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19 agosto 2015 3 19 /08 /agosto /2015 23:00

Hay una respuesta que tanto Obama como Bush, así como la clase político-empresarial y amplios sectores de la sociedad estadounidense, se niegan a reconocer: la superpotencia es un Estado estructuralmente violento, donde el uso de la fuerza como mecanismo de resolución de diferencias es puesto de ejemplo para todos los ciudadanos. Ningún país en la historia humana ha sido responsable de tantas agresiones, directas o indirectas, contra otras naciones: invasiones militares, bombardeos, ocupaciones, patrocinio de actos terroristas, sabotajes, bloqueos, desestabilizaciones, asesinatos selectivos y secuestros extrajudiciales forman parte de los métodos con que Estados Unidos ha impuesto sus intereses en decenas de naciones de África, Asia, Europa y América, incluido México en varias ocasiones

Fragmento de la Editorial de "La Jornada", 19/6/2015

Y continuando con el EI (Estado Islámico), es evidente la persistencia de la Casa Blanca, sea quien sea su inquilino, en difundir una visión histórica distorsionada y falaz de los fenómenos del mundo islámico en general, y del surgimiento de esta peligrosa facción en particular. Y por supuesto, como ya hemos indicado, Washington pretende ignorar ante el resto del mundo sus propias responsabilidades, tanto directas como indirectas, en la gestación del EI, Al Qaeda, y otras expresiones del integrismo violento. Porque precisamente han sido las innumerables aventuras bélicas iniciadas en Siria, Irak y otros países por los antecesores de Obama las que han sembrado los múltiples factores desencadenantes del sentimiento antiestadounidense y antioccidental en general en aquélla región, al tiempo que han destruido elementos políticos y sociales de estabilidad y contención a la proliferación de grupos integristas. Intervenciones que han derivado siempre, como era de esperar, en la fragmentación política y el descontrol de los respectivos territorios, creando precedentes y un peligroso caldo de cultivo para la proliferación de dichos grupos. 

 

Según el diario mexicano "La Jornada": "...se suman además los indicios de que Estados Unidos influyó deliberadamente en el surgimiento y fortalecimiento del EI mediante el apoyo militar brindado a los grupos rebeldes armados en Siria". Porque el hecho histórico documentado es que todas las incursiones bélicas estadounidenses en la región, sean terrestres, aéreas o navales, han dejado, además de secuelas de incalculable devastación humana y material, nuevos y cada vez más virulentos rencores históricos que tarde o temprano se concretan en la presencia de grupos cada vez más hostiles y violentos. Más claro aún lo afirma el gran pensador norteamericano Noam Chomsky, para quien "Estados Unidos es el creador del Estado Islámico", relacionándola con la intervención de su país en Irak. Chomsky se alinea en ese sentido con la tesis de Graham Fuller, escritor y ex agente de la CIA, que acusó a Estados Unidos de ser uno de los "creadores clave" del grupo terrorista, como resultado de la guerra contra Irak emprendida en 2003. Dichas intervenciones inflamaron los conflictos sectarios, que proyectados al presente, son los que están destrozando a Irak en pedazos, y que se han extendido por toda la región con terribles consecuencias. 

 

Resulta tremendamente ilustrativo examinar el lenguaje de los mandatarios estadounidenses en los discursos de presentación de sus "Santas Cruzadas", esta última para acabar con el Estado Islámico. Por ejemplo, en este artículo de Manlio Dinucci para Red Voltaire se analiza parte del discurso de Obama al presentar a la comunidad internacional su coalición para luchar contra el ISIS, hace casi un año (septiembre de 2014). Rescatamos a continuación algunos pasajes: "América está bendita", explicó Obama, "porque asume las tareas más difíciles, empezando por la responsabilidad de ejercer el liderazgo. En un mundo incierto como nuestro mundo actual, el liderazgo estadounidense es la única constante. En efecto, es América la que tiene la capacidad y la voluntad de movilizar al mundo contra los terroristas, es América la que ha reunido al mundo contra la agresión rusa, es América la que puede contener y eliminar la epidemia de ébola". Y más tarde advierte de que "se necesitará tiempo para erradicar un cáncer como éste". Y remata: "A pesar de todo lo que Estados Unidos ha hecho hasta ahora para combatir el terrorismo, continuamos enfrentando una amenaza terrorista, porque no podemos borrar del mundo todo rastro del Mal". Como puede verse, la misma decadente retórica de sus predecesores.

 

Pero lo cierto es que detrás de esta retórica digna del más cursi predicador, los hechos cantan por sí solos, y las conclusiones saltan a la vista para cualquier observador mínimamente inteligente. Retrocedamos un poco. Los primeros focos del futuro Estado Islámico se formaron cuando, para derrocar a Gadafi en Libia (2011), la OTAN (bajo la dirección de USA) financió y armó a grupos yihadistas que hasta hacía poco tiempo eran considerados terroristas. Después de haber ayudado a derrocar a Gadafi, esos yihadistas se trasladan a Siria para derrocar al Presidente Al Assad. Y es en ese país, Siria, donde nace en 2013 el Califato Islámico, al que se le facilita el paso a través de Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Turquía y Jordania, que también le suministran armas y contribuyen a su financiación, en el marco de un amplio programa coordinado por la CIA. Podemos concluir y afirmar que el verdadero objetivo que ha emprendido Obama es la destrucción de Siria y la reocupación de Irak. Y tenemos también la otra dimensión de la jugada, consistente en que al implicar a sus aliados europeos en un nuevo frente bélico en Oriente Medio, y al mismo tiempo en el frente oriental contra Rusia, USA refuerza su propia influencia sobre la Unión Europea, actor que goza de la complicidad de Estados Unidos sólo si se mantiene bajo el liderazgo norteamericano, como así lleva ocurriendo desde siempre. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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18 agosto 2015 2 18 /08 /agosto /2015 23:00

Conviene ir ya, en esta recta final de esta serie de artículos, concretando y resumiendo las principales rupturas que una nueva Constitución Republicana debería plasmar, con respecto a la actual Constitución Monárquica, donde se recojan los cambios fundamentales del sistema al cual queremos migrar. Evidentemente, habría que comenzar por la misma Institución de la Corona, la principal afectada. Actualmente, el único cambio constitucional que la clase dominante prevé realizar al respecto, es la inclusión de cláusulas que garanticen la igualdad entre el hombre y la mujer en el terreno sucesorio. Desde la izquierda transformadora, evidentemente, no nos importa en absoluta dicha ridícula e intrascendente modificación, porque lo que queremos es abolir el régimen monárquico surgido de la Transición.

 

Pero como hemos ido desgranando durante toda esta serie de artículos, aparte de los artículos específicos sobre la Corona, la Constitución de 1978 recogió el espíritu de la letra de los principios establecidos en el informe de 1975 sobre la "democracia" elaborado por la Comisión Trilateral: un sistema electoral proporcional (artículo 68), para poder limitar el acceso al Gobierno por la vía electoral-parlamentaria de grupos políticos indeseables; descentralización de la Administración Pública, pero sin dar poder político real a las Comunidades Autónomas (Capítulo III del Título VIII), cosa que convierte a los parlamentos regionales en órganos más técnicos y menos políticos; supresión de las leyes que prohibían la financiación de los partidos por parte de las grandes empresas, que se sumaría a la financiación con fondos públicos; exaltación de los mitos de la "libertad de empresa" y de la "economía de mercado", elevándolos a rango constitucional (artículo 38, que proclama directamente nuestra adhesión al capitalismo), etc. Pero lo más importante era establecer que la forma política del Estado Español sería la Monarquía Parlamentaria (artículo 2), en un orden político que sería protegido por el Ejército (artículo 8), cuyo mando supremo correspondería al Rey (artículo 62). Esta es la rápida radiografía del país que surge de la Transición, por lo cual siempre hemos sostenido que no se había practicado una auténtica remoción de sus principales puntales, provenientes del franquismo.

 

Somos conscientes de que para proclamar todos estos cambios el apoyo social debe ser inmenso, y que todo ello debe guiarse desde un nuevo Proceso Constituyente que revise todos los aspectos que deben cambiarse. Las resistencias son profundas, tanto a nivel nacional como internacional, debido a la existencia de una globalización capitalista potente, de un sistema político estatal bien consolidado y protegido, aún defendido por muchas personas, y de numerosos y grandes intereses que defender, así como de privilegios que salvaguardar. A vuelapluma, los puntos más significativos que la nueva Constitución de la Tercera República debería recoger serían los siguientes, siguiendo de nuevo a Francisco Badarán, en su texto "La democracia en España: engaño y utopía":

 

1.- Proclamar, tras el oportuno referéndum vinculante, y si es que así es elegido, que el Estado Español se declara como una República laica, democrática y social, cambiando todo lo relativo a la Corona y al Rey, y sustituirlo por artículos referentes a las funciones del Presidente de la República y a su forma de elección. 

 

2.- Eliminar en la nueva Constitución el lema franquista de España como unidad indivisible, "patria común de todos los españoles", reconociendo en cambio la unidad plurinacional del Estado Federal Español, así como el derecho de autodeterminación de todos sus pueblos. Reconocer, asímismo, a la propia naturaleza como sujeto de derechos, proclamando el debido respeto que se debe al medio ambiente, al resto de especies que nos rodean, a la protección de los recursos naturales del planeta,y a la consecución de unos niveles de sostenibilidad social y medioambiental. 

 

3.- Eliminar en la nueva Constitución todo lo referente a las funciones actuales de las Fuerzas Armadas, y otorgarles las nuevas funciones que hemos expuesto en artículos anteriores de esta serie. Asímismo, renunciar expresamente a la guerra como medio para resolver cualquier tipo de conflicto. 

 

4.- Eliminar cualquier referencia a las posibles confesiones religiosas estatales, declarando expresamente la absoluta laicidad del Estado, y la prohibición de cualquier manifestación, presencia o simbología religiosa en cualquier acto público o institucional. 

 

5.- Deben evitarse y cuidarse, en la redacción de la nueva Constitución Republicana (salvo en los casos estrictamente necesarios), las posibles referencias a otras leyes cuyo efecto práctico sea la limitación y desnaturalización de los derechos proclamados en los correspondientes artículos. Nuestra actual Constitución peca en demasía de este defecto, que se traslada en que aún proclamando una serie de garantías y derechos constitucionales, en la práctica éstos se vuelven inviables. Debe asímismo proclamarse que los derechos básicos y fundamentales se garantizan absolutamente, sin limitaciones ni jerarquías de clases, declarando para ellos un blindaje, para que el conjunto de la ciudadanía pueda reclamarlos, en su caso, ante cualquier tribunal. 

 

6.- La nueva Constitución Republicana debe declarar expresamente (aunque después lo redireccione a la posterior Ley Electoral que se promulgara) el derecho al voto libre, igual, directo y secreto, y asegurar que la representación surgida de cualquier proceso electoral deberá ser estrictamente proporcional, de forma que el voto tenga la misma validez para todos los ciudadanos, independientemente del lugar donde figure el censo electoral.

 

7.- La nueva Constitución Republicana debe proclamar que la enseñanza será pública, universal, gratuita y laica, así como eliminar el reconocimiento explícito a la "libertad de enseñanza" (ya que es un eufemismo por el que se nos cuela por la puerta de atrás la educación privada, concertada, religiosa y todas sus variantes, y porque además este derecho queda ya implícitamente reconocido en los derechos de asociación, reunión y libertad de expresión). Asímismo, hay que eliminar la posibilidad de que los poderes públicos ayuden a centros docentes privados que reúnan ciertos requisitos. 

 

8.- Por supuesto, hay que eliminar en la nueva Constitución Republicana la obligación de conseguir una estabilidad presupuestaria, nuevo eufemismo bajo el que se esconde la obligación para los poderes públicos de atender al pago de la deuda, antes que a cualquier otro gasto social. Se eliminarán asímismo las referencias al déficit público, y se prohibirán las actividades comerciales privadas basadas en la especulación y la usura, blindando además los derechos fundamentales de la ciudadanía, para que ninguno de ellos pueda ser objeto de mercantilización. 

 

9.- Modificar en la nueva Constitución Republicana todo el articulado referente a la Institución del Senado, para que se convierta realmente en una Cámara de representación territorial, que armonice la legislación y el funcionamiento de las distintas Comunidades Autónomas (o Estados Federados) entre sí, y con el Gobierno Central (o Federal). El Senado no puede continuar siendo el despropósito que es actualmente, como una Cámara a la cual se destinan todos los elefantes políticos que ya han dejado de ser útiles a sus respectivos partidos o coaliciones, a modo de tranquilo retiro espiritual. 

 

10.- Deberán ser explícitamente recogidos en la nueva Constitución Republicana todo el conjunto de servicios públicos (universales y gratuitos) que el Estado reconoce al conjunto de la ciudadanía (sanidad, educación, dependencia, servicios sociales, vivienda, trabajo, renta básica, justicia, etc.), reservando a ulteriores leyes el funcionamiento de cada uno de ellos, así como su financiación y los agentes que lo garanticen, tanto a nivel Central como Autonómico. Cada uno de ellos se asociará con la garantía de un derecho fundamental reconocido, y se ligará a una Agencia Pública que lo gestione. Ninguno de ellos podrá ser objeto de mercantilización por ningún agente ni empresa privados.

 

11.- La nueva Constitución Republicana debe declarar la absoluta propiedad pública (común y colectiva) de los grandes sectores productivos estratégicos de la economía (energía, transportes, banca, alimentación, agua, construcción, industria, distribución, telecomunicaciones, farmacia, etc.), enlazando a ulteriores leyes que garanticen el perfecto desarrollo de sus procesos de nacionalización, y las posibles indemnizaciones que pudieran corresponder. También deben prohibirse los grandes latifundios, mediante una profunda reforma agraria. Debe acabarse, en una palabra, con el poder y privilegios de los grandes empresarios, de las grandes fortunas y de la aristocracia. Sólo de esta forma se garantizará la instauración de una verdadera democracia económica, que podrá garantizar que el resto de las facetas de la democracia se ejecutan con absoluta garantía. 

 

12.- La nueva Constitución Republicana debe impedir la existencia de los monopolios u oligopolios privados que se dedican a ciertas actividades cruciales en una sociedad democrática, como la información. El derecho a la información veraz y objetiva también es un derecho fundamental, y en ese sentido, la Tercera República, desarrollándolo en ulteriores leyes, debe garantizar un reparto proporcional de las cuotas de emisión para todos los medios de comunicación, en todos los formatos (prensa, radio, TV, Internet, y en sus diversos ámbitos), garantizando un reparto proporcional y equitativo de las adjudicaciones de licencias, de tal forma que cada iniciativa (la pública, la privada y la colectiva) estén equilibradas al 33%. Sólo de esta forma se acabará con el inmenso poderío de los grandes gigantes privados de la comunicación, para que no puedan influir en la población según sus espúreos intereses. 

 

13.- La Constitución de la Tercera República deberá también recoger el expreso mandamiento de la estricta independencia de los poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), de tal forma que se remita a ulteriores leyes que determinen el funcionamiento democrático de Instituciones tan importantes como el Consejo General del Poder Judicial, el Ministerio Fiscal (Fiscalía General del Estado), el Parlamento, el Senado, el Ejecutivo (Gobierno), el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Defensor del Pueblo, etc., declarando en muchos de estos casos su elección mediante sufragio universal. 

 

Para el resto de los asuntos, nos remitimos a todo lo ya expuesto en artículos anteriores de esta serie, donde tratamos con detalle otros asuntos de la vida democrática que habría que eliminar, remodelar, adaptar o actualizar. Continuaremos en siguientes entregas.

 

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17 agosto 2015 1 17 /08 /agosto /2015 23:00

Necesitamos un modelo económico que ponga a las personas en primer lugar, un modelo justo con el clima, con los derechos de los trabajadores y que proteja a los consumidores. El TTIP no sólo rompe con todos estos valores, sino que dota además a las multinacionales de más armas para socavar los derechos laborales

Pia Eberhardt

Comenzamos en el artículo anterior de esta serie a comentar aspectos relativos a la propiedad intelectual y sus consecuencias con la posible entrada en vigor del TTIP, ya que estos mecanismos se trasladan en la práctica a gran cantidad de productos comerciales y culturales de consumo. Y ello a su vez tiene también mucho que ver con la información que las empresas guardan sobre nosotros, y el posible uso que puedan hacer con ella. Hay que partir de la base de que en Estados Unidos las grandes empresas pueden acceder sin límites a toda la información privada de sus clientes. Y de esta forma, empresas como Facebook, Google o Microsoft tienen la tecnología, la infraestructura y la capacidad legal para utilizar toda esa información como deseen. En Europa, lo más que ha llegado a pasar ha sido alguna denuncia aislada por uso indebido de dichos datos, lo cual se ha solucionado con la imposición de una ridícula multa por parte de los tribunales a alguna de dichas empresas. Porque en la UE, actualmente (es previsible que esto se modifique con el Tratado), aún quedan límites que protegen el espacio personal. 

 

Pero por supuesto, el TTIP (y sus variantes anteriores y actuales, como ACTA, TISA, TPP, etc.) buscan romper y anular dicha regulación europea, para armonizarla con la falta de límites existentes en la sociedad estadounidense. Y ello incluiría, por supuesto, la posibilidad de que los proveedores de Internet puedan proporcionar toda la información (incluido el historial de navegación) a los Gobiernos y a las grandes empresas transnacionales de la comunicación. En definitiva, con la excusa de querer proteger los derechos de propiedad intelectual de las grandes empresas (como siempre, y en todas las facetas, las grandes beneficiadas) se vulneran claramente los derechos personales e individuales de los ciudadanos. Pero el caso de la propiedad intelectual es especialmente importante por su transversalidad, ya que afecta no sólo a la práctica totalidad de los productos culturales, sino también al resto de productos de consumo de cualquier parcela. Por ejemplo, afectará también al campo de las medicinas, pues el reforzamiento de los derechos de PI incluirá también el fortalecimiento de las patentes registradas por productos de las empresas farmacéuticas. Un campo en el cual sabemos que la experimentación no va ligada a la curación de enfermedades, sino a la posible mercantilización que puedan hacer después de sus medicamentos. 

 

Esta política supondrá también un mayor coste para los presupuestos públicos en sanidad, un retraso en la incorporación de los genéricos y un mayor precio de los medicamentos para el conjunto de la ciudadanía. Hay que recordar a este respecto que cuando un medicamento con patente compite con un medicamento genérico se produce una disminución del precio de los medicamentos en cuestión, todo lo cual beneficia no sólo a los usuarios, sino también a la propia Administración Pública. Por tanto, si protegemos a la industria farmacéutica para que tenga más poder a la hora de crear y proteger patentes, esto redundará en las consecuencias contrarias. Y en cuanto al conjunto de los servicios públicos, el Tratado alcanza prácticamente a todos los sectores de la economía, por lo cual se verán afectados prácticamente todos. De nuevo hay que comparar ambos sistemas, el europeo y el estadounidense, y darse cuenta de que muchos de los sectores que son públicos en Europa, son fundamentalmente privados en Estados Unidos, y existe por tanto la amenaza real de que las grandes empresas estadounidenses vean Europa como el gran mercado para su expansión. Y al coincidir esto con las políticas mal llamadas de "austeridad" (políticas de empobrecimiento y desmantelamiento deberían ser llamadas) impuestas por la Troika, hay un riesgo más que evidente de que el deterioro de la calidad de los servicios públicos sea la perfecta excusa (de hecho ya lo está siendo) para una futura ola de privatizaciones (aún mayor que la actual) en numerosos sectores públicos. 

 

Todo ello redundará, como tantas veces hemos explicado, en una reducción del Estado, de lo público, de lo común y de lo colectivo, y sobre todo, de su capacidad de intervenir en la economía, que estará cada vez más desregulada, haciendo crecer las injusticias y las desigualdades sociales, y redistribuyendo la riqueza aún en menos manos. En el fondo, toda esta involución afecta a la propia democracia, ya que ésta, en su definición procedimental, implica la instauración de una serie de reglas que permitan a los ciudadanos la elección sobre posibles opciones. El TTIP, lisa y llanamente, anulará de forma absoluta esta posibilidad. Porque si se concede una mayor protección legal a las empresas que a los Estados y a sus ciudadanos, ¿les va a importar a las empresas lo que los ciudadanos piensen y decidan? Las decisiones ciudadanas dejarán de ser vinculantes, las asociaciones profesionales comenzarán a perder fuerza, los consumidores no tendrán mecanismos legales de protesta, o cuando los tengan, podrán ser directamente impugnados por los gigantes agentes económicos del nuevo orden intercontinental. Para colmo, el TTIP incluirá una especie de cláusula de protección de los inversores extranjeros (conocida como mecanismo ISDS, por sus siglas en inglés), que permitirá a las multinacionales demandar a los Estados cuyos gobiernos aprueben leyes que puedan afectar a sus beneficios económicos presentes o futuros. Todo una aberración que colocará definitivamente la ley del mercado por encima de la democracia.

 

Y así, el TTIP estará no sólo por encima de las leyes propias (internas) de los Estados, sino también por encima de sus propias Constituciones, actuando a modo de supraconstitución de rango y ámbito intercontinental. Un nuevo marco supranacional ante el que los Estados suscriptores del Tratado estarán impotentes, truncando su soberanía y limitando las posibilidades de que los Estados puedan intervenir en defensa de sus propios ciudadanos. Se instalarán una especie de "Tribunales Internacionales de Arbitraje", que por supuesto no estarán constituidos por jueces independientes, y que tendrán un rango de decisión más alto que los Tribunales nacionales de cada país. De esta forma, un Estado asociado al TTIP envuelto en cualquier conflicto de intereses con cualquier empresa de dicho ámbito (y sólo porque la empresa en cuestión crea que alguna norma o ley local le afecta negativamente en sus beneficios) podrá ser condenado por un tribunal internacional por haber vulnerado los intereses de cualquier empresa transnacional que lo denuncie. Pero además las grandes empresas podrán obviar los tribunales locales y demandar directamente a los Estados a través de dichos tribunales de arbitraje, algo que, por supuesto, está vedado a la propia ciudadanía. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 agosto 2015 7 16 /08 /agosto /2015 23:00

La propuesta de la RB, entente como forma de garantizar las condiciones materiales de existencia, aumentaría la libertad de la ciudadanía; haría los pobres y los desposeídos más independientes, más capaces para hacer sentir su voz; de resistir más articuladamente los procesos de desposesión que tienen lugar en todas partes en nombre de la globalización y de la supuesta lucha contra la crisis. Posibilitaría que no tuvieran que vivir con el permiso de otros

Daniel Raventós

Sobre la premisa que expusimos en el artículo anterior de esta serie, en relación a que no hay trabajo asalariado para la totalidad de las personas que lo buscan, se da también mucha dosis social de cinismo e hipocresía. Abordaremos algunos puntos de vista al respecto. En primer lugar, la clase dominante no admite esta posibilidad, empeñada en sus "reformas estructurales", que están diseñadas para ir transformando progresivamente el modelo social y laboral, de tal forma que las relaciones laborales se vuelvan cada vez más precarias. Nos vende continuamente que se va "creando empleo" y que, por tanto, se va por el buen camino, pero como hemos explicado en anteriores artículos, al capitalismo le interesa una gran base de personal inactivo, para disciplinar y tener controlada la capacidad de rebelión de la clase trabajadora. E instalados en esa hipocresía, tienen la desfachatez de argumentar que medidas como la RB "desincentivarían la búsqueda activa de empleo". Arguyen que la RB no obliga a la gente a espabilarse y a buscar trabajo, ya que, según  ellos, si se espabilaran encontrarían empleo todos aquéllos/as que lo buscaran. 

 

El cinismo llega a su cénit cuando ni siquiera reconocen como verdadera la cifra oficial de parados, ya que argumentan que no están parados de verdad, ya que el gran porcentaje de economía sumergida les proporciona algún tipo de colchón para sobrevivir. Pero lo que no dicen es que son los propios empresarios los primeros que se aprovechan de estas situaciones, presionando a los trabajadores/as para que lo hagan cada vez más en situaciones de clandestinidad y esclavismo. Si además el sistema reduce las prestaciones por desempleo, subsidios y ayudas varias, como viene haciendo el actual Gobierno del PP, ya tenemos el cóctel al completo para forzar la máquina, y obtener mano de obra barata y controlada. La guinda del pastel se completa con la sucia manipulación de las estadísticas laborales, ya que el paro también desaparece por inanición, por aburrimiento, por emigración, por éxodo laboral, o por cualquier otro motivo. Como vemos, el cinismo de la clase dominante no tiene límites. Es el mismo cinismo que nos pone como ejemplo a Ana Patricia Botín, y que se escandaliza de que también fuera a cobrar la RB, sin contarnos la otra parte de la verdad: Botín en su declaración de la renta ya declara cobrar implícitamente el equivalente a centenares de miles de rentas básicas cada año. Con la RB cobraría sólo una, y del mismo importe que la de cualquier otra persona adulta, pero pagaría impuestos para sufragar la RB a miles de ciudadanos más, que no cobran al año tanto como ella. Y esto es precisamente lo que no les gusta.

 

Hacemos en este punto un inciso para denunciar, una vez más, el cinismo de la clase dominante, que últimamente nos vende la "necesidad" de alargar progresivamente la edad "formal" de jubilación, cuando precisamente, las estadísticas nos dicen que la edad "real" para la misma, cada vez se acorta más. La explicación es sencilla y evidente: con la estafa de esta crisis que estamos padeciendo, y las medidas neoliberales llevadas a cabo por los sucesivos Gobiernos, las empresas se aprovechan de la situación, haciendo ERE's masivos, que llevan a la prejubilación a muchos de sus trabajadores veteranos (de ahí que la edad media "real" de jubilación esté bajando, consiguiendo por la vía empresarial justo lo contrario de lo que dicen querer conseguir por la vía gubernamental), con el añadido de que, en cuanto se recuperan del bache, vuelven a contratar personal, pero esta vez joven y precario. Estas son las falacias, mentiras, engaños y manipulaciones de la clase dominante. Fin del inciso. Volvemos a la RB.

 

Por tanto, la RB es no sólo una herramienta para acabar con la pobreza, sino que también es un arma estupenda para luchar con mayor eficacia contra las causas no económicas de la exclusión social, aspecto que el sistema capitalista olvida por completo. Porque hay que tener en cuenta, y así lo hemos resaltado en otros muchos artículos de este Blog, que la pobreza no conlleva únicamente la privación y carencia de medios para subsistir, sino la auténtica causa de la misma, así como sus otras consecuencias, esto es, la dependencia del arbitrio o de la codicia o ambición de otros, la falta de autoestima, el aislamiento social, y la estigmatización de quien la padece. Por eso nos parece tan sumamente importante la RB, y por eso es una medida tan demonizada desde las clases dominantes. La RB incluso tendría enormes ventajas para la gente que trabaja asalariadamente, y además con un puesto de calidad, estable y con buen sueldo, y que jamás quisieran abandonar. Incluso bajo estas idílicas situaciones es positiva una medida como la RB, porque permitiría subsistir con ella en aquéllos períodos (que casi todo el mundo necesita alguna vez en su vida) donde la gente quisiera tomarse un descanso, para por ejemplo dedicar algunos meses o años de su vida a formarse, a tomarse un respiro laboral, un alto en el camino, a establecer una familia (o cualquier otra forma de convivencia, que la RB no discrimina), a colaborar con organizaciones dedicadas a la solidaridad, a dedicarse a hobbies o aficiones aparcadas en el tiempo, o a emprender cualesquiera otros proyectos personales (los cuales podrían implicar incluso trabajar de forma no asalariada), y todas ellas dejarían de ser contempladas como situaciones preocupantes.

 

Y por supuesto, el gran objetivo a cubrir, en cuanto a la aportación de la RB hacia un modelo de sociedad más igualitario, y con mayor redistribución de la renta y de la riqueza, son evidentes. La transferencia de rentas hacia los sectores más desfavorecidos de la población nivelaría bastante los índices actuales de desigualdad, actualizando el Índice Gini y otros indicadores sociales. Como ya pudimos comprobar en la exposición de la propuesta de financiación de los miembros de la Red Renta Básica, en el entorno de dos tercios de la población (los peor situados) saldrían ganando, mientras que el otro tercio (los más favorecidos) verían reducirse su renta en alguna medida (en algunos casos ligeramente, y en otros más sustancialmente), como consecuencia de la implantación del nuevo sistema de fiscalidad y transferencias. En este sentido, el efecto de la RB sería netamente redistributivo y fomentaría un reparto más igualitario de los recursos públicos, garantizando que éstos se repartieran de forma más justa y equitativa. La RB no impediría una sociedad donde existieran los grandes capitalistas (para eso ya hemos enunciado, y seguiremos haciéndolo, otras medidas), pero al menos, los niveles de renta dejarían de estar tan polarizados, todas las personas tendrían asegurado su sustento básico, y la fiscalidad sería infinitamente más justa de lo que es ahora. Continuaremos en siguientes entregas.

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13 agosto 2015 4 13 /08 /agosto /2015 23:00

Bien, después del repaso histórico a la influencia, presencia y poder de la Iglesia Católica en nuestro país, expuesto en los primeros artículos de esta serie, vamos a centrarnos en la cuestión económica, siguendo el Informe de referencia citado. Porque en nuestros días, podemos afirmar sin lugar a dudas que la Iglesia Católica no sufre la crisis (de hecho, en estos últimos Presupuestos Generales del Estado para 2016 vuelve a recibir la misma asignación pública), y de hecho disfruta de un verdadero paraíso fiscal en nuestro país. Situación absolutamente indignante, mientras para la inmensa mayoría social aumenta la pobreza, y se continúan privatizando los servicios públicos. Pero claro, siempre saldrán los defensores de turno del carácter social de la Iglesia, para contarnos la cantidad de personas a las que la Iglesia ayuda a través de sus Instituciones dedicadas a la caridad. No se acaban de enterar de que no queremos tanta caridad, y sí mayor justicia social. 

 

A grandes rasgos, el Estado Español (Central y periférico) aporta a la Iglesia Católica, a través de subvenciones directas y todo tipo de exenciones tributarias, una cifra que supera los 11.000 millones de euros anuales, lo cual supone más del 1% del PIB de nuestro país. Ello significa que cada persona residente en España, sea o no católica, sea religiosa o atea, sea creyente o agnóstica, sea cristiana o musulmana, financia con una cuota o dádiva indirecta a la Iglesia Católica de unos 240 euros al año, o unos 20 euros al mes. Según estas cifras, podemos afirmar sin temor a exagerar que la Iglesia Católica española es tremendamente rica, ha salido indemne de la crisis, y además disfruta de un auténtico paraíso fiscal en casa (no le hace falta practicar la ingeniería fiscal de los grandes empresarios), al estar exenta de pagar impuestos como el IBI, obras, sociedades, etc. La inmensa mayoría de los bienes que están en su poder, así como sus cuentas, son totalmente opacas, situación que resulta a todas luces injusta, ilegítima y presuntamente ilegal, por mucho que se empeñen en justificarla, y ello ocurre (lleva ocurriendo desde la Transición) con la absoluta complicidad y consentimiento de los poderes públicos, bajo una política de continua discriminación positiva hacia la confesión católica, y con el incumplimiento tácito y expreso de la Constitución, que dispone literalmente que "ninguna confesión tendrá carácter estatal".

 

Pero veamos un resumen más detallado para comprobar de dónde procede la tremenda cifra de más de 11.000 millones de euros referida anteriormente, y procedente de aportaciones directas e indirectas del Estado (Gobierno Central y Comunidades Autónomas), o exenciones tributarias, tanto a la Iglesia como a sus organizaciones, fundaciones y asociaciones dependientes:

 

1.- Asignación aproximada vía IRPF (cifras de 2013), para financiación del culto y del clero: 250 mill.

2.- Asignación para fines sociales, ONG's y fundaciones de la Iglesia: cercano a los 100 mill. 

3.- Exenciones y bonificaciones tributarias, tales como el IBI (estimado en 700 mill.), patrimonio, sociedades, obras, etc.: 2.000 mill.

4.- Financiación para la impartición de la religión católica en las escuelas: 600 mill.

5.- Financiación de centros privados concertados de ideario católico: 4.300 mill.

6.- Dotaciones para la obra social y asistencial de carácter caritativo: 2.000 mill.

7.- Financiación para los 57 complejos hospitalarios, que dependen de las respectivas CC.AA.: 900 mill.

8.- Financiación para el sueldo de funcionarios capellanes (del Ejército, cuarteles, cementerios, bases militares, hospitales, etc.): 50 mill.

9.- Mantenimiento del patrimonio en poder de la Iglesia: 600 mill.

10.- Subvenciones y gastos para todo tipo de eventos religiosos: 300 mill.

11.- Financiación para terceras entidades católicas, como la Obra Pía: 10 mill.

 

A todo ello hay que unirle los beneficios patrimoniales y financieros de los que disfruta la Iglesia, las donaciones de suelo público para la construcción de colegios, iglesias, capillas, lugares de culto y otros edificios, el cálculo procedente de los beneficios de las inmatriculaciones, etc., etc., todo lo cual resulta claramente imposible de cuantificar (de ahí la aproximación a las cifras indicadas, porque resulta ciertamente imposible concretar una cifra exacta). Como podemos concluir, ninguna otra empresa pública o privada, o asociación en nuestro país disfruta de tal variedad y cantidad de privilegios en cuanto a los ingresos públicos del Estado, procedentes de todos los contribuyentes. Porque los 250 millones de euros que cada año el Estado ingresa a la Iglesia Católica para financiar el culto, el clero y el proselitismo religioso de la Conferencia Episcopal Española, con los correspondientes adelantos mensuales a cuenta de varios millones de euros, como consecuencia del porcentaje de quienes señalan la casilla del IRPF, se detraen del monto total del Impuesto sobre la Renta. 

 

Por tanto, somos todos los contribuyentes (católicos o no) los que abonamos esta especie de "canon obligatorio", que se detrae de las arcas públicas, y claramente, es un dinero que se deja de invertir en bienes, obras, asistencia y servicios públicos, a los que también todos tenemos derecho, seamos o no católicos. De ahí la situación de flagrante ilegalidad e injusticia. La conclusión está bien clara: la Iglesia Católica es financiada con la complicidad del Estado. Y podríamos preguntarnos: ¿es una opción o una obligación? Pues parece más bien lo primero, ya que la jerarquía católica, desde la firma de los Acuerdos Económicos en enero de 1979, se comprometió a lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención y financiación de sus necesidades, es decir, se comprometió a su autofinanciación, cosa que no ocurre ni por asomo, después de más de 35 años. Y si la Iglesia Católica no ha cumplido su compromiso, en teoría el Estado podría verse liberado de cumplir con este Acuerdo. Sin embargo, lejos de ello, la realidad es que desde entonces se han ido aumentando las partidas destinadas a la financiación de la Conferencia Episcopal Española (dicho sea de paso, una retrógrada organización que se inmiscuye en la política social de los sucesivos Gobiernos), año tras año, adquiriéndose nuevos compromisos por parte del Estado desde el año 2007. Continuaremos en siguientes entregas.

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12 agosto 2015 3 12 /08 /agosto /2015 23:00

Podríamos explicar en qué consiste "ser de derechas" mediante miles de ejemplos, pero quizá, si tuviéramos que elegir una forma de condensar todas sus expresiones, podríamos afirmar que ser de derechas consiste, simplemente, en legitimar el mundo actual. Después vienen mil corrientes de pensamiento que se aúnan, que nos muestran diferentes facetas de la concepción de la realidad social que tiene la gente de derechas, pero básicamente, ser de derechas consiste en eso: en aceptar lo predominante, en menospreciar la rebelión, en ser sumiso al orden político y social establecido, de ahí el resto de calificativos con los que se tilda a la gente de derechas: conservadora, reaccionaria, etc. Ya sabemos que el origen histórico de la expresión corresponde al Parlamento Británico, donde los que se sentaban "a la derecha" del Presidente correspondían a los que pretendían legitimar el sistema vigente, mientras que los que querían renovarlo y reformarlo, cambiarlo, actualizarlo y hacerlo más justo, se sentaban "a la izquierda".

 

La vertiente "conservadora" quizá sea la más fácil de entender, así que comenzaremos con ella. Ser de derechas, desde este punto de vista, consiste en negarse a renovar los cánones y reglas por las cuales se guía nuestra sociedad, y en dicho conjunto de cánones y reglas entraría absolutamente todo, no solamente el conjunto de leyes que nos gobiernan. Básicamente, entrarían todas las manifestaciones de lo que se corresponde (desde que lo estudiara y definiera Don Antonio Machado y Álvarez, padre de los poetas Antonio y Manuel Machado, que escribió bajo el pseudónimo de "Demófilo") con el Folklore: es decir, el conjunto de todas las expresiones de nuestro patrimonio cultural aplicado y elevado a su más alta representación, conceptualización y expresión, como puedan ser las costumbres populares, los ritos, los cánticos, las adivinanzas, los refranes, el arte popular, las tradiciones populares, las leyendas, los cuentos, las fiestas, las celebraciones, etc. Y en este sentido, trasladado a nuestra sociedad española actual, manifestaciones como los toros, la Semana Santa, la Navidad, el fútbol, la Iglesia Católica, la lotería, los festejos populares, y todo el conjunto de nuestras "tradiciones" españolas son protegidas por los conservadores de una forma irracional, sin al menos ponerse a pensar (como sí hace la izquierda) en el origen, el sentido y la motivación de tal folklore. Pero no sólo de fiestas vive el hombre, y en ese sentido, una manifestación "cultural" (en el fondo, ideológica) tan nefasta como el patriarcado (origen del desprecio y de la discriminación de la mujer), también se protege desde esta visión conservadora.

 

Pero como decimos, hoy día los militantes, partidos o simplemente personas, a título individual que se proclaman o apoyan a la derecha, constituyendo la derecha política, social o mediática, pueden recoger una amalgama de corrientes de pensamiento, o en su ausencia, simplemente ser continuistas con el sistema. Démonos cuenta de que simplemente con esta característica, es decir, con querer perpetuar el sistema-mundo actual, con no querer cambiarlo, con aceptarlo tal cual, ya se es de derechas. No hace falta cultivar ninguna otra corriente ideológica. Pero no obstante, vamos a ellas. En primer lugar, ser de derechas consiste en aceptar y legitimar el capitalismo, el sistema económico que lleva funcionando en la mayor parte del mundo durante varios siglos, responsable último de todas las crisis políticas y sociales del sistema-mundo actual. El capitalismo es el responsable de la desigualdad, de la dictadura financiera, de la discriminación, de los oscuros intereses, de la legitimación del máximo beneficio sean por los medios que sean, y los máximos exponentes del capitalismo mundial globalizado son los detentores del poder represivo estatal, son criminales y aliados del crimen organizado a nivel internacional. 

 

Los de derechas subordinan el poder político al control de los mercados, inmersos en la ola de neoliberalismo desatada desde finales de la Segunda Guerra Mundial, y después de los períodos de keynesianismo económico que siguieron, simplemente para permitir a diversos países recuperarse de la gran devastación económica y social a los que la guerra les había conducido. Pero la derecha, en cuanto dicho proceso de mínima recuperación hubo finalizado, se dispuso a crear el actual orden mundial neoliberal, mediante los acuerdos de Breton-Woods, y la sucesiva creación de los Organismos Internacionales que asegurarían dicho orden, tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, entre otros. Y desde los años 80 del siglo pasado hasta nuestros días, asistimos a una cruenta y progresiva implantación del más salvaje neoliberalismo económico, con unos niveles de financiarización de la economía absolutamente brutales, lo que ha permitido que la gran banca privada mundial se haya convertido en la dueña absoluta de la economía, llegando a torcer el brazo a Gobiernos y Estados de todo el mundo. 

 

La derecha legitima este orden mundial, lo acepta y contribuye a su despliegue y expansión sin límites, legitimando además las diversas herramientas que permiten su afianzamiento y dominio mundiales, tales como las guerras imperialistas norteamericanas y europeas, desplegadas para saquear los territorios ocupados o devastados tras las contiendas, así como para expoliar sus recursos naturales y sus Instituciones públicas. Otra gran dimensión básica de los de derechas es su afán por ampliar el poder de la iniciativa privada, gran pilar del neoliberalismo, que proclama que el Estado, entendido en su manifestación pública, debe reducirse al mínimo en cuanto a tamaño y actividad, protegiendo bajo su amparo cada vez a una parte más pequeña de la ciudadanía, porque ser de derechas consiste también en entender que la sociedad humana no existe, que no podemos tener confianza en el hombre y en su organización como sociedad, y que por tanto, los individuos quedan legitimados para entrar en una perversa escalada de competitividad y egoísmo, que ataca todos los pilares que puedan contribuir a sostener las estructuras comunes de la sociedad. Los de derechas sostienen unos cuantos mantras en los que creen fanática y obsesivamente, tales como la propiedad y la iniciativa privada para la actividad económica, la perversión del Estado, la necesidad "natural" de que existan desigualdades sociales, porque piensan que dichas desigualdades, en el fondo, sólo son la expresión y la manifestación de la fuerza, inteligencia y valía personal de cada individuo, frente a la pereza, debilidad e incapacidad del resto. 

 

Ser de derechas consiste por tanto en despreciar lo público, en apostar por lo privado, y de esta forma, la oleada de neoliberalismo puro y duro que nos invade legitima que el Estado deje de dar cobertura a los derechos fundamentales (individuales y colectivos) de las personas, y en este sentido, proclaman que los poderes públicos deben dejar de actuar como garantes de dichos derechos, y abandonar a cada individuo a su suerte, para que éste sea, con sus capacidades y medios, el único responsable de su destino en la sociedad. De esta forma, los de derechas entienden el mundo como una auténtica selva, cruel y despiadada, en la cual hay que estar bien despiertos, y espabilarse, luchando contra los demás para asegurarse el sustento, el poder, la riqueza, el status, que son los que, en última instancia, nos proyectarán en la sociedad. Ser de derechas consiste en renunciar a lo cooperativo, a lo social, a lo común, a lo colectivo, a lo público, simplemente porque no creen en estos valores. Ser de derechas está más bien ligado a la competencia, a la agresividad, al egoísmo, al cinismo, al miedo, a la supervivencia, al odio, al caos, a la barbarie. 

 

Y al legitimar todas las conductas que las personas podamos desarrollar para conseguir "abrirnos paso" en la sociedad en este mundo competitivo, ser de derechas significa también ser cómplice de la corrupción, de las malas prácticas, de las malas artes, de aplastar a los débiles, de ser más fuertes que ellos, de validar todos los medios para conseguir los fines, y por tanto, ser cómplices de la discriminación, del racismo, de la xenofobia, del odio al diferente, en una palabra, del fascismo en todas sus manifestaciones. Y al legitimar la iniciativa privada sobre todas las cosas, entendiendo la propiedad privada como un derecho absoluto e inalienable, ser de derechas también consiste en estar al lado de los empresarios, en fomentar la figura del emprendedor, en difundir y potenciar los negocios privados, en conceder la hegemonía al poder empresarial, atacando y denostando a los movimientos sindicales, impidiendo por tanto que la lucha de la clase trabajadora (entendida como algo común y colectivo, en lo cual no se cree) pueda llegar a buen puerto. Ser de derechas consiste por tanto, bajo esta dimensión, en apostar por la explotación laboral, y por el robo institucional en todas sus vertientes. Como su ética no llega más allá de la ambiciosa necesidad de obtener riqueza a cualquier precio, la gente de derechas, simplemente, no posee conciencia. Y desde este punto de vista se explican todos los casos de corrupción a los que estamos asistiendo, desgraciadamente, en la actualidad. 

 

Y si llegamos al final de este trayecto por el que nos lleva la derecha, sólo existe una última parada: ser de derechas consiste en no aceptar la democracia. Simplemente porque la democracia, por mucho que quieran tamizarla, por mucho que quieran ofrecérnosla con cierto barniz, tiene forzosamente que referirse a una colectividad de individuos que forman la sociedad, y en la cual la inmensa mayoría social (el conjunto de la ciudadanía) posee el poder y el gobierno, a través de diversas formas de participación. ¿Ocurre esto en nuestra sociedad? Evidentemente, NO, y estamos a años luz de conseguirlo. Por tanto, ¿qué tenemos en realidad? Tenemos que, esta derecha que nos lleva gobernando durante las últimas décadas, tiene secuestrada a la democracia, en pro de un cada vez mayor poder de cierta élite económica, y por ello, ser de derechas representa estar contra la democracia, contra el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, pero como acabar completamente con la democracia sería demasiado descarado, con lo cual se correría el riesgo de estallido social a gran escala, en realidad vivimos bajo una pseudodemocracia, en realidad una dictadura del capital con disfraz de democracia, para mantener a las clases populares más o menos controladas, y que los privilegios y el status de esta derecha que está en el poder, y de todos los que les apoyan, no se vayan al garete. 

 

En resumidas cuentas, en todo esto consiste "ser de derechas". Tipismo conservador, abrazo al capitalismo, justificación del neolberalismo, enfrentamiento a los poderes públicos, reducción del Estado, legitimación de la pérdida de derechos fundamentales, dictadura del capital, justificación de la corrupción, complicidad con el fascismo en todas sus dimensiones, explotación laboral, reducción de la democracia. Y aún podríamos hablar de más manifestaciones, pero lo dejaremos aquí para no aburrir a los lectores, que entiendo ya deben tener una idea bastante clara de en qué consiste ser de derechas. Finalizaremos con una aclaración. Jamás la derecha ha movido el mundo. Los movimentos y avances sociales que ha experimentado la Humanidad, frente a lo que sostuvo la ex Alcaldesa de Madrid Ana Botella, siempre han venido desde la izquierda. Desde la derecha se nos acusa a la izquierda muchas veces de superioridad moral. Yo estoy seguro de que la poseemos. Ningún gran líder mundial, ningún gran gobernante que haya conseguido avances y conquistas para su pueblo, ha sido nunca de derechas. Simplemente porque eso es incompatible. De tal forma que grandes nombres de la Historia como Simón Bolívar, José Martí, Mao Tse Tung, Mahatma Ghandi, Ernesto Che Guevara, Martin Luther King, Nelson Mandela, Fidel Castro, Hugo Chávez, y otros muchos, fueron indiscutiblemente de izquierdas...¿recordamos alguno que fuese de derechas?

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11 agosto 2015 2 11 /08 /agosto /2015 23:00

Los sistemas de enseñanza no son más que una maquinaria para crear vasallos obedientes al sistema

Juan Pedro Viñuela

En los últimos artículos de esta serie nos hemos introducido en el primer gran escalón donde se proyecta el pensamiento dominante, que es la propia escuela. Profundicemos un poco más, tomando como referencia la última Ley educativa publicada (que prácticamente no llegará a aplicarse, vista la tremenda oposición política y social a la misma), la LOMCE, que nos resulta tremendamente ilustrativa al respecto de lo que estamos intentando exponer. Recojo información de un estupendo artículo de Enrique Javier Díez Gutiérrez, del Área de Educación de IU, y uno de los más grandes expertos en el tema. Bien, pues resulta que uno de los puntales donde se basan los nuevos contenidos curriculares de la Educación Primaria, de la ESO y del Bachillerato...¿adivinan cuál es? Exacto: ese gran paradigma que llevan difundiendo y apoyando desde el Gobierno durante varios años, como es el emprendimiento. Lo elevan en el nivel educativo a la categoría de contenido estrella que se pretende tocar en todas las áreas y etapas educativas, desde infantil hasta los Bachilleratos y la FP.

 

Y las Comunidades Autónomas gobernadas por el PP, se han prestado raudas y veloces a implementar dichos contenidos, como Castilla y León, con su "Programa Educativo para pequeños emprendedores", cuyo hilo conductor es "la creación y gestión de una empresa escolar por parte de alumnos del Tercer Ciclo de Primaria". Ahí es nada. Pero van más allá, ya que el Programa Oficial de la Junta, titulado "Educar para Emprender", se desarrolla con empresas y Cámaras de Comercio, a las que también se les han encargado diversos materiales didácticos. Pero no sólo el sistema educativo, sino que los medios de comunicación también son usados para estos fines. En la televisión pública también han creado de unos cuantos años acá una serie de documentales y programas que tienen que ver con el tema, como el programa "Emprende" de TVE1, y algunos otros por el estilo en el Canal 24h. Incluso en una asignatura tan aséptica y generalista como Filosofía (de 1º de Bachillerato) se introducen contenidos dedicados a la función de la Filosofía en el mundo empresarial y organizativo. Hemos tenido noticias del ridículo que siente el propio profesorado al exponer de una forma tan descarada e ideológica los contenidos y objetivos de la asignatura, con el fin de introducir ese "espíritu empresarial", incluso de una forma completamente artificial y rebuscada. En su artículo, Enrique Díez nos da muestras de dichos contenidos y objetivos (extraídos del documento oficial del Ministerio) que rozan lo esperpéntico. 

 

Y lo más grave de todo es que mientras proponen estos ridículos e ideológicos contenidos, recortan presupuesto que se podría dedicar a la atención a la diversidad, a la contratación de profesorado, a la gratuidad de los libros de texto, a los programas de refuerzo, a actividades extraescolares, a comedores sociales para niños, o a becas desde la educación infantil hasta la Universidad, con la falta que hacen dichos recursos. Ponemos todos estos ejemplos para que los lectores comprendan hasta qué punto llega a ser obsesiva la transmisión del pensamiento dominante desde las más tempranas edades. Y los resultados no se hacen esperar: en un estudio presentado por el Consejero de Educación de la Comunidad de Murcia, se asegura que la mitad del alumnado de dicha Comunidad manifiesta su deseo de ser empresario. Y visto lo visto, desde la Consejería de Educación de dicha Comunidad ya han expresado su intención de formar a todo el profesorado (de todos los Ciclos e itinerarios educativos) en los valores y la cultura empresarial, para que puedan inculcarlos en cualquier área del currículo escolar. De tal forma que, mientras han eliminado los contenidos relativos a derechos humanos, pobreza, desigualdad, valores de ciudadanía, valores democráticos, valores pacifistas, contenidos sobre violencia de género o sobre ecología (porque eran muy "adoctrinadores", según el Ministerio de Educación), han potenciado el estudio de los valores relativos a la importancia de la iniciativa económica privada en la generación de riqueza y el fomento del espíritu emprendedor. 

 

Nos cuenta Enrique Díez que en Aragón, el alumnado tiene que aprender a realizar un proyecto final de empresa viable, exponiendo desde cómo detectar nuevas oportunidades de negocio, hasta las herramientas de marketing on-line. ¿Nos extrañaremos después de que los futuros estudiantes, después de terminar su ciclo educativo y, en su caso, sus carreras universitarias, deseen por encima de todo crear su propia empresa? ¿Nos extrañaremos de que vean con buenos ojos las prácticas empresariales actuales, que las comprendan, que las legitimen y las imiten? ¿Será explicable que tengan una visión negativa y denostada del empleo público? La fuerza del pensamiento dominante es desmedida, si se cultiva con empeño, y desde la infancia. A las pruebas nos remitimos. Y en nuestro país, desgraciadamente, llevamos muchos siglos (salvo algunos pequeños períodos de excepción) de influencia del pensamiento dominante, de extensión de sus valores, de difusión de su cultura, de cultivo de sus manifestaciones. Esto nos conduce en el fondo a una sociedad cautiva de sus posibilidades, reacia a cambiar de actitudes, de pensamientos, conservadora con sus tradiciones, reaccionaria a cambios y adaptaciones, siquiera a admitir la posibilidad de que puedan existir otros enfoques alternativos a los parámetros dominantes por los que se mueve la sociedad.

 

Desde las primeras etapas educativas ya estamos formando a los que serán los futuros empresarios y autónomos precarios, que asumirán con naturalidad su situación y sus posibilidades ante el sistema, y que se prestarán ávidos a participar de él, para no quedar "excluidos" del mismo. Serán personas que no cuestionarán los valores dominantes, que no se preguntarán porqué han de ser los empresarios los que "creen" el empleo, y porqué existe el fraude fiscal, que en vez de ser tratado como una cuestión moral y de responsabilidad ciudadana, será tratado como una pericia o habilidad educativa más.  La uniformidad ideológica está servida y garantizada. Al igual que en las guerras asesinan a las mujeres embarazadas para no tener que luchar contra la siguiente generación que nazca, asegurando el exterminio, el capitalismo lucha contra la posible rebeldía intelectual e ideológica de las siguientes generaciones de individuos y ciudadanos, para asegurarse la uniformidad ideológica y de pensamiento, para asegurar que sus patrones culturales se siguen reproduciendo. Así, desde la "educación para la igualdad", "educación para la convivencia", o "educación para la democracia", hemos pasado a la "educación para el beneficio" y la "educación para la especulación". Continuaremos en siguientes entregas.

 

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10 agosto 2015 1 10 /08 /agosto /2015 23:00

La política económica de nuestro Gobierno actual ha liquidado buena parte de los avances laborales y sociales que tanto trabajo costó conseguir, ha pauperizado las clases medias y bajas, ha incrementado la desigualdad y ha convertido la economía de nuestro país en una sucursal de las grandes empresas financieras. ¿De verdad las optimistas cifras que exhiben en sus ruedas de prensa hablan de lo que está sucediendo en el triste país en que vivimos?

Gustavo Martín Garzo

Hace pocos días salía de nuevo el Presidente Rajoy para hacer balance de la legislatura en rueda de prensa, esta vez para "vendernos" la ilusionante imagen de un país que, según él, entra en un círculo virtuoso, y del que nos podemos sentir muy orgullosos. Una vez más asistimos a un ridículo espectáculo, en el que nos volvió a endosar sus ya conocidas frases huecas y sin sentido, sus manidos argumentos, y su visión sesgada y elitista de la realidad social de nuestro país. Casi nos lo sabemos de memoria, pues es igual de una cita para otra: triunfalismo económico (que además centra la mayor parte del discurso, como si no existieran otros asuntos de importancia en el país), ausencia de autocrítica, mentiras y falacias por doquier, y sobre la corrupción, más de lo mismo: las Instituciones están funcionando, se han visto comportamientos "poco edificantes", y continuarán trabajando para que "estas cosas" no vuelvan a ocurrir. Como si el discurso fuera para alumnos de un Colegio de Primaria. Nada nuevo bajo el sol, con todo lo que está ocurriendo. 

 

Nos preguntamos hasta qué punto este señor es consciente de lo que dice, se lo cree de verdad, o simplemente es una estrategia de sus asesores de imagen y discurso (en cuyo caso hay que concluir que está muy mal asesorado). Porque, de entrada, le tenemos que responder con la misma pregunta que le espetó Alberto Garzón en la tribuna del Congreso en el último debate: "Señor Rajoy, ¿es que usted se cree que nosotros somos tontos?". Debe creérselo sin duda, pues no soy capaz de albergar otra razón en mi pensamiento. "Lo que los tribunales digan y hagan estará bien hecho", es el único comentario que hemos podido escucharle cuando múltiples dirigentes de su partido están empantanados en la Operación Púnica hasta las cejas, a lo que habría que responderle a Rajoy que eso estaría muy bien si los tribunales no estuvieran politizados, pero con las varias recusaciones de jueces afines al PP, es muy fácil hablar así. Y ante las preguntas de la prensa, no se mueve un ápice de su posición, ya que si le preguntan sobre el pasado, la respuesta es: "No miremos al pasado, miremos hacia adelante, el pasado, pasado está", y si le preguntan sobre el futuro, la respuesta es: "No me haga usted tampoco adelantar los acontecimientos". Así que las preguntas, con Rajoy, al más puro estilo gallego. Para eso podría permanecer en su plasma. 

 

Pero la rueda de prensa se la vamos a dar nosotros a él, en vistas de que no tiene ni idea del país en que vive. Estamos manteniendo en el Gobierno con dinero público a un señor para que nos cuente cada cierto tiempo las batallitas del abuelo, y para que continúe destrozando el país, favoreciendo a las élites económicas, y encima tenga que venir a una rueda de prensa a vendernos la moto. Si usted no sabe cómo es ni qué cosas pasan en el país cuyo Gobierno usted preside, se lo vamos a contar resumidamente a continuación, señor Rajoy. Para comenzar, la teoría del circulo virtuoso consistente en "mayor recuperación económica, más empleo, más consumo, lo que a su vez favorece a la recuperación" no es tal. Sí existe un círculo económico, pero es un círculo vicioso que consiste en mayor precariedad laboral, mayor beneficio empresarial, lo cual ayuda a su vez a una mayor precariedad, y aunque suban las exportaciones y el PIB, la redistribución de la riqueza y el bienestar social caen en picado, por su política neoliberal de ajuste duro. Vivimos en un país, señor Rajoy, que se mantiene a la cabeza del desempleo en Europa, mientras ustedes elaboran un Presupuesto General del Estado que consolida la caída del gasto social, para perpetuar el modelo injusto e insolidario de salida de esta crisis. 

 

Esa España de la que usted no habla, señor Rajoy, es el país donde los beneficios de la banca, sólo en el primer semestre del año, han aumentado casi en un 50%, porque además ya se comienzan a vislumbrar las ventajas de la absorción y fusión de las antiguas Cajas de Ahorros, llevadas a cabo durante la anterior legislatura de Rodríguez Zapatero, ese Presidente "socialista" del cual usted tanto se queja de su herencia recibida. La España real es el país de los grandes ERE de las multinacionales, que aún aumentando beneficios en sus últimos ejercicios, lanzan a miles de trabajadores de sus plantillas al paro, para deslocalizar sedes, contratar personal precario, o desviar la actividad a terceras empresas o a falsos autónomos. A veces lo hacen sólo por fusionarse con terceras empresas, y en esas situaciones, también los trabajadores son los que pagan el pato. El país que usted Gobierna, señor Rajoy, es aquél donde los servicios públicos básicos, aquéllos que abastecen las necesidades primarias, como la electricidad, maltratan a los "consumidores" con enormes, injustas e indiscriminadas subidas, lo cual revierte en grandes aumentos de la pobreza energética, que es solo una de las modalidades de pobreza que tenemos que soportar (pobreza laboral, pobreza infantil, etc.). Es el país donde la corrupción campa a sus anchas con total impunidad, porque está legitimada, extendida e institucionalizada, al formar parte del propio entramado y estructuras del poder dominante. 

 

 

Esa otra España a la que usted no se refiere, señor Rajoy, es aquélla que despoja de los servicios públicos básicos, como la Sanidad, a millones de personas, con cínicas y aberrantes excusas, como el hecho de ser inmigrantes irregulares, y que además, cuando intentan corregir dichas situaciones, generan otras caóticas situaciones. En ese país maravilloso que usted nos vende la banca, no contenta con sus archimillonarios beneficios, abusa sin piedad de sus consumidores, instalando perversos sistemas de comisión, entre otras abyectas prácticas, con la complicidad de su Gobierno. Un país donde las personas que viven por necesidad en el extranjero son excluidas de su derecho a poder votar en las Elecciones, interponiendo una serie de trabas administrativas que les imposibilitan poder ejercer su derecho al voto. Y resulta que la única situación que usted denuncia, que es la que proviene, según usted, de los antidemocráticos Gobiernos que se han constituido después de las últimas Elecciones Municipales y Autonómicas, resulta que son aquéllos Gobiernos que están devolviendo la dignidad a la ciudadanía, dignidad robada por los suyos, a base de saquear lo público permanentemente en todos los territorios donde han gobernado, en aras de hacer más ricos a sus amiguetes empresarios. 

 

La corrupción es asqueante, despreciable, vomitiva, y resulta que se da mayoritariamente en su partido y en su Gobierno, y a las pruebas y casos podemos remitirnos, pero a usted, señor Rajoy, en ese idílico país que nos vende, sólo se le ocurre comunicarnos que las Instituciones funcionan. Y ante su evidente temor de que su asqueante chiringuito de poder reviente y estalle en mil pedazos, está usted, señor Rajoy, y su Gobierno, moviendo todos los hilos posibles no sólo para contentar a ciertos colectivos maltratados (como los funcionarios, a los que le han pasado la mano por la espalda recientemente, subiéndoles un 1% su sueldo), sino para hipotecar a futuros Gobiernos que puedan salir legítimamente de las urnas. Es evidente el maltrato a las clases trabajadoras mediante las políticas de austeridad, mientras la desigualdad galopa segura con su Gobierno, que favorece sin reparos a las grandes empresas transnacionales, a la gran banca privada y a las grandes fortunas de este país. Pero eso usted no nos lo cuenta, señor Rajoy. Su política de rodillo gracias a su mayoría absoluta, procedente de una injusta Ley Electoral, es evidente, y ante el miedo referido anteriormente, se atreven a propuestas de modificaciones de dicha Ley de forma obscena, ante la retirada del apoyo ciudadano a su Gobierno. Y en cuanto a la política exterior, el resultado no puede ser más vergonzoso: nuestro país está denunciado por la ONU por no respetar los Derechos Humanos en varias leyes y modificaciones propuestas, tales como la renuncia a procesar el franquismo y ofrecer reparación a sus víctimas, la retirada de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes, la negativa a ofrecer asilo político a los refugiados, y la permanente política de hostigamiento a los inmigrantes que intentan atravesar la frontera sur procedentes de Ceuta o Melilla. Y en el Parlamento Europeo, continúan apoyando el TTIP, un perverso tratado comercial que nos traerá más desigualdad, menos soberanía, y más poder empresarial.

 

De esta forma, nuestro país se convierte en una vergüenza internacional, y en uno de los países más insolidarios del contexto europeo. Mientras, el desprecio al conjunto de la ciudadanía y a sus asociaciones es evidente, como ponen de manifiesto las reiteradas negativas a atender sus reivindicaciones, por ejemplo en el caso del accidente del tren AVE de Santiago, del cual se han cumplido dos años recientemente. Y por mucho que intenten disfrazar el ocultamiento de sus planes, sus objetivos y sus decisiones, lo cierto es que la transparencia brilla por su ausencia, como en el clamoroso caso de los Presupuestos del Ministerio de Defensa, toda una opaca asignación que crece constantemente, y de la cual la ciudadanía no es consciente. En el sector educativo, después de las claras estrategias de su Gobierno, de las que usted tampoco cuenta nada en sus ruedas de prensa, el último clamor popular consiste en preguntarse, en no entender, cómo al Ministro de Educación y Cultura más desastroso y peor valorado de la etapa democrática, como lo ha sido José Ignacio Wert, se le premia con un suntuoso puesto en la OCDE, para que pueda disfrutar de exhorbitantes ingresos, y residencia en una de las zonas más lujosas de París, junto a su flamante y cómplice esposa, la ex Secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio. Absolutamente indignante, claro ejemplo de las trazas de su Gobierno. 

 

En ese país que usted nos vende, señor Rajoy, estamos cediendo la soberanía a trozos, tanto en lo económico con la aceptación de los planes de ajuste de Bruselas, como en lo defensivo y militar, mediante la conversión de la base militar de Morón como base permante de los Estados Unidos, entre otras varias fechorías. Y tampoco nos cuenta cómo los recursos naturales que son de todos, como los montes, también van a ser objeto de especulación y de beneficio para los suyos. Tampoco nos cuenta cómo el Fondo de Reserva de la Seguridad Social (la famosa "hucha de las pensiones") está cada vez más vacío, con lo que a este ritmo, queda dinero sólo para los próximos 2-3 años. Un país que consagra el recorte a los derechos fundamentales y libertades básicas, con propuestas como la "Ley Mordaza", o que vende su patrimonio público tirándolo por los suelos, como ocurrió con AENA, o más recientemente, con el Aeropuerto de Castellón. Este es el país real donde vivimos, señor Rajoy, y no el que usted nos cuenta en sus ruedas de prensa. Pero si usted quiere que nos centremos en la economía y el empleo, no se preocupe, vamos a ello.

 

Empeñado en hacernos comulgar con ruedas de molino, Rajoy publica el mantra del "crecimiento económico y la creación de empleo" como un papagayo, intentando empujar a su causa a los más ignorantes, y a los que se conforman con un "empleo" de reponedor de supermercado durante seis meses a tiempo parcial, y todo ello dice que lo hace porque "es un Gobierno serio y responsable". Pero todos los buenos economistas (y los que no están cegados por la ideología neoliberal) saben que el crecimiento del PIB, considerado de forma aislada, no asegura la riqueza de un país, ya que han de darse otros factores como la redistribución de dicha riqueza, y que dicho crecimiento garantice la sostenibilidad en varias facetas (humana, social, económica y medioambiental), cosa que no sucede en la actualidad. El crecimiento del 3% augurado para 2016 únicamente servirá para hacer que la gran banca privada y las empresas transnacionales (en realidad su equipo directivo) se hagan más ricos, mientras el resto de la inmensa mayoría social contempla impasible cómo sus condiciones laborales y sus derechos fundamentales se vuelven cada vez más precarios.

 

Este es el país del que Rajoy no habla,  ni nos hablará nunca. Y aún se nos habrán quedado muchos otros aspectos en el tintero. El Presidente del Gobierno asegura que lo peor que puede pasarnos es que se tuerza o se frene el proceso de recuperacióin económica que estamos viviendo, pero muchos pensamos que, verdaderamente, lo peor que puede pasarnos es que nos continúen gobernando estos hipócritas, corruptos, embusteros, cínicos y desalmados gobernantes, cuyos espúreos intereses no van más allá de conseguir el puesto en la puerta giratoria de turno, o en organismo internacional equivalente, como le ha pasado al ya ex Ministro Wert, que va a pasar un dorado retiro a costa de haber prostituido la educación pública a los intereses empresariales. Afortunadamente, señor Rajoy, ya le quedan muy poquitas ruedas de prensa que darnos, y muy pocas oportunidades para intentar engañar y manipular a la ciudadanía. A ver si los próximos gobernantes, al menos, nos cuentan la realidad del país donde vivimos. 

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9 agosto 2015 7 09 /08 /agosto /2015 23:00

Cualquier planteamiento que pretenda avanzar por el camino de un modelo alternativo de desarrollo sin confrontar con los capitalistas será meramente ilusorio

Atilio A. Borón

De ahí que tengamos que poner en marcha medidas como la RB, que junto al cambio de modelo productivo, el abandono de los valores capitalistas, el reparto del trabajo y la disminución de la jornada, la nacionalización de los grandes sectores productivos de nuestra economía, la auditoría de la deuda pública y la renuncia al pago de la porción de la misma que resulte odiosa e ilegítima (aspecto del cual hablaremos en sucesivas entregas), y un largo rosario de medidas que estamos exponiendo en esta serie de artículos, son las únicas que pueden no sólo acabar con la crisis que estamos padeciendo, sino sentar las bases para que nuevas crisis no nos vuelvan a atropellar. Porque todas ellas son medidas que se enfrentan al orden capitalista y neoliberal de la economía, imperante en nuestro mundo globalizado, y que precisamente por ello hemos de poner toda la carne en el asador para contribuir a resquebrajar. Pero continuamos con la RB, de la cual aún nos quedan por profundizar algunos aspectos.

 

Hemos de tener en cuenta también un hecho incontestable, incluso aunque estemos (que lo estamos) a favor de las medidas del TG (o Trabajo Garantizado, ya expuesto en anteriores entregas de esta serie), y es que, digámoslo sin ambages, NO EXISTE ACTUALMENTE TRABAJO REMUNERADO PARA TODO EL MUNDO. Recalcamos lo de "actualmente", porque de la misma forma que aseguramos esto, también aseguramos que con un cambio radical (aunque progresivo) del modelo productivo (aspecto también tratado en anteriores artículos), las posibilidades de trabajo durante el asentamiento de todos los nuevos sectores harán que aumente muchísimo la tasa de personas ocupadas (se entiende en puestos asalariados). Pero actualmente, aunque quisiéramos dar trabajo a todo el mundo mediante planes de TG, ello resultaría prácticamente imposible. Es un hecho que tenemos que enfrentar, y que por tanto, no por ello vamos a dejar, como sociedad, en la estacada a las personas que no puedan trabajar. La RB asegura, mediante la profunda reforma fiscal que lleva implícita, que todo el mundo pueda subsistir sin mayores problemas, y que tenga asegurados sus derechos humanos fundamentales (derecho a techo, a sanidad, a educación, a luz, agua, transporte, etc.). 

 

Es decir, la RB es revolucionaria en el sentido de que nos pone encima de la mesa la necesidad de abordar nuevas formas de acceso a la renta, desvinculadas de la realización de cualquier actividad remunerada en el mercado laboral, que es la única posibilidad que esta sociedad capitalista nos permite. Y para ello, debemos superar las resistencias intelectuales o los inconvenientes de tipo ético o moral (nosotros lo estamos intentando desde aquí), antes incluso (que también lo hemos abordado) de enfrentarse a los inconvenientes de tipo normativo. Esto es extrapolable a muchas otras medidas, pudiendo concluir que si determinada propuesta social no supera la objeción moral o ética, no tiene sentido meterse en el análisis técnico de su posible viabilidad o financiación.

 

Pero observemos cómo en realidad, aparte de los dos tipos de resistencias mencionadas anteriormente, en el caso de la RB estamos en la propia resistencia que pudiéramos denominar como de "inercia social", esto es, una resistencia a que se imponga algo nuevo, distinto, revolucionario, aunque ello pueda resultar justo socialmente y viable económicamente. Quizá estemos en esa fase, donde se requiere un cierto consenso social, una movilización y una conjunción de intereses que permita que los diferentes actores sociales actúen de cara a la consecución de la medida. Y en este sentido, muchos otros ejemplos pioneros podemos poner, que tuvieron que pasar también por dicha fase: el sufragio universal, la liberación animal, el fin de la esclavitud, la liberación de la mujer (aunque aquí nos quede aún bastante camino por recorrer), etc.

 

No obstante, también advertimos que aquí pasa también un poco como con la instauración de la Tercera República, en la cual estamos muy interesados desde la izquierda transformadora de este país (véase nuestra serie de artículos al respecto). Pero hemos de tener cuidado con la República que se instaura, porque también existen, para entendernos, "repúblicas de derechas". Extrapolémoslo a la RB. Como nos indica Daniel Raventós en el documento "La renta básica: preguntas y respuestas más frecuentes": "Existen estrategias de fundamentación normativa de la RB de muy diverso signo ideológico. La gente se aproxima a la propuesta de la RB con inquietudes dispares, las cuales responden a ideologías políticas diferentes. Del mismo modo, las políticas de acompañamiento de la RB que se pueden proponer desde las diversas sensibilidades políticas que se hacen eco de esta propuesta, medidas que conducen a resultados muy distintos, serán muy diferentes". Creemos que se entiende perfectamente lo que el autor quiere expresar.

 

Incluso teorías divergentes sobre la justicia social podrían proponer por diferentes caminos la medida de la RB, lo cual nos llevaría por derroteros muy distintos. Ser por tanto partidario o detractor de la medida no nos da grandes pistas sobre la ideología política de quien emite tal juicio. En un bando u otro podemos encontrarnos conservadores, liberales, socialdemócratas, comunistas, ecologistas, socialistas, etc., por eso hay que ahondar y profundizar en lo que se esconde detrás de la propuesta, para concluir si de verdad estamos ante una RB encaminada a actuar como herramienta para la redistribución de la riqueza y de la renta de un país. Esta es la RB que nos interesa. Y nos interesa esta visión porque compartimos la idea de base o de partida para ella, que es la proyección de la justicia social como un replanteamiento de la propiedad privada, no aboliéndola totalmente (no al menos en el socialismo), sino dotándola de su función social, faceta de la cual el neoliberalismo capitalista de nuestros tiempos la ha despojado totalmente.

 

Debemos volver a recuperar la función social de la propiedad, porque la base material para la libertad de las personas, en una sociedad justa, no podría mantenerse si la propiedad estuviera tan desigual y polarizadamente distribuida, que unas pocas personas estuvieran en condiciones de desafiar los pilares de la sociedad, el gobierno, las leyes y los poderes fácticos, disputanto con éxito al conjunto de la ciudadanía el derecho a determinar el bien público. Si observamos nuestra sociedad de hoy día, esto es justamente lo que está ocurriendo. Mientras millones de personas carecen de los recursos básicos para poder vivir dignamente, y sufren pobreza laboral, y pobreza energética, y estigmatización social, y aumentan la pobreza infantil y la desnutrición, y el paro y la precariedad se instalan a lo largo y ancho de la sociedad, constituyendo un nuevo "modus vivendi", unas pocas personas con mucho poder y riqueza, auténticos privilegiados, disfrutan y manejan la riqueza colectiva que debiera pertenecer a todos. Y hemos llegado al punto en que no solamente esto ocurre, sino que además está legitimado socialmente, y legalmente permitido. 

 

En efecto, todo el mundo tolera y acepta que millones de personas no cobren ni 500 euros al mes, mientras otros cobran millones de euros. Y responden más o menos que "el mundo está así", bajo una mezcla de impotencia y resignación. Es justamente el mundo al que no le gustan medidas como la RB, porque precisamente vienen a transformarlo. Con la RB aún no vamos a impedir la aberración social de que algunos cobren millones de euros, pero sí vamos a permitir que todo el mundo disfrute de lo esencial para poder vivir con dignidad. Por eso hemos dicho siempre que la RB no acaba con todas las injusticias del capitalismo, como tampoco acaba con el despotismo empresarial, con el racismo, con el patriarcado, con la degradación del medio ambiente o con el maltrato animal. Para todo ello estamos detallando otra serie de medidas en esta serie de artículos, pero para acabar con la pobreza y la exclusión social, tenemos la RB, que lo soluciona perfectamente.

 

Como ya hemos dicho, las grandes desigualdades crean un problema profundo de libertad para la inmensa mayoría social. Quien no tiene la existencia material garantizada no tiene más remedio que pedir permiso a otro para poder vivir, para poder existir. Pero en cambio, nos venden el mantra de la libertad y de la igualdad como grandes cotas alcanzadas por nuestra sociedad. Pero la radiografía real es bien distinta: las grandes desproporciones de la riqueza, las inmensas cotas de desigualdad, las profundas bolsas de pobreza, todo ello mezclado y conviviendo geográficamente con la más insultante opulencia y el lujo más despilfarrador, se acerca mejor a la realidad social de nuestro tiempo. Sólo hay que ver diariamente las noticias de cualquier informativo. Continuaremos en siguientes entregas.

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6 agosto 2015 4 06 /08 /agosto /2015 23:00

Como ya habíamos dicho, en la etapa de la dictadura franquista (1939-1976) el régimen consideró a la nación española como "nacional-católica", y por tanto se anulaba, de forma tajante, la libertad de conciencia y la libertad religiosa (ésta hasta mediados de los años 60 del siglo pasado). De esta forma y en ese período, la Iglesia Católica española pudo retomar la enorme influencia política de los regímenes absolutistas del siglo XIX, y es en dicha etapa cuando la Iglesia acumula una enorme riqueza y poder, cedido por el Estado en todos los terrenos, especialmente en lo referente a la enseñanza y a la financiación. Recordamos a los lectores que nos estamos basando, para la elaboración de la información fundamental de toda esta serie de artículos (además de otras fuentes citadas sobre la marcha), en el informe de abril de 2015 del Observatorio del Laicismo (www.laicismo.org) de Europa Laica elaborado por su Presidente, Francisco Delgado. 

 

Dicho informe ha sido elaborado también y a su vez, a partir de diversas fuentes fidedignas, diversos datos aparecidos en diversos medios de comunicación, así como en datos extraídos de la propia Agencia Tributaria (AEAT), del Ministerio de Asuntos Sociales, del Ministerio de Educación, de diversas CC.AA., y de diversas organizaciones patronales y sindicales, así como en datos aportados por la propia Iglesia Católica y otras confesiones religiosas. Queremos hacer inciso y recalcar esta metainformación, no sólo para recoger las fuentes de nuestra información, sino también para que los lectores no piensen que estamos publicando informaciones sesgadas. Hecho este inciso, continuamos. Franco firmaría un nuevo Concordato con la Iglesia Católica en 1953, basado en el de 1851, actualizando los enormes privilegios que ya disfrutaba la Iglesia en todos los campos, y posteriormente, fallecido el dictador, fue el nuevo monarca, Juan Carlos I, quien en julio de 1976 ratifica unos Acuerdos, con el compromiso de revisar el Concordato de 1953, con unos pequeños retoques sobre nombramientos y relaciones con la jerarquía católica, en consonancia con la nueva situación social y política que parecía comenzar, pero que en verdad se mantenía, casi íntegramente, el referido Concordato de 1953.

 

Por fin, con gran retraso respecto a los países democráticos de nuestro entorno, la Constitución de 1978 proclama una vez más que "ninguna confesión religiosa tendrá carácter estatal", aunque la ambigüedad en esta materia, junto a la inacción de los Gobiernos de esta reciente etapa "democrática", ha permitido a los sectores ultracatólicos y más reaccionarios y conservadores, no sólo mantener los privilegios históricos de la Iglesia, sino incluso aumentarlos, tanto en materia de enseñanza como de financiación, los dos aspectos quizá más polémicos, porque son, en definitiva, aquéllos que le permiten a la Iglesia perpetuar su enorme poderío social. Una vez aprobada la Constitución de 1978 se firmaron una serie de Acuerdos con la Santa Sede, al margen de algunos principios constitucionales recientemente aprobados.


En dichos Acuerdos se continuaban otorgando a la Iglesia Católica variados beneficios en materia de enseñanza y de patrimonios culturales, fiscales, políticos, sociales, etc. Como consecuencia de ello, y de una postura preñada de catolicismo de los poderes públicos españoles, donde no hay solemne celebración o acto en que no estén presentes los símbolos religiosos, la financiación de la Iglesia Católica no sólo no se ha adecuado a la nueva realidad de libertad de pensamiento y de conciencia de nuestra sociedad, y, por lo tanto, de libertad religiosa, sino que la Iglesia Católica oficial permanece como una isla sagrada, como un verdadero paraíso fiscal, al margen de las leyes tributarias vigentes para el resto de empresas y ciudadanos, que son de obligado cumplimiento. Ello causa una situación de agravio comparativo, incomprensible en una sociedad moderna y democrática, tal como presumimos ser. 

 

De esta forma, se da una situación de ilegitimidad (presunta ilegalidad) en torno a la supuesta opacidad de la Iglesia Católica, que vamos a relatar en las siguientes entregas de esta serie de artículos. Además de que es depositaria, en parte de forma ilegítima de un enorme patrimonio cultural y artístico, es propietaria o figura como tal de numeroso patrimonio inmobiliario, edificios, suelo urbano y rural, etc., acumulado por siglos de dádivas y enajenaciones al Estado, así como donaciones de particulares y grandes fortunas. Actualmente, muchos municipios de nuestro país continúan enajenando hacia la Iglesia Católica enormes cantidades de suelo público para construir centros de enseñanza, locales propios e Iglesias que, generalmente, registran a su nombre, aumentando así su ya sólido patrimonio y aminorando, por consiguiente, el patrimonio público y común del conjunto de la ciudadanía. A todo ello hay que añadir las ilegales inmatriculaciones que como consecuencia de la Ley Hipotecaria y su Reglamento, se han venido practicando durante años. La actual Ley propiciada por el PP ha reconocido la "ilegitimidad" de la norma, aunque la "trampa" consiste en tratar de consolidar (para siempre) las inmatriculaciones ya realizadas. Un hecho que no debemos tolerar, si de verdad pretendemos vivir en un Estado Laico. Continuaremos en siguientes entregas.

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