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11 febrero 2016 4 11 /02 /febrero /2016 00:00

De conseguir tumbar el TTIP, habríamos ganado al poder industrial y sentaríamos un precedente histórico en la lucha por la democracia

Pia Eberhardt

Y es necesario volver a recordar, llegados a este punto, las formaciones políticas con las que podemos contar a la hora de combatir el TTIP, y la cuestión parece estar muy clara, pero volveremos a insistir en ello, porque, como ya nos tienen acostumbrados, los distintos partidos y bloques políticos (en relación al Parlamento Europeo) juegan al continuo despiste de cara a la ciudadanía, y  mientras se llenan la boca diciendo defender los derechos sociales y laborales, culturales y políticos, en definitiva los Derechos Humanos, la realidad es bien distinta, pues cuando llega la hora de votar, se alinean con las posturas más neoliberales de la Comisión Europea. No nos engañemos por tanto sobre este punto, ya que sólo existen dos bloques en relación al asunto de los TLC: la coalición de conservadores, socialdemócratas y liberales (representados en nuestro país por el tripartidismo PP-PSOE-C's, más el resto de fuerzas de carácter neoliberal, como PNV-CDC-CC...), y la coalición alineada con la Izquierda Verde Europea, representada en nuestro país por PODEMOS, IU-UP, y el resto de fuerzas de la izquierda, como EQUO, Compromís, CUP, EH-Bildu, etc.

 

Tengámoslo claro, por tanto, a la hora de prestar nuestro apoyo, y de dejarnos convencer o no, por los charlatanes que las representan, porque como decimos, se prestan a un peligroso juego a dos bandas, pues mientras sigilosamente ayudan a aprobar TLC's como el TTIP, en sus respectivos países dicen abogar por el fin de la austeridad y la defensa de los derechos humanos. Y debemos entender la protesta contra los TLC no en forma aislada, sino como un todo, pues las mismas fuerzas políticas que abogan en su contra, son las mismas que también están en contra de los paraísos fiscales, a favor de la banca pública, a favor de la auditoría de la deuda, de la renta básica, y de muchas otras medidas, que las fuerzas que abogan por los TLC's no apoyan. Los dos bandos están, por tanto, muy claros, por mucho que nos digan frases bonitas como que "no necesitamos frentes, sino destacar lo que nos une". Son puros eslóganes de cara a la galería, que no aclaran realmente nada, sino que a lo único que contribuyen es a intentar crear más confusión ideológica, y bajo la bandera de la conciliación, del pactismo y de la negociación, intentar llevarnos a su terreno. Y es un terreno terriblemente peligroso. 

 

Y ello porque, centrándonos en los servicios públicos (a los que ataca fundamentalmente el TISA), si los diversos TLC en liza se aprueban definitivamente, no existirá ninguna posibilidad de construir y mantener el tan ansiado Estado Social Europeo, del que forma parte nuestro Estado de Bienestar (tan atacado últimamente), si no se puede conservar una arquitectura pública, gratuita y universal para nuestros servicios públicos. Pero evidentemente, los TLC representan un ataque en toda la línea de flotación de estos principios, ya que sus adalides son los primeros que afirman que "lo gratuito no es sostenible". Y bajo ese mantra, intentan convencernos de las bondades de la gestión privada de nuestros servicios públicos, tarea en la que llevan inmersos varios años, intentando a varias bandas, y en varias oleadas privatizadoras, introducir el negocio privado y la lógica del beneficio en la arquitectura de nuestros servicios públicos. Y evidentemente, ello no es factible. Sólo la lógica de la rentabilidad social y de la inversión pública permite que disfrutemos de unos servicios completamente públicos, pues en caso contrario, si estos principos se rompen, si cambian los pilares de esta arquitectura, la extinción de estos servicios públicos estará, más pronto que tarde, asegurada. 

 

Y por supuesto, las grandes empresas transnacionales (y sus innumerables corporaciones filiales y asociadas) están obsesionadas por introducir sus modelos de negocio en los servicios públicos, para transformar el principio básico orientado a la rentabilidad social y al bien común, por el orientado a la rentabilidad económica y a la obtención de beneficios empresariales. Es otro punto sobre el cual no debemos dejarnos engañar, porque estos dos principios no casan, ni son compatibles entre sí. Y debemos rehuir de los experimentos en este sentido, pues lo único que pretenden es abordar la privatización poco a poco, de forma progresiva, de tal manera que el impacto sobre la ciudadanía sea sostenido, suave, pero al fin y al cabo, igualmente implacable. Y tomando las palabras de Fátima Aguado y Francis Cabezos, de la Federación de Servicios de CC.OO.: "Una sociedad moderna, igualitaria, que quiere construir una convivencia digna para que las personas puedan realizar sus proyectos vitales, es una sociedad en la que la redistribución de la riqueza es un punto básico de partida, unos cimientos sobre los que debe levantarse todo el edificio social que nos acoge como personas, y nos eleva a la categoría de propietarios de derechos de ciudadanía, de personas con futuro". Porque en efecto, los modelos de bienestar encarnan las señas de identidad de las sociedades más avanzadas, pero la corriente neoliberal más salvaje y conservadora está atropellando el derecho de la ciudadanía a unos servicios públicos de calidad. 

 

Nosotros, la clase trabajadora, las clases populares, las clases más vulnerables, estamos en el otro bando, en el bando de la defensa de la justicia social, del empleo digno, estable, decente y con derechos, del Estado del Bienestar y de la soberanía popular, para que sean los Estados, de forma democrática, los que regulen las reglas del juego, y no las insaciables multinacionales, que sólo buscan la lógica del beneficio a toda costa, sin importarles, desde su cima, ningún otro criterio. Bajo la excusa de la libre competencia (ya reflejada en el Tratado de Lisboa de 2007), se pretende abrir totalmente el abanico de servicios liberalizados, ahondando en la desregulación de los mismos, abriéndolos a la competencia privada, y despojando al conjunto de la ciudadanía de sus derecho a los mismos. Y para conseguirlo, pretenden dar a estos acuerdos transnacionales una categoría supraconstitucional, que limita la capacidad reguladora de los Estados en todos los niveles de sus respectivas Administraciones Públicas, en lo referente a la normativa que regula dichos servicios. Y aún es mayor la amenaza, al pretender hacer esto con un país como socio (EE.UU.) que sigue sin ratificar (dejaremos para un artículo posterior de esta serie todo el conjunto de normativas sobre derechos humanos que incumple USA) más de 70 Convenios de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Mal socio, referente y compañero de viaje hemos buscado, pues. Continuaremos en siguientes entregas.

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10 febrero 2016 3 10 /02 /febrero /2016 00:00

En la “lucha contra el terrorismo” que proclama Washington desde los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, en realidad enmascara cualquiera de sus agresiones militares contra otras naciones, y se incluye otra famosa frase, la de “daños colaterales”, que utiliza para justificar ataques y crímenes a poblaciones civiles

Rubén Abelenda

Creemos, a estas alturas de la serie, que hemos acreditado hasta la saciedad, bajo innumerables puntos de vista, usando infinidad de razonamientos y demostrándolo con hechos contrastados, que es una absoluta falacia la adscripción de Estados Unidos como una "democracia avanzada", así como el reconocimiento de su lucha "por los Derechos Humanos". Pero por si hubiese todavía lectores poco convencidos, les recomiendo este artículo de Michael Collon, de su propio sitio web, donde enumera un impresionante listado de varias de las aberraciones que el Gobierno de Washington ha perpetrado en su historia reciente, tales como armar a los saudíes en contra de los progresistas árabes, apoyado a la dictadura franquista en nuestro país, a la dictadura de Salazar en Portugal, apoyado la dictadura de Batista en Cuba, intentado acabar miles de veces con la revolución cubana, apoyado el sistema de apartheid en Sudáfrica, matado a 500.000 indonesios para imponer la dictadura de Suharto, instalado una dictadura militar en Vietnam, instalado una dictadura militar en Grecia, apoyado al golpista Pinochet para derrocar a Allende, armado a terroristas para desestabilizar Angola y Mozambique, asesinado a dos presidentes ecuatorianos para encumbrar en el poder a dictadores, derrocado al Presidente Zelaya en Honduras, apoyado al dictador Duvalier en Haití, apoyado a los talibanes en Afganistán, o a la contra nicaragüense. 

 

Pero aún hay más, sin agotar la lista: han invadido la isla de Granada, apoyado a los coroneles asesinos en Argentina, apoyado al General Banzer (y dictador) en Bolivia, apoyado las dictaduras feudales en Nepal y Tíbet, financiado a Mubarak en Egipto, apoyado los bombardeos con napalm del régimen etíope en Somalia, intentar derrocar y asesinar a Hugo Chávez en Venezuela (así como desestabilizar económicamente dicho país, y apoyado a los golpistas opositores), hacer lo mismo con Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, promocionar el derrocamiento del gobierno ucraniano y la guerra civil en Ucrania, así como las de Libia y Siria, y ¡cómo no!, apoyado y protegido todos los crímenes de Israel contra el pueblo palestino, quizá el genocidio más antiguo y sangrante de la actualidad. ¿Alguien da más? ¿Conocemos en la Historia (reciente) de la Humanidad algún país más macabro? Pareciera que los Presidentes estadounidenses no han evolucionado mucho desde los tiempos del Rey Agamenón, que afirmaba que "La paz es para los débiles...Los Imperios se forjan con la guerra". USA no sólo es un magnífico alumno de dichas enseñanzas (más de 3.500 años después), sino que pone en práctica dicho adagio a sangre y fuego. 

 

Claro, algo de optimismo nos podría llevar a pensar que los actuales líderes de Estados Unidos, en pleno siglo XXI, ya están hechos de otra pasta, que todas esos crímenes y correrías ya han quedado atrás, y que USA no tiene más remedio que volverse una nación civilizada...Si pensáramos esto, estaríamos en el más absoluto estado de inopia e ingenuidad posible, ya que basta mirar a los actuales líderes (sobre todo republicanos), para darnos cuenta de que, incluso, más que evolucionar, los candidatos norteamericanos retroceden, involucionan, empeoran su condición, su idiosincrasia. Tenemos hoy día quizá el caso más paradigmático de todos. Su nombre: Donald Trump. Tomamos como referencia este artículo de Howard Fineman para el medio The Huffington Post, para definir un poco la personalidad y las credenciales de dicho personaje. Trump es un peligroso multimillonario estadounidense, rancio, mal educado, agresivo, racista, xenófobo y arrogante, pero si sólo se quedara aquí, el problema no sería tan grave. Lo peor de todo es que Donald Trump no sólo falla en las formas, sino también en el fondo, representando no sólo la corriente más pura y dura del Tea Party (ultraconservadores y ultraliberales), sino la versión más agresiva del mismo. Y así, el grosero magnate norteamericano propone, entre otras, medidas como las siguientes:

 

1.- La construcción de un muro para militarizar la frontera entre EE.UU. y México

 

2.- Una postura belicosa en relación a Irán, China y Rusia

 

3.- Un absoluto desprecio por el Gobierno Federal, por todo el Gobierno (incluso por sus propios compañeros contrincantes a la Casa Blanca) y por la política tradicional que se ha venido practicando hasta ahora (pero no para suavizarla, sino para endurecerla).

 

4.- Un rechazo inmediato al acuerdo sobre el control de armas nucleares con Irán, que ahora está en el aire. 

 

5.- Una postura fortalecida a favor de la posesión individual de armas para la población norteamericana.

 

6.- El reemplazo de la reforma sanitaria de Barack Obama por un sistema privado de salud. 

 

7.- Una actitud de constante enfrentamiento, arrogante, irrespetuoso e injurioso, tanto en política como en los medios de comunicación, y en general, contra cualquiera que se le enfrente.

 

Este impresentable vocero del gran capital mundial, aunque acaba de sufrir una primera derrota en los caucus del Estado de Iowa, primero en liza para la carrera presidencial, no se priva a la hora de lanzar comentarios sexistas sobre las mujeres, de burlarse de los discapacitados, de arremeter abiertamente contra los políticos, de incendiar los medios de comunicación con sus groseras declaraciones, de insultar a los inmigrantes, sobre todo a los musulmanes (a quien pretende prohibir la entrada a los Estados Unidos), y de verter opiniones mezquinas e insulsas sobre asuntos fundamentales. Y lo mejor de todo, es que posee una buena cantera de ciudadanos/as norteamericanos/as que le apoyan, incluso con auténtica pasión, en todas estas barbaridades que acabamos de mencionar. Al parecer, su nicho de votantes responde al perfil de hombres blancos y jóvenes que apenas tienen una formación superior, que se dejan llevar por los exabruptos de Trump. Pero lo auténticamente significativo del fenómeno Trump es que representa de forma clara a un segmento muy importante de la población norteamericana, que le respalda sin fisuras.

 

Muchos expertos aseguran que él no hace más que vehiculizar públicamente lo que muchos/as norteamericanos/as piensan. Y desde ese punto de vista, lógicamente, Donald Trump es un producto de su propia sociedad, es un fiel reflejo de su gente, de lo que piensa un amplio sector de la ciudadanía norteamericana. Su grupo de fieles lo sigue a todas partes, y utilizan material de campaña de su propia factoría. Trump se ha convertido en un bufón mediático imprescindible, que además, planea seriamente hacerse con la Casa Blanca. Sus seguidores creen, desde su visión de la realidad política, que un empresario con una reputación de despiadado negociador (hombre de éxito, forjado a sí mismo, lo cual cuadra muy bien con la mentalidad norteamericana), puede ser un buen líder para la nación, respondiendo con ello, una vez más, al aberrante concepto que de la política poseen los estadounidenses (al menos, un gran segmento de ellos, tampoco queremos ser injustos). Como vemos, el Estado de Guerra Permanente continúa y continuará en USA, mientras líderes de esta calaña sean los que gobiernen los destinos de la nación más poderosa del mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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9 febrero 2016 2 09 /02 /febrero /2016 00:00

La corrupción es la injusticia y falta de solidaridad convertida en sistema

Rómulo Pardo

En el presente artículo vamos a intentar salir al paso de varias declaraciones realizadas de un tiempo acá por los dirigentes políticos (a veces también económicos) de las clases dominantes, y más concretamente del Partido Popular, en lo relativo a la naturaleza de la corrupción. Quizá una de las más argumentadas últimamente ha sido la pronunciada hace varios días por el Ministro de Justicia en funciones, Rafael Catalá, cuando al ser preguntado por esta cuestión, ha aseverado: "La corrupción se refiere a las personas, no a las organizaciones". Dichas declaraciones se enmarcan, como tantas otras, en el intento desesperado de defender al PP (como organización) sobre las acusaciones de corrupción en las que se está viendo envuelto, motivos por los cuales ya ha sido imputado (como organización). En realidad, es una afirmación más de tantas otras como se hacen en el intento de desviar el foco de atención, la responsabilidad y la gravedad sobre los casos de corrupción del Partido Popular, como cuando afirman que "corrupción existe en todas partes". 

 

Pero sin embargo, esta afirmación del Ministro Catalá (que tampoco ha sido original, ya fue proclamada por otros anteriormente) es especialmente significativa, así que vamos a tomar cartas en el asunto, para intentar rebatirla. Bien, parece ser que se parte de la idea de que no se puede tildar de "corrupta" a la propia organización, entidad, organismo o empresa (PP, en este caso), porque dicha cualidad sólo cabe asignarla a las personas. Desde ese punto de vista, parecería lógico, ya que tampoco las organizaciones son "bondadosas", "amables", "orgullosas", y un sinfín de características más de dimensión humana que atribuiríamos únicamente a las personas, y no a las organizaciones, al igual que si en una tienda familiar tres miembros de la familia son cojos, no diríamos que la tienda o el negocio es cojo, sino que son cojos sus dueños, o quienes lo gestionan. Perfecto hasta aquí. Impecable. Pero sin embargo, cuando afirmamos que el PP es corrupto, que es una organización criminal, pensada para delinquir, lo que estamos queriendo decir no es que determinadas personas concretas de dicha organización sean corruptas, sino que los propios procesos, sistemas, procedimientos y protocolos que dicha organización posee, o si se quiere, sus propios fundamentos de actuación, son corruptos. Es decir, es el propio sistema, formado, proyectado y creado por las propias personas que forman dicha organización, el que crea modos, formas, costumbres, usos y procedimientos corruptos, basados en métodos corruptos, y por tanto, donde no caben por definición procedimientos lícitos, éticos, morales y legales.

 

Y de ello tenemos infinidad de pruebas. Quizá la más evidente es que, cuando se han encontrado en el seno del partido (o en sus asesores o colaboradores) a personas que no querían seguir dichos procedimientos, el partido (las personas, pero también la propia organización) los han despedido, apartado, marginado o expulsado. Y a este nivel, es propio comparar al PP, por ejemplo, con una organización mafiosa, es decir, cuyo objeto es el diseño de una organización criminal. Y en este sentido, cuando por ejemplo hablamos de la mafia calabresa, no decimos que "sus miembros" sean los corruptos, sino que la propia organización lo es, pues está pensada para ello. Armando B. Ginés lo ha explicado en los siguientes términos: "Se quiere dar a entender que la corrupción no es estructural en el régimen capitalista, sino que presenta casos aislados e individuales, pasajeros y puntuales. Sin embargo, la corrupción del capitalismo es inherente al sistema. El capitalismo se basa en la corrupción ideológica, ética, política y económica. Su sustento, con añagazas legales o sin ellas, descansa sobre un dato objetivo: la explotación laboral y el robo institucional de una parte considerable del trabajo ajeno. A partir de esta premisa se construye un edificio jurídico, mítico y de valores que sostienen la ficción democrática bajo los conceptos estrella de libertad, igualdad y participación sociopolítica". 

 

Y al ser corrupto el propio sistema, podemos colegir que la organización es corrupta en sí misma. Podemos poner múltiples ejemplos, en otros órdenes, que compartirían una filosofía similar, y que podrían ayudarnos a entenderlo. Por ejemplo, no es lo mismo, hay que distinguir, entre la injusticia concreta que se pueda cometer contra un trabajador, y la injusticia que pervive en el propio sistema que permite que exista dicho trabajador. Una cosa es que sea injusto lo que un empresario pueda hacer, y otra cosa bien distinta es que es injusto el propio sistema que permite que dicho empresario pueda actuar de esa forma. Es una diferencia de dimensiones, entre el mundo de los árboles y del bosque, de las manzanas y del cesto, de los hechos y de las estructuras. El capitalismo es por tanto estructuralmente corrupto, y más allá de la lucha contra las injusticias concretas cometidas por él, es relevante la lucha contra el capitalismo en sí mismo, que permite que se den dichas situaciones. Podemos tomar como referencia también las palabras de Manolo Monereo y Héctor Illueca, que han dejado escrito lo siguiente: "Aunque a alguno se le erice el pelo, la actual forma del Estado no es la de un régimen democrático salpicado por casos de corrupción, sino la de un régimen oligárquico atravesado por la corrupción, y apenas disimulado por instituciones aparentemente democráticas". 

 

Esperamos que, después de estas reflexiones, quede acreditado, razonado y aclarado qué queremos decir cuando nos referimos al Partido Popular como organización corrupta en sí misma, y por tanto, pensamos que no es correcto dejarlo, como hizo recientemente el Ministro de Justicia, sólo en el ámbito de las personas. Nos cuentan esto para intentar que no veamos el bosque de la podredumbre de su formación política, con casos de corrupción sangrantes, innumerables y estructurales, con formas de actuar corruptas, con fines corruptos en sí mismos, que les han llevado desde el pago de las reformas de su sede central de C/. Génova pagada con dinero negro, hasta la cúpula del PP valenciano imputada al completo (han tenido que nombrar una Gestora provisional que dirija el partido allí), pasando por la Caja B y los sobresueldos de los dirigentes, los papeles de Bárcenas, o el expolio ingente de recursos y fondos públicos que hay detrás de los casos Gürtel, Púnica, Noos, Fabra, Camps, Matas, Granados, y un largo etcétera que hunde en el fango a esta organización, y que demuestra hasta qué nivel de ponzoña hemos albergado en nuestras instituciones. 

 

PS. Aún estamos esperando que Rajoy asuma responsabilidades políticas por los "...Te quiero, Alfonso, coño, te quiero..." y otras lindezas vertidas en los mítines del PP valenciano.

 

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8 febrero 2016 1 08 /02 /febrero /2016 00:00

De lo que se trata es de la creación de un hombre y una mujer nuevos, de una nueva cultura y un nuevo tipo de sociedad, caracterizados por la abolición de toda forma de opresión y explotación, el primado de la solidaridad, el fin de la separación entre gobernantes y gobernados, y la reconciliación del hombre con la naturaleza

Atilio A. Borón

Revisados ya los aspectos fundamentales del capitalismo y del socialismo del siglo XXI, estamos intentando exponer, como recapitulación de todo lo expuesto y como propuesta de modelo de sociedad, una alternativa basada en nuevos parámetros de funcionamiento que rompan con los patrones y los moldes actuales. Ya sabemos que el capitalismo, donde es consustancial la lucha de clases, se basa en postulados que sostienen que el egoísmo y la competitividad serán los motores de la economía, y lograrán un reparto que posibilite cierta cohesión social. Como el símil de la torre de copas de champán, piensan que la riqueza generada en la cima de la pirámide se desbordará hacia las capas inferiores, y siempre algo llegará a las mismas. Pero como estamos pudiendo comprobar con la evolución de nuestra propia sociedad, dichos postulados son absolutamente falaces. Con el tiempo, se pierde dicho equilibrio, la sociedad se vuelve inestable, se fomentan los desequilibrios y desigualdades sociales, y el sistema amenaza con el colapso. Perder ese equilibrio se manifiesta en que las contradicciones del sistema se agudizan, que la economía deja de crecer, entra en sucesivas crisis, la cohesión social estalla por los aires, y la sociedad se rompe. 

 

Entramos por tanto directamente en la barbarie, que ya hemos expuesto durante los primeros artículos de esta serie. Y los intentos actuales de suavizar el sistema, de parchearlo, de volverlo más humano o más "verde", no solucionan la cuestión. Parece por tanto que existe (como efecto de siglos de hegemonía cultural del pensamiento dominante) un miedo social atroz a buscar soluciones radicales, que exploren otros modelos de sociedad diferentes, bajo otros parámetros de funcionamiento distintos. Intentan convencernos de que dichos modelos ya fracasaron (cuando la verdad es que nunca se instalaron), porque precisamente, quieren convencernos de que no lo intentemos. Argumentan que todo ese ideario y todos esos conceptos del socialismo y del marxismo son manidos, están obsoletos y superados, y que no han funcionado nunca, ni pueden funcionar. Pero sin embargo, mientras nos dicen esto, su lucha de clases continúa, sin dar respiro a la clase trabajadora, que se limita a sufrir los embates del capitalismo más salvaje e insaciable. La lucha de clases se intensifica aún más en tiempos de crisis, como los actuales, donde contemplamos con estupor cómo todas las "reformas estructurales" que nos implantan tienen como objetivo desmontar todas las conquistas de las clases populares, y fortaceler el poderío de las clases dominantes. 

 

En épocas de crisis como la actual, el sistema se vuelve aún más despiadado, la lucha se vuelve más encarnizada, el capitalismo muestra su auténtico rostro, su verdadera crueldad, su cara más despótica, el Estado se quita su disfraz de amable protector del conjunto de la ciudadanía, para dejar entrever su lado más feroz, más clasista y más burgués, protegiendo mediante sus instituciones a las clases más poderosas. Negar por tanto la lucha de clases es un ejercicio engañoso, o cuando menos, de supina ignorancia o ingenuidad. La sociedad alternativa al capitalismo debe buscar un nuevo equilibrio, sustentado en los nuevos valores que estamos intentando exponer. Este modelo alternativo de sociedad no debe por tanto, si somos fieles a las enseñanzas y experiencias del fallido capitalismo, dejar que la cohesión social se alcance espontáneamente, sino que debe imponerla. Debe buscar las herramientas que la consigan, y que además la hagan sostenible en el tiempo. No podemos dejar que los individuos se conviertan en lobos contra sí mismos, porque entonces sólo la barbarie social estará garantizada, como en las guerras. No podemos dejar que los individuos actúen únicamente bajo su instinto de supervivencia, dejando que el mercado funcione por sí mismo, que la economía se desregule, que las relaciones laborales se desregulen, y que la sociedad se convierta, así, en una selva. Una sociedad realmente evolucionada y avanzada debe imponer unos moldes, unos patrones de funcionamiento para asegurar que el conjunto de sus individuos alcanzan la armonía social. 

 

No podemos dejar que el individuo sea presa de sí mismo, que sea víctima de la desregulación de los mercados, de la más feroz competencia, del más genuino egoísmo. No podemos dejar que el ser humano sea dominado por la economía, como si ello fuera una ley natural. La sociedad no puede ser víctima de sí misma, sino que ha de dominarse y controlarse, ha de ser dueña de su propio control. Mientras el ser humano, y la sociedad de la que forma parte, no se conviertan en dueños de sí mismos, no ejerzan el control sobre su propio destino, su evolución irá en su contra y no a su favor, conduciéndonos a nuestra propia autodestrucción. Por tanto, la nueva sociedad alternativa al capitalismo debe conducirnos a nuestra liberación. Al igual que evolucionamos tecnológicamente y genéticamente, hemos de evolucionar también socialmente, diseñando normas y modelos coherentes, basados en la justicia social, en el progreso, en la cooperación, en la solidaridad, buscando el bien común, porque el bien común sí que se traducirá en el bien individual y concreto para todas las personas. Sólo una sociedad que de verdad busque el bien común será garantía del bienestar de todos sus miembros. En palabras de José López: "La ley de la jungla funciona espontáneamente, pero la civilización hay que construirla". El socialismo del siglo XXI se nos presenta, por tanto, como alternativa real al capitalismo, como un modelo de sociedad más elaborado, más sofisticado, más evolucionado, más humano. 

 

El capitalismo se preocupa de proteger la propiedad privada de los medios de producción, y deja todo lo demás en manos de la naturaleza, de la desregulación, del mercado, de la competitividad de unos individuos sobre otros. Hemos de echar abajo este diabólico sistema, y construir una sociedad con otras reglas y otros principios. Porque como estamos viendo, el propio capitalismo termina por sacar a la luz sus propias debilidades y contradicciones, por mucho que sus apologetas se empeñen en esconderlas y en justificarlas. Y así, estamos pudiendo comprobar cómo durante todos estos años de crisis el sistema ha de rescatarse a sí mismo, y para evitar la rebelión de las masas, debe intensificar el radio de influencia del pensamiento dominante, y se recurre cada vez más a la alienación de los medios de comunicación, aliados imprescindibles del sistema. Pero como también ello es insuficiente, el sistema recurre a la represión, al cuestionamiento de las libertades básicas y fundamentales, a la insistencia sobre un "orden público" que instaure una "paz social" basada en la asunción inexcusable de las reglas capitalistas. Hoy día ya todo ello no se esconde, sino que se propugna sin complejos. Hace pocos días, nuestro actual Ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García Margallo, afirmaba sin despeinarse que todas las fuerzas políticas deben asumir los parámetros de la globalización [capitalista] a la que estamos sometidos, so pena de convertirnos en una Bolivia, una Cuba o una Venezuela. Es una afirmación absolutamente terrible, escandalosa, pero se acepta como algo absolutamente normal. Margallo nos está queriendo decir que no intentemos construir otro mundo diferente al que ya existe, porque seremos atacados y vencidos. No es la exposición de unas ideas, son claras amenazas para quien intente subvertir el orden capitalista mundial. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 febrero 2016 5 05 /02 /febrero /2016 00:00

Si vivimos en un planeta con recursos naturales limitados, es evidente que el reparto de riqueza es la única forma de caminar hacia la justicia

Yayo Herrero

Continuando con todo el tema hídrico ya comenzado en el artículo anterior de esta serie (donde hablamos de nuestros mares y costas), continuaremos aquí abordando el tema de nuestros ríos, donde es imprescindible mantenerlos vivos, así como fomentar un ahorro efectivo de agua. Desde el advenimiento de los grandes procesos de industrialización, se dan continuamente casos de fábricas y empresas que vierten sus residuos (de forma controlada o accidental) al curso de nuestros ríos, provocando graves casos de contaminación del agua, y de muerte masiva de las especies que los habitan. Ante tales casos, la desidia de nuestras Administraciones Públicas para paliar los efectos de dichas situaciones, así como para impedir que vuelvan a ocurrir, ha sido pasmosa. La transición definitiva de la política de aguas en nuestro país para cumplir con los principios de sostenibilidad y la normativa europea queda en gran parte en manos de nuestras Comunidades Autónomas, ya que ellas, en sus respectivos Estatutos de Autonomía, quedan definidas como las Administraciones competentes para dichos asuntos. 

 

Y en primer lugar, necesitamos concienciar a la población y a nuestras Administraciones del grave problema hídrico que padecemos, derivado (de hecho, supone una de sus facetas principales) de la evolución experimentada por nuestros ecosistemas por efecto del cambio climático. De hecho, las aportaciones de agua que llegan de nuestros ríos ha descendido bruscamente durante las últimas décadas, y según todos los organismos responsables, esta tendencia continuará durante los próximos años. En este magnífico artículo del que extraemos parte de esta información, Edmundo Fayanás nos informa de que para el conjunto de España, y durante los últimos 25 años, se han reducido en un 20% el total de los recursos hídricos disponibles. En algunos casos, ha sido especialmente dramático, como en la cuenca del río Segura, cuya disminución hídrica ha sido de un 40% durante los últimos 20 años. Con todo ello, nuestro país padecerá un déficit hídrico estructural que afectará a más de la mitad de la Península, destacando sobre todo las cuencas del Júcar, Segura, Guadiana, Guadalquivir, todo el arco mediterráneo, así como la cuenca del Ebro, especialmente afectada. Con estos datos, la conclusión está clara, sin pretender ser apocalípticos: avanzamos sin remedio hacia un colapso hídrico y medioambiental, como consecuencia de la inacción de nuestros políticos, de la labor depredadora del capitalismo, y de la falta de concienciación ciudadana sobre estos asuntos. Dicho en otras palabras: nos estamos quedando sin agua. 

 

Los ríos y afluentes secos, o con un caudal inferior al nivel ecológico mínimo no podrán, si no tomamos medidas que lo impidan, garantizar la supervivencia de sus respectivos ecosistemas. Con unos niveles de lluvia y nieve inferiores a lo esperado, es previsible un descenso muy acusado del caudal medio de los principales ríos, lo cual supondrá un caos hídrico de imprevisibles y dramáticas consecuencias. El déficit hídrico ya es preocupante, y con los efectos del cambio climático es de suponer que se acentúe. Hemos de tomar conciencia imperiosamente sobre la importancia de este hecho. Los deltas de algunos ríos desaparecerán, debido principalmente al crecimiento del nivel de los mares, y a la débil aportación de agua de sus respectivos ríos. Por otra parte, fuertes inundaciones y períodos prolongados de sequía también desequilibrarán los ecosistemas, y provocarán graves alteraciones de los mismos, siendo también fuente de la aparición y repetición de fenómenos climáticos adversos. Por tanto, toda la ciudadanía ha de ser consciente de la importancia del tema del agua, y exigir a los partidos políticos y movimientos sociales que luchen por la implantación de medidas racionales, que sirvan para paliar estos graves efectos y sus terribles consecuencias. 

 

Para garantizar el buen estado de las masas de agua (ríos, acuíferos, humedales, pantanos, etc.) es necesario que las políticas sectoriales (competencia de nuestras CC.AA.) minimicen el consumo de agua, garanticen caudales ambientales parecidos al régimen natural, y aseguren la calidad del agua disponible. Las Administraciones Públicas encargadas de agricultura, urbanismo, turismo e industria deben respetar el Dominio Público Hidráulico, las llanuras de inundación, y evitar la contaminación difusa o los usos excesivos. Asímismo, debe procederse a planes de limpieza del caudal de todos nuestros ríos, para evitar en lo posible riesgos de desbordamiento excesivo ante la ocurrencia de lluvias torrenciales, que suponen un grave peligro para determinados núcleos de población. Por otra parte, en vez de más embalses, hay que promover el ahorro y la depuración del agua, y garantizar la gestión pública de un bien público, desechando todas las posibles iniciativas gubernamentales o empresariales dirigidas a la privatización parcial o total de cualquier proceso de gestión del agua. Las medidas concretas que se proponen son las siguientes:

 

1.- Asegurar el ahorro real de agua para los usos agrícola, doméstico e industrial, a través de la modernización de infraestructuras y sistemas obsoletos de riego y distribución, asegurando que dicho ahorro contribuya al buen estado de nuestras masas de agua. 

 

2.- Renunciar a las políticas de trasvases, así como a la creación de nuevos embalses. 

 

3.- Establecer caudales ambientales en todos los tramos de los ríos, que garanticen la permanencia de la vegetación de ribera y de la fauna piscícola autóctona con unos niveles de población adecuados. 

 

4.- Reducir la contaminación de ríos y humedales, promoviendo buenas prácticas de fertilización, manejo de suelos y depuración de aguas y reduciendo el uso de plaguicidas, mediante el fomento del control natural de plagas. 

 

5.- Depurar las aguas residuales mediante la construcción de depuradoras de agua en pequeños núcleos de población, basadas en humedales artificiales. Mantener, ampliar y modernizar las depuradoras con la recuperación de los costes del agua. 

 

6.- Reconocer explícitamente el agua como bien público y promover el control público del uso del agua, evitando excesos en las extracciones e incentivando el uso responsable y la recuperación de los costes económicos, ambientales y sociales. Garantizar el derecho humano al agua, sobre todo a hogares con pocos recursos. Evitar cualquier proceso total o parcial de privatización de la gestión del agua. 

 

7.- Promover la gestión de la demanda del agua y el consumo responsable en las ciudades, redactando ordenanzas que obliguen a la instalación de sistemas ahorradores en viviendas, instituciones y edificios públicos y privados, e industrias, así como limitar el uso del agua para labores de jardinería. 

 

8.- Reducir significativamente la superficie (número de hectáreas) dedicada a la agricultura de regadío, promoviendo que ésta haga un uso eficiente del agua. Debemos ser conscientes de que el 80% del consumo nacional de agua se deriva a la agricultura. 

 

9.- Realizar una amplia reformulación de la planificación urbanística actual, teniendo en cuenta esta deriva de escasez de agua, así como de otras fuentes de energía. El desarrollo turístico de toda la costa mediterránea está depredando los pocos recursos hídricos que van quedando. Tengamos en cuenta que el consumo hídrico de un turista es cinco veces superior al de un/a ciudadano/a autóctono/a. Desde este punto de vista, el denominado "turismo sostenible" también es un objetivo a conseguir.

 

10.- Por último, debemos mejorar la gestión de los territorios fluviales. Sirva como ejemplo, como nos recuerda Edmundo Fayanás en su referido artículo, que aún en España existen 2 millones de pozos ilegales, y ningún gobierno ha sido capaz de controlar este fenómeno. Las Administraciones Públicas están respondiendo a estos problemas hídricos construyendo más presas, embalses y encauzamientos, pero ya hemos comentado que ésta no es la solución, sino que ella pasa por establecer una política racional de oferta y demanda, que parta de la base de que el agua es un bien público al servicio de la mayoría, y no un bien a mercantilizar en defensa de los intereses de las grandes empresas constructoras y multinacionales. Debemos por tanto mejorar y recuperar los humedales como auténticos pulmones de depuración natural del agua, cuidar y mimar los agotados acuíferos esquilmados por los pozos ilegales, e implantar sistemas de drenaje sostenibles en nuestras ciudades. 

 

Pero lo principal, como decíamos más arriba, es la conciencia ciudadana sobre el terrible problema hídrico que sufrimos, problema que irá avanzando según avance también la intensidad de los efectos del cambio climático. Todo ello agravará las tensiones por la gestión del agua entre los diversos territorios, desatando y agravando los actuales conflictos por las disputas en cuanto a su compartición, uso y responsabilidad. Debemos tomar importantes medidas en relación al tema, si no queremos que estas "guerras por el agua" entre los distintos pueblos se acrecienten, y pasen a representar auténticos conflictos territoriales. Finalizado el tema hídrico, continuaremos en siguientes entregas.

 

 

Fuente principal de referencia: Documento "Un Programa por la Tierra"

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4 febrero 2016 4 04 /02 /febrero /2016 00:00

Lo que la gente ve, lee y escucha, lo que viste, lo que come, los lugares adonde va, y lo que cree estar haciendo, han pasado a ser responsabilidades de un sistema de información que fija gustos y valores en función de sus propios criterios de mercado, los cuales, a su vez, se refuerzan a sí mismos

Herbert Schiller (“Los manipuladores de cerebros”)

Continuando desde el artículo anterior, y a tenor de la concienciación de la propia clase trabajadora, es lógico encontrarse, en multitud de ocasiones, con trabajadores/as que se olvidaron de la lucha obrera, de la dignidad, de la conciencia de clase, para pasar a ser fieles aliados del capital, amigos íntimos de sus jefes, cómplices de sus dueños. Pero observemos el siguiente dato: frente a un ínfimo porcentaje de trabajadores/as afiliados hoy día a organizaciones sindicales, tenemos un altísimo porcentaje de empresas afiliadas a sus correspondientes asociaciones patronales. Ello nos conduce a una única conclusión: la clase dominante posee mucha más conciencia de la necesidad de su organización y de su defensa que la clase dominada. Es, por tanto, una guerra que estamos perdiendo. Más bien, entre la clase trabajadora se conforman con ciertas migajas que les conceden sus superiores, con tal de renunciar a su libertad como hombres y mujeres, y a su dignidad como trabajadores y trabajadoras. Y es que el pensamiento dominante crea continuamente nuevos aliados. Aquél trabajador o trabajadora (o ciudadano/a en general) que no entre por dichos parámetros, que no acepte tales reglas del juego, simplemente queda aislado/a. El ciudadano ideal para el sistema sabe que, para integrarse en el mismo, para ser parte de él, debe ser sólo uno más, no debe destacar, no debe "señalarse", no debe ponerse en evidencia, no debe cuestionar el sistema, es decir, debe practicar el pensamiento único. 

 

Y así, hoy por hoy, la rebeldía está mal vista. En la sociedad del egoísmo y del individualismo imperante, la rebelión contra el sistema, si no estamos mínimamente organizados, nos conduce al aislamiento, y a ser considerados por los demás, cuando menos, como un/a triste ingenuo/a. El pensamiento alternativo se convierte, de esta forma, en el mejor pasaporte para la exclusión social. Para la sociedad capitalista, para esta sociedad de la alienación, pensar por uno mismo se convierte en una práctica antisocial en sí misma. No está bien visto, es algo raro, extremadamente inusual, muy poco frecuente, porque las personas obedecen los patrones del sistema a carta cabal. Destacaremos por extraños si vertimos nuestras opiniones y planteamientos, y éstos se alejan de  lo que el sistema considera la "normalidad". Quien no siga estrictamente las normas sociales, quien se aparte del guión establecido, quien cuestione las reglas del sistema, se convierte en una persona incómoda, non grata. Se convierte en un raro, y es un claro candidato o candidata a la marginación. Por ejemplo, ¿cuántas personas conocemos en nuestro entorno cercano que opinen que hemos de salir del euro como moneda común? ¿cuántas son verdaderamente ateas? ¿cuántas manifestan abiertamente que deberíamos estar fuera de la OTAN? Seguramente muy pocas. Y así, podríamos extender el cuestionario a muchas más preguntas. 

 

Para integrarse en la sociedad del pensamiento único, los ciudadanos deben estar alienados, como sus conciudadanos. Nadar contra corriente puede salirnos muy caro. Es más cómodo no cuestionar el sistema, no "pasarnos de listos", no hacer preguntas demasiado incómodas, limitarnos a sobrevivir y competir en nuestro mundo globalizado, limitarnos a contemplar cómo miles de ricos se vuelven cada vez más ricos, mientras despiden de sus fábricas y empresas a otros tantos miles, que se volverán pobres. Y aceptar todo ello, porque, simplemente, "es lo que hay". Contemplar cómo los pobres refugiados que huyen de sus países en guerra son tratados como perros sarnosos cuando intentan llegar a países "civilizados" o "desarrollados". Pues si en esto consiste la civilización, es preferible ser un hombre primitivo. Es más cómodo, por tanto, no rebelarse ante el sistema, porque de lo contrario, puede llegar a costarnos muy caro. El ciudadano/a ideal del capitalismo es, en definitiva, un ser individualista, egoísta, narcisista, superficial, hipócrita, corto de miras, comodón, simple (por muchos títulos universitarios, méritos, reconocimientos, experiencia o premios que acumule), materialista, obediente, sumiso, cobarde, gregario, pasivo (por lo menos, en cuanto a las cuestiones más trascendentales), conformista (salvo en cuanto a la acumulación de dinero y posesiones materiales, donde siempre quiere más), corrupto y mediocre.

 

Destaca por su poca madurez intelectual. Puede poseer mucha cultura, muchos conocimientos, pero ello no le hace ser más útil, más valioso, más íntegro ni más valiente. Y es que el capitalismo amplifica las peores características del ser humano, al mismo tiempo que reprime las mejores, o en todo caso, las encauza para reafirmar las bases del sistema, como mínimo, para no ponerlas en peligro. Por ejemplo, la iniciativa y el espíritu de superación están bien vistos siempre que se utilicen para que el individuo se integre en el sistema, pero son el enemigo a combatir si el individuo las utiliza para intentar cambiarlo o transformarlo. Tomemos el ejemplo, tan de moda, de la caridad, que es (o suele ser) producto de la solidaridad individual, simbólica, anecdótica, es bienvenida mientras no "degenere" en la solidaridad colectiva, en la auténtica solidaridad social, pues ésta última pondría en serio peligro los fundamentos del sistema y del pensamiento dominante. Por ejemplo, de entre todos los voluntarios que se fueron a Galicia a limpiar las playas del chapapote cuando ocurrió la marea negra después del hundimiento del Prestige, seguro que había muchos empresarios que no sólo practicaban la explotación laboral y el autoritarismo con sus trabajadores, sino que además, en las próximas elecciones, votarían a opciones políticas que no ponían toda la carne en el asador para que tragedias como la del Prestige no volvieran a ocurrir....¿no es este comportamiento sumamente incoherente?

 

Pero podemos plantear muchas otras variantes de lo mismo: por ejemplo, ¿no es incoherente pertenecer al voluntariado de un Banco de Alimentos, y votar al Partido Popular, que es la formación política que mejor contribuye a que tengan que existir los Bancos de Alimentos? Practicamos muchas veces la solidaridad y la caridad porque es la forma más cómoda de hacernos aparecer como buenas personas y de limpiar la conciencia, pero en realidad, los comportamientos auténticamente valientes son los que se enfrentan de verdad al sistema, los que intentan erradicar del mismo las profundas injusticias sociales que padecemos. Pero claro, lo fácil es irse a Galicia a limpiar las playas, en vez de plantearnos seriamente qué ha ocurrido, porqué ha ocurrido, y adoptar las convicciones y acciones (a eso es a lo que llamamos coherencia) para evitar, desde nuestro grano de arena, que no vuelva a pasar. Otro ejemplo: así como en todo lo que respecta al ocio incluso se promociona la faceta social del individuo, por el contrario, en todo lo que tenga que ver con la supervivencia, se promociona la faceta más individualista del ciudadano. Por ejemplo, los ciudadanos/as se "unen" para celebraciones deportivas o culturales, convertidas en la mejor manera de controlar a las masas, necesitadas de vez en cuando de grandes eventos donde canalizar su carácter social, mientras que cuando se trata de luchar por las condiciones de trabajo y de vida, se procura que cada cual vaya por su lado. Y así, ante auténticas medidas de calado social, los apoyos populares son normalmente muy inferiores a los registrados para otras causas. 

 

 

Podemos poner varios ejemplos concretos de ello: hoy día, es muy superior el número de personas que se manifiestan ante la alegría de que su equipo de fútbol favorito gane algún trofeo, que el número de personas que se manifiestan ante la adopción de medidas de regresión social por parte del gobierno de turno. O bien, tomando el caso muy actual de Cataluña, es muy superior el número de personas que se manifiestan reclamando una "causa nacional" (la identidad de Cataluña como nación, y su derecho a decidir), a aquéllas que se manifiestan ante una "causa social" (degradación de la educación o de la sanidad públicas, pongamos por caso).  Todo ello ocurre porque quiénes controlan el sistema actual ponen todo su empeño a través de la educación y de los medios de comunicación para modelar al ser humano, con el objetivo supremo de evitar que el sistema cambie. El ciudadano/a ideal para el capitalismo es aquél que piensa y actúa de manera que no ponga en peligro el status quo de quienes dominan la sociedad. Incluso más que reprimir al ser humano, que evitar ciertas facetas de su esencia, se trata sobre todo de canalizarlas de la manera más adecuada, esto es, de la forma más inofensiva para el sistema. Así, la alienación del individuo pasa cada vez más desapercibida, y es por tanto más eficaz. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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3 febrero 2016 3 03 /02 /febrero /2016 00:00

Un tratado [el TTIP] que destruye la capacidad de regulación de los Estados en aspectos esenciales de las condiciones de vida de toda la población --laborales, sanitarias, ecológicas, culturales-- y reduce la soberanía de éstos al punto de equipararlos con las multinacionales en cuanto a poder de negociación

Fragmento del Manifiesto “Salir del Euro” (diversos autores)

Otro de los aspectos perniciosos que el TTIP abordaría sería el relativo a la privacidad en sentido amplio, puesto que, al igual que en otros temas ya abordados en artículos anteriores, la legislación estadounidense, más laxa, vendría a imponerse a la europea, por ser más beneficiosa para los intereses de las multinacionales. El periodista y escritor David Bollero, en su artículo para el sitio web www.espacio-publico.com, en el que nos basamos para esta exposición, argumenta que en un nuevo estudio comparativo entre las garantías de protección de datos que ofrece EE.UU. respecto a la UE, podemos comprobar hasta qué punto los enfoques y puntos de vista jurídicos son radicalmente opuestos. Y aclara: "Mientras en Europa disfrutamos de un marco de protección de los datos personales bastante amplio, incluido y codificado en el Derecho primario, al otro lado del charco son las diferentes agencias las que adoptan diferentes criterios, variando significativamente los niveles de protección en función del contexto y la instrumentalización de los datos". Especialmente, y de unos cuantos años acá, el tema de la privacidad de la información y de la protección de los datos personales ha tomado una importancia relevante, no sólo por el destape de las estrategias de espionaje de las grandes agencias norteamericanas, como la NSA, sino por el creciente poderío que las grandes empresas transnacionales imponen sobre la posesión y uso de nuestros datos confidenciales. 

 

Y así, los gigantes como Google, Microsoft, Facebook, Youtube, y otros muchos, disponen de un arsenal de información completa no sólo sobre nuestros datos personales, sino que elaboran constantemente perfiles y datos complementarios basados en nuestros rastros de navegación, preferencias e históricos de eventos, visitas, criterios, filtros e interacciones con la Red (lo que se denominan los "metadatos"). Y el peligro está en que todo este material privado pueden ponerlo en circulación, y cederlo o venderlo a terceras empresas, que pueden hacer un uso ilegal, fraudulento, incluso invasivo y hostigador, en base a ellos. Y si bien es verdad que cualquier ciudadano/a estadounidense puede reclamar la protección de sus datos amparándose en la Cuarta Enmienda de su Constitución o en la Ley de la Privacidad, no es menos cierto que todo eso se borra de un plumazo al agitar la bandera de la seguridad nacional (argumento tan socorrido para los actuales Gobiernos), sin incluir consideraciones (como de hecho sucede en la UE) de proporcionalidad. Dicho de otro modo, la privacidad del individuo, en este sentido, es totalmente secundaria, pues está sujeta al libre albedrío de la agencia gubernamental de turno. En Europa, a diferencia de lo que ocurre en USA, para que pueda producirse puntualmente un intercambio de información personal entre, por ejemplo, autoridades policiales y los servicios de inteligencia, es necesaria una justificación específica y concreta, y su autorización correspondiente. En Estados Unidos, en cambio, ese intercambio es la norma, y no la excepción. 

 

Por otro lado, mientras nuestra legislación europea de protección de datos se aplica a todo ciudadano residente en su territorio, no ocurre así en USA, donde si los niveles de protección de datos para un estadounidense son laxos, para un/a ciudadano/a extranjero/a residente en Estados Unidos, son casi inexistentes. Por ejemplo, un extranjero ni siquiera tendría derecho a revisión judicial en caso de que una agencia norteamericana traspasase los principios más elementales de proporcionalidad en el tratamiento de sus datos personales. Y es lógico pensar, al igual que para otras materias que aborda el Tratado, que las multinacionales norteamericanas no van a ceder en estos asuntos. Otro ejemplo lo constituye la cesión de datos personales entre organismos públicos, o incluso, a terceros con propósitos comerciales. Mientras en la Unión Europea hace años que esta cesión está sujeta a la autorización del propietario de dichos datos, no es así en USA, que obvia cualquier tipo de supervisión, control o regla de proporcionalidad. Tampoco se recogen allí los derechos de correción, actualización o cancelación de los datos de carácter personal, como tenemos en nuestro continente. En una palabra, y para este asunto, en EE.UU. las empresas gozan de un poder y de una impunidad tremendas para utilizar o ceder los datos confidenciales de sus usuarios para cualquier fin. 

 

Afortunadamente, el grado de sensibilización, concienciación y conocimiento ciudadano sobre estos asuntos se ha disparado (a raíz de los recientes escándalos de espionaje norteamericanos), lo cual es positivo de cara a un posible y deseable rechazo masivo de lo que supone este demencial Acuerdo de Libre Comercio. Hoy día la movilización del conjunto de la ciudadanía europea es más intensa, real y efectiva, y durante el último año se han recogido más de tres millones de firmas en contra del TTIP. Por tanto, aún la batalla no está perdida. Podemos revertir la situación, y dar al traste con este nuevo estadío del neoliberalismo más salvaje que quieren imponernos. Podemos acabar con la impunidad de las transnacionales que supondrá el Tratado, y podemos continuar conservando, aunque bastante tocada, la soberanía de los pueblos europeos, para no caer en el precipicio que el TTIP representaría. En realidad, bastaría con que un sólo Estado Miembro se pronunciara en contra para que el TTIP no se pudiera aprobar, y en este sentido, tenemos noticias de que la opinión pública de países como Alemania o Austria ya ha manifestado estar rotundamente en contra de este TLC. Tenemos también muchos otros antecedentes de luchas victoriosas, como el rechazo final al AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones) en 1997, y el rechazo del Parlamento Europeo al ACTA (Acuerdo Comercial de Lucha contra la Falsificación) en 2012. 

 

No obstante, no podemos dejar de estar alerta como ciudadanía responsable, porque estos asuntos, mientras tengamos un contexto mundial de capitalismo globalizado como el actual, volverán a plantearse de cara al futuro, y las grandes empresas y sus lobbies no pararán mientras tengan alguna posibilidad de conseguirlo. Por otra parte, y como ya hemos indicado en otros artículos de la serie, el TTIP no es el único enemigo a batir. Precisamente, para este año está previsto que el Parlamento Europeo vuelva a manifestarse sobre el CETA, un TLC entre la UE y Canadá cuya negociación ya está cerrada, pudiendo considerarse como el hermano mayor del TTIP. Si llegara a aprobarse definitivamente, podría constituirse en un fantástico argumento de peso para los defensores del TTIP, y en una herramienta de presión para los Estados, y para convencer a los agentes indecisos. Por tanto, la conclusión está clara: debemos luchar con todas nuestras fuerzas contra toda manifestación del poder de las multinacionales de ambos lados del Atlántico, sea cual sea su forma, manifestación o envoltura. Porque en el fondo, en realidad, son distintas versiones o adaptaciones de una misma cosa, que no es otra que un ataque contra la democracia, contra la soberanía de los Estados, y contra los derechos humanos. Debemos conseguir que todos los partidos políticos se pronuncien claramente sobre los TLC, para saber a lo que atenernos. Los TLC deben formar parte de los debates electorales, y de los compromisos de los candidatos, así como ser parte de las agendas públicas en mítines y reuniones de negociación. Continuaremos en siguientes entregas.

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2 febrero 2016 2 02 /02 /febrero /2016 00:00

Pero, ¿quién puede creer a estas alturas que a Estados Unidos le preocupe la democracia en el mundo? Y que la defiendan ...¿con la ayuda de Arabia Saudí y de Israel? Lo único que ha demostrado que le preocupa son sus intereses geoestratégicos y el acaparamiento de materias primas como el petróleo y las rutas del gas

Alex Anfruns

En el artículo anterior de la serie comenzábamos a hablar sobre la actual crisis que sufre Puerto Rico, bajo su estatus de ELA (Estado Libre Asociado) a USA, aunque más bien lo calificaríamos de poco libre, asociado a la fuerza, y en bancarrota. Y además, cuando corresponde definir quién pagará el desastre económico generado en la perla caribeña, desde Estados Unidos se alega que, como todo ello viene de décadas de malas administraciones puertorriqueñas, sus costes deben recaer sobre el pueblo del ELA. Otro caso más de fracaso de la gestión neoliberal, que siguió las pautas de nuestros PIGS europeos (Portugal, Italia, Grecia, España, etc.), endeudándose de forma ilegítima para rescatar a los grandes capitales financieros, y cuando estalla la burbuja, las únicas recetas son las de la consabida "austeridad", que paga el pueblo en sus servicios públicos, en su patrimonio y en su protección social por parte del Estado puertorriqueño. Como vemos, más de lo mismo, nada nuevo bajo el horizonte neoliberal. Si en el Viejo Continente nos lo exige la Comisión Europea, al pueblo boricua se lo exige EE.UU.

 

Así que el pueblo de Puerto Rico lleva décadas de precarización del empleo, de bajar salarios, de reducir pensiones, de privatizar los servicios públicos, y de elevar impuestos. Las mismas recetas de siempre, a favor de los de siempre, en contra de los de siempre. Pero todo ello no castiga a quiénes fueron responsables de dicho desastre económico, a quiénes se endeudaron ilegítima e ilegalmente, generando deudas insostenibles para el Estado, ni a quiénes practicaron el salvaje e indecente despilfarro, sino al pueblo llano puertorriqueño, que se limitó a servir de conejillo de indias, como tantos otros pueblos, de la ideología neoliberal más salvaje. En el caso de Puerto Rico estamos además ante un ataque colonial, ejercido en toda regla por parte de la potencia dominadora, contra un indefenso pueblo que sólo pretende vivir. La situación de guerra permanente contra los pueblos administrados por el imperialismo estadounidense continúa, no cesa, es implacable. En este caso, además, se omite que durante más de un siglo, Puerto Rico estuvo completamente al servicio de surtir y satisfacer las necesidades económicas norteamericanas, actuando, nunca mejor dicho, como un auténtico patio trasero, amoldándose a las necesidades de la economía estadounidense, incluso a costa de su propia subsistencia. 

 

Nils Castro lo explica en los siguientes términos: "Cuando Estados Unidos necesitó azúcar, se cañaveralizó a la isla arrasando los demás cultivos y la seguridad alimentaria, hasta que los agricultores norteamericanos la surtieron con azúcar de remolacha. Entonces se impuso la industria de derivados del petróleo hasta que la crisis de 1973 encareció el suministro y dañó el negocio. Luego, el Congreso estadounidense favoreció con exoneraciones la instalación de industrias ligera y farmacéutica en la isla, hasta que éstas la abandonaron cuando los atractivos asiáticos y los TLC con México y Centroamérica les ofrecieron mayores ventajas. E invariablemente esas empresas repatriaron enormes ganancias sin reinvertir en Puerto Rico, y cada una de esas experiencias le restó sostenibilidad a la economía del país, cuya gente nunca las ideó ni fueron sus beneficiarios. Y cada una dejó una crisis humana --y demográfica-- por la cual millares de puertorriqueños no tuvieron más remedio que dejar su patria". Es la lamentable historia de esta preciosa isla. 

 

Puerto Rico es un ilustrativo ejemplo de curiosa respuesta a la clásica pregunta: ¿quién debe a quién? Porque está claro que el auténtico deudor es Estados Unidos, que ha utilizado el territorio y los recursos económicos y naturales de Puerto Rico absolutamente a su servicio. La crisis en Puerto Rico subsistirá mientras no se deje a los puertorriqueños escoger libremente sus propias alternativas, y usar de forma soberana sus propios recursos, instalando los modelos económicos que sus propios gobernantes elijan de forma democrática. Pero como sabemos, Estados Unidos es absolutamente incapaz de comprender esto, y mucho menos de tolerarlo. Y el otro ejemplo de nación que ya avanzamos en el artículo anterior fue el de Haití, protagonista de cien años de ocupación y de resistencia, como explica Henri Boisrolin (Coordinador del Comité Democrático de Haití) en este artículo para el medio Brecha publicado en Rebelion, del que tomamos gran parte de la información. Nos tenemos que remontar a 1915, cuando las tropas de Estados Unidos entraban en Haití para evitar la conformación de un Gobierno contrario a sus intereses (¿nos suena de algo esta historia? ¿no es la misma de siempre para el gigante norteamericano?). Permanecerían allí durante casi 20 años, gobernando a sangre y fuego, implantando un sistema cercano al esclavismo.

 

Las tropas norteamericanas que desembarcaron en Puerto Príncipe ocuparon en pocos días las ciudades más importantes del país, y establecieron un control militar de sus aduanas que duraría hasta 1934. Por aquéllas calendas, la situación política de Haití era absolutamente caótica, produciéndose levantamientos populares, asesinatos políticos, exilios forzados, cambios continuos en la Presidencia del país, Golpes de Estado, etc. Estados Unidos decidió entonces invadir, ante el advenimiento de nuevos líderes que pusieran en jaque sus intereses. Establecieron el Convenio haitiano-estadounidense en 1916, redactaron una nueva Constitución en 1918 e impusieron reformas económicas en función de sus propios intereses, así como un trato racista en todos los ámbitos y facetas de la vida en la isla. Y así, la vida de millones de ciudadanos haitianos fue destruida durante varias generaciones. Estamos ante otro caso de neocolonialismo ejercido por el salvaje imperialismo estadounidense, construido mediante un largo proceso de destrucción (practicando una violencia inusitada contra la población) de las estructuras económicas y productivas del país caribeño. 

 

Haití se convirtió rápidamente, y aún continúa, disfrazado bajo otras formas, en el principal productor de mano de obra barata para las empresas norteamericanas instaladas allí. Ésta es la razón principal que explica el progresivo empobrecimiento del pueblo haitiano, la destrucción de su economía rural, el hambre, el desempleo, los éxodos masivos de población, y en una palabra, el exterminio de todas las posibilidades autóctonas de sobrevivir. Toda una masacre humanitaria, llevada a cabo durante implacables décadas de dominio imperialista. Varios historiadores haitianos fijan la cifra de víctimas de la ocupación estadounidense en más de 15.000, perpetradas durante masacres de campesinos, la imposición de duros e injustos sistemas de trabajo, y el terrorismo empleado por USA para vencer a la resistencia guerrillera haitiana. Es imprescindible, en ambos ejemplos que hemos puesto (Haití y Puerto Rico) continuar la lucha política y social para recuperar la soberanía de dichos pueblos, y su derecho a la autodeterminación, acabando con el vasallaje y el bárbaro colonialismo que se viene practicando desde el imperialismo estadounidense. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 febrero 2016 1 01 /02 /febrero /2016 00:00

La lucha de clases es una dura guerra donde no hay bombas pero sí hay víctimas

Fernando Lamata y Manuel Oñorbe

Estamos intentando exponer los puntales fundamentales de una sociedad alternativa al capitalismo, esto es, de una sociedad de corte socialista, a la luz de las graves características del capitalismo actual, y que respete y sea coherente con los objetivos que nos hemos venido marcando en entregas anteriores. Abundando en las características que debería cumplir dicho modelo de sociedad alternativa, deberíamos mencionar que el sistema de propiedad predominante sea el colectivo (no el privado) y funcione mediante el cooperativismo u otras fórmulas de propiedad comunal. Sólo la autogestión de los trabajadores en las empresas podrá responder a un modelo justo, donde no prime la obtención de beneficios sobre los intereses de los trabajadores/as. Asímismo, la sociedad ha de evolucionar hacia un sistema de distribución equitativo, lo que se traduce en que todo el mundo debería tener cubiertas sus necesidades básicas. Nadie puede disfrutar de cosas superfluas mientras todo el mundo no tenga lo fundamental. Por su parte, la gestión del poder, además de descentralizada, debe ser horizontal, no jerárquica ni despótica. Y hemos de replantearnos nuestras escalas de valores, para tender hacia una valoración orientada al bien común, y practicar lo cooperativo frente a la competencia, la solidaridad frente al egoísmo, la propiedad pública frente a los intereses privados. 

 

Y así, tenemos ya hoy en día bastante desarrolladas muchas experiencias de nuevas formas de relación social, que ponen en crisis y en debate permanente las formas antiguas y obsoletas, y avanzan para mostrarnos cómo se puede articular una sociedad diferente. Algunos ejemplos de ellas son los proyectos de municipalismo alternativo, las iniciativas de economía social, las finanzas éticas, la agroecología, o el sindicalismo y los medios de comunicación alternativos. Todos ellos rompen con el clásico enfoque capitalista de sus iniciativas actuales, y demuestran que otro modelo de sociedad es posible. Y por supuesto, un tema fundamental para el desarrollo de los mimbres de una sociedad alternativa al capitalismo ha de pasar, forzosamente, por la democratización de la economía, aspecto que desarrollamos a fondo en los últimos artículos de nuestra serie titulada "Objetivo: Democracia", y que recomiendo a los lectores que no la hayan seguido. En efecto, la Democracia Económica representa el último estatus de desarrollo de la propia democracia en sí misma, y culmina todos los procesos y avances democráticos que una sociedad plenamente desarrollada, avanzada y civilizada debería conseguir. Ello implica básicamente, y a muy grandes rasgos, control social de los medios de producción, control público del sector financiero, planificación económica con participación social, y control social de los bienes producidos. 

 

Pero aún deberíamos apuntar a otros objetivos, si pretendemos una sociedad realmente alternativa al modelo capitalista y neoliberal actual. Deberíamos poner el foco en las características aberrantes de nuestra sociedad de consumo, adoptando modelos diferentes para el mismo, es decir, asumiendo un consumo responsable, más austero, menos obsesionado por el consumo individual y más coherente con las nuevas escalas de valores sociales, tanto personales como colectivos. Un modelo de sociedad alternativa al capitalismo será aquél que garantice universalmente los derechos sociales, que ponga el foco en las personas y en sus necesidades, que ponga la política por delante de la economía, y que acabe con todos los grandes monopolios privados, blindando los servicios fundamentales para su protección al conjunto de la ciudadanía. Un modelo de sociedad que priorice los intereses de los pueblos y de la naturaleza, que les reconozca como sujetos de derechos, y que además de la faceta económica, preste atención a la faceta ecológica y a la faceta cultural, rompiendo la hegemonía del pensamiento dominante. Un modelo de sociedad que abrace el pacifismo, el feminismo, el ecologismo, y que haga imperar la plena armonía entre el hombre y su entorno natural, como base para la sostenibilidad de los pueblos y de la naturaleza. 

 

Sólo este nuevo modelo alternativo será capaz de abordar con garantías nuevos enfoques para la solución de grandes problemas que hoy día tiene planteados nuestra civilización, tales como las enormes desigualdades sociales, o el fenómeno del cambio climático. En caso contrario, si no somos capaces de vislumbrar e instaurar los pilares para esta nueva sociedad, asistiremos a medio y largo plazo a un colapso civilizatorio, que será la suprema expresión a la que nos conduce el bárbaro capitalismo globalizado bajo el que vivimos. De hecho, ya estamos asistiendo a una nueva generación de lo que pudiéramos denominar como el neofascismo, alimentado por todos estos grandes desequilibrios sociales, y sus permanentes conflictos entre sí. En el fondo, capitalismo y fascismo se dan la mano, pues son dos caras de la misma moneda, que representan modelos de sociedad extremadamente autoritarias y represivas. Para no caer en todo ello, la base de la pirámide social debe ser la democracia, pero la democracia plena y profunda, no los atisbos de pseudodemocracia que sufrimos en la actualidad. Y es que sin democracia no es posible el socialismo, porque el socialismo es la extensión de la democracia hasta sus últimas consecuencias, esto es, en todas las facetas. "Socialismo es democracia sin fin", como nos dejara dicho el Comandante Hugo Chávez. 

 

Y así, por ejemplo, hemos hablado de la nacionalización y expropiación de los medios de producción y de los grandes sectores estratégicos de la economía por parte del Estado, pero todo ello no basta. Porque el Estado debe ser, a su vez, también apropiado por el conjunto de la ciudadanía. Es lo que hemos llamado el control social, no basta el control estatal, necesitamos el control social, el control común, es decir, la democratización de la gestión de dichos medios de producción, y de dichos sectores económicos básicos. En resumidas cuentas, el Estado debe también ser gestionado democráticamente por la sociedad a la que pertenece. No debe ser el Estado quien controle a la sociedad, sino la sociedad quien controle al Estado. La sociedad socialista, a diferencia de la capitalista, busca primordialmente compaginar la rentabilidad económica y social con la equidad en el reparto, dando por supuesto prioridad a ésta última. Es decir, dejar de preocuparnos por el nivel de renta que generamos (el PIB), y comenzar a preocuparnos más del reparto equitativo de la que ya existe. Como ya hemos expuesto, la sociedad capitalista gira en torno al beneficio, y propugna que cada invididuo busque obsesivamente el beneficio propio, haciendo que cada uno se busque la vida, maximizando la competitividad, uno de sus valores fundamentales. El problema es que no todos pueden competir en igualdad de condiciones, con lo cual, el fuerte se hace cada vez más fuerte, y por tanto, la batalla capitalista se hace cada vez más desigual, como estamos viendo que ocurre en nuestros tiempos. Esto es justo lo que hay que abolir. Continuaremos en siguientes entregas.

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30 enero 2016 6 30 /01 /enero /2016 00:00

La Fundación "España Constitucional" es un foro creado en junio de 2014 y presentado en Valencia por 34 exministros de los Gobiernos de la "democracia" española, pertenecientes al bipartidismo (PP y PSOE, pero también a la antigua UCD), que se definen como un foro de debate leal a la Constitución de 1978, y al Rey. Por tanto y básicamente, la Fundación la integra parte de esa "casta" política que nos ha venido gobernando desde la Transición, y que ha convertido nuestras relaciones laborales, nuestro sistema de protección social y nuestro sistema democrático en papel mojado. Por supuesto, están convencidos de que el marco constitucional nos ha traído la democracia y el "progreso", así como los mejores años de nuestra reciente historia. Y lógicamente, en los tiempos convulsos que vivimos, donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer (parafraseando a los clásicos marxistas), este engendro de la casta vuelve a la carga, preocupados por asuntos como la irrupción de PODEMOS en el Congreso, o el pulso soberanista catalán. 

 

La Fundación se propone actuar como foro de consenso por encima de los intereses partidistas, que es una forma fina y elegante de decirnos que velarán porque las actuales correlaciones de poder, y todo el engranaje político, social y mediático que nos gobierna, no se altere, o lo haga lo mínimo posible. Y así, la defensa de "nuestros valores constitucionales" es una de las banderas de la Fundación, así como las consabidas llamadas a la "unidad de España", la defensa "de la igualdad de los españoles ante la ley", y de la "soberanía nacional" están bien salvaguardadas por este foro. Nos quieren transmitir estos conceptos falaces y vacíos, cuando sabemos perfectamente que detrás de ellos lo único que se respalda es la consagración y supervivencia de la Corona, de un sistema de leyes injusto y reaccionario, que perpetúan y acrecientan la desigualdad social, y la pervivencia y supremacía de los mismos poderes fácticos que nos llevan gobernando desde el franquismo (léase la banca, los poderes económicos y financieros, la Iglesia Católica, las Fuerzas Armadas, y los grandes empresarios, todos ellos protegidos y blindados por una suerte de políticos nefastos, corruptos y mediocres a su completo servicio).

 

La Fundación ha rendido tributo al Rey Emérito Juan Carlos I, así como al fallecido Adolfo Suárez, y los han definido como los auténticos paladines de nuestra Constitución y acérrimos defensores de nuestro deficiente sistema democrático. Para más pistas, la Fundación fue promovida por los ex Ministros Eduardo Zaplana (PP) y José Bono (PP, perdón, PSOE, o más bien PPSOE, porque catalogar a Bono como "socialista" es una auténtica perversión). ¿Quiénes forman la Fundación "España Constitucional"? Pues nos da muy buenas referencias de ella esta página del sitio web "Quién Manda", donde podemos comprobar que además de Cristina Garmendia (Presidenta) y de Rodolfo Martín Villa (Vicepresidente), se encuentran nombres como Pío Cabanillas (también Vicepresidente), Beatriz Corredor, Abel Matutes, Ángel Acebes, Ángeles González-Sinde, Carmen Calvo, César Antonio Molina, Eduardo Serra, Elena Salgado, Marcelino Oreja, María Antonia Trujillo, Jaime Lamo de Espinosa, Jordi Sevilla, Rafael Arias Salgado y Miguel Sebastián, entre otros. Como puede comprobarse, todo lo más granado del bipartidismo de los últimos 35 años, junto a algunos dinosaurios aún vivos de la UCD, forman este foro "del consenso", representando la mejor expresión de la casta política que nos ha gobernado, y que aún mantiene las riendas del poder en nuestro país. 

 

Creo que ninguno forma parte del movimiento 15M, ni de las mareas de colores, ni de las Marchas de la Dignidad, porque no están en esa órbita. Además, creo que ninguno está cobrando ningún subsidio del Servicio Público Estatal de Empleo, y los que tienen la edad para estar jubilados, creo que tampoco están cobrando la pensión mínima. Seguro que no les van a deshauciar de sus casas, ni les cortarán la luz, el agua o el gas por falta de pago. Básicamente, éste es el perfil de las "personalidades" pertenecientes a este foro. Y claro, desde esa poltrona, es muy fácil pronunciar discursos huecos y vacíos, y llenarse la boca apelando a "períodos de estabilidad y de prosperidad" que, según ellos, nos ha traído la Constitución. Carga Magna, dicho sea de paso, que no se niegan a reformar, pero siempre bajo un gran consenso, que es lo mismo que decir nunca, ya que el tan cacareado consenso, mientras la Constitución, la Ley Electoral y las instituciones (así como el resto de agentes políticos, económicos y sociales) continúen favoreciendo al bipartidismo, dicho consenso nunca será posible. En septiembre de 2015, después de la más multitudinaria diada catalana por la celebración de un referéndum popular para decidir el encaje de Cataluña en el Estado Español, esta Fundación emitió una declaración haciendo un llamamiento "a la reflexión y a la concordia" ante las entonces próximas elecciones del 27S, que dieron la actual correlación de fuerzas en el Parlament de Catalunya. 

 

Y ahora, como decíamos más arriba, ante el nuevo panorama político que se avecina, cuando por fin ha llegado al Parlamento para quedarse una formación política nueva, joven, fresca y distinta, compuesta por gente de la calle, procedentes de los movimientos sociales, y que plantea y pone en cuestión los dogmas neoliberales y las correlaciones de poder que nos han gobernado durante todos estos años, y pretende promover auténticas medidas de justicia social, esta Fundación ha emitido un nuevo Comunicado donde reclaman, como no podía ser de otra manera, un "Gobierno de amplio respaldo" que nos de la "estabilidad política" necesaria para consumar nuestra recuperación económica, un Gobierno que ha de estar "por encima de ambiciones personales", debiendo garantizar, según el documento hecho público, "la unidad de España, el progreso económico, el desarrollo social y la regeneración democrática", y por lo visto, todo ello pretenden llevarlo a cabo mediante un Gobierno de gran coalición entre el PP, el PSOE y CIUDADANOS (en realidad, en su comunicado se refieren a "dos o más partidos constitucionalistas"). Curiosamente, hay otros personajes que plantean cosas aún más aberrantes, como Felipe González, que apuesta por un gobierno del PP y CIUDADANOS, con la abstención del PSOE (¿pero este indecente personaje, defensor del golpista venezolano Leopoldo López, no era "socialista"?). 

 

Proponen en su documento la negociación de un programa político para al menos media legislatura (es decir, dos años), que incluiría básicamente una reforma constitucional (pero no la que propone PODEMOS, que según los firmantes, no es "constitucionalista"), medidas anticrisis (para que los ricos continúen siendo más ricos y los pobres más pobres, como lleva ocurriendo durante los últimos años), un nuevo sistema de financiación autonómica (ahora que le han visto las orejas al lobo, con el ultimátum catalán) y enviar "una señal inequívoca a los independentistas de que su aventura fracasará". Y al igual que los grandes empresarios de la CEOE (que también presionan mediante sus advertencias de fuga de inversiones en nuestro país), piden un Gobierno que acometa su proyecto en el marco de la Constitución y de la Unión Europea (que por cierto, también ha llamado a la formación del próximo Gobierno "lo antes posible", para continuar marcándole el paso). Según el referido Comunicado, las políticas de este Gobierno de gran coalición se concentrarían en la lucha contra el paro, el fomento de la inversión pública y privada, la puesta en marcha de políticas sociales contra la pobreza, la lucha contra la violencia de género, la actualización de las pensiones, y la negociación de Pactos de Estado por la educación, la ciencia, la cultura, y contra la corrupción. Todo ello está muy bien adornado, pero viniendo de quiénes vienen, y sin abandonar los patrones neoliberales, estas propuestas carecen de toda credibilidad. 

 

El Comunicado de la Fundación "España Constitucional" representa otro ataque más, en toda regla, a la posibilidad de que en nuestro país se forme un auténtico Gobierno de izquierdas durante la próxima legislatura, mediante un pacto entre el PSOE, PODEMOS, IU-UP y terceras fuerzas políticas que abogan, al menos, por el respeto a la plurinacionalidad del Estado Español. Se suma al resto de iniciativas del frente antiPODEMOS que están intentando relegar y discriminar a dicha fuerza política, tales como los agresivos ataques mediáticos de la prensa del régimen, con campañas de manipulación y falsificación de datos e informaciones, la negativa a la conformación de los cuatro grupos parlamentarios en el Congreso que en justicia le pertenecerían, la reubicación de sus diputados en el gallinero del Congreso, o la presión de los barones del PSOE para impedir una negociación y un  acuerdo con la formación de Pablo Iglesias. Todo ello debe servir para reafirmar aún más nuestro compromiso, nuestras convicciones y nuestra firme determinación en apoyar, desde todos los frentes, a las fuerzas políticas que propongan cambios desde la izquierda transformadora, para revertir todas nuestras deficiencias democráticas, nuestras injusticias sociales, para acabar con la corrupción política y empresarial, para encauzar los retos plurinacionales, y para llevar a cabo los urgentes rescates ciudadanos que necesitamos. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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