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10 julio 2018 2 10 /07 /julio /2018 23:00
Viñeta: Marian Kamensky

Viñeta: Marian Kamensky

...una tarde, mientras viajaba en tren. Entró una mujer esmirriada, de tez morena, que, con un acordeón destartalado, hacía sonar una música lúgubre. Sobre su pecho llevaba colgado un cartel donde explicaba que había tenido que escapar de Rumania. Escuché su melodía, y me detuve a observar a esa mujer sin patria y sin hogar, sin importar si provenía de Rumania, de Bosnia o de la ex Yugoslavia. Era únicamente un ser errante, como los miles de refugiados en el mundo, o los sin Tierra de Brasil, o los que desesperadamente intentan huir de la desvalida Albania. Una entre los millones cuya intemperie nos hace responsables. Son aquellos que desconocen ideologías o estadísticas sociológicas, pero que saben bien que ellos no cuentan en la historia. Cuando ya se alejaba hacia el siguiente vagón, me encontré con la mirada triste de una chiquita que cargaba sobre sus espaldas. Me hizo pensar en lo que está sucediendo: mundo que parece marchar hacia su desintegración, mientras la vida nos observa con los ojos abiertos, hambrientos de tanta humanidad

Ernesto Sábato (“Antes del fin”)

Hablábamos en nuestra entrega anterior sobre la naturaleza migrante del ser humano, pero también sobre cómo a partir de un momento histórico determinado, las causas naturales son añadidas a las causas creadas por el hombre. Y en primer lugar de todas ellas, las guerras. Y es que las guerras, quizá la peor catástrofe no natural, han sido desde siempre un factor determinante para las migraciones humanas. El saldo actual de migrantes forzosos debido a las guerras es ciertamente descomunal. Y a pesar de que en nuestro mundo actual globalizado y altamente tecnológico las distancias son más cortas que antaño, y las comunicaciones y medios de transporte están más desarrollados que nunca, la tragedia humanitaria que estas migraciones suponen no se ha achicado ni un ápice. Y es que bajo estas situaciones de migración forzosas se huye por una imperiosa necesidad de supervivencia. Pero también se huye de la pobreza. Hoy día se les viene denominando "migrantes económicos" a aquéllos que lo hacen en base a circunstancias vitales que les exigen explorar otros mundos que les ofrezcan posibilidades de realización, pero también de supervivencia ante un mundo empobrecido, sin oportunidades. Como sabemos, el sistema capitalista mundial crea auténticos guetos de pobreza y de exclusión, a la vez que crea unos pocos focos de prosperidad, que disparan las desigualdades, marginando brutalmente a las mayorías sociales. Tanto las guerras como la pobreza destruyen el hábitat donde convivían pueblos, comunidades, tribus e individuos, donde formaban sus familias, donde obtenían sus medios de producción, donde satisfacían sus necesidades. 

 

Un mundo que se derrumba poco a poco, y que lleva a estas personas a situaciones de desesperación vital que les conducen a tener que tomar decisiones drásticas y terribles. No habiendo opciones ni oportunidades en sus países de origen, a estas enormes masas de población no les queda otro remedio que buscar su bienestar en otras tierras, con otras gentes, en otras culturas. A veces cientos, otras veces miles de kilómetros separarán esa nueva tierra prometida, donde podrán insertarse en una nueva comunidad, y alcanzar la prosperidad soñada. Una ruta peligrosa, una odisea implacable, unos inconvenientes de todo tipo (religiosos, culturales, idiomáticos, racistas, etc.) tratarán de impedir que la aventura llegue a buen puerto. Pero el impulso vital de estas gentes, por propia naturaleza humana, por propio instinto de supervivencia, les empuja a intentarlo. Al menos, a intentarlo. Las penurias que deben pasar los migrantes en su marcha hacia la supuesta salvación son enormes, despiadadas. Los inconvenientes y problemas, numerosos y terribles. Las consecuencias, muchas veces, nefastas e irreversibles. Pero a ellos y a ellas, mujeres, niños, ancianos, hombres, a veces familias completas, sólo les guía el horizonte de la salvación, el objetivo de la felicidad. La pesadilla del viaje de estos migrantes se torna un reto difícil de superar. Y luego, si es que pueden sobrevivir a condiciones extremas y logran poder ingresar a sus "islas de salvación" (en expresión de Marcelo Colussi), su estancia allí, en general en condiciones de irregularidad, aumenta aún más si cabe esa pesadilla que parece no acabar nunca. Y como expresábamos ya en la parábola que exponíamos en nuestra entrega anterior, son precisamente estos países de destino (Estados Unidos, Canadá, Japón, países europeos...), los que provocaron su huida (debido a las situaciones de guerras y pobreza creadas por ellos mismos), los que les hacen la vida más difícil en cuanto consiguen llegar, si es que llegan. 

 

Bien, todo este penoso relato nos trae, de entrada, dos grandes interrogantes. El primero tiene que ver con la exigencia de un mejor trato hacia los migrantes por parte de esos países de acogida. Tenemos una base legal y una base moral para exigirlo. La base moral y ética se sitúa en la propia humanidad. La base legítima y legal descansa en los múltiples y diversos tratados y convenios que rigen el derecho internacional humanitario, y en general, las proclamaciones sobre derechos humanos. Pero aún tenemos un segundo interrogante que enlaza con el primero. Porque la verdadera y principal pregunta que hay que hacerse es...¿Por qué? ¿Por qué ocurre todo esto? ¿Por qué hay millones y millones de migrantes que escapan de sus países de origen forzados por las guerras o por la situación económica? La cuestión no es tanto solicitar un trato digno y una plena integración en los países de acogida (que también), sino plantearse por qué necesitan estas personas escapar, y ser capaces de solucionar el problema de forma radical, es decir, atendiendo a su raíz primigenia. Ni una cosa ni otra están en la mente de nuestros perversos gobernantes. Lejos de abordar el problema de una forma radical y humanitaria, las migraciones son objeto de políticas despóticas, erráticas e inhumanas, que en vez de solucionar progresivamente el problema, y reducir el fenómeno paulatinamente, contribuyen a enconarlo cada vez más, y a convertirlo en una realidad abominable. Marcelo Colussi ha expresado el cinismo institucional que reina en este campo en los siguientes términos: "En vez de quedarnos con la lamentación y victimización del migrante, ¿por qué no denunciar con la misma energía la injusticia estructural que los fuerza a migrar? Pedir que los países de acogida los legalicen no está mal. Pero ¿por qué no trabajar denodadamente para lograr que nadie tenga que migrar en esas condiciones, porque su país de origen no le brinda las posibilidades mínimas de sobrevivencia?".

 

En solucionar todo ello deberían estar nuestros líderes políticos, pero en cambio, sus posiciones, propuestas y actitudes se sitúan en la intolerancia más torticera, en la intransigencia más aberrante, y en la ignorancia más abismal. Y por supuesto, en la cobardía más extrema. Porque si alguien, cualquier persona, tiene que salir huyendo de su sociedad natal porque ésta no le ofrece posibilidades para una vida digna, o porque sufre persecución o porque han destrozado su entorno vital o porque el único horizonte que le espera es la pobreza y el hambre, es precisamente en solucionar estos problemas donde hay que trabajar para cambiar esa injusta y deplorable situación. Esa triste realidad, y no otra, es la que empuja cada año a varios millones de personas en el mundo a emprender una odisea vital de incierto futuro. Pero nosotros, este mundo occidental "libre y civilizado", rico y poderoso, sólo vemos el dedo y no la luna. Vemos el problema únicamente cuando nos estalla en las narices, sin ser capaces de tener la mínima empatía para colocarnos en la piel de esas personas que cada día se ven obligadas a migrar. Como demostró un estudio de la Universidad de Middlesex publicado en 2015, citado por Alberto Piris en su artículo "Los refugiados de guerra" de su propio Blog, más del 80% de los migrantes del mundo lo son porque huyen de las guerras. Es muy fácil lavarse las manos y descargar nuestras culpas en dichas situaciones, pero en la inmensa mayoría de las ocasiones, esas situaciones las hemos provocado nosotros, es decir, nuestro mundo "libre y civilizado" de Occidente, y del norte. Somos nosotros los responsables. Nosotros hemos destruido, seguimos destruyendo, su mundo. Y vienen a nosotros, a nuestros países, cuando ya no tienen otras alternativas vitales. Hemos destruido sus ciudades, su hábitat, sus negocios, sus infraestructuras, sus servicios públicos, sus vías de suministro, y hemos saqueado y expoliado sus recursos naturales. 

 

Otras veces hemos provocado sus guerras simplemente porque no nos gustaban sus gobernantes, porque eran líderes "peligrosos" para el capitalismo globalizado, porque sus sistemas económicos amenazaban esa tan ansiada globalización capitalista. Hemos derrocado sus gobiernos, o hemos provocado guerras tribales, o guerras religiosas, o hemos fomentado los odios y venganzas entre las diversas facciones de su sociedad. Y esas guerras traen inevitablemente nuevos refugiados, obligados a elegir entre morir por efecto de la guerra, o ahogarse en el mar cuando huyen de ella y son rechazados en las fronteras europeas, o estadounidenses. Según Amnistía Internacional, entre 2007 y 2013 la Unión Europea invirtió casi 2.000 millones de euros en militarizar y cerrar sus fronteras, pero solo 700 millones en mejorar los sistemas de acogida y auxilio a los refugiados. De esto es de lo que son capaces nuestros ineptos gobernantes. De esta forma, la crisis migratoria continuará y los métodos aplicados hasta ahora han demostrado ser inútiles e inhumanos. Por eso, necesitamos otra política de fronteras. Una política que parta de un análisis de diagnóstico correcto de la realidad, pero que también ponga como norte la visión humanitaria del fenómeno. Los migrantes son personas. Salvar migrantes implica salvar vidas humanas. Integrar a estas personas en nuestra sociedad es una responsabilidad cívica, ética y moral. Intentar que no tengan que huir de sus países de origen es una responsabilidad política y humanitaria. Necesitamos urgentemente un cambio de posición, un cambio de actitud, un cambio de políticas, un cambio de visión. Necesitamos un enfoque diferente que acabe con tanto cinismo moral e institucional. Continuaremos en siguientes entregas.

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8 julio 2018 7 08 /07 /julio /2018 23:00
Por la senda del Pacifismo (109)

Hemos aprendido que la noción de paz no se limita a la estricta ausencia de conflicto armado, pues tiene también un triple sentido positivo, a saber: la satisfacción de las necesidades básicas de todos los seres humanos, la eliminación de todo tipo de violencia, y el respeto efectivo a todos los derechos humanos

Carlos Villán Durán (Presidente de AEDIDH)

Bien, vamos a proponer a continuación, basándonos de nuevo en el estupendo documento de Carlos Villán, algunas propuestas de refundación del Sistema de las Naciones Unidas que pueden ir en sintonía con todo lo ya expuesto anteriormente:

 

1.- Pasar de una estructura relacional (cooperación entre Estados soberanos) a una estructura de progresiva integración de soberanías. Hay que aprender a conjugar los intereses múltiples de los países, en aras a objetivos comunes y superiores. El Pacifismo es uno de ellos. En este sentido, la paz y el desarme mundiales se colocan como un objetivo superior de carácter mundial.

 

2.- El principio de la solidaridad mundial sustituirá al de la cooperación internacional. Y ello porque sólo desde criterios de solidaridad mundial podrán alcanzarse determinados objetivos.

 

3.- Como consecuencia de la prohibición absoluta del uso de la fuerza, los Estados abolirán progresivamente sus Fuerzas Armadas, de manera concertada y a través de un programa de desarme completo, bajo estricto control internacional. La ONU dejará de ofrecer respaldo y cobijo a las organizaciones y bloques armados, como la OTAN, así como a organizaciones representantes del poder económico mundial, como el FMI, el BM o la OMC. Sólo consiguiendo este objetivo podremos recorrer de verdad la senda del Pacifismo.

 

4.- El reparto de competencias entre la organización mundial y los Estados miembros se realizará de acuerdo con el principio de subsidiariedad.

 

5.- La defensa de los valores supremos de paz social y de respeto a los derechos humanos, facilitarán la búsqueda de la felicidad de todos los seres humanos, e inspirarán todas las actividades de la organización mundial. Una refundación bajo esta premisa no permitirá que ningún Estado miembro viole o ignore cualquier Resolución de la ONU, ni cualquier otro tratado o convenio vinculante que le afecte. La inspiración máxima se colocará en el Derecho Internacional sobre los Derechos Humanos, a la cual se concederá primacía absoluta.

 

6.- Esta ONU refundada se regirá por el principio de composición tripartita de la representación de cada Estado ante los órganos de la organización (Gobierno, Parlamento y sociedad civil). Se acabará entonces con la arrogancia de los Estados, cuyos gobernantes de turno se tornan en representantes de su ciudadanía, aunque la inmensa mayoría de la misma pueda estar en contra de su mensaje. Por otra parte, las organizaciones de la sociedad civil (ONG, asociaciones, sindicatos, etc.) deben tener también su voz en el Sistema de las Naciones Unidas.

 

7.- El sistema económico y financiero internacional estará gestionado por órganos de composición democrática, que obedecerán a la dirección política de la organización. Basta ya por tanto de caciquismos y de prepotencia de los poderes económicos mundiales, despreciando la democracia y los criterios de la comunidad internacional.

 

8.- La distribución equitativa de las riquezas mundiales terminará con las desigualdades económicas y las exclusiones sociales que sufren las comunidades, los individuos y los pueblos. La ONU refundada deberá ser el garante mundial de una nueva redistribución de la riqueza en el planeta, y ya sabemos hasta qué punto afecta esta situación a los procesos de paz, y genera amenazas de conflictos internos y externos. 

 

9.- El desarrollo económico debe ser ecológicamente sostenible. Una refundación de la ONU no puede ignorar los procesos de cambio climático y degradación ecológica que sufren los ecosistemas mundiales, y debe velar por conseguir una reversión de esta situación, lo cual salvará cientos de millones de vidas humanas y de animales durante las próximas décadas.

 

10.- La protección del medio ambiente no puede subordinarse a consideraciones de orden económico. Un Nuevo Orden Económico Mundial dirigido por una ONU refundada bajo estos principios debe poner por delante la sostenibilidad social, humana y medioambiental por encima de ambiciosos criterios de beneficio empresarial, y de expansión de corporaciones transnacionales. El libre comercio entre los países y Estados deberá estar sujeto a estas premisas. 

 

11.- El órgano supremo será el Parlamento Mundial, de composición igualmente tripartita. Ante él responderá el Ejecutivo Mundial, de igual composición. De esta forma, y bajo criterios de gobernanza democrática mundiales, seremos capaces de que los designios de la comunidad internacional se lleven a cabo realmente, y no sean ignorados ni desvirtuados por los Gobiernos de las grandes potencias.

 

12.- Bajo la autoridad del Ejecutivo Mundial se constituirá un mecanismo permanente de salvaguardia de la seguridad humana y de protección civil ante toda catástrofe, sea ésta de origen natural o humano. De esta forma la respuesta a las situaciones catastróficas no sólo será más rápida, sino más coordinada y eficiente, lo cual redundará en una mejora de las capacidades para salvar vidas y patrimonios de las naciones afectadas.

 

13.- Bajo la ONU refundada, toda controversia entre Estados será solucionada de forma pacífica, negociada y dialogada. Jamás se permitirán los conflictos armados como respuesta política a los conflictos internacionales. La guerra no será nunca un camino contemplado. En caso de desacuerdo, los conflictos serán dirimidos por un Órgano Judicial Mundial, de jurisdicción obligatoria y con capacidad para ordenar la ejecución de sus decisiones. Una de sus Salas se dedicará exclusivamente a la protección judicial internacional de todos los derechos humanos de todas las personas. 

 

14.- La gestión de todos los órganos del Sistema de las Naciones Unidas, bajo la refundación que proponemos, en particular el Ejecutivo Mundial, se regirá por los principios absolutos y radicales de democratización, transparencia y rendición de cuentas. Ningún dictamen ni resolución de este organismo ni del Parlamento Mundial podrán ponerse en cuestión, ignorarse o incumplirse por ningún país, comunidad, Estado u organización afectados por la misma. 

 

15.- La refundación del Sistema de las Naciones Unidas propuesta ha de estar avalada y legitimada por parte del conjunto mundial de la sociedad civil (pueblos, individuos, comunidades, ONG's y organizaciones del tejido social de base). Sólo de esta forma la legitimación de sus decisiones será máxima, así como sus garantías de cumplimiento.

 

16.- Requerirá igualmente la amplia participación de todos los actores internacionales (Estados, individuos, pueblos, sociedad civil, parlamentos, entidades y organizaciones sub-estatales y locales, etc.) en las deliberaciones y procesos de toma de decisiones de todos los órganos democráticos del Sistema de las Naciones Unidas.

 

17.-. La refundación no podrá darse sin el compromiso explícito y real de todos los Estados de respetar la independencia y la capacidad de decisión de la ONU refundada bajo estos principios. Una nueva Carta Fundacional de los Pueblos Unidos reflejará de facto este compromiso.

 

18.- Naturalmente, la nueva ONU inspirada en estos principios ha de disponer de unos presupuestos regulares adecuados al conjunto de nuevas funciones de la Organización de las Naciones Unidas, y además debe tratarse de un presupuesto sujeto a una gestión independiente del mismo, y sin injerencias estatales de ningún tipo. Ello facilitará también la independencia de sus decisiones, y evitará chantajes de cualquier tipo.

 

19.- Este proceso de refundación ha de estar inspirado en el reconocimiento de todos los derechos humanos, sindicales y laborales de todo el personal que trabaje para la organización. Se diseñará en este sentido un Estatuto del Personal de la misma, inspirado a su vez en un Estatuto de la Función Pública Internacional.

 

20.- Finalmente, la refundación propuesta se nutrirá también de los diversos Foros internacionales que puedan completarla y asesorarla, tal como por ejemplo el Foro Social Mundial, así como otros tratados y convenios internacionales que puedan albergarse en su seno, tal como el Tratado de los Pueblos. 

 

Muchos aspectos se nos quedarán en el tintero. Evidentemente, este catálogo recoge únicamente algunos puntos generales, pero precisos y necesarios para inspirar la nueva ONU que necesitamos, una organización que pueda por fin ser sede mundial de todos los pueblos, y que tenga como una de sus principales banderas la senda del Pacifismo. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 julio 2018 4 05 /07 /julio /2018 23:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Las empresas transnacionales representan la síntesis más perfecta, la expresión más desarrollada, de capitalismo monopolista en la fase de su crisis general. Por tanto, las empresas trasnacionales son las portadoras internacionales de todas las leyes que rigen el modo de producción capitalista en su fase imperialista actual, de todas sus contradicciones, y son el mecanismo más eficiente con que cuenta el imperialismo para el desarrollo e intensificación del proceso de supeditación del trabajo al capital, a escala mundial

Fidel Castro

Los paradigmas del comportamiento empresarial, los modos y maneras, estrategias y argucias legales que las empresas ponen en marcha representan por tanto uno de los grandes puntales donde descansa la arquitectura de la desigualdad. Lo venimos contando. El saqueo empresarial, las mermas laborales, la pérdida de derechos, las cadenas de subcontratación, las deslocalizaciones, los recortes de plantilla, los cierres de oficinas y sucursales...y todo ello mientras se aumentan los beneficios, y se reparte todo entre los accionistas. Y todo esto sin contar con las perversas prácticas de extractivismo, contaminación, emisiones de gases, uso de plásticos, fabricación de elementos químicos y otras prácticas que deterioran el medio ambiente. Y mientras, como decimos, la precariedad viene instalándose, sin prisa pero sin pausa, desde la década de los años 90 del siglo pasado, en todo el tejido laboral de nuestro país. El objetivo final, como muy bien indica Antonio Maestre en este artículo para el medio La Marea, es debilitar al máximo la fuerza del trabajo. Instalar la incertidumbre laboral, destruir la fuerza colectiva de los trabajadores, eliminar todas las garantías laborales y acosar todos los derechos de la clase trabajadora, son hoy día la moneda corriente de cambio, cuando de relaciones laborales se trata. La estabilidad, el salario, la protección social...todos los factores que antes garantizaban unas relaciones laborales decentes, han sido aniquilados. Por su parte, la inclusión de la temporalidad ha llegado a su cénit con el uso de las llamadas "Empresas de Trabajo Temporal" (ETT), que desde la Reforma Laboral de 2012 han adquirido un control y un protagonismo especiales en el proceso de búsqueda de empleo. 

 

Pero como nos recuerda Antonio Maestre en el artículo de referencia, hasta la Reforma Laboral del PSOE de 1994, suprimir la estabilidad laboral de un trabajador o trabajadora constituía un delito. Maestre añade: "Un tipo penal que los "socialistas" se encargaron de finiquitar para poder crear las Empresas de Trabajo Temporal y establecer así que la estabilidad laboral sería un privilegio al alcance de unos pocos" (las comillas son nuestras). Y como la colonización mental juega un papel tan importante para asumir los nuevos postulados empresariales como algo natural y justificado, se vienen encargando desde entonces de que comprendamos que lo normal es la inestabilidad, la precariedad, la incertidumbre vital. Montserrat Avilés, histórica abogada laboralista, definió de forma sucinta lo que suponían las ETT: "Son las antiguas empresas de prestamismo laboral legalizadas. Contribuyen, sin duda, a la precarización del mercado de trabajo". Como hemos indicado, una de las clásicas funciones encargadas a las Administraciones Públicas de Empleo era la relativa a la búsqueda de trabajo para las personas desempleadas, labor que fue retirada a partir de la Reforma Laboral de 2012, y encargada a las ETT, evidentemente privadas. ¿Y quién fue en nuestro país la principal impulsora de las ETT? Los lectores y lectoras que hayan intuido que fue la gran patronal (CEOE) han acertado. ¿Cuál fue el siguiente paso? Pues que incluso algunas grandes empresas (caso de Eulen, por ejemplo) crearon su propia ETT para abaratar las condiciones laborales, librarse de tener que aplicar el salario fijado en Convenio Colectivo, y poder subcontratar con precios más bajos. Al final, por tanto, las ETT no son más que un instrumento para conseguir empleo más barato e inestable, es decir, empleo indigno. 

 

Pero aún tenemos una función más en el proceso de debilitamiento de la fuerza laboral. Un elemento como ningún otro. Decíamos más arriba que también se ataca a la propia organización colectiva de la clase trabajadora, es decir, se ataca su unión, su fuerza y su conciencia obrera. Se persigue su disgregación, su debilitamiento, su desunión, su aislamiento, su atomización, su indefensión. ¿Cómo? A través, entre otros factores, de la propia incertidumbre laboral. Antonio Maestre lo ha explicado en los siguientes términos: "Las ETT son una pieza más en el engranaje estructural que busca atomizar la fuerza de los trabajadores y destruir todas las redes de solidaridad y organización sindical y laboral. Así, cada trabajador será un solo individuo aislado sin fuerza alguna para exigir mejoras de sus condiciones laborales". Antes, hace décadas (incluso siglos), la conciencia obrera de los colectivos trabajadores era enorme. Cada sector laboral constituía un frente de lucha obrera con total unión, solidaridad y decisión. Se tenía plena conciencia de que es precisamente la unión la que hace la fuerza. Y se ponía en práctica si se necesitaba. Luchaban con el pleno conocimiento de que un sólo despido suponía el paro indefinido y sin concesiones de sus compañeros, hasta la readmisión. Hoy día, mediante toda la arquitectura para la desigualdad laboral proyectada, la fuerza de dichos colectivos obreros se ha visto minada y la inestabilidad laboral estructural ha desintegrado completamente las redes de organización obrera que permitían exigir derechos con una fuerza arrolladora sobre el capital. Para revertir esta arquitectura de la desigualdad hay que poner fuertemente en cuestión los paradigmas del pensamiento dominante, recuperando la conciencia obrera y volviendo a conquistar objetivos que ya se creían alcanzados, pero que han sido objeto de acoso y derribo por parte del capital, aprovechando la última crisis.

 

Es preciso, por tanto, en esa línea, combatir el individualismo, abandonar la competencia y reinstaurar en la conciencia colectiva que la lucha obrera es una realidad que vivimos día a día, por más difusos y extravagantes que sean los modelos de negocio que podamos observar. En este artículo publicado para el medio El Salmón Contracorriente, la Red de Colectivos Autogestionados afirma lo siguiente: "Uno de los grandes logros propagandísticos del capitalismo es haber esparcido con éxito el bulo de la abolición de la esclavitud. La esclavitud es una forma clásica de explotación laboral que en su desenvolvimiento histórico estrictamente económico ha adoptado la forma optimizada de trabajo asalariado, una esclavitud a tiempo parcial mucho más rentable para el amo (o señor o empresario) porque el esclavo (o siervo o empleado) pasa a hacerse cargo de su propia manutención y la de su familia. En las fases más sofisticadas del capitalismo, un nuevo tipo de esclavo llamado "autónomo dependiente" tiene que correr incluso con los costes del medio de producción (por ejemplo, mantenimiento del vehículo, combustible, seguros, etc.)". La clásica figura del autónomo se ha pervertido, se ha transfigurado, se ha deformado hasta pasar a definir, en una gran parte de las ocasiones, a personas que antes dependían de una empresa como asalariados/as, pero que a partir de un momento determinado, dicha empresa le planteó la papeleta al empleado/a en cuestión: debía abandonar la plantilla de la misma, pero continuaría trabajando para ella en forma de autónomo, lo que significaba que entraba a cotizar en otro Régimen de la Seguridad Social (más perjudicial para los/as trabajadores/as), y además aumentaría los gastos derivados de sus actividades, y la inestabilidad laboral. Son los llamados "falsos autónomos", una figura laboral engañosa y lamentable, creada ad hoc para que las empresas puedan desprenderse de ciertos gastos laborales y sus respectivas cotizaciones sociales, a costa de precarizar aún más la vida laboral de la gente. 

 

Bien, para finalizar esta entrega, veamos entonces cómo es posible que aún hoy nos continúen informando sobre estadísticas "positivas" de empleo, es decir, de la creación de nuevos puestos de trabajo. Todo obedece a una simple pero preocupante manipulación. Retomemos lo que hemos indicado en entregas anteriores, y seremos capaces de entenderlo perfectamente. Para una Empresa E determinada, con un número N de trabajadores en plantilla, con carácter estable y con derechos, el trabajo disponible se va a trocear. Esto significa lo siguiente: de entrada, un número D de trabajadores despedidos (mediante ERE, planes de jubilación anticipada, etc.) se irán a la calle. Son personas que engrosarán las listas del paro, pero hemos de ver la cantidad absoluta de cara a las estadísticas, es decir, la resta de las que se van más la suma de las que llegan, durante un período de tiempo. Pues bien, cuando la Empresa E se ha desprendido del número D de trabajadores/as (su plantilla es ahora N - D), el trabajo anterior ha de seguir desempeñándose. Entonces, lo que hace es volver a contratar progresivamente un número similar al de personas despedidas D, son los nuevos contratados precarios P. Pero para que la estadística del paro resulte positiva, P debería ser mayor que D. Lo que hace en realidad la Empresa E es contratar directamente y a través de sus empresas subcontratadas S, una cifra que en cómputo total es mayor que la las personas despedidas inicialmente. De esta forma, la estadística laboral nos podrá decir, por ejemplo: 80.000 nuevos contratos. La realidad es que esas 80.000 personas no están haciendo nuevos trabajos, no se están creando puestos de trabajo nuevos, y por tanto no está creciendo la producción y la riqueza (sólo para los propietarios y accionistas), simplemente se está reconvirtiendo el mercado, una peligrosa, retrógrada e injusta reconversión, que se salda en la destrucción del empleo digno y con derechos, y la sustitución por empleo precario. Continuaremos en siguientes entregas.

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3 julio 2018 2 03 /07 /julio /2018 23:00
Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

Expoliáis nuestras tierras,
Nos forzáis a emigrar,
Nos disparáis en las fronteras,
Nos encerráis en CIEs,
Y cuando luchamos contra la muerte,
¡Nos llamáis violentos!

(Pancarta Popular)

El asunto de los migrantes, desgraciadamente tan de actualidad, está poniendo de manifiesto la necesidad de una redefinición de la migración forzosa con base en los derechos humanos. Esto último no puede perderse de vista. De hecho, es lo que suelen hacer los países que están actualmente sufriendo este fenómeno, es decir, cargarse de supuestos "argumentos", pero olvidando el norte fundamental, como son los derechos humanos. Las migraciones y desplazamientos forzosos no pueden ser desgajados de su contexto, fuera del mundo globalizado y desigual que sufrimos. Como afirma Guillermo Castillo en este artículo para el medio digital Rebelion.org: "En el mundo contemporáneo la profusa y desigual movilidad y flujo de bienes, dinero, personas e información ha sido una de las características de las dinámicas de los Estados neoliberales y de la globalización. No obstante, si bien la movilidad humana no es un proceso nuevo y ha estado relacionada con eventos claves de los últimos siglos (la invasión colonial europea a América, Asia y África, la revolución industrial, la creciente importancia de las metrópolis y la urbanización, la conformación y consolidación del capitalismo, la segunda guerra mundial, entre otros), la migración actualmente ha tomado proporciones inéditas". Añade el interesante dato de que, según el Banco Mundial, se llegó a la histórica cifra de 250 millones de migrantes en el mundo a finales de 2015. Todo esta explosión migratoria se explica (aunque muchos dirigentes políticos no quieran verlo) en buena medida por la vinculación entre la migración laboral internacional y, sobre todo, los propios procesos de expansión del neoliberalismo y sus repercusiones políticas y económicas a nivel regional y mundial. 

 

Y así, como causa de los efectos del capitalismo neoliberal, los migrantes en sus países de origen son los excluidos del desarrollo nacional, debido al deterioro productivo, la caída del empleo y la merma de los salarios en los países del desarrollo. El hambre y las ansias de expectativas vitales para ellos, ellas y sus familias se vuelve la prioridad humana fundamental. Pero al mismo tiempo, los migrantes juegan también un papel clave, en los países de destino, en la internacionalización de las cadenas productivas, al representar fuerzas de trabajo  baratas, flexibles y vulnerables, que trascienden las fronteras nacionales y se desplazan en dirección sur-norte hacia los países centrales, donde se concentran algunos de los mercados laborales transnacionales de mayor riqueza y expansión. Sin embargo, dentro de las amplias dinámicas de movilidad humana, continúa explicando Guillermo Castillo en su artículo de referencia, las migraciones que poseen un carácter más dramático y que se estructuran sobre mayores procesos de marginación y violencia, son aquéllas donde las personas, debido a circunstancias de diversa índole y que escapan a su voluntad y capacidad de acción, se ven forzadas a abandonar sus hogares, sus familias, sus vecinos, sus amigos, su entorno vital, sus costumbres, para poder conservar su vida y su integridad física. Actualmente, la migración forzada se vincula tanto a problemas ambientales diversos (desastres naturales, hambrunas, inundaciones, terremotos, tsunamis, sequías, huracanes, tifones, etc.), como a procesos de violencia de distinto tipo y escala (confrontaciones geopolíticas, intervencionismo y conflictos bélicos nacionales o internacionales, las mafias y el crimen organizado, etc.). Ejemplos de este último tipo de migración forzada como concreción de la exclusión nacional y global son los refugiados del conflicto sirio, los africanos en su odisea por el Mediterráneo, o los centroamericanos en su tránsito por México con destino a los Estados Unidos, quizá el país de política migratoria más salvaje y despiadada. 

 

Para entender un poco mejor el cruel fenómeno de las migraciones, vamos a exponer una pequeña parábola imaginaria, pero que bien puede ilustrarnos sobre las causas últimas de este fenómeno. Imaginemos que en nuestro planeta existieran únicamente dos países. Vamos a denominarlos el País A y el País B. En principio, vamos a imaginar que ambos países son igualmente ricos en recursos naturales, y son capaces de proveer a sus respectivas poblaciones la satisfacción de sus necesidades básicas (alimentos, viviendas, vestidos...). En un momento determinado, el País A instala un sistema económico capitalista, fundamentado como sabemos en la obtención máxima de beneficio. Mientras, el País B continúa funcionando en comunidades nativas o indígenas, organizadas en tribus, y sigue manteniendo un sistema económico respetuoso y sostenible con su medio ambiente. Llega un momento en el cual el País A se queda pequeño con sus propios recursos naturales, porque la expansión capitalista le pide conquistar "nuevos mercados". No es que el País A en realidad no pueda abastecer a su población, sino que su perverso sistema económico necesita más para poder subsistir. Y entonces el País A comienza un proceso escalonado de colonización del País B. El País A se va autoetiquetando como un país "desarrollado" (clara falacia para distinguirlo del País B), aunque su "desarrollo" consiste únicamente en fabricar medios y tecnologías para llegar más allá de sus fronteras, someter a la población del País B, y explotar sus recursos naturales. Poco a poco, el País A se va haciendo "rico" y poderoso, sus gentes disfrutan de buenos niveles de vida, y alberga altos índices de "prosperidad". En cambio, la población del País B cada vez va siendo más sometida, sus recursos más controlados, y su nivel de vida más precario. Cuando esta situación estalla, y las gentes del País B no pueden llevar a cabo ni el más mínimo proyecto de vida digno, a estas personas no les queda otro remedio que intentar abandonar su país e instalarse como puedan en el País A, el "rico", para al menos intentar mitigar el hambre, y obtener algunas expectativas vitales que su propio país no les ofrece. Simple, ¿no?

 

Alguien pudiera pensar que hemos hecho un ejercicio infantil y reduccionista de los motivos que explican el fenómeno de las migraciones, pero creemos que no es así. Dicha parábola, llevada a gran escala, considerando otros factores de complejidad y extendida durante siglos de colonización y dominación, es justo la descripción de nuestro perverso mundo. Un mundo salvaje y desigual, donde existen una serie de países que entendieron en un momento histórico que no tenían bastante con sus fronteras, y cuyos sueños de grandeza les llevaron a expandir Imperios en Oriente y Occidente. Unos países que durante siglos llevaron a cabo sobre las poblaciones y los recursos de dichos países invadidos, auténticos procesos de saqueo y expolio, con sus consiguientes guerras, conflictos armados, revoluciones, y sometimiento de su población a las lenguas y las culturas de los países invasores. Y así, siglos de dominación de los diversos Imperios condujeron a la explotación sin fin de las poblaciones y de los recursos naturales de los países invadidos, sometiéndolos y ultrajándolos a su antojo para engrandecer sus límites. Ahora sí que comprendemos exactamente el texto de la pancarta popular que hemos colocado como entradilla en esta entrega, porque describe a la perfección lo que lleva ocurriendo durante décadas, incluso durante siglos. De hecho, prácticamente todos los informes que sobre migraciones forzadas se redactan en el mundo coinciden en señalar a las guerras y al hambre como los dos motivos fundamentales de las migraciones humanas. Hambre y guerras, guerras y hambre. Provocan éxodos masivos de población, que vagan sin rumbo incluso durante años, para alcanzar alguna tierra donde puedan vivir en paz, y puedan satisfacer sus necesidades básicas y desarrollarse mínimamente como personas, para ellos/as y sus familias. Esta es la triste realidad. 

 

Pero las migraciones humanas, como señala Marcelo Colussi en este artículo para el medio digital Rebelion.org, cuyas reflexiones seguiremos a continuación, son un fenómeno tan viejo como la Humanidad misma. Nosotros lo hemos restringido en nuestra pequeña parábola anterior a la implantación del capitalismo, hecho a partir del cual las migraciones comienzan a ser un problema. Un problema creado por el propio sistema. Pero antes, desde siempre, el ser humano ya era migrante. De acuerdo a las hipótesis antropológicas más consistentes, se estima que los primeros seres humanos hicieron su aparición en un punto determinado del planeta (parece ser que el centro de África), y desde ahí comenzaron a migrar por toda la faz del globo. De hecho, el ser humano es el único ser viviente que ha migrado y se ha adaptado a todos los rincones del mundo, cosa que ningún otro ser vivo, animal o vegetal, ha podido hacer. Por tanto, las migraciones no constituyen una novedad en la historia. Siempre han existido, y generalmente han funcionado como un elemento dinamizador del desarrollo social. Las primeras migraciones forzosas se dieron seguramente como consecuencia de catástrofes naturales, y sólo recientemente este fenómeno ha adquirido una nueva dimensión masiva de proporciones nunca antes vistas, apareciendo motivado por razones de orden puramente social: guerras, discriminaciones, persecuciones, pero sobre todo, pobreza. Aquí es donde las migraciones se deben a la propia acción del hombre, es decir, a su política. Políticas que crean desigualdad, marginación, precariedad, falta de oportunidades...para los muchos, y a la vez, riqueza desmesurada para los pocos. Las gigantescas migraciones actuales son hijas de este fenómeno, obedecen a este injusto y depredador sistema capitalista, y mientras no seamos capaces de diseñar otro mundo, e incluso mientras lo proyectamos, las migraciones no cesarán. Continuaremos en siguientes entregas.

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2 julio 2018 1 02 /07 /julio /2018 23:00
René Navas: surrealismo pictórico en primera persona

Las Artes son el oxígeno del alma

María Pagés (Bailaora Flamenca)

"Dí tu mensaje y rómpete" es una de las máximas filosóficas que mejor pueden definir el arte en general, en todas sus dimensiones y manifestaciones. Y esto es lo que básicamente practica la joven pintora malagueña René Navas, una artista en su plenitud que expone su obra durante la segunda mitad de este mes de julio en Málaga (concretamente, durante la Feria de El Palo, en su local de la Asociación de Vecinos). Esta joven aunque madura pintora lleva esta máxima filosófica a sus cuadros (que en ella podría traducirse como "Desnúdate y pinta"), enmarcados en un surrealismo vivencial muy personal, porque cada cuadro de René Navas contiene toda una experiencia vital en primera persona. Cada obra es distinta, pero todas ellas están recorridas por el mismo pulso, y son hijas de episodios concretos de la vida de esta singular artista. René viste cada cuadro desde su interioridad, retrata en cada uno de ellos una experiencia vital, les otorga un protagonismo propio. La obra de esta artista malagueña es variada, fresca, natural. Presenta cuadros en blanco y negro y en color, representativos ambos de distintas épocas históricas de su vida. Nos aclara que la pintura nació en ella como una necesidad de expresar su yo interior, sus vivencias, la plasmación de su trayectoria vital. Porque la obra de René Navas es, ante todo, autobiográfica. 

Campo de Trigo y Amapolas. Fuente: Catálogo René Navas

Campo de Trigo y Amapolas. Fuente: Catálogo René Navas

Esta artista nace en Málaga el 17 de Octubre de 1971, y se inicia en la pintura desde la niñez, ya que su afición era arrolladora. "La pintura vino a mi", declara abiertamente. Su obra se enmarca en un surrealismo que delata su propia vida, que es testigo de su propia existencia, que nos cuenta sus avatares, sus experiencias, sus alegrías, sus desengaños, sus vicisitudes, sus crisis y sus anhelos. Sus cuadros responden a un estilo muy personalizado, que ella expresa de un modo muy particular. Cada obra es una secuencia determinada de su inspiración, que obedece a un momento propio de su vida. Y esa vida propia es la que René nos deja impregnada en el lienzo, dejando a la libre interpretación del observador los sentimientos que sean capaces de inspirarle. Pero no sólo eso. Porque la obra de esta genial pintora también navega en el realismo y en el impresionismo, aunque incluso en los cuadros que responden a estas tendencias, también nos deja su estilo propio y particular, su impronta decisiva. René estudió en la Escuela de Artes de San Telmo, y aunque también hizo sus pinitos en el mundo de la fotografía artística (de la cual se declara una enamorada), pronto se vio absolutamente capturada e inmersa en el mundo de la pintura, su mundo. Un mundo que le pedía más. Un mundo que le absorbía y que le llevaba a reflejar en cada obra su vertiente más intimista. Un mundo que le envolvía y que le hacía parir cada obra bajo la inspiración de su propio pulso vital.

Erotismo y Sensualidad. Fuente: Catálogo René Navas

Erotismo y Sensualidad. Fuente: Catálogo René Navas

El proceso de creación de sus cuadros es variado, pero la mayoría de ellos surgen de una situación de caos interior. Ese caos donde no se tiene aún una idea clara de lo que va a salir, y la artista se limita a dejarse llevar pintando algunos trazos deslavazados. Pero ella ordena el caos. En un momento determinado, entre esos trazos ya se puede adivinar algún significado, y entonces es cuando, a partir de ahí, el cuadro comienza a tener forma, vida propia, y a significar algo en concreto. René Navas ha optado poco por el mundo de los Certámenes, los Festivales y los Concursos. Ha preferido centrarse en la profundidad de su obra. Ha participado en uno de los Certámenes de Artistas Plásticos Malagueños (APLAMA) celebrado en la capital de la Costa del Sol, así como en los Premios Ángel de Pintura, celebrados en Madrid, concretamente en la edición del año 2007. Casi una veintena de obras constituyen la Exposición que se celebrará durante la segunda quincena del mes de Julio, que reúnen lo principal de la trayectoria de René Navas. Entre otras muchas, su "Campo de Trigo y Amapolas", "Buscando con mar alborada", "La fuerza del amor", "Sensualidad y erotismo", "Maternidad", "Abandono", "Crucifixión", "Sometimiento" o "Vida contemplativa", nos muestran su profundidad y hondura en la expresión surrealista de las grandes situaciones y emociones humanas. Recomendamos a todos los galeristas, artistas y aficionados la visita a esta Exposición de esta artista malagueña, porque estamos seguros de que serán testigos de una obra cautivadora y excepcional. ¡¡Entren y déjense llevar!! La Exposición tendrá lugar desde el 12 al 31 de julio, en Plaza Niño de las Moras, El Palo (Málaga), desde las 20:00 horas. 

Vida Contemplativa. Fuente: Catálogo René Navas

Vida Contemplativa. Fuente: Catálogo René Navas

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1 julio 2018 7 01 /07 /julio /2018 23:00
Por la senda del Pacifismo (108)

El Consejo de Seguridad [de Naciones Unidas] no representa la realidad actual del mundo, su incapacidad legitima acciones contra la humanidad emprendidas por las potencias económicas y militares en contra de los pueblos que luchan por dignidad y soberanía y que les resultan fáciles y baratos para sus experimentos de muerte o de despojo

Manuel Umberto Restrepo Domínguez

La ONU necesita, por tanto, a tenor de todo lo que estamos contando, sumergirse en un profundo proceso de democratización real de la organización, mediante la incorporación a sus trabajos de actores internacionales distintos a los propios Estados miembros. Y ello porque un organismo que pretende ser sede de la comunidad internacional debe alojar también todo tipo de representantes de la sociedad civil, y no sólo los dirigentes políticos de los diversos países implicados en los acuerdos, convenios y negociaciones. Dichos otros terceros actores son absolutamente imprescindibles si se pretende crear un mundo más pacífico, próspero y democrático. La ONU necesita aportar soluciones multilaterales a los problemas de las siguientes cuatro esferas: desarrollo, paz y seguridad colectiva, derechos humanos e imperio de la ley y fortalecimiento de las Naciones Unidas. Pero hasta ahora, los propios intereses de las grandes potencias, unidos a la burocracia interna de este organismo, y a su débil funcionamiento interno, han propiciado que estos objetivos no sólo no se hayan conseguido, sino que nos hayamos separado de ellos aún más. La ONU debe mitigar el número de excluidos sociales en situación de extrema pobreza que padecen hambre, no tienen acceso al agua potable, a saneamiento, a la educación básica, a la salud o a una vivienda digna. Sólo con una mínima parte de las inversiones que se dedican a otros objetivos, los puntos anteriores podrían ser satisfechos. Ello redundaría en un mínimo colchón de bienestar para la población de los países menos desarrollados, lo que a su vez influiría en el número de población migrante que intenta escapar desesperada de sus países de origen, dando lugar a masivos flujos migratorios que aprovechan las mafias. 

 

Pero la refundación de la ONU no debe girar únicamente sobre sus aspectos organizativos, sino que debe involucrar también la garantía sobre la propia consecución de sus objetivos. En este sentido, esa ONU refundada que propugnamos debe avanzar resuelta y decididamente en la realización del derecho al desarrollo. En palabras de Carlos Villán: "El desarrollo es el fundamento indispensable de un sistema de seguridad colectiva en el que la prevención ocupe un lugar primordial, porque ayuda a luchar contra la pobreza, las enfermedades infecciosas y la degradación ambiental, que matan a millones de seres humanos y son una amenaza para la seguridad". Deben superarse las reticencias insolidarias de la mayoría de los Estados desarrollados a la hora de aceptar obligaciones en materia de Ayuda Internacional al Desarrollo. Igualmente, se debe incentivar la cooperación internacional mediante la transferencia de recursos a los países pobres del Sur, aumentando significativamente los montantes de estas ayudas, hasta alcanzar el tan deseado 0,7% del PIB de los países ricos. La deuda externa de los países ha de ser condonada, tras procesos de auditoría pública de la misma, destinándose los recursos así liberados a incrementar los servicios básicos que los Estados deben poner a disposición de la población (alimentación, agua potable, saneamiento, educación, productos farmacéuticos de primera necesidad, etc.). ¿Tiene todo ello algo que ver con la senda del Pacifismo? Si hay algún lector o lectora que no lo relacione todavía, le remito a los artículos anteriores de la serie, donde explicamos desde múltiples puntos de vista la relación de las guerras, los conflictos armados y el terrorismo internacional con la ausencia de todas estas garantías para la población mundial. 

 

Gran parte de los anteriores artículos de la serie se han dedicado a intentar explicar que efectivamente, muchas de las amenazas de nuestro mundo globalizado están interrelacionadas, y que el desarrollo, la paz, la seguridad, los derechos humanos y las garantías sobre unos mínimos accesos vitales a los recursos naturales se refuerzan mutuamente, y la suma de todos esos factores es la que determina la paz social de un determinado territorio, comunidad, país o nación. Y el Consejo de Seguridad, como máximo órgano dentro de la ONU que vela por la paz y la seguridad internacionales, debe sufrir, como hemos asegurado, una profunda transformación, sobre todo para que albergue una representatividad más amplia y sea más eficiente, democrático y transparente, de modo que aumente la legitimidad de sus decisiones. En este sentido, se deben igualmente revisar sus métodos de trabajo para que aumente la participación en el mismo de los Estados que no son miembros del Consejo, así como que éste mejore sus procesos de rendición de cuentas a los miembros, y se acreciente la transparencia de su labor. La ONU debe también proteger a las poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad, ofreciendo las máximas garantías de no repetición a toda la comunidad internacional. La historia nos ha enseñado que la democracia sola no basta para proteger a las poblaciones de estos riesgos, sino que además, la comunidad internacional y sus medios de gobernanza mundiales deben velar por el estricto cumplimiento de los derechos humanos en todas partes del planeta. En  última instancia, la ONU debe consagrar el Derecho a la Paz como derecho humano fundamental, y asegurar su respeto a nivel internacional.

 

La refundación de la ONU debe tener como horizonte principal y objetivo fundamental la exigencia ética que debiera presidir todas las relaciones internacionales, que no es otra que la construcción entre todos y todas de una paz justa, duradera y sostenible. Una paz perdurable que, mediante un sistema de gobernanza mundial absolutamente democrático, garantice que todo el Sistema de las Naciones Unidas se pone en marcha ante cualquier intento de violar el derecho humano fundamental a la paz, en cualquier sitio del planeta. La construcción de dicha paz necesita de un nuevo Orden Económico Internacional que erradique (o al menos disminuya significativamente) las desigualdades, la exclusión social y la pobreza, porque todo ello genera una situación de violencia estructural que es el caldo de cultivo principal para todo tipo de conflictos, y es incompatible con la consecución de la paz tanto a nivel interno (de cada país) como externo (de la propia comunidad internacional). Hoy es más necesaria que nunca la existencia de una organización mundial que defienda los valores del multilateralismo, y que sea reconocida por los pueblos del mundo como su sede internacional. Pero si la ONU no es capaz de refundarse según los principios adecuados, y continúa estando presa de su propia burocracia y de los intereses cruzados de las grandes potencias, se irán desarrollando (ya lo están haciendo, de hecho) otros Foros Sociales Alternativos (el Foro Social Mundial es el mejor ejemplo de ellos), y la ONU involucionará hacia un papel absolutamente irrelevante. La ONU debe ser refundada sobre los mismos valores y principios que inspiraron la Carta de las Naciones Unidas: la paz, el desarrollo y los derechos humanos. Pero la organización mundial en el siglo XXI deberá ser pensada de otra manera.

 

Un mundo justo e igualitario, descansando sobre un planeta sostenible y humanitario, ha de ser la base donde se asiente la senda del Pacifismo. Ello puede conseguirse a nivel de cada país, de forma aislada, pero es una tarea enormemente complicada, si tenemos en cuenta el acoso internacional que le plantea el capitalismo globalizado. La ONU debe cumplir la tarea de protección y de autonomía de cada país en la defensa de su propio modelo económico y social, en vez de erigirse en marioneta de los intereses de las grandes potencias capitalistas. Vivimos en un mundo multipolar, de economías emergentes, de algunos gobiernos progresistas, que han dado a sus pueblos el justo protagonismo que les fue arrebatado por dictaduras disfrazadas de "democracia representativa", que son prácticamente todas las que surgen durante la segunda mitad del siglo XX y principios del actual siglo. Las Naciones Unidas deben adecuarse a este sistema y dejar atrás las anacrónicas y excluyentes estructuras creadas allá por 1945, tras la segunda gran guerra. La senda del Pacifismo, de la sostenibilidad medioambiental, de las propuestas económicas decrecentistas, y de la plena satisfacción de los derechos humanos, deben inspirar la labor de esta organización, desde los parámetros de su refundación. La ONU debe propiciar el respeto a la soberanía y al desarrollo independiente de todos los pueblos y naciones del mundo, sin hegemonías ni imperialismos de ningún tipo. La globalización neoliberal debe detenerse y replegarse, o el mundo lo acusará negativamente. Ya lo está haciendo. Y la ONU, como sede internacional de los pueblos del mundo, debe ser la última garante y refugio de la paz, el desarme, la seguridad y los derechos humanos. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 junio 2018 4 28 /06 /junio /2018 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

Los Estados reinan y los mercados gobiernan

Adagio del neoliberalismo

El hecho es que los mercados gobiernan. Los mercados y el capital. Y la banca, como el sector más poderoso de ellos. Pero el hecho es que los mercados y el gran capital son los que realmente nos gobiernan. Y de ahí que gran parte de la verdad no se conozca, y que aquélla que se conoce sea una verdad absolutamente desequilibrada, desigual. Y siempre a favor de los empresarios. Pongamos otro ejemplo en esta línea. No sé si algunos/as de mis lectores/as conocerán que las empresas que lo soliciten (que cumplan determinados requisitos que después comentaremos) pueden verse "exentas" de la cotización a la Seguridad Social por contingencias comunes. La dinámica es muy simple, pero muy injusta de cara al sistema. Porque resulta que estas empresas mantienen lo que ellas llaman eufemísticamente un régimen de "colaboración" con la Seguridad Social, que les permite disponer de una especie de modalidad de "autoseguro", por medio de la cual el abono de las (posibles) prestaciones económicas al personal pasa a ser de su responsabilidad, en las situaciones derivadas de la incapacidad temporal de sus trabajadores (accidentes, enfermedades, etc.). Lo explicamos basándonos en este artículo de Sergio P. Páramo para el medio digital El Captor. Parece que no han entendido (lo perverso es que todo esto es legal) que la idea de la Seguridad Social es una idea para la justicia social, y de ahí que las empresas deban cotizar TODAS Y POR TODOS los conceptos, una idea que va encaminada precisamente a hacer más fuerte al sistema que protege laboralmente a todos los trabajadores y trabajadoras, y que además permite que los ingresos por cotización a este Organismo público puedan, sin ir más lejos, mantener y hacer viable y sostenible al Sistema Público de Pensiones. 

 

La normativa de la Seguridad Social no lo denomina "autoseguro", sino "colaboración de las empresas en la gestión del Régimen General de la Seguridad Social", barnizando la Administración con dicha terminología lo que en la práctica supone una posibilidad de contribución que libera a la empresa de su obligación legal (y justa) de cotizar por sus trabajadores/as, para velar por la sostenibilidad del sistema. Las empresas que pueden acogerse a esta "modalidad" son las que cumplan los siguientes requisitos: superar los 250 trabajadores/as, tener disponible un fondo destinado a la cobertura de las contingencias, y solicitar a la autoridad laboral competente su inclusión en el régimen. Es curioso que precisamente las empresas con mayor número de trabajadores/as (que por consiguiente pueden hacer una mayor contribución a las arcas públicas), sean las que dispongan de la posibilidad de renunciar a contribuir solidariamente con el sostenimiento de la asistencia sanitaria, o la cobertura de prestaciones sociales. La pregunta es: ¿cuántos millones de euros dejan de aportar anualmente al sistema las empresas que se acogen a esta modalidad? Pero hay más preguntas: ¿cómo es posible que la Administración contemple y conceda este tipo de concesiones, dado el catastrófico y deficitario estado que cada nuevo año caracteriza a los presupuestos de la Seguridad Social? Y una última: ¿No será en realidad que lo que se pretende es fomentar precisamente que las empresas puedan dejar de contribuir, para de este modo debilitar las arcas públicas de la Seguridad Social, para de este modo presentar un sistema insostenible que ha de ser modificado (siempre para favorecer al sector privado, por supuesto)? Reflexionen los lectores y lectoras sobre estas preguntas, a ver a qué conclusiones llegan.

 

El caso es que no nos extrañan todas estas estrategias empresariales, y todas estas argucias legales que lo único que pretenden es debilitar el sistema público y fortalecer el privado, es decir, extender y potenciar la arquitectura de la desigualdad. Una demostración fehaciente de ello la tenemos en que los beneficios empresariales a nivel global son cada vez más elevados, diríase demasiado elevados, tal como los cataloga Marc Vandepitte en este artículo para el medio Investig'Action, traducido para el medio digital Rebelion.org por Beatriz Morales Bastos. Seguiremos a continuación algunos de sus datos e informaciones. De entrada, un dato muy interesante: entre 1980 y 2013, los beneficios de las 28.000 corporaciones principales pasaron de representar el 7,6% a casi el 10% del PIB mundial. Hoy día de 5 a 10 empresas controlan más de la mitad del mercado mundial en sectores clave como la industria aeronáutica, la industria del automóvil, la informática, el equipamiento eléctrico, etc. Pero el sistema monopolístico también ha aumentado enormemente en otros sectores donde antes el panorama estaba más diluido. Por tanto, no somos nosotros (las clases populares) ni las Administraciones Públicas (con su gasto público social) las que viven "por encima de sus posibilidades", como intentaron inculcarnos, sino los ultrarricos y las empresas que dirigen. Generar los megabeneficios de las grandes corporaciones es algo que no es sostenible, ni social, ni económica, ni medioambientalmente. Pero el hecho es que ocurre. Hemos dejado que los gobernantes, asesorados por estos personajes, diseñen y proyecten un sistema que para conseguir tales cantidades de beneficios, tienen que basarse en una perversa arquitectura de la desigualdad. Es lo que estamos intentando demostrar a lo largo de esta serie. 

 

A los datos nos remitimos. Las empresas nunca han tenido tantos beneficios como hoy día. Durante el último cuarto de siglo la tasa de ganancia de las empresas en Estados Unidos pasó del 9% al 16%. En ese mismo período de tiempo se duplicó su parte de riqueza nacional. La tendencia es similar en Europa y Japón. En el año 2015 el conjunto de las empresas estadounidenses obtuvieron unos beneficios récord de más de 1.600.000 milones de dólares, mientras que sólo invirtieron 500.000 millones de dólares. Por consiguiente, sólo en Estados Unidos durante ese año hubo un excedente de capital de más de 1.000.000 millones de dólares. A escala mundial, se calcula que este excedente de capital es de 7.000.000 millones de dólares. Y las empresas no saben qué hacer con ellos. Para que nos hagamos una idea, esta cantidad equivale a los ingresos anuales totales de América del Sur y de África, o a 50 veces el importe total mundial de la Ayuda al Desarrollo. Este excedente de capital, junto con el dinero negro, y el procedente de los diversos fraudes, es el que se oculta en los famosos "paraísos fiscales", a los cuales le hemos dedicado ya su bloque temático correspondiente. ¿Qué podríamos hacer con estas cantidades si las usáramos decentemente? Pues ahí van algunas ideas: crear decenas de millones de puestos de trabajo, introducir la semana de 30 horas semanales sin reducir el salario, aumentar y perpetuar los subsidios a las personas desempleadas por encima del nivel de pobreza que poseen actualmente, implementar Planes Públicos de Trabajo Garantizado, etc. Marc Vandepitte intrapola dicho excedente de capital a nuestro país, y asegura que en España equivaldría a unos 260.000 millones de euros, lo que supone un importe cuatro veces mayor que el plan de austeridad que llevó a cabo el Gobierno del ex Presidente Mariano Rajoy durante el año 2012.

 

Marc Vandepitte afirma textualmente: "Por una parte cada vez se exprime más a las personas corrientes, mientras que en el otro extremo la oligarquía acumula unas fortunas a las que no da ningún uso, ¡es surrealista! ¿No hay dinero para las pensiones, la Seguridad Social, la enseñanza o la sanidad? La verdad es lo contrario, hay dinero a punta pala, pero se le quita a la población trabajadora y lo acapara la capa de los ultrarricos". Básicamente, estos megabeneficios empresariales se llegan a conseguir por tres motivos, a saber: en primer lugar, la presión fiscal injusta. Como ya hemos expuesto en otras entregas de esta serie, la tasa impositiva de las empresas se revisa sistemáticamente a la baja, a lo que hay que añadir unos regímenes fiscales preferenciales para las mayores corporaciones. En 1990 la tasa impositiva en Estados Unidos se elevaba al 35%, hoy es sólo del 20%. En Europa y Japón el descenso es aún más importante. Y en todas partes se alzan voces para bajar aún más estas tasas impositivas. Y junto a ello, tenemos la evasión y el fraude fiscal masivos, y que han saltado a la opinión pública a través de los famosos casos de los Offshore Leaks, Luxleaks, SwissLeaks, Papeles de Panamá, Papeles de la Castellana, Papeles del Paraíso, etc. El segundo motivo es la moderación salarial. En los últimos 15 años los ingresos medios de los hogares estadounidenses han bajado un 7%. En Europa, la parte de los salarios en el PNB pasaba en ese mismo período del 62% al 58%. Salarios y beneficios son vasos comunicantes, lo que implica que cuanto más bajos sean los primeros, más elevados serán los segundos, y viceversa. Más que moderación salarial, habría que practicar por tanto la moderación empresarial. Y el tercer motivo es la creación de los monopolios. Actualmente, 147 superempresas controlan el 40% de la economía mundial, y algo más de 700 controlan hasta el 80% de ella. Las empresas dominantes poseen una marca propia, controlan la investigación y el desarrollo en sus respectivos campos, e imponen a las demás sus precios (o acuerdan con ellas si se trata de oligopolios). Muchas ramas sectoriales y nichos de negocio evolucionan cada vez más hacia estos tipos de mercado, que aumentan más el grado de concentración de beneficios y de poder. Continuaremos en siguientes entregas.

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27 junio 2018 3 27 /06 /junio /2018 23:00
Fuente Viñeta: Revista Ctxt ("Contexto y Acción")

Fuente Viñeta: Revista Ctxt ("Contexto y Acción")

Una de las últimas frases que pronunció M. Rajoy desde la tribuna de oradores del Congreso, tras saber que la Moción de Censura había acabado con su indecente Gobierno, fue la siguiente: "Es un honor saber que dejo un país mejor que el que encontré". Frase que nos provocaría un ataque de risa, a no ser porque, por incierta y cínica, lo que nos provoca es un ataque de profunda indignación. Rajoy no se va dejando un país mejor que el que encontró, ni siquiera igual, sino que deja un país muchísimo peor, un país "hecho unos zorros" diríase coloquialmente. Es más, podríamos concluir sin temor a equivocarnos que ningún aspecto de nuestra sociedad, ninguna faceta de nuestra vida, ninguna institución del Estado, acaba mejor que antes de los 6 años de infructuoso, intolerante, antisocial, mezquino y detestable Gobierno del PP de Rajoy. Ni en economía, ni en pensiones, ni en política exterior, ni en derechos y libertades, ni en igualdad, ni en servicios públicos, ni en medio ambiente, ni en justicia, ni en cultura...no hay parcela alguna que pueda registrar un saldo positivo tras el paso del Caballo de Atila de Rajoy y sus perversas políticas. En justicia, hasta los colectivos de profesionales se han manifestado en contra de las reformas del Gobierno de Rajoy, que eliminó la justicia universal, que no ha dotado de mejores medios ni materiales ni humanos a la Administración de Justicia, y que ha acortado los plazos de instrucción de los procesos. Asímismo, mediante la famosa Ley Mordaza, ha eliminado el derecho a la tutela judicial efectiva, cuando se dan circunstancias de limitación de libertades públicas básicas.

 

Reformó el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que junto con la ya referida Ley Mordaza, limitan grandemente nuestro anterior sistema de derechos y libertades. Asímismo, el Gobierno saliente de Rajoy se ha caracterizado por utilizar y poner a su servicio las más altas Instituciones del Estado, como el Tribunal Constitucional, judicializando una serie de procesos que debían haberse tratado únicamente por cauces políticos, tal como el conflicto nacional catalán. Como nos cuenta este reciente editorial del medio digital Contexto: "Deja Rajoy unos derechos fundamentales erosionados, expuestos a una percepción de la seguridad ciudadana, de la tranquilidad pública y de la respuesta a la delincuencia que sólo provocan más sufrimiento en términos colectivos, más cárcel y más temor en el ejercicio de conductas hasta hace poco consideradas derechos sin más, además de un rosario de agravios con sed de sentencia ejemplarizante". En efecto, sin ir más lejos, y sin actividad armada alguna de la banda terrorista ETA, las denuncias y condenas por enaltecimiento del terrorismo se han visto elevadas frente a anteriores períodos. A ello han contribuido también los medios de comunicación dominantes del sector privado, todos ellos adalides del neoliberalismo más salvaje, y por supuesto, la degradación a la que ha estado sometido el ente público Radio Televisión Española, que ha alcanzado con el Gobierno de Rajoy unos niveles de manipulación informativa nunca antes vista, así como una involución de su programación general que le ha alejado seriamente de su carácter y función como servicio público, y que la ha relegado a una herramienta de propaganda del Gobierno, y un instrumento al servicio de la alienación cultural.

 

El asunto catalán ha sido otro de los caballos de batalla del ex Presidente que afirmó "dejar un país mejor que el que encontró", pero sin embargo, lejos de reconocer la responsabilidad de su partido en el encono del asunto (pues los orígenes se remontan al recurso que interpuso el PP ante el TC sobre el famoso Estatut de 2006), ha sido absolutamente incapaz de establecer vías de diálogo y negociación con los sucesivos gobiernos de la Generalitat, dejando que el tema se enquistara en la sociedad catalana hasta alcanzar límites desorbitados, que tuvieron como cénit la jornada de violenta represión a la ciudadanía que participó en el referéndum del pasado 1 de Octubre. Rajoy no sólo ha sido un presidente antidemocrático, sino completamente inepto para abordar problemas políticos desde la política, traspasando dichos asuntos a la órbita de la justicia. Bien es verdad que para estas tareas ha tenido como compañeros de viaje al partido que ahora gobierna de nuevo, el PSOE de Pedro Sánchez y a esa nueva derecha de Ciudadanos, que aunque pretende aparecer como renovada y moderna, sigue siendo fiel a los postulados más ultraconservadores. Incluso la Corona desempeñó su detestable papel en este asunto. Pero de dicha institución ya sabemos que nada puede esperarse, salvo su disolución y la transformación de nuestro Estado en una República Federal. El culmen de dicho proceso ha sido la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que ha dejado como resultado un montón de políticos catalanes presos o en el exilio. Un balance absolutamente lamentable.

 

La mano de Rajoy también se ha dejado sentir en varias Leyes que han sido completamente ninguneadas e ignoradas por su Gobierno, tales como la Ley de Memoria Histórica (sobre la cual se jactaba incluso de haber dedicado "0 euros" a su financiación), la Ley de Violencia de Género, o la Ley de la Dependencia, que han sido igualmente despojadas de presupuesto, lo cual es sinónimo de hacerlas inviables, y por tanto, suponen otra forma de incumplirlas. Tampoco ha sabido o querido dejar solución para algunos temas urgentes de carácter estatal, tal como el sistema de financiación autonómica, que tras muchos años de demanda de las diversas autonomías (incluidas las gobernadas por su propio partido), no han visto satisfechas sus demandas de una mejor financiación. Más bien al contrario, el Ministerio del ex Ministro Montoro se ha dedicado a practicar la guerra interna contra las Administraciones autonómicas, controlando sus cuentas mediante mecanismos como el FLA (Fondo de Liquidez Autonómica), y exigiéndoles unos niveles de déficit público que les obligaban a no poder financiar el conjunto de sus servicios públicos. Las mujeres han sido otro saldo negativo del ex Presidente, aunque él mantuvo que dejaba "un país mejor que el que encontró". Huelgas feministas, brecha salarial, feminización de la pobreza y de la precariedad, y sobre todo, incremento de los crímenes machistas han sido los principales saldos del Gobierno de M. Rajoy en asuntos de igualdad. La visión transversal de género ha sido una carencia fundamental en las políticas del PP de Rajoy. Su desinterés por las mismas también.

 

La Ley de la Dependencia ha sido también objeto de acoso y derribo. Rajoy presupuestó 1.400 millones de euros para esta partida, lo que supone un 6,7% menos que en 2011. En 2017 un total de 38.000 personas dependientes fallecieron en nuestro país sin haber recibido prestación alguna. Dos de cada tres dependientes son mujeres, y el 90% de las personas que se ocupan de los cuidados, también. El grave deterioro de la economía que ya sufríamos con los últimos años del Gobierno de Zapatero tampoco fue corregido con Rajoy, por mucho que éste presumiera del "crecimiento económico y el empleo", coletilla que usaba como un mantra incuestionable de sus políticas. Nada más lejos de la triste realidad. El crecimiento económico únicamente ha servido en estos últimos años para acrecentar el número de ricos en nuestro país, para afianzar los beneficios empresariales, y para consolidar una hegemonía de los poderes económicos, que salieron inmensa y mayoritariamente beneficiados con la Reforma Laboral de 2012, toda una contrarreforma que acabó con los (ya mermados) equilibrios anteriores. El "empleo creado" no ha sido tal, sino una transformación de nuestro mercado laboral anterior, una reconversión hacia un mercado mucho más inestable y precario, dependiente de los deseos, necesidades y objetivos de los patronos. Con Rajoy la precariedad se ha convertido en modelo de vida, en norma cotidiana, en registro vital. Incluso los trabajadores y trabajadoras veteranos/as pierden sus puestos de trabajo sin mayores problemas, para que sus empresas contraten después "recursos humanos" jóvenes y precarios. La devaluación salarial ha sido continua, la pérdida de poder adquisitivo en todos los sectores laborales una constante, y el desmontaje de la Seguridad Social (incluso aunque durante algunos períodos haya aumentado el número de cotizantes puntualmente) y del Sistema Público de Pensiones, sus consecuencias más directas. Para una radiografía más completa de los destrozos económicos de Rajoy, véase el artículo de Emilio de la Peña para el medio digital Ctxt.

 

En el "país mejor" que deja Rajoy, se despide más fácilmente, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social ha sido vaciado, y los pensionistas están en pie de guerra debido a sus míseras pensiones. En el "país mejor" que deja Rajoy, sólo la mitad de los desempleados están cobrando prestaciones, y los jóvenes no tienen expectativa vital de futuro, ya que están abocados a depender de sus familias, de la precariedad, o del exilio laboral. En el "país mejor" que deja Rajoy, la cultura y la ciencia han sido atacadas y desmanteladas, y los artistas tampoco pueden vivir de su trabajo. En el "país mejor" que deja Rajoy, las pocas empresas públicas que quedaban han sido absolutamente privatizadas, los bancos rescatados, las personas desahuciadas de sus viviendas, los clientes estafados, los estudiantes expulsados de la Universidad, y los servicios públicos básicos (sanidad, educación, etc.) disminuidos en recursos y en personal. Un conjunto de Mareas ciudadanas han sido la constante en su expresión de protesta ante los ataques, recortes, privatizaciones y desmantelamientos que estaban sufriendo sus respectivos sectores. En el "país mejor" que deja Rajoy, las políticas destinadas a la mejora y conservación del medio ambiente y a contrarrestar los gravísimos efectos del cambio climático han brillado por su ausencia. Una gran parte de la legislación ambiental existente se derogó, se privatizaron recursos naturales (montes, ríos, playas, costas...), y en el plano energético, ha destacado el freno a la implantación y desarrollo masivo de las energías renovables, dando por el contrario impulso a las prospecciones petrolíferas, facilidades al fracking y mayores poderes al oligopolio eléctrico, lo cual se ha traducido en mayores ganancias para las empresas, incremento del coste de los suministros básicos, y aumento de la pobreza energética. 

 

Pero todavía hay más puntos negros en la España que deja Rajoy. Las cuotas de refugiados no se han cumplido, y ese "país mejor" se ha caracterizado por una agresión constante por todos los medios (tierra, mar y aire) a los migrantes que han intentado llegar a nuestra tierra, desplegando los más execrables mecanismos para impedirlo. La insensibilidad y la inhumanidad han llegado a límites insospechables. Las políticas de Defensa han sido absolutamente desastrosas, aumentando los presupuestos para armamento de forma obscena, multiplicando por tres los gastos dedicados a la celebración del Día de las Fuerzas Armadas, y plegándose a los requerimientos de la OTAN y de los Estados Unidos de Trump descaradamente. Y por si todo ello fuera poco, Rajoy se atreve a proclamar que deja "un país mejor que el que encontró", cuando la radiografía de la corrupción nos dibuja un paranoma absolutamente deprimente. La corrupción durante los años de Rajoy se ha convertido en realidad cotidiana, y de hecho, como sabemos, él mismo no ha tenido la dignidad suficiente como para dimitir como máximo responsable de su partido, cuando éste está salpicado hasta las cejas por cientos de casos que afectan a dirigentes de su formación. Jamás asumió sus propias responsabilidades, se limitó a mirar para otro lado, a desfigurar la vomitiva realidad, y a atacar a todos los demás para disculpar las indecentes prácticas de su formación política. Tuvo que ser desalojado del Gobierno por una Moción de Censura, cuando la situación era ya de plena salud democrática, de harto insostenible. Rajoy, como decíamos arriba, no ha dejado un país mejor que el que encontró. Pero él, desde su plaza de Registrador de la Propiedad en Santa Pola, seguirá pensando que sí. Ya sabemos por tanto la visión de un "país mejor" que tiene el Partido Popular.

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26 junio 2018 2 26 /06 /junio /2018 23:00
Viñeta: Paolo Lombardi

Viñeta: Paolo Lombardi

Gracias, mar querido, por darnos la bienvenida sin necesidad de visado ni pasaporte. Gracias también a vosotros, peces, que vais a compartirme sin preguntar por mi religión o mis creencias políticas...Gracias, canales de noticias, que informaréis de la noticia de nuestra muerte durante cinco minutos de cada hora a lo largo de dos días...Y gracias a vosotros por llorar nuestra muerte cuando escuchéis las noticias… Lamento haberme ahogado

Fragmento del Poema Sirio "Madre, no estés triste"

Comenzamos una nueva serie de artículos. Una nueva serie que nos traerá a la palestra la incómoda tarea de enfrentarnos a los flujos migrantes, a las personas desplazadas forzosas, a los refugiados, a los migrantes económicos, y a todas las personas que por unos motivos u otros deciden o se ven obligados a abandonar su país de origen y comenzar una aventura de migración con resultado indefinido. Desgraciadamente, es un asunto que está muy de actualidad, lo cual es un síntoma más de la radiografía de descomposición que refleja este planeta, y a la cual estamos contribuyendo en mayor escala los que nos llamamos "países ricos", o "desarrollados", o los que constituimos este "Occidente libre y avanzado", como nuestros ineptos gobernantes deciden llamarnos. Y lo hacemos porque, como hemos titulado la propia serie, necesitamos otra política de fronteras. Y ello porque la política de fronteras que hoy día desarrollan gran parte de los países del mundo es cruel, inhumana, ineficaz y destructiva. Los países ricos viven en su propio mundo, sin darse cuenta de que existen otros mundos en este mismo planeta, sólo a varios miles de kilómetros (a veces sólo a cientos) de nuestra casa, de nuestro barrio, de nuestra ciudad. Otros mundos violentos, otros mundos de necesidad, otros mundos de guerra, de privaciones, de devastación, de odio, de terror. Otros mundo de hambre. Otros mundos de enfermedades. Y no somos capaces de verlo, ni nos enseñan a verlo, en nuestros medios de comunicación occidentales, cuyos informativos nos cuentan las noticias relativas a esos mundos desde nuestro prisma occidental y "avanzado". Desde nuestro mundo "libre". 

 

En esta serie de artículos que hoy comenzamos hablaremos por tanto (o al menos, intentaremos hacerlo) de los asuntos relativos a las migraciones, de sus motivaciones, de sus realidades, de sus necesidades, de sus travesías, pero sobre todo, de lo que ocurre cuando dichas personas intentan llegar a nuestros mundos. Esos mundos que los ignoran y los maltratan. Esos mundos que no quieren saber nada de ellos. Hablaremos, entre otros muchos temas, sobre los muros y las fortalezas, sobre los motivos por los que se arriesga la vida, sobre los CIE, sobre las mafias, sobre las alambradas, sobre los mitos laborales, sobre los procedimientos de acogida, sobre las devoluciones "en caliente", sobre los tratados fronterizos y el control de fronteras, sobre las raíces invisibles de la inmigración, sobre las políticas de Ayuda al Desarrollo, sobre nuestras políticas de interculturalidad, sobre los ahogados en el Mediterráneo, sobre las solicitudes y el derecho de asilo, sobre la integración de migrantes y refugiados, sobre las políticas racistas, sobre el trabajo y la responsabilidad de los activistas y de las ONG, y sobre todas las medidas que desde la izquierda transformadora entendemos que se deben poner en práctica para caminar hacia otra política de fronteras, hacia otro imaginario colectivo, hacia otro paradigma mental en torno al fenómeno de las migraciones. Tenemos mucho de que hablar. Mucho que exponer. Mucho que razonar. Pero sobre todo, mucho que pensar, y aún más, mucho que querer y desear. Y que llevar, transportar, desde el ámbito del deseo, el corazón y la utopía, al mundo de la realidad tangible, posible, real y transformadora. Es tiempo de comenzar una gran transformación mental en torno a este fenómeno. Vamos a ello.

 

Hace menos de quince días, un barco (el famoso "Aquarius") llegaba al puerto de Valencia desde las costas italianas, tras varios días de travesía, con 629 inmigrantes a bordo (entre ellos más de 120 niños y niñas), porque las autoridades italianas (por boca de su nuevo Ministro de Interior, el impresentable Matteo Salvini) se habían negado a acoger a estas personas. Este gesto en sí mismo supone tal aberración humanitaria y tal atentado al derecho internacional sobre los derechos humanos, que Italia debería haber sido condenada por las más altas instancias internacionales. Rosa María Artal ha descrito magníficamente la situación de estas personas en un reciente artículo de su propio Blog, titulado "Al rescate de los refugiados y de la democracia". Retomo un fragmento del mismo: "Hemos de analizar qué ha podido llevar a una parte de la sociedad a permanecer impasible ante tanta inhumanidad, a callar, a menospreciar el dolor exacerbando su egoísmo. Entre los rescatados por Médicos Sin Fronteras y acogidos en el Aquarius, hay siete mujeres embarazadas y 123 menores que viajan solos. Los hombres han dormido a la intemperie, las mujeres y los niños a cubierto, cuentan los periodistas que viajan con ellos. Escasea la comida. Ayuda a entender ponerse en el lugar del otro, imaginarlo por un momento. Verse en una situación crítica, con peligro vital, y que salvo unos pocos nadie mueva un dedo. Y el mundo entero siga con sus charlas incluso sobre ti. Experimentar la sensación de sentirse tan abandonado. Temer el después. Niños y adultos vagando, usados, prostituidos. ¿No lo han pensado?". Pues no. Parece que no lo hemos pensado, o al menos lo suficiente. Al menos como sociedad, no lo hemos pensado. 

 

El caso del Aquarius ha sido (al menos al momento de escribir este artículo) la última gran desfachatez europea con respecto al asunto de los migrantes, un tema que viene coleando ya desde larga data, aunque se haya acentuado en estos años de crisis, y especialmente desde el estallido de la Guerra en Siria. Refugiados y migrantes económicos llegan casi a diario a nuestras costas, en general a las costas del Mar Mediterráneo (las Islas, y las costas griegas, francesas, italianas y españolas, fundamentalmente). Es un fenómeno que nos plantea nuestros propios dilemas como civilización, que nos coloca ante el espejo de nuestra propia conciencia, y que sólo ha hecho estallar lo que desde hace siglos se preveía que tendría que ocurrir. Era inevitable que ocurriera, por las malas prácticas que nuestro mundo "libre y civilizado" de Occidente lleva ejecutando durante mucho tiempo. El mundo no se divide entre población oriunda y población foránea, entre nativos e inmigrantes, el mundo es poblado por personas de todos los lugares, sean de donde sean y vengan de donde vengan. De hecho, el pasado histórico de casi todas las naciones registra fenómenos de proyectada repoblación, cuando diversos núcleos urbanos no alcanzaban la población deseada, o habían sido desiertos por cualquier motivo. Por tanto, el grado de población nativa de un lugar determinado siempre es un dato relativo. Desde ese punto de vista, hay que entender como normales los procesos de integración, de mixtura racial y de interculturalidad que desde siempre han rodeado a los núcleos de población de cualquier parte del mundo. Unos más reservados que otros, unos más abiertos que otros, unos más cosmopolitas que otros, unos más hospitalarios que otros, dependiendo de su situación geográfica, del carácter de sus gentes, de su climatología, y de mil factores más. 

 

¿Cuál es el problema, entonces? El problema comienza cuando lejos de ser un fenómeno puntual, se convierte en un fenómeno desbocado, y cuando lejos de obedecer a causas voluntarias, es provocado por causas inducidas. Inducidas por el hombre. Inducidas por los espurios intereses de Imperios, Estados, economías y gobernantes. Inducidas por países que necesitan extender sus fronteras a costa de los demás, y a los cuales no les preocupa el saqueo, el expolio y la explotación de terceros países. Inducidas por las ansias guerreras de grandes potencias imperiales que desean imponer las políticas ajenas, o el control sobre sus recursos naturales. Cuando todas estas causas se desencadenan, y las migraciones se convierten en millones de desplazamientos forzosos, entonces es cuando este fenómeno nos pone contra las cuerdas, y nos obliga a replantearnos toda nuestra política exterior. Porque se demuestra que nuestra política exterior incide, tarde o temprano, en nuestra política interior. Las oleadas de refugiados y migrantes no ocurren por casualidad, ocurren por desesperación, por miedo, por frustración, por hambre, por desempleo, por enfermedades, por terror, por devastación, por incertidumbre, por falta de expectativas vitales, por ansia de futuro. Ocurren por pura supervivencia. Ocurren por décadas de malas políticas hacia el exterior, políticas que exportan a miles de kilómetros nuestro egoísmo, nuestra perversidad, lo peor de la condición humana. Y al final, rebotan en nosotros mismos. Continuaremos en siguientes entregas.

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24 junio 2018 7 24 /06 /junio /2018 23:00
Por la senda del Pacifismo (107)

Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y ésta es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz

María Montessori (Psicopedagoga Infantil)

La refundación de la Organización de las Naciones Unidas es un hecho inaplazable, si de verdad queremos disponer de un organismo mundial que sea sede de la comunidad internacional, y que vele y haga cumplir y respetar los objetivos marcados para el planeta. Basta ya de chantajes y vetos de determinados países, basta ya de apoyar determinados conflictos bajo la presión de algunas potencias, basta ya de resoluciones ignoradas o incumplidas. La refundación que proponemos ha de estar basada en determinados pilares, que ataquen diferentes enfoques organizativos, y que revolucionen la dinámica de actuación del propio organismo. Refundado sobre bases democráticas, y sobre mecanismos garantistas en cuanto al cumplimiento de objetivos, sólo así este organismo será capaz de desempeñar las funciones para las que fue creado y está destinado. Propuestas ha habido y hay muchísimas. Se han de adoptar las que de verdad contribuyan a subsanar todas las actuales deficiencias de su funcionamiento. Por ejemplo, aquéllas que tienen que ver con su presupuesto y financiación. Estados Unidos financia actualmente el 22% del presupuesto total de la ONU, gracias a lo cual se permite imponer ciertos chantajes a esta organización. Para impedir este tipo de chantajes, el Primer Ministro sueco, Olof Palme, sugirió que ningún país del mundo pagase más del 10% del presupuesto total. Los fondos de la ONU deben sufragarse de forma equitativa, garantizando en primer lugar que su cuantía es suficiente, y que su procedencia es lícita y equilibrada. 

 

Pero se pueden proponer muchas otras medidas. Por ejemplo, para impedir el incumplimiento de las resoluciones, se puede activar la Corte Internacional de Justicia, con el fin de someter a los países infractores. Y por supuesto, a nivel del seno de las decisiones democráticas, habría que retirar al Consejo de Seguridad el derecho de veto, y garantizar que las decisiones de la Asamblea General sean vinculantes. Se han de diseñar protocolos específicos de actuación para que se ejecuten en automático cuando se den dichas circunstancias, y que bajo ellos, todos los países sean sometidos a las mismas medidas, sean quiénes sean. Esta es la única forma de garantizar que las grandes potencias no dominen las decisiones de las demás, cooptando mediante su fuerza los foros de decisión. Bajo la refundación que proponemos, la ONU deberá ser el foro mundial garante del cumplimiento estricto de todos los derechos humanos en cualquier sitio del planeta, así como del cumplimiento de los grandes objetivos mundiales acordados en su seno. Para ello, deberán diseñarse igualmente protocolos de verificación de los diferentes acuerdos y tratados vinculantes, de carácter internacional, para que ningún país pueda ignorarlos, y cualquier persona u organización pueda exigirlos. El fracaso de la acción de gobernanza de la ONU ha quedado patente durante muchos años, y esa ha sido la principal causa para que se hayan desatado determinados conflictos internacionales que de otro modo pudieran haberse mitigado mediante medidas diplomáticas. De igual forma, la inacción de la ONU a la hora de proteger a determinados países o comunidades frente a la presión de otros/as, ha llevado también a que estallen conflictos sangrientos que podrían haberse evitado, y haberse encaminado por cauces de paz. 

 

La ONU no puede hacer por más tiempo dejación de sus funciones y responsabilidades. Hace ya mucho tiempo que se ha tornado en un organismo ineficaz para imponer sus criterios al mundo, que deben ser, por otra parte, los de todo el mundo, es decir, que deben decidirse por cauces democráticos. Si de verdad queremos asegurar la paz, la seguridad y los derechos humanos en todo el planeta, la refundación de la ONU es un hito absolutamente necesario. Ya el gran sabio Albert Einstein observó una ONU insuficiente, y pidió una "autoridad política común para todos los países" que acabase con las guerras. Lejos de lograrse ese objetivo, la ONU camina cada día hacia su irrelevancia mundial, sobre todo en relación a otros foros más activos e influyentes. La globalización neoliberal y el imperialismo son actualmente más potentes que las decisiones de la ONU, pero atentan gravemente contra la gobernanza mundial, y contra un orden democrático internacional. La ONU debe evolucionar hacia un foro democrático mundial representativo, eficaz y coherente, garantizando una gobernanza mundial más equitativa y menos imperialista. Un foro que se replantee en serio los gravísimos problemas de la pobreza, la desigualdad, el hambre, o el cambio climático. Un foro que desarrolle normativas internacionales en materia de derechos humanos, de la naturaleza y del propio planeta. Un foro que tenga al pacifismo como su senda natural, que no admita chantajes, presiones ni atajos, y que coordine las iniciativas diplomáticas mundiales. Una ONU dedicada a resolver los grandes problemas que acechan al mundo: los peligros de la globalización, el fin del trabajo a causa de la robotización, el incremento demográfico y las crisis alimentarias, las hambrunas y epidemias, el calentamiento global y la crisis ecológica, el agotamiento de las energías fósiles, los desplazamientos masivos de población migrante, las oleadas de refugiados, el terrorismo global, las nuevas guerras y amenazas nucleares, etc. 

 

Por otra parte, pero en relación con todo lo anterior, la refundación de la ONU debe girar en torno a las posibilidades de relación y cooperación entre los diversos países y continentes, el control de los mercados, y las garantías de suministros y derechos humanos fundamentales en todas partes del mundo. Pero la ONU debe velar por todo ello desde el paradigma de la sostenibilidad aplicada a todos su posibles enfoques: humana, social y medioambiental. El derecho internacional humanitario y la solidaridad entre naciones debe vigilarse estrictamente por la ONU, y no delegar en algunas potencias implicadas el despliegue de dichas actividades. Carlos Villán, en su magnífico estudio "ONU: ¿Reforma o Refundación?", documento que (aunque data de 2007) tomaremos como referencia en adelante, dice textualmente: "El empobrecimiento del Tercer y Cuarto Mundo como consecuencia de la mundialización económica y financiera de corte neoliberal e inspirada por el "Consenso de Washington". Nos alejamos inexorablemente de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que habían sido solemnemente proclamados por las Cumbres de Jefes de Estado reunidas en Nueva York en 2000 y en 2005. Por tanto, persisten las violaciones sistemáticas de los derechos económicos, sociales y culturales de la mitad de la población mundial, porque malvive en condiciones indignas, al no disponer de medios suficientes para satisfacer sus necesidades básicas en materia de alimentación, agua potable, saneamiento, vivienda, salud y educación". Y como tantas veces hemos remarcado en entregas anteriores de esta misma serie, éstas y no otras son las verdaderas amenazas que hacen saltar los conflictos, los atentados y las guerras. Éstas, y los anhelos imperialistas de muchas naciones del mundo, encabezadas por los Estados Unidos. Ansias geoestratégicas, geopolíticas y militares, que la ONU no debería permitir en su seno. 

 

Tenemos muy claro que si la ONU no es capaz de asegurar el derecho al desarrollo de las naciones y los pueblos, el derecho a un medio ambiente sano y seguro, el derecho al patrimonio común de la humanidad, el derecho a la asistencia humanitaria y el derecho a la paz, este organismo es una pura fachada de intereses que no sirva para nada. Para ello la ONU debe refundarse sobre los valores de la democracia global, el multiculturalismo y el multilateralismo. La Carta de las Naciones Unidas, redactada en 1945 por una cincuentena de Estados, que dieron el visto bueno a la creación de un órgano ejecutivo (el Consejo de Seguridad) controlado por un directorio de cinco potencias (las que habían ganado la Segunda Guerra Mundial), ya no responde a las exigencias de la actual comunidad internacional, compuesta por 192 Estados miembros. Para la inmensa mayoría de los Estados del llamado "Tercer Mundo", en ese Consejo de Seguridad "ni están todos los que son, ni son todos los que están". Hay que cambiar también la capacidad de acción de la Secretaría General, que hoy día sigue permanentemente limitada por la tutela que sobre ella ejercen las principales potencias. La trayectoria de la ONU es, cuando menos, mejorable, a través de sus 72 años de funcionamiento opaco e incorrecto, en cuyo marco ha crecido una burocracia desproporcionada que únicamente aspira a su propia supervivencia. Esta situación ha sido permanentemente alimentada por los Estados más poderosos, porque podían tener a una ONU casi a su servicio. Y como decíamos al comienzo, la independencia de esta organización ha sido también socavada a través del control de su presupuesto, unas veces congelando los Estados Unidos su decisiva contribución, y otras alimentando los Estados más ricos un presupuesto extraordinario, a condición de poder controlar su destino final. La ONU no puede continuar por más tiempo siendo un instrumento al servicio de los intereses y componendas de las grandes potencias. Continuaremos en siguientes entregas.

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