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1 enero 2020 3 01 /01 /enero /2020 00:00
Caricatura: Flickr Wikimedia

Caricatura: Flickr Wikimedia

La cuestión que estoy planteando aquí es si un Estado debe ser judío y democrático. La raíz de la palabra democracia es demos, gente. Entonces, si la razón de ser de Israel es el bienestar de solo algunos de sus ciudadanos y millones de otras personas ciudadanas y residentes de otros países, ¿cómo puede Israel ser una verdadera democracia?

Sheldon Richman

En la última entrega ya comenzamos a retomar el texto de una Carta dirigida por el Doctor en Sociología César Manzanos Bilbao al medio digital Rebelion, titulada "ISRAEL: ESTADO TERRORISTA". La seguiremos a continuación. Israel no solo no es una democracia (como nos explica fácilmente Sheldon Richman en la cita de entradilla), sino que básicamente "es la embajada de los intereses de las oligarquías de Estados Unidos, algunas de ellas por cierto de origen sionista. Este país fue quien amparó la creación del Estado de Israel tras la Segunda Guerra Mundial, quien gestiona las guerras geoestratégicas para el control del petróleo en la zona, y es ahora quien impone su embajada en Jerusalén, quien ha impuesto e impone a Palestina la más cruel de las guerras permanentes, y quien ha asesinado, encarcelado, torturado, desplazado, despojado de sus tierras y casas con total impunidad a todo un pueblo. El actual Estado de Israel es quien ha convertido sus territorios en un auténtico campo de experimentación y aniquilación con el beneplácito, la aquiescencia y la complicidad de la autodenominada "Comunidad Internacional", que no solo no hace nada por impedirlo, sino que esconde la cabeza por miedo a que los dueños del mundo puedan desequilibrar sus economías, y poner en peligro así los procesos de acumulación de capital y de inversión financiera en otros países, como es el caso de Irán, si no se someten a sus imposiciones. Esto no es una guerra de religiones. Esto es la imposición de una única religión secular, y la utilización de toda forma de creencias religiosas para hacer que una vez más triunfe el Dios único, el Dios del Dinero. Y sin embargo, la única forma de que se produzca la reconciliación entre Judíos y Palestinos, posiblemente ha de pasar por la abolición de la Religión del Capitalismo, esta lucha compartida podría ser, sin duda, la que desenmascare la verdadera esencia del actual Estado israelí, como Estado guerra al servicio del sistema financiero que hoy gobierna el mundo, y convierte a los presidentes electos o no, en fetiches suyos". Creemos que Manzanos Bilbao ha expresado magníficamente la esencia del conflicto. La naturaleza de Israel es genocida contra el pueblo palestino, y la comunidad internacional mira hacia otro lado. Es quizá donde con mayor claridad se le ve el plumero a esa vergonzosa comunidad internacional, que se guía por ese Dios del Capitalismo, y que jamás hará nada que pueda poner en peligro sus intereses. 

 

Durante las últimas décadas, Israel ha violado decenas de Resoluciones de las Naciones Unidas, con total descaro, ha construido un muro de cientos de kilómetros declarado ilegal por la ONU, continúa construyendo asentamientos ilegales en tierras palestinas, aplica políticas de apartheid contra el pueblo palestino y ha matado, si se tienen solo en cuenta las grandes operaciones militares contra Gaza, a miles de gazatíes durante los últimos años. La llamada Guerra de los Seis Días, de junio de 1967, fue un conflicto bélico que involucró al Estado de Israel en contra de los Estados de Egipto, Jordania, Irak y Siria. Como consecuencia de esta guerra, el Estado de Israel aumentó sus fronteras al ocupar los territorios de Egipto (Península del Sinaí y Franja de Gaza), Jordania (Franja de Cisjordania) y Siria (Altos del Golán). Con esta guerra, el Estado de Israel mostró su claro afán expansionista y belicista, así como su carácter colonialista en tanto fuerza de ocupación. De igual forma, Israel vende armas a neonazis y a todo tipo de regímenes totalitarios del Tercer Mundo, como nos cuenta Eugenio García Gascón en este artículo para el medio Publico, que tomaremos como referencia. De entrada, Israel es uno de los mayores exportadores de armas del mundo. Sus armas se utilizan en numerosos conflictos, especialmente del Tercer Mundo. Pero al igual que antes, existe un silencio oficial en todo lo que rodea a esta cuestión. Todo esto ha sido publicado por los propios medios de comunicación israelíes, a pesar de la censura militar imperante en el país. Más de 40 activistas de derechos humanos israelíes presentaron recientemente una petición al Tribunal Supremo para que cesen este tipo de actividades. Por su parte, los medios israelíes indicaron que en el gobierno de Benjamín Netanyahu hubo una gran satisfacción con la victoria electoral de Donald Trump en Estados Unidos, a pesar de que era notorio que diversos elementos afines a grupos neonazis y supremacistas de la "alt right" norteamericana pasarían a formar parte de la nueva Administración estadounidense. La simpatía del gobierno israelí hacia grupos de extrema derecha europeos, por ejemplo de Polonia o de Hungría, no tiene en cuenta que a menudo los líderes de esos grupos, incluso dentro del gobierno de Hungría, abanderan el negacionismo sobre el Holocausto y el antisemitismo. 

 

Pero en la historia de Israel no es la primera vez que se lleva a cabo esta clase de acuerdos con el diablo. Durante la dictadura militar argentina, cuando los militares de este país mataron a millares de judíos, se dio la paradoja de que algunos de ellos murieron abatidos por armas de fabricación israelí, como el subfusil Uzi. Además, medios israelíes y extranjeros han vinculado la venta de armas israelíes con regímenes acusados de cometer genocidio. Estas ventas las llevan a cabo generalmente militares en la reserva que ganan dinero fácil con la preceptiva autorización del Ministerio de Defensa israelí. De hecho, muchos de esos militares han desempeñado cargos de confianza e incluso funciones ministeriales o de Primer Ministro, como es el caso del laborista Ehud Barak. En septiembre de 21017, el gobierno de Netanyahu se negó a detener la venta de armas a Birmania a pesar de que se acusó al régimen de ese país de cometer genocidio, limpieza étnica, violación y tortura contra la minoría musulmana de los rohingya. Una apelación al Tribunal Supremo no sirvió de mucho, y los magistrados escucharon la posición del gobierno a puerta cerrada. También han aprovechado la tragedia de Sudán del Sur para vender armas a ese país, sumido en un conflicto continuado que está causando un elevado número de muertes, incluidas de civiles. Se estima (hasta 2018) que han muerto unas 300.000 personas, y más de 2 millones son refugiados y desplazados forzosos en Sudán del Sur. Armas israelíes también terminaron en manos de grupos que llevaron a cabo el genocidio de 1994 en Ruanda, uno de los más criminales de la historia, donde más de un millón de personas murieron en una brutal matanza genocida. Ciertamente Israel en este sentido no se comporta de forma diferente a otros países, que también son culpables de enviar armas a zonas en conflicto. Pero si lo añadimos todo a una coctelera, el combinado que surge es claramente vomitivo. La actitud del gobierno sionista de Israel supera todos los límites de un comportamiento impune. No solo ha despreciado absolutamente todas las Resoluciones de la ONU, haciendo de su capa un sayo y sin recibir sanción alguna, sino que incluso llega a amenazar a los países que votan en su contra en la Asamblea General, por ejemplo para el asunto de seguir construyendo más viviendas para los colonos en tierra palestina ocupada. 

 

Lo analiza Carlos Aznárez en este artículo para el medio Resumen Latinoamericano, que tomamos como referencia. El culmen de la prepotencia israelí se ha convertido en un peligroso compendio de amenazas a diestra y siniestra. Igual actitud adopta frente a los países que intentan poner en práctica alguna modalidad de la estrategia BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) contra cualquier producto, servicio o artista israelí. Carlos Aznárez, en este contexto, se pregunta: "¿Qué se puede hacer con un gobierno como el de la ultraderecha israelí que anuncia suspensión de relaciones con varios países europeos porque no quisieron convalidar (como hasta el presente) el hecho de seguir inundando de agresivos colonos el territorio custodiado por sus ejércitos de ocupación? ¿Qué se puede hacer con quienes buscan la guerra de expansión, planteando el etnocidio, y lo hacen con la desfachatez de considerar enemigos a la casi totalidad del Consejo de Seguridad, que frente a su impostura nunca procede de la misma manera que lo haría si el gobierno amonestado (solo verbalmente) no fuera el sionista?". Con su habitual recurso a la victimización, Israel se ha jactado de no cumplir ninguna de las múltiples Resoluciones que la ONU ha dictado en relación al conflicto. Desde siempre Israel se burla de todo y de todos, su prepotencia y arrogancia no tienen límites, sus acciones criminales y terroristas tampoco. Israel es un Estado genocida que no entiende lo más mínimo de relaciones diplomáticas ni de derecho internacional. Su única táctica es amenazar e insultar. La comunidad internacional se lo permite, aún se lo sigue permitiendo, y no sabemos cuándo acabará esta terrible situación de impunidad. Mientras, la arrogancia y la brutalidad de Israel hacia los palestinos continúan, así como su desprecio al resto del mundo. En Israel, la crueldad patológica y la desvinculación moral son parte integrante de su cultura nacional, tal como afirma Vacy Vlazna en este artículo para el medio Counterpunch, traducido por Paco Muñoz de Bustillo para el digital Rebelion. Y añade: "No conozco a ninguna nación civilizada que inflija tal tortura mental sobre su población. Desde la infancia, se aísla a los israelíes en una burbuja delirante en la que se les programa para que miren con preocupación el mundo hostil que supuestamente les odia y está listo para un nuevo Holocausto. Reuters menciona un libro de texto israelí de cuarto curso que afirmaba: "Israel es un país joven rodeado de enemigos, como un cordero en un mar de setenta lobos". 

 

Y así, el brutal adoctrinamiento ejercido sobre los niños y niñas israelíes con el fin de que se sientan víctimas es simple y llanamente una forma de tortura. Es, sin más, maltrato infantil. Se suele considerar tortura a "la imposición intencional de dolor o sufrimiento, mental o físico, agudo por parte o con el consentimiento de autoridades del Estado con un propósito determinado". En este caso, el macabro propósito es preparar a los niños y niñas israelíes para un glorioso reclutamiento militar, de los 18 a los 21 años, que refuerce el respaldo inequívoco y la ejecución de la ocupación ilegal, los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad. Este maltrato emocional y este adoctrinamiento temprano engendran y atraen a asesinos de sangre fría que muy probablemente harán carrera y se realizarán matando a palestinos, torturándolos o expulsándolos de sus hogares. Y esa impunidad a escala nacional, contemplada como algo característico de su pueblo, tiene su reflejo en la impunidad a escala internacional, que conceden al Estado de Israel la ONU y los gobiernos occidentales, más preocupados en no recibir la ira y los reproches y represalias estadounidenses e israelíes que de defender los derechos humanos y el derecho internacional. El adoctrinamiento para asumir el papel de víctimas, combinado con el racismo, los mitos bíblicos, la supremacía y el militarismo judíos, así como la explotación del terrible fenómeno del Holocausto, forman parte integral de la identidad israelí. Vacy Vlazna, Coordinadora de Justice for Palestine Matters, explica: "En una sociedad sana, cuando hay algún herido la gente sigue su instinto y llama a una ambulancia. En Israel, el bloqueo a las ambulancias es una práctica sistemática del genocidio que se practica "uno a uno". Si no, observe la indignación pública por el arresto, juicio y prisión (solo 18 meses) del enfermero militar Elon Azaria, que ejecutó a sangre fría a un palestino herido, Abdel Fattah Al-Sharif que yacía inerme en el suelo. Una sociedad normal condenaría como brutal y criminal ese fanatismo violento, pero como de costumbre, Azaria fue inculpado por "homicidio involuntario", aclamado como un héroe israelí y se le concedió un permiso penitenciario de cuatro días por el Nuevo Año Judío". Continuaremos en siguientes entregas.

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31 diciembre 2019 2 31 /12 /diciembre /2019 00:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

Los que apoyan el escrito a favor del dictador genocida son los que han hecho de las Fuerzas Armadas su jardín particular desde el 36

Cabo Marco Antonio Santos Soto (expulsado del Ejército tras su escrito de réplica al Manifiesto franquista de altos mandos de las FAS)

¿Son esas Fuerzas Armadas las que nos prometió la nada modélica Transición? ¿Unas Fuerzas Armadas cuyos altos mandos, muchos de ellos franquistas, están ya formando parte, en proporción alarmante, de un partido racista, xenófobo, y homófobo, cuyos dirigentes vitorean al rey de forma fanática, dejando entrever la corrupta trastienda borbónica?

Manuel Ruiz Robles

Parece responder a un cierto consenso el hecho de que, cuando una determinada aventura revolucionaria acontece en un determinado país, son dos los factores principales que pueden garantizar su éxito: en primer lugar, un pueblo concienciado y movilizado a favor de dicha revolución. En segundo lugar, unas Fuerzas Armadas que estén siempre al lado del pueblo, y por tanto, también al lado de la revolución. Básicamente éste es el objetivo que la democratización de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado persigue. Y conseguirlo, como tal, resultará, para los países que han tenido incursiones en el fascismo (Golpes de Estado, derrocamiento de gobiernos democráticos…), la mejor garantía de no repetición. Por ejemplo, en el contexto de esta fase de asedio a Venezuela por parte de las fuerzas imperialistas y las derechas locales y mundiales, hace pocos días preguntaron al Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sobre la resistencia que ofrecía aquél país, y éste respondió que ello se debía fundamentalmente al apoyo del Ejército. Y concluyó afirmando: “Lo que de verdad diferencia que en un país se viva en democracia o en dictadura es su Ejército”. Valga esta opinión como referencia para que podamos intuir “por dónde van los tiros” en este asunto, y nunca mejor dicho.

 

Parece ser que en nuestro país aún no hemos conseguido un proceso real de democratización de nuestras FAS, lo cual se hace evidente si nos fijamos en determinados acontecimientos recientes. El último (de una serie de ellos) del que hemos tenido noticia ha sido publicado por el diario digital Contrainformacion, y recoge el suceso de que determinados militares retirados, en el contexto de una revista publicada por la Asociación de Militares Españoles (AME) ha exaltado la figura del dictador Franco en su última publicación, de diciembre de 2019 (además de criticar, según ellos, la “mariconería” de las leyes de igualdad). El artículo en cuestión cargaba contra la reciente exhumación del dictador, criticando a los políticos “pusilánimes” que lo han logrado, y tratando al genocida como “invencible e invicto Excelentísmo Señor…”, entre otras lindezas. Se trata, como vemos, de una exaltación del régimen fascista de Franco en toda regla, en la que el autor del artículo carga sin miramientos contra los “herederos” de las víctimas del franquismo, “barridas y reducidas a hojarasca seca” durante la Guerra Civil y la posterior dictadura. Califica a los políticos que han ordenado la exhumación como “salteadores y profanadores de tumbas”, y arguye que aquéllos que han decidido avanzar hacia la reparación de las víctimas de la dictadura tendrán que dar explicaciones a Dios, quien “les pedirá cuentas en la Tierra y cuando se presenten ante él”.

 

Argumentan también preguntando a los lectores “qué les parecería que el Gobierno decidiera por ellos dónde tienen que ser enterrados sus padres y madres”, equiparando la vida de cualquier ciudadano/a de a pie con la de un dictador responsable de miles de asesinatos y de un Golpe de Estado. Bien, las preguntas son: ¿Se han incautado los números publicados de esta revista? Respuesta: No. ¿Se ha detenido a los autores de este artículo por enaltecimiento del fascismo en una sociedad democrática? Respuesta: No. De hecho, si los autores del mismo se lanzan a publicar estas aberrantes ideas es porque, precisamente, saben que no va a ocurrirles nada por ello. En cambio, tenemos a valientes militares republicanos que han sido perseguidos, acosados y expulsados del Ejército, simplemente por atreverse a denunciar o a replicar a estos militares fascistas. Los hechos, por tanto, son claros: han pasado más de 40 años de la muerte del dictador, y más de 30 de la última intentona golpista en nuestro país, pero sin embargo, nuestras Fuerzas Armadas (y una parte considerable de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado) continúan albergando pensamientos, ideas y actitudes claramente fascistas, lo cual es absolutamente intolerable en una sociedad que se presume democrática. No queremos decir que todo nuestro Ejército sea fascista, pero sí que una buena parte del mismo (tanto en activo como en la reserva y retirados) son simpatizantes del fascismo.

 

Los resultados de las últimas elecciones generales así lo demuestran: el partido más votado en acuartelamientos y bases militares ha sido Vox, por no hablar de los altos mandos en la reserva y retirados integrados en las filas de este partido (algunos de ellos diputados en el Congreso), o que son miembros de la Fundación Francisco Franco, una institución impensable que fuese legal en una sociedad democrática. Se han hecho reformas en otros ámbitos de las Administraciones Públicas, pero el Ejército no se ha tocado, “quizá para no despertar al monstruo dormido”, en expresión de Clara Usón: “Es un Ejército desproporcionado, con poco más de 80.000 soldados y marineros y 42.000 mandos; es tal el exceso de éstos que hay coroneles al cargo de una piscina. A la mayoría de los soldados les expulsan al llegar a los 45 años; los mandos tienen un retiro dorado. Un 65% de los 3.500 generales y coroneles del Ejército español está en la reserva, cobrando el sueldo íntegro, situación que les permite trabajar, además, para la industria de armamento. El español es un Ejército que mima a los mandos y maltrata a la tropa”. Si a ello le unimos las actitudes y amenazas fascistas que estamos comentando, los casos de abusos sexuales a mujeres militares, la existencia de la opaca justicia militar aún en tiempos de paz, y nuestras incursiones militares en el extranjero, parece que tenemos unas Fuerzas Armadas muy necesitadas de amplias y profundas reformas.

 

Tal como explica Manuel Ruiz Robles en este artículo, coordinador del Colectivo ANEMOI de militares republicanos, y Presidente Federal de UCR:No es de extrañar que todo esto ocurra, pues el Gobierno del Reino de España, desde hace más de cuarenta años, sigue tolerando que muchos mandos militares alardeen entre sus compañeros de armas, o abiertamente en público, de su ideología antidemocrática sin mayores consecuencias. No hace tanto tiempo, un General del Ejército en servicio activo afirmaba, con gran resonancia mediática, que la disciplina estaba por encima de los Derechos Humanos, mientras que otro en la Reserva amenazaba a los demócratas afirmando que la Patria (su mugriento concepto de patria) estaba por encima de la democracia. Otro General, esta vez inviolable y Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, el Rey, afirmaba hace unos días “No es admisible apelar a una supuesta democracia por encima del Derecho”, obviamente el derecho del régimen del 18 de julio de 1936, al que no solo le debe su corona, sino también su inviolabilidad y la jefatura de las Fuerzas Armadas, entre otras cosas”. Está claro, por tanto, que el Ejército y las llamadas fuerzas del orden son otros de los pilares del Estado que, en clave republicana, necesitarían una profunda transformación, limpiar todas las cloacas y acabar con todos los vestigios franquistas que aún persisten, democratizarlas para que realmente se conviertan en una institución que defienda al pueblo y no que se utilice contra el pueblo.

 

Es hora de dejar de tener miedo a nuestras Fuerzas Armadas. Es hora de que ellas sean parte de la solución, y no del problema. Es hora no solo de Verdad, Justicia y Reparación para las víctimas del franquismo, sino también para implementar todas las Garantías de No Repetición. Unas garantías que no tendremos mientras tengamos que seguir soportando a unas Fuerzas Armadas beligerantes, agresivas, arcaicas, fascistas y antidemocráticas. Pero ello requiere, como estamos diciendo, un profundo proceso de transformación democrática, que tiene que ser impulsado desde un Gobierno valiente que realmente crea en ello. ¿En qué consistiría este proceso? Pues básicamente, si tuviéramos que sintetizarlo en pocas palabras, podríamos decir que consiste en construir unas Fuerzas Armadas cuya razón de ser sea deberse al pueblo, identificarse con el pueblo, con las clases trabajadoras y deprimidas, con los sectores populares y desfavorecidos, y con el conjunto de la soberanía popular (y decimos “popular”, y no “nacional”, como erróneamente recoge la Constitución). El fascismo, como brazo armado del capitalismo, será repetible en cada escenario donde los Ejércitos no hayan sido claramente democratizados. Necesitamos unos Ejércitos que, además de corregir las fallas anteriormente mencionadas, se sitúen fuera de la OTAN (el auténtico cáncer golpista), se retiren de todas las “misiones internacionales” donde están actualmente, y se doten de leyes, reglamentos y normativas verdaderamente democráticas, donde exaltar el fascismo no sea una “opinión” sino un delito.

 

Y necesitamos una Constitución que altere el papel dotado a las Fuerzas Armadas, como “garantes de la soberanía nacional y de la integridad territorial” de nuestro país. Es absolutamente urgente que las formaciones políticas realmente democráticas de este país (evidentemente no se podrá contar con el trifachito que apoya a los militares franquistas, PP, Ciudadanos y sobre todo Vox) tienen que reclamar activamente y de forma poderosa una profunda e inmediata depuración de las Fuerzas Armadas, en el sentido indicado anteriormente, comenzando por el propio Rey como Jefe Supremo de las FAS y el hecho mismo de la existencia de una monarquía anacrónica y antidemocrática, fuente de corrupción y correa de transmisión de todos estos terribles hechos. Las Fuerzas Armadas han de ser democratizadas y “desfascistizadas” (en expresión de Manuel Ruiz Robles), si no queremos volver a vivir episodios de este terrible calado. Sólo de esa forma habremos conseguido verdaderas Garantías de No Repetición del hecho fascista en nuestro país.

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30 diciembre 2019 1 30 /12 /diciembre /2019 00:00
Viñeta: Marco De Angelis

Viñeta: Marco De Angelis

La acumulación material mecanicista e interminable de bienes, apoltronada en “el utilitarismo antropocéntrico sobre la Naturaleza”, al decir de Eduardo Gudynas, no tiene futuro. Los límites de estilos de vida sustentados en esta visión ideológica del progreso clásico son cada vez más notables y preocupantes. Los recursos naturales no pueden ser vistos como una condición para el crecimiento económico, como tampoco pueden ser un simple objeto de las políticas de desarrollo. Los aportes de la economía ecológica lo demuestran y, es más, comienzan a echar raíces en el mundo. Por cierto, lo humano se realiza (o debe realizarse) en comunidad, con y en función de otros seres humanos, sin pretender dominar a la Naturaleza: la humanidad no está fuera de la Naturaleza, forma parte de ella

Alberto Acosta

Este nuevo sendero implica reestructurar, reciclar y optimizar lo existente, repartir y compartir las riquezas económicas, ecológicas y sociales, reducir lo superfluo, inútil e insostenible, así como desmercantilizar nuestras mentes, cuerpos y sociedades. Implica también poner la cuestión de los límites (por abajo y por arriba) en el centro de atención: tanto a nivel político y socioeconómico (a través de una legislación que lo tenga en cuenta y aplique) como a nivel cultural (recuperando el principio elemental de autolimitación). Dicho de otra manera, se trata de iniciar una Gran Transición socioecológica

Florent Marcellessi

En nuestra última entrega exponíamos la necesidad de otro modelo educativo que rompa moldes con los tradicionales, si es que pretendemos educar para la sustentabilidad. Y es que el modelo educativo tradicional funciona bien cuando se trata de transmitir un saber meramente técnico que, como bien sabemos, no carece de importancia en nuestra sociedad. Sin embargo, cuando se trata de transmitir conocimientos científicos o saberes no claramente establecidos que requieren de una mirada a largo plazo, que necesitan inventiva, creatividad y pensamiento libre, el modelo educativo tradicional se revela absolutamente insuficiente. Existe, además, un problema adicional. Si algo quedó claro a la humanidad después de la experiencia de las guerras mundiales de Occidente fue que no hay ninguna garantía de que la generación precedente (la de la definición canónica de la educación mencionada anteriormente) no esté enloquecida y conduzca a toda la humanidad a la pura y simple destrucción, lo cual se repite ahora en la crisis socioambiental. La Primera y la Segunda Guerras Mundiales, así como la crisis derivada del fin de la era de la exuberancia, muestran que no se puede confiar ciegamente en la "generación precedente" y por eso se han producido múltiples escuelas "alternativas": Montessori, Waldorf, Summerhill, Freinet, por mencionar solo algunas. En nuestros días el mundo requiere, otra vez, de un modelo educativo alternativo que produzca otro tipo de ser humano, uno que, conociendo su impulso a la destrucción de su entorno, aprenda a limitarlo y a respetar a la Madre Tierra a la vez que se respeta a sí mismo permitiéndose "llegar a ser el que es". El aprendizaje verdaderamente significativo no es el de los datos, las fechas o las cifras, es aquél que debe buscarse en sí mismo, y que habitualmente conduce a una experiencia del vacío, de la falta, de la nada, a un saber que ya se intuía desde el principio pero que solo al final del recorrido se puede afirmar con certeza. Permite pasar a otra vivencia, una donde el mundo y el futuro no están "más allá", una donde todo se conjuga y copertenece, donde el hombre es en-el-mundo y con otros, pues el mundo y los otros le son constitutivos. Sólo el reconocimiento de la unidad con el otro y el mundo permite asumir una posición de respeto y cuidado por la Madre Tierra, y en consecuencia, el valor de los recursos finitos. 

 

La educación, la buena educación, por tanto, es un asunto fundamental llegado este momento. Siempre lo es, pero en una crisis civilizatoria como la que nos ocupa, aún más. Educar es seducir, invitar a una problemática. El maestro, por tanto, es aquella persona que seduce a su alumno hacia un determinado enigma, cambiando por ello su naturaleza, convirtiéndolo en su discípulo. Educar es instalar en la mente la semilla de la reflexión, del cuestionamiento, de la pregunta, de la crítica. El docente, por ende, es alguien que, por una parte, asume que sabe algo gracias a su dedicación y a su experiencia, y por la otra, asume que no lo sabe todo, que posee enigmas, preguntas esenciales, las cuales transmite a sus discípulos, instando a que ellos y ellas también planteen cuestiones esenciales. En la Grecia clásica el discípulo era, por tanto, el que compartía ser, esencia, con su maestro, el discípulo "compartía enigma" con su maestro. Discípulo es aquel que no solo "asiste" a una situación de transmisión, sino que asume como propio el enigma transmitido por el docente, sumándose, de esa manera, a la tradición que tal representa. Un discípulo no es, por tanto, un "seguidor fiel", sino más bien un "hereje", es decir, uno que interroga las fuentes de su maestro y puede, por ello, realizar aportaciones valiosas. Tal debe ser el sentido, pues, de una educación que pretenda generar personas respetuosas con la madre tierra, y estimular su capacidad creativa, una educación donde el profesor, por haberse previamente liberado a sí mismo, puede optar por un "procurar por" liberador. Sólo un docente que se encuentra "en camino hacia..." puede ayudar a otros a encontrar la propia vía; sólo un docente que vive cuidando los recursos de la tierra podrá encaminar a otros a su cuidado; sólo un docente que ha sido "silenciosamente transformado" puede ser catalizador de la transformación de otros; sólo un investigador puede estimular a otros a investigar; sólo alguien "mordido", es decir, "agarrado", "seducido" por una problemática puede invitar a otros a su campo de conocimiento, pues educar es seducir. Educar es, en última instancia, una actividad erótica en el mejor sentido de la palabra. 

 

El ser humano del fin de la era de la exuberancia constituye lo peor que le ha acaecido al planeta Tierra en su historia reciente: el consumista y "entretenido" hombre moderno ha dañado a la tierra de todas las maneras posibles, comportándose como un virus para la misma, y acercando la Sexta Extinción de las especies de la tierra. Generar un nuevo ser humano capaz de convivir de manera sostenible con la madre tierra implica, para los educadores, recuperar algo que ya se encontraba presente en las enseñanzas de Heráclito y Platón: el anhelo de despertar a los hombres. El modelo de transmisión heideggeriano posibilita pensar una humanidad que, por saberse una con el otro y el mundo, puede dejar atrás el modelo ecodepredador, una humanidad que conduzca a una vida sostenible en nuestro planeta. Y ello es de particular importancia dado que, como antes indicábamos, a partir de aproximadamente el año 2030, indican múltiples expertos (Duncan, 2007; McEwan, 2011; Brown, 2008 y Lovelock, 2007) ocurrirá el fin del industrialismo y de la era de la exuberancia. Dicha situación ocurrirá como consecuencia del fin de la era del petróleo barato, lo cual encarecerá todos los procesos industriales y producirá una falla generalizada de los servicios públicos (agua, energía, pensiones...). Esa grave situación producirá hambrunas generalizadas y guerras por todo el orbe. La crisis derivada del fin de la era de la exuberancia, del fin del industrialismo, estará asociada a las peores consecuencias del calentamiento global antropogénico y ocasionará que, en el mejor de los casos, desaparezca la mitad de los seres humanos actualmente existentes en la tierra (en el caso peor acabará con el 90% de ellos así como con la mayoría de la biodiversidad actualmente conocida, según afirma Lovelock (2007)). No pasará mucho tiempo para que se comprenda aquello que desde hace años repetían los estudiosos de la huella ecológica: se requerirían 3, 4 ó 5 planetas tierra para poder sostener los depredadores modos de consumo de las naciones "desarrolladas"...y nunca contamos con más de un solo planeta. Ese malestar social, afortunadamente, puede ser mitigado si, desde ahora, enseñamos a la población a cuidar y recolectar el agua de lluvia, a generar sus propios alimentos y a generar su energía con renovables. Pero todo ello no puede llevarse a cabo sin una vuelta a la convivialidad, sin recuperar el concepto de bien común, sin retroceder a comunidades básicas y primitivas.

 

Y antes de ello, el propio Estado debe hacerse solidario con todo el mundo, con todas las personas, con la totalidad de la población, tomando medidas como reestructurar y eliminar una parte de la deuda pública, reducir y compartir el trabajo, implantar una renta básica y una renta máxima, implantar una reforma fiscal, dejar de apoyar y subsidiar actividades y modelos de negocio contaminantes, apoyar a la sociedad alternativa, optimizar el uso del parque inmobiliario, reducir la publicidad, establecer límites ambientales, o abolir el uso del PIB como indicador de progreso económico. El Dr. Jorge Riechmann, en su ensayo "¿Cómo cambiar hacia sociedades sostenibles? Reflexiones sobre biomímesis y autolimitación", plantea cuatro principios básicos para una sociedad que pretenda sobrevivir a la crisis venidera: gestión generalizada de la demanda (es decir, autolimitación), biomímesis (imitar a la sabia naturaleza), ecoeficiencia (hacer más con menos), y precaución (no permitir el libre juego de científicos y tecnólogos inconscientes asociados a corporaciones inhumanas). Véanse las entregas anteriores para una exposición más detallada de estos principios. Son principios a los que, como antes indicamos, debe sumarse la mirada de la totalidad descrita por Rodolfo Santander (2011), la comprensión de la función exponencial presentada por Bartlett (2004) y el principio de la unidad del hombre con el resto y el mundo descrita por Heidegger. Sólo de esa manera podremos escapar del escenario apocalíptico presentado por Carl Amery (2002) en su estudio "Auschwitz. Hitler precursor del siglo XXI" (muy cercano, por cierto, al planteado por Derrick Jansen en su "Endgame") y que puede ocurrir a la humanidad, indica, desde mediados del siglo en el que nos encontramos: ante la cada vez más evidente limitación de los recursos de la tierra para la satisfacción de las necesidades básicas de una humanidad que crece exponencialmente, las naciones ricas (y los segmentos ricos de las naciones pobres) comenzarán a apropiarse de tales recursos e iniciar una eugenesia como la que los nazis practicaron contra los no arios, una especie de "doctrina del shock" a escala global. Se establecería, entonces, una sociedad claramente jerarquizada y vigilada en la cual una pequeña sección de seres humanos continuaría conservando el estilo de vida ecocida propio de la mayoría de los habitantes de las naciones ricas de nuestros días, y el resto, la enorme mayoría, viviría prácticamente esclavizada en un mundo cada vez más caótico, pobre y urbano. 

 

A este triste relato, que bien pudiera fatalmente ocurrir a la humanidad, lo llamamos el escenario del ecofascismo. El "Mundo Feliz" (Brave New World, de Huxley) es el mejor panorama ante tal situación, los peores son el "1984" de Orwell o la sociedad desgarrada descrita por George Miller en su película Mad Max (1979) e incluso la presentada por Harry Harrison en su obra "¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!", de 1966, fuente de la película "Cuando el destino nos alcance". Es ahora, por tanto, cuando tenemos que educar para la sustentabilidad y la convivialidad, y así poder construir el mundo del mañana. Lo que ahora logremos lo legaremos a nuestros hijos y a nuestros nietos. El mundo futuro, simplemente, será ecosocialista (convivial) o no será. Hace poco más de 40 años se publicó, por parte del Club de Roma Project (un grupo de intelectuales entre los que se encontraban Dennis y Donella Meadows, Aurelio Peccei y Alexander King, entre otros), el estudio "Los límites del crecimiento" (1972), texto que ya alertaba acerca de las temibles consecuencias que tendría el crecimiento sin parar de la humanidad y de los patrones de consumo propios de la globalización capitalista. Dicho informe intentó alertar a la humanidad pues sostenía con claridad que el futuro, de seguir creciendo de manera tan acelerada, no se mostraba particularmente halagüeño. Algunos años después, los diversos informes que fueron apareciendo (1990, 1995, 2001, 2007, 2013) del IPCC (ONU) ampliaron y fundamentaron todo lo afirmado por el Club de Roma, concluyendo que de no detener el crecimiento acelerado de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), la civilización humana así como innumerables especies de animales y plantas del planeta podrían extinguirse hacia el final del siglo XXI. No por otra razón varios gobernantes y líderes mundiales del planeta han sostenido la urgencia de firmar un convenio vinculante entre todas las naciones (sobre todo las más contaminantes, es decir, las más industrializadas) del mundo para verdaderamente detener la ingente emisión de GEI. Y muchos otros estadistas están de acuerdo...pero a la hora de la verdad, realmente son incapaces de llegar a acuerdos eficaces, y ello por una simple razón: ellos no son los verdaderos gobernantes de la tierra. Nuestros mandamases, tal como informó el estudio "La red corporativa global" de Vitali, Glattfelder y Battiston, son 147 grandes corporaciones a las cuales todos enriquecemos cotidianamente. El mundo actual no es, pues, gobernado por políticos sino por unas pocas grandes corporaciones transnacionales, esas inhumanas, corruptoras y solamente preocupadas por el incremento de las ganancias de sus accionistas. Esa es nuestra triste realidad. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

Fuente Principal de Referencia: "Aprender a decrecer - Educando para la sustentabilidad al fin de la era de la exuberancia", Luis Tamayo

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27 diciembre 2019 5 27 /12 /diciembre /2019 00:00

La educación inclusiva nos abre la esperanza para la construcción de un proyecto de sociedad y de humanización nueva, donde el pluralismo, la cooperación, la tolerancia y la libertad sean los valores que definan las relaciones entre la ciudadanía y donde el reconocimiento de la diversidad humana esté garantizado como elemento de valor y no como lacra social, sino como reconocimiento de la dignidad de la que todos los seres humanos son portadores. La educación inclusiva, como proceso de humanización, nos brinda la oportunidad de ese cambio cultural al permitirnos construir una sociedad más culta, dialogante, solidaria, cooperativa, democrática, justa y más humana. Necesitamos otra educación. Necesitamos una pedagogía crítica y liberadora que nos devuelva lo que de humano hemos perdido

Miguel López Melero (miembro del Foro de Sevilla)

A estas alturas de la serie, mis lectores y lectoras ya deben tener una idea clara de hasta qué punto el modelo o sistema educativo de una determinada comunidad es el símbolo de su calidad cultural, política y democrática. Los valores capitalistas (asumidos por la derecha política, social y mediática) entienden una educación que parte de una visión del mundo y de la sociedad al servicio de las élites, y no del bien común. De ahí el modelo que impone, y los valores que propugna. En cuanto puede, ataca sin piedad a la educación pública, por medio de recortes, ajustes y privatizaciones en sus principales medios de existencia y proyección. En cuanto puede, favorece a la educación privada y concertada, pues es el modelo que le interesa, al difundir el elitismo, el clasismo y el corporativismo educativos. ¿Cuál podría ser la agenda inmediata para dar un claro viraje al modelo educativo actual (LOMCE) y hacerlo apuntar hacia la evolución que nos interesa? En primer lugar, revertir todos los recortes llevados a cabo durante los últimos años. Para dotarnos de un buen sistema educativo, necesitamos una escuela dotada de medios y recursos. Los recortes practicados han supuesto aumentar la jornada lectiva, aumentar los ratios de alumnos por clase para todos los ciclos, la limitación de la tasa de reposición del profesorado público que se jubilaba, el retraso en la sustitución de las bajas en el profesorado, y una subida brutal de las tasas universitarias que ha expulsado a más de 70.000 estudiantes de las aulas. Igualmente, ha endurecido los requisitos para poder acceder al sistema de becas y ayudas al estudio implantado. Todo ello ha provocado la reducción de la calidad impartida en la enseñanza. El aumento del 20% de la ratio profesorado/alumnado provocó la masificación de las aulas en detrimento de la atención particularizada al alumnado y de la calidad educativa. Por su parte, el incremento de la jornada lectiva supuso en la educación pública la pérdida de más de 32.000 puestos de trabajo, y un aumento de la temporalidad en el empleo y las jornadas parciales, hasta el punto de que 1 de cada 4 docentes es temporal en la actualidad. No sustituir el profesorado de baja hasta pasados 10 días lectivos es dejar sin el derecho a la educación durante dos semanas a cientos de alumnos por cada profesor. 

 

En segundo lugar, hay que derogar la actual ley educativa (LOMCE, del PP), ya que implica para el sistema educativo la imposición de un modelo capitalista, que entiende la educación únicamente como un instrumento al servicio de la competitividad y del crecimiento económico (véase este otro artículo de nuestro Blog para una explicación más detallada). Queremos un nuevo marco educativo, una Reforma Educativa para todos (como estamos denominando a esta serie de artículos), que parta del "Documento de Bases para una nueva Ley de Educación", que ha logrado el acuerdo entre todos los sectores y las organizaciones que forman la comunidad educativa. Es precisamente el desarrollo de todos sus puntos, con aportaciones personales mías, y las aportaciones diversas de múltiples fuentes, lo que estamos intentando difundir mediante la presente serie de artículos. También ha logrado el consenso, después de años de trabajo, de la mayoría de las fuerzas políticas progresistas, que se ha reflejado en varias ocasiones en el Parlamento. El actual marco educativo adolece además de diversos aspectos extremadamente nocivos para una buena educación, desde el abandono de la atención a la diversidad del alumnado, pasando por el retroceso de la democracia en los centros educativos, la absurda potenciación de la asignatura de religión en el currículo escolar (insistiremos en próximas entregas en nuestra visión laica de la escuela pública), o la financiación pública de centros que practican la segregación o niegan la coeducación. Un punto muy grave es el ataque a la comprensividad mediante la instauración de itinerarios tempranos segregadores que intentan enmascarar el fracaso y el abandono escolar. No hay que olvidar que la tasa de abandono escolar temprano en España (18%) se sitúa 8 puntos por encima de la media de la UE, según un estudio publicado por la Fundación BBVA. Y según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al último trimestre de 2017, el porcentaje de jóvenes de entre 18 y 24 años que tiene como máximo el título de enseñanza secundaria obligatoria es del 18,28%, 7 puntos menos que en el año anterior (2016). Hay que proceder igualmente a la eliminación definitiva de las reválidas y de los ránkings de centros, recuperar una Formación Profesional Básica que permita titular, la universalización de la educación infantil pública (añadiendo además centros públicos de 0 a 3 años), y la eliminación del modelo de nombramiento de Directores de Centro, actualmente prácticamente a dedo, recuperando y fortaleciendo si cabe las competencias de los Consejos Escolares. 

 

Y como llevamos insistiendo desde los primeros artículos de esta serie, necesitamos la supresión progresiva de la financiación pública a los centros privados concertados. Hemos de implantar una Red Única de Centros Públicos (de titularidad y gestión públicas al 100%) que, progresivamente y de manera voluntaria y negociada, integre a los centros privados concertados, así como a su profesorado. Mientras tanto, no hay que conceder ni un solo concierto educativo más para la educación privada, y hay que proceder a la supresión inmediata de la financiación para todos los centros que practiquen cualquier tipo de discriminación o no aseguren completamente la gratuidad de la educación. En una palabra, dejar de apostar por la privatización, el elitismo y el clasismo en la escuela, para comenzar a apostar por la inclusión, la cooperación, el bien común y los parámetros de gratuidad, universalidad y calidad educativas. Tomando las palabras de Agustín Moreno en este artículo del medio Cuarto Poder donde dirige una Carta Pública a la Ministra de Educación, que estamos tomando como referencia: "Mientras no se aborde esta cuestión creada por intereses económicos e ideológicos, la doble red consolidará un modelo educativo que va en contra de la equidad, evitando la mezcla social con recursos públicos. Es una estrategia clasista que conduce a que haya escuelas de ricos y escuelas de pobres o guetos. Y ello va directamente contra el derecho a la educación, porque la educación debe ser una oportunidad para todos y no un riesgo para una parte del alumnado". Y como decíamos más arriba, e insistiremos en ello aún más profundamente, la laicidad en la escuela pública es mucho más que quitarle a la actual asignatura de religión su valor para la obtención de la nota media del Bachillerato. La religión es asunto del ámbito privado y por ello no puede formar parte del currículo ni del horario escolar. Se trata por una parte de cumplir el mandato aprobado por mayoría parlamentaria (incluidos los votos del PSOE) el 21 de febrero de 2018, en torno a derogar y denunciar el Concordato con la Santa Sede. En cuanto a la posible recuperación de una asignatura sobre Valores Cívicos, estaría bien siempre que no se incluya (como tenía intención de llevar a cabo la derecha) como cortina de humo o cajón de sastre para una educación en valores conservadores, tales como el himno, la bandera, la unidad y la defensa nacional, las funciones del Rey, o las funciones de las Fuerzas Armadas. 

 

Los valores cívicos y democráticos no van por ahí. Van encaminados a una educación en valores de inclusión, participación y cooperación, velando para la consecución del bien común. Todo lo anterior ha de implementarse, como hemos dicho anteriormente, mediante la recuperación de una buena inversión educativa. No basta por tanto con eliminar y revertir los recortes y las privatizaciones, sino que hay que dotar la inversión educativa de una cantidad estimada en un 5% del PIB como suelo de la misma, así como una redistribución en favor de la educación pública. Es una cuestión clave, ya que no podemos mantener una escuela pública de calidad, sin dedicar a ella los recursos mínimos necesarios. No se puede, por ejemplo, aspirar a la excelencia educativa de Finlandia, cuando ellos invierten hasta un 7% del PIB en educación, y nosotros exactamente la mitad (un 3,8%). Y ni que decir tiene que no existe inversión más rentable. Con todo ello podemos definir y establecer los mimbres con los que construir un sistema educativo que desarrolle ciudadanos críticos, formados e informados, comprometidos con la convivencia y la cohesión social, y no meras herramientas instrumentales del sistema capitalista neoliberal. El modelo que propugnamos apuesta por una escuela pública, gratuita, universal, de calidad, laica, inclusiva, democrática, que reconozca y valore el papel del profesorado. Necesitamos esos mimbres para trabajar por una educación transformadora, no domesticadora, ni al servicio de los intereses de las élites. Necesitamos una educación que satisfaga el derecho humano fundamental a la misma, de forma universal, y a lo largo de toda la vida, y ello debe ser garantizado por los poderes públicos. Necesitamos una educación pública que eduque en la diversidad, en la ética, en la cooperación, en el bien común, en vez de en la aberrante moral religiosa (no solo católica, también de las demás), y en los valores de falso sacrificio, estupidez, banalidad, individualismo y competitividad de la sociedad capitalista actual. Necesitamos una educación pensada para las personas, y no para el sistema. En su momento detallaremos a fondo los contenidos de nuestra propuesta educativa, pero ahora continuaremos detallando los puntales donde ésta debe basarse. 

 

El asunto religioso ha aparecido ya varias veces a lo largo de esta serie dedicada a la educación, precisamente porque hay que abordarlo bajo todos sus enfoques y puntos de vista. Nosotros, desde la izquierda transformadora, apostamos por la laicidad en la escuela. Y ello porque la religión no supone ningún referente moral como para impartirla en la escuela. Los verdaderos referentes éticos y morales deben proporcionarlos las asignaturas que nos hablen sobre los derechos humanos, el civismo y los valores democráticos. Los asuntos de fe y de dogmas deben quedar relegados al ámbito íntimo y privado de cada familia o individuo. Lo explica magníficamente Pedro López (Profesor de la Universidad Complutense y miembro del Grupo de Pensamiento Laico) en este artículo para el medio Publico, que vamos a seguir a continuación. La Iglesia Católica (pero también el resto de las confesiones religiosas), plantea siempre la necesidad de incluir en el sistema educativo una formación en sus valores, bajo el presupuesto de la superioridad moral de éstos frente al laicismo creciente, cuyos valores, así como el propio concepto, denigran constantemente. Si del laicismo pasamos al ateísmo, los dignatarios y religiosos no es ya que denigren, es que demonizan directamente, invitando al odio de los creyentes. De hecho, fue éste uno de los pilares argumentales para el ataque a la Segunda República (a su sistema educativo laico, y por ende a toda ella), pues según los sublevados y los que apoyaban el golpe militar, estábamos asistiendo al declive de la civilización espiritual más antigua de Occidente. Sin llegar a este grado de odio, es frecuente el planteamiento por parte de los sectores religiosos de que el "remedio" al ateísmo es la formación religiosa, como si el ateísmo fuese una carencia del cerebro o alguna terrible enfermedad (el régimen franquista aseguraba que había que "extirpar el gen comunista" de la mente de los republicanos). Igualmente, son frecuentes en el discurso religioso ideas como que cuando falta el sentido religioso la persona se degrada, o aseveraciones indocumentadas, como que donde no hay fe aumentan los homicidios, el alcoholismo, los abortos y todas las plagas imaginables. Pongamos el caso más sencillo y evidente: los Estados Unidos no solo son la primera potencia mundial (ya en claro declive), sino también una de las sociedades más oscuras y religiosas que existen, hasta el punto de llegar casi al fanatismo. Pues bien, como sabemos, su sociedad (al igual que su Gobierno) es una de las más violentas del mundo, por no decir la más violenta, con mayor posesión de armas del mundo, y donde más ataques individuales e indiscriminados se llevan a cabo cada año. No parece tener, entonces, mucho sentido la anterior afirmación. Continuaremos en siguientes entregas.

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25 diciembre 2019 3 25 /12 /diciembre /2019 00:00
El Genocidio Palestino (XIV)

Edmundo Sichrovsky, un activista austríaco de origen judío que estaba en una de las casas que Israel anunció iba a derribar describió como los militares israelíes derribaron la puerta y sacaron a rastras a sus habitantes, golpeando al abuelo tirado en el piso delante de sus nietos espantados que lloraban. Incautaron los celulares para que no hubiera imágenes o filmaciones antes de empezar con los golpes conmigo y otros cuatro activistas. Me patearon varias veces y me hicieron arrodillar, me dejaron la nariz sangrante y una serie de cortes, me rompieron los anteojos con un rodillazo en el rostro. Una vez fuera de la casa, me encerraron en un auto mientras insultaban a gritos a mí o a activistas mujeres a las que llamaban putas

Testimonio recogido por Philip Giraldi, “Israel Has “The Most Moral Army in the World?”, UNZ Review, 30 jul. 2019

Expondremos en esta entrega lo relativo a la denominación "Estado judío" que Israel llevó a cabo durante el verano de 2018, y que es en sí misma todo un atentado a la democracia. Se trata de una declaración política en toda regla, que confirma el carácter racista del régimen israelí, una entidad supremacista bajo la preeminencia de lo judío, lo cual es, evidentemente, contrario a la democracia. Es el racismo y la discriminación institucionalizada. Porque...¿acaso no es un oxímoron, una contradicción en sí misma, hablar de "democracia" y de "Estado judío"? En algunas de las series políticas de este Blog tratamos hace ya algún tiempo de la absoluta necesidad de evitar los nombres de partidos políticos (cuánto más a los propios Estados) que hicieran referencia a tendencias religiosas. Así, por ejemplo, deberíamos huir y no permitir expresiones como "Partido Cristiano del Pueblo", y otras denominaciones por el estilo. Su aversión a la democracia es clara, cuando una formación política (o un Estado) vinculan claramente su ideario a opciones religiosas determinadas. Pues bien, el Parlamento del régimen israelí, como nos cuenta el escritor Pablo Jofré Leal en este artículo para el medio Hispan TV, aprobó en julio de 2018 con 62 votos a favor, 55 en contra y 2 abstenciones la llamada "Ley de Estado-Nación", que proclama como parte del ficticio "Estado judío" los territorios palestinos ocupados de la Ribera Occidental, al mismo tiempo que declara a la ciudad de Al Quds (Jerusalén) como capital del régimen de Tel Aviv. Al mismo tiempo consolida la política de construcción y ampliación de los asentamientos con colonos judíos sionistas. El mito de que Israel representa "la mayor democracia de Oriente Medio" se cae a pedazos, se vuelve insostenible. Al declarar abiertamente que "sólo el pueblo judío posee derechos nacionales", se está avanzando claramente hacia una filosofía racista y discriminatoria, un régimen de apartheid. Jofré Leal explica: "Hoy, ese ideal racista planteado por Netanyahu y que cuenta con el aval de lo más abyecto de la ultraderecha de Israel, de los grupos que representan a colonos extremistas y aquellos grupos ultraortodoxos, se ha concretado, develando así la verdadera cara del sionismo y echando tierra en ese mito de considerar a la entidad sionista como "la mayor democracia de Oriente Medio". Una falacia difundida urbi et orbe por los medios de información manejados por el sionismo y que han dedicado las últimas décadas a tratar de limpiar la cara criminal de uno de los regímenes más brutales que haya conocido la humanidad". 

 

Pero vayamos por partes, porque existe un paralelismo muy curioso entre el comportamiento del Estado de Israel con el que tuvo la Alemania nazi de los años 30 del siglo XX. En efecto (seguimos a Pablo Jofré Leal), resulta sintomático que estas leyes israelíes tengan su símil en leyes racistas que el régimen nazi alemán aplicó décadas atrás, contra personas que profesaban la fe judía. Y a día de hoy, después de más de 80 años, resulta abrumador constatar que aquellos que se supone sufrieron la segregación, la discriminación, la violación de sus derechos humanos, repiten a la vuelta de la historia la misma conducta criminal, en este caso contra el pueblo palestino, un pueblo árabe asentado en dichas tierras durante cientos de años antes. Y es un asunto grave precisamente porque el sionismo ha recibido jugosos réditos justamente apelando a los crímenes cometidos contra el pueblo judío, cuya base legal se encontraba en las leyes racistas de Nüremberg y posteriormente en los asesinatos masivos cometidos en campos de concentración que el régimen nazi instaló, no solo en territorio alemán, sino también en aquellos sometidos a la ocupación militar y con miles de colonos germanos. Y por otra parte, esa historia, ampliamente difundida y asimilada como incuestionable por el mundo occidental respecto al crónico victimismo judío, tiene hoy precisamente como victimarios a aquellos que en su momento fueron sacrificados en el altar de un régimen totalitario. ¿Cómo es posible pasar, al cabo de muy poco tiempo, desde los años de la Segunda Guerra Mundial, hasta el año de conformación de la entidad sionista en 1948, a transformarse en un régimen criminal, racista, que utiliza métodos similares al ideario nazi, pero ahora contra millones de hombres y mujeres palestinas? Resulta, cuando menos, desconcertante. En la Alemania de la década de los años 30 del siglo XX, en el mitin partidista anual celebrado en Nüremberg el 15 de septiembre de 1935, los nazis dieron a conocer una serie de leyes que institucionalizaban las teorías raciales que sustentaban la ideología del nacionalsocialismo. Producto de esas leyes, se les negaba a una serie de residentes en Alemania los derechos de ciudadanía de ese país (entre ellos y mayoritariamente a alemanes que profesaban la religión judía) y se les prohibía, por ejemplo, casarse o tener relaciones sexuales con personas de "sangre alemana o afín". 

 

La misma perversa prohibición se amplió a negros y gitanos. Además de ese marco legal más amplio, las leyes de Nüremberg establecieron una serie de ordenanzas de carácter secundario, que inhabilitaron a los judíos a votar, privándolos de la mayor parte de sus derechos políticos. Y en el plano económico, estos alemanes, sindicados como "no puros" y ajenos a la raza superior aria, eran privados también de sus derechos, sus propiedades eran confiscadas, y se comenzó un proceso de "arianización" de todo lo que fuera propiedad de alemanes, sindicados como judíos. 83 años han transcurrido desde entonces, desde aquellas leyes que consagraron el carácter racista del régimen nazi y que en el pasado año 2018 volvieron al panorama internacional bajo el ropaje vestido por un régimen colonialista, que consagra bajo su supuesta "superioridad racial", una ley que avanza en el sueño sionista de exterminar a todo aquel que no sea "puro", en un símil de la observancia de las leyes del régimen nazi. Así se le ha dado rango de ley a una definición de Estado-Nación judío, para darle consistencia a ese discurso espurio enarbolado respecto a que la ideología sionista representa a un Movimiento de Liberación Nacional. Una ley que prioriza los denominados valores judíos sobre cualquier otro valor democrático en los territorios ocupados desde 1948 y aquellos que se usurparon desde la guerra de 1967, y donde además se declara a contrapelo de todo el derecho internacional a Al Quds como la capital de Israel. Se crea así una entidad exclusiva para los judíos, permitiendo comunidades solo para aquellos que profesen la fe judía, estableciendo el hebreo como el idioma oficial de Israel y relegando el árabe a un idioma de "estatus especial". Una ley que pisotea los principios del derecho universal e ignora los derechos de los ciudadanos palestinos. Se ignora de un plumazo a un 20% de la población árabe que puebla los territorios ocupados, y que en su enorme mayoría son descendientes de aquellos palestinos que  permanecieron en sus tierras, expoliadas por Israel, tras la Nakba (ver entregas anteriores). Son 83 años de un lento pero sostenido proceso de segregación, expolio, usurpación y robo de las tierras palestinas, que Israel cada vez pretende blanquear más. Una política similar, salvando las distancias, a la ejecutada por los racistas sudafricanos contra la población negra, y que tanto denunciara Nelson Mandela. Pero esta aprobación del Estado-Nación judía es muy peligrosa, porque establece el precedente y el contexto para que ningún otro ser humano que no sea judío tenga derechos ni posibilidades de vivir. 

 

Es toda una barbaridad desde todo punto de vista que se mire. Algunos ejemplos pueden servirnos de base: es como si Francia se declarara "Estado-Nación católico", declarando ser la patria "oficial" de los que profesan esa religión. O como si los gitanos (otro pueblo sin Estado y sin territorio) comenzasen a instalarse en el Reino Unido, desplazando a su población inglesa original, ocupando territorios, y masacrando a la población. De hecho, como nos recuerda Antonio Gómez Movellán en este artículo publicado en el portal de Unidad Cívica por la República, los judíos, en el protectorado británico de Palestina, constituían una minoría, y vivían en su mayoría fuera de ese territorio. Y en la actualidad sigue siendo así. Aunque existen más de 15 millones de judíos en el mundo, solo 5 millones viven en el Estado de Israel. Recojo las palabras de Gómez Movellán: "La confrontación con el nacionalismo árabe primero y con el islamismo político más tarde han hecho de Israel un Estado cuyas alianzas internacionales se basan en los intereses de Occidente y todo lo que ello conlleva en la zona; pero más allá de esta realidad, que incluye la violación sistemática de los derechos humanos de millones de palestinos y el apoyo a las políticas de las grandes potencias occidentales en la región, el Estado de Israel es una realidad que, confrontado a una geopolítica hostil derivada del acto colonialista que supuso la construcción del Estado de Israel, ha ido transformando su naturaleza originaria nacionalista en un verdadero Estado colonial-nacional". La presencia de todos sus postulados en el sistema educativo es muy influyente, y además, desde los años 60, los judíos ortodoxos han irrumpido con fuerza en la política israelí condicionando la formación de gobiernos y profundizando el carácter colonialista del Estado. La Ley de Estado-Nación que estamos comentando rechaza definitivamente la idea de un Estado plurinacional, considerando el Estado de Israel como un Estado de hegemonía nacional judía, y excluyendo abiertamente otras posibilidades y realidades nacionales. Mediante dicha ley, el simbolismo oficial se decreta exclusivamente hebreo-judaico. Además, y esto es quizá lo más importante, se considera la autodeterminación como derecho exclusivo de los judíos, con unos objetivos que tienen mucho que ver con la consolidación definitiva de los territorios ocupados, y con el objetivo de evitar futuros movimientos de separación de la minoría árabe. 

 

Todo es parte, en el fondo, de una misma estrategia, encaminada a difundir una narrativa falsa respecto a su historia, y de esa forma continuar victimizándose ante el resto del mundo. Esto es un hecho que tiene mil manifestaciones distintas. Por ejemplo, el régimen israelí, a través de sus órganos y representaciones diplomáticas, y en colaboración con terceras entidades (locales o internacionales), celebra reuniones y encuentros con el objetivo de extender sobre el imaginario colectivo ciertas ideas, como por ejemplo que la partición de Palestina en el año 1948 generó cientos de miles de refugiados judíos desde los países árabes. Se va generando así un manto de duda y confusión, incluso de oscuridad, sobre los 5 millones de refugiados palestinos, éstos sí reales, que aún esperan retornar al hogar usurpado por el sionismo. Y así, una serie de teorías falsarias, conspiranoides, impresentables y claramente ofensivas se van extendiendo gracias al poder del lobby sionista por todo el mundo. Para Israel y sus ideólogos, su casta dirigente y lo transmitido como dogma de fe, su destino trágico aún no ha finalizado, y las organizaciones internacionales deberían reconocer la tragedia derivada de la supuesta diáspora consecuencia de la partición de Palestina. Se despliegan una serie de estrategias políticas y comunicacionales para desviar la atención sobre la situación de ocupación, colonización y apartheid que vive Palestina. Llega a tanto el nivel de hipocresía, de falsificación y mitificación histórica, que Israel no abandona su papel de víctima eterna, y el sionismo utiliza todas las armas a su favor para involucrar a los organismos internacionales en esta tarea. Las mentiras sionistas, como vemos, no tienen límite. Finalizo esta entrega con unas palabras de César Manzanos Bilbao, Doctor en Sociología, quien en una carta enviada al medio digital Rebelion, y titulada "Israel: Estado terrorista" (a la cual volveremos en la próxima entrega), afirma textualmente. "Dice la canción que David era Goliat, y efectivamente la historia lo está confirmando. Quizás no solo estemos asistiendo al retorno al principio del judaísmo del "ojo por ojo y diente por diente", al mantenimiento del "orden mundial" fundamentado en el principio de la imposición por la fuerza, de la venganza, de la ley del más fuerte, sino que más bien estemos ya en la lógica de la exterminación de todo aquello que no acata, se somete y vive para reproducir los principios básicos de las minorías que detentan el poder". Continuaremos en siguientes entregas.

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23 diciembre 2019 1 23 /12 /diciembre /2019 00:00
Viñeta: Cecilia Zamudio (Luchas indígenas)

Viñeta: Cecilia Zamudio (Luchas indígenas)

Hoy más que nunca, necesitamos desarrollar la inteligencia espiritual. Nuestra sociedad requiere urgentemente replantear los fundamentos filosóficos de valores universales como el amor, la armonía, paz y concordia, que nos permitan más allá de lo conceptual asumir el mundo como nuestro hogar, a la humanidad como nuestra familia y al Ser como nuestra identidad

Zyanya Ocaña

Hoy día la utopía no consiste en preconizar el bienestar por el decrecimiento y la subversión del actual modo de vida; la utopía consiste en creer que el crecimiento de la producción social aún puede aportar el superbienestar, y que dicho crecimiento es materialmente posible

André Gorz (1979)

Nos queda por exponer, y lo vamos a hacer a continuación, el octavo y último punto definido por Jorge Riechmann como puntales o bases del Ecosocialismo, y lo vamos a hacer siguiendo de nuevo el magnífico texto "Aprender a decrecer - Educando para la sustentabilidad al fin de la era de la exuberancia", de Luis Tamayo, del cual recomiendo su lectura completa a los seguidores y seguidoras de este Blog. Consultar las entregas previas para la exposición de los puntos anteriores:

 

VIII.- La conciencia holista: la unidad con el otro y el mundo. En el mundo neoliberal y tecno-científico en el cual vivimos, donde la línea de producción del fordismo priva, la humanidad ha perdido la mirada de la totalidad, lo cual el filósofo Rodolfo Santander denuncia en su ensayo "Pensando con Günter Anders. La situación del hombre en la era atómica". Recogemos a continuación un fragmento: "Mediante la división del trabajo la sociedad industrial busca obtener sus objetivos de rendimiento y eficacia. Por esta razón la división del trabajo es algo deliberadamente querido por la sociedad capitalista, como en su momento también lo fue por la organización económica del socialismo real. En aras de este rendimiento y de esta eficacia, los efectos y las consecuencias de lo que se produce se vuelven invisibles para el productor. Como todo el mundo se ocupa solo con una parte de la producción total para aumentar la productividad y la eficacia, nadie sabe de esos efectos y de esas consecuencias, y nadie se pregunta --ni debe preguntar-- por ellos [...] Hay que admitir que la empresa crea un hombre "instrumentalizado", un hombre inconsciente de los fines, conformista y sin conciencia moral. Y no debe extrañarnos que aquellos que llevaron a cabo la solución final o construyeron bombas atómicas y hoy construyen centrales nucleares sean hombres del tipo instrumentalizado [...] En las condiciones de existencia creadas por la sociedad industrial, entonces, el conjunto, la totalidad se vuelve invisible. Esta invisibilidad es, de otro lado, favorecida por una desproporción entre la inmensa producción técnica de la que es capaz el hombre actual y su mínima o nula capacidad de representar y de imaginar los resultados, de sentir las consecuencias de ese poder productivo. En este sentido, el hombre es más pequeño que él mismo. Anders llama a esta desproporción "desfase prometeico". 

 

Es el hombre mismo, denuncian Anders y Santander, el que se ha deformado, el que se ha "instrumentalizado", el que ha perdido conciencia moral y se considera irresponsable de sus actos, el que ha perdido la mirada de la totalidad, esa que era tan cara para la humanidad precedente. La supervivencia de la especie humana requiere establecer "la actitud de desasimiento frente a la avidez del consumo y una revalorización de la vida sencilla y de la auténtica pobreza", esa que Ghandi pregonaba y que es, en realidad, una gran riqueza espiritualmente hablando, lo cual Heidegger reconoció en su conferencia dictada el 1 de julio de 1933 en Heidelberg: "Rompamos todos nuestros platos de porcelana. Podemos comer en platos de barro". Si los seres humanos no somos capaces de interrumpir el trato depredador para con nuestro mundo, tal y como nos advierten Heidegger, Anders y Santander, serán las catástrofes "naturales", económicas y sociales, las que nos obligarán a despertar del desmesurado y enloquecido sueño del progreso infinito. Sólo gracias al reconocimiento de la unidad con el otro y el mundo, el hombre puede verdaderamente asumir una posición de respeto y cuidado por la Madre Tierra. Sólo reconociendo el valor de un recurso finito (como los hidrocarburos) podemos cuidar y reducir su consumo. Y para producir esos sujetos se requieren educadores libres, que por serlo, sean capaces de actuar de manera liberadora. Sólo un ser humano que se asuma finito y por ende reconozca que es uno con el mundo y el otro, será capaz de obrar de una manera sustentable y cuidar de la naturaleza. 

 

Todo lo cual nos lleva a que es absolutamente necesaria una educación para la sustentabilidad, justamente para que podamos crear futuras y próximas generaciones que asuman estos postulados, y los pongan en práctica en su vida. Luis Tamayo dedica en su obra todo un capítulo para exponer la Educación para la Sustentabilidad, que nosotros vamos a seguir a continuación. La educación que permitiría la sustentabilidad de la especie humana en la Tierra no es aquella que sólo llena a los alumnos de "valores" o tecnologías de vanguardia, progresistas e innovadoras. Se requiere un cambio radical en el paradigma del vínculo con la naturaleza, el cual, en Occidente, ya ha sido descrito por una filosofía muy particular, la de Martin Heidegger, aunque en Oriente es una práctica consolidada en su lengua misma, como bien muestran François Jullien y Daisetsu T. Suzuki. Asímismo, como  la educación tradicional ha contribuido a la producción de la moderna sociedad del riesgo, es menester establecer otra educación que permita no solo soñar con una humanidad no depredadora de su medio ambiente, sino, gracias a la cura de su locura ecocida, con una capaz de contribuir a mitigar los terribles efectos de la crisis que se avecina. Se puede educar para el pasado, el presente o el futuro. Educar para el pasado constituye la manera habitual en la educación tradicional (o "bancaria"), es decir, aquella que obliga a los estudiantes a repetir los conocimientos a la manera como el docente los recibió. Educar para el presente implica dotar a los estudiantes de las herramientas que les permitan colaborar correctamente con su sociedad en el momento en el cual reciben la enseñanza (el presente). Educar para el futuro (o dicho en términos derivados de la filosofía heideggeriana, para la temporalidad futura "colapsada en el presente") es más complejo, pues implica poseer perspectiva, es decir, una visión clara del mundo venidero para dotar a la generación subsecuente de las herramientas que le permitan afrontar dicha nueva situación. En lo que sigue intentaremos abundar en esa dirección, pues sabemos que, tal como develó Heidegger, el futuro no es sino aquello que construimos en el presente. En el presente se manifiestan los signos del futuro y por ende podemos corregirlos y hacer que sean superables los retos, mayúsculos, que implicarán el calentamiento global, el fin de la era de la exuberancia y la economía financiera neoliberal. 

 

Y dicha educación, dado que trata de transformar a un animal de hábitos (no a un animal "racional" como erróneamente denominó Aristóteles al ser humano), lo más conveniente es que se realice no mediante actos determinantes e irruptivos sino mediante "transformaciones silenciosas", mediante pequeños actos repetidos con el ejemplo, tal y como hace la naturaleza misma. El modelo actual en el cual la mayoría de las personas se forman, desgraciadamente, favorece la emergencia del ser humano instrumentalizado y ecocida. En esa educación, concebida tradicionalmente como "la transmisión de conocimientos de una generación a otra", la primacía la posee la generación precedente. En el curso de los años, esa concepción ha sido fuertemente criticada por la educación denominada alternativa. Paulo Freire (1980), entre otros, afirmaba que la educación tradicional generaba que el docente se considerase dueño de un saber absoluto, el cual el "ignorante" alumno debía solo repetir. Freire mostró que ese modelo educativo se perdía en la repetición y agotaba la inventiva. A. S. Neill (1986) añadió que esa educación tampoco hacía felices a los hombres. La cuestión llegó a ser tan grave que en algunas regiones del planeta se generaron escuelas alternativas a partir de la iniciativa de los propios alumnos (tal como el Instituto Experimental de Oslo descrito por Mosse Jörgensen). El modelo de la educación tradicional establece el vínculo entre un "sabio" (el maestro) y un "ignorante" (el alumno), posición incómoda para ambos participantes. Cualquier maestro conoce lo insoportable de la posición de omnisapiencia que le produce, entre otros malestares, la bien conocida "angustia ante la primera hora de clase". Por otro lado, el alumno sabe lo incómodo de ser considerado un ignorante absoluto, el cual debe simplemente ser sumiso y obediente, un mero repetidor del texto sagrado tal como lo estableció J. B. Lasalle con sus famosas "escuelas de caridad" fundadas a finales del siglo XVIII. Continuaremos en siguientes entregas.

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20 diciembre 2019 5 20 /12 /diciembre /2019 00:00

La obligación de la comunidad debe ser garantizar el derecho a la mejor educación pública de calidad que tienen todos los niños y niñas. Y eso solo es posible con una red pública única, que no derive recursos públicos de nuestros impuestos a financiar opciones privadas, que garantice una oferta de plazas públicas suficientes en todos los niveles y modalidades educativas, que respete criterios pedagógicos y equitativos que beneficien a los menores y que ofrezca igualdad de oportunidades

Enrique Díez y Agustín Moreno

Otro gran engaño, falacia o falso paradigma donde se apoya normalmente la escuela concertada es en la trampa de la llamada "cultura del esfuerzo", asunto que es tratado por Julio Rogero en este artículo para el medio digital El Diario de la Educación, y que seguiremos a continuación. En efecto, se nos transmite una imagen (derivada de la cultura capitalista y neoliberal) de que todo lo que consigamos en la vida depende de nuestro esfuerzo y dedicación, de nuestras ganas y de nuestra valía personal. Pero esto hay que matizarlo bastante. Rogero explica: "La escuela oculta que la desigualdad social de partida cuando se accede a ella determina en gran medida tu futuro, y que no existe la igualdad de oportunidades, sino una falsa meritocracia en la que suelen perder los mismos". De entrada, hemos de partir (hecho que ya hemos analizado a fondo en nuestra serie de artículos "Arquitectura de la Desigualdad") de que la desigualdad se hereda, lo cual ha quedado ampliamente demostrado y documentado en los diversos informes que ONG como Intermon Oxfam o Cáritas han elaborado al respecto. Sabemos, por ejemplo, que más del 80% de los hijos e hijas de familias pobres serán también pobres. El sistema educativo, bajo un modelo de sociedad neoliberal, juega también un papel reproductor de las desigualdades sociales. En esta dinámica de la "sociedad del rendimiento", cuando se analizan las causas del fracaso escolar, es frecuente escuchar el mismo razonamiento, que culpabiliza al alumnado por no esforzarse lo suficiente en la escuela, o por no ser lo suficientemente inteligentes como para alcanzar el éxito. Algo tiene que ver también con los rancios eslóganes americanos sobre la "tierra de las oportunidades", lo cual es igualmente una soberana falacia. El mensaje consiste en decirte que si te esfuerzas, si tienes dedicación y te empeñas con todas tus ganas, podrás conseguir en la vida todo lo que desees, lo cual es absolutamente falso. El problema añadido, además, es que muchos de los que no fracasan escolarmente y logran títulos universitarios, másteres, doctorados, saben idiomas, etc., también han entrado a formar parte de la clase precaria, con frecuencia, haciendo trabajos de mucha menor cualificación que la que poseen y con sueldos de miseria. A éstos también se les acusa de no esforzarse lo suficiente en el mercado laboral para conseguir un mejor empleo, aunque ya se esforzaran en su paso por el sistema educativo. 

 

Eso no contradice, por supuesto, los datos que nos indican que, en sentido general, quienes tienen estudios universitarios encuentran trabajo antes y en mejores condiciones que quienes se quedaron a medio camino en su paso por el sistema educativo. Existen cientos de miles de personas (que se lo digan a los jóvenes exiliados laborales, por ejemplo) que viven estas situaciones con una gran frustración, sentimiento de culpabilidad y la profunda impresión de haber sido engañados por el sistema. Un sistema que les había prometido que si se esforzaban y completaban los ciclos educativos iban a verse muy bien recompensados. Las promesas de "estudia para ser algo en la vida", "si no te esfuerzas no serás nada" o "esto te servirá para el futuro" forman parte del gran engaño de una sociedad profundamente clasista, que nos oculta la realidad creada para que unos triunfen siempre y otros sean los grandes perdedores del sistema. De hecho, es el elemento más utilizado por el poder para seguir ocultando y reproduciendo la tremenda realidad de injusticia social de esta sociedad. El mensaje es que sigas esforzándote, porque en caso contrario no llegarás a ninguna parte. Del mismo modo, debes esforzarte para ser un buen emprendedor y empresario de ti mismo, es decir, autoexplotado, para poder salir adelante y competir en una sociedad de buitres carroñeros sin piedad. Pero esforzarse...¿para qué? ¿para quién? A la primera pregunta podemos responder que, dentro de la lógica dominante, es necesario esforzarse para adquirir el máximo valor en el mercado laboral; para que, con una mayor formación, puedas competir en una mejor posición en la que el capital saque más plusvalía en la sociedad del rendimiento; en el fondo, para ser más útil al sistema, sobre todo si has aprendido y te has esforzado por ser creativo e innovador. A la segunda pregunta no solemos responder porque nos han hecho creer que el esfuerzo que hagamos revierte en nosotros mismos, en nuestro propio beneficio. Sin embargo, se nos suele ocultar que el máximo beneficio de nuestro esfuerzo en la economía de mercado capitalista es para los dueños de los medios de producción. 

 

Y así, nos esforzamos para servir a un poder cada vez más difuso, donde los ricos y los explotadores están cada vez más lejos y ocultos de los pobres y los oprimidos, que son los que rentabilizan a su servicio el trabajo individual y colectivo de la mayoría de la humanidad. Son ellos los que dicen con los hechos que cada vez hay una parte mayor de personas descartables, de desechos humanos, sobrantes e inútiles para el sistema. Son los que se quedan fuera del mercado laboral, los que ya poseen cierta edad (hoy día ya es difícil encontrar trabajo si se han superado los 40 años de edad), los desposeídos, los insolventes, los subsidiados, los que no aportan "productividad" (rentabilidad económica, porque la rentabilidad social deja de importar), y en definitiva, son un lastre para el crecimiento económico y el "desarrollo" de la sociedad. Por todo ello, tal como sostiene Julio Rogero en el artículo de referencia, es absolutamente necesario desmontar y cambiar radicalmente el discurso dominante de la "cultura del esfuerzo" en el sistema educativo. Dicha cultura nos prepara para convertirnos en esclavos sumisos al poder, haciéndonos creer que nos esforzamos para nosotros mismos. Es justo por eso que crea tanta frustración, culpabilidad y sufrimiento. Pero no se nos interprete mal: nadie dice que no sea necesario esforzarse en el vivir cotidiano, y por supuesto también en la escuela. Pero hay un esfuerzo que nos conduce a ser dominados, es el esfuerzo que nos predican y nos imponen, y otro esfuerzo que nos lleva a ser libres con los demás, siendo y viviendo lo que queremos ser y vivir, en una sociedad radicalmente diferente a la actual. Julio Rogero lo expone en los siguientes términos: "Si es un esfuerzo para poder ser nosotras mismas, para desarrollar nuestras capacidades al máximo, nuestra curiosidad insaciable, nuestras inquietudes, nuestra dimensión crítica y creativa, para aprender a convivir, a cooperar, a compartir, a salir de nuestro ego, a cuidar la vida y a cuidarnos, a empatizar, a apasionarnos por saber y por conocer, por ser justos, igualitarios y fraternos, entonces sí vale la pena ese trabajo, porque nos producirá una gran satisfacción personal y colectiva. No estará basado en el triunfo sobre los demás, sino en la búsqueda colectiva de la equidad, la justifica y la vida buena para todos y todas". 

 

Ese es precisamente el esfuerzo valioso, es el esfuerzo que hay que pedir a todos los que formamos parte de la comunidad educativa, y no solo al alumnado, como se suele hacer. Se trata del esfuerzo inclusivo, individual y colectivo, para caminar hacia el cumplimiento del derecho humano fundamental a la educación buscando el éxito de todos. Es el cambio de mirada que a todos nos convendría hacer sobre la tan cacareada y manida "cultura del esfuerzo" en la escuela. Pero para poder exigir y llevar a cabo este otro esfuerzo, el que de verdad merece la pena, necesitamos "aprender a mirar desde la perspectiva de un nosotros común", en expresión de Miguel López Melero, cuyo artículo seguiremos a continuación. Se trata de la mirada inclusiva. La inclusión educativa ha sido un aspecto poco cuidado hasta ahora, y se trata de un aspecto educativo absolutamente esencial, que por supuesto el modelo de escuela pública que proponemos debería llevar a cabo. En palabras de López Melero: "La educación inclusiva nos abre la esperanza para la construcción de un proyecto de sociedad y de humanización nueva, donde el pluralismo, la cooperación, la tolerancia y la libertad sean los valores que definan las relaciones". La escuela pública debe dar respuesta al conjunto del alumnado, independientemente de la etnia, el género, la religión, la orientación sexual, la procedencia cultural...La escuela pública debe estar pensada para incluir, no para segregar. La exclusión educativa debe ser erradicada, como uno de los pilares básicos para poder erradicar la exclusión social en su conjunto. Pero aclaremos: la educación inclusiva no tiene nada que ver con la educación especial, ni con el alumnado discapacitado, ni con los programas de la educación compensatoria, ni con las adaptaciones curriculares, ni con el profesorado "sombra", sino con el hecho de construir una nueva escuela pública que dé respuesta a todas las niñas y niños, adolescentes y jóvenes, sin excepción alguna. Desde este punto de vista, es otra escuela pública la que necesitamos, una escuela pública que incluya a todos en una educación equitativa y de calidad. No es una moda, ni una tendencia educativa, sino una imperiosa necesidad social.

 

Luis Melero explica: "Pensar en niñas y niños que aprenden de distinta manera es seguir anclados en un discurso deficitario propio de tiempos pasados. Si pretendemos construir una sociedad justa, democrática y culta, la escuela pública debe ofrecer modelos equitativos donde no haya ninguna niña o niño, ni ningún joven que por razones de género, etnia, religión, hándicap, sexo, procedencia económica o social esté excluido. Mientras haya un alumno o una alumna en una clase que haya perdido su dignidad y no sea respetado como es, ni participe en la construcción del conocimiento con los demás ni conviva en condiciones equitativas a sus compañeros y compañeras, no habremos alcanzado la educación pública. Y su finalidad fundamental es que todos y todas aprendan a pensar y aprendan a convivir". El modelo educativo inclusivo se ha visto torpedeado, bajo la sociedad neoliberal, por el capitalismo, la selección del alumnado, los ránkings, los centros de "excelencia", el clasismo, la segregación, los itinerarios tempranos, la eliminación de diversas asignaturas, etc. La escuela pública no puede funcionar bajo este modelo, ha de tender hacia un modelo cuanto más inclusivo, mejor. Y ello porque hablar de inclusión en el campo educativo es hablar de justicia, y parece lógico que para construir una sociedad justa y honesta sea necesario desarrollar modelos educativos equitativos que afronten con justicia los desequilibrios existentes, ya que la educación es el medio más eficiente para romper el círculo de la pobreza y de las desigualdades en el mundo. Se vuelve por tanto imprescindible que los responsables de las políticas educativas, el profesorado y el resto de la comunidad educativa contraigamos el compromiso moral de orientar la educación hacia la equidad. No existe calidad educativa sin equidad, y no existe equidad si no se atiende ni se respeta a la diversidad del alumnado. Sólo lograremos un sistema educativo equitativo y de calidad cuando las diferencias sean consideradas como un valor y no como un defecto, cuando las aulas se conviertan en comunidades de convivencia y aprendizajes, que es lo mismo que decir en unidades de apoyo de unos a otros, donde cualquier actividad no se organice ni individual ni competitivamente, sino de manera cooperativa y solidaria. Sólo podremos hablar de equidad y de justicia social si cambiamos nuestras prácticas educativas para que nadie se encuentre excluido en nuestras escuelas. Y no se trata de ninguna utopía ni de un objetivo irrealizable, sino de un proyecto moral que nos obliga a quienes nos dedicamos a este mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 diciembre 2019 3 18 /12 /diciembre /2019 00:00
El Genocidio Palestino (XIII)

Durante décadas, los planes de paz han hecho demandas imposibles a los palestinos, obligándoles a rechazar las condiciones que se les ofrecían y creando así un pretexto para que Israel se apodere más de su patria

Jonathan Cook

Seguiremos a continuación este artículo publicado por Pablo Jofré Leal para el medio HispanTV, donde detalla algunos aspectos significativos. En primer lugar, destaca la ausencia de verdaderas alternativas al conflicto palestino-israelí por parte de los posibles candidatos a elecciones en Israel. Todos los candidatos, cuando se trata de este asunto, no difieren en sus propuestas: más guerra, más poder al Ejército, más construcción de asentamientos, y más búsqueda de apoyos del lobby sionista en Estados Unidos. Ningún candidato o candidata ofrece plantear el conflicto de otra forma. En este sentido, existe total unanimidad, como si el asunto fuese una cuestión de Estado, y no pudiese ser abordado desde otras posiciones. Ningún aspirante a la presidencia israelí significa nada positivo para el objetivo de autodeterminación del pueblo palestino. En general, son un cuadro de candidatos deseosos de presentarse ante el electorado israelí con el discurso más racista, con mayor virulencia y agresividad contra Palestina, el Movimiento de Resistencia Islámica del Líbano (Hezbolá) e Irán (el otro gran enemigo), en aras de conseguir los votos de los sectores más extremistas de la población, y con mayor poder dentro de esta entidad enclavada en el Oriente Medio. Como explica Jofré Leal: "No es extraño tal panorama, donde los discursos y propuestas más antipalestinas, que hablan de guerra y no de colaboración, que levantan la siempre vendible imagen de un pueblo judío perseguido y que se debe defender del mundo entero; son planteamientos que calan muy hondo en Israel. Una entidad donde el racismo campea a sus anchas, sobre todo en aquellos sectores que bajo una política de subsidios, apoyo estatal en educación, salud, remuneraciones entre otras prebendas, son la daga clavada en territorio palestino de Cisjordania, con creciente poder político". Hablamos de un poder que se sustenta, básicamente, en la construcción de asentamientos, conformados por unos 650.000 colonos extremistas, un 10% de ellos de origen estadounidense, considerados los más violentos de una sociedad aún en pañales que ha consolidado un régimen de terror para la Palestina ocupada y vecinos como El Líbano y Siria, principalmente. 

 

Y hablamos de una comunidad de judíos sionistas en pañales porque a pesar de que traten de vender una imagen de nación milenaria, se suele omitir interesadamente que se trata de una entidad internacional reciente, creada hace solo siete décadas. Con período de colonización de tierras palestinas, a través de un proceso que se origina en Europa (ver entregas anteriores, donde explicamos la Declaración Balfour y todo el itinerario que vino después) a través de una organización de europeos adscrita a una ideología política que buscó su anclaje con el judaísmo a partir del último cuarto del siglo XIX. Jofré Leal lo resume en los siguientes términos: "Una colonización que bajo el marco mitológico de un supuesto retorno a tierras ancestrales --entregadas dadivosamente por una divinidad para un pueblo signado por el judaísmo como "elegido"-- comienza a ser alentado por el sionismo liderado por Theodor Herzl y sus congresos, en específico el celebrado en la ciudad de Basilea, Suiza, en agosto del año 1897, donde se aprueba el denominado Programa de Basilea. Allí se entregaron las bases de actuación del sionismo y se crea la Organización Mundial Sionista "con el objetivo de crear un hogar en Palestina para el pueblo judío. Para alcanzar este objetivo deben adoptarse las siguientes medidas: Fomentar el desarrollo práctico de Palestina mediante su asentamiento por judíos campesinos, artesanos y profesionales. Segundo, organizar la judería mediante eficientes entidades, locales y generales, conforme a las leyes de cada país. Fortalecer el sentimiento nacional y la conciencia nacionalista judía, y finalmente adoptar las acciones preparatorias para obtener de los gobiernos los consentimientos necesarios para alcanzar la meta del sionismo". Apoyo político que se obtiene a través de la Declaración Balfour y posteriormente con el Mandato otorgado por la Sociedad de Naciones al Reino Unido".

 

En poco tiempo, miles y miles de judíos sionistas, al amparo de una ideología excluyente, llegaban de diversas partes del mundo (principalmente de Europa Central y Oriental, además de Rusia) a tierras palestinas, demandando un "derecho" definido por los sionistas como natural e histórico, generando de este modo una limpieza étnica y las bases de lo que sería la conformación de la entidad israelí, centrándose en un objetivo político fundamental: "asegurar una mayoría judía numérica y cualitativa, para así controlar la tierra y los recursos económicos, predominio que se refleja también en el plano político-militar, con hegemonía de la comunidad de judíos provenientes de Europa". Todo su ideario está apoyado en una lógica criminal sionista, que ha sido estudiada por los autores Israel Shahak y Norton Mezvinsky en su obra "Fundamentalismo judío en Israel", donde exponen el ideario criminal que subyace en el régimen israelí: "Los sionistas argumentan que aquello que parece ser una confiscación de tierras de propiedad árabe, no es un acto de robo, sino un acto de santificación. Desde su perspectiva, la tierra está siendo redimida al ser transferida de la esfera satánica a la divina...Para promover este proceso, se permite el uso de la fuerza todas las veces que sea necesaria...El Halaka permite a los judíos que roben a los no judíos, en las situaciones en las que los judíos son más fuertes que los no judíos". Se trata, como vemos, de toda una racionalidad fundamentalista judía, en toda regla. Para completar este cuadro del ala fundamentalista judía, los rabinos de Gush Emunim (organización fundamentalista militante israelí que busca extender la autoridad de la ley judaica y establecer un Estado basado en ella) reiteran continuamente en sus prédicas que los judíos que maten árabes no deberían ser castigados. Citamos de nuevo a dichos autores: "Basándose en el Código de Maimónides y en el Halaka, el rabino Ariel declaró que un judío que mata a un no judío está exento de ser juzgado por humanos y no ha violado la prohibición (religiosa) del asesinato...la trascendencia de esto es de un impacto máximo si se considera el amplio apoyo, tanto directo como indirecto, del que goza Gush Emunim. Aproximadamente la mitad de la población judía de Israel apoya a este movimiento". Ello nos da una idea bastante aproximada del grado de radicalización que ostenta dicha población. Incluso justifican los asesinatos de niños y bebés. Remito a los lectores y lectoras a unas cuantas entregas más atrás, donde nos detuvimos en algunos mandatos aberrantes del Talmud. 

 

No resulta extraño entonces que judíos sionistas, influenciados por este tipo de prédica terrorista, enarbolen sus propios argumentos criminales con toda naturalidad. Tal es el caso, por ejemplo, de la Ministra de Justicia del régimen de Benjamín Netanhayu, Ayelet Shaked, perteneciente al partido ultranacionalista Hogar Judío. Esta señora afirma que "Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no podría atentar. Ahora todos son combatientes enemigos, y su sangre caerá sobre sus cabezas. Incluso las madres de los mártires, que los envían al infierno con flores y besos. Nada sería más justo que siguieran sus pasos (...) Deberían desaparecer junto a sus hogares, donde han criado a estas serpientes. De lo contrario, criarán más pequeñas serpientes". No obstante, y afortunadamente, no toda la población israelí piensa de esta forma. De hecho, esta perversión ha generado que miles de judíos que no piensan ni sienten de esta forma hayan huido horrorizados de ese Israel creado al amparo de esa ideología racista, colonialista y criminal. Tal es el caso del músico y escritor israelí Gilad Atzmon, quien tomando al pie de la letra las palabras del que fuera superviviente de los campos de concentración nazis, el profesor alemán de religión judía Israel Shahak, en el prólogo de su libro "La Identidad Errante: la identidad judía a examen", consigna lo siguiente: "Los nazis me hicieron tener miedo de ser judío y los israelíes me hacen tener vergüenza de ser judío". Gilad Atzmon tiene muy presente, y así lo señala, que el extremismo nacionalista israelí tiene buena parte de responsabilidad en la falta de paz en todo el Oriente Medio. Y además, recurren continuamente a los diversos mitos en su imaginario colectivo. Alfonso Bolado, miembro del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, desmonta en este artículo los mitos de Israel. Sobre el primer mito, relativo al origen bíblico del pueblo de Israel, concluye: "Toda historia nacionalista es en buena parte una historia mítica: narra un esfuerzo colectivo para crear, engrandecer o retrasar el proceso nacionalizador de un pueblo determinado. Para ello reinterpreta o selecciona los datos de la realidad histórica. Los problemas de convertir la Biblia en historia nacional son mucho más grandes: por un lado, pensar que un Estado moderno es el sucesor de otro desaparecido hace 2.000 años (la destrucción de Jerusalén tuvo lugar en el año 70 después de nuestra era) es un verdadero despropósito que solo resulta concebible desde una fe muy arraigada o un cálculo perverso; por otro, la Biblia no es una reelaboración nacionalista de los datos del pasado: es directamente, y en buena parte, una obra de ficción, con muy débil sustrato real, que por mucho que pudiera confortar a espíritus religiosos, proyecta unos valores (presencia de Dios en la Tierra, idea del Pueblo Elegido, odio feroz al enemigo) que tienen poco que ver con la racionalidad". 

 

El segundo mito sería el relativo a la superioridad moral del judío (que aún hoy acepta el 68% de la población israelí), relacionada con la conciencia de haber sido perseguidos sistemáticamente, de ser los verdaderos justos de la Tierra, o los no contaminados por el afán de dominio, etc. Es precisamente esa conciencia de superioridad moral la que ha producido en el establishment israelí una actitud arrogante que se manifiesta en las sistemáticas acusaciones de antisemitismo dirigidas a todos los críticos con su política. Y además les conduce a no poner en cuestión los criterios de legitimación de su Estado. Y a partir de ahí, legitiman todas las prácticas criminales que llevan a cabo: ocupación de tierras, levantamiento de muros, segregación de la población palestina, ataques contra población civil, muerte masiva de no combatientes, expolio de propiedades, saqueos, detenciones ilegales, humillaciones, torturas...cuya frecuencia y gravedad van más allá de lo que pudieran considerarse casos puntuales o abusos esporádicos, y sugieren una táctica implícita, consciente, programada y continuada. Pero la superioridad moral, como decimos, les eleva sobre todas estas barbaridades, creyéndose que son "una isla de humanismo, democracia y bienestar en un océano de tiranía" (en palabras de Alfonso Bolado). Y concluye: "Hoy día Israel es un Estado férreamente conservador, violento y despectivo hacia la opinión internacional; un Estado, como denuncian muchos israelíes de buena voluntad, contaminado por su carácter colonial". Definitivamente, el Estado de Israel fue y es fruto de un expolio. Un expolio humano, material, nacional, aberrante. Pero eso no es óbice para una situación de excepcionalidad, ya que una buena parte de los Estados que forman actualmente el mundo que conocemos tuvieron el mismo origen. Lo verdaderamente excepcional es que todos esos mitos lleguen hasta nuestros días, que aún se sigan cultivando y creyendo en la mente de la inmensa mayoría de los israelíes. Como afirma Alfonso Bolado, "lo excepcional del Estado de Israel es la reclamación de su excepcionalidad". Y concluye: "Hoy en día, cuando el antisemitismo es residual y en Occidente es más peligroso ser rumano, magrebí, turco o subsahariano, ha llegado para Israel el momento de salir del infernal círculo vicioso de resentimiento y victimismo para impedir que la repugnancia que inspiran sus prácticas hacia los palestinos se transformen en un odio renovado e injusto hacia todos los judíos. Es el momento de saber que israelíes y palestinos comparten el mismo territorio, con demasiada historia, real o sagrada, a sus espaldas". Continuaremos en siguientes entregas.

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16 diciembre 2019 1 16 /12 /diciembre /2019 00:00
Viñeta: Predrag Srbljanin

Viñeta: Predrag Srbljanin

El Buen Vivir implica la reconstitución de la identidad cultural de herencia ancestral milenaria, la recuperación de conocimientos y saberes antiguos; una política de soberanía y dignidad nacional; la apertura a nuevas formas de relación de vida (ya no individualistas sino comunitarias), la recuperación del derecho de relación con la Madre Tierra y la sustitución de la acumulación ilimitada individual de capital por la recuperación integral del equilibrio y la armonía con la Naturaleza

Fernando Huanacuni (2010)

Cualquier cosa que sea contraria a la Naturaleza lo es también a la razón, y cualquier cosa que sea contraria a la razón es absurda

Baruch Spinoza

Continuando con los ocho principios básicos que fundamentan el Ecosocialismo, nos restan únicamente por exponer los dos últimos (continuamos tomando como referencia el magnífico texto de Luis Tamayo "Aprender a decrecer - Educando para la sustentabilidad al fin de la era de la exuberancia") (véanse las entregas anteriores para consultar los demás principios fundamentales):

 

VII.- Una Economía Solidaria y Biomimética. Si queremos realmente construir una sociedad convivial es evidente que el modelo económico vigente en el mundo no es, de ninguna manera, el correcto. Si pretendemos construir una economía verdaderamente solidaria y biomimética es menester que dicho modelo económico funcione con: 1. Ciclos cerrados de materia (es decir, sin generar "externalidades"). 2. Sin acumulación de capital (es decir, en una sociedad convivial se comparten equitativamente las ganancias y se presta sin interés alguno, véanse las entregas anteriores cuando hemos dedicado atención a las diversas modalidades de la donación, la colaboración, el intercambio y el trueque). En primer lugar, tal y como nos indica Jorge Riechmann, la clave de la sustentabilidad descansa en "Ciclos de materiales cerrados, sin contaminación y sin toxicidad, movidos por energía solar, y adaptados a la diversidad local: ésta es la esencia de una economía sustentable. Cuando se trata de producción industrial, suele hablarse en este contexto de producción limpia". Y ese modelo económico es biomimético (citamos de nuevo a Riechmann): "Los ecosistemas naturales funcionan a base de ciclos cerrados de materia, movidos por la energía del sol: ésta es su característica fundamental, si los contemplamos con "mirada económica". Se trata de una "economía" cíclica, totalmente renovable y autorreproductiva, sin residuos, y cuya fuente de energía es inagotable en términos humanos: la energía solar en sus diversas manifestaciones (que incluye, por ejemplo, el viento y las olas). En esta economía cíclica natural cada residuo de un proceso se convierte en la materia prima de otro: los ciclos se cierran. Por el contrario, la economía industrial capitalista desarrollada en los últimos dos siglos, considerada en relación con los flujos de materia y de energía, es de naturaleza lineal: los recursos quedan desconectados de los residuos, los ciclos no se cierran". 

 

Y en eso radica la clave de la crisis ambiental que sufrimos y que se agravará en el futuro próximo: los procesos industriales, por ser lineales, implican una enorme cantidad de "externalidades", es decir, de variables y procesos que constituyen "desechos" y donde esperan que sea otro quien se encargue de ellos. Toda la basura, los residuos en el aire, el suelo y el agua de los más diversos procesos industriales constituyen "externalidades" propias de ciclos lineales, es decir, no cerrados, como sí son los de la naturaleza. En segundo lugar es necesario afirmar que en una sociedad convivial no puede existir el cobro de intereses por los préstamos (y mucho menos el interés compuesto). La idea de cobrar intereses por los préstamos otorgados si bien es un principio clave de un capitalismo que nació como respuesta a la aristocracia feudal católica y reposa en ideas con cierta justificación, en nuestros días ha derivado en actos que simplemente pueden ser calificados como criminales. Señalo que tales ideas tienen cierta justificación pues los defensores del principio del cobro de intereses por los préstamos otorgados indican que ello es tan antiguo como la humanidad, que deriva del hecho de que, cuando en la economía pastoril un pastor prestaba un rebaño para que otro lo cuidase y se beneficiase con sus productos (la leche, la lana, etc.), esperaba, al final del préstamo, que el rebaño le fuese devuelto con "intereses", es decir, con las crías menos los decesos. Si bien esta idea no carece de fundamento histórico parece no tomar en cuenta que ello no era así en todos los casos, es decir, olvida aquellos en los cuales el pastor prestamista reconocía que a él mismo le convenía "prestar" un rebaño cuyo tamaño ya no podía cuidar adecuadamente, o cuando lo prestaba a sus hijos o a otros miembros de su familia, casos en los cuales los intereses, si los hubiese, serían divididos equitativamente entre los participantes. 

 

La idea de cobrar intereses por los préstamos acordados es absolutamente contraria al principio de solidaridad humana y genera que, en nuestros días, existan dos tipos de préstamos: los que nos otorgan los bancos (los de intereses no solo crecientes sino incluso variables) y aquellos que nos otorgan las personas que nos estiman y nos quieren, los cuales nos prestan "sin interés". Esos extraños préstamos (para el sistema financiero) que nos brindan familiares o amigos derivan del hecho de que, v. gr., cualquier padre sabe que si presta dinero a sus hijos con una tasa de interés creciente y éstos, por alguna razón, no pueden pagarle, él no tendrá otra opción (por el cariño que les tiene y para liberarlos de la preocupación) que anular la deuda establecida. Una economía verdaderamente humana, solidaria y preocupada por el bienestar del otro tendría que prestar el fruto de los excedentes del trabajo de todos (no son otra cosa las "ganancias" de los capitalistas) a quienes lo requiriesen para desarrollar sus proyectos (que por provenir de una sociedad solidaria no podrían ser sino para el mejoramiento social y ambiental de todos), y sin interés alguno. Y así, una economía solidaria sabría perfectamente que los capitales son de todos (por ser producto del trabajo de todos), y no solo de los capitalistas, y por ende que todos tendríamos derecho a disfrutar de ellos. En una sociedad convivial el otro sería reconocido como nuestro hermano y sus proyectos serían también los nuestros. En consecuencia, en sentido estricto, en una sociedad convivial no existirían los "préstamos", todo lo que ahora nombramos así serían simplemente "inversiones", es decir, proyectos de todos y para todos. En las sociedades conviviales, así mismo, los ciudadanos son autónomos: cosechan agua pluvial, producen sus propios alimentos y generan su propia energía con recursos renovables. Los excedentes que producen les permiten intercambiar con sus vecinos. Los ciudadanos de las sociedades conviviales no son "asalariados", sino (como bien indica Gabriel Zaid) empresarios, o mejor dicho, microempresarios, pues cuentan con su propia hacienda. Y es su autonomía lo que permite que las sociedades conviviales sean verdaderamente democráticas. 

 

Los proyectos de las sociedades conviviales no sufren de "gigantismo". Son los proyectos pequeños, dirigidos directamente a satisfacer las necesidades de los ciudadanos, los que reciben el apoyo del dinero excedente de todos, tal y como hacen por ejemplo las comunidades zapatistas de Chiapas. En las sociedades conviviales se combate la desigualdad manteniendo la hermosa diferencia. La diferencia digna, es decir, aquella que nos hace sentirnos orgullosos de lo que somos porque lo hemos construido. En las sociedades conviviales la diferencia es riqueza, y se valora la diversidad. Igualarnos y uniformizarnos nos empobrece. La belleza está en la diversidad, tal como ocurre en la propia naturaleza. Aunque ciertamente ante la Ley debemos ser todos iguales, y nadie debe tener privilegios sobre los demás. El Estado bajo las sociedades conviviales existe precisamente para garantizar todo esto. El Estado en las sociedades conviviales administra además los espacios comunes y regula los intercambios. Es clave, por último, para el establecimiento de una economía ya no solo convivial sino mínimamente eficiente, la regulación, por parte de los Estados nacionales, de la rapiña financiera (tal y como la efectuó Roosevelt en 1933 para detener los efectos de la crisis de 1929 al promulgar la Ley Glass-Steagall, la cual separó claramente la banca de ahorro de la banca de inversión, y fomentó la creación de los bancos locales, estatales y nacionales). Gracias a la regulación financiera llevada a cabo por Roosevelt los operadores financieros de los Estados Unidos dejaron, durante más de 40 años, de jugar a las cartas con el dinero ajeno. Desgraciadamente esa regulación se perdió en nuestros días. Como hemos indicado en multitud de ocasiones en este Blog, la crisis de 2007 fue una consecuencia directa, precisamente, de la desregulación financiera ya iniciada por el gobierno de Ronald Reagan y que produjo, a la vez que la acumulación de capital en manos de unos cuantos magnates financieros, el hundimiento en la pobreza y la desesperación de decenas de millones de familias en todo el mundo. Para evitar nuevas crisis es evidente que la economía de las sociedades conviviales a las que debemos aspirar no puede ser sino solidaria y biomimética. Continuaremos en siguientes entregas. 

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13 diciembre 2019 5 13 /12 /diciembre /2019 00:00

El 70% del «alumnado concertado» estudia en colegios propiedad de la Iglesia Católica (cualquiera de sus ramificaciones). En el manifiesto del XXI Congreso Católicos y Vida Publica (sobre la libertad de enseñanza), se afirma que la escuela católica tiene una misión específica: «comunicar a Cristo». La escuela «debe configurarse en clave de evangelización». Las escuelas católicas quieren ser el gran púlpito desde el que adoctrinar las conciencias de los escolares españoles en la fe y los dogmas morales del catolicismo (contando con la inestimable ayuda del otro gran púlpito que tienen montado en paralelo en la escuela pública con las clases de Religión católica). Ni vocación de servicio público ni libertad de enseñanza: negocio y adoctrinamiento

Eugenio Piñero

Agustín Moreno recoge en este artículo de Cuarto Poder la siguiente información del diario El País: "Barcelona tiene centros concertados sin ningún alumno inmigrante", y añadía: "Un colegio público de Ciutat Vella tiene un 76% de estudiantes extranjeros; un concertado, cercano al 6%. En febrero [de 2016] conocimos la "sublevación" de las familias de Vitoria contra la segregación social de los colegios. Todas las AMPAS, sindicatos y organizaciones sociales denunciaban la situación de guetización y empobrecimiento de unos centros frente al clasismo y elitismo de otros. La cuestión es que todos están financiados con fondos públicos. Responsabilizaban al Departamento de Educación de no hacer nada ante la concentración muy elevada de alumnado de origen extranjero. Las complicaciones no se plantean por la existencia de alumnos de origen inmigrante, que pueden ser muy competentes, sino por la situación socioeconómica familiar que suele estar asociada, y porque funcionen en régimen de apartheid". Modelos bilingües, zonas únicas de escolarización y centros de "excelencia" son algunas de las herramientas que publicitan para llevar a cabo este elitismo escolar. Pero sobre todo, mediante una descarada desviación de recursos públicos a la escuela concertada. Por ejemplo, en 2015 desviaron 43 millones de euros que no se gastaron en educación compensatoria, solo en la Comunidad de Madrid. Mientras, recortaban hasta un 24,9% en la educación pública no universitaria. Ello se traduce en cierre de grupos y centros públicos, al tiempo que se regala suelo público para la creación de centros destinados a conciertos educativos, a veces incluso en condiciones delictivas (corruptas). El problema, como venimos contando, lo crea la propia red existente (pública-concertada), que pervierte nuestro sistema educativo hasta la médula. No se pueden dedicar recursos públicos a un modelo que instaura un tipo de escuela que discrimina en vez de integrar. Con los recursos e impuestos de todos, estamos sufragando escuelas católicas y elitistas, incluso racistas, bajo el falso mantra de la "libertad de elección", que se atreven a afirmar que está recogido en la Constitución, cuando es una soberana mentira. 

 

Al pasar el tiempo, esta injusta política proyecta gravísimas consecuencias: pérdida de alumnado en la pública, creación de guetos y deterioro de la propia calidad educativa global, al negar la diversidad del alumnado. Como afirma Agustín Moreno: "Desde el punto de vista educativo y constitucional es intolerable porque quiebra el principio de igualdad de oportunidades, la equidad y la cohesión social". Pero poco le importa todo eso a la Iglesia Católica, con tal de mantener su adoctrinamiento religioso en los centros. Y menos les importa a los políticos corruptos que convierten la educación en una mercancía, y sacan tajada cada vez que pueden. La privada-concertada ofrece básicamente la selección del alumnado e idearios religiosos para quien le interese. Ya se encargan ellos de que interese a cada vez más familias. Moreno nos lo ejemplifica de forma muy ilustrativa: "Es como si pudiendo ir gratis a un precioso parque público como El Retiro, algunos se empeñasen en que les paguemos entre todos el Club de Golf porque no se quieren juntar con sus conciudadanos". Es así de simple, pero así de vergonzante. Frente a este intolerable modelo, la escuela pública, la que sí debemos cuidar entre todos de verdad, ofrece calidad por muchos motivos: asegura la gratuidad, la inclusión, la coeducación, la integración, la ausencia de ideario religioso, la gestión democrática de los centros, un profesorado bien seleccionado tras una dura oposición, y un funcionamiento abierto a la participación de las familias y el propio alumnado. La actual financiación pública de una doble red conduce al desmantelamiento del modelo de escuela pública como un proyecto solidario de vertebración social. No es compatible un sistema público de calidad con el crecimiento de la red privada, necesariamente selectiva y generadora de un mercado educativo que multiplica las desigualdades. A ningún empresario se le puede prohibir crear centros privados, ni a ninguna familia llevar allí a sus hijos, pero nunca a costa del presupuesto público. El acuerdo social, político y territorial que necesita el sistema educativo en España debe abordar de una vez por todas la anómala existencia de los centros concertados, que tienen como función principal no la satisfacción de un derecho fundamental, sino el negocio ideológico y económico. 

 

Eugenio Piñero, Profesor de Filosofía y miembro de Valencia Laica, lo explica en los siguientes términos en un reciente artículo para el medio local Levante: "Los empresarios de estas escuelas justifican estos conciertos presentándose a sí mismos como benefactores sociales, que ahorran dinero a las arcas del Estado, y defensores de la libertad de enseñanza. Pero la realidad es muy distinta. La Escuela concertada solo se instala allí donde hay posibilidades reales de negocio. Evitan las zonas rurales porque no son rentables. Es la vocación empresarial y no la de servicio público la que guía a estos empresarios. Estas empresas concertadas "seleccionan sutilmente" a su alumnado. Mientras que el 33% del alumnado en las escuelas públicas pertenece a clases sociales desfavorecidas, según informe de la Fundación BBVA, los colegios concertados solo acogen a un 7% de igual procedencia social. Y el alumnado de familias con menos recursos requiere que los centros educativos inviertan más recursos. Las escuelas "concertadas" se lo ahorran. La Escuela concertada mayoritariamente es católica". En su momento le dedicaremos espacio largo y tendido, dentro de esta serie de artículos, a los propios contenidos educativos por los que apostamos desde una izquierda laica y transformadora, pero valgan ahora unos cuantos comentarios sobre la nueva agenda educativa reaccionaria, aparecida en primer lugar en la LOMCE (del PP) y reforzada por los salvajes postulados de Vox. Nos lo cuenta magníficamente Xavier Besalú en este artículo para el medio digital El diario de la educación, y vamos a seguirlo a continuación. La agenda reaccionaria, de un tiempo a esta parte, y como no podía ser menos, lo ha invadido todo, y por supuesto también el terreno educativo. Dos son, al parecer, sus puntas de lanza: erradicar lo que ellos denominan el "marxismo cultural" que impregnaría tanto el currículum oficial como la práctica educativa de los docentes, y cerrar el paso a la llamada por ellos "ideología de género", una especie de virus que estaría corroyendo los valores sustantivos de las personas, de las familias y de las sociedades occidentales en general. Ni que decir tiene que, para ambos postulados, la Iglesia Católica se forja como firme aliada en la tarea de su erradicación. 

 

Explica Xavier Besalú con relación al contexto internacional: "La victoria de Donald Trump en Estados Unidos ha significado la entronización desacomplejada de la reacción que ha ido incubándose a lo largo de estos años y que no se atrevía a proclamar a voz en grito lo que pensaba y lo que pretendía ante la supuesta superioridad moral y cultural del consenso democrático posterior a la II Guerra Mundial, debido en parte a la existencia del bloque comunista, un imaginario que generaba tanto temor como esperanza entre amplios sectores de la humanidad antes de su estrepitoso derrumbe...Pulsión reactiva que hemos visto en muchos países de América Latina, encabezados por el Brasil de Bolsonaro; de Asia, con la India y Filipinas al frente; o de Europa, tanto si ya ha llegado al poder como si ha mostrado su fuerza en las urnas...". Recuérdese que una de las primeras decisiones que tomó el PP cuando llegó al poder fue acabar con la asignatura de Educación para la Ciudadanía que había instaurado la etapa de Zapatero, y donde se enseñaban determinados (e incipientes) contenidos democráticos. Pero la derecha no quiere ni oír hablar de progresismo, y mucho menos en la escuela. Lo que entienden por marxismo cultural no es otra cosa que la libertad de conciencia, el debate argumentado, la crítica solvente de todas las ideas, y el hecho de dar cabida en las aulas a todo lo que afecte a los humanos, por controvertido que sea. Ello incluye la comprensión de la actualidad, la reflexión y el análisis, la asunción de la complejidad y el intento de ir más allá del presente, el compromiso y la toma de postura individual. Desde la óptica reaccionaria todo ello es adoctrinamiento, porque para ellos, la escuela debe transmitir simplemente la verdad sin sombra de dudas (recuérdese la famosa campaña de HazteOír que rezaba "Los niños tienen pene y las niñas tienen vulva"), y si esa verdad no coincide con sus postulados, no debería traspasar los muros de los colegios e institutos. Tampoco en la Universidad, donde incluso en las Facultades de Economía se estudian únicamente las teorías económicas convencionales, es decir, neoliberales, despreciando todas las demás. 

 

Y en cuanto a la ideología de género, ya hemos dicho que también cuentan con un aliado de honor, como es la Iglesia Católica, incapaz de reconocer la discriminación a que históricamente se han visto sometidas las mujeres, las derivaciones cotidianas del machismo imperante, las desigualdades de género que en todos los planos les afectan. Lo que ellos denominan como "ideología de género" es, por una parte, reconocer que hombres y mujeres somos iguales en dignidad, en posibilidades y en aspiraciones. Por tanto, debemos serlo también en oportunidades. El punto de partida, como hemos presentado en otros muchos artículos de este Blog, por razones atávicas, es muy desigual, y en consecuencia, son absolutamente necesarias un conjunto de medidas y decisiones políticas que faciliten y aceleren la corrección de estas disfunciones y desigualdades. Y que las personas, sea cual sea nuestro sexo, podemos tener orientaciones, identidades y expresiones sexuales y afectivas distintas, de forma que no existe una correlación fisiológica entre sexo y género, y por tanto, entre relaciones afectivo-sexuales, o sexo-genéricas. La bestia negra para todo el pensamiento reaccionario educativo es, pues, todo lo que hace referencia a la homosexualidad, a la bisexualidad, al transgénero...consideradas sin más por ellos como una patología, una enfermedad, una deformación o una aberración que algunos más compasivos tolerarían, pero que otros, más salvajes y desacomplejados, combatirían hasta la muerte, como se hizo por ejemplo durante la dictadura franquista. De ahí que hayan propuesto la medida del Pin Parental, que básicamente lo que propone es que sean los padres los que controlen expresamente todo tipo de actividades, asignaturas, charlas, coloquios, mesas redondas, cursillos, experiencias, etc., donde sus hijos e hijas puedan participar, y donde sospechen que se les va a "inculcar" algún atisbo de contenidos extraños a su perversa y excluyente ideología. Pero la agenda educativa reaccionaria se alimenta también de otros elementos: la idealización de un supuesto pasado nacional (colonial y glorioso), la invisibilización de las diferencias de origen socioeconómico y cultural, bajo el supuesto de que, en la escuela, todos son niños y niñas, tratados con la misma consideración; la obsesión por segregar que estamos comentando (por sexo, por capacidad, por religión, por resultados académicos, por aspiraciones futuras, por itinerarios tempranos), por clasificar y jerarquizar (a través de los ránkings, de los exámenes, de las notas, de las reválidas...), y en definitiva, de excluir. Continuaremos en siguientes entregas.

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