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25 marzo 2016 5 25 /03 /marzo /2016 00:00

Retomamos esta serie de artículos dedicados a los Movimientos Sociales en nuestro país, que habíamos dejado aparcada hace algún tiempo, debido sobre todo a la urgencia en el tratamiento de otros asuntos. Y vamos a retomarla hablando sobre los MMSS dedicados a la lucha por los derechos de las personas dependientes, lucha que se ha vuelto más encarnizada, después del abandono y de los recortes practicados durante la pasada legislatura del Gobierno del Partido Popular. El medio Diagonal nos informa de varios datos y asuntos que tienen que ver con las personas dependientes, así que recurriremos a él fundamentalmente. Por ejemplo, este artículo nos cuenta que 117.000 personas murieron desde el año 2012 esperando su ayuda a la Dependencia. La lista de espera ha bajado en cerca de 22.000 personas durante el último año, mientras el número de personas atendidas también disminuye. En nuestro país, la mayor asociación que se ocupa de este asunto es la Coordinadora Estatal de Plataformas por la Ley de la Dependencia, que visitamos en el presente artículo. 

 

Sólo durante el año 2014, el ritmo de fallecimientos fue de 74 beneficiarios diarios, hasta alcanzar la cifra de 45.000 en todo el año. Y esta lamentable circunstancia, creada por un sistema de recortes cruel e inhumano, es, junto con la supresión del derecho a la atención, la principal razón de la reducción de la lista de espera. La Coordinadora de Plataformas tiene la misión de reivindicar públicamente el cumplimiento de la LAPAD (Ley de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia) en todos sus términos, y requerir de todas las Administraciones Públicas, sean cuales fueren sus niveles, una gestión eficiente y una financiación adecuada y suficiente que garantice los recursos necesarios para sostener la atención digna a las personas en situación de dependencia, el llamado "Cuarto Pilar" del Estado de Bienestar (después de Sanidad, Educación y Pensiones). La política hacia las personas dependientes entronca también con un tema de singular importancia, como es la política de cuidados, teniendo que ver con las políticas de conciliación de la vida laboral y familiar, con las políticas de igualdad de género, y con las políticas de división sexual del trabajo (o si se quiere, con la feminización de las políticas de cuidados). 

 

Y lo cierto es que, como decíamos más arriba, la política de dependencia ha sido uno de los frentes que ha sufrido mayores ataques y recortes desde el estallido de la crisis, más aún siendo gobernados por un partido, el PP, que no cree en este pilar del Estado de Bienestar, y que hace todo lo que puede por ignorarlo. De hecho (y al igual que otras leyes impulsadas durante la última legislatura de Zapatero, como la Ley de Memoria Histórica), la política del PP hacia este asunto ha consistido básicamente en desmantelar y recortar. Desmantelar centros de atención a las personas dependientes, desmantelar a su personal, y recortar en ayudas, prestaciones, personas atendidas, y dotación presupuestaria en general para la dedicación a estos fines. Los casos son numerosos y sangrantes, incluyendo los de aquéllas personas que han visto disminuido su nivel de reconocimiento (o grado) de dependencia, como excusa para recortarles o anularles las ayudas económicas a que tenían derecho, o que ya estaban disfrutando. El problema de la Dependencia, por tanto, hay que tomárselo en serio, y para ello, evidentemente, hay que creer en él. Hay que poner en marcha una política decidida de recuperación de las dotaciones económicas, de restitución del personal de evaluación y de dotación de medios materiales y humanos a los respectivos centros de atención, y hay que reactivar las dotaciones presupuestarias que se han visto recortadas durante los últimos años. 

 

Por su parte, también hay que atacar las políticas de discriminación de género en este asunto, que se plasman sobre todo en una incidencia casi absoluta de la figura femenina como el rol encargado de los cuidados, tanto los domésticos (normalmente invisibilizados, además de no remunerados), como los profesionales, rompiendo la división sexual del trabajo que ocurre para estas ocupaciones. Las políticas deben ir encaminadas, por tanto, no sólo a la recuperación del empleo perdido (incluso al incremento notable de los mismos), sino también a la recuperación de centros de servicios sociales, de ayuda a domicilio, de centros de día, de centros residenciales, de servicios de protección y apoyo no sólo para personas dependientes, sino también para mujeres víctimas de violencia de género, a menores, a personas con discapacidad, a personas mayores, a personas sin hogar, etc. Asímismo, hay que actualizar, ampliar y completar los respectivos Catálogos de Prestaciones y Servicios ya publicados, pero muchos de ellos aún sin apoyo oficial de las diversas Administraciones Públicas. La meta es construir un Sistema Público completo, garante de derechos ciudadanos para la autonomía personal, para la convivencia familiar y para la cohesión social. Estos son los motivos que mueven a todos los MMSS que se sitúan en está órbita. Continuaremos en siguientes entregas.

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24 marzo 2016 4 24 /03 /marzo /2016 00:00

Nunca la idea de excepcionalidad ha venido de opiniones externas, sino de autoalabanzas propias de mentes religiosas extremistas y fanáticas, que solo sirven para justificar la invasión, la destrucción y el exterminio de países y pueblos en todo el mundo

Sergio Rodríguez Gelfenstein

En fin, en esta serie de artículos, que ya finalizamos en esta 44 y última entrega (aunque volveremos próximamente con más asuntos de USA), hemos pretendido dar una semblanza histórica, ampliamente documentada en todos los aspectos que hemos abordado, sobre el peligro que representan los Estados Unidos de América para nuestro mundo, con su estado de guerra permanente. Cuando, a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush dijo, parafraseando a Hitler: "Quien no está con nosotros está contra nosotros", declaró la guerra a los pueblos del mundo. Y dicha arrogancia se mantiene. Y por si hubiera cabido alguna duda, añadió posteriormente: "El mundo es el campo de batalla". Estas dos frases dan la medida de la guerra global que el imperialismo estadounidense y sus cómplices (entre los que ocupa un lugar destacado el Estado Español) viene librando sin cuartel y sin límites bajo el pretexto de combatir el supuesto "terrorismo internacional", que ellos identifican con todo aquéllo que se opone a los planes de expolio y exterminio del verdadero terrorismo, que no es otro que el que representa la barbarie capitalista. 

 

Hemos ido desgranando, a lo largo de esta extensa serie, todos los aspectos que nos han parecido destacables sobre la faceta de guerra permanente que mantiene viva EE.UU., tales como su historial de guerras imperialistas, su chantaje permanente a los pueblos y naciones que se enfrentan a sus designios, su obsesión por el uso de las armas de fuego, su maltrato constante a las clases más vulnerables y a las minorías étnicas, su ataque contra todos aquéllos que filtran la auténtica verdad de la élite poderosa norteamericana, su política carcelaria, de tortura y de falta de respeto a los derechos humanos, y un largo etcétera. Hemos documentado hasta la saciedad los motivos por los que creemos que ningún país debiera ser aliado de los Estados Unidos ni de la OTAN (su brazo armado), y hemos relatado el extenso historial de chantajes y sanciones económicas que USA ha practicado contra los pueblos y naciones del mundo. La globalización misma de la guerra, así como sus actuales dimensiones militar y social, son los primeros aspectos a considerar si queremos tener una visión clara de la magnitud del conflicto, que es el primer paso hacia su comprensión y resolución. Una resolución que pasa necesariamente por aislar a los Estados Unidos, por reducir su tremendo poder de veto en los organismos internacionales, por la organización de nuevas formas de lucha antiimperialista, y por las movilizaciones sociales de colectivos sindicales, indígenas, altermundistas, pacifistas, feministas, y de cualquier otro tipo que tengan en común la idea de que otro mundo es posible. Un mundo sin la constante dominación de EE.UU.

 

Al momento de finalizar esta serie, como sabemos, están planteadas las Elecciones Primarias para elegir a los candidatos definitivos, por cada partido, para las Elecciones Presidenciales de noviembre próximo. Y salvo Bernie Sanders, el único candidato que representa un claro giro hacia la izquierda en mucho tiempo, el resto siguen la misma línea que sus antecesores. Tanto Hillary Clinton, como Ted Cruz y Donald Trump, cada uno a su modo, conciben como un hecho que Estados Unidos es la nación ejemplar para el mundo. Así, Cruz afirma: "América es una nación excepcional, la nación que otros aspiran a imitar". Trump promete "Hacer a América Grande de nuevo", y Hillary sostiene que "América es una nación indispensable". Esto seguramente tendrá incidencia en sus ideas y prácticas de política exterior en general, y hacia América Latina en particular. Cualquiera que resulte el elegido, los planteamientos generales de USA hacia su interior y hacia su exterior no van a cambiar. USA, pues, continuará en su estado de guerra permanente. Parece que va en su naturaleza.

 

En su magnífica obra "La decadencia de EE.UU.", Pablo A. Pozzi y Fabio G. Nigra afirman lo siguiente: "Estamos a los inicios de una etapa de mayor y más profunda inestabilidad mundial, cuyos conflictos serán cada vez más cruentos y al final de la cual lo más probable es que emerjamos en un mundo multipolar en cuanto a poderío internacional y de caos permanente en el Tercer Mundo, con la tendencia hacia la modificación en el carácter de los Estados nacionales. No estamos al borde del colapso del capitalismo, sino más bien en los albores de nuevas formas de acumulación y de organización que implican la integración mundial por las que un conflicto, por remoto que sea, tendrá efectos sobre el conjunto". La conclusión está bien clara: hemos de parar los pies a Estados Unidos si no queremos seguir comprometiendo la seguridad y la estabilidad internacionales, pagando además un alto precio por ello.

 

Y sobre el estado de psicosis creciente creado por las continuas guerras, Chris Edges, en su artículo "Estados de terror", reflexiona en los siguientes términos, que suscribimos en su totalidad, y que hemos elegido como palabras finales para la serie: "Otro ataque terrorista yihadista en Estados Unidos extinguirá lo que queda de nuestra anémica y en gran medida disfuncional democracia. El Estado manipulará y atizará aún con más entusiasmo el miedo. Se suprimirá lo que reste de nuestras libertades civiles. Los grupos que desafían al Estado corporativo --como Black Lives Matter ("Las vidas de los negros importan"), los activistas del cambio climático y los anticapitalistas-- se convertirán en blancos objeto de eliminación, a medida que el país se deslice hacia el mundo maniqueo de "nosotros o ellos", de traidores contra patriotas. La cultura se reducirá a un batiburrillo sentimental y un kitsch patriótico. La violencia será santificada, en Hollywood y en los medios, como un agente purificador. Cualquier crítica de la cruzada o de los que han conducido a ella será herejía. La policía y los militares serán deificados. El nacionalismo, cuya esencia es la autoexaltación y el racismo, distorsionará nuestra percepción de la realidad. Nos reuniremos como niños asustados alrededor de la bandera. Cantaremos el himno nacional al unísono. Nos arrodillaremos ante el Estado y los órganos de seguridad interna. Pediremos a nuestros dueños que nos salven. Estaremos paralizados por la psicosis de la guerra permanente".

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23 marzo 2016 3 23 /03 /marzo /2016 00:00

Debe ser que, según mis anquilosados esquemas mentales, no acabo de entender ciertas aberraciones del mundo actual...A ver: ¿para qué estudia un odontólogo? ¿Para qué estudia un arquitecto? ¿Para qué lo hace un Abogado del Estado, que además tiene que superar una de las oposiciones más duras y exigentes de todas las que existen para los Cuerpos de la Administración General del Estado? Pues un Abogado del Estado se supone que estudia y ejerce su profesión (de abogado) para defender los intereses del Estado, convirtiéndose en un auténtico especialista en comprender los vericuetos y especificidades de todo el entramado del funcionamiento del Estado, en sus diferentes empresas, organismos, departamentos y administraciones. Bien, pues resulta que los datos nos dicen que tenemos un alto número de Abogados del Estado en excedencia, trabajando ¡sorpréndanse! para las más grandes empresas privadas del país...¿para qué pueden necesitar estas empresas a tantos Abogados del Estado? Pues la conclusión está clara: para que defiendan sus intereses ante posibles demandas del Estado...bien, pero...¿estos profesionales no habían sido preparados para actuar a la inversa? ¿Su misión no era defender al Estado? ¿Dónde nos hemos perdido? ¿En qué momento pidieron la excedencia para representar otros intereses? ¿Es eso normal en una sociedad madura y democrática?

 

Los datos son claros e incontestables. Remito a los lectores a este artículo de Antonio M. Vélez, publicado en el medio eldiario.es, que nos documenta perfectamente el fenómeno, titulando que uno de cada diez Abogados del Estado acaba en una empresa del IBEX-35. Tomamos algunos datos referidos allí: según el último listado publicado por el Ministerio de Justicia (marzo del año 2012), de los 657 Abogados del Estado que tenían asignada plaza en dicho año, hay 70 que son altos directivos, asesores o consejeros de las grandes empresas del país. Las empresas que más fichajes de este tipo poseen son Iberdrola y el Banco Santander, con 8 cada una; les siguen Telefónica (con 7), BBVA y CaixaBank (con 5), y ACS, Bankinter, Gas Natural e Inditex, con 4 cada una. El 10,6% de estos trabajadores públicos, de estos altos funcionarios del Estado, de este cuerpo de la élite funcionarial española, que conocen al dedillo todas las tripas, vericuetos y debilidades de nuestra Administración, han solicitado excedencia no para estudiar, no para perfeccionar sus conocimientos y su currículum, no para descansar o poder llevar a cabo otros proyectos personales, sino para ponerse al servicio de los intereses de las grandes compañías del índice bursátil que congrega a la élite empresarial de nuestro país. Y nadie se escandaliza. Todo se contempla desde la más absoluta normalidad. No surgen voces preguntándose a qué obedece ese extraño fenómeno, que podemos catalogar como un precursor de los ISDS (tribunales privados de arbitraje) que intentará imponer el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP), si finalmente llega a aprobarse (he hecho, es un mecanismo que funciona ya para muchos otros tratados comerciales).

 

Por supuesto, estos Abogados del Estado se incorporan a las respectivas empresas con unos honorarios (sueldos, retribuciones complementarias, primas, beneficios, etc.) muy superiores a los sueldos que tenían en el sector público, lo cual actúa como anzuelo perfecto para desligar a estos funcionarios de la actividad para la que se formaron (defender al Estado en causas de todo tipo, incluyendo pleitos y litigios contra estas mismas grandes empresas) y derivarlos hacia sus nuevas ocupaciones, que van a consistir en asesorar con su experiencia y conocimientos a la hora de que estas grandes empresas puedan hacer funciones de lobby, o puedan defenderse ante los pleitos que pueda incoar contra ellas cualquier Administración Pública. A ello le hemos de añadir la tremenda paradoja de que los Abogados del Estado no están sujetos al típico régimen de incompatibilidades de los altos cargos, por lo que pueden asesorar o defender un día al sector público, y al día siguiente hacer lo propio con el sector privado. Y por supuesto, durante la última legislatura del Gobierno del PP este fenómeno ha cobrado más vida si cabe, experimentando un importante trasvase de Abogados del Estado a los despachos del poder político y empresarial. Actualmente, 25 de las 35 empresas que figuran en el principal índice bursátil español poseen al menos un Abogado del Estado en sus plantillas. Y además, tenemos también profesionales de este cuerpo trabajando para la Asociación Española de Banca (AEB), para la patronal eléctrica (UNESA), y para la del gas (SEDIGAS). 

 

Algunos personajes de esta lista de Abogados del Estado con presencia en el mundo empresarial o político llegan a alcanzar una relevancia y un poder enormes. Quizá la figura más paradigmática sea la de Pablo Isla, Abogado del Estado, Presidente de INDITEX, Consejero de Telefónica, y quizá el alto Ejecutivo mejor pagado del país. Cierra el círculo vicioso de esta asquerosa sociedad capitalista en que vivimos el hecho de pensar que personajes de este tipo dirijan empresas que se lucran mediante la explotación laboral, mediante su implantación en terceros países que no respetan mínimamente los derechos humanos, y que además, sean los mismos señores o señoras que nos dirigen el país desde la sombra de sus grandes despachos empresariales. Pero esta "presencia cruzada" de Abogados del Estado es un fenómeno muy común en nuestras élites empresariales. Se cruzan en cargos de terceras empresas, o se cruzan desde sus puestos de altos cargos políticos. Provienen de los Ministerios, de otros Organismos o Instituciones públicas o privadas, tejiendo un oscuro entramado de poder que se va creciendo y blindando ante posibles decisiones del Gobierno de turno que puedan perjudicar a los intereses de las empresas que representan. 

 

Vamos a poner un símil burdo, llevado al extremo, pero para que se entienda...Este fenómeno es como si fuera perfectamente normal, y aceptado socialmente, que un operador (agente, espía, como le queramos llamar) de los servicios secretos de un determinado país, pudiera pedir excedencia a su Gobierno durante un determinado tiempo, para pasar a prestar esos mismos servicios a otro país...¿nos parecería esto una auténtica aberración? ¿Por qué? Enseguida lo explicaríamos argumentando que ambos países podrían tener intereses enfrentados...¡Pues ahí está la cosa! Y seguro que les aplicaríamos los calificativos de "traidor", "desertor", "renegado" o cualquier otra variante (como de hecho se les aplica a los militares que traicionan a su patria, o a los políticos que se cambian de siglas). ¿Por qué entonces se entiende como algo absolutamente normal que las plantillas de las grandes empresas del IBEX-35 estén repletas de Abogados del Estado? La explicación es muy simple: porque en estos casos, no aplicamos el conflicto de intereses relativo a los ámbitos (público-privado), como sí lo aplicamos en otros ámbitos (fuerzas políticas, intereses de país, etc.) para las otras profesiones. 

 

Pero lo cierto es que estamos, en lo relativo a la excedencia de los Abogados del Estado para trabajar en el ámbito privado, ante uno de los fenómenos de puerta giratoria más patentes de nuestra sociedad, y por ende, ante uno de los fenómenos de corrupción más generalizada e institucionalizada (es decir, normalizada) que podamos encontrar. Corrupción y puerta giratoria, todo en uno. Es decir, una auténtica perversión democrática. Tenemos tan arraigado el pensamiento dominante que no nos damos cuenta del tremendo peligro que supone el hecho de que tantos altos funcionarios del Estado, con su caudal de conocimiento, experiencia y bagaje profesionales, se cambien de bando, abandonen la defensa de los intereses públicos para pasar a asesorar, defender o simplemente representar al mundo privado, y ello ocurre porque aún no tenemos nítidamente diferenciados ambos aspectos, no entendemos hasta qué punto sus objetivos son distintos, sus misiones son diametralmente opuestas, y por ello no calibramos el alcance de la perversión que dicho comportamiento representa. Por tanto, desde la izquierda transformadora debemos insistir y ampliar el concepto de "puerta giratoria" para incluir también estos casos, y limitar muy estrictamente el fenómeno de la posible excedencia de los Abogados del Estado que pasan a engrosar los intereses privados. Será otro granito de arena para el engrandecimiento y consolidación de nuestra democracia. 

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22 marzo 2016 2 22 /03 /marzo /2016 00:00

El pasado 11 de marzo se cumplió el quinto aniversario del inicio de la catástrofe de Fukushima, y en recuerdo a tan trágico acontecimiento, para que no se nos borre nunca de nuestra memoria, vamos a hacernos eco a continuación del reciente Manifiesto que ha lanzado la plataforma "Tanquem Les Nuclears" (Cerremos las Nucleares), abogando por la migración a una nueva cultura, a unas nuevas políticas y a un nuevo modelo energético 100% renovable. El texto de dicho Manifiesto lo reproducimos a continuación íntegramente, y por supuesto, lo suscribimos en su totalidad:

 

"Los cinco años transcurridos desde que se inició la catástrofe de Fukushima han sido bien aprovechados por la industria nuclear y sus seguidores. Aplicando las lecciones de Chernobyl, aquélla catástrofe de 1986 que era imposible que sucediera, han conseguido un control meticuloso de la información, por lo que la presencia de Fukushima en la agenda informativa cotidiana es inexistente, a pesar de que cada día sus radiaciones envenenan las aguas y la atmósfera, los ecosistemas y las personas. 

 

La sociedad japonesa, desarticulada por las políticas aplicadas desde el Gobierno, está profundamente dividida; una parte considera normal vivir en un país con niveles legales de radiación 20 veces superiores a los establecidos en el resto del mundo, considera normal que se apele a la solidaridad con los agricultores para que niños y jóvenes consuman diariamente alimentos que provienen de zonas contaminadas, que se aplique la censura informativa, y que amenace continuamente con sanciones. Es la parte de la sociedad que se reafirma en la Olimpiada de Tokio de 2020 como objetivo nacional, que apoya el aumento de la exaltación nacionalista ante países vecinos, y que aplaude la implicación internacional de Japón en asuntos militares. En cambio, otra parte se compromete en la resistencia. Durante 2015 la oposición atómica se ha integado en el movimiento de oposición al militarismo. 

 

Existe un desconcierto general, que se muestra en la abstención política (las últimas elecciones tuvieron la participación más baja en la historia de Japón), muchas personas que se limitan a ir a sus asuntos y a apoyar pasivamente a las autoridades. Mientras tanto, los datos sobre incremento de enfermedades aumentan, y el control informativo dispara aún más los rumores. Y gran cantidad de personas que tienen conocimientos, contactos y recursos, abandonan discretamente el país y se instalan en el extranjero. La reactivación nuclear progresa, el 11 de Agosto de 2015 entró en funcionamiento la central nuclear de Sendai, finalizaron los 23 meses en que se ha demostrado, una vez más, que la energía atómica es innecesaria. La presión política para volver a poner en marcha nuevos reactores continúa. 

 

Si este es el estado de las cosas en el país donde se desarrolla la mayor catástrofe de la Historia de la Humanidad, se puede comprender la osadía de la industria atómica y sus seguidores en el caso de España, y más en Cataluña. La central atómica de Garoña lleva 3 años parada, pero las compañías ENDESA e IBERDROLA maniobran para resolver los trámites legales que permitan ponerla en funcionamiento en 2016, o cobrar aún más dinero público en concepto de indemnizaciones si no lo consiguen. Actúan con la complicidad del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) que se niega a analizar los peligros globales de seguridad, ambientales y de salud que implican la conexión de una central deteriorada por más de 40 años de funcionamiento, y con graves fallos estructurales. 

 

El CSN funciona dominado por una mayoría absoluta de partidarios acríticos de la energía atómica, y va aprobando los informes parciales que permitan poner en marcha Garoña; el funcionamiento del CSN lo convierte en la oficina de relaciones públicas de la industria nuclear, y no en el organismo responsable de la seguridad de la sociedad que lo mantiene. Garoña es una pieza clave para que la industria nuclear pueda alcanzar el objetivo de los 60 años de funcionamiento de las centrales atómicas, el CSN lo sabe y actúa en consecuencia. A pesar de los más de 500 kilómetros que separan Garoña de Cataluña nos une el río Ebro, del que la central obtiene agua de refrigeración. A la escasa importancia que tienen las barreras naturales para frenar la difusión de la contaminación radiactiva, podemos añadir en este caso una conexión directa. 

 

La estrategia de mantener 60 años funcionando los reactores atómicos cuenta con una posición de ventaja en Cataluña superior al conjunto de España. Esto afecta a los dos reactores de Ascó y el de Vandellòs. Una fuente de contaminación cotidiana y una amenaza cercana que no nos deja indiferentes. Más allá de pronunciamientos políticos, es necesaria una respuesta social para hacer frente a esta amenaza. Por ello, en este 11 de Marzo de 2016, cuando llevamos 5 años de catástrofe nuclear continua que afecta a todo el mundo, nuestra reflexión no se dirige únicamente a lo que ocurre en Japón, sino que también tenemos muy presente el conflicto de Garoña, y la amenaza continua que representan Ascó y Vandellòs"

 

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21 marzo 2016 1 21 /03 /marzo /2016 00:00

¡El socialismo ha resurgido! ¡Ha resurgido! Podemos decirlo hoy con Carlos Marx y Federico Engels: el fantasma vuelve a recorrer el mundo. ¡Ha vuelto el fantasma! ¡Ha vuelto! Y ahora ha vuelto, además, renovado, con rostros jóvenes, con ideas nuevas, con planteamientos nuevos; alimentándose de las realidades de los indios, de los negros, de los blancos, de los jóvenes, de los pueblos...

Hugo Chávez Frías

La alternativa a nuestra macabra, estúpida, cruel e inhumana sociedad debe ser, pues, anticapitalista. Debe migrar al socialismo. Debe denuciar todas las falacias que la socialdemocracia nos vierte desde hace más de 30 años, porque la verdad es que ésta no ofrece ninguna respuesta a la peligrosa deriva capitalista actual. La socialdemocracia actual (que se nos sigue vendiendo amable y engañosamente como "socialismo", aunque de socialismo tiene poco) se limita a acompañar, de la forma más suave que puede, a este insaciable capitalismo, pero está claro que se le escapa de las manos, pues la deriva neoliberal impuesta durante las últimas décadas no ha hecho más que demostrar, una y otra vez, que al capitalismo le sobran todos los derechos de las personas, de los pueblos y de la naturaleza. Ni siquiera es posible volver ya a los planteamientos de ese capitalismo "buenista", con "rostro humano" o "amable" que representó la corriente keynesiana, impuesta en muchos países después de la Segunda Guerra Mundial, en un claro contexto de devastación internacional. Porque dicha corriente abogaría hoy día, para ser coherente, por la abolición de la deuda de los Estados (como entonces se hizo), y por unos mínimos procesos de redistribución más justa de la riqueza, medidas hoy día absolutamente impensables. 

 

Y lo cierto es que el capitalismo nunca vuelve atrás, siempre huye hacia adelante. Y no menos cierto es que las clases dominantes jamás van a consentir perder parte de sus ganancias, posesiones y privilegios, si no existen planteamientos claramente radicales, que pongan en cuestión no sólo las necesarias transformaciones, sino unos nuevos reequilibrios de clase, y una mayor justicia social. El capital se ha podido permitir toda esta indecente ofensiva porque no tiene "enemigo sistémico" (en expresión del sociólogo Andrés Piqueras), aniquilando la capacidad de resistencia de la clase trabajadora, y sometiendola absolutamente a sus dictámenes. Como excusa perfecta ha tenido, continúa teniendo, la tremenda crisis multifacética que vivimos, que es utilizada, como siempre ha ocurrido, para una nueva redistribución de las fuerzas productivas, en aras a una concentración cada vez mayor de la riqueza y del capital en menos manos. Todo ello ha tenido también que ser "legitimado" socialmente mediante una clara ofensiva del pensamiento dominante, con la denominada "Sociedad de Consumo" como gran paradigma que ayudaba a construir imaginarios colectivos, y toda unas escalas de valores sociales y de actitudes y comportamientos personales que consiguieran que la gente viviera medianamente "cómoda" bajo un sistema que genera continuamente desigualdades y explota violentamente a los más vulnerables. 

 

La etapa que estamos atravesando ahora, desde hace varios lustros, corresponde a una etapa de clara ofensiva del capital (que como hemos comentado se aprovecha de la crisis en su beneficio), y para que la "disciplina social" sea controlada, no tienen más remedio que diseñar sistemas que ponen el acento en el mantenimiento de un cierto estado de represión, cuestionando todo el sistema de libertades públicas, llegando a una situación de cierto "fascismo social", como claramente está ocurriendo hoy día en toda la Unión Europea. Y así, removiendo los falsos fantasmas del terrorismo, de la crisis de los refugiados (crisis creada por el propio mundo imperial-capitalista), y de la globalización económica, los Estados pasan a instalar subliminalmente un nuevo régimen cuasitotalitario, que les sirve para mantener cierto grado de paz social. En los tiempos que corren, y cada vez más en los tiempos futuros si no ponemos remedio, además de la propia violencia estructural generada por el propio capitalismo (terrorismo empresarial, desigualdades, pobreza, exclusión social, etc.), el sistema se verá obligado a recurrir cada vez más a la violencia directa contra amplias masas de población que osen poner en cuestión los grandes paradigmas del pensamiento dominante. 

 

Utilizando el símil de Andrés Piqueras, diríamos que el capitalismo (el español y europeo, pero podemos extrapolarlo en sentido general) es como si fuera un Titanic que ha chocado ya con el iceberg, pero donde sólo los pasajeros que estaban en la clase más humilde están notando ya que el agua entra en sus compartimentos. Pero todavía hay pasajeros que están un piso o dos más arriba, y aunque ven con aparente preocupación que el agua inunda a los de abajo, se autoengañan pensando que en cuanto la tripulación sea capaz de solucionar el problema, o bien vengan otros a rescatarlos, el problema desaparecerá. Y tenemos también, por supuesto, los que están en la parte superior, bailando en cubierta al son de los dulces violines, cuyo nivel de vida les impide apreciar siquiera la situación de los de abajo. Corresponden a los que están mejorando considerablemente sus ingresos, sus bienes y su nivel de vida con la crisis, a esos protagonistas de la estadística que nos dice que aumentan los millonarios y el consumo de productos de lujo. Pero en fin, esta serie de artículos se denomina "Marxismo, Socialismo y Capitalismo en el Siglo XXI", y recalcamos lo del siglo XXI, porque no sólo queremos exponer las características de dichos sistemas económicos en la actualidad, sino y sobre todo, intentar implicarnos en nuestros puntos de vista acerca de la evolución que han experimentado desde sus orígenes, desde sus postulados y enfoques iniciales, hasta llegar a la situación actual, y por tanto, situarnos también en el debate en cuanto a las versiones actualizadas de los mismos.

 

Y en este sentido, lo primero que tenemos que reivindicar es que ni el Socialismo ni el Comunismo deben ser entendidos como dogmas cerrados y autocontenidos. Desde las aportaciones originales de Marx y Engels, pasando por Rosa Luxemburgo, mucho han evolucionado el Socialismo y el Marxismo, y por tanto hemos de beber de múltiples fuentes: hemos de tomar del Che Guevara, de José Carlos Mariátegui, de Mao, de Fidel y de Chávez. Hemos de tomar de Antonio Gramsci, de Ernest Mandel, y de nuestros gigantes Manolo Sacristán y Francisco Fernández Buey. Y hemos de tomar de múltiples pensadores actuales, que analizando y partiendo desde las bases originales, han renovado la ciencia marxista y el socialismo para hacerlo evolucionar, para adaptarlo a nuestros días, para actualizarlo, para ampliarlo, y para corregir ciertos aspectos que pudiéramos considerar desfasados. En este sentido, hemos de tomar como referencia las aportaciones de destacados nombres de investigadores, estudiosos e intelectuales socialistas y marxistas, tales como (entre otros muchos) Boaventura de Sousa Santos, Atilio A. Borón, Immanuel Wallerstain, Fernando Buen Abad Domínguez, Eduardo Galeano (triste y recientemente fallecido), Ignacio Ramonet, Salim Lamrani, Noam Chomsky, David Harvey, Emir Sader, Juan Carlos Monedero, Marta Harnecker, Alan Woods, Carlos Fernández Liria, Daniel Raventós, Samir Amin, Naomi Klein, Néstor Kohan, Manolo Monereo, y un larguísimo etcétera de nombres que engrandecen, aportan y renuevan el Socialismo y el Marxismo cada día. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 marzo 2016 5 18 /03 /marzo /2016 00:00

La pretensión de avanzar hacia un mundo social y ecológicamente más equilibrado y estable sin cuestionar las actuales tendencias expansivas de los activos financieros, los agregados monetarios y la mercantilización de la vida en general es algo tan ingenuo que roza la estupidez

José Manuel Naredo (“Raíces económicas del deterioro ecológico y social. Más allá de los dogmas”)

Finalizamos aquí esta serie de artículos, donde hemos pretendido, de nuevo, sensibilizar al máximo a los lectores en torno a las necesarias medidas, criterios y enfoques para tener en cuenta al contexto natural que nos rodea, a la hora de implementar medidas de carácter político, económico y social. Han sido 14 entregas donde hemos ido desgranando uno por uno todos los temas de mayor incidencia, de mayor urgencia, y de mayor peso en la tremenda crisis climática y medioambiental que vivimos. Vamos a finalizar incidiendo en dos asuntos que se han podido quedar pendientes, como son las posibles medidas a tomar desde el contexto local (políticas municipales de carácter decrecentista), así como las 17 propuestas ecológicas que las ONG's aconsejaron para las pasadas Elecciones Generales (y las siguientes, en caso de que se repitan próximamente). Básicamente, las políticas decrecentistas irían en un doble sentido: reducción del consumo de materias primas y energía, y redistribución de la riqueza (reducción de las desigualdades). Pero para que todo ello tenga sentido, hay que realizar cambios también en los sistemas productivos, además de cambios en nuestros esquemas mentales (costumbres, criterios, prejuicios, valores, etc.). Recomendamos a los lectores este artículo de Luis González Reyes, donde realiza una amplia exposición sobre el catálogo de medidas que serían interesantes. En él nos basamos para obtener gran parte de la información.

 

Se pueden implementar, desde los ámbitos locales, políticas de reducción de los residuos, impulsar formas de compartir recursos en lugar de usarlos de forma privada, impulsar dietas alimentarias poco carnívoras, basadas en alimentos de temporada, de cercanía y de cultivo agroecológico. También se pueden impulsar políticas de ordenación del territorio bajo una perspectiva ecosistémica, fomento del alquiler frente a la construcción de nuevas viviendas, disminución del espacio público en las ciudades para los vehículos privados, en beneficio del transporte público, la bicicleta y el peatón, medidas de reconexión entre los mundos rural y urbano, leyes de protección del territorio encaminadas a frenar el extractivismo y la degradación ambiental, impedir el fracking, potenciar las industrias verdes, priorizando además en los concursos y compras públicas a las empresas respetuosas con el medio ambiente. Por otra parte, las Administraciones Locales también pueden sumarse a las iniciativas que desarrollan las energías renovables a pequeña escala, y de forma cooperativa. Hay que aprovecharse de los circuitos cortos, propios del municipio y de la comunidad autónoma, que son favorables a la economía local, ecológica y solidaria. Potenciar a las pequeñas y medidas empresas de proximidad al territorio, frente a las grandes transnacionales, o a empresas de ámbito estatal. 

 

También se pueden impulsar desde los Ayuntamientos la creación y uso de monedas locales y virtuales, como una vía paralela al uso de las monedas oficiales, propias del capitalismo al uso. Fomentar igualmente la economía colaborativa, fomentado la capacidad de compartición y el consumo privado de tipo colaborativo. Recomendamos al respecto este sitio web, administrado por Albert Cañigueral, un experto en estos temas, y que posee un texto de libre descarga desde la propia página. En el ámbito local también se pueden y se deben organizar auditorías populares de la deuda pública, para abolir las partes ilegítimas u odiosas de las mismas, ya que la deuda es uno de los principales motores del crecimiento. Hay que fomentar la agricultura ecológica, así como las políticas de restauración, reequipamiento y readaptación de lo que ya existe a los nuevos enfoques y criterios (por ejemplo, en el ámbito de la construcción residencial). También contribuyen en positivo todas las medidas encaminadas al reparto del trabajo productivo, a la disminución de la jornada laboral, y a la conciliación de la vida laboral y familiar, así como las políticas de puesta en valor de los trabajos de cuidados. En sentido general, hemos de conseguir poner la visión ecológica (así como la de género) en todas las políticas de ámbito local y autonómico, para que dichos criterios se tengan en cuenta de forma transversal.

 

Y así, los temas relativos a los ecosistemas, a la tierra, al agua, a los animales o al aire no pueden subordinarse a que la economía "vaya bien", desde un punto de vista absolutamente miope. El compromiso ecológico debe ser absoluto, haciendo pivotar sobre dicho eje todo el conjunto de las medidas de caráter social, político y económico que se adopten. En consecuencia con todo esto, es imprescindible crear en el próximo Gobierno que se forme una Vicepresidencia de Sostenibilidad, que vele por incluir los temas medioambientales desde diversas perspectivas, en relación con la agricultura, la pesca, y los recursos naturales, así como también independizar el Ministerio de Medio Ambiente (hoy ligado al de Agricultura), para dotarlo de la importancia y las competencias oportunas. Son dos de las principales reivindicaciones que las principales ONG's han hecho públicas, según nos cuenta Martín Cúneo en el medio Diagonal. Estas organizaciones consideran que la mayor expresión de corrupción es el expolio continuado de nuestros recursos naturales, así como la contaminación del medio ambiente como causa de nuestras obsesiones capitalistas, ya que no sólo estamos subordinando todo ello a la obtención de un beneficio cortoplacista, sino que además estamos hipotecando a las próximas generaciones. En este sentido, una reivindicación principal consiste en que las Administraciones Públicas deben garantizar que los delitos ecológicos no quedan impunes. 

 

Otra de las exigencias es la aprobación urgente de una Ley de Cambio Climático, que haga frente a las terribles consecuencias, en todos los órdenes, debidas al calentamiento global. En todos los foros y cumbres internacionales que se han celebrado al respecto (incluyendo la última COP21 de París) los objetivos se han quedado cortos, y hay que incorporar medidas mucho más ambiciosas para 2030, sobre todo una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del 45%, y un porcentaje de generación energética mediante renovables superior al 45%. Asímismo, como ya hemos insistido en entregas anteriores, hay que luchar activamente por frenar y rechazar el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP), pues de aprobarse, dejaría absolutamente desmontada toda la legislación medioambiental. También el modelo de transporte necesita una seria remodelación, siendo necesaria una Ley de Movilidad Sostenible, que abandone la construcción de infraestructuras que no se correspondan con las demandas sociales, pues constituyen los mayores proyectos de destrucción del medio ambiente. E igualmente, hay que desarrollar un ambicioso Plan de Mejora de la Calidad del Aire, que comprometa al conjunto de las Administraciones Públicas a que en el plazo de 5 años ningún ciudadano/a respire aire contaminado. Hay que recordar que, actualmente, según los límites fijados por la propia UE, el 33% de la población está expuesta a respirar aire nocivo. Esperemos que todas estas medidas, como ha ocurrido hasta ahora, no queden en saco roto, o en la despensa de las promesas olvidadas (o recortadas). 

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17 marzo 2016 4 17 /03 /marzo /2016 00:00

Nuestro método es la economía; nuestro objetivo es el alma

Margaret Thatcher

Y de ahí (de esas palabras de Thatcher) podemos deducir la tremenda importancia que posee la política económica, como corazón y pieza fundamental en el entramado de poderes que configura una determinada sociedad. Nuestra sociedad es capitalista, lo que implica que el capital nos tiene atrapados como trabajadores, como consumidores y como ciudadanos. Por tanto, debemos aprender a ser trabajadores menos sumisos, consumidores más responsables, y ciudadanos más libres. En suma, tenemos que dar la batalla al pensamiento dominante en todos los frentes, que como estamos comprobando, copa prácticamente todos los aspectos de nuestra vida, incluso los más íntimos y subliminales. Debemos, si no cortar definitivamente (esto sólo podrá hacerse colectivamente al final del camino), por lo menos adelgazar las cadenas que nos atan. En el trabajo, en el mercado de consumo, en el sistema político. En el terreno del trabajo, llevamos varios lustros retrocediendo en derechos laborales porque, entre otras razones, los trabajadores no nos unimos, no nos organizamos, no nos enfrentamos colectivamente al empresariado. La cultura del capital también favorece todas estas estrategias, lógicamente favorables a sus intereses. 

 

Mientras no recuperemos la iniciativa, iremos de retroceso en retroceso. Las conquistas del capital no cesarán, y la involución en derechos, libertades y garantías será paulatina. Por ello, la lucha colectiva es imprescindible en el mundo del trabajo. Véase nuestro reciente artículo sobre la huelga de los trabajadores malagueños de LIMASA, que la han desconvocado después de haberle ganado la partida al Ayuntamiento, y haber recuperado gran parte de los derechos perdidos. Debemos aprovechar las pocas maneras que tenemos de luchar pacíficamente para defender nuestros intereses y nuestros derechos. Y la mejor manera es y ha sido siempre la huelga. Una huelga es una revolución en miniatura, una pequeña revolución en potencia, pero que si se proyecta y se mantiene con inteligencia y perspicacia, se convierte en una fenomenal herramienta de presión hacia la clase dominante. Mediante huelgas se consiguieron la mayoría de los pocos derechos que poseemos en la actualidad, y mediante huelgas se evitaron ciertos retrocesos, se consiguió parar los pies al capital en determinados momentos de la historia. Y, precisamente, por no hacer las suficientes huelgas, por no tener el éxito que debieran, por no apoyarlas con la necesaria presión, el capital se está creciendo en los últimos tiempos. La única forma de contenerle es mediante las acciones organizadas, cuya cumbre son siempre las huelgas, especialmente las generales. Si además de general la huelga es indefinida, la presión sobre el mundo del capital será explosiva, definitiva. 

 

Pero para eso, como decimos, tenemos que cambiar el chip mental individual, colectivo, material y emocional. Hemos de cambiar nuestra escala de valores. Nos falta concienciación (colectiva) y nos falta valentía (individual). Pero si somos capaces, la huelga general e indefinida es el arma más mortífera contra la dictadura del capital. Podemos hundir empresas en cuestión de días, y podemos amenazar con causar una gran crisis (económica, esta vez sí), una crisis de tal envergadura que las fuerzas del gran capital se vean forzadas a ceder, a negociar, a retroceder en sus ambiciones y en sus actitudes. Porque si quiebra una determinada empresa, o siete, no pasará nada. El sistema no se colapsará por ello, podrá soportarlo. Las fuerzas del capital seguirán siendo más potentes. Pero si quiebran la mayoría de las empresas, el capital no podrá resistir un ataque tan fuerte. Por otra parte, y en el contexto de una gran empresa, si hacen huelga por ejemplo sólo una quinta parte de los empleados, incluso un tercio, la empresa es capaz de recuperarse, de distribuir fuerzas productivas y de salir adelante. Pero si hacen huelga la inmensa mayoría de sus empleados, la empresa no se podrá recuperar, quedará definitivamente tocada, incluso hundida. El ataque será total, definitivo, mortal. La opción está, por tanto, en nuestras manos. El poder también. Así que, como siempre hemos proclamado, la unión hace la fuerza. 

 

Si como trabajadores tenemos muy poco margen de maniobra, como consumidores, sin embargo, tenemos algo más de margen. De hecho, el capitalismo no funciona, entra en crisis cada cierto tiempo (existen autores, como Kondratiev, que han elaborado complejas teorías para explicarlo, como la de las ondas largas de este autor), precisamente porque como consumidores hacemos que fracase, aunque lo hacemos inconscientemente. Si baja nuestro poder adquisitivo, compramos menos y esto se traduce en las crisis de sobreproducción. No todos los productos pueden ser vendidos o deben venderse a menor precio. El capitalismo amenaza con colapsar porque los consumidores no hacemos realmente lo que quiere el sistema: consumir cada vez más. Consumir, consumir y consumir, es la regla de oro del sistema capitalista, del orden mundial dominante, y de su pensamiento asociado. Y así, las crisis cíclicas del capitalismo no son más que el estallido de sus contradicciones internas. En las últimas décadas se pudo salir a flote potenciando la faceta financiarizadora de la economía, haciendo que la gente se endeudara hasta límites insoportables, pero esto se tradujo también en otra profunda crisis: la crisis financiera actual (que hizo estallar también otras burbujas asociadas, como la inmobiliaria en nuestro país). Y dado que bajo el capitalismo el capital se convierte en la principal mercancía, dado que todo gira en torno a él, dado que la sociedad está a su completo servicio, la economía se financiariza inevitablemente, la cultura del pelotazo se impone (dícese de la cultura que aboga por obtener la mayor ganancia en el menor tiempo y con el menor esfuerzo) y la especulación (en sus diversas facetas) acaba dominando el conjunto de la economía. 

 

Bajo esta nueva fase, la economía se vuelve cada vez más artificial, más inestable, más volátil, más virtual. La especulación es el pan nuestro de cada día de los poderosos, que poseen a la tecnología como su principal herramienta aliada. Hoy día, los flujos de capitales se hacen instantáneamente, y determinada empresa puede deslocalizarse y volverse a localizar en cuestión de segundos, entorno que los propios empresarios utilizan como chantaje hacia los Gobiernos y la propia ciudadanía. Y es que el capitalismo siempre vive bajo la amenaza de su colapso. Y a este colapso podemos contribuir los ciudadanos, los consumidores, los trabajadores, esto es, nosotros mismos, en los diferentes aspectos bajo los que interactuamos con el sistema. Porque al final, todos esos aspectos son uno solo, funcionan bajo un prisma unívoco, funcionan enfocados hacia la consecución de unos mismos objetivos, y el sistema nos va marcando las pautas (el pensamiento dominante) para que todo ello nos parezca normal, lógico, aceptable. Puede como mucho no gustarnos, pero nos vemos arrastrados a ello, porque la fuerza del pensamiento dominante y de los poderes a su servicio son enormes. Por ello siempre hacemos un llamamiento a la valentía, a la rebeldía, pues sin ellas, el enfrentamiento certero con el pensamiento dominante no es posible. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 marzo 2016 3 16 /03 /marzo /2016 00:00

Las grandes desigualdades económicas son un impedimento a la libertad. Cuando un poder privado es tan inmenso que puede imponer su voluntad, o más técnicamente, su concepción del bien, al resto de la sociedad o a una gran parte, la libertad de esta mayoría está seriamente afectada. Los poderes privados más desarrollados que actualmente pueden imponer su voluntad a la gran mayoría, incluidos muchos Estados que parecen estar a su servicio (y en muchos casos actúan como si estuvieran directamente a sus órdenes), son las grandes transnacionales

Daniel Raventós

Los postulados de partida del TTIP (que retoman y endurecen los de tratados comerciales anteriores) dejarían la práctica totalidad de los servicios públicos básicos para el conjunto de la ciudadanía destinados al libre mercado: la justicia, el derecho al agua, a la electricidad, a la alimentación, a la seguridad pública, a la educación, a la sanidad, etc., solamente estarían al alcance de quienes pudieran pagarlos. Pero no solamente eso, sino que los diversos programas de las Administraciones Locales destinados a favorecer el mantenimiento o la reindustrialización en determinadas áreas geográficas no tendrían cabida, tales como por ejemplo las ayudas públicas a los astilleros, las iniciativas de empleo local, etc. Este TLC pretende proporcionar una especie de institución jurisdiccional transatlántica, que con carácter permanente esté a cargo de todas las regulaciones de la UE y los Estados Unidos, ya sean pasadas, presentes o futuras, y determinar así las condiciones bajo las cuales se presta cualquier servicio, ya sea básico (electricidad, alimentación, vivienda, agua...), o de interés general (infraestructuras, telecomunicaciones, servicios postales, servicios culturales...), que siendo susceptibles de ser comercializados, obligue tanto a la UE como a USA.

 

Deberíamos responder contundentemente como sociedad supuestamente madura y democrática, emprendiendo todas las acciones posibles a nuestro alcance para hacer llegar al Parlamento Europeo y a la Comisión nuestro frontal y firme rechazo a la firma de cualquier TLC o acuerdo transnacional que implique una cesión de nuestra soberanía en temas tan sumamente importantes para la inmensa mayoría social, máxime cuando además el secretismo, la ocultación, la falta de información y de participación social de los sectores implicados es absoluta. Debemos defender la completa exclusión del catálogo de servicios públicos y de bienes comunes, para evitar la apertura y liberalización de los mismos al mercado. Se deben exigir unos estándares mínimos, y cada vez más exigentes, en aspectos clave como puedan ser la protección medioambiental, la seguridad alimentaria, el desarrollo de productos farmacéuticos o la protección de la privacidad de las comunicaciones personales. Y tampoco debería nunca verse comprometido el denominado (y ya explicado en anteriores entregas) "Principio de Precaución" que rige actualmente en la UE, más aún teniendo en cuenta que la legislación en Estados Unidos, con respecto a temas sanitarios, alimentarios o medioambientales, por citar ejemplos muy significativos, es mucho más laxa y permisiva que la europea. 

 

Y en cualquier caso, deberíamos garantizar siempre que, más allá de todo acuerdo comercial o iniciativa de mayor calado, éstos no supongan en ningún caso el menoscabo o la pérdida de puestos de trabajo, o la precarización de los derechos laborales de los trabajadores/as. USA tiene una regulación mucho más laxa en el terreno laboral, ni siquiera ha ratificado una serie de Convenios básicos de la OIT, por lo que si la "armonización" se realiza a la baja, el TTIP supondrá una pérdida importante de derechos laborales y sociales para todos los trabajadores de los Estados miembro. Nos jugamos mucho con este tratado, que como llevamos viendo a través de toda esta serie de artículos, pretende configurar un nuevo status para las grandes empresas transnacionales, y un nuevo modelo de gobernanza global. Una nueva gobernanza mundial que institucionaliza como sujetos políticos a las transnacionales y prioriza la defensa de sus derechos, lo que se ha venido en denominar "seguridad jurídica", un manido concepto del derecho mercantil del que se ha abusado bastante, para dotar a las empresas de marcos regulatorios cada vez más favorables a sus intereses. Y así, tomando las palabras de Ignacio Muro: "La socialización de los riesgos del inversor (asumir riesgos era, hasta ahora, lo que justificaba los  beneficios empresariales) se convierte en un nuevo valor consagrado, al nivel de otros derechos políticos y sociales". 

 

Y de esta forma, la mal llamada "seguridad jurídica" adquiere con el TTIP un peligroso rango de norma protegida al más alto nivel, incluso por encima de la protección de las poblaciones, de los países y de los Estados. Simplemente, se privilegia la agenda y los derechos de las grandes corporaciones y su idea de la globalización neoliberal, mientras se obstruyen, ignoran e impiden otros caminos, otras prioridades y otras garantías, que tienen que ver sobre todo con los Derechos Humanos, de los pueblos y de la naturaleza. Pero además, existen otros intereses, fundamentalmente de tipo geoestratégico, que avalan la aprobación del TTIP, y que tienen que ver con que este TLC constituiría un arma decisiva frente a la imparable crecida del poderío de China y demás potencias emergentes que se agrupan en los denominados BRICS (por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), y que no sólo han aunado sus esfuerzos comerciales y sus intereses estratégicos, sino que incluso ya han desarrollado instrumentos conjuntos de inversión, tales como el Banco Asiático de Inversiones (BAII), alternativa real al BM y al FMI, y que ya ha puesto en marcha mecanismos de financiación para todos ellos, y el resto de países (hasta 43) que se han adherido al proyecto, y que piensa dar la batalla (de hecho, ya lo está haciendo) a Washington y sus más potentes aliados occidentales. 

 

Ignacio Ramonet lo ilustra bajo los siguientes términos: "Hay que precisar que, entre los años 2000 y 2008, el comercio internacional de China creció más de cuatro veces: sus exportaciones aumentaron un 474% y las importaciones un 403%. ¿Consecuencia? Estados Unidos perdió su liderazgo de primera potencia comercial del mundo que ostentaba desde hacía un siglo...Ante la crisis financiera global de 2008, EE.UU. era el socio comercial más importante para 127 Estados del mundo; China sólo lo era para 70 países. Ese balance se ha invertido. Hoy, China es el socio comercial más importante para 124 Estados; mientras que Estados Unidos sólo lo es para 76". El asunto queda perfectamente claro. El TTIP no sólo representa una nueva oleada de la avanzadilla neoliberal globalizadora, sino que supone también una ofensiva en toda regla para cambiar las relaciones comerciales y geoestratégicas del mundo e implantar nuevos reequilibrios de poder, balanceando de nuevo la posición de hegemonía hacia USA y sus principales aliados. Pero obsérvese hasta qué punto se confunden los intereses de las grandes empresas transnacionales con los intereses de país, fruto de décadas de influencia del pensamiento dominante capitalista y neoliberal, y fruto de la implantación progresiva de políticas que han ido beneficiando los intereses del gran capital, y reduciendo paulatinamente el poder de los Estados, y su capacidad para implementar políticas públicas en beneficio de su ciudadanía. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 marzo 2016 2 15 /03 /marzo /2016 00:00

Estados Unidos fue siempre una sociedad colonizadora. Incluso antes de constituirse como Estado estaba eliminando a la población indígena, lo que significó la destrucción de muchas naciones originarias

Noam Chomsky

Y prácticamente desde que existe como nación, Estados Unidos ha lanzado al mundo a una serie de guerras sin sentido, sobre todo desde que se encumbró como la auténtica superpotencia mundial. A ello contribuyó también, sin ningún género de dudas, el hecho de que, salvo el bloque soviético en su día, ninguna otra nación ha contravenido clara y directamente sus intereses (salvo honrosas excepciones, como los casos de Cuba o Corea del Norte), por lo cual el patio internacional no sólo no se ha enfrentado contundentemente a sus provocaciones, sino que incluso le ha reído siempre las gracias. Guerras que muchas de ellas se han autoproclamado como "guerras sagradas", invocando al supremo espíritu de primacía estadounidense. En este sentido, William Astore, en su artículo "Estados Unidos ha conseguido la guerra total", se ha expresado en los siguientes términos: "Pensad en las numerosas así llamadas guerras estadounidenses y evaluad si acaso ha habido algún progreso mensurable en alguna de ellas. En 1964, Lindon Johnson declaró la "guerra contra la pobreza". Más de medio siglo después, todavía existe un número alarmante de personas desesperadamente pobres, y en lo que va del siglo XXI, la brecha entre los más pobres y los más ricos se ha ensanchado hasta convertirse en un abismo (de hecho, desde los días del Presidente Ronald Reagan se podría hablar de una guerra contra los pobres y no contra la pobreza)".

 

Y continúa: "¿Y contra las drogas? Cuarenta y cuatro años después de que el Presidente Richard Nixon anunciara la guerra contra las drogas, aún hay millones de personas en la cárcel, se han gastado miles de millones de dólares, y las drogas abundan en las calles de las ciudades estadounidenses. ¿Y la guerra contra el terror? Ya van 13 años --y seguimos contando-- desde que se lanzara aquélla "guerra"; los grupos terroristas, menores por sus efectivos y alcances en 2001, han proliferado salvajemente y ahora existe una cosa llamada "califato" --lo que una vez fuera una fantasía de Osama Bin Laden-- en Oriente Medio: el Estado Islámico, que se ha hecho con partes de Iraq y de Siria; Al Qaeda crece en Yemen; Libia es el reino del caos y se la reparten cada vez más organizaciones extremistas; y hoy muchos inocentes continúan muriendo víctimas de los ataques con drones de Estados Unidos. ¿Y sobre Afganistán? El negocio del opio se ha recuperado a lo grande, el Talibán está resurgiendo y la región es cada día menos estable. ¿Y en cuanto a Iraq? Es un caldero donde hierven las rivalidades y los odios étnicos y religiosos, con más armamento estadounidense en viaje para alimentar la matanza en un país que, desde el punto de vista funcional, ha dejado de existir. La única certeza en buena parte de esas "guerras" estadounidenses es su violenta continuación, aún cuando de cada una de las misiones originales sólo quedan jirones". 

 

A lo largo de esta serie de artículos, hemos abordado múltiples y diferentes cuestiones de la historia, la política y la sociología norteamericanas, destacando la exposición de las siguientes cuestiones, que serían buenas candidatas para una encuesta popular a la población estadounidense:

 

* ¿Por qué los estadounidenses no podéis dejar de oponeros al cuidado de la salud de vuestros ciudadanos?

 

* ¿Cómo podéis seguir siendo tan ciegos frente a la realidad del cambio climático?

 

* ¿Cómo podéis hablar del imperio de la ley cuando vuestros Presidentes quebrantan la ley internacional para hacer la guerra cada vez que se les ocurre?

 

* ¿Cómo podéis dejar en manos de una sola persona corriente el poder de hacer saltar por los aires un planeta?

 

* ¿Cómo podéis tirar a la basura las Convenciones de Ginebra y vuestros principios para defender la tortura?

 

* ¿Por qué a los estadounidenses os gustan tanto las armas? ¿Por qué os matáis unos a otros tan desenfrenadamente?

 

* Y quizá para muchos la pregunta más importante y desconcertante: ¿Por qué enviáis a vuestros soldados a cualquier parte del mundo para provocar más y más problemas a todos nosotros?

 

Son preguntas muy interesantes, que demostrarían fehacientemente que la sociedad estadounidense debería hacérselo mirar. Para ilustrar la actitud de los gobiernos estadounidenses, diremos resumidamente que desde que Estados Unidos fue fundado en 1776, ha estado en guerra durante 222 de sus 239 años de existencia, es decir, el 93% de su tiempo de existencia como nación independiente, y unión federal de Estados soberanos. Sólo durante 21 años desde 1776, Estados Unidos ha vivido realmente en paz. Un triste récord, que creemos no supera ninguna nación reciente de nuestro tiempo. De ahí el título de nuestra serie de artículos. No sabemos si USA saldrá alguna vez de su estado de guerra permanente, o antes acabará con toda la Humanidad, y con los recursos del planeta. En otras palabras, ningún Presidente estadounidense se ha podido calificar como "Presidente en tiempos de paz". Técnicamente, todos los Presidentes de Estados Unidos pueden ser considerados "Presidentes de guerra". De hecho, USA nunca ha pasado una década completa sin guerras. La única vez que EE.UU. estuvo un lustro completo sin guerras fue durante el período aislacionista de la Gran Depresión (1935-1940), previo a la Segunda Guerra Mundial. Toda esta información la hemos extraído de esta página de washingtonsblog. Finalizaremos esta serie en su próxima entrega.

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14 marzo 2016 1 14 /03 /marzo /2016 00:00

El gran problema estratégico radica en que muchos pensadores consideran que la izquierda debe centrarse en la construcción de un modelo de capitalismo posliberal. Esta idea obstruye los procesos de radicalización. Supone que ser de izquierda es ser posliberal, que ser de izquierda es bregar por un capitalismo organizado, humano, productivo. Esta idea socava a la izquierda desde hace varios años, porque ser de izquierda es luchar contra el capitalismo. Me parece que es el abecé. Ser socialista es bregar por un mundo comunista

Claudio Katz

Hemos desarrollado ya, hasta la entrega actual, no solamente los aspectos esenciales de lo que puede ser el Socialismo del siglo XXI, aspectos todos ellos que han sido tratados a fondo en artículos anteriores (nacionalización de sectores estratégicos, nuevo modelo productivo, reparto del trabajo, renta básica, trabajo garantizado, repudio de la deuda, etc.), sino también los ejes fundamentales de lo que entendemos debería ser el programa socialista, basándonos en diversas fuentes y autores. Pero lo que hemos repetido hasta la saciedad, de mil formas distintas, e intentándolo razonar desde todos los puntos de vista, es la urgente, absoluta y perentoria necesidad de abandonar el capitalismo. Y es que sin la vocación de intervenir la diabólica lógica capitalista, no habrá jamás auténticas políticas progresistas para la clase trabajadora y la inmensa mayoría social. No es por tanto posible salir de esta crisis desde dentro del capitalismo, mediante "reformas estructurales" de diversos aspectos del sistema, como proponen sus voceros, sino que las transformaciones que nuestra sociedad necesita se deben ligar a la lucha por el socialismo. 

 

No habrá realmente modificaciones sustanciales sobre los asuntos importantes (redistribución de la riqueza, justicia e igualdad social, erradicación del patriarcado, etc.) sin un auténtico régimen socialista de economía planificada, que ponga fin a la anarquía salvaje del capitalismo, y que libere de su dogal a las clases populares. El capitalismo no da más de sí, sólo puede provocar involuciones, fascismos, revueltas populares, crisis económicas, guerras  imperialistas, represión de los derechos y libertades fundamentales, empobrecimiento de las clases populares y trabajadoras, y destrucción del tejido social y productivo. La única alternativa es el socialismo. Frente a los que nos acusan de ser la izquierda obsoleta, anticuada, trasnochada o fracasada, hay que decir que los que en verdad han fracasado han sido todas las oleadas de economistas neoliberales que pretendieron perpetuar el capitalismo, tanto en su versión reguladora como en su versión financiarizada. Nuestra lucha debe ir por otros derroteros, si pretendemos alcanzar otro mundo posible, que funcione bajo otros parámetros económicos, pero también políticos y sociales. Nuestra lucha debe ser por conseguir una sociedad donde los medios de producción sean de propiedad social (ya hemos explicado este concepto en artículos anteriores, así como en nuestra serie de artículos "Objetivo: Democracia"), donde la economía funcione de manera planificada y controlada por el conjunto de la sociedad, teniendo como objetivo la satisfacción plena de todas las necesidades sociales básicas para todo el mundo, y no el aumento de los beneficios de la gran clase capitalista. 

 

No existen, por tanto, atajos, ni reformas suaves del sistema, para hacer al capitalismo más humano, más sensible o más ecológico. Y aunque el estallido de esta última crisis ha sido provocado directamente por diferentes burbujas inmobiliarias y financieras, que han estallado sucesivamente a escala mundial, lo cierto es que ya estábamos sufriendo una crisis de sobreproducción clásica, propia del capitalismo, como consecuencia de la existencia de demasiados medios de producción, no desde el punto de vista de las necesidades sociales, sino desde el punto de vista de la rentabilidad de los capitalistas. Y así, la crisis se presenta como la solución "natural" del capitalismo, consistente en la destrucción de buena parte de esas fuerzas productivas, para su eliminación y reorganización de las restantes, y la imposición de peores condiciones laborales, para restituir la tasa de ganancia de las empresas, para todo lo cual es decisivo la ampliación del ejército de reserva (los parados) y el recorte de los derechos sociales, laborales, económicos, políticos y medioambientales. La mal llamada "economía de libre mercado", el gran tótem capitalista, ha demostrado con creces que no es capaz de acabar con el desempleo, sino que más bien al contrario, lo genera y lo incrementa porque lo necesita para mantener bajos los salarios y la protección social. Hay que sustituir este demencial sistema por un sistema más justo, más racional, más sostenible y más humano. 

 

Esta "economía de libre mercado" debe ser sustituida por una planificación democrática de la economía como mecanismo fundamental para decidir las inversiones y la asignación de recursos, así como la redistribución justa y equitativa de la riqueza que se crea. Y esto es lo que de verdad permitiría la restauración de las condiciones dignas de trabajo, tales como la reducción de la jornada laboral, el reparto del trabajo, la garantía del mismo, la renta básica, el adelanto de la edad de jubilación, la dignificación de rentas, salarios y pensiones, la política fiscal progresiva, el incremento de los servicios públicos hasta el nivel de las demandas sociales reales, el desarrollo de un nuevo sector productivo público y ecológicamente sostenible, la creación de un parque de vivienda protegida para alquiler social a precios asequibles, y un largo etcétera de objetivos que ya hemos enumerado en multitud de ocasiones. Y de un modo colateral, esta planificación democrática de la economía también permitiría (al recuperar el consumo y el poder adquisitivo de la clase trabajadora) una recuperación de la pequeña y mediana empresa y del tejido de los trabajadores autónomos, propiciando sobre todo el florecimiento de las pequeñas y medianas empresas cooperativas que se complementarían con un amplio sector público en los sectores productivos estratégicos y fundamentales. Y además, todo ello contribuiría a que los derechos fundamentales de la población quedaran protegidos, pues al desterrar la lógica del beneficio empresarial, las grandes empresas de propiedad social enfocarían su labor hacia la satisfacción de las necesidades sociales. 

 

El círculo se cerraría. Todo ello a su vez contribuiría a una nueva redistribución de la riqueza bajo otro prisma, bajo la óptica de la igualdad y de la justicia social, en beneficio de la inmensa mayoría social, reduciendo drásticamente las desigualdades, y por ende todas las maléficas consecuencias que ellas provocan. Pero como decimos, la auténtica llave para conseguir todo ello es provocar un cambio en las relaciones de propiedad, porque en caso contrario, si seguimos mareando la perdiz, y tratando a los grandes empresarios como los dioses del sistema, todas las demás transformaciones serán ineficaces y baldías, además de absurdas y fallidas, porque no podrán llevarse hasta sus últimas consecuencias, pues los grandes capitalistas las rechazarían precisamente porque suponen una reducción drástica de sus beneficios, y entonces tratarán de impedirlas o revertirlas por todos los medios. De hecho (y sin llegar aún a esa fase), ya estamos asistiendo a campañas de hostigamiento político, social y mediático hacia las formaciones políticas de la izquierda que pretenden simplemente llevar a cabo una recuperación de los derechos sociales y laborales. Véanse las continuas campañas de desestabilización hacia Venezuela, Ecuador o Bolivia en el plano internacional, o las campañas de desprestigio en España hacia PODEMOS (que, como decimos, aún no ha planteado un auténtico programa socialista). Continuaremos en siguientes entregas.

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