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11 junio 2020 4 11 /06 /junio /2020 23:00

La libertad de educación es hoy la barricada tras la que se protegen todos los enemigos de la igualdad. Esa idea de que la educación debe basarse en las convicciones ideológicas y religiosas de los padres es una barbaridad. Es justamente lo contrario: la instrucción pública debe emancipar a las personas de sus vinculaciones ideológicas o religiosas para aprehender una visión universalista de la realidad. Los maestros, según uno de los padres de la instrucción moderna, Condorcet, deben ser “los funcionarios de lo universal”. Igual de aberrante es una escuela católica, que una escuela comunista o una escuela mormona

Antonio Gómez Movellán

36.- ANIMALES SIN DERECHOS. Preguntémonos lo siguiente: en las asignaturas de Conocimiento del Medio (antes Ciencias Naturales) o sus homólogas...¿enseñan de verdad a los escolares a valorar la vida animal? En mi caso, no recuerdo que lo hicieran (a pesar de disfrutar de un profesor y una profesora fantásticos). Sí, nos enseñan la biodiversidad del reino animal y del vegetal, todos sus ecosistemas, todos sus procesos vitales, muchas clasificaciones, pero ¿nos enseñan a valorar y a respetar la vida no humana? ¿De verdad nos infunden el respeto que merece toda vida? ¿Nos enseñan la capacidad de sentir que poseen los animales? Creemos que no. Y eso es lo principal que ha de cambiar en nuestro sistema educativo, si pretendemos que después tengamos una sociedad con personas sensibilizadas con los animales y sus derechos. No se trata de que todo el mundo tenga un perro o un gato, ni de que la gente se haga voluntaria de las asociaciones protectoras. Se trata de que las vidas de los perros y los gatos sean felices, y de que hayan de existir menos, muchas menos protectoras de animales. El sistema educativo es un puntal fundamental para sembrar esa semilla. No el único, por supuesto, pero sí fundamental. Pues bien, en este sentido, los libros de texto no presentan el debate sobre los derechos de los animales. Desde una perspectiva antropocéntrica, los animales se valoran por su rentabilidad económica y, en algunas ocasiones como especie exótica. En ningún caso se muestra el evidente sufrimiento animal en los procesos productivos industriales. Así, la “fabricación“ intensiva de huevos, carne o paté no se relaciona con el hacinamiento, la alimentación a base de productos químicos, o el maltrato que sufre el ganado en las granjas industriales. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest se limita a contar: "La ganadería moderna se basa en un alto grado de mecanización, la mejora de las razas, así como la mejora de la alimentación y de la salud del ganado". Se justifica la experimentación con animales mostrando los avances en medicina, sin embargo no se expone cómo en muchos casos se provocan lesiones, cegueras o mutilaciones en animales para obtener nuevos productos cosméticos o armas químicas. 

 

A través de los libros de texto es difícil comprender cómo la destrucción asociada al progreso económico destruye los territorios en los que viven los animales, forzando migraciones masivas y extinciones de especies a un ritmo que no se había conocido anteriormente. De hecho, es curioso ver hoy día en los reportajes de medios de comunicación la presencia indiscriminada de ciertos animales (ciervos, osos, jabalíes...) en los medios urbanos, al haberles arrebatado sus medios de subsistencia y su hábitat natural. Los libros de texto tampoco interrogan sobre manifestaciones culturales que se basan en el maltrato a los animales, de las cuales en el Estado Español tenemos un amplio muestrario: ferias y fiestas patronales, repartidas por todos los pueblos de la geografía nacional, despliegan durante sus actos los más bárbaros y crueles tratamientos hacia los animales. Por tanto, sería bueno que los libros de texto explicaran a los estudiantes los límites entre el culto y el mantenimiento a las tradiciones populares (contra las que no tenemos nada) y la brutalidad y el salvajismo sin más. Porque al igual que para el caso del Descubrimiento de América (que ya expusimos en su día y al que estamos dedicándole actualmente una serie de artículos), no podemos ver los hechos del pasado con las mentes y criterios del pasado, sino con las actuales. Por último, los libros de texto no muestran ni una sola vez el vegetarianismo o el veganismo como una opción de alimentación posible ni muestran los problemas sociales y ecológicos que provoca una alimentación basada en el consumo de carne. Por ejemplo, hablando sobre las proteínas, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Edelvives afirma: “Las encontramos en la leche y sus derivados, la carne, el pescado y los huevos” (no se menciona la posibilidad de obtener las proteínas necesarias de la combinación de productos vegetales, tal y como hacen las personas vegetarianas). 

 

37.- SIN NOTICIAS DEL TERRITORIO. Los libros de Conocimiento del Medio y de Biología y Geología hablan de los suelos y su composición, pero raramente de su proceso de deterioro. El deterioro o pérdida del suelo tiene múltiples causas, la mayoría de ellas provocadas por la acción humana directa. A menudo se obvian las causas de más peso. Por ejemplo que la mayor pérdida de suelo se produce bajo el asfalto, el cemento y el hormigón, que provocan un proceso irreversible para su recuperación. La velocidad de la desertificación y la pérdida de suelo por efecto de las actividades humanas es alarmante. Las causas hay que buscarlas en la mala gestión de los recursos hídricos, inadecuadas prácticas agrarias, la pérdida de cubierta vegetal, los incendios forestales, el cambio climático, la construcción de grandes infraestructuras y el descontrolado desarrollo urbanístico. Sin embargo los libros de texto prefieren acudir en sus explicaciones a causas naturales o fenómenos puntuales y no estructurales. De hecho se ignora el suelo como componente esencial de los ecosistemas, en donde se desarrollan complejos y lentos procesos naturales, que necesitan del tiempo necesario para la formación de un suelo maduro. La pérdida de suelo por erosión, el deterioro del mismo por contaminación o compactación, supone a su vez la eliminación de la historia ecológica del suelo. Por su parte, el subsuelo se estudia como almacén de recursos para la minería o la extracción de petróleo, ocultándose los efectos ambientales y sociales de estos procesos, tales como la contaminación, el deterioro paisajístico, las expropiaciones o las difíciles condiciones laborales. Las culturas tradicionales, muy implicadas en el mantenimiento del suelo y los usos sostenibles del territorio, son consideradas atrasadas. Se presenta como rico el suelo urbanizado y ocupado por infraestructuras frente al agrícola, que se ve pobre. No se aportan muchos datos sobre la propiedad del suelo y su relación con los usos del mismo (agrícolas, turísticos, urbanísticos, etc.). Tampoco se habla de las leyes de gestión del suelo, cada vez menos restrictivas y propiciatorias de procesos de especulación urbanística. Hay que enseñar a nuestros alumnos y alumnas que la gestión sostenible del suelo requiere una planificación del territorio adecuada a los recursos naturales, paisajísticos, sociales y culturales, de forma que se propicie la conservación de la naturaleza y el mantenimiento de los sistemas de supervivencia locales. 

 

38.- QUITANDO GRAVEDAD A LOS RESIDUOS. Dentro de la absoluta falta de educación ecológica que nuestro sistema educativo practica hacia nuestros escolares, el asunto de la gestión de los residuos es sumamente importante. De entrada, deben introducirse nociones de economía circular (apoyadas quizá en los procesos de la propia Naturaleza), para que se comprendan los defectos de nuestra política sobre residuos. En la información que recogen los libros de texto sobre los residuos se observa una clara desconexión entre los distintos procesos que los generan, no se habla de los ciclos de los materiales, ni de cómo los residuos son el resultado de la imperfección de los sistemas productivos humanos, que abren los ciclos, rompiendo el equilibrio de los sistemas naturales, de manera que la información sobre éstos aparece inconexa y fragmentada. De hecho, se conciben los residuos como una consecuencia inevitable del desarrollo y de la sociedad de consumo. Sólo se propone su tratamiento, confiando en la tecnología, nunca la posibilidad de no producirlos o integrarlos en los procesos naturales. Por ejemplo, hemos encontrado un texto sobre el envase "Tetra Brik" con connotaciones exclusivamente positivas "la humanidad ha buscado siempre...", "pionero", "líder", incluyendo que en 1998 se produjeron más de 85.000 millones de envases, pues "permiten almacenar los productos durante largo tiempo sin que pierdan sus propiedades". p. 158 Lengua y Literatura 1º de Bachillerato SM. Otro ejemplo: Ilustración de unas endibias envasadas con el siguiente pie: “El polietileno es muy utilizado en alimentación como envoltorio o bolsas” p.484. Física y Química 1º de Bachillerato Editex. “La contaminación urbana”, “La producción de basuras es proporcional al grado de desarrollo de una sociedad, pero los remedios ensayados para la eliminación de los residuos sólidos urbanos aún no han resuelto el problema”, “residuos radiactivos que tardarán miles de años en eliminarse”. p.304 Historia Contemporánea 1º de Bachillerato Edelvives. O bien, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé que afirma sencillamente que "Entre los fallos del mercado está la aparición de externalidades". 

 

Otro párrafo que no tiene desperdicio es el siguiente, tomado del mismo libro: "Las externalidades o efectos externos son los costes o los beneficios asociados a la producción o al consumo de un bien que van a parar a terceras personas distintas de los sujetos actuantes"… "Como externalidad negativa podemos destacar la contaminación. Las empresas contaminantes toman decisiones sobre qué cantidad de bienes producir basándose en sus costes y beneficios. Pero no consideran los costes sociales que puede producir un volumen excesivo de contaminación. En este sentido se justifica la intervención del Estado para corregir y minimizar estos costes externos que soporta la sociedad" (Obsérvese cómo la empresa permanece intocable, como los daños ecológicos no existen y cómo se considera externo lo que es inherente al proceso de producción). Para los libros de texto, la responsabilidad de la generación de residuos recae en las personas y no se habla de los procesos que los generan. No se exponen de manera clara las terribles consecuencias a la larga derivadas de la enorme producción de residuos de nuestro sistema productivo. Prácticamente la única solución que se plantea para el tema de los residuos (y que aparece con cierta frecuencia en los textos) es el reciclaje. Este aspecto es clave pues se enseña a los y las menores que el grave problema ambiental de la generación de residuos se ataja sólo con el reciclaje. No se menciona la necesidad de la reducción en la generación de residuos, ni las posibilidades de reutilizar. Tampoco se menciona el porcentaje real de lo que se recicla, ni los problemas de las sustancias no biodegradables. Se concibe el reciclaje como postura estética. Se recicla lo marginal, por ejemplo juguetes con los que no se juega. No se cuestionan los hábitos de consumo, ni el papel fundamental que desempeñan en cuanto a paliar la creación de residuos. Se asocian erróneamente los productos con muchos embalajes con la higiene. Se oculta que una de las razones principales del desarrollo del embalaje fue poder llevar los productos cada vez más lejos y con ello engrosar las grandes compañías en detrimento de las pequeñas. Se destruyeron de esta manera los sistemas de distribución y producción local. La leche por ejemplo era distribuída desde la vaquería al recipiente doméstico sin necesidad de embalaje. Con la llegada del mismo se pudo vender en una gran superficie a miles de kilómetros de donde se produjo, aumentando con ello la insostenibilidad. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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9 junio 2020 2 09 /06 /junio /2020 23:00
El falso relato sobre el Descubrimiento de América (V)

Cristóbal Colón, con su histórico viaje en 1492, sentó las bases de la dominación colonial, con consecuencias indudablemente presentes hasta nuestros días. Colón buscaba recursos naturales, especialmente especerías, sedas, piedras preciosas y sobre todo oro. Su viaje, en consecuencia, abrió necesariamente la puerta a la conquista y la colonización. Con ellas, en nombre del poder imperial y de la fe, empezó una explotación inmisericorde de recursos naturales, con el consiguiente genocidio de muchas poblaciones indígenas

Alberto Acosta

Continuando con el asunto del mestizaje (siguiendo de nuevo el fantástico artículo de Carlos de Urabá), hemos de afirmar que el fruto de estas uniones violentas y bajo estado de shock no es otro que la existencia de niños y niñas bastardas, infantes huérfanos de padre y no reconocidos, cuya crianza tenían que asumir las madres indígenas sin ninguna posibilidad de reclamar sus derechos. Los historiadores monárquicos han pretendido hacernos creer que dichas uniones eran legales, y que ambos contrayentes (como si estuvieran en un plano de igualdad) habían dado un consentimiento mutuo. No es fácil imaginarse esa situación. ¿Se conocieron en qué lengua? Tendríamos que presuponer que los españoles dominaban las lenguas de los nativos (el quechua, el tzeltal, el chichimeca, el tolteca, el chibcha, el harauaco, el guaraní...). Más bien no. El mestizaje representó un verdadero trauma, un fenómeno biológico que generó gran inestabilidad emocional y un terrible complejo de inferioridad. Ramiro de Maeztu ha dejado dicho: "El hombre inferior admira y sigue al superior, para que lo dirija y proteja". En el virreinato los mestizos no tenían derecho a herencia, o a ejercer cargos públicos pues su sangre era considerada impura. La tendencia de ese fruto híbrido era la de identificarse más con el español o el europeo en general, despreciando por completo su "origen salvaje". Por paradójico que parezca, el racismo del mestizo hacia el indígena es mucho mayor que el del blanco hacia el negro. Los conversos se volvieron más fundamentalistas que los propios conquistadores y los frailes doctrineros. Pero existía un problema añadido: el virreinato tenía que mantener impoluto el rancio abolengo de los nobles castellanos, para lo cual la Corona española tuvo que comenzar a permitir, incluso estimular, los viajes de mujeres solas a las Américas. ¿Cuántas mujeres españolas viajaron solas a las Indias en ese período de 300 años de conquista y colonización? La emigración de mujeres peninsulares tenía por objeto evitar que los colonizadores se mezclaran con las nativas con el propósito de preservar la pureza racial (eugenesia) y mantener la hegemonía de la cultura española. 

 

De entre las cifras conocidas, sabemos que entre 1493 y 1518 tan solo viajaron 308 mujeres españolas a América, pero ya en 1600 se contabilizaron un total de 10.000. Es difícil dar una cifra fidedigna, pero creemos seguro que durante el virreinato no superaron las 30.000. La población española en el siglo XVI no superaba los 6 millones de habitantes. Pero evidentemente, no cualquier mujer podía viajar en aquella época. A las mujeres se les prohibía viajar solas pues necesitaban una carta de autorización del esposo o del padre reclamándolas o un tutor masculino que las acompañara. La mayoría de las colonas pertenecían a la nobleza, eran esposas de virreyes, de militares, de oidores, de altos funcionarios reales, o bien eran mujeres soldado, gobernadoras, hijas de..., etc. No obstante, otras viajaban como doncellas, criadas, institutrices, y por supuesto, también viajaban las monjas adscritas a las órdenes religiosas invasoras. No existían por tanto permisos para solteras o mujeres solas, ya que podrían ser confundidas con prostitutas o vagabundas. ¿Acaso alguna española se casó con un indígena o con un negro? Creemos que no, ya que en aquella época los prejuicios religiosos y racistas impedían cualquier unión entendida como "anti natura" que sería vista como una provocación inaceptable. En aquellos tiempos, toda mujer decente estaba obligada legal y moralmente a imitar las vidas ejemplares de sor Juana Inés de la Cruz o de Santa Rosa de Lima. Por supuesto, no toda la población permaneció impasible ante el abuso y el genocidio que se estaba cometiendo. Una pequeña parte de la población española, la más culta y sensible, reaccionó ante toda aquella barbarie. Por ejemplo, los doctores de la Universidad de Salamanca, embebidos en la piedad y la caridad cristianas, se escandalizaron por el maltrato que recibían los nativos, y protestaron ante la Corona española. Como consecuencia de sus reclamos, se promulgaron en 1542 las llamadas "Leyes Nuevas de Indias", que prohibían expresa y tajantemente su explotación y toda forma de esclavitud de los gentiles. Pero esas leyes, que siguieron funcionando hasta 1748 (ya en tiempos del reinado de Carlos III), no eran más que papel mojado. En efecto, las Leyes de Indias ordenaban a los funcionarios coloniales, a las audiencias reales, los capitanes generales, gobernadores, corregidores, alcaldes y cabildos, que se ofreciera un buen trato a los nativos. Pero existe un dicho castellano muy conocido que reza: "Las leyes se acatan, pero no se cumplen". 

 

La situación real era muy diferente: los esclavos indígenas o negros eran explotados en duras jornadas de sol a sol en las plantaciones, las haciendas, las minas, las canteras, las obras públicas, o en la construcción de templos, palacios o catedrales. Mientras, las mujeres indígenas cumplían las funciones de siervas o mucamas dedicadas a tiempo completo a la atención de sus amos y de las órdenes religiosas. Cualquier acto de rebelión se castigaba con la pena de muerte ejecutada públicamente para que sirviera de escarmiento a sus congéneres. Paralelamente a todo ello, el sistema feudal español de la época también fue instalándose poco a poco allende los mares. Y así, en América, al igual que en la península, cobró un gran protagonismo la figura del terrateniente, del gamonal, del hacendado. Ese señor feudal se reservaba las mejores tierras y la mayor cantidad de esclavos indígenas a su servicio (derecho de pernada incluido). En esos barracones de las mitas, obrajes, encomiendas, reducciones y resguardos se obligaba a la indiada a ejercer las penosas labores como si se tratara de bestias humanas que trabajaran a destajo sin importar si estaban enfermos o mal alimentados. Un insoportable sufrimiento que conmovió a Fray Bartolomé de las Casas, que compadecido reclamo al Rey católico para que los indígenas fueran sustituidos por esclavos negros. La institución de la encomienda era un calco de la Reconquista cristiana en los territorios de Al-Ándalus: un señor feudal protegía a sus súbditos a los que explotaba y además cobraba un tributo. La fundación de las nuevas ciudades americanas requería imperiosamente de mano de obra para levantar palacios solariegos, iglesias, catedrales, y grandes obras públicas como puentes, acueductos, caminos, murallas, castillos o puertos. La segregación racial obligaba a los indígenas a usar determinada vestimenta muy distinta a la de sus amos españoles, así como a confinarlos en guetos o reservas indias, lejos de las zonas habitadas por los hidalgos y señores, en una clara reminiscencia del apartheid. La mayoría de los cronistas de la época eran clérigos o misioneros (los pocos que en aquel entonces sabían leer y escribir), que imbuidos por los prejuicios religiosos mezclaban la fábula y la fantasía en sus epopeyas y narraciones de la vida cotidiana. Es por sus escritos como hemos conocido gran parte de los relatos de la época, que se conservan en la actualidad. 

 

Y así, en España existen innumerables organismos e instituciones donde reposan los legajos y la documentación de los cinco siglos de historia de los territorios de ultramar. Entre los principales se encuentran el Archivo de Indias de Sevilla (mandado construir por Carlos III), el Archivo General de Simancas, el Archivo Histórico Nacional (Madrid), el Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona), el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, el Archivo Histórico de la Nobleza de Toledo, el Archivo Central de Cultura en Madrid y en multitud de archivos particulares guardados por los descendientes de sus protagonistas, tales como el Duque de Veragua, el General Polavieja o el Virrey del Perú José Abascal. Se trata de documentos generados por instituciones coloniales, cartas de correspondencia privada u oficial, y relatos de los clérigos y misioneros. También se encuentra una importante documentación en los archivos ingleses, franceses, de los Países Bajos, alemanes, e incluso italianos (del Vaticano). También existen documentos redactados por cronistas, prelados, geógrafos, botánicos aventureros, cartógrafos, cosmógrafos, navegantes, militares o bachilleres que se reconocían como testigos directos de los sucesos acaecidos en las Indias durante el período colonial del Virreinato. Pero nosotros nos preguntamos...¿es esa toda la verdad? Lo cierto es que los nativos jamás pudieron escribir su propia historia, dar su propia versión de la invasión y del despojo de sus tierras. Relatar todo el sufrimiento causado a generaciones enteras de nativos. En esta historia, los indígenas son sujetos pasivos tratados como menores de edad, carentes de uso de razón, que tenían que resignarse a aceptar los designios divinos. No, nunca llegaremos a conocer toda la verdad. Pero al menos, lo más prudente y justo es intentar ofrecer un relato lo más cercano a la verdad, contando no solo la visión de los invasores, sino también la de los sometidos. Dichos relatos son ya más escasos, y hemos de buscarlos por otras vías, bebiendo de otras fuentes. Recientemente se han escrito algunas obras de referencia que nos pueden ayudar a alcanzar otros puntos de vista, y otros relatos de los hechos. A ellos también nos remitimos. Pero los historiadores españoles revisionistas tratan de demostrar desesperadamente que la obra del descubrimiento, la conquista y la colonización de las Indias, Asia o África fue la más grande epopeya jamás realizada por el ser humano. Su versión constituye el relato dominante, aquél que ha ilustrado páginas y páginas de los libros de texto de los estudiantes de muchas generaciones. 

 

Por tanto, es lógico pensar que cueste bastante trabajo echar abajo ese relato, que además es abanderado por la derecha política, social y mediática más salvaje, pues ensalza el orgullo patrio, recuperando parte de la filosofía del franquismo, que aludía a un pasado histórico brillante, como "civilización más antigua de Occidente". Este relato dominante define aquella gesta histórica como "una sagrada misión llevada a cabo por virtuosos varones impregnados de altruismo y filantropía". Pero nada más lejos de la verdad. A los que pensamos diferente, a los que creemos en otro relato, se nos acusa de enemigos de la patria, y de desacreditar la epopeya del descubrimiento para no reconocer los hechos históricos. Son nostálgicos de ese Imperio hundido y decadente, "donde nunca se ponía el sol", pero que aún mantiene con mano firme la sagrada "unidad de España" (básicamente la obra de los Reyes Católicos, construida igualmente mediante persecuciones y expulsiones), contra la que luchamos los que defendemos una España Federal. Desde entonces, los historiadores e investigadores, los filólogos y antropólogos, los escritores adheridos a dicho relato pro monárquico a sueldo del CSIC, del Ministerio de Cultura y patrocinados por la Casa Real, la Casa de Alba y los Grandes de España se han comprometido en cuerpo y alma a blanquear la leyenda negra, y a que solo se difunda su relato. Y para ello cuentan con millonarios presupuestos y el apoyo incondicional de instituciones oficiales, editoriales y entidades privadas (fundaciones, asociaciones...). Pero es un relato injusto y manipulado, un relato increíble. Al fin y al cabo, la Corona española siempre ha pretendido endiosarse manipulando la historia imperial en función de sus intereses. Aducen que todo está documentado, que todo está archivado y compulsado con sellos de autenticidad, por lo que nadie puede refutarlos pues ellos son los notarios de la verdad. No es cierto. Los exaltados españolistas, adheridos a la derecha más cruel y decadente, se enorgullecen de la supuesta conquista "solidaria y compasiva". Incluso alegan que hombres como Hernán Cortés o Francisco Pizarro deben ser considerados libertadores de los pueblos indígenas oprimidos por el yugo dictatorial tanto de los Aztecas como de los Incas. Sin más comentarios. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 junio 2020 7 07 /06 /junio /2020 23:00
Viñeta: Gatis Sluka

Viñeta: Gatis Sluka

Si has tomado veneno, debes deshacerte de las sustancias que te enferman. Permitámonos entonces aplicar un lavado de estómago a las doctrinas del crecimiento económico que nos han sido introducidas en alimentación forzada durante décadas

Herman Daly

Hace 50 años el hombre puso los pies en la Luna. A ver si también pone los pies en la Tierra, y se da cuenta de que la está destruyendo

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Como venimos repitiendo insistentemente, son los preceptos económicos, políticos y sociales ligados al "desarrollo" aquéllos que han de ser sustituidos por otros más racionales y acordes con la armonía y el equilibrio necesarios entre el ser humano y el entorno natural que le rodea. Los conceptos del Buen Vivir se presentan desde un vínculo directo con los saberes tradicionales que estaban subordinados, cuestionan las hegemonías culturales y se alejan de la idea de una "necesidad" de desarrollo, centrando los objetivos en otras cuestiones. Hay que escapar de la dicotomía occidental que separa civilización de naturaleza. En otras palabras, el Buen Vivir cuestiona la misma idea de progreso, su misma concepción es puesta en debate. Como hemos demostrado ya sobradamente en anteriores artículos, el estilo de vida de los países occidentales más "desarrollados" es absolutamente insostenible para nuestro planeta. La Tierra no posee la capacidad de absorción y resiliencia para poder continuar en esta misma senda durante mucho más tiempo. El Buen Vivir recomienda, entonces, dejar de ver a los recursos naturales como una condición para el crecimiento económico, o como simples objetos de las políticas de desarrollo. Necesitamos un espíritu afín y colectivo orientado a descolonizar el pensamiento dominante y romper con las cadenas que nos atan a él. Hay que apartar de nuestros planes de acción las ideas convencionales del "progreso", y apuntar hacia otra dirección para un Buen Vivir, incluyendo, como no puede ser de otra manera, una especial mirada hacia la Madre Naturaleza. Ha de ser puesto en debate todo el conjunto de conceptualizaciones que hasta ahora se han aliado con dicho "progreso", tales como las posturas éticas alternativas, donde se reconocen los derechos de la Naturaleza, los aportes del feminismo como reacción a la dominación de base patriarcal (el Ecofeminismo en nuestro caso), y las nuevas conceptualizaciones en áreas como la justicia (justicia ambiental) y el bienestar humano (Desarrollo a Escala Humana). La conjunción de todo ello nos lleva a confluir en unos nuevos parámetros que se enfrentan a las nociones dominantes de "riqueza", "bienestar" o "progreso". La visión biocéntrica (o ecocéntrica) recoge todas estas líneas de pensamiento. 

 

Las bases conceptuales del Buen Vivir se nos ofrecen, pues, muy alejadas de los parámetros de la economía convencional. Para el Buen Vivir, el mercado por sí solo no es la solución, pero tampoco lo es el Estado. Ya hemos comprobado que la subordinación del Estado al mercado conduce a subordinar la sociedad a las relaciones mercantiles y al egolatrismo individualista. Por su parte, las soluciones de propiedad únicamente estatal, aún siendo públicas por definición, tampoco se escapan a los posibles procesos de corrupción y burocracia, con todo lo que ello conlleva. Las soluciones estatistas tampoco garantizan en sí mismas una visión hacia los bienes comunes de la sociedad. Lejos de una economía sobredeterminada por las relaciones mercantiles o estatistas, el Buen Vivir apunta a la creación de relaciones dinámicas y constructivas entre los mercados, la sociedad y el Estado. Se busca construir una sociedad con diversidad de distintos tipos de mercados, para escapar de una sociedad de mercado, esto es, excesivamente mercantilizada. No se pretende una economía controlada por monopolistas ni especuladores, ni se promueve una visión meramente estatista a ultranza de la economía. Y por su parte, el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza permite convertirla en sujeto de derechos, donde ésta es valorada por sí misma, independientemente de la posible utilidad, valoración, uso o interés humano. Se trata de una postura biocéntrica, como ya hemos argumentado, donde se debe asegurar la sobrevida de todo tipo de especies animales y vegetales, así como del conjunto de todos los ecosistemas. Por lo tanto, el Buen Vivir no propugna la visión de una Naturaleza intocable e intocada, sino que es posible seguir aprovechando los recursos naturales para nuestras necesidades vitales, pero siempre manteniendo los sistemas de vida. En síntesis, el Buen Vivir implica una ruptura sustancial con la apropiación de la Naturaleza para alimentar un "desarrollo" entendido como crecimiento económico, y un "progreso" concebido como evolución lineal. Es así como las ideas clásicas de bienestar, riqueza o progreso se disuelven. Y en tanto el Buen Vivir propone una nueva arquitectura conceptual aplicable a los terrenos político, cultural y económico, es lógico pensar que también requerirá de indicadores y herramientas propias de medición y evaluación. 

 

Sobre todo, nos interesa cuantificar cuán lejos o cuán cerca estamos de la construcción democrática de sociedades justas y sostenibles. Debemos comenzar a prestar atención no solo a la recuperación de la biodiversidad, a la justicia ambiental, al decrecimiento del extractivismo, a la equidad o a la redistribución justa de la riqueza generada, sino que indicadores que midan la felicidad de nuestras sociedades, o la mochila ecológica y la huella ecológica se vuelven fundamentales. Simplemente, hemos de cambiar la economía para cambiar la vida, hemos de cambiar la cultura para cambiar la vida, y hemos de cambiar la política para cambiar la vida. ¿Dónde confluyen estas tres afirmaciones? Exactamente: en la vida. En eso consiste exactamente la postura biocéntrica: la vida tiene que estar en el epicentro de cualquier planteamiento rupturista con el convencionalismo económico dominante, que se ha apropiado de nuestros marcos mentales y culturales resignificando determinados conceptos en su beneficio. El Buen Vivir es urgente. Si no cambiamos nuestro modelo económico, más bien pronto que tarde, la humanidad está abocada a un colapso. Se impone una etapa de decrecimiento voluntario, aunque ello signifique la caída del capitalismo en ciertos aspectos. Y para ello, hemos de asumir de forma social mayoritariamente en primer lugar la delicada situación que vivimos, para que así podamos empujar desde la base de los movimientos sociales y ciudadanos las acciones, medidas y decisiones políticas que pongan en marcha el decrecimiento. Una base social lo suficientemente amplia que apoye estos conceptos y asuma la necesidad imperiosa de cambiar los parámetros económicos podrá ser más fuerte que los intereses del capital, es decir, podrá representar un contrapoder. Mientras no seamos capaces de implementar dicho cambio de rumbo, nuestro Titanic planetario continuará hundiéndose, aunque nosotros continuemos queriendo escuchar música de violines. Pero mientras (ya lo hemos advertido en anteriores entregas), es muy probable que el decrecimiento material y energético (forzado por la propia Naturaleza) conduzca (si no lo evitamos con buenas dosis de voluntad política y social), a una disminución muy vertiginosa y desagradable de nuestra calidad de vida, de la actividad económica, del bienestar social e incluso de la población humana (debemos evitar la implantación de toda suerte de ecofascismos). 

 

Para evitar esta disminución general y catastrófica (como muy bien sugiere Margarita Mediavilla en este artículo, ya en 2011), sólo nos queda una opción: desacoplar de forma muy importante nuestra actividad económica del consumo de recursos naturales y energía. Este enorme desacople debe ser un movimiento varios órdenes de magnitud mayor que el tímido aumento de la eficiencia o la intensidad energética que hemos visto en décadas pasadas. No es suficiente con consumir un poco menos por unidad de PIB, sino que en estos momentos necesitamos un cambio varias veces mayor que todos los que hemos sabido realizar en los últimos siglos. Margarita Mediavilla afirma: "Este desacople economía-recursos naturales es un cambio radical en nuestra forma de concebir la producción y el consumo, es decir, un cambio radical del proceso económico. Además, sería deseable que fuera acompañado de modos de vida, valores y relaciones sociales como los que describen los partidarios del decrecimiento. Pero estos cambios personales no son sino una parte de ese cambio que debe ser, sobre todo, económico, si no queremos que el decrecimiento material nos lleve, simplemente, a la catástrofe humana". La realidad es tozuda, y se pone delante de nuestras narices. Podemos verla o seguir negándola, hasta que la propia realidad sea tan brutal para nosotros que acabemos por entenderla a la fuerza. Quizá se deba poner mucho más énfasis en repartir (riqueza, rentas, trabajo...) puesto que estamos en un mundo limitado, quizá tengamos que comenzar a pensar en relocalizar (traer al territorio) dado que nos estamos quedando sin el combustible principal para el transporte, quizá tengamos que pensar en una economía centrada en el territorio, puesto que las energías renovables dependen y se generan en él, y quizá tengamos que pensar en una economía del estado estacionario (crecimiento 0) y en cómo conseguir realmente el "menos es más". ¿Pero por qué estos cambios aún se resisten en nuestras mentes y en nuestras políticas? Porque nuestras mentes y nuestras políticas aún están colonizadas con los esquemas mentales de la economía convencional, aquélla que se ha apropiado de los conceptos de "riqueza", "bienestar", "desarrollo" y "progreso". Por ello, antes hemos de ser capaces de hacer el ejercicio mental de asumir los nuevos significados (en realidad los verdaderos significados) de estos conceptos, y entonces el decrecimiento no representará una estrategia catastrófica para las sociedades. 

 

Mientras nos mentalizamos socialmente para este ejercicio, la realidad seguirá siendo tozuda: los pozos de petróleo y los yacimientos minerales, simplemente, se agotan. La biodiversidad se pierde a pasos agigantados. Las emisiones de GEI continúan su escalada, lo cual contribuye al calentamiento global. El caos climático y las pandemias derivadas de los procesos de zoonosis se nos presentan cada vez más frecuentes y poderosos. Las migraciones forzadas por estos fenómenos, así como por la propia deuda del crecimiento no cesan de aumentar en todo el planeta. ¿Seguimos escondiendo estas realidades, o nos enfrentamos a ellas? Esto nos sitúa en una tesitura muy complicada, porque nos enfrentamos a una verdad muy incómoda, de la cual ningún actor político o social quiere ser portavoz. Pero si se explica con sencillez, las personas pueden comprenderlo. Pongamos nuestro trágico ejemplo actual con el confinamiento obligado a causa de la expansión de la pandemia de la Covid-19: a las personas se les ha explicado por qué necesitábamos estar confinados, se les ha explicado que íbamos a tener que renunciar a muchos de nuestros hábitos y costumbres por un tiempo, pero se les ha explicado la causa de forma incuestionable, y entonces la gente lo ha entendido, y de forma mayoritaria ha asumido que era eso exactamente lo que había que hacer. A nadie le gusta ser portavoz de dichas noticias, pero en aras a una sostenibilidad de nuestra vida humana, hay que hacerlo. Con el decrecimiento pasa igual: hay que explicar a la gente que son absolutamente incompatibles nuestros parámetros económicos con los límites biofísicos del planeta. Y que llegados a este momento, hay que ir, sin prisa pero sin pausa, evolucionando hacia otras formas de pensar, de valorar, de vivir, de producir, de distribuir, de consumir y de desechar. Así pues, es preciso ponerse manos a la obra en el desarrollo e implementación de nuevas relaciones económicas que nos permitan salir adelante, entendiendo "salir adelante" como un mejor encaje del colapso. No podemos dejarnos llevar por la tentación de ignorar una realidad amarga, ni por la creencia en salvaciones tecnológicas milagrosas, ni por el desánimo que conduzca a la inacción. El Buen Vivir nos está esperando, pero hemos de construirlo nosotros, nadie nos lo va a dar hecho. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 junio 2020 4 04 /06 /junio /2020 23:00

Cuando evalúo a mis alumnos, no quiero que me cuenten lo que yo ya sé, ni lo que han leído en los libros, ni lo que me han escuchado decirles en clase, sino que quiero que me cuenten su propia opinión

Laura Mintegi

34.- LA MANIPULACIÓN GENÉTICA PRESENTADA SIN SUS EFECTOS NEGATIVOS. La manipulación genética vulnera el principio de precaución. El ser humano se presenta como transformador de la naturaleza, sin limitación en la manipulación de la vida. La contaminación genética tiene efectos imprevisibles e irreversibles, así como numerosas consecuencias en cascada sobre los ecosistemas. Los riesgos sanitarios a largo plazo de los organismos modificados genéticamente (OMG), presentes en nuestra alimentación o en la de los animales que comemos, no están siendo evaluados (alergias, resistencias a antibióticos…) y promueven la pérdida de seguridad y soberanía alimentaria de los países empobrecidos beneficiando exclusivamente a empresas multinacionales. El tratamiento que los libros de texto de nuestros escolares conceden a este asunto es muy preocupante. El conocimiento científico sobre el funcionamiento de los genes es todavía muy limitado y las técnicas actuales de ingeniería genética no permiten controlar los efectos de la inserción de genes extraños en el ADN de un organismo. La ingeniería genética parte del principio de que los genes tienen una función en sí mismos, sin tener en cuenta ningún otro factor interno o externo al organismo. Resulta imposible predecir el comportamiento de los nuevos genes introducidos en organismos y ecosistemas complejos. Por otro lado, existen estudios científicos que demuestran los efectos nocivos de la utilización de los transgénicos, pero se intentan silenciar o se retiran las subvenciones para seguir con las investigaciones. Muchas veces son las mismas multinacionales que tienen las patentes, las que realizan los estudios y ponen resistencia a la regulación de las responsabilidades. Sin embargo los libros de texto se muestran complacientes con los logros de la investigación genética. No existe proporción entre la velocidad con la que se introducen sustancias químicas de síntesis u organismos modificados genéticamente y la velocidad con la que se evalúan los daños que pueden causar, de forma que no se puede reaccionar a tiempo a los efectos que causan. A pesar de este riesgo, no se contempla el principio de precaución. 

 

El aumento de la producción de las cosechas y demás promesas de los transgénicos no se ha cumplido, sino todo lo contrario. Incluso se ha demostrado que el rendimiento en algunos casos, como en la soja resistente al herbicida Roundup, se calcula que es entre un 6-11% inferior del de la soja convencional. La mayor parte de los cultivos transgénicos han sido diseñados fundamentalmente con el único objetivo del control del mercado por la industria agrotecnológica (venta de herbicidas, retardo de la podredumbre para favorecer el transporte a larga distancia, semillas estériles, etc.), sin embargo las utilidades que muestran los libros de texto se relacionan con la mejora de la salud y las hambrunas. Veamos algunos ejemplos: el libro de Biología y Geología de 1º de Bachillerato Ed. Anaya afirma: “El logro de plantas manipuladas genéticamente resistentes a enfermedades víricas, permitiría una mejora considerable del rendimiento de las cosechas”. Y en otra parte del texto se afirma: “Los cultivos celulares tienen diversas aplicaciones como pruebas de resistencia a infecciones o detención de ciertas necesidades nutricionales, etc.”. El libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Oxford cuenta: "Las investigaciones en genética permitieron también revolucionar la producción de plantas y animales para el consumo humano, manipulando los genes de las especies vivas para mejorarlas e incluso "creando" especies nuevas (alimentos transgénicos). Estos procesos permiten incrementar el número de productos alimenticios, mejorar su apariencia y adaptarlos a la demanda de los consumidores". Y por su parte, el mismo libro de la Editorial Edebé sostiene: “El análisis del DNA y su transferencia de unos organismos a otros, mediante avanzadas técnicas de ingeniería genética se ha aplicado en la agricultura para conseguir variedades vegetales resistentes a las plagas, con contenido nutritivo mayor o de crecimiento más rápido. En ganadería se ha conseguido el desarrollo de especies que resisten mejor las enfermedades o presentan una elevada productividad”. Como puede comprobarse, los relatos son absolutamente acríticos, y de un tecnoutopismo brutal. La contaminación genética pone en peligro variedades y especies cultivadas tradicionalmente, así como a la flora y fauna de los ecosistemas naturales, debido a los efectos de la polinización, la mezcla de cosechas o la falta de limpieza de las máquinas e instalaciones agrícolas. Las manipulaciones genéticas se realizan siempre sobre variedades muy productivas, la llegada de las plantas transgénicas intensifica esta tendencia a la uniformización de los cultivos. Tal vez algún día ya no dispongamos de las variedades de plantas adaptadas a las condiciones ambientales locales para superar un grave problema como la resistencia a las plagas y la adaptación de los cultivos a las condiciones del territorio próximo. Este riesgo no es recogido en los libros de texto. 

 

Se justifica también el fomento de los transgénicos con vistas a la solución del problema del hambre en el mundo. Sin embargo, este no es un problema de escasez de alimentos, sino de acceso a los mismos o a los recursos para producirlos. Lo que hay que contar a nuestros alumnos y alumnas es que en realidad lo que está ocurriendo es que los pequeños agricultores no pueden pagar los elevados precios de las patentes, que millones de familias han perdido su soberanía alimentaria, y que tecnologías como la “terminator” (que hace que la semilla producida por la planta no sea fértil) están obligando a comprar las semillas en cada cosecha. Tampoco se cuenta a los estudiantes que las patentes de los transgénicos dan a las multinacionales un enorme poder sobre los agricultores, produciéndose una apropiación y oligopolio sobre la alimentación, a través de la tecnología de protección de genes o la venta de “paquetes tecnológicos” (semilla y herbicida conjuntamente). Esta concentración de poder en un tema básico como es la producción de alimentos para el consumo humano y animal  no aparece reflejada en los textos. Por su parte, temas como la investigación bacteriológica, la clonación, las células madres o la reproducción asistida se tratan como adelantos científicos para los que solamente se ponen reparos éticos y se plantea la necesidad de legislar sobre ello. No se habla de los riesgos, los costes solamente accesibles a élites favorecidas, el negocio de las nuevas técnicas de la reproducción o las armas bacteriológicas utilizadas en las guerras. Se transmite que la biotecnología es buena en si misma, incuestionable, es un avance, y que supondrá un incremento en la calidad de vida de las personas y será la solución a una gran cantidad de enfermedades. Aunque no se habla de las investigaciones para solucionar “problemas” irrelevantes para la salud como la alopecia, la celulitis o los adelgazantes, mientras que un enorme porcentaje de la población mundial se muere de hambre o de enfermedades ya erradicadas en los países del Norte, como las diarreas. No se habla del papel que juegan los intereses de las multinacionales farmacéuticas y sus patentes. Los libros de texto tampoco hablan de la gran resistencia que existe a la manipulación genética por parte de ecologistas, agricultores y consumidores, que reclaman el derecho a una alimentación sana, a un etiquetado que garantice la libertad de elección, el establecimiento de responsabilidades por parte de las multinacionales e información sobre los campos donde se cultiva con transgénicos. 

 

35.- LA SIMPLIFICACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD. Es éste otro asunto crucial que no se aborda de forma conveniente en los libros de texto. Para valorar la biodiversidad hay, en primer lugar, que valorar la propia vida, desde sus formas más sencillas y elementales hasta sus formas más acabadas, evolucionadas o perfectas. La biodiversidad es la estrategia de seguridad que la Naturaleza “ha inventado” durante su historia de millones de años. La biodiversidad permite que los ecosistemas se puedan anticipar relativamente a las perturbaciones externas. La biodiversidad se basa en el aumento de complejidad en detrimento del incremento de productividad, justamente al contrario del funcionamiento del sistema económico capitalista. Esta oposición esencial no es considerada por los libros de texto. La biodiversidad, en los libros de texto, se plantea de un modo reduccionista, como si se tratase de conservar un catálogo de especies al margen de los ecosistemas en donde se desarrollan. Se obvian las interrelaciones que existen entre las distintas especies entre sí y en equilibrio con su medio. Por ejemplo, en p.44 Biología y Geología 1º de Bachillerato Editex, el concepto de biodiversidad se presenta como un listado de especies al hablar de la clasificación de los seres vivos. Hay que explicar a los alumnos y alumnas que del mismo modo que un zoológico no es un ecosistema o las personas que habitan un bloque de casas no tienen por qué constituir una comunidad, la existencia de “bancos” semillas o especies o de zonas protegidas no asegura la protección y conservación de la biodiversidad. La biodiversidad es una figura que se contempla desde el punto de vista de la protección, es decir, se habla de ella para mencionar que existen leyes que la protegen, sin valorar los resultados de las mismas. Apenas se menciona que la protección es insuficiente o está mal gestionada. El fenómeno de pérdida de biodiversidad al que asistimos en la actualidad no es algo nuevo. Lo que sí constituye una novedad es la velocidad de desaparición y la gran magnitud de las causas que lo originan. La humanidad ha acelerado drásticamente el ritmo de extinción de especies y la degradación de sus ecosistemas. Según E. Goldsmith “la velocidad de desaparición es de unas cuatrocientas veces más rápida que en cualquier otro período geológico y afecta a un mayor número de especies…”. Sin embargo, se minimiza e incluso se transmiten mentiras, sobre la pérdida de biodiversidad en el planeta (sin ir más lejos, el libro de Biología y Geología de 1º de Bachillerato Ed. SM afirma sin despeinarse que “La biodiversidad actual en nuestro planeta es la mayor que jamás ha existido…”).

 

Se habla de las amenazas, pero no de las causas que producen el desequilibrio y destrucción en los ecosistemas y la desaparición de muchas especies, como la contaminación, la sobreexplotación de recursos, la deforestación o el cambio climático. Se transmite la falaz idea de que las especies se extinguen por falta de adaptación a los cambios, por falta de capacidades. Por ejemplo, el libro de Biología y Geología de 1º de Bachillerato Ed. SM afirma: “Los animales que se extinguen son los que no se adaptan. Por ejemplo, el Dodó de Mauricio y el lobo marsupial son dos especies recientemente extinguidas. No se adaptaron a la alteración humana de su medio” (¿no será más correcto y justo denunciar la perversa acción humana en contra de la existencia de determinadas especies?) Los cambios bruscos en las condiciones ambientales (aire, suelo, agua, clima o introducción de especies foráneas) suponen que los seres vivos no se puedan adaptar. Los procesos de especiación se producen durante largos períodos de tiempo, por lo que perturbaciones muy bruscas y rápidas desencadenan la extinción de especies. Existe la tendencia a dar más importancia a la extinción de grandes vertebrados (ballena, tigre, oso pardo, lince, etc.) que al resto de los seres vivos (invertebrados, plantas, hongos, etc.). Se ve la biodiversidad como un zoológico, un listado de llamativos animales. Sin embargo, el equilibrio de los ecosistemas depende de la compleja interrelación de todos los seres vivos que lo componen (cadenas de alimentación, productores o descomponedores) y sus variables ambientales. Bajo una mirada claramente antropocentrista, parece que los seres vivos existen para ser utilizados por los humanos, no existe la biodiversidad como valor en si mismo, como mecanismo que proporciona estabilidad al sistema de la vida, ni como “almacén” de información genética e intrínsecamente adaptada al territorio. La utilidad de la biodiversidad se mide en términos utilitarios para los intereses productivos. Hemos de enseñar a nuestros escolares que la biodiversidad es contraria a la uniformidad que impone el modelo de desarrollo económico (monocultivos, control de variedades y semillas, patentes…) el cual fomenta la pobreza y el deterioro ecológico. La sostenibilidad se basa en la diversidad debido a su adaptación a las condiciones ambientales y de autoabastecimiento en cada territorio. Por último, otra de las graves amenazas para la biodiversidad es el actual sistema de patentes. A través de los derechos de propiedad intelectual unas pocas multinacionales pretenden acaparar los recursos naturales del mundo, sean plantas, animales, microorganismos, procesos ecológicos o segmentos genéticos, siempre y cuando sean susceptibles de negocio. Las multinacionales recogen, como si fueran investigaciones propias, conocimientos milenarios, especialmente en zonas donde viven pueblos indígenas. El alcance de esta “biopiratería” es enorme, tanto destinada a la industria farmacéutica como a la alimentaria, despojando de los derechos de uso a los verdaderos propietarios y uniformizando la diversidad. Este fenómeno es invisible en los libros de texto. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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2 junio 2020 2 02 /06 /junio /2020 23:00
Ilustración: Libro "América indígena 1491 - Una nueva historia de las Américas antes de Colón" de Charles C. Mann

Ilustración: Libro "América indígena 1491 - Una nueva historia de las Américas antes de Colón" de Charles C. Mann

La historia imperial española denigra los pueblos indígenas calificándolos de “salvajes”, “paganos”, “depravados”, “caníbales”, “herejes”, “hijos del demonio que realizaban sacrificios humanos” para de esta forma tan artera justificar los crímenes de la conquista y colonización del “nuevo mundo

Carlos de Urabá

En Octubre de 2018 Carlos de Urabá, de quien hemos tomado la cita de entradilla, escribió un fantástico artículo titulado "12 del patíbulo de 1492 ¿Cómo blanquear la leyenda negra?", publicado inicialmente en el sitio web de Laicismo.org, donde describe (muy resumidamente por supuesto, pues el detalle profundo sobre el tema abarcaría sin duda varios tomos de una enciclopedia) básicamente las terribles prácticas del genocidio hispano en tierras americanas, así como la tergiversación frecuente que se hace de la historia real. Tomaremos como referencia dicho artículo a continuación, presentando lo fundamental que aporta. Advertimos de que en todo lo que vamos a contar no hay exageración alguna, sino todo lo contrario: la realidad debió ser aún peor. Comienza con el siguiente párrafo: "Los descubridores con arrojo y valentía vencieron los peligros del mar de los Sargazos y desembarcaron en esas playas vírgenes cometiendo un vil acto de piratería --que luego transmutaron en una heroica odisea--. Los adelantados tomaron posesión de las míticas tierra de Cipango --la isla recubierta de oro-- y Catay --la cuna de los sultanes de las Mil y Una Noches--, hundiendo el estandarte real con el águila de San Juan y las armas de Castilla y Aragón. Y entonces el verbo se hizo carne". Los apoyos papales fueron cruciales para consolidar la Conquista, y así, gracias a las Bulas Alejandrinas los reinos castellanos recibieron por donación de la Santa Sede apostólica de los justos y legítimos títulos de Señor de las Indias Occidentales, islas y tierra firme del mar océano. En concreto, la Bula del Papa Alejandro VI decretaba textualmente: "...le damos, concedemos y asignamos a vos rey de Portugal y reyes de Castilla y de León, a vuestros herederos y sus sucesores; y damos, constituimos y deputamos a vos, a dichos vuestros herederos y sucesores de ellas, con libre, llano y absoluto poder, autoridad y jurisdicción". Y así los extranjeros cristianos despojaron a sus legítimos propietarios esas tierras ignotas a las que llamaron equivocadamente como "las indias". Como ya avanzamos en el artículo anterior, se produjeron durante las décadas siguientes brutales ataques bacteriológicos a la población nativa, todos ellos importados de Europa, que inocularon la peste, el cólera, la viruela, el sarampión, la tosferina, las paperas o la gripe, virus desconocidos que aniquilaron poco a poco a buena parte de los 60 millones de indígenas durante el período de la conquista y colonización. 

 

Para los colonizadores, fanáticos religiosos como ya hemos comentado, en esta inmensa cruzada "civilizadora" intervino la mano de Dios, pues según ellos, el supremo hacedor eligió a los hijos del Imperio Español para expandir la fe cristiana sobre la faz de la tierra. La versión del relato que ha llegado hasta nosotros es que esos hombres buenos y piadosos asumieron el reto de redimir a millones de gentiles, paganos idólatras y sanguinarios antropófagos que adoraban al sol, a la luna y a las estrellas, y que estaban perfectamente integrados y armonizados con la naturaleza que les rodeaba. De hecho, los nativos tuvieron que aprender a la fuerza el español (castellano entonces), la lengua oficial del Imperio, además de aceptar la religión cristiana, católica y apostólica, renegando de sus heréticas creencias. Por la fuerza, esas tribus hostiles, de cuerpos desnudos concebidos en pecado mortal, tuvieron que aceptar a sangre y fuego una nueva religión que predicaba unos mitos procedentes de Oriente Medio condensados en la Biblia (Adán y Eva, Abraham, Moisés, la Virgen María, el dogma de la Santísima Trinidad, o Jesucristo, el hijo único de Dios que murió en la cruz), completamente ajenos a la realidad histórica, social y cultural de ese continente. Pero como venimos contando, estos cínicos argumentos no son más que una forma burda de escabullirse de sus gravísimas responsabilidades históricas, pues los europeos olvidan intencionadamente su macabro prontuario: las Cruzadas, las terribles guerras de religión y dinásticas que dejaron miles y miles de muertos; el exterminio criminal de poblaciones enteras acusadas de herejía por el poder vaticanista de entonces, como es el caso del genocidio albigense o Cruzada Cátara, la caza de brujas, o las persecuciones de musulmanes, judíos o gitanos. Sin olvidar por supuesto la peor de todas, la Santa Inquisición, exportada al Nuevo Mundo por la Corona española, que sometía a los acusados a las más execrables torturas: el potro, el castigo del agua, aplastar pulgares, la pera vaginal, oral o anal, la garrucha, la cuna de Judas, la doncella de hierro o la sierra. El sadismo españolista no conocía límites pues gozaban con el dolor ajeno ejecutando a los condenados en las hogueras o aplastando sus cuellos mediante el garrote vil...Por cierto, ¿no se les enseñan estas instructivas prácticas a los estudiantes cuando se les narran las "heroicas hazañas" de la conquista?

 

Explica Carlos de Urabá: "Según los inquisidores el Nuevo Mundo (al que comparaban con el paraíso terrenal) estaba poseído por satanás y era necesario exorcizarlo. De ahí la incesante represión monárquico-papista, una persecución cruel y despiadada que pretendía extirpar las idolatrías, inmolar a los sacerdotes, destruir los adoratorios, templos y deidades, quemar los códices y libros sagrados con el objetivo de borrar cualquier vestigio de esos cultos que calificaban de "supersticiones del averno". Con perros de presa los verdugos capturaron a esos indios salvajes a los que marcaron con hierros candentes para luego domarlos a latigazos igual que se hace con los potros ariscos". El desprecio de los "conquistadores" fue total y absoluto. Los invasores aseveraban que los indígenas pertenecían a un sustrato pre-humano: eran ágrafos (no conocían la escritura), no conocían la rueda, ni el hierro, ni la pólvora, ni demás adelantos tecnológicos de la época. Despectivamente los calificaron de "razas inferiores", relegadas a la edad de piedra, salvajes sin alma susceptibles de ser redimidos por obra y gracia del espíritu santo. Con la más absoluta prepotencia y arrogancia, los conquistadores impusieron a la fuerza sus leyes y principios a los nativos; el respeto y obediencia debida a la jerarquía, a los nobles, a los aristócratas, a los castellanos viejos o hidalgos (el estamento clerical-militar), ante los cuales los nativos debían descubrirse y bajar la mirada ante sus señorías o vuesasmercedes (tal era el tratamiento de la época a dichas personalidades). Por su parte, los frailes doctrineros, pertenecientes a las órdenes mendicantes tales como los franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, etc., se lanzaron a la magnánima empresa de la evangelización de los gentiles. A los conversos se les obligó a aprender la lengua para hablar con Dios, se les bautizó con nombres y apellidos cristianos inspirados en el santoral o en honor a sus padrinos españoles, porque era necesario dotarlos de identidad y legalidad. Así mismo, había que pagar las indulgencias plenarias para ganarse el cielo y expiar los pecados: confesarse y arrepentirse en un acto de contrición y propósito de enmienda ("Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa..."), autoflagelándose presas del éxtasis místico. 

 

Sin duda ninguna, el año de 1492 y los venideros marcaron un antes y un después en aquélla civilización indígena. Es lo que nos dice el falso relato que se enseña en las escuelas: "antes solo reinaba la oscuridad, la ignorancia, la brutalidad y el bestialismo, no existían sentimientos humanos de cariño, ni amor, las madres como las perras criaban a sus hijos, los padres eran lo más parecido a engendros maléficos. Hasta que el padre eterno dijo: "hágase la luz, y la luz fue hecha". Los colonos españoles se negaban a trabajar, porque como se afirma en el Antiguo Testamento: "el trabajo es un castigo de Dios" (Génesis, 2:15), de ahí que la explotación de las haciendas, plantaciones o minas recaía en los siervos y esclavos (indígenas y negros) bajo el control de un capataz que se encargaba de disciplinarlos a latigazos y rendir cuentas (que generalmente alcanzaban el superávit, lo cual explica cuán fácil era hacer fortuna haciéndose "indiano", es decir, viajando a las indias, haciendo allí fortuna, y luego regresando a España). De esa forma, proliferaron los aventureros y hacedores de fortuna. La máxima aspiración de los mismos era adquirir un blasón de nobleza otorgado por su majestad el Rey como premio a los servicios prestados a la Corona allende los mares. Dichos servicios estaban normalmente relacionados con las campañas militares contra los gentiles (paganos o razas inferiores que representaban un obstáculo para la civilización). El asunto del mestizaje también tuvo su aquél. Carlos de Urabá lo explica en tono irónico: "La conquista y colonización de las indias la hicieron los hombres (con la excepción de un número reducido de mujeres) y por lo tanto, esos rudos hombres tenían que satisfacer sus instintos básicos y no les quedó más remedio que "relacionarse" con las nativas. ¿Quizás cortejaron a las indias, las enamoraron, les brindaron flores y poesía? ¿Aunque no hablaran su lengua les cantaron versos y luego les pidieron su mano a sus padres para unirse en matrimonio?¿Las consideraron sus legítimas esposas o simplemente como objetos para su placer? Una relación completamente desigual entre unos seres sobrenaturales (¿dioses?) que las sometieron a la fuerza para complacer sus bajos instintos. Sus mercedes se reservaban los mejores harenes de concubinas y barraganas para fornicar a su libre albedrío". 

 

El mestizaje, en efecto, se forjó en esos execrables crímenes sexuales que cometieron contra niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres maduras o madres, que para siempre quedaron impunes. Pero el relato oficial dominante, el difundo a través de siglos, nunca habló de violaciones, sino de uniones amorosas bendecidas por la Santa Madre Iglesia. Sin embargo, la realidad era bien distinta: la historia de los nobles peninsulares y de los criollos es una historia de patriarcas machistas y misóginos. A las mujeres se les relegaba a los trabajos del hogar, no tomaban decisiones y eran sistemáticamente discriminadas siguiendo los preceptos bíblicos de sumisión y obediencia debida a su padre o esposo. De hecho, aún durante el apogeo del franquismo, la Sección Femenina (el organismo del régimen dedicado a tal fin) divulgaba dichos atroces preceptos a las mujeres de la época. Las mujeres de aquéllas generaciones aún vivas lo recuerdan perfectamente. Los "indianos" de la época pertenecían a perfiles diversos, porque en este viaje transatlántico solo viajaban hombres, los hombres más rudos, los más fuertes y aguerridos, muchos de ellos delincuentes que iban a redimir sus penas a las Indias, pero también moriscos renegados, judíos fugitivos, reos liberados, y en fin, toda clase de hijos de la picaresca social de la época, donde imperaba el fraude, la corrupción, los sobornos y las malas artes, es decir, toda una pléyade de aventureros dispuestos a arriesgar sus vidas en una peligrosa travesía que muchas veces terminaba en tragedia. Pero era mejor eso que seguir soportando la misera y el vasallaje de una España feudal donde únicamente los hidalgos y aristócratas gozaban de privilegios, poder y prebendas. Se creó incluso la Casa de Contratación, una institución formada a tal efecto, para fijar un cupo y un pasaporte de limpieza de sangre para que no viajaran "herejes" a las Indias. Pero la picaresca propició que se comenzaran a difundir permisos clandestinos a gentes de dudosa reputación como moros, judíos y gitanos. A modo de curiosidad, se tiene noticia de que el primer prostíbulo del Nuevo Mundo se fundó en Santo Domingo en el año 1526 con el beneplácito del Rey Carlos I para atender a aquéllos aventureros y navegantes que, ávidos de compañía femenina, solicitaban la presencia de una moza que consolara sus cuitas de amor, tras sortear la larga travesía interoceánica. Continuaremos en siguientes entregas.

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31 mayo 2020 7 31 /05 /mayo /2020 23:00
Viñeta: Eli Zunzunegui

Viñeta: Eli Zunzunegui

La justicia ambiental trata sobre el derecho a permanecer en el lugar y el entorno natural que uno siente como propios y a estar protegido del crecimiento y la inversión incontrolados, la contaminación, el acaparamiento de tierras, la especulación, la desinversión, la decadencia y el abandono

Isabelle Anguelovski

Frente al "más deprisa, más lejos, más a menudo y menos caro" hay que contraponer el "más despacio, menos lejos, menos a menudo y más caro"

Yves Cochet

En la última entrega estuvimos analizando las posibilidades (y las formas de evitarlas) de que el abismo civilizatorio que nos amenaza desemboque en una suerte de ecofascismo social. A este respecto, Craig Collins explica en este artículo lo siguiente: "No obstante, a menos que sea abolido, el capitalismo no desaparecerá cuando la prosperidad se convierta en descalabro. En vez de eso, el capitalismo sediento de energía y sin poder crecer se volverá catabólico. El catabolismo es un conjunto de procesos metabólicos de degradación mediante el cual un ser vivo se devora a sí mismo. A medida que se agoten las fuentes de producción rentables, el capitalismo se verá obligado a obtener beneficios consumiendo los bienes sociales que en otro tiempo creó. Al canibalizarse a sí mismo, la búsqueda de ganancias agudizará la espectacular caída de la sociedad industrial. El capitalismo catabólico sacará provecho de la escasez, de la crisis, del desastre y del conflicto. Las guerras, el acaparamiento de los recursos, el desastre ecológico y las enfermedades pandémicas se convertirán en las nuevas minas de oro. El capital se desplazará hacia empresas lucrativas como la ciberdelincuencia, los préstamos abusivos y el fraude financiero; sobornos, corrupción y mafias; armas, drogas y tráfico de personas. Cuando la desintegración y la destrucción se conviertan en la principal fuente de beneficios, el capitalismo catabólico arrasará todo a su paso hasta convertirlo en ruinas, atracándose con un desastre autoinfligido tras otro". Esperemos que esta visión, ciertamente catastrofista y apocalíptica que nos presenta Craig Collins no llegue nunca a producirse, y precisamente por ello hemos de actuar en el buen sentido. Pero ni qué decir tiene que todos estos escenarios hemos de contemplarlos como posibles, dada la situación actual, las tendencias observadas, y la escasa concienciación popular sobre estos temas. Lo cierto es que si no lo evitamos, la situación de colapso irá poco a poco desmoronando todos los mimbres donde se asienta nuestra sociedad, y con ello, dislocando todas las estructuras, instituciones, flujos, costumbres, modos de vida, conciencias, valores, actitudes y comportamientos. Es lógico pensar que un sistema que ya no puede autoabastecerse ha de explotar por algún sitio, y las clases más desfavorecidas, como siempre, estarán en el ojo del huracán. 

 

¿Cuál es la solución para no llegar a este momento? Estar preparados, haber recorrido ya, al menos, una parte del camino alternativo, haber migrado a otras formas de vida más sostenibles. El Buen Vivir se nos ofrece como una senda posible y atractiva en este sentido. El Buen Vivir se nos presenta como un compendio, como un pensar para imaginar otro mundo a partir de otros principios civilizatorios, diferentes al dogma capitalista y neoliberal imperante y hegemónico. Una visión nueva que se aleja de los valores de la explotación, del saqueo y del desprecio a las formas de vida, y que sitúa al hombre en armonía con sus semejantes, con la Naturaleza y con el resto de seres vivos. Sus principios de reciprocidad, apoyo mutuo, cooperativismo e igualdad favorecen la reproducción de la vida, en vez de la reproducción del capital, cáncer responsable de la situación actual. El Buen Vivir nos obliga a valorar y a respetar los bienes comunes, esto es, el conjunto de bienes, productos, servicios y procesos que hemos de considerar pertenecientes al conjunto de la comunidad humana y animal a las que sirven. El Buen Vivir será comunitario o no será. Pero ello exige todo un proceso de descolonización mental del pensamiento dominante, es decir, ir "desaprendiendo" cuantos valores y esquemas mentales nos han imbuido en nuestras sociedades "desarrolladas". El Buen Vivir implica que un montón de cosas decrezcan (autopistas, fábricas, urbanizaciones, parkings, excavadoras, vuelos en avión, antenas, grúas, monocultivos, vertederos, centrales nucleares, residuos plásticos...) para que otras cosas crezcan (ríos y mares limpios, bosques sanos, aire no contaminado, ausencia de tráfico rodado, relaciones comunitarias, variedades de semillas, relaciones cara a cara, contemplación, tiempo libre, biodiversidad, moverse en bicicleta...). Actualmente, nuestras sociedades suman donde en realidad tienen que restar, y viceversa. Hay que irse olvidando de valorar solo las realidades que puedan ser mercantilizadas, para comenzar a valorar las que no pueden serlo. Debemos prestar más atención a la simplicidad, a la austeridad, a la huella ecológica, a la riqueza ecosistémica, a la evolución de la tierra fértil, a la resolución de las auténticas necesidades humanas, antes que al PIB, a la deuda pública, al déficit público, a la prima de riesgo y, en fin, al crecimiento económico. 

 

Las propuestas del Decrecimiento están en plena sintonía con el Buen Vivir, como estamos intentando demostrar en esta serie de artículos. El Decrecimiento se dirige más bien a la producción de supervivencia, de justicia y de bienestar, con una reducción planificada de energía, materiales y residuos. Hay por tanto que olvidarse de las prácticas extractivistas, de la degradación de materiales de la corteza terrestre, de la apropiación privada de los bienes comunes, del saqueo de la Naturaleza, del desprecio hacia la vida de los animales, de la desigualdad, del exceso de trabajo no deseado, de la explotación de recursos naturales, de la pérdida de soberanía, de la emisión de residuos, y de tantos aspectos que inciden en la provocación del colapso. El mundo de las necesidades humanas es un aspecto principal, como ya estudiamos en los artículos donde presentamos la teoría del Desarrollo a Escala Humana, de los pioneros Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martin Hopenhayn. En este artículo, Fernando Cembranos también nos lo explica breve y brillantemente: "El ser humano, aunque puede tener deseos ilimitados, tiene en realidad un conjunto más o menos finito de necesidades. Como el resto de los animales, podría saciarse y conformarse con una cantidad limitada de recursos materiales. La desigualdad introduce la comparación y con ella la idea de necesidades ilimitadas. Tener lo que tienen los que tienen más se convierte en una necesidad. Pobre es quien no tiene un televisor, pero si el país se desarrolla, entonces pobre es quien no tiene tres televisores. Se crea así una imparable espiral de necesidades. De hecho, los indicadores de pobreza se miden en magnitudes comparativas. Algunos economistas llegan a afirmar que la desigualdad funciona como un motor económico que hace que finalmente todos tengan más, pues parten de la idea de un mundo infinito. La realidad es que las "necesidades" ilimitadas creadas desde la desigualdad hacen crecer el sistema económico en un planeta que tiene límites".

 

El asunto de la proximidad también es fundamental para el Buen Vivir. Nuestra civilización ha entendido el "desarrollo" como la conquista de las distancias, pero esto también es un error. Los medios de transporte ágiles y veloces, así como las infraestructuras de la ciudad moderna estimulan la realización de todo tipo de actividades regulares cada vez más lejanas. Desde mediados del siglo XX hacia acá han aumentado inusitadamente las distancias que recorren los materiales, las mercancías y las personas para resolver las necesidades que podrían resolverse desde la proximidad, sin los costes ecológicos y sociales añadidos. El Buen Vivir nos conmina a la vida cercana, a la producción y consumo locales, a las distancias cortas, a la lentitud. Lo mismo ocurre con el trabajo humano: los mercados y su fundamentalismo político nos obligan a trabajar más de lo que necesitamos para llevar una vida satisfactoria y digna. Al mismo tiempo, mantiene en desempleo a millones de personas. Esta desigualdad evidente no hace sino reforzar los mecanismos de mercado. El Buen Vivir nos insta a repartir el trabajo existente, y a trabajar lo justo para vivir, valorando un conjunto de actividades que nuestra civilización ha ido olvidando, como disfrutar del tiempo libre para cultivar la reunión, la conversación, la contemplación, el paseo, el recreo, la lectura, el apasionamiento en general por cuantas actividades supongan un placer para los seres humanos. Como concluye Fernando Cembranos en su artículo: "Una sociedad preocupada por la justicia y la sostenibilidad dispondrá de nuevos indicadores de medición tales como el grado de equidad, el grado de suficiencia, la resolución no violenta de conflictos, el mantenimiento de la biodiversidad, el consumo energético por habitante, la huella ecológica o la relación entre felicidad y recursos". Todos estos, a muy grandes rasgos, son los elementos que exige cambiar nuestra actual civilización, si pretendemos evitar el colapso, o si éste es inevitable, al menos colapsar mejor, sobre todo esquivando y atajando la reproducción de un muy posible ecofascismo social, que ahondaría aún más la herida provocada. Si somos capaces de ir construyendo los moldes de una nueva sociedad fundada sobre estos pilares, es también muy posible que el colapso nos pille mejor preparados, más fuertes y con parte del trabajo hecho. El Buen Vivir es una solución de largo recorrido. 

 

El epicentro del pensamiento renovador para el cual hemos de prepararnos consiste básicamente en disolver la idea del progreso que la civilización capitalista nos ha traído. Lo explican muy bien Alberto Acosta y Eduardo Gudynas, dos de los mayores expertos mundiales (aquí venimos analizando muchos de sus trabajos), en este documento. Estos autores explican: "El ethos del progreso está íntimamente relacionado con las posturas culturales propias de la modernidad de origen europeo. Aparece bajo la atribución de un nuevo protagonismo otorgado al ser humano, por fuera de la naturaleza, la que debía ser dominada y manipulada. Sir Francis Bacon (1561-1626), célebre filósofo renacentista, plasmó esta ansiedad en un mandato al reclamar que "la ciencia torture a la naturaleza, como lo hacía el Santo Oficio de la Inquisición con sus reos, para conseguir develar el último de sus secretos..." (...) Poco a poco la idea de progreso se convirtió en uno de los conceptos dominantes y más influyentes (...), propagándose hacia América Latina, en un largo proceso que empezó con la conquista y que luego transitó durante la fase colonial y se proyectó en las jóvenes repúblicas. En ese largo devenir las concepciones alternativas propias de las culturas originarias fueron minimizadas, subordinadas y relegadas. En el siglo XIX la idea del progreso ya está consolidada en las élites de las repúblicas latinoamericanas y explica muchos aspectos de la estructuración económica y productiva de esos tiempos (...) La idea de progreso fue reformulada bajo el concepto de desarrollo a inicios del siglo XX, y en especial desde la década de 1940 (...) Repetidamente se ha llamado la atención sobre el discurso del presidente de Estados Unidos Harry Truman, cuando en 1949 presenta la idea del desarrollo directamente vinculada a la de subdesarrollo, donde unos países han avanzado en la ruta del progreso, y otros han quedado rezagados". Desde ese momento se da el pistoletazo de salida para que las escuelas económicas de pensamiento neoliberal, que se fueron desarrollando a partir de entonces, alcancen a los principales gobiernos del mundo, y proyecten sus paradigmas y peligrosos valores a sus sociedades. El resultado es el mundo que tenemos hoy día. La idea de progreso está profundamente arraigada en la cultura económica dominante, y lo está asociada a la idea de "desarrollo". Sus expresiones académicas y políticas son comunes, asumiendo como la meta del desarrollo el crecimiento económico perpetuo. Los conceptos del Buen Vivir ponen en jaque todas estas ideas. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 mayo 2020 4 28 /05 /mayo /2020 23:00

Los hombres, cuando enseñan, aprenden. No se trata solo de que enseña el que sabe y que aprende quien no sabe: todos sabemos algo y todos ignoramos algo. Todos somos, a la vez, maestros y alumnos

Séneca

33.- LA VISIÓN ACRÍTICA DE LA AGRICULTURA Y LA GANADERÍA INDUSTRIAL. El tratamiento que los libros de texto de nuestros escolares conceden a estas actividades históricas del ser humano también dista mucho de ser correcto. Erróneamente, los libros de texto consideran que los países en los que la mayor parte de la población se dedica a la agricultura y ganadería son atrasados, especialmente si no utilizan mecanización, abonos y pesticidas químicos o su producción no se basa en el monocultivo. La pérdida del peso de la agricultura en la economía se manifiesta como un índice de desarrollo y modernización. Por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal afirma: “La productividad del campo ruso seguía siendo muy escasa porque no se introdujo la mecanización”. O el mismo libro de la Editorial Oxford afirma: "La agricultura era tradicional y poco eficiente, ya que el rendimiento por hectárea era muy bajo". "Este panorama dificultaba que la agricultura abandonase su carácter general de subsistencia". Para los libros de texto, la economía de subsistencia se considera sinónimo de pobreza, a pesar de que las personas que viven de este modo puedan a menudo ser autosuficientes
o a veces trabajar menos horas que las personas que viven en economías industrializadas. Esto nos lo muestra muy claro, por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Edelvives: “En los países subdesarrollados la agricultura y la ganadería siguen siendo de subsistencia, es decir, la población consume lo que produce. Sin embargo, en los países desarrollados la aplicación de nuevas técnicas en cuanto a maquinaria, abonos, selección de razas, etc. ha generado una agricultura y ganadería comerciales, es decir, la producción se destina al comercio y no al propio consumo.” Los mensajes subliminales están bien claros. El modelo agropecuario tradicional se considera poco productivo. Se considera, por ejemplo, atrasada una agricultura condicionada a los factores del clima. No se tiene en cuenta lo ineficaces que resultan los sistemas de explotación agrícolas y ganaderos intensivos en cuanto a los balances energéticos, generación de residuos, pérdida de biodiversidad, introducción de elementos tóxicos peligrosos de efectos ambientales impredecibles, problemas para la salud de las personas o pérdida de soberanía alimentaria. 

 

A pesar de que el concepto de productividad en la agricultura debería tener en cuenta la internalización de los costes en todo el proceso, los libros de texto permanecen ignorantes a esta realidad y ocultan los impactos de la agricultura y ganadería intensiva sobre los ecosistemas, la salud, el maltrato animal, las condiciones laborales o el aumento de residuos generados. Sólo se fijan en el crecimiento de la productividad: como por ejemplo en el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal, que afirma: “Las prácticas agroquímicas y la mecanización lograron un aumento espectacular de la productividad agrícola”. O por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé, que cuenta: “La agricultura europea había experimentado un fuerte desarrollo basado en el incremento de la productividad. Esto se había conseguido aumentando la utilización de la tecnología, fertilizantes, energía, etc. Y disminuyendo la utilización del factor trabajo”. Pero aún tenemos más ejemplos: el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest dice: "Las tierras de regadío son más productivas y rentables" (como si estos factores fueran los únicos importantes), y el libro de Economía antes citado afirma: “En la revolución industrial se mejoraron las técnicas de cultivo, con lo que se incrementó la productividad”. Todos los mensajes, como vemos, van encaminados a reproducir y valorar únicamente la lógica capitalista, es decir, la de la rentabilidad y productividad, como si el resto de factores no fueran valorables, o como si el incremento de dichos factores no tuviera sus repercusiones negativas. Se oculta la vulnerabilidad de los cultivos actuales dada su inadaptación a las condiciones ambientales tales como la introducción de variedades de animales, plantas y semillas procedentes de otras áreas, la aparición de plagas que se tratan con ingentes cantidades de insecticidas químicos de efectos imprevisibles, la pérdida de biodiversidad en los monocultivos, la degradación de suelos, el despilfarro y la contaminación de agua, la introducción de transgénicos, los desastrosos balances energéticos, la generación de residuos o el transporte a largas distancias. Aunque la agricultura industrial actual es la “práctica de hacer comestible la energía del petróleo”, los libros no permiten tener conciencia de esta situación de riesgo. 

 

Por este camino, nuestros escolares pierden el conocimiento del origen y formas de producción de los alimentos que consumimos (mecanización, transporte a larga distancia, envasado, etc.). Se pierde el conocimiento de la vida, de los ciclos de la naturaleza, como en los invernaderos en los que no existen las estaciones y se aceleran los ciclos de la planta o en la estabulación permanente del ganado que cambia el fotoperíodo de los animales. Hay que enseñar a los alumnos y alumnas que la agricultura y ganadería industrializadas presentan un balance energético y ambiental altamente deficitario, de este modo, producir una caloría de carne de pollo en intensivo requiere doce calorías de cereal. Se ignora que el número de calorías introducidas en el proceso en relación con las obtenidas ha ido empeorado progresivamente con respecto a la agricultura tradicional. Tampoco se les enseña a los estudiantes los peligros de los agroquímicos utilizados en la agricultura industrial. Se justifica el uso de transgénicos sin tener en cuenta sus posibles efectos sobre la salud, el medio ambiente o los sistemas productivos tradicionales, de consecuencias mucho más graves y prolongadas que los agrotóxicos. No existe el principio de precaución. No se relaciona la introducción de la biotecnología con el control del mercado por parte de las transnacionales. Todos estos aspectos son ignorados por los libros de texto. Más bien al contrario, los libros de texto cuentan cosas como las siguientes: “Sin embargo, en la actualidad, el incremento de la producción agrícola puede haber tocado techo, por lo que el reto de la ingeniería genética está en obtener alimentos vegetales con costes menores y convertir en agrícolas terrenos hoy en día improductivos, mediante el cultivo de especies adaptadas a ellos” (libro de Biología y Geología 1º de Bachillerato Anaya). No se menciona apenas la ganadería como sistema productivo y, por tanto, se oculta el maltrato a los animales en la ganadería intensiva, potenciado por intereses económicos y comerciales completamente ajenos al sector ganadero tradicional, y por supuesto insensibles a cualquier consideración de salud pública, de bienestar animal, o de sostenibilidad y equidad. Los animales, ajenos al campo, son fuentes de producción de carne, leche, grasas o piensos, hacinados en instalaciones donde apenas pueden moverse, sometidos a estrés, alimentados con piensos de dudosa salubridad, hormonados o tratados con antibióticos. 

 

De nuevo, el libro de Biología y Geología de 1º de Bachillerato Ed. Anaya nos ofrece una buena muestra de todo ello: “Se han utilizado hormonas, principalmente en la producción lechera, tanto para aumentar la cantidad de leche como el porcentaje en grasa”. “El mayor adelanto ha sido el empleo de compuestos hormonales sintéticos para incrementar el peso del ganado vacuno en explotación intensiva”. Sin comentarios. Es imposible que de esta forma, tengamos luego generaciones de personas adultas que se encuentren sensibilizadas con las culturas y prácticas sostenibles, o las valoren siquiera. Se trata escasamente el tema de la pesca y cuando se hace no se tiene en cuenta su gestión sostenible. No se habla de la producción de pescado en acuicultura con piensos de dudosos efectos sobre la salud de las personas. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Anaya cuenta: “La pesca es importante en España, debido a la extensión de sus costas; pero atraviesa muchas dificultades, como el agotamiento de los bancos de peces, la limitación del número de barcos y de las áreas de captura, etc". Pero aún hay más: el libro de Inglés de 6º de Primaria Ed. Longman afirma que se considera una alimentación sana y equilibrada para la población aquélla que incluye "comer carne y pescado todos los días" (parece que no están considerado el veganismo precisamente). Se ocultan los efectos sobre la salud humana del actual sistema de alimentación que utiliza productos cancerígenos, hormonas, transgénicos o dioxinas. Mientras una gran parte de la población mundial muere de hambre por falta de alimentos, en los países industrializados muchas personas sufren de obesidad, colesterol, intoxicaciones o alergias de origen alimentario. El éxodo rural no se contempla como un problema social grave (desarraigos, pérdida de cultura rural tradicional, marginalidad en las ciudades, urbes insostenibles de millones de habitantes…) sino como un resultado del desarrollo y la modernidad. No se ve como un problema, por tanto, la tremenda desigualdad en la distribución de la población, ni la existencia de zonas vaciadas cada vez más extensas, ni la pérdida de modos de vida sostenibles, simples y frugales. Se oculta igualmente la relación entre los actuales modos de producción agrícola y el empobrecimiento de países enteros, la explotación laboral en condiciones infrahumanas, el enriquecimiento de unos pocos o el control de precios por parte de las grandes multinacionales. 

 

Los libros de texto y los docentes deberían enseñar a los escolares que en un mundo globalizado como el nuestro (se entiende según el modelo de globalización capitalista), las condiciones del "libre" comercio internacional controlan los precios y empujan a los pequeños agricultores de los países empobrecidos a una competencia injusta con los sistemas agrícolas del Norte, de gran escala, capital intensivo, fuerte mecanización y enormes subsidios. Lo que supone condenar a la miseria a una gran parte de la población mundial. La concentración de poder, la propiedad del suelo en manos de unos pocos, la especulación, la explotación laboral y el control del mercado por parte de las multinacionales ha de ponerse en evidencia para entender los sistemas agrícolas y ganaderos actuales. Las transnacionales controlan el 80% de la tierra dedicada a cultivos de exportación y sólo cinco empresas controlan casi el 100% del mercado mundial de transgénicos. Pero todo esto queda oculto a los estudiantes. Así es imposible que entiendan cómo funciona nuestro mundo, y mucho menos que siquiera imaginen cómo debería funcionar. No se dan a conocer las distintas alternativas a los sistemas agrarios y ganaderos que se están desarrollando en la actualidad tales como las luchas por la soberanía alimentaria, el comercio justo, la agroecología, las redes de consumo y de trueque o las campañas de resistencia a los agrotóxicos y los transgénicos. Nuestros escolares deben comprender la verdadera esencia de una agricultura y ganadería sostenibles, la importancia del buen trato hacia los animales que nos puedan ayudar a dichas tareas, y hasta qué punto la cultura capitalista ha alterado no solo los medios en los que se basan hoy día estas actividades, sino los fines en sí mismos a los que están dedicadas. Deben comprender, sencillamente, que mientras existen millones de campesinos en extensas zonas agrícolas y ganaderas del mundo empobreciéndose cada vez más, el modelo actual consagra el poderío de unas cuantas grandes corporaciones transnacionales, que se apropian de sus semillas, que las comercializan en todo el mundo, y que son las responsables de los perniciosos efectos que causan sobre nuestros hábitos alimentarios y de salud. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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26 mayo 2020 2 26 /05 /mayo /2020 23:00
El falso relato sobre el Descubrimiento de América (III)

Probablemente sólo los líderes espirituales sabían que aquél sería un día diferente para la aldea, y eso se comprobó cuando algunos guerreros se dieron cuenta de que algo nuevo y diferente estaba surgiendo en el horizonte del mar. Poco a poco fueron apareciendo banderas, grandes canoas, personas extrañas con costumbres también extrañas. Creímos así que el litoral y el continente indígena estaban siendo visitados, según nosotros, y «conquistados» para los que llegaban allí por primera vez...

Marcos Terena

...Quizás Cristóbal Colón y su gente hayan sentido una vanidad personal, un orgullo incomparable frente a su gobierno y a otros conquistadores, porque ellos eran los primeros en pisar tierra indígena; pero jamás pudieron, sin embargo, vivir lo suficiente para descubrir que todo aquello sería apenas el comienzo de una gran masacre social, cultural y espiritual de la historia. Un genocidio casi total en contra de pueblos que solamente vivían diferente, una forma de vida en donde había un sentimiento de vivir bien, respeto mutuo, equilibrio de relación entre viejos, adultos y niños, solidaridad y un gran amor por la madre tierra

Marcos Terena

En la entrega anterior nos basábamos en el artículo de Jorge Sancho titulado "La historia nunca prescribe", publicado en el digital Rebelion, para exponer algunas falsedades y malentendidos de la historia del "descubrimiento". Continuaremos aquí. El territorio de todo un continente fue reorganizado para servir a las necesidades del naciente capitalismo europeo. Durante años, varias generaciones de comunidades indígenas fueron explotadas y sacrificadas en las minas de Potosí o Zacatecas. La sobre-explotación económica colonial implicó un debilitamiento de las estructuras de auto-consumo indígenas, lo que a su vez afectó negativamente a la natalidad, y aumentó el terrible impacto de las epidemias llegadas desde Europa. Todo ello fue creando un perverso círculo vicioso de muerte y destrucción que perpetuó el impacto de la conquista durante los siglos venideros. Tal fue la voracidad y letalidad del Imperio Español en el Nuevo Mundo, que en poco tiempo ya no bastó solo con la población americana para mantenerla en marcha, y ya durante el siglo XVI fue necesario el traslado de importantes contingentes de esclavos africanos para realizar los trabajos más duros. Y así, condenados a la pérdida de identidad y a ser tratados como inferiores y subalternos por los herederos de los invasores, los pueblos amerindios llevan viviendo en una distopía los últimos 500 años. A esa distopía nosotros la llamamos pomposamente "Civilización". Una civilización que no solo no respetó lo que encontró, sino que sometió durante generaciones a los habitantes primigenios a un proceso de deshumanización y alienación brutal. No podemos estar orgullosos de ello. Y no podemos refugiarnos en los valores del mundo de entonces, porque hemos de juzgar los hechos bajo los parámetros del mundo de ahora. Sin embargo, desde los libros de texto hasta los reportajes, documentales y toda la pléyade de chascarrillos de la cultura popular, se intentan justificar todos los desmanes de la conquista y la colonización de América Latina. Veamos algunas de dichas justificaciones. 

 

Lo más frecuente y socorrido es argumentar que los castellanos/españoles no hacían nada que otros no hicieran en aquélla época: que el siglo XVI era una época cruel y violenta y que al fin y al cabo los portugueses, los ingleses, los franceses y los holandeses se comportaron de manera similar con los indígenas, y de hecho continuaron y profundizaron todo el edificio de colonización y expolio iniciada por la Monarquía Hispánica en el Nuevo Mundo. Tenemos que reconocer que esto es cierto. De hecho, no solo éramos brutos y salvajes con los indígenas, sino en nuestro patio interior: por aquélla misma época teníamos funcionando a la Santa Inquisición (que torturó y quemó en la hoguera a millones de personas), o se aprobaban brutales leyes de expulsión para gitanos y moriscos, que eran perseguidos, despojados de su identidad, torturados y esclavizados. Es cierto por tanto que aquélla época era así en todos sus rasgos y manifestaciones, pero ello no obsta para que sea bastante perverso argumentar que la generalización de un comportamiento antisocial disminuye su impacto, cuando es precisamente lo contrario. Por otra parte, el hecho de reconocer que los mimbres sociales de la época estaban basados en la crueldad y el vasallaje, es precisamente un motivo más para no enorgullecernos de ello, pedir perdón a los descendientes, y dejar de estudiar aquellos terribles hechos como gestas y hazañas heroicas. Por otro lado, como destaca Jorge Sancho, siempre sale a colación, especialmente en el caso de México, el hecho de que los Aztecas eran gobernantes brutales que practicaban sacrificios humanos y mantenían sojuzgados a multitud de pueblos mesoamericanos, cuya colaboración resultó indispensable para la victoria de Hernán Cortés. Dejando a un lado el hecho de que a lo largo de la historia todos los conquistadores, incluso los más siniestros, han contado con colaboradores entre las poblaciones sometidas para implementar y sostener su dominio, aquí la cuestión fundamental es que la situación de los amerindios no mejoró con la conquista, sino que empeoró de manera evidente y significativa para la inmensa mayoría de ellos, y esta situación de subordinación se prolongó durante siglos. 

 

El siguiente factor justificante lo explica Jorge Sancho en los siguientes términos: "En un intento de seguir diluyendo las responsabilidades por los efectos de la conquista y colonización española, se argumenta también que la agresión contra los pueblos originarios continuó (e incluso se intensificó) tras la independencia de las Repúblicas latinoamericanas a principios del siglo XIX. El cinismo de este argumento no tiene límite; es como si en el caso de una mujer que es maltratada por sucesivas parejas, la persistencia del maltrato exonerara automáticamente a los maltratadores previos a tal punto que casi debemos agradecer la actitud paternalista del maltratador original (probablemente un familiar) pese a que es el principal responsable de haber destruido la autoestima de la víctima, dejándola indefensa ante futuros abusos". Bien, llegamos ahora al argumento estrella, que puede enunciarse como: "¿Y qué pasa con los Romanos?". Es quizá el más utilizado comúnmente por la mayoría de la población, que simplemente estira hacia atrás en el tiempo los desmanes llevados a cabo por Imperios anteriores en la historia. Bien, ante este argumento también tenemos que hacer un par de precisiones. En primer lugar, la comparación histórica entre el proceso de Romanización y la conquista de América es completamente inadecuada. Veamos porqué: obviamente la invasión romana de la Península Ibérica implicó un alto grado de violencia (la "pacificación" de Hispania se prolongó durante más de 150 años), y también es cierto que la extensión de la esclavitud y el expolio de los recursos naturales por parte del Estado romano fueron importantes. Pero aquí terminan las similitudes entre ambos procesos: por un lado, el grado de mortandad entre la población indígena, tanto en términos absolutos como relativos, no es comparable. Por otro, mientras que en la Hispania romana se fue extendiendo progresivamente la ciudadanía igualitaria hasta alcanzar eventualmente a todos los hombres libres (integración política que se demuestra por la existencia de importantes Emperadores de origen hispano como Trajano, Teodosio o Adriano), en la América Hispana se estableció un estricto sistema de castas indiano en el que la raza era el principal elemento de estratificación social, y que impidió la integración entre la "república de los españoles" y la "república de los indios". Básicamente, son éstos los argumentos que se esgrimen falazmente para tratar de disculpar nuestra aberrante acción con la Conquista. 

 

Un "hecho diferencial" fundamental del proceso de la Conquista fue la bárbara política religiosa empleada en el Nuevo Mundo. En efecto, esta intolerante política religiosa aplicada por los conquistadores contra los pueblos originarios americanos tenía por objeto completar el expolio de metales y tierras con la destrucción de la espiritualidad y la cultura indígenas, para así poder justificar mejor las conquistas y debilitar la resistencia de los supervivientes. Hemos de partir de la base de que los Reyes Católicos (y los demás monarcas que les sucedieron, aunque en menor medida) eran fanáticamente religiosos, hasta tal punto de colocar como consejeros personales a los más altos jerarcas de la Iglesia, y entender dicha colonización espiritual como una auténtica Cruzada. No son de extrañar por tanto tales prácticas con los amerindios, teniendo en cuenta que castellanos y portugueses no hicieron sino continuar su cruzada contra el Islam occidental en los territorios de ultramar. Pero deberíamos ser conscientes de que en los tiempos pretéritos ya existían otras políticas religiosas alternativas a las de la conversión forzosa de las población sometidas: por ejemplo el sincretismo de la religión cívica romana, la coexistencia existente bajo el Imperio Mongol, o incluso, la relativa tolerancia con la que en Al-Ándalus, algunos siglos antes, se trataba a los mozárabes. Francamente, en estas comparaciones los españoles no salimos muy bien parados. Y como Jorge Sancho señala, otra de las "singulares virtudes" de la colonización española sería la del mestizaje. Pero hace falta tener una memoria muy selectiva para no querer ver que un mestizaje impuesto en condiciones de absoluta desigualdad (emparejamiento de hombres blancos con mujeres indígenas) implicas un alto grado de violencia sexual contra las mujeres indígenas. Por otra parte, la cultura de lo mestizo ha servido también para invisibilizar a los pueblos originarios hasta la actualidad, puesto que el "encuentro entre dos culturas" siempre se ha dado en condiciones asimétricas, dado que las diversas repúblicas americanas han continuado hasta el presente con la tradición colonial de mantener a sus pueblos originarios en situación subalterna y discriminada. 

 

No obstante todo ello, hay que resaltar que los pueblos originarios de Abya Yala no fueron simplemente testigos impasibles de un destino inexorable, sino que también ejercieron su resistencia durante siglos. Con la Conquista comenzó también la propia resistencia indígena, que fue una constante durante todo el período colonial (y más allá): desde Guaicaipuro a Tupac Amaru, pasando por la gesta de los Mapuches. De hecho, el que algunos de estos pueblos hayan resistido y conservado su cultura ancestral hasta nuestros días (ya de por sí un ejemplo de resiliencia para todo el género humano) debería hacernos reflexionar a los españoles muy seriamente sobre cómo nuestras acciones del pasado repercuten hasta el presente (un presente, dicho sea de paso, en el que las grandes corporaciones españolas siguen depredando y expoliando América Latina). La Monarquía hispánica jugó un papel de primer orden desde el siglo XVI para la configuración del mundo capitalista en el que vivimos. Y para ello, grandes convulsiones políticas y sociales tomaron a los pueblos originarios americanos como conejillos de indias (nunca mejor dicho) para probar los experimentos de sumisión y despojo coloniales. En perspectiva histórica, está muy claro que España ha ganado bastante más que América Latina del período colonial, aunque solo fuese porque gracias a la extensión de nuestro idioma, el castellano, por el Nuevo Mundo, nuestro país puede gozar en la actualidad de una destacada proyección internacional, y actuar como amigo y mediador entre el mundo latinoamericano y el mundo europeo. Pero reconocer estas realidades históricas no puede conducirnos a una lectura injusta de los hechos acontecidos durante la Conquista, donde el componente destructivo (humano y cultural) y expoliador (de territorios y recursos naturales) fue predominante. Éste es el relato, diferente como vemos al relato dominante que nos influye desde pequeños. Y nuestra actitud, por tanto, en vez de tan arrogante y displicente, ha de ser mucho más comprensiva y justa, entendiendo en su contexto los hechos históricos que sucedieron, pero nunca justificando ni haciéndonos cómplices de todo aquél horror. Continuaremos en siguientes entregas.

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24 mayo 2020 7 24 /05 /mayo /2020 23:00
Viñeta: Antonio Rodríguez

Viñeta: Antonio Rodríguez

Vivimos en efecto, una crisis del modelo de desarrollo dominante, destructor de los ecosistemas y de las sociedades. La razón profunda se encuentra en la “ontología” de Occidente y en su visión lineal científica y tecnológica de la historia, que considera a la naturaleza como una serie de elementos separados (recursos naturales) e impone una visión antropocéntrica (utilitarista) del desarrollo

François Houtart (2011)

Globalmente encuentras más satisfacción en el uso de las cosas que en su posesión

Aristóteles

Venimos comentando desde hace un par de artículos atrás toda la serie de condicionantes que pueden actuar para que, aún con toda la evidencia científica que existe sobre el advenimiento de un colapso civilizatorio, la mayoría de las personas todavía no se lo crean. Lo cierto es que cuando los negacionistas del colapso (del caos climático y del agotamiento de los combustibles fósiles, que son en el fondo los mismos) acusan a la comunidad científica de "alarmista" en todos los foros donde pueden, saben perfectamente lo que están haciendo. Saben que están invocando los más atávicos esquemas psicológicos, así como reforzando los esquemas mentales imbuidos por el capitalismo, y ya comentados en anteriores artículos. Lo saben muy bien. Básicamente el negacionismo apuntala dichos esquemas mentales, nos sirve para excusarnos en ellos y para reforzarlos, para darles vías de escape y continuidad. Negamos el problema y además nos refugiamos en prejuicios adquiridos, y buscamos afirmación en quienes siguen la corriente dominante, que son por desgracia la mayoría. Y como nos explican en el artículo de referencia, todo ello lleva implícita una carga emocional importante. De ahí que los debates sobre si dar a conocer la verdad o suavizarla han sido muy intensos no solo en la comunidad científica, sino también en la clase política (éstos últimos por miedo a perder votos). Pero esta táctica es continuar con el engaño: debemos, desde la atalaya donde nos toque hacerlo, contar toda la cruda realidad sobre el asunto, tal como estamos haciendo en este Blog. Solo esta actitud nos puede conducir a movilizarnos en favor del desarrollo de un plan creíble, valiente, ambicioso, viable, participativo e internacionalista (aunque esto último ya no depende de nosotros). Y así, hemos dejado a los negacionistas conseguir su objetivo, que no es ni siquiera negar la evidencia, sino "sembrar dudas". Han conseguido que sobre el cambio climático, todos tengamos una opinión, como si la teoría de la relatividad pudiera ser objeto de debate filosófico. Han conseguido relativizar tanto las advertencias y estudios científicos sobre el asunto, que hoy día todo el mundo habla de ello, pero la mayoría sin creérselo, o si se lo creen, a continuación apostillan que "ya inventarán algo" para remediarlo. En fin, creo haber mostrado a mis lectores y lectoras, con esta breve exposición, el conjunto de las principales motivaciones y circunstancias que intervienen en la poca credulidad que sobre el colapso civilizatorio posee el conjunto de la población mundial. 

 

Para verlo desde otro punto de vista (nos basamos ahora en el estupendo artículo "Mensaje en una botella" del Blog "The Oil Crash"), hemos de situar el papel de la energía en las sociedades en sus justas dimensiones. La energía no solo es un concepto físico y económico, sino que también cultural. ¿Por qué hemos hecho crecer nuestro PIB (y también los de otras naciones) durante largos años, décadas incluso? Porque cada año teníamos más: hemos tenido más comida, más agua, más energía, más coches, más electrodomésticos...Durante años hemos vivido una especie de tiempo "glorioso", un sueño de "progreso" continuo y rápido al que nos hemos venido acostumbrando. Poco a poco hemos olvidado los parámetros de un mundo pasado donde las cosas iban más lentamente y la vida era más difícil. Dichas apropiaciones capitalistas del "bienestar" acapararon nuestros modos de vida y nuestras costumbres, y pensamos que teníamos garantizado este modelo de vida, que teníamos "derecho" a ello. Se nos fueron imponiendo unos valores que fuimos asumiendo con normalidad, y unos comportamientos que consagraban dichos valores. Pero mientras nuestro "progreso" material se aceleraba también lo hacía nuestro consumo de materias primas, de todas ellas: carbón, petróleo, gas, uranio, hierro, cobre, aluminio, oro, plata, litio, estaño, cobalto, fosfatos, coltán...Al hilo de esa falaz forma de progreso, necesitábamos cada vez más cosas para poder fabricar más, y cada vez mejores y más rápidas. La publicidad, la obsolescencia programada y los sistemas de crédito contribuyeron también a la extensión de todo este modo de vida distópico y aberrante. Fuimos engañados también aquí, porque no nos contaron un detalle fundamental: el planeta y sus recursos son finitos, terminan, se acaban. Y ya no hay más. Así que tales modos de vida solo pueden durar un tiempo, hasta que dichos recursos se acaben. Claro, esto no ocurre de un día para otro, pero el cataclismo que su agotamiento provoca en nuestras sociedades hace necesario que vayamos advirtiendo de ello algún tiempo antes, algunas décadas o años antes de su fin. Y este es otro factor añadido por el que la mayoría de la gente tampoco se lo cree. Sus esquemas mentales rechazan la idea de que estos minerales y recursos naturales puedan agotarse. Influyen también mucho en ello los conceptos erróneos que se vierten en determinados medios. La confusión más típica es identificar el "pico" de un recurso con su agotamiento. Veamos la diferencia. 

 

En general, el pico de extracción de un recurso es el momento a partir del cual el flujo que se puede obtener de él alcanza el máximo y empieza a descender. Por tanto, el cénit o pico del petróleo (lo podemos extrapolar a cualquier otro recurso natural) no significa su agotamiento, sino que designa el momento a partir del cuase alcanza la mayor tasa de extracción de petróleo global para después entrar en declive rápidamente, ya que comienza a costar más extraerlo que lo que se obtiene, y comienza a ser mucho más difícil encontrar nuevos yacimientos. No significa por tanto que entremos de un día para otro en una situación de desabastecimiento, pero sí que comienza la progresiva y definitiva caída de dicho recurso. Así que a principios del siglo XXI, con reservas de estos combustibles y recursos naturales aún para varias décadas, comenzaron los mensajes de previsión de picos para un montón de ellos. De hecho y entre muchos otros, el cénit de producción del petróleo se produjo en 2005, el del carbón en 2011, el del uranio en 2015 y el del gas natural se producirá en 2025, aproximadamente. Bien, la siguiente pregunta sería: ¿ha actuado en consecuencia la comunidad internacional, enfrentando estos picos de recursos naturales, haciendo decrecer la producción y adaptándonos a otros modos de vida y a otros modelos de negocio? La respuesta se nos ofrece clara y cristalina: NO. La resistencia cultural capitalista a algo tan científico, empírico, demostrable y concluyente ofrece un vigor increíble. Y es que décadas de enseñanza económica en las Facultades de las grandes Universidades del mundo, todas cortadas por el mismo patrón (léase la Escuela de Chicago, es decir, la economía neoliberal pura y dura) no permitían que nuestros expertos económicos, los asesores de las grandes corporaciones y los Gobiernos pudieran entender un concepto tan sencillo. A ello hay que sumar la profunda inercia de las propias instituciones que hemos creado, y las resistencias a "perder" nuestros hábitos adquiridos y modos de vida imperantes. ¿Qué hemos hecho, entonces? Pues aunque parezca ridículo, negar la evidencia científica, de nuevo. La inercia, los esquemas mentales dominantes, la imposibilidad de aceptar que no podemos seguir creciendo, la falsa identificación del bienestar con el crecimiento económico, nos hace continuar por la misma senda. Algunos tibios pasos de concienciación se han hecho en las diversas Cumbres climáticas que se han celebrado durante los últimos años, pero nada más. 

 

El ejercicio es conectar todo ello, como venimos haciendo siempre en esta serie de artículos, con el Buen Vivir. Tenemos que comprender que tenemos que cambiar, que es toda nuestra base social, económica y cultural la que tiene que cambiar no solo para asumir los hechos científicos que estamos contando, sino para asumir psicológicamente otros marcos mentales, otras formas de vida. Toda la sociedad ha de cambiar, porque tenemos que organizarnos de otra manera. Porque si realmente comprendemos lo que pasa, el problema se reduce a un problema de esfuerzo y de cambio, de evolución y revolución de nuestras vidas hacia otros esquemas y conceptos. Toda esa filosofía económica predatoria de la Naturaleza, extractivista, consumista y explotadora, es la que nos ha conducido hasta aquí, y lo hemos permitido porque ha venido abanderada por esos grandes conceptos de "riqueza", "bienestar", "progreso" y "desarrollo". Si somos capaces de desescalar estos conceptos, de reapropiarnos de ellos mediante otros significados, entenderemos que realmente hemos sido engañados. Tenemos que preservar la energía, para ir "colapsando mejor", lo que implica no solo suavizar dicha caída energética, sino ir paulatinamente adaptando nuestros modos de vida a estilos menos consumistas, menos derrochadores, más simples y frugales. Hemos de cultivar de manera sostenible, sin esquilmar los terrenos. Tenemos que organizar la producción de los bienes necesarios, pero sin malgastar nada, ni materiales ni energía. Justamente de eso trata el Buen Vivir. Pero lo volvemos a repetir: este Buen Vivir implica revalorizar otras cosas que hasta ahora no hemos valorado, vivir con menos, adaptarnos al entorno, valorar a la propia Naturaleza de forma intrínseca, valorar a la propia comunidad humana, desechando los conceptos capitalistas de la agresiva competencia, y sustituyéndola por la cooperación y el apoyo mutuo. Dejemos de engañarnos: continuar por el camino actual supone el suicidio como especie, al terminar por destruir completamente las condiciones materiales para que se reproduzca la vida. Agotar los recursos naturales no implica solo quedarnos sin tal o cual componente para fabricar tal o cual dispositivo, sino eliminar de la Naturaleza uno de sus condimentos, de sus ingredientes, sin los cuales no pueden mantenerse los ecosistemas y las formas de vida que en ellos se albergan. 

 

La otra pregunta que podemos hacernos es la siguiente: si no reaccionamos...¿qué nos puede pasar? Está claro que el colapso civilizatorio (no del planeta, sino de la propia humanidad, en diversas escalas, ritmos y niveles), pero esto también ha sido estudiado por diversos autores, dada la complejidad del asunto. Tenemos datos concretos acerca de cómo ha sido el colapso en sociedades del pasado, pero nuestras sociedades actuales poseen niveles de complejidad mucho mayores. Está claro que algunas de sus consecuencias serán una menor capacidad de satisfacer las necesidades sociales, por parte de un mercado que se irá descomponiendo (al menos en su faceta globalizada, de ahí que aboguemos por los mercados locales y de proximidad) y de un Estado que será incapaz de sostener el conjunto de los servicios públicos tal y como se construyeron durante la segunda mitad del siglo XX, con el famoso "Estado del Bienestar". ¿Cómo encajarán todo ello los individuos de las clases medias o altas que no estén dispuestos a perder sus privilegios? Estos sujetos son hijos del capitalismo más descarnado, y se caracterizan por el individualismo, la agresividad y el miedo, que son sus motores fundamentales. Parece lógico pensar que la insatisfacción, el individualismo, la desigualdad, el miedo al diferente, la desorientación social, las democracias débiles o de baja intensidad, unido a la imposibilidad de mantener los niveles de vida y los modos de organización económica y social imperantes en la actualidad, formarán un peligroso caldo de cultivo para una suerte de fascismo social que habremos de evitar por todos los medios a nuestro alcance. No podemos esperar a llegar al estado de desesperación social de las masas, situación extremadamente peligrosa y difícil de controlar. Las incitaciones al odio y al miedo podrán hacerse más frecuentes y violentas. Las masas desorientadas, mal informadas, intoxicadas, que no comprenden lo que está sucediendo, son más fácilmente manipulables con discursos demagógicos que orienten su rabia y frustración hacia los sectores más débiles de la población. Podremos evolucionar hacia sociedades más polarizadas, donde la competitividad arreciará. Será necesario un profundo reparto de la riqueza, del trabajo y de los beneficios, para provocar en la población una situación de mayor resiliencia frente al Estado y los mercados. En un contexto de fuertes desigualdades y de descenso de los recursos disponibles, solo un reparto radical de la riqueza permitirá esquivar altos grados de sufrimiento social, que alienten en la población el instinto hacia salidas desesperadas. Para conseguir todo ello hay que proyectar esperanza en el futuro, capacidad de unión en la población, sentido de comunidad, y empatía social colectiva. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 mayo 2020 4 21 /05 /mayo /2020 23:00

Está claro que la escuela no importa. En absoluto. Como sociedad no la hemos dotado de los recursos que necesita. No nos creemos que el docente sea una de las figuras principales de la sociedad. No se encuentra en los rankings de trabajos de más prestigio social. Es más, cuando tenemos un hijo o una hija en edad de decidir qué carrera hará, si resulta que es bueno en matemáticas o en ciencias no le aconsejaremos que se dedique a la docencia, le decimos que haga una ingeniería. ¡Lo hacemos así! No nos hemos acabado de creer eso de la escuela

Enric Prats (Profesor de la UB)

En la última entrega nos quedamos exponiendo la equivocada visión que sobre el ecologismo presentan los libros de texto que llegan a nuestros escolares. El ecologismo se presenta en los libros de texto con diferentes caras. En algunos casos aparece como movimiento simpático y acrítico. Ser ecologista consiste básicamene en reciclar o tomar una postura en defensa de algún animal emblemático en peligro de extinción. Se concibe al ecologismo como un movimiento puramente naturalista y conservacionista, sin relación con problemas políticos o sociales. En ese sentido, los libros de texto, cuando se refieren a alguna actividad ecologista, lo hacen en plan divertido, como por ejemplo organizar grupos para limpiar el monte o la playa, o dar ideas para reutilizar lúdicamente los desperdicios. También pueden referirse a las personas voluntarias que trabajan para alguna asociación protectora de animales. Se obvia hasta qué punto las organizaciones ecologistas contribuyen al asesoramiento de políticas activas en nuestra sociedad y en nuestro mundo, y hasta qué punto dichas políticas han tenido que contar con la perspectiva ecológica para ser funcionales a una cierta sostenibilidad. En otras ocasiones se muestra su posición crítica ante la intervención humana en el deterioro del medio ambiente. En estos casos se tilda a los ecologistas de alarmistas y catastrofistas, aludiendo a que ofrecen una visión sesgada no científica y que se oponen al progreso. Algunos libros de texto califican a los ecologistas como ingenuos o cínicos por algunas de sus propuestas. Muchas veces incluso se ridiculizan sus posturas. Otras veces se presenta al ecologismo como un artículo de lujo, al alcance del mundo rico sensibilizado, que puede acceder a consumos limpios, etc. Se omiten las luchas ecologistas populares y de los países del Sur, el llamado "ecologismo de los pobres". Por ejemplo, seguro que no se debate en clase la causa que motiva a los indios Cherokee del norte de Estados Unidos a oponerse a un nuevo gaseoducto que romperá definitivamente su hábitat natural, y el de muchas especies de plantas y animales. Por tanto, no se pone de manifiesto la visión sistémica del ecologismo, que relaciona efectos y causas y analiza globalmente los problemas ambientales y sociales. Si el ecologismo más naturalista está presente de forma escasa y sesgada en los libros de texto, el ecologismo social y sus implicaciones en nuestro modo de organización política y económica, está totalmente ausente. 

 

31.- LA CONFUSIÓN ENTRE DIFUSIÓN Y COMUNICACIÓN. Los medios de difusión apenas aparecen en los libros de texto. A pesar de rivalizar (o complementarse) con éstos en la formación de categorías mentales con las que se mira el mundo, apenas son mencionados. Se llaman medios de comunicación a lo que son medios de difusión masiva, manteniendo la confusión habitual a pesar de la trascendencia que esta distinción tiene. No se encuentra problematizado el concepto de interacción, imprescindible en un proceso de comunicación, ni la relación jerárquica que se esconde detrás de un modelo "comunicacional" en el que muy pocos seleccionan y deciden la información que va a llegar a muchos de modo unidireccional. No aparecen apenas críticas al carácter de entretenimiento y espectáculo que han adquirido los llamados "medios de comunicación". En general, se vincula la comunicación a los aparatos tecnológicos, proclamando cómo las nuevas tecnologías de la comunicación permiten que mejoren las relaciones y el flujo de información. Se asume que la simple evolución de los elementos tecnológicos facilita la comunicación, pero esto no siempre es así. Se trata como excepción lo que es norma y en buena medida esencia de los medios de difusión masiva. No hemos encontrado referencias sobre quiénes son los dueños de los medios de difusión masiva ni explicaciones a cerca de a qué intereses suelen servir y a cuales no. Tampoco del grado de poder que llegan a poseer, y de la influencia misma que proyectan en las sociedades. Aunque existen muchos trabajos publicados que caracterizan los medios de "comunicación" como un cuarto poder y se han dado múltiples hechos históricos que demuestran cómo la propaganda de los medios es capaz de crear una realidad a la medida de los deseos de quienes ostentan el poder, los libros de texto no permiten atisbar ninguno de estos problemas. 

 

Tampoco aparece el movimiento de contestación a los "medios de comunicación" ni sus alternativas (contrainformación a través de diferentes canales). Nada se dice de la transmisión oral de la información y la comunicación, y la relación que esta fórmula ha tenido con la mayor sostenibilidad de algunas culturas y sociedades. Se plantea explícitamente que los medios de difusión permiten mantener la unidad lingüística, y no que condicionan fuertemente la diversidad lingüística. Sí es cierto que algunos textos han presentado algunas referencias críticas a estos medios. Se hace necesaria por tanto una exposición más justa y profunda sobre el alcance de estos medios en el aula, en los libros de texto y en los debates en clase entre docentes y estudiantes. Puesto que los textos ocultan el entramado de los medios de difusión, sería preciso incluir elementos que permitan a alumnos y alumnas interrogarse sobre: ¿Qué es lo que necesitamos conocer?, ¿Dónde está el conocimiento del territorio?, ¿Qué son hoy en día los medios de comunicación? (empresas, parte de grandes corporaciones eléctricas, del motor, bancos, editoriales, industrias culturales, etc.) ¿Quiénes “fabrican” las noticias para todo el planeta?, ¿Hasta qué puntos están estas noticias manipuladas en función de la satisfacción de ciertos intereses? ¿Qué son agencias de noticias?, ¿Cuántas hay y de qué países son?, ¿Cómo se selecciona la información?, ¿Para qué necesitamos los medios de difusión?, ¿Qué papel juegan los medios de difusión masivos en la supresión de la diversidad cultural? 

 

32.- EL SILENCIO SOBRE LA TELEVISIÓN. La televisión ocupa un espacio mínimo en los libros de texto en comparación con la relevancia que este objeto tiene en la actividad, (más bien pasividad), diaria de las personas -3,5 horas de media al día-. Si las referencias a la televisión son pocas, las referencias a los problemas graves de la televisión en relación con la sostenibilidad son inexistentes. Es preciso tener en cuenta que la televisión se interpone como retroalimentación errónea entre la cultura y el territorio, entre la observación directa y la realidad. La televisión se presenta como un hecho incuestionable. En ningún caso es problematizada su esencia ni su papel en la concentración de poder o en la potenciación de la producción y el consumo. A la televisión se le atribuyen una serie de mitos: que gracias a ella podemos recibir información de todas partes, que enseña cómo es el mundo…Mitos éstos, cuando menos cuestionables. Por ejemplo, el libro de Ciencia Tecnología y Sociedad de 1º de Bachillerato Ed. Algaida asegura que "La televisión nos acerca a las culturas más distantes". Al llamar a la TV medio de comunicación se muestra el escaso interés por entrar a analizar la verdadera naturaleza de la televisión. Por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edebé comenta: “Las comunicaciones por cable y por satélite han interconectado el planeta y han permitido, por ejemplo, el desarrollo de la telefonía móvil, a la vez que han hecho que la televisión se convierta en un medio de comunicación inmediato capaz de retransmitir en directo una guerra, como quedo patente en la guerra del golfo Pérsico”. La televisión se asocia indirecta o directamente con el progreso, el desarrollo y la modernidad, ignorando que podría ser causa de deterioro. Los libros de texto ignoran el problema de la escapada virtual, que consiste en relacionarse, percibir, preocuparse, sentir emociones y ocuparse más de las pantallas y de la percepción de la realidad que ellas muestran que de la realidad misma. 

 

Existen algunas tímidas propuestas de ver menos la televisión o de ver programas más adecuados que se insertan más en la idea de lo políticamente correcto que en una crítica esencial al fenómeno televisivo. Tampoco se estudia en profundidad el fenómeno de la televisión basura. Hemos encontrado algunas críticas, como por ejemplo en el libro de Lengua y Literatura de 1º de Bachillerato Ed. SM, que cuenta: ".... la mitad de los españoles ni lee ni va al cine nunca, que el 75% jamás va al teatro, un 92% nunca fue a un concierto de música culta, y los periódicos... los lee sólo el 30% de la población, mientras que delante del televisor se pasan los españoles, por término medio, 210 minutos diarios...". Otro ejemplo es el libro de Educación Física de 1º de Bachillerato Ed. Bruño, que asegura: "No nos engañemos, los espectáculos deportivos tienen como principal objetivo vender productos... a partir de seleccionar aquellas imágenes que más mueven a la pasión...". O bien el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edebé, que afirma: “La información se ha convertido, además, en un factor clave para la economía y ha generado la aparición de importantes grupos empresariales que tienden a concentrarse y a controlar medios diversos: prensa, televisión, etc.”. Son quizá las únicas referencias críticas reseñables que hemos encontrado. Sería de interés dar una visión completa del fenómeno televisivo. La TV no es un aparato sino un sistema que tiene muchos elementos. De quién es, cómo se seleccionan las noticias, quienes son los emisores y quienes los receptores, lo que no sale, las funciones, la financiación, etc. La esencia de la TV no deja de ser que unos pocos se dirigen a muchos con voz, sonido e imagen. También sería útil conocer las servidumbres que la TV como medio de difusión masivo tiene, como por ejemplo la servidumbre publicitaria y comercial, el hecho de legitimar al sistema que favorece a sus dueños, la obligación de mantener unos índices de audiencia y por lo tanto despertar atención. Puede resultar de interés conocer el fuerte deterioro que la TV provoca en la red de relaciones interpersonales al dificultar que esta red se desarrolle (la televisión ocupa 3,5 horas de media al día). Sería interesante problematizar características asociadas a la TV que se predican sin ser cuestionadas, como por ejemplo que la TV te integra en el mundo, que nos permite conocer todos los rincones del planeta, que facilita la conversación, etc. La mayor parte de las experiencias educativas de interés sobre la televisión están destinadas a aprender a verla mejor. Contemplar el no verla o prescindir de ella pudiera ser interesante desde el punto de vista de la sostenibilidad. La disminución de la relación con las pantallas aumenta de forma significativa la relación con las personas y con el territorio. Una relación mayor con el territorio posibilita una relación más responsable con él. Continuaremos en siguientes entregas.  

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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