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26 agosto 2013 1 26 /08 /agosto /2013 23:00

Esta tercera entrega de la revisión que estamos llevando a cabo a los MS en España la vamos a dedicar al Movimiento llamado del 15-M, por iniciarse el 15 de Mayo de 2011, y que ha sufrido diversos avatares desde su formación pública. El 15M surge en un contexto de indignación social contra los recortes llevados a cabo por el Gobierno del PSOE del exPresidente Zapatero, y constituye una clara manifestación de la negativa a la resignación, de enfrentamiento a la idea de la inevitabilidad de los ajustes. Un desafío al consenso, y al marco establecido por ese consenso. Hoy en día, su sitio web oficial en Internet es http://www.movimiento15m.org/.  

 

ms31.jpgLa idea tiene también mucho que ver con un pequeño manifiesto publicado por el francés Stephane Hessel, que moriría poco después, al igual que su prologuista, el español José Luis Sampedro, al que desde aquí le dedicamos en su día un artículo a modo de homenaje. En dicho texto se hacía un llamamiento a la rebeldía, al inconformismo, a la no resignación, a la indignación, ante el panorama social al que nos estaban llevando las clases dominantes y los poderes económicos y financieros, los auténticos gobernantes en este mundo capitalista. Y de forma contundente, el movimiento del 15M da carta de naturaleza a la contestación general. Frente a la idea de que las clases populares únicamente se manifiestan por los salarios, por la reivindicación inmediata, por la protesta de corto recorrido, ésta fue una movilización de cuestionamiento global del sistema, que logró iniciar una dinámica de lucha donde la reivindicación económica y la reivindicación política van de la mano, elevando así el grado de confrontación.

 

ms32.jpgY por eso el 15M hizo tanto daño a las clases dominantes, y lo sigue haciendo. Despertó miles de conciencias juveniles y adultas, y volvió a resurgir una conciencia colectiva de que los pueblos pueden cambiar a las sociedades y a los sistemas. El 15M imprimió una línea de actuación acorde con la estrategia antes definida, insistiendo y haciendo ver que la salida social a la crisis requiere cambiar el marco político, y demostrando la validez y el seguimiento de dicho análisis. El 15M consiguió reactivar la movilización social y la protesta en la calle como dinámicas de lucha habituales. Y desde la izquierda social y política de este país, lo sentimos como algo nuestro. De hecho, la inmensa mayoría de las medidas que ha propuesto este MS desde su creación coinciden con las medidas que nosotros llevamos proponiendo desde la izquierda, desde hace mucho tiempo, que si cabe, cobran más vigor y actualidad con el respaldo del 15M.

 

ms33.jpgLo que el 15M ha puesto en tela de juicio es el enfrentamiento entre capitalismo y democracia, exigiendo democracia real, y concienciando a miles y miles de personas, de todas las edades, de todos los niveles intelectuales, de las deficiencias del actual sistema. Las múltiples vivencias de imposición de los intereses del capital desde el comienzo de la crisis han conducido a que a nivel de calle se planteara el problema clásico: ¿quién gobierna? ¿quién tiene el poder? Y se ha hecho ver, efectivamente, que el poder es manejado por unos señores que nunca se presentan a unas Elecciones, pero que ordenan las políticas que hay que llevar a cabo, siempre en favor de sus intereses. Y aquí reside el enorme potencial de la cuestión: el problema de la democracia permite plantear el problema del poder político. Permite plantear que si se dice que "la política debe controlar a la economía", se está diciendo que "la democracia debe controlar al capitalismo".

 

ms34.jpgY para ello, evidentemente, necesitamos un poder político no sometido al poder económico, es decir, una democracia no sometida al capitalismo, planteando la necesidad de abolir el sistema, que no de reformarlo o de suavizarlo. Pero en el caso del 15M no hablamos de un discurso articulado, ni de una estrategia definida, sino más bien de balbuceos sociales, de posiciones apenas intuitivas que se han manifestado en medio de un revuelto de consignas y conceptos contradictorios. La amplia hegemonía de la ideología dominante en el conjunto de la clase trabajadora, implica como no podía ser de otra manera, que en los inicios del movimiento existiera, y exista, un elevado grado de confusión y de variedad político-ideológica, con grandes contradicciones. Es normal, partiendo de la base de que se trata de un movimiento popular de base, asambleario, abierto, donde participan personas de la más variada formación política.

 

ms35.jpgAutodefiniciones como el supuesto "apoliticismo", luego reconvertido en "apartidismo", el desprestigio de las herramientas tradicionales de respuesta y organización de la clase obrera, o las reivindicaciones sobre la superficie, la profundidad y el alcance del sistema, pero sin cuestionarlo completamente, son manifestaciones de esta diversidad a que hacemos referencia. Sin embargo, estos mismos elementos son los que permitieron abrir la grieta, en el muro ideológico que dio cauce a la movilización de ciertos sectores de la población que difícilmente se hubieran manifestado bajo las premisas de un discurso más elaborado, logrando de esta forma incorporar a la manifestación política a sectores de la población que hasta entonces no estaban ligados a las organizaciones tradicionales. Y lo que es aún más importante, contribuyendo a la creación posterior de otros movimientos en sectores concretos.

 

ms36.jpgEs evidente por tanto la potencialidad de un MS como el 15M, que genera espacios de organización, participación y debate de dichos sectores, y unifica luchas, estrategias y objetivos en torno a condiciones de vida, rompiendo divisiones artificiales construidas de forma ideal por la ideología dominante, y permitiendo poner al descubierto los verdaderos intereses de clase que hay tras los valores que el sistema dice defender. Tiene también la potencialidad de incrementar el grado de politización social inyectando la toma de conciencia de las clases populares, y supone un desafío al poder político, económico y mediático que genera una dinámica de movilización donde muchas personas han podido constatar las contradicciones del sistema. En  la actualidad, el 15M se encuentra en un momento de regeneración, de reflujo en muchas partes, sin embargo ha contribuido a reforzar las ideas de otros movimientos, y a alentar la participación popular y la conciencia de clase.

 

ms37.jpgDesde su nacimiento, ha sabido descentralizarse a los barrios, mediante Asambleas Populares, y ha contribuido a sumar gente a diferentes MS que se desarrollan en su periferia, como la lucha contra los deshaucios, la defensa de los servicios públicos, la organización de los parados, etc. Respecto del objetivo de dinamizar la participación directa de la gente en la resolución de sus problemas, el 15M puede servir de espacio unitario articulador de luchas sectoriales y locales, sobre todo si contribuimos a su construcción como espacio de participación de los sectores afectados por la crisis desde lo local, y no como una marca más que se una a las ya existentes, sin menospreciar, por supuesto, todos los espacios previos, buscando su coordinación y articulación, desde el sindicato, la asociación, pasando por la cooperativa, la asamblea, la plataforma, la coordinadora, el ateneo, etc., como espacios desde los que recuperar las respuestas colectivas que hagan frente a la atomización, a la desidia, a la apatía social, a la desesperanza, a la resignación, a la pasividad.

 

ms38.jpgLa magnitud de este movimiento, su amplitud de miras y la diversidad de sus componentes, así como el repertorio de sus reivindicaciones, nos deben hacer mirar al 15M no como un adversario con el que disputar nuestra legitimidad política, ni al que mirar con recelo. El marxismo nos enseña que los movimientos revolucionarios necesitan movimientos de masas, y un partido donde los sectores más conscientes de esas masas se organicen creando una herramienta útil para dichos procesos. Ambos espacios pues, el social y el político, son necesarios y complementarios. El MS por sí solo, al menos al inicio, como cualquier otro movimiento de masas, no parte de una clara conciencia de clase de forma inmensamente mayoritaria, pero sienta las bases para su construcción. El 15M no puede verse como un fin en sí mismo, ni como un intento de creación de un bloque político o sindical organizado, sino como una herramienta creadora de conciencia colectiva. Lo importante no es radicalizar el movimiento, o mantenerlo sin adscripción ideológica, sino ayudar a que se consolide como un espacio amplio y unitario.

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25 agosto 2013 7 25 /08 /agosto /2013 23:00

Continuamos con nuestra exposición sobre las clases sociales, y su lucha. Ya hemos denunciado la visión sesgada e interesada que habla de la inexistencia de clases, de su extinción, de su arcaísmo, o que sustituyen esta expresión por otras más suaves. También hemos hablado de los estúpidos y alienantes eslóganes que la sustituyen, como el de que "todos somos clase media". Extendiendo estos engañosos conceptos, también intentan extender a los pobres la responsabilidad de ser pobres, y de inculcar en ellos, en los de abajo, un sentimiento de autoinculpación, para que no busquen más responsabilidades en el Estado, que es quien debe ser el garante de que toda su ciudadanía esté cubierta, al menos, en sus necesidades básicas y fundamentales.

 

capitalismo31.jpgIntentan convencernos de que la pobreza de amplios sectores ciudadanos no tiene su causa en los graves problemas de funcionamiento de la sacrosanta economía del “libre mercado” sino en los errores, en los genes, en las fallas, en las torpezas del individuo, de su familia de origen o adopción, de los hogares dislocados en los que se han formado y desarrollado, en su evidente falta de ambición o inteligencia, etc. Si somos escoria social, sólo nosotros somos los responsables. Nada más. Estamos hechos de esa infame pasta, y además no hemos hecho nada de nada, ningún esfuerzo, para subir los peldaños de una escalera social sabiamente diseñada y pensada para favorecer a los poderosos. La lucha de clases es, al final, producto de una sociedad con profundas desigualdades. Pero de ellas ya hablaremos largo y tendido en próximas entregas de esta serie.

 

capitalismo32.jpgDe este modo, el ejercicio de demonizar a las clases trabajadoras, a las gentes de abajo, ha sido un medio conocido y conveniente donde los haya para justificar las desigualdades sociales a lo largo de los siglos. Y de esta forma, y desde hace más de tres décadas (refiriéndonos únicamente al período democrático de este país), sindicatos, viviendas protegidas, industrias, minería, comunidades vulnerables, fueron, han sido arrojadas a la cuneta. Grandes valores de la clase obrera -solidaridad, organización, apoyo mutuo y aspiración colectiva- fueron barridos en aras de un férreo e insolidario individualismo. La clase trabajadora fue crecientemente menospreciada, ridiculizada, en ocasiones silenciada e insultada, y usada también como chivo expiatorio. Las desigualdades, por supuesto, crecieron como la espuma social, llegando a la actual situación, donde, por poner un simple ejemplo, todo un Comisario Europeo, como Olli Rhen, que cobra en torno a los 25.000 euros mensuales, se atreve a recomendar a un Estado miembro de la Unión, como España, que rebaje aún más los salarios de la clase trabajadora.

 

Para Margaret Thatcher, por ejemplo, la clase social era "un concepto comunista que servía para agrupar a las personas en bloques y enfrentarlas entre sí". De esta forma, se ha impuesto históricamente el uso de un lenguaje cada vez más deshumanizado para hablar de las personas de la clase obrera, de los más desfavorecidos, de los de abajo, e incluso todavía descubrimos comentarios "fuera de micrófono" que algunos dirigentes de la derecha pronuncian en determinados momentos, y ante determinado público. En su fanática explicación de la realidad social, llegan a razonar de la siguiente forma: "Nuestra sociedad actual está rota porque el Estado creció demasiado, hizo demasiado y minó la responsabilidad personal". Esta es su filosofía, la filosofía de la clase dominante, que se extiende y acrecienta en nuestros días, y en períodos de crisis, como el actual, se retroalimenta con tendencias fascistas y de ultraderecha, que además echan a la caldera sentimientos de racismo, de xenofobia, o de homofobia. Continuaremos en siguientes entregas.    

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22 agosto 2013 4 22 /08 /agosto /2013 23:00

Es lógico pensar que, con todos los inmensos y mayoritarios medios a su alcance, la cultura predominante, es decir, la que propugna el neoliberalismo en todas sus vertientes, imponiendo una visión única de la economía y del pensamiento a nivel mundial, se instala en la inmensa mayoría de las mentes humanas que no posean una formación política en menor o mayor grado, o en las cuales su experiencia vital les haya hecho tener una visión distinta. Es justo lo que denominamos "el pensamiento único". Los machacones y repetidos mensajes desde todos los altavoces posibles nos intentan inculcar estas ideas, estas visiones del mundo, y lógicamente, consiguen imponer mayoritariamente los valores difundidos por esta cultura, a través de todos los medios y voceros de que disponen.

 

Como ya hemos referido en otros artículos, preguntémonos siempre los intereses que se esconden detrás de políticos, periodistas o economistas, para entender el porqué de sus mensajes, de sus artículos, de su línea editorial, o de sus explicaciones de la realidad económica. Y evidentemente, se basan en que no todo el mundo está preparado para realizar un análisis alternativo de la realidad, que mire bajo otro prisma distinto. En efecto, el titánico esfuerzo de convencer o imponer el modelo neoliberal durante estas últimas décadas en nuestro país ha sido de gruesa envergadura, tanto en el terreno conceptual, al tratar de validar el núcleo duro del capitalismo, la primacía del mercado, el valor de la autorregulación, la necesidad de disminuir el tamaño de lo público, la preponderancia de la libertad individual, etc., y todo ello facilitado y apoyado por el control de los medios de comunicación, públicos y privados, copando y saturando todos los posibles canales de información, a fin de no dejar huecos para una acción reflexiva o crítica por parte de la sociedad, intensificando además este esfuerzo en los momentos de mayor práctica democrática, como en los períodos electorales. 

 

De todos aquéllos polvos estos lodos, donde nos encontramos con una sociedad adormecida, anestesiada, que tolera con ingrávida impavidez, sin ir más lejos, que su Presidente del Gobierno protagonice casos de corrupción de inmenso calado, durante décadas, por no hablar de la denigrante situación que sufren millones de personas, de niños, de ancianos, de dependientes, de jóvenes, de mujeres, ante la indiferencia que les profesa un Gobierno servil de la banca, y de los grandes poderes económicos y financieros. Todo ello es completado también por la estrategia política en torno a la cultura, por ser otro frente de batalla fundamental para ganar la lucha ideológica. La cultura es un bien público, a cuyo disfrute tiene derecho toda la ciudadanía. La cultura nunca es neutral, y pertenece de lleno al ámbito de la lucha ideológica, entendiendo ideología en el sentido marxista. De esta forma, la ideología dominante es siempre la de las clases dominantes, siendo desarrollada y vehiculada a través de los aparatos ideológicos del Estado, como parte fundamental del esquema de hegemonía de las condiciones de producción y de vida de una sociedad.

 

Por todo ello, es preciso entender la cultura y la política cultural desde el punto de vista de un arma muy eficaz para la difusión de ideas, conceptos, pensamientos y concepciones distintas, alternativas, o bien (como se hace ahora desde el poder) como un escaparate de las proclamas trasnochadas y reaccionarias de un Gobierno. En este sentido, la izquierda transformadora debe recuperar el espacio de la lucha ideológica, que es un espacio de lucha por los contenidos y también con respecto a los circuitos comerciales, que permiten o no la existencia y distribución de los mismos, y que a la vez, son aparatos de producción y reproducción de la cultura, desde el escenario escolar y familiar, hasta los modernos medios de comunicación, como Internet. De ahí la necesidad imperiosa de una propuesta propia, de clase, desde el punto de vista de la democratización profunda y de la hegemonía de la propiedad social, en última instancia, desde lo público.

 

Superado por tanto el mito de la neutralidad y de la virginidad de la cultura, ésta aparece atravesada por el problema de la explotación y dominación, que no siempre es un problema explícito, sino que muchas veces hay que ayudar a visibilizar. Hemos de protagonizar un debate permanente que exima a artistas e intelectuales de ser, en el terreno de la política diaria, simples atractivos para los mítines electorales, o de la lectura de manifiestos, mediante sus actuaciones, sus firmas, su imagen o su prestigio. Hemos de dar aún un salto cualitativo. Es necesaria la elaboración participativa de un programa y una estrategia cultural en el seno de la lucha ideológica y de los valores éticos. Si de verdad queremos hablar de democratización y libertad de pensamiento, hoy programado desde intereses comerciales y políticos ocultos bajo el sacrosanto valor de la libertad de mercado, debemos construir redes, reglas y normas alternativas, diferentes, donde la producción cultural no funcione bajo la determinación de qué es o no es "distribuible" o socializable, cosa que hasta ahora se efectúa desde intereses de mercado.

 

Y debemos instalar, por supuesto, otra escala de valores. Ante la primacía actual del valor de cambio, de la rentabilidad financiera, de la mercantilización de la cultura, de la comunicación, de las ideas y de las personas, un proyecto alternativo para el Siglo XXI implica el predominio del valor de uso, de la utilidad social, dar prioridad a los criterios de rentabilidad social, defender y practicar siempre el principio de servicio público. Y extrapolar esto a la Universidad, a los medios de comunicación, al mundo cultural. Por ello, ante las limitaciones que supone la progresiva privatización de la información y de la comunicación, se trata de defender y ampliar lo que podemos llamar "la propiedad social del conocimiento". Y todo ello, porque nos ha tocado vivir una escandalosa y peligrosa situación. En la era del avance del capital globalizado, de la nueva esclavitud laboral, de la dictadura del capital financiero, los medios de comunicación de masas han pasado de estar subordinados al discurso de la oligarquía económica, a ser parte esencial de la misma, como un protagonista fundamental. 

 

En efecto, unas pocas corporaciones transnacionales controlan a escala planetaria la práctica totalidad de los instrumentos de comunicación de masas, sociedades que a su vez están indisolublemente ligadas a las restantes esferas del capital transnacional. Mientras, la izquierda política, mediática y social no dispone de medios de comunicación de masas "afines" o cómplices con los programas o propuestas políticas que queremos difundir a la ciudadanía, con la única salvedad quizá de Internet, cuya estructura descentralizada e internacionalizada dificulta el control monopolista. En el mundo virtual es donde se suceden, de unos años acá, la proliferación de múltiples medios de comunicación alternativos, llegando a alcanzar en algunos casos una muy estimable audiencia. Hemos, pues, de continuar en esta tarea. Difundir, explicar, hacer pedagogía, presentar otras visiones, otras alternativas, y hacer que nuestros mensajes lleguen cada vez a más gente.

 

Hemos de presentar batalla en el mundo de la comunicación y de la cultura, para dar una respuesta tanto al modelo como a la concentración del poder mediático en unas pocas manos. La potenciación de los medios de comunicación públicos en todos los ámbitos institucionales, con la participación y control por parte de profesionales y ciudadanía, mediante la creación de Consejos Participativos es una alternativa al grado de manipulación actual sobre los mismos, y a la concentración en unas pocas manos de la información que recibe la sociedad, poniendo el foco de atención sobre otros aspectos. De la misma forma, se debe construir un modelo de comunicación y entretenimiento alternativo para la distribución y transmisión de valores antagónicos a los del neoliberalismo imperante, y alejado de influencias culturales ajenas a los valores del humanismo revolucionario.

 

Estamos convencidos de que es posible la existencia de esos medios, el cambio de formato, los tipos de canales, y la colaboración y cooperación en un proyecto común que combata la desinformación, la manipulación mediática y el adoctrinamiento neoliberal de los medios de comunicación del actual régimen. El nuevo modelo cultural y de comunicación debe potenciar el compromiso con unos valores éticos y ciudadanos vinculados a los Derechos Humanos, la igualdad, la justicia y la superación de las desigualdades sociales y económicas. Se debe fomentar el apoyo a la creación cultural y consegur, en últìmo extremo, una relación interactiva entre cultura, educación, sociedad y medios de comunicación. Sólo así habremos sentado los pilares para una sociedad más libre, culta, justa y avanzada en todos los planos.        

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21 agosto 2013 3 21 /08 /agosto /2013 23:00

En algunos artículos anteriores publicados aquí ya hemos hecho referencia a esta idea, a este concepto de la Reforma Empresarial, que desde la izquierda política y social de este país considerados no sólo necesaria, sino imprescindible si pretendemos acabar con algunos problemas que nos azotan. Vamos a darle algunas vueltas a este tema, proponiendo puntos generales de actuación donde se podría volcar la Reforma Empresarial, sin pretender ser exhaustivos, sólo dando algunas pinceladas sobre el asunto. En primer lugar, llamamos la atención sobre la necesaria derogación de la actual Reforma Laboral llevada a cabo por el Gobierno del Partido Popular, para restablecer a la clase trabajadora muchos de sus derechos y conquistas conculcadas.

 

Básicamente, la Reforma Empresarial debería incidir sobre tres aspectos que a nosotros nos parecen fundamentales: su propia organización interna, su modelo de producción y la relación con sus trabajadores/as. Nosotros creemos que hay que cambiar la mentalidad de nuestros empresarios, sobre todo de los grandes empresarios, su actitud hacia la clase trabajadora de este país, y que dichos cambios de actitud y de mentalidad han de desembocar en un nuevo modelo de relaciones laborales, y en una nueva correlación de fuerzas entre la clase empresarial y la clase trabajadora. Efectivamente, pensamos que el actual modelo laboral ha sido pieza esencial del modelo productivo al que hemos estado sometidos en las últimas décadas, modelo que ha demostrado ser totalmente depredador con el empleo, con los recursos naturales, y con la redistribución de la riqueza. En sentido general, pretendemos la creación de empleo, pero no a cualquier precio, sino empleo estable y de calidad (no empleo precario), y el desarrollo sostenible desde los puntos de vista humano, social y medioambiental.

 

El modelo de relación laboral actual funciona por una serie de parámetros bien definidos: salarios bajos, alto índice de temporalidad,  escasa protección social, un elevado porcentaje de economía sumergida y unos procesos nada transparentes de la clase dirigente empresarial hacia la clase trabajadora. Por tanto, unos niveles de participación y de democracia interna en las empresas totalmente inexistentes. Todo ello además se ha completado últimamente con campañas de acoso y derribo a los sindicatos, y con el debilitamiento del papel de la Negociación Colectiva y de la fuerza de los Convenios Colectivos, lo cual ha redundado, como no podía ser de otra forma, en un claro retroceso sobre la capacidad de negociación de los trabajadores ante la Patronal.

Por tanto, de lo que se trata es de deconstruir dicho modelo, así como de poner los cimientos para construir otro modelo diametralmente opuesto. Tenemos que revertir todo este proceso, y conseguir una nueva correlación de fuerzas, en favor de la clase trabajadora.

 

Los principales puntos sobre los que debería incidir la Reforma Empresarial podrían ser, a tenor de lo ya indicado en sentido general, los siguientes: 

 

1.- Política de salarios distinta, aumentando el SMI a 1.000 euros brutos, y elevando la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Ello permitirá elevar también la tasa de consumo interno del país, contribuyendo a la recuperación económica.

 

2.- Política de reparto del trabajo existente, dividiendo turnos, horarios y descansos, repartiendo la jornada lo más proporcionalmente posible, para permitir entrar en el mercado laboral a muchas personas que ahora se encuentran inactivas.

 

3.- Políticas de despido distintas, fundadas en la argumentación objetiva de los mismos ante la Autoridad Administrativa correspondiente, y con la expresa prohibición de realizar despidos, ERE's o deslocalizaciones para las empresas que hayan obtenido beneficios durante el último ejercicio.

 

4.- Reducción de las tasas de temporalidad en los empleos de demostrada actividad continua, fomentando de esta forma los empleos estables y dignos.

 

5.- Mayor acoso y lucha contra la economía sumergida, sacando a flote todos los empleos existentes que no se ajusten a la legalidad, o que disfruten de condiciones pactadas únicamente en privado, sin cláusulas legales que lo regulen.

 

6.- Mayores niveles de democracia económica y democracia participativa de los trabajadores en sus respectivas empresas, con medidas como un mayor nivel de participación de los trabajadores en todos los órganos empresariales, aumento de la participación de los trabajadores en el diseño de la organización, procesos y productividad de la empresa, y presencia y empoderamiento de los trabajadores sobre la capacidad decisoria de los órganos de Dirección de sus respectivas empresas.

 

7.- Implementación de un distinto concepto sobre la productividad, basado no tanto en el abaratamiento de los costes sociales y laborales, sino en el incentivo y el bienestar de los trabajadores, lo cual está demostrado que repercute positivamente sobre la productividad individual y colectiva de los mismos. Asímismo, cambio sobre la filosofía de la competitividad empresarial.

 

8.- Inclusión obligatoria de nuevos criterios de ética empresarial, centrados en la difusión y práctica de nuevos modos de producir, de distribuir y de consumir, y en el cultivo sobre todo de la satisfacción de las necesidades humanas, desterrando el culto obsesivo a la obtención de beneficios y rentabilidad empresarial. Las empresas deben abandonar todas sus actividades de tipo especulativo, y centrarse en actividades que incidan en la economía real de las personas, demostrando en todas sus facetas el debido respeto hacia la sostenibilidad medioambiental.

 

9.- Política fiscal e impositiva distinta, que grave en mayor medida los beneficios empresariales, y que contribuya en mayor grado a la protección social de los trabajadores. En este sentido, proponemos un aumento del Impuesto de Sociedades, así como un aumento en los tramos de renta sobre grandes fortunas. Por su parte, también proponemos desgravaciones fiscales sobre inversiones sociales dedicadas a la redistribución de la riqueza, y a la protección social de los más desfavorecidos.

 

10.- Los trabajadores/as han de formar parte y participar activamente en el nuevo modelo de producción, más sostenible y social en todos los aspectos. En este sentido, proponemos programas para que los trabajadores puedan acceder a la propiedad de las empresas que se pretendan deslocalizar, participación de los trabajadores en los Consejos de Administración, responsabilidad de los mismos en la toma de decisión sobre los modelos de cualificación, contratación y formación interna de las empresas, en el modelo de Universidad Pública, e igualmente en cuantos organismos de inversión, de modelos de política industrial, y de políticas de investigación y desarrollo (I+D+i) se fomenten.  

 

Estamos convencidos de que, con la implantación de todas estas medidas en una Reforma Empresarial profunda, estaremos sentando las bases para construir un modelo de relaciones laborales más justo, libre, sostenible, solidario, y sobre todo, productivo. En definitiva, estaremos contribuyendo a una sociedad más justa y avanzada.

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20 agosto 2013 2 20 /08 /agosto /2013 23:00

Vamos a tratar aquí algunos aspectos de los razonamientos que nos propone la derecha política y mediática en nuestro país, para desmontarlos, y darnos cuenta de hasta dónde llega su nivel de demagogia y de falacia. Cuando la derecha se queda sin argumentos de peso para apoyar sus teorías y propuestas, a veces las apoyan con este tipo de argumentos, absurdos, falaces y engañosos. Este artículo está pensado para señalar algunos ejemplos de ello, y llamar nuestra atención para no caer en sus trampas.

 

Recuerdo que hace pocos meses, a nuestro joven compañero Alberto Garzón le propusieron un razonamiento de este tipo, sin que él pudiera dar la respuesta adecuada: con respecto a la expropiación de la petrolera YPF por parte del Gobierno argentino, él argumentaba que el Estado Español no debiera preocuparse tanto en representar los intereses de las empresas españolas, que al fin y al cabo, tienen su potente accionariado, y además tributan la mayoría fuera de España. Sus contertulios quisieron atraparlo siguiendo su razonamiento, y lo continuaron de esta forma: "...entonces, cree usted que el Gobierno no debe interferir por los intereses de sus ciudadanos...¿qué hacemos entonces cuando secuestran a algún cooperante español en el extranjero?". Bien, la respuesta a esta pequeña trampa, es hacer ver que en el primer caso se trata de intereses económicos, mientras que en el segundo lo que se defiende es la propia vida humana, los derechos humanos.

 

Pues bien, valga este simple ejemplo para muestra de lo que intentamos transmitir. Con respecto a la LOMCE del Ministro Wert, se han emitido juicios auténticamente absurdos para intentar justificar lo injustificable. Se ha dicho por ejemplo que todas las reformas educativas que hasta entonces se habían puesto en marcha eran del PSOE, lo cual, por sí solo, no es ni siquiera un argumento. Después se ha dicho que no se entendía cómo "la izquierda" (así, en general) no quería reformar la educación, después del elevado fracaso escolar de nuestro alumnado, y de los malos resultados de los Informes PISA. Pues bien, a esto hay que responder que sí queremos reformar la educación, pero para dotarla de más fondos, de más recursos, de más profesorado, para que sea más inclusiva, más gratuita, más laica, y más pública a todos los niveles, entre otras muchas cosas. ¿O es que para evitar el fracaso escolar hay que meter la religión en las aulas, eliminar Educación para la Ciudadanía, privatizar la escuela pública, eliminar la democracia en los centros, o implantar en la escuela una filosofía mercantilista de la educación?

 

Las falacias de esta derecha se cuentan y se no se acaban. Con respecto a la Reforma Laboral implantada por el PP, uno de los famosos argumentos que usaban para justificarla, antes de que se supiera todo su contenido, era la denuncia de la existencia de trabajadores protegidos frente a trabajadores precarios. Entonces, los electores ingenuos pueden pensar que lo que se esconde detrás de esa crítica es que piensan proteger a todos los trabajadores, eliminando la precariedad. Craso error, porque lo que pretenden, y de hecho lo han conseguido, es justo lo contrario: eliminar la protección de los derechos de los trabajadores, y aumentar in crescendo la precariedad laboral. Desde que la Reforma Laboral entró en vigor, no sólo se han destruido cientos de miles de puestos de trabajo, sino que además, los nuevos contratos que se han firmando han correspondido en su mayoría a contratos a tiempo parcial o temporales, con un elevado nivel de precariedad. Se ataca a los sindicatos, que pierden fuerza y representatividad, se eliminan las subvenciones públicas a los mismos (mientras aumentan las subvenciones a la Patronal, como se ha conocido hace pocos días), destruyendo la capacidad negociadora de los Convenios Colectivos, llegando a un panorama de casi total desprotección de los trabajadores/as. 

 

Las falacias llegan al absurdo total. Como el Estado de Derecho era una mera ilusión, resulta que tenemos que estar contra el Estado y contra el Derecho. Como bajo el capitalismo el Parlamentarismo es una tomadura de pelo, los anticapitalistas nos volvimos antiparlamentarios. Como la civilización y el progreso, bajo el capitalismo, no son más que colonialismo e imperialismo, nosotros decidíamos que para ser anticolonialistas había que estar en contra de la civilización, y para ser antiimperialistas en contra del progreso. Y lo mismo a una escala más reducida: como las oposiciones estaban corrompidas, en lugar de estar contra la corrupción, había que estar contra el sistema de oposiciones. Como los Catedráticos tenían tendencia al nepotismo, en lugar de combatir el nepotismo, se decidía suprimir a los Catedráticos.

 

Pero sigamos con el razonamiento, a ver dónde nos lleva: como los Catedráticos a veces abusaban de los agregados, en lugar de suprimir los abusos, se optaba por suprimir la distinción entre Catedrático y agregado. Como los funcionarios abusaban de los contratados, lo mejor era que todos fueran contratados. Como los profesores abusan de los alumnos, lo mejor es suprimir también esta rígida distinción y que todos aprendamos a la vez jugando juntos al corro de la patata. Siguiendo con esta lógica, en la enseñanza pública podríamos decidir suprimir la calefacción porque a veces está demasiado alta o las tuberías porque el agua suele tener sabor a cloro. Y aún se podría ir más allá, a título individual: como los calcetines a veces nos aprietan el tobillo, lo mejor será suprimir los calcetines; y los zapatos, y los calzoncillos... Por este camino, llegamos al colmo de los absurdos. Nosotros lo vamos a dejar aquí, pero insto a mis lectores a imaginar o recordar otras falacias, trampas y engaños de la derecha, porque como estamos viendo, no tienen límites.

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19 agosto 2013 1 19 /08 /agosto /2013 23:00

La lucha de clases, ya lo afirmábamos en el artículo anterior, es el epicentro de todo lo que nos ocurre, y por tanto, para entender la situación que vivimos hay que tener presente que en una sociedad en la que una clase explota a otra, la lucha entre ellas juega un importante papel económico. Aunque el capitalismo cuenta con mecanismos objetivos para imponer sus medidas, básicamente el despido —de ahí la importancia de que el paro sea crónico— y la sustitución de mano de obra por máquinas, la conciencia y organización de la clase oprimida también pesa a la hora de establecer el reparto de la tarta. No es lo mismo la situación a la que se enfrentan las burguesías norteamericana y europea después de la Segunda Guerra Mundial, —con la existencia de un país no capitalista como la Unión Soviética, un movimiento obrero en alza (y armado en varios países por la lucha contra los nazis)— donde la amenaza de una revolución era más que real, que en la que se encuentran tras la caída del Muro de Berlín y el posterior hundimiento de la URSS. Es diametralmente opuesta.

   

capitalismo131.jpgLa restauración del capitalismo en el antiguo bloque del Este y, especialmente, la transformación de China en una economía de “mercado socialista” (una contradicción en los términos, un oximorón), consolidaron en la sociedad la idea de que no había alternativa al capitalismo. En la "izquierda" sindical y política se reafirmó, entre la mayoría de sus miembros, la idea de que no había alternativa a la economía de libre mercado. El capitalismo, que ya era considerado “el menos malo de los sistemas posibles” se convirtió en el único posible. Los más “radicales” se aferraron a la máxima de “economía de mercado sí, sociedad de mercado, no”, como si fuese posible separar ambas cosas. El resultado ha sido que las políticas económicas de los principales partidos de la izquierda en los países desarrollados se parecen, como una gota de agua a otra, a las de los partidos de derechas, hasta el punto de que son capaces de gobernar en coalición. La socialdemocracia de esta forma traiciona sus ya débiles postulados, y acepta el capitalismo como la única alternativa posible, colaborando incluso en el desprestigio de los pocos países que se atrevan a implantar un sistema auténticamente socialista o comunista (Cuba a mediados del siglo pasado, o Venezuela más recientemente).

   

Las consecuencias de este retroceso de la izquierda, que pierde por ello gran parte de su identidad y de su credibilidad, se han hecho mucho más patentes con la crisis del capitalismo pues, paradójicamente, en el momento en que éste muestra su fracaso lo que sale a relucir es la crisis de la propia izquierda que es incapaz de dar una alternativa. El exPresidente Rodríguez Zapatero, en un arranque de sinceridad, lo dijo claro: “creíamos que íbamos a cambiar a los mercados, y los mercados nos han cambiado a nosotros”. También la política sindical ha llegado a una encrucijada. Durante los años del auge, a la par que se imponían medidas que precarizaban la situación de los trabajadores por gobiernos de “izquierdas” y de derechas, la mayoría de las direcciones sindicales promovieron una política de moderación salarial en aras a una mejora de la productividad y la competitividad, que favorecieron un intercambio más desigual de la renta. Y de esta forma, también los sindicatos se sumaban al carro facilón de la defensa de los intereses del capital, y abandonaban progresivamente la agresividad en la defensa de los derechos de los trabajadores/as.

   

Las direcciones sindicales, aún ahora, siguen insistiendo en la necesidad del diálogo social, aunque se ha demostrado que esa vía era un callejón sin salida. No comprenden que la época del “pacto social” ha muerto, todo lo decidirá la correlación de fuerzas. Cuando gobernaba el PSOE, contaban con tener el respaldo del gobierno —cuyo voto dependía fundamentalmente de los trabajadores— pero el Ejecutivo cedió a las presiones del capital como era previsible. Ahora, el gobierno directo de la derecha y la patronal, por supuesto, han dado varias vueltas de tuerca más. Las discrepancias están sólo en la dosis. Esas políticas de renuncias de gobiernos de "izquierda" y sindicatos, reforzaban el ambiente de aceptación del capitalismo. En el caso del sindicato, su función quedaba reducida a regular el grado de explotación del trabajo, en la práctica, pero no a cuestionar dicha explotación. A cambio, se contentaban con la recepción de partidas presupuestarias ingentes, con las cuales desplegaban gran cantidad de actividades, aumentando su propaganda y su poder. Y es bueno que los sindicatos tengan poder, pues representan a la clase obrera, pero no mediante estas vías.

   

Eso reforzó una concepción sindical cada vez más orientada a la gestión de servicios, frente a la concepción tradicional de ser parte de la lucha del movimiento obrero para transformar la sociedad. Esa política de conciliación con la burguesía ha sido un factor económico muy importante, pues en lugar de aprovechar el auge para variar a favor de los trabajadores el reparto de la riqueza — el momento más favorable para los asalariados—, las rentas empresariales han ganado terreno en la mayor parte de los países desarrollados. Por eso ha crecido la desigualdad.

   

capitalismo132.jpgSi la crisis histórica de la izquierda socialista y comunista ha sido un factor muy importante en la prolongación del último auge, también está siendo un factor en el inicio de esta nueva etapa de crisis, pues la burguesía no siente que nada amenace su dominación. Tras un desconcierto inicial que les llevó a algunos a plantear la necesidad de refundar el capitalismo (recuérdese la propuesta de Nicolas Sarkozy), incluso a pedir un “paréntesis en el libre mercado”, han comprobado que, por ahora, nada parece capaz de impedirles aplicar sus recetas tradicionales frente a la crisis. Y, paradójicamente, es la acción de la propia clase dominante la que está cambiando la situación.

   

Los ataques a los trabajadores son de tal envergadura que el sindicalismo de gestión y servicios es inviable. La patronal aprovecha el descrédito de los propios sindicatos y su debilitamiento para tratar de enterrarlos definitivamente, se eliminan subvenciones y derechos adquiridos esperando con ello dejar completamente desarmados a los trabajadores. Pero es un error confundir a las direcciones sindicales y políticas con el propio movimiento obrero. La necesidad objetiva de tener unos sindicatos y organizaciones políticas capaces de defender los intereses de los trabajadores provocarán un cambio profundo en el conjunto de las organizaciones de clase, como preludio necesario e inexcusable de un cambio en la sociedad. En realidad, ambas cosas han de ir parejas.

La unidad y la organización de los trabajadores para luchar es una necesidad creciente e ineludible para hacer frente a esta etapa del capitalismo. Necesitamos unos sindicatos con una política capaz de aunar la defensa de los intereses más inmediatos de los trabajadores, sus empleos, sus salarios, sus condiciones de trabajo y vida, con una propuesta de cambio social.

   

No se trata sólo de defendernos de estas medidas que acentúan la explotación que sufrimos, sino de acabar con el mismo sistema de explotación. Ya no estamos sólo ante una lucha sindical, es necesario generar una fuerza política capaz de transformar la sociedad, de poner en cuestión el sistema desde su raíz, porque no se puede ganar sólo desde el terreno sindical. Porque además, hoy en día, los razonamientos y propuestas capitalistas son apoyadas desde estructuras supranacionales y antidemocráticas, como son la Comisión Europea, el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional. No acabamos aquí con la problemática de la lucha de clases, en las siguientes entregas continuaremos discutiendo variados aspectos y enfoques de la misma.

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18 agosto 2013 7 18 /08 /agosto /2013 23:00

Está claro que, en la dimensión y situación actuales, el Estado Español surgido tras la Transición de finales de los años 70 del pasado siglo está en crisis. Una crisis del Estado que se manifiesta en varias facetas: social, política, y sobre todo, económica. La recuperación de dicho Estado no puede realizarse desde el inmovilismo, ni siquiera desde propuestas parciales de modificación de una anacrónica Constitución llena de artículos que no se cumplen. Necesitamos un nuevo marco de convivencia que la supere, que deje atrás las consignas de un Estado creado "para la Transición", y asiente en nuestro país una nueva estructura jurídico-política más completa y más garantista, desde los puntos de vista humano, social y político.

 

proceso_constituyente121.jpgLa crisis del Estado adquiere en nuestros días una cuadruple dimensión, que vamos a exponer a continuación, y a sugerir las posibles soluciones que aportaría un nuevo Proceso Constituyente:

 

1.- Crisis del Estado de las Autonomías: la crisis del sector inmobiliario hace de la estrategia privatizadora de los servicios públicos una prioridad para la burguesía española, que ve en la mercantilización de los servicios públicos esenciales una herramienta imprescindible para la recuperación de la tasa de beneficio privada afectada por la crisis. Pero este proceso de privatización requiere de una recentralización de la capacidad política de control sobre el gasto, incompatible con la actual descentralización del mismo. Obsérvese cómo las disputas del Gobierno Central con las autonomías más "guerreras" (Cataluña, País Vasco, Galicia, y Andalucía) no va tanto en el fondo sino en las formas, es decir, alegan sobre todo la invasión de competencias de la norma estatal sobre la norma autonómica. Solución: el Proceso Constituyente declarará un Modelo de Estado Federal, bajo una forma de Estado Republicano. 

 

proceso_constituyente122.jpg2.- Crisis del Estado de Derecho: la gestión de la crisis requiere de la sustitución fáctica del régimen de democracia representativa por el de la oligarquía, lo que abre la vía a una institucionalización perfecta del uso de mecanismos autoritarios, represivos y reaccionarios para la gestión de la crisis, lo que agudiza la instrumentalización todavía más directa del Poder Legislativo y Judicial en favor de la oligarquía, políticas que la crisis ha agudizado. Recomiendo a los lectores la lectura del artículo "Una Justicia protectora de los poderosos", publicado recientemente en este mismo Blog, que profundiza en este aspecto. Solución: el Proceso Constituyente deberá saldar la relación histórica de debilidad de las izquierdas hacia las derechas en nuestro país, y de dicha nueva correlación de fuerzas surgirán poderes públicos más equilibrados y garantistas.

 

proceso_constituyente123.jpg3.- Crisis del Estado Social: En nuestros días asistimos a una definitiva desarticulación del mismo, que es uno de los objetivos centrales de los programas de ajuste duro, llamados eufemísticamente de "reformas estructurales", o de "austeridad", consistentes en una transferencia de rentas del trabajo a rentas del capital, y al aumento de las desigualdades en nuestro país. Los servicios públicos pierden paulatinamente sus características de gratuidad y universalidad, y las Comunidades Autónomas sufren una asfixia financiera, con la excusa de la reducción del déficit, que las imposibilita para continuar financiando estos servicios. Solución: la nueva Constitución Federal surgida del Proceso Constituyente garantizará la consagración de unos servicios públicos correspondientes a la aplicación de unos derechos básicos garantizados por la misma.

 

4.- Crisis del Modelo Europeo: la crisis del modelo de integración europea (aunque se disfrace con las peticiones de una mayor integración fiscal y bancaria) se pone sobre todo de manifiesto en los países periféricos. El nuevo marco de acumulación en España queda condicionado por la incorporación de nuestro país a la Unión Europea y en especial al Euro, estrategia que supone la continuación, dentro de la fase del capitalismo global, del histórico carácter rentista y periférico del capitalismo español y por tanto, la perpetuación de nuestras debilidades y déficits sociales históricos. Solución: desde algunos sectores partidarios del Proceso Constituyente, entendemos que dentro del actual marco europeo y del Euro, no será posible la aplicación de ciertas políticas sociales y laborales, con lo cual, proponemos a medio plazo la consideración de la opción de nuestra salida del actual marco europeo. Somos partidarios de otra Europa.

 

marca_espana.jpgEsta debilidad histórica de la oligarquía española y del modelo económico impuesto por ella, marca una dependencia política respecto del capital financiero internacional, que tiene en la reciente reforma constitucional (la del Art. 135), uno de los mayores ejemplos de dicha dependencia y de la necesidad que tiene la oligarquía de aplicar en España los programas de recorte y ajuste duro por medio de los mecanismos internacionales de imposición, que no descartan la propia posibilidad de petición del rescate de la economía española, por mucho que se empeñen en ocultarlo, y en tomarlo como argumento para convencernos de que vamos por el camino de la recuperación económica. Nada más lejos de la realidad. Y este proceso supone en la práctica, la imposición de una auténtica dictadura del capital financiero y la pérdida total de soberanía en el diseño de un marco de acumulación propio.

 

Por tanto y para finalizar esta entrega, diremos que crisis del estado democrático, del estado social y pérdida total de la soberanía representan los elementos centrales de la crisis del estado burgués en España, que en el plano político y de la movilización popular muestran un escenario donde democracia, derechos sociales y soberanía se muestran una vez más como incompatibles con el capitalismo, y que determinan la necesidad de apelar, activar y organizar la unidad de las fuerzas políticas y movimientos sociales, en torno a una alternativa social, democrática y anticapitalista a la crisis, e iniciar así un Proceso Constituyente que plantee un nuevo escenario, una nueva correlación de fuerzas, y un nuevo proyecto de estado superador del heredado de la Transición. Continuaremos en siguientes entregas.

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13 agosto 2013 2 13 /08 /agosto /2013 23:00

¿Educamos actualmente a nuestros estudiantes en la sostenibilidad medioambiental? Decididamente no, y la prueba fundamental de ello está en la poca conciencia que tenemos en nuestra población adulta en lo que representan los problemas derivados del medio ambiente. Por poner un ejemplo, toda la política conservadora que se despliega bajo este Gobierno (y los anteriores) tienen muy poca dosis de conciencia social en los aspectos de conservación de nuestro entorno natural, de respeto a nuestros ríos, a nuestros mares, a nuestras costas, a nuestros humedales, a nuestra flora y fauna, a nuestro aire, o a nuestra energía, por citar los sectores más típicos. Nuestros gobernantes, de este modo, no son conscientes del rumbo suicida que llevan sus políticas.

 

sostenibilidad1.jpg¿A qué se debe tanta despreocupación entre nuestros gobernantes hacia los problemas ambientales? A que lógicamente no están educados en ello. La educación en este tema, como en otros muchos, es fundamental para poseer en la edad adulta un cierto nivel de compromiso y de respeto para con nuestro medio ambiente. ¿Qué se puede hacer? Pues lógicamente, abordar estos aspectos de una u otra forma, con mayor o menor intensidad, en los niveles educativos, pues es la única forma de que nuestros futuros gobernantes sientan la profunda necesidad, motivada y razonada, de ejecutar políticas medioambientales correctas, y que además éstas sean transversales a todas las demás. Mientras no entendamos que el Hombre no puede considerarse aisladamente, sino siempre en relación con su medio ambiente, y no se extrapole esta visión a todas las actividades humanas, no habremos resuelto el problema.

 

sostenibilidad2.jpgDesde hace muchísimos años que las Convenciones Internacionales que se celebran con respecto a estos temas se limitan a declarar un conjunto de buenas intenciones, pero a la hora de la verdad, se anteponen muchos otros aspectos de las políticas nacionales, incluso supranacionales, a las políticas de respeto y conservación hacia nuestro entorno natural, hacia nuestro planeta en última instancia. Primer factor donde hay que educar: los recursos naturales son limitados. No son infinitos. Y buena parte de ellos se han destruido ya irremisiblemente. Por tanto, si no somos capaces de frenar esta escalada destructiva de los mismos, llegará un momento donde habremos traspasado una definitiva frontera en la capacidad del Hombre de explotar la naturaleza, y de obtener de ella los recursos necesarios para poder satisfacer sus necesidades.

 

sostenibilidad3.jpgRecomiendo a mis lectores, antes de continuar, un fabuloso artículo escrito por la ONG Ecologistas en Acción, donde desarrollan con más calma todos los aspectos que según ellos, deberíamos desarrollar en una escuela concienciada con este tipo de problemas. Si tuviéramos que resumir, diríamos que se ha de enseñar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes nuevos modos de habitar nuestro planeta, de producir nuestros bienes y servicios, de consumir nuestros alimentos y nuestros atuendos, de distribuir y ejercer el poder económico y político, y sobre todo, de comprender la necesidad de corregir los tremendos desequilibrios de la población mundial, en cuanto al acceso a los recursos se refiere. Como eje rector de todas estas políticas, la necesidad de colocar en el centro al Hombre, pero no de modo egoísta y egocéntrico, sino en la auténtica dimensión de satisfacción de sus necesidades, no más, pero tampoco menos.

 

sostenibilidad4.jpgNos hemos de presentar y hemos de entendernos como seres vivos antes que como consumidores o clientes, incluso devoradores implacables, de los recursos naturales que nos rodean. Hay que concienciar de multitud de aspectos de nuestra vida cotidiana a los cuales concedemos poca o nula importancia: la capacidad del sol, el despilfarro de energía, las políticas extractivistas, la fuerza del viento, la la importancia del agua, la contaminación del aire que respiramos, las consecuencias de trabajar la tierra, y de obtener y vivir de sus alimentos, etc. La necesidad de respetar el mundo animal, de entender los ciclos naturales de los ecosistemas, estudiar la evolución del cambio climático, hacer visibles los residuos y su toxicidad, o conocer nuestra huella ecológica, son asímismo aspectos que se pueden y deben estudiar.

 

sostenibilidad5.jpgUn aspecto fundamental a tratar en toda esta dimensión educativa es la importancia de trabajar, explotar y cultivar nuestro territorio próximo, estudiando las capacidades de la microeconomía, de los microcréditos, y de los microcultivos. Una economía que se relaciona sobre todo con lo cercano, que intenta abastecerse de productos obtenidos en proximidad geográfica y cultural. Hemos de partir y recuperar la idea del trabajo de las grandes culturas que habitaron nuestro planeta mucho antes que nosotros: sus modos de trabajo, de explotación, de consumo. Aspecto importante también es alentar la diversidad, comprenderla y aceptarla, como norma de nuestro mundo. Respetar y aprender de otras culturas, en todo lo que ofrezca una dimensión humana fundamental. Empoderar pequeñas comunidades, para organizar experiencias de proximidad responsable, tales como presupuestos participativos, comedores colectivos, cooperativas de compra, mercadillos de trueque vecinal, medios de comunicación de elaboración local, en última instancia se fomentan los movimientos sociales, la participación ciudadana, la democracia cercana.

 

Como indican desde Ecologistas en Acción: "Se trata de desarrollar una cultura de la suficiencia, ajustada a un mundo de recursos limitados (...) La escuela puede convertirse en una bolsa de resistencia y denuncia, y proporcionar así una esperanza de cambio". De esta forma, estaremos sentando las bases no sólo para una conciencia de respeto hacia nuestros recursos naturales, sino también el pleno convencimiento de que nuestra sociedad necesita imperiosamente guiarse por otro modelo productivo, con otros criterios económicos diferentes a los hoy imperantes. Hay que explicar conceptos como globalización económica, deuda ecológica, ética empresarial, cultura patriarcal, privatización vs. colectivización, desigualdades, desobediencia social, etc. Conseguiremos objetivos como desincentivar el culto obsesivo a las marcas comerciales, a la televisión basura, al consumo desmedido, y a otros patrones de conducta actuales, que nos llevan en su dimensión adulta al desaforado deterioro de nuestro medio ambiente, y a la par, a unas condiciones de vida cada vez más inhumanas. Este es el auténtico sentido de la austeridad: vivir de forma más armoniosa con nuestro medio. Aumentaremos la equidad en todo el planeta, y contribuiremos a la felicidad humana.

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12 agosto 2013 1 12 /08 /agosto /2013 23:00

A la luz de los datos, los indicios y las experiencias que estamos sufriendo desde que el Partido Popular gobierna en España, creo que podemos establecer de una forma más o menos clara cuál es su auténtico programa de gobierno, es decir, las medidas que de verdad nos proponen para nuestro país. Durante la última campaña electoral de 2011, se esforzaron en difundir unos mensajes de cara a la ciudadanía que para nada constituyen su auténtico ideario, sino que eran una mezcla edulcorada y engañosa entre las medidas que a la gente le gustaba escuchar, más el oportuno disfraz de sus auténticas intenciones.

 

pp.jpgEse mensaje caló entre un sector, digamos a caballo entre la ignorancia y el hartazgo de las políticas del compañero de bipartidismo, el PSOE, y todo ello, unido a la injusta Ley Electoral instaurada en nuestro país, nos condujo al panorama actual, donde la mayoría absoluta del PP lastra todas las iniciativas de la oposición, e imponen a sangre y fuego sus recortes, sus Decretos y sus criterios. Iremos entrando brevemente en cada uno de los capítulos de la política nacional, donde a estas alturas, se ponen claramente de manifiesto las intenciones y los propósitos ocultos del PP. En primer lugar, un desprecio absoluto a la democracia y a la participación ciudadana, que se plasma en la eliminación de representantes públicos, en la reducción de su sueldo, en la reforma de las Administraciones Públicas (sobre todo la Administración Local), y en no tener en cuenta las propuestas ciudadanas, y sus manifestaciones en contra de la política dominante.

 

En el sector energético, lo que proponen es la progresiva reducción de las subvenciones a las energías limpias y renovables, con las miras puestas en la desaparición de este sector, hoy primario en nuestra economía, que estorba a los intereses de las grandes empresas energéticas, que además nos siguen exprimiendo en la factura de la luz, con el cuento del déficit tarifario. Han convertido nuestro país en el laboratorio por excelencia (ya lo comenzaron con su acuerdo con el PSOE para modificar el artículo 135 de la Constitución) de las políticas neoliberales más agresivas y conservadoras, constituyéndose en aventajados pupilos de la señora Merkel, y de los intereses de las grandes corporaciones, nacionales e internacionales, sobre todo del sector financiero.

 

pp2.jpgHoy en día, sabemos que estamos en el mismo paquete donde están Grecia, Portugal, Chipre, y todos los países del Sur de Europa, a quienes se pretende exprimir para que los países del Norte se saneen a su costa. Con la excusa de la globalización, de la ausencia de dinero, de la crisis, y de la necesidad del ahorro en todos los frentes, sacrifican permanentemente a la población, ensañándose especialmente con los sectores más vulnerables. Por ejemplo, después de todas las barbaridades propuestas en su reforma laboral, todavía andan a vueltas de poder conseguir bajarnos un poco más los salarios. Mientras, la gran banca, los grandes empresarios y los dirigentes de las Instituciones públicas creadas bajo su mandato (FROB, SAREB, etc.) se forran ante la atónita mirada de la inmensa mayoría de la sociedad.

 

El Programa Electoral del PP, en vez de llenarse tanto la boca con el empleo que supuestamente iba a crear (ahora sabemos que querían decir "destruir"), debería haber dicho que se proponía una serie de recortes en las prestaciones públicas, el desmontaje de recursos públicos destinados a los sectores sociales más débiles, un proceso de privatizaciones sin fin, incluyendo el adelgazamiento del sector público y la eliminación de empresas públicas, el incremento de los impuestos al consumo (IVA), de los impuestos indirectos, el pago prioritario de los intereses de una deuda pública que ya nos ahoga, las ayudas multimillonarias a la banca, el aumento y/o la creación de una serie de tasas y precios públicos aplicados a los servicios que eran gratuitos (como la Justicia), la prioridad en los gastos de Defensa, la asfixia económica de las Comunidades Autónomas, con unas propuestas de reducción de déficit público que no permitan sufragar los servicios públicos que se prestan a la ciudadanía, entre otras cosas.

 

pp3.jpgTambién deberían haber indicado en su Programa Electoral que se proponían implantar una cruel represión y criminalización callejera para todos los ciudadanos que osaran manifestarse públicamente en contra de la política del Gobierno, y que pensaban cargarse todo el andamiaje actual de nuestro Sistema Educativo, para transformarlo en un sistema clasista, elitista, segregador, sexista, privatizador, que elimina la democracia en los Centros, y que mercantiliza la educación, además de volver a imponer la religión en las aulas, entre otras muchas cosas. Y también sabemos que su auténtico programa, en lo que se refiere la Sanidad Pública, es el que nos lleva a un desmontaje progresivo de sus caracteristicas de igualdad, gratuidad y universalidad, para convertirlo en un sistema recortado, privatizado y excluyente, sobre todo de las personas inmigrantes.

 

Porque el auténtico Programa Electoral del PP, ahora lo sabemos, se proponía éstas y otras muchas cosas: la exclusión de las clases medias y populares del sistema universitario, el creciente destrozo medioambiental, la urbanización salvaje, la privatización de los espacios públicos naturales, como la playa y el monte, la toma ideológica de los medios audiovisuales de comunicación, la reducción al apoyo de iniciativas culturales, la eliminación por asfixia del sector investigador de nuestro país, la amnistía fiscal de los defraudadores, los deshaucios masivos, la vuelta a una Ley del Aborto basada en más estrictos supuestos que los del pasado, y a una moral católica exacerbada como en los tiempos del nacional-catolicismo franquista.

 

pp4.jpgPero siendo claros, nos podrían también haber dicho algunas cosas que, a la luz de los acontecimientos, se ven a un primer y simple análisis: se proponían aprovechar la oportunidad de la crisis y el utilizarla como excusa para imponer un sistema antisocial, una nueva reestructuración del capitalismo, consistente en una escandalosa transferencia de la riqueza social de nuestro país, para convertirla en riqueza privada para unos pocos, y en pobreza pública para muchos. También nos podrían haber contado que querían ser cómplices de una paulatina reducción de la soberanía en todos los ámbitos: política, social, decisoria, monetaria, alimentaria, energética, etc., lo cual nos lleva a la situación de una cuasi colonia europea, cuya política se despliega al albur de las grandes decisiones supranacionales. Podrían habernos dicho que no sólo querían continuar con la financiación al clero católico, sino también con la obediencia ciega a sus sectores más retrógrados, o bien con la defensa a todo precio de una Monarquía en declive, impidiendo que sus escandalosos casos de corrupción salgan a la luz.

 

Pero sobre todo, y para ir terminando, nos podrían haber dicho la verdad sobre lo que llevaban haciendo durante más de dos décadas, esto es, financiarse ilegalmente a través de donaciones de los grandes empresarios de este país, permitiendo un corrupto sistema de transferencias de dinero negro, que se plasmaba por una parte en la implantación de un sistema de escandalosos sobresueldos a sus dirigentes, y por otra parte a la evasión fiscal de millones de euros al extranjero, para poder jugar con ellos en cualquier momento. Podrían habernos avisado de que se proponían hacer de la corrupción el Estado de la Nación, elevando la podredumbre moral de sus dirigentes a ponzoña nacional que todo lo cubre, que todo lo mancha, que todo lo desacredita, generando un sentimiendo de descrédito y desconfianza hacia esta derecha política, social y mediática que se configura en este asfixiante bipartidismo, que por fortuna ya comienza a caer. Seguro que si todas estas cosas nos las hubieran explicado en su Programa Electoral, sólo les hubieran votado unos cuantos fanáticos de su trasnochada ideología, aparte de los beneficiarios reales de toda esta política.

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11 agosto 2013 7 11 /08 /agosto /2013 23:00

Finalizamos el artículo anterior de esta serie anunciando que entraríamos de lleno en la problemática de la lucha de clases, auténtico corazón de la explicación no sólo de la actual crisis, sino de toda la historia del capitalismo. Bien, vamos a ello, pero antes de entrar a fondo en materia, donde hay mucha tela que cortar, resolvamos un aspecto en relación a su propia nomenclatura, que es criticada por los capitalistas (o por los ignorantes) en el sentido peyorativo de anticuada, obsoleta, extinguida. Nada más lejos de la realidad. Todo es una trampa para que no llamemos a las cosas por su nombre.

 

capitalismo121.jpgVeamos: desde la publicación de la obra de Karl Marx se difunde ampliamente este término, es decir, que tiene aproximadamente dos siglos. En cambio, si analizamos otros que parecen usarse en la actualidad con total aceptación, como CIUDADANIA, resulta que ya se empleaban desde los tiempos de los filósofos griegos, además con la misma acepción actual, esto es, habitantes de las ciudades. ¿Cuál por tanto es más antiguo? Y lo mismo lo podemos extrapolar a otros términos, que incluso con el paso del tiempo, han obtenido una interpretación peyorativa: el término "villano", por ejemplo, aunque hoy en día se emplee como un insulto, se usaba ya en el siglo XVII por la literatura clásica en el sentido de "habitante de la villa", es decir, más o menos igual que ciudadano/a.

 

Por tanto, lo primero que debemos hacer es reivindicar esta expresión (lucha de clases) y no entrar al trapo de aquéllos que quieren criticarla engañosamente como una momia del pasado. Tomando las palabras del Profesor Vicenç Navarro: "La alianza de clases dominantes intenta por todos los medios que no se hable de clases y que, en su lugar, se hable de nación, estimulando, en ocasiones, un clasismo que intenta enfrentar las clases populares de un país con otras". Queda claro, por tanto, que lo que no les interesa es hablar de clases sociales y de lucha entre ellas, de clases dominantes y clases dominadas, y por eso despliegan una campaña contra quienes usamos estas expresiones, poco menos que presentándonos como auténticos dinosaurios del pasado. 

 

capitalismo122.jpgTomo a continuación las palabras de Alfonso Lago: "El proletariado no es una idea. Es un sujeto social real del que forman parte millones de personas de carne y hueso. Si hablamos de clases sociales hablamos de formaciones sociales construidas históricamente, de grandes grupos de personas, que tienen una posición común en una estructura social históricamente establecida. En el capitalismo las principales clases son los propietarios de los medios de producción en la era de la gran industria y la producción mercantil (los capitalistas), y los trabajadores asalariados, que crean las riquezas y necesitan vender su fuerza de trabajo a los primeros por un salario para vivir. Unos basan sus ingresos en la propiedad del capital, los otros en la venta de su fuerza de trabajo". Históricamente se ha instalado también una supuesta "clase media", para intentar definir aquéllos individuos que están un poco a caballo entre las otras dos clases sociales perfectamente definidas, pero con el tiempo, y más en épocas de crisis, se ha comprobado cómo la idea de clase media responde a una falacia.

 

capitalismo123.jpgRecomiendo a los lectores el artículo de Alfonso Lago titulado "La izquierda y la clase obrera", que presenta muy bien algunos aspectos de los que estamos contando. Bien, las clases poderosas nos vuelven a hacer trampa, y ahora nos atacan en la proyección de la uniformidad de la clase obrera, para desmontar nuestros argumentos, y presentar el mensaje de que poco más o menos, la clase obrera no existe hoy en día, porque hasta los Ejecutivos y Directores Generales son trabajadores. A ello tenemos que replicar que, efectivamente, el perfil y la estética de la clase obrera también cambia con el tiempo, y se adapta a nuevas realidades sociales, sin dejar de perder su identidad, simplemente porque lo exige el capitalismo. Al respecto, se dice en el artículo de referencia: "Un trabajador varón con mono azul y carné sindical pudo ser un símbolo apropiado de la clase trabajadora en el pasado, pero hoy su mejor representante sería una reponedora mal pagada y a tiempo parcial".

 

capitalismo124.jpgLa clase obrera no tiene un cliché cerrado, sino que también es fiel reflejo del tiempo que le toca vivir. A este respecto, nos dice Alfonso Lago: "Quienes cuestionan la centralidad, homogeneidad o incluso la existencia de la clase obrera, recalcan la fragmentación a la que está sometida: hombres y mujeres, nacionales e inmigrantes, trabajadores del sector público y del privado, fijos y temporales, manuales e intelectuales...Parece como si en tiempos de Marx los obreros fueran seres grises, clónicos, cuarentones, bigotudos y barrigones apretadores de tuercas, con el carné de CCOO colgando del ojal de su mono azul, mientras que hoy vivimos una explosión de individualidades multicolor que “son irreductibles a una sola unidad simbólica”. Y continúa posteriormente: "Pero ¿es que alguna vez fue homogénea la clase obrera en los términos que plantean? El origen de la clase obrera proviene de campesinos expulsados de la tierra, de artesanos arruinados de las ciudades, de las ocupaciones coloniales y movimientos migratorios transoceánicos, del fin de la esclavitud de los negros... de distintas nacionalidades, territorios, dialectos, religiones y cultura. Fueron empleados en distintas tareas y sectores, con distintos salarios y relaciones laborales. No tenían sindicatos, los tuvieron que crear con sus luchas y su unión". Creemos que queda claro.

 

Hoy en día, por tanto, han cambiado las ocupaciones, los modelos de producción, los hábitos y costumbres consumistas, los niveles culturales, pero por todo ello no podemos concluir que la clase obrera se diluye en todo ese mar de diversidad: "Por eso, quien trata de contraponer una “vieja” clase obrera, blanca, masculina, industrial, frente a una nueva más diversa que sería cualitativamente distinta como sujeto social central de las relaciones sociales capitalistas, lo que hace es caer precisamente en los clichés que dice combatir. Más aún, señalar que esta diversidad hace que “sólo la miopía de cierta izquierda puede insistir en agruparles a todos bajo la etiqueta de obreros e invitarles a afiliarse a los sindicatos” es el colmo de los despropósitos".

capitalismo125.jpgEn conclusión: "Lo que hace importante el papel de los trabajadores es su papel central en la creación de riqueza, en la producción. La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado. Es su capacidad, por su posición central en las relaciones sociales de producción, de tomar los resortes fundamentales del poder en sus manos. Es la clase obrera la que puede hacer que la rueda del capital deje de girar. Los obreros pueden parar un país. Los estudiantes o los intelectuales, no". A partir de aquí, es de donde debemos generar nuestra conciencia de clase. Igual que no hay que creer a quien nos dice que hoy en día no existen ya derechas ni izquierdas, tampoco a quien nos niegue la existencia de las clases sociales y de su lucha.

 

Hemos de ser capaces de encontrar, de entre toda esta maraña social que delimita la actual clase trabajadora, la identificación con ese nexo común, con ese factor distintivo donde todos nosotros nos encuadramos. En palabras de Alfonso Lago: "La cuestión es si por encima de sexo, raza, idioma o religión, grado de precariedad, ocupación o afiliación sindical, la pertenencia objetiva a una clase social es un vínculo mayor que puede ser catalizado y convertirse en un movimiento unitario de transformación...Del propio elemento unitario, esto es, la condición de clase, se deriva el proyecto hacia el que avanzar. Todos somos esclavos, luego nuestro proyecto común es acabar con la esclavitud. Todos somos obreros, ¿cuál es nuestro proyecto común? Si nos quedamos en: joven, precario, inmigrante o mujer, y no trascendemos este aspecto parcial, no alcanzamos a ver qué es lo que nos une, y a qué nos conduce. Pero si se “agrupa a todos bajo la etiqueta de obreros”, si vemos lo que nos une a todos, podemos plantear un proyecto unitario, sea este la defensa de los servicios públicos, el empleo digno, salario mínimo de 1.000 euros o, porque no, expropiación de las grandes empresas, y control democrático de la economía". Continuaremos en siguientes entregas, profundizando en el concepto y en el alcance de las clases sociales y de su lucha. 

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