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31 agosto 2015 1 31 /08 /agosto /2015 23:00

Si eres neutral ante situaciones de injusticia, es que has elegido el lado del opresor

Desmond Tutu

La libertad de expresión hay que defenderla y también la ética. Cuando una y otra confrontan, desde luego no hay que apoyar la difusión o al personaje que defiende postulados contra la libertad, la justicia o la paz

Santiago González Vallejo (Comité de Solidaridad con la Causa Árabe)

Una evidente prueba y palpable demostración de que no vivimos en sociedades auténticamente democráticas, son las continuas divergencias entre el mundo de la cultura en general (artes, deportes, etc.) con el mundo activista por los derechos humanos. Se prostituye de esta forma la clásica imagen del intelectual, en el amplio sentido del término, comprometido con su tiempo, con la época que le ha tocado vivir, para sustituirlo por meros "agentes gestores" de la cultura de su tiempo, sin ninguna otra relevancia pública, ni constitución de referente en cuanto a opinión y pensamiento. Simplemente, nuestras actitudes y comportamientos sociales no están a la altura de lo que sería deseable en una sociedad plenamente democrática. Por ejemplo, hoy día vemos como algo normal boicotear el consumo de cierto producto de cualquier compañía fabricante, si tenemos noticia de que dicha empresa lleva a cabo actividades ilícitas, perversas, ilegales o engañosas, o bien, no respeta los derechos de sus trabajadores. Pero...¿extrapolamos este comportamiento al campo de la cultura? 

 

Podemos poner varios ejemplos que ilustren este punto. Veamos: ¿dejamos de leer la obra de cierto escritor o escritora que justifique el Holocausto? ¿dejamos de ir a los conciertos de cierto grupo musical que apoye postulados fascistas? ¿dejamos de adquirir cuadros de cierto pintor si nos enteramos que ha apoyado causas injustas? ¿dejamos de ver películas de actores o actrices que hagan campaña en contra de los derechos de los homosexuales? ¿seguimos apoyando a nuestro equipo de fútbol favorito si participa en torneos organizados en países cuyos gobiernos no respetan los derechos de las minorías? Podríamos poner miles de ejemplos más, todos en la misma línea, que irían a converger en la idea central que estamos intentando exponer: nos falta aún madurez democrática, porque todavía no hemos alcanzado la convergencia plena entre la defensa de un discurso a favor de los derechos y las libertades, y el sentido de nuestras acciones, respuestas y prácticas en el ámbito de nuestra vida cotidiana. Justificamos, de esta forma, que el arte o el deporte han de ser "apolíticos", sin darnos cuenta de la tremenda aberración que eso supone. O bien, avalamos, amparados en la supuesta "libertad de expresión", que toda una pléyade de periodistas a sueldo de la clase dominante, dueña de la inmensa mayoría de medios de comunicación, nos invada cada día en sus diarios, emisoras o periódicos con cantidades ingentes de basura mediática. 

 

Quizá el mundo del deporte constituya el más fiel reflejo de lo que decimos, porque se han dado multitud de casos donde nuestros deportistas (y deportistas de otros países) no han dudado en participar (salvo honrosas excepciones) en torneos, campeonatos y competiciones de todo tipo, organizadas por empresas, asociaciones o países de dudosa adscripción a los valores democráticos. En dichos casos, el argumento principal esgrimido por los personajes en cuestión (o sus representantes) ha sido el de que "el deporte no se puede politizar". Craso error. No debemos dejarnos engañar. El deporte es una manifestación cultural como cualquier otra, y la cultura no puede desgajarse de la política, por mucho que se intente. Los que argumentan de esa forma, en realidad, lo que están intentando es hacer prevalecer los valores del capitalismo (el dinero, fundamentalmente) sobre los valores democráticos, por tanto, son ellos mismos los primeros que lo están politizando. Porque, entonces, ¿cuáles son los intereses de que cierto equipo participe en determinada competición, o de que cierto grupo musical actúe en determinado festival o evento? ¿o de que los libros de determinado escritor se vendan en cierto mercado? Evidentemente, los intereses económicos. Y hasta que comprendamos nítidamente (y lo llevemos a cabo en nuestra vida cotidiana) que los intereses económicos no pueden prevalecer sobre los intereses de la defensa de los derechos humanos, en toda su extensión, sin fisuras ni pretextos, no alcanzaremos el status de plena sociedad democrática. 

 

Y es que bajo el pretexto de la defensa de la libertad de expresión o de la creación artística, no se pueden amparar opiniones, decisiones o comportamientos que vayan en contra de los principios y valores democráticos, en contra del derecho internacional, o en contra de los derechos humanos. Simplemente es inadmisible, y no podemos tolerarlo venga de donde venga, ya venga de un Gobierno, de un intelectual, de un artista, de un deportista, de un escritor, o de cualquier asociación, empresa, organización o medio de comunicación. Incluso podemos extrapolar también la defensa de los derechos humanos a la defensa de los derechos de otras especies (diferentes a la humana), y en última instancia, a todos los sujetos de derecho que entendamos los deben poseer. Nuestra defensa, bajo un contexto democrático pleno, debe extenderse también por tanto a la propia naturaleza, y al resto de los animales que conviven con nosotros, y debemos hacerlo bajo claros compromisos, desde una perspectiva de total y completo alineamiento con las posturas que exigen el respeto a todos ellos, en todo lugar, en todo momento. Y el mundo de la cultura no puede ser ajeno a ello, sino que intelectuales, poetas, escritores, pintores, actores, actrices, cantantes, periodistas, músicos, productores, compositores, filósofos, editores, y un largo etcétera, como punta de lanza de la manifestación de la cultura de su tiempo, deben  comprometerse valiente y exigentemente con la escrupulosa defensa de todos estos derechos. Sólo de esta forma el mundo de la cultura no podrá ser prostituido por los valores capitalistas, representando fielmente los valores de una sociedad democrática. 

 

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30 agosto 2015 7 30 /08 /agosto /2015 23:00

Si no compras pan, leche, fruta, carne o pescado, o no tienes el dinero para comprar estas cosas, te mueres de hambre. No es una opción, es una necesidad. Si no te compras un abrigo, o no tienes dinero para la calefacción, ni puedes pagar el alquiler de una vivienda, te mueres de frío o vives en la indigencia. Tampoco es una opción, sino una necesidad. Si no puedes pagar la gasolina, no puedes utilizar el coche para ir a trabajar. Sin teléfono, radio ni televisión, te empujan fuera de la sociedad. Sin un trabajo, privado o público, no tienes acceso a los medios de vida, y te empujan a las condiciones de un paria. No puedes elegir no trabajar para “los de arriba”

Documento "PODEMOS por el Socialismo"

Incluso el gran pensador Erich Fromm, del cual hemos hablado bastante en nuestras series de artículos "Capitalismo y sociedad de consumo", "Retrato de una sociedad alienante", y en la actual "La transmisión del pensamiento dominante" (a las que invito a los lectores que no las hayan seguido), también se declaró partidario de la RB, señalando, como nos recuerda José Antonio Pérez, que "Todas las personas, trabajen o no, deben tener el derecho incondicional de no morir de hambre ni carecer de techo. Recibirán sólo lo que necesitan básicamente para mantenerse, pero no recibirán menos. Este derecho expresa un nuevo concepto en la actualidad, aunque es una norma muy antigua, proclamada por el cristianismo y practicada por muchas tribus primitivas: los seres humanos tienen el derecho incondicional de vivir, sin importar si cumplen su deber para con la sociedad". Éstas fueron las palabras del gran sabio alemán, que entendía que el campo de la libertad personal se ampliaría enormemente con una garantía social que acabara con la dependencia económica de las personas (de un padre, de un esposo, de un jefe) que ya no se verían obligadas a someterse a la extorsión del hambre. 

 

Por otra parte, añadía Fromm, la existencia de un ingreso garantizado terminaría con el dominio de la burocracia que administra y humilla a la gente. Al no requerir ninguna "prueba de necesidad" por parte de alguna persona para obtener un techo sencillo y un mínimo de alimentos, eliminaría la burocracia con su inherente desperdicio y sus violaciones a la dignidad humana. Obsérvese cómo Erich Fromm detectaba perfectamente las trampas de la pobreza y las relativas a la necesidad de tener que demostrar ante la Administración la existencia de una situación de pobreza, de las que hemos hablado aquí con profundidad en anteriores artículos. Y con las recientes experiencias de Brasil y del Estado de Alaska, entre otras muchas, cada una con sus propias características y acomodos, la RB ha dejado de ser una especulación mantenida por algunos filósofos, escritores (tildados de extravagantes por la derecha) y partidarios de las utopías (o "cantos de sirena de predicadores", como al PP gusta llamarlos en la actualidad), tal como solían ser calificados los detractores de la idea, para pasar a convertirse en una propuesta realista, factible, justa y viable de reforma social que ha sido, por fin, incluida en la agenda del debate político en varios países. No obstante, parece que aún estamos lejos de que se adopte una propuesta de RB tal como aquí la defendemos, a tenor de las propuestas descafeinadas de los partidos de "izquierda" del arco político español. 

 

La RB (y esto enlaza con el polémico debate actual sobre la "sostenibilidad" de las pensiones, acerca del cual pueden los lectores consultar nuestra serie de artículos "Hablemos de pensiones") entronca así con los falaces mensajes enviados desde la clase dominante, para que nos vayamos haciendo el cuerpo en el sentido de que las cosas "no volverán a ser como antes". Intentan convencernos de que un puesto de trabajo indefinido, con buenas condiciones laborales y amplia protección social, es una quimera que ya pasó a la historia. Sin embargo, sabemos que esto también forma parte de su campaña de desprestigio de lo público, encaminada al abordaje, privatización y mercantilización de todos los derechos humanos. Pero en el fondo, "lo que está en crisis es el propio mito del crecimiento económico permanente y de la generación de empleo de calidad como únicas formas de garantizar la integración económica y social de toda la ciudadanía" (Rubén Lo Vuolo, Daniel Raventós y Pablo Yanes). Estos autores, en su documento "El Ingreso Ciudadano-Renta Básica ante la crisis económica y los ataques a los derechos sociales y laborales" lo argumentan de esta forma: "La presente situación coloca un fuerte interrogante sobre la capacidad del actual régimen de acumulación capitalista de ofrecer razonablemente un horizonte en el que sea material y políticamente posible el desarrollo basado en un esquema de pleno empleo para mujeres y hombres. Y, en consecuencia, de que sea el empleo, el trabajo asalariado propiamente dicho, la llave maestra o el camino único para el acceso a los derechos sociales, a la movilidad social y al bienestar de las personas".

 

Porque en efecto, esa es la gran barrera argumental que tenemos que enfrentar. El cambio del chip mental que asocia desde tiempos inmemoriales la idea de que las personas han de trabajar para ganarse el sustento, que deja de ser justificable en una bárbara sociedad capitalista como la que padecemos, que únicamente patrocina enormes transferencias de renta desde las clases más desfavorecidas hacia las clases con mayores recursos y posibilidades. Y bajo esa premisa, deja en la cuneta permanentemente a millones de personas, abandonándolas a su suerte, o dependientes del paro, de la precariedad, de la pobreza, de la exclusión o del exilio. Una sociedad que continúa justificando esta permanente barbarie no puede llamarse humana. Son precisamente estos y otros elementos los que deberían motivar la necesidad de pensar nuevos principios de organización para nuestras sociedades contemporáneas, de repensar diferentes relaciones de producción, y de optar por un enfoque donde los derechos humanos estén completamente garantizados desde un punto de vista social, no desde un punto de vista capitalista. Debemos entender de una vez por todas que es la sociedad la que posee el imperativo humano de garantizar a las personas su dignidad, independientemente del "momento económico" de los mercados. 

 

Pero bajo los mimbres de la extrema acumulación capitalista, y del poder de los grandes agentes económicos que gobiernan la economía, ésta deja de entenderse en función social de la satisfacción de las necesidades humanas, para ponerse al servicio de los intereses del gran capital. Por eso hemos sostenido, desde artículos anteriores, que la RB, al romper con este enfoque, es una medida anticapitalista en sí misma. Y es por ello que ofrece tantas resistencias intelectuales. Para apostar por la RB con las características que aquí exponemos debemos abandonar nuestros esquemas mentales, para comenzar a pensar y actuar de otra forma, según otros intereses, bajo una óptica distinta. Y en este ineludible rediseño (siguiendo de nuevo a los autores citados) de nuestras sociedades, cada vez es más imprescindible que el acceso a los derechos sociales deje de operar por status diferenciados, para transformarse en derechos de ciudadanía, en derechos de las personas por el mero hecho de existir. Y esto implica que dejen de ser derechos intermediados, segmentados, condicionados o recortados, por ejemplo por la volátil, transitoria y desigual posición de cada persona en el cada vez más precario mercado laboral. Hemos de entender los derechos humanos en el amplio sentido universalista e internacionalista, con plenas garantías, sin trabas, inconvenientes, requisitos ni limitaciones. Continuaremos en siguientes entregas.

 

 

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27 agosto 2015 4 27 /08 /agosto /2015 23:00

Veamos las irrefutables pruebas que demuestran las bases por las que rigen actualmente las políticas de donaciones y exenciones tributarias a la Iglesia Católica en nuestro país. La Iglesia Católica oficial española es propietaria (o presuntamente se ha apropiado, mediante la existencia de perversas leyes), a lo largo de la Historia, de una buena parte del patrimonio que posee, por vías ilegítimas e ilegales, con el consentimiento o la complicidad del Estado, aumentando su patrimonio, y por tanto, su capacidad de influencia en nuestro país. A través de sus más de 40.000 Instituciones (diócesis, parroquias, órdenes, congregaciones, asociaciones, ONG's, fundaciones, universidades, colegios, etc.) conforma un enorme patrimonio, consistente en bienes mobiliarios e inmobiliarios. Aproximadamente, más de 110.000 propiedades, entre lugares de culto, pisos, locales, etc. (vacíos, ocupados o alquilados a terceros, por los cuales no pagan impuestos, ni son declarados como negocio). 

 

La Iglesia es propietaria, aproximadamente, del 70% del suelo habitable de Toledo, Ávila, Burgos y Santiago, y porcentajes menores en los más de 8.000 municipios del Estado. No sé si el lector ha tomado conciencia de la cifra anterior: ¡más del 70% de grandes ciudades históricas de nuestro país son propiedad de la confesión católica! Propiedades que deberían pertenecer al pueblo y a su patrimonio y legado cultural, histórico y artístico, pues además se trata de ciudades cuyo conjunto monumental representa uno de los mayores tesoros europeos y mundiales. Catedrales, capillas, iglesias, orfanatos, palacios, museos, y un largo etcétera, que no son del Estado, es decir, que no son de todos, porque son propiedad de la Iglesia. Seamos o no católicos, este hecho ya debería parecernos aberrante, en España o en cualquier otro país del mundo (y por extensión, hacia cualquier confesión religiosa). Además, la Iglesia Católica posee más de 150.000 hectáreas de terreno en tierras agrícolas (una buena parte de ellas son tierras muertas y sin uso). También posee bienes suntuarios (como el enorme patrimonio en joyas, trajes, etc.), posee innumerables obras de arte, participaciones en bolsa, depósitos, letras del tesoro, capital en fundaciones, etc. 

 

Y aunque las más de 40.000 Instituciones que dependen de la Iglesia Católica en nuestro país posean autonomía jurídica y administrativa, no dejan de formar parte de la misma organización eclesial, cuya dependencia de la Santa Sede es absoluta. También participa en el sector financiero español, fundamentalmente a través de las Cajas de Ahorros (donde se han dado recientes, tristes y clamorosos casos de corrupción, como en la cordobesa Cajasur, hoy fusionada con la caja vasca Kuxabank). La Iglesia posee también innumerables empresas mediáticas y del sector de la comunicación social, así como del mundo editorial (véase la entrega número 15 de nuestra serie de artículos "La transmisión del pensamiento dominante"). Es partícipe, además, de acciones en multitud de grupos empresariales de diversos ámbitos. Así que, como diríamos en lenguaje coloquial, la Iglesia está metida hasta en la sopa. Pero no queda aquí la cosa. La Iglesia es, además, copropietaria con el Estado Español, de centenares de propiedades a través de un complejo entramado de Instituciones que mueven patrimonio (mobiliario, inmobiliario, obras de arte...) y capitales. Entre ellas destaca la llamada Obra Pía de los Santos Lugares, fundada oficialmente en 1940, aunque ha tenido, desde entonces, diversas actualizaciones, tanto en su organización, como en su gestión. 

 

Dicha obra tiene propiedades (rústicas y urbanas), por las cuales no pagan impuestos, tales como San Francisco el Grande en Madrid, y en varios países del Mediterráneo, como en la ciudad de Jerusalén, en Turquía, en Siria, en Italia, etc. Entre otras propiedades, algunas viviendas alquiladas al Estado Español, cuyos alquileres, presumiblemente, redundan en las arcas de la propia Iglesia, pero sobre todo, en Marruecos (básicamente, centros de enseñanza católicos, etc.). Esta ancestral Institución de la dictadura continúa en nuestros tiempos, con la finalidad confesional de difundir una determinada cultura judeocristiana, y se fragua como un poder de expansión del catolicismo por todo el Mediterráneo, impulsada siempre por el Gobierno español. La preside el Ministro de Asuntos Exteriores de turno, y varios altos cargos de dicho Ministerio, como el Embajador Español en el Vaticano y algunos clérigos franciscanos. Es un hecho constatado, por tanto, que la Iglesia Católica, a través de múltiples y diversas vías, recibe mucho dinero del Estado, obtiene grandes exenciones fiscales de todo tipo, y recibe donaciones directas de sus fieles, que a su vez, se benefician de regalías fiscales, además de participar en suculentos negocios, de todo tipo y actividad, en muchos casos opacos para la Hacienda Pública. 

 

Quizá la Ley que, en este sentido, más beneficios haya proporcionado a la Iglesia, a través del tiempo, haya sido la Ley Hipotecaria, y sus diversas actualizaciones históricas. En efecto, con la vergonzante complicidad de los poderes públicos, esta Ley (apoyada con la última modificación del Gobierno de José María Aznar) ha permitido a la Iglesia apropiarse indebidamente (por decirlo de una forma suave) de miles de propiedades a lo largo y ancho de la geografía de nuestro país. De esta forma, la Iglesia Católica se ha venido apropiando de una inmensa cantidad de patrimonio de dominio público y que en muchos casos pertenece a la ciudadanía de cada municipio en cuestión, como consecuencia de esta Ley Hipotecaria y de su Reglamento, que considera a la Iglesia como organismo público, y a los obispos diocesanos como funcionarios públicos. ¡Ahí es nada!. Y gracias a esta anomalía jurídica, la Iglesia Católica ha podido registrar a su nombre templos, cementerios, terrenos, viviendas, plazas, y un sinfín de edificios que carecían, al menos aparentemente, de títulos de propiedad conocidos, mediante el denominado mecanismo de las inmatriculaciones. Todo un vergonzoso expolio de patrimonio público, ejecutado por una de las más ricas e influyentes organizaciones de nuestro país. Y todo ello se ha hecho con la más absoluta complicidad de los poderes públicos. Entre dichos edificios, quizá el más emblemático de ellos, y el más polémico, ha sido la Mezquita de Córdoba. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Fuente: Europa Laica

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26 agosto 2015 3 26 /08 /agosto /2015 23:00

Un Estado Republicano, plurinacional, solidario, participativo y laico, debe contar con una nueva estructura territorial federal, con un modelo de financiación y de política fiscal viable; que incorpore mecanismos que garanticen el Estado social, en el que la universalidad de los servicios públicos esté sustentado por principios y valores de libertad, igualdad, justicia social y solidaridad, que fortalezca y amplíe los derechos fundamentales de los ciudadanos, equiparando derechos civiles y políticos blindados, para evitar que los gobiernos de turno, ataquen los fundamentos del Estado de Derecho

Víctor Arrogante

En fin, creo que ya hemos dado un detallado y exhaustivo repaso a la práctica totalidad de los fundamentos que deberían cambiar en nuestra sociedad con la instauración de la Tercera República, respondiendo justamente a la pregunta que da título a esta serie de artículos: ¿Qué República queremos? Ya lo hemos ido explicando. No queremos cualquier República, porque para eso, quizá lo mejor sería quedarnos como estamos. Si comenzamos el nuevo Proceso Constituyente que deseamos, y conseguimos formalizar una idea de la Tercera República que deseamos, esta idea debiera ser plasmada en la nueva Constitución Republicana, y desarrollada en ulteriores leyes que garantizaran el nuevo orden social surgido del nuevo escenario. Porque desde la clase dominante se nos quiere hacer ver que la única diferencia entre nuestro modelo actual y el modelo republicano sería el cambio del Rey por la figura del Presidente de la República, pero como ya hemos ido exponiendo durante todos los artículos de esta serie, esto no es así. Una sola pregunta puede demostrarlo: si fuera así, si el único cambio fuese el cambio cosmético de la sustitución del Rey...¿por qué se dio el levantamiento fascista de 1936, al que siguió la cruenta Guerra Civil y la posterior dictadura?

 

Si todo ello ocurrió, fue porque el contexto republicano de 1931 consagraba un nuevo status social que amenazaba los privilegios de la que había sido hasta entonces la clase dominante, y así queremos que vuelva a ser la Tercera República. Como argumenta José López en su obra "Rumbo a la democracia": "Los monárquicos intentan evitar siquiera el planteamiento de una posible Tercera República del futuro criticando la Segunda República del pasado (y además falseando la historia, comparándola con la dictadura, como si la Segunda República fuera comparable al franquismo, como si hubiera sido también condenada internacionalmente, como si también hubiera dirigido una dura represión, como si en ella hubieran existido también campos de exterminio, como si no hubiera sido instaurada democráticamente por el pueblo, como si hubiera sido también el resultado de un golpe de estado ilegal). Intentan achacar a la propia República los problemas que ésta sufrió y de los que fue la principal víctima política. Pero al mismo tiempo, y esto es lo curioso y contradictorio, justifican ESTA monarquía idealizándola, recurriendo al concepto teórico de LA monarquía (...). Intentan deslegimitar el propio concepto general de República (...) criticando una experiencia concreta del pasado y diciendo que por esa experiencia ya no tiene ningún sentido en nuestro país el modelo de Estado existente en la mayor parte de países del mundo en la actualidad, y al mismo tiempo, defienden un modelo de Estado claramente anacrónico (y en retroceso en el mundo) por una experiencia del presente idealizada, y a la vez olvidando las experiencias pasadas (...) de la monarquía española". 

 

Bajo un claro chantaje ideológico, intentan convencernos de que la República no merece la pena, porque su intento fue fallido en el pasado, sin contarnos que precisamente fueron ellos, los antepasados de los que ahora argumentan así, los que impidieron por la fuerza que la Segunda República continuara su camino de igualdad, su camino democrático. Porque aquéllos mismos que fomentan la "amnesia" histórica reciente (apelando a la actitud de mirar hacia adelante, de no mirar al pasado, de pasar página) son precisamente los mismos que recurren a hechos históricos anteriores cuando les conviene, hechos que además falsean interesadamente. Pero lo cierto, y lo saben, es que las estructuras básicas del Estado, las estructuras del poder fáctico, del poder establecido, nos afectan a todos, y no podremos aspirar a mejorarlas, a cambiar nuestras condiciones de vida, a garantizar una mejor justicia, sanidad, vivienda, etc., sin cerrar definitivamente la página de la Transición, y ello implica, más temprano que tarde, la declaración del franquismo como ilegal en su totalidad, y el inicio de un nuevo Proceso Constituyente que nos conduzca a una Tercera República completamente garantista con los Derechos Humanos, con los derechos de los pueblos que forman el Estado Español, y con la naturaleza y su entorno. Un nuevo concepto de convivencia, que alcance mayores cotas de igualdad y redistribución de la riqueza. Por ello no nos sirve cualquier República, porque además la República no es un fin en sí mismo, sino la propia consecución de un Estado donde primen la justicia social y la democracia.

 

La República debe garantizar todo ello, y de ahí la necesidad de dotarla de un contenido, y de proclamar que no queremos cualquier República. Queremos y necesitamos una República plural, democrática, de pleno derecho, federal, solidaria, social, participativa, laica e igualitaria. Sólo ésta es la República que estamos buscando, y no descansaremos hasta conseguirla. Se lo debemos a nuestros antepasados que lucharon por ella, y fueron violentamente reprimidos, y también se lo debemos a nuestros hijos y nietos, a las futuras generaciones, para marcharnos con la cabeza bien alta, y dejarles un país mejor que el que nosotros encontramos. Esta es la razón de que no sólo se trata de posibilitar que el Jefe del Estado pueda ser elegido democráticamente (lo cual de por sí ya es un gran avance), sino sobre todo de conseguir un modelo de sociedad donde la democracia esté plenamente desarrollada, hasta sus últimas consecuencias. La Tercera República que queremos debe ser, en sí misma, un estadío continuo de democracia, un proceso sin fin encaminado a desarrollar continuamente la democracia, a garantizar su evolución permanentemente. Y gracias a ese nuevo contexto garantizaremos (porque la democracia tampoco es un fin en sí misma) una nueva sociedad justa y libre, avanzada y plural, en paz y en armonía, sin grandes desigualdades, con auténtica redistribución de la riqueza, y con pleno respeto a los Derechos Humanos. Este es el auténtico fin último de la República que queremos. Finalizaremos en la próxima y última entrega de esta serie. 

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25 agosto 2015 2 25 /08 /agosto /2015 23:00

A espaldas de todos y todas, la UE y USA negocian el TTIP para profundizar en la desregulación al servicio de multinacionales y poder financiero. Pretenden, incluso, que sean tribunales privados los que decidan las controversias entre las empresas y las legislaciones estatales. Nuestros Gobiernos abusan de la ignorancia (trabajada por ellos mismos) de la gente sobre ese Tratado, y apoyan con los ojos cerrados lo que desconocen y, por supuesto, niegan el debate. Hicieron lo mismo con el Tratado Europeo, y de aquéllos polvos vienen estos lodos

Adolfo Muñoz, Secretario General de ELA

No exagera el Secretario de ELA en dicha cita, pues ojalá todo esto fuera ciencia-ficción, o el resultado de un mal sueño, de una tremenda pesadilla. Pero si no lo evitamos, el TTIP gobernará nuestras vidas en poco tiempo. Sus aberrantes cláusulas nos dejarán a los pies de los caballos (las grandes transnacionales) ante prácticamente todos los aspectos ligados al consumo, la propiedad intelectual, los derechos laborales, los servicios públicos, etc. De hecho, ya existen precedentes de lo que hablamos, en casi todos los aspectos que cubre el Tratado. Por ejemplo, en cuanto a los Tribunales de Arbitraje, podríamos poner también algunos ejemplos recientes. La multinacional estadounidense de la industria del tabaco Philip-Morris demandó a Uruguay por 2.000 millones de dólares por haber consignado dicho país alertas sanitarias en sus cajetillas de tabaco. O bien la empresa Vatenfall, que demandó a Alemania por 3.700 millones de dólares, por haber apagado sus centrales nucleares. Otra como Lone Pina ha demandado a Canadá por 250 millones de dólares canadienses por la moratoria de fracking que aprobó el Gobierno de Quebec. Y podríamos poner múltiples ejemplos más de la indefensión que sufren los Gobiernos con respecto a las grandes empresas, cuando éstas consideran que sus decisiones les afectan negativamente en sus beneficios, actuales o futuros. 

 

Ecuador, por ejemplo, fue sentenciado a pagar 2.300 millones de dólares a la petrolera Occidental Petroleum por abandonar la construcción de un pozo de petróleo en el Amazonas. E Incluso Libia tuvo que pagar 900 millones de dólares en concepto de "beneficios perdidos" por un proyecto turístico en el que sólo se habían invertido 5 millones de dólares. En la inmensa mayoría de las denuncias, las empresas argumentan que las decisiones de los respectivos Gobiernos les han quitado expectativas sobre previsibles beneficios futuros. Es decir, se trata de un concepto que se extiende hasta las supuestas ganancias perdidas a causa de la adopción de determinadas políticas, en una surrealista evolución del concepto de "seguridad jurídica", del que lógicamente abusan las empresas y reflejan en los correspondientes Tratados. No estamos en contra de dicho concepto, pero es lógico que en aras de dicha seguridad jurídica, los actuales y futuros Gobiernos de los países, donde reside la soberanía nacional de sus cuidadanos (siempre que se trate de gobiernos supuestamente democráticos) no pueden actuar de forma limitada, coartada o hipotecada. 

 

Los Gobiernos entran claramente entonces en una situación de clara indefensión, porque su comportamiento cambia en la medida en que existe una amenaza permanente, una especie de Espada de Damocles, de demandas multimillonarias por parte de las grandes multinacionales. Por ejemplo, Alberto Garzón y Desiderio Cansino, en su documento sobre 50 preguntas y respuestas sobre el TTIP (del que estamos extrayendo gran cantidad de información), nos ponen un clarísimo ejemplo referido al Ministro de Salud de Nueva Zelanda, que anunció el retraso de la aprobación de cierto pack sanitario hasta que se conociese el resultado de la sentencia de la tabaquera Philip-Morris contra Australia. Por tanto, si cambia el Gobierno en un determinado país suscriptor del TTIP (o de cualquier otro TLC que contemple dichas cláusulas) y quiere aplicar otra política, resultado de su programa votado por la propia ciudadanía, resultaría que se convertiría en rehén de todas las multinacionales que crean que los cambios propuestos afectan a sus beneficios presentes o futuros. El caso paradigmático es Argentina, que tras la crisis que sufrió en el año 2001 cambió radicalmente de política económica, para intentar proteger a sus ciudadanos y garantizar un crecimiento sostenible de su economía, y desde entonces ha recibido más de 40 denuncias por parte de las multinacionales, además de la exigencia de pagar partes de su deuda a determinados fondos bruitre que la habían adquirido. 

 

La situación es pues ciertamente preocupante, pues cada vez es más fuerte (y los TLC son la última herramienta a su disposición) la presión que el capitalismo globalizado ejerce sobre los legítimos Gobiernos democráticos de los países, limitando sus medidas, y chantajeando a sus gobernantes bajo presión de la adopción de medidas como la deslocalización de empresas, las fugas de capitales, o los "corralitos" bancarios. Todo ello nos ofrece un claro retrato y una evidente conclusión: el capitalismo acabará con la democracia, si no ponemos todas las medidas para evitarlo, y además estas medidas no se extienden al resto de los países del globo. Hoy día ya es complicado establecer el socialismo en un determinado país, pues la globalización capitalista intentará evitar por todos los medios su implantación, chantajeando a los gobiernos y desencadenando procesos de sabotaje, desabastecimiento, acoso y estallido social. Los Tratados de Libre Comercio se nos presentan, pues, como la guinda del pastel que asegurará que las grandes empresas transnacionales tienen siempre la sartén por el mango, pues dotan a las mismas de todas las garantías legales para que su hegemonía jamás pueda ser amenazada. 

 

De hecho, la presencia de bufetes privados de abogados a nivel internacional, especializados en estos temas, es un negocio creciente. Debido a la proliferación de los TLC y a la necesidad de especialización en este ámbito (nos referimos a los Tribunales de Arbitraje), los bufetes internacionales se han ido dedicando cada vez más a estos asuntos, viendo claramente la oportunidad de negocio que se abría. Así que hoy día estos grandes bufetes especializados en demandar a los Estados están dispuestos a litigar por cualquier concepto, por cruel o ridículo que pueda parecer, pero que crean que puede servir para sacarle dinero a los Estados, desviándose como consecuencia grandes cantidades de recursos y fondos públicos hacia las grandes empresas, en lugar de poder dedicarse a satisfacer y aumentar las capacidades de los servicios públicos que necesita la ciudadanía. Deja de importar la satisfacción de la vida digna de las personas, para trabajar en pro del enriquecimiento de las grandes empresas, o lo que es lo mismo, de sus altos directivos. El paranoma al que tendemos se percibe bien claro: una inmensa mayoría social de la población a nivel mundial sumida en la precariedad más absoluta, mientras una élite internacional, dirigente del poderío privado de las grandes empresas, hace gala de la riqueza y del lujo más insultante. Los Tratados de Libre Comercio, mediante todas sus herramientas, vienen sin duda a contribuir a dicho retrato. Continuaremos en siguientes entregas.

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24 agosto 2015 1 24 /08 /agosto /2015 23:00

Se ha creado una verdadera dictadura mediática dedicada a la industria de la enajenación y del pensamiento único

Camilo Valqui

Y de esta forma, desde la escuela, en las más tempranas edades, los infantes reciben miles de mensajes, unos más subliminales y otros más expresos, en el sentido de modelar sus mentes y su pensamiento bajo un adiestramiento capitalista, un adiestramiento que les hará, de mayores, legitimar el mundo donde viven, y anular prácticamente cualquier atisbo de rebelión contra el mismo. Si en vez de ellos, nuestros niños y niñas fueran formados sobre una visión de la economía para satisfacer las necesidades humanas, fueran formados sobre derechos humanos, sobre paz, sobre desigualdades, sobre justicia social, sobre consumo responsable, sobre valores democráticos, sobre banca ética o sobre la importancia de la solidaridad y el cooperativismo, otro gallo muy distinto nos cantara. Bien, y desde la escuela saltemos a otra gran pata donde se asientan los mecanismos de transmisión del pensamiento dominante, como son los medios de comunicación. Seguiremos para ello, entre otras fuentes, a Rodrigo Fernández Miranda, en su artículo "El capitalismo detrás de la pantalla"

 

Tenemos que partir de la base de que hoy día los medios de comunicación representan un poder en un Estado Democrático. Concretamente, un cuarto poder, después de los clásicos poderes que representan el Legislativo (Parlamento), el Ejecutivo (Gobierno) y el Judicial (los Tribunales). Y es que la industria de la comunicación ha llegado a ser una de las más concentradas dentro del escenario capitalista globalizado (en una de las películas de James Bond, el famoso agente secreto tenía que luchar contra el tiránico y despiadado poderío de un magnate mundial de la comunicación, que poseía cadenas de radio, prensa y TV por todo el mundo). Los grupos mediáticos dominantes emiten y configuran saberes, conocimientos, doctrinas, ideas, actitudes y valores. Son pues, una magnífica fuerza de difusión del pensamiento dominante. A su vez, tienen la potestad de imponer una agenda, difundir una versión de la realidad, definir qué es y cómo se transmite una noticia, y determinar cómo será tratada. Detrás de todo ello subyace su función más importante, que no es otra que contribuir a la construcción de un imaginario social y colectivo, es decir, un conjunto de conceptos, valores, ideas y pensamientos que modelen las reacciones de la inmensa mayoría social. 

 

Vamos a comentar algunos comportamientos, configuraciones, ocultaciones, eufemismos, estrategias de manipulación y pautas de trabajo de los medios de comunicación dominantes, para así entender cómo funcionan, y comprender la auténtica dimensión de su proyección social. Como primer ejemplo, podemos citar que las palabras "capitalismo" o "sistema capitalista", salvo en contadas excepciones, quedan excluidas del lenguaje mediático. Con ello se legitima el sistema, se evita su propio cuestionamiento, ya que es evidente que si no se nombra, parece como si escondiéramos siquiera la presencia de otras alternativas. Derivado de ello, el capitalismo no recibe un tratamiento como sistema integral, como un todo único e indivisible, sino que se aborda por partes inconexas, no interrelacionadas ni interpedendientes. Igualmente, estos medios ocultan la composición del poder real, y de esta forma, toda referencia al poder se refiere al que está legitimado "democráticamente", nunca al poder fáctico o establecido. Por todo ello, el capitalismo como tal, para dichos medios, queda fuera de los márgenes de lo mediáticamente cuestionable. 

 

Y así, aunque las noticias incluyen a diario hechos vinculados directamente con el capitalismo, o explicados a través de él, éstos nunca son puestos en su adecuado contexto. Bajo esta narrativa, las noticias políticas, sociales, laborales, la propia crónica de nuestra sociedad, y de las sociedades del resto del mundo, nunca tienen una visión sistémica, totalizadora, sino aislada, atomizada. En paralelo, se desvía la mirada sobre el origen de los impactos del capitalismo, tratando siempre estas cuestiones muy superficialmente, sin indagar sobre sus raíces, sin explicar su génesis y sus desencadenantes más primigenios. De esta forma, la conclusión es clara: no hay causas sistémicas que expliquen los hechos de nuestro mundo. Falacia gigantesca. Por ejemplo, los inmigrantes vienen "porque existen mafias que los controlan", la crisis se ha producido porque "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades", el déficit público existe "porque hemos gastado más de lo que ingresábamos", y las desigualdades ocurren "porque estamos atravesando una crisis muy profunda, y siempre hay espabilados que se aprovechan". Falacias y más falacias, señuelos y engañabobos que se vierten por doquier en noticieros, tertulias y espacios de debate de todas las cadenas de radio y TV, así como en la prensa escrita. 

 

Ocurre también que al sesgar las causas se tergiversa la identificación de los propios causantes. Y así, el causante de la crisis fue el Estado que se "excedió en el gasto", y la población (la ciudadanía) la que "vivió por encima de sus posibilidades". No se nos cuenta en cambio que fue el capital financiero el que aumentó exponencialmente las inversiones especulativas, que fueron las que generaron la burbuja que terminó explotando. Quizá porque, si contaran esto, no podrían legitimar las ingentes ayudas públicas que se han dedicado a rescatar a la banca, mientras a la población se le imponía una terrible austeridad. Se deforma el lenguaje, entrando en engañosas expresiones y giros idiomáticos que sólo contribuyen a la confusión ideológica sobre los conceptos y los términos reales. Y como afirmábamos en nuestro artículo "Trampas y perversiones del lenguaje neoliberal": "Para que su política indecente, inmoral y obscena vaya calando en la ciudadanía, una de las cosas que más deben cuidar es el lenguaje, ese lenguaje que sea capaz de disfrazar los conceptos, de transformar una idea de fondo monstruosa bajo una aparición formal más o menos moderada, y hasta asumible por la ciudadanía". Continuaremos en siguientes entregas.

 

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23 agosto 2015 7 23 /08 /agosto /2015 23:00

Si existiera la Renta Básica, el “mercado de trabajo” tendría que esforzarse un poco más para conseguir gente que limpie váteres, reponga productos en estanterías, atienda quejas telefónicas o empaquete chorradas en una almacén de Amazon. Y eso, se mire como se mire, no puede ser más que una buena noticia

Carolina del Olmo

Debate muy interesante, en el sentido de ejercer presión para que no sólo las personas tuvieran otras alternativas frente a este tipo de trabajos, sino para que, las personas que quisieran hacerlos, al menos, disfrutaran de unas mejores condiciones. En este sentido, Daniel Raventós afirma lo siguiente: "El derecho incondicional de los trabajadores a una asignación universal sustancial elevaría simultáneamente los salarios de los trabajos poco atractivos, poco estimulantes, que ya nadie se vería obligado a aceptar para sobrevivir, y reduciría los salarios medianos de los trabajos atractivos e intrínsecamente gratificantes. Por un lado, pues, los trabajos penosos, los cuales se desarrollan bajo condiciones legales (contractuales) o físicas extremas, dejarían de ser aceptados con los niveles salariales actuales. De este modo, los empresarios, si quisieran que su actividad productiva no se viera interrumpida, tendrían que plantearse la necesidad de asumir incrementos salariales sustanciales para hacer atractivas estas tareas, al menos para algunos individuos y para cierto período de tiempo. Es en situaciones como ésta, pues, en las cuales el fortalecimiento del poder de negociación de los trabajadores derivado de la introducción de una RB encontraría sus frutos". 

 

Y en respuesta a otra crítica que se le hace a la implantación de la RB, hemos de decir que las mujeres, por su parte, constituyen uno de los grupos de vulnerabilidad que incrementaría más su libertad si existiera esta medida. Es obvio que la RB conferiría a buena parte de las mujeres una independencia económica de la cual hoy día no disfrutan, lo que a su vez las liberaría del dogal de la dependencia de sus parejas o ex parejas (además de la trampa de la pobreza, ya aludida en anteriores entregas). Independientemente de ello, ya sabemos que la mujer arrastra, debido a la influencia del modelo de sociedad patriarcal, una serie de inconvenientes ligadas a su actividad laboral (brecha salarial, discriminación ante los puestos directivos, etc), y además, otra realidad social de nuestro tiempo resulta en que el trabajo doméstico o de cuidados, todavía hoy ocupado mayoritariamente por mujeres, queda fuera de las estadísticas oficiales. Sin embargo, si lo traducimos a volumen económico, resulta una partida extraordinaria. Por ejemplo, un estudio realizado hace poco más de una década por parte del Instituto Catalán de la Mujer indicaba que el PIB catalán se incrementaría en un 65,9% si se contabilizara también en él el trabajo doméstico no remunerado. 

 

Pero es que además, y debido al carácter individual de la RB, esto es, concedido a las personas (y no a las unidades familiares), se incide en que las políticas sociales se adapten a los cambios en las formas de convivencia y en los modelos de familia, especialmente al incremento experimentado durante los últimos años, de familias monoparentales encabezadas por mujeres. Y en este sentido, la RB se nos aparece como un magnífico "contrapoder doméstico" (en expresión de Daniel Raventós) capaz de alterar la ecuación de las relaciones de dominación entre sexos, y de incrementar la independencia, el poder y la fuerza de negociación de muchas mujeres dentro de su modelo de convivencia (especialmente para aquéllas que dependen de sus parejas, o que perciben ingresos muy bajos por estar empleadas de forma discontinua o a tiempo parcial). Y otro gran colectivo que vería mejorada sustancialmente su situación sería el de los jóvenes. Hoy día, como sabemos, la situación laboral de la inmensa mayoría de los jóvenes se puede resumir bajo tres aspectos de dependencia: de sus padres, de su precariedad laboral o de la necesidad de exiliarse. 

 

Pero con la instauración de una medida como la RB, la cosa cambiaría radicalmente. Como ya se viene afirmando bajo nuestra propuesta de RB (que insistimos, es la que se realiza desde la Red Renta Básica), existiría una asignación a todo joven menor de edad de cuantía menor, y a partir de la mayoría de edad, todo joven disfrutaría de una RB completa. Los jóvenes tendrían así un arma estupenda para luchar contra los contratos "basura" que se les ofrecen, así como unas mejores posibilidades de cara a su emancipación. Con todo lo dicho, tanto en el presente artículo como en artículos anteriores, desde que venimos hablando sobre la RB, entendemos que una triple faceta de derechos avalan la implantación de esta medida: en primer lugar, el reconocimiento jurídico de la RB puede sustentarse como un nuevo derecho social (al lado de los ya reconocidos sobre el trabajo, la vivienda, etc.); en segundo lugar, la RB puede ser entendida también como una faceta del más amplio derecho a la vida (entendiendo ésta en este caso como la mera existencia o subsistencia material); y en tercer lugar, la RB también garantiza una modalidad de la libertad (consistente en la libertad real o material, es decir, en la posible sostenibilidad de la vida con independencia del criterio y de las decisiones de otras personas). Todo ello configura un panorama ciertamente apasionante para la RB, que la convierten en uno de los desafíos más característicos de todo sistema socialista que se precie (por supuesto, sin querer reducir el socialismo a la única implantación de esta medida). Continuaremos en siguientes entregas.

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22 agosto 2015 6 22 /08 /agosto /2015 23:00

El tratamiento criminal que se ha infligido a Grecia durante seis meses de acoso (rebautizado como "negociación") demuestra que el objetivo de "transformar el euro", o la asunción de "otro Euro es posible" son quimeras que, tras sucesivas decepciones, sólo conducen al estancamiento y a la desesperación política

Fréderic Lordon

Debemos asumir con claridad que ninguna política alternativa progresista podrá cuajar y expandirse en Europa sin poner en cuestión frontalmente a la UE

Catherine Samary

En los últimos días se acaba de consumar otro episodio en la escalada de surrealismo que protagoniza la política griega durante estos últimos meses. En efecto, después de acordar con la Troika las condiciones más aberrantes para su rescate, el líder de Syriza, Alexis Tsipras, acaba de dimitir, y de encargar la formación de un gobierno alternativo al resto de fuerzas parlamentarias. En caso de no conseguirse, lo cual resulta bastante probable, el Parlamento tendrá que ser disuelto, y será necesaria una nueva convocatoria de elecciones. Y tal como era de esperar, las reacciones en Europa no se han hecho esperar. Los dirigentes de las Instituciones europeas, como era previsible, no se han movido un ápice de sus posturas, advirtiendo que, salga el gobierno que salga de las próximas elecciones, los acuerdos alcanzados tendrán que ser respetados. Se consuma de esta forma el plan del establishment europeo, que había pedido la cabeza de Tsipras como mensaje de disciplina al resto de pueblos, sobre todo del sur de Europa.

 

Y en el ámbito español, las reacciones han estado también dentro de lo previsible. El arco parlamentario que representa a la derecha neoliberal (PP-PSOE-CIU-PNV-UPyD) se ha alineado proclamando el rotundo "fracaso de los populismos", en un nuevo alarde de hipocresía que tanto les caracteriza, y la "izquierda" política ha reivincado la lógica de la situación, y lo que es más sorprendente, el "coraje" de Alexis Tsipras en someterse a unos nuevos comicios. Pero la verdad es que la práctica totalidad de analistas de izquierda a nivel mundial han criticado la actitud y las decisiones del líder de Syriza (aunque ya no debería llamársele así), por su incomprensible incoherencia al no rebelarse frente a los terribles postulados de Bruselas. Así, Alberto Rabilotta afirmó: "El primer ministro Alexis Tsipras fue derrotado y sometido a un "sacrificio ritual" por el ministro alemán de Finanzas Wolfgang Schäuble, quien actúa como el "guardián del templo" de un fundamentalismo de mercado que es la verdadera naturaleza de la UE, que no tolera la más mínima desviación o interpretación del dogma". Y por su parte, Miguel Urbano Rodrigues sentenció que "en la actual confusión ideológica, estimulada por un sistema mediático manipulador, la sumisión total de Grecia a los sacerdotes del capital vino a confirmar la imposibilidad de la transformación profunda de las sociedades capitalistas en el ámbito del sistema, es decir, por la vía institucional". Podríamos seguir con muchos más ejemplos, porque en esta misma línea se han expresado Jacques Sapier, Paul Krugman, Thomas Piketty, Guillermo Almeyra, Ángel Guerra, y un largo etcétera. 

 

Incluso dentro de PODEMOS, la única voz que me ha parecido medio coherente ha sido la de la lideresa andaluza, Teresa Rodríguez, quien ha afirmado "sentir pánico ante ese temblor de piernas" de Alexis Tsipras, y la posibilidad de que eso mismo pueda llegar a ocurrirle a su formación política. Pero parece que la dirección de PODEMOS no está por la labor, pues lo único que ha destacado ha sido el "coraje" de Alexis Tsipras por tomar la decisión que ha tomado, devolviendo al pueblo su capacidad de decisión...¡A buenas horas, mangas verdes!. Por más que me esfuerzo, no consigo entender dónde está el coraje, porque las palabras de Tsipras en sus discursos y mítines eran estupendas, pero si dichas bellas palabras no van acompañadas de la valentía suficiente para hacerlas valer ante las múltiples (y previsibles) presiones de todo tipo, los políticos se convierten en meros charlatanes, en vehículos para una ilusión colectiva frustrada. Y ello a su vez da alas reforzadas a los planteamientos de la derecha, que arremete con más fuerza en contra de los "populismos" y sus "viajes a ninguna parte". Desgraciadamente, la mediocridad y cobardía de nuestros dirigentes políticos es hoy día un hecho generalizado.

 

Porque lo que hace verdaderamente a un líder político, incluso más que sus ideas, más que la forma de transmitirlas, es la valentía para defenderlas y llevarlas a cabo incluso en los entornos y condiciones más hostiles. ¿A qué temía Alexis Tsipras para no ser consecuente con el mandato popular refrendado en las urnas? ¿Al aislamiento político? ¿A la quiebra de sus instituciones? Si Fidel Castro hubiera temido al aislamiento político nunca hubiera existido la Revolución Cubana, o la Revolución Bolivariana, si Hugo Chávez le hubiera temido al imperialismo norteamericano. Si a estos líderes, entre otros muchos, les hubieran "temblado las piernas", hoy día no tendríamos a estos países como referentes mundiales de la lucha contra el capitalismo, de la clara referencia de que otro mundo es posible. Ambas revoluciones siguen en marcha, la cubana con más de medio siglo de vigencia, porque han sido conducidas por auténticos líderes. Por líderes valientes, capaces de superar todas las amenazas, y de enfrentarse con todas las consecuencias a los chantajes que el gigante norteamericano y el resto de aliados mundiales les practicaba. Luego por tanto, no es sólo cuestión de ideas, sino de actitudes. Necesitamos ser más radicales, llamar a las cosas por su nombre, dar un golpe encima de la mesa, levantar la voz con plena autoridad, no dejarnos amedrentar ante las amenazas, y hacer valer nuestros principios y nuestros derechos, como seres humanos y como pueblos.

 

El colonialismo salvaje implementado por la Troika ya ha comenzado, mediante la privatización de 14 aeropuertos griegos, y continuará implacablemente su camino si una nueva opción política no lo impide. De hecho, las medidas de control del país contempladas en el rescate llegan a los más íntimos detalles, tales como el ratio de alumnos por clase, o la cantidad de medicamentos genéricos que se pueden adquirir en las farmacias. Lo cierto es que el periplo de Tsipras al frente del Gobierno griego ha sido todo un despropósito. Como tantas veces habíamos advertido, el ingenuo europeísmo del que ha hecho gala una parte importante de Siryza se ha caído por su propio peso. La reciente dimisión, aunque legítima, está totalmente fuera de lugar, pues, de producirse, se tendría que haber formalizado mucho antes, dada su palmaria incapacidad para llevar a cabo las políticas que no sólo había propuesto al pueblo griego, sino que además éste le había ratificado en referéndum unos pocos días antes de firmar el más cruel y nefasto "rescate" que hasta ahora ningún país ha negociado con la Troika. La dimisión tendría que haberse formalizado en cuanto Tsipras se dio cuenta de que su cobaría iba a impedir una salida digna para su pueblo, en vez de plasmar el más abyecto plan de control del país, mucho más agresivo incluso que los anteriores, cuando estaban en el poder Nueva Democracia y el PASOK, los homólogos a nuestros PP y PSOE en España. 

 

Así las cosas, la única esperanza que nos queda a la izquierda transformadora europea es que la escisión como partido independiente del ala más radical de Syriza (Unidad Popular) obtenga un respaldo mayoritario en las próximas elecciones, y su líder (ahora está al frente el ex Ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis) sea de verdad un político íntegro y valiente, capaz de enfrentarse a los buitres de la Comisión Europea, del Consejo Europeo, del Eurogrupo, del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional. Y como dichas Instituciones no van a dar su brazo a torcer, y tal como llevamos mucho tiempo afirmando, la única salida digna y esperanzadora para el pueblo griego es la que implica la suspensión inmediata del pago de la deuda (disponen además de los Informes de Auditoría realizados por el Comité sobre la Verdad de la Deuda Griega, coordinado por el eminente Eric Toussaint), la anulación de los rescates y memorándums de entendimiento (jamás un eufemismo fue tan perverso), y la salida de Grecia del Euro, incluso de la propia Unión Europea. De todos modos, y retomando las palabras de Yanis Varoufakis: "La Eurozona es un lugar muy inhóspito para la gente decente". Si esto llega a producirse, constituirá de nuevo un rayo de esperanza para el resto de los pueblos de Europa que sufrimos con impotencia la dictadura de la austeridad. Lo estamos esperando como agua de mayo.

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20 agosto 2015 4 20 /08 /agosto /2015 23:00

Un toro es un mamífero, se parece bastante a nosotros. Claro que sufre, su estructura neurológica está muy desarrollada. Una herida es un trauma para ellos, y un proceso de acoso continuado les causa un estrés enorme

Alberto Ferrús, neurocientífico del CSIC

Llega el verano, y como cada año por estas fechas, tenemos que soportar, amparados en las "tradiciones populares", toda la pléyade de festejos donde una parte de nuestra sociedad hace gala y alarde del salvajismo más completo. Más concretamente, la Fundación FAADA estima que se celebran en España unas 16.000 fiestas populares donde se utilizan animales como objeto de diversión, ocio, espectáculo, entretenimiento, y en un gran porcentaje de ellas, maltrato, sufrimiento y muerte incluidos. Parece que no nos basta con arrojarnos tomates como en Buñol, o hacer un maratón de horas de soportar el redoble de tambores, como en Calanda, actividades ya de por sí demostrativas de la simpleza de nuestros festejos, sino que, además, hemos de mezclar en ellas a inocentes animales, que no tienen la capacidad de opinar o votar sobre su presencia en nuestras abominables, crueles y vandálicas fiestas populares. Resulta curioso comprobar cómo en una sociedad que parece haber avanzado tanto en su faceta científica y tecnológica, aún se muestren tan claros vestigios de sus atávicos y ancestrales rituales.

 

Tomo información a continuación de esta página de la Fundación FAADA, que nos presenta el terrible catálogo de algunos festejos populares. Quizá el ejemplo más conocido y paradigmático son las Fiestas de San Fermín, en Pamplona (Navarra), que cada 7 de julio y durante una semana, organiza diariamente los denominados "encierros", donde los mozos corren por las principales calles del centro de la ciudad acompañando a la manada que se dirige a la plaza. Pero tenemos también el Toro de la Vega, celebrado en la localidad de Tordesillas (Valladolid) el segundo martes de septiembre, festejo que consiste en soltar un toro, el cual es acosado por cientos de personas persiguiéndolo desde el pueblo al campo, a pie o a caballo, arrojándole largas lanzas acabadas en afiladas hojas de 33 cm. de longitud, que se clavan en su cuerpo, y en ocasiones lo atraviesan. La tortura puede llegar a durar una hora, hasta que el animal, exhausto y agotado, destrozado y desangrado por las heridas, se derrumba, momento en el que se le remata apuñalándolo en la nuca y se le cortan los testículos y el rabo (a veces cuando todavía no ha muerto) para exhibirlos como trofeo público, clavados en la lanza del orgulloso matarife. Como vemos, un espectáculo bastante edificante. Este año, ni siquiera la presión de la celebración gratuita de un concierto con multitud de artistas consagrados ha conseguido que el pueblo y su corporación municipal se planteen la erradicación del "popular y tradicional festejo".

 

También tenemos el "Toro embolado" o Toro de fuego, festejo donde se le prenden fuego a unas antorchas o bolas colocadas en los cuernos de los astados, y untadas con alquitrán, para a continuación soltarlos en una plaza o calle pública. Esta "tradición" se lleva a cabo en lugares como Medinaceli (Soria), Vejer de la Frontera (Cádiz), o distintas localidades de Tarragona (como Amposta) o Valencia (como Ontinyent). Durante el festejo, es frecuente que al toro se le quemen los ojos con las chispas que sueltan las antorchas. Para poder colocarles esta máquina de tortura, se inmoviliza previamente al animal, atándolo por los cuernos, tirándole del rabo y sujetándolo de las patas bruscamente. El animal, como es lógico, va dando cabezazos en frustrados intentos de liberarse de las bolas de fuego, de las cuales caen chorros de líquido incandescente y brasas, que le van salpicando en los morros y los ojos, y que van quemando su cuerpo...¿acaso tiene este espectáculo algo que desmerecer a las hogueras de la Inquisición del siglo XV? ¿Puede justificarse semejante espectáculo argumentando que su práctica está "regulada"? ¿Es que acaso puede regularse el salvajismo?

 

Pero la variante más cruel de estos espectáculos se celebra en Medinaceli (Soria), ya que se les colocan a los toros unas sobre-astas (clavadas a golpes), tan violentamente que a menudo le provocan a los astados hemorragias por su boca y su nariz. También se llevan a cabo en Aragón (especialmente en Zaragoza y Teruel) y en la Comunidad Valenciana, donde sufren este martirio unos 1.200 toros y vacas al cabo del año. Otra variante de bonita "tradición popular" es el "Toro ensogado" o toro emmaromado, que consiste en atar a los toros por sus cuernos con una cuerda, y arrastrarlos por las calles hasta una plaza, o provocarles que caigan al mar. Suelen celebrarse en Benavente (Zamora), y en diversas localidades de Tarragona y de Cáceres, donde además suele terminarse matando al animal a machetazos. Debido a la continua resistencia del toro a la soga, las cepas del cuerno sufren graves traumatismos, y los músculos del cuello sufren profundos desgarros, ante la atenta mirada del gentío, que contempla el espectáculo entre gritos de júbilo. Incluso existen bárbaros e ignorantes que siguen afirmando que los toros no sufren con estas prácticas. 

 

El "Toro de Coria" es otra variante de bella "tradición popular" con astados, que consiste en que cada año, por las Fiestas de San Juan, en la localidad de Coria (Cáceres), se hace correr al toro de una manera particularmente cruel por el recinto del casco histórico amurallado de la ciudad, hasta que el animal es encerrado en un coso. Durante su carrera, decenas de personas lanzan dardos al toro, mediante soplillos o cerbatanas, durante horas. Los dardos punzantes, decorados con papel, se clavan por todo el cuerpo del animal, incluido los morros y los ojos. Al entrar en la plaza, el sufrimiento del toro se agrava aún más, ya que le esperan otros mozos que continúan con el mismo ritual, hasta que al cabo de unas dos horas, cuando el animal agonizante ya no resiste más, se acaba con él a tiros de escopeta y se le cortan los testículos. A todo ello hemos de sumar los innumerables sitios de España donde en la época estival se celebran capeas, becerradas (como la de Algemesí), encierros, los "Bous a la Mar" en Denia (Alicante), etc. Pero no sólo de toros vive el festejo popular español, sino que también son objeto de sufrimiento otros animales, tales como patos (los "patos al agua" de Sagunto en Valencia), cerdos (los "cerdos engrasados" de Humilladero en Málaga), gallos (sus combates están autorizados en las Islas Canarias), carneros (cuyas peleas se celebran en Guipúzcoa y Vizcaya), caballos (en Castellón se les hace pasar sobre el fuego de varias hogueras), etc. Afortunadamente, algunas otras "tradiciones" se han extinguido, como en Zamora, donde hace años que se dejó de tirar la cabra del campanario. 

 

Como argumenta Carmen Morán en su artículo "¿Por qué seguimos siendo tan salvajes?": "El maltrato no distingue animales. Cuando acaba la celebración, hay gallos decapitados, gansos descoyuntados, plumas, cuernos, sangre, fuego, vísceras, cerdos, cabras y burros estresados; todos ellos han contribuido a perpetuar antiguos mitos asociados a la fertilidad y a la hombría, pero en España triunfan los bovinos, da igual que sean torazos de 500 kilos que malhadadas vaquillas que se desangran entre bomberos toreros". Y por su parte, Julio Ortega Fraile, Coordinador de la Plataforma "Manos Rojas", afirma: "En un país que oscila entre los noventa días de pena por atar a un perro en la playa y esperar a que se ahogue con la subida de la marea (...) y los treinta mil euros de salario (subvencionado) por torturar y matar a seis toros en una tarde, trofeos municipales por lancear hasta la muerte a uno en Tordesillas o comprar pichones para soltarlos y acabar con su vida en dos segundos reventándolos de un disparo, o en varios días dejando que se desangren con sus alas rotas, el activismo por los derechos de los animales adquiere el carácter de necesidad urgente". 

 

Y así, el espectáculo tradicional está servido, con toda la parafernalia que lo rodea, ya que, típicamente en honor de la Virgen y de los Santos patronos, y con la correspondiente bendición de las Instituciones civiles y religiosas (que no sólo no ponen el grito en el cielo, sino que además instan a su preparación y celebración cada año, argumentando que están "perfectamente reguladas", que los animales no sufren, y que las tradiciones hay que respetarlas), pueblos enteros, niños incluidos (para que no se pierdan las "tradiciones" en las nuevas generaciones), participan en un cúmulo de fiestas populares de crueldad gratuita hacia los animales, toros en su mayoría, pero muchos otros. Se calcula que en torno a unos 60.000 animales son así maltratados cada año, legitimando como "tradición popular" lo que no es más que una manifestación de nuestra vena más salvaje. Porque si fuéramos a cualquier localidad extranjera de viaje, y nos encontráramos con que, por ejemplo, cada 15 de Agosto la tradición popular consiste en sacar aleatoriamente a un preso de su cárcel, y cortarle la cabeza en la plaza pública, ¿rechazaríamos dicho festejo? ¿O pensaríamos que hay que respetarlo en aras de dicha "tradición popular"? Luego por tanto, ¿es que tienen justificación alguna el acoso y las vejaciones de que son víctimas los animales para la diversión de unos pocos ignorantes?

 

Es hora de que pongamos por tanto las cosas en su sitio. Las tradiciones populares se enmarcan en un todo más amplio que se refiere al Folklore, que fue estudiado y definido en primer lugar por Antonio Machado y Álvarez (padre de los geniales poetas Antonio y Manuel Machado), que utilizaba en sus obras el pseudónimo de "Demófilo". Machado y Álvarez fue quizá uno de los intelectuales de su época más importantes, y como decimos, pionero en los estudios que sobre Folklore se han realizado en nuestro país, y en el extranjero. Pues bien, el Folklore (aunque se asocia únicamente a la música popular) recoge en realidad el conjunto de todo nuestro patrimonio cultural, entrando en él el resto de manifestaciones populares tales como los cuentos, las leyendas, las adivinanzas, las costumbres, las canciones, las tradiciones, el atuendo, el vocabulario, la música, las fiestas populares, etc. Es decir, el Folklore representa cualquier manifestación cultural que a lo largo de la historia se asocia al pueblo. Las tradiciones evidentemente juegan un importante papel dentro del Folklore, pero hemos de entender que dichas tradiciones están insertas en un determinado contexto histórico, donde los valores culturales, la moral, las creencias, los conocimientos y la cultura popular se expresan en un determinado momento. Evidentemente, el tiempo provoca que dicho conjunto de valores vayan evolucionando, y lo que hace algún tiempo podría considerarse como lógico, válido o normal, pueda no serlo así en épocas anteriores o posteriores. Podríamos poner miles de ejemplos al respecto: en la época de los Reyes Católicos, era costumbre cortar las manos a las personas a las cuales se había pillado robando flagrantemente, sin embargo esto nos parecería hoy día claramente una aberración. 

 

Este es el punto de vista desde el cual debemos explicar que existieran tradiciones populares de hace algunos siglos, donde (desde la perspectiva de que no se poseía la conciencia sobre el maltrato y el sufrimiento animal) se practicara la tortura, el sufrimiento y la muerte de los animales para divertimento del vulgo. Pero hoy día esto debe resultarnos a todas luces un comportamiento aberrante, y las autoridades deben ser las primeras que velen para que dichas "tradiciones" sean progresivamente desterradas de nuestro Folklore popular. Por tanto, ¿hasta cuándo habremos de soportar tanto comportamiento aberrante y tanta barbarie amparada en la "tradición popular"? ¿Cuándo comprenderemos que la tortura no puede ser cultura, sino puro salvajismo? ¿Cuándo seremos capaces de comportarnos como seres civilizados en toda la dimensión del término, eliminando de nuestros festejos todo lo que implique maltrato, sufrimiento y muerte de animales? ¿Cuándo serán nuestros políticos lo suficientemente valientes y humanos como para acabar con estos atávicos y bárbaros rituales? Esto no quiere decir que tengamos que renunciar a nuestras costumbres ni a nuestras tradiciones, pero anteponiendo siempre a su celebración el sentido común y la sensibilidad que, como humanos, se espera de nosotros.

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19 agosto 2015 3 19 /08 /agosto /2015 23:00

Hay una respuesta que tanto Obama como Bush, así como la clase político-empresarial y amplios sectores de la sociedad estadounidense, se niegan a reconocer: la superpotencia es un Estado estructuralmente violento, donde el uso de la fuerza como mecanismo de resolución de diferencias es puesto de ejemplo para todos los ciudadanos. Ningún país en la historia humana ha sido responsable de tantas agresiones, directas o indirectas, contra otras naciones: invasiones militares, bombardeos, ocupaciones, patrocinio de actos terroristas, sabotajes, bloqueos, desestabilizaciones, asesinatos selectivos y secuestros extrajudiciales forman parte de los métodos con que Estados Unidos ha impuesto sus intereses en decenas de naciones de África, Asia, Europa y América, incluido México en varias ocasiones

Fragmento de la Editorial de "La Jornada", 19/6/2015

Y continuando con el EI (Estado Islámico), es evidente la persistencia de la Casa Blanca, sea quien sea su inquilino, en difundir una visión histórica distorsionada y falaz de los fenómenos del mundo islámico en general, y del surgimiento de esta peligrosa facción en particular. Y por supuesto, como ya hemos indicado, Washington pretende ignorar ante el resto del mundo sus propias responsabilidades, tanto directas como indirectas, en la gestación del EI, Al Qaeda, y otras expresiones del integrismo violento. Porque precisamente han sido las innumerables aventuras bélicas iniciadas en Siria, Irak y otros países por los antecesores de Obama las que han sembrado los múltiples factores desencadenantes del sentimiento antiestadounidense y antioccidental en general en aquélla región, al tiempo que han destruido elementos políticos y sociales de estabilidad y contención a la proliferación de grupos integristas. Intervenciones que han derivado siempre, como era de esperar, en la fragmentación política y el descontrol de los respectivos territorios, creando precedentes y un peligroso caldo de cultivo para la proliferación de dichos grupos. 

 

Según el diario mexicano "La Jornada": "...se suman además los indicios de que Estados Unidos influyó deliberadamente en el surgimiento y fortalecimiento del EI mediante el apoyo militar brindado a los grupos rebeldes armados en Siria". Porque el hecho histórico documentado es que todas las incursiones bélicas estadounidenses en la región, sean terrestres, aéreas o navales, han dejado, además de secuelas de incalculable devastación humana y material, nuevos y cada vez más virulentos rencores históricos que tarde o temprano se concretan en la presencia de grupos cada vez más hostiles y violentos. Más claro aún lo afirma el gran pensador norteamericano Noam Chomsky, para quien "Estados Unidos es el creador del Estado Islámico", relacionándola con la intervención de su país en Irak. Chomsky se alinea en ese sentido con la tesis de Graham Fuller, escritor y ex agente de la CIA, que acusó a Estados Unidos de ser uno de los "creadores clave" del grupo terrorista, como resultado de la guerra contra Irak emprendida en 2003. Dichas intervenciones inflamaron los conflictos sectarios, que proyectados al presente, son los que están destrozando a Irak en pedazos, y que se han extendido por toda la región con terribles consecuencias. 

 

Resulta tremendamente ilustrativo examinar el lenguaje de los mandatarios estadounidenses en los discursos de presentación de sus "Santas Cruzadas", esta última para acabar con el Estado Islámico. Por ejemplo, en este artículo de Manlio Dinucci para Red Voltaire se analiza parte del discurso de Obama al presentar a la comunidad internacional su coalición para luchar contra el ISIS, hace casi un año (septiembre de 2014). Rescatamos a continuación algunos pasajes: "América está bendita", explicó Obama, "porque asume las tareas más difíciles, empezando por la responsabilidad de ejercer el liderazgo. En un mundo incierto como nuestro mundo actual, el liderazgo estadounidense es la única constante. En efecto, es América la que tiene la capacidad y la voluntad de movilizar al mundo contra los terroristas, es América la que ha reunido al mundo contra la agresión rusa, es América la que puede contener y eliminar la epidemia de ébola". Y más tarde advierte de que "se necesitará tiempo para erradicar un cáncer como éste". Y remata: "A pesar de todo lo que Estados Unidos ha hecho hasta ahora para combatir el terrorismo, continuamos enfrentando una amenaza terrorista, porque no podemos borrar del mundo todo rastro del Mal". Como puede verse, la misma decadente retórica de sus predecesores.

 

Pero lo cierto es que detrás de esta retórica digna del más cursi predicador, los hechos cantan por sí solos, y las conclusiones saltan a la vista para cualquier observador mínimamente inteligente. Retrocedamos un poco. Los primeros focos del futuro Estado Islámico se formaron cuando, para derrocar a Gadafi en Libia (2011), la OTAN (bajo la dirección de USA) financió y armó a grupos yihadistas que hasta hacía poco tiempo eran considerados terroristas. Después de haber ayudado a derrocar a Gadafi, esos yihadistas se trasladan a Siria para derrocar al Presidente Al Assad. Y es en ese país, Siria, donde nace en 2013 el Califato Islámico, al que se le facilita el paso a través de Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Turquía y Jordania, que también le suministran armas y contribuyen a su financiación, en el marco de un amplio programa coordinado por la CIA. Podemos concluir y afirmar que el verdadero objetivo que ha emprendido Obama es la destrucción de Siria y la reocupación de Irak. Y tenemos también la otra dimensión de la jugada, consistente en que al implicar a sus aliados europeos en un nuevo frente bélico en Oriente Medio, y al mismo tiempo en el frente oriental contra Rusia, USA refuerza su propia influencia sobre la Unión Europea, actor que goza de la complicidad de Estados Unidos sólo si se mantiene bajo el liderazgo norteamericano, como así lleva ocurriendo desde siempre. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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Published by Rafael Silva - en Política
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