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21 abril 2016 4 21 /04 /abril /2016 23:00

En esta entrega número 17 sobre los MMSS en nuestro país, vamos a hablar sobre los movimientos relativos a la defensa de los derechos de los colectivos LGTBI (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales), quizá una de las luchas más sangrantes que aún tenemos pendientes en cuanto al reconocimiento de los derechos humanos fundamentales (igualdad, inclusión, respeto, tolerancia, etc.) para determinados colectivos, porque nuestra sociedad aún arrastra muchos prejuicios, debido a la inmensa influencia del pensamiento dominante. En nuestro país, los MMSS que se dedican a la defensa de estos colectivos se representan al más alto nivel en la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, cuya web aglutina sus asociaciones y plataformas concretas. Quizá los movimientos que podríamos englobar como "de liberación sexual" son de los más antiguos en nuestro país, y su lucha es una de las más importantes, porque ya no sólo se trata de reconocer derechos plenos de ciudadanía a estas personas, sino de abolir el modelo heteronormativo (véase nuestra serie de dos artículos "¿En qué consiste el modelo heteropatriarcal?", donde exploramos en su profundidad este modelo cultural y social). El sitio web de FELGTB contiene un montón de enlaces interesantes, sobre Cultura, Educación, Eventos y Formación, Mayores y Diversidad Sexual, Políticas lésbicas, Salud y VIH/Sida, o Transexualidad. 

 

El de mayor tamaño en toda España, FELGTB es un proyecto común de más de 50 asociaciones, de todo tipo, de ciudades grandes y pequeñas, con presencia en todas las Comunidades Autónomas (consultar el mapa interactivo de su web para comprobar las asociaciones federadas), de estudiantes, de jóvenes, de deportistas, de transexuales, de personas con discapacidad, de personas mayores, de mujeres lesbianas, de personas con VIH, etc. Como indican desde la propia web de FELGTB: "Tres son los ejes vertebradores de la FELGTB hasta ahora: la reivindicación de igualdad legal y el respeto social hacia la diversidad afectivo-sexual, la sensibilización y la denuncia, en la que se engloba la celebración anual del Orgullo Estatal LGTB, y la formación de las y los activistas de sus asociaciones miembro". Asímismo, ofrece servicios de atención y apoyo a jóvenes y familias LGTB, asesoramiento laboral, coordina la Red Educación de charlas sobre diversidad sexual en los centros educativos, y vertebra una estrategia de demanda con una voz unitaria que se determina en los Congresos en los que participan las asociaciones miembro, y que se celebran cada tres años. 

 

Pues bien, el modelo heteropatriarcal impone unas opciones sexuales, es decir, una "normatividad sexual", dando plena hegemonía y validez social únicamente a la relación hombre-mujer, y discrimina abiertamente a todas las demás manifestaciones de la diversidad afectivo-sexual. A nivel internacional, incluso, el panorama para estos colectivos es en ciertos países aún mucho peor que en el nuestro, y además, todavía siguen existiendo personajes que a nivel internacional defienden que estos "comportamientos" sexuales son en realidad "aberraciones" o "desviaciones" de la naturaleza. Tenemos por tanto una dura y extensa batalla que librar en pro de la liberación de todos estos colectivos. Nosotros dedicamos ya hace algún tiempo varias series de artículos en defensa del reconomiento pleno de estos colectivos, como la titulada "Educando en la diversidad afectivo-sexual" y "Propuesta de Ley Integral contra la LGTBFobia", que recomiendo a los lectores que quieran documentarse más extensamente. Pero desgraciadamente, como decimos, y a pesar de todas las recientes conquistas, esa LGTBfobia sigue estando presente en muchas manifestaciones de nuestra sociedad, por no entrar en los casos, que continúan repitiéndose cada cierto tiempo, de claras y flagrantes agresiones físicas y verbales hacia personas de estos colectivos. 

 

Debemos por tanto continuar impulsando medidas para superar estas barreras, para continuar eliminando la discriminación que aún sufren gays y lesbianas, y muy específicamente transexuales, que aún han de luchar contra muchas barreras para su reconocimiento social pleno. Para seguir avanzando en la liberación y normalización total de estos colectivos, debemos partir de la idea de que aún vivimos en una sociedad LGTBfóbica (cosa que aún es negada con bastante cinismo por algunas personas), lo mismo que para avanzar hacia una sociedad plenamente igualitaria entre hombres y mujeres, debemos partir de la aceptación de que aún vivimos en una sociedad machista y patriarcal. Es imperativo acabar con todas las limitaciones que sufren muchas personas que no pueden expresar su sexualidad con absoluta libertad, y continúan sufriendo el odio, la marginación, el desprecio y la violencia por parte de los intolerantes. Algunas de las recientes leyes que se han aprobado durante los últimos años, y que han abierto la puerta al reconocimiento y plena igualdad de estos colectivos, tendiendo hacia la tolerancia, hacia lo "no-normativo" (matrimonios entre parejas del mismo sexo, identidad de género, etc.), aún no son suficientes, hasta que no consigamos la normalidad social de lo diferente, la heteronormativad sexual, la aceptación de la diversidad sexo-genérica. 

 

Y es que aún seguimos sufriendo los desmanes, las salidas de tono y los insultos de una derecha conservadora y LGTBfóbica, muy aplaudida por los sectores más retrógrados de la Iglesia Católica, y que siguen poniendo palos en las ruedas de estos avances sociales. Suelen ser los mismos que aún están en contra del aborto, o en contra del reconocimiento de los matrimonios homosexuales. Y es que tantos siglos de influencia del pensamiento dominante no se borran en sólo unas décadas. Hemos de insistir hasta erradicar por completo estos comportamientos homófobos, aberrantes e intolerantes, discriminatorios y despreciativos hacia estos colectivos. Desgraciadamente, las reivindicaciones en cuanto a derechos y libertades civiles y políticos siguen siendo desoídas, y los partidos no suelen llevar en sus respectivas agendas las necesidades de una negra transexual que se prostituye para poder subsistir, o de una lesbiana embarazada a la cual han despedido de su trabajo por razón de ser mujer, por citar casos y ejemplos concretos. Mucha conciencia necesitamos también en el empresariado español, que resulta ser de los más retrógrados de toda la UE, y al cual le cuesta aceptar y respetar a las personas de estos colectivos. Continuaremos con otros MMSS en próximas entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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20 abril 2016 3 20 /04 /abril /2016 23:00

Es muy fácil comprobar que hay una doctrina económica oficial que se repite en los centros de poder, en las universidades y en los medios de comunicación sin dar entrada a enfoques que la pongan en cuestión

Juan Torres López

Continuando con los planteamientos ya iniciados en el artículo anterior, diremos que la falacia consiste, por tanto, en creer que necesitamos crecer (económicamente) de forma continua. Por ejemplo, últimamente las discusiones de los círculos políticos dominantes radican en estimar a partir de cuánto crecimiento económico (expresado en porcentaje sobre el PIB), dicho crecimiento se traduciría en creación de empleo neto. Y unos dicen que a partir del 2%, otros que a partir del 2,5%, otros que a partir del 3%...Falacias, falacias y más falacias. Discusiones bizantinas sin ningún fundamento. Porque como hemos repetido hasta la saciedad en artículos anteriores de esta serie, nos inundan con publicidad engañosa, con falsos eslóganes, con declaraciones absurdas, con supuestos embrutecedores, con falsos debates, con discusiones vacías, de tal manera que acabamos pensando como ellos. Abonemos entonces algunas tesis alternativas. 

 

Sabemos que, por ejemplo, con sólo el 1% del dinero aportado por los diferentes Gobiernos para rescatar a la banca privada durante la actual crisis, se podría haber erradicado el hambre en el mundo. ¡Hasta la prensa capitalista se hizo eco de esto! Es evidente que la Humanidad dispone, en las condiciones actuales, de la necesaria tecnología para generar suficiente riqueza para que toda su población, como mínimo, pueda vivir en condiciones dignas. La FAO ha calculado que existen recursos alimenticios en el mundo para alimentar a 12.000 millones de personas. Ahora mismo habitamos nuestro planeta unos 7.000 millones de seres humanos, luego habría de sobra para todos. Por otra parte, sabemos que la crisis energética se acabaría, la amenaza del colapso energético de la civilización humana desaparecería, y muchos recursos naturales se salvarían de la extinción (entre otras muchas cosas), si se potenciaran las energías limpias y renovables (el Sol es una fuente de energía inagotable, ¡por lo menos para los próximos 5.000 millones de años!), y si primaran otros parámetros en vez del omnipresente beneficio económico a corto plazo. 

 

Y por otra parte, ¿dónde queda el crecimiento económico que no se traduce en empleo neto? Pues queda para engordar las alforjas de los propios capitalistas. De ahí que, en plena crisis, mientras las PYMES despiden a trabajadores, producen pérdidas y cierran sus puertas, mientras cientos de miles de trabajadores van masivamente al desempleo, y mientras la pobreza y la exclusión social se instalan cada vez más en nuestra sociedad, los dirigentes de las grandes empresas ganan cada vez más, son cada vez más poderosos, expanden cada vez más sus empresas, porque (entre otras cosas) despiden a sus trabajadores mediante Expedientes de Regulación de Empleo (los famosos ERE), porque se internacionalizan, o porque se deslocalizan, instalándose en países más pobres, donde la mano de obra les resulta más barata, y donde la precariedad laboral es aún mucho más sangrante que en nuestro país. Tras cada crisis, el capital, el gran capital, se refuerza, las grandes empresas sobreviven y se asientan, el pez grande se come al chico, y los trabajadores pierden sustento, derechos y poder adquisitivo. Y así, el terreno está de nuevo abonado para una nueva acumulación de capital y para una nueva crisis. De hecho, muchos expertos aseguran ya que se están poniendo los cimientos para la próxima crisis. 

 

El empleo bajo el capitalismo es un "bien" que está condenado a ser escaso. No sólo porque la tecnología tiende a sustituir a los seres humanos por máquinas, sino también, y sobre todo, porque las reglas del juego capitalista necesitan del desempleo, de la explotación laboral. Tal como afirmaba Marx (quien con más profundidad estudió el capitalismo, sus fundamentos y sus procesos, quien lo diseccionó como nadie), cierto nivel de paro es fundamental para un capitalismo "saludable", porque sirve para disciplinar a la clase trabajadora. Es lógico pensar que al existir paro, la presión sobre los trabajadores para obligarlos a aceptar ciertas condiciones laborales será mayor que si dicho nivel de paro no existiera, porque aumenta la competencia para conseguir los empleos, y las necesidades de los desempleados se van acrecentando. Para el capitalismo, el trabajo humano es otro proceso más del sistema, sometido a las leyes del mercado, como la oferta y la demanda. El capitalismo es así de frío. No entiende de necesidades sociales, ni de seres humanos. La lógica capitalista obliga por tanto a que haya paro, y no sólo por el motivo indicado de disciplinar a la clase trabajadora, sino también para mantener y aumentar los beneficios empresariales, el "santo grial" del sistema capitalista. Es más rentable para unos empresarios tener unos pocos trabajadores que trabajen muchas horas, que muchos empleados con los mismos sueldos y jornadas laborales drásticamente reducidas. Plantear por tanto la reducción de la jornada laboral y el reparto del trabajo es casi un sacrilegio dentro del capitalismo. 

 

Y lo mejor de todo (claro efecto del pensamiento dominante sobre los trabajadores) es que somos nosotros, los propios trabajadores (y esto se ha demostrado mediante varias encuestas), los primeros que nos negaríamos a que dichas medidas se pusieran en marcha. ¿Y ello por qué? Pues porque el pensamiento dominante es enemigo del reparto y de la distribución, nos inculca la competencia y el egoísmo, el individualismo y la competitividad, y por tanto, si alguien tiene un trabajo a jornada completa, difícilmente va a asumir con naturalidad repartirlo (incluso aunque no bajáramos los salarios) con otros trabajadores. La mayoría de los trabajadores recelarían ante medidas de este calado, porque simplemente no tenemos la conciencia para ello. Dentro del capitalismo, por tanto, el reparto no ha lugar. El reparto (de cualquier tipo) no está bien visto bajo el capitalismo. De hecho, los principios de la economía colaborativa se están introduciendo con cuentagotas en las sociedades capitalistas, porque el sistema recela de dichas actividades, porque dichas actividades replantean las relaciones de poder, de producción, de reparto y de beneficio. Revolucionan los hábitos, las costumbres y los modelos de negocio, y eso supone, de entrada, un grave peligro. Todos los repartos están mal vistos: del poder, de la riqueza, de la libertad, de los derechos, de la propiedad de los medios de producción, y por supuesto, del trabajo. En el capitalismo el reparto es poco menos que una herejía, es algo non-grato. Y esto es así porque el capitalismo se sustenta en la desigualdad, en el acaparamiento de lo colectivo por unos pocos individuos. Repartir equivaldría a liquidar el capitalismo. La ideología dominante "prohíbe" el uso de la palabra reparto en la economía, en la política, en las reglas de la sociedad capitalista. Y así, en el "diccionario" capitalista la palabra "reparto" casi no existe. Continuaremos en siguientes entregas.

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19 abril 2016 2 19 /04 /abril /2016 23:00

Menuda sorpresa nos hemos llevado...Resulta que (no sabemos si debido de nuevo a su afán de protagonismo) la señora Esperanza Aguirre (ya saben, la "independiente", el verso suelto, la de las ranas corruptas, la multidimisionaria, pero que no se va nunca) acaba de escribir un libro (su presentación oficial se realizará en estos días) titulado "Yo no me callo" (muy propio de ella), donde revela, atención...¡Que el PP ha perdido su ideología! ¡Ahí es nada! Y se ha quedado tan fresca, como siempre...Ah, no, pero eso no lo podemos consentir, así que tranquila, señora Aguirre, que nosotros se la vamos a recordar enseguida. No es que el partido haya perdido su ideología, es que no siempre hace lo que a Esperanza Aguirre le gustaría, y por ello ella anda tan desencantada...Aunque también es cierto que los lapsus, meteduras de pata e inconsistencias verbales de Rajoy son cada vez más frecuentes y estruendosas, como cuando dijo en el último Congreso de su partido: "...Y el que quiera irse al partido liberal, o al partido conservador, que se vaya...", como si ellos no fueran liberales y/o conservadores. Pero en fin, ya sabemos que, en el fragor de la batalla de los discursos, del gallego "non grato" en su ciudad natal se puede esperar cualquier cosa. 

 

Bueno, pues vamos a lo que vamos, que no es otra cosa que resituar a Esperanza Aguirre, informarla de la ideología de su partido (que parece que se siente la pobre un poco perdida), para que se quede un poco más tranquila. Como no podemos hacer una exposición detallada por razones de espacio, recomiendo a los lectores interesados el artículo "¿En qué consiste ser de derechas?", donde exponemos el tema con más profundidad. Aguirre en su libro, al parecer, reprocha a sus compañeros de partido que el PP haya entrado en una senda de desideologización, de lo cual responsabiliza fundamentalmente a su Presidente Nacional, Mariano Rajoy. Pero no es así. Su ideario es claro y cristalino (otra cosa es que lo escondan por motivos electoralistas), aunque terriblemente inhumano (aunque ellos aseguran que sus bases se encuentran en el "Humanismo Cristiano"), no hay que ser especialmente inteligente para asimilarlo, y se caracteriza, entre otras muchas cosas, por un neoliberalismo salvaje en el terreno económico, y por un conservadurismo a ultranza en las estructuras sociales, es decir, clases y correlaciones de fuerzas. Y por supuesto, la concepción religiosa de la vida lo domina casi todo, de ahí que discriminen a los colectivos LGTBI, que condenen el aborto, o que bendigan y justifiquen la tremenda desigualdad social que existe. Y ya sabemos, cuando las cosas se ponen muy feas, la "táctica Rajoy" consiste en lamentarse de que los demás siempre estamos sacando "lo malo" de la sociedad, pero que nos olvidamos de todo "lo bueno" que existe. Su mejor frase es: "¡España es un gran país!". 

 

La ideología del PP se basa en el mantenimiento de una estructura del Estado (surgida del régimen de la Constitución de 1978), en el fondo (las medidas concretas que se toman), pero también en las formas (es decir, los modos y maneras de gobernar, las actitudes determinadas, que podrían resumirse en el autoritarismo, la opacidad y la corrupción, que reflejan el absoluto desprecio que les merece la ciudadanía). En cuanto a la estructura del Estado, éste se basa para la ideología del PP en una serie de sagrados pilares fundamentales que hay que respetar, como son el patriarcado (que pisotea, discrimina y menosprecia a la mujer, y crea todo un sistema de valores culturales basados en la supremacía del hombre), la banca privada (que desahucia a las personas, impone paraísos fiscales y funciona en base a prácticas inmorales y especulativas), la patronal (sobre todo las grandes empresas transnacionales, cada vez con más fuerza, para imponer estructuras legales y reformas que perpetúan su impunidad y su hegemonía sobre la clase trabajadora), los estamentos del antiguo régimen franquista (como la Corona, las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica, la aristocracia y los grandes caciques y terratenientes, que intentan perpetuar sus privilegios y su influencia sobre el resto de estamentos), el bipartidismo (su partido y el PSOE, ambos al servicio del resto de los poderes fácticos del Estado), y los medios de comunicación (que constituyen el "cuarto poder", y que igualmente se sitúan al servicio de la propaganda mediática que el resto de los poderes fácticos necesiten, intoxicando a la opinión pública, y haciendo el juego sucio de eliminar a los enemigos de la clase dominante). 

 

Esa podría ser la estructura del Estado a nivel nacional, pero desde nuestra incorporación a la Unión Europea y al euro, hemos de destacar la otra gran estructura supranacional que nos gobierna, y que también se coloca al servicio de los mismos objetivos, como es la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). Su misión es implantar, desarrollar, imponer y vigilar el programa neoliberal en todo el ámbito de sus Estados miembro, denigrando la soberanía popular de los mismos, así como la dignidad y la integridad de sus poblaciones. Y en cuanto a las medidas concretas que se toman, responden a los principios neoliberales que las inspiran, centrándose en el adelgazamiento del Estado, en la potenciación del sector privado, en el desmantelamiento de todas las estructuras de protección social, y en minimizar todo el sistema de derechos y libertades fundamentales. De hecho, podemos afirmar sin ninguna duda que la actual Constitución de 1978 ya le viene grande al PP, y por eso se empeñan en incumplirla constantemente, sobre todo en lo referido a dichas libertades y derechos fundamentales. Como podemos extrapolar estos principios a la práctica totalidad de los servicios públicos actuales, para no extenderlo demasiado, vamos a centrar las medidas adoptadas (que responden lógicamente a su ideología) en los campos de la sanidad y de la educación públicas, y como decimos, todo lo que apliquemos a dichos ámbitos lo podemos extrapolar a los demás (justicia, igualdad, servicios sociales, cultura, etc.).

 

Bien, por ejemplo en el ámbito sanitario, las medidas adoptadas han sido resumidamente (prácticamente todas ellas por Decreto, a pesar de disfrutar de una mayoría absoluta en la última legislatura) avanzar hacia el fin de la universalidad de los servicios sanitarios, ejecutar brutales caídas del gasto público sanitario, despedir profesionales de dicho ámbito (médicos, enfermeros, PAS, etc.), recortar la cantidad y calidad de los recursos disponibles (hospitales, camas, etc.), implementar medidas de co-pago para algunos servicios (más bien de re-pago, pues el Sistema Nacional de Salud y todos sus complementos salen de las arcas públicas mediante los impuestos de todos), y diseñar progresivas alianzas de colaboración público-privadas, por ejemplo construyendo hospitales semi-privados, externalizando servicios determinados ligados a la gestión pública, y ejecutando conciertos de derivación desde el sistema sanitario público al privado. Los resultados están bien claros, y pueden constatarse en diversos estudios realizados por los sindicatos y asociaciones del sector, y se resumen en menor calidad del servicio, exclusión de determinados colectivos de la cobertura de las prestaciones, mercantilización de un derecho público fundamental, y precarización del empleo estable que existía. Ésta es la ideología del PP. Así de claro. 

 

Y por su parte, en el campo de la Educación Pública las tendencias también están muy claras, y han sido materializadas (mediante la LOMCE del ex Ministro Wert) en el último proyecto educativo del PP, masivamente rechazado por todas las fuerzas políticas y comunidad educativa, y que se basa en las siguientes características fundamentales: dar mayor peso a los centros educativos privados y concertados, recortar en todos los frentes (recursos educativos, profesorado, ratio profesor/alumnos, etc.), despido masivo de profesionales del sector, fomento del clasismo y del elitismo (disminución de becas, aumento del coste de las matrículas, derivación de las personas con más recursos económicos hacia la escuela privada, dejando la escuela pública como un elemento residual), inculcar los postulados capitalistas y neoliberales a los alumnos en las escuelas (mediante una eliminación de las asignaturas de artes y humanidades, y potenciación de nuevas enseñanzas, como las finanzas), fomentando incluso que el propio sistema educativo funcione como un negocio, es decir, sujeto a parámetros mercantilistas (selección de alumnado, publicación de ránkings, eliminación de los órganos colegiados de la comunidad educativa, etc.), centralizando las pruebas de evaluación finales por ciclos educativos, y perfilando unos contenidos educativos claramente adoctrinadores, que vayan formando al alumnado en los valores capitalistas (eliminando las asignaturas de contenido cívico, y recuperando la relevancia de la religión). 

 

La conclusión también se nos ofrece nítidamente para este ámbito: se necesita un sistema educativo no para formar y educar a personas, no para fomentar el pensamiento libre y crítico, la ciencia y la cultura, sino para formar buenos súbditos (sumisos y obedientes) del sistema capitalista. Por último, la peligrosa ideología del PP se caracteriza (al igual que el resto de partidos de su familia, tanto en Europa como en el mundo) por una exhaltación del individualismo, del consumismo extremo, por la demonización del intervencionismo público, por la libertad económica como libertad fundamental, y por la propiedad privada como derecho absoluto e inalienable, entre algunas otras cosas. En fin, esperamos que con la lectura del presente artículo (nos gustaría mucho que lo leyera, aunque mucho nos tememos que Esperanza Aguirre no consulta estos medios alternativos) hayamos aclarado la ideología del PP, y hayamos contribuido a que los que se sienten perdidos dentro de ese partido (como la señora Esperanza Aguirre, no sabemos si habrá más personas en su situación) vuelvan de nuevo a encontrar su silla. Y para terminar, decirle a la señora Esperanza Aguirre que no se preocupe, que su partido sigue respondiendo a su clásica, trasnochada, inmoral y perversa ideología, conservadora y capitalista, responsable principal del decadente mundo en que vivimos. La esperanza (en minúsculas) es lo último que se pierde: a lo mejor algún día se dan cuenta.

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18 abril 2016 1 18 /04 /abril /2016 23:00

Ha llegado la hora de que los líderes europeos dejen de alimentar una crisis que han contribuido a crear con sus propias políticas y proporcionen la única respuesta realista y humana: una vía segura y legal y protección y asistencia humanitaria a quienes la necesitan

Carlos Ugarte (Responsable de Relaciones Externas de Médicos Sin Fronteras)

Una vez más la respuesta frente a la tragedia de los refugiados da toda la medida de los retrocesos experimentados: 10.000 niños desaparecidos, puertas pintadas de rojo, falsas acusaciones de violación, confiscación de bienes, expulsiones masivas. Hungría y Polonia son la vanguardia del tranquilo nihilismo europeo, pero incluso países tradicionalmente más “civilizados” —Suecia o Dinamarca— se suman a esta normalización de la barbarie

Santiago Alba Rico

Parece ser que ya no basta con las vallas y cuchillas, con los ataques de colectivos racistas, con arrojarles la comida como si fueran animales salvajes, con que los refugiados tengan que hacer caminatas de miles de kilómetros a pie, atravesando bosques, ríos y caminos enfangados, a temperaturas bajo cero, con que muchos de ellos mueran en pateras intentando alcanzar las costas europeas, con que lleguen a una tierra extraña para ellos, con otra cultura, otro idioma, o con que tengan que renunciar a estar junto a su familia, entre otras muchas atrocidades que han de soportar. Europa nos ha defraudado desde el principio. Con su aparente "respeto" a los Derechos Humanos, se ha convertido en una tierra salvaje, inhóspita y hostil para cualquier persona que venga buscando un mundo mejor, una sociedad más humana. A nuestros dirigentes políticos europeos, a esa escoria burocrática que nos gobierna, se les olvida que estas personas llegan aquí (cuando consiguen llegar) no por turismo, no por capricho, sino por pura supervivencia, imbricados en conflictos para cuya resolución, desgraciadamente, Europa tampoco da la talla. Por otra parte, no sé de qué nos extrañamos. Qué vamos a pensar de una tierra, de un continente, de un "club" europeo que ni siquiera trata bien a sus propios nacionales, a sus propios conciudadanos, empeñándose en conducirlos por los caminos austericidas del recorte del gasto, del desmontaje de su protección social, y de la privatización de sus servicios públicos. Si a sus propios habitantes los trata de esa forma...¿qué íbamos a esperar para los refugiados?

 

Europa se ha convertido en un continente fallido. Los Estados miembro de esta Unión Europea sólo son hoy día un conjunto de Estados desalmados, guiados por unos fanáticos gobernantes al servicio del gran capital. Nada más les importa, nada más les interesa, nada más les conmueve. Así que, incluso cuando, como ahora para el asunto de los refugiados, se ven obligados a respetar la legalidad internacional, pergeñan toda una serie de artimañas para esconder su propia naturaleza cruel y antidemocrática. Las dantescas escenas de los campos de refugiados al aire libre han sido ya comparadas con las escenas de las anteriores guerras mundiales: tiendas de campaña inundadas, terrenos enfangados, fuertes lluvias, episodios de hipotermia, tormentas, niños descalzos, personas mayores sin sus tratamientos médicos, casos de neumonía, de gangrena, padres y madres pidiendo ayuda a gritos, bebés ante alambradas, episodios de convulsiones frenéticas ante la situación de desesperanza y crueldad a los que los someten, falta de agua potable y de comida, y bebés naciendo entre el barro. La pura imagen de la barbarie, mientras nuestros "dirigentes comunitarios" se reúnen en sus salones de lujo una y otra vez, para no aclarar nada, para no solucionar nada, y para al final, proponer un indecente tratado con Turquía con el que quieren lavarse las manos. 

 

Pero para llegar a esta inmoral, inhumana e ilegal situación, antes han ocurrido otras muchas cosas, a cada cual más espantosa e indecente. No ya los presidentes de algunos países, sino el propio Presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a primeros de marzo pasado, ya avisaba a los refugiados de que se abstuvieran de venir a Europa, porque no serían bien recibidos. Pero antes, la policía en Macedonia ya había cerrado las fronteras, y ante la lógica rebelión de los refugiados, les había lanzado chorros de agua y gases lacrimógenos. Y aún antes, Alemania se comenzó a plantear cobrar a los refugiados para contribuir a su manutención, bien fuera con dinero en metálico o con joyas, bajo una suerte de "copago en modalidad refugiado". Esta decisión ya la había implementado Suiza, que obligaba a los refugiados a entregar todo el dinero que tuvieran por encima de los 900 euros. Y antes, el Parlamento de Dinamarca había aprobado una ley que permite a la policía requisar a los refugiados en la frontera cantidades en metálico superiores a los 1.300 euros. Y es que parece que los países nórdicos ya no son lo que eran. Pocos días más tarde, Europol había publicado que en torno a unos 10.000 niños y niñas refugiados habían desaparecido en nuestro continente, a manos de las mafias dedicadas a la trata de seres humanos. Pero no acaban aquí las fechorías. La ONG Amnistía Internacional denunció en febrero pasado que la práctica totalidad de las mujeres refugiadas han sufrido algún tipo de agresión sexual en los campamentos de tránsito europeos, tanto por parte de los traficantes como del personal de seguridad. 

 

Por su parte, la OTAN, el brazo armado de la UE y del imperialismo norteamericano, decidió, en reunión de sus Ministros de Defensa, organizar una operación para contener el flujo de refugiados en el Mar Egeo. Ya se anunciaba entonces, bajo el pretexto de disuadir a las mafias, que los refugiados capturados por los buques de la OTAN serían devueltos a Turquía. Y al final, bajo los efectos de este indecente tratado bilateral UE-Turquía, las leyes de asilo, amparadas bajo innumerables convenios y normas internacionales, sucumben ante vallas con cuchillas, fronteras cerradas y expulsiones masivas. Y mientras tanto, las muertes en el mar siguen ocurriendo a miles. Por su parte, las políticas que permiten la reagrupación familiar se endurecen y limitan. Las deportaciones masivas son estupendos negocios para algunas compañías de líneas aéreas, y los países europeos (comenzando por el nuestro, España) han sido vergonzosamente incapaces de conceder el tan ansiado asilo político a la cantidad de personas a las que se comprometieron. El panorama, por tanto, es absolutamente desolador. Pero lo más curioso es que estas políticas, lejos de provocar un claro y masivo rechazo por parte de la ciudadanía europea, en los países donde se han convocado elecciones recientemente, han salido vencedores aquéllas fuerzas políticas que propugnan idearios racistas, excluyentes y xenófobos, y que proponen más "mano dura" contra los refugiados. Y es que el fantasma del fascismo, que ya creíamos superado, recorre de nuevo Europa. 

 

Hoy día está siendo comprobado, con este asunto de los refugiados, que la universalización de los Derechos Humanos, a casi 80 años de su proclamación como Carta Universal de la ONU, es una inmensa mentira. Ya lo sospechábamos, pero estas realidades sociales que estamos viviendo en el Viejo Continente así lo atestiguan. El famoso Tratado de Schengen (1995), que supuestamente iba a permitir la libre circulación de personas a través del espacio comunitario europeo, se ha convertido en papel mojado, mientras la circulación de capitales (tanto comunitarios como extracomunitarios), sobre todo si proceden de fuentes del gran capital transnacional, están cada vez más descontrolados. Para ellos no hay vallas ni fronteras que valgan. Pero, eso sí, el discurso oficial sigue siendo que "la tendencia mundial no es a levantar muros, sino a derribarlos". Bellas palabras que sólo aplican cuando les interesa a nuestros indignos dirigentes políticos, pero que cuando van en contra de sus intereses, se convierten en palabras huecas, vacías, en puras falacias, en flagrantes contradicciones. Antes ocurría con los denominados "migrantes económicos", que perecían ahogados en el Mediterráneo, pero ahora hemos dado un paso más allá, y hemos normalizado socialmente las indecentes e ilegales operaciones de expulsión masiva de refugiados, importándonos un bledo el derecho internacional de asilo. 

 

El discurso fascista-populista-xenófobo se ha instalado mayoritariamente en Europa, los propios Ministros europeos lo pronuncian sin ningún pudor, instalándose en el imaginario colectivo el peligroso mantra de que todo aquél que viene de fuera, si es pobre, es un peligro para nuestra sociedad. Pero hipócritamente, cuando nuestras ciudades europeas sufren atentados yihadistas, y mueren cientos de inocentes personas, nos instalamos rápidamente en el victimismo y en la reivindicación de nuestros "valores europeos"...¿cómo podemos ser tan cínicos? ¿Es que no nos da vergüenza? ¿Cuáles son hoy día los valores europeos? ¿Son quizá los de la libertad, la igualdad y la fraternidad, como en la Revolución Francesa? ¿O son los de la austeridad, la privatización, el capitalismo, el egoísmo, el individualismo y la competitividad? ¿Cuáles son esos valores que tanto defendemos cuando somos atacados, pero de los que nos olvidamos rápidamente cuando inocentes víctimas de guerras y genocidios llaman a nuestras "civilizadas" fronteras? La maldición de (intentar) ser refugiado en Europa consiste no sólo en renunciar a su país de origen, sino en pagar a las mafias, sobrevivir al mar o a los caminos, cruzar las fronteras, superar las burocracias, burlar a la muerte, para al final, encontrarte con que te devuelven miserablemente a Turquía, porque lo consideran "un país seguro", país seguro al que le ha pagado la UE 6.000 millones de euros por hacer este trabajo sucio. 

 

Qué fácil es limitarse a poner parches en las heridas que se vayan abriendo, sin detenerse a reflexionar sobre las verdaderas causas que provocan los diferentes problemas que nos aquejan. Y en el caso de los refugiados, está claro que estamos recogiendo lo que durante décadas hemos ido sembrando en los países de Oriente Medio, en respuesta a nuestra complicidad con las políticas colonialistas e imperialistas europeas, y fundamentalmente norteamericanas. Ahora el problema nos ha estallado en las narices, y en su solución, estamos siendo todavía más crueles e inhumanos que en la generación de sus causas. Y ahora, tras la entrada en vigor (inusualmente rápida) del Acuerdo UE-Turquía, la situación se ha vuelto totalmente caótica. Según esta magnífica crónica de Elena Herreros, periodista freelance para diversos medios españoles, CEAR denuncia en este Infome que las personas que llegan a Grecia son acogidas en un "centro de detención" bajo control militar, donde no tienen ninguna libertad de movimiento. Y para solicitar asilo, han de esperar a poder pedir cita mediante un servicio que funciona a través de Skype, pero que sólo está activo durante una hora al día. Pero no acaba aquí el caos. CEAR señala además que el desconocimiento del mecanismo de reubicación es total por parte de los refugiados, los voluntarios y la mayoría de las ONG's que trabajan sobre el terreno. Tampoco se ofrece asistencia legal a estas personas, por lo cual la situación de indefensión y desamparo es absoluta. Por si todo ello fuera poco, y después de su devolución a Turquía, Amnistía Internacional asegura que apenas un 10% de los cerca de 3 millones de refugiados que están actualmente en dicho país, viven en alguno de los 22 campos de refugiados existentes. El resto, asegura la ONG, se encuentran en entornos urbanos en situación de total desamparo y desprotección. 

 

Además de todo ello, como ya hemos anunciado, el miserable Acuerdo con Turquía también sesga por nacionalidades, de tal manera que el intercambio se refiere sólo a los sirios, pero entonces...¿qué piensan hacer con los afganos, con los iraquíes, con los yemeníes, con los sudaneses, con los eritreos o con los palestinos, que también huyen de las guerras y de las hambrunas, y que dicho sea de paso, también (al igual que los sirios) han sido generadas bajo la inestimable colaboración de esta denigrante Unión Europea? El Gobierno turco se ha prestado, a cambio de recibir unos 6.000 millones de euros, a hacer el papel de "poli malo" de esta macabra película, esto es, a ayudar a blindar las fronteras exteriores europeas, y a hacer del Viejo Continente un lugar inexpugnable para los más desfavorecidos. Y ello sin hablar (lo cual nos daría para otro artículo) de la delicada situación interna turca, que es harina de otro costal, y que viaja hacia una clara deriva autoritaria y represiva. Pero los Gobiernos europeos no se quedan atrás, y sus provocativas declaraciones xenófobas sólo sirven para echar más gasolina al fuego. Y en fin, así estamos, y está claro que estas políticas se mantendrán mientras en Europa sigan mandando los poderes financieros y económicos, los últimos responsables de conducirnos por esta senda de horror y barbarie. Ellos son los que en definitiva manejan y controlan a todos los que se reúnen en Bruselas para hacer el paripé de intentar conseguir acuerdos para solucionar los problemas, cuando en realidad lo que consiguen es caminar hacia un mundo cada vez más inhóspito.

 

Pero se engañan si piensan que van a solucionar el problema mediante acuerdos tiránicos como el de la UE-Turquía. Jamás se ha podido impedir que los seres humanos busquen su lugar en el mundo, así que por muchas vallas que levanten, siempre buscarán y encontrarán nuevos sitios donde construir su vida. Así que estamos atrapados en nuestro problema y en nuestra solución. No es posible escapar de ella. Tarde o temprano tendremos que hacer frente a la realidad que nosotros mismos hemos ayudado a crear. Es algo inexorable: siempre se recoge lo que se siembra. Las instituciones europeas y sus dirigentes han llegado a tal grado de perversión, que si volviéramos la vista atrás, hubiera sido algo impensable hace algunas décadas. La degradación moral y perversión democrática de esta Europa del gran capital no tiene límites, y lo demuestran día tras día. Nuestros dirigentes han perdido la decencia, la responsabilidad, el honor, la humanidad y la vergüenza. Jamás todo un continente estuvo gobernado por desalmados de tan repelente calaña. Todos ellos deberían ser conducidos ante los tribunales internacionales de justicia, juzgados y condenados por graves crímenes contra la Humanidad. Por todo ello, desde la izquierda transformadora, exigimos la inmediata salida de nuestro país de este engendro comercial, neofascista y decadente que se llama "Unión Europea", porque nos da auténtico asco y vergüenza no ya ser europeos, sino participar de esta indecente farsa, y de este cruel genocidio. ¡NO EN NUESTRO NOMBRE!

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17 abril 2016 7 17 /04 /abril /2016 23:00

¿Por qué decir hoy, entrado el siglo XXI y con experiencias socialistas que se han revertido, que el marxismo sigue siendo vigente? Porque los motivos que lo generan siguen estando presentes

Marcelo Colussi

Bien, una vez revisados todos los aspectos (opiniones de estudiosos e investigadores incluidos) del Socialismo del siglo XXI como alternativa clara (y única) a la actual sociedad capitalista, vamos a entrar en la recta final de esta ya extensa serie de artículos, con la exposición del último gran apartado del mismo incluido en su título, esto es, el Marxismo, o si se quiere, el Comunismo. Y tomando como referencia la cita de entradilla del gran Marcelo Colussi, lo primero que vamos a hacer es rebatir otra típica falacia que los defensores del capitalismo argumentan, que es afirmar que nuestras ideas son viejas, caducas, fracasadas, trasnochadas, inviables, utópicas, y que cuando se han intentando llevar a la práctica, sólo han traído pobreza, corrupción y miseria generalizadas (como si el capitalismo no estuviera trayendo todo eso desde hace siglos). Tomando como referencia el documento "PODEMOS por el Socialismo", una aportación del círculo temático marxista de la formación morada, afirmamos lo siguiente: "La derecha y la "izquierda" del régimen suelen reprocharnos a los marxistas que defendemos ideas viejas. A esto respondemos: si defendemos las "viejas" ideas del Marxismo es porque continúan en nuestra sociedad los viejos problemas del capitalismo (la explotación, las injusticias, la pobreza, la miseria, las guerras, y la desigualdad creciente entre ricos y pobres). La validez de las ideas no tiene que ver con su antigüedad, sino con su utilidad. La rueda fue inventada hace 7.500 años y nadie duda de su enorme utilidad en la sociedad moderna; sigue teniendo forma circular y girando alrededor de un eje". 

 

Y continúa: "Pero tendrían serios problemas quienes, con la pretensión de inventar una rueda "nueva", le dieran una forma cuadrada o rectangular, convirtiéndola en algo inútil para el propósito que se precisa. El Marxismo no es una ideología de tipo moral, ni tampoco una simple denuncia de los males, excesos o defectos del capitalismo. De hecho, no hace falta ser marxistas para darse cuenta de las injusticias, señalarlas y denunciarlas. El Marxismo parte del principio de que para transformar la realidad injusta que nos rodea, primero debemos conocerla, explorando sus engranajes y conexiones internas que hacen posible su existencia y desarrollo, y que permiten anticipar su evolución y desenvolvimiento. Este conocimiento es lo que nos provee de las claves para influir sobre la realidad y transformarla. Es por ello que, en la lucha por la transformación de la sociedad, para terminar con las injusticias y la opresión y alcanzar un mundo auténticamente humano y feliz, una visión inexacta o falsa de la realidad nos proveerá de análisis y herramientas falsos para cambiarla. El estudio científico de la sociedad no es, por tanto, una cuestión académica o de conocimiento abstracto, sino algo vital para la acción práctica". 

 

Así es, en efecto. Carlos Marx (1818-1883) no sólo fue uno de los mejores científicos sociales de la Historia, sino el primero en aportar una teoría científica para el estudio de las relaciones sociales, para a partir de ahí, diseñar todo un nuevo sistema económico y social (el Marxismo) capaz de superarlo y transformar la sociedad hacia un nuevo sistema de relaciones humanas. En el escalafón de los grandes genios de la Historia, Karl Marx ocupa un puesto de primer orden.  Junto a Friedrich Engels (1820-1895), es el padre del Socialismo científico, del Marxismo y del materialismo histórico. Sus obras más conocidas son el "Manifiesto Comunista" (en coautoría con Engels) y "El Capital", obra inacabada y de la cual muy pocos investigadores han hecho un estudio serio, profundo y completo. Para los lectores interesados, en este enlace pueden encontrar una referencia completa y acceso en castellano a la mayoría de las obras publicadas por ambos autores, tanto en solitario como en colaboración. Marx fue uno de los precursores de la ciencia social moderna, al introducir el método empírico en ella. Es incuestionablemente una de las figuras más influyentes de la Historia de la Humanidad, hasta el punto de que en 1999 una encuesta de la BBC lo eligió como "el mayor pensador del milenio" por personas de todo el mundo. Las teorías de Marx sobre la sociedad, la economía y la política, todo lo cual engloba el Marxismo, sostienen que todas las sociedades humanas avanzan a través de la dialéctica de la lucha de clases. No obstante, y como ya hemos venido comentando a lo largo de esta serie de artículos, no podemos quedarnos con la totalidad del Marxismo, esto es, del legado científico de Marx, como si fuera un corpus ideológico cerrado, completo e inviolable, es decir, como si fuera un dogma. 

 

Precisamente, la mayoría de los que nos consideramos marxistas hoy día entendemos que algunos de sus postulados han sido claramente superados, lo cual no invalida para nada la esencia misma del Marxismo, o si se quiere del Comunismo, pues no sólo el método científico empleado, sino el profundo estudio sobre las relaciones de producción y de la lucha de clases a través de la Historia, junto con las alternativas propuestas, hacen que la esencia marxista continúe hoy día absolutamente vigente. Pero como decimos, algunos de sus postulados han sido mayoritariamente abandonados. Pondremos siquiera algunos ejemplos: Marx sostuvo que la sociedad, bajo el Socialismo, sería regida por la clase obrera en lo que denominó como la "dictadura del proletariado", el "Estado obrero" o la "democracia obrera". Y creía que el Socialismo sería, a su vez, finalmente reemplazado por una sociedad sin Estado y sin clases, lo que podría ser el comunismo puro. El Marxismo actual ha entendido que Marx se equivocó en estas tesis, desestimando la idea de "dictadura del proletariado", así como la ausencia del Estado. En vez de la dictadura del proletariado se propone actualmente la democracia plena y la propiedad social, y se entiende que el Estado es necesario, aunque por supuesto bajo una óptica y arquitectura muy diferentes a las actuales.

 

No obstante, por la tremenda importancia de estos asuntos, dedicaremos a ellos series de artículos separadas, en su momento, donde lo expondremos todo con más calma. Porque de momento no queremos desviarnos de la concepción del Marxismo actual, del siglo XXI, que es el que nos interesa. Tampoco queremos hacer caso aquí (lo dejaremos también para series de artículos independientes que iremos publicando) a la implementación concreta y mayoritariamente fallida que durante el pasado siglo XX han tenido las ideas marxistas. Lenin fue el primero que intentó desarrollar el pensamiento de Marx en la práctica. Los llamados "gobiernos revolucionarios socialistas" tomaron el poder en una variedad de países durante el siglo XX, llevando a experiencias como la de la Unión Soviética en 1922 y la de la República Popular China en 1949, con diversas variantes teóricas desarrolladas, tales como el leninismo y el maoísmo. Pero volviendo a Marx, reivindicó durante toda su obra la profunda alienación del hombre bajo el capitalismo (algo en lo cual insistieron también otros muchos autores, como Erich Fromm), y la necesidad de superar éste bajo un nuevo modelo de sociedad socialista. El Marxismo del siglo XXI, por tanto, mantiene la esencia del Marxismo clásico y original, parte de su mismo análisis y diagnóstico de la realidad histórica y social, abandona algunos de sus postulados más críticos (que se han considerado obsoletos), y lo enriquece con aportaciones de corrientes nuevas de pensamiento que se van incorporando, formando un Marxismo actualizado, la alternativa real a la sociedad capitalista de hoy día. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 abril 2016 4 14 /04 /abril /2016 23:00

Bien, continuando con los MMSS dedicados a la búsqueda de bebés robados durante el franquismo, hemos de comentar que la Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares (ANADIR), más 192 afectados concretos, presentaron en noviembre de 2015 una demanda contra el Estado Español ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Se denuncia al Estado Español por su incumplimiento de varios artículos de la Convención Europea de Derechos Humanos, "por las irregularidades en las investigaciones y por el archivo masivo de denuncias por parte de la Justicia Española". Y es que según datos de los abogados de los demandantes, el 99% de las diligencias, vergonzosamente, se han archivado. La pasividad de nuestra justicia ante todo lo que tiene que ver con remover la mierda procedente del franquismo es absolutamente indignante. Y es que después de la Guerra Civil, como ya hemos expuesto, comenzó un proceso de brutal represión, praticándose por parte del Estado franquista todo un genocidio ideológico, esto es, un exterminio sistemático de personas y colectivos, sólo por el hecho de pensar de forma diferente al régimen. 

 

Miles y miles de personas fueron encarceladas, e incluso se habilitaron conventos como prisiones. A ellos fueron a parar muchas mujeres, y en ellos, mientras la madre biológica del bebé entraba por una puerta, la madre "adoptiva" salía con su bebé por otra. Algunas cárceles de la época se conviertieron en infames lugares, donde las mujeres, hacinadas con sus hijos, representaban un escenario dantesco. Por ejemplo, la cárcel de Ventas, concebida como un edificio moderno por la malagueña Victoria Kent, fue un claro ejemplo de dichos lugares de horror y espanto. María José Esteso Poves nos cuenta, en este fantástico artículo del medio Diagonal, que muy pronto, la masificación carcelaria supuso un grave problema, no humanitario (lo cual importaba muy poco al régimen), sino de tipo económico y administrativo. Aporta datos de la historiadora Mirta Núñez Balart, quien calcula que en 1939 había en las cárceles de la época 280.000 presos. Hoy día, con el doble de población, son unos 60.000. Los datos son escalofriantes. Las embarazadas condenadas a la pena de muerte eran fusiladas en cuanto daban a luz, y los niños, separados de sus madres, sobrevivían con sarna, piojos, y sin apenas comida ni agua. Muchos de ellos morían. Y en última instancia, era la Iglesia la que regía todos los órdenes de la vida (bueno, en eso no hemos cambiado mucho desde entonces), y los niños que conseguían sobrevivir eran "moldeados" en los hospicios e internados. 

 

Para el régimen franquista, no obstante, su labor era encomiable, ya que estaban sacándolos, supuestamente, "de la miseria material y moral" en la que se hallaban, por ser hijos de rojos. En opinión de Fernando Magán, abogado de la ARMH: "Lo que subyace es el exterminio de una clase social, los rojos. La eliminación de las ideas por la vía del exterminio de las personas". De hecho, algunas leyes de la dictadura, especialmente de sus primeros años, pueden ser consideradas para este experto como "una transposición de un decreto nazi a España". Sólo se toleraba un orden moral extremadamente estricto, donde incluso las mujeres eran repudiadas si su "unión no había sido bendecida". Como vemos, todo un exterminio social "legal", amparado por las leyes franquistas, y con el beneplácito, complicidad y connivencia de la Iglesia Católica. En la actualidad, las Plataformas "SOS Bebés Robados", distribuidas por casi toda España, son las asociaciones que luchan para denunciar toda esta trama de compra-venta de niños y niñas recién nacidos que existió desde los años 40 hasta bien entrados los años 90. Estas plataformas y MMSS surgen de las propias víctimas, quienes se agruparon en sus respectivas provincias, y realizan labores de asesoramiento, denuncia y representación de las víctimas ante todas las Instituciones, nacionales o extranjeras, donde se estima oportuno y viable acceder y denunciar. 

 

Pero la enorme carga y la tremenda responsabilidad que soportan las víctimas durante todo el proceso de búsqueda, suponen un gran desgaste moral y físico, además de un esfuerzo económico que muchas familias no están en situación de afrontar. El Estado escurre el bulto, como hemos indicado, como en todo lo referente a destapar a los responsables de los crímenes de todo tipo cometidos durante el franquismo. Esta vergonzosa actitud del oficialismo deja sumidas a las familias en la más humillante de las desesperanzas, contemplando cómo su país les da de lado, les ignora en su problema, y teniendo que contemplar a jueces poco o nada implicados con sus denuncias, como igualmente lo hacen la mayoría de los fiscales (salvo honrosas excepciones, que siempre las hay). Como nos cuentan las Coordinadoras de SOS Bebés Robados en Valencia, para esta entrevista de Enric Llopis, publicada en Rebelion.org, las personas que sospechan algo irregular en su pasado (o de sus familiares) van organizándose a través de las redes sociales, sobre todo Facebook, para intentar interponer denuncias conjuntas, con lo cual la presión es mayor. Además, las personas encargadas de informar y de asesorar a nuevas víctimas, que se van sumando según la distribución geográfica, y por otro lado, la descentralización de los casos de Madrid, que se distribuyen por provincias, provocan que vayan surgiendo con el tiempo asociaciones de "SOS Bebés Robados" a lo largo y ancho de toda la geografía española. Las primeras denuncias datan del año 2011. Bien, una vez tratados estos MMSS, continuaremos con otros en siguientes entregas.

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13 abril 2016 3 13 /04 /abril /2016 23:00

Cuando las acciones terroristas se convierten en un fenómeno permanente nos revelan la existencia de una sociedad enferma que incuba el odio y la desesperación a través de la desigualdad, la miseria y la guerra. Más miseria, más guerra y menos derechos democráticos no harán sino acrecentar el problema. Cada acción bélica contra la población civil -es decir, todas las acciones bélicas- es el embrión de nuevos potenciales terroristas que tienen ya a quién vengar, que han sufrido en su carne la barbarie y entran en la espiral de la irracionalidad

Marina Albiol

Iniciamos aquí una nueva serie de artículos. Llevo preparándola algún tiempo, porque quería que fuese lo más completa posible, que tocara prácticamente todos los temas que tienen que ver con su título. Y en efecto, aquí hablaremos sobre todos aquéllos asuntos que, directa o indirectamente, contribuyen, aportan, o tienen que ver con la causa pacifista. Y así, hablaremos por ejemplo de la etiología de las guerras y los conflictos armados, de los nuevos conceptos de amenazas y las posibles estrategias de seguridad ante ellas, del fundamentalismo islámico, del terrorismo, de la hipocresía de nuestros gobiernos occidentales, de los nuevos roles que han de cumplir las Fuerzas Armadas, de la OTAN y el imperialismo norteamericano, del mercado internacional de armas, de la superación del franquismo, de la deuda militar capitalista, de los bancos y su relación con la inversión en armas, o de la objeción fiscal militar, entre otros muchos asuntos. La causa pacifista es hoy día una causa internacionalista, a la cual se adhieren todas las organizaciones, instituciones y organismos que creen en otro mundo posible, sin guerras, sin refugiados, sin destrucción, sin hambre, sin miseria, sin caos, sin barbarie. Pero mientras esto ocurre, lo cierto y preocupante es que tenemos no sólo una imparable evolución tecnológica en los posibles escenarios de conflictos armados, sino la presencia de situaciones de hostilidad permanentes que nos amenazan constantemente con el posible estallido de nuevas guerras. 

 

La Paz, así, en mayúsculas, debiera ser quizá la primera gran causa mundial, pero sin embargo, no sólo no es así, sino que incluso tenemos que convencer hoy día, en nuestras sociedades del siglo XXI, de la adscripción sin fisuras a la causa pacifista. Y es que en la paz se cree o no se cree. Se trabaja para ella o en contra de ella. Se acepta con todas sus consecuencias o no. No existen términos medios. No existen atajos ni posibles fisuras que justifiquen cierto tipo de acciones o decisiones. Y últimamente, la causa pacifista incrementa sus adeptos en todo el mundo, ante el desolador panorama internacional, donde los atentados del terrorismo yihadista y los conflictos derivados del carácter imperialista de los Estados Unidos (y sus aliados occidentales) perfilan un escenario ciertamente caótico. Pero la paz, como decimos, toca directa o colateralmente con muchos asuntos, por lo cual la consecución en nuestros tiempos actuales de auténticos escenarios de paz no es cuestión de tomar solamente un conjunto de medidas, sino de ser coherentes con un ideario pacifista, de llevarlo hasta sus últimas consecuencias, de colaborar activamente por la paz, de decantarse claramente ante los diversos conflictos, y de ser coherentes en todas nuestras decisiones, a todos los niveles, esto es, a nivel individual y colectivo, como comunidad. 

 

La causa pacifista no consiste sólo en asistir a una manifestación, sino en estar en permanente actitud crítica contra todas las decisiones y medidas que interfieren la paz, que la debilitan, que impiden su consecución, que la alejan de nuestro horizonte, y es aquí, quizás, en el conjunto de actitudes, reflexiones y comportamientos, cuando de verdad vemos cuánto camino nos hace falta recorrer aún para alcanzar la paz auténtica, plena y duradera. Los más escépticos argumentarán, recurriendo incluso a razonamientos filosóficos (algunos de ellos de filósofos de reconocido prestigio) que la guerra, la hostilidad y el enfrentamiento van en la naturaleza humana, y que el ser humano jamás conseguirá la paz absoluta. No lo sabemos. Quizá sea así, o quizá no. Pero lo que está claro, es que no podemos, escudándonos en dicha justificación, tomar medidas o desarrollar estrategias que vayan contra la paz. Hay que desmontar el viejo mantra militar que aboga: "Si quieres la paz, prepárate para la guerra". Este adagio ha sido utilizado como pretexto y excusa por las grandes potencias internacionales, que lejos de hacer caso a los Convenios, Consejos y Tratados de Paz y de Desarme, han ido desarrollando justamente las estrategias contrarias. No estamos de acuerdo. Ese proverbio debe cambiarse, para que diga: "Si quieres la paz, prepárate para ella". Eso es justo lo que hay que hacer. Preparar la paz y prepararse para la paz. 

 

Preparar nuestras mentes y nuestros cuerpos. Creer intensamente en ella. Preparar nuestras estructuras defensivas y de seguridad para la paz. Preparar nuestras comunidades para la paz. Derrumbar todos los factores que incidan en prepararnos para lo contrario. Desarrollar nuestras estructuras económicas, sociales y políticas para la paz. Desarrollar nuestros idearios, nuestros objetivos y nuestras tácticas para la paz. En definitiva, desarrollar nuestras sociedades, países, Estados y naciones para la paz. Nunca para la guerra. Prepararse para la guerra nunca puede estar justificado. Siempre pueden existir estrategias pacifistas que podamos desarrollar, medidas que podamos implementar, diálogos que podamos celebrar, decisiones que podamos tomar. Últimamente nuestros desalmados gobernantes nos están imponiendo otro de sus dogmas, concretamente el que dice que contra tal o cual enemigo (lo suelen emplear mucho contra el terrorismo yihadista) no se puede razonar ni negociar, y que sólo cabe combatirlo y derrotarlo. No es verdad. No creamos en ello. Todo enemigo, por feroz que sea, puede ser abatido desde el diálogo y la negociación. No podemos asumir la paz si pensamos que contra ciertos factores sólo podemos desencadenar la guerra. La paz contra cualquier supuesto enemigo siempre es posible. Los orientales sostienen con razón que "La mejor guerra es la que no se libra". Esa debe ser la actitud. Porque en caso contrario, sentencian: "Si piensas en una venganza, piensa en cavar dos tumbas". 

 

Lo malo es que, en vez de esa actitud, solemos tener la contraria. Vamos a poner un ejemplo muy sencillo, se trata de un comentario de un alto dirigente del partido político que sigue siendo, hoy día, la fuerza más votada, como es el Partido Popular. Nos estamos refiriendo a Pablo Casado, pero no es una crítica a él personalmente, sino a todos (que hay muchos) los que piensan como él. En efecto, cuando le preguntaron hace poco sobre las medidas que los partidos de izquierda proponían contra el terrorismo yihadista, el señor Casado respondió lo siguiente: "Es ese buenismo retrógrado de la izquierda, que no se quiere enterar de que hay buenos y malos, enemigos y aliados...". Bochornoso, en una palabra. Refleja no sólo un desconocimiento absoluto, sino una actitud beligerante sólo con sus palabras. No se puede ser más imbécil, más ignorante y más hipócrita (y más peligroso, añadiríamos) que este personaje. Pero lo peor de todo es que, gracias a imbéciles e ignorantes como éste, se organizan en el mundo miles de guerras, con las trágicas consecuencias que ya conocemos. La periodista Olga Rodríguez lo expresaba en estos términos: "...el extremismo violento que se ejerce en nombre del Islam no procede de ningún ADN connatural a una religión o a una etnia; que no surge por ciencia infusa de la nada; que todo tiene un contexto político e histórico; que para buscar soluciones a los problemas hay que analizar sus causas". Continuaremos en siguientes entregas.

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12 abril 2016 2 12 /04 /abril /2016 23:00

Aunque se autodenomine acuerdo de comercio e inversión, el TTIP no trata sobre relaciones comerciales. Estas negociaciones buscan la manera de transferir el poder de las personas a las grandes empresas (…). Los negociadores (…) quieren debilitar estas medidas de seguridad para maximizar los beneficios empresariales, sean cuales sean los costes para la sociedad y el medio ambiente. Es nuestra responsabilidad denunciar estas negociaciones y dar voz a los millones de personas que se oponen a este acuerdo comercial

Miguel Ángel Soto (Portavoz de Greenpeace España)

La presión popular y ciudadana en contra del TTIP (y sus sucedáneos) está siendo últimamente (por fortuna) tan intensa, que incluso la propia Comisión Europea se ha visto obligada a remitir un documento a los Ayuntamientos de las más grandes ciudades europeas, desmintiendo (haciendo honor a su patético servilismo hacia las multinacionales) algunos de los puntos que se habían filtrado en torno al dichoso tratado comercial. Y es que estamos ante una nueva generación de (falsos) tratados de comercio e inversión que amenazan la autonomía municipal, además de, por supuesto, la nacional. Hoy día, los Ayuntamientos, incluso con su limitada financiación, contribuyen al suministro de cantidad de servicios públicos sociales a su población, y es evidente que estos tratados, mediante su "clásula trinquete" (ya comentada en anteriores entregas) va a impedir la remunicipalización de los mismos, una vez sean externalizados. Y así, los servicios cedidos a la gestión de empresas externas (privadas) será definitivamente perdido para el ámbito público, puesto que si se quisiera recuperar en el futuro la gestión de algunos de los hospitales, guarderías, escuelas, agua, saneamiento, residuos, energía, etc., con la finalidad de garantizar y blindar el suministro básico a la ciudadanía, esto ya no sería posible, ya que los inversores transnacionales podrían poner en marcha cualquier mecanismo tipo ISDS o similar, para reclamar a los Gobiernos las indeminizaciones correspondientes. 

 

Esto en el mejor de los casos, ya que, como decimos, las cláusulas abusivas que se están negociando con los lobbies empresariales tendrán como consecuencia que estas devoluciones al sector público de muchos servicios sean absolutamente imposibles bajo el nuevo contexto normativo del TTIP. Por otra parte, es muy dudoso (otra falacia que se viene sosteniendo) que estos tratados beneficien a las PYMES, ya que el TTIP, el TISA y el CETA impondrán el principio de igualdad de trato entre empresas transnacionales y empresas locales, impidiendo el desarrollo de políticas de impulso a la economía de proximidad. Así, estas grandes empresas podrían participar en los concursos públicos convocados por las diferentes Administraciones, y hacerse con los mismos al gozar de mayores ventajas comparativas que las empresas de cercanía, pudiendo además controlar a las autoridades municipales y autonómicas en lo relativo a la gestión de las ayudas y subvenciones, mediante la amenaza de demandas arbitrales. Las reglas del juego están claras, y son unas reglas claramente abusivas para la democracia, el mundo laboral, los derechos humanos y el respeto a la naturaleza, siendo únicamente beneficiosas para los grandes agentes del capitalismo globalizado. El panorama nos indica que, desgraciadamente, aquéllas PYMES locales que logren sobrevivir lo harán a costa de convertirse en subcontratistas de las multinacionales a precios muy bajos, teniendo que modificar sus procesos productivos, reduciendo la protección social y bajando los salarios para poder cumplir las abusivas condiciones que impondrán estas grandes empresas.

 

Y en cuanto a la diversidad biológica, estos tratados también supondrán un grave peligro. Seguimos a continuación la exposición de Pablo Jiménez, del Área Federal de Medio Ambiente de IU, quien nos avisa de que el ritmo de desaparición de especies en todo el planeta ha adquirido una velocidad entre 100 y 1000 veces superior a la natural, y que la lista roja de especies amenazadas de la UICN no se reduce, sino que incluso aumenta, y se reducen notoriamente los servicios de los ecosistemas, de acuerdo con la última evaluación de los Objetivos del Milenio. Si tomamos como referencia nuestro propio continente, resulta que el 60% de las especies y el 77% de los tipos de hábitat de interés comunitario presentan un estado de conservación desfavorable, así como se apuntan pérdidas significativas de variedades locales y razas autóctonas en el mundo agrario, que indican que, según la FAO, desde el año 1990 hasta la actualidad se ha perdido el 75% de la diversidad genética de los cultivos mundiales, y que al menos 190 razas de animales domésticos se han extinguido, y otras 1500 se consideran al borde de la extinción. Los motivos para tanta destrucción de los ecosistemas y de sus especies tenemos que buscarlos en los efectos negativos derivados de las acciones antrópicas asociadas a un modelo económico que antepone los beneficios empresariales a los equilibrios ecológicos, sociales y paisajísticos, y que desembocan en la pérdida progresiva de diversidad biológica y en una transformación intensa del territorio. 

 

La huella ecológica nos pasa factura inexorablemente, mientras nosotros, la especie humana, seguimos contribuyendo a la liquidación de todos los equilibrios naturales, al salvaje extractivismo de recursos naturales escasos, y a la destrucción de flora y fauna a un ritmo frenético. Y estos acuerdos comerciales agudizan sin duda la degradación ambiental, y consecuentemente social, que atraviesa el planeta. En el sector agrícola, del cual hablamos y tomamos como buen ejemplo en los primeros artículos de la serie, el TTIP defiende un modelo basado en una elevada productividad sustentada en la alta tecnificación y mecanización del trabajo, así como en una reducida intervención humana. Propicia además en los países dominantes el abandono de algunas áreas rurales si éstas no participan de la lógica economicista imperante, practicando, entre otras, así como en amplios territorios del sur global, una agricultura intensiva centrada en los monocultivos y en el uso masivo de herbicidas, pesticidas y otros productos químicos peligrosos, que se identifican no sólo como elementos cancerígenos, sino también como causas claras de la progresiva pérdida de biodiversidad. La deriva de este salvaje capitalismo transnacional no es capaz de ver el tremendo riesgo al que sometemos a la naturaleza, y por ende, a la totalidad de especies vivas que habitamos en ella. 

 

Estos monocultivos, ya sean cereales, soja, maíz, caña de azúcar, algodón o árboles, presentan similares problemas ecológicos, añadiendo otra amenaza, como es la introducción de los transgénicos para la alimentación humana, que llevan aparejados el uso de potentes agrotóxicos, productos que afectan gravemente, en su conjunto, a la diversidad biológica, además de suponer potenciales riesgos para la salud humana. Entre los problemas ecológicos se encuentran la erosión y pérdida de suelo, el agotamiento de los nutrientes naturales, la disminución del volumen de acuíferos y la desertificación, deforestación, disminución o desaparición de especies silvestres de flora y fauna, así como de agroganaderas autóctonas, causas claras, todas ellas, de pérdida de biodiversidad y de calidad paisajística. Pero no acaban aquí los problemas e inconvenientes derivados de estas aberrantes políticas y prácticas. Hemos de mencionar también la pérdida de tierras comunales (por ser acaparadas por las propias multinacionales), la pérdida de soberanía alimentaria al ir desapareciendo los cultivos tradicionales (y tener que importar semillas de otros lugares), pérdida de la propia cultura y tradición autóctona, asociadas a los ecosistemas originales, y como consecuencia última, éxodos y desplazamientos masivos de población al desaparecer la disponibilidad de recursos alimenticios y económicos. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 abril 2016 1 11 /04 /abril /2016 23:00

Partimos de la base de que la libertad de expresión ampara a todas las personas, aunque sea para mostrarse tan ofensivo como el académico y escritor catalán Félix de Azúa se muestra en la reciente entrevista guiada por Luis Calvo y publicada en la revista Tiempo. El problema es que esta respuesta que vamos a proporcionarle no será nunca publicada en los medios de comunicación mayoritarios del sistema, que únicamente sirven a las clases dominantes, y por tanto, las posibilidades de difusión de la misma serán menores. La libertad de expresión, o si se quiere, el altavoz mediático puesto a disposición para ella, no es el mismo para todas las personas. Pero aún así y todo, vamos a responderle a este machista y arrogante personaje, sobre algunas cuestiones que manifiesta en la citada entrevista. Ocupando un sillón de la Real Academia Española, debiera demostrar, al menos, bastante más madurez intelectual de la que demuestra. Comenzaremos no obstante por las cuestiones en las que estamos de acuerdo con el señor de Azúa, como por ejemplo, que se han suprimido de los currículos escolares las asignaturas que enseñan a pensar, que el fútbol es uno de los cánceres de nuestra sociedad, o que el franquismo social pervive aún en muy alto grado en nuestro país.

 

Comienza vertiendo barbaridades como que "Los Gobiernos de las sociedades democráticas no tienen por qué intervenir en la cultura", para a continuación contradecirse flagrantemente al decir que esto se hace porque se prefiere una sociedad analfabeta. Precisamente por ello, señor de Azúa, los Gobiernos han de tener la responsabilidad de hacer llegar la cultura, toda la cultura posible, a sus conciudadanos, para no crear gente inculta e ignorante, capaz de ser fácilmente manipulada. Más o menos como el señor Azúa, que enseguida comienza a descalificar: "Fíjese lo que ha salido de la Facultad de Políticas de la Complutense...Es lo más ignorante del país, pero consiguen llevar a la gente gregaria, como corderitos". Quizá el señor Azúa ignora que la Facultad que refiere es una de las más prestigiosas del país, donde trabajan eminentes filósofos como Carlos Fernández Liria, al que seguramente el señor Azúa no llegará ni a la altura del betún. Y quizá al señor Azúa le parezcan corderitos la gente que vota a PODEMOS, pero no tilda de corderitos a los votantes del resto de fuerzas políticas, sobre todo del bipartidismo, que llevan haciéndolo durante más de 30 años. 

 

Continúa a la carga: "Desde mi edad yo siempre aconsejo que no se haga caso a ningún partido político o institución, nada que sea colectivo ni nada que sea gregario. Cultívate tú mismo, pero sin hacer caso de nadie". Parece que se trata de la versión intelectual del neoliberalismo, que reniega de lo público, de lo colectivo y de lo común, y aboga por el individualismo, el egoísmo, la competencia y el "sálvese quien pueda". Un poco más tarde ya comienza a confesarse: "Veo algo de decencia en CIUDADANOS". Vaya, parece que por fin se le comienza a ver un poco el plumero (de hecho, pertenece al núcleo fundacional del partido de Albert Rivera, aunque no desempeñe ningún cargo dentro del mismo). Pero mirad por dónde, su balanza se inclina por la fuerza política más demagógica de todas, precisamente aquélla que ha venido a "regenerar" el panorama político, pero que en realidad no es otra cosa que una herramienta al servicio de las clases dominantes para continuar con las mismas políticas del bipartidismo. Su discurso no obstante es desolador, pide que los más preparados huyan de la política, y asegura que "En los partidos, o te corrompen o te destruyen (...). Es la podredumbre absoluta. Hay que apartar las manos para no mancharse". Claro, el señor Azúa se suma al discurso catastrofista generalizado, que aboga por el "Todos son iguales", y seguro que de ahí pasa a "La corrupción está en todos sitios", y un largo etcétera, pero qué curioso, el único partido que se lleva sus críticas más feroces es el de Pablo Iglesias. 

 

Sus palabras para con la formación morada son tremendas: "Han aceptado dinero de los gorilas venezolanos y de los verdugos iraníes. Yo no entiendo cómo alguien les sigue haciendo caso". Sólo para contestar a estas afirmaciones del señor Azúa necesitaríamos otro artículo separado, pero intentaremos contestarle rápidamente con otras varias preguntas: ¿sabe el señor Azúa que las querellas y denuncias sobre lo que acusa a PODEMOS han sido archivadas por los jueces? ¿sabe el señor Azúa que los "gorilas" venezolanos, como despectivamente les tilda, han ganado las elecciones durante muchos años? ¿critica el señor Azúa a PODEMOS sin pruebas por aceptar dinero de los iraníes, pero no critica a la Monarquía española que se reúne cariñosamente con los monarcas sauditas, sangrientos y tiránicos responsables de las mayores masacres de Oriente? Qué facil es, cuando no se tienen argumentos para rebatir un ideario político, entrar como una apisonadora, salirse por los cerros de Úbeda, y decir que en Irán "cuelgan a los homosexuales de grúas y lapidan a las adúlteras", cuando no han criticado en su vida a ningún país oriental por no respetar los derechos humanos, incluso han aplaudido cuando nuestra indecente Monarquía se reunía con ellos. La conclusión está clara: el señor Azúa es, sin paños calientes, otro Eduardo Inda, es decir, otro agresivo paladín vocero papagayo de la clase dominante, sin escrúpulos, al que no le importa mentir, difamar y calumniar con tal de desgastar a sus enemigos. 

 

Pero no quedan aquí las descalificaciones del señor Azúa, que no deja títere con cabeza. Sobre la formación de un posible Gobierno, es bastante pesimista: "O es algo disparatado, con independentistas y abertzales, que habría que marcharse de España, o Rajoy y Sánchez se suicidan y pactan". Y sentencia: "La ideología no debería tener peso ahora mismo sino la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos". Podría comenzar el señor Azúa en aplicarse el parche, que durante toda la entrevista se dedica a intentar liquidar a PODEMOS y a sus líderes, a no ser que piense que la formación de Pablo Iglesias es la única que no busca la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. El señor Azúa reproduce los mismos esquemas mentales y actitudinales que reprocha a los políticos, entrando continuamente en contradicciones entre lo que dice en un momento determinado y lo que dice en el momento siguiente. Pero quizá las declaraciones más grotescas, y por tanto las que han tenido mayor repercusión mediática, han sido las machistas dedicatorias que le ha regalado a la Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, hasta tal punto que existe una petición en Change.org para que la RAE exija la dimisión a este señor. Las declaraciones en cuestión son las siguientes: "Una ciudad civilizada y europea como Barcelona tiene como alcaldesa a Colau, una cosa de risa. Una mujer que debería estar sirviendo en un puesto de pescado. No tiene ni idea de cómo se lleva una ciudad ni le importa. Lo único que le importa es cambiar los nombres de las calles". 

 

De nuevo, intolerables declaciones provenientes de todo un académico, que se descalifican por sí mismas, y que demuestran la talla moral del personaje. El señor Azúa debería saber que precisamente Ada Colau está contribuyendo (con el resto de las ciudades del cambio) a que precisamente Barcelona sea una ciudad más civilizada, porque está presionando al Gobierno para que su Administración (local) pueda encargarse de la recepción de los refugiados, esos mismos que están llamando a las puertas de Europa, y resulta que Europa se las cierra todas, incluido nuestro indecente Gobierno del PP. Y de nuevo se contradice, porque si como el señor Azúa dice el franquismo aún pervive en nuestra sociedad, debería estar muy agradecido al Ayuntamiento de Ada Colau por dedicarse a cambiar los nombres de las calles, que hacen homenajes y menciones honoríficas a personajes franquistas. Lo que sí tengo claro es que, incluso como vendedora de pescado, la señora Colau lo haría mejor que el señor Azúa. Y remata Azúa de la misma forma como empezó: "La ideología es para los tontos". Claro, debe ser por eso que él también tiene la suya. En definitiva, de Azúa se muestra como uno de esos intelectuales de pacotilla, que no pueden siquiera disimular su fanática adscripción al pensamiento dominante, y que resulta un claro exponente de la mediocre clase intelectual que poseemos. Y es que ya se sabe: se puede ser un burro en pie, aunque se sea científico, artista, escritor o académico.

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10 abril 2016 7 10 /04 /abril /2016 23:00

No valen medias tintas; si bailas demasiado pegado con el capitalismo siempre existe un mismo final: te pisotea

Alfredo Serrano Mancilla

¿Y cuáles podríamos decir, respondiendo al título de nuestra serie de artículos, que son las diferencias fundamentales del socialismo "clásico" con el socialismo de nuestro siglo XXI? Pues los grandes objetivos (redistribución de la riqueza, justicia social, etc.) continúan manteniéndose, y añadimos (ya lo hemos comentado en muchas ocasiones a lo largo y ancho de estos artículos, y en muchos otros de nuestro Blog) los temas troncales y transversales del feminismo (la lucha contra el patriarcado), del pacifismo (la lucha por la paz y el internacionalismo) y el ecologismo (la lucha por el respeto a la naturaleza y al resto de seres vivos del planeta), sin los cuales el actual socialismo no podría ser entendido. Las luchas por la liberación animal, por la liberación de los pueblos y por la liberación de las minorías oprimidas serían también otras luchas añadidas a la causa original socialista. Ya le hemos dedicado, en ésta y en otras series de artículos, profundas exposiciones a dichos temas, luego por tanto, no insistiremos más aquí. Pero no acaban con ellas las diferencias, aportaciones y actualizaciones que el socialismo y el marxismo actuales incorporan sobre sus concepciones clásicas. Tomando como referencia a la pensadora chilena Marta Harnecker, uno de los mayores referentes vivos del socialismo actual, expondremos algunas de esas diferencias. 

 

Partamos del proyecto socialista inicial, como una visión de una sociedad fundamentalmente igualitaria, de justicia social, donde todos gozasen de la riqueza generada por la misma. Y entendíamos que para eso se requería un Estado, fuerte en un principio, que destruyese las poderosas fuerzas del Estado burgués, tomase en sus manos los medios de producción, planificase la economía centralmente, evitando la anarquía capitalista, y por supuesto suprimiese la pobreza, redistribuyera la riqueza, etc. Podemos decir que todo ese ideal se materializó fundamentalmente en el proyecto socialista soviético, que era el que nosotros teníamos como faro en su época de esplendor. Pero con el tiempo, en dicho modelo se pervirtieron muchos aspectos, se dieron muchas deformaciones. En primer lugar, el modelo de partido único (el partido revolucionario, el partido bolchevique en el caso que nos ocupa) como un partido dueño y depositario de la verdad, que por lo tanto debería conducir al Estado (de hecho se transformó en partido de Estado) y que desde arriba debería resolver los problemas de la gente, porque sabía lo que había que hacer, siguendo la supuesta doctrina socialista. Pero entonces, lo que fue ocurriendo con el tiempo fue que la planificación (estatal) se fue convirtiendo en planificación burocrática, es decir, generando una especie de casta que desde arriba planificaba, y los destinatarios de los bienes de esa planificación, dejaron de sentirse identificados con lo que se les ofrecía. 

 

La brecha comenzó a ser cada vez más gruesa. Los estamentos estatales dejaron de representar al pueblo, se fue instalando la corrupción, y la clase gubernamental y el partido se convirtieron en poderosos enemigos de las clases populares. Esto es de hecho el mejor argumento que poseen los detractores del modelo socialista, que argumentan que nunca se ha podido llevar a efecto en  ningún país, porque es un sistema fallido de facto, imposible de implementar. Y por eso, también, el socialismo actual ha superado esa fase de propiedad estatal para alcanzar otra fase superior, como es la propiedad social, la que evitaría justamente todos estos desmanes. El socialismo actual conserva las mismas metas de justicia social originales, pero se entiende que tiene que ser un socialismo construido con la gente, teniendo en cuenta su participación, su apoyo y su respaldo, porque es una democracia radical. Y en las democracias radicales, para ser realmente democracias, tiene que ser el pueblo el que construya, el que gobierne, y los líderes y gobernantes deben estar para obedecer las directrices de su pueblo. En dos palabras: mandar obedeciendo. Entonces, el tema de la participación popular es troncal en el socialismo de hoy día, cosa que antes (en el socialismo clásico) no lo era. Podemos decir que el ideal democrático se pone incluso por encima del ideal socialista, en el sentido de que es el pueblo quien guía los designios del proyecto socialista. 

 

Y luego, esta reflexión se plasma también en una forma característica de alcanzar el poder que es diferente. Porque en el pasado, las experiencias históricas (fallidas o exitosas) del socialismo han sido fundamentalmente experiencias guerrilleras, o si se quiere experiencias armadas (piénsese en los orígenes de la Revolución Cubana), que han surgido o bien de guerras imperialistas, o de guerras civiles, pero donde siempre el proceso revolucionario popular ha tenido que emplear las armas para liberarse de su enemigo opresor. Entonces, estos grupos armados que llegaban al poder, o ejércitos rojos, destruían el aparato del Estado, y a partir de ahí podían empezar a construir, si bien no de cero, algo bastante cercano a eso, un aparato de Estado distinto, relaciones de producción distintas, sistemas educativos distintos, modelos productivos distintos, etc. Hoy en día, para nosotros, el camino para llegar a esta meta de plena participación popular y de pleno desarrollo humano (lo que al fin y al cabo es el socialismo), ese objetivo, tiene que ser alcanzado a través de la vía institucional. Y si nuestro caminar es a través de esta vía, tenemos que comenzar, como un paso inicial, por cambiar las reglas del juego institucional. Simplemente porque las instituciones funcionan según las reglas burguesas, según los dictados del pensamiento dominante, con sus formas y sus modos, y todo esto hay que cambiarlo. 

 

Y ese sería, de forma bastante resumida, el camino socialista de hoy en día. La senda socialista del siglo XXI, un camino al cual hay que acercarse instalando gobiernos progresistas o gobiernos de izquierda que preparen las condiciones para recorrer el camino, y poder llegar a la meta. Que cambien los modelos productivos, que cambien los modelos de propiedad, que comiencen procesos de redistribución de la riqueza, que practiquen políticas de respeto y reconocimiento a otros sujetos de derecho distintos (los pueblos, la naturaleza, los animales). Que comiencen procesos de desmontaje de la brutal influencia del pensamiento dominante, porque muchas veces esos gobiernos alcanzan mediante victorias electorales correlaciones de fuerzas demasiado estrechas que no les permiten poseer amplias mayorías para ganar procesos constituyentes, y de ahí la tremenda importancia del masivo apoyo popular. Quizá el punto de inflexión, el hito más interesante durante este camino, sea la organización de un Proceso Constituyente popular, que aunando el respaldo social mayoritario, haga partícipe a todo el pueblo (justo lo que consiguieron Fidel en Cuba y Chávez en Venezuela) de la revolución socialista necesaria y de la consecución de sus objetivos. Por tanto y resumiendo, el Socialismo del siglo XXI es diferente en el fondo (asume nuevos ideales a la vez que abandona otros), y en la forma (en la manera de implementar, en la estrategia para alcanzar los objetivos, mediante procesos plenamente democráticos). Continuaremos en siguientes entregas.

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