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20 agosto 2014 3 20 /08 /agosto /2014 23:00

Podría pensarse que la depauperización de grandes sectores de la sociedad norteamericana, debido a la generalización de las políticas neoliberales, deberían haber generado las condiciones para un auge de la izquierda política, social y mediática en EE.UU. Sin embargo, esto no ha sido así. La crisis de toda la izquierda a nivel mundial tampoco ha ayudado, y hemos de sumar también terceros factores (la caída del muro de Berlín, la extensión de una UE que comparte los valores neocon, los fallidos intentos de llevar el socialismo a algunas partes del mundo, etc.) que han coadyuvado al éxito de la ofensiva neoliberal sobre las conquistas sociales que antaño había conquistado la clase trabajadora. Todos estos factores han propiciado un panorama donde la izquierda ha sido conducida hacia la dispersión y la suavización, adoptando posiciones electoralistas socialdemócratas, agudizando aún más la crisis de la izquierda. Pero no nos engañemos. Porque la izquierda norteamericana tiene una larga, complicada y honrosa trayectoria, generalmente ignorada por los libros de historia.

 

En efecto, ya en 1830 se habían conformado partidos obreros en distintas ciudades de EE.UU., como Filadelfia y Baltimore. Activistas marxistas conformaron batallones obreros durante la Guerra de Secesión. La Primera Internacional vio sus últimos días en Filadelfia. Hacia principios del siglo XX los partidos socialistas norteamericanos obtuvieron ya más de un millón de votos. Y durante las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, el movimiento por los derechos civiles de los negros, las luchas por la democratización sindical y el movimiento antibélico se nutrieron de militantes de estas formaciones de izquierdas. Sin embargo, y a pesar de esa honrosa tradición de lucha, la izquierda norteamericana rara vez ha logrado ser algo más que un elemento marginal (y marginado) en la política norteamericana. Sus sacrificados activistas proveen la capacidad organizativa para gran parte de las luchas sociales del país, ponen la semilla, el germen para muchos movimientos contestatarios, y sin embargo, nunca han logrado constituirse en una alternativa a las opciones sistémicas tales como el Partido Demócrata, el sindicalismo socialdemócrata o las iglesias bautistas negras.

 

Los activistas son perseguidos, encarcelados, y muchas veces, asesinados. La represión estatal es, indudablemente, un problema, al que se unen los problemas de infiltración y de sectarismo. Pero más allá de la propia represión estatal, el problema para el activista de izquierdas norteamericano es la tremenda presión social, y el hecho de que el triunfo de sus propuestas no es viable ni siquiera a largo plazo. Ello puede ser debido a que la hegemonía de la burguesía norteamericana es tan profunda que para gran parte de la población, ser de izquierda equivale a ser antinorteamericano, o ser considerado un traidor a la patria. Así las cosas, el norteamericano medio no tiene conciencia real de la existencia de los numerosos partidos de izquierda, y de ahí también que muchos izquierdistas prefieran definirse como "progresistas", evitando cuidadosamente el peligroso rótulo de "socialista" o "comunista". Pero si bien los partidos de izquierda son conocidos como "la vieja izquierda", durante la década de 1960 surgió una "Nueva Izquierda" que expresó la amplitud del fenómeno izquierdista en Estados Unidos. En este sentido, el submundo izquierdista norteamericano es sumamente complejo, fluido y sobre todo, desconocido. Existen numerosas organizaciones que se autodenominan "de izquierda", pero la vasta mayoría tienen ámbito regional o municipal, contando con un escaso número de militantes. El Partido Comunista, la organización más grande, contaba con unos 25.000 afiliados en 1975 (en un país de cientos de millones de habitantes). El resto tenían entre 1.000 y 3.000 miembros, en el caso de partidos nacionales como el PLP, el SWP o el WWP, incluso algunas decenas, como las organizaciones municipales al estilo del Comité Organizador de los Trabajadores de Filadelfia (PWOC) o el Comité-Movimiento de Izquierda Nacional Puertorriqueño (MINP) de Nueva York. Ambas organizaciones desaparecieron en 1981.

 

Pero además de la izquierda orgánica, existe en los Estados Unidos todo un submundo de izquierda que abarca decenas de miles de individuos reunidos en grupos informales de estudio, redes de solidaridad con América Latina y el Tercer Mundo, movimientos de tipo pacifista, movimientos para la liberación de la mujer, grupos de obreros para la democratización de los sindicatos, grupos autogestionarios de estudiantes universitarios, y un largo etcétera, que configuran lo que podríamos denominar "organizaciones satélites", que circundan a las auténticas formaciones políticas de izquierda, pero que en EE.UU. no acaban de despegar. Podríamos afirmar que el actual sentimiento de izquierda en norteamérica se articula en torno a los movimientos sociales, sin llegar a configurar auténticas formaciones políticas no ya sólo con gran apoyo popular, sino ni tan siquiera para poder hacer sombra a los dos grandes partidos mayoritarios. Y existe también todo un espectro universitario, de profesores y estudiantes, herederos de aquélla "Nueva Izquierda" sesentista, que se autodefinen como "marxianos", término diferente a "marxista", que en Estados Unidos designa a aquél marxista, entendido en un sentido muy amplio, que no sigue la línea política de ninguna organización.

 

Se trata, por tanto, de una izquierda muy limitada y edulcorada, sin posibilidades de expansión, que apuesta por el concepto de que la lucha en torno a reformas del sistema genera conciencia en las masas. Ellos lo entienden como una forma de ampliar la democracia, y por ende, de acercamiento al socialismo. Existe poca conciencia de clase, pero sí al menos una decidida lucha de algunos colectivos por los "oprimidos", y de ahí que la lucha en pro de estos marginados sea caracterizada como revolucionaria en el imaginario colectivo norteamericano. Esto facilita la unidad popular en torno a reivindicaciones concretas, pero al mismo tiempo tiende a negar la lucha de clases, facilitando la absorción de estas mismas reivindicaciones dentro del sistema. Por ejemplo, la igualdad racial comienza como un movimiento social revolucionario, permitiendo unir a la izquierda con el conjunto de la comunidad negra. Sin embargo, una vez que el Partido Demócrata acepta estas reivindicaciones y logra algunas leyes al respecto facilitando en realidad la movilidad social de la pequeña burguesía negra, ésta abandona progresivamente a sus hermanos de raza obreros o marginados, debilitando y desarticulando el movimiento. Podemos extrapolar este ejemplo a muchos otros sectores, y comprenderemos la propia dinámica del sistema, para impedir que la auténtica izquierda, que es quien promueve y posee realmente estos valores, llegue a extenderse y a alcanzar alguna capacidad mínimamente representativa.

 

Por otro lado, todos parecen opinar que la política gubernamental norteamericana es un emergente del individuo concreto que sea inquilino de la Casa Blanca. Pero la realidad es bastante distinta. El candidato, y luego Presidente, representa una coalición de intereses y grupos de poder dentro de la burguesía, cuyas diferencias pueden ser más o menos profundas, pero que tienden a unirse en defensa de sus intereses de clase. El resultado de todo ello está bien claro: un Presidente por sí sólo no puede hacer nada (y de hecho no lo hace). Sus políticas son elaboradas e implementadas por un amplio grupo de funcionarios, políticos y profesionales de carrera, que además tienden a repetirse de gobierno en gobierno, participando en cada gabinete presidencial. De esta forma, apellidos como Kissinger, Brzezinski, Greenspan, Volcker, Reich, Rumsfeld, Scowcroft, Summer o Bush se repiten más allá de quién sea el Presidente de la nación. Esto no hace indistinto la coalición de intereses que llega al gobierno de la principal potencia imperialista, pero sí lo pone en un contexto. Evidentemente, las facciones de la burguesía que llevaron a George W. Bush a la presidencia no son las mismas que apoyaron a Bill Clinton o a Albert Gore. La primera es mucho más salvaje en cuanto al ejercicio de la fuerza tanto a nivel interno como internacional. Sin embargo, sí podemos afirmar que ninguna de las dos pretende ni siquiera remotamente mejorar la vida de los trabajadores, o combatir el racismo, o hacer respetar los derechos de las mujeres, o modificar la esencia imperialista de su política exterior. En fin, y respondiendo a la pregunta que ha dado título a esta pequeña serie de artículos, concluimos que no, que no existe la izquierda en la política estadounidense, que sólo existe un fanático y asfixiante bipartidismo, responsable de que perduren los clásicos valores de la sociedad norteamericana, presidente tras presidente, década tras década, siglo tras siglo.

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19 agosto 2014 2 19 /08 /agosto /2014 23:00

Según las últimas informaciones que nos llegan, aportadas por diferentes expertos y Asociaciones de Consumidores, la próxima configuración de nuestra factura eléctrica va a ser más oscura que nunca, entre otras muchas cosas, porque al haberse cancelado el mecanismo de subasta que la regulaba trimestralmente, las oscilaciones de precios son continuas, y hasta que no tengamos la factura en nuestro poder, no vamos a poder comprobar su precio real y definitivo. Y, por supuesto, el hecho fundamental de entender el suministro de electricidad a los hogares como un servicio básico y fundamental, imprescindible, que además debiera ser público, sigue sin ocurrir. Parece increíble en un país "civilizado" como el nuestro, que todo lo que rodea a un servicio básico como el suministro eléctrico a los hogares, no sólo sea controlado desde varios altos despachos, en clara connivencia del poder económico con el político, sino que además constituya, hoy día, un caos imprevisible y vergonzante.

  

otra_politica_energetica71.jpgDurante el año 2012, las empresas eléctricas cortaron por impago un servicio tan básico como la luz a 1,4 millones de familias españolas, lo cual está en línea con las decisiones del Gobierno del PP, de oponerse a todas las iniciativas parlamentarias que suscribían un acuerdo para sumistrar gratuitamente a las familias sin recursos, no sólo la electricidad, sino algunos otros servicios básicos y fundamentales para la vida cotidiana, como los transportes. Pero las empresas también salen perjudicadas, ya que el recibo para las PYMES (que pagan la electricidad más cara que las grandes empresas) es un handicap cada vez mayor, lo cual se traduce en pérdidas de competitividad y de la rentabilidad necesaria para mantener puestos de trabajo. Y tomando las palabras de Juan Torres: "No hay razones técnicas que justifiquen que en España se pague la luz tan cara en relación con los demás países de nuestro alrededor. La única explicación es que aquí la producción y distribución de energía eléctrica está en manos de un pequeño grupo de empresas (lo que en economía se llama un oligopolio) que domina el mercado, que se ponen de acuerdo para conseguir sus objetivos, y que han alcanzado un poder político extraordinario que les permite escribir a ellas mismas las leyes y normas que regulan el sector y las condiciones en que actúan".

 

otra_politica_energetica72.jpgA este respecto, la indefensión de los usuarios y consumidores, que no son más que "clientes" para estas estafadoras empresas, es prácticamente total, no sólo porque los funcionarios que han de resolver las posibles reclamaciones están al servicio de ellas, sino porque incluso las más altas instancias judiciales se ponen también de su parte. Sufrimos los efectos de un modelo económico, social y político consagrado al beneficio y al poder de estos insaciables monstruos empresariales. Y de ahí que disfruten de total impunidad para cometer hacia sus "clientes" las mayores fechorías, como por ejemplo, cobrar a los consumidores por la renovación, actualización y mantenimiento del parque de contadores, o imponer un sistema de cómputo de la energía consumida por medio de un nuevo de tipo de contadores "inteligentes" que se pueden manipular a distancia, lo que impide que los usuarios podamos saber a ciencia cierta lo que de verdad estamos consumiendo, incluso si están manipulando las cifras de nuestro consumo real. Y como sabemos, y ya hemos denunciado en anteriores artículos de esta serie, para proteger a las compañías eléctricas y también para seguir las órdenes del gobierno alemán, que está interesado en promover un gigantesco proyecto de producción y distribución de energía solar desde el Sáhara hacia Europa y no quiere competidores, el Gobierno del PP ha comenzado a perseguir y desmantelar al sector de las energías alternativas y renovables, por el que España había comenzado a apostar, en el que somos una potencia mundial, y que puede proporcionar energía mucho más limpia y barata.

 

otra_politica_energetica73.jpgY para acabar con todos estos abusos, con la fuerza de este oligopolio, y poner fin al descarado predominio de los intereses privados sobre los de toda la sociedad, acabando con el poder político de las eléctricas, la fuerza ciudadana es imprescindible. Hay que contribuir a que todos los mecanismos oscuros que gobiernan la facturación eléctrica en nuestro país queden al descubierto, y como la denuncia de sus continuas tropelías (al igual que en el sector bancario) no sirve de nada, hay que proceder mediante chantajes al consumo cada vez más continuos: apagones, negativas a pagar los recibos, etc., pero todo ello de forma conjunta y mayoritaria. Sólo mediante el camino de la presión social y de la desobediencia civil conseguiremos acabar con este poderío tiránico de las grandes empresas del sector. Y como último estadío, ya lo hemos comentado en muchos otros artículos, hay que proceder a su nacionalización, hay que volver a recuperarlas para el sector público. Hay que nacionalizarlas, pero sometiéndolas a un estricto control técnico y social, mediante una previa auditoría pública, que evite los subsiguientes abusos y estafas a la ciudadanía, evitando también que caigan en manos de nuevos oligopolios, o bien de los partidos y políticos corruptos.

 

Hay que racionalizar el sector, hay que acabar con la política del déficit de tarifa, de los abusos de las compañías eléctricas, con la presencia de ex altos cargos políticos en sus Consejos de Administración, hay que volver a participar de lo público, para todo el conjunto de empresas que constituyen los grandes sectores estratégicos de nuestra economía. Hay que promover el equilibrio entre las diferentes fuentes de energía, el autoconsumo y el uso de las fuentes de energía limpias y respetuosas con el medio ambiente, con el entorno y con la vida humana. Y para que ello sea posible es imprescindible que la sociedad sepa lo que ha pasado durante todos estos años, hay que obligar a que los medios de comunicación informen de estos abusos, hay que realizar una auditoría energética independiente, como ya propuso en el Congreso de los Diputados el Grupo Parlamentario de la Izquierda Plural (lo cual fue rechazado por el PP). Hay que poner en claro las diferentes responsabilidades, sanear el sector, limpiarlo de tanta morralla, de tanto interés espúreo, y pedir cuentas (administrativas, judiciales y políticas) a quienes desde hace años vienen estafando y robando al conjunto de la ciudadanía, tanto a los responsables directos del negocio, como a los políticos que lo han permitido. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 agosto 2014 1 18 /08 /agosto /2014 23:00

"La democracia parlamentaria consiste en que el pueblo elija cada cuatro años al tirano que le va a oprimir"

(Dicho popular del siglo XIX) 

 

 

 

 

 

Introducido ya el tema en el anterior artículo de esta serie, y primero de la misma, veamos, para obtener un buen punto de partida, el retrato que sobre nuestra actual democracia nos realiza Antonio José Gil Padilla, en su artículo "Democracia representativa versus Democracia participativa": "En los países occidentales se habla de Democracia por el mero hecho de convocar a los electores cada cierto período de tiempo. Sea cual sea el método de elección (proporcional, mayoritario, etc.), sea cual sea el período para el que se elije (cuatro, cinco, seis años, etc.), sea cual sea el sujeto o sujetos a elegir (presidente de república, senadores, diputados, concejales, etc.), las formas y los resultados suelen ser idénticos. Las campañas electorales se realizan con un amplio despliegue publicitario, para vender el producto lo mejor posible ante un colectivo profundamente heterogéneo, valiéndose falsamente del principio de "una persona, un voto" sin que les preocupe la capacidad intelectual que permita elegir o abstenerse con conocimiento de causa, lo único que nos piden es que votemos. Los candidatos se acercan al pueblo en esos tiempos de propaganda poniendo en práctica la más descarada fachada demagógica. Se trata de salir elegido, para lo cual no tienen medida en hacer múltiples promesas. Pero una vez celebrado el acto electoral, y la proclamación de los ganadores, se produce un giro radical en lo que respecta a su relación con los votantes, e, incluso, con sus propios electores".

 

objetivo_democracia21.jpgY continúa: "Es a esto a lo que, sin ningún tipo de escrúpulo, se le denomina democracia representativa, término acuñado y asumido, de manera más o menos inteligible, por las masas votantes. Una vez formados los parlamentos, los gobiernos o cualquier otro órgano de poder político, el funcionamiento institucional adquiere un carácter totalmente endogámico, aislándose descaradamente sus protagonistas de toda la población, de los que votaron, y por supuesto, de los que se niegan a participar en este juego. Para depurar una deformación tan deleznable del auténtico modelo político que los ciudadanos desearían, algunas constituciones contemplan lo que se suele conocer como iniciativas populares para solicitar la promulgación o la derogación de alguna norma, pero en la práctica, estas iniciativas nunca llegan a tener éxito parlamentario a pesar de reunir los requisitos reglamentarios. Los políticos se constituyen en "casta" o grupo privilegiado, olvidándose totalmente del electorado a lo largo del período de mandato o de legislación". Como puede comprobarse, se trata de un perfecto retrato de nuestra anoréxica democracia, donde además muchos voceros del régimen justifican que el partido que gobierne, durante su legislatura, haga y deshaga a su antojo, gracias a la supuesta "legitimidad" surgida de las urnas.

 

objetivo_democracia22.jpgEn el caso español, en concreto, el fenómeno del bipartidismo, instalado prácticamente desde la época de la Transición, contribuye a extender el pensamiento único y limita las posibilidades de que otros enfoques, otras voces y otros planteamientos alternativos a los de la "mayoría" se escuchen y puedan ser simplemente votados. Quizá si tuviéramos que reducir a un solo (gran) problema el origen de todos nuestros males como sociedad, éste sería la falta, la escasez de Democracia. Veámoslo, razonémoslo con más calma: sufrimos de paro, pobreza, desigualdades, etc....¿Cuál es la última razón de ser que permite esta situación? Pues el feroz capitalismo instaurado en nuestros días, que permite que las grandes empresas y entidades que representan el poder económico posean más poder que las propias Instituciones que representan al poder político...¿Y cómo hemos llegado a esta situación? Precisamente, por falta de Democracia...Una democracia plena, completa, total, extendería el poder de decisión de toda la ciudadanía no sólo a la representatividad política, a todos sus niveles, sino también a la económica...Ahora comprenderemos mejor porqué el problema que nos aqueja, en el fondo, es la falta de democracia.

 

objetivo_democracia23-copia-1.jpgDe hecho, la Democracia que poseemos en la inmensa mayoría de países mal llamados "civilizados" sólo consiste en una pseudodemocracia controlada y tutelada por los poderes fácticos, en unos regímenes con aspecto aparentemente democráticos, pero que en realidad despliegan un alienante y despiadado sistema capitalista basado en la obtención "ad infinitum" de poder y riquezas para unos pocos, a costa del trabajo y de la explotación de las capas inferiores, de la mayoría social de la población. Según este planteamiento, al pueblo llano hay que tenerlo controlado, y este control se ejerce más cómodamente desde sistemas que aparenten ser democráticos, es decir, que posean todos los factores y características que definen a una democracia de base (parlamentos, partidos políticos, procesos electorales), pero que en realidad sólo sean un disfraz para sistemas económicos y políticos más o menos autoritarios. Está claro, por tanto, que hasta que no seamos capaces de ir desplegando auténticos mecanismos sociales de democracia participativa, hasta que no seamos capaces de organizar a nuestra sociedad civil y de dotarla de las vías y cauces de participación oportunos, que cubran prácticamente todas las esferas del poder, no estaremos en condiciones de afirmar que gozamos de una auténtica y plena Democracia.

 

A lo largo de esta serie de artículos, en los que estamos todavía en la parte introductoria, vamos a ir exponiendo y desarrollando una serie de aspectos que tienen que ver con la profundización de nuestra Democracia, con la migración hacia una democracia participativa, hacia una democracia más directa, usando lo que pudiéramos denominar "democracia digital", llegando a la democracia revocatoria, y finalizando por la democracia económica, que puede ser considerada el máximo escalón a alcanzar. Pero lógicamente, llevamos mucho tiempo con la política y la democracia alejada de los ciudadanos. De hecho, la clase política (junto con la corrupción, gran problema endémico de la misma) representa una de las constantes preocupaciones manifestadas por la ciudadanía en las periódicas encuestas del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). Bajo este panorama, es lógico pensar que llegar a conseguir los niveles de democracia que vamos a exponer aquí nos va a costar todavía bastante tiempo. No obstante, en este camino, sobre la marcha, durante la propia evolución hacia una mejor y más completa democracia, podemos ir ya implementando algunas medidas, más simples, menos traumáticas, más evidentes y sencillas, que nos vayan preparando el terreno, y que los actores y sujetos políticos (partidos políticos y ciudadanía, sobre todo) han de asumir. Comentaremos algunas de ellas en el próximo artículo de esta serie.

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17 agosto 2014 7 17 /08 /agosto /2014 23:00

"La expropiación es una característica estructural del capitalismo cuya finalidad siempre ha consistido en convertir a los seres humanos en trabajadores asalariados, en parias, en objetos desechables y/o en consumidores. En una perspectiva histórica amplia, pueden identificarse cinco grandes procesos de despojo perpetrados en los últimos cinco siglos, que están asociados a la emergencia y expansión mundial del capitalismo: la expropiación de la tierra y sus bienes comunes (la naturaleza); la expropiación del cuerpo de seres humanos para somterlos en sus propios territorios (amerindios) o convertirlos en esclavos y llevarlos con violencia al otro lado del mundo (africanos); la expropiación del producto del trabajo de artesanos y campesinos; la expropiación del tiempo de los trabajadores y de sus costumbres; y la expropiación de sus saberes"

(Renán Vega Cantor, "Capitalismo y despojo")

 

 

 

 

Vamos a ir finalizando en la presente entrega con las características de la clase trabajadora en nuestro país, para ir pasando a la exposición, en los siguientes artículos, de las características del capitalismo español, y más concretamente, sobre la formación del capitalismo inmobiliario y financiero en España, con lo cual ya tendremos una visión de conjunto sobre qué ha pasado hasta ahora, y por tanto, poder sacar conclusiones sobre qué hacer para que esto no pueda volver a pasar. Entrando en un aspecto clave de las condiciones de trabajo, como son los accidentes laborales, la correlación positiva entre pésimas condiciones, temporalidad, otras formas de precariedad y grado de siniestralidad laboral, es algo que, de una forma u otra, está casi universalmente reconocido. La increíble cantidad de accidentes laborales que se dan en nuestro país, 1 millón anual de media durante la última década, mil de ellos mortales, se dan porque sus víctimas pertenecen a una clase obrera en la que la precariedad es la norma, y se convierte en un elemento diferenciador más entre grupos de trabajadores, afectando de manera especial, y en este orden, a inmigrantes, jóvenes y trabajadores/as precarios/as.

 

Y al analizar las retribuciones salariales, el primer y fundamental apunte a recordar es el progresivo y constante deterioro de la participación de las mismas en el PIB en beneficio de las rentas no salariales. Los salarios son valorados por los trabajadores/as como el elemento clave que marca su posición dentro de la sociedad, y su posición dentro de la clase. Los salarios son, por ello, un elemento fundamental para diferenciar a grupos de trabajadores/as entre sí, en primer lugar por el género. Por citar algunos ejemplos, el salario de las mujeres se sitúa alrededor del 70% del de los varones de su mismo grupo, la segunda gran diferenciación es por grupo de edad, los asalariados jóvenes, entre 20 y 29 años, apenas alcanzan el 70% de la media. Los salarios medios también marcan diferencias por el tamaño de la empresa. Por lo tanto, éstos marcan diferencias importantes dentro de la clase trabajadora en función de la precariedad, el género y a los correspondientes grupos de edad.

 

Por su parte, la jornada de trabajo en nuestro país es una de las más largas, si no la más, de nuestro entorno, refiriéndonos a los países de la UE-15, y va acompañada de uno de los más bajos niveles salariales, mientras que la jornada está fijada como límite en las 40 horas semanales. En 2001, el 67,5% de los/as asalariados/as del sector privado trabajaba más de 40 horas semanales; por sectores de actividades, salvo en casos muy puntuales, más del 50%, y en algunos casos más del 75%, trabajaban más de 40 horas a la semana, y con la reforma laboral, al incluir en los contratos a tiempo parcial la posibilidad de prolongar la jornada laboral con horas extraordinarias, está teniendo consecuencias devastadoras tanto en lo económico, como en lo humano. La tendencia, como las estadísticas están demostrando, es hacia un aumento de la economía sumergida, así como a unas jornadas laborales en condiciones de semi-esclavitud. Poco a poco, y gracias sobre todo a la reforma laboral del Gobierno del PP, se han ido introduciendo los "minijobs", que llegan a ser incluso "microjobs", pues pueden tratarse de contratos no sólo temporales (1 mes, 3 meses) y con bajos salarios, sino además con jornadas recortadas de 2, 3 ó 4 horas a la semana.

 

Y todo esto se forma bajo la dominación de una clase capitalista, la española en este caso, que como hemos dicho, muta en nuestro país fundamentalmente hacia la formación de un capitalismo de tipo inmobiliario y financiero, sectores muy aliados hasta el estallido de la actual crisis. La lógica de acumulación imperante en la actualidad en nuestro país tiene su origen en la imposición a finales de la década de los años 70 del siglo pasado y principios de los 80, de un modelo de inserción exterior a través de nuestra entrada en la llamada (por aquél entonces) Comunidad Económica Europea (CEE), por medio de una especialización productiva en los sectores del turismo y de la construcción. Dicha especialización productiva supuso la reducción de nuestra capacidad de producción industrial en sectores hasta entonces clave en nuestro país, tales como el sector naval, los bienes de equipo o la siderurgia, afectados por un proceso de deslocalización, por un lado de las ramas intensivas en fuerza de trabajo hacia terceros países con menores costes laborales, y por otro de aquéllos sectores intensivos en tecnología a favor de los países del centro y del norte de la Unión Europea.

 

Para financiar este proceso conocido como "reconversión" o "modernización", nuestro país acude al ahorro exterior (capital financiero internacional), para lo cual lleva a cabo una política de desregulación, bajada de impuestos y "flexibilización" del mercado de trabajo, con un objetivo central: atraer inversión extranjera a nuestro territorio. La estructura productiva se modifica, y ya a mediados de la década de los 90, se asienta el nuevo patrón de acumulación basado en la construcción, el turismo, las finanzas y la inmigración (vinculada a la economía sumergida). Cuando estalla la crisis, debido sobre todo a un grado excesivo de financiarización de la economía, junto a la concesión a los banqueros de un poder desmesurado, los motores de la economía comienzan a pararse, y los sectores ligados a ella (construcción y hostelería, fundamentalmente) comienzan a despedir personal, disparando el paro y contribuyendo a una caída del consumo, que a su vez incide en la supervivencia de terceras empresas, en primer lugar del sector servicios, subsidiarias de las anteriores, y en segundo lugar, del resto de sectores económicos, llevando al caos y al declive la economía productiva. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 agosto 2014 4 14 /08 /agosto /2014 23:00

"La verdad de la milanesa es que en IU hay un importante sector que cree que hay soluciones a la crisis dentro del régimen. Son los "posibilistas", los representantes de la izquierda institucionalizada, aquéllos cuyo modelo es gobernar con el PSOE, como lo hacen en Andalucía o abrirle paso al gobierno del PP como lo hacen en Extremadura"

(Emilio Pizocaro)

 

 

 

 

 

 

Y bajo este panorama, difícilmente tendremos a una Izquierda Unida que vuelva a ser ilusionante, que vuelva a disponer de la credibilidad suficiente como para representar una alternativa real de gobierno a nivel del Estado. Podemos se sitúa ya como tercera fuerza política según la última encuesta del CIS, desbancando a una IU que se resiste a renovar a parte de sus cúpulas directivas, participando de esta forma en un declive de la formación política de izquierdas. Y es que, en los últimos años, se ha hecho bastante daño, desde varios frentes, a la imagen de esta Izquierda Unida, que antaño representara la izquierda real y transformadora de este país. Hoy, una parte de IU, al igual que los sindicatos mayoritarios, se ha integrado en el sistema, se ha acomodado, se ha convertido en parte de él, y ha dejado de responder a los principios de funcionamiento de una fuerza real de  izquierdas, y de un movimiento político y social, como fue definida desde 1986, año de su creación. El pasado mes de junio, cinco dirigentes territoriales de IU (de Burgos y Cantabria, sobre todo) lanzaron una campaña para renovar la dirección, reclamando una Asamblea Federal Extraordinaria, y proponiendo una lectura más acertada de lo que supuso el movimiento del 15M, y la necesidad de adecuación social al mismo.

 

Después de algunas fracasadas experiencias, como el proceso de Refundación de IU, o el Bloque Político y Social, la organización se encuentra desfasada en el plano social, y con una imagen mayoritaria bastante desacreditada. Todo ello, unido a la mala lectura que se ha hecho sobre la irrupción del fenómeno Podemos, han desplazado a la coalición del protagonismo sobre el proceso constituyente que buena parte de la izquierda reclama. En resumidas cuentas, la imagen que se ofrece es que IU no ha sabido adaptarse al momento histórico que vivimos, y ha continuado anclada en prácticas, procesos y discursos del pasado. El núcleo de la organización debe adaptar su dinámica interna y sus procesos a los nuevos escenarios que se vislumbran, si es que quiere volver a constituirse como actor principal en la transformación de este país.

 

La impresión que da es que IU aún no ha sabido reaccionar a los últimos acontecimientos, que éstos le han sobrepasado, o bien que no ha hecho la lectura más apropiada. No se suele indicar mucho, pero lo cierto es que buena parte del voto a Podemos en las últimas Elecciones al Parlamento Europeo, el dato está estimado en un 25%, procede de anteriores votos a IU. Es la factura que han pasado, sobre todo, los problemas de coherencia entre discurso y práctica política. Falta democracia interna, falta apearse de la institucionalidad, falta la "mirada del tigre" de una organización que ha de representar la rebeldía de la clase trabajadora de este país. Falta valentía para declarar a cielo abierto que nos sobran todos los pactos con el PSOE, recuperando la autoridad política y moral necesarias para que la ciudadanía vuelva a creer en IU. Falta modestia para entender que IU ya no es el único referente de la izquierda en este país (el PSOE dejó de serlo hace décadas), y mucha autocrítica para aceptar que una fuerza política de nuevo cuño haya superado a IU, en varios meses, en la intención de voto. Hace falta altura de miras, y entender, como ha afirmado Alberto Garzón, que las ideas están por encima de las siglas.

 

Pero frente a una corriente de la Comisión Ejecutiva Federal que está de acuerdo con estos planteamientos, representada entre otros por nombres como Montserraz Muñoz, Diosdado Toledano, Antonio Cortés o José Antonio Mesa, surge una corriente enfrentada, anclada en el pasado, que reivindica los viejos planteamientos, representada en el Manifiesto SOMOSIU, donde algunos dirigentes madrileños vuelven a colocar a la coalición en una grave encrucijada. Firman el manifiesto nombres históricos como Ángel Pérez o Gregorio Gordo, destacados defensores de José Antonio Moral Santín, el que fuera mano derecha de Miguel Blesa. Se trata por tanto de la corriente institucionalizada, de la corriente que sólo apuesta por una "presencia" de IU en los cargos públicos, por los que apuestan por ese "mando en plaza" que afirmara Diego Valderas. Y se equivocan quienes quieren ver la revolución democrática por ese conjunto de sillones a corto plazo, porque de esta forma no se construye el auténtico contrapoder ciudadano que rompa los engranajes del régimen constituido en 1978.

 

Y es una lástima, porque desde IU se está echando a perder una estupenda oportunidad de confluencia con la formación política de Pablo Iglesias (así como con otras fuerzas de izquierdas, tales como EQUO, Compromís, etc.), que pudiera representar de cara a las próximas citas electorales de 2015 una fuerte alternativa al bipartidismo reinante, que ya va de capa caída. No obstante, la inmensa mayoría de los militantes de IU, estamos seguros de ello, están a favor de dicha convergencia, incluso electoral, porque entienden que es vital para impedir que se termine de instalar la segunda restauración borbónica, a la que estamos asistiendo paso a paso, de forma inexorable. Pero se está minando la credibilidad de IU a marchas forzadas, por mucho que quieran lavar la cara explotando la imagen pública del joven Alberto Garzón, como figura líder de la supuesta renovación de la coalición. En efecto, se ha encargado al joven economista la organización de un proceso de transformación social liderado por IU, al que se ha invitado a cualesquiera otras fuerzas políticas que deseen participar del mismo, y sería un auténtico fracaso de toda la izquierda real y transformadora de este país que no pudieran confluir todas ellas en este proceso.

 

Pero mientras se lanza esta iniciativa, IU en Andalucía continúa su coalición de gobierno con el PSOE de Susana Díaz, declarando que apuesta por agotar dicho pacto de legislatura, y difundiendo una penosa imagen pública de algunos de sus líderes, como Diego Valderas, actual Vicepresidente de la Junta. Pero además, el PSOE de Andalucía ha jugado algunas tretas a la formación de izquierdas, como votar por separado en algunas iniciativas, o retirar temporalmente las competencias a la Consejería de Fomento y Vivienda, precisamente aquélla que ha jugado un papel más determinante dentro de la política de la Junta. De esta forma, la imagen de IU-CA es sencillamente lamentable, intentando jugar el papel de un pepito grillo de izquierdas para el PSOE andaluz, y aceptando "por imperativo legal" todas las limitaciones, imposiciones y restricciones que llegan desde el Gobierno central.

 

Decididamente, si IU no reacciona de una vez por todas, vuelve a sus orígenes, retoma sus postulados, y lleva a cabo una profunda reestructuración de sus dirigentes, entrará en una espiral de desconfianza definitiva de cara a su posible electorado, y renunciará a su histórica posibilidad de plasmar un gobierno de izquierdas en este país. Es una lástima, porque de hecho, en torno a un 90% de los programas electorales de IU y Podemos coinciden, luego lo más lógico, de cara a la posible concentración del voto a la izquierda del PSOE, sería que ambas fuerzas políticas, y todas las demás que coincidan en gran parte con este ideario, se presentaran en coalición a todas las siguientes citas electorales. Pero para ello, IU debe volver a la coherencia política, ha llegado la hora de barrer los personalismos, los liderazgos, los protagonismos, y entender que lo que nuestra sociedad demanda es una confluencia, una convergencia de todas las fuerzas y  movimientos sociales y políticos que aspiran a un contexto de mayor democracia y a todos los niveles, acudan en masa, codo con codo, para constituir, con la fuerza de la propia ciudadanía indignada y rebelada, ese contrapoder hegemónico que necesitamos para levantar el nuevo Proceso Constituyente.

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13 agosto 2014 3 13 /08 /agosto /2014 23:00

"Ser de izquierdas en EE.UU. ha sido una cuestión profundamente traumática durante los últimos cincuenta años. El macartismo y la Guerra Fría lograron imponer un esquema cultural por el cual el capitalismo es equivalente a la democracia y ambos son partes integrales del "americanismo". La crítica sistémica, por limitada que ésta sea, es tratada como una amenaza a la identidad cultural del norteamericano. El resultado neto es que Estados Unidos es el único país del mundo industrial occidental donde la izquierda, desde 1950, ha sido débil y profundamente marginal. Para la gran mayoría de la población "la izquierda" son los liberales del tipo Edward Kennedy (algo inconcebible en el resto del mundo); y no perciben una diferencia entre leninistas, trotskistas, socialdemócratas, anarquistas o maoístas"

(Pablo A. Pozzi y Fabio G. Nigra, "La decadencia de EE.UU.")

 

 

 

 

 

 

Comenzaremos por afirmar que el sistema de partidos norteamericano no abarca la totalidad de la población. Entre un 25 y un 30% de la misma no se encuentra empadronada, y en este sentido demuestran que se hallan fuera del consenso impuesto por la clase dominante. Esta masa de marginados se compone principalmente de los pobres y de las minorías raciales y étnicas. El sistema polítco, en Norteamérica, no existe para servir a los intereses del conjunto de la población, ni responde a los mismos. Dada su no participación y su imposibilidad para influenciar cambios en los partidos mayoritarios, los intereses de los marginados deben expresarse en forma inorgánica al sistema, es decir, de forma tangencial al mismo. El autodenominado "país de las oportunidades" es, en realidad, uno de los países más excluyentes y cerrado en sí mismo, para cuestiones políticas, así como el que vende la idea de la política como un mero espectáculo, habida cuenta de las consabidas prácticas celebradas durante las campañas electorales. Pero siguiendo a los autores citados más arriba, en su referida obra, vamos a comprobar hasta qué punto la izquierda norteamericana es residual, prácticamente inexistente, y relegada de su influencia en los asuntos públicos.

 

Hay mucho de verdad en la percepción popular de que ambos partidos mayoritarios de la escena norteamericana son, en realidad, la misma cosa. Forman quizá la esencia del bipartidismo exportada a otros países occidentales, que han visto en dicha fórmula la mejor manera de hacer pervivir a toda costa el explotador sistema capitalista. En el fondo, con ligeros matices, ambos suscriben la misma ideología. Ambos tienen una interpretación similar de lo que son (para ellos) los valores democráticos: lo sagrado de la propiedad privada, una economía de libre empresa, la importancia del mercado, de la sociedad de consumo, la libertad individual, y un gobierno limitado en su capacidad y en sus funciones. Más aún, desde la década de 1930 y hasta 1980, ambos partidos han apoyado el desarrollo de un "estado de bienestar social". Por último, ambos partidos han coincidido, en líneas generales, en cuanto a las características de la política exterior norteamericana: la Guerra Fría, el anticomunismo, la intervención extranjera, y la carrera armamentista.

 

En el caso de Estados Unidos, el liberalismo decimonónico se divide en dos tendencias durante el siglo XX. Los "conservadores" enfatizan la parte de "libertad económica" de la famosa ecuación liberal de Adam Smith, y por lo tanto, tienden a ser antiestatistas (abogan por el minimalismo del Estado) y pro grandes corporaciones (abogan por el inmenso poderío de las grandes empresas transnacionales, que además, para ellos, son fieles divulgadoras en el mundo de los valores de la sociedad norteamericana). Los "liberales", en cambio, enfatizan el aspecto de la "libertad cívica", y por ende son más pro estatistas como forma de balancear el poder de las grandes corporaciones. Y hasta la actualidad, ambas tendencias existen en los dos grandes partidos mayoritarios. Por supuesto, ambos partidos no son absolutamente idénticos (como aquí no lo son PP y PSOE, sus homólogos españoles), existiendo ligeros matices diferenciales entre ellos. Por ejemplo, los republicanos son "conservadores" en cuanto a política interna, mientras los demócratas son más "liberales". También, la base social de ambos partidos es levemente distinta. Si bien ambos encuentran apoyo en todas las clases sociales de Estados Unidos, los demócratas reciben una proporción mayor del apoyo de la clase obrera, los judíos, los católicos y los negros; mientras que los republicanos encuentran la mayoría de sus seguidores entre los protestantes de las zonas rurales, de las pequeñas ciudades y de los suburbios, entre los empresarios y los profesionales.

 

Los republicanos son el mejor espejo de las aspiraciones de la Corporate Class (lo que aquí solemos llamar clase media, o media-alta), así como también recoge las tendencias de los ultra-conservadores, mediante el movimiento Tea Party. Y puesto que el objetivo de ambos partidos es preservar el sistema, y sólo en segundo lugar elegir a sus candidatos, es evidente que los programas partidarios tienden a ser ambiguos y con tendencia hacia el centro-derecha. Bajo esta situación los dos partidos políticos mayoritarios no producen, en realidad, alternativas diferenciadas, sino alternancias en el poder, bajo un sistema preservado para pervivir indefinidamente, y que según ellos, se identifica con los valores de su sociedad. Y al no ofrecer propuestas realmente alternativas para el país, su objetivo se limita a generar y mantener el consenso necesario para la política y los objetivos de la clase dominante. Lo más notable es que muchos analistas aceptan y difunden la visión de Estados Unidos como una sociedad pluralista. Y esta situación, al igual que en muchos países de Europa, asienta y legitima un sistema bipartidista, que limita claramente las opciones políticas y que socava gravemente la democracia. En efecto, Democracia y Derechos Humanos, dos grandes eslóganes por los que Estados Unidos afirma luchar en el mundo, poseen grandes deficiencias en el sistema político y en la sociedad estadounidense. En la segunda entrega, y última de esta serie, analizaremos un poco más profundamente cuál es la configuración histórica para la "ausencia" de esta izquierda norteamericana.

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12 agosto 2014 2 12 /08 /agosto /2014 23:00

"Al envilecimiento económico-social le sigue hoy el envilecimiento generalizado de los valores éticos, sociales, humanos, estéticos, ecológicos, culturales, educativos, científicos, religiosos y políticos. Al envilecimiento de los valores le sigue el envilecimiento humano planetario"

(Camilo Valqui)

 

 

 

 

sociedad_alienante111.jpgContinuando con nuestra exposición sobre el carácter alienante de los mass media, sobre todo de la televisión, en  una sociedad donde abunda el número de titulados en paro que guardan alguna relación con los medios de comunicación, un selecto número de personas carentes de todo tipo de principios éticos, con una baja preparación formativa y con un limitado bagaje intelectual (llegados, a veces, de otros ámbitos, y reconvertidos en estrellas mediáticas), dirigen los programas televisivos más deleznables en los que se entremezclan una serie de contenidos donde, a menudo, es difícil deducir un hilo conductor coherente. Entre otros, como tema de fondo, lo vulgar y el comentario frívolo y fácil en torno a la vida y milagros de nuevos y viejos "famosos" parecen ocultarse bajo algunas secciones que intentan abordar otros problemas u otras noticias de interés público.

 

sociedad_alienante112.jpgLa labor que realizan estas "estrellas" televisivas en beneficio de los que más tienen, y la instrumentalización que de ellos se hace, es compensada por el sistema, como en otros casos, con una remuneración que les convierte en una élite o en parte de esas nuevas clases sociales privilegiadas, hasta el punto de superar, a veces, en riqueza a sectores sociales tradicionalmente acomodados. Entre tanto profesional especializado, las cadenas ya no buscan a los presentadores más adecuados para tal o cual programa, sino que repiten a las mismas "estrellas" como caras visibles de los mismos, e incluso distintas cadenas, competidoras entre sí, acuden a contratar a estos mismos "presentadores" estrella para programas de la más diversa índole. De lo que se trata, por tanto, más que de valorar al programa por sí mismo, es de explotar la "popularidad" de tal o cual presentador/a de moda.

 

sociedad_alienante113.jpgEstos demagogos, ricos de nuevo cuño, que viven a costa de las anestesiadas clases populares, tienden a igualarse en riqueza y popularidad a los actores y actrices del imperio que, junto a otros tantos agraciados, tocan el cielo desde sus mansiones protegidas y aisladas del mundanal ruido. El poder y la riqueza que les otorga el sistema, en realidad, les hace aborrecer y despreciar, en lo más íntimo, la miseria y la pobreza del "populacho", aunque sin él y su ignorancia, el caldo de cultivo que permite a estos personajes estar presentes día tras día en ese poderoso medio de contaminación y de engaño que es la televisión. Y como un especímen de nuevo cuño dentro de las estrellas mediáticas, tenemos la figura del tertuliano o tertuliana. Porque en un desenfrenado y permanente afán por no dejar un solo cabo suelto, el sistema inventa continuamente nuevas fórmulas para que nada escape de sus garras. En efecto, es relativamente reciente la incorporación de los conocidos como "tertulianos" a diferentes programas de radio y de televisión. En realidad, nada tienen que ver con las clásicas tertulias de otros tiempos, caracterizadas por la concurrencia de intelectuales y personas inquietas preocupadas más por la cultura y el progreso que por su personal economía.

 

sociedad_alienante114.jpgEn efecto, ya desaparecieron de la escena auténticos programas de debate y reflexión plurales, tales como "La clave", de José Luis Balbín, que fueron retomados (ya con un poco de degeneración) en los años 80 por los debates moderados por Jesús Hermida, hasta evolucionar a día de hoy a los engendros mediáticos que nos ponen en antena, prácticamente todas las cadenas, donde una serie de personajes, normalmente fijos (que incluso rotan de programa en programa y de cadena en cadena), nos exponen sus puntos de vista sobre los asuntos de actualidad. Recurramos a las palabras de Antonio José Gil Padilla, que lo expresa en los siguientes términos: "Los tertulianos y tertulianas de esas vanas tertulias tienen los bolsillos bien repletos a cambio de jugar un sucio papel, encomendado por el poder, para que suplan el pensamiento, el juicio y la crítica del pueblo oprimido". Porque son ellos los "pensadores" oficiales, los actuales oráculos del debate y la reflexión. Aquéllo de que "el hábito hace al monje" otorga a estas personas un protagonismo que no merecen. La implantación de modelos como éste se apoya en la desidia y el aburrimiento de una población totalmente domada y acostumbrada a que le impongan esquemas y fórmulas preconcebidas.

 

sociedad_alienante115.jpgPero vamos a la radiografía, que no ofrece ningún desperdicio. El perfil del tertuliano típico se caracteriza fundamentalmente por ser una persona totalmente integrada en el sistema, partidaria de una u otra fuerza política con posibilidad de gobernar, intelectualmente poco dotado (la inmensa mayoría dicen ser periodistas) y carente de valores colectivos. Por estos motivos, son incapaces de analizar con corrección cualquier hecho o acontecimiento de cierta trascendencia, de obtener conclusiones válidas y coherentes, o de elaborar un diagnóstico certero que pergeñe (al menos) acontecimientos futuros. Y en cuanto a la dinámica seguida en cualquier tertulia típica protagonizada por estos personajes, se caracteriza por la discusión, la vanalidad, la demagogia, el atropello y el afán de protagonismo. En algunas de ellas, cada vez con mayor frecuencia, suele aparecer la figura del tertuliano más rebelde o inconformista, para justificar una falsa pluralidad. En apariencia, este personaje díscolo discrepa de los planteamientos más conservadores, pero su forma de vida y sus ambiciones son semejantes a las de los demás; es, tal vez, la pieza más negativa de ese juego de la mentira y la manipulación mediática. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 agosto 2014 1 11 /08 /agosto /2014 23:00

"Nos enseñaron tácticas psicológicas, cómo estudiar el miedo y las debilidades de un prisionero. Hacer que se levantara y se quedara de pie, no dejarle dormir, desnudarlo y aislarlo, poner ratas y cucarachas en su celda, darle comida podrida, incluso animales muertos, arrojarle agua fría a la cara, cambiar la temperatura de su entorno"

(Florencio Caballero, hondureño entrenado por la CIA)

(The New York Times, 1988)

 

 

 

 

 

usa_guerra_permanente91.jpgY es que el llamado "combate contra el terrorismo internacional" obsesiona sobremanera a los Estados Unidos, sobre todo a raíz de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. Esta obsesión se ha manifestado hasta el punto de promulgar la denominada USA PATRIOT Act (Uniting and Strengthening America by Providing Appropiate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism). Esta ley fue aprobada 45 días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y su objetivo fue ampliar sustancialmente los poderes represivos del Estado bajo el fin declarado de combatir al terrorismo internacional, sin necesidad de orden judicial, tanto dentro como fuera de las fronteras de los Estados Unidos, restringiendo toda una serie de derechos constitucionales, que hoy día se extienden al resto de países "aliados", y a sus sistemas de seguridad, que se vuelven cada vez más cómplices con las obsesiones norteamericanas.

 

Entre sus previsiones, el Acta Patriótica (como podría traducirse) incrementa las facultades de las agencias represivas para vigilar las comunicaciones telefónicas y de correo electrónico, así como los registros públicos y privados (médicos, financieros, libros solicitados en las bibliotecas, etc.); reduce las restricciones para acciones de inteligencia en terceros países; aumenta el poder de la Secretaría del Tesoro estadounidense para regular el mercado financiero; y concede poder discrecional a las autoridades policiales y migratorias para detener y deportar a inmigrantes, cuando se estime que los mismos son sospechosos de estar relacionados con el terrorismo. El Acta Patriótica también amplía la propia definición y concepto de terrorismo, con el fin de incluir actividades realizadas por ciudadanos/as estadounidenses y actos que antes no eran considerados como tal.

 

usa_guerra_permanente93.jpgY todo ello se debe a la ideología mayoritaria estadounidense, de prácticamente todas las capas sociales, que cultivan una visión sobre la síntesis de un sector capitalista salvaje y virulento, cuya ideología mezcla un nacionalismo apocalíptico, unido a un extremismo religioso pre moderno, que divide simplemente al mundo real en buenos y malos. De esta forma, justifican la posesión del monopolio privado de la violencia a nivel mundial, y se consideran legitimados para intervenir en cualquier conflicto internacional imponiendo sus propios criterios, desplegando una descarada prepotencia, y erigiéndose en los líderes "naturales" a nivel mundial, lo cual a su vez constituye un círculo vicioso, porque a medida que disponen de más poder en los foros internacionales, más responden a este comportamiento. Sin ir más lejos, en su llamado "patio trasero", como es América Latina, Estados Unidos se ha caracterizado por una innumerable lista de intervenciones y un sinfín de masacres, donde han hecho gala de una crueldad despiadada.

 

    usa_guerra_permanente92.jpgTomo como referencia al respecto el artículo de Marco Dávila, que nos da una amplia exposición de dichas intervenciones. En nombre de la libertad y de la democracia, los norteamericanos han cometido en América Latina y El Caribe todo tipo de atrocidades. Por medio de las élites privilegiadas latinoamericanas, han asesinado, torturado y hecho desaparecer a cientos de miles de personas. Tan sólo en los dos períodos presidenciales de Ronald Reagan (1981-1989), las élites privilegiadas de Centroamérica, motivadas por sus amos imperiales, mataron a más de 300.000 personas, torturaron a cientos de miles, y obligaron a millones de ellas al exilio temporal o permanente. Durante el período de la Guerra Fría (1945-1991), EE.UU. hizo uso de paramilitares (escuadrones de la muerte, mercenarios, violadores, torturadores,...) para hacerles el trabajo sucio en su territorio. A inicios de 1960, agentes del Departamento de Estado, Boinas Verdes, CIA, y la USAID (Agencia para el Desarrollo Internacional) organizaron dos grupos paramilitares que se convertirían en la columna vertebral del sistema de escuadrones de la muerte de Nicaragua.

 

La primera campaña en Latinoamérica donde los escuadrones de la muerte realizaron desapariciones de disidentes políticos ocurrió en Guatemala en 1966 y fue llevada a cabo por una unidad creada y directamente supervisada por consejeros de seguridad norteamericanos. Y grandes compañías transnacionales, como Ford, Coca-Cola o Mercedes-Benz también trabajaron de la mano con los escuadrones de la muerte. En Nicaragua, los llamados Contras, obedeciendo a una estrategia de la CIA para desgastar a la Revolución Sandinista (1979-1990), decapitaron, castraron, mutilaron, sacaron ojos con cucharas, cortaron senos, secuestraron a jovencitas, mataron a enfermeras, a doctores, a jueces...En 1985, los Contras nicaragüenses habían ejecutado a cerca de 4.000 civiles, herido a un número similar, secuestrado a más de 5.000 personas...Al final de la guerra habían muerto 30.000 civiles, la mayoría a manos de los Contras.

 

usa_guerra_permanente94.jpgPor su parte, en El Salvador, Washington invirtió más de 6 billones de dólares durante 12 años de Guerra Civil, donde hubo de 50 a 60.000 civiles muertos, y de 20 a 34.000 militares muertos. Sólo en la masacre de El Mozote en diciembre de 1981, 750 civiles salvadoreños, incluyendo niños, fueron apuñalados, decapitados, abatidos con ametralladoras cargadas con balas que fueron fabricadas para el gobierno estadounidense en Lake City, Missouri. O en Guatemala, donde EE.UU. dio asistencia económica a la fuerza armada genocida guatemalteca, entre noviembre de 1981 y comienzos de 1983, el ejército arrasó comunidades indígenas al completo, cometiendo más de 600 masacres. Se ejecutó a 100.000 campesinos mayas, de los más diversos modos: apedreando niños hasta la muerte, tirándolos al río, destripando a víctimas vivas, amputando genitales, brazos, piernas, cometiendo violaciones masivas, quemando gente viva, extrayendo fetos a mujeres embarazadas, y de muchas otras formas. La crueldad desplegada no tuvo límites. Continuaremos en siguientes entregas.

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10 agosto 2014 7 10 /08 /agosto /2014 23:00

"La crisis que el capitalismo vino cebando,

con su descarnado afán de lucro,

con su consentido estupro,

de las riquezas de la naturaleza,

de los castigados por la pobreza,

de los sometidos a sus bajezas,

de la burguesía local,

de todo el cuerpo social,

caciqueando, privatizando, expoliando,

desregulando, masacrando, endeudando,

el capitalismo ha venido largo tiempo alimentando,

el descontento laboral, el servilismo indigno,

el estado de malestar, el negocio fraudulento,

la crispación y la violencia, el estado policial,

el consumo banal, la riqueza innecesaria,

la desconfianza empresarial, el desequilibrio económico,

la burbuja inmobiliaria, y la crisis como tal"

(José Manuel Naredo, "Poema del capitalismo", Revista Archipiélago)

 

 

 

 

 

Y es que en el sistema capitalista, no nos cansaremos de repetirlo, el verdadero poder es el económico. En una "democracia" como la liberal, donde se incumple uno de sus principios elementales, como es la separación de poderes, todos los poderes dependen en última instancia del poder económico. El poder político es financiado por el económico (financiando a los propios partidos o a sus campañas electorales), el poder de la prensa depende del poder económico (los grandes medios de comunicación privados son conglomerados de grandes empresas detrás de las cuales hay grandes capitalistas, y los medios de comunicación públicos dependen del poder político), el poder judicial depende del poder político (como consecuencia de los cambios de Gobierno en España siempre asistimos al bochornoso espectáculo de ver cómo los principales partidos políticos se reparten los vocales del Consejo General del Poder Judicial, pues son designados por el Congreso y el Senado), el poder sindical es subvencionado por el Estado, es decir, por el poder político. Por consiguiente, de forma más o menos directa, todos los poderes del Estado dependen del poder económico. El gran capital se constituye en el auténtico poder, en el poder en la sombra, en el poder que lo decide todo. Entonces, la democracia (el gobierno del pueblo, de la mayoría) se convierte en oligocracia (el gobierno de unos pocos), y más en concreto en plutocracia (el gobierno de los ricos, de los poderosos). Y éstos, lógicamente, van a mirar sólo por sus intereses.

 

Sobre nuestra propia responsabilidad en el fin del capitalismo, recogemos las palabras de Bernardo Pérez Andreo: "Estamos necesitados de una nueva conciencia que nos permita creer, sí, creer, que podemos cambiar las cosas, que lo que vivimos es fruto de una estructura en la que participamos y que sólo con nuestro consentimiento, tácito o no, se puede llevar a cabo. Que los poderosos lo sean no es fruto de una fatalidad histórica, tampoco de una circunstancia meteorológica; los poderosos han sido constituidos como tales gracias al consentimiento de los gobernados, de los expoliados, de los sometidos, de los exclaustrados de sus conciencias. Los poderosos lo son porque muchos han dejado que les arrebaten su poder. Los poderosos son empoderados. Sólo hay poderosos porque se lo consentimos, por una pura y simple dejación de funciones de la dignidad humana. En puridad matemática, nosotros somos más y somos mejores, pero ellos han conseguido que creamos que ellos son los mejores, los buenos, los que todo lo merecen. Nosotros les hemos puesto ahí y nosotros los quitaremos de ahí, es nuestra obligación".

 

Y en este sentido, Camilo Valqui abunda: "La antihumanidad del capitalismo sienta las premisas reales de su destrucción dialéctica y los fundamentos objetivos de la necesidad consciente de la revolución comunista, como única vía para el reencuentro de los seres humanos consigo mismos. Entonces, no se trata de conservar, mejorar o humanizar al capitalismo, ni de darle un rostro humano a este sistema expoliador y dominante, como cínica o ingenuamente proponen y sueñan la pequeña burguesía, la izquierda agnóstica y los académicos social-liberales, sino de superarlo de raíz con el fin de fundar una comunidad superior de hombres y mujeres libres. Se trata estratégicamente de afirmar la humanidad humanizada". Y es que la actual versión del capitalismo, que pudiéramos denominar capitalismo imperialista (por su vocación de acaparar no sólo la fuente de riqueza que significa el trabajo humano, sino también de demoler los recursos de la naturaleza) ha cambiado radicalmente el mundo hasta volverlo violento, inhabitable y absurdo, pero al mismo tiempo lo ha minado de un ciclo largo de revoluciones en camino. Consecuentemente, ha avivado la disyuntiva: comunismo o barbarie. Es decir, la crisis, la barbarie, la decadencia del actual sistema imperialista, la descomposición social y el riesgo de exterminio global, ponen a la orden del día la revolución socialista y el comunismo como única alternativa radical.

 

Recurrimos de nuevo a José López, quien nos ilustra en el sentido siguiente: "El capitalismo se sustenta en el mercado, en la competencia entre los productores. Cuando esta competencia desaparece y se sustituye por una planificación sin control externo, tarde o pronto, el sistema colapsa. Todo sistema necesita ser controlado, regulado de alguna manera, para que funcione. El capitalismo se autorregula. Aunque de manera anárquica, tan pronto se produce el crecimiento como el colapso. Las crisis en el capitalismo son consecuencia directa de su autorregulación anárquica, son los estallidos de sus contradicciones inherentes que nunca se superan, más que temporalmente en un proceso continuo de construcción-destrucción. Pero, sin embargo, el capitalismo más o menos sobrevive, hasta que colapse por completo o se cargue el planeta y todo lo que contiene, si es que finalmente lo hace, nadie puede asegurarlo. O hasta que la Humanidad logre sustituirlo por otro sistema. El socialismo debe ser regulado explícitamente, conscientemente. En el capitalismo ese control lo ejerce más o menos el mercado (si bien el Estado también interviene para que el sistema no colapse, cada vez más pues el capitalismo poco a poco se va negando a sí mismo), sin olvidar el decisivo papel de las crisis que, como dice Víctor Serge, se convierten así en las grandes reguladoras de la vida económica; son las que reparan, a expensas de los trabajadores, de las clases medias e inferiores y de los capitalistas más débiles, los errores de los jefes de la industria".

 

Y añade: "Como suelen decir los propios economistas capitalistas, el sistema es regulado por la mano invisible del mercado. En el socialismo ese control lo debe ejercer el conjunto de la sociedad, mediante la democracia más completa posible. El socialismo no puede sobrevivir sin democracia. El capitalismo puede hacerlo perfectamente. De hecho, el capitalismo sobrevive si no hay democracia, si ésta es simbólica o insuficiente. El capitalismo necesita, para sobrevivir, evitar la democracia, reducirla a la mínima expresión. Al contrario que el socialismo. Por esto las dictaduras de derechas funcionan desde el punto de vista económico (aunque con graves "efectos secundarios"). Y las dictaduras de "izquierdas" no. Acaban colapsando o asumiendo economías de derechas, más o menos capitalistas. "Dictadura de izquierdas" es un contrasentido, encierra una profunda contradicción irresoluble. No es posible un sistema económico de izquierdas (democracia económica) conviviendo con un sistema político de derechas (dictadura política). Al contrario, el capitalismo (dictadura económica) convive armónicamente con la "democracia" burguesa (dictadura política disfrazada de democracia), con la dictadura fascista (dictadura política sin disfraz) o con la dictadura "socialista" (dictadura burocrática disfrazada de dictadura del proletariado)". Continuaremos en siguientes entregas.

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7 agosto 2014 4 07 /08 /agosto /2014 23:00

"La soberanía nacional es beneficiosa cuando sirve para alcanzar la soberanía popular, pero es perjudicial cuando impide alcanzarla, cuando la sustituye, cuando camufla el hecho de que un pueblo no es en verdad soberano"

(José López)

 

 

 

 

 

 

 

Vienen dándosele vueltas y más vueltas a la idea, al concepto de "soberanía nacional", sobre todo a raíz de que el pueblo catalán (al menos, una gran parte de él) se está planteando la celebración de una consulta popular en torno a la posible decisión sobre si desean ser un "Estado propio" o no, integrado o asociado de una u otra forma al resto de España, y al resto de Europa. En su momento y en este mismo Blog, ya escribimos algún artículo sobre el hecho de la posible independencia de Cataluña, las causas que podrían motivar el estado de opinión pública catalán actual, y las posibles salidas del conflicto, por supuesto, admitiendo, como no podría ser de otra forma si es que queríamos adoptar un enfoque democrático, la posibilidad del derecho de autodeterminación, no sólo del pueblo catalán, sino de todos los pueblos de Sefarad. Remito a los lectores a dicho artículo, pero aquí queremos darle vueltas al concepto de "sobernía nacional", falaz y erróneamente empleado por nuestros gobernantes, tanto del gobierno central como del gobierno catalán.

 

En efecto, creemos que ambas partes hacen una lectura, digamos, interesada, del concepto de soberanía nacional, cada una con sus propios motivos, pero con la consecuencia directa, una vez más, de la difusión del concepto de una forma errónea, equivocada y manifiestamente tergiversada, manipulada y prostituida. Veamos: los catalanes que defienden la consulta popular afirman que dicho proceso es un proceso democrático (en lo que tienen absoluta razón), y que poder ejercerlo, sería ejercitar su derecho a la soberanía, y en caso de alcanzar la independencia, llegar a ser un "Estado soberano" dentro de la Unión Europea. Por su parte, el Gobierno del Partido Popular, en connivencia con el PSOE (aunque éste último propone una reforma de la Constitución en un sentido federal como respuesta al conflicto), ponen en tela de juicio "su" concepto de la "soberanía nacional", repitiendo como papagayos que según la Constitución Española, ésta reside en el conjunto del pueblo español, y que por tanto, celebrar una consulta popular de dichas características haría saltar por los aires dicho principio.

 

Bien, comencemos por esto último, es decir, por la respuesta al PP, porque la verdad es que está demostrando en torno a este asunto su carácter más inmovilista y conservador. En efecto, la soberanía nacional es un concepto general, pero no podemos, desde ese punto de vista, coartar la libertad de decisión de una parte del territorio, que democrática y mayoritariamente decidiera (si llegara el caso, pero esto no lo sabremos si no permitimos que se realice la consulta) separarse del conjunto del Estado Español. Pero lo que llama más la atención en el planteamiento reaccionario que hace el Partido Popular, es que se llene tanto la boca con la idea de "soberanía nacional", cuando reconocen, para el resto de los asuntos, que hace ya mucho tiempo que no disfrutamos de dicha soberanía, al haberla cedido a las instancias de la Unión Europea. Expresiones del estilo "No podemos decidir" han sido pronunciadas por el Presidente Rajoy en infinidad de ocasiones, y no ha parecido que se rasgaran las vestiduras al constatar que habíamos perdido dicha "soberanía nacional".

 

Y con este razonamiento ligo con la otra parte de la respuesta, la que debemos, en nuestra opinión, darle al pueblo catalán que se pronuncia sobre la posibilidad de un Estado propio (esto es, soberano) en el contexto de la Unión Europea, bajo la acusación de expolio al resto del Estado Español. Estoy de acuerdo, entre muchos otros, con Joan Tafalla (catalán también, para más señas), cuando sostiene que dicha opinión se basa en un europeísmo bastante ingenuo, que no se da cuenta de la inviabilidad del concepto de soberanía nacional dentro de la arquitectura de la actual UE. La Unión Europea, como también hemos explicado en otros muchos artículos, a los cuales remito a los lectores, está construida bajo una arquitectura neoliberal, que cada vez se supera a sí misma, en una espiral de fanatismo incontenible. El liderazgo alemán, unido a las propias normas reflejadas en los Tratados, hacen inviable dentro de la UE que cualquier Estado miembro pueda poseer la suficiente "soberanía" como para poner en marcha cierto tipo de proyectos no contemplados en la propia concepción de la UE. Lo cierto es que dentro de la Unión Europea, y dentro de la Eurozona, es imposible gozar de soberanía monetaria, ni de soberanía económica, ni de soberanía política, y por ende, de cualesquiera otros tipos de soberanías ligadas o dependientes de ellas.

 

Y la opinión de una gran parte de catalanes, difundida por fuerzas políticas como ERC, es bastante clara al respecto, tan clara como equivocada: se sostiene que la futura creación de un Estado catalán propio dentro de la UE resolverá todos los problemas, puesto que, parece ser, todos (o casi todos) los problemas de Cataluña provienen de su pertenencia a una España "subsidiada" que asfixia históricamente a una Cataluña "productiva". Y en base a este razonamiento, la mayor parte del movimiento soberanista catalán reclama como objetivo final la consecución de un Estado propio dentro de la UE. Y en este sentido, me adscribo a las palabras de Joan Tafalla, y con ellas terminamos, cuando afirma: "Niego la mayor: no hay soberanía nacional dentro de la UE. El sueño de un Estado catalán dentro de la UE es un sueño de clases medias empobrecidas por las políticas de la UE, que pretenden librarse de su situación de una manera totalmente utópica: creen que Catalunya puede ser una especie de protectorado de Alemania, o mejor dicho, de Baviera. Pero los protectorados recientemente incorporados al dominio alemán ya saben lo que éste les depara: los planes de austeridad de Croacia o de Ucrania. El secuestro de la democracia, de la soberanía nacional, proviene hoy, básicamente de la UE, no tanto del decadente Estado Español. Los soberanistas catalanes yerran el tiro. La soberanía nacional, la democracia, la debemos recuperar los catalanes, de la mano del resto de los pueblos ibéricos y del resto de los pueblos mediterráneos".

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Published by Rafael Silva - en Política
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