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7 abril 2015 2 07 /04 /abril /2015 23:00

El capitalismo jamás resuelve sus problemas; se limita a desplazarlos a otros lugares

David Harvey

Contra los Tratados de Libre Comercio (IV)

Continuando con nuestro vaticinio de desastre que ya iniciamos en el artículo anterior de esta serie, pronosticando que se perderían millones de empleos, hemos de indicar también que se destruirán igualmente muchas empresas pequeñas y medianas, así como que desaparecerán muchos sectores productivos con la implantación del TTIP. Y todo ello porque cuando se amplían los mercados (y aquí estamos haciendo una ampliación no sólo transnacional, sino intercontinental), la competencia se incrementa, y las empresas se ven obligadas a competir con sus homólogas extranjeras. Y en esta pugna, lógicamente, acabarán victoriosas las empresas competitivas, que no son otras que las que se dotan de mayores recursos, mayor número de clientes, mayor volumen de negocio, y sobre todo, las que sean capaces de desarrollar mayores cotas de productividad. Y esto último, según el dogma neoliberal, se consigue devaluando las condiciones laborales, como de hecho ya lleva ocurriendo varios años en el contexto de la Unión Europea, así como en los mercados norteamericanos. Todas las empresas que no puedan competir y ofrecer precios más bajos, o bien ajusten al límite su productividad, o amplíen líneas de negocio, o externalicen sus servicios, se verán abocadas al fracaso. En la práctica, tendrán que desaparecer, dejando en el paro a (casi) toda su plantilla.

De hecho, la propia Comisión Europea ha reconocido que las ventajas competitivas de algunas industrias estadounidenses generarán un notable impacto negativo en sus homólogas en el contexto europeo, pero asume que los respectivos Gobiernos tendrán fondos suficientes para mitigar los costes que ello genere. Como estamos comprobando, un planteamiento cruel y despótico para la clase trabajadora, que al final, siempre es la que paga las terribles consecuencias de esta globalización capitalista. Un buen ejemplo lo tenemos en nuestro modelo agrario. El modelo agrario europeo es muy diferente al estadounidense, tanto en su organización como y sobre todo en su tamaño. Se comprueba muy bien, por ejemplo, en las granjas avícolas, que son mucho más numerosas en Europa. En USA hay 2 millones de granjas, mientras que en la UE existen 13 millones. Pero en promedio, cada granja estadounidense es 13 veces más grande que una europea, lo que permite a las empresas estadounidenses competir en mejores condiciones. Los agricultores europeos están muy preocupados ante el TTIP, ya que la amenaza ante la gran concentración de riqueza y poder en el sector es muy alta.

Contra los Tratados de Libre Comercio (IV)

Porque siempre, el efecto final de un proceso de apertura de libre comercio entre diversas zonas económicas se traduce en un aumento de la concentración y centralización de las empresas. Los diversos agentes económicos se van recolocando, atendiendo a su tamaño y poderío económico, volumen de negocio y capacidad de absorber a terceras empresas, con lo cual se hace realidad el famoso refrán de que "el pez grande se come al chico". Por tanto, el TTIP representará un durísimo golpe contra la mayoría social del tejido empresarial europeo, que está constituido en un 99% por pequeñas y medianas empresas. Hasta ahora, los desarrollos normativos en los distintos países de la UE buscaban equilibrar las condiciones en el juego de la economía de mercado, defendiendo a las PYMES para que tuvieran más y mejores oportunidades de competir en igualdad de condiciones con las grandes. Con la implantación del TTIP y su progresiva puesta en escena, este equilibrio se romperá para inclinar la balanza en favor de las grandes corporaciones.

Y este nuevo equilibrio se traducirá sobre todo en un nuevo ajuste centro-periferia, ya que la estructura productiva de los países del sur europeo (Italia, Grecia, Portugal, España, etc.) está mucho menos desarrollada y es mucho menos competitiva, de modo que la implantación de un nuevo contexto progresivo cuya tendencia marque una clara hegemonía de las empresas estadounidenses, representará un golpe mortal a las industrias y motores económicos de los países de la periferia europea. Se aumentarán las brechas entre los países del norte y los del sur, entre ricos y pobres, conduciendo a un panorama de exacerbación de la desigualdad existente, y de los recursos productivos de los diferentes países. En la práctica, esto supondrá el fin de las posibilidades de reindustrialización, porque se impondrá un inflexible corsé que limitará enormemente la capacidad de desarrollar una industria propia y competitiva para los Gobiernos de las economías menos desarrolladas. Las grandes zonas industriales se recolocarán, y los países del sur quedarán como enormes parques temáticos del turismo para los países del norte. No pretendemos marcar un escenario de apocalipsis, sino únicamente ser realistas, y explicar la verdad de la evolución económica que provocará el TTIP.

Nuestras palabras pueden entenderse y tergiversarse en el sentido de que estamos en contra del comercio y de los mercados, pero nada más lejos de la realidad. El comercio es muy positivo para las relaciones económicas y sociales, pero no el comercio absolutamente desregulado al que nos conducen Tratados como el TTIP. Pensamos que los intercambios comerciales deben basarse en un conjunto de reglas que impidan la concentración de poder y riqueza en muy pocas manos, y que impidan también la vulneración despiadada de los Derechos Humanos, algo que ocurre ya no sólo en los países del Tercer Mundo, sino en los más desarrollados. Y las potencias que están detrás del TTIP y sus lobbies negociadores, quieren que ocurra aún más. Incluso el propio Adam Smith, considerado el adalid y el padre del liberalismo económico, fue claramente partidario de establecer topes al libre comercio, al percibir que un mercado completamente desregulado y carente de la intervención de los Estados podía atacar la esencia humana, algo que no se está contemplando en las negociaciones del TTIP, más bien al contrario, se está intentando consagrar. Continuaremos en siguientes entregas.

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6 abril 2015 1 06 /04 /abril /2015 23:00

Cercanas ya las próximas Elecciones Autonómicas y Municipales, y después de la encarnizada lucha por parte de todas las fuerzas políticas para presentar sus respectivas candidaturas en la capital de España, algunas de las cuales han surgido de la convergencia de varias fuerzas, nos hacemos eco, en el presente artículo, del Manifiesto titulado "Merecemos otra Comunidad de Madrid", publicado en su web correspondiente, y firmado por la inmensa mayoría de la izquierda política y social de la comunidad madrileña. Por supuesto, nos adscribimos completamente a su análisis y sus propuestas, y apoyamos el voto para las fuerzas políticas que representan todos los firmantes del citado Manifiesto, que dice así: 

 

"Nos une una necesidad, un clamor, una urgencia. La misma que ha movido a miles de gentes en Madrid, en cientos de municipios y en la capital, a iniciar un proceso de unidad popular que ya camina con paso firme. Un proceso que no será definitivo sin un impulso general que dispute el poder autonómico a quienes nos han convertido en una región marcada por la desigualdad y la injusticia. 

 

Por primera vez en muchos años existen equipos humanos capaces de ganar la Comunidad de Madrid y dispuestos a poner esta región al servicio de la gente. Esta es una oportunidad que no se puede desaprovechar. En el escenario político actual madrileño hay personas con gran capacidad de liderazgo, con conocimiento, con experiencia, con honestidad y estrategia, y todas ellas preparadas para convertir Madrid en una comunidad más habitable. 

 

Por eso consideramos que ha llegado la hora de buscar en esta región un espacio común en el que toda esa gente confluya. Porque es mucho más lo que se puede hacer juntos, y porque no en todas las épocas coinciden, como ahora, grupos capaces de construir una alternativa fuerte frente a la economía especulativa, de excesos y despilfarros, que se ha practicado en Madrid en los últimos veinte años. 

 

Los gobernantes de la Comunidad de Madrid pretenden que consideremos inevitable que más de un millón de personas vivan en esta región con menos de 500 euros al mes, que se niegue a enfermos medicamentos imprescindibles para su salud, o que se eche a la gente de sus casas mientras hay 263.000 viviendas vacías en la comunidad. El 9% de los madrileños sufren pobreza energética, cuatro de cada diez habitantes de la región tienen dificultades para pagar cosas esenciales, y 185.000 personas son extremadamente pobres. 

 

Ya está bien. Ha llegado el momento de plantar cara a la estafa, que ha generado precariedad y efectos demoledores en el plano social y ambiental. 

 

Frente a las viviendas sin calefacción, frente a las escuelas afectadas por los recortes, frente a una sanidad maltratada, frente a la escena diaria de tantas personas trabajando cada vez más por menos, frente a un tejido cultural ninguneado, otro Madrid es posible, y éste es el momento de demostrarlo. 

 

Reivindicamos un cambio democrático, posible a través de un proceso de unidad. 

 

Los gestores de los recortes, los creadores de los horizontes de precariedad y hormigón, siguen aún al mando de la Comunidad de Madrid, pero han perdido toda credibilidad. Tienen frente a sí la fuerza de un sueño colectivo, el de tanta gente que creemos en una región de Madrid diferente, el de tantas personas que sabemos que sí es posible introducir oxígeno para crear un futuro de esperanza y no de asfixia. 

 

Las ciudades y pueblos de Madrid, sus recovecos, sus campos y montañas, merecen aire fresco, sano y honesto. Vivimos tiempos históricos que requieren generosidad y una enorme responsabilidad política. Se puede ganar Madrid para ponerla al servicio de sus habitantes, apostando por construir un todo para reforzar las partes, sin perdernos por caminos secundarios. 

 

La gente no entendería que se antepusieran las banderas partidistas por encima del interés común. Por eso reclamamos a los actores políticos clave que den un paso adelante, con audacia y responsabilidad, para crear un espacio común desde el que se pueda trabajar para recuperar la Comunidad de Madrid y ponerla al servicio de la ciudadanía. Aquí se respira esperanza y muchas ganas. Merecemos otro Madrid y podemos conseguirlo."

 

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5 abril 2015 7 05 /04 /abril /2015 23:00

No se trata de la ingenua y vulgar pretensión de que todos tengamos idénticos ingresos, vestidos, niveles culturales y creencias, estilos de diversión, e idénticas viviendas y alimentos, sino de que nada le impida a nadie la oportunidad efectiva de tener lo necesario para una vida digna

Luis Ulloa

Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI (67)

Bien, habíamos comenzado a exponer, en el artículo anterior de esta serie, las dos propuestas fundamentales para garantizar unos ingresos mínimos a la ciudadanía, y así asegurar, de alguna manera, esa vida digna, basada en esa mínima igualdad que la cita de Luis Ulloa nos definía perfectamente. La primera de las propuestas, a la que volveremos, era la denominada de Trabajo Garantizado (TG), y la segunda, que vamos a comenzar a exponer, es la Renta Básica (RB). Como esta medida está siendo fuertemente debatida, y existen muchos flancos y puntos de vista sobre ella, diremos que una primera aproximación, sin entrar en grandes profundidades, apuntaría a un ingreso periódico y permanente pagado por el Estado a cada persona, de manera universal, individual e incondicional. Precisamente, son estas tres condiciones y las variantes que muchos autores proponen para las mismas, las que generan la mayoría del debate existente sobre esta medida. Vayamos por partes, e intentemos exponer todos (o al menos la mayoría) de los puntos de vista.

Las tres condiciones aludidas suponen lo siguiente. En primer lugar, la RB es una prestación universal. Esto significa que se concede a todo el mundo, por el hecho de ser ciudadano o ciudadana. Al igual que la Sanidad o la Educación, como servicios públicos universales, la Renta Básica está pensada para que todo el mundo pueda recurrir a ella. Y esta primera condición genera ya un intenso debate. Por ejemplo, porque comparándola con la Sanidad, algunos autores aseguran que al igual que la Sanidad la utilizamos sólo cuando estamos enfermos, y no el resto del tiempo, la RB sólo debería concederse cuando el ciudadano/a en cuestión lo necesite. O en segundo lugar, y este debate es aún más interesante, algunos otros opinan que la RB no puede ser universal, porque entonces se la estaríamos concediendo también a los ricos, lo cual tiene poco sentido. En efecto, a primera vista parece tener poco sentido que concedamos una prestación básica a una persona rica y poderosa, pero a poco que pensemos que precisamente esta persona, por ser rica y poderosa, contribuirá (debido a la existencia de una fiscalidad justa y progresiva) mucho más al sistema que una persona no tan rica, pensamos que el debate es un debate falso y demagógico.

Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI (67)

La segunda condición de la RB (bajo esta primera aproximación, insistimos en ello) es la individualidad. Es decir, es una prestación para una persona, sin tener en cuenta (como se hace ahora para la mayoría de las prestaciones públicas que se conceden) su pertenencia a cualquier tipo de lo que se ha denominado "unidad familiar". Nosotros pensamos que las "unidades familiares" son diversas y cambiantes, y que el Estado debe garantizar las posibilidades para una vida digna a cualquier persona, de manera aislada e individual, sin tener en cuenta si vive o no en pareja, si tiene hijos o no, si convive con sus mayores, si está divorciado pero con hijos a cargo, el resto de ingresos que entran en la "unidad familiar", y un largo etcétera, que convierten hoy día las prestaciones en un rosario de requisitos completamente absurdo. Por último, la tercera característica de este enfoque más "purista" de la RB es, precisamente, la incondicionalidad. Tiene que ver con la anterior, en el sentido de que la RB se concede sin condiciones, que no tiene que ver con el nivel de ingresos de la persona en cuestión, ni con su edad, ni con su modelo de familia, ni con sus cotizaciones previas, ni con sus posibles cargas familiares, etc.

Por tanto, estas tres características definirían esta primera idea o aproximación hacia lo que puede ser la Renta Básica. Por supuesto, en cuanto esta propuesta comenzó a formularse bajo estos mimbres, salieron en panda todos los fanáticos neoliberales a afirmar que medidas como ésta fomentaban el parasitismo, lo cual tiene mucha gracia. Lo que no fomenta es el abuso empresarial, y por eso a los empresarios les gusta tan poco esta medida, porque dará más independencia a las personas, a la hora de no tener que someterse a los abusos y la explotación que muchas empresas llevan a cabo con sus trabajadores/as. Pero pensamos firmemente, que ninguna persona que posea una profesión, y desee trabajar en ella, se "conformará" con la RB. Pero en fin, como no queremos abundar mucho en la réplica a este indecente argumento, insto a mis lectores a consultar el artículo "¿Debe existir el Derecho a No Trabajar?" publicado en este mismo Blog. Allí explicamos con calma la falacia de este argumento, y todos nuestros argumentos en contra. Pero como decimos, aún siendo éste el sentido original de la RB, muchas veces se utiliza la medida, o se propone, con algunas variantes, o bien de una manera más o menos alejada de su sentido primigenio. Esto se hace o bien porque algunos autores no compartan la totalidad del sentido de la medida, aún considerándola positiva, o bien porque entiendan que aunque la medida es positiva a largo plazo, a corto plazo debería implementarse de otra forma.

Quizá el caso paradigmático de las alternativas o cambios a esta medida de la RB sean las denominadas "Rentas Mínimas de Inserción", de larga tradición en Europa y existentes en nuestras Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. De entrada, la adición de adjetivos introduce siempre una mayor complejidad al concepto, pero todos suelen converger en añadir alguna condicionalidad expresa a la idea original de la RB. Y aquí, como hemos dicho, las variantes se disparan, con propuestas que modelan o ajustan más o menos el concepto a lo que entienden los diversos autores que puede ser nuestra realidad social, y lo que pueda aportar una medida de emergencia humanitaria como ésta. Y así, tenemos el Salario Social, la Renta Básica de Ciudadanía, la Renta de Participación, o los Planes de Empleo que procuran una prestación a cambio de la participación de los interesados en planes activos de inserción laboral y cualificación profesional. Las variantes por tanto son muchas, habiéndose desarrollado toda una "cultura de las rentas básicas" que intentan proponer las opciones que se entienden como las más adecuadas. Todas ellas tienen en común, evidentemente, el hecho de contribuir a paliar una situación de emergencia social de nuestro país, que contempla con horror cómo aumenta progresivamente el número de personas y familias que ya no poseen ninguna prestación, lo cual supone un drama humanitario al que toda sociedad debe hacer frente. Continuaremos en siguientes entregas.

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3 abril 2015 5 03 /04 /abril /2015 18:26

Detrás del machismo hay siglos de poder, que los que lo profesan y lo alientan no quieren renunciar. Como si el mundo tuviera que ser así, y no lo es. Tenemos que superarlo combatiendo ¿con armas? sí, las de las ideas, la palabra, la acción y la conciencia

Víctor Arrogante

Esencia de un Programa Feminista (I)

Como quiera que el feminismo es uno de los grandes ejes transversales en los cuales pensamos que debe basarse el modelo de sociedad que pretendemos alcanzar, vamos a exponer, en esta breve serie de artículos, cuáles podrían ser los ejes rectores de un programa integralmente feminista, esto es, que contemplara una serie de medidas, a todos los niveles, para conseguir una sociedad realmente igualitaria entre hombres y mujeres, y erradicar todos los males que todavía arrastramos desde siglos, centrados en las manifestaciones de lo que podríamos denominar como el heteropatriarcado. Para ello vamos a contar con la ayuda de, quizá, la mayor autoridad en la materia de nuestro país, como es Lidia Falcón. Esta gran escritora y pensadora, que sufrió cárceles y persecución por sus ideas políticas durante la dictadura franquista, publicó recientemente en la sección de blogs de publico un extenso y magnífico artículo titulado "Programa Electoral Feminista", en el que nos vamos a basar para nuestra pequeña serie.

Por nuestra parte, en el presente Blog hemos escrito bastantes artículos en torno al tema feminista, y le dedicamos también el segundo artículo de la serie que estamos dedicando a los Movimientos Sociales en nuestro país. Recientemente, se volvió a celebrar otro 8 de Marzo, y volvieron a salir a las calles movimientos, plataformas, asociaciones y ciudadanía en general para continuar instando a las instituciones y partidos políticos a tomar medidas a favor de la igualdad real entre sexos, y a erradicar determinados fenómenos que aún están muy vivos en nuestra sociedad, como la violencia machista, la conciliación de la vida laboral y familiar, la feminización de la pobreza, o la división sexual del trabajo. Todos ellos circunstancias deplorables que aún continúan sufriendo las mujeres, y para lo cual, como decíamos al comienzo, la única solución es que el feminismo se convierta en programa troncal de cualquier alternativa política que se precie. Igualdad en derechos e igualdad de trato. Igualdad salarial e igualdad social. Máxima sensibilidad social y prioridad en la gestión institucional.

Esencia de un Programa Feminista (I)

Y es que, la hegemonía histórica durante siglos del patriarcado nos ha marcado socialmente y nos ha obligado a aceptar no sólo un modelo clásico, tradicional (nuclear) de familia, sino también las consecuencias de la organización íntima, privada, social y pública de la misma. De este modo, seguimos otorgando a la mujer un papel secundario, cuando no de esclava doméstica, al servicio de todas las demás personas que formen el núcleo o unidad familiar. Además, todas estas tareas y roles de las mujeres se han invisibilizado, se han ocultado expresamente, para que la mujer tuviera aún menos posibilidades de luchar contra todo este sistema que la anula, la margina y la explota. Dicho patriarcado, que no es en realidad sino otra manifestación del capitalismo social, aún más despiadada si cabe en los últimos tiempos, continúa encargándose de relegar a la mujer a un segundo plano, de limitar sus capacidades, de asignarle determinados roles sociales, y de seguir así con un sistema depredador y explotador para las mujeres.

Y mientras, como decimos, son las mujeres las que más adaptan sus estudios, limitan sus jornadas, o reducen sus salarios para cubrir y atender las necesidades familiares. Son las que soportan las mayores brechas de desigualdad, son las que sufren los peores efectos de la crisis económica, los mayores niveles de precariedad laboral, y además, las mayores vejaciones machistas de sus compañeros sentimentales. Como nos documenta Víctor Arrogante en su artículo "Por la igualdad", España fue el país de la UE donde más creció la brecha salarial entre hombres y mujeres, así que la conclusión está clara: la crisis, la reforma laboral y las políticas de recortes llevadas a cabo por el Gobierno han contribuido a que la mujer sea la más afectada por la discriminación despiadada de este neoliberalismo salvaje. Y como afirma el Pacto Feminista, que vamos a ir desarrollando en esta breve serie de artículos, ningún país puede considerarse desarrollado y avanzado, si no incorpora medidas que satisfagan las necesidades de la mitad de su población, que son las mujeres.

Es imperioso, pues, que en los Programas Electorales de las diferentes fuerzas políticas realmente progresistas de este país, se incorporen medidas que giren en torno al feminismo, pero contempladas desde un punto de vista troncal e integral: gestión de lo público y de los recursos naturales, urbanismo, vivienda, educación, salud, dependencia, políticas activas de empleo, democracia paritaria, democracia participativa, erradicación de la violencia machista, consecución de la igualdad real en todos los planos: económica, social, laboral, política. Y como guinda del pastel, la lacra del terrorismo machista, que no cesa. Desde 1999, la media ha sido de 68 mujeres asesinadas cada año. Se trata, por tanto, de una emergencia nacional, nacida y crecida al amparo de una violencia estructural desatada contra las mujeres, y que nace de la propia cultura y de los propios valores que estamos transmitiendo. Valores que aún persisten entre un elevado número de jóvenes, a tenor de las encuestas realizadas. Tenemos por tanto mucho trabajo por delante. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 abril 2015 3 01 /04 /abril /2015 23:00

El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender

Plutarco

Esperamos que a estas alturas (entrega número 11) de esta serie de artículos, los lectores al menos hayan modificado su percepción en torno a la enorme influencia que el pensamiento dominante ejerce sobre ellos, a la hora de elaborar sus criterios. Porque, citando nuevamente al gran pensador Erich Fromm: "Gran número de nuestras decisiones no son realmente nuestras, sino que nos han sido sugeridas desde fuera; hemos logrado persuadirnos a nosotros mismos de que ellas son obra nuestra, mientras que, en realidad, nos hemos limitado a ajustarnos a las expectativas de los demás, impulsados por el miedo al aislamiento y por amenazas aún más directas en contra de nuestra vida, libertad y conveniencia". En efecto, muchas veces estamos convencidos de estar expresando nuestras propias convicciones, cuando en realidad no hacemos otra cosa que transmitir ideas que son la expresión de convenciones sociales generalmente aceptadas, o bien son meras repeticiones del bombardeo mediático al que estamos sometidos.

 

Fromm cuestionaba seriamente la creencia de que en las sociedades modernas se haya alcanzado una auténtica madurez intelectual, y que las personas se hayan liberado de las presiones externas: "El derecho de expresar nuestros pensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios...". Evidentemente no hay ninguna ventaja en poder expresarnos "libremente" si el libreto lo escriben otros, y nosotros nos limitamos a recitarlo sin más. La cultura y la educación dominantes fomentan el conformismo mediante la represión de los sentimientos espontáneos, y el desarrollo de una personalidad genuina, y este proceso comienza a implementarse ya desde nuestra niñez. Miles y miles de mensajes subliminales bombardean nuestros sentidos desde que somos infantes, que a su vez van conformando en nuestras mentes las incipientes ideas sobre todo aquéllo que está bien o que está mal, lo que es normal y lo que no lo es, etc. 

 

Muchas veces la educación trata de evitar aquéllas manifestaciones originales, e intenta reemplazarlas por comportamientos establecidos y reglamentados. Desde pequeños, la sociedad por tanto nos impone sus cánones, sus medidas, sus normas, y nuestro cerebro se limita a asimilarlas sin más, y cuando vamos siendo adultos, el pensamiento dominante impide al máximo que nos replanteemos muchos condicionantes adquiridos. Los métodos pueden variar, a veces se recurre a amenazas y castigos tendentes a generar un sentimiento de temor en el niño/a, otras veces en cambio se utiliza el soborno para inducir al pequeño/a a abandonar su resistencia, y amoldarse a los patrones establecidos por la sociedad, y mediante todos estos mecanismos se van moldeando la represión de los sentimientos y de las opiniones propias. Tal como expresaba Joan Manuel Serrat en uno de sus temas, el proceso de educación se transforma en un mecanismo o especie de "domesticación" de los niños. 

 

En este marco, se les enseña a los pequeños a abandonar sus propias opiniones y a experimentar sentimientos que no son los suyos, y paralelamente se les incita a aceptar situaciones sin un espíritu crítico (las órdenes de los mayores suelen ser: "porque sí", "porque yo lo mando", sin más razonamientos), pero esto no concluye en la niñez, sino que continúa en la edad adulta, donde continuamos recibiendo presiones externas que tratan de finalizar el trabajo de adaptación al sistema que comenzó mucho tiempo atrás. Especialmente para las mentes dóciles, y para las personalidades poco rebeldes, es un proceso que acaba por configurar a ciudadanos obedientes con el sistema, y proclives a actuar como perfectos altavoces del pensamiento dominante. En las sociedades modernas, además, se desaprueban ciertas emociones y manifestaciones, en función a determinados roles sociales, y se rechaza el pensamiento creativo, a excepción de que éste sirva para generar beneficios económicos, en cuyo caso pasará a convertirse en una genialidad bien vista y estimada por la mayoría.

 

En líneas generales, se desconfía de aquéllas cosas donde no interviene la rentabilidad económica, y también se mira con cierta animosidad la actividad espontánea. En este sentido, dar muestras de una cierta emotividad puede significar recibir la calificación de "desequilibrado", pero como las emociones no pueden ser eliminadas de nuestro interior (razón por la cual se le está prestando mucha atención a la disciplina que estudia la llamada "Inteligencia Emocional"), se trata de mantenerlas únicamente en el plano intelectual, por ejemplo se acepta que en el cine se puedan expresar ciertas emociones que serían cuestionadas si alguien las expusiera en su vida cotidiana. De esta forma, no sólo el catálogo de ideas intelectuales son reprimidas por la influencia del pensamiento dominante, sino también nuestro comportamiento social es reprimido, en aras a desarrollar un comportamiento mayoritariamente aceptado como normal. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 abril 2015 3 01 /04 /abril /2015 12:02

La OTAN estrecha cada vez más el círculo trazado sobre Rusia, llevando a sus extremos un proceso que fue el objetivo político fundamental perseguido, en el teatro europeo, por los sucesivos gobiernos demócratas y republicanos que ocuparon la Casa Blanca desde los comienzos de la Guerra Fría. Y a lo anterior hay que sumar la declaración de guerra económica que, en los hechos, ha decretado el Gobierno de los Estados Unidos

Atilio Borón

USA: Estado de guerra permanente (XXIII)

Continuando con el caso ucraniano, y como no podía ser de otra manera, a Estados Unidos le interesaba "integrar" a Ucrania en la Unión Europea, con todas las implicaciones que ello tiene, pasando a ser otra "víctima" de la política neoliberal del FMI. Y efectivamente, en el Acuerdo de Asociación firmado, Ucrania deja de ser un Estado soberano en su política y en su economía. Como socio "menor" de la UE, Ucrania debe seguir fielmente la política exterior y de defensa común de la UE (es decir, convertirse en un nuevo vasallo de la política norteamericana), y está obligada a participar en la resolución de los posibles conflictos regionales bajo el liderazgo de la UE. De hecho, y para los recientes Acuerdos de Alto el Fuego de Minsk (Bielorrusia), dos de los actores del mismo han sido Alemania y Francia. Pero no nos engañemos. El Gobierno de Poroshenko es un títere de los intereses norteamericanos, y no dudará en alinearse con él y con la UE ante un posible conflicto armado con Rusia. En resumidas cuentas, Washington está lanzando a la Unión Europea a la guerra, en función de sus propios intereses, en un nuevo episodio de su estado de guerra permanente.

Ahora estamos en la fase de las sanciones económicas contra el gigante ruso, que esperemos sea la última fase del conflicto. Se han calculado recientemente las pérdidas recíprocas, resultando que el conjunto de la economía europea perderá alrededor de un billón de euros por las sanciones impuestas a Rusia, y los consiguientes bloqueos rusos a ciertos sectores alimentarios europeos. Y los europeos estamos soportando ya las pérdidas. Estamos perjudicándonos nosotros mismos, pero eso a nuestros dirigentes europeos parece importarles bien poco, en esta demencial escalada de sanciones a Rusia, provocada a su vez por la demencial política estadounidense. Y es que, como afirma Mike Whitney: "A pesar de los enormes vínculos económicos y de los inmensos intereses mutuos entre Europa y Rusia, la rusofobia se basa en el antisovietismo que todavía pervive en las mentes de muchos políticos europeos. Será necesaria una nueva generación de políticos pragmáticos europeos para que comprendan cuáles son sus propios intereses nacionales". Y aunque la Unión Soviética ya no existe, estos dirigentes europeos continúan en su frenética escalada de apoyo a la OTAN, que traerá muy graves consecuencias.

USA: Estado de guerra permanente (XXIII)

En una palabra, Estados Unidos y la Unión Europea han instalado en Ucrania un gobierno fascista, y castigan a Rusia a través de él, sin calibrar en su totalidad las posibles y tremendas consecuencias que esta situación puede provocar. Como se afirma en este artículo del CEPRID: "Estados Unidos y los aliados de la UE entregaron fajos de billetes de euros y dólares, repartieron armas y equipos militares, en especial a los partidos neonazifascistas como Svoboda, a grupos políticos prooccidentales, a partidos y movimientos de las derechas nacionalistas, a pandillas y grupos juveniles que, con dinero en una mano, con la otra disparaban armas hacia cualquier lado en las manifestaciones de la Plaza Maidán". Estos fascistas ucranianos y sus socios en Europa y Estados Unidos elevaron al poder a Petro Poroshenko, el actual Presidente de Ucrania, un personaje incondicional del imperialismo y de la UE, y en el colmo de este cinismo imperial han impuesto sanciones económicas a Rusia por haber anexado Crimea (según ellos ilegalmente), y defender la cultura y los valores nacionales rusos en las grandes ciudades del este ucraniano, algo completamente natural, pues los lazos históricos y culturales con la hermana Rusia datan de siglos.

Y aunque el objetivo es cercar militarmente a Rusia, como ya hemos discutido, han de ser conscientes de que Rusia no es Irak, Libia o Somalia. Están jugando con fuego, pues estamos hablando de un gigante mundial, socio principal de los BRICS, que posee una de las economías y de los ejércitos más potentes del mundo. Como respuesta a las sanciones, Rusia ha cerrado durante un año su mercado nacional a la UE, al no permitir la importación de frutas, verduras, hortalizas y cítricos, cuya exportación en Europa ha caído un 40% desde que se impusieron las sanciones. Asímismo, ha prohibido la importación de productos cárnicos y agrícolas de Estados Unidos, Canadá, Noruega y Australia. La situación es complicada. Si no regresa un poco de cordura a los dirigentes estadounidenses y europeos, Ucrania podría ser la mecha que encienda el polvorín atómico en el que se sienta la Humanidad. Y es que, como venimos concluyendo en toda esta serie de artículos, Estados Unidos, en su calidad de imperio unipolar, no admite que puedan surgir otras potencias que le hagan sombra en ninguna faceta, ni en la militar ni en la económica, y puedan transformar geoestratégicamente el mundo actual, haciéndolo más multipolar.

No acepta que Rusia y China sean potencias competitivas a su mismo nivel, y que sus voces puedan ser escuchadas por los cinco continentes, y esa es la desesperación creciente de la Casa Blanca, y de los halcones de la OTAN. Pero cada vez el mundo es más consciente de quién es el auténtico enemigo global, de quién desata este estado de guerra permanente, de quién, en calidad de imperio del terror, desata todas las guerras, invasiones y agresiones militares que causan tanto dolor, riegan de tanta sangre y siembran la muerte y la desolación por todas partes del planeta. Y mientras, en Ucrania, se despliega una crisis humanitaria sin precedentes. Las autoridades rusas de inmigración han registrado ya casi 200.000 refugiados, pero creen que son más de 700.000 los ucranianos que han entrado en el país desde inicios del año 2014. El Gobierno del multimillonario Poroshenko viola sistemáticamente los derechos humanos, habiéndose producido asesinatos de civiles y secuestros de opositores políticos. Se practica la discriminación lingüística, la xenofobia, y un nacionalismo muy agresivo contra la población. También se dan manifestaciones de intolerancia religiosa, así como restricciones a la libertad de los medios de comunicación. En fin, veremos en qué desemboca todo esto. Examinado ya el conflicto con Ucrania, continuaremos en siguientes entregas.

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30 marzo 2015 1 30 /03 /marzo /2015 23:00

El propósito de los medios masivos, no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien darle forma a la opinión pública, de acuerdo a la agenda del poder corporativo dominante

Noam Chomsky

¿Qué República queremos? (XXVII)

Traemos a colación esta magnífica cita del sabio Chomsky porque estamos tratando, hemos comenzado en el artículo anterior, el tratamiento de los medios de comunicación, bajo el nuevo contexto de la Tercera República que queremos. Y discutíamos allí lo relativo a la libertad de expresión, confundida y manipulada en torno a la libertad empresarial, y denunciando el tremendo peligro que existe en el momento en que las grandes corporaciones mediáticas privadas, aliadas con la clase dominante, se convierten en voceras del poder, minimizando y manipulando las voces discrepantes. Pensamos que la nueva Constitución Republicana, así como las leyes ulteriores que se desarrollen, deben impedir estas situaciones. En lo referente a la prensa, no parece adecuado establecer restricciones que realmente limitarían la libertad de expresión, puesto que los medios de comunicación escritos son muy diversos en cuanto a tamaño y poder.

No obstante, los grandes periódicos de difusión nacional, cuyas tiradas se cuentan en cientos de miles de ejemplares diarios, sí que constituyen realmente un oligopolio adscrito a empresas muy poderosas. Y ante esta realidad incontestable, de cara a una democracia plena, parece razonable que el Estado intervenga para asegurar la libertad de expresión, la pluralidad de la información y el derecho que tienen los ciudadanos a ser verazmente informados. Hoy día, el poder de manipulación de la información por parte de estas empresas es tan gigantesco, que pueden echar por tierra la labor de cualesquiera cargos públicos, dirigentes o instituciones, con sólo una campaña de desprestigio. Los grandes medios tienen a su servicio auténticos ejércitos de "periodistas de investigación" a sueldo, que son capaces de tergiversar la realidad, y convencer a una audiencia millonaria sobre cualquier asunto. Pero claro, enseguida saldrán a manifestarse en contra los "adalides de la libertad", que en realidad son liberticidas en su profesión, clamando a favor de la "libertad de expresión" entendida a su manera, entendiendo que ellos (los que controlan o trabajan para los grandes medios), tienen derecho a tal libertad, aunque ello aplaste la libertad de expresión de otros miles de periodistas y de ciudadanos.

¿Qué República queremos? (XXVII)

No se trata por tanto de impedir la libertad de nadie, sino de garantizar que todos deben expresar lo que quieran, siempre que no conculquen los derechos de los demás. Se trata de democratizar la libertad de expresión, de manera que todos tengan también su derecho y sus posibilidades de ser escuchados, y de incidir por igual (insistimos en ello, POR IGUAL) sobre las opiniones de sus semejantes. ¿Tenemos hoy día este retrato en España? Evidentemente NO. Baste citar los efectos del pensamiento dominante convertidos en grandes mentiras (como en el acoso mediático al gobierno venezolano) o campañas de desprestigio de aquéllo que quieren derribar (como la orquestada contra PODEMOS). Esta situación es completamente intolerable. ¿Cómo podemos solucionarlo? Evidentemente, democratizando los medios, y esto sólo tiene una traducción posible: decretando un cierto grado de control público sobre el poder de los medios de comunicación privados (en el artículo anterior de esta serie ya propusimos una fórmula al respecto). Y todo ello, porque hemos de partir de la base de que el derecho a la información y la libertad de expresión son derechos fundamentales, situados por tanto al mismo nivel que el derecho a la educación, a la vivienda o a la sanidad.

Y como ya hemos discutido en muchos otros artículos en este mismo Blog, todo ello viene arrastrado por nuestro reciente pasado, siempre caracterizado por una democracia de baja intensidad, procedente primero del franquismo, y luego de la Transición. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado nunca han sido depurados, sino que han sido formados política e ideológicamente por las esferas procedentes de la dictadura, y tienen unas tradiciones que aún continúan. De hecho, en nuestro país, el Estado nunca ha visto a la ultraderecha ni a los movimientos fascistas como un peligro, sino como un ente colaborador, a diferencia de la izquierda, que siempre ha sido atacada, denigrada y ocultada. Y así, por ejemplo, todo lo que huela a nacionalismo o independentismo, a anarcorrevolución o a islamismo radical, genera alarma. En cambio, la apología del nazismo o la negación del holocausto no tienen consecuencias. Esto lleva a situaciones auténticamente sorprendentes, como que se detenga a personas por hacer comentarios en las redes sociales contra la Corona, o se registren y desmantelen ateneos o asociaciones libertarias, consideradas como terroristas. La influencia del pensamiento dominante, de nuevo, es aplastante.

Sólo tenemos que comprobar cómo la RadioTelevisión Pública se ha convertido en un instrumento al servicio del Gobierno, ofreciendo una información tremendamente sesgada y manipulada. Bien, ¿cómo podemos ir estableciendo medidas que garanticen un mejor control sobre los medios? Pues básicamente, estableciendo mecanismos que:

1.- Aseguren la libertad de expresión de los periodistas, de forma que puedan ejercer su profesión libre y honestamente, sin el acoso ni la mediatización de las grandes corporaciones de la publicación, ni de otros poderes. En este sentido, y al igual que ocurría con el Poder Judicial, hemos de dotar de mecanismos de elección independientes a los medios públicos.

2.- Canalizar la participación de los ciudadanos y de las asociaciones de representación de los mismos en los grandes medios de comunicación, de tal forma que se garantice que todo ciudadano/a o colectivo debe tener derecho a expresar su opinión en los grandes medios escritos de comunicación de masas, y sobre todo a discutir y replicar las interpretaciones y opiniones vertidas por otras personas en dichos medios.

3.- Romper la fuerza de los oligopolios mediáticos, mediante la implementación de un sistema de cuotas que reparta por igual el poder de los medios públicos, de los privados y de las asociaciones y colectivos ciudadanos. Continuaremos en siguientes entregas.

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29 marzo 2015 7 29 /03 /marzo /2015 23:00

La revolución social estalla cuando las clases explotadas y dominadas dejan de considerar como algo inevitable, permanente y justo su explotación, cuando no se dejan intimidar ni reprimir por la violenta coacción de los gobernantes, cuando dejan de aceptar la ideología que justifica su reinado, cuando reúnen las suficientes fuerzas materiales y morales para el derrocamiento de la clase dominante

Ernest Mandel

Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI (66)

Bajo el Socialismo del nuevo siglo XXI (y el Marxismo), otro de los puntales ideológicos, que apoya y complementa las medidas que ya hemos enunciado en artículos anteriores de esta serie (como la del reparto del trabajo, recientemente discutida), y que viene levantando mucha polémica (por su incomodidad para la clase dominante) es lo relativo a lo que se ha dado en llamar la Renta Básica (RB), pero también de otras muchas formas (Renta de Inserción, Renta Social, etc.). A su vez, muchos autores han complementado (incluso proponen su sustitución) con la medida o propuesta denominada de Trabajo Garantizado (TG). Vamos a dedicarle a partir de aquí una amplia exposición y debate a las mismas, exponiendo los diversos puntos de vista que las motivan y sostienen.

Bien, la problemática de partida ya la conocemos, pues es la misma que tantas veces hemos argumentado, incluso con cifras actualizadas para nuestro país: el tremendo nivel de paro existente, y la necesidad de acudir a medidas de reparación de dicha situación de emergencia social y tragedia humanitaria, mientras los puntales del nuevo modelo productivo propuesto comienzan a extenderse y a madurar. A todo ello se une la tremenda desigualdad social existente, y la necesidad de que las medidas (tanto a corto o medio plazo, como a largo) implementadas vayan contribuyendo también a corregirla. Pues bien, tanto la Renta Básica como la propuesta de Trabajo Garantizado vienen (cada una con sus diferentes enfoques) a intentar paliar esta situación. Nosotros entendemos que ambas medidas son perfectamente realizables (aunque algunos autores se decantan más por unas que por otras, incluso desechan alguna de ellas), y es más, perfectamente complementarias, es decir, no contradictorias entre sí. Comenzaremos con la discusión de la propuesta de TG (Trabajo Garantizado).

Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI (66)

El punto de partida para el argumentario de la propuesta de Trabajo Garantizado es bastante simple, y parte de la siguiente afirmación: "Que no haya empleo no quiere decir que no haya trabajo", o si se quiere, "que las personas no estén trabajando no implica que no haya trabajos que realizar". Lo podemos expresar de muchas formas más, pero este sería el mensaje. Por tanto, si bien es cierto que en nuestra actual sociedad hay muchísimas personas inactivas, que no están ocupando ningún puesto de trabajo, también es cierto que hay mucho trabajo por hacer en nuestras comunidades. Como vemos, la propuesta parece implicar, de partida, una nueva reconceptualización del trabajo humano, en sintonía con la recuperación de su utilidad y rentabilidad social, lo cual a su vez está en plena consonancia con el resto de medidas propuestas. De tal forma, que enla propuesta de TG, el Estado ofrecería un empleo a cualquier persona dispuesta a trabajar, sin que importen criterios de cualificación, género, renta o edad. El objetivo (o uno de ellos) puede ser crear empleos que se ajusten a las características de los desempleados, y proporcionarle la formación actualizada que pudiera hacerle falta. En todo caso, es competencia del Estado remunerar el trabajo, directamente y sin intermediarios (para evitar la explotación y la precariedad), con las debidas cotizaciones a la Seguridad Social.

Seguro que muchos lectores están pensando ya en las connotaciones de todo tipo que esta propuesta de TG posee. Y efectivamente existen muchas connotaciones, que vamos a ir discutiendo. De entrada, el efecto multiplicador de las rentas (efecto "keynesiano") del nuevo trabajo masivo creado actuaría como catapulta para reactivar el consumo de la población, aumentando la recaudación pública, y provocando una positiva reacción en cadena en la economía real. Además, y según algunos autores que han presupuestado la medida, el coste neto de aplicación anual de la iniciativa, en caso de que se consiguiera aplicar a todos los actuales parados de nuestro país, no superaría el 3,14% del PIB, cifra perfectamente asumible, sobre todo si la comparamos con algunas otras, como la que el Estado dedica anualmente al pago de los intereses de nuestra deuda pública (3,77% del PIB). Y de todos modos, esta medida del TG se aplicaría por fases (atendiendo en primer lugar a los más necesitados), de tal forma que, por ejemplo, si durante el primer año de aplicación se beneficiaran de la iniciativa un millón de parados, el coste se limitaría ese año al 1,07% del PIB. En cuanto a su financiación pública, podrían existir varías vías, pudiendo recurrirse a préstamos del BCE a través del ICO, o bien mediante colocación de deuda pública entre los inversores privados, o bien mediante una reforma fiscal de amplio calado, ya contemplada en el catálogo de medidas propuestas (o incluso una combinación de todas ellas).

La esencia, por tanto, de una medida como el TG iría en la línea de garantizar un puesto de trabajo mediante la intervención directa del Estado, mediante la recuperación de su papel de empleador por excelencia (perdido últimamente, con la difusión del paradigma del emprendimiento personal y la hegemonía empresarial privada) en la creación de empleos públicos orientados a satisfacer las necesidades económicas y sociales del conjunto de la población, al tiempo que se alivian las tremendas situaciones de paro, pobreza, precariedad y exclusión social. Iniciativas parecidas se han desarrollado a lo largo de la historia, como el New Deal del Presidente Roosevelt durante el trienio 1933-1936, que impulsó programas que proporcionaron empleo a más de 13 millones de personas, en diferentes ámbitos y sectores. Algunos lectores podrían interpretar que esta propuesta de TG podría parecerse a los famosos y recientes "Planes E" de los Gobiernos de Zapatero, pero van mucho más allá, pues los Planes E se redujeron a los ámbitos de la construcción de obras públicas, saneamiento e infraestructuras, mientras que aquí estamos hablando de englobar a todos los posibles trabajos que la comunidad necesite para avanzar en su dotación de recursos públicos que satisfagan la cobertura, hoy día muy debilitada, del Estado del Bienestar. De esta forma, podrían crearse trabajos en los sectores de la educación, de la sanidad, de la investigación, de la tecnología, de los servicios sociales, de la dependencia, de cuidados al medio ambiente, de servicios culturales, deportivos y recreativos, periodísticos, de reformas y adaptación de edificios, de implantación de infraestructuras energéticas sostenibles, y un larguísimo etcétera. Continuaremos en siguientes entregas.

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27 marzo 2015 5 27 /03 /marzo /2015 00:00

En el artículo anterior de la serie comenzamos a exponer lo relativo a los MMSS que luchan por la justicia, la verdad y la reparación de las víctimas del franquismo, y toda su problemática relacionada. Porque como sabemos, en nuestro país se aplica el término "terrorista" muy sesgadamente (por ejemplo, son terroristas los de AMAIUR o BILDU, pero no son terroristas los criminales torturadores del fascismo franquista que aún quedan vivos). Y siendo España el según país del mundo con mayor número de fosas comunes, después de Camboya, estos crímenes contra la humanidad, a dia de hoy, continúan quedando impunes, amparándose en el "borrón y cuenta nueva" que proclamó la Ley de Amnistía de 1977, aún habiendo sido advertido el Gobierno del PP por las instancias europeas e internacionales. 

 

En más de 30 países que sufrieron dictaduras similares, se crearon las correspondientes "Comisiones de la Verdad", que aclararon los hechos, los investigaron, los condenaron, y ayudaron a impartir justicia y reparación sobre los familiares de las víctimas y los supervivientes. En España no. La Plataforma contra la Impunidad de los Crímenes Franquistas la lleva pidiendo mucho tiempo, pero el Gobierno y las correspondientes Instituciones hacen oídos sordos. Pero es absolutamente imprescindible, si queremos pasar dicha página negra de nuestra reciente historia, que dicha Comisión de la Verdad se constituya, y pueda realizar digna y completamente su trabajo. Un trabajo que consistiría, básicamente, en identificar y reconocer las violaciones contra los Derechos Humanos cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo, sus víctimas y los responsables (vivos o muertos) de los hechos. Ante la dejadez y el absentismo oficial sobre este tema, la Fundación FIBGAR (Fundación Internacional Baltasar Garzón), institución privada de carácter social, sin ánimo de lucro, que promueve los DDHH y la Jurisdicción Internacional, y lucha contra la impunidad, es la que está promoviendo la creación de esta Comisión de la Verdad, en defensa de las víctimas, y de sus derechos de justicia, reconocimiento y reparación.

 

Pero, ¿qué va a esperarse de un Gobierno que también anuló la posibilidad de que nuestros jueces y tribunales colaboraran en la Justicia Universal, persiguiendo delitos y delincuentes de otras partes del mundo? Quizá lo hizo con esas miras, para justificar también la posibilidad de impedir que otros Gobiernos extranjeros investiguen los crímenes franquistas denunciados por miles de víctimas, como está ocurriendo con la jueza argentina María Servini. Porque según Amnistía Internacional (AI), todas las víctimas de genocidio, crímenes de lesa humanidad, de guerra, tortura, ejecución extrajudicial, y desaparición forzada, tienen derecho a saber la verdad, y a solicitar la pertienente justicia, reconocimiento y reparación.  Por tanto, obtener la verdad sobre los crímenes franquistas es vital para que las víctimas y sus familiares conozcan los extremos y condiciones en los que se produjeron, los motivos que los causaron, las razones que los motivaron, y que se reconozca públicamente su sufrimiento. La verdad es necesaria para que los familiares de las víctimas conozcan qué les ocurrió a sus seres queridos, y conozcan, en su caso, su paradero. La verdad es necesaria para sanear la sociedad, y para que se adquieran garantías de que todo ese horror no va a volver a producirse. En otras palabras, la Comisión de la Verdad es necesaria para que se tome plena conciencia del horror. 

 

Porque desde la época de la Transición, aquí se ha obviado la Memoria Histórica: se ha ignorado un estudio serio sobre el franquismo y sus causas, nunca se ha condenado oficialmente de forma unánime por todas las fuerzas políticas, y prueba fehaciente de ello es que aún se sigue amparando a los torturadores del franquismo que continúan vivos. Las escalofriantes cifras lo demandan: más de 130.000 víctimas de desaparición forzada, más de 2.500 fosas documentadas, y más de 30.000 niños robados (a los cuales les dedicaremos otra entrega de esta serie). En 2006, la Audiencia Nacional recibió varias denuncias de particulares y asociaciones de derechos humanos, todas ellas por presuntos delitos de detención ilegal, basadas en distintos hechos, sobre todo debido a "la existencia de un plan sistemático y preconcebido de eliminación de oponentes políticos a través de múltiples muertes, torturas, exilio y desapariciones forzadas (detenciones ilegales) de personas a partir de 1936, durante los años de la Guerra Civil y los siguientes de la posguerra, producidos en diferentes puntos geográficos del territorio español". Pues bien, la justicia española no sólo no investigó todo lo anterior, sino que, en lugar de ello, ordenó la apertura de un proceso penal contra el juez encargado del caso (Baltasar Garzón), debido a la querella interpuesta por las organizaciones de ultraderecha Falange Española y Manos Limpias, por un supuesto delito de prevaricación, del que después fue absuelto. 

 

Según el Tribunal Supremo en sentencia de febrero de 2012, los delitos que se pretendían investigar están amnistiados y/o han prescrito por la Ley de Amnistía de 1977, convertida en una auténtica ley de "punto final", aunque las instancias jurídicas internacionales (relatores de la ONU, Tribunal Europeo de Derechos Humanos, diversas ONG, etc.) han dictaminado que todo ello no es aplicable a los crímenes de lesa humanidad y genocidio, y que por lo tanto, atenta contra los derechos humanos y contra la legalidad internacional. Pero sistemáticamente el Gobierno ha desoído estas sentencias y recomendaciones. Por su parte, la incompleta Ley de Memoria Histórica de 2007 está hoy día sin efecto, ante la ausencia de presupuesto y de voluntad política para aplicarla. Por tanto, necesitamos reconocer oficialmente la verdad histórica, identificarla y motivarla, y conceder la reparación personal y colectiva que se debe a las víctimas. Mientras no se haga, no se conseguirá cerrar la herida histórica que aún sigue abierta. Continuaremos en siguientes entregas.

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26 marzo 2015 4 26 /03 /marzo /2015 00:00

Pido perdón al pueblo griego porque yo también participé en esta ilusión. Ahora, antes que sea demasiado tarde, debemos reaccionar los militantes y simpatizantes de Syriza. A todo nivel organizativo debemos movilizarnos para decidir si aceptamos lo que está ocurriendo

Manolis Glezos

Con una vergonzante intervención del Ministro Luis de Guindos en las pasadas reuniones del EuroGrupo, incluso más dura que la del ministro alemán, la derecha política y mediática está difundiendo, a bombo y platillo, su alegría al comprobar, según ellos, cómo las promesas de Syriza no se han podido, al menos de momento, materializar, y aprovechan para proclamar, alto y claro, en alusiones a nuestro país, que "han prometido lo que sabían que no podrían cumplir". Deberían quizá pararse a pensar que quizá no son ellos los más indicados para hablar de promesas incumplidas, pero les da igual, se empeñan en hacer leña del árbol caído. Todo con tal de destruir y humillar la credibilidad de una fuerza política que ha intentado gobernar contra la austeridad que aniquilaba a su pueblo.

 

Pero más allá de las posibilidades reales de Syriza de poder cumplir las medidas de su programa electoral, lo cierto es que se ha podido comprobar lo que muchos, desde la izquierda transformadora, llevamos advirtiendo desde hace mucho tiempo, y que es algo tan fácil (pero contundente a la vez) como que, dentro del contexto de la moneda única, no existe posibilidad alguna de ejercer un mínimo de soberanía política, y por tanto, económica. Ni soberanía, ni siquiera pequeñas migajas sociales, pues los dirigentes europeos carecen de la más mínima sensibilidad social. La Unión Europea representa, hoy día, el club político más fanáticamente neoliberal que existe, y por tanto, la capacidad de maniobra de un gobierno decente es prácticamente nula. Es cierto que lo que se ha acordado es una prórroga del rescate para los próximos cuatro meses, y que entonces habrá que negociar de nuevo, pero mucho nos tememos que la única salida que le quede a Grecia sea incumplir los acuerdos, por lo cual sea expulsada del euro. 

 

Tan sólo algunas medidas cosméticas han podido ser adoptadas, y el llamado Plan de Salvación Nacional, que reunía una serie de medidas de emergencia humanitaria para los colectivos más vulnerables, ha quedado también bastante rebajado. Como afirman desde Red Roja: "...la profunda crisis estructural capitalista se solapa con el imperial objetivo de Alemania y  su núcleo duro de someter criminalmente a la periferia de la UE". Porque lo cierto es que el Acuerdo firmado con el EuroGrupo, ni da marcha atrás en ninguna de las medidas inicialmente pactadas en el Memorando, ni permite que las necesidades sociales de los grupos más vulnerables de la población alteren un milímetro el cumplimiento de los compromisos adquiridos. No se acepta ni condonación parcial de la deuda pública, ni períodos de carencia, ni condicionalidad del pago al crecimiento económico, y además, se impide a Syriza la adopción de cualquier medida que ponga en riesgo los objetivos adquiridos. Con todo ello, por tanto, la inmensa mayoría de las medidas anunciadas por la formación política griega quedan, al menos de momento, en agua de borrajas. 

 

La Troika ha pisoteado, una vez más, la dignidad del pueblo griego, de un pueblo que va a continuar desangrándose a marchas forzadas, mientras el cumplimiento de las "reglas del club" europeo sea lo que prime en el contexto de las negociaciones. La ciudadanía continuará siendo atropellada, y la soberanía griega permanecerá intervenida. Y la verdad es que, para este viaje, no se necesitaban tantas alforjas. Syriza va a quedar relegada, al menos hasta una siguiente negociación, a un papel parecido al que ha desempeñado Izquierda Unida en Andalucía en su coalición de gobierno con el PSOE andaluz, esto es, gestionar de la forma "menos traumática" posible los recortes impuestos desde Bruselas. La austeridad, por tanto, continuará. Se han tenido que posponer medidas como la subida del salario mínimo, la tan anunciada reforma fiscal, o la paralización de las privatizaciones previstas y ya parcialmente implementadas. 

 

Luego, por tanto, creemos que las conclusiones son tan claras como duras: si no somos claros, tajantes y radicales en nuestros planteamientos, y no desarrollamos la conciencia social mayoritaria en torno a que la única solución para acabar con la austeridad implacable de la Troika es abandonar el Euro, no será posible acabar, sin presiones ni chantajes de ningún tipo, con el pago de la deuda odiosa que pesa como una losa encima de los pueblos y naciones del sur de Europa. No caben ambigüedades en un asunto tan clave como éste, y todo lo que sea continuar dándole vueltas a los atajos y las terceras vías, no hará más que desgastar a las fuerzas políticas que intenten (aún presuponiéndoles la buena fe) llevarlo a cabo, y provocar en la ciudadanía un sentimiento de decepción, tal y como le está ocurriendo ahora al pueblo griego. Y no digamos ya las crecientes posibilidades de alentar a las fuerzas políticas y sociales de corte neofascista, porque, como asegura Héctor Illueca: "Las auténticas culpables del resurgimiento del fascismo en Europa son las élites polítcas y financieras que han impuesto políticas neoliberales orientadas hacia la mercantilización plena del trabajo humano, liberando fuerzas sociales de enorme poder destructivo que creíamos erradicadas para siempre". 

 

Y por supuesto, la lectura en clave interna es inevitable. En nuestro país, para la oligarquía dominante, los mensajes van a insistir en la poca credibilidad de las fuerzas políticas que prometen "lo imposible", jugando la fuerte baza de la capitulación, al menos transitoria, de Syriza. Nosotros seguiremos apoyando a PODEMOS, porque nos parece, hoy día, la opción política más limpia, sensata, coherente y valiente, pero advertimos igualmente de los posibles riesgos de que sus medidas y propuestas, llegado el momento, no puedan llevarse a la práctica por la imposición y el control implacable de la Troika, lo cual lleve indefectiblemente a la decepción ciudadana masiva, que asista impotente a la constatación de lo que llevamos mucho tiempo afirmando: no vivimos en democracia. Las terceras vías no son posibles, las instituciones europeas no van a flaquear, sólo cabe un enfrentamiento radical con ellas, y la consecuente salida del Euro, si es que queremos recuperar nuestra soberanía. 

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