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4 noviembre 2019 1 04 /11 /noviembre /2019 00:00
Viñeta: Enrico Bertuccioli

Viñeta: Enrico Bertuccioli

La humanidad está en una encrucijada donde una ruta lleva a la extinción de nuestra especie y la otra a la desesperación. La primera es la ruta que hemos tomado. La segunda es la ruta del crecimiento negativo, que genera hambrunas, guerras, pandemias y probablemente sea controlada por un poder ecofascista o ecototalitario. El decrecimiento representa una tercera ruta: elegir la sobriedad. Para ello, tendremos que crear una nueva manera de relacionarnos con el mundo, la Naturaleza, con cosas y seres que tendrán que ser universalizados en escala humana

Serge Latouche (2008)

Hemos de volver a conceder importancia a cosas a las cuales hemos ido infravalorando, nos hemos ido despojando de ellas, desvinculándonos de ellas. El Buen Vivir, al basarse en el pensamiento indígena, retoma parte de estos valores. La sabiduría indígena tiene necesidad de estar anclada en la relación con lo sagrado. Las cosas de la Naturaleza no son solo cosas, ellas conforman el panorama de la vida y al poseer también vida, son sagradas, un término no religioso sino espiritual. Los animales, los árboles, las piedras, los ríos y las montañas responden a esta concepción. Se trata de conceder a la propia vida un valor máximo. La tierra, el agua, la comida, los recursos en general son un ofrecimiento de la Pacha Mama. Todo lo que viene de la naturaleza no puede ser patentado por el trabajo y menos por la explotación, en realidad la vida es un ofrecimiento. La Pacha Mama es la dadora de la vida y a ella es a quien le arrebatamos la vida por medio de la lógica del extractivismo y la explotación, hijos a su vez de la lógica del capital. Y así, destruimos las fuentes de vida, creando una muerte generalizada garantizada por el propio goce del capitalismo. El Buen Vivir es contenido por una visión holística: buenas condiciones de vida, buenas relaciones con los demás, consigo mismo y con la naturaleza. Para arribar al Buen Vivir se requieren menos cosas de las que nos ofrece la sociedad capitalista, y las más importantes están en nuestra mano, dentro de nosotros mismos. Disfrutar de nuestras capacidades, de nuestras relaciones sociales, son parte de todo ello. El dinero deja de representar, en el Buen Vivir, ese nexo de unión entre todo lo que somos y lo que tenemos. El dinero ha sido central para definir los valores que circulan alrededor del tener como el egoísmo, la acumulación y la ostentación. El afán de lucro ha llegado a ser muchas veces desmedido. Hemos creado una especie de sociedad fantasma movida únicamente por valores monetarios. Dentro de las sociedades capitalistas, la felicidad ha estado ligada al tener, por eso somos tan infelices cuando no hay dinero. 

 

El dinero ha ido asociado igualmente a los valores del bienestar personal, de una vida plena, llena de lujos y de confort. El Buen Vivir no necesita nada de eso. En general, el énfasis que el capitalismo puso en el dinero nos condujo a olvidarnos de nuestra vida, de nuestra verdadera vida. Los indicadores del Buen Vivir, tales como la felicidad, la vida austera y frugal, el respeto por la naturaleza, las relaciones sociales con otros pueblos y personas, no son los mismos que la economía capitalista convencional establece para determinar el bienestar de los ciudadanos dentro de un Estado. Los niveles de consumo han sido y siguen siendo cruciales para medir la "vitalidad" y el "crecimiento" de una nación, conduciéndonos a modelos de sociedades sonámbulas y manipuladas. Cuando el éxito de una economía reside en los automóviles que se venden, en el ahorro, en la cantidad de dinero circulante, hay algo que anda muy mal. Pero la economía capitalista funciona de esa forma, y para continuar funcionando así es capaz de traspasar todos los límites. La alternativa es recuperar el Buen Vivir, alcanzar el Buen Vivir. Pero para ello debemos cambiar nuestros imaginarios culturales, porque el capitalismo también colonizó nuestros deseos y ambiciones. La convivencia universal, la fraternidad universal que el Buen Vivir nos propone, gira bajo otros pivotes. El Buen Vivir propone un amor sin posesión, lo que implica que la vida no puede tener dueño precisamente porque la vida nos fue donada por la Pacha Mama de igual manera. No es que a unos les dieran más vida que a otros o que algunos obtuvieran el derecho para tener una vida mejor que la de otros. La vida nos fue distribuida a todos por igual, en consecuencia, nadie puede hacerse dueño de la vida de otros, ni de personas, ni de animales, pero tampoco de la vida de un cerro o de una montaña, con objeto de extraerle sus minerales, porque estamos ante una apropiación indebida de la vida de otros seres. Bajo el capitalismo lo único que es sagrado es la propiedad privada. Para el Buen Vivir, lo sagrado es la propia vida. El Buen Vivir se centra más en los derechos colectivos y de la naturaleza. 

 

El Buen Vivir es un pensamiento colectivo porque implica relaciones con los otros y con la naturaleza. La relación con la vida es una sabiduría colectiva, es decir, no patentada, y de la que nadie puede intentar apoderarse. El pensamiento es colectivo porque la vida es colectiva y planetaria. Pero cada geografía humana posee su propia complejidad. Pensar el Buen Vivir en la Amazonía no es igual que pensarlo en Europa, en África o en Oceanía. La naturaleza en cada sitio se nos manifiesta distinta, aún siendo siempre una. De ahí que cada pueblo o nación tenga que implementar su propia versión del Buen Vivir, es decir, tenga que hacer una adaptación de los valores generales que aquí estamos exponiendo, para adaptarlos o versionarlos a su lugar de origen, y a sus propias manifestaciones y realidades económicas, sociales y culturales. Por eso no existe un solo Buen Vivir, sino que existen Buenos Vivires, o Buenos Convivires, tantos como expresiones distintas adaptadas a cada geografía humana podamos experimentar. Pero la lógica del pensamiento occidental también nos ha jugado malas pasadas. El pensamiento occidental se ha considerado a sí mismo como un pensamiento universal, es decir, válido en todas partes del mundo. Su ciencia, su tecnología, su filosofía, su supuesta humanidad, eran universales. Jamás se estudió Filosofía Zen, por ejemplo, en facultades occidentales. El universalismo occidental fue la matriz del colonialismo, es decir, la imposición de nuestra cultura por la fuerza a otros pueblos. ¿Por qué una cultura se considera universal? ¿Qué les hizo pensar que sus pensamientos eran válidos para todo el mundo? Para arribar a la universalidad, se requirió de la renuncia a la contextualidad, tal como afirma Freddy Javier Álvarez González, en su texto de referencia que estamos siguiendo. Afirmar "yo pienso" implicó la negación de que otros y otras, diferentes al hombre occidental, también pensaban. Si el yo individual que piensa era universal, entonces podía decidir por otros, pensar por ellos, determinar sus verdades, sus formas políticas y sus códigos morales de conducta. Podía imponer entonces su religión, su ciencia y en definitiva, su cultura y su visión del mundo. Ciertamente el universalismo fue la base del tutelaje y de la creación de auténticos sistemas coloniales dentro del marco de la civilización, la humanidad y ahora el desarrollo. 

 

Frente a esta visión occidentalista y universal, el Buen Vivir se alza como un pensamiento colectivo (de la comunidad, no del individuo), contextual (no universal, sino dependiente de cada lugar del mundo) e histórico (no original, sino derivado de los saberes y vivires ancestrales de nuestros antepasados). La historia no es algo importante para el pensamiento occidental, más allá de ser una disciplina de estudio, entre otras. Otro de los falaces puntales donde se ha desarrollado el pensamiento occidental (y la lógica capitalista en su seno) es la prevalencia de la mente sobre el corazón, de las ideas sobre el sentimiento. En cierta forma, sin corazón es muy difícil que exista compromiso. Un pensamiento sin corazón es mucho más peligroso que un corazón sin pensamiento. El resto de los animales no humanos piensan menos que nosotros, pero sienten mucho más. Se dejan guiar por sus sentimientos, mucho más que por sus ideas. Alcanzan soluciones emocionales más que soluciones racionales. En cambio, el ser humano intercepta erróneamente, mediante sus ideas, una buena parte de lo que sus sentimientos emanan. El sentir es fundamental para la construcción de un paradigma civilizatorio diferente, y distinto al paradigma capitalista. Para tener un solo corazón necesitamos comenzar por descolonizar nuestra educación occidental, que ha visto en el sentir una fuente de errores para la razón. Pensar con el corazón ha estado mal visto, era algo que no se podía hacer pues el amor estaba lleno de cegueras. En cambio, para las culturas y los pueblos indígenas pensar con el corazón es un aspecto central para la vida, sentir para ellos es más importante que para nosotros. Hemos de aprender de ellos. A las situaciones a las que se coloca solo la cabeza, el razonamiento, las ideas, les hace falta vida. El corazón es el compromiso y la orientación fundamental en la vida. Sin renunciar por supuesto al pensamiento, concedámosle de nuevo al sentir el enorme valor que posee, y restauremos la fuerza del corazón como guía para nuestras vidas. 

 

Otra de las bases del Buen Vivir, en lo que respecta a su sistema económico, es el fundamento de la reciprocidad. Dicho principio nos revela un sistema organizativo basado en una nueva visión del mundo en donde las sociedades siempre tienen algo para intercambiar entre ellas, esto es, algo para dar y algo para recibir. Bajo el Buen Vivir, la acumulación material no está permitida, y el intercambio no está medido por el dinero. Hay que volver a recuperar la función social de las cosas que necesitamos, y dar más importancia al valor de uso que al valor económico. La autosuficiencia no existe. Los pueblos intercambian con otros lo que poseen y lo que producen, desde su especificidad y sus diferencias, en el respeto a todo ello. El trabajo se origina en la dinámica del intercambio, y no como una obligación capitalista de "trabajar para vivir". Todos los tipos de trabajos cuentan para el Buen Vivir: los productivos y los reproductivos, los obligados y los voluntarios, los interiores y los exteriores, y los rentables y los improductivos. Todos los trabajos han de ser rentables socialmente, aunque no lo sean económicamente, es decir, han de tener un valor para las personas. La reciprocidad parte del principio de que aquéllo que hacen otros nos sirve también a nosotros, y aquéllo que nosotros hacemos también les sirve a otros. ¿Qué cosas de las que yo hago les sirven a otros? ¿Qué cosas hacen los otros que me sirve a mi? La reciprocidad es inversamente numérica, pues su valor descansa en las personas y sus necesidades. De hecho, el que más tiene recibe menos, y el que menos tiene recibe más. Cada uno se interrelaciona de acuerdo a sus propias necesidades. La reciprocidad es dar en la medida en que queremos recibir, y recibir en la medida en que nosotros podemos dar. Todo esto es imposible en las sociedades capitalistas, que se guían por otros parámetros de explotación y de desigualdad. La reciprocidad del mercado capitalista es falsa porque en realidad la explotación y el robo institucionalizado es el que prevalece en todo tipo de transacción económica. En el capitalismo no se da ni se ofrece, ni tampoco se acepta, bajo el capitalismo se usurpa, se roba, se expolia, se saquea, se explota y se destruye cualquier posibilidad de equilibrio y de justicia con la naturaleza y con los otros. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 noviembre 2019 5 01 /11 /noviembre /2019 00:00

Esa es la principal diferencia entre adoctrinar y educar: que quienes adoctrinan promueven, justifican e imponen violentamente su intolerancia y su odio con ideas irracionales, inflexibles y supuestamente sagradas, y quienes educan no tienen miedo al debate ni a la diferencia, pues parte del aprendizaje es la comprensión, la empatía y la inteligencia emocional frente a la pluralidad y la diversidad, es el respeto a la vida que no necesita ser salvada por nadie

Violeta Assiego

En el artículo anterior nos quedamos intentando mostrar hasta qué punto existe una visión distorsionada en nuestro sistema educativo en torno a la elección de centro por parte de los padres, así como a la concepción de adoctrinamiento. Quizá el mejor ejemplo que podamos poner en este sentido es la reciente propuesta educativa de los partidos de la derecha parlamentaria, llamada PIN Parental, y que se podría enunciar de esta forma (siguiendo de nuevo el artículo de David Arribas para el medio digital El Salto Diario): "Garantizar la libertad educativa y el derecho de los padres a elegir el modelo que deseen para sus hijos, evitando cualquier injerencia de los poderes públicos en la formación ideológica de los alumnos y permitiendo que los padres puedan excluir a sus hijos de la formación no reglada por actividades complementarias o extraescolares cuando sean contrarias a sus convicciones". Como se ve, la medida no tiene desperdicio. Vamos a analizarla con un poco más de calma. En primer lugar tenemos la frase "Garantizar la libertad educativa y el derecho de los padres a elegir el modelo que deseen para sus hijos", que es una clara falacia, pues ese derecho no existe. Lo debatiremos con más profundidad próximamente, pero los derechos que se recogen constitucionalmente son los de escolarización obligatoria, así como el derecho general a la educación. La escuela pública no está para "evitar injerencias", como se dice en la medida, sino para diseñar e implementar un completo plan educativo para nuestros menores, que se base en el escrupuloso respeto a los derechos humanos, y dada la aconfesionalidad del Estado, impartir enseñanzas no vinculadas a ninguna religión ni ideario concreto. Los padres, en este sentido, no tendrían derecho a "excluir a sus hijos de la formación no reglada por actividades complementarias o extraescolares cuando sean contrarias a sus convicciones", porque para eso ya tenemos la escuela privada. La escuela pública ha de diseñar un recorrido formativo y un currículum general, para el conjunto del alumnado, al cual los padres no podrían negarse, salvo cuando se tratara de actividades voluntarias. La escuela pública no puede ni debe ofrecer una educación "a la carta". 

 

Siguiendo esta medida, por ejemplo, sería posible que si se organizaran en la escuela unos seminarios sobre feminismo, los padres se negaran a que sus hijos asistieran a los mismos. Los padres no pueden tener ese derecho a veto en la educación de sus hijos. Un padre o madre que lleve a sus hijos a la escuela pública podrá inculcarles machismo en su entorno privado, pero no podrá negarse a que sus hijos sean instruidos en ciclos escolares donde se formen en educación sexual, por ejemplo. Precisamente es la forma de evitar que las siguientes generaciones continúen con mentalidades machistas. Y lamentablemente, como decíamos, los recientes pactos políticos entre los tres partidos de la derecha española han venido a reafirmar esta tendencia regresiva en materia educativa, concretamente en educación sexual. En el caso madrileño, por ejemplo, el pacto incluye de forma genérica la introducción de "mecanismos que garanticen la no injerencia de los poderes públicos en la educación de nuestros hijos", sin entrar a definir dichos mecanismos. Más restrictivo aún es el caso de la Comunidad de Murcia, que habla abiertamente de garantizar "la obligatoriedad de consentimiento expreso con el objeto de que los padres puedan decidir la asistencia o no de sus hijos a enseñanzas, charlas, talleres o actividades escolares no regladas relacionadas con contenidos éticos, sociales, cívicos, morales o sexuales", lo cual, como hemos advertido más arriba, constituye todo un poder de veto a la escuela pública por parte de los padres. Desmontemos las tres falacias que giran en torno a este asunto:

 

1.- Los padres NO tienen derecho a elegir la educación que quieran para sus hijos. El derecho a que tu hijo reciba en la escuela una educación católica o machista no existe. La homofobia, por ejemplo, no es una opción legítima para un método de enseñanza. Quienes sostienen argumentos como éste suelen clamar por ejemplo contra la educación sexual y de género con la proclama de que lo que se busca es la uniformidad haciendo obligatoria la ideología de quienes apoyan estas medidas. Es positivo que en la escuela pública se enseñen diversos enfoques sobre un mismo tema, pero no por ello habría que renunciar a que la educación sirva para asentar consensos sociales que puedan asumir todos (conocimientos, imaginarios, comportamientos, actitudes, etc.). El respeto es ese consenso y no puede ser nunca una opción. Que los niños y niñas aprendan el valor de respetarse entre ellos mismos, con independencia de su sexualidad o género no es una opción si se aspira a vivir en una sociedad que avance de forma progresiva para enterrar las discriminaciones. No se pueden enseñar barbaridades como que "los niños tienen pene y las niñas tienen vulva", como proclamaba una de las pancartas de la organización ultraderechista HazteOir.

 

2.- Hay que proteger al menor. Sí, pero...¿de dónde viene el argumento de la supuesta "defensa del menor" contra la sexualidad, por continuar con el mismo ejemplo? David Arribas relata: "El filósofo Michael Foucault señala el inicio de este tipo de discurso en un intento de asegurar que la clase social dominante no se mezclara con las clases bajas ni estropeara la "pureza" de su sangre con prácticas como el incesto, que puede provocar taras genéticas en su descendencia, o la homosexualidad, al considerarlo peligro para la continuidad de linaje por la ausencia de descendencia. Se trata de un discurso casi racial que separa la especie de los que están hechos para gobernar y la especie de los que deben ser dominados". Es precisamente al contrario: es cierto que hay que proteger al menor, sí, pero de las influencias del adoctrinamiento religioso, y de las diversas pseudocreencias y prejuicios de la clase dominante. Es por eso que la escuela pública debe difundir idearios basados en el escrupuloso respeto a los derechos humanos, y a los fundamentos de la democracia. 

 

3.- No se debe adoctrinar a los niños y niñas. Rigurosamente cierto. Pero como advertíamos en el artículo anterior, precisamente los que argumentan esto son los primeros en adoctrinar y en difundir un proselitismo religioso católico de lo más absurdo. Pero aquí no hablamos de adoctrinamiento, sino de educación, y más concretamente, de educación pública. El Estado, en este sentido, no sólo ha de intervenir, sino que además tiene la obligación de hacerlo porque si pretende responder a los fundamentos de un Estado Laico o bien erradicar ciertas tendencias peligrosas (el machismo, por ejemplo), tiene que actuar desde la más temprana fase, compitiendo además con los demás agentes de socialización del alumnado (los padres, los demás compañeros y amigos, y los factores culturales de su época), lo que muchas veces implica que cuando los niños se plantan delante de un profesor por primera vez ya pueden traer comportamientos viciados, o ideas peligrosas fundamentadas en sus mentes. La escuela pública, como decimos, ha de intervenir formando adecuadamente, y erradicando de la mente del alumnado todas las posiciones acríticas o que no respondan a las directrices de la escuela pública que hemos mencionado.

 

Continuando con el ejemplo de los roles en la sexualidad, David Arribas concluye: "¿Por qué debe intervenir el Estado? Cuando alguien cumple la mayoría de edad ya tiene formada una idea clara de lo que es el sexo así como de lo que significa ser un hombre o una mujer. Un Estado que decide no utilizar la educación como herramienta de construcción de una sexualidad sana está dejando ese arma en la industria pornográfica y en otros agentes generadores de la moralidad dominante como las instituciones religiosas. Sexo y género se establecen como conceptos muy delimitados ligados a un sometimiento patriarcal del hombre sobre la mujer y la criminalización de aquel que se desmarca de esos límites. Un gobierno que omite su responsabilidad en el proceso de socialización sexual es cómplice de las conductas tóxicas que genera". Esto es básicamente lo que se hizo en el campo educativo durante la época de la Segunda República. Cándido Marquesán Millán, en este artículo para el medio Nueva Tribuna, nos lo resume en los siguientes términos: "Difícilmente se podía democratizar el país si buena parte de sus ciudadanos permanecían en la indigencia cultural. Por ello trataron los políticos del Primer Bienio (1931-1933) y del Frente Popular de elevar el nivel educativo de los españoles, para convertirlos en auténticos ciudadanos. Se construyeron más de 6.500 escuelas en tres años (frente a solo 500 entre 1909 y 1931), en el bienio 1931-1933 se crearon 13.580 plazas de maestros, en 1934-35 2.575, y en los meses del Frente Popular 5.300; además de subirles el sueldo en un 50% y proporcionarles una mejor formación. Las campañas para enseñar a leer y escribir a millones de personas no tenían precedente en nuestra historia. Todas estas medidas no hacían otra cosa, sino cumplir lo establecido en la Constitución de 1931, donde se reconocía la educación como una atribución del Estado, la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria, libertad de cátedra, y una política de becas para los más necesitados. Además de la creación de Bibliotecas escolares y populares: las Misiones Pedagógicas". Continuaremos en siguientes entregas.

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30 octubre 2019 3 30 /10 /octubre /2019 00:00
Viñeta: lafit fityani

Viñeta: lafit fityani

Es comprensible entonces que se conmemore otro aniversario, el de la Nakba, como aniversario del desarraigo, desplazamiento, terrorismo y limpieza étnica. Son 71 años de sufrimiento, derroteros por el mundo y 71 años de condena internacional sin resultado. El pueblo palestino sigue siendo uno de los pocos pueblos que vive como refugiado en su tierra natal. Han transcurrido 71 años de privación de derechos en los que nuestra tierra fue colonizada principalmente por personas que vinieron de todo el mundo, afirmando que Palestina estaba vacía según el tópico del siglo XX: "Una tierra sin un pueblo para un pueblo sin tierra"

Dareen Tatour (poeta, fotógrafa y activista palestina)

En el artículo anterior nos habíamos quedado comentando el Plan de Partición que presentó la ONU en 1947, donde se propusieron los dos Estados, uno para Israel y otro para Palestina, siguiendo este artículo de Guido Luppino para el digital Rebelion. Pues bien, en aquel plan se acordó que Jerusalén quedaría bajo conducción internacional, de la mano de la ONU, y que dicho acuerdo entraría en vigor el 15 de mayo de 1948, fecha en la que los mandatos británicos caducaban. Pero dicho acuerdo de partición adolecía de un defecto fundamental: no había tenido en cuenta los porcentajes de población. Los palestinos representaban un 67% del total, mientras que la población judía sólo era el 33%. Con estos porcentajes, más de la mitad de la tierra, según la propuesta de la ONU, iría a parar al Estado sionista de Israel. Este hecho fue la principal justificación en que se apoyaron los organismos árabes para rechazar la propuesta de Naciones Unidas. Lo principal es que aquella iniciativa de la ONU legitimó la idea de la existencia de un Estado judío, y con ese aval internacional el sionismo se preparó para comenzar su verdadero plan, que no era otro que poblar toda Palestina y expulsar a todos los árabes. A partir de ahí comenzó una verdadera limpieza étnica (la Nakba, que ya comentamos en el artículo anterior). De esta manera, se fueron urdiendo planes para masacrar, desterrar y expulsar a la población palestina de su lugar de origen. Y si en 1948 la ONU le concedió al Estado de Israel más de la mitad de la tierra palestina, hoy día ocupan cerca del 90% de los territorios. El sionismo vio legitimados internacionalmente sus viles reclamos, y dio lugar al comienzo de un largo proceso de colonización que se extiende actualmente. El 14 de mayo de 1948 se declaró la "independencia" del Estado de Israel por David Ben-Gurión (Primer Ministro israelí), dando ya lugar al primer conflicto bélico entre Israel y los países árabes. Una vez retiradas las tropas británicas de Palestina, se conformó una alianza árabe con el fin de recuperar las tierras para los palestinos. De esta manera, la Liga Árabe, fundada en 1945 con el objetivo de defenderse entre los países árabes, le declaró la guerra al nuevo Estado israelí. 

 

La Liga Árabe estaba formada entonces por 9 países: Siria, Egipto, Irak, Líbano, el Reino de Transjordania, Argelia, Arabia Saudita, Jordania y Yemen. De igual manera, no todos los ejércitos participaron de lleno en la contienda, siendo las tropas principales las sirias, egipcias, iraquíes, libanesas y las de Transjordania. El conflicto se extendió hasta julio de 1949, contando con dos armisticios durante su transcurso. El ejército sionista tuvo la oportunidad de mostrar su gran fuerza militar, quedando como el indiscutible vencedor de la guerra que ellos llamaron "de Independencia", pero que para los palestinos significaba el comienzo de la Nakba (catástrofe). Después de más de un año de combates, Israel anexionó aún más territorios que los que la ONU le había otorgado con el Plan de Partición de 1947. De esta manera, dos años más tarde de aquel Plan, Israel ya se había apropiado del 80% del territorio palestino, ante la inacción de las grandes potencias mundiales. De hecho, éste ha sido y continúa siendo el factor principal en el conflicto palestino-israelí, es decir, que vergonzosamente, todo ocurre ante la inacción del resto de la comunidad internacional. Por otro lado, la limpieza étnica continuó su marcha durante el conflicto, dejando un total de 750.000 palestinos expulsados. Otro episodio histórico ocurrió en el Canal de Suez: en 1956, el Presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, decició nacionalizar el Canal de Suez que hasta ese momento permanecía bajo control británico y francés. Esta medida política provocó una respuesta militar por parte de Gran Bretaña y Francia. Israel se involucró de lleno en la disputa como aliado de las potencias occidentales (que tan buen trato le estaban dando) y ocupó territorio egipcio, concretamente la llamada Península del Sinaí. De igual manera, una vez finalizada la guerra, Israel se vio obligado a abandonar la Península. Pero este conflicto volvió a demostrar, una vez más, el poderío militar sionista y sus vergonzosas alianzas con las grandes potencias occidentales. 

 

Otro episodio destacado a lo largo de los más de 70 años de la formación del Estado de Israel fue la llamada "Guerra de los seis días", un nuevo conflicto que tuvo lugar entre el 5 y el 10 de junio de 1967. El enfrentamiento estalló cuando las fuerzas egipcias se desplegaron en la frontera israelí y bloquearon los estrechos de Tirán. Israel se puso rápidamente a la defensiva y lanzó un ataque sorpresa contra Egipto. Como respuesta, se formó una coalición árabe entre Egipto, Siria, Irak y Jordania. Nuevamente, el sionismo demostró su gran potencia militar, y en solo 6 días logró vencer a una alianza formada por esos cuatro países árabes. De esta manera, Israel ocupó gran parte de la Franja de Gaza y Cisjordania, territorios palestinos. También tomó el control completo sobre Jerusalén que se encontraba bajo control internacional, según el Acuerdo de Partición de 1947. Por otro lado, Israel se expandió territorialmente ocupando la Península del Sinaí en Egipto, y los Altos del Golán en Siria. En 1973, una alianza entre Egipto y Siria se propuso recuperar los territorios perdidos en la contienda militar de 1967. Ésta resultó otra oportunidad para que Israel demostrara su fortaleza militar, saliendo de nuevo ganador de otro conflicto bélico en menos de 20 días de enfrentamientos. Finalmente, en 1978, Egipto e Israel firmaron la paz y fue devuelto el control sobre la Península del Sinaí. Y en 1981, los territorios sirios obtenidos en la Guerra de los seis días fueron divididos, y hasta hoy Israel mantiene el control sobre una porción de los mismos. Si bien estos fueron los conflictos más significativos en la corta pero sangrienta historia de Israel, la colonización paulatina de territorios continuó de diversas maneras. En 1977 llegó al poder en Israel el bloque ultraderechista llamado Likud, donde sus gobernantes mantuvieron una escalada en la dinámica colonizadora sobre tierras palestinas. Y pese a los llamados Procesos de Paz (Madrid en 1991 y Oslo en 1993), el comportamiento de los gobiernos sionistas no cambió. La confiscación de tierras, la creación de asentamientos judíos en tierras palestinas, la colocación de puestos militares en todas las fronteras, los puestos de control (checkpoints), la demolición de viviendas, los bloqueos comerciales, la construcción de muros, etc., siguen siendo los mecanismos utilizados hasta hoy día para proseguir con la colonización sionista sobre Palestina. 

 

Lo cierto e incuestionable es que desde que la ONU confirmó en 1947 la creación del Estado de Israel, la población palestina comenzó a sufrir un genocidio continuo, una colonización mediante ataques y expulsiones forzosas, que no se detuvo en su marcha, y aún continúa actualmente. El Estado de Israel se formalizó en 1948 pero sus fronteras no son las mismas desde entonces. El plan sistemático de ocupación de tierras y expulsión de sus habitantes ha agrandado los límites del Estado sionista. El sionismo no solo buscaba (y sigue buscando) la formación del Estado de Israel, sino que quería poblar la tierra de judíos tanto como borrar de la misma a los árabes. Este fue el objetivo que llevó a comenzar una limpieza étnica sobre tierras palestinas. Las milicias del sionismo avanzaron sobre pueblos y aldeas palestinas con el único objetivo de sacar a la población originaria de sus hogares. El método más utilizado fue la expulsión forzosa, donde la población no solo tenía que irse de donde vivía sino que además perdían todas sus pertenencias. Tal nivel de crueldad ha caracterizado siempre las intervenciones de la potencia sionista. También hubo lugar para la utilización de la fuerza de forma indiscriminada, llevando a cabo la tortura, la matanza y el destierro de la población árabe. Guido Luppino relata: "El Plan Dalet fue la muestra más genuina de la limpieza étnica. Se lanzó en marzo de 1948 siendo la expresión más violenta de la empresa sionista. David Ben-Gurión, líder sionista y figura clave en la declaración del Estado de Israel, se puso a la cabeza del plan que por su envergadura llevó a la formación exclusiva de fuerzas especiales para su realización. La más destacada fue la agrupación paramilitar conocida como Haganá, que a la vez, disponía de varias brigadas en su interior. Su mayor "éxito" fue arrasar con la ciudad de Haifa". También en abril de ese mismo año tuvo lugar la masacre del pueblo de Dir Yassin, donde las milicias sionistas tomaron el lugar expulsando y asesinando a cientos de palestinos. En respuesta a lo que venía sucediendo, en diciembre de ese mismo año la ONU aprobó la Resolución 194 donde determinaba que se debe permitir el derecho de retorno a todos los refugiados palestinos o podían reclamar una compensación económica. A día de hoy dicha Resolución (como otras muchas) sigue sin cumplirse, pero Israel no sufre sanción alguna por ello. 

 

De esta manera, históricamente se vienen arrasando pueblos enteros, ciudades y barrios al completo, para que queden allanados para ser poblados por población judía, y ello viene ocurriendo desde la finalización del mandato británico en Palestina. Y así, a más de 70 años de la funesta creación del Estado de Israel, todos estos hechos continúan acaeciendo de una forma constante, ante la pasividad de la ONU y la indiferencia de la comunidad internacional, sobre todo de las grandes potencias, que únicamente alegan el "derecho de Israel a defenderse". Pero a la vista de todo lo que estamos contando...¿quién es el agresor? ¿quienes son los agredidos? ¿Quiénes son los fuertes y quiénes los débiles? ¿Quiénes son los pueblos originarios de dichas tierras, y quiénes los usurpadores? Actualmente, los mecanismos de colonización no son únicamente militares, y además se utilizan también mecanismos de discriminación. Israel tiene en su interior un pequeño porcentaje de población árabe que no posee los mismos derechos que los ciudadanos judíos. Podemos afirmar que son "ciudadanos de segunda" para el Estado terrorista de Israel. Las regiones administradas gubernamentalmente por Palestina, Franja de Gaza y Cisjordania, cuentan con la presencia constante de fuerzas militares sionistas. La Franja de Gaza se encuentra rodeada perimetralmente por Israel, quien controla el suministro de servicios básicos como el agua, gas, combustible, electricidad, etc. La salida al Mar Mediterráneo también se halla intervenida por fuerzas israelíes. Y no olvidemos la presencia de muros electrificados en las fronteras entre Gaza e Israel. En 2002 se construyó en Cisjordania el llamado "muro del apartheid". Cisjordania es una región donde hay localidades bajo control israelí, otras gobernadas por Palestina y otras con gobernanza compartida. Este muro se encarga de separar dichas zonas, pero con la particularidad de haber sido construido al 80% sobre tierras palestinas, rodeando pueblos y convirtiéndolos en pequeños guetos. El asedio no cesa. Los bombardeos se suceden cada cierto tiempo ocasionando tragedias, muertes de civiles, hundimiento de viviendas, destrucción de infraestructuras públicas, etc. La judaización del territorio avanza sin cesar. Se aplican leyes que violan los derechos humanos internacionales, tales como el encarcelamiento de niños y niñas por arrojar piedras como defensa, la tortura y la continua expulsión forzosa, entre otros horrores. ¿Puede acostumbrarse algún pueblo a algo así? ¿Puede resistir un pueblo tanta humillación y tanta barbarie continuada? ¿Puede una comunidad internacional seguir mirando hacia otro lado? Continuaremos en siguientes entregas.

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28 octubre 2019 1 28 /10 /octubre /2019 00:00
Viñeta: Tasos Anastasiou

Viñeta: Tasos Anastasiou

Si tomamos como referencia todos los colapsos civilizatorios acaecidos a lo largo de la Historia encontraremos dos patrones comunes: todas esas civilizaciones colapsaron por una explotación abusiva de sus recursos, y por creencias erróneas. Hoy la creencia más extendida en el mundo es la del crecimiento económico continuo, y frente a esa creencia irracional se opone el decrecimiento, apoyándose en el conocimiento científico

José Alberto Cuesta Martínez

Quedábamos en el artículo anterior reflexionando sobre el sentido de la vida, para intentar acercarnos a la acepción que el Buen Vivir realiza sobre ella. Hemos de destacar, siguiendo a Freddy Javier Álvarez González en su texto de referencia, que la vida es un valor universal, lejos de cualquier antropocentrismo; su reduccionismo es la mayor contradicción, pues la vida no se encuentra aislada. Mientras la vida sea destruida en algunos lugares del mundo para que otros vivan bien en otros lugares del mundo, la propia vida estará suspendida. Mientras estemos destruyendo recursos naturales en una parte del mundo para utilizarlos en otra parte del mundo, la vida estará suspendida. Si la vida sigue estando determinada por los indicadores del consumo, la vida no es más que una mascarada. Tampoco se puede medir la universalidad de la vida por medio de la universalidad de la democracia y los derechos occidentales, menos ahora cuando éstos se han convertido en la justificación para apropiarse por la guerra de los recursos de otros países. Los indicadores del Buen Vivir serán contextuales mientras no perdamos de vista conseguir una vida buena para todos y el contexto no se aísle del entorno. Pongamos en crisis el concepto convencional de "desarrollo", vayamos a fases de posdesarrollo, intentemos crear otras formas de realizarnos como personas y dentro de nuestro entorno, y entonces estaremos en buen camino. Álvarez González explica: "El paradigma del desarrollo occidental fue un fin y no un medio. Lo que importó fue ser desarrollado y desarrollarse, sin embargo el desarrollo no nos dejaba vivir precisamente porque el desarrollo nunca finalizaba. Luego, la vida estaba al final del trabajo y la producción, sin embargo era demasiado tarde o porque después de una vida de trabajo no podíamos jubilarnos, o habíamos adquirido un cáncer o nos habíamos enloquecido bajo el modelo individualista. La producción llenó todos los espacios del mundo de la vida hasta el punto de no depender de las necesidades del consumo sino de una productividad sin límites". El desarrollo actual nos impone, sobre todo en los países "desarrollados" occidentales, una vida precaria y sin sentido, llena de incertidumbres y de inseguridades, plena de vacíos existenciales, falta de proyectos. En definitiva, no es una buena vida. 

 

Hoy día el desarrollo ha sido homologado al crecimiento sin límites. Así como la acumulación capitalista no ofrece límites, ni tampoco la desposesión que se lleva a cabo sobre los más débiles, el desarrollo es vendido como una expansión infinita. Los mercados han de crecer, los negocios han de crecer, los indicadores han de crecer. Pero todo esto implica vivir en una ilusión, pues los recursos del planeta no son ilimitados. Desarrollarse era crecer, pero crecer es un asunto matemático, y la ciencia es, en este caso, una ciencia exacta. Nunca se dejaba de crecer y quién más ha representado el cénit de este falaz paradigma ha sido la sociedad de consumo capitalista. Tener más, poseer más bienes, más capital, adquirir otras cosas, cambiar, estar al día, no quedarse estancado, actualizarse, renovarse, son las líneas duras de su tremenda y errónea filosofía. Obsolescencia programada, cosas nuevas para disfrutar de un mayor confort, para aprender más, siempre con el objetivo de la rapidez y los valores de la eficacia y de la eficiencia. La tecnología nos hizo suponer que en la adquisición de lo actual no abandonábamos el tren del desarrollo, una cosa nos llevaba a otra más evolucionada y más potente, y ésta a otra más, y así sucesivamente hasta el vértigo, anclados y obsesionados por la cultura de la obsolescencia. "No era solo el pasado lo que se dejaba de lado, tampoco era el ayer, era básicamente lo que iba a ser ofrecido en el futuro, lo que había sido condenado a la basura desde antes de nacer" (Freddy Javier Álvarez González). Toda una vertiginosa ilusión óptica del crecimiento exponencial. Todo un engaño. El crecimiento estaba patentado en todos los campos, la educación, la política, la psicología, la biología, la misma vida. Su énfasis estaba en el crecimiento económico. La capacidad de consumir, de producir, de tener más, de vivir de acuerdo a los parámetros esquizofrénicos del capitalismo ha sido nuestro horizonte referencial.

 

Y así, para Vivir Bien había que poseer una buena billetera. Todo se compra y se vende. La ley de la oferta y la demanda es aplicable a todo. Todas las facetas de la vida se mercantilizan. Y al pasar al mercado, también se pueden, por ende, externalizar, es decir, privatizar. El capital fue la condición insoslayable de una vida buena. Sin embargo, el desarrollo suplantó a la vida, en estricto sentido, la vida se convirtió entonces en una pesadilla, pues implicó el sacrificio de la vida misma. Para "ganar" la vida había que perderla un poco. Si queríamos "ganarla" de forma amplia debíamos perderla definitivamente. El Vivir Bien capitalista inundó todo lo demás, se naturalizó como filosofía de vida, y la naturaleza fue condenada a su destrucción. Nos fuimos volviendo egoístas e individualistas, encerrados en nosotros mismos, renegando de todo aquello que oliera a grupal, a común, a público, para adorar lo privado. Nos fuimos concentrando en ganar nuestra vida a costa de la de los demás, porque para que algunos ganen, muchos otros tienen que perder. La vida se convirtió entonces en una carrera de obstáculos, en una competición sin fin. Simplemente, el desarrollo había ganado la partida, y la vida la había perdido. El desarrollo se convirtió, más por imposición que por convencimiento, por colonialismo que por opción libre, por obligación que por decisión propia, en un objetivo universal. Ya no se podía vivir de otra forma. Nada de lo que fuera conocido podía estar fuera del desarrollo. Las democracias liberales y los "derechos humanos" fueron los instrumentos políticos y estratégicos para conducir hacia el capitalismo, y su modelo de desarrollo el fin que construye vidas según estos parámetros, vidas que no merecen la pena ser vividas. Vidas pobres, vacías y sin sentido. Se fue extendiendo la idea de que el país que no llegara al desarrollo era porque no había abrazado lo suficiente al neoliberalismo, la democracia liberal nos conducía hacia el paraíso capitalista. No había otra forma de vivir. 

 

Por fin, gracias a la globalización se mundializó el desarrollo con sus políticas de apertura y alfombra roja hacia las grandes corporaciones transnacionales, que hoy día nos marcan absolutamente nuestra vida. Ellas son las que nos dictan qué tenemos que comer, beber, lo que tenemos que estudiar, qué tenemos que aprender, cómo tenemos que trabajar, cómo tenemos que pensar, cómo tenemos que comportarnos, cómo tenemos que vestir, y un largo etcétera. Las empresas dirigen nuestra vida, y ordenan nuestras aspiraciones y nuestros pensamientos. Pero todo ello ha estallado en nuestras propias narices: la pérdida de la biosfera, el decrecimiento del empleo, la notable disminución de la calidad de vida, las enfermedades ligadas a los estilos de vida depredadores e insaciables, las profundas desigualdades, la disminución de la sensibilidad humana (nuestro apego por la violencia en todos los órdenes de la vida), las crisis multifacéticas (políticas, sociales, culturales, económicas, medioambientales...) y el descubrimiento del poco sentido que poseen nuestras vidas nos ha situado definitivamente delante del espejo. Un espejo que nos muestra cosas que aún no queremos ver, que nos ofrece soluciones a las que aún nos resistimos, pero un espejo que nos dice la verdad: el desarrollo solo era una fantasía. Una fantasía peligrosa. Una fantasía que ahora tenemos que desandar. Veamos cómo: a la noción de desarrollo se le concedieron connotaciones mágicas y míticas, sin embargo, el tal "desarrollo" no existía en el vocabulario ni en el imaginario colectivo de los pueblos indígenas ni en las naciones originarias. Como no existía, no se tenía la necesidad de ser desarrollado. La Madre Tierra no era para ser dominada, no existía para ser saqueada por el deseo de producción para crecer más y más. El oro, el petróleo, el cobre, la plata, los minerales, los recursos naturales y todo aquéllo que sirve para fabricar cosas para el capitalismo, podían quedarse allí, bajo la tierra, pues enriquecen la tierra, y por tanto, nuestra vida. El objetivo de acumulación no tiene sentido para estos pueblos. Podemos aprender de ellos. Tampoco tiene sentido para leones y elefantes, también podemos aprender de ellos. 

 

El Buen Vivir retoma conceptos y conocimientos de la sabiduría ancestral que está todavía presente en la memoria y en las prácticas de los pueblos y naciones indígenas y primitivos. Dicha memora, a pesar de la conquista, el colonialismo y el desarrollo, sigue estando ahí, continúa ilustrándonos, sirviéndonos de buena referencia, todavía bajo la acusación de conocimiento inservible para el desarrollo, mitológico para la ciencia occidental y supersticiosa para el canon de la racionalidad moderna. Por consiguiente, para poder responder a la pregunta de qué es el Buen Vivir, es indispensable tomar la decisión de aprender de estos pueblos, es decir, del sujeto que siempre fue considerado ignorante, mítico y cuyos supersticiosos saberes y conocimientos debían ser superados y destruidos para llevarlos al terreno del "bien" según los parámetros del mundo racional occidental. Existe otra forma de saber, que bien puede responder a lo que Boaventura de Sousa Santos llama "Epistemologías del Sur", y que implica la experiencia de otro tiempo, pues es un volver al pasado para buscar allí las claves fundamentales de la vida buena, no para repetirlo sino para reconstruirlo en la ida y venida, regular y cíclica. En sentido estricto, solo se avanza en la medida en que se regresa al mismo ritmo del tiempo de la naturaleza y de los astros, en armonía con ellos, buscando el equilibrio, siendo uno con ellos. Una muy buena base para ello es al amor: el amor que hemos de profesar por la naturaleza y todos los seres y sistemas que ella alberga. Retomo de nuevo las palabras de Freddy Javier Álvarez González, cuando explica: "En cierta forma no hay conocimiento sin amor, pues solo se puede llegar a conocer aquellos fenómenos por los que nos interesamos desde una relación fundamental. Así, es casi imposible conocer algo que no se ama y con lo cual no estamos comprometidos. Dicha relación de amor nos abre de tal manera que la relación entre sujeto y objeto no es posible plantearla porque conocemos aquello que se nos permite conocer ya que el conocimiento acontece en una interrelación en donde lo conocido conoce, y quien conoce es conocido". El amor como punto de partida es la pasión que se requiere para emprender un saber que nos lleve a adentrarnos en relaciones de vida, donde lo que se ofrece es la vida y aquello que se obtiene también es la propia vida. En realidad solo se conoce aquello que se ama, porque cuando se ama no se tiene necesidad de poseer, de apropiarnos de algo, en orden a manipular el objeto conocido; de este modo, el amor es sabiduría. Continuaremos en siguientes entregas.

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24 octubre 2019 4 24 /10 /octubre /2019 23:00

Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución es preparar hombres y mujeres. Lo más fundamental que tiene que hacer una revolución es enseñar y educar. La tarea más importante de una revolución, y sin la cual no hay revolución, es la de hacer que el pueblo estudie

Fidel Castro

La escuela es un espacio donde se exponen contenidos académicos, donde se transmiten conocimientos, donde nos formamos en valores, en actitudes, en comportamientos y en opiniones, pero todo lo aprendido en la escuela no puede ser indiferente para el resto de la vida del alumnado, es decir, no pueden ser contenidos únicamente aprendidos para aprobar los exámenes y olvidados después, ni tampoco se deben orientar en exclusiva hacia las demandas de un determinado mercado laboral, e impartirse como unas formas de organización y funcionamiento basadas en la competitividad del mundo empresarial. La escuela no puede constituirse en una formación para aprendices de tal o cual oficio, de tal o cual profesión. La escuela es el foro donde nos formamos como personas, donde aprendemos a pensar, a ver la vida bajo un determinado punto de vista, a entender a analizar los fenómenos, y a desplegar todas nuestras capacidades. Precisamente porque actualmente la escuela no está enfocada de esta forma, es por lo que se provocan generalmente problemas de rechazo, indisciplina, conflictos, fracaso, aburrimiento y abandono, síntomas endémicos de todos los sistemas educativos de los países industrializados. "Parece evidente que una escuela academicista, históricamente diseñada para la transmisión homogénea de contenidos y para el tratamiento uniforme de los estudiantes, no es el marco adecuado para formar una vida compleja y multidimensional como la actual, ni para responder a la diversidad de situaciones y a la heterogeneidad de las personas" (Pérez Gómez, 2004). Y en este punto habría que recordar una obviedad que normalmente se nos olvida, como destacan Agustín Moreno, Enrique J. Díez, José Luis Pazos y Miguel Recio en su texto "¿Qué hacemos con la educación?" (Ed. Akal): la educación no es neutra, no es aséptica. Es decir, cada tipo de educación responde a un modelo social y político determinado. No caigamos en la trampa de pretender alcanzar un modelo educativo universal, porque no existe. 

 

En ese sentido, no deberíamos quejarnos tanto de los sucesivos cambios en los sistemas educativos, ni abogar tanto por un Pacto de Estado para la Educación, como algunos partidos y formaciones políticas proclaman. Lo que nos debe importar es la esencia del modelo educativo en sí, cómo está orientado, hacia qué fines se dirige, qué tipo de contenidos y qué metodologías pretende utilizar. El modelo educativo posee coherencia con el modelo social. Un modelo político antisocial y antidemocrático poseerá una educación basada en dichos valores (la ley y el orden, por ejemplo). En cambio, un modelo político basado en las libertades y derechos velará por enseñar dichos valores a su alumnado (educación cívica, valores de libertad, fraternidad, preceptos constitucionales...). Un modelo crítico no favorecerá idearios rígidos (como los religiosos), mientras que un modelo cerrado buscará divulgar los valores y preceptos morales de forma rígida. En fin, un modelo basado en el ser humano formará personas libres y críticas, mientras que un modelo basado en cualquier régimen asociará la escuela pública como sostén de sus anquilosados valores. El modelo educativo debe decidir, si puede, si aspira a reproducir y a dar continuidad al modelo social y político imperante, o si aspira a transformarlo. Los autores citados explican: "Si el modelo social es reproducir y conservar los valores y privilegios de una sociedad clasista y competitiva, la educación estará al servicio de dicho objetivo y estratificará la población para que dicha misión se siga cumpliendo. Si se concibe un modelo social de transformación de la sociedad, la escuela será también parte de ese motor de cambio. Por ejemplo, si el modelo social es un tipo de sociedad más justa, pacífica, igualitaria y científica, deberá coincidir con un modelo de escuela inclusiva, solidaria, compensatoria y laica". Los modelos educativos están, pues, en función del modelo político y social que intentamos definir en nuestra sociedad. De ahí que no sea posible, no tenga ningún sentido, intentar crear un modelo educativo "neutral", indiferente, o al margen del tipo de sociedad que vivimos, o que pretendemos crear. 

 

Y así, educar para convivir, para ser participativos, para valorar las diferencias, para hermanar a las personas, para ser libres, para comprender nuestro mundo, para intentar cambiarlo, para cooperar, para ser críticos, para ser ciudadanos y ciudadanas en una sociedad democrática, etc., no se puede convertir en algo secundario que se atiende cuando se puede. Por ejemplo, si pretendemos que nuestra sociedad futura no sea machista, lo primero que tenemos que implementar es la educación feminista en nuestros estudiantes. Hay que imaginar otro tipo de sociedad mejor y posible, para imaginar otro tipo de escuela posible y necesaria. A la escuela pública le corresponde una función social muy clara: la formación de ciudadanos y ciudadanas comprometidos con la sociedad que les ha tocado vivir, la preparación para el trabajo, la integración en la sociedad civil y el cambio social. La escuela pública debe educar para la convivencia y para construir una sociedad solidaria y cooperativa. No olvidemos que el modelo educativo tiene que ver con la formación, la información y el sentido crítico (el análisis y la opinión) de la ciudadanía. Y ello influirá en el grado de cohesión social y en la calidad de nuestra democracia. De hecho, la escuela pública es un engranaje fundamental dentro del sistema democrático, y actúa como correa de transmisión del mismo para las futuras generaciones. Y así, como transmisora de información, ideas y conocimientos, la educación pública tiene que tener como atributo su carácter laico, para que pueda ser plural ideológica y culturalmente, así como basarse en los conocimientos científicos y no en las creencias religiosas de cada cual. El Estado no puede delegar su responsabilidad en entidades privadas ni permitir que cualquier ideología invada los límites del pensamiento científico y plantee otros fundamentos morales que no sean los derechos humanos y los valores democráticos. En resumen, la función de la escuela pública es educar para saber, para pensar, para ser libre, para elegir y para mejorar la sociedad. 

 

Pero ojo, porque aquí comenzamos los problemas. En primer lugar, una primera batalla que tenemos que librar es aquélla que proclama abiertamente que "los padres educan y los profesores enseñan", estableciendo la familia como la única vía para formar en valores (por ejemplo, la religión, o los roles de género). Este discurso defiende abiertamente cierto control ideológico sobre la educación por parte de las familias (los padres y madres), en aras a una supuesta mayor transparencia y libertad. Y así, bajo los mantras de que "los padres y madres podrán elegir la educación que quieren para sus hijos e hijas", se lanzan a un cuestionamiento de las funciones de la escuela pública que acabamos de exponer. Explica David Arribas en este artículo para el medio digital El Salto Diario: "La primera referencia que encuentra un niño sobre cómo ser un hombre se encuentra en su padre. De ahí que aquéllos que no ven falla alguna en el modelo de masculinidad que se ha mantenido hasta ahora, que podemos llamar hegemónica, consideren imprescindible que haya un padre en la crianza de cada niño, descartando así las familias formadas por dos madres o por una madre soltera. El padre forma los cimientos de la masculinidad del hijo. Sobre esos cimientos el niño irá añadiendo más elementos que aprenderá de sus interacciones con profesores, compañeros de clase y el factor cultural (libros, televisión...). Por lo tanto la escuela es un punto de vital importancia en la construcción de la masculinidad. Si el padre forma los cimientos, el colegio es la primera planta". Es un planteamiento, como vemos, absolutamente equivocado. Una sociedad democrática no puede funcionar así. La escuela pública no puede estar supeditada a la "educación" que los padres quieran proyectar sobre sus hijos. Para este planteamiento, nada mejor que la escuela privada, porque los padres y madres tendrán la libertad de elegir un centro cuyo ideario cuadre con el suyo. Pero la escuela pública debe ceñirse, como hemos explicado más arriba, a un conjunto de valores universales y democráticos, que pivotando sobre los derechos humanos, los difundan de manera generalizada. Si unos padres, por ejemplo, no creen en los beneficios de las vacunas, no pueden pretender que la escuela pública difunda esos valores, que van contra la ciencia. Lo que ocurre es que nuestra sociedad funciona de una manera perversa. 

 

Veamos, siguiendo de nuevo a David Arribas: "El colegio es el centro de pruebas de las conductas que el niño ve por televisión o en sus padres. Actúa en función de los roles de género que ha aprendido y los pone a examen con sus iguales para ver si la performance le da el beneficio prometido. Al comprobar que el resultado es positivo y le facilita la vida comienza a naturalizar lo que al principio no era más que una actuación. Es cuando empieza a asimilar principios como la competitividad, la exaltación de la forma física, la ocultación de las emociones, considerar que tiene uso legítimo de la fuerza para resolución de conflictos y relacionarse de forma jerárquica con el género femenino. Lo que se naturaliza como método de supervivencia y progreso pasa a ser considerado moral, siendo inmoral todo aquel que busque alterar el proceso de construcción de la masculinidad para alejarla del modelo machista". Este ejemplo que nos relata Arribas aborda los roles de género dominantes, pero igual lo podríamos extrapolar a otros valores, como los religiosos, que se inculcan de forma tan profunda y temprana en la mente de los escolares, que pasan a ser incuestionables en su vida adulta. ¿Qué tiene que hacer el Estado democrático a través de su Escuela Pública? Intervenir. ¿De qué manera? Ante todo están los profesores como figuras de autoridad que pueden combatir todas estas creencias y prejuicios infundados e injustos, difundiendo los valores de una escuela laica y feminista, por ceñirnos a los ejemplos que hemos citado. Para desarrollar esta tarea entran en juego los diversos planes de estudios, con inclusiones por ejemplo de educación sexual, de género, o educación cívica, ética y científica (laica). Lógicamente, los padres que no están de acuerdo con este ideario lanzan sus gritos al cielo, y comienzan a proclamar que la escuela pública está "adoctrinando" a nuestros niños y niñas, y desplazándolos a ellos en ese gran papel "educativo" que poseen. Nada más lejos de la verdad. Quienes acusan de adoctrinar bajo una escuela pública laica y democrática son los primeros que quieren hacer lo propio con el alumnado. Continuaremos en siguientes entregas.

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22 octubre 2019 2 22 /10 /octubre /2019 23:00
El Genocidio Palestino (V)

Netanyahu ha bombardeado cientos de pueblos, ciudades, aeropuertos y bases militares en apoyo de los terroristas del ISIS y los mercenarios occidentales. Israel interviene en las elecciones estadounidenses, compra los votos para el Congreso y se ha asegurado que la Casa Blanca reconozca Jerusalén como capital del Estado judío. Los sionistas de América del Norte y Reino Unido actúan como una quinta columna que garantiza la unánime cobertura informativa favorable a Israel y a sus políticas de apartheid

James Petras

Israel es, por tanto, esa gota que siempre está colmando el vaso...el aumento de los acontecimientos más desgraciados en Oriente Medio se debe a su impulso a la división árabe ante el problema palestino, al fomentado enfrentamiento entre naciones, a las invasiones, a la introducción de ejércitos mercenarios...La inestabilidad y la paz en Oriente Medio tiene connotaciones israelíes y estadounidenses, los dos actores que llevan empeñándose en ello desde hace décadas. Los sionistas roban la tierra, incursionan y crean asentamientos, levantan muros, encierran y separan a los palestinos, destrozan sus viviendas, las escombran con excavadoras, los asesinan impunemente, los hacen prisioneros, y los expulsan de sus propias tierras...Ramón Pedregal ha escrito en su artículo de referencia: "EE.UU. e Israel coinciden: Israel sigue extendiendo su supremacía en Palestina y el conjunto de la zona; EE.UU. lleva a cabo su plan geoestratégico empleando sobre el terreno un ejército mercenario de yihadistas. Y todo esto va a más porque está en marcha, y va en aumento, desde la mitad del siglo XX, una serie de factores terriblemente negativos a nivel mundial, a nivel regional y a nivel local: a nivel mundial porque al crearse la ONU se dispuso la partición de Palestina sobre las espaldas de su pueblo, al que se le prometió el derecho a su independencia pero que tras robarle parte de su territorio se incumplió, y en torno a esa determinación colonialista, y andando en el tiempo, se constata el peso del sionismo y el imperialismo para anular el papel de la ONU y hacer que resulte un organismo internacional anticolonialista inoperante; a nivel regional han destruido la colaboración y defensa de los derechos de Palestina, y hoy se pasa por encima de los derechos del pueblo palestino; y a nivel local, a nivel palestino, la Autoridad Nacional Palestina se consume en sí misma atada por acuerdos que, además de favorecer a Israel, los representantes del ente se burlan de ellos en público llegando a declarar que en caso de ser la otra parte nunca los hubieran firmado. Ante los ataques continuos y desprecios la ANP manifiesta alguna que otra queja, pero sobre todo una gran incapacidad para determinarse a defender a su pueblo, causándole así más humillación y dolor, a pesar de que éste se levanta en las cárceles israelíes y en las calles de su país contra la ocupación". 

 

¿Qué creencias tiene Israel? Pues veamos, basándonos en este artículo de Manuel F. Trillo para el digital Rebelion: El Talmud es la ley oral (escrita ya) para los judíos, y en ese texto como en la Torah aprenden los niños y niñas en la Escuela Primaria en Israel. ¿Pero qué es lo que se enseña a los niños de Primaria actualmente en las escuelas israelíes? El Ministerio de Educación ha incluido estas enseñanzas oficialmente (desde su curso 2005-2006), y los niños de dicha edad deben aprender de memoria el texto que figura en la entrada del Parlamento (Kneset). Dice así: "La compasión hacia un no judío está prohibida, si le ves caer en un río o estar en peligro, te está prohibido salvarle porque todas las naciones son enemigas de los judíos y cuando un no judío entra en un foso, el judío debería cerrar el foso sobre él con una gran piedra, hasta que se muera, para que los enemigos pierdan un miembro y los judíos puedan preservar su sueño de la Tierra Prometida, ¡el Gran Israel!". ¿Qué clase de pueblo puede enseñar a sus infantes aberraciones como ésta? Este fragmento está extraído del Talmud (más importante que la Torah), y ahí se enseñan cosas como las siguientes: "...Asesinar a un no judío siempre que sea posible es una obligación. Un judío es un pecador si puede asesinar a no judíos pero no lo hace. Asesinar a los no judíos agrada a Dios, porque la carne de los no judíos es la carne de asnos y su esperma es el esperma de animales". La evidencia señala la catadura moral de este pueblo. Añade Manuel F. Trillo: "Creo que con estos mimbres se entiende lo que ocurre en el democrático Estado Judío de Israel. Quizás por eso, asesinar civiles no les preocupa, para ellos son goyims, "ganado", "animales", y tanto les da que les da lo mismo, desde esa ideología que a nadie extrañe lo que le espera al mundo oriental y occidental".

 

Más lindezas que les enseñan a los niños de Primaria: "Considera al Goyim como un animal bestial y feroz, y trátalo como tal. Pon tu celo y tu ingenio en destruirle" (Tomo 3, Libro 2, Cap. 4, Art. 5). "Lo que un judío robe a un goyim se lo puede quedar", "El goyim es una basura, un excremento", "Todos los niños no judíos son animales", "Vosotros israelitas sois llamados hombres, mientras que las naciones del mundo no son de llamarse hombres, sino bestias", "Allí donde lleguen los judíos deberán convertirse en patrones, y hasta que no logremos el dominio absoluto, debemos considerarnos como exiliados y prisioneros; hasta que no nos hayamos apoderado de todo, no debemos cesar de gritar: ¡ay, qué tormento! ¡ay, qué humillación!", "Las almas de los no judíos provienen de espíritus impuros y se llaman cerdos", "El mejor de los gentiles debe ser asesinado", "Asesinar a un goyim es lo mismo que matar a un animal salvaje", "¿Qué cosa es una prostituta? Toda mujer no judía", "Las mujeres no judías son burras", y un interminable etcétera de barbaridades. Juzguen mis lectores y lectoras por sí mismos/as. Yo no haré más comentarios al respecto. Creo que ya destilan por sí solas todo el desprecio y la aberración, la bajeza moral y la abyección de este pueblo. El término goyim "es la forma despectiva para referirse a los gentiles no judíos. El vocablo surge por onomatopeya, de la imitación del sonido que producen los cerdos, y se refieren a las demás razas, naciones o pueblos" (Metopedia). El capital financiero sionista (la Banca Rothschild, Rockefeller, etc.) encontró en la publicidad entre los creyentes judíos más recalcitrantes y atrasados el caldo con el que alimentar la alienación excluyente, y así su propaganda y sus falsos mitos calaron como un dogma de fe, tomando como pilar fundamental el mantra de haber sido elegidos por Dios, y actuar como seleccionados divinos que se atribuían el derecho de apropiarse de Palestina, expulsar a sus habitantes y someter al resto de los pueblos de la región a su dominio. 

 

Por tanto, Israel (entendido como el Estado Judío) considera que el resto somos seres infrahumanos, unas bestias salvajes, y así lo afirman y lo reafirman en sus libros sagrados. No distinguen entre clases, sino que el racismo ocupa el primer y único lugar en la idea mitológica de la que parten y con la que se identifican. Un ejemplo más de su fascismo: "Nuestra raza es la raza maestra. Nosotros somos dioses sobre este planeta. Somos tan diferentes de las razas inferiores como ellos son de los insectos. De hecho comparados con nuestra raza, las otras son bestias, ganado como mucho. Las demás razas son consideradas como excremento humano. Nuestro reino terrenal será gobernado con vara de hierro por nuestro líder. Las masas lamerán nuestros pies y nos servirán como nuestros esclavos" (tomado de este artículo de Ramón Pedregal, y referida a Menahem Begin, que fuera Primer Ministro sionista). ¿Puede existir mayor inmundicia intelectual? ¿Dónde se ha visto mayor inculcación y falta de respeto hacia los derechos humanos, que son universales, es decir, de todos los pueblos y naciones del mundo? Pero veamos un análisis de los 70 años (en 2020 se cumplirán 73) desde la creación del Estado de Israel. El 15 de mayo de 1948 terminaba el mandato británico sobre tierras palestinas, lo que dio lugar a la formación de un nuevo Estado en parte de esas tierras: Israel. Resumamos primero el recorrido histórico hasta su formación, basándonos en este artículo de Guido Luppino para el digital Rebelion. Ya hemos expuesto en las primeras entregas la famosa Declaración Balfour como verdadero detonante del acontecimiento, pero para poder comprender cómo se llegó a lograr la formación del Estado de Israel, es necesario partir de la creación del movimiento político que dio vida a aquélla idea, el sionismo. Guido Luppino relata: "A fines del siglo XIX, ya existía una comunidad judía con la idea de ocupar la región de Palestina por considerarla como su tierra prometida. Es así que en 1895 Theodor Herlz se convirtió en el líder y creador de un movimiento político, el sionismo, que iría detrás de la idea de obtener un propio Estado. Este movimiento estaba atravesado por dos dimensiones ideológicas fundamentales: por un lado, la místico-religiosa donde el judaísmo es parte del movimiento, y por el otro, un pensamiento nacionalista que se enfocaba en la persecución de un Estado propio para el pueblo judío". 

 

En 1897 tuvo lugar el primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, en el que ya se acordó fomentar la compra de tierras en Palestina, donde se fueron formando los ya conocidos kibutz. Ese fue el germen de la comunidad judía en la región. Luego llegó la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en cuyo transcurso las potencias occidentales comenzaron a visualizar una futura derrota del Imperio turco-otomano, y comenzaron a negociar el reparto de sus tierras y posesiones. De esta manera, en mayo de 1916 se firmaron los Acuerdos de Sykes-Picot entre Francia y Gran Bretaña, donde se establecieron las zonas de influencias de las potencias, en caso de caer derrotado el imperio. Precisamente en Sykes-Picot se acordó que los territorios palestinos quedarían bajo la órbita de Gran Bretaña. Justo un año después, en 1917, tuvo lugar la Declaración Balfour, mediante la cual se le prometía al pueblo judío una nación propia en tierras palestinas, mientras por otro lado existía el compromiso con los palestinos para su independencia. El mandato político británico sobre las tierras palestinas se oficializó en 1922, aunque ya se ejercía desde 1917, comprometiéndose los británicos a la creación del Estado judío. Ya en 1936 comenzó un levantamiento popular por parte de los árabes dirigido contra la población judía y las fuerzas británicas, donde se reivindicaban tres peticiones fundamentales: el cese de la inmigración judía a la tierra palestina, la independencia de Palestina, y la prohibición para los judíos de adquirir tierras en Palestina. Aquél levantamiento se extendió a la declaración de una huelga general, dando lugar a más enfrentamientos contra las autoridades mandatarias. Ya para ese entonces la población judía representaba un 17% del total de los habitantes de Palestina, lo que alcanzaba la cifra de un millón de pobladores. Después de la II Guerra Mundial comenzó a tomar mayor fuerza la idea de un Estado propio para el pueblo judío. Y el 29 de noviembre de 1947, la ONU presentó su "Plan de Partición" para dividir las tierras palestinas en dos Estados: Israel y Palestina. Guido Luppino destaca: "Con este plan se estaba dando legitimidad a la formación de un Estado judío. La división evidenció la alianza de las grandes potencias con el sionismo desde un principio, ya que otorgaba el 56% del total de las tierras para lo que sería Israel. Vale destacar que tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética, nuevas potencias mundiales luego de la II Guerra Mundial, votaron a favor del plan". Continuaremos en siguientes entregas.

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20 octubre 2019 7 20 /10 /octubre /2019 23:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (62)

A menudo la mejor forma de orientar nuestros pasos es desechar los peores caminos equivocados (docta ignorantia). Me refiero a creencias tan básicas para nuestra sociedad productivista-consumista como: a) la economía puede crecer indefinidamente dentro de una biosfera finita; b) los mercados competitivos permiten hacer frente eficientemente a las situaciones de escasez; y c) nuestra tecnología, a efectos prácticos, nos hace omnipotentes. Si dejásemos de engañarnos respecto a estas cuestiones básicas, estaríamos en mejor situación para avanzar rápidamente hacia la sostenibilidad

Jorge Riechmann

Asumiendo la segunda Ley de la Termodinámica (cosa que nuestros economistas actuales ni nuestros políticos asumen, salvo honrosas excepciones), y asumiendo que nuestro mundo es finito (precepto que, aunque parece que se asume teóricamente, no se hace en la práctica), nos deberíamos encontrar ante otras premisas económicas nuevas y distintas a las convencionales, que deberían responder a los siguientes 5 principios generales, enunciados por Manfred Max-Neef (uno de los creadores de la teoría del Desarrollo a Escala Humana, ya presentada en entregas anteriores): 

 

1.- La economía está para servir a las personas, y no para que las personas sirvan a la economía. Los economistas convencionales suelen simplemente argumentar que no son posibles ciertas acciones políticas, porque van en contra de los postulados económicos fundamentales, pero se olvidan de que la economía no es una ciencia exacta, sino una ciencia social, y por tanto delante de la economía está la política, es decir, se puede y se deben tomar las medidas para poner la economía al servicio de las personas. 

 

2.- El desarrollo tiene que ver con personas y no con objetos. Ya lo estudiamos en la teoría sobre el Desarrollo a Escala Humana, a cuya tabla sobre necesidades y satisfactores remito a los lectores y lectoras. 

 

3.- Crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento. En efecto, ciertos conceptos-fetiche del capitalismo se han globalizado bajo una carga conceptual errónea, y hoy día se entiende que la base del progreso es un desarrollo permanente y continuado. Craso error. 

 

4.- Ninguna economía puede subsistir sin los servicios que prestan los ecosistemas. Los ecosistemas son la base de la vida, no solo de la vida humana, sino de todas las formas de vida que alberga nuestro planeta. Por tanto, si atacamos los ecosistemas y su equilibrio, pocas posibilidades de subsistir tendrán los sistemas económicos que diseñemos. 

 

5.- La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo que el crecimiento permanente es imposible. Esa biosfera es finita, con todo lo que contiene, así que no podemos abusar, expoliar ni saquear sus recursos permanentemente. 

 

Todo ello nos conduce a un principio fundamental, que podría enunciarse de esta forma: Bajo ninguna circunstancia, desde ningún punto de vista, ningún interés económico o proceso para llevarlo a fin, puede estar por encima de la reverencia por la vida. La máxima "Poner la vida en el centro" es quizá la que comparten de forma común todas las disciplinas que hemos ido introduciendo hasta ahora, tales como la Economía del Bien Común, el Decrecimiento, el Ecosocialismo, el Ecofeminismo, el Desarrollo a Escala Humana, etc. Para entenderlo, debemos partir de comprender y asumir la crisis del patrón civilizatorio hegemónico: se trata de un patrón antropocéntrico, monocultural y patriarcal, de crecimiento sin fin y de guerra sistemática contra los factores que hacen posible la vida en la Tierra. Este patrón, imperante en la economía de la civilización industrial-capitalista, atraviesa una crisis terminal. Nuestra civilización de dominio científico-tecnológico sobre la Naturaleza, nuestra tecnolatría (confianza en que dichos avances científico-técnicos serán capaces de crear nuevas alternativas salvadoras del abismo), y ese mantra del crecimiento, que identifica el bienestar humano con la acumulación de objetos materiales y con el crecimiento económico sin medida tiene los días contados (los meses, los años, como mucho varias décadas). Su dinámica destructora, su desprecio hacia los recursos naturales, su permanente explotación del trabajo humano, de mercantilización de todas las esferas de nuestra vida, está socavando profunda y aceleradamente todos los fundamentos que hacen posible la vida, generando sufrimientos y destrucción, y exportando modelos de vida que no merecen la pena ser vividas. Hay que acabar con ese paradigma, o será él el que acabe con nosotros. La incorporación de nuevos territorios para la explotación de bienes, la apropiación del conocimiento de otros, así como la manipulación de los códigos de la vida (biotecnología) y de la materia (nanotecnología), aceleran la aproximación a los límites, en un planeta finito. No es posible seguir manteniendo esta dinámica. 

 

Y ahora que la humanidad precisa incorporar la diversidad y multiplicidad de culturas, formas de conocer, pensar y vivir, dentro del conjunto de las redes de la vida (integrar todos los mundos conocidos como alternativa para responder a esta crisis civilizatoria), paradójicamente los pueblos y las culturas indígenas y campesinas de todo el planeta están siendo acosados y amenazados por el avance inexorable de la lógica del proceso de acumulación por desposesión, bajo el declive de este capitalismo terminal. Veáse el caso tan actual de Ecuador, donde los indígenas llevan manifestándose en las principales ciudades, plantando guerra a los ataques del gran capital transnacional y sus poderosas organizaciones, representadas en la figura de su Presidente, Lenín Moreno. La Amazonía, en Brasil, atacada y devastada por cruentos incendios, cuyos focos se cuentan por miles, arrasando con todas las formas de vida de miles de especies de animales y plantas, así como de los modos de producción de cientos de tribus indígenas que conviven en dicho ecosistema. Podríamos poner muchísimos ejemplos más de cómo el ser humano, imbuido de la filosofía depredadora del capitalismo, atenta contra la propia vida para mantener un sistema agonizante. Hoy día por tanto, el asunto no es ya si este fanático capitalismo podrá o no sobrevivir a dicha crisis terminal, porque si en poco tiempo no logramos poner freno a esta inmensa maquinaria de destrucción sistemática, lo que está en juego es la propia supervivencia de la humanidad frente al colapso final del capitalismo. De hecho, como venimos afirmando desde las primeras entregas de la serie, existen ya ciertos aspectos irreversibles que hemos alcanzando, y ante los cuales solo nos queda la posibilidad de adaptarnos lo mejor posible. La crisis ambiental y los límites del planeta nos han puesto las cartas sobre la mesa, y son realidades absolutamente insoslayables. Debemos abandonar, pues, la lógica mercantil y del crecimiento económico como paradigmas fundamentales donde basar nuestra economía, y centrarnos en otros valores y objetivos, así como en otros indicadores. 

 

El Buen Vivir, como paradigma anticapitalista, se sitúa en el centro de las reflexiones actuales, quizá como una propuesta inclusiva y abierta, cuando las crisis confluyentes de la economía, de la energía, de los alimentos, de la naturaleza, de la desigualdad, etc., parecen avanzar conduciéndonos hacia el abismo. ¿Qué ha pasado con la vida, que hoy tenemos la necesidad de volver a repensarla y a redefinirla? El Estado de Derecho, tan cacareado y tomado como salvaguarda de toda nuestra vida, ya no es compatible con la filosofía totalitaria de mercado. Todos los cimientos que determinan la vida se tambalean, y provocan que tengamos que volver a preguntarnos: ¿Qué es la vida? ¿Cómo debemos vivir? El modelo imperante ya lo conocemos: se basa en la precariedad, en el miedo, en la incertidumbre, en el ataque a la naturaleza, en el desmontaje de los derechos, en la vida individual sin sociedad, en el ataque a todo lo común...Freddy Javier Álvarez González, en su texto "El Buen Vivir: un paradigma anticapitalista" lo explica en los siguientes términos: "El punto de partida de nuestra reflexión sobre la vida es la distinción entre el Vivir Bien y el Buen Vivir, una distinción indispensable en tanto en cuanto, la primera ha sido la promesa hecha a un sujeto definido bajo la condición de individuo/ciudadano dentro de una sociedad capitalista, usufructuando de sus beneficios, sin ser molestado por nadie, conviviendo con el derecho sagrado de la propiedad privada, dentro de un Estado que le protege de los otros y protege sus propiedades en la medida que paga sus impuestos. De este modo, lo público se construyó bajo la garantía de lo privado, así el Vivir Bien adquirió rasgos privatizadores. Ese Vivir Bien, no tenía necesidad de los otros, más bien se construía en oposición a ellos; el respeto por la naturaleza no implicaba necesariamente rebelarse contra las políticas internacionales que atentaban contra las selvas y los territorios del Sur, en realidad la conciencia ecológica seguía el principio de cuidar la domus entendida como lugar en el que se vive separado de los demás. El Vivir Bien no fue la opción por la vida, fue la calificación de la misma lo que importó". Un modelo, por tanto, que consideramos erróneo, y al que debemos enfrentar el modelo del Buen Vivir. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 octubre 2019 4 17 /10 /octubre /2019 23:00

Un Gobierno, cuanto más autoritario es, más miedo le tiene a la educación

Laura Mintegi

Comenzamos aquí una nueva serie de artículos, que como su nombre indica, va a intentar exponer la que, a nuestro juicio, debe ser una Reforma Educativa para todos, convirtiendo la Educación Pública en un verdadero instrumento al servicio de la formación de personas libres y críticas. Hablaremos durante los próximos artículos de los diversos aspectos que entendemos intervienen en una Educación Pública de calidad, comenzando por el propio derecho a la educación en su justo contexto, el derecho de la escuela pública a formar en valores al alumnado, los fundamentos de la Escuela Republicana, la educación como forma de enseñar a pensar, la educación libre frente a la educación basada en prejuicios, hablaremos también sobre el supuesto "derecho de los padres" sobre la educación de sus hijos, también abordaremos el tema de la escuela concertada, privada y pública, sobre la educación pública y laica como una necesidad democrática, sobre la libertad de conciencia frente al adoctrinamiento en la escuela, sobre la necesidad de excluir la Religión del currículum escolar, sobre la necesidad de formar en desobediencia civil, en educación sexual, en educación vial, y la necesidad de excluir otros conocimientos, como la lógica financiera, hablaremos también sobre el verdadero sentido de las evaluaciones, sobre las Nuevas Tecnologías en el aula, sobre la FP y la Universidad, sobre el acoso escolar, y sobre un montón de temas añadidos, que se vayan presentando al hilo de nuestra exposición. Como siempre, nos iremos basando en diversas fuentes de varios autores y organizaciones que iremos citando sobre la marcha, y que tomaremos como referentes a la hora de exponer nuestras ideas. Como sabrán mis lectores y lectoras más fieles, no es la primera vez que abordamos el asunto de la Educación en este Blog, sino que por mi vinculación profesional y mi pasión por la enseñanza, ha sido ya abordado en otros muchos artículos y series (la lista completa del buscador puede enlazarse aquí). Vamos a comenzar situando en contexto cómo vemos nosotros, desde la izquierda transformadora, el derecho a la educación. Y lo haremos tomando como referencia una reseña del texto "¿Qué hacemos con la educación?", de varios autores, publicado en este artículo para el medio digital eldiario.es.

 

¿Cuál es la finalidad de la enseñanza pública? Se deben responder una serie de cuestiones fundamentales en relación a esta pregunta básica, tales como: ¿Para qué se educa? ¿Qué valores debe transmitir la escuela pública? ¿Cuál es la función social que le atribuimos a la educación obligatoria? ¿Hay que educar para el mercado o hay que educar para la ciudadanía? Podemos afirmar, como premisa de partida, que la Educación tiene como finalidad básica el desarrollo humano, moral e intelectual de las personas. Y ello se materializa en los siguientes principios: la universalidad o derecho de toda la ciudadanía a recibir educación, la humanidad o pleno desarrollo de la personalidad de todo ser humano, la civilidad al basarse la educación en los derechos y libertades fundamentales, y la autonomía, para que todas las personas puedan aprender por sí mismas (Felipe Aguado, 2010). La educación tiene que ser pública para que tenga carácter universal, y también obligatoria y gratuita, para proporcionar un mínimo común educativo a todo el mundo, sobre las bases y principios enunciados. La educación también debe acoger a toda la población sin distinción de origen, condición o circunstancias, es decir, que tiene que ser una escuela inclusiva e integradora. Debe asegurar la igualdad en el acceso y en el desarrollo del derecho a la educación, combatiendo un fracaso escolar que afecta sobre todo al alumnado proveniente de las clases más desfavorecidas, y permitiendo la movilidad social. Por ello es fundamental su función compensadora: dar más a quién menos tiene para que supere sus dificultades y desarrolle toda su potencialidad. Estos principios generales deben ser asumidos por el conjunto de lo que llamamos la "comunidad educativa", compuesta por todos los actores que juegan algún papel en el sistema educativo: padres, profesores, alumnos, gestores, etc. Dichos principios rectores y elementales sobre el sistema educativo serán el eje sobre el que vertebraremos nuestra exposición, de tal forma que cada asunto educativo que tratemos, intentaremos siempre que sea compatible con todos ellos. 

 

En función de la prioridad que se dé a la educación, en centro concreto y para un alumnado concreto, asignaremos importancia, tiempo y dedicación a unos contenidos o a otros, a unas metodologías o a otras, o a unas actividades en el aula o a otras. Así por ejemplo, priorizaremos unos objetivos, diseñaremos el Proyecto Educativo de un centro determinado, excluiremos o no ciertas actividades, etc., dependiendo de todo ello. ¿A qué le dedicaremos más tiempo y empeño en nuestro trabajo cotidiano? ¿Finalizar el temario? ¿Asimilar los contenidos? ¿Estimular la convivencia en el aula? ¿Valorar la diversidad? ¿Estimular el pensamiento crítico? Todo ello condicionará la práctica docente concreta para una realidad educativa concreta. A la hora de responder a la pregunta de para qué la educación, ilustres pedagogos como Giner de los Ríos (fundador con otros de la Institución Libre de Enseñanza, ilustradora de la enseñanza durante el período republicano) decían que educar es preparar al joven para dirigir su propia vida. Se educa fundamentalmente para ser personas, y ello pasa por desarrollar valores en el alumnado como los siguientes:

 

1.- El amor y el gusto por la cultura y el saber, independientemente de su "utilidad en el mercado". Precisamente al sistema capitalista le interesa una educación concebida y orientada para el mercado, pero no para las personas. 

 

2.- La pasión por seguir aprendiendo y formándose durante toda su vida. Es decir, la escuela no puede ser únicamente sitio obligado de paso donde se aprenden unos conocimientos para el futuro, la mayoría de ellos inútiles, sino un lugar donde se nos fomenta la semilla y la necesidad por el conocimiento. 

 

3.- El sentido ético, para que sean hombres y mujeres con una moral bien desarrollada. Precisamente, la inmensa mayoría de los acontecimientos negativos de nuestra sociedad actual ocurren por la escasa catadura ética y moral de las personas que los ejecutan. 

 

4.- El sentido de la solidaridad, en un mundo en que cada día va a ser más necesaria esta virtud. La Escuela Pública debe formar personas sensibles y comprometidas, en vez de personas aisladas e individualistas. 

 

5.- El sentido crítico, para que puedan distinguir lo legal de lo justo, que no siempre coinciden, así como lo auténtico de lo falso. Valores como el sentido de la justicia, la desobediencia civil pacífica y otros pueden y deben ser estudiados en la escuela pública, como un referente de las conductas humanas. 

 

6.- La creatividad, como medio de imaginar lo que aún no se ha inventado, o no es posible. La creatividad humana, las Artes en general, nos proporcionan un mundo donde lo sublime nos conduce a valorar otros aspectos de nuestra naturaleza. En este sentido, la escuela pública debe atender a la semilla creativa de las personas que la posean. 

 

7.- La inteligencia emocional, para comprender las emociones propias y las ajenas. Nuestro rico mundo emocional debe ser conocido, para entender mejor por qué nos comportamos de cierta manera en determinados momentos, y poder encauzar nuestras reacciones. 

 

8.- Y en fin, para que les permita crecer como seres singulares y libres, y desarrollar todas sus capacidades. Precisamente, la escuela pública debe ser el mejor referente donde cada persona sea capaz de analizar sus propias habilidades y capacidades, y poder, si es el caso, dedicarse a ellas y explotarlas mejor. 

 

No se concibe la enseñanza pública, no obstante, desligada del conocimiento y análisis de la realidad, del compromiso ético, social y político con la comunidad humana de la que se forma parte, en el momento histórico en el que nos toca vivir. En ese sentido, mucho más importantes que nuestras puntuaciones en Matemáticas, Ciencias o Lingüística, es la implicación de la siguiente generación en el mantenimiento de una democracia real y en la construcción de una sociedad más justa para los que más la necesitan, esto es, los jóvenes, los enfermos, los ancianos, las mujeres, los desempleados, los desposeídos, los discapacitados, los analfabetos, los hambrientos, los desamparados en una palabra. Para todo ello, la Escuela Pública también debe ser una escuela que produzca ciudadanía políticamente activa y comprometida, socialmente útil, científicamente interesada, y colectivamente participativa. La ignorancia y falta de madurez política que caracteriza nuestra sociedad actual es fruto de unos sistemas educativos, de un modelo escolar fracasado e interesado en formar ciudadanos y ciudadanas dóciles y obedientes al sistema, en vez de libres y críticos con el mismo. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 octubre 2019 2 15 /10 /octubre /2019 23:00
Viñeta: Ramses

Viñeta: Ramses

Hay que acabar con la ficción del conflicto entre dos pueblos al mismo nivel con idéntico derecho sobre la misma tierra. Hay una ocupación, hay un ocupado, y por tanto, un ocupante. Si se boicoteó a Sudáfrica, ¿por qué no a Israel?

Joan Cañete Bayle

La palabra "Nakba" significa catástrofe en árabe, y es precisamente esa efeméride, referida en Israel como una celebración por su independencia, lo que los palestinos sufren como una catástrofe, un recordatorio del comienzo de su aniquilación como pueblo. En efecto, el Día de la Independencia de Israel está marcado en el calendario cada 9 de mayo, los israelíes celebraron este pasado 9 de mayo 71 años de independencia, y lo hicieron con picnics, fiestas y fuegos artificiales. Sin embargo, los palestinos sufren ese día como el de la Nakba, porque significó el comienzo de una limpieza étnica, la destrucción de su pueblo y la creación de una población de refugiados. Especialmente de forma cruel la sufren los palestinos de dentro de Israel, ya que sus circunstancias son diferentes. Y mientras escuchan las sirenas que dan comienzo a su festejo, ellos sufren porque se sienten alienados en su propio país. Siguiendo a Dareen Tatour en este artículo traducido para el digital Rebelion por J.M., hemos de recordar que si bien el derecho internacional considera que la ocupación de las tierras palestinas por parte de Israel se limita a Cisjordania, Jesusalén oriental y la Franja de Gaza, muchos ciudadanos palestinos de Israel consideran que también viven bajo la ocupación. De hecho, al final de la guerra de 1948, los ciudadanos palestinos de Israel vivieron bajo la ocupación militar formal dentro de Israel durante dos décadas. Dareen Tatour relata: "El establecimiento de Israel se produjo con la destrucción de 531 aldeas palestinas por las milicias sionistas y el primer ejército de Israel. En el área de Acre 30 aldeas fueron destruidas, 64 aldeas en el distrito de Ramla, 31 aldeas en Bisan, 88 aldeas cerca del poblado Beer Sheva, 46 aldeas en Gaza, 59 por Haifa, 16 en Hebrón, 25 alrededor de Jaffa, 39 cerca de Jerusalén, seis por Jenin, cinco por Nazaret, 78 fuera de Safad, 26 por Tiberíades y 18 en el área de Tulkarem". Los y las palestinas de mayor edad aún recuerdan tanta destrucción, tanta devastación, tanto odio y tanta barbarie. 

 

Es comprensible, entonces, que se conmemore otro aniversario, el de la Nakba, la catástrofe, como aniversario del desarraigo, del desplazamiento, del terrorismo, de la ocupación y de la limpieza étnica. Son por tanto 71 años de sufrimiento, aunque las nuevas generaciones únicamente conozcan los de las últimas décadas. Son 71 años de condena internacional ignorada, son 71 años de genocidio continuado, son 71 años de indiferencia de eso que llamamos "comunidad internacional", y que jamás ha estado a la altura de lo deseable en este conflicto. El pueblo palestino sigue siendo uno de los pocos pueblos que vive como refugiado en su tierra natal. Son 71 años de privación de derechos, donde la tierra palestina fue colonizada principalmente por personas que vinieron de todo el mundo, afirmando de forma grosera que Palestina estaba vacía según el tópico del siglo XX: "Una tierra sin un pueblo para un pueblo sin tierra". Pero ese tópico era falso, siempre lo ha sido. Aquél primer ejército sionista llevó a cabo alrededor de 70 masacres en las que murieron unos 15.000 palestinos y destruyeron unas 531 ciudades. Más de 6.000 israelíes murieron en los combates. Hasta la fecha, toda el conflicto ha creado una población de 7 millones de refugiados palestinos. Por tanto...¿qué dimensión posee verdaderamente la celebración de la "independencia" de Israel? Celebrar eso significa celebrar a los palestinos que han sido encarcelados. Desde 1967 hasta la actualidad, la Oficina Central de Estadísticas de Palestina informa que Israel ha detenido en algún momento del conflicto a cerca de un millón de palestinos. Desde 1948 hasta hoy, la misma Oficina calcula que 100.000 palestinos y otros árabes han sido asesinados en el contexto del conflicto con Israel, incluyendo 20.000 muertos en guerras del Líbano. Tampoco se habla de la cantidad de árboles que murieron desde la Nakba en 1948 hasta hoy. La Oficina Central de Estadísticas de Palestina estima que alrededor de un millón de árboles en tierras de propiedad de palestinos fueron arrancados desde el año 2000. 

 

La Nakba, por todo lo dicho, es una efeméride muy especial para el pueblo palestino. Se vive en tragedia, se conmemora con lágrimas y se reprimen todos los dolores. Mientras en Israel todo es jolgorio y alegría, los palestinos recuerdan su profunda desgracia. Es un recuerdo a la memoria de los palestinos de generaciones anteriores, son las cenizas de un pueblo vivo, e implica la batalla por permanecer en su tierra y por conservar su herencia y su dignidad, enfrentando una serie de leyes israelíes autoritarias y racistas. Solo el tener que contemplar las banderas israelíes es ya un acto de constricción. Mirarlas les trae a la memoria sus mártires y sus presos. Están por todos lados: en las calles, en las escuelas, en las estaciones de servicio, en los automóviles...Los palestinos, durante la Nakba, deambulan por sus pueblos destruidos y se sientan en las piedras de los escombros de las casas que una vez estuvieron allí, en pie, levantadas, habitadas por sus hermanos palestinos. Recuerdan a éste o a la otra familia, sus pérdidas, a los que quedan vivos. Recuerdan sus muertos. La Nakba es un día de dolor. Israel, el ocupante, lo celebra como una victoria, mientras Palestina, la ocupada, lo recuerda con desolación. Pero continúan su vida con esperanza: es posible que al año siguiente, a la siguiente Nakba, la situación haya cambiado para mejor, es posible, solo posible, que exista algún motivo para la alegría, para el alborozo, para la esperanza. Así es la vida en Palestina durante ese trágico día. Preguntémonos ahora, tras los trazos históricos de nuestros primeros artículos: ¿Quién es Israel? ¿Quién es ese pueblo ocupante? Nos basaremos en este artículo de uno de los mayores expertos internacionales en el tema, como es Ramón Pedregal Casanova. Es, además de autor de muchos textos sobre el asunto, Presidente de la Asociación Europea de Cooperación Internacional y Estudios Sociales (AMANE). Nos basaremos en esta serie en sus fuentes, sus artículos y sus libros, para proporcionar una ajustada idea sobre lo que hablamos. De entrada, nos fijaremos en este artículo publicado en el medio digital UCR (Unidad Cívica por la República), que nos proporciona una buena idea de nuestro protagonista

 

Israel es, básicamente, un pueblo que desprecia al mundo, y que proporciona al mundo inseguridad. Pedregal Casanova lo define como "un ente atómico, colonialista y racista, en continua guerra de agresión contra la población autóctona de Palestina", lo cual nos parece una definición muy ajustada a la realidad. Israel además proporciona un fenomenal punto de apoyo para el dominio geoestratégico de la región (Oriente Medio), por parte de la mayor potencia mundial, los Estados Unidos de América (USA). Estados Unidos e Israel poseen una sangrienta e inquebrantable amistad, de la que daremos cuenta aquí con profunda extensión. Desde su creación como entidad sionista, Israel no ha detenido su propósito de dominación de todo el área de Oriente Medio, creándose continuos enemigos en el mundo árabe, ha conseguido dividir el frente unido árabe en torno a la causa palestina, una vez conseguido esto ha fomentado el derribo de los gobiernos árabes laicos, con características de mejoras sociales para sus respectivas poblaciones, y ha magnificado y alentado el enfrentamiento de corrientes religiosas radicales y fundamentalistas, entre otras "conquistas" de su reciente historia. Los dirigentes de Israel han bebido en la tradición coral de los asesinos y dictadores del mundo (Franco, Hitler, Mussolini...) y de las voces imperialistas, las voces de quienes alimentan el sionismo, manifestando la visión de los criminales que han existido en la Historia. Además del Reino Unido en Europa (y de prácticamente toda la UE), el actor de quien Israel obtiene más amistad y apoyo armamentístico es Estados Unidos. Ya no habría que decir mucho más. Mis lectores y lectoras ya deben estar familiarizados con el fenómeno del imperialismo estadounidense (hemos dedicado varias series a reflejarlo, tales como"USA: Estado de guerra permanente", o "Por la senda del Pacifismo", entre otras). Los colaboradores de Israel sobre el terreno, como son Arabia Saudí y Qatar son también protectores y financiadores, al igual que el propio gobierno estadounidense, de quienes asolan Libia, Irak o Siria.

 

No es casual que Israel sea contrario a las resoluciones de los Tribunales internacionales, contrario a las Resoluciones de la ONU, contrario a los acuerdos de la Convención de Ginebra, contrario al Tratado de No Proliferación Nuclear...y que debido a su filosofía fascista impida  la vuelta de los millones de refugiados palestinos a su propio país, mantenga ilegalmente el bloqueo a Gaza, continúe creando asentamientos coloniales en Palestina, encierre en batustanes a la población palestina y le impida comunicarse, etc. Bajo el vergonzoso mantra de que "las dos partes tienen que hablar", de que "es un proceso de paz", y demás eufemismos para encubrir la realidad, la comunidad internacional se declara "neutral" ante este conflicto, mientras los estadounidenses aúpan a los sionistas y les otorgan puestos de influencia en centros de poder decisivos, y el resto de países consienten, con lo que ayudan a que el ente criminal israelí no detenga sus terribles acciones contra Palestina. Así, de esta forma tan vergonzosa, se legitima y normaliza la injusticia, se banaliza la barbarie, se blanquea el terrorismo fascista de Israel contra Palestina, se da carta de naturaleza al genocidio del pueblo palestino. Y así, de esta manera, Israel aumenta su poder, se ve reforzado en sus acciones, y sobre todo, ayudado por el pueblo estadounidense y sus abyectos gobernantes. Estados Unidos es tan contrario al derecho internacional, tan contrario al derecho de los pueblos, tan contrario a los derechos humanos en general, que concede sumas inmensas de dinero y armas a Israel, de varias decenas de miles de millones de dólares cada una. El sionismo recibe la mayor inversión de Estados Unidos en el mundo. Un pacto de sangre mantiene su inquebrantable amistad. Pero no están solos con el gigante usamericano: además de ellos, numerosos gobiernos europeos, tales como Inglaterra, Francia, Alemania, España, Italia, Grecia, Rumanía, incluso Rusia y China. Cuando son preguntados por la barbarie que ocurre, se limitan a contestar que "Israel es una democracia", y que "tiene derecho a defenderse". La maldad política no tiene límites. Así llevamos décadas. La justicia y la igualdad entre los pueblos, la paz y la fraternidad, la ética política, la creación de un mundo más justo, equilibrado e igualitario: todas estas cosas les preocupan lo que un pimiento en adobo. El grado de cinismo de los gobernantes occidentales, y de algunos orientales, es clamoroso e indignante. Israel es hoy, en los hechos, la expresión del desprecio al mundo. La política más criminal e irracional es desplegada por sus gobiernos, desde el primero hasta el último. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 octubre 2019 1 14 /10 /octubre /2019 23:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos

Salvador Allende

En el lenguaje del ajedrez, se denomina “Jaque” al ataque que un jugador realiza a otro consistente en acorralar a su Rey, es decir, a su fuerza, a su representante, a su sistema defensivo. El Jaque no es “Mate” hasta que un determinado movimiento acorrala completa y definitivamente el sistema defensivo del otro, de tal forma que no existe otro camino que la rendición. Eso es exactamente lo que ha ocurrido con la sentencia del Procés, es decir, un ataque en toda regla, con la fuerza del Estado Español y por todos sus medios (ya se habían utilizado los medios policiales el 1-O, y antes los medios políticos desde varios años atrás, y ahora han sido los medios judiciales), que ha acorralado la democracia de nuestro país, que la ha sentenciado a muerte, aunque por supuesto, la lucha no ha finalizado, y por ello no es “Jaque Mate”. Aunque en la sentencia los magistrados del Tribunal Supremo no han considerado el caso de rebelión (ya existe una propuesta del PP para modificar el Código Penal y que exista dicho delito incluso sin la utilización de la violencia), sí han contemplado la sedición, argumentando unos ridículos razonamientos para explicarlo. Penas de prisión e inhabilitación de entre 9 y 13 años van a tener que sufrir los encausados, sin más delito que haber luchado por todos sus medios contra el Estado, primero para intentar pactar un referéndum, y después para celebrarlo sin garantías, poniendo urnas en los colegios.

 

La sentencia, pues, ha sido absolutamente injusta y vengativa. Una sentencia que supone un insulto a la democracia, un ataque a nuestro sistema de convivencia, un torpedo en la línea de flotación de nuestro Estado de Derecho, que tras la sentencia lo es menos. Porque por lo visto, eso de poner urnas en los colegios para que la gente vote constituye un delito muy serio, en un sistema que se tilda de “democrático”. Y aún se intenta aclarar en la sentencia, de forma grotesca (y en el discurso de Pedro Sánchez se ha vuelto a insistir en ello) en que aquí no se juzga a nadie por sus ideas, sino por cometer delitos. Se nos dice que en una democracia todas las ideas caben, pero no es verdad. Existen algunas que no caben, justo aquéllas que inciden en una mayor democracia. Existen ideas que no caben, justo aquéllas que intentan romper con el status quo de nuestras élites políticas, económicas y sociales. Curioso sistema aquél que proclama que ninguna idea es delictiva, hasta que se intenta llevar a cabo. Entonces se convierte en peligrosa. Los encausados del Procés son presos políticos, porque defienden ideas y proyectos que no convienen a dichas élites. Son presos políticos porque son representantes del pueblo catalán, y el pueblo catalán quiso de forma mayoritaria lo que estos políticos llevaron a cabo. Por eso precisamente lo son. El delito lo ha cometido el Estado, que al igual que en la época franquista, ha desplegado toda su violencia institucional contra estos legítimos representantes del pueblo catalán: primero ignorando la legitimidad del Parlament y sus resoluciones, después ignorando las peticiones de sus representantes, luego desplegando violencia contra las personas que fueron a votar el 1-O, y por fin, deteniendo, manteniendo encarcelados preventivamente y sentenciando para ellos las penas que hoy hemos conocido.

 

Cientos de veces hemos advertido de que la judicialización de la política no era el camino, no es el camino, y que ante un problema político, han de darse soluciones políticas, basadas en el diálogo, en la negociación y en el pacto. Pero nuestro sistema político viene del franquismo, así que evidentemente, no está a la altura. La vena y los tics autoritarios le salen con demasiada frecuencia, sobre todo para algunos asuntos. Y si ya éramos una democracia incompleta, una democracia débil, la sentencia del Procés nos ha convertido en una democracia bananera. Desgraciadamente, estamos volviendo a una etapa negra en la historia de España que creíamos olvidada. Hoy día se persigue penalmente al soberanismo, y aunque la sentencia del TS afirma que el tal “derecho a decidir” no existe en ninguna Constitución europea, sí tenemos referentes que se podrían haber adoptado solo con un poco de voluntad política. El soberanismo no es ningún enemigo al que haya que abatir ni aniquilar, sino un ejercicio de plena legitimidad democrática, adscrito al derecho de autodeterminación de los pueblos.

 

Pero como decíamos al comienzo, este Jaque no es Mate. La democracia tendrá que ir complementándose en nuestro país, tendrá que ir enriqueciéndose y madurando, tendrá que ir evolucionando hacia una democracia plena, y esto habrá de hacerse mediante la lucha, mediante la movilización pacífica, mediante la protesta masiva, mediante la resistencia, mediante la desobediencia civil. Siempre de forma pacífica y no violenta, pero de manera firme y contundente. Sin prisas, pero sin pausa. Observemos la historia y a sus grandes líderes, que sembraron la semilla para después conseguir para sus pueblos los avances, el progreso y los derechos que correspondían. La sentencia solo ha sido un hito más dentro de este proceso. Los ineptos y patéticos políticos (la Tríada derechista junto con el PSOE, que aquí se alinea también con ellos), junto con la ciudadanía españolista que los jalea, que hayan entendido que aquí se acaba todo están muy equivocados. Ahora más que nunca la ciudadanía catalana, de forma mayoritaria, tendrá que continuar impulsando una serie de movimientos que den lugar al siguiente estadío, que no es otro que la celebración de un referéndum de autodeterminación pactado, esta vez sí, con el resto del Estado Español, y celebrado con totales garantías.

 

Ya sabemos que las derechas españolas, provenientes del franquismo, necesitan “enemigos” que les sirvan como chivos expiatorios. En su momento lo fue ETA (aún quedan rescoldos de esta situación que sacan a relucir de vez en cuando), lo es el comunismo (desde la II República hasta hoy), lo es el terrorismo yihadista (véase el estrambótico y ridículo Pacto de Estado contra el mismo), y últimamente el chivo expiatorio son los catalanes, esos malvados que quieren “romper España”, vamos que quieren romper el legado de los Reyes Católicos. Les importa España, pero no sus pueblos ni sus gentes. Les importan sus privilegios, pero no las personas. Es la clásica estrategia consistente en desviar la atención de las clases populares hacia un enemigo común y ficticio, al que se señala como diferente y perverso, para justificar así el autoritarismo y la deficiente gestión de los asuntos políticos. Pero después de esta experiencia, es evidente que ni la movilización popular en Cataluña ni las ansias independentistas de una gran parte del pueblo catalán van a mermar, por muchas medidas represoras que se pongan en marcha por parte del gobierno de turno, con la complicidad de la casta judicial españolista y conservadora. Podrán encarcelar a una parte, pero siempre existirán más dirigentes políticos que continúen encauzando las necesidades de expresión del pueblo. Es hora ya, por tanto, de converger hacia una solución política definitiva, tanto para Cataluña como para el resto del Estado Español (Proceso Constituyente y Estado Federal). Pero eso lo alcanzaremos en un futuro próximo, porque hoy, la involución democrática se ha consumado en España.

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