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6 agosto 2014 3 06 /08 /agosto /2014 23:00

"Incluso las formas más despóticas y reaccionarias de poder manejan un discurso valorativo que busca su legitimación, y, para hacerlo, se disfrazan de "bien común". Es por esa razón que resulta tan frecuente la demagogia política"

(José Ramón Fabelo Corzo)

 

 

 

 

 

 

Algo parecido le ocurre al Gobierno del Partido Popular, que busca continuamente la legitimación de sus políticas (y la encuentra, y la divulga) en las instituciones internacionales. Esto se utiliza, de cara a la ciudadanía, quizá como el argumento (falaz) más contundente para demostrar, validar y legitimar que las medidas que se están llevando a cabo son las correctas, están en la buena dirección, van en sentido correcto. Y como decimos, el efecto en la ciudadanía más proclive a la manipulación es prácticamente inmediato. Ocurre continuamente: nos visita por ejemplo una delegación de la OCDE, y entonces, uno de sus representantes, en rueda de prensa posterior, alaba las políticas del actual Gobierno, respalda sus reformas, y apoya y constata que las medidas que se están tomando son correctas. Después, para dar una de cal y otra de arena, vierten alguna pequeña crítica, para que no parezca que las políticas que se practican siguen a pies juntillas la hoja de ruta de dichas organizaciones.

 

Y como decimos, esta escena ocurre continuamente, y se difunde por todos los medios de comunicación convencionales, lo cual va haciendo calar en el conjunto de la ciudadanía un cierto sentido de legitimación de las políticas practicadas. Se instala en la mente de las personas un sentimiento de tolerancia hacia dichas políticas, de complicidad, de justificación, de cierta comprensión, asimilando la aprobación por dichos organismos como la superación de una "prueba del nueve" sobre la adecuación y corrección de las medidas que se toman. Si reflexionamos un poco sobre estos hechos, nos daremos cuenta incluso de que responden a un tratamiento infantil sobre la ciudadanía, intentando buscar el criterio de terceros actores para que respalden nuestras acciones. Pondremos un simple ejemplo: si un padre toma tal o cual medida sobre su hijo, y además trae a otro padre (mejor incluso si es padre de algún amigo de su hijo) para que le respalde en su decisión, se incrementará el grado de convencimiento que el hijo tendrá sobre la medida que su padre ha tomado con respecto a él. Pensará algo así como: "No sólo mi padre ha tomado la decisión, sino que además el padre de mi amigo está de acuerdo con él".

 

De nuevo, debemos alertar sobre la trampa (en esta ocasión, muy fácil de descubrir) que se esconde tras estas prácticas. Básicamente, la conclusión está muy clara: que terceras instituciones, gobernantes u organismos internacionales (o nacionales) avalen ciertas políticas no significa que éstas sean correctas, sino simplemente, que dichos actores están de acuerdo con dichas políticas, es decir, responden a la misma ideología. ¿Porqué la Comisión Europea, o el FMI, o la OCDE respaldan las políticas de Rajoy? ¿Porque son correctas? No, simplemente porque van en la misma dirección neoliberal para la consecución de sus objetivos. ¿Porqué el PP alardea de que España pertenezca al "club" europeo? ¿Porqué presume de que los demás le avalan sus políticas? Porque la construcción de Europa se está realizando bajo los cimientos neoliberales que marcan sus instituciones. Entonces, démosle la vuelta a estos presupuestos, y encontraremos la respuesta. ¿Qué pasaría si dicho club fuese un club de izquierdas? ¿Respaldaría las políticas del PP? ¿Estarían PP y PSOE tan orgullosos de que nuestro país perteneciera a la Unión Europea, y de que sus instituciones legitimaran sus políticas?

 

La respuesta a estas preguntas está clara: si esto fuera así, ni siquiera perteneceríamos a dicho club, porque los "requisitos" para estar en él serían muy distintos. Si a la Unión Europea le preocuparan los Derechos Humanos, si persiguieran la nacionalización de los sectores productivos básicos, si defendieran la banca pública, si estuvieran a favor de una política fiscal más redistributiva, si les preocuparan los servicios públicos, si estuvieran en contra de su privatización, si la Unión Europea defendiera el empleo público, si defendiera la no eliminación de las conquistas y derechos sociales de la clase trabajadora, si estuvieran preocupados por la Sanidad y la Educación públicas, si propusieran desde la Comisión Europea la salida de la OTAN y el alejamiento de las políticas de alianza con los Estados Unidos, si atacaran las Monarquías y fomentaran las Repúblicas, si promovieran la pérdida de poder y de financiación de todas las corrientes religiosas, ¿defendería Rajoy con tanto ahínco los acuerdos con la Unión Europea? ¿Estaría tan orgulloso de la pertenencia de España a dicho club? ¿Legitimaría esa Unión Europea las políticas del PP?

 

La respuesta es NO, porque entonces, las "recomendaciones" de la Comisión Europea irían en un sentido muy distinto. La Troika velaría entonces por llevar a cabo en todos los países europeos una auditoría de su deuda, para repudiar la parte ilegítima de la misma. Recomendaría que no se privatizaran las empresas públicas, que ninguna persona ni familia quedara desprotegida, sin recursos, que existiera una renta básica universal, que se fomentaran los planes de empleo público, que se derogaran todas las reformas "estructurales" que el Gobierno de Rajoy ha llevado a cabo, recomendaría la retirada de las leyes que limitan los derechos fundamentales y las libertades públicas, y también recomendaría la celebración de referémdums vinculantes para que el pueblo decidiera sobre los asuntos que les afectan. Una Unión Europea fundada bajo los mimbres de la izquierda rechazaría el absoluto poder de la banca privada, porque el Banco Central Europeo se encargaría no sólo de velar por una política monetaria justa, sino porque los bancos no pudieran hacer negocio a costa de los propios Estados. Por tanto, el consenso existente en torno a los grandes dogmas del europeísmo se basa en realidad en los dogmas neoliberales, que son los que se esconden detrás de las consabidas y vacías expresiones de "más Europa", o "más integración europea". La integración no es un bien ni un mal por sí misma, sino que depende de los propios objetivos que se persigan con dicha integración. No busquemos por tanto la legitimación de las políticas en el contexto europeo, sino en los propios intereses y objetivos de las medidas que se toman. 

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5 agosto 2014 2 05 /08 /agosto /2014 23:00

"La democracia se encuentra en la encrucijada. Por un lado, es casi la única garantía para que en el siglo que acabamos de estrenar las sociedades sean capaces de solucionar sus problemas de forma menos traumática que en el siglo XX. Por otra, la democracia amenaza con convertirse en parte de un discurso vacío y legitimador de prácticas nada democráticas"

(Armando Fernández Steinko)

 

 

 

 

objetivo_democracia11.jpgLa complejidad de nuestro mundo actual incide fundamentalmente en las formas de organización social de nuestro tiempo. El capitalismo, desde sus inicios, ha transformado la sociedad en función de sus intereses, y aunque hoy día los adelantos científico-técnicos nos llevan a una Humanidad capaz de solucionar muchos de sus problemas, sin embargo, la atadura al viejo sistema capitalista nos impide reaccionar y controlar el poder en nuestras comunidades actuales. El panorama que nos encontramos responde a una sociedad que disfraza, como afirmara Boaventura de Sousa Santos, lo políticamente democrático con lo socialmente fascista. Ni siquiera es un problema local, de tal o cual país, sino mundial, global, pues se pone fácilmente de manifiesto la falta de democracia interna de muchas instituciones internacionales (ONU, etc.), algunas de las cuales ni siquiera permiten elegir a sus miembros democráticamente (FMI, OCDE, etc.). El estado de nuestra Democracia es recortado, encorsetado, limitándose a ofrecernos la posibilidad a la ciudadanía de ejercer nuestro derecho al voto cada x años, en las distintas citas electorales de que se trate, para luego ejercer una democracia representativa de corte muy restringido, de baja intensidad, minimalista, donde las distintas formaciones políticas se creen con la libertad de poder plantear su programa de gobierno, aunque diste bastante del comprometido en su programa electoral.

 

objetivo_democracia12.jpgEn la presente serie de artículos, que aquí comenzamos, y que bien pudiera completar a otra que publicamos no hace mucho tiempo bajo el título "El mercado de la política", nos proponemos diseccionar y explorar las diferentes posibilidades de implementar mecanismos de democracia integral, en prácticamente todas sus facetas, como una pequeña guía para su futura implantación progresiva, lógicamente bajo Gobiernos que estuvieran dispuestos a ello, presionados también por la fuerza popular, por el poder ciudadano, en aras de exigir mayor transparencia y calidad democrática. Como siempre, hemos bebido en varias fuentes distintas para la confección de estos artículos, que iremos citando en su momento, a medida que nos vayamos refiriendo a los diferentes trabajos que nos han servido de inspiración. No obstante, adelantamos desde aquí algunas de las referencias utilizadas, tales como "Rumbo a la Democracia" (José López), "Democracia Digital" (Marno Ridao), "Democracia Económica" (David Schweickart), "Democracia y Planificación Económica" (Pat Devine), "Democracia sin intermediarios" (Juan Carlos Calomarde), "El Socialismo del siglo XXI" (Heinz Dieterich Steffan), "Los límites de la irracionalidad" (Antonio José Gil Padilla) y "Herramientas para un chequeo de la dinámica democrática" (Armando Fernández Steinko). Todas ellas son obras abiertas, que los lectores pueden descargar fácilmente de Internet.

 

objetivo_democracia13.jpgLa prepotencia política y la sordera de nuestros gobernantes se instala de forma habitual, sobre todo cuando sus respectivas formaciones políticas disfrutan de mayorías absolutas. De lo que se trata, por tanto, es de que el avance de la democracia, auténtico objetivo a cubrir, impida que dichas situaciones se puedan volver a dar, confeccionando un corpus teórico y práctico que obligue a desarrollar unos mecanismos de participación ciudadana para todos los asuntos que les afecten. Porque el problema es bastante complicado. Como dice un refrán popular: "De atrás le viene el pico al garbanzo". Las democracias modernas, originadas a partir del siglo XVIII, no son fenómenos casuales, sino que responden por necesidad a determinados grados de desarrollo de los componentes internos del sistema (fuerzas productivas, densidad demográfica, urbanización, clases sociales, medios de comunicación, etc.) y a la interacción con su medio ambiente natural y social. La democracia aparece, por ende, no sólo como algo positivo y éticamente superior a formas más primitivas de organización sociopolítica, sino --en tanto consecuencia necesaria de la evolución histórica de las sociedades y civilizaciones humanas-- funcionalmente superior en su capacidad de adaptación al constante cambio del entorno de la sociedad y naturaleza global. Tal coincidencia entre lo ético y, a grandes rasgos, lo práctico-funcional del comportamiento democrático de un sistema sociopolítico contemporáneo confirma que las grandes banderas de lucha política del siglo XXI sólo pueden ser la democracia participativa y la justicia social.

 

En su obra "El Socialismo del siglo XXI", Heinz Dieterich Steffan realiza el siguiente análisis sobre la dimensión democrática de nuestras sociedades: "La democracia como una propiedad (característica) de los sistemas sociales puede concebirse en tres dimensiones: 1. La social, entendida como la calidad de vida material; 2. La formal, definida como el conjunto de determinadas reglas generales de poderes, derechos y obligaciones de las diversas entidades que componen el sistema; 3. La participativa, entendida como la decisión real de los asuntos públicos trascendentales por parte de las mayorías de la sociedad, con la debida protección de las minorías. En el lenguaje de las ciencias naturales podríamos entender las tres dimensiones como magnitudes que caracterizan a la propiedad que llamamos "democracia". Proyectemos este análisis científico que realiza Steffan a nuestra sociedad actual, y veremos que los tres términos de la ecuación democrática resultan bastante insuficientes. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 agosto 2014 1 04 /08 /agosto /2014 23:00

Todo esto ha sucedido mientras los sectores dominantes desplegaban una amplia y profunda ofensiva sobre el pacto social y político de 1978. Esta ofensiva deconstituyente busca dejar sin sentido o sin vigencia las partes más progresistas del acuerdo constitucional, marchar sobre los contrapesos populares o democráticos en los equilibrios del Estado y abrir una redistribución regresiva del poder y de la renta, aún más en favor de la minoría dominante. Seguramente la disyuntiva política estratégica hoy está entre la restauración oligárquica o apertura democrático-plebeya, posiblemente en un sentido constituyente.

 

Por tanto, los análisis excesivamente optimistas con respecto a la crisis orgánica del régimen de 1978 deben ser compensados al menos con dos aseveraciones:

 

1) Esta crisis se produce en el marco de un Estado del Norte, integrado en la Unión Europea y en la OTAN, que no ha visto mermada su capacidad de ordenar el territorio y monopolizar la violencia; de ordenar los comportamientos y producir certeza y hábitos; que no vive importantes fisuras en sus aparatos y que no parece que vaya a sucumbir por acometidas de movilización social más o menos disruptiva. Esto imposibilita tanto las hipótesis insurrecionales como las de construcción de contrapoderes "por fuera" de la estabilidad.

 

2) La crisis política puede tener mucha menor duración que la económica: no tenemos todo el tiempo del mundo. Una buena parte de la contestación social hoy existente deriva de una "crisis de expectativas" que ya no se repetirá para las siguientes generaciones, sobre las que hace mella el efecto domesticador del miedo y el empobrecimiento, con una exclusión social que ya amenaza a un tercio de la población y que podría estabilizarse en esos umbrales. Al mismo tiempo, el exilio y la destrucción de los nichos sociales y profesionales de los que se nutre la contestación (tercer sector y ONG's, universidad, funcionariado, sindicalismo, etc.) es un torpedo contra la línea de flotación material de la militancia de la izquierda. Tras una serie de ajustes que sean además vividos como una victoria política de alto contenido simbólico sobre las clases subalternas, la oligarquía puede estabilizar un país ya disciplinado que asuma como normal el empobrecimiento y exclusión de amplias capas sociales y determinados estrechamientos en las posibilidades democráticas. Los ejemplos estadounidense e inglés tras Margaret Thatcher nos tienen que servir de alerta: el neoliberalismo destruye, pero, sobre la derrota de las clases populares, también construye nuevos órdenes y acuerdos. Si la crisis económica parece que tendrá un largo recorrido, la ventana de oportunidad abierta puede cerrarse mucho antes si se consuma la ofensiva oligárquica con un cierto reposicionamiento subordinado de un PSOE algo oxigenado y si las élites proceden a una restauración por arriba que asuma la parte más inofensiva de las demandas ciudadanas que hoy no tienen cabida en el orden de 1978 y el rol semicolonial de la Unión Europea.

 

 

2. Las elecciones del 25 de mayo de 2014 y el nuevo escenario político.

 

Las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014 no fueron unos comicios más, sino que supusieron un pequeño terremoto en el escenario político que mostró algunos de sus precarios equilibrios y lo endeble de posiciones que parecían muy asentadas.

 

El dato más relevante es que el Partido Popular, que perdió 2,6 millones de votos, y el Partido Socialista Obrero Español, que perdió 2,5, juntos apenas alcanzaron el 49% del sufragio. No es sólo que "perdiesen" las elecciones por primera vez en la historia de nuestro sistema de partidos (cuando en las elecciones europeas de 2009 sumaron juntos el 81% del voto), sino, más importante, que se rompió el juego de vasos comunicantes por el cual lo que pierde el primer partido de la alternancia lo recibe el otro, en un movimiento que oxigena la pluralidad interna al tiempo que cierra la puerta a la alternativa y salvaguarda los consensos sistémicos que comparten los dos partidos dinásticos.

 

El elemento fundamental de esta erosión de los principales partidos del régimen -- que no todos, no hay que confundir régimen con bipartidismo como hacen otros -- es el desgaste y la crisis del PSOE. El Partido Socialista ha sido (tras el papel inicial del PCE y CCOO) el artífice de la integración de las clases subalternas al Estado de 1978 (y por tanto también de las conquistas sociales subordinadas en éste) y pieza clave, después, en su incorporación al pacto social neoliberal. Es quien cierra el espacio político "por la izquierda" y es su crisis la que abre las oportunidades políticas para una nueva mayoría. Si se recompusiera siquiera parcialmente de su desprestigio y sus problemas internos, y postulase un nuevo líder con pocos vínculos simbólicos con el pasado, podría recuperar parte del espacio perdido y estrechar así las opciones para una fuerza de ruptura democrática, relativamente transversal dentro del discurso de unidad popular y ciudadana.

 

La otra amenaza para la expansión de la ruptura sería que el Gobierno pudiese presentar tímidas "evidencias" de que las medidas de ajuste nos han hecho pasar ya lo más duro y que se avecina la recuperación. Por lenta y remota que sea, la narrativa de que se han hecho los deberes más duros y ahora se avecina el tiempo de la cosecha del esfuerzo, es muy peligrosa para la reoxigenación.

 

Finalizaremos la exposición del contenido de este documento en la tercera entrega del mismo.

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3 agosto 2014 7 03 /08 /agosto /2014 23:00

"Tenemos un sistema donde a los banqueros se les rescató y a sus víctimas se les abandonó para que se arreglen como puedan"

(Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía)

 

 

 

 

 

Bien, como hemos podido comprobar durante todos los artículos de la presente serie, que aquí finalizamos, capitalismo y sociedad de consumo van de la mano, y ambos son negativos. Pueden considerarse como las dos caras de una misma moneda, que se manifiestan en el plano político y en el plano social. El capitalismo no habría llegado donde está sin una sociedad consagrada al desaforado consumo como la nuestra, y dicho consumo irracional e irresponsable no se hubiese dado sin un entorno económico como el capitalismo. Ambas facetas se necesitan, se complementan, y son parte de un todo que delimita los aspectos económicos, sociales y políticos de nuestra sociedad. Para acabar con el capitalismo, hemos de acabar con la sociedad de consumo, y para acabar con ésta, hemos de cambiar nuestros esquemas mentales, nuestros comportamientos sociales,. nuestros patrones de acumulación, nuestra filosofía sobre la vida y la existencia humanas.

 

    sociedad_consumo101.jpgEllo lo podemos llevar a cabo de forma individual y grupal, pero en última instancia, el único camino es concienciarnos de una nueva cultura de la posesión, de una nueva práctica anticonsumista, que ha de revolucionar también el concepto de la propiedad privada, para contribuir a primar la función social de la misma. La sociedad capitalista es una sociedad individualista, egoísta y egocéntrica, que se centra en descansar la responsabilidad del éxito o el fracaso personal y social del individuo sobre él mismo. De esta forma, se prima lo individual sobre lo colectivo, se fomenta la competitividad frente a la cooperación, se prioriza lo privado sobre lo público. Mientras no seamos capaces de dar la vuelta a estas ecuaciones, de invertir estos valores, de pensar colectiva y públicamente en vez de individual y privadamente, no seremos capaces de vencer al monstruo del consumismo, y a su razón de ser, el capitalismo.

 

sociedad_consumo102.jpgUn estadío final de esta superación nos llevaría al escenario en que el Estado debe garantizar a todos los ciudadanos/as el conjunto de derechos y servicios que se consideren imprescindibles, mínimos y necesarios para desarrollar una vida digna, garantizando los mismos a todas las personas por el hecho de serlo, de forma pública, gratuita y universal. De esta forma, frente a la competencia social por la posesión de estos bienes y servicios, la garantía por parte del Estado frena el afán consumista, y anula la competitividad empresarial para dichos productos y servicios básicos. Tomemos el ejemplo paradigmático de la vivienda. Partamos de la base de que la vivienda es un derecho básico y fundamental, y de que por tanto, el Estado ha de garantizar una vivienda digna a todo ciudadano/a, como además reconoce nuestra Constitución en su art. 47. Bien, pues vamos a ver qué ha pasado hasta ahora, y vamos a comentar, desde nuestro punto de vista, qué debería ocurrir en una sociedad anticonsumista y anticapitalista.

 

sociedad_consumo103.jpgEn primer lugar, se fomentó la cultura de la propiedad sobre la cultura del alquiler, por lo cual a los ciudadanos/as se les inculcó la importancia de adquirir una vivienda en propiedad. Pero al no garantizarla el Estado, los ciudadanos/as se vieron en la obligación o necesidad social de adquirir una por sus propios medios. Por su parte, las inmobiliarias y los bancos comenzaron a oler el negocio sobre un bien de primera necesidad, lo cual fomentó el negocio de las hipotecas. El Estado, por su parte, favoreció este enfoque, promulgando una serie de leyes que facilitaban la construcción recalificando el suelo, y permitiendo que empresas constructoras y bancos hicieran el agosto con los negocios inmobiliario e hipotecario. La fiebre social para adquirir una vivienda en propiedad se fue retroalimentando desde todos sus frentes, y al estallar la crisis y comenzar la pérdida de puestos de trabajo (crisis donde han tenido mucha responsabilidad precisamente las entidades financieras), muchas de las personas que tenían una hipoteca no han podido continuar haciendo frente a los pagos, y han terminado siendo deshauciados/as por los bancos. Se ha primado, por tanto, el afán consumista, la propiedad privada, el apoyo público a la iniciativa privada, la mercantilización de derechos básicos de las personas, etc., el conjunto de todo lo cual ha conducido a la actual situación.

 

sociedad_consumo104.jpgBien, ¿cuál sería la postura de un país/nación/gobierno que no se rigiera por dichos patrones capitalistas-consumistas, sino por los contrarios? En primer lugar, se fomentaría la cultura del alquiler sobre la cultura de la propiedad. Pero al tratarse de un bien de primera necesidad, como es la vivienda, el Estado garantizaría, mediante un inmenso parque público de viviendas en alquiler social, que toda persona/familia tenga garantizada, de acuerdo a sus posibilidades económicas (la Renta Básica garantizaría en dicha sociedad que ninguna persona/familia carece de recursos), una vivienda digna y adecuada. Nuestra vivienda no sería nunca una "propiedad privada" nuestra, pero el Estado nos garantizaría que la podríamos disfrutar durante toda nuestra vida. Pensándolo bien, ¿para qué queremos la vivienda una vez muertos, máxime cuando nuestros descendientes también tienen garantizado este derecho? Siendo coherentes con este planteamiento, jamás se dejaría que ninguna entidad/empresa/organización de carácter privado pudiera negociar con base en este bien, es decir, pudiera mercantilizar el derecho de todas las personas a una vivienda digna. Las inmobiliarias y las hipotecas de los bancos podrían continuar existiendo, pero sólo podrían afectar al sector de las viviendas de segunda, tercera, etc., residencia, o bien al sector de las viviendas de lujo. De esta forma, jamás ocurrirían deshaucios sobre la vivienda principal, ni las personas perderían su casa, ni tendríamos que recurrir a la dación en pago (salvo para las excepciones indicadas anteriormente, etc.).

 

De esta forma, justo al contrario que en el caso anterior, se elimina (o minimiza) el afán consumista, se desincentiva la propiedad privada, se fomenta la dimensión social de la misma, y no se permite la mercantilización de los derechos básicos de la ciudadanía. Y este ejemplo puede ser extrapolado a otros bienes, productos o servicios, bajo el mismo razonamiento. En fin, esperamos que este ilustrativo y actual ejemplo haya servido para constatar los dos enfoques, y para hacer reflexionar a los lectores sobre el conjunto de todos aquéllos bienes, productos y servicios que nos rodean, que usamos en nuestra vida, que poseemos, que consumimos, que nos pertenecen, porque los compramos, pero que podríamos también consumir, poseer, o disfrutar, de otras formas, bajo otra dimensión distinta. Otra dimensión más pública, más social, más cooperativa, más justa, más solidaria, más garantista, para poder ir cambiando con el tiempo este chip consumista y capitalista que nos ahoga, que nos asfixia y que acaba con miles de vidas diarias. Espero por tanto que la presente serie de artículos haya contribuido a este fin.

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31 julio 2014 4 31 /07 /julio /2014 23:00

"La Universidad debe ser científica, universal, crítica y autónoma, al servicio de la sociedad y no de las empresas. Porque hay que armar a la sociedad con los saberes que permiten comprender el mundo para transformarlo y construirlo de forma más justa para toda la Humanidad y el planeta"

(Agustín Moreno)

 

 

 

 

 

 

Y sin embargo, mediante el actual proceso de burocratización de la Universidad, lo que se pretende es crear y formar ciudadanos/as y alumnos/as dóciles, sumisos, controlables, que lejos de discutir el actual sistema de producción, la escala de valores del mundo que nos rodea y sus principios de funcionamiento, acaten sin más sus directivas, y estén dispuestos a constituir nuevas piezas para su diabólico engranaje. Hoy día, tenemos una Universidad Pública alienada bajo las demandas del mercado, esos mercados que gobiernan en la sombra, y cuyos manijeros son los serviles gobernantes que dicen hacerlo para toda la sociedad. La Universidad adolece quizá de su mayor característica fundacional, como es la libertad de pensamiento, y por ello mismo, deja de ser el fórum que acoja el libre intercambio de ideas por excelencia, pasando a ser una entidad dogmática, inmovilista, contraria a la dialéctica, y por tanto, fracasada como agente social imprescindible para la Educación Superior.

 

La Universidad actual se vuelve reaccionaria en sus objetivos, deja de ser el lugar donde se aprende a decir "NO" (como sostenía Bertolt Brecht), lo que constituye la esencia del pensamiento. Por tanto, actualmente, la finalización de un Ciclo Medio o Superior de cualquier carrera universitaria, en realidad no capacita como sujetos pensantes, precisamente porque no ofrece la garantía de que durante todo su proceso estudiantil, el alumno/a se haya interrogado siquiera una sola vez sobre las cuestiones fundamentales del mundo en que vive, haya puesto en crisis sus valores y sus cimientos. No tenemos garantías de haber desarrollado en los estudiantes el espíritu y el pensamiento crítico. Por tanto, no hemos formado ciudadanos/as libres, sino solamente buenos aprendices del sistema actual, dispuestos a continuarlo. Así, en la mayoría de los casos, tendremos estudiantes que se han sometido a una digestión acelerada de los contenidos curriculares, pero sin someterse a terapias de debate, de crítica, de puesta en común, de exposición de resultados, y sobre todo, del espíritu social de valentía para enfrentar los pilares del mundo en que vivimos.

 

La obsesión por la obtención de un buen currículum, de unas buenas calificaciones, de unos buenos cursos de posgrado, son una buena muestra de ello. Los estudiantes son sometidos a una feroz competencia, para obtener la mejor capacitación profesional posible, mediante unos complementos a su carrera y a su plan de estudios que le enfocan a la obtención de buena nota en los exámenes, en los controles, en los resultados. Los sistemas de evaluación representan una tiranía a la que los alumnos se han de someter, desplegando un sistema de meritocracia donde se construye un escalafón a partir de los resultados numéricos de unas pruebas. Y de esta forma, los valores públicos y los bienes comunes, los saberes realmente importantes, quedan aparcados en pro de la competitividad, que es la bandera del neoliberalismo. De ahí que todo el sistema educativo (no sólo el universitario) quede enfocado como herramienta para el crecimiento económico y la competitividad (en los mercados). Y esto se manifiesta en los propios ambientes universitarios, donde nuestros compañeros se convierten en nuestros rivales, en nuestros competidores, en nuestros enemigos.

 

Mientras, en los púlpitos universitarios, los docentes inculcan a los estudiantes los valores de nuestra deshumanizada sociedad, los dogmas capitalistas y neoliberales, el poder de los mercados, la sumisión al dinero, a la obtención del beneficio, a que el público es el que manda. Se pregona la ideología del emprendedor, como figura social de éxito, y el alumnado se embebe de dichos parámetros y paradigmas, que luego reproducirán en su vida posterior. Alumnos/as obedientes, dóciles, sumisos. Lo que tiene éxito por tanto es el borreguismo estudiantil, eso es justo lo que se fomenta y lo que se requiere, ocultando la exposición de ideas, teorías y corrientes que pongan en cuestión el sistema, y negando la posibilidad de que las mentes de dichos estudiantes sean alguna vez capaces de negar al sistema, de cuestionarlo, de ponerlo en crisis. Se fomenta la interiorización de los puntos de vista del capitalismo, su asunción acrítica, su inculcación incondicional, la ausencia de modelos alternativos, y todo ello además tendrá proyección en el propio expediente académico.

 

Por detrás de todo este tinglado, como siempre, al igual que en el resto de instancias públicas y privadas de nuestra sociedad, los auténticos poderes de facto que nos gobiernan: el poder financiero, el poder económico, sus serviles gobernantes, que manipulan a su antojo los recursos públicos para favorecer a los intereses privados, y hacerlos girar en torno a sus objetivos. Se legitiman las puertas giratorias, se revaloriza la iniciativa privada, se fagocita el interés público, y se discrimina a quien ose no alinearse con dichos principios. Y de esta forma, la Universidad se ha convertido en un engendro neoliberal, en una correa de transmisión de los valores imperantes en la sociedad, y en una garantía de extensión de la moral dominante. Se aprenden en realidad en la Educación Superior los valores que después desplegaremos en el resto de nuestra vida, y que han sido interiorizados a sangre y fuego. Por eso es tan difícil aprender después a cuestionar el sistema, a rebelarse ante él. Continuaremos en siguientes entregas.

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30 julio 2014 3 30 /07 /julio /2014 23:00

Hace algunas semanas nos hicimos eco en este mismo Blog de la iniciativa popular "Guanyem Barcelona", y ya advertimos que la tendencia era a que plataformas de ese tipo se extendieran por el resto de ciudades de nuestro país. Hoy presentamos la correspondiente a nuestra ciudad de Málaga, presentada hace varios días como un llamamiento a abrir un proceso de convergencia de cara a las próximas Elecciones Municipales de 2015. El llamamiento ha sido ya firmado por casi 500 personas, el coordinador de la iniciativa es Eduardo Zorrilla, y aglutina a miembros de otros partidos de izquierda de la ciudad, sindicalistas, activistas sociales y vecinales, así como personalidades del mundo de la cultura, muy presente desde siempre en el ámbito malagueño. Presentamos a continuación el texto de la iniciativa, que puede ser consultado y firmado en Internet:

 

Por un proceso de confluencia para construir una ciudad digna y democrática.

     

Tras casi veinte años de gobierno del Partido Popular en la ciudad de Málaga ha llegado el momento de decir basta. Ha llegado el momento en el que los representantes dejen de gobernar sin contar con la ciudadanía. Ha llegado el momento en el que las personas sean más importantes que el beneficio económico de unos pocos. Ha llegado el momento de un tiempo nuevo en la política local. Ha llegado el momento de una Málaga para la gente.

Durante demasiados años hemos sido gobernados por un bipartidismo que entendió la función pública como un campo de negocios privados y donde la falta de ética, la opacidad y la corrupción han campado a sus anchas. Quienes se han enriquecido a costa de lo público, nos fuerzan ahora a la precariedad, a la incertidumbre del mes a mes, a los recortes de servicios públicos básicos, derechos y libertades.

 

ganemos_malaga.jpgBajo la gestión de Francisco de la Torre la desigualdad en nuestra ciudad ha alcanzado límites inimaginables, con una tasa de paro general del 30% y de paro juvenil superior al 50%. Hemos visto cómo se han malvendido terrenos públicos, se ha destruido el patrimonio, hemos padecido recortes y privatización de servicios y empresas públicas. Hemos pagado proyectos faraónicos a la vez que los sectores más desfavorecidos sufrían el aumento de las tasas e impuestos municipales. La deuda municipal de Málaga, que supera los 700 millones de euros, es la quinta mayor de todo el país. Las inversiones públicas han priorizado el enriquecimiento de unos pocos sobre el Bien Común, con el resultado de tantos barrios de Málaga abandonados a su suerte, con escasos equipamientos y apenas zonas verdes. Por si fuera poco, nuestra ciudad es una de la más ruidosas y contaminadas de todo el Estado.

 

Sin embargo, durante los últimos años, hemos sido testigos de multitud de movimientos e iniciativas ciudadanas que han clamado por una ciudad justa, digna, ecológica y verdaderamente democrática.

 

Hemos visto personas afectadas por las hipotecas parar desahucios y exigir una vivienda digna, vecinos y vecinas denunciando el abandono y demandando inversiones básicas para sus barrios.

 

Hemos visto a miles de personas movilizadas contra el tarifazo del agua, trabajadoras y trabajadores en huelga contra la precarización del empleo, la privatización y los recortes. Hemos visto a la ciudadanía denunciando la destrucción del patrimonio y de la poca naturaleza que nos queda.

 

Hemos visto personas paradas marchando por la dignidad, mayores exigiendo pensiones dignas y comedores sociales haciendo un esfuerzo sobrehumano para brindar un plato de comida a miles de familias.

 

Hemos visto mareas ciudadanas de todos los colores defendiendo la sanidad, la educación, los servicios sociales y los derechos de las mujeres frente a los recortes y las leyes que atacan libertades conquistadas tras décadas de luchas sociales.

 

Hacemos un llamamiento al conjunto de la ciudadanía de Málaga y a las organizaciones ciudadanas, políticas, sociales, culturales, sindicales y vecinales. Es un llamamiento para construir juntas y juntos una ciudad democrática y digna, para recuperar nuestras instituciones y ponerlas al servicio de la mayoría y el bienestar de las personas.

 

Sabemos que para cambiar nuestra ciudad no basta con sustituir a quienes nos representan, es necesario cambiar la forma de hacer política. Por ello nos convocamos para construir un amplio proceso de participación ciudadana del que surja una candidatura democrática de confluencia y con protagonismo ciudadano. Es un proceso del que también ha de surgir un nuevo tejido organizativo que nos llene de fuerza y entusiasmo para poner las instituciones al servicio de la gente.

 

Queremos una ciudad democrática en la que las personas tengamos voz sobre los asuntos que nos afectan, una ciudad solidaria, que haga frente a la pobreza, el desempleo y la precariedad. Queremos una ciudad transparente, con representantes que rindan cuentas sobre la gestión municipal, los presupuestos, las inversiones y el funcionamiento de los servicios públicos. Queremos una ciudad igualitaria en la que todos los barrios tengan la misma importancia. Queremos una ciudad en la que prime lo público frente a lo privado, una ciudad sostenible y habitable,que haga las paces con la naturaleza y respete su patrimonio. Queremos una ciudad en la que la cultura no sea una mercancía, sino un derecho básico.

 

De estos últimos años hemos aprendido a cooperar, a organizarnos de forma democrática, a transformar lo que nos dijeron que era imposible. Hemos aprendido que ¡sí se puede!

Las próximas elecciones municipales son una oportunidad para cambiar nuestra ciudad. No la vamos a desaprovechar.

 

Ha llegado el momento de una nueva política para una nueva Málaga.

 

Ha llegado el momento de que Ganemos Málaga.

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29 julio 2014 2 29 /07 /julio /2014 23:00

"La actual crisis y la decadencia del sistema capitalista se evidencian ahora en la crisis y frivolidad de los valores sistémicos, en el curso de las cuales el sistema formatea individuos Light, alienados, aldeanos, sectarios y colonizados, incapaces de comprender el capitalismo que los explota y domina, cuyos valores asumen como si fueran auténticos valores, porque justamente el complejo poder burgués los ha impuesto como tales falseando sus conciencias"

(Camilo Valqui)

 

 

 

 

 

sociedad_alienante101.jpgContinuando con el estudio de la televisión como paradigma de la alienación que provocan actualmente los medios de comunicación de masas, Antonio Fernández Vicente nos dejó un buen retrato en su artículo sobre la caridad y la envidia televisadas. De entrada, la televisión no solamente da por sentado que vivimos una época de pobreza, sino que además la legitima. Aparecen personas desesperadas, en situaciones personales llevadas al límite. Piden caridad al resto de las personas, pero dan por sentado que no vendrá de las Instituciones, que son las que están obligadas a ello. Los medios participan de esta forma en la legitimación de un modelo social que rompe con los principios de un Estado Social, Democrático y de Derecho. Esta "telebasura caritativa", como ya se le ha bautizado, asume que los poderes públicos, en vez de responsabilizarse de las circunstancias que eviten a los ciudadanos/as tener que pedir limosna mediante un medio televisivo, exponen de forma normalizada a estos indigentes mediáticos.

 

sociedad_alienante102.jpgVenden la solidaridad como un producto de márketing, pero nunca cuestionan las políticas deshumanizadas que desde los poderes públicos se fomentan. Con una red de servicios sociales cada vez más debilitada, con unos servicios públicos cada vez más privatizados, se legitima y normaliza la situación de dependencia de la caridad, en esta especie de capitalismo espiritual y religioso que nos invade. Y cuando termina la televisión caritativa, nos encandilan con programas que muestran sin reparos los lujos de la clase pudiente, con las propiedades (casas, coches...) de los capitalistas, de las grandes fortunas, de las estrellas televisivas, de la moda, del fútbol y del cine. Se nos muestran viviendas y estilos de vida que no están al alcance de la gente corriente, precisamente para que soñemos con ellos, y dicho sueño nos mantenga alejados de nuestra cruda realidad. Una realidad que ellos contribuyen diariamente a reforzar, con sus injustas y retrógradas leyes. Y todo este entramado mediático se legitima, se normaliza la desigualdad social y televisada. Primero, se nos enseña aquélla familia necesitada, después aquélla que vive en lujosas mansiones. Primero, aquéllos que necesitan de los demás para satisfacer sus más básicas necesidades, después aquéllos que viven a todo tren precisamente a costa de explotar a los que han aparecido en programas anteriores.

 

sociedad_alienante103.jpgY también tenemos concursos de todo tipo para dejar de ser un don nadie, en el caso de que no seas un empresario explotador, o no seas capaz de darle patadas a un balón de fútbol. Por ejemplo, puedes vender tus habilidades cantando o cocinando, con lo cual también puedes hacerte famoso, y después tertuliano, que es la profesión de moda. Programas televisivos que fomentan la competitividad, la competencia, el sometimiento a las reglas del juego, luchando unos contra otros, siendo evaluados, aceptados y desechados permanentemente. Unos pocos "triunfarán" (según los esquemas del éxito en la sociedad capitalista), y otros continuarán con su mediocre existencia. La televisión y el cine reproducen la envidia social que despiertan estos comportamientos y estas competiciones. Vivimos por tanto en una sociedad donde se publicita no sólo la vida cotidiana de la gente, no sólo sus miserias y problemas personales, sino que además se publicita para legitimar un orden colectivo de solidaridad privada, una complicidad con la inacción de los poderes públicos, y con su irresponsabilidad en promover la igualdad de oportunidades, y la extensión del Estado de Bienestar.

 

sociedad_alienante104.jpgSe trata de una complicidad con esas mezquinas e injustas visiones de una sociedad clasista y elitista, una sociedad egoísta, que no garantiza de forma común la satisfacción de las necesidades básicas de su población. Los medios de comunicación, y la televisión como el más potente de todos ellos, colaboran con esta visión, la extienden y la hacen llegar hasta los últimos rincones, difundiendo el "buenismo" de esa parte "solidaria" de la población que, desde su posición de superioridad económica, concede "limosnas" a las clases empobrecidas y necesitadas. Se trata en realidad de una extensión de otros comportamientos de nuestra decadente sociedad, que hace descansar en la lucha continua de las ONG's la consecución de una serie de objetivos humanitarios y sociales. Tomemos un ejemplo sencillo: deberíamos tener un Gobierno que dedicara, al menos, el 0,7% de la riqueza nacional (el famoso PIB) a ayudas y cooperación al desarrollo económico del resto de naciones deprimidas, pero en vez de eso, se hace descansar dicha responsabilidad en la tarea de organizaciones privadas. Se nos pide que seamos solidarios y colaboremos con las ONG's, pero en realidad, eximiendo de dicha responsabilidad a los poderes públicos, que son los que representan a toda la ciudadanía...por tanto, ¿no seríamos más solidarios si votáramos a opciones políticas que alcanzaran dicho objetivo? Continuaremos en siguientes entregas.

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28 julio 2014 1 28 /07 /julio /2014 23:00

Vamos a exponer a continuación, en varias partes, el documento que pueden descargar los lectores desde esta dirección, y que hace referencia a un pre-borrador de ponencia política titulado "La crisis del régimen de 1978, Podemos y la posibilidad del cambio político en España". Como decimos, se trata de un pre-borrador expuesto al pertinente debate, que puede ser cambiado hasta su versión definitiva. Nosotros lo vamos a distribuir tal cual está, en su actual versión, y dejamos a los lectores el correspondiente debate y las propuestas de cambio y/o actualización: 

  

1. Contexto: crisis de régimen, ofensiva oligárquica y ventana de oportunidad.

El Estado español está atravesando una crisis que va más allá de la deslegitimación de sus
élites políticas y que afecta a componentes centrales del sistema político y la institucionalidad, de la articulación territorial del Estado, del modelo de desarrollo y el equilibrio entre grupos sociales bajo la primacía de los sectores dominantes. A esta crisis algunos la venimos llamando desde hace años la crisis del régimen de 1978, para dar cuenta de una situación de agotamiento orgánico que, últimamente y de forma acentuada, se expresa de forma acelerada en una descomposición política y moral de las élites tradicionales, con la corrupción –que era el elemento engrasante del encaje político y económico del bloque dominante- como punta de lanza de su desprestigio junto con los ataques al Estado de Bienestar y a los derechos (laborales, sociales y políticos) adquiridos.

 

El Movimiento 15M, junto con el ciclo de luchas que inaugura, contribuyó a articular una parte de las insatisfacciones que hasta ese momento estaban huérfanas o se vivían en forma aislada y despolitizada. Ayudó así decisivamente a introducir en el sentido común de época elementos impugnatorios del orden existente y que señalaban a las élites como responsables, agrupándolas simbólicamente y colapsando parcialmente el juego de diferencias en el que descansa el pluralismo y la oxigenación del régimen. El 15M avejentó a las élites y a las narrativas oficiales, poniendo en evidencia el agotamiento de sus consensos, de sus certezas, de los marcos con los que se distribuían las posiciones y se explicaba el rol de cada cual en el contrato social o se canalizaban las demandas ciudadanas. Con todo, esta acumulación de pequeñas transformaciones culturales no afectó por igual en todo el país ni alteró los equilibrios de fuerza electorales e institucionales.

 

El PP fue inicialmente el gran beneficiado de un terremoto que sacudió fundamentalmente a los votantes de la izquierda y que, paradójicamente, situó a las fuerzas conservadoras a la defensiva y alerta, pero permitió al PP una mayoría absoluta pese a recibir menos votos que los obtenidos por el PSOE en las elecciones de 2008. El 15M, al mismo tiempo, debilitaba la autorización electoral: ganar unas elecciones ya no era el único elemento de legitimación política, y desde luego no constituye ya un cheque en blanco. Pero la desafección se ha producido sobre un terreno social y cultural fragmentado por 30 años de neoliberalismo, con las identidades colectivas (las de clase en primer lugar, pero también las narrativas ideológicas tradicionales) en retroceso e incapaces de servir de superficie de inscripción para articular todos los diferentes descontentos con el status quo. Uno de los retos a los que se enfrenta Podemos es ser capaz de articular esos descontentos y sus identidades.

 

Mientras que en la calle aumentaban las voces de protesta en lo que ha sido todo un ciclo de movilizaciones de distintos tipos (sociales, políticas, laborales, etc.), en las instituciones el partido de la derecha acumulaba un poder inédito, en el que se apoyó para lanzar un duro y ambicioso proyecto de reforma oligárquica del Estado. El centroizquierda del PSOE, con un notable bloqueo de su imaginación política, apenas dijo nada que le permitiese conectar con el nuevo clima. Estaba, además, firmemente comprometido con el sostenimiento del status quo y el programa de ajuste impuesto por la Troika, que le llevó a aceptar un rol subalterno con respecto al PP que no ha dejado de pasarle factura en las urnas desde entonces. IU, vinculada generacional y culturalmente al orden de 1978, ha tenido en general (y salvo honrosas excepciones principalmente provenientes de las bases) reacciones tímidas y conservadoras, que confiaban en estarse moviendo en los mismos parámetros de antes de la crisis orgánica y en recoger en forma paulatina y progresiva los apoyos que iba perdiendo el PSOE, desde su autoubicación a su "izquierda".

 

En medio de la crisis política, las fuerzas de izquierda nacionalista han analizado, en todo el Estado, y en particular en Catalunya, que este es el momento preciso para aparecer en la movilización soberanista. Lo han hecho, en general, confiando en la unilateralidad, una estrategia muy rentable en el corto plazo electoral pero que puede abocarles ahora a un callejón de muy difícil salida, como podríamos ver con motivo de la consulta en Catalunya el 9 de noviembre. La cuestión general constituyente reaparecería así en toda su complejidad y plurinacionalidad. Las hipótesis movimientistas y de gran parte de la extrema izquierda, instaladas en un cierto mecanicismo por el que "lo social" ha de preceder siempre a "lo político", se han demostrado incorrectas para romper la impotencia de la espera y proponer pasos concretos más allá de la movilización.

 

Continuaremos en siguientes entregas con la exposición del contenido de este documento.

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27 julio 2014 7 27 /07 /julio /2014 23:00

"Aún nos queda mucho para ser verdaderamente humanos"

(E. Carbonell, Catedrático de Prehistoria y Codirector del Yacimiento de Atapuerca)   

 

 

 

 

 

 

 

Estamos intentando, mediante este recorrido de las falacias capitalistas, de los mitos del mundo capitalista, ligados sobre todo al consumo, destacar las profundas contradicciones del sistema, y la peligrosidad de sus prácticas. En el artículo anterior de esta serie ya destacamos algunas, pero no acaban ahí. Aún tenemos más ejemplos. Se incita al ciudadano a reciclar las basuras, a no derrochar agua, a usar preferentemente el transporte público, a no aparcar en las zonas céntricas de las ciudades, a las empresas industriales a reducir las emisiones de gases contaminantes, pero por ejemplo, no se obliga a las empresas a invertir en energías limpias y no contaminantes. Mientras el mensaje oficial es de ahorro y previsión, las políticas gubernamentales son las primeras que inciden en un uso mayoritario de las fuentes de energía tradicionales, que son contaminantes, caras e inseguras.

 

Se habla hipócritamente de ecologismo mientras se consiente que las grandes empresas sigan contaminando...¿porqué sigue sin establecerse una inspección internacional sobre el tráfico de buques para evitar los vertidos y las catástrofes marinas, que se producen cada cierto tiempo, acabando con la flora y la fauna marinas, y con el equilibrio de los ecosistemas? Se hacen campañas para concienciar a los ciudadanos/as, pero se permite que los principales causantes de la contaminación, del cambio climático, como son las grandes empresas y las grandes fábricas, puedan seguir esquilmando y destrozando el medio ambiente. Se proyectan documentales y se nos informa de reuniones, al más alto nivel, donde no consiguen absolutamente nada, de cita en cita periódica. Se firman rimbombantes protocolos como el de Kyoto, que se convierten poco después de firmarlos en papel mojado, pues nadie los cumple. Hace tiempo que ya podrían usarse vehículos que no necesitan gasolina, como resaltamos en nuestro anterior artículo, pero se sigue dependiendo del petróleo, precisamente para atrapar a los conductores en las continuas fluctuaciones de su precio.

 

El capitalismo es inherentemente antiecológico. Su filosofía consiste en quemar todos los recursos, tanto naturales como humanos, que constituyen precisamente la única riqueza de que disponemos, la riqueza natural y el trabajo humano. Su obsesión por el crecimiento continuo provoca el agotamiento inexorable de todos los recursos, por más que no queramos darnos cuenta, debido a la lentitud con que se van agotando. La sumisión del capitalismo ante la obtención de beneficios a toda costa, a cualquier precio y a corto plazo, provoca inevitablemente la destrucción de la propia Humanidad, su paulatina deshumanización. El ecologismo y el capitalismo son, por tanto, realmente incompatibles. Su naturaleza es distinta, sus objetivos antagónicos. Un modelo económico acorde con el medio ambiente requeriría, por lo menos, una auténtica transformación radical del capitalismo. Requeriría, y esto es lo que no queremos ver, su sustitución por un modelo al servicio de la sociedad en su conjunto. A la Humanidad no le interesa la destrucción del medio ambiente, porque supondría su propia destrucción a medio plazo. Pero parece ser que aún no hemos entendido que el medio natural es nuestro hogar. Aún no estamos concienciados que el planeta es único, es nuestro medio de vida, es nuestra casa, y la estamos aniquilando.

 

Se necesita por tanto un modelo más responsable, y con unas perspectivas a largo plazo. El verdadero "desarrollo sostenible" (lo ponemos entre comillas porque ya de por sí es un oxímoron, una tremenda contradicción) pasa por la abolición del capitalismo, porque lo que es profundamente insostenible es el propio capitalismo. El capitalismo nos presenta un modelo económico irracional, y un sistema irracional está destinado al fracaso, no tiene futuro, no admite parches, debe ser erradicado. Una economía dirigida por una élite egoísta, irresponsable, insaciable, desalmada, con nula altura de miras, con profunda irresponsabilidad sobre el resto de los humanos, debe ser sustituida por una economía en la que la Humanidad en su conjunto se responsabilice de ella. Y una economía democratizada de tal manera, en tal grado, que no tome decisiones que atenten contra la habitabilidad presente y futura de nuestra especie. Necesitamos, en fin, la antítesis del actual capitalismo, caracterizado por el dominio y el poder de las minorías. Unas minorías a las que no les importa la destrucción de recursos, la explotación de las personas y de la naturaleza, la miseria, el hambre y la pobreza, con tal de continuar con su acumulación insaciable de riqueza.

 

La economía ecológica, con perspectivas globales tanto en el tiempo como en el espacio, con futuro, debe ser una economía democrática, no puede estar en manos de minorías. El destino del planeta, en manos de la minoría dominante, debe pasar a manos de la inmensa mayoría social. Debemos invertir los términos, democratizar el uso de los recursos naturales, devolver a la naturaleza a su sitio, respetar profundamente el medio natural, dejar de liquidar las posibilidades ligadas al extractivismo, que son las bases del actual consumismo. Y por otra parte, pasar a respetar profundamente el trabajo humano, dignificarlo, acabar con el esclavismo y la explotación laboral, que también es otro puntal de la economía consumista que padecemos. Como decía un viejo principio medieval: "Lo que incumbe a todos, debe ser decidido por todos". Y en el capitalismo, lo que incumbe a todos sólo es decidido por unos cuantos poderosos. Por consiguiente, creemos que ha quedado demostrado que no es posible una economía verdaderamente ecológica bajo el modelo capitalista. No es suficiente con el lavado de cara ecológico que practica el capitalismo para sobrevivir. La naturaleza ya nos está pasando factura. Y nos estamos engañando a nosotros mismos, acabando además con las futuras generaciones. El capitalismo puede hacer creer a la mayor parte de la población humana que es sostenible, pero no engaña a la naturaleza. El desastre ecológico que estamos sufriendo, en realidad, es la prueba más inequívoca del fracaso del modelo económico actual. Finalizaremos ya esta serie en la próxima entrega.

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24 julio 2014 4 24 /07 /julio /2014 23:00

"La enfermedad política más seria de los EE.UU. es ser una nación que se cree superior"

(Norman Mailer)

 

 

 

 

 

Estamos acostumbrados a escuchar, por parte de los voceros de la derecha política y mediática de prácticamente todos los países occidentales, la profunda legitimidad de la democracia norteamericana, la legitimidad de su sistema electoral, a la vez que, por supuesto, se critica el sistema político de otros países (típicamente los que se enfrentan al capitalismo y al imperialismo estadounidense), tildando alegremente de "dictaduras" a países como Cuba, Venezuela, Bolivia, etc., que, según ellos, no representan ningún referente de libertad ni de democracia. Vamos a intentar demostrar, con ayuda de los autores Pablo A. Pozzi y Fabio G. Nigra, las debilidades, trampas, fraudes y falsedades del sistema electoral norteamericano, que como podrán comprobar los lectores, adolece de muchos más defectos que los sistemas de los países puestos como ejemplo, donde en cada proceso electoral, un grupo de observadores internacionales da fe de la legitimidad, limpieza y corrección del proceso.

 

En efecto, uno de los aspectos más curiosos de la hegemonía norteamericana es que Estados Unidos tiene la (falsa) reputación de ser uno de los sistemas más democráticos y transparentes del planeta. Sin embargo, un grupo de especialistas extranjeros, que fueron invitados a observar la elección de 2004 por la organización internacional de derechos humanos Global Exchange, concluyó que éstas habían sido aún menos limpias que las de Kazajstán realizadas unos meses antes. Los datos disponibles son abrumadores. Veamos siquiera unos cuantos:

 

1.- En Nevada y en Oregón, una compañía empleada para empadronar votantes republicanos sistemáticamente destruyó las fichas de empadronamiento de los votantes demócratas.

 

2.- Los republicanos declararon que un triunfo de John Kerry generaría nuevos ataques terroristas, mientras que el Episcopado Católico señaló que un voto por Kerry podría llevar al infierno.

 

3.- Las encuentas realizadas a boca de urna en Florida, Ohio, Nuevo México, Colorado, Nevada y Iowa, daban por vencedor a Kerry, y en todos esos Estados ganó Bush. Varios analistas plantearon entonces la sospecha de fraude electoral a través de los sistemas informáticos. De hecho, en el Condado de Franklin, en Ohio, se comprobó que por un "error informático" Bush había recibido 3.500 votos de más.

 

4.- En el Condado de Broward, en Florida, desaparecieron 58.000 votos, y tanto Broward como Franklin son condados considerados demócratas.

 

5.- En Columbus, Ohio, el empadronamiento de decenas de miles de nuevos votantes negros y latinos fue anulado por Ken Blackwell, entonces Secretario de Estado. Blackwell no sólo presidió el acto electoral, sino que es un funcionario republicano.

 

6.- En el bastión demócrata de Taos, Nuevo México, se "perdieron" cientos de votos.

 

7.- Varios periodistas informaron de que en Columbus, Ohio, casi el 40% de los votantes urbanos (léase "demócratas") fueron registrados como "provisionales", a ser contabilizados sólo si podía comprobarse posteriormente su residencia en dicho distrito electoral (algo casi imposible, dado que los norteamericanos no tienen un documento de identidad).

 

8.- En el Condado de Franklin, Ohio, 170.000 votantes fueron eliminados del censo de empadronamiento en 2004 bajo el ridículo pretexto de "no haber votado en las dos últimas elecciones". Es de notar que el voto en Estados Unidos no es obligatorio.

 

Podríamos agregar muchos otros datos, pero basta con señalar que las elecciones no cuentan con fiscales de los partidos opositores, que los votos los cuenta el Secretario de Estado nombrado por el Gobernador, que los reglamentos electorales varían de condado en condado, que no hay incompatibilidad entre ser funcionario electoral y candidato por un partido, que el derecho a votar también varía según la circunscripción (por ejemplo en Florida no pueden votar aquéllos ciudadanos/as que hayan sido arrestados, aún sin condena, tres o más veces, lo cual afecta sobre todo a los negros, que votan mayoritariamente a los demócratas). Y bajo este impresionante currículum, ¿se permite Estados Unidos dar lecciones de democracia al resto del mundo? En cualquier otro sitio del planeta mínimamente democrático esta serie de práticas serían indudablemente tachadas de antidemocráticas, pero no en Estados Unidos. En el proceso electoral de referencia, John Kerry perdió por tres millones de votos, pero ¿realmente perdió? A pesar de la abundante información de fraude electoral, los demócratas aceptaron los resultados.

 

Como puede fácilmente concluirse, el sistema electoral norteamericano, además de más complejo, es bastante menos transparente que el de otros países, con lo que se vuelve a caer así otro de sus mitos en el resto del mundo, como ya han caído tantos otros falsos mitos, que colocaban, por ejemplo, a USA como uno de los países que más respetaba los Derechos Humanos (continúa existiendo allí la pena de muerte, sin ir más lejos) o que más respetaba las minorías étnicas, o que contribuía mejor a la reducción de los efectos causantes del cambio climático. Nada más lejos de la realidad, y por tanto, hemos de seguir contribuyendo a aclarar la auténtica realidad, y difundiendo al mundo la imagen verdadera de un país en decadencia, con el problema añadido de que, al ser tan potente, está arrastrando en su caída a gran parte de la Humanidad.

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