al estereotipo de la naturaleza como espacio verde o reducto idílico que ha de protegerse y aislarse del impacto humano. Esta interpretación reduce la naturaleza al territorio que comprende los espacios protegidos. Esta consideración excluye al resto de espacios, también naturales, pero profundamente deteriorados, ignorando el porcentaje que representan unos y otros sobre el territorio total. Por ejemplo, hablando sobre los parques nacionales: “Estos lugares están poco transformados por la acción humana y los gobiernos los preservan porque sus especies animales o vegetales, o bien sus formas del relieve, tienen un interés científico, educativo o recreativo” (Obsérvese que en esta cita, además, se centra el valor de los espacios protegidos en función de su utilidad para los seres humanos) p.124 Conocimiento del Medio 6º de Primaria Edelvives. Tampoco se pone de manifiesto el papel que la especie humana tiene como parte del sistema, ni el intercambio con el medio ambiente, como necesidad de los seres vivos. Asimismo, no se entra a considerar que el intercambio, en muchas ocasiones, se convierte en explotación por parte de los humanos.

 

Por otra parte, la vida como sistema pierde peso frente a los artefactos mecánicos. Los ciclos de materiales ocupan un papel poco preponderante o inexistente. Cuando aparecen lo hacen de manera fragmentada y como procesos aislados, de manera que no se pone de manifiesto que para la sostenibilidad es clave el seguimiento y la resolución del ciclo completo. La naturaleza se trata por un lado como un todo homogéneo y simplificado, sin atender a su enorme diversidad y por otro como una realidad fragmentaria, enlazada mecánicamente por algunos ciclos que la ciencia explica. En todo caso la naturaleza es “lo otro”, lo no humano, ya sea un recurso para la producción, un espacio verde y estético a veces e incontrolado e incómodo otras, o lo que existe –aún- al margen de la cultura. En los libros de texto el paradigma sistémico apenas existe para abordar la naturaleza y la vida. Aparece una escasa mención a la interrelación de los distintos aspectos de la vida como sistema, de modo que no se pone de manifiesto la complejidad de los sistemas vivos. Los problemas ambientales y la sostenibilidad sólo pueden ser abordados reconociendo la complejidad y la densa red de interdependencias y relaciones que constituyen la esencia del mundo vivo. Si no entendemos que la naturaleza es una inmensa red de la que formamos parte, un destino y probablemente una maestra, difícilmente escaparemos al desastre ecológico. Esto es precisamente lo que deberían enseñar los libros de texto y el profesorado a los estudiantes. 

 

30.- EL ECOLOGISMO. El deterioro medioambiental y la preocupación por su protección es un tema en cierta medida presente en los medios de comunicación y en la cultura cotidiana. En su versión políticamente correcta ha saltado a algunos libros de texto. Pero de forma mayoritaria se trata de una forma infantil y reduccionista. Por ejemplo, el libro de Matemáticas de 6º de Primaria Ed. SM plantea: “Begoña y Andrés observan las tareas de un grupo de voluntarios para liberar a la ballena que ha quedado atrapada en la playa” (¿?). “La acción contaminante del hombre ha ido creciendo de modo arrollador…” Cita la lluvia ácida, los incendios forestales, la desaparición de los bosques tropicales, la contaminación fluvial, la contaminación urbana, producción de basuras, residuos nucleares, el efecto invernadero, desertificación, agujero de la capa de ozono. “Todas estas circunstancias han supuesto el aumento de la sensibilidad ecológica”. “El problema afecta a todo el planeta”. Cita la distintas cumbres de Río de Janeiro y Nueva York. p.304 Historia Contemporánea 1º de Bachillerato Edelvives. Sin embargo las alusiones a este tipo de problemas suelen quedarse en meras citas aisladas, acríticas y desconectadas de sus causas profundas. No existe un análisis lo suficientemente profundo y responsable como para sembrar en la mente de nuestros estudiantes la importancia del destrozo ecosistémico que provocamos, y sus terribles consecuencias. “Los vertidos de petróleo son malos para el medioambiente porque matan a las aves y a los peces”. p.36 Inglés 1º de Bachillerato MacMillan (No se comenta nada más en el libro del tema). “El clima mundial cambiará en los próximos 50 años”. p.27 Inglés 1º de Bachillerato MacMillan. Sin más comentarios. La misma simplicidad con la que se abordan –en caso de hacerse- los problemas ecológicos, se usa para presentar soluciones, normalmente individuales, de escaso alcance o proyección política o económica y con nulo planteamiento sistémico. “El colegio de Ramón ha participado en la campaña de recogida de pilas usadas que organizó el Ayuntamiento. La campaña fue un éxito”. p.8 Matemáticas 6º de Primaria SM. “Ayudaría al medio ambiente si recicláramos”. p.34 Inglés 1º de Bachillerato MacMillan. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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12 mayo 2020 2 12 /05 /mayo /2020 23:00
El falso relato sobre el Descubrimiento de América (I)

Los españoles no saben en realidad quiénes son, pues ignoran quiénes fueron

Juan Goytisolo

Iniciamos aquí una nueva serie de artículos, que como su nombre indica, tratará de exponer el falso relato que sobre el supuesto "Descubrimiento" del continente americano realizaron nuestros conquistadores españoles. Nos proponemos desmontar dicho relato dominante desde hace siglos en nuestro imaginario popular, para situarlo en sus justos términos. No es la primera vez que en nuestro Blog abordamos este asunto. Que yo recuerde, en al menos dos ocasiones anteriores lo hemos hecho: este artículo denunciaba el anacronismo y la manipulación en torno a la celebración del 12 de Octubre, mientras que este otro artículo se posicionaba a favor de que nuestro país pidiese perdón a América Latina, después de cierta polémica que hubo tras unas declaraciones del actual Presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. Además de en estas dos ocasiones concretas, hemos abordado el asunto de pasada en otros muchos artículos, pero esta vez lo abordaremos de forma integral, intentando exponer las falacias del relato dominante, y la veracidad de los hechos ocurridos. A través de diversas fuentes y diferentes autores, iremos dando cuerpo al verdadero relato, para intentar acabar de una vez por todas con esa imagen procedente del imperialismo rancio que aún habita en nuestras mentes, debido, evidentemente, a la educación que hemos sufrido en este asunto. Nuestro objetivo se verá cumplido cuando, esperemos que en un tiempo no muy lejano, nuestros escolares dejen de estudiar las "hazañas épicas" de nuestros conquistadores del Imperio "donde nunca se ponía el sol", y cuenten los hechos bajo el prisma de la justicia y de la realidad objetiva. Existe un chiste gráfico popularizado dentro de la Campaña Continental "500 Años de Resistencia Indígena y Popular" bastante ilustrativo, en el que un indígena risueño traducía a su pueblo las palabras de un Cristóbal Colón recién llegado a su territorio de la siguiente forma: "...dice que se llama Colón y que viene a descubrirnos". Como puede verse, pone de relieve toda la idiotez del relato dominante. Porque en efecto, si nos paramos a pensarlo, primero causa mucha risa, y luego mucha pena. Debemos preguntarnos, en primer lugar, qué fue lo que encontraron los "descubridores" españoles a su llegada a aquellas tierras.

 

Tomemos para ello las palabras de François Houtart, quien en su artículo "El concepto de Sumak Kawsay (Buen Vivir) y su correspondencia con el Bien Común de la Humanidad", nos cuenta lo siguiente: "En la época pre-colonial, eran pueblos autónomos los que vivían en el Continente, con sus cosmovisiones, sus saberes, sus representaciones, su racionalidad; todos en correspondencia con su situación material y su modo de relacionarse con la naturaleza. "Desde tiempos inmemoriales --dice el mismo David Choquehuanca--, acostumbramos a hablar con nuestras aguas y respetarlas, con nuestro sol y nuestra luna, con los vientos, los puntos cardinales y todos los animales y plantas de nuestras tierras que nos acompañan" (D. Choquehuanca, 2010). Los ritos, los cultos, correspondían a la necesidad de actuar simbólicamente en una realidad difícilmente controlable y eran muy racionales. Se inscribían dentro de un pensamiento que podemos llamar simbólico (que identifica el símbolo con la realidad). La función social de éste último consistía por una parte, en expresar el carácter holístico del mundo y así crear una fuerte convicción de la necesaria armonía entre la naturaleza y los seres humanos, y por otra parte, en manifestar la fuerza de las representaciones y los ritos de la acción humana en su entorno natural y social. Los pueblos eran diferentes entre sí, con expresiones también variadas, pero con la misma cosmovisión fundamental. La colonización destruyó las bases materiales de estas sociedades y luchó contra sus culturas y visiones del mundo, sobre todo con argumentos y símbolos religiosos. Se trató de un genocidio combinado con un etnocidio. Dice Rodolfo Pocop Coroxon, de la CONIC (Coordinadora Nacional Indígena y Campesina) de Guatemala, a propósito de los Mayas en la época pre-colonial: "Lo que los españoles encontraron aquí fue un profundo respeto y reconocimiento del espacio, del universo, y del ser humano; todos éramos un mismo elemento: la vida" (2008). Es finalmente el discurso colonial el que ha creado la categoría socio-cultural "indígena" (José Sánchez Parga, 2009) como expresión de una relación desigual entre un colonizador superior y unos colonizados despreciados. Durante siglos, las visiones del mundo de los pueblos conquistados se transmitieron en la clandestinidad, por la vía de la tradición oral. Las mismas relaciones sociales establecidas por el colonialismo entre indígenas, blancos y mestizos, se reprodujeron después de las independencias, la autonomía siendo exclusivamente definida en referencia al poder metropolitano, dejando en el poder a las clases descendientes de los colonos". 

 

Y continúa: "Con el tiempo se produjeron cambios lingüísticos. Según José Sánchez Parga, el 30% de la población indígena del Ecuador ya no habla la lengua nativa (2009), como fruto de migraciones internas y de la urbanización. Sin embargo, la ola de emancipación indígena que arrastró a muchos de los pueblos orginarios de América Latina a una nueva dinámica y que, en algunos países, se tradujo incluso en cambios constitucionales, llevó a los movimientos indígenas a retomar sus referencias tradicionales. Algunas de éstas habían atravesado el tiempo, como la "pachamama"; otras, recibieron nuevas funciones políticas como el "Sumak Kawsay" (Ecuador) o el "Suma Qamaña" (Bolivia). Esto comprueba la dinámica de la cultura indígena de que los pueblos no se dejan transformar en objeto de museo, y que, como escribe Eduardo Gudynas (2011), entran en un proceso de "descolonización del saber". Con mucha razón Rodolfo Pocop Coroxon proclama: "Los pueblos de Abya Yala (América) no somos mitos, ni tampoco leyendas, somos una civilización y somos naciones" (2008)". Por su parte, Atawallpa Oviedo, en su artículo "El Buen Vivir postmoderno y el Sumak Kawsay ancestral" (2011), texto incluido en su libro "Qué es el Sumak Kawsay. Más allá del socialismo y el capitalismo" (Sumak Ediciones, Quito, págs. 174-205), afirma lo siguiente, citando a Josef Estermann: "Cuando llegaron los invasores españoles a Amaruka, contaron a sus reyes sus versiones de lo que ellos creían haber visto de los pueblos ancestrales. Las versiones eran tan disímiles, en algunos casos, que se acusaban mutuamente de mentirosos o de fantasiosos. Así, por ejemplo, los curas Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas, cuando fueron invitados a dar clases en la Universidad de Salamanca, mutuamente se acusaban de fabuladores. Ginés de Sepúlveda en su célebre libro "Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios", se dio el lujo de escribir toda una serie de justificaciones y razones para perseguirlos y matarlos, después de "haber descubierto a un indio salvaje, sin ley ni régimen político, errante por la selva y más próximo a las bestias y a los monos que a los hombres". Esto dio pie para que Bartolomé de las Casas le acusara de escribir "inmensas mentiras", en su obra "Brevísima relación de la destrucción de las Indias"

 

Y concluye: "Y ese ha sido el proceso repetitivo en estos 500 años y lo sigue siendo actualmente, aunque más sutilmente. En el fondo no ha habido ningún cambio entre los antiguos colonizadores y extirpadores de idolatrías y los modernos políticos y teóricos de hoy. Los antropólogos, historiadores, economistas de la "sociedad civilizada, moderna y desarrollada" siguen interpretando y contando la cultura de Amaruka desde sus antojos ideológicos y sus visiones egocéntricas. "Desde las palabras de Ginés de Sepúlveda hasta el día de hoy, el discurso principal no ha cambiado de fondo, sino solo gradualmente" (Josef Estermann, 1998). Nos cuenta Manuel Ruiz Robles en su primer artículo de la serie "España, un reino en descomposición" lo siguiente, que bien puede servir para contextualizar nuestro relato: "La historia de España está vinculada a un pasado de opresión sobre otros pueblos, jalonado de sangrientas batallas de liberación nacional que dieron lugar a nuevos Estados. Su forma de dominación ha sido seriamente documentada desde el siglo XVII. En 1620 se publicaba el volumen "Espejo de la cruel y horrible tiranía española perpetrada en los Países Bajos por el tirano, el duque de Alba, y otros comandantes del rey Felipe II". Dicho volumen contenía dos obras publicadas anteriormente, la primera es una versión abreviada de "Origen y evolución de los disturbios en los Países Bajos", de Johannes  Gysius y la otra, "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", del fraile dominico Fray Bartolomé de las Casas. Ambas obras relatan en detalle los crímenes y las atrocidades cometidos por España tanto en Europa como en el Nuevo Mundo". Sin embargo, estas referencias escritas, las que cuentan la verdad del "descubrimiento", han sido sistemáticamente ignoradas por los estamentos educativos durante los últimos siglos. El resultado ha sido un montón de generaciones de españoles y españolas educadas en un falso relato, un relato de grandeza y de heroísmo, cuando lo cierto es que se trata de un relato de muerte y destrucción. Y los libros de texto que se estudian en las escuelas son un primer escalón en dicha cadena del falso relato. Veamos un simple ejemplo: en su obra "Arqueología de lo jondo" (uno de los mejores ensayos que muestran la relación de nuestro arte flamenco con la cultura árabe-andalusí), su autor, Antonio Manuel, relata en primera persona una experiencia muy singular, que voy a rescatar a continuación.

 

Se sitúa al comienzo de la narración, y explica: "Hace unos años, mi hijo me pidió que le preguntase sobre un tema de historia del que se examinaba a la mañana siguiente. Estudiaba cuarto de primaria, y la lección versaba sobre la Edad Media en España. Tomé el libro en mis manos, asentimos con la cabeza en señal de estar preparados, y se puso a recitarlo con precisión milimétrica: "La Edad Media comienza con la caía del Imperio Romano y termina con el descubrimiento de América. Durante la Edad Media la sociedad se dividía en tres estamentos: la nobleza, compuesta por Reyes y caballeros; el clero, integrado por las órdenes y cargos de la Iglesia; y el pueblo llano, por campesinos y artesanos". El texto se ilustraba con un castillo, un monasterio y una plaza con una cruz rodeada de casas de piedra, más una representación de los personajes citados. Concluyó feliz y me preguntó: "¿Lo he hecho bien?". No contesté al pronto. Permanecí en silencio los segundos que separan la respuesta correcta de la oportuna. El dilema parecía sostenerse eternamente en la comisura de sus labios. Hasta que el pobre mudó la sonrisa por un gesto de preocupación y no tuve más escapatoria que contestarle compasivamente: "Tú sí, pero el libro no". No sé quién dijo eso del que busca la verdad merece el castigo de encontrarla. Mi hijo no la estaba buscando, pero yo no podía cometer el doble castigo de ocultársela. Le comenté que América no fue descubierta sino conquistada. Que ya existía antes de la colonización. Y aunque era muy pequeño, entendió lo perverso que puede llegar a ser el uso de las palabras para llamar a la verdad con otros nombres. Después lo senté en la ribera de la cama, como si estuviera a punto de zambullirse en unas aguas limpias que solo nosotros queríamos ver. Y le expliqué que esa Edad Media de la que habla un libro editado para niños y niñas en Andalucía, no fue nuestra Edad Media. Podría ser la de París o Londres, pero no la de Córdoba o Granada. Aquí, donde vivimos, además de nobles había emires, califas, cadíes...junto al clero mozárabe, coexistían rabinos judíos con ulemas musulmanes, todos andalusíes; que también eran pueblo los científicos, los médicos, los poetas, los arquitectos, los músicos...y que en todos los estamentos, siempre, debía nombrar a las mujeres de luz". El relato continúa, pero sirva este breve extracto como ejemplo de que lo queremos afirmar: es la educación, es el sustrato educativo, desde el más elemental nivel, quien nos ha conformado un relato falso, injusto y equivocado. Y ese relato llevamos cinco siglos reproduciéndolo. Ya basta, pues, de falsedades. Ese relato, evidentemente, es apoyado desde un sustrato superior, que es el sustrato político, verdadero responsable de emitirlo y de apoyarlo, con su educación, su conciencia y sus fiestas populares. Continuaremos en siguientes entregas.

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