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20 febrero 2019 3 20 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Moro

Viñeta: Moro

El racismo moderno se ha preocupado de crear un “nosotros” (nacido aquí, blanco y católico) y un “ellos” (el resto), de tal forma que a cualquier persona perteneciente a ese “ellos” no se le vea como un vecino o vecina, sino como alguien ajeno que nada tiene que ver con ese “nosotros”. A partir de ahí viene el resto, como la creación de colectivos de inmigrantes con supuestos objetivos comunes que atentan contra ese ficticio “nosotros”, ya sea nuestra sanidad, nuestra educación, nuestro sistema de protección social, nuestra religión o nuestra seguridad, deshumanizando a las personas inmigrantes sin tener en cuenta su individualidad y metiendo en el mismo saco a diferentes personas que, dicho sea de paso, lo que les une es la búsqueda de la felicidad y no el color de la piel o su lugar de nacimiento

Toni Ramos

La viñeta de entradilla de esta entrega, del siempre genial Moro, nos viene de perlas para introducir el asunto que vamos a tratar a continuación, que no es otro que las terribles consecuencias de la migración infantil. Si ya la migración adulta se nos ofrece como un asunto tremendamente duro de asumir, es fácil imaginar que los fenómenos migratorios, cuando involucran a niños y niñas, seres inocentes, que además tienen menores posibilidades de resistir y de defenderse que los adultos, la cosa se vuelve realmente escalofriante. Los niños y niñas pueden viajar junto a adultos (sus padres, familiares, amigos...), o en los peores casos pueden viajar solos, y para ellos/as hemos construido el acrónimo MENA (por Menores No Acompañados). Este artículo de Baher Kamal para el medio internacional IPS que vamos a seguir a continuación, nos introduce muy bien esta tragedia. Anualmente, millones de niños y niñas, ya traumatizados por las terribles experiencias que han sufrido, atraviesan fronteras internacionales sin la compañía de adultos, que constituyen fáciles presas para las mafias que se dedican al tráfico y a la trata de personas en todo el mundo. UNICEF señala que hasta un 28% de la niñez refugiada y migrante puede verse abocada a ese cruel destino. No debemos jamás perder el norte, y olvidar que, incluso en estos casos, un niño siempre es un niño, no puede ser otra cosa, y su protección de los fenómenos que generen violencia, abuso o explotación debe ser una prioridad de los países libres y civilizados, y en general de toda la humanidad. Los niños y niñas de hoy serán los adultos del mañana, y de nuestra capacidad para formar personas críticas, libres e íntegras dependerá el futuro de la humanidad. Por regiones, el África subsahariana y América Central y El Caribe poseen la mayor proporción de niños y niñas entre las víctimas de tráfico y de trata, a razón de un 64% y un 62%, respectivamente. El número de los MENA se quintuplicó desde el año 2010, y muchos refugiados y migrantes de corta edad, niños y adolescentes, transitan por rutas sumamente peligrosas, a menudo a merced de los traficantes, para llegar a sus destinos. 

 

Al menos 300.000 MENA fueron contabilizados en 80 países durante 2015 y 2016, frente a los 66.000 de 2010 y 2011, según el citado informe de UNICEF. Y como aseguraba su Director Ejecutivo, Justin Forsyth, "Un niño que se desplaza solo ya es demasiado". Y añadió: "Traficantes despiadados explotan su vulnerabilidad para su beneficio personal, ayudando a los niños a cruzar las fronteras, solo para venderlos a la esclavitud y prostitución forzada. Es inadmisible que no estemos defendiendo adecuadamente a los niños de estos depredadores". Como ocurre en el caso de los adultos, la legislación y el derecho internacional son absolutamente ignorados. En este caso, la Convención sobre los Derechos del Niño compromete a los Estados a respetar y asegurar la aplicación de los derechos de cada niño sujeto a su jurisdicción, sin distinción alguna. Es una absoluta vergüenza tener que contemplar hechos donde se viola flagrantemente la integridad y la seguridad de estos menores, y las autoridades y gobernantes implicados no hacen nada para evitarlo. Ni siquiera las imágenes más horripilantes, como las del famoso niño Aylan Kurdy ahogado en aguas del Mediterráneo, fue capaz de conmover a nuestros políticos para evitar que hechos así se continuaran produciendo. De eso hace ya 4 años, y desde entonces, cientos de niños y niñas han seguido ahogándose en nuestro Mare Nostrum. Otro informe de la misma organización señala que los niños y mujeres refugiados y migrantes sufren sistemáticamente violencia sexual, explotación, abuso y detención a lo largo de la ruta migratoria del Mediterráneo central desde el norte de África a Italia. Esta agencia de la ONU para la infancia calcula que al menos 180.000 personas (incluidos más de 25.000 MENA) recurrieron a traficantes en 2016 para intentar llegar a Italia. En la ruta más peligrosa (desde el sur de Libia hasta Sicilia), una de cada 40 personas fue asesinada. Se trata de una ruta controlada principalmente por contrabandistas, traficantes y otras personas que buscan atrapar a niños/as y mujeres desesperadas que simplemente están buscando refugio o una vida mejor. Se vuelve más imperioso que nunca, para este caso de los niños/as migrantes, conminar a nuestras autoridades y gobernantes para que diseñen otra Politica de Fronteras, que abra y diseñe vías y garantías más seguras y legales para proteger a los niños migrantes. 

 

En este sentido, la organización UNICEF ya ha instado varias veces a la Unión Europea a adoptar estas políticas a nivel comunitario. Se necesita una agenda que haga hincapié en la necesidad de proteger a los niños y niñas refugiadas y migrantes, en particular aquéllos que no viajan acompañados, de la explotación y de la violencia. UNICEF también ha exhortado a los diferentes Gobiernos a cesar la detención de niños/as que solicitan refugio o emigran mediante una serie de alternativas prácticas, y mantener a las familias unidas como la mejor manera de proteger a la infancia. La Administración Trump, en EE.UU., por su parte, hace gala de una mayor dejadez aún de sus funciones, pues expresamente separa a los niños/as de sus padres y madres, mientras se comprueba la legalidad de la presencia de los mismos en el país, proceso que puede durar meses. UNICEF también recomienda que los niños refugiados y migrantes sigan recibiendo educación formal, y que tengan acceso a servicios de salud y demás derechos de calidad, presionar para actuar sobre las causas subyacentes de los movimientos a gran escala de refugiados y migrantes, y promover medidas para combatir la xenofobia, la discriminación y la marginación en los países de tránsito y destino. La infancia es un período absolutamente fundamental en la vida de una persona, que puede marcarle definitivamente el resto de sus días. Es imprescindible que protejamos a la infancia de los destinos más crueles, para preservar sus derechos y velar por su seguridad. Es una permanente obligación de la comunidad internacional proteger a la infancia de todos estos peligros y situaciones, por no hablar de los centenares de niños y niñas que son secuestrados para vender sus órganos, reclutados por organizaciones terroristas como niños soldado, o explotados en duras labores de esclavitud moderna. Los niños migrantes (y muy especialmente los MENA) son el principal objetivo de estas perversas mafias, que se lucran a través de los más abominables negocios. Una revisión profunda de nuestra Política de Fronteras minimizará la cantidad de niños/as expuestos a estos peligros. 

 

Las fronteras son peligrosas para los migrantes pobres, es una realidad donde nos lleva abocando el propio capitalismo, que discrimina a la gente sin recursos, los desclasa y los margina hasta el límite. Casos recientes en el tiempo como los de Lampedusa o Ceuta no son anomalías, sino la normalidad en las fronteras. Hoy día, la Política de Fronteras es una política de alambradas, de violencia, de mentiras. Es una política de opacidad, una política criminal. Una política que no respeta los más elementales derechos humanos. El capitalismo nos conduce a la creación de un relato caracterizado por la ausencia de memoria, de imaginación y de responsabilidad. Un macabro relato según el cual las vidas de los extranjeros pobres no valen nada, y pueden ser atacadas. Al normalizarse esta violencia, el naufragio de pateras, la denegación de auxilio a los buques humanitarios, o las muertes por la voluntad de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado de impedir el paso a estas personas, se vuelve noticia cotidiana y recurrente. Conocemos incluso la existencia de naufragios en alta mar de los que nadie se entera, que no trascienden a los grandes medios de comunicación, producto de rutas cada vez más largas y peligrosas para sortear los obstáculos de las militarizadas fronteras y de los dispositivos de detección. Nos consta también que los barcos de la OTAN han dejado morir a inmigrantes en alta mar. Sabemos igualmente que los cuerpos policiales marroquíes o argelinos violan sistemáticamente a las mujeres que transitan hacia Europa. De hecho, nuestras prácticas fronterizas no son tan diferentes a las del gran hermano norteamericano. Sabemos también que los vuelos de deportación son cada vez más peligrosos, y que muchos "accidentes" han tenido lugar en ellos. Por no hablar de las crueles maneras que sufren los migrantes presos en los CIE, de los que hablaremos in extenso en su momento. Se cuentan por decenas los informes que demuestran las atrocidades cometidas en el interior de estos centros. El racismo callejero e institucional también está a la orden del día: redadas de los Cuerpos de Seguridad, comprobación de identidades por perfiles étnicos, racismo en medios de transporte (trenes, autobuses...). La discriminación y el racismo han llegado a límites insoportables. Las principales ONG denuncian cientos de casos diarios. 

 

¿Y qué hacen ante estos datos nuestros gobernantes? Negarlos, mentir, esconder, minimizar, alegar que son hechos "aislados", etc. Nunca se enfrentan a ellos realmente, porque enfrentarse de verdad al racismo, como hacerlo de verdad frente al machismo, requiere cambios profundos en nuestra sociedad, tan profundos que quizá no interesen al sistema. A ese sistema que nos vigila y nos gobierna, y no permite que "saquemos los pies del plato". Racismo cotidiano, discriminación institucional, tratamiento vejatorio, explosión de prejuicios de todo tipo, carrusel de mentiras y falacias continuas, y políticas criminales que sacrifican a las personas, que las cosifican, que las aniquilan. La bajeza moral de la ciudadanía, y la violencia policial se dan continuamente. ¿Cuándo llegará el día en que, fruto de una Política de Fronteras verdaderamente humana, "hombres y mujeres migrantes cruzaran la frontera de sur a norte con la misma naturalidad con que millones de turistas, militares, diplomáticos, cooperantes, y empresarios europeos y españoles la cruzan de norte a sur"? (en palabras de Eduardo Romero, en este artículo para eldiario.es). La normalidad, como Eduardo Romero señala, es que los policías disparen y los migrantes mueran. La normalidad es que se hundan las embarcaciones y no reciban socorro. La normalidad es que los migrantes sean discriminados a diario en cualquier medio, actividad o tratamiento institucional. La normalidad son los muros y las alambradas. La normalidad, al cabo del año, es contabilizar las decenas de miles de cadáveres en las fronteras. Es una perversa "normalidad" que nos martillea cada día, que ya ha dejado de conmovernos, que ha dejado de impresionarnos, que ya incluso hemos normalizado, y que además, magnificamos con perversos términos como "oleadas" o "invasiones"...de pobres. Hace ya dos décadas, el fenómeno de la llegada de inmigrantes a las Islas Canarias (la "crisis de los cayucos") era convertido por los medios en un grave problema demográfico. Ya entonces los medios hablaban de invasiones de "20 millones de africanos", y demás barbaridades por el estilo. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 febrero 2019 1 18 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

Ninguna guerra en la Tierra ha adquirido el dramatismo que tendrá la futura lucha por la supervivencia frente a la extinción. Y como marxista ni siquiera estoy seguro de que el Marxismo nos pueda dar las mejores defensas frente a un adversario tan demoledor como la lógica inquebrantable de la naturaleza

Lucho Torres

El modelo industrial-desarrollista, ese que nos llevará al colapso, santifica la producción, pero se le escapa un matiz fundamental: que para que exista producción se tiene que dar una precondición básica, que es la producción de vida, cuya lógica se apoya en las leyes de la naturaleza y en la ética del cuidado, y no en la maximización de las ganancias. Las vidas humanas y el entorno natural que necesitamos han de ser cuidados especialmente, pero en cambio, lo que el actual modelo está provocando es la destrucción masiva de ambos factores. La ecofeminista Yayo Herrero, en este artículo para el medio Contexto y Acción que estamos siguiendo, se pregunta qué principios podrían sustentar, a la luz de lo expuesto, las bases para una Constitución que esté a la altura de los tiempos, y se responde en los siguientes puntos:

 

1.- El sentido y orgullo de pertenencia a una comunidad (preferiblemente local, añadimos nosotros) que se cuida y que vive de lo que sus territorios proporcionan. Hay que volver a recuperar el concepto antropológico de pueblo, y abandonar el más político de Estado-nación. Esto supone, aclara Herrero, sustituir un concepto sagrado, excluyente y normativo de Patria o de Familia que apela a las emociones más violentas, pero que vende sin vacilar la tierra, los recursos o el litoral, abandona y culpabiliza a las personas que sufren precariedad vital y de desresponsabiliza del cuidado de los cuerpos. La patria son nuestros semejantes, son las personas, es el colectivo humano donde estamos insertos, y esto no tiene nada que ver con banderas, himnos o instituciones.

 

2.- El enfoque de la sostenibilidad de la vida cuestiona también un concepto cristalizado y rígido de soberanía, que sólo puede ser entendido si se cree que la vida humana "flota" al margen de la materialidad de la tierra y los cuerpos, y propone por tanto revisar este concepto en términos de autonomías interdependientes. Esto implica reconocer la importancia de la soberanía y de la existencia digna de los demás, ya que de ellos/as dependemos también nosotros para subsistir. Mi soberanía, por tanto, mi capacidad de decidir, implica el reconocimiento de la soberanía de los demás. 

 

3.- Desbancar la creencia y el sentimiento de que sólo necesitamos dinero, y de paso, la lógica sacrificial que defiende que merece la pena sacrificar cualquier cosa (territorio, derecho al cuidado, derecho a la vivienda, a la energía, a la alimentación, libertad de expresión...) con tal de que la economía crezca. La economía decrecerá materialmente por las buenas o por las malas, y conviene encarar un reajuste valiente, decidido y explicado del metabolismo social, de tal manera que quepamos todas las personas y se frenen los procesos de expulsión. Los textos constituyentes deben construir una racionalidad económica alternativa, conectada con las necesidades humanas y con los límites físicos del planeta. He ahí donde reside la verdadera "austeridad". Una racionalidad económica distinta, que dé paso a las monedas sociales alternativas, al trueque social, a la renta básica por la tierra, etc. En relación al trabajo humano, el enfoque debe hacerse bajo una óptica de rentabilidad social, y para satisfacer las necesidades de la comunidad donde pertenecemos. 

 

4.- Proteger de forma sagrada los bienes comunes (agua, minerales, tierra fértil, fuentes energéticas...), y garantizar el acceso a ellos de forma sostenible y equitativa para todas las personas. En entregas anteriores hemos introducido a los/as lectores/as a la filosofía de la EBC (Economía del Bien Común), a la cual remitimos para una exposición más profunda. Básicamente, todo ello implica la democratización en el acceso a todos esos bienes y recursos comunes. 

 

5.- Situar la seguridad de todas las personas como prioridad fundamental. Ello implica también disputar la propia noción de seguridad, con frecuencia confundida con el blindaje de las élites. Pero muy al contrario, supone más bien blindar el derecho a la vivienda, a la educación, a la libertad de expresión, y en general, todas las necesidades cuya carencia suponga una vida indigna. El concepto de amenaza y de seguridad dejarán de estar ligados a la defensa militar, sino a la defensa y blindaje a ultranza de todo el conjunto de derechos sociales, económicos, políticos y culturales de las personas que forman la comunidad. 

 

6.- Establecer, además de los derechos, un sistema de obligaciones. Es imprescindible entender que la vida requiere de un conjunto de relaciones recíprocas de cuidado. Las mujeres no son las únicas que tienen que prestarlos, y por ello, es preciso repartir las obligaciones que comporta tener cuerpo y ser especie.

 

7.- Garantizar una salud integral que pasa no solo por la atención sanitaria, sino por respirar aire limpio, comer alimentos de calidad, gozar de una habitabilidad digna, tener capacidad de decidir sobre nuestra propia vida y el propio cuerpo, disponer de tiempo para las relaciones significativas y para poner en marcha proyectos y deseos propios. Es el concepto de salud entendido como la plena integración del ser humano con su entorno, y sus capacidades de relación con sus semejantes, así como su plena realización personal y social.

 

En la base de una Carta Magna que se pretenda enfocada bajo los parámetros auténticos de la sostenibilidad, y consciente del colapso, han de destacar como dos grandes pilares el escrupuloso respeto a la vida humana (en ese sentido, el respeto a los Derechos Humanos), e igualmente el escrupuloso respeto a la madre Tierra (Pachamama para los pueblos indígenas sudamericanos), a la naturaleza, a los ecosistemas y al resto de seres vivos que lo habitamos. Pensar así una Constitución, una Ley de Leyes, implica abandonar todos los parámetros políticos, sociales y culturales donde nos hemos movido hasta ahora, y abordar un complejo y valiente proceso que sitúe como principio político la ética del cuidado, entendido no como una carga, sino como una condición inherente a la propia vida para mantener los vínculos y la cohesión. "Un cuidado entendido como la capacidad y la voluntad de hacerse cargo de la continuidad de la existencia digna que es la forma más noble de amor", en palabras de Yayo Herrero. Esa Ley de Leyes ha de estar consagrada a la mayor causa, que es la propia vida, entendida como ese esfuerzo constante, radical y apasionado de crear, de mantener y de respetar vidas justas y dignas, que es el mayor aliento que debe impulsar el intento de organizar la vida en común. Una Constitución enfocada a la vida, y no a los mercados ni al capitalismo, como se consagra ahora. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 febrero 2019 5 15 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Sancho Ruiz Somalo Byron Maher

Viñeta: Sancho Ruiz Somalo Byron Maher

La RBU no supone el final del mercado o el final del trabajo remunerado. Es simplemente un mercado donde el ingreso no comienza en cero, y los trabajadores se liberan de la amenaza de la miseria. Con la RBU, los trabajadores ingresan al mercado laboral como personas libres. Los empleadores tienen que pagar lo suficiente para que valga la pena que los trabajadores acepten esos trabajos. LA RBU nos dará una economía de altos salarios que funcione para todos

Karl Widerquist (Vicepresidente de la Basic Income Earth Network)

La precariedad y la exclusión se han convertido en nuestro paisaje diario, en nuestro drama cotidiano. Paro, pobreza y precariedad se entrelazan, se dan la mano, se muestran en sus diferentes caras, todas de la misma moneda: la falsa "austeridad" a la que nos llevan condenando desde la crisis de 2007. Personas desempleadas, o en riesgo de pobreza, u obligadas a recurrir a los bancos de alimentos, o en empleos precarios que no alcanzan el mínimo para poder subsistir. Pero si todo este atropello vital se normaliza, cada vez será más difícil salir de él, planteando medidas radicales. La Renta Básica es una medida radical, no es perfecta, pero pensamos que aún no se ha inventado nada mejor para paliar este profundo problema. El capitalismo va dejando su reguero de destrucción, avasallando derechos y liquidando las bases materiales que necesitamos para la supervivencia mínimamente digna. A todo ello hay que sumar los desahucios, los suicidios, los empleos sumergidos, al conjunto de lo cual Manuel Cañada define como "la contabilidad del austericidio, la trastienda de la recuperación económica, el helio de angustia que eleva el siempre renovado globo de acumulación de capital". Hoy día, la incertidumbre se vuelve rabiosamente cotidiana, la incertidumbre se constituye en ley vital, y el miedo al futuro se normaliza cada día un poquito más. Nos intentan convencer de que esa es la única forma en que podemos vivir, pero muchos/as no nos resignamos a eso. La RBU acabaría con todo este panorama de violencia, de indignidad, de podredumbre social. Si la RBU no toma carta de naturaleza propia y se materializa en poco tiempo en una realidad concreta, mucho nos tememos que continuará la barbarie, la guerra entre los pobres, e incluso las nuevas formas de fascismo. Hay que gritar bien alto y claro ¡Fuera el asistencialismo! (es decir, todas las actuales modalidades de rentas mínimas de inserción, condicionadas y claramente insuficientes), ¡Fuera el laboralismo! (es decir, todas las tramas conceptuales que descansan en el Dios Trabajo como única política social y liberadora del ser humano), y ¡Viva la dignidad y la emancipación! (es decir, desligar definitivamente la posibilidad de rentas estables y suficientes de la única vía desde el trabajo). 

 

No queremos ningún tipo de condicionalidad para una renta básica, puesto que la dignidad del ser humano y su libertad material deben ser incondicionales. En este sentido, no queremos itinerarios formativos, controles de demanda de empleo, búsquedas "activas" de empleo (los eufemismos en este campo son muy graciosos), requisitos cruzados de condicionalidad (algunos tan excluyentes que resultan absurdos, y todos generalmente injustos), no queremos la arbitrariedad y subjetividad que priman en su concesión, no queremos el marcaje humillante que se deduce del hecho de la solicitud, situaciones todas ellas que únicamente reproducen las situaciones de exclusión social. Queremos una renta básica suficiente, individual, incondicional y universal. Es la única manera que existe de erradicar la pobreza de forma justa, y por supuesto, complementada con el resto de servicios públicos del Estado del Bienestar, pues cada uno de ellos (así como la propia RBU) se corresponde con un derecho humano fundamental. Que no vengan tampoco a vendernos la cantidad de puestos de trabajo que van a crear, porque ni son creíbles las cifras, y como decimos, la RBU nos libera contra el dogal del salario. La RBU es una medida que se resiste tanto porque va contra la mercantilización de los puestos de trabajo, contra la infravaloración de otros tipos de trabajos, contra el poder disciplinador del desempleo, y supone un fondo de resistencia contra la explotación laboral. Son éstos y no otros los verdaderos motivos que se esconden tras las absurdas excusas que dan los capitalistas y las fuerzas de la derecha para rechazar de plano la renta básica. Son éstas y no otras las situaciones que serían una grave amenaza para la manipulación y el control capitalista sobre la clase obrera. Y lo más absurdo de todo es arguir que no hay dinero para la RBU, cuando lo comparamos con las cantidades dedicadas al rescate bancario (60.000 millones de euros), el fraude fiscal de las grandes corporaciones (90.000 millones de euros), o el coste social de la corrupción (estimado igualmente en 90.000 millones de euros). A más de uno/a, a la luz de estas cifras, se le debería caer la cara de vergüenza a la hora de alegar que no hay dinero para una RBU. Lo que hemos de hacer es catalizar la idea a gran escala, difundirla al por mayor, desmentir todos los bulos que se vierten sobre ella, continuar con las movilizaciones de la Marea Básica y demás colectivos que la demandan en la calle, y crear así hegemonía popular y contrapoder ciudadano a favor de esta medida. 

 

Hemos de reivindicar masivamente que no somos números de un DNI ni de la Seguridad Social, que no somos parte de una fría estadística, que no somos carne de cañón para la precariedad forzosa, que no somos clientes, ni consumidores, ni usuarios, que no somos vagos ni gandules, que no somos ladrones del sistema, que no somos fugaces iluminados, que no somos demandantes de la caridad divina ni humana. Somos personas y reivindicamos nuestros derechos universales de ciudadanía. Tan simple como eso. Tan grande como eso. No demandamos derechos subjetivos, sino objetivos. No somos peligrosos panfletarios, sino que exigimos el cumplimiento de normas tan básicas como la Constitución, la Carta Social Europea o la Declaración Universal de los Derechos Humanos, entre otros cientos de reconocimientos de derechos en tratados, normas y convenciones que los reclaman universalmente. El camino se llama Dignidad, y la reivindicación es la RBU. El mal se llama arquitectura de la desigualdad, y nuestro deber es abolirla. Pero también es un camino, aunque muchas personas crean lo contrario, de ahorro público, lo cual es directamente proporcional al ahorro que se conseguiría en diferentes frentes ligado a la propia erradicación de la pobreza. Estamos pensando, por ejemplo, en ahorro a nivel de la seguridad pública (policía, jueces, prisiones...), debido a la disminución de delitos cometidos por desesperación de muchas personas, o también al ahorro público en sanidad (y dentro de ella la salud mental es un apartado especialmente importante, que también saldría ganando como muchos estudios sugieren), dado que la pobreza y sus efectos "colaterales" (delincuencia, problemas de salud, economía sumergida...) es una de las principales causas de enfermedades psicosomáticas que las personas experimentan por esta causa. Podríamos expresarlo como que el gasto en "prevención" de la pobreza que actualmente se destina a dicho fin (de una forma ineficaz e indigna) se administraría mejor dedicándolo, precisamente, a erradicar la pobreza mediante la RBU. Y por supuesto, también existiría un ahorro administrativo derivado de la desaparición de los controles sobre requisitos y condiciones, vigentes hoy día en las actuales prestaciones.

 

Los aspectos ligados a la salud mental son especialmente delicados, ya que en la relación entre trabajo y salud mental encontramos una co-relación, una retroalimentación del ciclo patológico de la exclusión, tal y como analizan Sergi Raventós y Hernán Sampietro en este artículo para el medio Sin Permiso, que estamos siguiendo para esta exposición. De una parte, el trastorno mental supone una barrera para el acceso al mercado laboral, pero a su vez, el desempleo, los trabajos precarios y escasamente remunerados son también factores que afectan negativamente a la salud mental (y a la salud en general, como hemos comentado). De este modo, los efectos de la exclusión social entran en un círculo vicioso donde se perpetúan en diabólica espiral. Es necesario recordar (como ya hemos reseñado muchas veces en esta serie de artículos) que la exclusión social no se reduce solo a la pobreza económica (aunque la incluya), sino que también supone una barrera y/o una mayor dificultad para las oportunidades de formación, crecimiento personal e inserción en la sociedad. Todo ello afecta a la autoestima, a las relaciones sociales y al bienestar emocional. Muchos estudios científicos han demostrado que el desempleo es un factor determinante para la salud mental, así como también una causa de precipitación de trastornos mentales, incrementando significativamente el riesgo de ingreso psiquiátrico para las personas con períodos de paro de más de seis meses. Queda claro, por tanto, que la disponibilidad de unos ingresos económicos seguros es determinante, e incluso algunos autores estiman que el hecho de quedar en paro sin prestación puede aumentar hasta tres veces los riesgos de padecer problemas de salud mental en el caso de profesionales, y si se pertenece a la clase obrera puede llegar hasta siete veces más. No obstante, el mito de que "el trabajo dignifica" o es una fuente de bienestar (o la "mejor política social", como afirma cansinamente la derecha) debe ser revisado. Porque en efecto, poseer un trabajo, un "empleo", puede ser saludable para nosotros, pero también puede enfermarnos en función de las condiciones laborales.

 

Y así, un empleo temporal, precario, inestable, a tiempo parcial, sin derechos, mal pagado, de baja consideración social, o para el que estamos sobrecualificados, con elevado estrés y exigencias, amenazas de despido y/o escaso control sobre la tarea desempeñada, o por insuficiente motivación personal, o con demasiados cambios en las relaciones laborales, en la movilidad o en las funciones desempeñadas, es un importante factor de malestar psíquico y una posible causa del desarrollo de un trastorno mental. Incluso, tal vez resulta más saludable (o menos perjudicial) estar en una situación de desempleo subsidiado o cobrando una pensión, que trabajar en las condiciones antes referidas. Como hemos afirmado, lo que verdaderamente nos dignifica, nos emancipa, nos empodera y nos hace libres es la garantía de nuestra existencia material. La RBU vendría en estos casos a actuar como un estupendo colchón donde residiría esa garantía material para la existencia de estas personas, hasta no encontrar un empleo con protección y condiciones aceptables. La seguridad económica que proporciona la RBU reduciría la incertidumbre vital, principal factor desencadenante de las situaciones de malestar y angustia. Facilitaría a muchas personas el poder abandonar trabajos basura que estuvieran desempeñando, teniendo que soportar condiciones laborales perversas para su salud mental. A otras muchas personas les permitiría poder dejar empleos sumergidos, ilegales o penosos, que realizaran ocasionalmente para poder complementar su miserable pensión (los que la tuvieran). Los trabajos, cursos o itinerarios llamados "de inserción" serían de realización voluntaria, y en todo caso, se efectuarían sin estar condicionados a perder la prestación, ayuda o pensión recibida. En definitiva, creemos que la RBU ampliaría el abanico de oportunidades vitales para estas personas, al cubrir necesidades básicas sin presión social ni estigma. Esto revertiría positivamente en el bienestar emocional de las personas con problemas de salud mental (o en prevención de los mismos), así como en las oportunidades de desarrollar un proyecto de vida libre, autónomo y garantista, siendo inclusivas con todas las personas, más allá de sus circunstancias o capacidades, de sus limitaciones o dificultades, protegiendo y aumentando el poder de negociación también a quienes no tienen la posibilidad o el deseo de emplearse en el mercado laboral. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 febrero 2019 4 14 /02 /febrero /2019 00:00
Fuente imagen: https://www.eljueves.es

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Pablo Casado está regresando al Partido Popular a los tiempos de Alianza Popular. Roban porque España es su cortijo, reúnen a la extrema derecha en una nueva CEDA, quieren a las mujeres en la cocina, fusilarían a Companys y dicen que maricones como Lorca están bien desaparecidos

Juan Carlos Monedero

Es una cuestión de honor, de recuperar valores que les ha querido extirpar la democracia. Quieren defender esa España, cuya unión fabricaron Isabel y Fernando, y que hoy puede deshacerse como un azucarillo. En nombre de la patria tienen que acabar con esta panda de gobernantes de pacotilla que se permiten libertinajes y ultrajes y que pretenden vender la Patria a los independentistas e imponer el Estado democrático por encima de los valores auténticos

Rafael Almazán

Ojalá algún día la derecha española condene con tanta rotundidad y firmeza la rebelión más evidente, la más nefasta alta traición de la historia reciente de España: el golpe de Estado de 1936 contra la democracia republicana

Ignacio Escolar

No es la “España Viva”, es la España negra, esa que aún añora el No-Do de tiempos pasados y oscuros. Sólo les interesa crear tensión, disparar la adrenalina, embrutecer a la gente, desvirtuar la política, disparar la histeria colectiva. El discurso de Pablo Casado (así como los de Albert Rivera y Santiago Abascal) es un ejemplo de discurso agresivo, mentiroso, fuera de la realidad, insultante y compulsivo: “Mediocre, incapaz, felón, ilegítimo, traidor, desleal…” son sólo un pequeño extracto de las lindezas que le dedicó al Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en uno de sus recientes discursos. Y la prensa del régimen, por supuesto, acudiendo a su rescate: con un gran titular que sólo decía “España”, sobre la imagen de fondo de la manifestación, salió la portada del diario ABC al día siguiente de la concentración de Plaza Colón. O sea, que si salen un millón de catalanes a manifestarse en su tierra, resulta que son cuatro gatos exaltados y antidemocráticos, pero si salen 45.000 (o incluso 200.000, como valoraron los organizadores) españoles a Plaza de Colón, está allí “toda España”. Su incongruencia está en su propia naturaleza. Pablo Casado ha llegado a afirmar que “La agenda que estamos viendo en Cataluña es la agenda de ETA”. Parece cuando menos que se le escapa el ligero matiz de que ETA asesinaba, mientras los independentistas hacen política, aunque esa política no les guste, pero es que esa es la democracia. Todo su lenguaje es descalificador y despreciativo. Para ellos sólo existe la derecha, los “buenos españoles”, la “gente normal”, la gente “de sentido común”, y todos los demás son “podemitas”, “golpistas”, “radicales”, “traidores”, “populistas”, “chavistas”…

 

Una concentración, la de Madrid, dicho sea de paso, convocada sobre falsos supuestos, pues no es verdad que Pedro Sánchez sea un Presidente “Okupa”, tal como lo valoraban, ni que haya hecho “cesiones” a los independentistas, como se leyó en el Manifiesto (y aunque las hubiera hecho, está en su derecho de negociar las mayorías suficientes para aprobar sus cuentas públicas, como todos los ex Presidentes han hecho en su lugar cuando han gobernado). Y por su parte, Vox no se quedaba ajeno a los fulminantes ataques: “Hay que echar a este gobierno traidor que está preso de los golpistas” era el lenguaje que usaba en su cuenta de Twitter para convocar a la ciudadanía. Es el lenguaje de la extrema derecha más reaccionaria que siempre hemos tenido, disfrazada de “demócrata de toda la vida”. Por su parte, Pablo Casado afirmaba: “Activaremos las medidas necesarias para frenar la alta traición de Sánchez a España. Su rendición al independentismo es la felonía más grave desde el 23F. Está deslegitimado para seguir en el Gobierno. O rectifica o movilizaremos a los españoles para exigir elecciones inmediatas”. Con cierta ironía y en comparación con lo que está ocurriendo en Venezuela, Antonio Maestre respondía en Twitter lo siguiente: “Pablo Casado declara a Pedro Sánchez presidente ilegítimo. En breve le llama usurpador y el domingo se autoproclama presidente en la manifestación”.

 

Todo su lenguaje es descaradamente insultante, no es capaz de hilar una sola frase sin insultar, sin mofarse, sin descalificar. Observen la siguiente, refiriéndose a Pedro Sánchez: “Parece que este iluminado por escribir un libro, o por seguir viajando en el Falcon, o por estar en Davos haciéndose fotos, considera que la oposición legítima, que además le sacamos 50 escaños, vamos a estar cruzados de brazos”. Este Pablo Casado está haciendo bueno a Mariano Rajoy, quien también se despachaba a gusto en sus tiempos contra José Luis Rodríguez Zapatero. Sí, esta es la derecha, así es como actúa, hasta este nivel de desquiciamiento colectivo llegan, y hasta ahí llegan sus ansias de poder, y de recuperar el Gobierno, porque jamás asumen que lo hayan perdido. ¿Qué se va a esperar de ellos, si en el fondo son los herederos de aquéllos que iniciaron su “cruzada” nacionalcatólica, que perseguían a “los rojos”, que violaban a las republicanas que eran las “viudas de los maricones”, o que crearon la Ley de Vagos y Maleantes? Esta derecha, hoy de nuevo echada al monte, es la misma que permanecía escondida, replegada y oculta, camuflada en el “democrático” Partido Popular, ese partido que nunca condenó el franquismo, porque en el fondo lo lleva en su ADN. Añoran todo aquello: añoran la feroz represión, los “grises” dando palos en las calles, y las torturas en la Dirección General de Seguridad. Y encima con todo el orgullo, pues según ellos, éramos la “reserva espiritual de Occidente”. Aún albergan en sus mentes todos los tópicos de la época, aún se creen la “pureza” de nuestra superioridad imperial, y pretenden mantener la “unidad de España”, de esa España que fundaran los Reyes Católicos, aunque sea a golpes de porra, y con condenas de cárcel.

 

Esta superultraderecha echada al monte, sin disimulo, sin tapujos y “sin complejos” (como asegura Abascal), es la misma que defiende el “¡Muera la inteligencia!” de Millán-Astray, y es adalid de todo el retroceso cultural, social y democrático que arrastra nuestro país, por muy integrado que esté en esta Europa del capital. Ellos y ellas, la derecha de siempre, sólo abanderan la regresión política, la vuelta a tiempos pasados, la intolerancia y la represión. Pero como ya no se pueden presentar como franquistas, porque queda feo, se presentan como “constitucionalistas”, y dicen defender la democracia y la libertad, que es igual que dice Trump en Estados Unidos, y mira por dónde tiene intenciones de hacer regresar a Venezuela treinta años atrás, cuando gobernaban en el país latino los amigos de Felipe González. Esos que tanto gritan por “su patria”, su “nación”, sus “españoles”, porque no tienen más argumentos, son los mismos que siempre han estado detrás de los paraísos fiscales, de la corrupción, de las fugas de capitales, del saqueo de lo público, de los rescates bancarios, de las contrarreformas laborales, del desempleo, de la precariedad, de la pobreza, de la miseria, de la exclusión social, de las leyes mordaza, de la privatización de los derechos, de los desahucios, de los fondos buitre, de los suicidios, del machismo, de los privilegios de la Iglesia, de las guerras genocidas, del imperialismo norteamericano…esos son los “patriotas” de la derecha.

 

Y es que bajo ese lenguaje obsceno y falaz, pervertido y fanático, los “Tres Tenores de la derecha” (en expresión de David Torres) son los mismos tres que ven un “Golpe de Estado” en Cataluña (donde una mayoría social encargó a sus políticos una negociación para defender la soberanía del pueblo catalán frente al Estado Español), mientras entienden que un fantoche ridículo como Juan Guaidó, marioneta del imperialismo yanki, tiene que ser “reconocido democráticamente”, porque “ha de echarse abajo la dictadura de Nicolás Maduro”. Con su lógica aplastantemente visceral y rastrera, son capaces de dar la vuelta a la tortilla, y hacer ver “democracia” en los Golpes de Estado, y “ataques a la democracia” en el diálogo político. Quieren para Cataluña un 155 indefinido, es decir, suspender la democracia hasta que ganen los suyos, porque al igual que en Venezuela, para la derecha no habrá “elecciones libres” hasta que no ganen los suyos. Y así, mientras quieren echar abajo al “Okupa” de la Moncloa, defienden fervorosamente al verdadero okupa del Palacio de la Zarzuela, el Rey Felipe VI, que no ha sido votado por nadie. Ni siquiera quieren permitir que se abra una Comisión de Investigación en el Congreso para investigar la corrupción de su padre, el hoy Rey Emérito. Podríamos poner miles de ejemplos por el estilo. Esta es la ralea de la derecha, echada al monte como nunca desde la muerte del dictador, envalentonada desde que Vox ha entrado en el Parlamento de Andalucía, porque ahora, los tres compiten a ver quién la tiene más grande. Desgraciadamente, no están solos, tienen a la “España de los balcones”, que los defiende. Pero también tienen a personajes “socialistas” como Alfonso Guerra, Felipe González, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Javier Lambán o Emiliano García-Page, que también podrían haber leído el Manifiesto del pasado domingo a las mil maravillas.

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13 febrero 2019 3 13 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Moro

Viñeta: Moro

Ferguson, Salou, Kos. Sucesos en partes del mundo que a pesar de las distancias y los contextos tienen mucho en común. Las tres situaciones están provocadas por el racismo de una sociedad, la occidental, que a pesar de los años y los lavados de cara no ha conseguido superar su pasado colonial y se sigue creyendo el centro del universo. Las tres son situaciones provocadas por la violencia policial, que es la cara más visible y amarga de un sistema opresor que ejerce la violencia desde los aparatos institucionales de forma cotidiana y sistemática contra los más débiles, los descastados, los marginados. Y las tres son situaciones que dejan ver que las llamadas "democracias occidentales" son en realidad sistemas políticos profundamente racistas, desiguales y que esconden una realidad muy violenta bajo su máscara de bienestar y paz social. Que esconden la exclusión de una gran parte de su población en base a los "derechos de ciudadanía", que no es otra cosa que la forma moderna de dividir a los humanos de primera de los humanos de segunda

Xoan Perillán

El lenguaje político utilizado, tanto en la propia nomenclatura como en los términos usados para asociar ideas en nuestras mentes, son también responsables de la confusión mental, de los datos erróneos, de las falacias y de las mentiras asociadas al mundo de la inmigración. En la última entrega ya apuntamos, y vamos a desarrollarlo aquí algo más, la edición reciente de un "Manual contra el Inmigracionalismo", término que los autores (la Red Acoge, una federación de 18 ONG's que trabajan por los derechos de las personas migrantes) han creado como un acrónimo entre los términos "Sensacionalismo" e "Inmigración", es decir, la relación de la inmigración con el uso de términos negativos, o que simplemente suscitan rechazo entre la población, tales como "droga, asaltos, peligros, ilegales, mafias, invasión, robo, criminales, malvivir...", y otros muchos que los lectores y lectoras podrían estar pensando. En este asunto, ni que decir tiene, poseen mucha responsabilidad social los medios de comunicación y los periodistas a su servicio. El simple hecho de enunciar una noticia, la forma de darla a conocer, el contexto donde se cuenta, el propio relato que se hace de los hechos, ya puede inducir a la persona que escucha a situar su mente de una determinada forma. No estamos descubriendo nada nuevo, es un simple efecto psicológico de asociación subliminal de ideas y conceptos. Enric Llopis recogía la noticia de la publicación del referido manual en este artículo para el digital Rebelion, que vamos a seguir a continuación. Sin ir más lejos, la palabra "ilegal" hace referencia a cosas y acciones, a comportamientos, acuerdos, hechos, decisiones, actos, etc., pero en ningún caso puede aplicarse a personas, porque de lo contrario, la propia persona a quien se aplica ya es criminalizada en sí misma. El uso del lenguaje del miedo, el lenguaje bélico, o vocablos como "avalancha", "oleada" o "colapso" pueden generar inseguridades y miedos injustificados entre la población autóctona. El simple uso del término "inmigrante" implica psicosocialmente otorgar o conceder más relieve al origen de una persona que a sus derechos, ver más importancia en el hecho de que no es autóctono que en la propia persona, fijarse más en su situación administrativa que en sus derechos humanos. 

 

Y así, la vinculación perversa de las personas migrantes a las nociones, por ejemplo, de "pobreza" o "delincuencia" construye estereotipos mentales, al igual que la utilización de fotografías o imágenes fuera de contexto, o de personas que se hallen en situación vulnerable. Debemos huir por tanto de ese "inmigracionalismo" injusto que parece inundar cualquier noticia, consideración, comentario o debate cuando de migrantes se trata. El tratamiento sesgado y manipulado de las noticias contribuye, como hemos dicho, a difundir la confusión, el odio y el miedo hacia estas personas. Nadie puede ser considerado "ilegal", nadie puede ser criminalizado por ser extranjero y pobre (pues los extranjeros ricos no lo están), nadie puede ser rechazado por el simple hecho de que provenga de otra cultura, porque sus rasgos sean diferentes. Porque todos tienen, tenemos, el corazón en el mismo sitio del cuerpo, y nos sirve para lo mismo. Y también tenemos el cerebro en el mismo lugar, pero ese parece que funciona en función de unos intereses creados, que muchas veces se anteponen a lo que ese corazón puede dictarnos. Los dirigentes políticos, las asociaciones racistas, y sobre todo los medios de comunicación, pueden a menudo propagar los estigmas, normalizar la xenofobia, banalizar la realidad, provocar el alarmismo, e inducir a una catalogación mental injusta y errónea, entre otros graves efectos. Hay que huir también del uso excesivo de cifras, porque esto termina cosificando a las personas migrantes. Siempre se debe proceder a un análisis riguroso y justo, sin prejuicios, y aportando el contexto, por ejemplo aduciendo las verdaderas razones por las que la gente emigra, o qué podría sucederles si son deportados a su país de origen. Se debería partir de realidades como que, según la ONU, 1.300 millones de personas viven hoy en la pobreza "multidimensional" (la mitad de ellos/as son menores de edad), noción que incluye no sólo la falta de recursos propios para la satisfacción de las necesidades vitales, sino también la falta de acceso a la educación o al agua potable. O que las guerras, la violencia y las persecuciones han llevado a que 2017 sume otro récord histórico en los desplazamientos forzados: 68 millones de personas en todo el mundo. 

 

La función de los periodistas es informar, así de simple, pero no crear alarma social, ni "viralizar" los titulares, ni lanzar noticias "anzuelo". Los titulares, mediante este uso abusivo de los prejuicios, ya socavan el derecho a la información veraz e imparcial que nos asiste a todos los ciudadanos y ciudadanas. No se puede mediante los medios ser impulsor, vocero ni legitimador de ideas racistas, y por tanto, cualquier declaración o conclusión a la que llegue un determinado medio tendría que contextualizarse adecuadamente, y ser atribuida al autor de la misma, salvo que se trate del editorial de la publicación en cuestión, que está también obligado, dentro de la libertad de expresión y de posicionamiento político, a un juicio moderado de la información, y a no verter datos o informaciones falsas, o que puedan inducir a interpretaciones racistas o xenófobas. No debemos perder de vista que la cuestión central a la que nadie debería renunciar es la defensa escrupulosa de los derechos humanos, ya que si no, estamos atravesando esa sutil línea de separación con el fascismo. El periodismo en general, pero también los blogueros, los articulistas de opinión, los tertulianos, los escritores, y muy especialmente los directores de los medios de comunicación, poseemos una gran responsabilidad social al respecto, que no debemos eludir. Pero en vez de todo ello, hoy día asistimos a una especie de "mundo al revés" (parafraseando a Eduardo Galeano), donde las víctimas son criminalizadas, los salvadores humanitarios son acusados de complicidad con las mafias (lo que ahora mismo está provocando que no existan barcos de ONG para rescatar migrantes en el Mediterráneo), las zonas de maltrato, abuso, extorsión y tortura son denominadas "puertos seguros", y la evasión de responsabilidades y el incumplimiento del derecho internacional son denominados "externalización de fronteras". En vez de tanta perversión, tanta barbarie, tanta tergiversación, tanta manipulación y tanto incumplimiento de los derechos humanos, deberíamos lanzar al unísono un grito contra los muros y las fronteras, y movilizarnos de forma masiva para conseguir que nuestros Gobiernos implanten otra Política de Fronteras más justa y humana. 

 

En este sentido, Andreu Rulan, Capitán del buque Astral, declaró en el documental del programa "Salvados" lo siguiente, refiriéndose a los refugiados y migrantes: "Tan solo una opinión pública informada puede empujar a los políticos a legislar contra la desigualdad, que está en el origen de su huida contra la miseria y la guerra". Repetimos: una opinión pública [bien] informada. Es algo esencial, mientras ahora lo que tenemos es una opinión pública intoxicada y manipulada, fuera de contexto. En nuestras narices europeas están ocurriendo brutales acontecimientos, indignos de los que nos llamamos "humanos", y que cada vez toleramos más, normalizamos más. Es un testimonio constante de una brutal realidad que no queremos ver, y frente a la que preferimos mirar para otro lado. Realidad aplastantemente cruel que ocurre a pocos kilómetros de nuestro sofá, de nuestro televisor, ese que nos muestra las imágenes de esos desdichados que llegan en pateras a nuestras costas. Los naufragios y la llegada de pateras llenan minutos en los informativos diarios, pero ni sus impactantes imágenes parece que nos hagan sensibles ante el aberrante fenómeno. La llegada de refugiados es consecuencia de un mundo hostil, de las continuas guerras, de la pobreza extrema de muchos lugares. Las causas son el hambre y la pobreza, las guerras, las devastaciones de territorios completos, el saqueo de sus recursos naturales (por parte de nuestras potencias occidentales), cambios climáticos bruscos y desastres naturales (también fomentados por el hombre), unas relaciones comerciales injustas entre el Norte global y el Sur global, una deuda externa que asifixia las endebles economías de estos países (y cuyos países acreedores utilizan como medio de dominación y control de sus políticas), y en general, un mundo marcado por las enormes desigualdades. Todo ello, por supuesto, es fruto de una globalización capitalista y neoliberal, profundamente injusta y macabra, legitimadora de estas bárbaras políticas que fomentan las desigualdades entre clases y entre países. Éstas son las verdaderas causas, y hasta que no comencemos a asumirlas y comprenderlas, no habremos avanzado. 

 

Y la bárbara reacción europea (y mundial) a la llegada de migrantes se entiende aún mejor si (como ya hemos apuntado en anteriores entregas) se ve este asunto solo como un negocio, independientemente de su tratamiento como garantía de cumplimiento de los derechos humanos. Los negocios y las grandes corporaciones se sitúan hoy día por encima del tratamiento humanitario, de la visión humanista y garantista, y por tanto, esa es la terrible paradoja que hemos de afrontar. Durante los últimos 15 años, el "negocio" de traficar con migrantes y refugiados ha generado un beneficio de (como mínimo) 15.000 millones de euros a las mafias que se dedican a ello. Según las mismas fuentes (The Migrant's Files, ver además sitio en Wikipedia, así como éste y éste otro artículos de El Confidencial), las políticas de expulsiones y repatriaciones han costado como mínimo 11.000 millones de euros desde el comienzo del siglo XXI. Los principales grupos empresariales que han participado (muchos de ellos citados en anteriores entregas, como Finmecanica, Airbus, Thales o la española Indra) en la creación de las políticas europeas de defensa fronteriza han sido en realidad los grandes beneficiarios de los megaproyectos de I+D dedicados a evitar la llegada de migrantes. Por tanto, a más "preparación" fronteriza para evitar su llegada, más negocio para estas empresas. Así de simple. Así de brutal. Pero no solo en este ámbito se dan los negocios. También lo son los que trabajan al servicio de la deportación de migrantes: entre 2010 y 2014, el gobierno español fletó, junto a la Agencia Europea de Control de Fronteras, 31 vuelos "macro" con un coste superior a los ocho millones de euros. En total, durante esos cuatro años, el Estado Español ha expulsado a más de 26.000 inmigrantes en más de 250 vuelos, la gran mayoría con cargo a los PGE, y 31 financiados por la UE. Por otro lado, el gasto asociado a los CIE en España se acerca, según ha podido calcular el medio catalán critic con la ayuda de la ONG SOS Racismo, a un mínimo de 34 millones de euros anuales, que se repartirían de la siguiente forma: 10 millones de gastos de funcionamiento, alimentación y atención sanitaria; otros 10 millones en salarios de los miembros de la Policía encargados de su custodia, unos 400.000 euros para Cruz Roja, y 12 millones en vuelos de expulsión de migrantes. En este campo, empresas privadas como Air Europa, Swift Air, Clínica Madrid o ACS (de Florentino Pérez) han hecho un suculento negocio con nuestra bárbara y cruel política migratoria. Pero ¡cuidado! porque si algún senegalés, camerunés, o marroquí sabe darle dos patadas a un balón, entonces la ACS de Florentino Pérez no lo deportará, sino que le pagará millones de euros para que juegue en el Real Madrid. ¿¿¿Alguien entiende algo???? Continuaremos en siguientes entregas.

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12 febrero 2019 2 12 /02 /febrero /2019 00:00
Fotografía: http://www.revistalaflamenca.com/

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El flamenco es la expresión del dolor de un pueblo

Salvador Távora

Ha muerto Salvador Távora. Flamencólogo, dramaturgo, autor teatral, actor y director, renovador del teatro independiente andaluz, y una de las personas más comprometidas con su tierra, ha muerto en Sevilla, su ciudad natal, a los 88 años de edad. Fue el creador del grupo teatral “La Cuadra”, emblema de la renovación del teatro andaluz, serio y comprometido con sus orígenes. Con dicha compañía recorrería el mundo en varias ocasiones, mostrando la perfecta amalgama del arte y de la filosofía del Flamenco. Porque para Salvador Távora, lo flamenco integra no solo el cante, el baile y la guitarra, sino también nuestro imaginario cultural asociado, nuestro modo de entender la vida y la muerte. De ahí que Távora se definiera a sí mismo como “un andaluz trágico”. Salvador Távora quiso huir siempre de la falsa imagen del flamenco de pandereta, de la manida estampa sentimentaloide, del cante folletinesco, del simplón tópico festero, para llegar y exponer al público la verdadera naturaleza del flamenco como una identidad y expresión cultural de un pueblo.

 

Salvador Távora nació en el sevillano barrio del Cerro del Águila en 1930, y a los 14 años ya trabajaba como soldador en Hytasa, mientras simultaneaba estudios por la noche. Más tarde probó suerte en el arte de Cúchares, debutando como “Gitanillo de Sevilla” en el año 1951, y durante la década de los 60 participó ya como cantaor formando parte de los grupos “Gitanillos de Bronce” o “Los Tarantos”. A finales de dicha década contacta con el crítico teatral José Monleón a través del Teatro Estudio Lebrijano, y con esta compañía participó en el Festival Mundial de Teatro de Nancy (Francia), como cantaor dentro del espectáculo “Oratorio”. Fruto de este entendimiento surgiría su compañía teatral “La Cuadra”, tomando el nombre del local sevillano que dirigía Paco Lira, y que destacaba por las reuniones de los intelectuales de la izquierda clandestina de la época.

 

Después de “Quejío”, obra pionera de la que hablaremos a continuación, vinieron entre otras “Los palos” (1975), “Herramientas” (1977), “Andalucía Amarga” (1979), “Nana de espinas” (1982), “Piel de toro” (1985), “Las bacantes” (1987), “Alhucema” (1988), “Crónica de una muerte anunciada” (1990) o “Don Juan en los ruedos” (2001). Pero entre los 26 espectáculos que ha dirigido desde “Quejío”, destaca su versión de “Carmen. Ópera andaluza de cornetas y tambores” (1996), una visión muy especial de la famosa cigarrera sevillana como una gitana pobre y con conciencia de clase obrera. Otras obras suyas de menor alcance fueron “Picasso andaluz o la muerte del minotauro” (1992), “Pasionaria, ¡No pasarán!” (1993), o “Identidades” (1995). Salvador Távora siempre hizo gala de una integridad y una sinceridad muy destacables, así como de una concepción del nuevo teatro flamenco muy “sui géneris”: incluía animales, máquinas y simples decorados, así como la música flamenca y de la Semana Santa, que eran elementos comunes en la ética y la estética de su dramaturgia.

 

“Quejío” aparece en 1972, su primera obra, que supuso una verdadera conmoción teatral a nivel mundial, teniendo que sortear varias veces la censura de la época. Nunca se había retratado el Flamenco así en los escenarios, de forma tan conectada con la vida de las clases populares andaluzas. Porque “Quejío”, al igual que las siguientes obras que la siguieron, intentaba mostrar al público la esencia misma del Flamenco, asociado al devenir, a los sufrimientos cotidianos, a las penas y alegrías de las clases populares andaluzas. El Flamenco visto desde un punto de vista trágico, que era para Távora la misma esencia del universal arte gitano-andaluz. Porque Távora supo retratar como nadie en los escenarios la cruda realidad de los jornaleros andaluces, bajo una nueva expresión teatral donde no existían los diálogos, los guiones, únicamente el espectáculo, la escena, la estampa. Se llegaron a representar hasta 471 funciones de la obra, por los más prestigiosos escenarios del mundo. El propio Távora hacía una descripción de su trabajo en los siguientes términos: “Mi teatro es fruto de mi experiencia vital que no tiene nada de literaria ni burguesa: del flamenco, de mi trabajo de obrero, del toreo, de la vida del barrio, de las asambleas de izquierda durante la dictadura…ese era mi mundo y cuando empecé lo hice a partir de esas raíces y por eso nunca he coincidido con eso que llaman teatro de creación”.

 

En efecto, el estilo teatral de Távora era sencillo y directo, pero se clavaba como un dardo en el corazón de quien lo presenciaba. Távora fue una persona inquieta, creadora, autodidacta, y por encima de todo, un hombre comprometido con su tierra, con sus orígenes humildes y con su cultura. Su valentía profesional quedó demostrada por el hecho de que mediante su obra, Andalucía quedó situada durante los últimos años del franquismo en el mapa del teatro mundial, colocando al teatro flamenco en primera línea de la vanguardia internacional. Gran cantidad de premios y honores así lo avalan: entre otros, Medalla de Oro de las Bellas Artes (1985), Premio Andalucía de Teatro (1990), Medalla de Plata de Andalucía (1991), Andaluz del Año (1993), Hijo Predilecto de Sevilla (1997), Creu de Sant Jordi (1997), Premio de la Asociación de Directores de Escena de España (2015), o Premio Max de Honor de la SGAE (2017).

 

Salvador Távora dedicó toda su vida a dignificar la cultura andaluza, pues absolutamente comprometido con ella, reivindicaba la esencia de nuestra cultura popular, y la inmensa envergadura de la misma. Cante y Teatro Flamenco se daban la mano bajo la batuta de Távora. Margot Molina ha dicho de él que “Távora es sinónimo de honradez, valentía y compromiso social dentro y fuera del escenario”. Colaboró con sus hijas Concha y Pilar Távora en la serie “Cavilaciones” (1995), quizá la mejor serie documental sobre el Arte Flamenco jamás filmada. En el año 2007, La Cuadra de Sevilla construyó en su barrio sevillano un teatro que lleva su nombre. Sus últimos trabajos fueron “Don Juan en los ruedos” (2000), “Yerma Mater” (2005), “Rafael Alberti, un compromiso con el pueblo” (2010), y “Memoria de un caballo andaluz” (2012). En 2017, Quejío volvió a los escenarios, cuando se cumplían 45 años de su estreno. Para él: “El Teatro tiene que ser cultura, la cultura tiene que ser desafío, el desafío tiene que ser libertad”. Salvador Távora nos ha dejado, luchaba contra el cáncer desde hacía varios años, pero su verbo sabio y pausado, sus formas cantaoras, su singular concepción del universo flamenco, y el amor que ponía en mostrar todo ello, nos acompañarán para siempre. Una calle de Sevilla lleva su nombre. ¡Hasta siempre, maestro!

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11 febrero 2019 1 11 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Tasos Anastasiou

Viñeta: Tasos Anastasiou

Los estudios más detallados sobre el capitalismo y el análisis de la situación actual de la crisis energética indican que hemos llegado a las puertas de la siguiente crisis ¿final del capitalismo?. Algunos creen que solo es un final y el comienzo de una nueva fase similar, después de los reajustes necesarios. Otros indican que los procesos que se van a desencadenar van a cambiar nuestro mundo de manera profunda y definitiva. En lo que todos coinciden es en lo que estamos haciendo para prepararnos: nada

Eduardo Camín

Como venimos comentando desde los primeros artículos de esta serie, no sólo son las fuerzas políticas y sociales de la derecha las que no comprenden los planteamientos que aquí exponemos, sino que también aquí la izquierda, sobre todo la izquierda clásica, la marxista obrerista, las izquierdas históricas, quedan también ancladas a sus postulados de hace siglo y medio, sin asimilar que la visión histórica y evolutiva de aquél momento no es la de ahora, y que por tanto, deben romper con su sagrado culto al progreso, a las fuerzas productivas y a los artefactos tecnológicos generados por el capitalismo, lo cual requiere una visión, una adaptación y un nuevo tipo de educación, porque la bandera de la izquierda ya debe ser, como mínimo, roja y verde, lo cual implica poner en el centro del debate político la adopción de medidas ambientalistas radicales. Cualquier planteamiento sobre un futuro modelo de sociedad debe partir de la base de que se deben abandonar los temerarios intentos de continuar con las prácticas productivas que nos han conducido a esta situación. Es imprescindible construir un modelo bajo otra ética, la de los límites y la autocontención, la de la vida local y frugal, que debe llevar aparejada la urgencia del decrecimiento en todas sus manifestaciones. Hemos de partir de la base de que los seres humanos no podemos vivir al margen de la naturaleza, y de esa asunción plena y respetuosa, concederle el estatus jurídico de sujeto de derechos, así como al resto de animales que habitan el planeta. Yayo Herrero, una de las mayores expertas ecofeministas, afirma directamente que "Le hemos declarado la guerra a la vida, ya que hemos proyectado políticas, economías, sociedades y culturas que se desarrollan y se expanden en contra de las bases materiales que sostienen la vida". Pero no nos damos cuenta, existen vastos sectores de la población que aún permanecen anestesiados e insensibles, incapaces de darse cuenta del momento tan complicado que vivimos. Este hecho, es decir, nuestra incapacidad para poder reconocer claramente el riesgo que sufrimos, es lo que convierte la crisis global y multifacética en una crisis civilizatoria. 

 

Y por supuesto, gran parte de la responsabilidad de este estado de "anestesia" generalizado de la mayoría de la población se debe al criminal ocultamiento que las autoridades han efectuado del fenómeno del calentamiento global, debido al motivo de que aceptar ese hecho y hacerle frente suponía intervenir en los beneficios de gran cantidad de empresas y corporaciones transnacionales. Este ocultamiento criminal ha tenido como consecuencia que no se haya actuado en el pasado, cuando se podía y debía haber actuado, porque aún estábamos a tiempo de hacerlo. Hoy, cuando ya hemos traspasado ciertas barreras ambientales, y el calentamiento global está desbocado, hemos de pensar y actuar en la línea de la aceptación del hecho como algo inevitable, y en prepararnos para la obligada adaptación que todos los ecosistemas vivos habrán de hacer para poder sobrevivir al colapso. Las agresivas políticas económicas basadas en los agresivos procesos extractivos y los rápidos avances tecnológicos, por otra parte, no han desarrollado un modelo social de bienestar colectivo y generalizado, sino que han profundizado enormemente las desigualdades. El concepto de "progreso" que hemos difundido bajo el discurso dominante ha consistido únicamente en el expolio salvaje de los recursos naturales de los lugares donde se encontraban, provocando grandes desequilibrios medioambientales, grandes injusticias sociales, y el veloz agotamiento de dichos recursos. Y así, crisis social y crisis ecológica van entrelazadas, en el sentido de que la degradación de las condiciones de vida de la mayoría social tiene mucho que ver con el agresivo modelo económico que se utiliza, precisamente basado en el saqueo brutal de los recursos que permiten el equilibrio de los ecosistemas. El relato capitalista y patriarcal ha hecho mucho daño a nuestra civilización, pues ha instalado en el imaginario colectivo, según Yayo Herrero, una visión del ser humano sin las ecodependencias y las interdependencias que son imprescindibles para la vida humana (es decir, de nuestra relación con la naturaleza y el resto de seres vivos por un lado, pero también de nuestra relación con el resto de personas que nos cuidan). 

 

Haría falta repensar, pues, y establecer otro marco conceptual distinto para la vida humana, superador de todas estas falacias derivadas de la difusión de la cultura capitalista y patriarcal. Para empezar, debemos asumir (pero no como ideología, sino como imposición física y natural, demostrada por las propias leyes físicas) la finitud, los límites de la naturaleza donde pretendemos que se de la vida. Ello a su vez nos llevará a asumir de modo imperativo el decrecimiento de toda la esfera natural de la economía (recursos, ecosistemas, territorios, minerales...). Ello requiere apostar por "un cambio en el metabolismo económico y social radical, de tal forma que pongamos la cuestión de los límites en el centro, y por otro lado la cuestión de la atención a las condiciones mínimas de vida para las personas" (en palabras de Yayo Herrero). Este planteamiento necesita incidir en la definición de lo que son las necesidades humanas, en segundo lugar de lo que hace falta producir para satisfacerlas, y por último, cuáles son los trabajos socialmente necesarios para cubrir estas necesidades de todos. Todo ello sentaría las bases para un nuevo modelo de producción, donde el concepto de producción estaría ligado al conjunto de necesidades que tenemos que satisfacer, y el concepto de trabajo estaría ligado al conjunto de actividades que tenemos que desarrollar para poder satisfacerlas, incluidos los trabajos que se realizan de forma oculta, como los trabajos de cuidados. Debemos asumir el precepto formal de que la vida tiene valor intrínseco, es decir, por sí misma, o lo que es lo mismo, posee valor al margen de los mercados, cosa que el capitalismo ha borrado de nuestras mentalidades. Como podemos intuir, los conceptos de "libertad", "bienestar", "vida buena", "riqueza", etc., quedan afectados y nuevamente delimitados bajo estos nuevos parámetros filosóficos y políticos. Todos estos conceptos, límites e interdependencias deberíamos volcarlos a nuevos documentos constituyentes donde definiéramos los nuevos parámetros de relación entre las personas y sus comunidades, las personas y los entornos naturales, las personas y el resto de animales. 

 

En este otro artículo de su autoría publicado en el medio Contexto y Acción, Yayo Herrero nos introduce en las necesarias visiones que habríamos de incluir y dar perspectivas a un nuevo documento constituyente. Y así, la ecodependencia (de la que anteriormente hablábamos) posee tres derivadas importantes que no tiene en cuenta ni nuestra Constitución de 1978, ni seguramente ninguna otra del mundo actual. La primera derivada es que lo que llamamos "territorio" no es sólo el decorado ambiental que posee nuestra comunidad, que podemos ver, plasmar en un mapa o recorrer con un coche o un helicóptero. El territorio es un tejido vivo, que se autoorganiza, en el que la vida se reproduce y cambia. Dado que la economía (una ciencia social creada por nosotros y que debe estar a nuestro servicio) es un subconjunto de ese proceso vivo y no al revés, conviene que las Constituciones blinden y protejan, no tanto el valor (casi sagrado) de la propiedad privada, sino el mantenimiento de los bienes comunes limitados y parcialmente agotados del territorio, que para que puedan ser de todos, es preciso que no sean de nadie. La segunda derivada nos lleva a tener en cuenta que un territorio no es un ente aislado, sino que fenómenos como el cambio climático, la contaminación del aire o el declive del agua dulce les afectan, porque no conocen fronteras. Las fronteras también son un invento humano, para delimitar precisamente la "propiedad" de dichos territorios, pero no existe en el contexto vivo y natural. Es preciso señalar, en este sentido, que los países llamados desarrollados, mantienen físicamente sus economías con cargo a los bienes y recursos de otros territorios, los de los países llamados "subdesarrollados" (que lo son precisamente porque a los demás les interesa que lo sean). Por ejemplo en nuestro país, el 80% de la energía utilizada y el 75% de los minerales proceden de otros países. Tenemos una profunda dependencia material de los países africanos y de América Latina, donde libramos guerras formales e informales por los recursos, que expulsan a pueblos enteros de sus lugares originarios. Si lo extrapolamos a semillas y alimentos, también ocurre lo mismo. 

 

Entonces, nuestro principal déficit, injusto para otros territorios y peligroso para todas las personas del mundo, es el déficit físico y territorial, causado por un modelo de producción y consumo incompatible con nuestra propia base de recursos. Pero además de esta ecodependencia (dependencia hacia los sistemas y el resto del mundo vivo), las personas no podemos existir si no se garantizan y protegen los vínculos y relaciones (sobre todo en los casos de infancia, vejez, enfermedad, diversidad funcional, discapacidades diversas, momentos críticos vitales, etc.) que tenemos que tener con otras personas, y que son necesarios para asegurar la supervivencia de nuestros cuerpos, que son entes vulnerables, limitados y finitos (como todo ser vivo) en los que se encarna la vida humana. El capitalismo ha conseguido inocularnos la mentalidad de externalizar estas necesidades para crear en nosotros la idea de que somos independientes, invulnerables e infinitos, y lo ha hecho destruyendo la naturaleza al ponerla a nuestro servicio, e invisibilizando las tareas que (sobre todo las mujeres) llevamos a cabo para cuidar a otras personas. Pero no debemos caer en el engaño: no existen los individuos completamente autónomos, sino que todas las personas somos interdependientes unas de otras. Quienes se han ocupado históricamente del cuidado de los cuerpos de las otras personas han sido mayoritariamente las mujeres, pero no porque ellas estén mejor dotadas genéticamente para hacerlo, sino porque vivimos en sociedades patriarcales que han asignado de forma no libre estas funciones a las mujeres, a través de toda una serie de mecanismos culturales, económicos, simbólicos y políticos, ocultando e invisibilizando la importancia vital de estas funciones. Por ello, parece razonable organizar los principios constituyentes para una mejor vida, para el Buen Vivir, precisamente alrededor de la sostenibilidad de la vida, máxime cuando el Antropoceno, la crisis de reproducción social y el cambio en las pirámides demográficas ponen en riesgo las condiciones vitales de las personas más precarias (enfermas, pobres, excluidos, refugiados, desempleados, pensionistas...). Unos buenos principios constituyentes, de cualquier Constitución hija del tiempo actual, consciente de la realidad que sufrimos, consciente del colapso civilizatorio ineludible, deben empaparse de la plena consciencia de que la vida humana no se sostiene sola. La vida humana hay que mantenerla intencionalmente, desarrollando todos los mecanismos necesarios para ello, sean o no rentables económicamente, interactuando con el medio natural, respetando el equilibrio de los ecosistemas, y garantizando el mantenimiento de las tareas de reproducción cotidiana y generacional de la vida. Según Yayo Herrero, a esto es a lo que llamamos "poner la vida en el centro". Continuaremos en siguientes entregas.

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8 febrero 2019 5 08 /02 /febrero /2019 00:00
Fuente Viñeta: APDHA (Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía)

Fuente Viñeta: APDHA (Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía)

La renta básica es posible. Se puede financiar. Cualquier obstáculo es un problema de voluntad política, no de economía. Hasta el momento, la renta básica es el mejor mecanismo ofrecido para cualquier proyecto que trate de hacer realidad los tres principios esenciales de los derechos humanos universales: la justicia, la libertad y la dignidad humana. Y nos proporciona una forma viable para lograrlo. Por tanto, la siguiente pregunta sería, ¿nos importa lo suficiente como para intentarlo?

Julie Wark

Como nos hemos preocupado de insistir en la entrega anterior, y no nos cansaremos de ello, parece que nuestros gobernantes no conocen realmente la situación de precariedad, pobreza e inseguridad de gran parte de nuestra población. La Renta Básica Universal paliaría esta situación, pero hay fuerzas más poderosas que nuestros gobernantes, o mejor dicho, nuestros gobernantes son lo suficientemente cobardes como para no luchar por la implantación de dichas medidas, aún a riesgo de enfrentarse a estas poderosas fuerzas. La inseguridad y la incertidumbre que crean las actuales situaciones de desempleo, y la precariedad de muchos empleos llevan a las personas a un estado de maltrato psicosocial constante. No poder estar seguro/a de si seremos capaces o no de afrontar las situaciones de necesidad básica o de imprevisto vital que puedan sucedernos constituye un daño psicológico muy grave. Muchos estudios sociales y psicológicos colocan la inseguridad como una de las más básicas necesidades emocionales humanas. La inseguridad nos impide pensar y hacer planes con claridad, frustra nuestra posible capacidad o voluntad emprendedora, disuade a la gente de invertir en desarrollar sus habilidades, fomenta la racionalidad cortoplacista, y aumenta la probabilidad de desarrollar conductas antisociales, ilícitas, e incluso delictivas. La RBU nos proporcionaría un soporte económico de seguridad a largo plazo, que eliminaría todos estos inconvenientes estados emocionales. Pero ante toda esta problemática, nuestros dirigentes políticos se limitan a poner parches por aquí y por allá: una subida muy parcial del SMI, una ridícula actualización de las pensiones públicas, una nueva prestación condicionada para cuando las personas acaben todos los itinerarios anteriores, una serie de "ayudas sociales" para que sean las Administraciones Públicas las que se encarguen de pagar nuestros suministros básicos, ayudas puntuales para facilitar la emancipación o el emprendimiento de nuestros jóvenes, y un largo etcétera. Al final, como puede verse diariamente, ninguna de ellas ni siquiera todas a la vez proporcionan un verdadero marco de seguridad y de certidumbre para el desarrollo de la dignidad y de la libertad material. Aún con todas ellas, seguimos siendo, como decíamos en la entrega anterior, "suplicantes".

 

¿Tan difícil es de entender para nuestros políticos, economistas y gobernantes la idea de que la sociedad debe proveer a todo el mundo de una prestación continua, a lo largo de toda la vida, simplemente para que nunca pase hambre o frío? ¿Es que no pueden o no quieren entender el inmenso beneficio que la medida conseguiría? Pues en vez de esto, lo que se pretende es continuar con el rosario de parches por doquier, para dar limosnas a los determinados colectivos, que según ellos son los que los necesitan, privando al resto, porque "no cumplen los requisitos". La actual jungla de ayudas sociales, monetarias, sanitarias, complementarias, en especie, etc., es desbordante. Guy Standing nos señala que en los Estados Unidos existen al menos 126 programas de asistencia federal diferentes, sin mencionar los que proporciona cada Estado. Es una verdadera locura, porque además, USA es una de las naciones del mundo con mayor cantidad de pobres y de indigentes. ¿Es que las Administraciones Públicas no se dan cuenta de la enorme cantidad de burocracia que se genera, y de la ingente cantidad de recursos empleados en la comprobación de la condicionalidad para todas estas ayudas (prestaciones por desempleo, ayuda sanitaria, apoyo profesional, desgravaciones fiscales, prestaciones sociales...) que se conceden sólo a ciertos sectores de la población? ¿No sería más justo y eficiente reunir todas ellas en una ayuda universal e incondicional para la que no existe más requisito que el existir, que el residir, que el ser parte de la sociedad? Si esto no se entiende de una forma generalizada, es porque simplemente actúan poderosos intereses en atacar la medida, y en que la propia psicología humana actúa en contra de ella, a fuerza de reproducir los valores de este modelo de sociedad capitalista. No se parte de la base, sin ir más lejos, de que es la economía la que ha de estar al servicio de nuestras necesidades, y no nosotros al servicio de la economía. Pero en vez de ello, nos vuelven a preguntar y a reclamar las mismas cantinelas: ¿Cómo vamos a pagar esa renta para todos y para siempre? ¿Por qué tengo que contribuir a que personas que no hacen nada cobren gracias a mi esfuerzo? ¿Es que alguien trabajaría si le dieran dinero gratis? ¿Por qué deberíamos dar dinero a los ricos, que no lo necesitan? Y así, ad eternum...

 

Es, como vemos, la sociedad de los valores del egoísmo, de la individualidad, de la competitividad...no nos importa socialmente, como comunidad, que haya gente que viva en la miseria, que no posea una vivienda, que no pueda comer todos los días, que no pueda vestirse adecuadamente, que no disfrute de la mínima libertad material, porque lo que sigue primando son las preguntas en serie, como las anteriores. Preguntas que no superamos, preguntas que nos hacemos cual cliché repetitivo, sin siquiera detenernos a pensar seriamente...La despiadada sociedad capitalista nos ha inoculado estos valores durante siglos, y así continuamos. Nuestras mentes repiten este esquema, reproducen estos valores, aducen estas cuestiones, alegan estos argumentos, pero no se plantean causas de igualdad y de justicia social...Eso no importa, lo único que importa es preguntarnos: "Entonces...la gente no trabajaría, ¿no? ¿Cómo vamos a levantar el país entonces?". A la mayoría de la gente le preocupa más "levantar el país" que eliminar la pobreza y la miseria, eliminar el sufrimiento de los que sufren, proporcionar dignidad a todo el mundo, a toda la población, es decir, a todo el país...Se ve al "país" como si fuera una entidad separada, independiente, incluso diríamos que con vida propia, pero no nos planteamos que ese "país" somos usted y yo, y nuestros vecinos, y nuestros paisanos, y toda la gente que habita en este país...El país, la nación, la patria, como se quiera denominar, no existe si no existe su gente, y esa gente, una gran parte de ella, está pasando necesidades vitales, necesidades perentorias que no se cumplen, simplemente porque es más fácil recurrir al consabido...¿Entonces quién va a trabajar? Muy lamentable. Pero a estos robots del pensamiento dominante habría que decirles que, incluso mirado desde un punto de vista egoísta e individualista, la RBU sería una buena medida. Y ello porque el dinero con el que cada cual contribuye a la RBU de todas las demás personas también repercute positivamente en uno/a mismo/a. Es decir, el dinero que toda persona rica (o simplemente acomodada) pone para financiar las rentas básicas de otras personas no tan ricas o acomodadas aumentará directamente su bienestar, ya que dentro de una sociedad donde nadie está desesperado/a, son más fáciles las cosas que realmente se valoran y proporcionan beneficios para prosperar, además de que disminuirían grandemente los actos de violencia precisamente derivados de tal grado de desesperación. 

 

Pero continuando con la mirada egoísta e individual, tampoco podemos mirar nuestra foto fija de hoy día. Quizá hoy tengamos trabajo y una hermosa vivienda, no tengamos problemas económicos, tengamos todas nuestras necesidades cubiertas, nuestras expectativas realizadas, y llevemos una vida placentera y feliz. Pero puede que no siempre sea así. En cualquier caso, siempre supone una tranquilidad pensar que la RBU siempre estará ahí, para que nadie pase amarguras ni pueda dejar de satisfacer sus necesidades. Y en referencia al debate sobre el "fin del trabajo" como una profecía apocalíptica, hemos de argumentar, como ya lo hemos expuesto en entregas anteriores, que no sólo la gente no dejaría de trabajar, sino que bajo un programa universal de renta básica, el trabajo continuaría y aún sería mejor: la innovación, los trabajos dignos, las becas y las artes florecerían, habría menos gente amargada en su trabajo, mientras que los empleos degradantes o miserables deberían aportar otros complementos, si es que pretendieran ser cultivados. Todo son ventajas. Sin ir más lejos, si los taxistas que están de huelga actualmente tuvieran el colchón que les proporciona la RBU, no estarían tan preocupados por la cantidad de ingresos que están perdiendo durante todos estos días que no están trabajando, precisamente por defender su modelo de servicio público ante la invasión de las empresas de VTC. Y por supuesto, la RBU contribuiría a situar el concepto "Trabajo" en su auténtica dimensión, para empezar, reconociendo los trabajos voluntarios, no remunerados y de cuidados también como trabajos. La economía feminista lleva como una de sus máximas el reconocimiento de los trabajos de cuidados como tales, no sólo para que las personas que se dedican a ellos obtengan una remuneración, sino para que cambiemos la filosofía capitalista sobre lo que es trabajo y lo que no. En principio, TODO lo que el ser humano hace para satisfacer sus necesidades debe ser considerado trabajo. El trabajo de cuidados, de reproducción social, o simplemente el que dedicamos altruistamente a los demás son trabajos igual de dignos que el resto. 

 

Ya lo indica Silvia Federici en su libro "El patriarcado del salario", cuando afirma: "Desde el mismo momento en que la izquierda aceptó el salario como línea divisoria entre trabajo y no trabajo, producción y parasitismo, poder potencial e impotencia, la inmensa cantidad de trabajo que las mujeres llevan a cabo en el hogar para el capital escapó a su análisis y estrategias". Precisamente, uno de los reproches que podemos hacer al Marxismo clásico es el hecho de haber abandonado el ámbito reproductivo, y por tanto, la relegación del trabajo doméstico y de los propios hogares como espacios de reproducción y de lucha. Y hablando de trabajos femeninos, de trabajos de cuidados y de trabajos reproductivos, de la feminización de la pobreza, de la violencia económica hacia las mujeres y de la explotación a que están sometidas, no cabe duda de que la RBU proporcionaría para ellas un sostén fundamental que no sólo contribuiría a su emancipación de las encasilladas relaciones sociales de trabajo y producción, sino que también significaría un empoderamiento de cara a reivindicar el derecho a trabajar en los cuidados de una forma digna. De esta manera no solo desligaríamos la protección social del ámbito del empleo (ya que sólo quien "trabaja" tiene derecho a ella), sino que liberaríamos a las mujeres de la angustiosa conciliación entre el mundo privado, íntimo y familiar, con su otro mundo social, laboral y profesional. Reducción de jornadas laborales y redistribución y reparto del trabajo tendrían más probabilidades de implementarse desde la independencia y seguridad que proporciona la RBU. La Renta Básica es una medida simple pero revolucionaria, en el sentido en que amalgama y afronta nuevos esquemas mentales, que podrían resumirse en que una renta básica universal nos ayudaría a recuperar tiempo, trabajo, salud y vida. Tiempo porque seríamos más libres en cuanto a la distribución de nuestras horas de trabajo y descanso, Trabajo porque la RBU contribuiría a una mayor dignificación del mismo (al empoderar a las clases populares y trabajadoras frente a las ofertas indignas y precarias), Salud porque la combinación de un trabajo deseado (en cuanto a dedicación y actividad) con un tiempo de ocio deseado, y con la posibilidad de poder encarar otros proyectos también deseados, sin sufrir por todo ello ninguna inseguridad vital, influirá positivamente en nuestra calidad de vida, y por último, Vida porque la suma de todas estas ventajas, la apertura de todo un nuevo mundo de posibilidades, la garantía de la verdadera libertad material, y el cese de todos los sufrimientos derivados de las angustias vitales provocadas por ellos, tendrán como resultado una vida humana más segura, tranquila, justa y digna. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 febrero 2019 4 07 /02 /febrero /2019 00:00
Una posición de izquierda ante el conflicto del Taxi

Ha vuelto a suceder. Los taxistas de Madrid y Barcelona se han puesto una vez más en pie de guerra contra las multinacionales de VTC y la prensa seria, de tradición lacaya y esquirola, ha sacado la brocha gorda de difamar a los trabajadores. Los mismos que doran la píldora al monarca, al banquero o al millonario quieren hacernos creer que doblar el lomo en un puerto o en un supermercado o en una obra es un exquisito privilegio. Que los estibadores son un gremio proclive a la pereza y al follón gratuito. Que los mineros, carne de silicosis, solo saben quejarse de vicio. Que los profesores forman una cofradía de zánganos y vividores adictos a las vacaciones. Que los funcionarios, ya se sabe, no pegan un sello y se pasan el día de cháchara en el descansillo. Y así en un largo etcétera de profesionales que nunca ocupan las primeras planas hasta que a alguno de ellos le da por protestar. Y por ahí, señoras y señores, la prensa seria no pasa

Jonathan Martínez

El conflicto entre el Taxi y las empresas privadas de VTC no hace más que empeorar. En el fondo, es una guerra entre un servicio público y un modelo de negocio, es decir, y de nuevo, entre el mundo público y el privado. La obsesión del mundo privado en convertir en negocio todos los servicios públicos, ahora bajo el falso slogan de la “economía colaborativa”, está llegando a un punto insostenible, bajo la aquiescencia, confusión, duda, inacción o falta de voluntad de los dirigentes políticos. Nosotros ya expusimos recientemente todas las falacias y engaños de esos modelos de negocio que se basan en una App, es decir, en un programa informático, descargable desde un dispositivo móvil, que asegurando un papel “neutral”, ejerce de verdadero medio de producción del empresario. En este caso, esta inofensiva app se descarga desde tu teléfono móvil, y puedes solicitar un VTC desde cualquier punto y en cualquier momento. Por su parte, la app de dicho VTC recibe tu solicitud, y acude a tu llamada. Pero la app, como decimos, es quien registra el cobro del servicio y controla absolutamente todo, es el nuevo “patrono electrónico” que guía y modera el negocio, repartiendo horarios, turnos, beneficios, etc. En el fondo, por tanto, no se trata más que de una nueva vuelta de tuerca, una nueva ofensiva del capitalismo tecnológico que nos acecha, que como siempre, explota a la inmensa mayoría para hacer ricos a unos cuantos.

 

Se trata, con la única diferencia cronológica, de la misma maniobra que la que quisieron hacer con el sector de los estibadores portuarios, y antes con muchos otros sectores. Ellos lo resumen bajo el término “liberalizar”, pero detrás de este inocente y aparentemente justo término se esconde la gran trampa. En todos los sectores donde esta supuesta “liberalización” ha entrado ha sido para empeorar las condiciones de trabajo, para precarizar, para depender más de las decisiones de los patronos…en una palabra, para empeorar la vida a los trabajadores y trabajadoras. En este caso se dirá que no existe en el taxista un “empresario” como tal (salvo en los que trabajan como asalariados del taxi, que sí ejercen su trabajo por un sueldo usando la licencia del propietario), ya que cada taxista es “su propio jefe”, pero lo que quieren es ir desarrollando un modelo de negocio paralelo, con personas cada vez trabajando en peores condiciones, para con el tiempo, absorber el “viejo” modelo del Taxi, porque (como se decía para los estibadores o los controladores aéreos) los taxistas “tienen muchos privilegios”. Desde una posición de izquierda ante el conflicto del Taxi sólo cabe enfrentarse a los nuevos modelos precarizantes del negocio VTC, e impedir que puedan ganar la batalla al Taxi, que es un servicio público de todos y para todos.

 

En este artículo de El Confidencial se nos contaba que alrededor de 10.000 licencias de VTC están en manos de 26 grandes empresarios españoles (suponemos que la lista será más extensa a día de hoy), lo que supone unos 450 millones de euros. No hay que ser muy inteligente para sospechar que algunas grandes fortunas o avispados y listillos empresarios de turno han visto grandes posibilidades en este nicho de mercado. Y por su parte, Jonathan Martínez nos cuenta en este reciente artículo para el medio Ctxt que el fundador de Uber es uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, cuya fortuna puede valorarse en 5.900 millones de dólares. ¿Nos hacen falta más pistas? Cualquier buen entendedor sabrá relacionar en seguida estos pequeños datos económicos con la realidad de la potencia de un nicho de negocio que, si consigue consolidarse (y eso sólo pasará si los taxistas pierden la guerra), puede continuar dando enormes beneficios multimillonarios, a costa de seguir explotando a conductores VTC. Porque como estamos viendo, detrás de todos estos negocios “colaborativos” lo que encontramos son grandes capitales, grandes fortunas, y todo lo relacionado con ellas: fondos de inversión, paraísos fiscales, evasión de capitales….y un desprecio absoluto al mundo del trabajo. Todas estas empresas de la falsa “economía colaborativa” (Deliveroo, Glovo, Uber, Cabify…) dejan tras de sí un reguero de denuncias en los tribunales, y de casos de desencuentros y problemas, porque además los tribunales están dando la razón sistemáticamente a los/as trabajadores/as denunciantes.

 

La tendencia es llevar estas burdas y engañosas modalidades de “plataformas colaborativas” para el resto de empleados públicos, aunque ejerzan como profesionales autónomos de cualquier actividad. ¿Cuál será el siguiente sector? Imaginemos que fueran por ejemplo los notarios, que tienen algunos puntos en común con los taxistas. Un notario básicamente es un empleado público cuyos ingresos funcionan por su actividad, y sus actividades están tasadas públicamente, aunque las agrupaciones o empresas de notaría puedan “alterar” dichos precios mínimamente, añadiendo cualquier otro concepto a sus clientes. Un notario ha tenido que superar unos exámenes de oposición muy duros, que le capacitan para ejercer públicamente su profesión. Pues bien, imaginemos que mañana aparece una “Plataforma Colaborativa de Notarios”, es decir, una app que me descargo desde el móvil para localizar un notario que desarrolle tal tarea que me interesa, o me solucione cualquier duda o consulta. No sólo es que los “profesionales” que vayan a desarrollar esas tareas no tengan la cualificación de los otros notarios públicos, sino que además serán personas que tendrán unos “jefes” (los dueños de la app) ante los cuales tendrán que rendir cuentas, y sus condiciones de trabajo serán mucho más precarias que las del resto de notarios. Así funciona esto. Así de simple, así de claro, así de triste.

 

Por eso no podemos entrar en su juego. Defendamos a los taxistas, al igual que en su día lo hicimos para los estibadores portuarios, o para cualquier otro sector amenazado por ese fantasma de la “liberalización”, un fantasma que cada vez se nos muestra más invisible, pero cuyo poder de demolición del mundo del trabajo es cada vez mayor. Si Cabify y Uber se extienden y se apoderan del sector del taxi, asistiremos a toda una oleada de desregulaciones masivas y en cadena sobre las condiciones del transporte de viajeros, siempre en perjuicio de consumidores y de trabajadores. Se presentan con multitud de “adornos” en sus negocios, para dulcificar la vida al cliente, y así, por ejemplo, en los VTC te ofrecen una botellita de agua, tu emisora de radio preferida, y otros detallitos para hacerte el viaje agradable. No caigamos en disquisiciones absurdas, que lo único que pretenden es entrar en una clara competencia desleal contra un servicio público. Frente a la liberalización, hemos de apostar por lo contrario, es decir, por más regulación.

 

Y no caigamos tampoco en la criminalización de los taxistas, porque “¡Hay que ver lo que están montando con la huelga!”, porque esos comentarios ocurren cada vez que un determinado sector acude a la huelga (un derecho constitucional) como medida de presión para defender sus puestos de trabajo y la calidad del mismo. Ahora mismo, sin ir más lejos, los trabajadores de Alcoa también están cortando carreteras y haciendo manifestaciones, porque la empresa quiere despedirlos y marcharse a otro lugar, o simplemente reducir personal mediante un ERE, para que salgan beneficios a mayor escala en su cuenta de resultados. ¿Entendemos a los trabajadores de Alcoa y no a los taxistas? Pues en el fondo, salvando las distancias cosméticas, estamos hablando de lo mismo, de unos trabajadores defendiendo sus puestos de trabajo, amenazados por el gran capital, que pretende entrar en esa tarta, al igual que lleva muchos años entrando en nuestra sanidad, en nuestra educación, y en otros muchos servicios públicos. El taxi es otro más de ellos. Defender al Taxi es defender puestos de trabajo dignos, frente a la selva que nos ofrecen las empresas que están detrás de los VTC.

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6 febrero 2019 3 06 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Mohammad Sabaaneh

Viñeta: Mohammad Sabaaneh

La aparición de las Caravanas no es un elemento fortuito surgido de la nada sino una realidad directamente proporcional a la miseria, corrupción y descomposición social de los países de procedencia

Juan Rivera (Colectivo Prometeo)

Pero no solo las guerras o las hambrunas son la causa inexorable de los millones de desplazados forzosos y refugiados que existen en el mundo. También lo son los cambios ambientales en su propio entorno, que les dificultan e impiden su propia supervivencia. Son los refugiados climáticos, o desplazados por el clima. En muchos casos, se han dado desastres ambientales que sucesivamente han hecho inviable el poder continuar con sus modos de vida, con la existencia de las fuentes de recursos que les procuraban la vida. Pero hay que hacer notar que estos procesos no responden a maldiciones caídas del cielo, sino creadas también por el ser humano: el cambio climático (provocado por las emisiones contaminantes de la gran fábrica y el gran supermercado globalizados), se incrementa bajo la extensión de un modelo de agricultura que explota los suelos y los acuíferos más allá de sus límites. En el libro "¿Qué hacemos con las fronteras?", sus autores refieren lo siguiente: "Se hace necesario explicar la relación entre el hambre y la modernización de la agricultura, entre el hambre y el progreso, entre el hambre y la Revolución Verde, entre el hambre y el capitalismo. Hace ya casi treinta años, durante la hambruna que entre 1983 y 1985 desplazó a más de diez millones de personas del Sahel hacia el sur y hacia las ciudades, más de un millón de cabezas de ganado y casi ciento cuarenta mil toneladas de cereales fueron exportadas en plena crisis. Hoy en día el hambre en Somalia se presenta de nuevo como una tragedia consecuencia de designios divinos que se han conjurado para que no llueva. Pero la privatización y el acaparamiento de las tierras comunitarias, las medidas contra el pastoreo nómada y la esquilmación de los caladeros pesqueros no son fruto, desde luego, de la voluntad de los dioses. Mientras, se obvia la historia de los pueblos que habitan la región, que se habían adaptado a la fragilidad de los ecosistemas de la zona mediante delicadas combinaciones de agricultura, ganadería y pesca". 

 

Por tanto, y es algo que reseñan con insistencia los autores de dicho texto, hablar de desplazamientos masivos y forzados de la población es siempre hablar de violencia. De violencia climática (provocada por el hombre), de violencia armada (provocada por el hombre), de violencia en cuanto a ausencia de oportunidades (provocada por el hombre), y de violencia por hambre y sed (provocada por el hombre). Cuando decimos "provocada por el hombre" queremos decir provocada por la perversa política desarrollada y aplicada en dichos territorios, provocada por Gobiernos, provocada por el imperialismo (europeo o norteamericano), provocada por guerras, provocada por intereses geoestratégicos. Tengamos en cuenta que nadie se desplaza porque sí. Siempre existen motivos, y dichos motivos no son debidos al ansia de aventuras, ni de riquezas ni de cambiar de aires. Son desplazamientos forzosos, provocados por el ansia de poder y de control de los recursos de dichos territorios por parte de potencias extranjeras, o bien por el cambio climático provocado por la acción despiadada del hombre sobre el planeta, la naturaleza y el resto de seres vivos. Cuando entran en escena las poderosas corporaciones multinacionales, interesadas en acaparar tierras, o en apoderarse de los recursos naturales del territorio mediante salvajes procesos extractivos, o en construir gigantescas infraestructuras de comunicación o de transporte, se hace necesario vaciar dichos territorios (en África, Asia o América Latina) de las comunidades que los habitan (pueblos indígenas, comunidades negras, poblaciones campesinas...), y esto en muchas ocasiones, en la mayoría de ellas, se logra promoviendo la violencia, expoliando sus recursos, destruyendo sus medios de vida, acabando con sus fuentes de recursos, aniquilando su medio ambiente, enfrentando a la población entre sí, etc. Luego enmascaran todos estos procesos mediante la "necesidad", o mediante conflictos étnicos o religiosos, pero la verdad es que son los grandes agentes del capitalismo los que provocan toda esta destrucción, todo este éxodo de población, toda esta barbarie. 

 

Por otra parte, el incremento espectacular de los precios de los alimentos es otra forma de violencia a gran escala. La especulación alimentaria es no sólo un negocio a gran escala, sino una fuente perversa de transformación de los recursos naturales, y de manipulación genética indeseable. Poderosas empresas del sector alimentario se apoderan violentamente de las tierras vírgenes de estos territorios, así como de las semillas cultivadas, despreciando la soberanía alimentaria de las poblaciones asentadas, e interviniendo en la estructura mundial de los mercados. La modernización de la agricultura a través de los planes de ajuste estructural impuestos a las economías de más de 90 países desde los años ochenta del siglo XX, la multiplicación de la actividad especulativa en torno a los alimentos y la irrupción de la producción masiva de agrocombustibles (pan para los coches y hambre para los pobres), se combinan como factores desencadenantes de este incremento trágico de los precios. Este proceso alienta además el acaparamiento de nuevas tierras, los monocultivos, etc., y toda esta dinámica retroalimenta a su vez todo este modelo. Este explosivo cóctel deja también sin recursos y sin medios de vida a la población originaria de estos territorios, que de nuevo se ve condenada al éxodo o al hambre. Y a pesar de todo, hemos de resaltar que los pequeños/as campesinos/as del mundo producen aún en torno a 2/3 de los alimentos del planeta. En África y en la India, sobre todo, la gran mayoría de las pequeñas explotaciones agrarias son cultivadas por mujeres. Y hoy día, son también ellas las principales damnificadas por este proceso de acaparamiento de tierras, además de sufrir una invisibilización de su actividad, por lo que capitalismo y patriarcado se entrelazan aún más mientras se degradan las condiciones de vida de las mujeres de estas poblaciones. Vaciar unos territorios y sobrepoblar otros, una estrategia que no es novedosa, sino que forma parte de las características del capitalismo desde sus orígenes. Se busca que ciertos territorios posean menos población, para que sus recursos puedan ser mejor explotados, mientras otros territorios se masifican, sobre todo para que sus habitantes sumen abundante mano de obra barata, fuerza de trabajo miserable para la explotación, con objeto de tener la maquinaria capitalista bien engrasada. 

 

En pleno siglo XXI, este esquema tradicional del capitalismo se ha desbocado. El robo y el despojo de la tierra están a la orden del día, mientras la desposesión de sus habitantes es constante y despiadada. Esta gigantesca expropiación mundial se intensifica hoy día, apoyada por el poder incontrolado de los mal llamados "Tratados de Libre Comercio", que dotan a las megaempresas de un poderío descomunal, mientras anulan la capacidad de gobiernos para enfrentarse a los intereses de estas infernales corporaciones. En América Latina, por ejemplo, Colombia es un ejemplo perfecto de cómo el gran capital necesita deshabitar determinados territorios para poder hacer negocios. Colombia posee el tercer índice de desigualdad más grande del mundo (según PNUD, 2011), es el país con mayor número de desplazamientos internos (entre 3,5 y 5,2 millones de personas, según diversas estimaciones), y con mayor número de personas refugiadas en el exterior (casi 400.000). Allí llegaron nuestras empresas transnacionales y acapararon los monopolios estatales en sectores como el agua, la banca, la energía o las telecomunicaciones. España es el mayor inversor europeo en el país. Prácticamente todas las grandes multinacionales españolas tienen negocios en Colombia. Y todas ellas, en sectores estratégicos de la economía colombiana: hidrocarburos (Repsol YPF, Cepsa y Gas Natural), electricidad (Endesa y Unión Fenosa), construcción (Ferrovial y ACS), banca (BBVA y Santander), telefonía (Telefónica), seguros (Sanitas, Prosegur y Mapfre), y por supuesto, los medios de comunicación (Prisa y Planeta). Además, en mayo de 2010, curiosamente coincidiendo con la presidencia española de turno en la UE, se aprobó el Tratado de Libre Comercio entre la UE y Colombia y Perú. Confío en la sagacidad de los lectores y lectoras para que relacionen todos estos datos, y saquen sus conclusiones. En Colombia se produce, sobre todo, un conflicto por la tierra. Grandes cantidades de población son despojadas de sus tierras por estas grandes compañías, que las utilizan para la construcción de sus megaproyectos de ingeniería o infraestructuras. Y así, los territorios estratégicos, ricos en recursos naturales, o aptos para la construcción de grandes proyectos energéticos, se militarizan y paramilitarizan, bajo la excusa de combatir a las guerrillas y el tráfico de drogas.

 

En todo este tinglado colaboran muy activamente los grandes medios de comunicación, propiedad y aliados del gran capital, que ocultan la información que no les interesa difundir, y tergiversan datos y otras informaciones, construyendo pseudorealidades informativas, absolutamente manipuladas. Las mismas potencias colonizadoras que ya actuaban desde el siglo XIX continúan su perversa estrategia de repartirse continentes completos, dividen países y trazan nuevas fronteras, mientras lanzan calumniosas campañas a través de sus medios de comunicación, o mejor dicho, de intoxicación desinformativa. Tomemos la guerra de Siria como ejemplo: se difunde internacionalmente que existe allí un dictador que reprime a su pueblo, mientras la verdad es que la guerra tiene otros motivos e intereses: es la puerta de entrada a tres continentes, es el segundo país del mundo en reservas de petróleo (probablemente también lo sea en reservas de gas), tiene suelo para dar salida al Mediterráneo a gaseoductos y oleoductos de lo que piensan saquear a otros países de Oriente Medio, tiene suelo para ampliar el Estado sionista de Israel, es el perfecto trampolín para saltar a Irán...Se comprende, analizando todos estos datos, que en Siria se mida el control por una hegemonía mundial para las grandes potencias. La pregunta es: ¿nos cuentan todo esto los medios de comunicación? Pues no solamente no lo cuentan, sino que además toman partido de forma descarada por uno de los bloques, demonizando al otro, y ocultando los verdaderos intereses en juego. Parte de esta intoxicación informativa es hacer campaña contra los migrantes, contra esa población de pobres que "nos invade", es un "peligro para nuestra cultura y nuestros valores", "detestan el mundo libre", y mil barbaridades por el estilo. En este sentido, la Red Acoge (una federación de 18 ONG que trabajan en defender los derechos de los migrantes) publicó el pasado diciembre el "Manual contra el Inmigracionalismo", definiendo este término como un acrónimo entre "Sensacionalismo" e "Inmigración", e intentando desmontar bulos, falacias y mentiras sobre el asunto. Continuaremos en siguientes entregas.

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