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22 febrero 2017 3 22 /02 /febrero /2017 00:00
Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Los crímenes contra la humanidad no se pueden olvidar. Intentar tapar esa herida con el olvido es un error o un intento de ocultar a los criminales. Eso solo nos lleva a una sociedad fragmentada y dividida. A más de ochenta años de aquel Golpe de Estado, plantear justicia y reparación es lo mínimo que se puede pedir por higiene democrática y Justicia Histórica

Marcos González Sedano

La Segunda República, por tanto, acabó violentamente. Fue ultrajada, interrumpida por las violentas fuerzas del alzamiento militar. Pero en 1939 acabaron solamente las bombas, los tanques y las batallas. Porque nos quedó durante cuarenta años más un cruel dictador genocida que nos gobernó (él y toda su despreciable camarilla) a sangre y fuego, causa principal de que el pensamiento dominante aún arrase en nuestro país. Pero muchos mantenemos la llama que permitirá, parafraseando a Salvador Allende (otro gobernante asesinado para instalar a un vil dictador), que el hombre libre se vuelva a pasear por las grandes alamedas. Todo el imaginario colectivo fue migrando hacia la conversión de las ideas de los vencedores de la Guerra Civil en las ideas dominantes, simplemente porque las ideas dominadas fueron aplastadas y enterradas en cunetas. Ellos se llamaron los "nacionales", se apoderaron de la victoria, que recordaban en un desfile cada año, se apoderaron del sentido de país, del concepto de patria, del sentimiento y del "espíritu" nacional, reconfigurando el concepto de la patria al servicio totalitario de sus fanáticas ideas. En cambio, los "rojos" (nombre que se usa todavía con desprecio y en sentido peyorativo por los fascistas actuales, agrupados en torno al Partido Popular), los republicanos, los creyentes en la equidad y en la justicia social, se vieron obligados al exilio, a la muerte, a la tortura, al escarnio público, a la cárcel, o en el mejor de los casos, a vivir asumiendo el silencio sobre sus ideas, si querían una mínima paz en su existencia. 

 

Una paz oscura, forzada y dictatorial, una paz secuestrada por un régimen inhumano, a la que todavía tienen la osadía de referirse algunos. Y durante casi cuarenta años, en los colegios, cada 2 de noviembre, día de los difuntos, los escolares (esta práctica se daba sobre todo en los ambientes rurales) eran conducidos en masa a la iglesia principal. Allí los alineaban en sentido militar, y tras algunas proclamas, rezos y discursos, brazo en alto incluido, al modo fascista, les hacían cantar el "Cara al Sol", el famoso himno de los triunfadores. Todos ellos eran actos en recuerdo y homenaje a los "Caídos por Dios y por España", todos ellos del bando "nacional", es decir, fascista, porque los "rojos" jamás fueron homenajeados, ellos no cayeron ni por Dios ni por España, claro. Ellos cayeron por defender la libertad y a un Gobierno republicano legítimo, que fue violentamente derrocado. Pero en cambio, ellos fueron los parias, los olvidados, los que no tenían ni siquiera tumbas donde irles a llorar. Y hoy día, a más de 41 años de la muerte del dictador, esos herederos de los vencedores continúan dominando nuestras vidas, continúan campando a sus anchas, con una soberbia y una autoridad implacables, pues todas las Instituciones del Estado continúan a su servicio. Por eso, los actuales gobernantes siguen oponiéndose a que se desentierren los cuerpos, y sobre todo, las ideas. Porque en el fondo, les siguen molestando las ideas de la izquierda, quieren seguir enterrándolas, discriminándolas, escondiéndolas, marginándolas. La dictadura de hoy día ya no necesita bombas ni cañones, es la dictadura del capital, que posee tanta o más fuerza que la militar. 

 

La recuperación de la Memoria reciente de nuestra historia es fundamental, para que comprendamos de dónde venimos, por qué pensamos como pensamos, por qué hemos llegado hasta aquí. Pero los efectos de aquélla terrible devastación física y mental todavía perduran, y por tanto, sufrimos los efectos colectivos de la desmemoria, de la descontextualización de nuestro pensamiento, de nuestro pasado, de nuestro presente y de nuestro futuro. Y así, cuando actualmente surgen corrientes de pensamiento de izquierda, socialistas y republicanas, olvidamos que gran parte de este ideario (lógicamente, contextualizado en su época) ya estaba presente en la Segunda República. Olvidamos que el modelo educativo, el modelo social, la vocación pacifista, el modelo de libertades públicas, el reparto de la tierra y de los bienes comunes, los derechos de las mujeres, y un largo etcétera, ya estaban presentes en aquél legítimo y democrático Gobierno que la derecha intolerante y fascista derrocó mediante aquél golpe militar y aquélla devastadora guerra. Un alzheimer colectivo que afecta también a los partidos políticos, como ese engendro en que se ha convertido el actual PSOE, que hace décadas que olvidó el verdadero ideario socialista, para alinearse primero con la estulticia de la socialdemocracia, y después con el más descarnado neoliberalismo, renunciando a los grandes objetivos, principios y valores de la izquierda, aunque todavía tengan la osadía de mencionar a su fundador histórico Pablo Iglesias, sin que se les caiga la cara de vergüenza. 

 

Hemos de recuperar imperiosamente la Memoria, la memoria colectiva de un pasado que fue brutalmente destruido por unos salvajes militares, apoyados por una Iglesia intolerante, y los sectores más conservadores de los estamentos sociales. Una memoria que hemos de recuperar si creemos que otro sistema es posible, que otra economía es posible, que otro sistema de valores es posible. Pero desgraciadamente, la única memoria que queda viva hoy día es la de ese cruel dictador y sus secuaces, ya que mediante una presencia institucional y pública de monumentos, símbología, nombres de calles, nombres de pueblos y reconocimientos públicos, la memoria de la dictadura perdura en nuestra sociedad. Por no hablar de la falta de voluntad política para llevar la verdad, la justicia y la reparación a todos los familiares de las víctimas de aquél horrible genocidio. Una falta de voluntad política auspiciada, sobre todo, por la presencia, aún mayoritaria en las instituciones públicas, de personajes procedentes de la antigua Alianza Popular (partido fundado por Manuel Fraga, ministro franquista), que luego fuera Partido Popular, con cuya denominación llega hasta nuestros días. La más reciente escisión por su derecha ha sido la formación política VOX, pero podemos afirmar que desde la desaparición de la antigua Fuerza Nueva de Blas Piñar, todo el arco político y social de la derecha (desde la más suave hasta la más extrema) se agrupa en torno al PP. Por eso en nuestro país, a diferencia de muchos países europeos, no existen más partidos de extrema derecha, pues todos están alineados en torno al PP. Ellos son los herederos del franquismo, ellos son los que se niegan a condenar de manera firme la dictadura, y ellos son los que se niegan a cumplir todos los mandatos de la actual Ley de Memoria Histórica. 

 

Porque en efecto, tal como nos recuerda este artículo de Xavier Caño Tamayo, el programa político inicial de Alianza Popular recogía la unidad de la patria, el orden público, la prevalencia de la familia tradicional, la Monarquía, la libre empresa (así es como llamaban al salvaje capitalismo), la educación en manos de la Iglesia Católica, y la moral sexual reprimida (incluyendo la homofobia, por supuesto). Pero dado el obligado carácter "aperturista" (un disfraz de aperturismo) de la Transición, su fundador Manuel Fraga impulsó un intenso maquillaje del anacrónico ideario de AP, y así, en un Congreso de refundación de 1989, Alianza Popular pasó a llamarse Partido Popular. Pero seguían los mismos perros, los mismos ladridos, aunque con diferentes collares. Unos collares que aparentaban ser más modernos, pero que obedecían al más rancio conservadurismo de siempre. Pero poca gente recuerda que mucho antes, en octubre de 1976, el acto fundacional de Alianza Popular finalizó con todos los asistentes al mismo coreando gritos de "¡Franco! ¡Franco! ¡Franco!". Sin más comentarios. ¿Esclarecedor, quizás? Según el Derecho Internacional y la legalidad emanada de la ONU, el franquismo fue ilegal por alzarse en armas contra el gobierno legítimo de la República. Concretamente, la Resolución 39 (I) de Naciones Unidas de 9 de febrero de 1946, aprobada por unanimidad por la Asamblea General, afirma que el régimen de Franco fue impuesto por la fuerza de las armas al pueblo español. Según la ONU, el franquismo cometió crímenes contra la paz, crímenes de guerra y de lesa humanidad. El catálogo del genocidio se cumple al completo. Y según la Resolución de la ONU de 2 de octubre de 1997, el franquismo violó sistemáticamente los derechos de las víctimas de la represión y de sus familiares. Pero aún hay más. El 17 de marzo de 2006 la Comisión Permanente del Consejo de Europa aprobó unánimemente la condena de la dictadura franquista por "múltiples y graves violaciones" de los derechos humanos perpetradas en España desde 1939 hasta 1975. La condena reconoce que "hay pruebas suficientes de graves y numerosas violaciones de Derechos Humanos, cometidos por el régimen franquista, y asumir el pasado no es sólo retirar símbolos de la dictadura de lugares públicos. Ha de haber un juicio del régimen franquista que desemboque en una condena sin ambigüedad". Así de claro. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 febrero 2017 2 21 /02 /febrero /2017 00:00
Fuente Viñeta: El Blog de Julián (http://jsmutxamel.blogspot.com.es/)

Fuente Viñeta: El Blog de Julián (http://jsmutxamel.blogspot.com.es/)

Cada vez que un colectivo "privilegiado" pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos

Isaac Rosa

Desde hace varios días está en primera página informativa el conflicto laboral de los estibadores portuarios, en los cuales han puesto la nueva diana neoliberal, y los han situado como el próximo objetivo a abatir. La estrategia es la de siempre: poniendo como referencia los propios marcos de actuación de la Unión Europea (el Ministro de Fomento declaraba a los medios que "estamos atados de pies y manos", aunque luego bien que se llenan la boca hablando de la "soberanía nacional"), y bajo los vacíos eslóganes de "hacer nuestros puertos más competitivos", se trata de un nuevo ataque a este colectivo, con la intención de degradar y precarizar el trabajo, reducir los salarios hasta en un 60%, convirtiendo dicho sector, al igual que ya han hecho con otros muchos, en un sector precarizado y "liberalizado" (eufemismo bajo el cual se esconde una terrible estrategia de perversos efectos). Y también al igual que otras veces, el mantra que se jalea para poner a la población alienada, desinformada y sin conciencia de clase en contra de estos trabajadores, es afirmar de ellos que son "unos privilegiados". Ha ocurrido sobre todo con los colectivos de empleados públicos (funcionarios de las diversas Administraciones, pero también profesores, médicos, y un largo etcétera de profesionales, que han tenido que sufrir en sus carnes la estigmatización de ser tachados de "parásitos", "vagos" o "privilegiados", entre otras lindezas).

 

Como decíamos anteriormente, no es el primer colectivo que sufre el feroz ataque de la estrategia neoliberal. Antes fueron los maquinistas de Renfe, los basureros, los examinadores de Tráfico, el personal de tierra de Iberia, los controladores aéreos, el sector de los transportes públicos metropolitanos, el personal de Metro, los mineros, los profesionales de la sanidad, y los trabajadores de algunas grandes empresas, tales como los de Panrico, Coca-Cola o Movistar, entre otros muchos. Todos ellos eran, para las respectivas patronales y las Administraciones públicas implicadas, unos "privilegiados". Sufrimos, bajo la excusa de la crisis económica y el hostigamiento permanente de Bruselas, un acoso laboral hacia todos los grandes sectores económicos del país, que pretende siempre los mismos objetivos: acabar con la fuerza sindical, desmantelar los derechos adquiridos mediante tantos años de lucha obrera, precarizar el trabajo, realizar despidos masivos mientras se lleva a cabo una escandalosa transferencia hacia el gran capital que controla estas empresas, y deslocalizar sedes hacia otras localizaciones más baratas en cuanto a costes laborales se refiere. Todo ello lo adornan bajo la falacia de la "liberalización", y cuando los/as trabajadores/as se oponen a todos esos estropicios, amenazando con la huelga, el gran capital difunde claras campañas de desprestigio hacia estos colectivos, para trasladar el mensaje a la ciudadanía que son los trabajadores los que son unos intransigentes, unos privilegiados y unos insolidarios, además de unos egoístas a los que no les importa maltratar a la ciudadanía mediante sus huelgas salvajes. 

 

La subliminal estrategia para desprestigiar a cualquier colectivo laboral que oponga resistencia a la deriva privatizadora (perdón, quisimos decir "liberalizadora") ha sido descrita magistralmente por Isacc Rosa en este artículo para eldiario.es, al cual nos remitimos. Básicamente, y lo podemos comprobar fehacientemente para cada caso que hemos relatado, dicha estrategia de acoso y derribo consiste en anunciar sus planes bajo diversos eufemismos ("externalización", "liberalización"), siempre por imperativo europeo (unos imperativos que esta gentuza de la derecha se apresura a cumplir de forma entusiasta, todo lo contrario que cuando la Comisión Europea o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos les conmina a cumplir alguna sentencia que vaya en contra de sus intereses, tales como las que se refieren a las torturas policiales, a la derogación de la Ley de Amnistía, o al cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, entre otras), y lo adornamos con algunos falsos mantras hipócritas y deleznables, tales como el de la "modernización" del sector, la "creación de empleo", o el "incremento de la competitividad". Cuando el sector laboral en cuestión se resiste, como ahora está ocurriendo con los estibadores portuarios, comienza la campaña de desprestigio hacia ellos (anunciando sueldos escandalosos que normalmente nunca son ciertos, hablando de condiciones laborales privilegiadas, y demonizándolos por organizar huelgas "salvajes" tomando como "rehenes" a la población). 

 

La estrategia de desprestigio finaliza haciendo campañas contra los sindicatos y los convenios colectivos (que son "inflexibles" en la negociación), y con acusaciones de dañar "un sector estratégico" de la economía española, como ya ha ocurrido otras tantas veces. Y así, poco a poco, paso a paso, bajo la inacción (incluso la complicidad) de la ciudadanía que se deja convencer por estos indecentes mensajes, la deriva neoliberal va acabando con toda resistencia a sus objetivos. No se cuenta la verdad: la verdad es que Europa tiene los mismos intereses que la derecha local, la verdad es que los trabajadores y trabajadoras no son privilegiados, sino obreros que han conseguido condiciones laborales dignas gracias a muchos años de lucha sindical, la verdad es que las empresas públicas (o privadas) que se desmantelan son rentables (y por tanto su desmantelamiento obedece a otros objetivos de transferencia de riqueza hacia el gran capital), y la verdad es que lo que se busca con estos ataques a ciertos colectivos, profesionales y empresas es únicamente degradar las condiciones laborales, disminuir la fuerza de la clase trabajadora, abaratar costes laborales, y precarizar el sector, reconvirtiendo (como ya han conseguido en muchos otros sectores) los empleos garantistas, decentes y estables, con derechos y protección social, en empleos basura, con condiciones abusivas, y con escasa o nula protección social. La verdad es que esa "liberalización" que propugnan sólo les beneficia a ellos, al gran capital, a las grandes empresas, a las patronales del sector, contribuyendo a la desigualdad y a la desprotección de los trabajadores. Esa es la verdad. 

 

El objetivo último es que quede la menor fuerza laboral digna posible, y para ello también azuzan las banderas del "emprendimiento" (para que todos nos hagamos empresarios, autoexplotándonos a nosotros mismos), y fomentan los criminales valores del capitalismo, tales como el egoísmo, la envidia, la insolidaridad o la competitividad, dislocando la tradicional conciencia de clase obrera, para que todo el proceso ofrezca la menor resistencia posible. Todos los pasos de la política económica neoliberal van enfocados a conseguir todos estos objetivos. Y en toda esta consecución ayudan mucho los medios de comunicación dominantes, esos que se alinean sin fisuras con el gran capital, que son los primeros en lanzar artículos, reportajes y editoriales para convencernos de lo "malos", "egoístas", "insolidarios" y "salvajes" que son los/as trabajadores/as, denunciando sus escadalosos "privilegios", y encabezando la campaña de desprestigio hacia ellos. Absolutamente escandaloso. No podemos dejarnos engañar. Ayer fueron los funcionarios, los controladores aéreos, o los mineros. Hoy son los estibadores...¿Quiénes vendrán mañana? Si no sabemos como clase obrera cuál es nuestro sitio, cuáles son nuestros valores y quiénes nuestros enemigos, difícilmente ganaremos esta lucha. No hacemos más que darle la razón a Warren Buffet cuando aseguró, con toda lógica: "¡Claro que hay una lucha de clases! Y es la mía, la de los ricos, la que va ganando". ¿Les dejamos seguir ganando, o reaccionamos de una vez?

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20 febrero 2017 1 20 /02 /febrero /2017 00:00
Por la senda del Pacifismo (38)

No existe una bandera lo suficientemente grande para cubrir la vergüenza de matar a gente inocente

Howard Zinn

El propio concepto de Terrorismo no es abordado desde el mismo punto de vista, ni obedece a ninguna definición aceptada globalmente, tal como afirma el ex Relator Especial de la ONU para ese ámbito, en esta entrevista para el medio Red Voltaire, a la que nos remitimos. Su respuesta es muy clara en este sentido: "Está bien claro que en muchísimos países el concepto de terrorismo se utiliza para respaldar intereses políticos mediante la estigmatización de sus opositores, y ello toma muchas formas; una de ellas incluye actos de terrorismo aislados e individuales que el gobierno utiliza para marcar a amplios grupos u organizaciones, movimientos políticos, grupos étnicos como terroristas sin basamento alguno. Esa es una forma, y otra forma es aquélla en que un gobierno simplemente trata de neutralizar a sus opositores al llamarlos terroristas, aunque jamás hayan llevado a cabo un acto de terrorismo. Esos dos casos se refieren al abuso generalizado del concepto de terrorismo". Porque en efecto, el concepto y la aplicación del término "Terrorismo" se aplica a muchos y diferentes ámbitos, y no todos ellos sobre la misma base conceptual. Muchas veces el término se aplica interesadamente, acudiendo a una falaz asignación que nada tiene que ver con las actividades de la organización o el colectivo en sí mismo. Nosotros ya hicimos una clasificación en uno de nuestros artículos, al que remito a los lectores y lectoras que no lo hayan leído. 

 

El caso es que al existir muchas aplicaciones y conceptos incluidos bajo el gran término "Terrorismo", y no existir un gran consenso mundial en torno al mismo, ello provoca frecuentemente que el concepto se banalice, se tergiverse o se aplique indiscriminadamente de forma sesgada, equívoca e interesada. Desde este punto de vista, aceptar que existe una "Guerra Global contra el Terrorismo", como Estados Unidos y sus países aliados, se empeñan en difundir, es una alusión a algo realmente inexistente, y que únicamente entra en los planes imperialistas de la gran potencia estadounidense. Como estamos exponiendo desde múltiples puntos de vista en esta serie de artículos, los conflictos armados obedecen siempre a unas causas últimas, a unos motivos finales que los gobiernos y los medios de comunicación dominantes se empeñan en esconder. Puede que haya situaciones temporales donde la guerra contra grupos terroristas esté en correspondencia con lo que se llama conflicto armado, según las Convenciones de Ginebra y sus protocolos, independientemente de que estemos hablando de un conflicto armado internacional. Pero los conflictos armados no obedecen a ninguna estrategia planetaria sobre "guerra global contra el terror", que no es más que una opinión infantil y reduccionista de la situación de belicismo internacional y del perverso panorama de cruce de intereses estratégicos y geopolíticos que las diversas naciones enfrentan. Nos quieren inducir a pensar que existe algo así como un ejército global en la sombra, dispuesto a acabar con nuestra civilización, y al que hay que eliminar a toda costa. Nada más lejos de la realidad. 

 

Y como venimos explicando, nuestra hipocresía occidental está detrás de todas estas interpretaciones interesadas del terrorismo, comenzando por no reconocer nuestra siniestra participación en los diversos conflictos bélicos, echando (por acción u omisión, ésta última bañada con un falso barniz de neutralidad) más leña al fuego, a un fuego que ya resulta abrasador, y que amenaza con convertirse en una nueva conflagración mundial. Occidente representa la doble moral en lo relativo al respeto al Derecho Internacional, y a los Derechos Humanos, expresados y reconocidos en los múltiples foros y tratados suscritos por los diversos países europeos. Ahí tenemos el ejemplo del Reino Unido (ahora bajo el mandato de la Primera Ministra Theresa May), que lo mismo defiende el criminal sionismo de Israel, que al wahabismo de Arabia Saudí, que mira para otro lado cuando se habla de la agresión a Siria, que se niega a criticar las decisiones del gobierno estadounidense (del cual ha sido siempre su más fiel perrito faldero), en su papel de violador de los acuerdos nucleares del G5+1 con Irán y los compromisos asumidos al respecto. Reino Unido siempre ha desempeñado, sobre todo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el papel de simple apéndice de las posturas bélicas avalados por su gran primo estadounidense. Un simple y cobarde peón del tablero, a la hora de decidir su participación en los diversos frentes en conflicto bélico, aunque ello implique, como implica, la muerte de millones de seres humanos, y el éxodo masivo de otros tantos, por ver satisfechos sus intereses políticos, económicos y geoestratégicos. 

 

Mientras, en el otro bando, en el bando del sufrimiento y de la dignidad de sus pueblos, tenemos que hablar de Palestina, del Sáhara Occidental (ambos serán objeto de un estudio más pormenorizado en próximas series de artículos), de Siria, de Irak, de Yemen o de Bahréin. Auténticos espejos de la resistencia ciudadana, ante los indiscriminados ataques de las potencias implicadas, que no son otras que los ya descritos en múltiples ocasiones: Washington, Londres, París, Berlín, Roma, Ankara, Tel Aviv, Amman, o Riad, entre otros. Por su parte, la crisis y el caos en Libia no tienen la más mínima intención de disminuir, sino más bien al contrario, va camino de balcanizar totalmente al país, de forma que termine siendo despedazado y repartido en trozos entre los grandes "actores" occidentales, y sus grandes compañías transnacionales. Y todo ello bajo la extensión de las maléficas corrientes de pensamiento patrocinadas por el wahabismo, el sionismo y los intereses hegemónicos occidentales. A todos ellos tenemos que unir los conflictos en Somalia, Eritrea, Sudán del Sur, República Democrática del Congo (una guerra civil que dura ya más de 20 años, y que ha dejado más de cuatro millones de muertos), así como los países amenazados por el grupo terrorista Boko Haram, tales como Nigeria, Níger, Chad y Camerún. Para finalizar el repaso sobre los escenarios bélicos o en inminente o latente conflicto a nivel internacional, hemos de incluir también la zona del Mar Meridional de China, objeto de disputa entre la gran potencia asiática y los Estados Unidos. El gobierno estadounidense se opone a las reivindicaciones territoriales de China, con relación a la disputa de las islas Senkaku con Japón (otro aliado histórico de EE.UU.), situadas en el triángulo definido entre el nordeste de Taiwán, el este de China y el sudoeste de Okinawa. 

 

Son islas que China reconoce como suyas, por lo cual ha instalado un sistema de defensa y monitorización por radar. Esta disputa en el Mar Meridional de China representa un escenario de fuerte tensión y de constante amenaza, en una de las zonas navegables con mayor tránsito internacional, con riquezas naturales variadas en recursos pesqueros, y reservas de gas y de petróleo, que la convierten en zona de conquista por sus elevados atractivos, y que delimita un conflicto bélico muy probable a medio plazo, si no hacemos que impere la cordura y la sensatez, manifestadas en la senda del pacifismo, la negociación y la cooperación. Han de abrirse vías de negociación políticas y diplomáticas, que encaucen los conflictos de forma definitiva, en lugar de aumentar constantemente la tensión con acciones unilaterales. Pero para ello, sería absolutamente preciso que la comunidad internacional dispusiese de algún foro totalmente democrático (en vez de la actual ONU, que necesita una urgente y profunda reforma, que trataremos en su bloque temático correspondiente) y cuyas resoluciones gozaran de mecanismos de obligado cumplimiento por todas las partes, cosa que ahora, desgraciadamente, no ocurre, y así los conflictos están servidos. Como vemos, la senda del Pacifismo no es un camino de rosas, pero tampoco es un ideal absurdo y rocambolesco, o un simple ideal buenista manifestado por cuatro mentes disparatadas. La senda del Pacifismo es una imperiosa necesidad, un objetivo absolutamente imprescindible, pero pasa, como estamos viendo, por adoptar cambios de actitud absolutamente radicales, y entender la política pacifista como un camino permanente a recorrer, instando con todas nuestras fuerzas al resto de la comunidad internacional a que la siga. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 febrero 2017 5 17 /02 /febrero /2017 00:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

Para garantizar la protección de las personas más pobres necesitamos intervenciones públicas valientes que, guiadas por el objetivo de construir un mundo más justo y equitativo, hagan frente a las verdaderas causas de la crisis

Oxfam Intermón (Documento "La Trampa de la austeridad")

En el último artículo de la serie comenzamos a rebatir algunos de los argumentos que "disculpan" y justifican la desigualdad, apoyándonos en este artículo del economista Luis Molina Temboury. Continuaremos por el argumento que dice que "La pobreza se está erradicando". Bien, es cierto que algunos países, de forma aislada, precisamente a raíz de tomar el poder fuerzas políticas de ideario socialista (como Cuba o Venezuela), han conseguido eliminar bastante, incluso erradicar, la pobreza extrema, e incluso (casi) universalizar los derechos humanos a la educación o a la sanidad. Pero tal como explica Molina Temboury, a primeros del actual milenio las cifras de hambre en el mundo eran tan escandalosas que los líderes mundiales decidieron tomar cartas en el asunto. Como referencia se estableció que la pobreza extrema significaba ingresar menos de 1,25 dólares al día. En 1990, 1.900 millones de personas ingresaban menos de esa cifra. Y hoy día, más de 25 años después, algunos celebran que la pobreza se haya reducido porque muchas personas hayan superado ese ridículo umbral en pocos céntimos. La verdad es que el hambre y la pobreza, a nivel global, siguen siendo vergonzantes. La pobreza relativa, creciente desde la adopción de políticas neoliberales, se ha disparado con la crisis. Y la desigualdad patrimonial, en la que insistíamos en el artículo anterior, sigue progresando. Hemos establecido "lo que se debe tener" como mínimo (que tras 25 años todavía no se cumple), pero aún no hemos establecido un tope a "lo que se puede tener".

 

En esa misma línea, tenemos el argumento que dice que "La desigualdad será un problema en los países pobres, pero no aquí". De nuevo, se equivoca del todo el sentido del término, y se minusvalora la incidencia social del mismo. La desigualdad es un problema en todas partes del mundo, en todas. Lo es en la India, en África, en Oriente y en Occidente, en Europa y en Estados Unidos. Lo único que cambia son los raseros y las consecuencias de sus efectos. En los países ricos, ser pobre significa tener que comer y vestir de la caridad, pero también significa ser obeso por problemas de malnutrición, pasar frío en invierno, no tener la oportunidad de estudiar, o sufrir desprecio, miedo o violencia social. Solemos asociar la imagen de la pobreza únicamente a esos negritos que aparecen escuálidos en las imágenes de algunos países del África subsahariana, pero en otras partes del mundo, la pobreza también se manifiesta en las injusticias, la marginación, el autoritarismo, la exclusión social, la xenofobia, etc. Por su parte, tenemos también el argumento que aboga por que "Siempre ha existido desigualdad, y ahora estamos mejor que en el pasado". Yo lo llamo el argumento "constatador". Suelen hacerlo las personas que quieren dar un argumento elegante, pero sin mezclarse en el asunto. Los argumentos "constatadores" se limitan a indicar hechos, pero no a implicarse en sus verdades. Por ejemplo, una variante del mismo es aquél que dice (muy esgrimido por los esbirros de la derecha) que "De todas las crisis se ha salido aumentando las desigualdades". Lo cierto es que si todos aludiéramos a los argumentos "constatadores", el mundo nunca habría evolucionado. Los argumentos de este tipo no nos convencen a los que, como el Che Guevara, nos conmociona ver las injusticias sociales. 

 

Bien, ¿cuál sería la respuesta para dicho argumento "constatador"? Pues es muy fácil: que algo relativo siga ocurriendo (lo podemos extrapolar al machismo, por ejemplo) no disculpa la inacción, y pobre consuelo es compararse con lo peor. De hecho, estamos peor que cuando ocurrían las hambrunas del pasado, porque entonces no había suficiente comida para todos. En pleno siglo XXI, está demostrado que existen recursos alimenticios, tierra y semillas para alimentar a más población de la que habitamos este planeta. Por otra parte, se tira la comida en el mundo occidental, mientras muchos pasan hambre en otras partes del mundo. Por tanto, la situación no es "mejor" que antes. El hambre y la desigualdad de hoy son especialmente sangrantes, porque está empíricamente demostrado que son perfectamente evitables. Otra cosa es que no exista voluntad política para implementar las medidas que resolverían el problema. Bien, tenemos también el famoso argumento "economicista", que puede enunciarse como "Centrémonos en el crecimiento, que la desigualdad, si fuese un problema, ya se resolverá". Esto del "crecimiento económico", que repiten como un papagayo la gentuza de la derecha política, social y mediática de nuestro país, es, de nuevo, otra falacia. Ese crecimiento económico no es ninguna solución, primero porque el planeta ya no lo soporta desde un punto de vista ecológico, y segundo, porque son los que avalan ese "crecimiento" los avalistas de la desigualdad, porque crecer para que una minoría acapare de forma escandalosa los beneficios de ese crecimiento no hace sino seguir disparando las desigualdades. Un crecimiento justo y sensato, de entrada, debiera poner freno y límite a la acumulación constante de patrimonio, como ya hemos comentado más arriba. 

 

Vamos a continuar con los argumentos que Molina Temboury clasifica dentro de los que exaltan y legitiman el poder de los más ricos, demonizando a su vez a los pobres. Primero tenemos el argumento que nos dice que "Los más grandes ricos han conseguido lo que todos deseamos". Se parte de entrada de una extravagante presunción (lo mismo se aplica a la corrupción), porque se parte de la premisa (equivocada) de que todos deseamos enriquecernos de forma desmesurada, cosa que no es tal. En el fondo, es una forma encubierta de legitimar el sucio y perverso capitalismo. Pero en realidad, la gente, también en el "civilizado" Occidente, lo que desea es poder cubrir sus necesidades. Molina Temboury argumenta que si se pregunta a las mujeres pobres de África qué desearían, es probable que contesten que una cabra para que sus hijos tomen leche todos los días, antes que mucho dinero, una casa estupenda, lujosos coches o joyas. Sin embargo, no parece que fuera eso lo que necesitaban los Consejeros de Caja Madrid implicados en el escándalo de las Tarjetas Black. Las necesidades mínimas a las que todo el mundo debe poder acceder son las que un sistema globalizado de derechos humanos debe garantizar, porque el resto son necesidades relativas. Y así, bajo un sistema que premia la ambición infinita, algunos predican que todos aspiramos a ser los ricos más ricos, pero no es cierto. Los que lo desean, de hecho, son ya víctimas terminales de ese cáncer que es el capitalismo. 

 

Por su parte, hay quien arguye directamente que "Los grandes ricos son los mejores, los héroes de nuestro tiempo". Eso ocurre (ya lo explicamos en el primer gran bloque temático de esta serie de artículos, dedicado a los ricos y su poder) porque el sistema legitima la visión positiva que hemos de tener hacia los ricos, constituyendo éstos auténticos referentes en cuanto a nuestras metas sociales, nuestros objetivos y nuestros modos de vida. Sin embargo, ya vimos entonces que lo que una sociedad justa debe hacer es recortar ese tremendo poder de los ricos, y poner límites a su riqueza y a su patrimonio, precisamente para poder garantizar globalmente que todos satisfacen sus necesidades mínimas. Pues bien, otro típico argumento (éste también muy difundido entre los empresarios) es que "los grandes ricos son paladines creadores de riqueza y empleo". De nuevo, se trata de otra manipulación del pensamiento dominante. Lo que no dicen es que muchos de los grandes ricos incrementan sus fortunas pagando salarios de miseria en países pobres, hacia los cuales han deslocalizado previamente sus empresas. Otros muchos apostando al casino financiero, a menudo con ventaja. Lo que no dicen es que muchos de los negocios de estos grandes ricos son auténticos peligros para la humanidad, para el medio ambiente, para los animales, para las tribus indígenas. Son negocios nefastos, como el petrolero o el armamentístico, que degradan la naturaleza o envilecen a la sociedad. Tampoco se dice que la inmensa mayoría de los grandes ricos han heredado sus fortunas. Como vemos, no es oro todo lo que reluce. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 febrero 2017 4 16 /02 /febrero /2017 00:00
Viñeta: Moro

Viñeta: Moro

La "revolución de colores" que parece gestarse en Estados Unidos, en reacción a la llegada al poder de Donald Trump y su equipo de multimillonarios, quizás sirva como detonante para que la ciudadanía de todo el continente americano se subleve contra la evidente incompetencia de políticos y burócratas en los que hemos infructuosamente delegado por décadas la solución de emergencias planetarias, como el calentamiento global, la pobreza, la desigualdad o las armas nucleares

Julio César Centeno

Trump es producto de una cultura popular lobotomizada que basa su miedo a los musulmanes en películas propagandísticas de flagrante islamofobia como True Lies, de Arnold Schwarzenegger, y Aladino, de Disney, más que en un compromiso razonado a partir de las pruebas disponibles

Anthony DiMaggio

Hoy día no hay campos de concentración, ni en Europa ni en Estados Unidos; pero poco falta para ello. De alguna manera, esa exclusión de corte nazi ya comenzó. Donald Trump, así como lo hizo Hitler en su momento, encarna esa misión redentora, purificadora: su lenguaje xenofóbico, racista, ultranacionalista, quasi paranoico en algún sentido, rescata lo que una clase trabajadora golpeada quiere oír. “¡Fuera inmigrantes!” es la consigna

Marcelo Colussi

[Donald Trump] Es el rostro grotesco de una democracia que se viene abajo. Trump y su círculo de multimillonarios, generales, imbéciles, fascistas cristianos, criminales, racistas y anormales desempeñan el papel que desempeñaba el clan Snopes en algunas de las novelas de William Faulkner (...) Encarnan la corrupción moral provocada por el capitalismo desenfrenado

Chris Hedges

La engañosa y peligrosa frase "America First" fue repetida por Donald Trump en su discurso de toma de posesión. Nos proponemos desentrañar todo lo que se esconde detrás de ella. De entrada, no concilia muy bien su parte del discurso que aludía a "devolver el poder al pueblo americano", si nos fijamos en el perverso grupo que ha instalado en su Gabinete: multimillonarios, homófobos, fundamentalistas religiosos, altos mandos militares, grandes empresarios, y un largo etcétera de impresentables que no creo que estén por dicha labor. Más bien al contrario, todos ellos son perfectos representantes de esa élite que posee cada vez más poder a costa del pueblo, en este desenfrenado capitalismo que vivimos. Pero además de todo ello, las primeras medidas de Trump al frente de la Casa Blanca no se han hecho esperar, y responden al perfil de quien las toma: son medidas fascistas, racistas, crueles e inhumanas, frente a las cuales, no solamente algún juez federal, sino toda la comunidad internacional, debería habérsele echado encima. Porque, visto lo visto...¿cuál será la siguiente medida? ¿echar del país a cierto tipo de inmigrantes? ¿según qué criterios? ¿atendiendo a qué razones? Porque si se puede exigir un veto de entrada a ciudadanos/as de siete países musulmanes (aún no conocemos las razones de porqué son esos siete y no otros), también podrían establecer una serie de requisitos para los habitantes que ya residan en Estados Unidos. 

 

¿Cuál será por tanto el próximo veto en atención a la "seguridad nacional"? ¿Los ciudadanos/as que poseen una visa, o un permiso de residencia, o una doble nacionalidad, o los de origen musulmán, o estadounidenses de nacimiento que sean musulmanes, o latinos...? Trump representa claramente un peligro para la humanidad, pero no sólo por su ideología en sí misma, que no es más que la continuación de la ideología capitalista e imperialista llevada a cabo por USA prácticamente desde su fundación como país, sino por sus modos, sus formas y maneras, su idiosincrasia. Trump es un fanático imprevisible, y eso es exactamente lo que le vuelve peligroso. Trump es exactamente lo contrario a un buen dirigente político. No es inteligente. No es diplomático. No es carismático. No es pragmático. Más bien al contrario, es insolente, torpe, bravucón, provocador e ignorante. En poco más de dos semanas, ya se ha enemistado o ha levantado recelos en buena parte del mundo. Creemos que jamás se vio tanto estropicio de un gobernante recién llegado al poder como en el caso de Trump. Acusa al resto de países de no respetar a Estados Unidos, cuando es él el primero en no respetar a los demás: chulerías, fanfarronadas, bravuconerías por doquier, insultos, no hacen sino enturbiar un ambiente que debería ser, ante todo, cordial hacia el resto de países y dirigentes mundiales. Haciendo honor a la justicia, debemos reconocer que eso es una característica de Estados Unidos, pero Trump lo eleva a su quintaesencia. 

 

Trump ha reiterado públicamente, demostrando su supina ignorancia, que el calentamiento global no es más que "un fraude chino para minar la competitividad de los productos norteamericanos". Y entre sus primeras decisiones presidenciales, se encuentran la aprobación de los oleoductos Keystone XL y Dakota Access, éste último con los consabidos perjucios a la comunidad sioux de Standing Rock. Cuando Trump afirma que "en realidad, nadie sabe si el calentamiento global es real", tal como declaró a la cadena Fox News, está insultando tanto a la comunidad científica internacional como a la inteligencia de su propia ciudadanía. Porque como decimos, el hilo conductor de todas las políticas de Trump es la suprema ignorancia que posee. Desde la atalaya de multimillonario y gran empresario que es, piensa que ya puede abordar absolutamente cualquier tema sin preocuparse antes de haberse informado, escuchado y debatido con los expertos de toda índole. El peligro mundial que representa Donald Trump está derivado de su propia incultura, de su nula capacidad diplomática, de su incapacidad para abordar los grandes problemas, y de su profunda falta de empatía. Trump cree que aún sigue en su concurso televisivo (de hecho está presentando a sus cargos políticos como si se tratara de un reallity show), es decir, que sigue jugando a ser el hombre rico y poderoso, sin pararse a pensar que ahora ya no representa ese rol, sino que es el mandatario de la primera potencia mundial, y que sus decisiones pueden ser cruciales en muchos aspectos. Ni siquiera Estados Unidos se merece un Presidente tan ignorante, tan incapaz y tan fantoche. 

 

Y lógicamente, una persona de este perfil no puede más que entrar en la Casa Blanca como un elefante en una cacharrería. Se trata de un mandatario sin escrúpulos, que basa su mandato en el odio, con una agenda repleta de planes de atropellos contra los más débiles. Por todo ello, las resistencias populares y las protestas y manifestaciones serán constantes a lo largo de todo su mandato, dure lo que dure éste. Su gabinete alberga a un peligroso grupo de reaccionarios, empeñados en destruir la educación pública, anular el sistema sanitario, liquidar las directrices ambientalistas, y oprimir aún más a la clase trabajadora norteamericana. Sus más cercanos asesores responden al perfil más troglodita, gente profundamente conservadora, anti-abortista, anti-islamista, y partidarios del supremacismo racial blanco. El panorama es, pues, ciertamente deprimente. Trump respalda a las asociaciones que defienden la posesión de armas, y se ha declarado partidario de la tortura. Por su parte, las agresiones e insultos a China y a México se han sucedido casi todos los días. Y aunque en campaña había dicho que la OTAN era una organización "obsoleta", está exigiendo más financiación a sus socios europeos (lo ha hecho en la conversación con Mariano Rajoy), y aumentando los presupuestos para el Pentágono. Su carácter belicista es, pues, obvio. 

 

Pero entonces, volvamos a la cuestión que da título a este artículo...¿Qué significa "America First"? ¿Qué se esconde detrás de esa burda expresión? Es evidente que no se refiere a su población, a su ciudadanía, al pueblo norteamericano en su conjunto, que a Trump y a sus secuaces le importan un pimiento en adobo. ¿Pero es sólo racismo lo que le mueve? Pues parece que tampoco, ya que los cuatro países cuyos ciudadanos participaron en los atentados del 11-S (Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Líbano) no aparecen en la lista de países vetados por Trump. Esto demuestra que, incluso por encima del racismo, están los intereses políticos, económicos y estratégicos de USA. Por tanto, los vetos se dirigen contra los refugiados, los pobres, los olvidados, los más vulnerables. Pero todo ello se adorna bajo el mantra de la "seguridad nacional". Anthony DiMaggio, en su reciente artículo para el medio Counterpunch, traducido por Sinfo Fernández para el medio español Rebelion.org, lo explica en los siguientes términos: "De importancia directa con estas dos cláusulas de la Constitución está la declaración de Trump de que los cristianos sirios han sido "horriblemente tratados" por los gobiernos sirio y estadounidense, y su afirmación de que, con Obama: "Si eras musulmán, podías entrar, pero si eras cristiano, era casi imposible...Pensé que eso era muy, muy injusto. Por tanto, vamos a ayudarles". Esta preferencia anunciada para admitir a refugiados sirios basada exclusivamente en identidades religiosas, más que a causa de una amenaza terrorista demostrada y documentada, me hace pensar que es una flagrante violación de la cláusula de igualdad en la protección. Además, negar la entrada a una víctima de la guerra basándose simplemente en su identidad religiosa es una obvia infracción de la separación mandatada en la Primera Enmienda entre la iglesia y el Estado, sobre todo cuando Trump trata de distinguir la legitimidad de los refugiados dentro de un país simplemente a partir de su identidad religiosa". 

 

Es exactamente ahí donde creemos que está el epicentro de su decisión. El perverso establecimiento de ese filtro, sus consideraciones de preferencia religiosa nos delatan exactamente los fascistas esquemas mentales de este personaje. Porque si seguimos por ese camino, y aplicamos en diferentes capas la intolerencia que ha demostrado hacia las mujeres, los latinos, los musulmanes, etc....¿dónde llegamos? ¿Cuál es el final de ese peligroso trayecto? Al final, nos quedaremos con hombres, pero sólo con los hombres blancos, y además con los hombres blancos y católicos, llegando al estado de la creencia y defensa del supremacismo racial que Trump practica. Nosotros pensamos que la vena fascista de este personaje es la que al final va a mostrarse, de un modo u otro. Los modales de Trump y de su gabinete evolucionan en ese sentido, ya que no sólo son portadores de una ideología, sino también de un ideal donde el Estado despliega una estructura política-económica donde el poder público se amalgama con el poder privado (corporaciones, grandes empresas...), evolucionando hacia un régimen cleptocrático, donde la corrupción y el despotismo campan a sus anchas. Signos como la privatización del sector público, el rechazo a los fundamentos de la democracia, el ataque al sindicalismo y a todo tipo de asociaciones progresistas, el totalitarismo disfrazado bajo otros mantras, la obsesión por desprestigiar a la ciudadanía rebelde, el nacionalismo a ultranza, y la presencia de un líder absoluto, de carácter déspota, autoritario, y que despierta los más bajos instintos, el miedo y la ignorancia. 

 

Estos rasgos se unen a otros rasgos concretos, tales como la añoranza de un pasado que nunca existió (jamás fue grande Estados Unidos), el enaltecimiento de la violencia y de la agresividad, el culto a la ignorancia (denigrando y menospreciando a los científicos e intelectuales), lanzamiento de discursos de odio, con frecuentes referencias a minorías que suelen utilizarse como chivos expiatorios (los migrantes, o cualquier grupo étnico o religioso), o el esconderse bajo medios de comunicación ridículos (como Twitter), para evitar el debate y la serena y profunda reflexión. Tenemos por tanto muchos indicios para comenzar a pensar por dónde puede ir la política norteamericana, mientras esté al frente de la misma este indeseable magnate. Una vuelta más de tuerca al ya de por sí peligroso imperialismo, pero esta vez barnizado además bajo modos, formas y actitudes de corte autoritario. Su defensa por tanto del "America First" va en un sentido racista, supremacista y fascista. Hemos de impedir que se materialice y se extienda. Es de esperar que sea la propia sociedad norteamericana, planificándose y organizándose a través de su sociedad civil, la que sea capaz de canalizar el descontento y la resistencia hacia Trump a través de la formación de un contrapoder ciudadano y popular que pueda frenar y revertir sus terribles políticas. No sabemos cuánto tardará en ocurrir, ni qué medios y herramientas tendrá el magnate neoyorkino de su parte. Se abren inquietantes incógnitas, pues la ya de por sí siempre perversa política estadounidense ha dado un paso más allá, un aterrador paso con Donald Trump. 

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15 febrero 2017 3 15 /02 /febrero /2017 00:00
Fotografía: "Guernika" (Pablo Picasso)

Fotografía: "Guernika" (Pablo Picasso)

Sin memoria se diluye el pasado y el futuro no es más que una quimera. Con la memoria inactiva o vacía, todo es presente, una sucesión de impulsos para cubrir necesidades elementales que no tienen historia alguna

Armando B. Ginés

Los crímenes franquistas marcaron toda una época, una época deleznable, perversa, cuya página hay que pasar, pero pasar de verdad, leyéndola primero, asimilándola, y después, tomando las medidas oportunas para no volver a reproducirla jamás. La descripción de la sociedad franquista ha sido abordada por numerosos autores, y desde múltiples puntos de vista (muchos de los cuales los estamos citando en esta serie de artículos, y bebiendo de sus fuentes). Básicamente, todos ellos coinciden en que se trató de un período oscuro, triste, lúgubre, deprimente, carente de libertades, retrógrado en lo social, y falto del más mínimo respeto hacia la ciudadanía. Una sociedad totalitaria, consagrada a ensalzar los valores franquistas, donde una mínima desviación de los mismos conducía, en el mejor de los casos, a persecución y hostigamiento. Como decimos, muchos autores han escrito sobre dicho período, tanto desde el punto de vista político, como sociológico, como literario. Quizá en este último ámbito destaque Camilo José Cela, quien en su fantástica obra "La Colmena" (llevada al cine por Mario Camus en 1982) retrató como nadie el ambiente de la época: el "Diario Hablado" de Radio Nacional de España como único medio de comunicación, los estraperlistas, la pobreza de la gente, la miseria, la represión a los homosexuales, la nula atención a la cultura, la constante presión de la policía del régimen, el hambre, la escasez, las cartillas de racionamiento, los sitios de aprendizaje y "perfeccionamiento" de los bailes de salón, y en fin, la rutina constante de una sociedad castigada sin merecerlo. 

 

Pero por supuesto, los franquistas (tanto los de la época como los que aún defienden aquél perverso régimen) intentan desviar la atención tanto como pueden, y una de sus estrategias más empleadas (la citamos ya en el artículo anterior) es la equidistancia. Y así, intentan establecer un parangón (como si eso fuese justo y posible) entre los crímenes franquistas y otros, como por ejemplo los cometidos puntualmente en Paracuellos, o más actualmente, el terrorismo etarra. Floren Dimas escribió hace poco tiempo un artículo publicado en el medio Eco Republicano, exponiendo la execrable utilización de Paracuellos para impedir juzgar los crímenes del franquismo, es decir, situarse en la equidistancia, argumentando que la Ley de Amnistía también sirvió para que la Audiencia Nacional rechazara una querella de la Asociación de Familiares y Amigos de Víctimas del Genocidio de Paracuellos del Jarama. Tomamos pie a continuación en los datos y las argumentaciones que Floren Dimas recogía en su artículo, demostrando que no es justo ni racional establecer un parangón entre ambas manifestaciones criminales. Los crímenes de la localidad de Paracuellos del Jarama (1.800 víctimas derechistas, según el Profesor Javier Cervera Gil, máximo estudioso del tema) fueron también, efectivamente, crímenes contra la humanidad. Como ya sabemos, esa calificación obedece a los crímenes masivos dirigidos contra un sector de la población por motivos ideológicos. Pero a diferencia de los crímenes franquistas, los de Paracuellos no fueron crímenes patrocinados por ninguna institución republicana, sino al margen de ella, y en contra de su voluntad. 

 

Los autores fueron agentes soviéticos, con la complicidad de algunos dirigentes comunistas españoles. Ellos llevaron a cabo aquélla masacre. Los hechos ocurrieron en noviembre de 1936 en plena Batalla de Madrid, cuando el destino de la República pendía de un hilo, las instituciones republicanas estaban desorganizadas y con escaso control sobre lo que sucedía en el frente y en la retaguardia. No hubo ningún plan oficial de exterminio, ninguna decisión ni orden oficial expresa, y ninguna alta autoridad del Estado tenía conocimiento de aquéllos hechos, ni los autorizó. Fue la propia situación crítica de la guerra la que impidió actuar a la justicia republicana en la represión de aquéllos crímenes. Por tanto, intentar asemejar o comparar los crímenes de Paracuellos con los crímenes franquistas es un ejercicio de cinismo supremo. Por otra parte, ningún crimen ha sido más investigado ni más duramente reprimido en la Historia de España que los de Paracuellos. Estamos hablando de más de 100 gruesos legajos con decenas de miles de documentos instruidos en Causa General por varios Juzgados, que investigaron a los autores y a los encubridores, desde mucho antes de que acabase la guerra. Y finalizada ésta, un inmenso aparato judicial de investigación y represión se puso en marcha, saldándose con el fusilamiento de absolutamente todos los implicados en los hechos, los ejecutores, los cómplices, los instigadores y los encubridores. Ningún grado de implicación quedó impune. 

 

Tras la guerra fueron fusilados los alcaldes de Paracuellos y Usera, haciéndolos responsables de haber permitido a obreros de sus pueblos excavar las zanjas para las fosas comunes. Por otra parte, el franquismo reparó a todos los familiares de las víctimas de Paracuellos. En 1939 Franco les hizo un homenaje, y en 1940 ya tenían preparado su pequeño mausoleo. Desde entonces, cada año han habido misas, y han sido homenajeados. Además, las viudas de las víctimas y sus familias recibieron puestos en estancos y gasolineras, además de las correspondientes pensiones. Por tanto, los crímenes de Paracuellos ya fueron juzgados y reparados, y no pueden ponerse como excusa para impedir que se juzguen los crímenes franquistas, alegando la referida Ley de Amnistía de 1977. Y otro clásico ejemplo de doble vara de medir se refiere a los crímenes cometidos por el terrorismo etarra. ETA ha sido una organización terrorista con más de 40 años de historia, pero ahora ya está absolutamente desactivada, y hace varios años que ya ETA no mata. Pues bien, resulta que ante estos hechos, y en vez de hacer como ocurre en tantos otros países que han sufrido el azote del terrorismo, es decir, emprender una negociación con la banda ya desarticulada, y mediante una serie de observadores internacionales, proceder a negociar la paz, y alcanzar acuerdos que aseguren la paz definitiva y duradera (como acaba de ocurrir en Colombia, y hemos contado en este artículo), resulta que nuestros gobernantes del Partido Popular rechazan sistemáticamente cualquier posibilidad de hacerlo, y además ponen todos los palos en las ruedas para impedirlo (detenciones arbitrarias, política penitenciaria contra el enemigo, etc.). 

 

Y en todo caso, con relación a la posible equidistancia, nosotros nos preguntamos: ¿es que acaso son comparables las más de 800 víctimas del terrorismo etarra durante más de 40 años (sin ánimo de restarles importancia), con los millones de fusilados, torturados y represaliados por el franquismo? ¿Es que acaso pueden compararse? ¿Se pueden asemejar los crímenes concretos y puntuales de una banda terrorista, con el terrorismo de Estado practicado por una sangrienta dictadura fascista? ¿Nos podemos situar en la equidistancia? ¿Es ético este parangón? Nosotros pensamos que no, pensamos que son hechos absolutamente distintos desde todos los puntos de vista, y pensamos que cualquier intento de asimilación al respecto (como de hecho cualquier intento de asimilación de la Segunda República con el levantamiento militar, la Guerra Civil y la dictadura) entre ambos tipos de terrorismo es pretender instalar la injusticia histórica en nuestra sociedad. Ni los crímenes de Paracuellos, por muy terribles que fueran (que lo fueron), ni los asesinatos de la banda terrorista ETA pueden tener parangón con la brutal y salvaje represión de un Estado fascista que durante más de cuarenta años asesinó, exterminó, mató de hambre, exilió, torturó, secuestró (en el caso de los bebés) y represalió a millones de personas, para instalar su ideal totalitario. Cualquier intento de comparación es un insulto a la inteligencia de las víctimas y sus familiares. No juguemos con la memoria histórica, pues los efectos perniciosos que puede traernos dicho juego pueden pervivir durante generaciones. De hecho, ya ha ocurrido. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 febrero 2017 2 14 /02 /febrero /2017 00:00
¿Qué es el Manifiesto de Oviedo?

Llevamos desde 2010 soportando unos salvajes recortes económicos y de derechos. En el último año, el Gobierno, pese a estar en funciones, ha seguido aplicando la austeridad impuesta desde la UE, con especial saña hacia ayuntamientos, que son las corporaciones más cercanas a la población, y CCAA, encargadas de cubrir necesidades básicas como la educación o la sanidad, aunque son las Administraciones Públicas menos endeudadas (un 3,2% y un 24,9%, respectivamente, en comparación con el 88% de la Administración Central)

Fragmento del Manifiesto

En este caso vamos a hacernos eco del denominado Manifiesto de Oviedo, que dio lugar también a su propia web, y que reproduciremos al completo a continuación. El contexto es bien sencillo: ante el acoso por parte del Gobierno Central (del PP) al resto de Administraciones Públicas del Estado, en aras a reducir imperiosamente el déficit y la deuda de las mismas, representantes de estas Administraciones se rebelaron ante dicho acoso, publicando no sólo este Manifiesto, sino adhiriéndose y creando una red pública de apoyo y colaboración a un proyecto común de rebeldía y desobediencia hacia la austeridad, así como de auditoría de su deuda pública, para tomar las pertinentes medidas. Desde entonces, no sólo ha ido creciendo el apoyo popular y de cargos públicos a esta iniciativa, sino que además se han llevado a cabo numerosos encuentros, jornadas, debates y conferencias, donde han participado numerosos expertos (como Eric Toussaint, quizá el mayor experto mundial en el tema), y donde se han explicado y aunado las posibles iniciativas a llevar a cabo. Pues bien, el Manifiesto de Oviedo, que suscribimos en su totalidad, y cuyas actividades instamos  a seguir a nuestros/as lectores/as, dice lo siguiente: 

 

Nosotra/os, concejala/es, diputada/os, activistas y ciudadana/os, conscientes de la necesidad de un verdadero cambio en las políticas, desde municipales hasta estatales, rechazamos el endeudamiento ilegítimo y la austeridad que impiden garantizar derechos, servicios de calidad y la mejora de las condiciones de vida de nuestros pueblos.

Consideramos la modificación del Artículo 135 de la Constitución de 2011, la Ley de Estabilidad Presupuestaria y la ‘Ley Montoro’ de la Administración Local unas legislaciones profundamente injustas que se han impuesto sin legitimidad democrática. De hecho, la ‘Ley Montoro’ ha sido declarada parcialmente inconstitucional. La aplicación de estas normas socava la autonomía de ayuntamientos y gobiernos autonómicos y ataca los derechos de la ciudadanía.

La socialización de las pérdidas que supuso el rescate a la banca española -disparó la deuda y el déficit en 2012-, se sigue promoviendo con medidas como el Plan de Pago a Proveedores (FFPP) de los ayuntamientos o el Fondo de Liquidez Autonómico (FLA), que lejos de servir a los intereses generales, en realidad a quien ha servido es a los bancos, convirtiendo deuda comercial en deuda financiera y aplicando a las Administraciones Públicas unas tasas de interés abusivas hasta 26 veces superiores a las que el BCE aplica a las entidades financieras. Tanto en los ayuntamientos y comunidades sobreendeudados por obras faraónicas e inútiles, pelotazos urbanísticos, sobrefacturaciones, sobornos y todo tipo de corruptelas, como en administraciones en principio saneadas, el Plan de Pago a Proveedores y el FLA han inflado la deuda pública de manera ilegítima.

El Gobierno ha demostrado que cuando le interesa sí alivia la deuda. Así, en 2015, año electoral, el Gobierno de Rajoy eliminó los intereses que los municipios tenían que pagar a los bancos y los postergó al año siguiente, imponiendo incluso a los bancos una rebaja en los intereses durante siete años, reconociendo así que éstos eran claramente abusivos.

Llevamos desde 2010 soportando unos salvajes recortes económicos y de derechos. En el último año, el Gobierno, pese a estar en funciones, ha seguido aplicando la austeridad impuesta desde la UE, con especial saña hacia ayuntamientos, que son las corporaciones más cercanas a la población, y CCAA, encargadas de cubrir necesidades básicas como la educación o la sanidad, aunque son las Administraciones Públicas menos endeudadas (un 3,2% y un 24,9%, respectivamente, en comparación con el 88% de la Administración Central). El total de la deuda pública en el segundo trimestre de 2016 alcanzó el 101% del PIB, según el Banco de España, al 13 de octubre de 2016.

Por todo ello, exigimos:

Un cambio radical de la política de asfixia financiera aplicada por el Gobierno Central hacia ayuntamientos y Comunidades Autónomas (CCAA

La derogación de la reforma del Artículo 135 de la Constitución de 2011, la de la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera y la de la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local.

La devolución por parte de los bancos de los intereses abusivos cobrados.

El cese inmediato de los recortes y la austeridad, revirtiendo sus consecuencias, identificando a sus culpables e indemnizando a sus víctimas

Y nos comprometemos:

A apoyar la constitución de un frente formado por los municipios, las Comunidades Autónomas y las nacionalidades del Estado español que cuestione la deuda ilegítima y que trabaje para su anulación; un frente que permita romper el aislamiento y la fragmentación; un frente que permita tomar iniciativas para cambiar de manera favorable la correlación de fuerzas respecto al Gobierno; un frente donde los municipios fuertes brinden apoyo a los más débiles y más afectados por las deudas ilegítimas; un frente para tomar iniciativas y llevar a cabo acciones para liberarse del yugo de la deuda ilegítima y que permitan encontrar financiación legítima para garantizar a la ciudadanía el gozo de sus derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos.

Deben iniciarse procesos de auditorías con participación ciudadana de la deuda de nuestras Administraciones Públicas y reclamar la anulación de las deudas identificadas como ilegítimas que hayan favorecido al interés particular de una minoría privilegiada y en contra de los intereses de la/os ciudadana/os.

 

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13 febrero 2017 1 13 /02 /febrero /2017 00:00
Por la senda del Pacifismo (37)

Creo que junto con toda la comunidad internacional debemos condenar una política que no hace sino aumentar la tensión, una política que amenaza la integridad territorial de los Estados, una política de doble rasero cuando quienes hablan de determinados valores los pisotean ellos mismos. Estoy convencido de que solo así tendremos en el mundo más responsables políticos que luchen verdaderamente por la paz, en vez de solo hablar de la paz para enriquecerse vendiendo nuevos sistemas de armamento y militarizando tal o cual región

Petro Simonenko (Secretario General del Partido Comunista de Ucrania)

Los actos terroristas, en fin, que violentan la paz social occidental no son más que el fiel reflejo de nuestro fracaso como sociedad. Sociedades violentas (no aquí sólo en el sentido terrorista ni belicista, sino el pleno sentido, es decir, sociedad que trata mal a sus conciudadanos/as) que sólo pueden engendrar individuos violentos, en una perversa escalada que o somos capaces de reorientar, para que podamos detenerla, o acabará con todos nosotros. Pero en cambio, no se plantean cuestiones profundas, no se buscan las auténticas causas, no se buscan responsables. ¿No se hace porque no se sabe, o porque no se quiere saber? Claro que se sabe. El complejo militar-industrial, una gran pieza del sistema belicista de la que hablaremos profundamente en su momento, no ha hecho más que crecer desde la Guerra Fría, así como el volumen de las agencias estatales relativas a la seguridad. El historiador británico Perry Anderson, como recoge Grégoire Laliou en su artículo de referencia, nos recuerda que entre la época de Truman y la de Reagan, el personal de la presidencia fue multiplicado por diez. Los miembros del Consejo de Seguridad Nacional actual (más de 200 personas) son casi cuatro veces más que en los tiempos de Nixon, de Carter e incluso de Bush padre. La CIA, que se ha desarrollado de forma exponencial desde su creación en 1949 y cuyo presupuesto se ha multiplicado por más de 10 desde la época de Kennedy (4.000 millones de dólares en 1963 frente a 44.000 millones en 2005), y es de hecho un ejército privado a disposición del Presidente, cuya dimensión real permanece en secreto. 

 

La obsesión norteamericana por la seguridad es esquizoide, enfermiza, patológica, obsesiva, demencial, injustificada. La desaparición del clásico enemigo soviético no ha frenado la escalada armamentista, como hubiera sido lógico. La maquinaria siempre ha de estar bien engrasada, y es una maquinaria cada vez más compleja, cada vez más bestial. Fuerzas especiales presentes en más de 100 países de todo el mundo, un presupuesto militar superior (del orden de tres veces más como mínimo) al de todas las grandes potencias reunidas, dispositivos de infiltración, de espionaje, técnicas sofisticadas de informatización de datos, de vigilancia, un personal cada vez más especializado en dichas técnicas, y un conjunto de analistas civiles y militares cuya única misión es revisar, redefinir, desarrollar y actualizar los objetivos de la gran estrategia de seguridad nacional. ¿No parecería estar justificado que el resto de países, al menos, desconfiaran y pidieran explicaciones sobre tan ingente actividad secreta? ¿En qué se justifica todo ese despliegue? ¿Sufrimos tan reales e inmensas amenazas? ¿No parecería que estuviéramos preparándonos para luchar no con personas, sino con otro tipo de enemigos desconocidos y peligrosos? Todo muy absurdo. Las únicas amenazas son hombres y mujeres de carne y hueso, de todo el mundo, que se merecen no que hagan cosas por su país (como muy mezquinamente afirmara el Presidente Kennedy), sino que su país haga cosas por ellos. Que sean bien tratados, que sus derechos humanos sean absolutamente respetados, que sean cuidados y respetados, que vivan en paz en el pleno sentido de la palabra. 

 

Ese es exactamente el único engranaje que falla. Porque es el engranaje al que no le prestan atención, y en pos de subliminales amenazas de terceros países o razas "de naturaleza maligna", con sus diferentes religiones, se despliega todo ese arsenal, todo ese increíble y maléfico montaje. ¡Basta ya de tanta hipocresía! Pero claro, ahí están los halcones del Pentágono para justificar la creciente dotación presupuestaria para su complejo militar-industrial, recurriendo y apelando a razones y motivos de naturaleza ideológica, de superioridad moral de Occidente, de gendarme mundial (en el caso de Estados Unidos), y en todo caso, de tipo imperialista. ¡Dejemos de confundir y apelar a espurios motivos para ocultar la tremenda realidad! El complejo militar-industrial no tiene ninguna filosofía, ningún valor moral o ideológico. Existe sólo para crecer y crecer, cual peligroso e incontrolable monstruo, que tiene una necesidad desesperada de ser alimentado, de desplegar su poderío, de demostrar su fortaleza. Y así, Roland De Bodt finaliza y concluye su argumento en torno a la falacia del supuesto "choque de civilizaciones" en los siguientes términos: "...el choque de civilizaciones no es ni el descubrimiento de una ley intangible del Universo, ni el producto natural de la historia acumulada de los pueblos, ni el resultado demostrado de la investigación científica; el choque de civilizaciones es, después de la Segunda Guerra Mundial, el éxito más conseguido del pensamiento dominante y de la acción publicitaria en el mundo". 

 

Pero claro, ese monstruo necesita demostrar de algún modo la gran tarta de presupuesto que consume, y lógicamente, se emplea bien en demostrarlo. Aquí tenemos por ejemplo (traducido de un artículo de GlobalResearch) este magnífico compendio que nos hace el medio digital diario Octubre en este artículo, que pasamos a resumir. El titular ya da perfecta idea de la dimensión: "Estados Unidos ha matado a más de 20 millones de personas en 37 naciones desde la Segunda Guerra Mundial". A ver qué otro país del mundo iguala ese perverso ratio, ese indecente récord. Pensamos que ni siquiera el pueblo estadounidense es consciente de estas cifras. Prácticamente todas las partes del mundo han sido objeto de la intervención directa (invasiones, guerras, bombardeos, sanciones, etc.) o indirectas (negociaciones, injerencias, tramas, chantajes, presiones, etc.) de Estados Unidos. La lista es interminable, y esa lista continúa. La senda del pacifismo debe tener como uno de sus grandes objetivos detener esa lista: fomentar el respeto, el principio de no injerencia, el trato igualitario y democrático hacia todos los ciudadanos de los países, continentes y religiones que habitan nuestro planeta. Pero la senda del pacifismo no considera que esto sea una meta (al igual que no lo es la felicidad en el ser humano), sino que el pacifismo es una actitud, un cambio de rumbo, una nueva determinación, un nuevo enfoque, si de verdad queremos detener esta sinrazón y esta barbarie terrorista. La solución somos nosotros. Las poblaciones, los gobernantes, los líderes mundiales, que han de pensar y atacar la solución de los problemas desde otra índole, desde otras perspectivas, desde otros valores, desde otros objetivos. 

 

La solución somos nosotros mismos. El pacifismo es una filosofía de acción constante, de propagación constante. Hay que preguntarse hasta la extenuación la gran cuestión: ¿Por qué? Y preguntársela de forma recursiva, es decir, yendo al por qué del por qué, así hasta llegar a la causa real, última y definitiva de la cadena. Y todo ello hay que hacerlo sin prejuicios, sin sectarismos, sin demagogias, sin falacias, sin mentiras, sin otro interés que la senda pacifista. Basta ya de poner los buenos a un lado y los malos a otro, como de nuevo está volviendo a hacer (y esta vez, aún de forma más descarada) el mafioso norteamericano que han elegido como Presidente, Donald Trump. Se pretende así que aceptemos la guerra mundial contra el terrorismo como una santa cruzada, como un fin en sí mismo, como una liberación. Nada de eso tiene sentido. Detrás de toda esa insistente retórica se esconden intereses económicos, políticos, geoestratégicos y militares. Intereses imperialistas, en una palabra. Porque a pesar de que las guerras son la semilla que fomenta el odio, la venganza, el horror y el miedo, para ellas siempre hay dinero. En aras a la "seguridad nacional" se sacan fondos de donde sea. No ocurre lo mismo cuando se trata de controlar los activos financieros, de erradicar las hambrunas, de contribuir a la ayuda al desarrollo, o de garantizar los derechos humanos. Sin embargo, nuestros dirigentes se empeñan en seguir por este equivocado camino. Juegan con nuestros miedos, apelan a nuestra seguridad, nos instrumentalizan para justificar sus terribles prácticas. Continuaremos en siguientes entregas.

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10 febrero 2017 5 10 /02 /febrero /2017 00:00
Fotografía: http://hilodirecto.com.mx/

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En realidad, la austeridad funciona muy bien para lo que ha sido diseñada: transferir riqueza de abajo a arriba

Susan George (Presidenta de Honor de ATTAC)

Las consecuencias de la aplicación de estas perversas medidas de austeridad no sólo nos están llevando a la pobreza masiva y están disparando las desigualdades, sino que además perdurarán incluso mucho después de haber finalizado su período de aplicación. Desnivelar la desigualdad se puede provocar durante una legislatura, o un lustro, pero la vuelta a niveles previos, incluso mejorarlos, no se consigue tan rápidamente. El Instituto de Estudios Fiscales prevé que, por ejemplo, los niveles de pobreza en Reino Unido (país que no está en la Eurozona, pero que también se adscribió a las políticas de austeridad, incluso de forma más entusiasta que el resto de Europa) habrán aumentado entre 2,5 y 5 puntos porcentuales en 2020; es decir, aproximadamente 2,7 millones de personas más vivirán en la pobreza. Si las medidas de austeridad continúan aplicándose, para el año 2025, entre 15 y 25 millones más de ciudadanos/as europeos/as podrían verse sumidos/as en la pobreza, esto es, aproximadamente la población conjunta de Austria y los Países Bajos. En el mejor de los casos, los países más afectados por la austeridad se convertirán en los más desiguales del mundo occidental, y en el peor, se encontrarán entre los más desiguales de todo el mundo. Y las consecuencias, como fácilmente puede preverse, serán extremadamente nefastas. 

 

No será fácil, por tanto, si continuamos por este camino, que la población adulta de las generaciones actuales alcance los niveles de prosperidad que vivieron sus padres. Los  mercados laborales perderán su razón de ser a medida que las élites aumenten su participación en los ingresos. Cada vez más, los trabajadores lucharán por encontrar un empleo donde les paguen lo suficiente (o donde les contraten suficientes horas) como para salir de la pobreza. El elevado nivel de paro (sobre todo juvenil y de larga duración) excluirá a generaciones enteras, a las cuales el estallido de la crisis y su excusa capitalista, simplemente, les habrá destrozado la vida. Al fallar los mecanismos de protección y de justicia social de toda sociedad democrática que se precie, las clases populares y más vulnerables dependerán cada vez de los sistemas y organizaciones caritativas. Los servicios públicos se volverán cada vez más inaccesibles, perderán su universalidad y no se garantizará una mínima cohesión social. Gran parte de estos efectos los estamos padeciendo ya hoy día. Los recortes en los servicios públicos ocasionarán la pérdida de millones de puestos de trabajo. La reducción de presupuestos de sanidad y educación perpetuará la pobreza, ya que sólo quienes dispongan de mayores recursos económicos podrán permitirse acceder a ellos. Oxfam Intermón calcula que podría llevar entre 10 y 25 años recuperar los niveles de pobreza y desigualdad que existían en Europa antes de 2008. El panorama es, pues, ciertamente preocupante. 

 

La aplicación de estas medidas de austeridad, y sus efectos y consecuencias, están sentando las bases de sociedades profundamente desiguales. La retórica de las élites dominantes que las aplican nunca van a reconocer esto (enseguida vamos a recoger sus principales falaces argumentos), y continuarán adornando sus discursos con indecentes eufemismos, basados en una profunda tergiversación de la realidad social, que siempre intentarán ocultar. Las medidas de austeridad perpetuarán el poder y la riqueza de una élite minoritaria, y despojarán a millones de personas de sus oportunidades de futuro, y de su derecho a una vida digna. Pues bien, para exponer los argumentos típicos (auténticas patrañas, como vamos a ir desmontando) que las clases dominantes (y los más ignorantes de las clases dominadas) emiten en torno a este modelo que genera esta creciente desigualdad extrema, vamos a basarnos a continuación en un fantástico artículo escrito por Luis Molina Temboury, miembro de Economistas Frente a la Crisis, y publicado en su misma web oficial. Luis Molina distingue y rebate hasta un total de 39 argumentos (es decir, 39 falacias), y las agrupa en cuatro grandes bloques, a saber: A) las que se refieren al cuestionamiento o minimización de la desigualdad, B) las que llevan a cabo una exaltación de los ricos y una legitimación de su riqueza, demonizando a los pobres (para una exposición más profunda sobre los ricos y su poder remito a los lectores al primer bloque temático de esta serie de artículos, desde la entrega octava en adelante), C) las que se refieren a la justificación del capitalismo en relación a la economía, y D) las que abogan por el argumento de la "libertad" para justificar las desigualdades. Vamos a ir exponiéndolas a continuación. 

 

Tenemos en primer lugar la excusa que Luis Molina enuncia bajo la frase "¡Qué manía con la desigualdad! Tenemos otros muchos problemas en el mundo". Intenta desviar el foco de atención, correr un tupido velo sobre el problema, e incurren en dos falacias: minimizar las graves cifras de la desigualdad (cada vez más aberrantes, como nos señalan las ONG's que estudian el problema), y aislar el problema de la desigualdad, sin darse cuenta de que la desigualdad no finaliza en ella misma, sino que es origen y causa de esos otros "muchos problemas del mundo": la pobreza, el terrorismo, la miseria, las hambrunas, la falta de medicamentos, las injusticias, etc. Se intenta quitar hierro al hecho de que la desigualdad hoy día es extrema, exagerada, brutal, irracional y perversa. Y todo ello porque, como decimos, sólo el 0,004% de la población mundial controla las decisiones económicas del mundo. Visto así, sí parece un problema grave, ¿verdad? Otra excusa suele enunciarse bajo la forma "Otros datos muestran que la desigualdad no es tan exagerada". Eso es porque se compara a escala mundial, donde los países ricos tienen mayor riqueza absoluta y los países pobres mayor población, pero no hay país del mundo que se libre de la extrema desigualdad, ni siquiera los países nórdicos, con fama de ser los más avanzados del mundo. También se argumenta que "El reparto del patrimonio a nadie le importa si se dispone de rentas suficientes". Otra falacia más, ya que el hecho de que todos tuviéramos un nivel de rentas holgado (algo que no ocurre, por cierto, en nuestro país) no garantiza un modelo de sociedad cohesionada ni viable. La desigualdad patrimonial (las diferencias en cuanto a lo que se posee, no en cuanto a lo que se gana) tiene problemas asociados más allá del hambre y la pobreza, porque llega un momento en que las exageradas posesiones patrimoniales también van en detrimento del disfrute por todos de la riqueza pública nacional. 

 

Otro típico argumento de los justificadores de la desigualdad es el que dice: "La desigualdad no es un problema. Lo es la pobreza". Para empezar, a los que lo dicen les debe también importar la pobreza un pimiento en adobo. No se dan cuenta de que pobreza y riqueza, tal como explicábamos en las primeras entregas de esta serie, son dos caras de una misma moneda, la desigualdad, y que la una no se puede explicar sin la otra. Evidentemente, si no hubiese con quién compararse no existirían pobres ni ricos, pero también es evidente que la miseria y la desgracia de muchos es el efecto de la ambición ilimitada (y no controlada por el sistema) de unos pocos. Una variante de este argumento es el que podría enunciarse así: "Aunque la pobreza fuese consecuencia de la desigualdad, la pobreza es el problema urgente y prioritario que debemos abordar". Luis Molina contraargumenta aquí del siguiente modo: "Cuando las desigualdades son extremas y crecientes, ocuparse de las persistentes necesidades de abajo ignorando lo que ocurre por arriba es un esfuerzo estéril (...). Evitar la absorción patológica de la riqueza es imprescindible para prevenir la extensión de la pobreza". Así es, exactamente, ya que precisamente existen perentorias y básicas necesidades en los de abajo porque existen incontroladas ambiciones en los de arriba. Tenemos una prueba evidente ahora mismo: mientras el Gobierno rescatará con más de 5.000 millones de euros a unas cuantas desaprensivas empresas que se empeñaron en construir hace algunos años una serie de autopistas de peaje, en el Congreso de los Diputados, los grupos parlamentarios de PP y CIUDADANOS acaban de votar en contra de la aprobación de una Renta Mínima Vital para personas en paro sin prestaciones, argumentando, precisamente, que "no hay dinero". Estos son los criterios de nuestros lamentables políticos, fieles servidores de los de arriba. Continuaremos en siguientes entregas.

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9 febrero 2017 4 09 /02 /febrero /2017 00:00
Plataforma política de la Coordinación Europea por la salida del euro, de la Unión Europea y la OTAN

Consideramos que existe una "esencia" de esta "construcción" europea que se asienta sobre los valores y los intereses de las clases dominantes occidentales: europeísmo, atlantismo, capitalismo, autoritarismo. Tal sistema no puede cambiar esencialmente, no se puede mejorar desde dentro. La Unión Europea es, de hecho, un sistema sofisticado que busca construir una civilización mediante el mercado. La Unión Europea es un monstruoso sistema de dominación y alienación de los pueblos del cual es necesario emanciparse. Hay que desmontarlo y construir algo radicalmente nuevo: la cooperación de los pueblos de Europa y de las dos orillas del Mediterráneo

Fragmento de la Declaración

Nos hacemos eco, en el presente artículo, de la reciente declaración de la Plataforma Política de la Coordinación Europea por la salida del euro, de la Unión Europea y de la OTAN, cuyas principales organizaciones firmantes aparecen al final de la misma. Suscribimos totalmente la declaración, que reproducimos al completo a continuación, exhortando a su máxima difusión para el conocimiento de la inmensa mayoría social:

 

Varias organizaciones políticas progresistas de los países de la Unión Europea han adoptado la siguiente plataforma política a favor de la salida del euro, de la Unión Europea (UE) y la OTAN. 

 

Los firmantes, miembros de la coordinación europea, tienen por objetivo organizar un frente internacional a escala europea. Trabajan con el propósito de agrupar a todas las fuerzas progresistas y democráticas que defienden los intereses de las clases trabajadoras y populares, por la salida de la OTAN, de la Unión Europea y el euro, por la soberanía nacional de los pueblos, por la democracia y el pleno empleo. 

 

Plataforma política 

 

La austeridad impuesta por doquier a los pueblos 

 

En todos los países de la Unión Europea, y particularmente en la zona del euro, se aplican sin tregua violentas políticas antisociales y antidemocráticas por la Unión Europea y los gobiernos que forman parte de la misma, ello implica: la disminución masiva de los gastos públicos sociales, devaluación salarial a través del bloqueo y recorte de los salarios, reducción de las cotizaciones sociales de los empresarios, subvenciones a las grandes empresas con el supuesto de crear puestos de trabajo, privatizaciones, desmantelamiento de los servicios públicos y la seguridad social, financiarización de la economía y los presupuestos públicos. El resultado es una aceleración exponencial del desempleo masivo y la precariedad, con la única finalidad de perpetuar un sistema que garantiza los beneficios de las oligarquías especuladoras en detrimento de la gran mayoría, poniendo en peligro la supervivencia del planeta.

 

Las causas

 

El origen de esta situación se encuentra en las políticas neoliberales de la Unión Europea, completamente blindadas por el Tratado de Lisboa. Este último se basa en todos los dogmas neoliberales que han demostrado su carácter nocivo para los intereses de las de las clases trabajadoras, populares y medias. En la zona euro, se agravan los desequilibrios entre los países. El euro es un arma de destrucción masiva contra el empleo y contra la soberanía popular. La moneda única sirve exclusivamente para proteger la rentabilidad de los capitales y facilitar el endeudamiento de las economías de los países llamados "periféricos" manteniendo de forma permanente una elevada tasa de desempleo. 

 

La «naturaleza» de la Unión europea 

 

Consideramos que existe una "esencia" de esta "construcción" europea que se asienta sobre los valores y los intereses de las clases dominantes occidentales: europeísmo, atlantismo, capitalismo, autoritarismo. Tal sistema no puede cambiar esencialmente, no se puede mejorar desde dentro. La Unión Europea es, de hecho, un sistema sofisticado que busca construir una civilización mediante el mercado. La Unión Europea es un monstruoso sistema de dominación y alienación de los pueblos del cual es necesario emanciparse. Hay que desmontarlo y construir algo radicalmente nuevo: la cooperación de los pueblos de Europa y de las dos orillas del Mediterráneo. 

 

La disolución de la soberanía de los pueblos 

 

La Unión Europea es una piedra angular del orden neoliberal mundial, con sus gigantescas compañías transnacionales y sus instituciones supranacionales (OMC, FMI, Banco Mundial, OTAN, UE, OCDE).

 

Este sistema posee una característica principal: la acción sistemática y sostenida para disolver la soberanía de los pueblos en el ámbito de las naciones. Esta es, en efecto, la mejor manera de permitir el desarrollo sin límites de la dominación del gran capital como demuestran los diversos tratados, como el CETA y el TAFTA. Destruir la soberanía de las naciones es la condición indispensable para las clases dominantes para que sea imposible el rechazo de las "reformas" neoliberales. 

 

La liquidación de las naciones y la democracia   

 

No puede haber soberanía popular sin soberanía económica y nacional. Históricamente las naciones constituyen el marco dentro del cual las clases trabajadoras y populares lucharon por sus derechos políticos y sociales, y en donde el pueblo ejerce su soberanía política. La consecuencia de la desaparición de la nación es la eliminación de la democracia. Es suprimir la capacidad de acción de los pueblos para decidir su futuro.

 

El apoyo de la Unión Europea al régimen fascista de Kiev y la violenta campaña anti-rusa demuestran el alineamiento del sistema de Bruselas con la OTAN y el imperialismo americano. 

 

La gran mayoría de la "izquierda" política y sindical, como de la derecha, han escogido la globalización neoliberal 

 

Los años de ejercicio del poder por los partidos socialistas, laboristas o socialdemócratas, en alternancia con la derecha, en varios países de la Unión Europea, nos permiten efectuar un balance abrumador ejemplificado por los casos de Grecia, España, Portugal, Francia, Reino Unido ... Estos partidos son ahora abiertamente neoliberales, incluso ya no fingen querer defender a las clases populares. Preparan el terreno para gobiernos de gran coalición en Alemania (un gobierno que reúne a izquierda y derecha, una dictadura parlamentaria), como la Unión Europea lo ha intentado poner en marcha en Grecia, España, Portugal o en Italia.

 

Si la brecha entre las clases dominantes y las clases trabajadoras se agranda de año en año, la que separa la izquierda y la derecha se vuelve cada vez más borrosa. 

 

Contra toda idea chovinista y fascista de la nación

 

Nada esencial separa la "izquierda" política y sindical de la derecha en muchos países. Estos partidos y organizaciones han creado el contexto político que construye y amplifica la progresión de la extrema derecha portadora de una definición esencialmente etno-cultural de la nación. Todos los partidos que han abandonado el concepto de nación y de soberanía popular han destruido las condiciones de la existencia de la política y la democracia. Hacen el juego a la extrema derecha xenófoba, chauvinista y hostil a los sindicatos y a todas las organizaciones que representan colectivamente los intereses de las clases populares.

 

Lejos de ser anti-sistema, como pretende, la extrema derecha es un agente indirecto al servicio del sistema y las clases dominantes. 

 

Soberanía nacional y popular y visión internacionalista 

 

Al contrario de la izquierda pasada al campo neoliberal y de la extrema derecha nauseabunda -agente objetivo de las clases dominantes que se han apropiado de un discurso que había pertenecido a la izquierda-, nosotros queremos reconstruir un pensamiento, una práctica y un programa favorable a los intereses de las clases trabajadoras, populares y de las clases medias, en cada país de la Unión Europea, respetuosos de su soberanía y articulando una visión internacionalista fundada sobre el equilibrio de los intercambios y la cooperación.

 

El corazón de nuestra estrategia es reivindicar y asumir la necesidad de la soberanía popular y nacional para cada país donde los pueblos y ciudadanías tienen los medios jurídicos e institucionales para decidir y poner en práctica lo que estiman que se corresponde con el interés general. 

 

Los elementos clave de este proyecto emancipador son: 

 

- La salida de las instituciones supranacionales que mantienen el orden neoliberal mundial: la OTAN, FMI, Banco Mundial, la OMC, la UE y el euro.

 

- La eliminación rápida y completa del paro y la precariedad.

 

- Planes de reindustrialización y nacionalización de los sectores estratégicos de la industria y los servicios.

 

- El desmantelamiento de los mercados financieros en el ámbito de las naciones.

 

- La anulación y el repudio de la deuda pública.

 

- Medidas proteccionistas nacionales en el marco universalista de la Carta de La Habana de 1948.

 

- Una transformación ecológica del modo de producción.

 

Llamamos a este proyecto des-globalización. 

 

El Brexit ha abierto una brecha en el sistema euro-liberal 

 

Después del "No" francés y holandés en 2005, el "No" irlandés en 2008, el pueblo griego dijo "No" en julio de 2015 ... Pero la voluntad de estos pueblos ha sido violada.

 

El 23 de de junio de 2016, con la victoria del Brexit, los británicos han dejado claro su elección de salir de la UE. Esta victoria es un golpe al sistema de la UE.

 

La derrota sufrida por las oligarquías europeístas en el referéndum del 4 de diciembre de 2016 en Italia también es importante. En defensa de su constitución republicana, el 60% de los ciudadanos y ciudadanas italianos, principalmente los jóvenes y los trabajadores, han dicho No a las políticas de austeridad neoliberales, No un régimen presidencial, No todo nuevo abandono de soberanía.

 

Ciertamente, por ahora, las fuerzas políticas que podrían contribuir a forzar un retroceso de las políticas neoliberales son todavía insuficientes.

 

No obstante, las condiciones están creadas para que una evolución de la correlación de fuerzas culmine en cambios importantes, situación imposible dentro de la Unión Europea.

 

Las clases dominadas de cada país de la UE pueden aprovechar esta nueva situación política para fortalecer la lucha para restaurar su soberanía nacional y popular y desmantelar la UE. Condiciones indispensables para salir de la austeridad y recuperar el poder para definir las políticas de justicia social y de cooperación internacional, para y por los pueblos. 

 

Las organizaciones firmantes de esta plataforma se comprometen a tomar iniciativas en sus respectivos países para generar las condiciones de la creación de un frente internacional y llevar a cabo iniciativas comunes y coordinadas.
 

 

Firmantes: 

 

Partido de la desglobalización (Pardem) – Francia

 

Plataforma por la salida del euro – España

 

Socialismo 21 – España

 

Programma 101 – Movimento di Liberazione Popolare - Italia

 

Personenkomitee Euroexit gegen Sozialabbau - Austria

 

EPAM - Grecia ( con mención particular sobre l a OTAN) 

EPAM (Grecia): "La salida de la OTAN no es parte de los requisitos actuales del EPAM. A pesar de las discusiones sobre la necesidad de desmantelar la OTAN, que ya han tenido lugar dentro del politburó, por el momento, nada ha sido adoptada explícitamente a nivel de los objetivos inmediatos del partido. La salida de la UE y la zona del euro es una prioridad para el rescate griego en lo inmediato, el tema de la OTAN será considerado por el partido en un segundo tiempo".

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