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22 octubre 2015 4 22 /10 /octubre /2015 23:00

Abordábamos ya en el artículo anterior de la serie el poder de la Iglesia en el ámbito educativo, citando su flanco fundamental, como son los centros concertados de ideario católico existentes en nuestro país, y dábamos las primeras cifras. Y el hecho es que España tiene la enseñanza privada más subvencionada por el Estado de toda la Unión Europea, y por el contrario, el gasto público por alumno más bajo. La conclusión está clara: los recursos económicos que se niegan a la enseñanza pública se derivan, mayoritariamente, a la privada, en sus diferentes ámbitos, y la privada concertada (católica) supone el capítulo más cuantioso. De ahí que en la actualidad, como nos señala Enrique Ruiz del Rosal con toda la razón, no tenga sentido, por más que a veces lo silencien las actuales reivindicaciones del sector educativo, luchar por la enseñanza pública sin denunciar a la enseñanza concertada, y especialmente la católica. Lo expresaremos más claramente: desde la izquierda transformadora, y para este aspecto, pensamos que ningún programa político que se precie puede ignorar el hecho de poner en cuestión (esto es, retirar progresivamente) los conciertos educativos con la escuela privada. Todo lo demás significará seguir alimentando este retrógrado e injusto sistema, que además se ampara en la falacia de la denominada "libertad de enseñanza", que es sólo un eufemismo para potenciar la escuela privada en detrimento de la pública, ya que el citado derecho o "libertad" ya está implícita en el resto de libertades de expresión, de opinión, de creencia, de reunión y de manifestación. 

 

Enrique Ruiz lo expresa en los siguientes términos: "Así pues, el hecho de que la jerarquía católica hable de que "ahorra" recursos al Estado no es producto de desconocimiento o ineptitud, sino de una simple estrategia publicitaria con que intoxica a través de todos los medios de difusión y persuasión, con objeto de crear, y mantener, un estado de opinión favorable a la enseñanza confesional y al mantenimiento de los cuantiosos privilegios económicos y simbólicos que la propia Iglesia Católica detenta en nuestro país". En cuanto a lo que la Memoria de 2013 denomina Actividad de Formación (estudios de nivel superior, tanto eclesiásticos como de cualquier otro tipo), desde la Memoria del año 2011 se declara la existencia de 14 Universidades, con más de 78.000 alumnos (en la Memoria de 2013 se declara además un incremento de los mismos en un 5,5%), y los centros aparecen subdivididos en Universidades católicas, pontificias, eclesiásticas o de inspiración católica. Éstas últimas representan la parte más significativa, donde se incluyen la Universidad de Navarra, de Deusto, Ramón Llull, Francisco de Vitoria, CEU San Pablo, Abat Oliba CEU, CEU Cardenal-Herrera y San Jorge. Entre todas ellas absorben el 59% del alumnado católico total. 

 

Por orden de importancia, el siguiente escalón lo ocupan las tres Universidades Católicas (de Ávila, de Murcia y de Valencia), que absorben el 26% del alumnado. Y a toda esta estructura universitaria eclesial hay que añadir 21 centros en Facultades eclesiásticas, con más de 5.000 alumnos, y más de 11.000 en estudios de grado o postgrado, y 78 Institutos Superiores, donde estudiaron casi 14.000 alumnos durante 2013, según la referida Memoria de la CEE. Se dedicaron un total de 5,7 millones de euros públicos a subvencionar toda esta megaestructura de centros superiores católicos, de donde saldrán los futuros profesionales de nuestro país. Y mientras, como sabemos, el Ministerio de Educación del PP, gran amigo de la Iglesia Católica, practicaba unos cuantos hachazos presupuestarios a las Universidades Públicas, reduciendo el profesorado, desmontando aulas y centros, implantando el sistema "3+2" (esto es, tres años de grado y dos de postgrado, lo cual encarece el itinerario educativo, y lo vuelve más inaccesible), y endureciendo los requisitos para la obtención de todo tipo de becas y ayudas al estudio. Si observamos la foto al completo (y no una foto fija, sino una foto dinámica, es decir, a lo largo del tiempo), comprenderemos a la perfección los intereses de este oscuro sistema. Los recortes superaron los 1.200 millones de euros desde 2010, con unas deudas a proveedores cercanas a los 1.100 millones, y más de 6.000 empleos públicos perdidos sólo durante 2012, de los cuales, más de 4.000 correspondían a docentes e investigadores.

 

A nuestros Ministros y cargos públicos electos les bastaba con iniciar unas cuantas campañas de desprestigio, lanzando los bulos de que nuestras Universidades públicas no estaban a la altura, que no estaban en no sé qué ranking mundial, que no estaban entre las 50 primeras, o entre las 300 mundiales, y más lindezas por el estilo, y que había que reformarlas, y mientras soltaban esta sarta de estupideces, apoyaban incesantemente con dinero público a las Universidades privadas, especialmente a las de inspiración católica. El resultado lo tenemos delante de nuestros ojos: cientos de miles de alumnos que han tenido que abandonar, o agarrarse a cualquier trabajo precario que los esclaviza para poder sufragar sus estudios, mientras los hijos de "papá y mamá" continúan estudiando en sus flamantes centros. Y por supuesto, mientras todo ello ocurre, han conseguido, con la inestimable ayuda del ya ex Ministro Wert y su espantosa LOMCE, volver a introducir la religión como asignatura evaluable en los currículos escolares de secundaria y bachillerato, y así, de paso, vuelven a reactivar el flujo de fondos públicos destinado a ello, así como la presencia de personal docente religioso en las aulas públicas. Ese es el peligroso cóctel actual con el que nos encontramos. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 octubre 2015 3 21 /10 /octubre /2015 23:00

Sepultarnos entre la información forma parte del plan desinformativo. Entre la mentira y el ruido nos quedamos sin conocer la verdad

Pascual Serrano

Hemos retratado en las últimas entregas el panorama que nos muestran los medios de (des)información masivos, como correa de transmisión fundamental de un régimen, de un tipo de sociedad, de un modo de vida imperante, cuyos valores, actitudes y comportamientos, el pensamiento dominante se encarga muy bien de transmitir y de perpetuar. Hemos estudiado la tremenda magnitud y el papel crucial del sistema educativo, como germen de la inculcación de las bases de dicho pensamiento dominante a los pupilos, desde su más temprana edad. Todo lo cual conforma un panorama ciertamente desolador. En una reciente entrevista a Francisco González, el Presidente del BBVA, segundo gigante bancario del país, éste aseguraba que, fuera el color político que fuera el del nuevo Gobierno que se forme tras las próximas Elecciones Generales, debería entender, cooperar y no obstaculizar los paradigmas de la economía de libre mercado...como hemos venido comentando, detrás de estas simples palabras se esconde un terrible mensaje, un mensaje tremendo de sumisión al pensamiento dominante, y al sistema capitalista que lo ampara y acoge. 

 

Jorge Cappa lo define muy bien en los siguientes términos: "Como resumen de lo que caracteriza hoy en día a esta sociedad de consumo en que vivimos (donde se desarrollan constantemente avances tecnológicos), se puede decir, por tanto, que se producen varios fenómenos interrelacionados y que tienen repercusión en la vida y la mentalidad de la gente. Por un lado, desde las redes sociales se alienta la frivolidad y la dispersión para desviar la atención de las cosas importantes hacia lo irrelevante. Por otro lado, mediante la publicidad se genera insatisfacción con el fin de fomentar el consumo constante. Y además de esto, se produce desde los medios de comunicación una clara intención de desinformar con el fin de desorientarnos y así poder manipularnos de forma más efectiva". Creo que Cappa ha retratado a las mil maravillas el cóctel informativo-consumista-manipulador que esta alienante sociedad proyecta sobre nosotros, de forma constante. Por su parte, Armando B. Ginés, en uno de sus recientes artículos, concluye lo siguiente: "Se acepta, sin mayor espíritu crítico, que el capitalismo es el fin de la historia. Fuera de él está el terrorismo, la radicalidad, la gauche divine y los recalcitrantes e irredentos marxistas. Se asume, por ende, que el régimen capitalista sólo precisa de retoques mínimos legales, de mucha ética activista y de bastante sentido común, sin plantearse grandes proyectos a largo plazo sobre bases sociales e ideológicas distintas a las que sustentan la estructura económica de las punteras sociedades occidentales y sus émulos países emergentes". 

 

Bien, durante estas primeras 20 entregas de la presente serie de artículos, que espero esté pareciendo interesante a los lectores, hemos expuesto el panorama de los hechos, hemos realizado el diagnóstico de la situación, intentando presentar lo más completamente posible el cúmulo de factores, causas y consecuencias que proporcionan el retrato de nuestra sociedad, que alberga el pensamiento dominante, cómo se ha formado, cuáles son sus resortes de proyección, y cuál es el grado de influencia que ejerce sobre la inmensa mayoría de la población. Y como habrán podido comprobar los lectores que lo hayan seguido hasta aquí, la conclusión está clara: el poderío del pensamiento dominante es abismal, atroz, implacable, casi completo. Sólo un pequeño reducto de la población actual es capaz de poner en cuestión, de una forma razonable y razonada, sus más básicos puntales, y reaccionar y enfrentarse a ellos. Y desgraciadamente, la inmensa mayoría social permanece adormecida por él, secuestrada intelectualmente, hundida bajo sus efectos, sin capacidad de cuestionamiento ni de reacción ante el mismo. Sus perversas consecuencias se manifiestan a diario, en todos los ámbitos, en todas las edades, en todos los sectores, en todas las actividades, en todas las actitudes. Pues bien, ¿cuál es la solución? Posiblemente no haya una solución concreta y definitiva, pero a partir de la siguiente entrega de la serie, vamos a comenzar a exponer los fundamentales planteamientos que podríamos hacernos, y hacer a los demás, para poder ir, al menos, reduciendo la capacidad de influencia del pensamiento dominante. 

 

Será algo que exija buenas dosis de madurez intelectual, de valentía, de coherencia y de rigor, pero sobre todo de paciencia, para, entre todos, intentar ir abatiendo el terrible poder que el pensamiento dominante ejerce sobre la inmensa mayoría de la ciudadanía. Vamos a finalizar esta entrega con una cita de uno de nuestros autores preferidos, como es José López, de quien damos continuas referencias sobre sus escritos en los artículos que presentamos en nuestro Blog. Pues bien, en este caso, José López razona en los siguientes términos: "El día en que el sistema consiga que ya no veamos ni pensemos por nosotros mismos, entonces el sistema habrá triunfado irremediablemente. Ese día, como relataba George Orwell en su novela 1984, dos más dos serán cinco o seis o siete, o lo que nos digan que tenga que ser. Ese día, la humanidad habrá muerto. Quizás sigan existiendo seres parecidos físicamente a nosotros, pero sólo existirá una mente. Los seres de dicha sociedad pensarán todos al unísono lo que la "reina madre" determine. Ese día, la sociedad humana se parecerá a la sociedad de las hormigas. Ese día la sociedad humana habrá dejado de ser humana en el mejor sentido de la palabra. El individuo estará completamente anulado. Debemos preguntarnos si, aún suponiendo que no nos extingamos físicamente, merece la pena vivir en una sociedad como la que podría llegar ese fatídico día. Y debemos preguntarnos también si ese día no está tan lejos como parece, si realmente no nos estamos aproximando a él a pasos agigantados por nuestra actitud en el día a día. De todos nosotros depende que 1984 siga siendo una magnífica novela de ficción y no se convierta en una demoledora predicción". Yo exhorto a mis lectores a que reflexionen sobre todo ello. Continuaremos. 

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20 octubre 2015 2 20 /10 /octubre /2015 23:00

Una celebración, cualquier celebración, es una forma de atribuir significado a hechos del pasado, y eso sólo se puede hacer desde los valores del presente

Nuria Álvarez

Los reyes católicos y sus súbditos fundamentaron sus proyectos de vida y aventuras coloniales en la fe, en la creencia, y postergaron (censuraron) la razón y la ciencia como “herejías”

Ollantay Itzamná

El 12 de octubre, más que día de festejo (¿qué festejar?) debería ser un día de vergüenza humana

Marcelo Colussi

Si tuviéramos que quedarnos con la máxima expresión de una celebración españolista (esto es, nacionalista española), ésta sería la del 12 de Octubre. Llamada hasta la década de los 50 "Día de la Raza" (obsérvense las peligrosas connotaciones de la denominación...¿qué raza? ¿la española? ¿la castellana? ¿la ibérica?), y hasta la década de los 80 "Día de la Hispanidad" (algo más suave, pero en la misma línea), el 12 de Octubre se perfila cada año como la celebración más anacrónica, rancia y conservadora que tenemos en nuestro calendario. Criticamos mucho, por ejemplo, a Corea del Norte, cuando vemos sus desfiles militares, y la devoción que la gente profesa por sus líderes (al menos ellos conservan su soberanía), pero en cambio nos parece absolutamente normal contemplar los nuestros cada 12 de Octubre.

 

Y lo cierto es que el periplo institucional, la costumbre y la tradición en torno a este día es de lo más imperialista, como la propia fiesta en sí. Se dice que es el día de la Fiesta Nacional de España (además de la celebración de la Virgen del Pilar en Zaragoza, de corte más folklórico), y también el Día de las Fuerzas Armadas (por ello el desfile al más alto nivel), pero lo cierto es que es la rémora de nuestro pasado imperialista sobre América Latina, la Península del Yucatán y El Caribe. Y como decimos, la secuencia de actos programados habla por sí misma: comienza con una videoconferencia del Ministro de Defensa (el Ministerio más opaco en todos los gobiernos de nuestra reciente etapa democrática, así como el que menos recortes sufre) con los portavoces de las diferentes misiones destacadas en el extranjero (eso sí, siempre en intervenciones "de paz", humanitarias y de reconstrucción del país, pero claro, no haría falta una reconstrucción si antes no hubiese habido una guerra). Después se celebra el desfile propiamente dicho, presidido por el Rey, y con presencia de toda la casta institucional del país, desde el Presidente del Gobierno y todos los Ministros, pasando por los Presidentes de las Comunidades Autónomas, los principales líderes políticos, y de las más altas instituciones del Estado.

 

El desfile militar este año ha lucido, por primera vez, una bandera de la OTAN, debido probablemente a nuestra progresiva implicación en sus incursiones militares, tanto desde nuestra instalación en la base de Rota del Escudo Antimisiles, como desde la conversión de la de Morón en base militar permanente de la organización militar por antonomasia. Pero y sobre todo, por ser anfitriones, durante estos meses de octubre y noviembre, de las mayores maniobras militares de la OTAN desde la Guerra Fría (las Trident Juncture 2015), con participación de más de 30.000 efectivos de todos los países aliados. Después se celebra el "besamanos" y la recepción oficial del Rey a toda la plana mayor institucional, política y social del país, que consiste en un saludo oficial de los Reyes, uno por uno, a todas y cada una de las personas invitadas, y la posterior recepción, con la presencia de corrillos de periodistas, sin micrófonos ni cámaras, donde se palpa el ambiente de primera mano, e incluso se suelen hacer todo tipo de comentarios que de otra forma no harían. En fin, un espectáculo lamentable, al que sólo puede hacer parangón el Día de la Constitución, en diciembre, donde también se celebra la aprobación de nuestra Carta Magna, de la cual se incumplen sistemáticamente todos los artículos que tienen que ver con los derechos fundamentales y subjetivos de las personas. 

 

Pero más allá de todo ello, hemos de ir al sentido profundo y al origen de la celebración del 12 de Octubre, que no es otro que nuestro "descubrimiento" de América hace unos cinco siglos, hecho que ponemos entre comillas porque no hubo descubrimiento como tal, sino invasión, genocidio, saqueo, expolio y conversión de sus territorios y de sus habitantes. Y todo ello, bajo el pretexto de la época, que no era otro que el religioso. En efecto, ya durante el reinado de Isabel La Católica los dominios del Imperio Español se extendieron a ultramar, bajo la obsesión de la reina de llevar a todos los territorios del mundo conocido y no conocido de la época la fe cristiana, según el pensamiento dominante de aquél entonces, la única fe verdadera. Pero al igual que la intolerancia practicada contra otros pueblos (moriscos, gitanos, musulmanes, judíos, etc.), la conversión a la fe cristiana se realizó a sangre y fuego, es decir, por la fuerza. Bajo la bandera del cristianismo, apoyada por la espada de los conquistadores, se sometieron pueblos enteros por la fuerza, al igual que aquí en España (que aún no era España tal como hoy la conocemos, dicho sea de paso), los "herejes" eran convertidos a la fuerza, mediante el uso de la tortura, y a los más rebeldes, se les quemaba en la hoguera de la Inquisición. Lo que se nos cuenta bajo los trazos de una "gesta gloriosa" o "hazana histórica" de nuestros conquistadores, no fue más que una invasión militar y cultural de aquéllos pueblos, y posteriormente también de la población negra africana, que fue trasplantada a los territorios invadidos como mano de obra esclava.

 

Y a partir de ahí, continuaron una serie de misiones "descubridoras y civilizadoras", emprendidas por los bárbaros aventureros de la época, cuyo heroico perfil nos han enseñado desde pequeñitos en la escuela. Hemos tenido que llegar a adultos, y a poner en cuestión el pensamiento dominante, para darnos cuenta de que en realidad no se trató de una cuestión descubridora, sino de una cuestión colonizadora, bajo el pretexto religioso. De hecho, podemos afirmar sin lugar a dudas que el descubrimiento de América fue el primer genocidio de la Historia, un holocausto religioso. En menos de un siglo, murieron entre la mitad y las tres cuartas partes de la población indígena. Y eso es justo lo que, supuestamente, celebramos 500 años después, como un acto de orgullo nacional. La población nativa del continente fue sometida y esclavizada, sus recursos naturales expoliados, nuestros compatriotas enviados allí como gobernadores, y sus riquezas contribuyeron a incrementar las arcas de aquél imperio de "las Españas", donde no se ponía el sol. Como vemos, se trata por tanto de una celebración absolutamente denigrante y anacrónica, que debe ser abolida cuanto antes mejor. Es cierto que hoy día América Latina habla nuestro idioma, y que gracias a ello es el segundo idioma más hablado en el mundo, pero para ello, hubo que pagar un precio muy alto durante varios siglos de sometimiento de aquéllas tierras, de sus nativos, de sus costumbres, de sus modos de vida, de sus recursos y de sus propiedades.

 

No hay, por tanto, nada que celebrar el 12 de Octubre, al menos con el significado que le damos en nuestro país. Más bien debiéramos adherirnos, respetanto la memoria histórica iberoamericana, a la proclamación que hizo Hugo Chávez en 2002, para reconocer la lucha de los hombres y mujeres de los pueblos originarios , como el "Día de la Resistencia Indígena", y tributarles el merecido respeto y reconocimiento a su dignidad como pueblos que resistieron al invasor colonial español. El gran Marcelo Colussi lo expresa en los siguientes términos: "El 12 de Octubre marca la irrupción violenta de la avidez europea (capitalista) en el mundo, llevándose por delante (religión católica mediante) toda forma de resistencia que se le opusiera, y haciendo de su cultura la única válida y legítima, la presunta "civillización". Lo demás fue condenado al estatuto de barbarie. En tal sentido, entonces, lo que se produce en ese lejano 1492 es, con más exactitud, un encontronazo monumental, sangriento, despiadado. Por cierto, salen mejores parados del mismo los que detentaban la más desarrollada tecnología militar. Y para el caso, fueron los españoles. Al día de hoy, esa relación no ha cambiado en lo fundamental, y de la espada y la cruz pasamos a la dependencia tecnológica y a las impagables deudas externas de nuestros países". Por tanto, basta ya de tanta celebración anacrónica y absurda, basta ya de tanta manipulación de la historia, y basta ya de tanto cinismo e hipocresía cultural. El 12 de Octubre no hay nada que celebrar.

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19 octubre 2015 1 19 /10 /octubre /2015 23:00

No les importa la corrupción, que campa a sus anchas a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional, y de nuestros niveles gubernamentales (central, autonómico y local), donde asistimos a un completo repertorio: desde las puertas giratorias, hasta la corrupción urbanística en los Ayuntamientos, pasando por la corrupción de los altos cargos de la Administración, y de los cargos públicos electos. Corrupción que justifican vergonzosamente apelando a la infantil falacia de que "es algo consustancial a la naturaleza humana", o de que "siempre ha existido corrupción, desde los tiempos más remotos", o que "se está demostrando que la justicia es igual para todos", y otras lindezas por el estilo. Pero lo cierto es que la corrupción se extiende como un cáncer por nuestra sociedad, porque está presente en lo más profundo de nuestros comportamientos, de nuestros valores. La corrupción es seña de identidad de la cultura capitalista, es el pan del capitalismo. La corrupción, por tanto, lejos de ser combatida, se necesita como el pegamento que engrasa y hace fluir todos los componentes del sistema. Una corrupción protegida, amparada, auspiciada, legitimada e institucionalizada que todo lo invade, y que desprecia la ética en la gestión tanto de lo público como de lo privado

 

No les importan los servicios públicos, porque no les importa la gestión de lo público, porque, simplemente, desprecian lo público, y lo infravaloran frente a lo privado. Todo ello puede constatarse no sólo por la propia ideología neoliberal que los inspira, sino por la machacona y peligrosa deriva privatizadora de dichos servicios, iniciada desde finales de la década de los 90 con el sector eléctrico, y continuada por muchos otros sectores. Bajo el falaz argumento de que hay que ahorrar y de que la gestión privada de los servicios públicos será más eficaz y eficiente, se encargan de desprestigiar la gestión pública de nuestros servicios (sanidad, educación, servicios sociales, mayores, justicia, dependencia, etc.), de poner en cuestión la "sostenibilidad" de los mismos, para así atraer adeptos a la causa de la privatización. Pero lejos de demostrar lo que argumentan, más bien demuestran lo contrario, si observamos la multitud de casos donde la gestión privada de los servicios públicos ha derivado en incremento de costes, en reducción de personal, en "racionalización" de los recursos, en un descenso en la calidad de los mismos, en cierre de servicios, en descontento y protestas de los usuarios (que ahora son clientes o consumidores), en corrupción en las altas esferas, en fraude, en puertas giratorias, y en caos en última instancia. 

 

No les importa la cohesión social, ni la igualdad, ni la violencia de género, ni la memoria histórica, ni la cooperación al desarrollo, porque, simplemente, no creen en estos principios y en estos valores. Sólo creen en el capitalismo, en el individualismo, en la competencia, en el egoísmo, en la ley del más fuerte, en la selva, en la barbarie. Y todo ello extrapolado a la propia sociedad, por lo cual, lisa y llanamente,  no creen en la sociedad. Y de esta forma, según su perversa ideología, justifican y legitiman la desigualdad social, incluso la amparan con sus injustas medidas, y para todo lo demás, retiran (bajo la excusa de la crisis, que les ha proporcionado una perfecta coartada) los presupuestos que podrían ir destinados a dichas medidas. Desmontan así todos los principios que proporcionan una mínima cohesión social, y una sociedad justa, libre y avanzada. Simplemente, no les importa. No tienen conciencia, ni siquiera frente a los grandes crímenes económicos que se perpetran bajo este sistema, y de esta forma, justifican los crímenes sociales del capitalismo

 

No les importan los refugiados, porque como estamos diciendo, son absolutamente incapaces de respetar los más mínimos derechos humanos, así que mientras miles de personas se agolpan en una frontera, heridos, hambrientos y harapientos, habiendo dejado su hogar, su familia y sus pertenencias ante el gran horror de la guerra, fomentada por la propia OTAN y sus países "aliados", ellos rehúyen el humano deber de acoger o al menos ayudar a los damnificados. Es decir, que no sólo les bombardean sus casas, sino que luego les cierran las fronteras en sus narices, para que sólo les quede la opción de pudrirse de rabia y de dolor. Frente a este terrible drama humanitario, ¿cuáles son sus argumentos? Pues bajaran unos cuantos, a cada cual más desalmado y vergonzoso: el "efecto llamada", las altas tasas de paro del país en cuestión, o la posible infiltración de peligrosos terroristas yihadistas en las filas de los refugiados. No se puede ser más miserable. Pero en fin, en este tema no deberíamos sorprendernos, después de comprobar el régimen bajo el que mantienen a los inmigrantes irregulares en los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros), auténticas cárceles encubiertas donde el respeto a la dignidad humana brilla por su ausencia. 

 

No les importa la democracia, ni los derechos de los pueblos, a tenor del poco caso que le hacen a los mecanismos de democracia participativa, del rodillo que practican cuando poseen la mayoría absoluta, del constante desprecio al Parlamento y a las vías de participación popular, o de la poca voluntad política de la que hacen gala para modificar la Ley Electoral, que lleva desde la Transición aplicando un injusto reparto de escaños frente al porcentaje de voto de cada partido o coalición. No les importa la voluntad popular, a tenor de la facilidad con la que olvidan sus promesas electorales, que vuelven a reproducir mitin tras mitin cuando están en campaña, pero que olvidan nada más llegar al poder, al verse protegidos mediante un sistema político que impide la revocación de cargos públicos, y la rendición de cuentas ante el electorado. No les importa la democracia, por la sencilla razón de que no les importa el pueblo, sus intereses, sus problemas ni sus decisiones. 

 

¿Qué les importa, pues? Únicamente la defensa de sus intereses de clase, los intereses del gran capital, de las grandes empresas, de los bancos, de aquéllos que en realidad dictan y ordenan las políticas que hay que hacer, sin presentarse a las elecciones, para que las lleven a cabo sus políticos vasallos y manijeros. Sólo les interesa la explotación en todas sus vertientes, para acelerar y acumular mayores beneficios, a costa de lo que sea: explotación de las personas, de los trabajadores, de los recursos naturales, de las zonas en conflicto, explotación sin límites. Esto es una lucha de clases, como muy bien nos indican desde Marx hasta Noam Chomsky. Hoy igual que ayer, mientras ellos (los ricos y poderosos, y los políticos y medios de comunicación a su servicio) van desarrollando cada vez más mecanismos para garantizarse y blindar y perpetuar sus privilegios, nosotros (las clases populares y trabajadoras, el pueblo llano) no terminamos de desarrollar la conciencia de clase necesaria para enfrentarnos a ellos con todas las consecuencias. Hasta que no lo hagamos, hasta que no nos convenzamos de que no les importamos nada, ni nosotros ni nuestros derechos, ni los del mundo en que vivimos, no seremos capaces de reaccionar. 

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18 octubre 2015 7 18 /10 /octubre /2015 23:00

Hay que poner firmes a los banqueros y someterlos al poder representativo, es urgente someter las finanzas a la voluntad ciudadana y a las necesidades sociales, primar la creación sostenible de riqueza tasando las transacciones financieras y controlando los movimientos especulativos del capital, imponer principios imperativos de justicia fiscal global y someter todas las decisiones económicas al debate social auténticamente democrático y participativo

Juan Torres López ("Reacciona", 2011)

Bien, en los artículos anteriores hemos puesto la semilla que, al menos, puede comenzar a poner en cuestión el gran dogma neoliberal de que "las deudas hay que pagarlas" en referencia a los Estados. Vamos a seguir a continuación haciendo una semblanza sobre el sistema-deuda a nivel mundial, europeo y español, para ir avanzando en la línea que nos interesa, y comprendiendo el gran mensaje al que hay que llegar, que no es otro que reconocer que la deuda es una poderosa herramienta de sometimiento y dominación del sistema capitalista sobre los Estados, y que hay que enfrentarse a ella y a los supuestos acreedores. Como decimos, actualmente, la globalización neoliberal ha impuesto un sistema-deuda a nivel mundial, que comenzó en principio con los países del sur, pero que se ha ido extendiendo también, desde la crisis, a los países del norte. A partir del informe sobre las cifras globales de la deuda en 2015 de la organización CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo), el artículo de Marta Luengo publicado en "El Salmón Contracorriente" nos parece un buen resumen, que tomamos a continuación.

 

Pues bien, una de las ideas que este documento pretende resaltar, concepto fundamental por cierto, es la fuerte relación que existe entre deuda y desigualdad, esto es, entre el nivel de endeudamiento de un Estado, y el grado de desigualdad instalado en su sociedad. Ya pueden imaginar los lectores por dónde van los tiros. Sobre el estado de desigualdad en España y en el resto del mundo ya hemos hablado suficientemente en los artículos de esta serie dedicados al capitalismo actual, así que no volveremos a insistir. Remito a los lectores interesados a la lectura de los mismos. Como sabemos, el mundo cada vez es más desigual, tendiendo hacia un proceso de concentración de la riqueza en menos personas. Según el citado informe, las causas de la desigualdad son básicamente tres, a saber: la disminución de la participación de los salarios en el PIB, el aumento de la regresividad fiscal, y el aumento de las desigualdades de género. Obsérvese cómo dichas circunstancias se han agravado en nuestro país durante los gobiernos bipartidistas de la reciente etapa democrática. Pero vayamos por partes, distinguiendo (aunque los profundos motivos son los mismos) la génesis de la deuda de los países del sur (donde incluimos África y Oriente Medio, Asia y América Latina, junto con algunos países europeos del Este) de los países del norte (Estados Unidos, la Unión Europea y terceros países desarrollados). 

 

En la génesis de la deuda de los países del sur hay que destacar varios factores, como nos resume Marta Luengo en su referido artículo. En primer lugar, durante la década de los 70 se experimenta la profundización de la globalización con su hecho más determinante, como es la liberalización de los movimientos de capitales. Como sabemos, ello incide también en la expansión de los paraísos fiscales. Los países pobres, que necesitaban fondos para financiar proyectos que permitieran su industrialización, aceptaron los préstamos que les ofrecían los organismos internacionales surgidos del Consenso de Washington (FMI, BM, etc.). Las condiciones de éstos incluían tipos de interés variable, que los hicieron atractivos en principio. Estos tipos estaban vinculados al tipo de interés oficial estadounidense, el cual subió enormemente a finales de los 70. Y así, de unos tipos iniciales del 4-5% se pasó a intereses abusivos del 16-18%. A ello se unió la caída de los precios de las materias primas de las que tan dependientes eran los países en desarrollo. En poco tiempo se encontraron con que el monto a reembolsar era mucho mayor, mientras los ingresos decrecían. Y de esta forma, el mecanismo por el cual un préstamo inicial se convertía en una bola de nieve que iba en caída libre y aumentando su volumen, estaba en marcha. 

 

Y desde entonces, las cifras muestran perfectamente que el problema no hace más que aumentar. Desde los años 70 hasta 2012 las cifras de deuda de África y de Oriente Medio, por un lado, de Asia y de Europa del Este por otro, y de América Latina por otro, se multiplicaron respectivamente por 73, 102 y 165 veces. Cualquier observador con un cierto grado de justicia social entendería enseguida que es a todas luces no sólo una situación injusta, sino una auténtica herramienta de control sobre dichos países. Pero aún tenemos otro dato más significativo, y es el que delata la flagrante estafa del mecanismo de la deuda al calcular cuántas veces se ha pagado el monto inicial que se recibió. Y así, África y Oriente Medio pagaron hasta 145 veces su deuda inicial, Asia y Europa del Este 163 veces, y América Latina, la friolera de 407 veces su monto inicial. Resulta evidente, como se indica en el referido informe, que la deuda externa se ha convertido en "un instrumento de bombeo de recursos económicos de los países en desarrollo a los países acreedores, y tanto es así, que si se calculan las transferencias netas se puede concluir que los países en desarrollo son acreedores netos de los países desarrollados". Las cifras lo demuestran. Es una situación absolutamente increíble, humillante y aberrante, que ofrece una pincelada más de la crueldad de la globalización capitalista. 

 

La deuda externa, pues, además de ser impagable, es actualmente un mecanismo de opresión y control de los pueblos fuertes sobre los pueblos débiles, una herramienta de hostigamiento de la cual no pueden desembarazarse, más que con muchas dosis de astucia, valentía, y la complicidad de la comunidad internacional, que se preocupa bien poco de estos asuntos. Y a ello tenemos que unirle también el constante saqueo de recursos naturales que los países del sur han sufrido por parte de los países más desarrollados, que los han sumido en constantes guerras, conflictos y éxodos de población. El salvaje colonialismo practicado antaño ha devenido en control militar de muchas zonas, en extractivismo insostenible de sus recursos, y en control y sometimiento mediante el aberrante mecanismo de la deuda. Hoy día la situación de muchos de estos países es absolutamente asfixiante, y a pesar de que sobre algunos de ellos se han practicado algunas quitas de su deuda, el resto de situaciones les hacen inviable llegar a alcanzar una mínima situación normalizada. Pero aún nos queda referirnos a la deuda de los países del norte. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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15 octubre 2015 4 15 /10 /octubre /2015 23:00

En la última entrega de esta serie nos quedábamos comentando algunas aberraciones que los padres católicos practican con sus bebés, quizá la más típica de ellas sea el bautismo. Y señalábamos la gravedad del acto, por muy instituido y aceptado que esté en nuestra sociedad, porque el recién nacido (en general, todo menor de edad), es sujeto del derecho humano de libertad de conciencia (que cubre la libertad ideológica, de creencia y de religión) reconocido en el artículo 16 de la Constitución Española, ésa a la que tanto invocan los poderes dominantes para lo que les interesa, pero que incumplen sistemáticamente. Pues bien, la titularidad plena de los derechos fundamentales del menor está reconocida, como nos recuerda Enrique Ruiz del Rosal, desde 1996, por el artículo 3.1 de la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor. De ahí la necesidad de que se establezca una tutela por parte de los padres, mientras ese proceso de formación de la conciencia adulta tiene lugar, y se va construyendo su madurez física e intelectual. 

 

Pero como sabemos, en vez de ello, nuestro sistema educativo y nuestra Iglesia Católica no van contribuyendo a dicha madurez desde la reflexión y el pensamiento crítico, sino desde el adoctrinamiento dominante, es decir, el de la Iglesia. Incluso el artículo 39 de la Constitución señala que la finalidad de la patria potestad es procurar el desarrollo de la personalidad del menor, de cara a favorecer su autonomía. A todas luces, todos estos preceptos no se cumplen, cuando se tolera que en nuestra sociedad estén extendidas estas alienantes prácticas. Pero ya sabemos, de esta forma la Iglesia se asegura y perpetúa su cantera de creyentes, "atrapándolos mucho antes de que tengan uso de razón y puedan elegir por sí mismos" (en palabras de Enrique Ruiz del Rosal). De hecho, podemos asegurar que gran parte de los actuales creyentes adultos, lo son en realidad por adoctrinamiento infantil y juvenil, y por acomodamiento a dichas creencias en la edad adulta, pero sin molestarse en hacer profundas reflexiones posteriores en torno a sus creencias. 

 

Por su parte, el capítulo de las primeras comuniones se ha reducido en un 2,2% desde 2011, según la Memoria de Actividades de la Conferencia Episcopal correspondiente a 2013, cuya información estamos comentando. Las bodas por la Iglesia suponen también un descenso, concretamente del 14% respecto al año anterior, y confirma su tendencia descendente desde el año 2010 en un 27%. Según el INE y para el año 2013, el 65% de las bodas celebradas fueron civiles, y el 35% fueron religiosas. Bien, otro capítulo de la actividad eclesiástica en nuestro país se refiere a las actividades religiosas en los centros penitenciarios, financiadas por el Estado, así como todo tipo de actividades sociales de reinserción, deportivas, de formación y de asesoría. Parece ser un ejemplo más, junto con Educación y Sanidad, de dejación de responsabilidades públicas, y de privatización de una asistencia que sólo a los poderes públicos compete. Dicha actividad se realiza mediante las 83 capellanías existentes a lo largo y ancho de nuestros centros penitenciarios, donde prestan servicio 147 capellanes. A ellos hay que añadir el número de voluntarios católicos en los recintos carcelarios, algo más de 3.000, que de hecho se han incrementado, según la Memoria de 2013, en un 22%. 

 

En el terreno educativo, la Memoria de Actividades de la Conferencia Episcopal comienza afirmando que en 2013 existían 2.600 centros de enseñanza católicos (el 95% de ellos son concertados), cifra que va también en descenso. No obstante sus alumnos han aumentado, alcanzando casi el millón y medio de estudiantes de dichos centros. La práctica totalidad de los centros católicos están subvencionados por el Estado. El hecho es que casi el 20% (en 1992 era del 9%, con lo cual se puede ver la clara tendencia de los gobiernos del bipartidismo PP-PSOE) de todo el gasto público en educación (no universitaria) se desvía para subsidiar a la escuela concertada, fundamentalmente católica, y por tanto, que adoctrina a nuestros jóvenes y antepone idearios e intereses confesionales, es decir particulares, frente a los intereses generales, a la igualdad y a la libertad de conciencia. Más si cabe cuando muchos de ellos son centros claramente elitistas y/o segregadores entre sexos. Y lógicamente, este grandísimo incremento en la financiación de centros educativos privados de ideario católico, lo es en detrimento de la escuela pública, de calidad e igualitaria, y en la que rige la libertad de conciencia para todo el alumnado. Pero ya sabemos que bajo la falacia de la "libertad de enseñanza" se esconde esta peligrosa deriva discriminatoria, que acabará dejando a la escuela pública como residual. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 octubre 2015 3 14 /10 /octubre /2015 23:00

A brasa viva, como lava de volcán. En todas las esquinas, a correntadas. El racismo en Estados Unidos sigue oprimiendo, sigue denigrando y matando a los afro descendientes. Toda piel oscura es segregada; en el trabajo, en los restaurantes, en la parada de autobús, en el parque. En la iglesia. La xenofobia en este país es letal

Ilka Oliva

Y mientras, la inactividad del Presidente Obama, el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, es inaudita. Se lava las manos ante tanta barbarie racial, y a lo más que llega es a llamamientos a la calma desde su atalaya presidencial. La situación es absolutamente vergonzosa y humillante para los de su raza. Todos los días la policía estadounidense humilla, golpea, asesina a los negros, ante un sistema que legitima dichas acciones, que las tolera y las ampara. Así que, en el país que reivindica para los demás el respeto a los "derechos humanos", resulta que cualquier negro, simplemente por serlo, puede ser catalogado como delincuente y encarcelado o asesinado con la más absoluta impunidad. Un país donde continúa manifestándose esa mafia del Ku KIux Klan, porque se creen superiores, se autoproclaman una raza superior a los negros.

 

Como nos da cuenta Ramón Pedregal en su artículo, del cual obtenemos gran parte de la información, la web killedbypolice.net (matado por la policía) da la cifra de 748 personas asesinadas durante los últimos 8 meses de 2013 y 1.100 durante 2014, y esto sólo a partir de lo que informan los medios de comunicación. Pero de las 1.800 agencias policiales de Estados Unidos, tan sólo informan 800, lo que hace pensar que la cifra de 748 de unos meses de 2013, o los 1.100 asesinados en 2014, son en verdad muy inferiores a las cifras reales. Y dentro de los negros, los más pobres. Ramón Pedregal lo expresa en estos términos: "La pobreza es una encerrona de la gran burguesía, por eso invierte en prisiones, privatiza a través del Estado, recorta la atención social, recorta en centros de salud, en creación de vivienda, en educación, en creación de puestos de trabajo, éstas son las causas de que las cárceles se llenen. La Comisión de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial no ha dejado de pedir al gobierno de Estados Unidos que anule, desapruebe, cese en sus acciones policiales contra las minorías raciales y los pobres. Pero el gobierno de Estados Unidos está formado por representantes de la gran burguesía y además racista, de ahí que cada presidente desarrolle su programa en ese sentido". 

 

Y añade algún otro dato escalofriante: organizaciones como HRW y ACLU (Unión para las Libertades Civiles) declaran que en 2011 había 95.000 adolescentes presos en Estados Unidos, que en su mayoría se encontraban en régimen de aislamiento, y 28.000 niños, desde 10 años, presos en completo aislamiento. Según algunas organizaciones, son más de 80.000 presos adultos los que se encuentran en aislamiento, en celdas en las que apenas pueden dar dos pasos para cada lado, sin apenas luz, sin comunicación ninguna, y que hasta 2011 no se les permitía ver ni siquiera una foto de sí mismos. Tras una larga huelga de hambre, consiguieron que se les dejase poder ver una foto suya una sola vez al año. Estas horribles cosas ocurren en el país que se cree y se anuncia en la comunidad internacional como el gran paladín de los derechos humanos. Lo grave está en que la inmensa mayoría de los países del planeta aceptan esta autodeclaración estadounidense. 

 

Además, los presos en régimen de aislamiento no cuentan con ningún programa educativo, de salud, laboral o de entretenimiento, por lo que sufren trastornos mentales en su inmensa mayoría. Un escenario que está contemplado como absolutamente prohibido por todos los Tratados internacionales sobre derechos humanos. Y en estados como Nueva York o Carolina del Norte, los niños son encarcelados con los adultos, con lo que sufren todo tipo de abusos, conduciéndoles al suicidio en un 40% de los casos. En una de las ciudades objeto de conflictos hace pocos meses, Baltimore, la diferencia en la esperanza de vida entre la población blanca y la negra es de 20 años. Ya se imaginan los lectores a favor de quién. Y como resulta que 50 millones de pobres, negros y hambrientos representan un grave problema, la solución bajo el sistema capitalista está bien clara: ofrecer estos datos como negocio a las empresas privadas. Y así, un gran número de cárceles norteamericanas pertenecen a empresas privadas a las que el Estado les paga, y para eso deben tener por lo menos el 80% de las celdas con prisioneros, ya que en otro caso, no habría negocio. 

 

La conclusión se nos ofrece clara y nítida como las aguas fluyentes de un arroyo cristalino: llenar las cárceles privadas es una estupenda razón para que la policía se dedique a cazar negros para alcanzar como mínimo el 80% de las celdas ocupadas y que el Estado pueda pagar a dichas multinacionales, para que así el sistema se retroalimente, y pueda continuar. Pero la cosa no acaba aquí. Aún hemos de completar el círculo, y terminar de rebañar la chocolatera. Porque resulta que además, no podemos mantener ociosos a los presos que no se encuentren en régimen de aislamiento...¿cuál es la solución? Pues que trabajen gratis para las multinacionales, como una nueva vía de trabajo esclavo. Ramón Pedregal lo expresa de la siguiente forma: "Antes cazaban esclavos escapados como un servicio a los esclavistas. Ahora las plantaciones multinacionales que las y los afroamericanos en las cárceles tienen nombres bien conocidos por el mundo: IBM, Revlon, Intel, Dell, Motorola, Microsoft, Boeing, Lee, Victoria Secret, Eddi Bauer, la industria militar y el ejército...que lleva la libertad al mundo". 

 

Las empresas que se enriquecen con el trabajo esclavo no suelen pagar nada a los presos, por lo cual este tipo de nueva esclavitud moderna deja a estas esclavistas multinacionales grandes beneficios. Sólo por lo que el Estado les paga por las cárceles se dan cifras públicas de más de 3.300 millones de dólares, y se estima que estas empresas de la vertiente capitalista que explota a los presos afroamericanos sacan del trabajo esclavo entre el 20% y el 30% de todo lo que produce el gigante norteamericano. Esta es una de las razones de que sean una primera potencia mundial, hecha a sí misma, demostrando una vez más que detrás de cada gran fortuna, siempre hay crímenes. Las cifras oficiales indican, comparativamente, que el porcentaje de encarcelados afroamericanos es hoy día mayor de lo que lo era en la Sudáfrica del apartheid, y el 80% de los afroamericanos jóvenes han sido alguna vez detenidos y fichados por esta policía del régimen capitalista y esclavista, que tanto respeta los derechos humanos, y que sirve de ejemplo a todo el mundo occidental. El ratio actual es de 750 presos por cada 100.000 habitantes, segun cifras del propio observatorio carcelario. Continuaremos en siguientes entregas.

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13 octubre 2015 2 13 /10 /octubre /2015 23:00

La austeridad no es sino una guerra de clases

Noam Chomsky

Bajo las grandilocuentes palabras que los políticos que representan a la derecha de este país pronuncian en sus engañosos discursos, cuando de verdad les quitamos la capa de cinismo, de hipocresía y de mentira, nos damos cuenta de que no les importa nada. Discursos que nos hablan sobre la necesidad de disminuir los gastos sociales del Estado, de racionalizar el funcionamiento de la Administración, de la disminución de impuestos (porque "el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos"), de los intercambios comerciales libres, y no digamos ya cuando pronuncian las palabras más gruesas (democracia, libertad, convivencia, igualdad, justicia, etc.), en realidad esconden sus verdaderas intenciones sobre el modelo de sociedad al que quieren llevarnos. Nos dejamos llevar por la ingenuidad, y pensamos que algo de buena intención puede haber en sus palabras, cuando lo cierto es que sólo intentan que sigamos confiando en ellos, depositando el voto en la urna cada cuatro años, mientras continúan llevándonos al precipicio. Hagamos siquiera un somero repaso:

 

No les importan los derechos humanos, comenzando por el propio derecho a la existencia misma. Desprecian absolutamente los más elementales derechos, como el derecho a la vida, por mucho que se pongan estupendos y trascendentales con el tema del aborto. El derecho a la subsistencia, al trabajo, a la salud, a la educación, a la vivienda, a la reunión, a la manifestación, a la cultura, a la justicia, a la igualdad, absolutamente todos los derechos humanos básicos han sido agredidos durante esta última legislatura, aunque es cierto que es un proceso gradual que viene de más lejos, concretamente desde la Transición. Pero tampoco se avanza nada en la erradicación de otras muchas manifestaciones de nuestra sociedad que también tienen que ver con derechos fundamentales, tales como la tortura o la violencia de género. 

 

No les importan los enfermos, ni los dependientes. El derecho a una Sanidad pública, gratuita y universal está siendo progresivamente desmantelado, actuando sobre varios frentes simultáneos: privatización (de centros, de servicios, de recursos) sanitaria, instauración de sistemas de co-pago o de re-pago (en farmacia, hospitales e intervenciones), y exclusión del propio sistema de cientos de miles de personas, mediante la implantación de una serie de criterios y requisitos excluyentes (inmigrantes, personas sin empleo, etc.). Por su parte, la Ley de Dependencia está siendo desmantelada económicamente, dejándola sin cobertura y sin efectividad, en base a retirar progresivamente los presupuestos para la misma, y por tanto, provocando la imposibilidad manifiesta de atender a cientos de miles de personas dependientes que existen en nuestro país, muchas de las cuales mueren sin haber sido atendidas.

 

No les importan los estudiantes, porque en general no les importan nada los jóvenes y su mundo, sus necesidades, su futuro...En el terreno educativo, la recién implantada LOMCE (afortunadamente, no en todas las Comunidades Autónomas, ni en igual grado) establece un modelo de educación que rompe con todos los principios que la guiaban hasta el momento, esto es, la universalidad (la educación se vuelve elitista y segregadora), la gratuidad (se apoya a los centros privados y concertados en detrimento de los públicos), y la calidad (se vuelve a la religión en las aulas, se mercantiliza la educación, se acaba con la democracia en la comunidad educativa, y se eliminan los valores ciudadanos en la enseñanza, sustituyéndose por valores capitalistas, como las finanzas o la inversión). Igualmente, se desmantelan recursos educativos (centros, medios, profesorado, etc.), y se encarecen y endurecen los requisitos para obtener becas y ayudas al estudio, por lo cual el cóctel para la educación elitista y excluyente está servido. 

 

No les importan los mayores, los jubilados y jubiladas, los pensionistas en general, a pesar de constituir, en pleno período de crisis, un puntal básico y fundamental para el sostenimiento de las familias, que se han ido quedando sin recursos, y al borde de la pobreza y de la exclusión social. El mayor exponente de que no les importan los mayores es la política que se ha iniciado en torno a nuestro sistema público de pensiones, argumentando en contra de su sostenibilidad los criterios de una mayor esperanza de vida, y de una mayor cantidad de población de personas mayores, que el sistema ha de mantener. Hemos iniciado una deriva que nos conducirá hacia un sistema público de pensiones residual, absolutamente marginal, con objeto de potenciar y complementar con los planes privados de pensiones, para gloria y beneficio de las entidades financieras que los comercializan. De hecho, la actualización desde hacer un par de años acá del importe de las pensiones ha sido absolutamente ridículo, indigno y despreciable. 

 

No les importa el medio ambiente, a tenor de las agresivas políticas energéticas que se practican, del gran oligopolio que se permite que exista en el terreno de las compañías eléctricas, del poco apoyo que se presta al mundo de las energías renovables, y de la escasa importancia que se les dedica al conjunto de políticas que intenten paliar los efectos del cambio climático (en el cual no se cree), y poner en marcha una serie de medidas encaminadas a sanear y cuidar nuestros ríos, nuestras playas, nuestros bosques (que también se privatizan), el aire que respiramos, nuestra flora y fauna, etc. Más bien al contrario, se practica una política que favorece descaradamente a las grandes compañías petroleras transnacionales, aún a sabiendas del tremendo daño que causan a los ecosistemas y a la sostenibilidad de nuestro modelo energético. Por si fuera poco, se apoyan las secretas negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea (TTIP), un perverso acuerdo comercial que supondrá la absoluta hegemonía de las transnacionales sobre todos los sectores (agrario, farmacéutico, sanitario, cultural, laboral, medioambiental, etc.).

 

No les importan la soberanía nacional ni la unidad de España, por mucho que se llenen la boca con estas ideas y conceptos manidos, fundamentados en las más retrógradas concepciones de la "una, grande y libre" de tiempos pasados y oscuros. Los auténticos argumentos para oponerse con uñas y dientes al "derecho a decidir" (en realidad, al derecho de autodeterminación de los pueblos) reside en el miedo a que dichos procesos acaben con gran parte de sus privilegios y de su status quo, y a que no se cree de verdad en la auténtica democracia. No es posible una unidad mantenida a la fuerza, en contra del criterio de millones de personas que desean ser consultadas, como tampoco es posible un federalismo que no contemple el posible ejercicio del derecho de autodeterminación (porque en ese caso, estaríamos hablando de unionismo, no de federalismo). Por otra parte, es muy gracioso y tremendamente cínico que se invoque a la "soberanía nacional", cuando continuamente se interviene en las decisiones políticas desde instancias supranacionales (Unión Europea), o cuando nos vemos inmersos en atroces operaciones de intervención o maniobras militares de la OTAN, que utilizan nuestro territorio como rampa de lanzamiento, mediante sus bases militares, para operar en terceros países. Parece que, para dichos casos, la soberanía nacional importa un bledo. Pero tampoco les importa la soberanía en lo que se refiere a soberanía monetaria, ni económica, ni alimentaria, etc. La sobernía es, pues, un bulo para engañabobos que pretende invocar la conciencia identitaria y el sentimiento patriótico en aras de un ideal rancio y conservador. Finalizaremos en la segunda y última entrega de esta serie.

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12 octubre 2015 1 12 /10 /octubre /2015 23:00

Si el Caballo de Troya fue la estratagema con la que los aqueos pudieron penetrar en Troya para destruirla, el TTIP es el ardid con el que las grandes corporaciones transnacionales quieren demoler los derechos ambientales, laborales y sociales de los ciudadanos de la UE y de los mismos EE.UU.

Francisco Morote

Detengámonos un poco más en el perverso mecanismo del ISDS, ya mencionado en anteriores entregas, basándonos en este magnífico artículo de Gladys Martínez. En esencia, se trata de un mecanismo que permite a las multinacionales denunciar a los Estados cuando supuestamente sus leyes les perjudican. No es un invento nuevo, ya que se encuentra ya reflejado actualmente en más de 3.000 acuerdos comerciales y tratados similares. El ISDS (solución de controversias inversor-Estado, por sus siglas en inglés) es un perverso mecanismo de arbitraje presente en los tratados bilaterales de inversión (TBI) y en muchos tratados de libre comercio (TLC) que permite a los inversores extranjeros denunciar a cualquier Estado ante un tribunal privado de arbitraje cuando entienda que algunos de sus "derechos" ha sido vulnerado, típicamente por el cambio de legislación que afecte a sus beneficios presentes o futuros. Este mecanismo también está previsto en el CETA (Tratado de Libre Comercio entre UE y Canadá), igualmente pendiente de aprobación por el Parlamento Europeo. 

 

Como nos cuenta Gladys Martínez en el referido artículo, "desde que en 1959 Alemania firmara el primer TBI con Pakistán, éstos se han ido multiplicando, principalmente a partir de los años 90, al calor de la expansión de las políticas neoliberales, hasta alcanzar los 2.811 actuales. Todos ellos incluyen el ISDS, que empezó a incorporarse también en muchos TLC a partir del NAFTA, firmado entre EE.UU., Canadá y México en 1994. Y fue precisamente a partir de la aplicación del NAFTA cuando se disparó el uso de los ISDS por parte de los inversores. Si en 1997 había 19 casos conocidos de denuncias, hoy se acercan a los 600". Evidentemente, el ISDS implementa un sistema de arbitraje absolutamente opaco, y exento del control ciudadano. Y como ya hemos comentado, siempre es un mecanismo unidireccional, pensado para que únicamente sea la empresa la que pueda denunciar al Estado, pero no al contrario. Es decir, que aunque estas corporaciones hayan ignorado la legislación local de un país, o hayan violado las normas fundamentales sobre legislación laboral, ambiental o sobre derechos humanos, no pueden ser denunciadas por esta vía. Se cita el ejemplo de Eslovaquia, un pequeño país que se vio obligado a pagar a la empresa aseguradora holandesa Achmea 29,5 millones de euros, el equivalente a todo su presupuesto para sanidad pública, cuando el nuevo gobierno electo decidió revertir el proceso de privatización de su sistema sanitario. 

 

Actualmente, Egipto espera la sentencia arbitral después de que la empresa Veolia denunciara a dicho país en 2013 por sentirse perjudicada por el aumento del salario mínimo. Todo un absoluto despropósito, que deja a la democracia en absoluto desamparo frente a la tiranía de las transnacionales. En esencia, este mecanismo invade los principios del Derecho Internacional Público y Privado, superponiendo un derecho corporativo que funciona en interés exclusivo del gran capital transnacional. Llegaremos así a la patética situación donde los Estados habrán perdido totalmente su poder de decisión sobre las políticas nacionales, y no podrán adoptar medidas legislativas sobre ciertos asuntos de vital importancia, porque entonces los inversores podrán reclamar indemnizaciones. El ISDS se convierte así en una herramienta de chantaje muy potente contra toda posible regulación, que ata de pies y manos la posible implementación de medidas que cualquier gobierno democrático, en el legítimo ejercicio de sus funciones, pudiese tomar. Ni que decir tiene que los ISDS tienen un sesgo total a favor de las empresas, al ser privados, no estar sujetos a ningún control democrático, y no existir la posibilidad de apelación a sus decisiones. Según Luis Rico, el tribunal más importante de este tipo, al que recurren actualmente la mayoría de las multinacionales, es el llamado CIADI, y depende del Banco Mundial, uno de los organismos internacionales, junto al FMI, vigilantes del más estricto cumplimiento del orden mundial neoliberal.

 

Luis Rico, Coordinador del Proyecto de Tratados e Inversiones de Ecologistas en Acción, explica la dinámica de los ISDS en los siguientes términos: "Los árbitros pertenecen a una camarilla de diez bufetes, y pueden actuar a veces como consejeros de multinacionales, otras como fiscales, otras como árbitros..., pueden ser jueces y parte. Además, no tienen ingresos fijos como jueces, sino que ganan por el número de casos, unos mil euros la hora, así es que están interesados en que haya muchos casos, y para que haya muchos casos los inversores tienen que tener muchas expectativas de ganar". Si reflexionamos profundamente sobre todo ello, obtendremos la semblanza del más patético y corrupto capitalismo de nuestros días. El montaje de estos juicios resulta muy costoso, del orden de unos 8 millones de euros, y el dinero gastado por el Estado en su propia defensa ante estos buitres empresariales no puede ser recuperado. Algunos países latinoamericanos se han negado a pagar las tremendas cantidades a los que el CIADI les condenaba, incluso lo han abandonado, negándose a renovar sus tratados bilaterales de inversiones. Argentina, Sudáfrica o Indonesia se encuentran en esta situación. 

 

En resumidas cuentas, y si el mecanismo del ISDS se incluye finalmente en el TTIP, y éste se ratifica por el Parlamento Europeo (la Comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmström, no quiere que la aprobación del mismo tenga que pasar por los parlamentos nacionales de cada país miembro), cualquier medida o política que intente poner recursos al servicio de las mayorías sociales se expondrá a posibles denuncias de las multinacionales implicadas. Lo que se persigue básicamente es el siguiente escalón al que tenemos actualmente: no sólo que los servicios públicos que se prestan pasen a ser gestionados por manos privadas, sino que la situación no pueda ser revertida por futuros gobiernos. Es un secuestro total de la democracia. Un cheque en blanco para el poder corporativo. En definitiva, el TTIP supone el escalón definitivo, la mayor envergadura, la expresión suprema bajo la que puede mostrarse la lucha de clases. No podemos permitirlo. Si este tratado y todos los demás similares que se están negociando (TPP, TISA, etc.) son finalmente aprobados, será muy difícil conseguir la reversión de sus diabólicas cláusulas. Los gobiernos no podrán recuperar los servicios externalizados o privatizados, aunque sean un desastre, y sus gastos exhorbitantes, además de que representen una absoluta mercantilización de los derechos humanos. 

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11 octubre 2015 7 11 /10 /octubre /2015 23:00

El problema de la deuda es una especie de espiral infinita, pues para impedir la quiebra de la economía se acude a nuevos rescates financieros, cuyos intereses se suman a la deuda ya existente, deuda que tiene que pagar el Estado, es decir, la gente. Sin duda, la deuda funciona como un eficaz instrumento de chantaje político: tu economía se está hundiendo y estás en peligro de dejar de ser solvente. Te puedo prestar dinero para salvar tu sistema financiero, pero a cambio tienes que hacer lo que yo te ordene, con independencia de lo que quieran tus electores

Clara Serrrano

Continuando con la magnífica exposición de Francisco Vidal, a la cual remito a los lectores, el autor hace una perfecta explicación del motivo histórico para la acuñación de las monedas, la asimilación de éstas como deuda pública, los motivos para la caída del patrón oro, y la explicación sobre la "confianza" de los mercados entre diferentes países. Desde los pagos en especie de la época feudal, los impuestos y diezmos que se cobraban a la población, los impuestos especiales en épocas de guerras, el expolio que realizaron los grandes Imperios de la Historia en base a este sistema, la creación de los primeros Bancos Centrales, y el origen de las primeras deudas de la era capitalista. Y por supuesto, en la punta de lanza del sistema actual, cómo no, los Estados Unidos de América. Ellos han mantenido un elevado nivel de prosperidad basado en la fuerza de su moneda, y ésta a su vez basada en un inmenso aparato de apropiación, violencia y saqueo. De ahí que el hecho de que USA tenga una deuda pública del 105% del PIB parece irrelevante, mientras que otros países tengan un 80% parece desastroso. 

 

Bien, vamos a continuación a deshacer el falso mito de que "las deudas hay que pagarlas", y de que cualqueir otra actitud es irresponsable y suicida. El pensamiento dominante lo repite como un dogma universal, pero se trata, como siempre, de otra falacia que hay que desmontar. De hecho, y siguiendo de nuevo a Francisco Vidal, el primer país que se negó a pagar sus deudas fue Estados Unidos. Corría el año de 1852 cuando los ciudadanos del Estado de Louisiana decidieron en referéndum suspender definitivamente el pago de su deuda estatal constituida principalmente por bonos a 50 años de titularidad británica. Cuarenta años después los acreedores reclamaron el pago de dicha deuda, pero el Gobierno Federal confirmó que no podía contravenir una decisión tomada democráticamente por el pueblo norteamericano. El segundo país que se negó a pagar sus deudas fue Rusia tras la Revolución Bolchevique de 1917, anunciando que no pagaría las deudas contraídas por el Zar Nicolás II. El tercero fue Alemania, tras haber pagado sólo una pequeña parte de las inmensas reparaciones a las que estaba obligada tras la Primera Guerra Mundial. Y también, en 1919, el Tratado de Versalles anuló la deuda reclamada por Alemania a Polonia. 

 

Pero tenemos más antecedentes ocurridos durante el siglo pasado. En 1922, Costa Rica denunció los contratos aprobados por el General (golpista) Federico Tinoco y la deuda contraída como consecuencia de los mismos. La Corte Suprema de Estados Unidos, que ejercía de árbitro en tal conflicto, invalidó dichos contratos. En 1991, tras la llegada de Lech Walesa al Gobierno (en 1990), los acreedores de Polonia acordaron realizar una reducción del 50% de su deuda. Más recientemente, en 2008, Ecuador suspendió el pago de parte de su deuda. Y ese mismo año, Islandia rechazó pagar a Gran Bretaña y a Holanda por la deuda contraída por el banco privado Landshanki. Y aún podríamos señalar más precedentes, pero lo dejaremos aquí. En nuestro continente, en 1998 fue establecido el Banco Central Europeo, institución de carácter "independiente" (eufemismo utilizado para señalar que no se somete a ningún poder democrático) que actúa desde entonces como un lobby de la banca privada, y en el que quedaba centralizada la política monetaria de 19 (por aquél entonces) países de la UE. En 2002 se puso en circulación una nueva moneda, el euro, pero se hizo de forma desequilibrada e irracional. Porque en general, no es conveniente que dos o más países compartan moneda si sus ciclos económicos no están perfectamente sincronizados, ya que en un determinado momento, uno podría necesitar una política contractiva de tipos altos de interés para frenar la inflación, y otros podrían necesitar una política opuesta. 

 

Y esto es justamente lo que ocurrió en la Unión Europea. Se diseñó una moneda única, pero no una moneda común. Los cimientos de la Unión capitalista y neoliberal de Europa se forjaron desoyendo todos los mínimos consejos de una integración económica (y mucho menos política), y cuando el euro entró en vigor, el BCE estableció un tipo de interés bajo para sacar a Alemania de un momento de apuros económicos. No obstante, en España este dinero barato alimentó aún más el despegue de un sobrecalentado mercado inmobiliario. Y por si esto fuera poco, la moneda única permitió que Alemania explotara su elevada productividad a expensas de los demás, inundando los países periféricos de la zona euro con productos de alto valor añadido, pero baratos en comparación con los de la producción local. De esta forma, países como Grecia, Portugal, España, etc., periféricos y del sur europeo, los llamados PIGS (por sus iniciales en inglés), no podían competir con la producción alemana de este tipo de artículos, tan intensa en capital, ni con la producción asiática, tan intensa en mano de obra. Incapaces también de protegerse devaluando su propia moneda por la presencia del euro, procedieron a una devaluación de la fuerza de trabajo, esto es, entraron en una peligrosa espiral de salarios bajos, desempleo, migración, crisis económica y deuda insostenible. 

 

Parece que vamos teniendo muchas pistas para desmontar la tremenda falacia que asegura que "las deudas hay que pagarlas" (aunque todavía lo veremos más claro en siguientes artículos). Detras de esta aparentemente "lógica y responsable" afirmación, "sensata y razonable" (que diría Rajoy), se esconde una mezquina mentira vertida para soslayar el hecho de que existe una relación de fuerza o confianza entre deudores y acreedores que inclina la balanza en favor de unos u otros. Los mismos defensores a ultranza de este gran dogma neoliberal suelen poner en juego una perversa contabilidad en la que las deudas que las recientes democracias heredan de sus anteriores dictadores deben pagarse, y también deben pagarse, por ejemplo, las deudas procedentes del rescate a las entidades financieras que habían quebrado por las prácticas especulativas de sus directivos. Pero en cambio, los inmensos daños medioambientales perpetrados por las actividades del capital extranjero en países del Tercer Mundo, no constituyen ninguna deuda. Ni son deuda las promesas electorales que los políticos hacen a los ciudadanos que los eligen, los obedecen y los financian con sus impuestos. ¿Deben pagarse todas las deudas? Como indica Francisco Vidal, más bien debiéramos comenzar por preguntarnos: ¿quién debe a quién? Continuaremos en siguientes entregas.

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