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9 septiembre 2015 3 09 /09 /septiembre /2015 23:00

Para el sistema, para las minorías que lo controlan, lo ideal es el inmovilismo, pero dado que las propias características del sistema lo impiden, a lo que aspiran las clases dominantes es a minimizar el movimiento, a maquillarlo, a dirigirlo...

José López

Habremos oído aludir a ella en multitud de ocasiones, pero la pregunta podría ser la siguiente: ¿qué quiere decir la clase dominante cuando habla de "estabilidad" política? ¿A qué se refiere realmente cuando apela a ella? Pues de entrada, y básicamente, para ellos, la "estabilidad" política se refiere a la posibilidad de continuar gobernando, o bien de comenzar a hacerlo. Para la élite política y económica que nos gobierna en esta fase del capitalismo neoliberal más descarnado, "estabilidad" no es sinónimo de tranquilidad, de sosiego, de calma, de equilibrio, de justicia, de igualdad, de legitimidad, sino simplemente de continuismo, de sometimiento al sistema, al orden establecido, de acatamiento de unas reglas que perpetúan un sistema socialmente injusto, económicamente desigual, políticamente autoritario, y éticamente corrupto. Cuando ellos mencionan la "estabilidad", es para oponerse radicalmente y con todas sus fuerzas a cualquier cambio que ponga en cuestión el sistema establecido, es para impedir cualquier estallido social que se rebele contra el mismo.

 

Lo primero que tenemos que señalar es que estamos ante otro claro ejemplo de estrategia de manipulación del lenguaje a la que nos tiene acostumbrados la clase dominante, ya que el lenguaje representa, con todos sus recursos, la herramienta más útil para crear conciencia social, y encaminar a las masas hacia la asunción de un determinado imaginario colectivo. Precisamente, uno de los mayores objetivos que tenemos planteados desde la izquierda transformadora es contribuir a desmontar las falacias, trampas y perversiones de su lenguaje, y retornar las palabras a su justo significado. De esta forma, las manipulaciones que se esconden bajo típicos eufemismos como "rescate", "austeridad", "deuda", "flexibilidad", "mercado", "reformas", "crisis", "externalización", "responsabilidad", y un largo etcétera, obedecen a estas claras estrategias de manipulación política y mediática de dichos términos y conceptos. Y el concepto de "estabilidad" política es otro ejemplo en este sentido. En realidad, en el discurso de la clase dominante, nada significa lo que debe significar, y nos encontramos sumidos en todo un absurdo teatro de la retórica, donde la terminología y el vocabulario nos juegan continuamente malas pasadas. 

 

Y así, son numerosos los llamamientos a la "estabilidad" y a las virtudes y necesidad de su consecución, a la vez que se proclaman los peligros de la "inestabilidad" política. Se habla de que la clase empresarial desea un "gobierno estable", o de que los recientes pactos políticos entre fuerzas de izquierdas generan "inestabilidad". O también se afirma que desde la Transición, nuestro país ha gozado de uno de los mayores períodos de "estabilidad" política de su Historia. Estamos de nuevo ante otro uso interesado y manipulado del lenguaje, que adopta términos con una tremenda carga social positiva, para incorporarlos a su imaginario colectivo, pero tergiversando peligrosamente su significado, y desviándolo de su sentido originario. Y tenemos infinidad de ejemplos que así lo demuestran. Por ejemplo, se aduce desde la clase dominante que la Segunda República fue derrocada porque se generó un ambiente creciente de "inestabilidad", cuando lo cierto es que fue derrocada (mediante un Golpe de Estado y una posterior dictadura fascista) porque sus políticas comenzaban a poner en serio peligro los privilegios de la élite económica y de la Iglesia Católica, entre otros sectores.

 

También lo podemos extrapolar al ámbito internacional. Y de esta forma, la Revolución Bolivariana está impulsando la "inestabilidad" política en Venezuela, pero sin embargo, no se dice nada de los gobiernos neoliberales de México, que están permitiendo que este país se coloque a la cabeza de los más violentos del mundo. Si hacemos una mirada histórica, de nuevo se nos vienen a la memoria muchos ejemplos. Como nos recuerda Noam Chomsky, este discurso en ocasiones llega a ser incluso surrealista, como cuando el comentarista conservador James Chace, que fue redactor de Foreign Affairs, explicó en su día que Estados Unidos trataba de "desestabilizar a un Gobierno marxista libremente elegido en Chile porque estábamos decididos a buscar la estabilidad" bajo la dictadura de Augusto Pinochet. O bien, actualmente, las políticas de Irán se consideran generadoras de "inestabilidad" (porque no se someten al dominio y dictados de USA), mientras que no se dice nada sobre Arabia Saudí, que posee una de las dictaduras más sangrientas, retrógradas y autoritarias del mundo árabe. Por tanto, ¿bajo qué criterio se juzga la "estabilidad" o "inestabilidad" política de un país? Está claro que únicamente bajo la óptica de la satisfacción de determinados intereses, el cumplimiento de determinados objetivos, o la sumisión a determinadas alianzas.

 

De todos modos, hemos de observar que la estabilidad política no es un fin en sí misma, sino que simplemente es una consecuencia natural de los buenos Gobiernos. Y hoy día, justamente aquéllos Gobiernos que respetan a su ciudadanía, y que luchan por conseguir escenarios de mayor justicia, mayor igualdad y bienestar social, son aquéllos que disfrutan de la auténtica estabilidad. Es irónico, indecente y cínico, por tanto, que el Gobierno del PP se arrogue la generación de la "estabilidad" política, y critique a su oposición política por generar escenarios de "inestabilidad", cuando bajo su Gobierno se han creado las mayores cifras de desigualdad, paro, pobreza y exclusión social. No existen argumentos decentes para defender su "estabilidad" política, cuando ha desmontado todos los puntales del Estado del Bienestar, excluyendo de la sanidad pública a determinados colectivos, anulando la financiación para la Ley de la Dependencia, reduciendo el número de profesores de la Educación pública, reduciendo la cuantía dedicada a becas y ayudas al estudio, endureciendo los requisitos para su obtención, desahuciando a las personas de sus viviendas, o dejando en la estacada a millones de parados y paradas, que ya no perciben ninguna prestación ni subsidio por desempleo. 

 

La estabilidad política vendrá, por tanto, cuando vivamos en un país donde la banca privada no sea la causante de que casi un tercio del Presupuesto General del Estado tenga que emplearse en pagar la deuda pública, cuando las grandes empresas no puedan practicar ERE's de forma indiscriminada, dejando en el paro a miles de trabajadores y trabajadoras, cuando los bienes básicos y fundamentales para la ciudadanía (electricidad, agua, gas, transporte, etc.) sean verdaderamente públicos, gratuitos y universales, cuando las personas tengan asegurados unos ingresos mínimos para una vida digna, cuando los derechos que consagran el Estado del Bienestar queden blindados ante el intento de ataque de cualquier gobierno de turno, y cuando las personas que se dediquen a la política lo hagan con intención de favorecer y reforzar lo público, en vez de utilizarlo para expoliarlo y saquearlo constantemente.

 

La verdadera estabilidad política vendrá cuando sean respetados escrupulosamente todos los Derechos Humanos, y cuando nos liberemos del dogal del Euro, de la Unión Europea y del seguidismo a los Estados Unidos, en su política imperialista y belicista en el contexto internacional. Bueno, en realidad, cuando intentemos conseguir todo esto quizá venga un período de "inestabilidad", porque la clase dominante ponga en marcha todos sus resortes para impedirlo, como ya han hecho (y continúan haciendo) en otros muchos países y situaciones a lo largo de la Historia. Parece una macabra broma que, después de desmontar prácticamente todos los mecanismos de protección social, y de apuntalar un sistema que nos aboca a la permanente precariedad y desigualdad, encima nos vengan con que, gracias a ellos, disfrutamos de un panorama de "estabilidad" política. Si esto es así, ¿dónde hay que firmar para conseguir la "inestabilidad"?

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8 septiembre 2015 2 08 /09 /septiembre /2015 23:00

Focalizar la acción política en la corrupción y los desahucios, sin vincular estos efectos y otros, como el desempleo y la precariedad laboral, a un todo ideológico es un error estratégico mayúsculo. Todos los efectos mencionados, y muchos más que están en la mente colectiva de modo subliminal, son causados por un modelo político denominado capitalismo, siendo unos y otros hijuelas de la misma madre, productos, en suma, de una filosofía estructural dividida en clases sociales

Armando B. Ginés

Y para ocultar y hacer incuestionable ese todo ideológico capitalista, en el artículo anterior ya comenzamos a examinar algunas de las estrategias que la clase dominante pone en práctica para conseguir dicho objetivo. El lenguaje, sus conceptos y su terminología forman pues un arma poderosísima para disfrazar la realidad, enmascarando la auténtica estrategia que se esconde detrás de las, aparentemente neutras, palabras. Pero pongamos atención a lo que nos dice Clara Valverde: "Las palabras no son neutras: sirven para provocar algo en quien las escucha. Las palabras y las frases que utilizan las élites políticas y económicas neoliberales intentan que la ciudadanía se comporte de cierta manera, sobre todo para que adopte opiniones y comportamientos sin que los poderosos tengan que ejercer la fuerza de manera obvia". Y por fin, sentencia: "El lenguaje es la primera y más necesaria arma del capitalismo neoliberal". Este fragmento está tomado de su libro "No nos lo creemos. Una lectura crítica del lenguaje neoliberal", magnífico documento donde la autora nos da muestras de ello con innumerables ejemplos.

 

Y así, nos encontramos con que van calando en la mente de la inmensa mayoría social una serie de conceptos, de ideas preconcebidas, de actitudes, de pensamientos, de prejuicios, de opiniones y de gestos que conducen en último extremo a la asunción de los preceptos y dogmas del pensamiento dominante. Sin darnos cuenta, de modo muy subliminal, nos van llevando a su terreno, inoculando su forma de pensar, de entender la vida y el mundo, y para cuando nos queremos dar cuenta, estamos presos de dicha concepción, de dicha ideología. Pero lo más peligroso de todo ello es que las tácticas para conseguir este objetivo (sobre todo, últimamente) ya están entrando en el esperpento más espantoso. Mienten descaradamente, disfrazan la verdad, tergiversan los datos, inventan nombres para esconder la auténtica realidad, y manipulan con todo este arsenal lingüístico a toda la opinión pública. Y de esta forma, desarrollan expresiones, giros y eufemismos forzados, increíbles, manipulados, expresamente para reforzar una actitud mental proclive a la aceptación de sus falsas premisas y de sus engañosas conclusiones. Al final, mediante la aceptación de todo este lenguaje, nos vamos convirtiendo en súbditos en vez de ciudadanos, en clientes, consumidores o usuarios del sistema, y en última instancia, en cómplices de su hilada estrategia para desmontar nuestros derechos. 

 

Mediante todos esos obscenos mensajes nos conducen a la anestesia social, al comportamiento enlatado y serializado, al seguidismo esclavo, a la asunción sin el más mínimo cuestionamiento de sus dogmas y de sus aberrantes preceptos. Otro rasgo de este tratamiento es la invisibilización de ciertos actores del capitalismo y del poder real que detentan. Tal es el caso de los lobbies o grupos de presión que defienden intereses sectoriales, determinando las decisiones políticas nacionales e internacionales. Estos poderes fácticos quedan en la sombra, ausentes de la agenda, ocultos a la información. Pero sin embargo, ellos están siendo los principales actores negociadores en el peligroso Tratado de Libre Comercio entre EE.UU. y la Unión Europea, tal como estamos explicando en otra serie de artículos sobre el TTIP. El poder de los lobbies en los grandes centros de decisión y de negocio es abismal, y sin embargo, nadie nos informa de su existencia, de sus actividades ni de sus representantes. En definitiva, tomando las palabras de Rodrigo Fernández Miranda: "...se invisibiliza cómo está compuesto el entramado de poder, del que estos medios, además de portavoces, son parte". 

 

Y como ya adelantábamos en el artículo anterior, al hablar de los medios de comunicación y de su inestimable papel en la difusión/legitimación del sistema capitalista, en esta versión mediática, sesgada, interesada y manipulada de la realidad el capitalismo, simplemente, no existe. Existen "los mercados" como configuración abstracta de sus principales actores, pero no hay un sistema motorizado por la codicia. Hay injusticias y desigualdades, pero no un orden sistémico que las determina, ni un sistema político que las habilita, ni una matriz ideológica que las legitima. El capitalismo como un todo ideológico, sus impactos y actores protagonistas están ausentes de la agenda, y su abordaje se hace (cuando se hace) de forma anecdótica, parcial o sesgada. Y en este absurdo pero bien calculado teatro de la retórica, a los recortes en los servicios públicos se les denominan "reformas estructurales", la transferencia de recursos públicos a manos privadas se llaman "políticas de ajuste", y los problemas siempre son de "crecimiento", nunca de distribución. Se llama "flexibilización del mercado laboral" a las medidas que precarizan el trabajo y conceden el poder a la clase empresarial, y se llama "moderación salarial" al hecho de reducir los sueldos a la clase trabajadora, y aumentarlos obscenamente a los directivos. 

 

"Austeridad" es el mantra para referirse al adelgazamiento del Estado, y "hacer los deberes" es el eufemismo que encubre la puesta en práctica de una serie de injustos dictados neoliberales procedentes del chantaje de las Instituciones europeas a los legítimos gobiernos democráticos. Y todo este teatro de la manipulación y el montaje mediático tiene como correlato (siguiendo de nuevo a Fernández Miranda) "un sistema de valores funcionales, como la competencia, el crecimiento, el individualismo, la maximización del lucro, la libertad de empresa y el consumismo como valores inalienables. Estos valores son instituidos por los medios hegemónicos como incuestionables, y su matriz de opinión, impuesta como un conjunto de verdades, configuran la visión de la realidad de las mayorías". Así, estos portavoces del capitalismo, más que medios de comunicación, son medios de transmisión y de control ideológico. Esta batalla sólo podrá ser ganada defendiendo la información como un derecho humano, luchando por su veracidad e imparcialidad, porque la democratización de la sociedad necesariamente va de la mano de las voces y de las palabras, del vocabulario, del lenguaje, de los conceptos y de las expresiones. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 septiembre 2015 1 07 /09 /septiembre /2015 23:00

El patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–políticas basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia

Marta Fontenla

Básicamente, el heteropatriarcado es un modelo milenario de dominación social y cultural, que justifica el rol de dominación del hombre sobre la mujer. Aunque es muy anterior a la aparición y extensión histórica del capitalismo, cuando éste entra en escena (allá por las postrimerías del siglo XVII), el modelo patriarcal se afianza y obtiene una mayor legitimación colectiva, ya que ambos modelos (capitalismo y heteropatriarcado) se retroalimentan. Sus puntales se basan en la aceptación de un único modelo de familia universal, compuesto tradicionalmente por una pareja heterosexual y sus posibles hijos, así como en la perpetuación, reparto y legitimación social de una serie de roles para hombre y mujer, que continúan reproduciéndose en nuestras sociedades actuales, tildadas irónicamente de "civilizadas" y "progresistas". En realidad, el heteropatriarcado es una modalidad descendiente del más antiguo modelo patriarcal, donde además se centra el poder de dominación del hombre sobre la mujer desde la heterosexualidad, o si se quiere, la heteronormatividad, excluyendo otro tipo de relaciones afectivo-sexuales, o si se quiere, sexo-genéricas. 

 

La dominación cultural del heteropatriarcado es tan antigua y arraigada, que hoy día sería difícl (los científicos sociales aún lo continúan estudiando) deslindar la parte biológica de la parte cultural en nuestro comportamiento desde que somos bebés. En su ensayo "Reflexiones feministas", Matilde Tenorio afirma que "...el Patriarcado (...) es la manifestación de las relaciones históricamente desiguales entre hombres y mujeres, fruto de las desigualdades sociales y culturales. Desde el nacimiento, e incluso antes, se nos educa para que respondamos a unos roles de género determinados, para que nuestros comportamientos se ajusten a lo que la sociedad espera del género femenino y del masculino. Los hombres deben situarse en el ámbito de lo público y se les atribuye estabilidad emocional, autocontrol, agresividad, acción, razón, tendencia al dominio y seguridad en sí mismo, canalizando su rol hacia la producción. Sin embargo, el estereotipo femenino se sitúa en el ámbito de lo privado y se caracteriza por la inestabilidad emocional, falta de control, ternura, paciencia, disponibilidad, sumisión y dependencia, asignándosele el rol básico de la reproducción. El rol de transición entre los valores modernos y los tradicionales genera en muchos hombres temor, frustración y un riesgo de perder el control y la autoridad y si bien muchos de ellos lo afrontarán cognitivamente comprendiendo que son copartícipes de la desigualdad e intentando modificar sus creencias, valores y actitudes, otros, por el contrario, responderán resistiéndose a la pérdida de sus derechos e intentando restablecer el equilibrio mediante el control físico y mental de sus parejas utilizando diferentes estrategias". 

 

Sin extendernos sobre sus orígenes, y siguiendo al Blog "Empoderar a las Mujeres", podríamos decir que en las sociedades pre-patriarcales las mujeres aportaban alrededor de las tres cuartas partes del total de los alimentos y productos necesarios a los colectivos humanos de la época, participaban con los hombres en la caza, y hasta se cree que las famosas pinturas rupestres y el control del fuego fueron también obra suya, junto a los inicios de la doma de animales o la agricultura itinerante. Como factores históricos y evolutivos que intervienen en la aparición e institucionalización del patriarcado, podríamos citar la generalización de la práctica de la exogamia (las mujeres y los hombres de diferentes grupos humanos comienzan a cruzarse ante la necesidad de tejer alianzas), el paso gradual del nomadismo al sedentarismo (el desarrollo de la agricultura y la ganadería agotan las prácticas itinerantes), o la necesidad de defender el territorio (los grupos ya sedentarizados se ven obligados a defender el terreno sobre el que se han establecido). Estos factores también van determinando con el paso del tiempo la división sexual del trabajo en la que la fuerza física, mayor en los hombres, prevalecerá sobre la resistencia biológica, más acusada en las mujeres. Ya en las sociedades medievales, el concepto de patriarcado designa y define un tipo de organización social en el que la autoridad la ejerce el varón jefe de la familia, dueño del patrimonio, del que formaban parte los hijos, la esposa, los esclavos y los bienes. 

 

Como estamos comprobando, el fenómeno cubre prácticamente casi todas las facetas de la vida de hombres y mujeres. Porque partimos de la premisa de que la estructura social del heteropatriarcado está presente en todos los ámbitos e influye en todos los comportamientos de los individuos, y una de las manifestaciones más graves del dominio de los hombres sobre las mujeres es la violencia de pareja, de la que hablaremos enseguida. El modelo heteropatriarcal consagra múltiples discriminaciones de todo tipo de la mujer frente al hombre, y legitima socialmente dichas injustas situaciones, tales como: falta de independencia económica, brecha salarial, desigualdad laboral, división sexual del trabajo, permanencia de roles machistas, violencia de pareja, acoso sexual, modelos imperantes de sexualidad, difusión de modelos de feminidad alienantes, permisividad frente a la prostitución, etc. La discriminación de la mujer frente al hombre es algo consustancial bajo el modelo heteropatriarcal, porque consagra cierto sistema de convivencia, que adopta una "heteronormatividad" que delimita perfectamente los roles de hombres y mujeres en la sociedad, desde sus clases dominantes. 

 

Y este modelo llega hasta las más altas instancias políticas de la sociedad, esto es, al Estado y todas sus Instituciones, desde donde las relaciones de dominación impuestas por el modelo se legitiman y se respaldan mediante leyes. Bajo el modelo heteropatriarcal el Estado garantiza, mediante un sistema económico fundamentado en él, la sujeción y la dependencia de las mujeres frente a determinadas figuras masculinas a lo largo de su vida (padre, hermanos, marido, etc.), impidiendo su pleno desarrollo e incluso su completo reconocimiento como sujetos políticos de pleno derecho. Según el feminismo marxista de Heidi Hartmann, el patriarcado (y su variante heterosexual) no descansa sólo por tanto en la familia como círculo más íntimo, sino en todas las estructuras que posibilitan el control sobre la fuerza de trabajo y de reproducción de las mujeres. Pero el heteropatriarcado llega más allá, porque, como resumíamos al principio, se trata de todo un sistema de dominación cultural, incluyendo usos, costumbres, tradiciones, normas familiares, hábitos sociales, prejuicios, símbología, e incluso leyes, el conocimiento y práctica de todo lo cual asegura su transmisión y perpetuación entre diferentes generaciones. Así, conceptos como los celos, la paternidad o el adulterio surgen de la dominación cultural del heteropatriarcado, y llegan a legitimarse totalmente en las sociedades actuales. 

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6 septiembre 2015 7 06 /09 /septiembre /2015 23:00

La Renta Básica Universal es el principal y más básico de los Derechos Humanos, que no quita el uso del resto de derechos sociales adquiridos tras muchas luchas

Antonio Moreno de la Fuente, Área de Marginación de la APDHA

Hemos querido destacar esta cita porque tiene también que ver con otra gran confusión (por ignorancia, o vertida de forma interesada) sobre la RB, que consiste en entenderla como un mecanismo sustitutorio de los servicios públicos prestados a la ciudadanía. Es decir, algunos detractores de la medida (de la derecha, pero también de la izquierda) están empeñados en difundir la idea de que la prestación monetaria de la RB viene a sustituir a la prestación pública del conjunto de servicios del Estado de Bienestar que ahora mismo disfrutamos (sanidad, educación, dependencia, servicios sociales, vivienda, etc.), dicho sea de paso, cada vez más debilitados. Pues bien, no nos dejemos engañar, porque se trata de otra falacia. La RB no viene a sustituir a ningún servicio público, sino a reforzarlos, en el sentido de garantizar, además de aquéllos, otro gran derecho social del ser humano, como es el de la existencia material. La prestación de la RB se concederá, y las personas seguiremos teniendo derecho al disfrute pleno, gratuito y universal del resto de servicios públicos que componen el Estado del Bienestar. Y todo ello porque la financiación adecuada de la RB (que recordamos una vez más proviene de una profunda reforma fiscal progresiva y de la eliminación del resto de prestaciones de cuantía inferior a la RB) permitiría dedicar los mismos recursos (incluso más, si eliminamos gastos innecesarios como la financiación para la Iglesia Católica o para la Casa Real, entre otros muchos) a la financiación de los servicios públicos. 

 

Y otro debate que suscita la RB, tal y como aquí la planteamos, es el relativo a si los residentes también han de percibir o no la RB, debate muy actual, en lo que tiene que ver con los tremendos procesos migratorios causados por los diversos conflictos sociales y territoriales que viven muchos países del denominado "Tercer Mundo", o bien de los países en guerra, como actualmente ocurre con algunos países musulmanes. No es momento ni lugar para entrar a fondo en el origen de los movimientos migratorios (lo haremos en una nueva serie de artículos que estamos preparando), pero es evidente que todos ellos obedecen a la misma raíz causal, que no es otra (¡cómo no!) que el propio capitalismo. Se ha dicho que "las migraciones son un desahucio colectivo" con toda la razón. Nosotros somos de la opinión de que los residentes (procedentes de cualquier nacionalidad) también deberían percibir la RB, con la única condición adicional de acreditar un mínimo tiempo de residencia continuada en nuestro país. Y ello simplemente por diferenciar a los turistas o personas que estén de visita, frente a las personas que tengan la intención de desarrollar un proyecto de vida dentro de nuestras fronteras. Dicho perído de residencia podría establecerse en un mínimo de seis meses, para tener derecho a la RB. 

 

En este sentido, los detractores de la RB también vierten el despreciable argumento de que su concesión incluso a los extranjeros generaría un peligroso "efecto llamada", pero sinceramente, nos preocupa mucho más generar condiciones de vida dignas para nuestros conciudadanos, que preocuparnos en si esto va a provocar ingentes oleadas de inmigración masiva a nuestro país (cosa que de hecho ya está ocurriendo, incluso aunque no exista una RB). Lo que tristemente ocurre actualmente es que los inmigrantes (con o sin papeles) que ya tienen algún tiempo de residencia en nuestro país se ven obligados a malvivir de otras fuentes de ingreso, más o menos legales, como por ejemplo la venta ambulante, lo que genera situaciones de enfrentamiento con los gremios de comerciantes de las diversas zonas, en una estúpida pugna por la clientela, cuando en realidad, la única pugna que existe es por la supervivencia. Más les valdría a nuestros gobernantes garantizar mínimamente la vida digna a las personas, en vez de garantizar las increíbles ganancias o beneficios a las grandes empresas y corporaciones, que son las que están detrás de los "legales" negocios que las comercializan. 

 

Hemos de decir, además, que la RB está pasando a ocupar cada vez más protagonismo en foros, declaraciones y manifiestos, y a ser reconocida a nivel de las más prestigiosas organizaciones internacionales. Por ejemplo, en el tercer punto del Artículo primero de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes" (a la cual, dicho sea de paso, también vamos a dedicar una próxima serie de artículos), promulgada por el Foro de las Culturas (Monterrey, Noviembre de 2007) se reconoce "...el derecho a la renta básica o ingreso ciudadano universal, que asegura a toda persona, con independencia de su edad, sexo, orientación sexual, estado civil o condición laboral, el derecho a vivir en condiciones materiales de dignidad. A tal fin se reconoce el derecho a un ingreso monetario e incondicional periódico sufragado con reformas fiscales a cargo de los Presupuestos del Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro residente de la sociedad, independientemente de sus otras fuentes de renta, que sea adecuado para permitirle cubrir sus necesidades básicas". Por tanto, la aceptación de este derecho se amplía cada vez más, ante la urgente necesidad de atender la satisfacción de las necesidades básicas de todas las personas, y de hacerlo de un modo incondicional, individual y universal. Muchos más autores se han expresado, con mayor o menor exactitud, en esta misma línea. Continuaremos en siguientes entregas.

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3 septiembre 2015 4 03 /09 /septiembre /2015 23:00

Vamos a detallar, siguiendo las mismas fuentes ya indicadas, pero con un poco más de extensión y profundidad, los datos que ya adelantábamos en artículos anteriores, en torno a la financiación pública de la Iglesia Católica, según sus diferentes conceptos. La cifra, presunta y estimada, es que a lo largo del año 2015 el Estado (a sus diferentes niveles, esto es, Central, autonómico y local) cederá a las arcas de la Iglesia Católica oficial, de forma directa o por la vía de dejar de ingresar impuestos y precios públicos, una cantidad superior a los ONCE MIL MILLONES de euros, lo que supone más del 1% de nuestro Producto Interior Bruto (PIB). Sólo por la vía del IRPF la Conferencia Episcopal recibirá en 2015 aproximadamente unos 250 millones de euros, que pertenecen a la asignación tributaria directa del IRPF (2013), con adelantos mensuales a cuenta de unos 13 millones de euros, más varias decenas de millones más. 

 

Por la vía de "fines sociales" a diversas ONG's y fundaciones que pertenecen a la Iglesia Católica se les entregarán varias decenas de millones de euros a lo largo de 2015. Dichas cantidades llegan a las arcas de la Iglesia a través de diversas vías ministeriales y de las CC.AA., detrayéndose del Impuesto sobre la Renta. Cada año, la casilla del impreso del IRPF dedicada a los "otros fines sociales" es la coartada que sirve para justificar a la Iglesia Católica. Porque lógicamente, desde el punto de vista de un Estado laico (situación que, como estamos comprobando, no se da en nuestro país), los "fines sociales" no deben depender de lo que decidan los contribuyentes cada año, sino que deben estar contemplados en partidas específicas de gasto social en los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Pero en sentido inverso, y de una forma bastante perversa, esta fórmula es la que sirve al Estado para precarizar y privatizar, de forma más o menos encubierta, un conjunto de servicios a la ciudadanía que deberían ser públicos, universales y gratuitos. Y siendo cierto que la Iglesia, a través de algunas de sus Instituciones asociadas (Cruz Roja, Cáritas...) dedica una gran labor en favor de las personas más desfavorecidas, esta labor se realiza desde la caridad, pero una sociedad avanzada y democrática debería realizarla desde la perspectiva de la justicia social. 

 

Y lo más indignante, por tanto, es que en una época de enormes e injustos recortes sociales, que afectan sobre todo a los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia, prestaciones por desempleo, etc.), la Iglesia Católica española continúe recibiendo del Estado una ingente financiación, sin recortes. Y para legitimar esta ilegítima transferencia de recursos, la Iglesia Católica, con apoyo institucional, lanza cada año una potente campaña publicitaria (estimada en unos 5 millones de euros), que pagamos todos (católicos y no católicos) para pedir a los/as contribuyentes que marquen la susodicha casilla en el impreso del IRPF. De esta forma, la conclusión que sacamos es que la casilla etiquetada como "fines sociales" existe en realidad para justificar a la de la Iglesia Católica. Lo justo bajo un Estado Laico sería que la financiación de programas que desarrolle el tercer sector (acción social, infancia, jóvenes, familia, mujeres, prevención, cohesión social, inserción social y laboral, integración e inclusión social, mayores, discapacidad, dependientes, ruralidad, sanidad, migraciones, promoción del voluntariado, cooperación al desarrollo, medioambiente, etc.) debería hacerse con cargo directo a los Presupuestos Generales del Estado a nivel estatal y territorial, para que no tengan que depender de quiénes señalan o no una casilla en determinado impreso. Es, como tantas otras, una trampa social en beneficio de la Iglesia. 

 

Por otro lado, y como consecuencia de los Acuerdos Económicos del Estado Español con la Santa Sede de 1979, y a pesar del Acuerdo de la Iglesia Católica con el Gobierno español de los años 2006-2007 (PSOE), donde se pasó del 0,52 al 0,7 la participación en el Impuesto de la Renta y en donde se estableció que para cuestiones no relacionadas con el culto y la enseñanza, la Iglesia y sus fundaciones y organizaciones abonaran el IVA (por imposición de la Unión Europea), aún quedan diferentes y diversas exenciones de impuestos municipales, territoriales y estatales, tales como: el Impuesto sobre Bienes Inmuebles de los centros de culto o beneficencia o enseñanza, impuestos sobre donaciones y limosnas, el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, el Impuesto de Obras, el de Contribuciones Especiales, algunas deducciones en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, y jurídicas sobre las cantidades entregadas a entidades clasificadas o declaradas benéficas o de utilidad pública.

 

Pues bien, según diversas fuentes, y en cada ejercicio anual, como consecuencia de variadas exenciones de impuestos, las diferentes Administraciones del Estado (Central, Autonómico y Local) dejan de ingresar aproximadamente unos 2.000 millones de euros, en un cálculo aproximado, ya que al ser muy opacos los bienes en posesión de la Iglesia Católica, así como los datos que ofrecen los Ayuntamientos y otras Administraciones del Estado sobre esta cuestión, hay que basarse en una media aleatoria, sobre diversos impuestos municipales (IBI, obras, etc.) y varios impuestos locales, autonómicos y estatales, así como el Impuesto de Sociedades y otros. Todo ello sin contabilizar las desgravaciones fiscales que disfrutan los particulares que hacen donaciones declaradas a la Iglesia Católica o a sus diversas organizaciones sociales. Esto último es otra perversión social bajo un Estado Laico, donde ninguna persona, empresa u organización que dedicara parte de sus beneficios a sufragar a cualquier confesión religiosa, debiera tener un trato privilegiado. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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2 septiembre 2015 3 02 /09 /septiembre /2015 23:00

Si se va a una manifestación y luego a casa, es importante, pero los poderosos pueden soportarlo. Con lo que no pueden vivir es con una presión sostenida que funcione, con organizaciones que hagan cosas, gente que aprenda lecciones para mejorar su actuación en el futuro. Cualquier sistema de poder, incluso una dictadura fascista, reacciona ante la disidencia popular

Noam Chomsky

En vez de la iniciativa de Huelga Integral que estaba prevista, en principio para octubre, y de la que ya dimos cuenta en nuestro Blog, las diversas organizaciones convocantes han sustituido dicha iniciativa por la denominada de las EuroMarchas 2015, tal como se nos informa desde varias fuentes. Concretamente, se pretende reunir en Bruselas, del 15 al 17 de octubre próximo, a un considerable número de movimientos sociales y de fuerzas políticas de toda Europa para exigir, básicamente, una Unión Europea al servicio de las personas, y no del capital. El terrible rescate griego ha marcado demasiado a la población, y lógicamente, la extensión de la austeridad sin límites se contempla con auténtico pavor en el conjunto de los pueblos de Europa, sobre todo los más endeudados, o que han sido sometidos a los famosos memorándums de entendimiento. 

 

Y de esta forma, todo el movimiento organizador de las Marchas de la Dignidad, que ya han organizado en nuestro país varias movilizaciones masivas, así como las fuerzas políticas que representan a la izquierda, como PODEMOS, IU o EQUO, participarán en la iniciativa europea, abierta a todo el conjunto de movimientos sociales que luchan por una mayor dignidad para las clases populares. Así, organizaciones como ATTAC, Ecologistas en Acción y algunas organizaciones sindicales, han confirmado también su participación. Durante el recorrido (que comenzará el día 1) por algunas localidades de nuestro país, están previstos recibimientos en los Ayuntamientos gobernados por las recientes candidaturas de unidad popular que se han hecho con las alcaldías, desbancando el poder local del PP. En varias ciudades francesas también hay previstas varias paradas para organizar manifestaciones, como Toulouse, Marsella y Lyon. La llegada a París está prevista para el 10 de octubre, desde donde una pequeña columna se desplazará a Berlín para participar en la manifestación que se celebrará en dicha localidad alemana contra el Tratado de Libre Comercio (TTIP) que se está negociando entre la UE y EE.UU. Y después de atravesar otras varias localidades, el día 15 de octubre está prevista la llegada al destino final de la EuroMarcha, que no es otro que Bruselas. 

 

Se coincidirá en dicha fecha y los días siguientes con una Cumbre Europea, con todos los jefes de Estado o de Gobierno de la UE, así como con la Marcha Mundial de las Mujeres, y la celebración del Día Mundial contra la Pobreza. Por tanto, convergen varias fechas muy interesantes, que auguran una gran movilización europea por la dignidad de las clases trabajadoras. La página oficial para todos estos eventos está en http://euromarchas2015.net, donde se puede consultar información sobre los convocantes, las rutas, los materiales y la agenda, entre otras muchas. Nosotros vamos a reproducir a continuación el Manifiesto de Llamamiento a esta gran movilización europea, que puede encontrarse, entre otras páginas, en el sitio de ATTAC:

 

"Cada vez más personas, ciudadanas de la llamada Unión Europea, acaban el día habiendo perdido el trabajo o viendo cuestionados y mermados los derechos a una vivienda y una salud digna, una educación igualadora o unas pensiones suficientes. La llamada crisis financiera ha sido la excusa perfecta del capitalismo globalizado para reducir al mínimo los derechos ciudadanos y desposeer a los pueblos de su soberanía democrática. Sabemos reconocer al opresor, el poder tiránico de los muy ricos y sus grandes empresas y negocios financieros del capitalismo, hoy global; pero también hemos aprendido a conocer y desenmascarar a sus lacayos, políticos que se eligieron para servir al pueblo y sin embargo sirven al poder del dinero. Que han pactado antidemocráticamente las normativas europeas con el capital y no con los pueblos. Y hoy esos mismos grupos popular, “socialista” o liberal de la UE siguen mintiéndonos para conseguir nuestro voto, mientras siguen aprobando medidas antisociales en la Unión Europea o en sus gobiernos territoriales.

  • Cuando nuestros representantes han supeditado la democracia a la codicia de los mercados, habremos de decir ¡basta!
  • Cuando la Troika nos está ahogando con una deuda soberana ilegal, ilegítima, odiosa e insostenible que en su origen era de los bancos, priorizando su pago a cualquier gasto social, llegando a sumir a pueblos, como el griego, en la esclavitud por medio de esta deuda, habremos de decir ¡basta!
  • Cuando a los países del sur de Europa se nos ha negado, mediante la Europa monetaria y el pacto del Euro, la posibilidad de poder realizar políticas autónomas para combatir el insoportable nivel de paro y salir de la crisis, habremos de decir ¡basta!
  • Cuando una mayoría de parlamentarios europeos han votado una resolución para formalizar el tratado entre Estados Unidos y la Unión Europea, el TTIP (Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión) por el que las empresas gobernarán pudiendo llevar a los gobiernos ante tribunales antidemocráticos cuando estos quieran promover medidas para mejorar las condiciones de vida de la gente o del medio ambiente habrá que decir ¡basta!
  • Cuando en Europa existen territorios paraísos fiscales, que poseen secreto bancario, baja fiscalidad y otras normas en beneficio de las personas ricas, grandes capitales y empresas. Y son plataformas para la elusión, evasión y fraude fiscal, para los negocios turbios, la especulación financiera o el lavado del dinero de los corruptos y de la criminalidad organizada, habremos de decir ¡basta!
  • Cuando nuestro medio ambiente, bosques, atmósfera, ríos y mares se deterioran hasta extremos alarmantes sin que haya ninguna planificación eficiente para mejorarlo, ni se cumplan los mínimos acuerdos y medidas que se estipulan en las cumbres internacionales, habrá que decir ¡basta!
  • Cuando no se desarrollan políticas de igualdad real de género y la mujer sigue sufriendo la desigualdad y marginación en una sociedad de hecho patriarcal. Si el machismo y las agresiones contra la mujer siguen siendo noticias cotidianas en la prensa, Habremos de decir ¡basta!
  • Cuando mediante la Directiva de la emigración o de la vergüenza, se levantan muros físicos y legales a las personas cuando huyen de guerras, miseria o enfermedades, buscando un futuro en nuestro continente. Cuando estas políticas son el posible germen de una sociedad europea racista, xenófoba o insolidaria, habrá que decir ¡basta!
  • Cuando esta Europa somete el bienestar social a los interesas del mercado, privatiza los servicios públicos, desampara a su ciudadanía más frágil, vulnerable y necesitada; recorta la financiación limitando el acceso a la vivienda, la salud, la sanidad, la educación y los servicios y prestaciones sociales y universales, habrá que decir ¡basta!

     

La tan deseada Europa, democrática, igualitaria, social y políticamente unida y en paz; aquella que soñaron tras la Segunda Gran Guerra los partisanos supervivientes, los movimientos políticos y sindicales de la izquierda; se fue construyendo bajo el tutelaje de los Estados Unidos de América y del capital europeo y hace tiempo fracasó. El momento actual para la ciudadanía y los pueblos de Europa es desesperante.

Está claro que estamos en un momento de emergencia social y cívica. Uno de esos momentos en que el pueblo necesariamente ha de levantarse contra la tiranía si no quiere vivir como esclavo el resto de su vida. La libertad, ese gran valor de la democracia, es demasiado preciosa como para dejarla en manos de los mercados y los políticos a su servicio. Nadie es libre si no puede decidir sobre su vida y ha de vender su fuerza de trabajo en condiciones próximas a la esclavitud para poder conseguir lo necesario.

Los gobiernos hace tiempo que rindieron sus armas al capital y los medios de comunicación divulgan y aplauden sus crueles políticas. Ha llegado la hora de que la ciudadanía asuma su papel histórico de rebelión contra la tiranía de los pocos. Unión Europea sí, pero otra unión al servicio de las personas, no del capital.

Las fuerzas políticas y sociales populares tienen hoy un deber ineludible, el de promover la movilización en Europa. Así mismo la ciudadanía europea tiene el reto de diluir fronteras y confraternizar en una lucha común, asumiendo que ha de comenzar a tejer los lazos tan necesarios entre los pueblos, que vuelvan a revivir el sueño europeo de post-Guerra. Por esto diversos movimientos sociales y organizaciones políticas y sindicales hemos planificado una acción conjunta de los pueblos de Europa, las EUROMARCHAS 2015. Entre los días 1 y 17 de octubre de 2015 los pueblos de Europa se movilizan hacia Bruselas para pedir un giro radical en las políticas de la Unión Europea.

En el Estado Español junto al resto de los estados miembros de la Unión Europea nos estamos organizando para los actos de estos días, os invitamos a las personas y entidades a participar."

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1 septiembre 2015 2 01 /09 /septiembre /2015 23:00

Los Estados Unidos son hoy la mayor amenaza a la paz del mundo. Porque son el mayor exponente del poder de los capitales financieros y de las grandes corporaciones, dispuestos a imponerse por la fuerza a todos los pueblos y Estados que se resistan a sus designios, en un panorama en el que su poder económico declina inexorablemente

Manuel Pardo de Donlebún

A estas alturas de esta serie de artículos, en su entrega número 30, ya hemos de tener claro el sentido que quisimos darle, y la razón de su título: "Estado de guerra permanente", como estado de continua tensión, de continuo conflicto, tanto interno como externo, como permanente reivindicación de su papel en el mundo, que USA pretende difundir como guardián de la paz y el orden mundial, cuando representa el más abyecto y abominable modelo a seguir. La explicación de prácticamente todos los focos de conflicto, asesinatos terroristas y demás ejemplos de barbarie, obedece a previas intervenciones norteamericanas, que han ido sembrando durante décadas el caldo de cultivo idóneo para que sólo pueda florecer el odio y la venganza. Los horrores perpetrados en cientos de conflictos armados, sobre todo en Oriente Medio, han endurecido a los supuestos enemigos del "eje del mal", encendiendo también su fanático celo religioso. Y así, las torturas (que detallaremos en próximas entregas), vejaciones y humillaciones cometidas por los ejércitos norteamericanos durante sus diversas incursiones, y las matanzas consumadas en diferentes países invadidos, sólo podrían traer más caos, barbarie y devastación. 

 

Y por otra parte, el interminable genocidio (del que dimos cuenta en anteriores entregas) al que son periódicamente sometidos los palestinos por Israel, con el amparo y protección de los Estados Unidos y los gobiernos "aliados" europeos, auténticos crímenes de lesa humanidad que no despiertan las conciencias de los líderes occidentales, como tampoco la despiertan (dicho sea de paso) el interminable y patético éxodo de refugiados procedentes de las guerras y zonas de conflicto, como los sirios que estos días están intentando llegar a Europa a través de Grecia y Macedonia, y que son recibidos con golpes y gases lacrimógenos, o los que intentan atravesar el paso de Calais en Francia hasta el Reino Unido, países que ya han declarado que van a "incrementar la seguridad" mediante miles de policías, y el levantamiento de muros. Cuando se siembra odio y represión, sólo se puede recoger más de lo mismo. ¿Con qué autoridad moral nos erigimos después como el símbolo del mundo libre y respetuoso de la libertad y de los derechos humanos? Nuestras políticas de alianza con EE.UU. sólo nos sirven para extender el más cruel y devastador capitalismo, que luego germina en conflictos, guerras, muerte, odio, destrucción, y éxodo masivo. Una interminable espiral diabólica que no somos capaces de cortar en su origen, sino sólo de atajar despiadadamente en sus consecuencias. 

 

Todos estos crímenes no conmueven la supuesta conciencia democrática y humanista de Occidente, que se alinea permanentemente con la execrable política del gigante norteamericano, sin prever ni siquiera importarnos su terrible alcance. En la relación de organizaciones terroristas de todo el mundo que actualiza anualmente el Departamento de Estado norteamericano, la propia USA debiera estar colocada en primer lugar. El día en que Estados Unidos no esté involucrado en ningún conflicto militar en ninguna parte del planeta, ese día habremos dado un gran paso adelante para la Humanidad. El dìa en que Estados Unidos reconozca que su política es irrelevante a escala mundial, que ya el eje mundial es multipolar, que su hegemonía ha entrado en irreversible declive, y que su poder de influencia y dominación es decadente, la Humanidad se sentirá más aliviada. Y por supuesto, el día en que sus países "aliados" desarrollen una política propia, independiente y no sujeta a los intereses norteamericanos, una política pacifista en todo el globo, habremos alcanzado otro gran hito para la paz mundial. Sólo necesitamos desembarazarnos de la política de guerra y dominio permanente de USA, para conseguir un mundo más justo y más civilizado. 

 

Y a día de hoy, el Estado Islámico (a pesar de las varias ofensivas que USA ha dirigido, pues al momento de escribir este artículo se ha conocido la noticia de que han abatido a su número 2) gobierna ya grandes porciones de los territorios de Irak y Siria, donde más de cinco millones de personas viven ya en ciudades y poblaciones contraladas o bajo la influencia del EI, y otras cientos de miles han tenido que huir ante sus arrolladoras ofensivas. Y por donde pasa el EI, no vuelve a crecer la hierba. Violan y asesinan a mujeres y niños, adiestran a los hombres a su causa, y destrozan todo el patrimonio histórico y artístico de los lugares que controlan. El Arquitecto Jefe de la ciudad de Palmira también ha sido asesinado hace pocos días, por no querer revelar los lugares donde se encuentran las joyas más preciadas de todo aquél conjunto arquitectónico. Y las Administraciones públicas de todos esos territorios ha quedado bajo el control del Estado Islámico, son ellos los que supervisan la recaudación de impuestos, los que han pasado a gestionar los bancos, los medios de comunicación, o los que han reemplazado los tribunales de justicia por otros tribunales regidos por la Sharía, la ley islámica. Han establecido patrullas callejeras para controlar que se apliquen a rajatabla sus dictados y normas, en cuanto a costumbres, indumentaria, imponiendo su concepción machista, marginando vilmente a las mujeres, y practicando la mutilación genital entre las jóvenes y niñas. Un panorama tristemente desolador. 

 

Su financiación está asegurada mediante el control de las diversas instalaciones petrolíferas, que les permite el contrabando diario de petróleo sobre todo a través de la frontera turca, con lo que su poder económico es cada día mayor. Internet es su modo de difusión al resto del mundo, aprovechándolo con gran eficacia para atraer a islamistas de todo el mundo a su califato, y proceder a su radicalización ideológica. Según las cifras que nos proporciona Roberto Montoya en Viento Sur, actualizadas a septiembre de 2014, la CIA asegura que el EI tiene aproximadamente unos 30.000 combatientes (a día de hoy serán muchos más), pero el Observatorio de Derechos Humanos de Siria eleva la cifra a 50.000 milicianos en Siria y 30.000 en Irak, de ellos más de 20.000 son extranjeros, al menos 3.000 de ellos de origen o procedencia occidental, mayoritariamente europeos. Los servicios de inteligencia temen que si el Califato Islámico logra mantenerse y expandirse aún más (Turquía les está haciendo frente, aunque en realidad está aprovechando para provocar numerosas bajas entre los kurdos), el efecto llamada que tendrá sobre miles de potenciales yihadistas del mundo entero puede ser enorme. Continuaremos en siguientes entregas.

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31 agosto 2015 1 31 /08 /agosto /2015 23:00

Si eres neutral ante situaciones de injusticia, es que has elegido el lado del opresor

Desmond Tutu

La libertad de expresión hay que defenderla y también la ética. Cuando una y otra confrontan, desde luego no hay que apoyar la difusión o al personaje que defiende postulados contra la libertad, la justicia o la paz

Santiago González Vallejo (Comité de Solidaridad con la Causa Árabe)

Una evidente prueba y palpable demostración de que no vivimos en sociedades auténticamente democráticas, son las continuas divergencias entre el mundo de la cultura en general (artes, deportes, etc.) con el mundo activista por los derechos humanos. Se prostituye de esta forma la clásica imagen del intelectual, en el amplio sentido del término, comprometido con su tiempo, con la época que le ha tocado vivir, para sustituirlo por meros "agentes gestores" de la cultura de su tiempo, sin ninguna otra relevancia pública, ni constitución de referente en cuanto a opinión y pensamiento. Simplemente, nuestras actitudes y comportamientos sociales no están a la altura de lo que sería deseable en una sociedad plenamente democrática. Por ejemplo, hoy día vemos como algo normal boicotear el consumo de cierto producto de cualquier compañía fabricante, si tenemos noticia de que dicha empresa lleva a cabo actividades ilícitas, perversas, ilegales o engañosas, o bien, no respeta los derechos de sus trabajadores. Pero...¿extrapolamos este comportamiento al campo de la cultura? 

 

Podemos poner varios ejemplos que ilustren este punto. Veamos: ¿dejamos de leer la obra de cierto escritor o escritora que justifique el Holocausto? ¿dejamos de ir a los conciertos de cierto grupo musical que apoye postulados fascistas? ¿dejamos de adquirir cuadros de cierto pintor si nos enteramos que ha apoyado causas injustas? ¿dejamos de ver películas de actores o actrices que hagan campaña en contra de los derechos de los homosexuales? ¿seguimos apoyando a nuestro equipo de fútbol favorito si participa en torneos organizados en países cuyos gobiernos no respetan los derechos de las minorías? Podríamos poner miles de ejemplos más, todos en la misma línea, que irían a converger en la idea central que estamos intentando exponer: nos falta aún madurez democrática, porque todavía no hemos alcanzado la convergencia plena entre la defensa de un discurso a favor de los derechos y las libertades, y el sentido de nuestras acciones, respuestas y prácticas en el ámbito de nuestra vida cotidiana. Justificamos, de esta forma, que el arte o el deporte han de ser "apolíticos", sin darnos cuenta de la tremenda aberración que eso supone. O bien, avalamos, amparados en la supuesta "libertad de expresión", que toda una pléyade de periodistas a sueldo de la clase dominante, dueña de la inmensa mayoría de medios de comunicación, nos invada cada día en sus diarios, emisoras o periódicos con cantidades ingentes de basura mediática. 

 

Quizá el mundo del deporte constituya el más fiel reflejo de lo que decimos, porque se han dado multitud de casos donde nuestros deportistas (y deportistas de otros países) no han dudado en participar (salvo honrosas excepciones) en torneos, campeonatos y competiciones de todo tipo, organizadas por empresas, asociaciones o países de dudosa adscripción a los valores democráticos. En dichos casos, el argumento principal esgrimido por los personajes en cuestión (o sus representantes) ha sido el de que "el deporte no se puede politizar". Craso error. No debemos dejarnos engañar. El deporte es una manifestación cultural como cualquier otra, y la cultura no puede desgajarse de la política, por mucho que se intente. Los que argumentan de esa forma, en realidad, lo que están intentando es hacer prevalecer los valores del capitalismo (el dinero, fundamentalmente) sobre los valores democráticos, por tanto, son ellos mismos los primeros que lo están politizando. Porque, entonces, ¿cuáles son los intereses de que cierto equipo participe en determinada competición, o de que cierto grupo musical actúe en determinado festival o evento? ¿o de que los libros de determinado escritor se vendan en cierto mercado? Evidentemente, los intereses económicos. Y hasta que comprendamos nítidamente (y lo llevemos a cabo en nuestra vida cotidiana) que los intereses económicos no pueden prevalecer sobre los intereses de la defensa de los derechos humanos, en toda su extensión, sin fisuras ni pretextos, no alcanzaremos el status de plena sociedad democrática. 

 

Y es que bajo el pretexto de la defensa de la libertad de expresión o de la creación artística, no se pueden amparar opiniones, decisiones o comportamientos que vayan en contra de los principios y valores democráticos, en contra del derecho internacional, o en contra de los derechos humanos. Simplemente es inadmisible, y no podemos tolerarlo venga de donde venga, ya venga de un Gobierno, de un intelectual, de un artista, de un deportista, de un escritor, o de cualquier asociación, empresa, organización o medio de comunicación. Incluso podemos extrapolar también la defensa de los derechos humanos a la defensa de los derechos de otras especies (diferentes a la humana), y en última instancia, a todos los sujetos de derecho que entendamos los deben poseer. Nuestra defensa, bajo un contexto democrático pleno, debe extenderse también por tanto a la propia naturaleza, y al resto de los animales que conviven con nosotros, y debemos hacerlo bajo claros compromisos, desde una perspectiva de total y completo alineamiento con las posturas que exigen el respeto a todos ellos, en todo lugar, en todo momento. Y el mundo de la cultura no puede ser ajeno a ello, sino que intelectuales, poetas, escritores, pintores, actores, actrices, cantantes, periodistas, músicos, productores, compositores, filósofos, editores, y un largo etcétera, como punta de lanza de la manifestación de la cultura de su tiempo, deben  comprometerse valiente y exigentemente con la escrupulosa defensa de todos estos derechos. Sólo de esta forma el mundo de la cultura no podrá ser prostituido por los valores capitalistas, representando fielmente los valores de una sociedad democrática. 

 

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30 agosto 2015 7 30 /08 /agosto /2015 23:00

Si no compras pan, leche, fruta, carne o pescado, o no tienes el dinero para comprar estas cosas, te mueres de hambre. No es una opción, es una necesidad. Si no te compras un abrigo, o no tienes dinero para la calefacción, ni puedes pagar el alquiler de una vivienda, te mueres de frío o vives en la indigencia. Tampoco es una opción, sino una necesidad. Si no puedes pagar la gasolina, no puedes utilizar el coche para ir a trabajar. Sin teléfono, radio ni televisión, te empujan fuera de la sociedad. Sin un trabajo, privado o público, no tienes acceso a los medios de vida, y te empujan a las condiciones de un paria. No puedes elegir no trabajar para “los de arriba”

Documento "PODEMOS por el Socialismo"

Incluso el gran pensador Erich Fromm, del cual hemos hablado bastante en nuestras series de artículos "Capitalismo y sociedad de consumo", "Retrato de una sociedad alienante", y en la actual "La transmisión del pensamiento dominante" (a las que invito a los lectores que no las hayan seguido), también se declaró partidario de la RB, señalando, como nos recuerda José Antonio Pérez, que "Todas las personas, trabajen o no, deben tener el derecho incondicional de no morir de hambre ni carecer de techo. Recibirán sólo lo que necesitan básicamente para mantenerse, pero no recibirán menos. Este derecho expresa un nuevo concepto en la actualidad, aunque es una norma muy antigua, proclamada por el cristianismo y practicada por muchas tribus primitivas: los seres humanos tienen el derecho incondicional de vivir, sin importar si cumplen su deber para con la sociedad". Éstas fueron las palabras del gran sabio alemán, que entendía que el campo de la libertad personal se ampliaría enormemente con una garantía social que acabara con la dependencia económica de las personas (de un padre, de un esposo, de un jefe) que ya no se verían obligadas a someterse a la extorsión del hambre. 

 

Por otra parte, añadía Fromm, la existencia de un ingreso garantizado terminaría con el dominio de la burocracia que administra y humilla a la gente. Al no requerir ninguna "prueba de necesidad" por parte de alguna persona para obtener un techo sencillo y un mínimo de alimentos, eliminaría la burocracia con su inherente desperdicio y sus violaciones a la dignidad humana. Obsérvese cómo Erich Fromm detectaba perfectamente las trampas de la pobreza y las relativas a la necesidad de tener que demostrar ante la Administración la existencia de una situación de pobreza, de las que hemos hablado aquí con profundidad en anteriores artículos. Y con las recientes experiencias de Brasil y del Estado de Alaska, entre otras muchas, cada una con sus propias características y acomodos, la RB ha dejado de ser una especulación mantenida por algunos filósofos, escritores (tildados de extravagantes por la derecha) y partidarios de las utopías (o "cantos de sirena de predicadores", como al PP gusta llamarlos en la actualidad), tal como solían ser calificados los detractores de la idea, para pasar a convertirse en una propuesta realista, factible, justa y viable de reforma social que ha sido, por fin, incluida en la agenda del debate político en varios países. No obstante, parece que aún estamos lejos de que se adopte una propuesta de RB tal como aquí la defendemos, a tenor de las propuestas descafeinadas de los partidos de "izquierda" del arco político español. 

 

La RB (y esto enlaza con el polémico debate actual sobre la "sostenibilidad" de las pensiones, acerca del cual pueden los lectores consultar nuestra serie de artículos "Hablemos de pensiones") entronca así con los falaces mensajes enviados desde la clase dominante, para que nos vayamos haciendo el cuerpo en el sentido de que las cosas "no volverán a ser como antes". Intentan convencernos de que un puesto de trabajo indefinido, con buenas condiciones laborales y amplia protección social, es una quimera que ya pasó a la historia. Sin embargo, sabemos que esto también forma parte de su campaña de desprestigio de lo público, encaminada al abordaje, privatización y mercantilización de todos los derechos humanos. Pero en el fondo, "lo que está en crisis es el propio mito del crecimiento económico permanente y de la generación de empleo de calidad como únicas formas de garantizar la integración económica y social de toda la ciudadanía" (Rubén Lo Vuolo, Daniel Raventós y Pablo Yanes). Estos autores, en su documento "El Ingreso Ciudadano-Renta Básica ante la crisis económica y los ataques a los derechos sociales y laborales" lo argumentan de esta forma: "La presente situación coloca un fuerte interrogante sobre la capacidad del actual régimen de acumulación capitalista de ofrecer razonablemente un horizonte en el que sea material y políticamente posible el desarrollo basado en un esquema de pleno empleo para mujeres y hombres. Y, en consecuencia, de que sea el empleo, el trabajo asalariado propiamente dicho, la llave maestra o el camino único para el acceso a los derechos sociales, a la movilidad social y al bienestar de las personas".

 

Porque en efecto, esa es la gran barrera argumental que tenemos que enfrentar. El cambio del chip mental que asocia desde tiempos inmemoriales la idea de que las personas han de trabajar para ganarse el sustento, que deja de ser justificable en una bárbara sociedad capitalista como la que padecemos, que únicamente patrocina enormes transferencias de renta desde las clases más desfavorecidas hacia las clases con mayores recursos y posibilidades. Y bajo esa premisa, deja en la cuneta permanentemente a millones de personas, abandonándolas a su suerte, o dependientes del paro, de la precariedad, de la pobreza, de la exclusión o del exilio. Una sociedad que continúa justificando esta permanente barbarie no puede llamarse humana. Son precisamente estos y otros elementos los que deberían motivar la necesidad de pensar nuevos principios de organización para nuestras sociedades contemporáneas, de repensar diferentes relaciones de producción, y de optar por un enfoque donde los derechos humanos estén completamente garantizados desde un punto de vista social, no desde un punto de vista capitalista. Debemos entender de una vez por todas que es la sociedad la que posee el imperativo humano de garantizar a las personas su dignidad, independientemente del "momento económico" de los mercados. 

 

Pero bajo los mimbres de la extrema acumulación capitalista, y del poder de los grandes agentes económicos que gobiernan la economía, ésta deja de entenderse en función social de la satisfacción de las necesidades humanas, para ponerse al servicio de los intereses del gran capital. Por eso hemos sostenido, desde artículos anteriores, que la RB, al romper con este enfoque, es una medida anticapitalista en sí misma. Y es por ello que ofrece tantas resistencias intelectuales. Para apostar por la RB con las características que aquí exponemos debemos abandonar nuestros esquemas mentales, para comenzar a pensar y actuar de otra forma, según otros intereses, bajo una óptica distinta. Y en este ineludible rediseño (siguiendo de nuevo a los autores citados) de nuestras sociedades, cada vez es más imprescindible que el acceso a los derechos sociales deje de operar por status diferenciados, para transformarse en derechos de ciudadanía, en derechos de las personas por el mero hecho de existir. Y esto implica que dejen de ser derechos intermediados, segmentados, condicionados o recortados, por ejemplo por la volátil, transitoria y desigual posición de cada persona en el cada vez más precario mercado laboral. Hemos de entender los derechos humanos en el amplio sentido universalista e internacionalista, con plenas garantías, sin trabas, inconvenientes, requisitos ni limitaciones. Continuaremos en siguientes entregas.

 

 

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27 agosto 2015 4 27 /08 /agosto /2015 23:00

Veamos las irrefutables pruebas que demuestran las bases por las que rigen actualmente las políticas de donaciones y exenciones tributarias a la Iglesia Católica en nuestro país. La Iglesia Católica oficial española es propietaria (o presuntamente se ha apropiado, mediante la existencia de perversas leyes), a lo largo de la Historia, de una buena parte del patrimonio que posee, por vías ilegítimas e ilegales, con el consentimiento o la complicidad del Estado, aumentando su patrimonio, y por tanto, su capacidad de influencia en nuestro país. A través de sus más de 40.000 Instituciones (diócesis, parroquias, órdenes, congregaciones, asociaciones, ONG's, fundaciones, universidades, colegios, etc.) conforma un enorme patrimonio, consistente en bienes mobiliarios e inmobiliarios. Aproximadamente, más de 110.000 propiedades, entre lugares de culto, pisos, locales, etc. (vacíos, ocupados o alquilados a terceros, por los cuales no pagan impuestos, ni son declarados como negocio). 

 

La Iglesia es propietaria, aproximadamente, del 70% del suelo habitable de Toledo, Ávila, Burgos y Santiago, y porcentajes menores en los más de 8.000 municipios del Estado. No sé si el lector ha tomado conciencia de la cifra anterior: ¡más del 70% de grandes ciudades históricas de nuestro país son propiedad de la confesión católica! Propiedades que deberían pertenecer al pueblo y a su patrimonio y legado cultural, histórico y artístico, pues además se trata de ciudades cuyo conjunto monumental representa uno de los mayores tesoros europeos y mundiales. Catedrales, capillas, iglesias, orfanatos, palacios, museos, y un largo etcétera, que no son del Estado, es decir, que no son de todos, porque son propiedad de la Iglesia. Seamos o no católicos, este hecho ya debería parecernos aberrante, en España o en cualquier otro país del mundo (y por extensión, hacia cualquier confesión religiosa). Además, la Iglesia Católica posee más de 150.000 hectáreas de terreno en tierras agrícolas (una buena parte de ellas son tierras muertas y sin uso). También posee bienes suntuarios (como el enorme patrimonio en joyas, trajes, etc.), posee innumerables obras de arte, participaciones en bolsa, depósitos, letras del tesoro, capital en fundaciones, etc. 

 

Y aunque las más de 40.000 Instituciones que dependen de la Iglesia Católica en nuestro país posean autonomía jurídica y administrativa, no dejan de formar parte de la misma organización eclesial, cuya dependencia de la Santa Sede es absoluta. También participa en el sector financiero español, fundamentalmente a través de las Cajas de Ahorros (donde se han dado recientes, tristes y clamorosos casos de corrupción, como en la cordobesa Cajasur, hoy fusionada con la caja vasca Kuxabank). La Iglesia posee también innumerables empresas mediáticas y del sector de la comunicación social, así como del mundo editorial (véase la entrega número 15 de nuestra serie de artículos "La transmisión del pensamiento dominante"). Es partícipe, además, de acciones en multitud de grupos empresariales de diversos ámbitos. Así que, como diríamos en lenguaje coloquial, la Iglesia está metida hasta en la sopa. Pero no queda aquí la cosa. La Iglesia es, además, copropietaria con el Estado Español, de centenares de propiedades a través de un complejo entramado de Instituciones que mueven patrimonio (mobiliario, inmobiliario, obras de arte...) y capitales. Entre ellas destaca la llamada Obra Pía de los Santos Lugares, fundada oficialmente en 1940, aunque ha tenido, desde entonces, diversas actualizaciones, tanto en su organización, como en su gestión. 

 

Dicha obra tiene propiedades (rústicas y urbanas), por las cuales no pagan impuestos, tales como San Francisco el Grande en Madrid, y en varios países del Mediterráneo, como en la ciudad de Jerusalén, en Turquía, en Siria, en Italia, etc. Entre otras propiedades, algunas viviendas alquiladas al Estado Español, cuyos alquileres, presumiblemente, redundan en las arcas de la propia Iglesia, pero sobre todo, en Marruecos (básicamente, centros de enseñanza católicos, etc.). Esta ancestral Institución de la dictadura continúa en nuestros tiempos, con la finalidad confesional de difundir una determinada cultura judeocristiana, y se fragua como un poder de expansión del catolicismo por todo el Mediterráneo, impulsada siempre por el Gobierno español. La preside el Ministro de Asuntos Exteriores de turno, y varios altos cargos de dicho Ministerio, como el Embajador Español en el Vaticano y algunos clérigos franciscanos. Es un hecho constatado, por tanto, que la Iglesia Católica, a través de múltiples y diversas vías, recibe mucho dinero del Estado, obtiene grandes exenciones fiscales de todo tipo, y recibe donaciones directas de sus fieles, que a su vez, se benefician de regalías fiscales, además de participar en suculentos negocios, de todo tipo y actividad, en muchos casos opacos para la Hacienda Pública. 

 

Quizá la Ley que, en este sentido, más beneficios haya proporcionado a la Iglesia, a través del tiempo, haya sido la Ley Hipotecaria, y sus diversas actualizaciones históricas. En efecto, con la vergonzante complicidad de los poderes públicos, esta Ley (apoyada con la última modificación del Gobierno de José María Aznar) ha permitido a la Iglesia apropiarse indebidamente (por decirlo de una forma suave) de miles de propiedades a lo largo y ancho de la geografía de nuestro país. De esta forma, la Iglesia Católica se ha venido apropiando de una inmensa cantidad de patrimonio de dominio público y que en muchos casos pertenece a la ciudadanía de cada municipio en cuestión, como consecuencia de esta Ley Hipotecaria y de su Reglamento, que considera a la Iglesia como organismo público, y a los obispos diocesanos como funcionarios públicos. ¡Ahí es nada!. Y gracias a esta anomalía jurídica, la Iglesia Católica ha podido registrar a su nombre templos, cementerios, terrenos, viviendas, plazas, y un sinfín de edificios que carecían, al menos aparentemente, de títulos de propiedad conocidos, mediante el denominado mecanismo de las inmatriculaciones. Todo un vergonzoso expolio de patrimonio público, ejecutado por una de las más ricas e influyentes organizaciones de nuestro país. Y todo ello se ha hecho con la más absoluta complicidad de los poderes públicos. Entre dichos edificios, quizá el más emblemático de ellos, y el más polémico, ha sido la Mezquita de Córdoba. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Fuente: Europa Laica

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