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24 septiembre 2019 2 24 /09 /septiembre /2019 23:00
El Genocidio Palestino (I)

…despojados de sus tierras, expulsados de su propia patria, dispersados por el mundo, perseguidos y asesinados, los heroicos palestinos constituyen un ejemplo impresionante de abnegación y patriotismo, y son el símbolo vivo del crimen más grande de nuestra época

Fidel Castro (Fragmento de su discurso ante la Asamblea General de la ONU en 1979)

Comenzamos aquí una nueva serie de artículos. Es la primera serie que le dedicamos en este Blog a un conflicto internacional concreto, como es el existente, desde hace muchos años, entre Palestina e Israel. Una serie a la que tenía ya muchas ganas de dedicarme. Durante los próximos artículos iremos exponiendo muchos aspectos, de la mano de diversas fuentes, para que este conflicto llegue a mis lectores y lectoras con toda su crudeza, pero también con toda su justicia. Hablaremos, entre otros muchos asuntos, de la Declaración de Balfour, de la relación entre el sionismo y Gran Bretaña (el más firme aliado de los Estados Unidos en Europa), de la partición de Palestina, de la creación hace más de 70 años del Estado terrorista de Israel, del apartheid sionista, del lobby israelí estadounidense, de la relación entre el imperialismo y el sionismo, hablaremos sobre quiénes son los palestinos y de dónde vienen, recordaremos la figura del mítico Yaser Arafat, de la política criminal aplicada a Palestina por parte de Israel, de sus atrocidades, del sufrimiento de los palestinos, de su heroica resistencia, de la franja de Gaza, de la criminal complicidad de los medios de comunicación, de las campañas BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) contra Israel, de los pueblos palestinos borrados del mapa y reemplazados por ciudades judías, del incumplimiento sistemático de las Resoluciones de Naciones Unidas, del escandaloso silencio de la comunidad internacional, y de mil asuntos más que irán apareciendo durante nuestro recorrido. De entrada, hemos de afirmar que el llamado "conflicto palestino-israelí" es uno de los más complejos del panorama internacional, así como la principal clave de la inestabilidad política surgida en toda la región de Oriente Medio. Principalmente, la importancia de este conflicto tiene que ver con el interés geoestratégico de la zona para los países occidentales. Como sabemos, gran parte de las reservas petrolíferas del mundo se encuentran en dicha zona del planeta, a pesar de tratarse de un espacio de reducidas dimensiones. 

 

Bien, ¿cuál es el relato dominante en cuanto a este conflicto? El relato convencional, es decir, el surgido de los políticos y de los medios de comunicación dominantes en todo Occidente, nos presenta una posición, digamos, neutral. Es decir, nos presentan a dos países enfrentados, Israel y Palestina, cada uno con su supuesto "derecho a defenderse", sin más. No se entra a tomar partido directamente por una u otra opción. ¿Son realmente neutrales? Más bien parece que ante la indiferencia por la represión ejercida por Israel sobre Palestina (el fuerte reprime al débil), la supuesta "neutralidad" no es tal. Pero la pregunta es: ¿se puede realmente ser neutral? Se puede ser neutral ante dos pueblos que se enfrentan en condiciones de igualdad (nunca se debería ser neutral o indiferente ante cualquier guerra), pero como decimos, cuando existe un gigante opresor frente a un pequeño país acosado y oprimido...¿puede existir la neutralidad? Desde esta humilde tribuna afirmamos, sin más, que cualquier país que adopte esta actitud está adoptando una actitud miserable. Y lo peor es que, como decíamos más arriba, esta actitud miserable es adoptada por la inmensa mayoría de países del mundo. Frente a una Palestina cada vez más invadida, oprimida y acosada, Israel no deja de adquirir puestos avanzados a nivel mundial confirmando su peso económico y político, y siendo actor de primer orden, sobre todo para los Estados Unidos. La existencia de este conflicto se remonta al año 1948, por lo cual es quizá el único conflicto que se mantiene vivo desde mediados del siglo XX hasta nuestros días. Como describe Rana Zhran en su tesis doctoral de 2015 (Universidad de Málaga) relativa al tratamiento de los medios de comunicación sobre este conflicto: "La situación de la inestabilidad de la región árabe, derivada, como consecuencia inmediata, del conflicto palestino-israelí, está contribuyendo a la creación de un ambiente inadecuado e inestable en las relaciones entre los árabes-musulmanes y occidentales, alimentando el odio musulmán hacia los europeos y americanos, lo que empuja a los movimientos extremistas a perpetrar atentados terroristas en los países occidentales achacando a éstos el sufrimiento del pueblo palestino debido a sus políticas sesgadas a favor de los israelíes y dirigidas en contra de los derechos del pueblo palestino, y todo esto, ante la ausencia de un papel europeo en el proceso de paz y el papel sesgado de los Estados Unidos a favor de Israel en relación con todas las cuestiones pendientes entre palestinos e israelíes". 

 

En efecto, éste es básicamente el panorama. Y todo ello hace de este conflicto quizá el más vivo y activo del mundo. No hay semana donde no se nos ofrezcan nuevas noticias sobre ataques de Israel a Palestina, a sus zonas ocupadas, verdaderas masacres, y también las respuestas de los palestinos, que suelen ser en forma de cohetes lanzados al otro lado de la llamada Franja de Gaza. Precisamente durante estos días se han celebrado elecciones en Israel, pero no creemos que ningún nuevo Parlamento que salga de las mismas altere sustancialmente las coordenadas del conflicto. Intentemos situarnos en el más remoto origen histórico del conflicto, para intentar una línea de aproximación histórica lo más completa posible. Y entonces nos encontramos con la llamada "Declaración Balfour", entendida como la mecha que encendió el conflicto. Vamos a tomar como referencia para su exposición un artículo de Paul Delmonte, cuya lectura completa recomendamos, traducido por Susana Merino, y publicado en varias fuentes, como en UCR. Este profesor afirma que el conflicto que nos ocupa nació el 2 de noviembre de 1917 mediante esta declaración, mediante la cual "una nación (Reino Unido) ofreció solemnemente a otra (los judíos) el territorio de una tercera (los árabes de Palestina)". Son palabras textuales del escritor húngaro de origen judío y nacionalizado británico Arthur Koestler. En dicha fecha el Ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour dirigía una "carta de intención" al diputado conservador y banquero Lionel Walter Rostchild, amigo de Haïm Weizman, líder de la rama británica de la Organización Sionista Mundial (OSM) y futuro primer presidente de Israel, verdadero destinatario de la misiva. El 8 de noviembre la carta aparecerá en la prensa británica antes de entrar en la historia como la Declaración Balfour. Veamos un fragmento de la citada carta: "El Gobierno de Su Majestad ve favorablemente el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina y dedicará sus mayores esfuerzos para lograr este objetivo, quedando en claro que no se hará nada que pueda atentar contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías ni contra los derechos ni los estatutos políticos de los que gozan los judíos en cualquier otro país".

 

Hay que aclarar que con el término "colectividades no judías" la carta se refería a unos 700.000 árabes palestinos, musulmanes y cristianos, que entonces vivían en Palestina. ¿A qué se referían entonces cuando hablaban los británicos de "hogar nacional en Palestina"? Como Paul Delmonte nos explica, en esa época incluso en el seno del gobierno inglés por los representantes del establishment judío británico, especialmente Lord Edwin Samuel Montagu (1879-1924), Secretario de Estado en India, estaban en contra de los proyectos de Haïm Weizman y Lionel Walter Rostchild. Por entonces, los judíos hostiles al sionismo basaban su postura en consideraciones "prácticas": estrechez y pobreza del territorio, dificultades climáticas, el "problema árabe", etc. Se oponían también a la "teoría sionista de una nacionalidad [judía] sin patria, que tendría como consecuencia transformar a los judíos en extranjeros en sus países natales, y que pondría en peligro a los judíos en los países donde habían obtenido igualdad". Teoría que, finalmente, "comprometería a los judíos palestinos --unos 60.000 entonces-- en luchas mortales con sus vecinos de otras razas". El asunto, por tanto, no estaba claro. Hay que añadir que mucho tiempo antes, desde mediados del siglo XIX, ya era difundido el sueño de "un derecho al regreso luego de 2000 años de ausencia" de los judíos desperdigados por todo el mundo, difundido por parte de la civilización judeocristiana. Después de la Declaración Balfour, Londres se transformó en el centro del movimiento sionista mundial. En aquél tiempo tanto Alemania como Inglaterra cortejaban a las diferentes ramas del movimiento sionista, incluidas las comunidades judías estadounidenses. Y aunque sea un hecho poco conocido, el 4 de junio de 1917 existió también la llamada "Declaración Cambon", es decir, una carta del Secretario General del Ministerio de Relaciones Exteriores francés, Jules Cambon, dirigida al líder sionista Nahum Sokolow, a quien le manifestaba el apoyo oficial de París al proyecto sionista, lo que de hecho precipitó la Declaración Balfour.

 

¿Pero cuáles fueron los motivos para estas actitudes, para estos cálculos políticos? Pues mencionada de manera más recurrente, la idea de frenar la radicalización de la Revolución Rusa, muchos de cuyos dirigentes eran de origen judío, e impedir la deserción de Rusia en el frente oriental europeo, es más que probable que pesara bastante en las consideraciones e intereses británicos. En 1930, Winston Churchill recordaba que no se debía considerar la Declaración "una promesa realizada por motivos sentimentales [sino que] se trataba de una medida práctica tomada en interés de una causa común", a saber, que el movimiento sionista "en ningún lugar era más visible que en EE.UU." y que "sus talentosos dirigentes y sus múltiples ramificaciones" ejercían una "apreciable influencia" sobre la opinión pública estadounidense. Churchill manifestaba un hecho, como era que el peso indiscutible que había adquirido el movimiento sionista en el aliado estadounidense había crecido inusitadamente hasta la Primera Gran Guerra, y mucho más después. La intención de precipitar la entrada de Estados Unidos en la I Guerra Mundial (1918) constituyó, efectivamente, otro motivo más para la Declaración Balfour, ya que se suponía que la promesa de aquél "hogar nacional judío" ayudaría a tomar la decisión al Presidente estadounidense Wilson. Igualmente, la Organización Mundial Sionista (OMS) se había acercado también al Foreign Office (Departamento estadounidense de asuntos exteriores) valiéndose de su capacidad de influencia sobre las autoridades estadounidenses, para presionarlas a entrar en guerra en el caso de que los británicos les garantizaran Palestina. Toda una maraña de intereses cruzados se dieron antes y después de la Declaración, que constituyó el hito fundamental. No obstante, el apoyo más incondicional por parte estadounidense al Estado de Israel no ocurre hasta la década de 1960, y especialmente luego de la guerra de junio de 1967, fuente del nuevo dibujo de las supuestas fronteras entre Israel y Palestina, de lo que en su momento daremos cuenta. Continuaremos en siguientes entregas.

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22 septiembre 2019 7 22 /09 /septiembre /2019 23:00
Viñeta: Luc Descheemaeker

Viñeta: Luc Descheemaeker

De modo que en un extremo tenemos sociedades tribales indígenas que intentan detener la carrera hacia el desastre. En el otro extremo, las sociedades más ricas y poderosas de la historia mundial (…) se apresuran a destruir el medioambiente lo más rápido posible

Noam Chomsky

Una ética sobre el medio ambiente, como ya veíamos en anteriores entregas, nos obliga a acabar con la visión antropocéntrica del derecho ambiental. Más justa y sostenible, la visión biocéntrica o ecocéntrica considera que el ser humano no constituye el único ser importante, inteligente o necesario, sino que todo ser vivo lo es, incluso la propia Naturaleza. Hemos de entender que ella y el resto de seres vivos que alberga son entidades que también merecen respeto y protección por parte no sólo de las conductas humanas, sino también por todo el cuerpo jurídico de un país, así como por la jurisprudencia internacional. Cuando hablamos por tanto del reconocimiento de un "derecho humano a un medio ambiente sano" no nos debemos referir únicamente a otorgar al ser humano las condiciones para su vida, sino que también se busca el reconocimiento, la protección y la conservación de dicho medio ambiente en sí mismo. La Madre Tierra debe ser concebida como un conjunto donde cohabitan diversos ecosistemas, seres vivos, especies de animales y plantas, seres humanos y no humanos, recursos naturales, y todos necesitamos de dicho medio ambiente para poder vivir y desarrollarnos en plenitud. Esto es exactamente lo que las Constituciones deben recoger, al más alto nivel, para que los desarrollos normativos posteriores puedan complementar. Pero un problema fundamental es la visión mundial que hemos de tener sobre el medio ambiente, porque la importancia de estos derechos de la Naturaleza rebasa las fronteras de un país o de un continente determinado. Cuando en la reciente Cumbre del G7 se preguntó a Jair Bolsonaro sobre los incendios de la Amazonía, éste contestó de forma ignorante y arrogante: "La Amazonía pertenece a Brasil". Craso error. La Amazonía, como el resto de bosques y selvas naturales, los ríos, montes, lagos, mares, humedales, reservas de especies, etc., no son patrimonio de ningún país en concreto, aunque estén situados en él, sino que son Patrimonio de la Humanidad. Si nosotros, aquí en Andalucía, castigáramos el Parque Natural de Doñana, no estaríamos haciendo daño únicamente a Andalucía, tampoco sólo a España, ni siquiera a toda Europa, sino que estaríamos haciendo daño a toda la humanidad, a todos los países y a todos los continentes, al mundo entero. Nuestras acciones perversas tendrían consecuencias no sólo a escala local, sino a escala mundial. 

 

De ahí que el respeto a la Naturaleza y su concepción como sujeto de derechos no deba preocuparnos a tal o cual país, sino a todo el mundo. Cuanto antes consigamos una legislación ambiental internacional que lo reconozca a nivel global, tanto mejor, a la hora de hacer respetar sus derechos y evitar sus ataques en todo el mundo. La protección de la Naturaleza va más allá de idiomas, de fronteras, de culturas, de leyes particulares, de tradiciones, de costumbres...debe ser un mandato universal. Traspasa jurisdicciones, horizontes, continentes y geografías. Traspasa empresas, ecosistemas, montañas y océanos. Traspasa latitudes y longitudes. Es algo que a todos debe preocuparnos, porque nos va la vida en ello a todos. Los Derechos de la Naturaleza, entonces, deben ser derechos universales. La Naturaleza es una sola, en su visión integral, en su manifestación de conjunto. Como tal debemos verla, contemplarla, disfrutarla y protegerla. El Buen Vivir nos conmina a ello. En todo el mundo se van conociendo ya proyectos pioneros, sentencias, juicios y propuestas en este sentido. Las luchas sociales inspiradas por el reconocimiento de los derechos a la Naturaleza se van multiplicando. Y de hecho, existen ya varias propuestas emparentadas con este sentir: por ejemplo, la Carta de la Tierra, a modo de Carta Magna o Constitución del planeta, promovida por el entorno de las Naciones Unidas desde el año 2000, o la Declaración Universal de los Derechos de la Tierra, impulsada por EnAct International. Lo que hemos de conseguir es retomarlos, completarlos, universalizarlos, y sobre todo, hacer que se respeten. Y ello no será posible hasta que el conjunto mundial de la ciudadanía posea conciencia de la necesidad de reconocer derechos a la Madre Tierra, de ahí que las Constituciones nacionales y los respectivos Parlamentos, diseñando leyes, puedan ayudar bastante en esta tarea. Es interesante también la creación de un tribunal internacional que sancione los delitos ambientales en todas partes del mundo, y como decimos, haga respetar en todo el plantea los derechos de la naturaleza, protegiéndola de los ataques de los agentes económicos, que son los que más la ignoran y la destrozan. 

 

Alberto Acosta, en el artículo de referencia, explica: "Debemos entender que las relaciones emancipatorias con la Naturaleza, entre la sociedad, géneros y generaciones, se construyen desde las prácticas sociales. Son patrimonio de las sociedades, y en su relación con el Estado, deben ser fortalecidas, protegidas y reconocidas para que no sean reprimidas. Las relaciones de armonía con la Naturaleza son ejercidas por muchos pueblos y personas. Son un proceso en construcción, que marca las pautas para asegurar otras formas de reproducción social, respetuosas de la Naturaleza y de las culturas, destinadas a formular demandas y crear otros imperativos". Y más adelante concluye: "En síntesis, la tarea pendiente es ardua. Hay que vencer tanto visiones miopes como resistencias conservadoras y prepotentes que esconden y protegen varios privilegios, a la vez que se construyen diversas y plurales estrategias de acción. La vigencia de los Derechos de la Naturaleza y de los inseparables Derechos Humanos exige la existencia de marcos jurídicos locales, nacionales e internacionales adecuados, considerando que estos temas atañen a la Humanidad en su conjunto; también atañen a otras teorías del derecho, que desafíen la propiedad privada, la gobernanza de una sola especie, o un sistema organizado para explotar la Naturaleza, y a todo lo que nos ha llevado a crisis ecológicas sin precedentes, en el marco de lo que se conoce como antropoceno, que en realidad debería considerarse como capitaloceno, sustentado en el faloceno y racismoceno" (Alberto Acosta). El reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza nos indica por dónde debemos empezar a construir una nueva organización social, si realmente se busca una opción de vida en respeto y convivencia dentro de ella, garantizando una existencia digna a todo tipo de vida. Todas las vidas (humanas y no humanas) poseen valor y dignidad, y todas ellas deben ser respetadas y protegidas, en aras a una armonía superior del ser humano con su entorno vital. Al ser parte del mismo todo, debemos ser Uno con la Naturaleza, como símbolo superior de esta ansiada armonía.

 

Debemos aceptar que toda vida tiene el mismo valor ontológico en medio de la diversidad. Es una lucha por el respeto y por la valoración de toda vida. En este sentido, es una lucha de liberación. Pero esta lucha de liberación, en tanto esfuerzo político, empieza por reconocer que el capitalismo destruye sus propias condiciones biofísicas de existencia, en su desesperada e irracional búsqueda por acumular bienes materiales, capital y poder. Pero aclaremos en este punto un aspecto fundamental: algún lector o lectora de esta serie (y en general de todos los artículos de este Blog), imbuido en el espíritu del capitalismo, podrá argumentar que la esencia capitalista no dista mucho de la esencia natural. Nos explicaremos: podrían argumentar que puesto que la filosofía capitalista se basa en que el más fuerte vence, el que posee más dinero gana, el que posee más poder posee más fuerza política para salvaguardar sus intereses, etc., todo eso no dista mucho de las leyes naturales, donde también sabemos que el más inteligente vence, el más fuerte gana, el que llega antes se lleva la comida, el que vence en combate se lleva a la hembra codiciada, el que es más fuerte consigue el territorio...Podrían argumentarnos esto para concluir que el capitalismo es, en ese sentido, fiel a las leyes naturales, y que por tanto, no será tan malo. Bien, podemos contraargumentar basándonos en dos aspectos: el primero es que la Naturaleza no consagra toda una arquitectura social y política para la desigualdad, esto es, proyecta, edifica y perpetúa una serie de mecanismos para promover y profundizar dicha desigualdad. El capitalismo lo hace, la Naturaleza no. En la Naturaleza, todos los seres nacen libres e iguales, aunque por supuesto, con distintas capacidades. Pero en el capitalismo, los seres humanos no nacen libres e iguales. Como estamos demostrando en nuestra serie de artículos dedicada a la desigualdad, el capitalismo ha ido desarrollando con el paso del tiempo toda una arquitectura para diferenciar, para distinguir, esto es, para hacer la vida fácil a los ricos, y para hacérsela difícil a los pobres: nacer en una familia rica o pobre, los paraísos fiscales, el poder en las relaciones laborales, los mecanismos de corrupción, la fiscalidad, la redistribución de la riqueza en el planeta, las normas del comercio internacional...Todos ellos, y muchos más, son factores que determinan la desigualdad, es decir, no es que la desigualdad sea algo "natural", sino que es el capitalismo quien la provoca expresamente. 

 

Pero decíamos que teníamos además un segundo argumento, incluso más potente que el primero: en efecto, nos pueden decir que en la Naturaleza sobrevive el más fuerte, que el más débil muere, que la propia Naturaleza es absolutamente despiadada en ese sentido. No negamos que esto sea cierto. Pero a lo que aspiramos es a que las comunidades humanas, surgidas de la convivencia y de la armonía, no lo sean. Deberíamos mirarnos en la vida de una jirafa o de un elefante, por ejemplo, en lo relativo a su sencillez, a su frugalidad, a su austeridad, a su unión con la naturaleza, pero no deberíamos tener como espejo a dos pájaros, por ejemplo, cuando se enfrentan por un determinado territorio. Pensamos que nuestras comunidades humanas, precisamente por ser humanas y estar dotadas de una inteligencia superior y de una capacidad de reflexión, debieran precisamente evitar estos enfrentamientos, y garantizar que independientemente de todo lo demás, cada persona, por ejemplo, tenga derecho a una vivienda digna, sin necesidad de tener que pelear por ella (con el riesgo de quedarse sin ella, e incluso no alcanzarla nunca). Una comunidad de derechos sirve precisamente para esto. No podemos interferir a estos niveles en una comunidad de tórtolas, pero sí podemos y debemos hacerlo en una comunidad humana. Precisamente el Buen Vivir, en sus conexiones con el ecosocialismo, el ecofeminismo, la Economía del Bien Común, el decrecimiento, la teoría del Desarrollo a Escala Humana y otras muchas, debe proporcionarnos este sistema comunitario de alto nivel, donde las personas no tengamos que pelearnos las unas con las otras por un territorio, por una pareja, por comida, por agua. etc. Un sistema comunitario de alto nivel donde las necesidades básicas estén cubiertas para todos, y no haya necesidad de disputar por ellas, incluso demostrando que las necesitamos ferviente y desesperadamente. Un sistema de alto nivel, para humanos, donde la existencia y la vida estén absolutamente garantizadas y protegidas. Un sistema de organización social donde no haya que disputar por los derechos básicos y fundamentales, sino que sea el propio sistema quien los prevé, los planifica y los garantiza. Continuaremos en siguientes entregas.

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19 septiembre 2019 4 19 /09 /septiembre /2019 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (160)

BLOQUE XI. REORGANIZAR LAS NORMAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL. 

 

En este último bloque temático de la serie comentaremos diversos aspectos del comercio internacional, ya que las normas que lo rigen también contribuyen en gran medida a la arquitectura de la desigualdad, sobre todo entre los diversos países. Desde hace varias décadas las normas del comercio internacional se orientan hacia lo que falazmente se ha denominado "Libre Comercio", cuando como decimos, es un eufemismo que esconde su auténtica naturaleza. A la luz de él se han desarrollado, negociado, aprobado e implementado diversos "Acuerdos de Libre Comercio", que en realidad han sido instrumentos al servicio de los intereses de las grandes corporaciones, para aumentar su poder transnacional, e impedir que cualquier barrera política, social o económica se interponga en sus objetivos. Comenzaremos retomando las ideas que nos expone Vicente Romano en su texto "Intoxicación lingüística", en lo referente al asunto que nos ocupa: "Julio Yao sintetiza perfectamente lo que el capitalismo oculta tras el concepto de libre comercio. En la ponencia presentada en el Encuentro Internacional de "Propuestas Alternativas en Agricultura, Acceso a Mercados, Comercio y Medio Ambiente, ante la Ministerial de la OMC", lo expresa así: "A la luz de la historia, el "libre comercio" es un eufemismo que entraña un conflicto semántico, una contradicción intrínseca. ¿Qué libertad le reconocieron los europeos a los pueblos africanos cuando se repartieron su continente sin pedirles permiso a los verdaderos dueños? ¿Qué libertad tenían esos pueblos africanos cuando se les obligó a firmar cientos de acuerdos comerciales y territoriales, todos los cuales fueron violados por los europeos? ¿Qué libertad tenían los pueblos africanos si ni siquiera libertad tenían para ser personas, cuando fueron sometidos a la esclavitud, a la trata y al comercio de esclavos, para enriquecer tanto a Europa como a Estados Unidos en las plantaciones, en las fábricas y ciudades? ¿Qué libertad tenían los pieles rojas, los sioux, los cheyennes y otras nacionalidades de Norteamérica para reglamentar su comercio con los invasores cuando la única libertad que se les permitió fue la de entregar incondicionalmente todas sus riquezas, posesiones y patrimonios, todas sus vidas?"

 

Y continúa: "¿Qué libertad tenían los cubanos cuando les impusieron en 1903 la Enmienda Platt y cuando ocuparon Guantánamo? ¿Qué libertad tenían los panameños cuando en 1903 Estados Unidos les impuso un Tratado que firmó un extranjero, mediante el cual el Canal, construido para el "libre comercio", quedaría a perpetuidad en manos de Estados Unidos, sin que se permitiese a Panamá siquiera comerciar en la antigua Zona del Canal? (...) En el "libre comercio" de hoy no hay más libertad que la que tenían los esclavos y siervos para comerciar su mano de obra, es decir, su producción, su patrimonio y su vida, con los esclavistas y señores feudales. En otras palabras, ¡ninguna! Y ésta es la realidad de nuestro sistema internacional y del comercio internacional: su carácter es profundamente asimétrico y feudal. No hay libre comercio cuando las partes negociantes o contratantes gestionan desde una base profundamente desigual de poder. No hay libre comercio cuando el objeto de la negociación --el comercio internacional-- está rodeado de circunstancias estructuradas que se manifiestan en beneficio de una de las partes y notoriamente en perjuicio de la otra. No hay libre comercio cuando el propósito de la negociación es en sí mismo un objeto ilícito, algo no susceptible de negociación, como lo es la forma y contenido de vida de los pueblos. No hay libre comercio cuando la negociación conlleva la aceptación de compromisos que atentan contra la ética, la solidaridad humana y el derecho a la vida. No hay libre comercio si los acuerdos son el resultado premeditado y lógico de las condiciones y estructuras que rodean la negociación. No hay libre comercio si no se produce la voluntad de las partes contratantes mediante su libre consentimiento. No hay libre consentimiento si la voluntad de una de las partes fue forzada, por los medios que sea, a aceptar un acuerdo. No hay libre comercio si las partes negociantes o contratantes carecen de capacidad jurídica para comprometer el destino de nuestros pueblos. Y si en las negociaciones no se verifican ni el libre consentimiento ni la capacidad de las partes contratantes o negociantes, los acuerdos comerciales quedarán viciados de nulidad y carecerán de validez jurídica". 

 

Vicente Romano añade, por su parte, que la libertad de mercado y de comercio significa, por ejemplo, que Irak no pudiera vender su petróleo para satisfacer las necesidades de su población y el desarrollo de su economía, o que España no pueda exportar a Venezuela 12 aviones defensivos por llevar piezas fabricadas por compañías estadounidenses. Pero el caso más sangrante es el de Cuba, que sufre un bloqueo de más de 60 años [47 cuando se escribió el texto] con el firme propósito de ahogar su economía, su soberanía, y en última instancia, su revolución. Los EE.UU., el paladín del "libre mercado" y de la "libertad de empresa", no solo prohíben a sus nacionales vender o comprar productos a Cuba o de Cuba, sino que han promulgado leyes que castigan a quienes comercien con Cuba, aunque no sean ciudadanos o empresas estadounidenses. Ahí están las leyes Torricelli o Helms-Burton, por ejemplo. En ellas se legisla la organización de la sociedad cubana una vez que se reincorpore al capitalismo. Y nosotros nos preguntamos: ¿no es ésta la tiranía de la desigualdad? Todo un gigante mundial, una de las primeras potencias económicas y la primera potencia militar del mundo, empeñando todos sus esfuerzos en aplastar a una pequeña isla caribeña, únicamente porque no cumple sus designios. Si la comunidad internacional poseyera algo de dignidad, hace años que se hubiera rebelado contra el gigante estadounidense exigiendo libertad y dignidad para Cuba. Lo más que hacen es votar en contra de este bloqueo en la Asamblea General de la ONU (donde Estados Unidos se queda sólo con su hermano del alma, Israel), pero hasta ahí llega su acción. Mientras, la población cubana sigue sufriendo la desigualdad, la discriminación, el avasallamiento por parte de un gigante, que sólo entiende de súbditos, y no de países hermanos. ¿Por qué ha permitido el comercio internacional que ocurra esto durante tantos años? ¿Es ésta la esencia del "libre comercio" por el que se aboga? ¿Responden esas palabras a lo que de verdad debieran significar? Como explica Vicente Romano, a lo largo de miles de años, los seres humanos desarrollaron el lenguaje para la comprensión y la cooperación en la solución de sus tareas. Hoy día, las palabras y los conceptos se utilizan conscientemente para la confusión, para violentar el entendimiento, y en última instancia, para imponer significados que se contradicen con la realidad. El "libre comercio" no tiene nada de libre. Más bien al contrario, es un comercio impuesto bajo unas normas diseñadas y reguladas por organismos mundiales que están al servicio de la globalización, lo cual es lo mismo que decir que están a favor del capitalismo que desarrollan las grandes corporaciones transnacionales. 

 

Hoy día se bloquea, se chantajea, se embarga, se imponen sanciones comerciales, y se promulgan leyes que prohíben de facto dicha libertad de comercio. La libertad sólo puede darse entre iguales, pero en la comunidad internacional existen muy pocos iguales, por no decir ninguno. Se bombardean cosechas, se incendian bosques o se minan puertos con tal de impedir el libre tránsito de personas y mercancías. No, el comercio no es libre. La libertad de empresa, la libre circulación de mercancías y capitales, es el principio fundacional, la viga maestra de la formación social capitalista. Este imperativo categórico ha constituido el argumento terminante utilizado contra toda alternativa de organizar la sociedad, la propiedad y la producción de otra manera. En última instancia, de cambiar los valores que se asumen. De ahí que, por contraposición, el socialismo, que intenta regular la libertad burguesa de comprar y vender, no se considere una sociedad libre, y por tanto se repruebe como carente de "libertad de mercado". Y así, estos vigilantes del "libre comercio" y sus organismos asociados, están ojo avizor ante cualquier gobernante que intente implantar en su país un modo de organización social y económica distinta al capitalismo. En cuanto lo avizoran, se echan encima de él, intentan bloquearlo, desacreditarlo, hacer la vida imposible a sus poblaciones, hasta que caen derrocados sus gobiernos, reponiendo como simples títeres a nuevos gobernantes que siguen los designios del capitalismo. ¿Es entonces libre esta sociedad? ¿Se puede hablar en verdad de libertad? Lo primero que debiera respetarse es la propia soberanía e independencia de los países para implantar los sistemas políticos, sociales y económicos que ellos decidieran, pero esto, simplemente, no se permite. Cualquier país que lo intente será acosado. Cualquier gobernante que lleve a cabo amagos de implantar algo distinto, tan siquiera un escenario ligeramente postcapitalista, será atacado sin piedad. La libertad, bajo el actual marco de la globalización, es sólo una ilusión. No somos realmente libres. El ejemplo más paradigmático de todo lo que contamos son los Estados Unidos, que según muchos, es la "democracia más avanzada" del mundo, cuando es justamente la más retrógrada y perversa.

 

Veamos: Estados Unidos es el país que más restricciones impone a la importación de mercancías procedentes de otros países. Como ejemplo actual, véase la guerra comercial que está librando con China, bajo el trasfondo del dominio de la Tecnología 5G. No hay más que leer la legislación estadounidense, o los acuerdos de la OMC (Organización Mundial del Comercio). O bien, que se lo pregunten a los gobiernos de muchos países pobres que tantas dificultades tienen para vender sus productos en condiciones de igualdad a los países ricos. Pero no contento con esto, Estados Unidos prohíbe la exportación de productos a los países que no se sometan al dictado de los intereses de las empresas y gobernantes yanquis. Incluso se les imponen, como hemos indicado más arriba, todo tipo de bloqueos, embargos y sanciones. Se ponen todos los medios a su alcance (que son muchos, precisamente por el poder que la comunidad internacional le concede al imperialismo norteamericano) para arruinar a dichos países disidentes, incluyendo, si es preciso, ataques bacteriológicos y químicos, como ya ocurrió en Vietnam, Iraq, África o América Latina. Por ejemplo, los campesinos de Iraq no podrán usar más sus propias semillas, sino que tendrán que pagar patentes a empresas como Cargill o Monsanto. Empresas criminales que los expolian y se adueñan de sus semillas, para controlar el mercado mundial de la producción de las mismas. La OMC regula incluso el acceso de los países pobres a medicamentos más baratos, e incluso la compra de genéricos. Se niega de esta forma la salud y el derecho a la vida de pueblos enteros, bajo el pretexto de la sagrada (para ellos) "libertad de empresa". De modo análogo, y siempre bajo el falaz pretexto de la defensa de sus intereses comerciales, Estados Unidos vetó en 2001 la adopción de un Protocolo del Convenio de Armas Biológicas, rechazó el Protocolo de Kioto (1997) y el Acuerdo de París (2015) sobre cambio climático, se ha negado a firmar el Tratado de Prohibición de las Minas Antipersonales, que tantos niños mata o deja discapacitados, así como el Tribunal Internacional sobre Crímenes de Guerra, etc. ¿Libertad de comercio, dicen algunos? ¿Dónde? ¿Para quién? ¿Para qué? Como nos indica El Roto en una de sus viñetas: "Lo llaman sistema de libre comercio, pero si lo intentas cambiar, te despiden". En suma, detrás de la actual "libertad de comercio y de mercado" se esconde únicamente la libertad de los ricos para venderles a los pobres sus productos y servicios. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 septiembre 2019 2 17 /09 /septiembre /2019 23:00
Viñeta: Sunnerberg Constantin

Viñeta: Sunnerberg Constantin

Naufraga Europa cuando recibe a la vida con violencia mortal, cuando responde a los refugiados con cadenas, cuando no socorre al herido, cuando encierra y arrincona en campos de concentración a seres humanos acusados del delito de querer vivir, cuando persigue a las personas por su color, cuando deporta a los inocentes, cuando convierte en un problema de seguridad los derechos humanos

María Vacas

Estamos en la última entrega de esta serie. Creemos haber trazado y puesto sobre el tapete todas las problemáticas en torno a los migrantes y las migraciones, y las diversas acciones, medidas y decisiones que pueden y deben ser tomadas al respecto, para evitar la continuación del sufrimiento humano que estamos generando con nuestras políticas. Pensamos igualmente que es urgente alcanzar un Pacto Mundial sobre Refugiados, ya que el número de personas desplazadas en todo el planeta alcanza ya dimensiones dantescas. Durante diciembre de 2018 ya se celebró en Marruecos la Conferencia Intergubernamental para el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, sin mucho éxito. En medio de disputas internacionales, con una creciente lista de países que se abstuvieron de adherir al pacto mundial sobre migraciones, finalmente fue suscrito por 164 Estados. Ahora hace falta que no sea una firma vacía más, como tantas otras. Las escandalosas cifras, casi 70 millones de desplazados en el mundo, se prorratean a casi 45.000 personas cada día, o a una persona que se convierte en migrante cada dos segundos. Hasta principios de 2018, el número de personas desplazadas dentro de sus propios países alcanzaba la cifra de 40 millones. Y la cifra total superaba la de toda la población de Australia. De nuevo al prorratear la cifra, comprobamos que una de cada 110 personas se encuentra desplazada en el mundo, tomando cifras del informe Tendencias Globales (Global Trends), publicado anualmente por ACNUR. Necesitamos por tanto abordar este problema desde una perspectiva integral. El 85% de los refugiados se encuentran en países en desarrollo, muchos de los cuales son extremadamente pobres y apenas reciben ayudas para atender a estas personas. Según el informe citado, 4 de cada 5 refugiados se quedan en países vecinos al suyo. Otro dato interesante es que la población desplazada a nivel mundial es muy joven (el 53% son niños y niñas, muchos de ellos/as no acompañados/as o separados/as de sus padres y madres). Como vemos, es hora ya de abordar este asunto no únicamente desde la óptica de cada país, sino bajo el auspicio de una gran conferencia internacional, y asumir sus conclusiones y desafíos. Y sobre todo, se han de tratar dos asuntos especialmente: la finalización de los conflictos armados que generan estos contingentes humanos en movimiento, y la integración plena de los migrantes en los países de acogida, bajo parámetros de interculturalidad y dignidad.

 

No puede ser que los migrantes acogidos tengan como única vía de salida su dedicación a actividades sumergidas, ilícitas o criminales. Está comprobado que cuando los migrantes encuentran trabajo, es decir, se les ofrecen salidas dignas, su situación cambia de forma radical. Residencia, trabajo y formación son aspectos que no deben descuidarse, para poder ofrecer oportunidades vitales a estas personas. El Pacto Mundial debe asegurar que se protejan los derechos de los migrantes, desde una perspectiva de gestión conjunta de los desplazamientos humanos entre los países de origen, de tránsito y de llegada. Nunca sabremos si alguna vez nos puede tocar a nosotros. La solidaridad y el respeto al marco del derecho internacional sobre los Derechos Humanos deben primar siempre. Tampoco hay que descuirdar los aspectos de reagrupación familiar, la educación y la salud, dentro de los aspectos de integración. Hay que recuperar una visión integral de los derechos, incluyendo al mismo nivel que los demás (derechos civiles y políticos) a los derechos económicos, sociales y culturales. Y como también hemos comentado extensamente en entregas anteriores, hay que considerar y luchar contra todas las causas que provocan las migraciones humanas: las guerras, el expolio de los recursos por las compañías transnacionales, las desigualdades, las razones de género, las violaciones de derechos, el cambio climático...Pero mientras no podamos impedir las causas que generan estos desplazamientos, tenemos que prepararnos como pueblos para una solidaridad mantenida y sostenida a largo plazo, haciendo de nuestros municipios, ciudades y pueblos, tierras de acogida. Y así, aspectos como el empadronamiento sin domicilio fijo, la tarjeta de vecindad, el acceso a los servicios de información, la acogida integral, los itinerarios integrales de inclusión, atención y formación, el acceso a la vivienda, el tratamiento a las personas víctimas de las mafias de tráfico de personas, la atención a las víctimas de violencia machista, las políticas de convivencia y contra la xenofobia y el racismo, la prohibición de realizar identificaciones por razones de perfil étnico, y la coordinación entre los diversos municipios, entre otros muchos, son aspectos que deben definirse, implementarse y respetarse si pretendemos alcanzar unos mínimos estándares de plena integración. 

 

Y por su parte, a nivel europeo (y mundial, al alcance de nuestras posibilidades) hemos de alcanzar igualmente una serie de compromisos por una política migratoria europea solidaria, que promueva la paz en el mundo. Hoy día es como pedir peras al olmo, pero hay que organizarse, presionar y continuar en la lucha. ¿Dónde está nuestra memoria común? ¿Es que hemos olvidado ya la lacra de las guerras mundiales? ¿En qué nos hemos convertido los propios europeos? Como se indica en uno de los documentos publicados por la Plataforma (vasca) "Ongi Etorri Errefuxiatuak" (Bienvenidos Refugiados), del cual nos hacemos eco: "La Unión Europea, más allá de su dimensión económica, es la portadora de un proyecto de cooperación y apertura entre sus países, particularmente después de las dos guerras mundiales que han tenido como efecto millones de personas refugiadas desplazadas. Sin embargo, la UE, tras más de 30 años de políticas migratorias erráticas, se ha convertido en una región del mundo que se cierra a la otredad, destierra el derecho de asilo, y promueve y financia las peores atrocidades en los países que la rodean: detención arbitraria, prisiones privadas, desarrollo de la esclavitud, violaciones, mutilaciones, etc.". En efecto, esa es nuestra triste realidad. El aumento del fenómeno de las migraciones, a más de 70 años del período de entreguerras, no es más que una de las consecuencias del fracaso de la descolonización, de la globalización (que ha impuesto la política del saqueo de recursos) y del fuerte crecimiento de las desigualdades internacionales. Ante este angustioso panorama, hemos de reaccionar. Hoy día el racismo, el egoísmo y el fascismo campan a sus anchas, sin límites legales que los impelan. También hay que ponerse en lugar de los países de origen, que se ven fuertemente penalizados por la partida de la población joven y activa, la fuga de cerebros, el debilitamiento del tejido social, etc. Hemos de diseñar un continente abierto y acogedor, ya que hasta ahora no hemos sido capaces de mejorar las condiciones de vida en dichos países de origen. 

 

Desenterremos el racismo y la xenofobia de nuestra piel institucional, de nuestras costumbres, de nuestras tradiciones. Intentemos que fluya el interculturalismo, la aceptación, la tolerancia, la fraternidad y la cooperación. El miedo o el rechazo al otro no es ninguna vía aceptable. Si cerramos nuestras puertas, somos nosotros mismos quienes nos encerramos. Ningún ser humano puede ser ilegal. Pero ello no basta: nuestras políticas internacionales han de confluir en un cese de las actividades armadas y en la promoción de los conflictos, para adoptar una política de paz. Nuestras políticas comerciales no pueden basarse en los desequilibrios regionales, en el expolio de los recursos naturales de terceros países, y en la condena a su población a ser despojados de sus medios de vida. Nuestros modelos de producción y consumo no pueden seguir fomentando las causas que promueven el cambio climático, provocando sobre todo en los países pobres del Sur Global los terribles efectos que ya conocemos. Hay que controlar y obligar a las empresas transnacionales, fondos de inversiones y demás compañías especulativas a someter su actividad al estricto cumplimiento del Derecho Internacional sobre los Derechos Humanos (Ver la serie "Contra los Tratados de Libre Comercio", en este mismo Blog). Ha de cuidarse igualmente por parte de estos grandes agentes económicos el Derecho Internacional del Trabajo, el Derecho Internacional Ambiental, la soberanía de los pueblos y el derecho de los campesinos y campesinas. El Pacto Mundial por las Migraciones debería también crear la figura de una Defensoría Mundial de los Pueblos por los Derechos de las Personas Migrantes, comprendiendo a las refugiadas, asiladas, apátridas, víctimas de trata y de tráfico, y que promueva la libre movilidad y los derechos humanos. El continente europeo debe diseñar una política común de integración de las personas, con o sin papeles (alojamiento, comida, vestido, salud, idioma, acceso a los derechos y al trabajo), en cualquier situación administrativa en la que se encuentren éstas. 

 

Tenemos que asegurar una protección, educación y formación de los/as menores no acompañados y de las personas jóvenes que llegan a nuestro continente, ofreciendo amplios niveles de integración. Hemos de derogar el Reglamento de Dublín y permitir la libre elección del país donde la persona exiliada desee presentar su solicitud. Hay que suprimir la represión, la devolución en caliente de personas migrantes y el endurecimiento del control en las fronteras, y promover rutas de acceso legales y seguras al territorio europeo, para que las personas puedan migrar sin arriesgar sus vidas. Por su parte, la Convención de Ginebra debe ser (además de respetada) reinterpretada desde una perspectiva feminista, tomando en consideración la violencia sexual que sufren las mujeres, los matrimonios forzados, la ablación genital, la prostitución forzosa y la persecución por razón de orientación sexual e identidad de género. Las fronteras internas de la UE deben ser desmilitarizadas, permitiéndose la libre circulación de las personas por todos los Estados miembro. Hay que armonizar el derecho de asilo "desde arriba", para hacer que se respete en todos los países en las mismas condiciones que los grandes principios democráticos que se proclaman. Hay que detener inmediatamente cualquier colaboración con países donde se externalicen actualmente las fronteras (Turquía, Libia...), derogando los acuerdos establecidos y prohibiendo por ley posibles acuerdos futuros. A día de hoy, la UE financia a 35 países para que retengan a los migrantes dentro de sus fronteras, lo cual es una aberración humana y jurídica. Todos ellos presentan carencias en el ejercicio de los derechos humanos. Hay que erradicar los campos de refugiados, los campos de concentración, las extorsiones, las torturas...Todo ello a su vez contribuirá a debilitar y erradicar el oscuro mundo de las mafias. Hay que acabar con la venta de armas y el apoyo a la represión de las poblaciones en los países de los que huyen las personas exiliadas, y dedicar dichos fondos al desarrollo internacional solidario, y a la cooperación mundial. Hay que suprimir el "delito de solidaridad" en todos los rincones de la UE. 

 

Finalizamos ya. Como siempre, muchas gracias a todos los lectores y lectoras que nos han seguido a través de toda la presente serie, que ahora termina. Esperamos haber contribuido a exponer todos los problemas, sus orígenes, sus causas, y sus posibles soluciones. Creemos firmemente que otro enfoque es necesario, que otra Política de Fronteras más humana debe desarrollarse, y hemos explicado el porqué. Al final, únicamente la valentía y voluntad política necesarias han de imponerse si pretendemos alcanzar una mínima racionalidad en este asunto. Gracias a todos los autores y organizaciones que me han servido de guía e inspiración para la realización de estos artículos. Muchas gracias a todos.

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15 septiembre 2019 7 15 /09 /septiembre /2019 23:00
Viñeta: Cecilia Zamudio

Viñeta: Cecilia Zamudio

La expresión capitalismo verde puede entenderse en dos sentidos distintos. Un productor de molinos de viento puede jactarse de hacer capitalismo verde. En este sentido, una forma de capitalismo verde es evidentemente posible y muy rentable. Pero la verdadera cuestión es saber si la acción global de los numerosos capitales que compiten entre sí, constituyendo el Capital, puede respetar los ciclos ecológicos, sus ritmos y la rapidez de regeneración de los recursos naturales. Y la respuesta es no

Daniel Tanuro

Es evidente que desde un modelo económico y energético que expolia territorios y cuerpos, que saquea a la propia naturaleza y que explota a personas y animales, no podremos sacar ninguna buena evolución. Únicamente parches para ir saliendo del paso. Necesitamos un modelo económico y de producción totalmente revolucionario, ligado a la sostenibilidad de la vida, tanto humana como no humana. Pero todo ello liga con una nueva cultura, con un nuevo sistema de leyes y preceptos, con una nueva cosmovisión. De ahí que haya que ser recogido en la propia Carta Magna de todo país que se precie de seguirlo y alcanzarlo. Una Constitución que, atendiendo a todo ello, refleje filosofías ecofeministas, ecosocialistas, del Buen Vivir, animalistas, naturalistas, y que ponga la vida en el centro, y defina los sujetos de derecho apropiados. Como bien señala Alberto Acosta en este artículo para el digital Rebelion escrito tras el décimo Aniversario de la Constitución ecuatoriana de 2008: "En la Constitución, el "régimen de desarrollo" exige una planificación participativa y que debe expresarse en las áreas del trabajo, tanto como de soberanías alimentaria, económica y energética. En paralelo, el "régimen del Buen Vivir" recoge cuestiones de inclusión y equidad (educación, salud, vivienda, cultura, etc.), biodiversidad y recursos naturales". Desde los detractores al Buen Vivir, hemos de acostumbrarnos a escuchar críticas banales y estúpidas, como por ejemplo argumentar que el Buen Vivir y la "buena vida" son idénticos, que el Buen Vivir implica retornar a las cavernas (por su aproximación a los modos de vida indígenas), o que el Buen Vivir se asemeja a un modo de vida despreocupado y plácido. Estas críticas no deben desmotivarnos ni alejarnos de nuestro objetivo. Lo que ocurre es que, simplemente, intentan desacreditar esta corriente aduciendo falaces argumentos. Ignoran que cuando hablamos de Buen Vivir no estamos queriendo renunciar a muchos y valiosos avances tecnológicos que durante los últimos tiempos hemos alcanzado. No significa, digámoslo claramente, ponerse un taparrabos y echarse al monte. Pero lo que debemos entender es que, dichos aportes tecnológicos deben combinarse con "un diálogo permanente, constructivo y respetuoso entre saberes y conocimientos ancestrales y lo más emancipador del pensamiento universal, siempre desde la descolonización y despatriarcalización permanentes" (Alberto Acosta). 

 

Pero sí es cierto que hemos de adoptar bastantes ideas-madre del indigenismo, y de las corrientes de pensamiento que llevamos exponiendo en esta serie de artículos. Quizá la principal de todas ellas sea la de enfrentar el clásico concepto del "desarrollo" bajo el mundo capitalista. En efecto, en el mundo indígena no existe este concepto. Es decir, en la cosmovisión indígena no existe un proceso lineal que delimite un estado anterior o posterior. Por tanto, no existe ni la visión de un "subdesarrollo" a superarse, ni la de un "desarrollo" a alcanzarse (corolario de la visión de "progreso" o "bienestar" típica del mundo occidental). Para los pueblos indígenas tampoco existe la "pobreza" vista como la carencia de bienes materiales, ni la "riqueza" entendida como su abundancia. Precisamente estos polos han sido inducidos por la civilización capitalista. Hemos de renunciar a ellos, y esto implica eliminar ambos polos. No deben existir pobres, pero ello implica que tampoco deben existir ricos. Si permitimos la existencia de estos polos, lo que estamos permitiendo es una apropiación ilícita de los bienes de la comunidad por unos (pocos), a costa de otros (muchos). Alberto Acosta explica: "Para la cosmovisión indígena la mejora social está en permanente construcción y reproducción. De ella depende la vida misma, pero desde el holismo, donde diversos elementos condicionan las acciones humanas que propician el Buen Vivir, y en donde los bienes materiales no son los determinantes. Hay otros valores en juego: conocimiento, reconocimiento social y cultural, códigos de conductas éticas (e incluso espirituales) en la relación con la sociedad y la Naturaleza, valores humanos, visión de futuro...El Buen Vivir aparece como una categoría en la "filosofía" de vida indígena ancestral, pero que ha perdido terreno por el implacable avance de la modernidad occidental. Sin embargo, su aporte invita a asumir otros "saberes" y otras prácticas, sin llegar a una equivocada idealización de la vida indígena". El Buen Vivir se nutre así de múltiples formas de vida indígenas repartidas por todo el mundo, como el ubuntu (sentido comunitario: una personas es sólo a través de las demás personas y demás seres vivos) en África, o el eco-swaraj (democracia ecológica radical) en la India. 

 

Y además, el Buen Vivir no solo posee un anclaje histórico en las visiones indígenas, sino que también puede y debe nutrirse de muchos otros principios, corrientes, teorías, disciplinas, prácticas y saberes filosóficos (marxistas, ecologistas, ecofeministas, decrecentistas, postextractivistas, cooperativistas, ecosocialistas, animalistas, humanistas...). La lista sería interminable. Todas ellas comparten el enfrentamiento con la idea del desarrollo capitalista y del crecimiento económico convencional, y aspiran a que la vida humana sea más plena y feliz, justa y equitativa que lo es ahora. Además, existe cada vez más conciencia sobre la necesidad imperiosa de emprender transformaciones profundas y de calado que permitan a la Humanidad escapar con vida de los graves riesgos ecológicos y sociales que se nos avecinan, y que la misma Humanidad ha ido creando durante su expansión capitalista. Podría resumirse en el crecimiento material sin fin que podría culminar en un suicidio colectivo. La equivocada e irracional concepción del crecimiento basada en unos supuestos inagotables recursos naturales y en un supuesto mercado capaz de absorberlo todo, no conduce a ningún "desarrollo", sino a la aniquilación de todos nuestros ecosistemas, y a la aniquilación por ende de toda la Humanidad. Tampoco hemos de caer en la trampa del "desarrollo sostenible" o del "capitalismo verde", como ya hemos explicado, pues constituyen absurdos oxímoron en sí mismos. Y tampoco podemos depositar una confianza desmedida e incondicional en los avances científico-técnicos, pues el propio desarrollo de estos avances también compromete la sostenibilidad. Hasta el mismísimo Adam Smith, adorado por muchos capitalistas del modo de vida occidental, ya puso en cuestión esta forma de riqueza en 1776, que sólo se explica por una masiva pobreza: "Cuando hay grandes propiedades hay grandes desigualdades. Por cada hombre muy rico debe haber al menos quinientos pobres, y la opulencia de unos pocos supone la indigencia de muchos" (Adam Smith, "La riqueza de las naciones"). Por contra, la construcción y expansión continuada del Buen Vivir debería conducirnos a una redistribución profunda, justa y equitativa de esa acumulación en muy pocas manos. Y ello porque hay quienes no participan ni siquiera mínimamente de lo estrictamente necesario para poder llevar una vida que podamos considerar digna, o si se quiere, "que merezca la pena ser vivida", en expresión de Amaia Pérez Orozco. 

 

Y así, en oposición al "Mal Vivir" imperante de la sociedad capitalista, el Buen Vivir busca una convivencia armoniosa y equitativa, justa y democrática, sin miseria ni discriminación, pero también sin opulencia. Una convivencia frugal, sin objetivos materiales, sin aspiraciones grotescas. Una convivencia equilibrada y austera. Pero ello requiere una revolución cultural, que se centre sobre todo en reequilibrar y redefinir las propias necesidades humanas, asegurando siempre unas mínimas satisfacciones, atendiendo a unos justos y necesarios satisfactores, alcanzando por tanto otros patrones de consumo, para atender a necesidades humanas que son siempre las mismas en todo tiempo y lugar, tal como ya estudiamos en entregas anteriores en la teoría del Desarrollo a Escala Humana, introducida por los chilenos Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, en 1986. En vez de mantener el actual divorcio Naturaleza-Humanidad, en vez de seguir ahondando en el conflicto Capital-Planeta, se debe propiciar su reencuentro, "algo así como atar el nudo gordiano roto por una concepción de vida depredadora e intolerable" (Alberto Acosta). De este modo, el Buen Vivir plantea toda una revolución civilizatoria que se plantee biocéntrica, en contraposición a la visión antropocéntrica que nos domina. Comunitaria, pero sin rechazar al individuo; plural y diversa, no homogénea, uniforme ni monocultural. Tal transformación civilizatoria implica necesariamente desmercantilizar la propia Naturaleza, y convertirla en sujeto de derechos, propio de nuestra casa común o Pacha-Mama. No debemos privatizar los recursos naturales y comunes (como por ejemplo el agua), ni debemos destruir los recursos naturales y ecosistemas que nos albergan y nos protegen, permitiendo el desarrollo de la vida. Los objetivos económicos deben subordinarse a las leyes de los sistemas naturales, siempre respetando la dignidad humana. Y los derechos de la Naturaleza tampoco son algo abstracto, deben concretarse: poder denunciar las amenazas a los ecosistemas, la destrucción de la biodiversidad y la ruptura de los ciclos naturales sobre todo en casos de construcción de megaproyectos (residenciales, hidráulicos, energéticos, gasísticos, oleoductos, de ocio...), así como la falta de garantías para la restauración de los ecosistemas dañados. 

 

La seguridad jurídica necesaria para emprender denuncias de este tipo no es solo que no esté aún alcanzada, sino que se cuentan por miles los activistas sociales y medioambientales que cada año son asesinados/as por precisamente denunciar estas deleznables prácticas. Es complejo superar la actual cosmovisión donde parece ser que la naturaleza, simplemente, nos pertenece, que está a nuestro servicio, porque nosotros, los humanos, somos un ente superior. Hay que ir aboliendo estas conceptualizaciones de nuestra mente, fruto de la visión antropocéntrica que venimos observando desde la extensión del capitalismo. No somos superiores a la naturaleza, estamos integrados en ella. Somos parte de ella, y por tanto, dependientes de ella: somos ecodependientes. La naturaleza ha sido histórica atacada, vilipendiada, ignorada, destrozada, discriminada, y lo continúa siendo en la actualidad, más que nunca. De hecho, la economía en su visión occidental convencional aspira perpetuamente a dominar y subordinar la naturaleza a las actividades humanas. Así nos va. El actual marco de seguridad jurídica protege únicamente a los actores económicos que abusan de ella, típicamente las grandes empresas transnacionales, impunes en todas sus macabras actividades. Todo esto tiene que cambiar. Ello implica que los ríos, los bosques, los mares, los montes, los océanos, las especies de animales y plantas, los ecosistemas en general, han de tener quien los defienda jurídicamente de los posibles ataques que puedan sufrir por parte de los humanos. Y al igual que ellos, los propios recursos naturales, imprescindibles para la vida, que son comunes, de todos, y que todos disfrutamos: el aire, el suelo, el agua, los minerales, etc. Igualmente, todos los demás seres vivos y animales no humanos deben protegerse, porque también ellos son parte de nuestros ecosistemas naturales. Pero debemos entender que todo esto implicará dejar de insistir en modelos productivos y energéticos obsoletos, dañinos y perjudiciales para la Naturaleza y sus elementos. Toda una escalada de reconversiones deberá darse para abandonar dichos modelos, y migrar hacia otros más sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. Hemos de avanzar en la superación del utilitarismo antropocéntrico (la Naturaleza nos sirve y por ello la despojamos), y pasar a visiones biocéntricas (la vida en el centro, la humana y el resto), que constituyen la base para comprender a la Naturaleza como sujeto de derechos. Continuaremos en siguientes entregas.

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12 septiembre 2019 4 12 /09 /septiembre /2019 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (159)

¿No podemos encontrar un método de combinación [las ventajas del anarquismo y el socialismo]? Me parece que sí podemos […]. El plan que defendemos consiste esencialmente en esto: que un cierto ingreso pequeño, suficiente para las necesidades, debería ser seguro para todos, trabajen o no

Bertrand Russell

BLOQUE X. GLOBALIZACIÓN DEL TRABAJO DECENTE.

 

Hemos hablando a fondo sobre el trabajo, el mercado laboral, el poder de las empresas y la renta básica universal en su bloque temático correspondiente (así como de otros asuntos importantes, tales como el impacto de la robotización, los nuevos nichos de negocio digitales...). Pero hemos querido hacer un bloque temático aparte para tratar de la globalización del trabajo decente como elemento para revertir la arquitectura de la desigualdad, es decir, la importancia que tiene dignificar el trabajo humano en todo el mundo, para conseguir minimizar e incluso erradicar las desigualdades. Pues bien, sobre el proceso de globalización en general, nos ha dejado dicho Vicente Romano, en su obra "Intoxicación lingüística", lo siguiente: "Con la extensión del capitalismo a todo el mundo, el lenguaje del imperio ha introducido un nuevo concepto, el de globalización. Se significa con él la generalización del modelo capitalista a la economía mundial, la desregulación de las trabas nacionales a la libre circulación de capitales y empresas (externalización), en suma, la uniformidad del mercado. Este fenómeno lleva implícita la mundialización de la conciencia, la uniformidad del pensamiento y del lenguaje. Sí, la globalización del capitalismo ha aumentado la interconexión e interdependencia de los Estados y de las economías, la velocidad de circulación del capital y de las comunicaciones. Y, junto con todo eso, la de los movimientos humanos, las migraciones, voluntarias o forzadas, de millones de seres humanos. Ha acelerado el flujo de riquezas desde los muchos países pobres a los pocos ricos, con la inseparable compañía de la deuda externa". Como podemos comprobar, Vicente Romano nos dibuja perfectamente el panorama que nosotros venimos exponiendo durante toda esta ya extensa serie de artículos, porque en resumidas cuentas, la globalización no es más que la extensión de la desigualdad a escala planetaria. Y el trabajo humano se convierte en pieza fundamental de todo este engranaje, como es lógico suponer. Desde la precariedad laboral hasta la deslocalización de empresas, todo el mundo se contagia de este ataque al mundo del trabajo, endureciendo las condiciones laborales en prácticamente todos los países, y procediendo a un desmontaje de los derechos laborales a través de contrarreformas que los anulan o los reducen. 

 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), ilustra en un Informe (cuyas conclusiones fueron recogidas en este artículo del medio InfoLibre) que 2.000 millones de personas en el mundo trabajan sin la existencia de un contrato laboral previo, por lo que carecen de derechos y de protección social, perciben un salario injusto o sufren enfermedades o accidentes laborales. También denuncia que 168 millones de niños están atrapados en el trabajo infantil, y que 21 millones de personas son explotadas en condiciones de trabajo forzoso. Dos tercios de los trabajadores que hay en el mundo carecen de contrato laboral y de derechos, sufren discriminación, cobran salarios inferiores a sus capacidades, no tienen protección social y están sobreexpuestos a accidentes o enfermedades laborales. Datos que muestran las escandalosas cifras de la barbarie capitalista. Está claro que la gran meta en este sentido es alcanzar la globalización del trabajo decente. Pero podríamos preguntarnos entonces...¿Qué es en realidad el trabajo decente? La OIT define el trabajo decente como el acceso a un empleo con derechos y sin discriminación, en condiciones saludables, con salarios suficientes y protección social. Pero de entrada, casi 200 millones de personas no tienen trabajo, y ya se superan los 70 millones de jóvenes sin empleo. A estas cifras se suman las de los/as trabajadores/as pobres: concretamente, uno de cada cuatro trabajadores/as en el mundo se encuentra en situación de pobreza extrema o moderada. Entre los jóvenes, esta proporción es mayor, ascendiendo a uno de cada tres (156 millones). Por otra parte, el 75% de la población mundial no posee cobertura adecuada de Seguridad Social y más de la mitad carece totalmente de ella, de tal forma que no tiene asegurada ningún tipo de protección frente al desempleo, las enfermedades, la discapacidad, la vejez, la maternidad o cualquier otra contingencia. La situación mundial es, pues, ciertamente preocupante. Es evidente que la consecución del trabajo decente a nivel mundial es un gran reto. Pero nosotros añadiríamos un peldaño más, un eslabón todavía mas exigente, que podríamos denominar trabajo digno. Veamos.

 

Lo hemos desarrollado a fondo en este otro artículo de nuestro Blog, pero retomamos ahora el asunto, debido a la importancia con respecto al tema que tratamos. Pensamos que, efectivamente, además de las condiciones laborales, debe importar también qué tipo de trabajo realizamos, es decir, a qué nos dedicamos. Todo negocio no debería ser lícito. No debería estar permitido, sin ir más lejos, dedicarse al comercio mundial de armas, a la prostitución, o a la construcción de complejos que arrasan los parajes naturales, por poner algunos ejemplos. Porque el empleo se viene convirtiendo en un caótico mercado, casi absolutamente desregulado, donde las palabras decencia, dignidad, o el hecho de tener en cuenta las posibles consecuencias de nuestro trabajo, parece no importar a nadie. La fuerza de trabajo se convierte así en una degradada mercancía, se pierden derechos económicos y sociales, se destruyen garantías, se eliminan conquistas históricas de la clase obrera, se abaratan los despidos, se reducen los salarios, se aumenta la temporalidad, y desaparecen todas las normas que antes regulaban las relaciones laborales, es decir, en definitiva, se instala la precariedad. El sistema de la globalización neoliberal va transformando derechos en privilegios. Según recientes estudios de opinión, una mayoría de jóvenes estarían dispuestos a trabajar en cualquier sitio, haciendo cualquier tipo de trabajo, y cobrando cualquier salario. El resultado es que hemos normalizado la precariedad ya no sólo laboral, sino vital. La incertidumbre reina en nuestras vidas, y nuestros proyectos aguantan hasta el mes próximo, como mucho. Pero entonces...¿qué es un trabajo digno? De entrada, un trabajo que responda a los principios recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Carta de la Tierra y en la Carta Social Europea. Un trabajo digno es aquél que no es entendido como una mercancía más. El sistema capitalista, en su empeño por introducir la filosofía mercantilista en todos los aspectos de la vida, ha prostituido el trabajo humano, lo ha desvirtuado, despojándolo de su función social. No todo trabajo vale. Ha de recuperarse una visión digna y decente del trabajo humano. 

 

Esto quiere decir que han de generarse unos ingresos dignos, seguridad en el lugar de trabajo, protección social para las familias, perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que las personas expresen sus opiniones, participación en las decisiones que afectan a sus vidas, e igualdad de oportunidad y trato para mujeres y hombres. Un trabajo que elimine a los niños de toda actividad. Un trabajo que además se apoye en los criterios, normas y convenios adoptados en un contexto de negociación colectiva, y nunca como negociación aislada entre trabajador/a y empresario/a. Se trata por tanto de eliminar, de descartar, todo el empleo de mala calidad, desprotegido y precario, que domina actualmente el mercado laboral, no sólo en España, sino en todos los países europeos, y del mundo. Abogamos también por la instauración de topes salariales, tanto por arriba como por abajo, y tanto en la empresa pública como en la privada. Ha de existir un Salario Mínimo Interprofesional (SMI) digno, y una prestación social que cubra todas las contingencias antes mencionadas. Pero como decíamos más arriba, no todo queda aquí: la actividad productiva ha de estar orientada a la satisfacción de las necesidades colectivas y al mantenimiento de una sociedad cohesionada y equitativa, rompiendo con la arquitectura de la desigualdad, de tal forma que la riqueza se redistribuya justa y equitativamente entre todas las capas de la población. Además, hay que desarrollar extensamente la normativa necesaria para incrementar la participación de los trabajadores y trabajadoras en la toma de decisiones de las empresas, introduciendo medidas de democracia económica. No todas las actividades, negocios o nichos de mercado deben estar permitidos, quedando expresamente prohibidos todos los proyectos empresariales o actividades que supongan perjuicios sociales o medioambientales. La precariedad laboral debe quedar abolida por ley, bajo un mundo donde impere la globalización del trabajo decente. 

 

Otra filosofía que debe impregnar las relaciones laborales es la filosofía del reparto, tan demonizada por el capitalismo. El tiempo, el reparto y las jornadas de trabajo también han de verse valorados y transformados. Precisamente existe poco trabajo porque éste no está repartido, sino concentrado. Pensamos que el avance de la productividad tiene que incidir positivamente en las condiciones de vida y de trabajo de los ciudadanos/as, y tiene que repercutir en una mejor conciliación de ambos aspectos. La economía ha de quedar subordinada a los principios sociales de sostenibilidad, trabajo decente, equidad y democracia. Actualmente, la cantidad de personas desempleadas, fruto de la implantación de políticas desreguladoras del mercado laboral, es mucho más elevada de lo que el sistema puede absorber a corto plazo a través de cualquier política de estímulo o reconversión, por lo que procede repensar también lo referente a jornadas y repartos del trabajo existente. En consecuencia, apostamos por la reducción de la jornada laboral (sin reducción del salario), paralela al crecimiento de la productividad. Repartir y reorganizar el trabajo, para que podamos trabajar todos. Hay que acomodarse también a los límites biofísicos del planeta, reduciendo los impactos del consumo material desmedido, y ajustando la capacidad de producción a los recursos existentes, fomentando un consumo responsable y un comercio justo. Es urgente poner la economía al servicio de las personas, de modo que un reparto del trabajo se vuelve imprescindible para revertir la arquitectura de la desigualdad. Éste es el tipo de trabajo al que tenemos que aspirar, un trabajo decente, con derechos, con protección social, estable, que permita llevar a cabo un proyecto de vida mínimamente digno. Un tipo de trabajo que además responda a otro modelo productivo, a otro modelo económico, a otro patrón de consumo y bienestar, a otro patrón de desarrollo, que sea respetuoso con el medio ambiente, y que contribuya a la sostenibilidad desde los puntos de vista humano, económico, social, ecológico y medioambiental. Finalizamos aquí este breve bloque temático, y comenzaremos con el siguiente en la próxima entrega.

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10 septiembre 2019 2 10 /09 /septiembre /2019 23:00
Hacia otra Política de Fronteras (64)

El Capitalismo es el responsable de esta tragedia: los que se lucran del sudor ajeno y del saqueo del planeta. Las transnacionales inflan sus fortunas en base a la tortura de los pueblos: viabilizan el saqueo mediante guerras imperialistas y paramilitarismo. 85 multimillonarios poseen una riqueza igual a la riqueza compartida por la mitad de la población del planeta; 3.570 millones de personas que sobreviven explotadas en socavones, teniendo que comer de los basurales, teniendo que vender sus órganos o su sangre, teniendo que prostituirse desde la infancia, o teniendo que empeñarse en éxodos terribles, cuya culminación no será otra que la muerte por ahogamiento o el ahogamiento en vida, teniendo que padecer explotación extrema en la Europa-Fortaleza, en caso de sobrevivir al viaje

Cecilia Zamudio

Estamos finalizando esta serie de artículos. Creemos que hemos presentado el asunto de los refugiados, de lo que ocurrió en el pasado, de lo que está ocurriendo, y de las causas de todo ello. Hemos presentado cómo abordan las crisis de refugiados tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos, y la hemos comparado con los comportamientos de los países pobres. Hemos analizado la relación de los imperialismos europeo y norteamericano en el origen de todas estas crisis, y también hemos analizado la gestión de la seguridad de las fronteras planteada como un negocio, tal como hemos llegado hoy día. El panorama tiende a empeorar. El Mediterráneo en nuestra Europa, y las fronteras centroamericanas para Estados Unidos, son periplos de muerte y horror para los migrantes. Con el Tratado de Lisboa de 2005 (que dice que la UE no tiene como objetivo la protección de los refugiados), con el Tratado de Gobernanza europea de 2012, se organizaba la expulsión de todos los contingentes de personas que el mercado no precise. Cuando nuestros dirigentes políticos hablan de "migración ordenada" se refieren a esto, es decir, ordenada por el mercado, no por los derechos humanos. El magistrado portavoz de Jueces para la Democracia, Joaquim Bosch, afirmaba: "Tengo la impresión de que de la UE de hoy no hubiera firmado las declaraciones de 1948 ni de 1951", refiriéndose a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. La situación actual es patética, horrorosa. El sistema de asilo no funciona, las organizaciones humanitarias y sus barcos que salvan vidas son hostigados, y las políticas imperialistas continúan. Al otro lado del charco, también empeoran las cosas: la Administración Trump continúa su particular guerra contra los migrantes centroamericanos, endureciendo cada vez más las leyes y las circunstancias de estas personas. No existen derechos, únicamente existen fronteras, y malvados políticos que están dispuestos a todo por cerrarlas a cal y canto. Y empresas, por supuesto: muchas empresas de seguridad que llevan varios años "haciendo su agosto" con el negocio de la militarización de las mismas. 

 

Y así, cuando algunos Estados fascistas de esta UE castigan a los refugiados sin protección, las autoridades comunitarias miran hacia otro lado, argumentando que no pueden obligarles a nada. En cambio, si su insurrección se debe al control del déficit público, o a un presupuesto no deseado por ellas, enseguida se prestan a publicar sanciones y chantajes. Los flujos de capitales cada vez con menos fronteras, menos barreras, menos inconvenientes, menos leyes...los refugiados cada vez con más leyes y decretos contra ellos. En 2015 se creó en la UE un nuevo cuerpo: la Guardia Europea de Fronteras y Costas, toda una "agencia de deportación", en palabras de la ex eurodiputada de IU Marina Albiol. Un cuerpo sin mandato humanitario. En marzo de 2016, en un alarde de crueldad y patetismo para un gobernante, Donald Tusk, el entonces aún Presidente del Consejo Europeo, lanzaba este indecente mensaje: "Seas de donde seas, no vengas a Europa". Indigno e inmoral. Y mientras, los discursos xenófobos y racistas continúan. Sin acomplejarse, sino todo lo contrario. Cada vez más a pecho descubierto. Se enfrentan los discursos del miedo y de la seguridad contra los discursos sobre la libertad y los derechos humanos. Solidaridad, derechos, justicia, son palabras cada vez más vaciadas de contenido. Hasta los países nórdicos, los más avanzados para estas cuestiones, han optado por ponerse de perfil, y sumarse a la ola reaccionaria contra los refugiados. A día de hoy continúan las concertinas, las devoluciones en caliente, y el racismo social e institucional. El fantasma de la intolerancia recorre Europa, y se normalizan los discursos de ultraderecha, que condenan a las personas a no tener derechos. En el discurso de los refugiados, se hace claramente apología del delito y de la violencia más descarnada.

 

Se deben imponer medidas enérgicas, medidas de calado, y se deben respetar y hacer respetar por todos los agentes implicados. En esta recta final, vamos a enumerar una serie de medidas encaminadas a revertir toda esta aversión hacia los refugiados. Las medidas que vamos a presentar han sido tomadas de las propuestas de las principales organizaciones humanitarias que trabajan con el problema cada día, tales como, entre otras, Red Solidaria de Acogida, Foro Alternativo, CEAR, APDHA, Amnistía Internacional, CGT, 15M, Mesa de Entidades, Stop Mare Mortum, Bienvenidos Refugiados España, Caminando Fronteras...:

 

1.- Desarrollar una nueva política de asilo y migración europea en la que se priorice a las personas y los derechos humanos. 

 

2.- Poner en marcha operaciones de rescate y salvamento eficaces que cuenten con los medios y alcance necesarios, cumpliendo con el deber de socorro, con el fin de evitar más muertes en el Mediterráneo. 

 

3.- Habilitar vías legales y seguras que garanticen el acceso al derecho de asilo a las personas refugiadas, evitando que tengan que emprender travesías mortales para obtener protección en un país seguro. Y que proteja a las mujeres y niñas de la violencia sexual a la que se ven sometidas en el tránsito de sus trayectos migratorios. En este sentido, visados humanitarios, reasentamiento y acceso diplomático al asilo en terceros países deben ser mecanismos implementados. 

 

4.- Desarrollar y habilitar protocolos especiales para los menores no acompañados (MENA) que llegan a Europa (casi 50 millones de niños y niñas en todo el mundo han tenido que desplazarse forzosamente. De éstos, 28 millones han escapado de la violencia).

 

5.- NO a FRONTEX y sus labores de vigilancia y represión en las fronteras. Nos oponemos a toda intervención militar frente a los flujos migratorios. 

 

6.- Cumplir la política de cupos, a pesar de oponernos a ella, y exigir que se reubique a las personas refugiadas en los países que se comprometieron a acogerlas. 

 

7.- Cumplir los plazos para la eliminación de fronteras entre países de la UE, el denominado espacio Schengen. 

 

8.- Hacer realidad la Directiva Europea de Protección Temporal activando el mecanismo contemplado para hacer frente a emergencias humanitarias. 

 

9.- Abordar desde la responsabilidad, la solidaridad y la humanidad las causas que provocan los desplazamientos forzosos. En este sentido, cobra importancia la suspensión de la firma y aplicación de acuerdos de retorno y readmisión con países que no respetan los Derechos Humanos. 

 

10.- Desarrollar un papel activo por parte de los Gobiernos europeos en la resolución de conflictos de forma pacífica, así como en el control del comercio de armas a países en los que se violan los Derechos Humanos. Abandonar las políticas imperialistas y neocolonialistas respecto a otros países y continentes. 

 

11.- Poner fin a los discursos, medidas y actitudes denigrantes, racistas y xenófobas contra las personas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo, garantizándoles un trato digno y justo, y una plena integración en el país de acogida. 

 

Y en relación a nuestro Gobierno estatal:

 

1.- En relación a las políticas europeas, la retirada del apoyo de España al acuerdo entre la UE y Turquía y la suspensión inmediata de su aplicación, así como el cumplimiento del programa de reubicación y reasentamiento adoptado por el Consejo Europeo. 

 

2.- Para evitar las muertes en el Mediterráneo, se propone la puesta en marcha de vías legales y seguras para las personas que buscan refugio a través de la solicitud de asilo en embajadas y consulados españoles; la emisión de visados humanitarios, así como flexibilizar los requisitos de la reagrupación familiar. 

 

3.- Incrementar las cerca de 4.000 plazas que existen actualmente en el sistema de asilo español, una cifra muy inferior a la de otros países europeos como las 50.000 en Suecia, 25.000 en Francia o 17.000 en Bélgica. 

 

4.- Eliminar los obstáculos existentes en España para el acceso al derecho de asilo como son las devoluciones ilegales en las fronteras de Ceuta y Melilla y la exigencia de visado de tránsito aeroportuario impuesto en 2011 a las personas de nacionalidad siria. Igualmente, proceder a la retirada de concertinas y vallas en la frontera sur. 

 

5.- La aprobación del Reglamento que desarrolle normativamente la Ley de Asilo, pendiente desde hace más de 9 años. 

 

6.- Y por supuesto, el cierre inmediato de todos los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), así como la finalización de las redadas raciales y racistas, y la no devolución a países de origen o tránsito de ninguna persona (acabar con los vuelos de deportación masiva).

 

Todas estas medidas se pueden resumir en una sola: RESPETO A LOS DERECHOS HUMANOS. Finalizaremos la serie en el próximo y último artículo.

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8 septiembre 2019 7 08 /09 /septiembre /2019 23:00
Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

Ya sea verde como los árboles o rojo como el fuego, el capital es el fin del mundo. Sólo podremos conservar el planeta y nuestra humanidad al acabar con el capitalismo. Tenemos que ser anticapitalistas para ser auténticos ecologistas. Para ser verdaderamente verdes, tenemos que ser también rojos. Hay que incendiar los bancos y no sólo plantar árboles

David Pavón Cuéllar

El Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013 del Ecuador definió el Buen Vivir como "La satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y de muerte dignas, el amar y el ser amado, el florecimiento saludable de todos y todas, en paz y armonía con la naturaleza y la prolongación indefinida de las culturas humanas. El Buen Vivir supone tener tiempo libre para la contemplación y la emancipación, y que las libertades, oportunidades, capacidades y potencialidades reales de los individuos se amplíen y florezcan de modo que permitan lograr simultáneamente aquello que la sociedad, los territorios, las diversas identidades colectivas y cada uno --visto como un ser humano universal y particular a la vez-- valora como objetivo de vida deseable (tanto material como subjetivamente y sin producir ningún tipo de dominación a un otro)". Como hemos reflejado en artículos anteriores, el Buen Vivir y los derechos de la naturaleza se reconocen en la Constitución de Ecuador desde 2007. Por su parte, Mª Eugenia Rodríguez Palop, en su artículo para el medio FUHEM Ecosocial titulado "Derechos humanos y Buen Vivir", que seguiremos a continuación, declara que "La filosofía del Buen Vivir ha de vincularse a la convivencialidad, el cuidado y las ontologías relacionales así como a una idea de la justicia y los derechos que no puede ser ajena a nuestras diferentes concepciones de la vida buena. El Buen Vivir exige una deliberación moral narrativa en la que los bienes comunes y relacionales, la solidaridad y las responsabilidades compartidas (y graduadas) ocupen un lugar central, por lo que no se armoniza fácilmente con la conceptualización proto-liberal de los derechos humanos que hemos heredado de la Modernidad. De hecho, sólo una visión relacional de los derechos es compatible con la defensa del bien común y las exigencias del Buen Vivir". Como vemos, son declaraciones que no hacen más que insistir en los aspectos que ya hemos venido comentando, y que el Buen Vivir comparte con disciplinas como el Ecosocialismo y el Ecofeminismo, que también estamos tratando en esta serie de artículos, para poder tener una visión de conjunto, así como el grado de coincidencia en los postulados de todas estas disciplinas. 

 

Estas ontologías relacionales a las que se refiere Rodríguez Palop son aquéllas en las que se asume que la plenitud personal solo puede alcanzarse en armonía con la comunidad social y ecológica, entendida ésta última en un sentido amplio (relaciones con los animales no humanos y con la naturaleza). En esencia, una cosmovisión más natural, más amplia y más pegada a la Tierra, de la que nos hemos venido alejando durante los últimos siglos. De hecho, cuando se habla de ontologías relacionales se pretende destacar precisamente esta interdependencia, esta interconexión, entre el mundo individual, social y natural, así como la relevancia del entramado de afectos y creencias que esta interconexión genera. El Buen Vivir no nos insta a "vivir mejor", ni a "progresar para alcanzar la felicidad", sino a vivir bien, y esto se resume básicamente en vivir sin dañar a otros (humanos o no humanos) ni a la naturaleza. Podría plantearse entonces un capitalismo "buenista", que rompiera con las malas prácticas de los agentes económicos actuales, pero esto, simplemente, dejaría de ser capitalismo. Y ello porque está en la propia esencia del capitalismo el obtener el máximo beneficio sin poner límites, fronteras o barreras para conseguirlo. La explotación del ser humano, de los animales no humanos y de la naturaleza han venido siendo hitos de la única cara que el capitalismo puede ofrecernos: una cara brutal. Desde el Buen Vivir, precisamente criticamos la ideología clásica capitalista, que asocia la concepción del "bienestar" con el desarrollo, el crecimiento económico y el consumo desaforado. Se deben cultivar una cultura de la solidaridad y del bien común, conceptos en los que el capitalismo, simplemente, no cree. Frente a las actuales relaciones, hay que reivindicar la autodeterminación colectiva, las relaciones de interdependencia (somos dependientes de los demás y necesitamos cuidados) y las relaciones de ecodependencia (somos naturaleza y no podemos vivir sin ella). Y es que el funcionamiento del capitalismo no permite respetar ni el ritmo ni la dinámica de los ciclos ecológicos, ni tampoco permite respetar la esencia dependiente del ser humano.

 

Centrado en su lógica productivista y desarrollista, el capitalismo es absolutamente ciego para entender otras premisas. Pero como afirma Daniel Tanuro en esta interesante entrevista para el medio Viento Sur, que tomamos como referencia: "La abolición del capitalismo es una condición necesaria, pero no suficiente, para establecer una relación distinta al pillaje entre la humanidad y el resto de la naturaleza". El capitalismo retrasa incluso la determinación de las necesidades humanas mediante el criterio del mercado. De ahí que nosotros apostemos por la teoría del Desarrollo a Escala Humana como planteamiento más correcto. Un capitalismo sin crecimiento, sin continuo beneficio, es un oxímoron. No puede darse en la práctica, pues estaríamos hablando de otra cosa. Algunas personas podrían agarrarse como un clavo ardiendo a esa "otra cosa", un capitalismo bueno, o un capitalismo verde, pero esto, como decimos, es imposible. Bajo el capitalismo es la producción la que "crea" las necesidades humanas, pero sólo es una ilusión. Una macabra ilusión. Y cuando los mercados se acaban, el capitalismo no puede subsistir: necesita más mercados. De ahí la grotesca escalada neoliberalizadora de prácticamente todos los bienes y servicios públicos, para encontrar al capitalismo nuevos mercados donde abastecerse. En su tiempo también ocurrió con los nichos de negocio o de mercado ilícitos, tales como la prostitución, el tráfico de drogas o el comercio mundial de armas. Pero no solo esto: igualmente, el capitalismo ha endurecido, debido a las mismas motivaciones, sus cruentos ataques contra los recursos naturales, los ecosistemas, los animales no humanos y la propia naturaleza en su conjunto, los bienes comunes naturales. Daniel Tanuro señala muy acertadamente: "Por esto, la tendencia al hiperconsumismo/sobreproducción va a la par con una creciente tendencia a la destrucción del medio ambiente, con una desigualdad social creciente y con un malestar general. El resultado de esta dinámica infernal es la catástrofe que amenaza con transformarse en cataclismo en caso de un cambio climático radical". 

 

Esta absoluta contradicción entre capitalismo verde es explicada también por Daniel Tanuro en esta otra breve entrevista, a la que remitimos a nuestros lectores y lectoras: "Si se quiere no alterar demasiado el clima, se necesita que el 80% de las reservas conocidas de carbón, petróleo y gas natural se queden en el subsuelo. Ahora bien, estas reservas pertenecen a Estados y empresas capitalistas y forman parte de sus activos. Es una ilusión total creer que gigantes como Shell, Exxon Mobil o BP van a renunciar a la valorización de este capital. Quieren, al contrario, seguir quemando combustibles todo el tiempo que les sea posible. No lograremos nada sin romper su resistencia a través de su expropiación". Podemos crear miles de blogs como éste (de hecho existen y muy buenos) para concienciar a la gente, podemos organizar mítines, conferencias, mesas redondas, charlas (a las que pueden asistir incluso los directivos de dichas empresas), ciclos, jornadas, cursos...podemos programar miles de actividades, incluso generando conciencia en los propios agentes y movimientos sociales. Todo será en vano. Ellos jamás darán su brazo a torcer. De hecho, la industria del automóvil se ha levantado abruptamente cuando se le han planteado plazos para controlar la fabricación de automóviles con motores de gasolina o diésel, precisamente para disminuir la emisión de gases GEI, y de esta forma no seguir contribuyendo al calentamiento global. A medida que dichos plazos se acerquen, volveremos a presenciar más resistencias de este sector. Hay que hacerlo por la fuerza del poder político, apoyado sobre la resistencia de la sociedad civil. Únicamente esta situación puede revertir el panorama actual, y conseguir algún cambio en las políticas empresariales. Pero observemos que además tendremos que cambiar el modelo productivo. No bastaría solo con cambiar de dueño, socializando la propiedad privada de estas empresas, para que pasaran a propiedad social, es decir, controlada democráticamente por los trabajadores/as y el conjunto de la sociedad. Hasta ahí llegaría el Socialismo, pero ya es insuficiente. Si continuamos con las mismas actividades y modelos productivos, es evidente que no habremos solucionado nada. Hemos de alcanzar el Ecosocialismo, es decir, no solo el cambio de titularidad pública, sino también el cambio en el modelo productivo, dejando de quemar combustibles fósiles y transformando nuestros procesos a energías renovables. 

 

Pero si seguimos con el razonamiento, nos daremos cuenta también de que cualquier anticapitalismo no nos vale, sino que necesitamos un anticapitalismo que tenga en cuenta y priorice los límites naturales así como las restricciones del funcionamiento de los ecosistemas. Y eso implica no solo que debemos romper con el productivismo y el consumismo, sino que hay que realizar además un cuestionamiento de las tecnologías, sobre todo en su vertiente energética. Es decir, hay que desarrollar otros modos de producción alternativos al actual desarrollismo, que ha sido patrocinado por los complejos industrial y tecnológico. Hemos de diseñar una sociedad donde las necesidades básicas estén satisfechas, y el disfrute del tiempo y de las relaciones sociales constituyan la verdadera riqueza. Un modelo de sociedad simple, sin grandes aspiraciones, donde todos los tipos de trabajo sean igualmente respetados, y donde se valore la vida contemplativa y las actividades sociales. Un modelo de sociedad donde el pensamiento dominante no campe a sus anchas, sino que pueda ser contrastado por pensamientos alternativos, donde regresen las Humanidades a nuestras escuelas, el arte y la cultura. Y dentro de ella, la cultura de los cuidados ha de impregnar todas las actividades económicas que tienen un impacto directo en los ecosistemas. Somos responsables de cuidarnos, y de cuidar a la naturaleza y a los animales no humanos. Una sociedad impregnada de verdadera austeridad, de sencillez, de disfrute, de compartición, de frugalidad, donde se recuperen los valores que deben inspirar al ser humano (la bondad, la solidaridad, la fraternidad,  la libertad, la cooperación...). El Buen Vivir está impregnado de todo ello, de consumir lo justo, de renunciar a las vidas opulentas, a los bienes ostentosos, y de pretender "una visión de ordenamiento de la riqueza para que la disfrute toda la humanidad" (Julio Anguita). Y esto implica que los recursos naturales, económicos, mentales, las capacidades y habilidades, se ponen al servicio del disfrute en común, pero sin caer en el despilfarro. Recuperar la filosofia del Bien Común, en mayúsculas, entender que lo que es de todos, a todos nos compete cuidar, y entender que para ello, es la economía la que se tiene que poner al servicio de la política, y no al contrario, como en esta fase del capitalismo sucede. Hay que adoptar, como principio fundamental, el que bajo ninguna circunstancia, desde ningún punto de vista, ningún interés económico o proceso para llevarlo a cabo, puede estar por encima de la reverencia por la vida. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 septiembre 2019 4 05 /09 /septiembre /2019 23:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Que el trabajo, es decir, nuestra forma de estar y ser en el mundo, de relacionarnos con la naturaleza, de ser naturaleza, de encontrar en ella los recursos de nuestra subsistencia, se constituya bajo el capitalismo en una condición sometida a la voluntad de quienes detentan, usurpan, gestionan y usufructúan los medios de producción es algo totalmente absurdo

Constantino Bértolo

BLOQUE IX. REDISTRIBUIR LA RIQUEZA EN EL PLANETA Y REDUCIR LAS DESIGUALDADES A TRAVÉS DE LA IMPLANTACIÓN DE UNA FISCALIDAD INTERNACIONAL PARA EL DESARROLLO.

 

Mucho hemos hablado en su bloque temático correspondiente sobre la fiscalidad, pero en este noveno bloque temático queremos abordarla desde un punto de vista nuevo y diferente, precisamente enfocado a la reducción de las desigualdades. Es la esfera de la fiscalidad internacional, herramienta fundamental para conseguir una justa redistribución de la riqueza en todos los lugares del mundo, es decir, interplanetaria. ¿Dónde vamos a inspirarnos para exponer nuestros criterios? Veamos: la Plataforma 2015 y Más editó en el año 2010 una Guía con 7 textos aplicables a diferentes ámbitos. Concretamente, el número 7 de ellos se titulaba "Guía sobre globalización, objetivos de desarrollo del milenio y trabajo decente", cuyo texto base fue escrito por Ricardo García Zaldívar, del Consejo Científico de ATTAC, una de las organizaciones sociales más valiosas que poseemos, pero a cuyos miembros se les hace más bien poco caso, dado el corte ideológico de los Gobiernos que hemos padecido hasta ahora. Pues bien, remito a mis lectores a la lectura completa de toda la colección, incluido el número de referencia, donde nos vamos a detener en su apartado relativo al tema que nos ocupa. Como sabemos, la fiscalidad ha sido siempre un potente instrumento de lucha contra las desigualdades. Pero como argumenta el autor, la fiscalidad está actualmente muy afectada debido a que los espacios impositivos nacionales ya no se corresponden con la práctica de la globalización: "La apertura de las fronteras a los movimientos de los capitales implica pérdida de eficacia de las políticas fiscales, pues la competencia entre países hace depender del exterior las decisiones nacionales. La fiscalidad nacional sigue siendo eficaz frente a los factores poco movibles como el trabajo, pero resulta ineficaz frente a los más volátiles como el capital: los paraísos fiscales favorecen la evasión y fraude fiscales, la delincuencia financiera y criminal y la insolidaridad. Sólo una fiscalidad internacional podría contribuir a redistribuir la riqueza en el planeta y reducir las desigualdades" (Ricardo García Zaldívar).

 

En concreto, los autores del texto proponen un total de 4 impuestos globales financieros de posible aplicación inmediata a escala planetaria, que por supuesto apoyamos desde esta humilde tribuna, y que contribuirían al objetivo fijado. Son los siguientes:

 

1.- El primero es un Impuesto sobre las Transacciones Cambiarias (ITC), combinado con otro Impuesto sobre Transacciones Bursátiles (ITB). Ambos constituyen el Impuesto sobre Transacciones Financieras (ITF), que incluso estuvo en estudio por el FMI por encargo del G20 en su reunión de Londres de septiembre de 2009. La base del ITF reside en la Tasa Tobin, y atacaría proritariamente la especulación financiera sobre las divisas, que se ha acentuado a medida que ha ido bajando el coste de las transacciones gracias a los avances tecnológicos (Internet y las TIC). De hecho, Keynes ya propuso la creación de un impuesto que gravase las operaciones especulativas de carácter financiero para limitar la economía "casino", y James Tobin, que se inspiró en el propio Keynes, propuso un impuesto mundial restringido al mercado de divisas. Los movimientos sociales han enarbolado políticamente esa idea bajo la denominación de Tasa Tobin. En 1970, el volumen anual del mercado de divisas representaba sólo dos veces el volumen del comercio y la inversión internacionales. En 2007, justo antes de la crisis, era más de 50 veces. El ITC podría frenar esta orgía especulativa, consiguiendo además una recaudación impositiva de unos 300 millones de dólares al año.

 

2.- La segunda propuesta consiste en un Impuesto Unitario sobre los Beneficios de las Transnacionales (grandes corporaciones multinacionales) o IUBT. Los autores del texto citado proponen para este impuesto un tipo impositivo del 20% sobre unos beneficios estimados de 1 billón de dólares, y podría recaudar en este entorno alrededor de 200.000 millones de dólares al año.

 

3.- La tercera propuesta responde a un Impuesto sobre las Inversiones Directas en el Extranjero (IIDE), con un tipo del 10%. Los autores calculan que sobre un volumen total de inversiones directas en el extranjero de unos 800.000 millones de dólares, se podrían recaudar del orden de 80.000 millones al año. 

 

4.- Por último, la cuarta propuesta sobre fiscalidad internacional financiera sería el Impuesto sobre las Grandes Fortunas (IGF), ya propuesto en nuestro país sin demasiado éxito, por las fuerzas políticas de la izquierda parlamentaria. Como hemos asegurado tantas veces a lo largo de esta serie de artículos, la crisis ha sido básicamente una estafa que ha conseguido, entre otros perversos objetivos, que los pobres se vuelvan más pobres, y en cambio aumente el número de ricos en general (millonarios y milmillonarios). Pues bien, en este sentido, se calcula que bastaría un 1% sobre un patrimonio mundial estimado en 5 billones de dólares, para que este IGF alcanzara la cifra de 50.000 millones de dólares al año. La pregunta es: ¿están dispuestos nuestros políticos de turno a realizar ese "daño patrimonial" a la clase de la revista Forbes?

 

Bien, además de las propuestas de fiscalidad de carácter financiero, una fiscalidad internacional que pretenda crear alternativas a la globalización neoliberal tendría que plantearse también la posibilidad de desarrollar otros impuestos globales, impuestos que podríamos situar dentro de las órbitas ecologista y pacifista. En concreto, se pueden proponer Impuestos medioambientales sobre las emisiones de CO2 y sobre residuos nucleares de gran actividad y larga duración, un Impuesto ecológico sobre el transporte aéreo, y un Impuesto social sobre la venta de armas. Los autores del texto de referencia estiman los siguientes:

 

1.- Emisiones de CO2: un tipo impositivo de 21 dólares por tonelada de CO2 emitido supondría 125.000 millones de dólares al año. El control de emisiones es fundamental para reducir el calentamiento global del planeta, y de esta forma atajar los gravísimos efectos del cambio climático. 

 

2.- Residuos: un tipo impositivo de 250 millones de dólares por tonelada de plutonio y actínidos menores recaudaría 15.000 millones de dólares al año. El control de nuestros residuos es otro puntal fundamental para cambiar hacia otro modelo productivo más sostenible. 

 

3.- Transporte aéreo: este tipo de transporte es de los más contaminantes que existen. Un tipo impositivo de 3,65 dólares por tonelada de keroseno consumida reportaría a las arcas mundiales 75.000 millones de dólares al año. 

 

4.- Tráfico internacional de armas: en otras series de artículos ("Por la senda del Pacifismo") hemos expuesto in extenso las perniciosas relaciones y efectos para nuestra sociedad del complejo militar-industrial-tecnológico. Estamos convencidos de que un buen impuesto al tráfico de armas contribuiría a disuadir este comercio, aportando un granito de arena en este sentido. Concretamente, un tipo impositivo del 10% sobre el tráfico internacional de armas añadiría otros 5.000 millones de dólares al año. 

 

¿Qué ocurriría si ahora sumamos las aportaciones de los diversos impuestos propuestos, tanto lo recaudado por los impuestos financieros como por los no financieros? Pues que aportaríamos entre todos los países del mundo a la propia fiscalidad internacional una cifra total estimada en 790.000 millones de dólares al año, alcanzándose fácilmente el billón de dólares de ingresos fiscales si se simultaneasen con una eficaz lucha contra el fraude de los paraísos fiscales (ver nuestro bloque temático correspondiente en esta misma serie de artículos, donde expusimos a fondo dicha problemática). Se trata de una cifra que es, de entrada, con datos de la fecha de redacción del informe, 20 veces el volumen de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). En definitiva, y como hemos expuesto, el hecho de poder dar pasos significativos para la mejor redistribución de la riqueza en el planeta y contribuir así al desmontaje de la arquitectura de la desigualdad es algo que está perfectamente a nuestro alcance. Son metas absolutamente factibles si se ponen en marcha medidas de esta índole. Lo que falta es voluntad política y presión social sostenida y mayoritaria para canalizarlas. Finalizamos aquí este breve bloque temático, y continuaremos con el siguiente en la próxima entrega.

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3 septiembre 2019 2 03 /09 /septiembre /2019 23:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

En la receta mortal de los Estados Unidos existen dos cruentos ingredientes: la xenofobia racista y la violencia. Y si el país es incapaz de darse cuenta de la raíz del problema, continuará su caída hasta terminar como lo han hecho todos los imperios en la historia de la humanidad: en una total devastación

Fernando A. Torres

Continuando con la criminal política migratoria de los Estados Unidos, hemos de hacer una parada muy especial en el asunto de los menores. Al igual que con los adultos, el hambre y la crueldad se ceban con los menores en Centroamérica, con la abismal diferencia de que los niños y niñas son aún más inocentes, y están aún más indefensos. Pero normalmente, su periplo concluye siendo arrojados a jaulas por fuerzas mucho más poderosas e inhumanas que aquéllas que los obligaron a migrar, solos o con sus padres. Tal como sostiene Karen J. Greenberg en este artículo para el medio TomDispatch, traducido por Sinfo Fernández para el digital Rebelion, los Estados Unidos han abolido la idea misma de los derechos humanos como parte de la identidad del país. Karen Greenberg relata: "Las condiciones en los campamentos, diseminados a lo largo de las fronteras de los Estados Unidos desde Arizona hasta Texas, son vergonzosas y afectan a esos niños en su forma más dura. Un informe reciente del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional, que se publicó censurado apenas unos días antes de la fiesta del 4 de julio, que celebra el nacimiento de este país como "un faro de vida, libertad y búsqueda de la felicidad", describía la miseria impactante y los peligros en esas instalaciones de confinamiento. Allí, a menudo, los niños no podían cambiarse de ropa, ni disponían de cama, comida caliente, cepillos de dientes, jabón, duchas e incluso atención médica adecuada". Rara idea la de los estadounidenses en cuanto a la vida, la libertad y los derechos humanos. Llevan intentando exportarla al resto del mundo desde su fundación como país, causando, al igual que en su interior, muerte, odio y destrucción donde la implantan. Aún existen ilusos que se creen que Estados Unidos representa algún faro de vida y de libertad. A todo ello hay que unir el coste emocional que representa el hecho de estar separados de sus familiares (dicha decisión de separación de sus progenitores ha sido abandonada el mes pasado, y la Administración Trump ha señalado que lo que van a hacer es recluirlos a todos juntos, padres e hijos, hasta que un juez decida sobre la petición de asilo, petición que puede durar meses, incluso años). 

 

Pero durante la estancia en los campamentos, hay relatos de primera mano que describen la espantosa situación de estos menores: "Un abogado de inmigrantes de El Paso que visitó una instalación, describió, por ejemplo, haber visto como un niño se rascaba la cara hasta sangrar. Hay relatos de primera mano de los visitantes a los campamentos de niños que intentan asfixiarse con los cordones de sus propias tarjetas de identificación y otros que soñaban con escapar saltando al suelo desde ventanas elevadas. No es de extrañar que hayan muerto al menos siete niños en esas circunstancias, y muchos más sufran de piojos, sarna, varicela y otras dolencias. Sin embargo, cuando los médicos de la Asociación Americana de Pediatras viajaron a los campos para ofrecer su ayuda, se rechazaron sus servicios. Michelle Bachelet, la Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, pediatra, ha calificado la situación de los migrantes de "espantosa" y señaló que "varios organismos de derechos humanos de la ONU han descubierto que la detención de niños migrantes puede constituir un trato cruel, inhumano o degradante prohibido por el derecho internacional". Otros han sido menos circunspectos, comparando explícitamente el trato a los niños con la tortura". Pero no acaban ahí los horrores: un voluntario de la ayuda humanitaria que dio comida y agua a dos desesperados migrantes centroamericanos indocumentados y trató de conseguirles ayuda médica, fue arrestado a continuación. Y por su parte, cuando el Presidente Trump fue preguntado por el funcionamiento de dichas instalaciones, constestó: "Funcionan a la perfección". Sin comentarios. No es el único que niega los tratos degradantes: el ex fiscal general Jeff Sessions declaró que "Los niños están bien cuidados. De hecho, reciben mejor atención que muchos niños estadounidenses". Habrá que preguntarse entonces cómo es el trato de los propios niños estadounidenses. ¿Qué se puede esperar de un país que trata a los seres más inocentes de esta aberrante manera? ¿A qué nivel de degradación moral han llegado en los Estados Unidos? ¿En qué clase de mundo son aceptables la inmundicia, la enfermedad y la persistente crueldad emocional? ¿En qué país o lugar del mundo el encarcelamiento brutal de niños no representa una violación de los principios y normas éticas y morales más básicas? La perversión moral más absoluta reina en la Administración norteamericana, con la aquiescencia del resto de la población.

 

Pero...¿quién crea las crisis migratorias? El mismo sistema capitalista criminal que saquea no solo el solar patrio, sino también, mediante prácticas imperialistas y colonialistas, los solares ajenos. Las injerencias de los Estados Unidos en el resto de los países del globo se podrían contar por cientos desde su fundación. En el caso centroamericano, por tomar sus países más cercanos, sus orígenes se remontan al menos a 1954, cuando la CIA derrocó al gobierno electo guatemalteco de Jacobo Arbenz, tal como documenta Rebecca Gordon para el mismo medio, y que seguiremos a continuación como referencia. En la década de 1960, las dictaduras florecerían en ese país (y en otras partes de la región) con el respaldo económico y militar de los Estados Unidos. Si USA no hubiese llevado a cabo dichas injerencias (en Cuba, en Guatemala, en El Salvador, en Honduras, en Colombia, en Venezuela...prácticamente en todos los países de lo que ellos llaman su "patio trasero"), la situación hoy día sería ciertamente distinta. Rebecca Gordon explica: "Cuando en los años setenta y ochenta, los centroamericanos respondieron levantándose ante esas dictaduras, el apoyo de Washington a los regímenes militares de derechas y a los escuadrones de la muerte, en particular en Honduras y El Salvador, obligó a miles de habitantes de esos países a emigrar a Estados Unidos, donde sus hijos fueron reclutados en las mismas pandillas estadounidenses que están ahora devastando sus países". En Guatemala, Estados Unidos apoyó regímenes autoritarios sucesivos implantados tras diversas guerras genocidas contra su mayoría indígena maya. Y por otra parte, el cambio climático, que Estados Unidos ha causado en mucha mayor proporción que cualquier otra nación (y quien menos ha hecho para prevenir o mitigar), ha tenido como consecuencia que la agricultura de subsistencia para millones de familias sea cada vez más difícil de mantener en muchas partes de América Central. Y de esta forma, a lo largo de las décadas, la guerra, el narcotráfico, las mafias y pandillas criminales, la violencia política, comunitaria o sexual, el hambre, la sequía, la degradación ambiental, el cambio climático o la pobreza más devastadora han obligado a millones de personas a buscar nuevos horizontes, y lo han hecho en el país que tenían más cerca, aquél que les vendía el falaz "sueño americano". 

 

Por supuesto que para migrar también existen los llamados "factores de atracción" (tales como la seducción de un nuevo lugar, las oportunidades económicas y educativas, las libertades religiosas y políticas, o la presencia en el terreno de familiares, amigos o miembros de comunidades de su país de origen), pero no son estos motivos los que inspiran esta serie de artículos. Los factores de atracción mueven a todo tipo de personas, no únicamente a las personas pobres, que suelen moverse más por factores de presión. Estados Unidos ha distinguido precisamente las solicitudes de asilo atendiendo a estos factores de presión. En la década de 1980, por ejemplo, los salvadoreños que huían de los escuadrones de la muerte apoyados por Estados Unidos casi no tenían esperanzas de obtener asilo en USA. Sin embargo, las personas que salían de la isla comunista de Cuba sólo tenían que poner un pie en territorio estadounidense para recibir asilo de forma casi automática. Hoy día, toda una serie de factores de presión están expulsando a los centroamericanos de sus hogares, especialmente (una vez más) en Guatemala, Honduras y El Salvador. Hace meses, Caravanas de Migrantes organizadas provenientes de estos países recorrieron miles de kilómetros hasta alcanzar la frontera mexicana, e intentar alcanzar territorio estadounidense. Actualmente, la Administración Trump chantajea a sus gobiernos, y los amenaza con retirarle las subvenciones para determinados productos y servicios, si no son capaces de controlar sus flujos migratorios. Pero todo esto no va a acabar con la corrupción política y la violencia, la represión, los crímenes callejeros, el poder de los cárteles de la droga, la pobreza y el cambio climático, factores todos ellos que tienen su raíz en el propio comportamiento de los Estados Unidos hacia estos países de origen. Las migraciones no podrán ser acalladas ni con sanciones ni con chantajes, ni con premios ni con castigos. Los flujos humanos son absolutamente incontrolables, y hoy día se dan muchos factores de presión para generarlos con fuerza inusitada. Pero incluso aunque no hubiera represión y violencia, mafias y bandas, la población centroamericana continuaría migrando debido al cambio climático. Y a medida que la Administración Trump hace todo lo posible para acelerar la crisis climática, los centroamericanos están literalmente muriéndose debido a ello. Sin embargo, según el derecho internacional, si se dirigen a Estados Unidos en un intento de salvar sus medios de vida, no se les califica como refugiados porque no huyen de la violencia física sino económica, y por lo tanto, no son candidatos para el asilo.

 

Como decíamos más arriba, los primeros esfuerzos de la Administración Trump para disuadir a los solicitantes de asilo pusieron en marcha la infame política de separación familiar, en la cual los niños y niñas que llegaban a la frontera eran separados de sus padres en un esfuerzo por crear el tipo de publicidad para evitar que otros vinieran. Una masiva protesta internacional, y una orden de la corte federal de los EE.UU., puso fin oficialmente a esa política en junio de 2018. En ese momento, el gobierno recibió la orden de devolver a los hijos con sus padres. Pero el penoso gabinete Trump no se da por vencido, y continuará tramando horribles medidas para hacer la vida imposible a estas personas, y continuar burlando los derechos humanos. De momento, lejos de aumentar la ayuda humanitaria a El Salvador, Honduras y Guatemala, el Gobierno de Donald Trump recortó rápidamente esos fondos, asegurando todavía más miseria, y sin duda, forzándoles todavía más a huir de América Central. Sus obtusas mentes ni siquiera llegan a comprender esto. El Presidente Trump ha usado incluso la amenaza (a México incluido) de imponer nuevos aranceles contra los productos comerciales, como medida de presión para forzar a estos países a controlar sus flujos migratorios. Todo será inútil. Nada detendrá las mareas humanas, mientras exista gente con ganas y deseos de luchar y de vivir, de alcanzar niveles de vida dignos. Los malos gobernantes y las personas ineptas siempre buscan excusas para no realizar su trabajo de forma adecuada. En este caso, Trump y sus secuaces del horror prefieren continuar demonizando a los migrantes, personas que únicamente desean vivir en paz, personas desesperadas, antes que desplegar los recursos necesarios para atender sus demandas de forma adecuada. Profundo racismo, sociedad violenta, desprecio a los derechos humanos, tales son los ingredientes con los que se forma la política de los Estados Unidos. El círculo se cierra, siempre ocurre así: el país que más contribuye con sus políticas en el exterior a que existan las crisis de refugiados, es también el que pone más trabas, impedimentos, complicaciones, y el que más endurece la vida de las personas desplazadas forzosas. La comunidad internacional debería poner orden en este caos de la política de fronteras estadounidense, pero el gran problema es que la comunidad internacional tampoco está a la altura. No es que tengamos una manzana podrida en el cesto, es que el propio cesto está podrido hasta las entrañas. Continuaremos en siguientes entregas.

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