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13 octubre 2019 7 13 /10 /octubre /2019 23:00
Viñeta: Marco De Angelis

Viñeta: Marco De Angelis

La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá exigir a la autoridad pública el cumplimiento de los derechos de la naturaleza. Para aplicar e interpretar estos derechos se observarán los principios establecidos en la Constitución, en lo que proceda

Capítulo 7 del Artículo 71 de la Constitución de Ecuador

Después de dedicar el artículo anterior a la monstruosidad capitalista del AVE, dedicaremos la presente entrega a otra manifestación en el mismo sentido, como son los Buques de Cruceros, auténticos "leviatanes del turismo marino", como los denominan Pablo Rivas y Yago Álvarez, en este artículo para el medio El Salto Diario, que tomamos como referencia a continuación. Los impactos sociales y medioambientales de estas ciudades flotantes, estandartes de la industria turística global, son verdaderamente devastadores. No obstante, el número de cruceristas se ha multiplicado por 25 desde el año 1992 en nuestro país, y la ciudad de Barcelona ocupa ya el primer puesto en los puertos de este tipo en todo el Mediterráneo, y el quinto a nivel mundial. Los viajes de cruceros se venden como si fueran el paradigma de la felicidad (recuerden los lectores y lectoras de mayor edad la famosa serie "Vacaciones en el Mar", de los años 70), pero ofrecen más peligros e inconvenientes que ventajas. Los buques compiten entre ellos a ver cuál es el más grande, el que ofrece más servicios, el que puede albergar más pasajeros. Y así, los modernos buques de cruceros ofrecen capacidad para más de 5.000 personas, con una tripulación que puede superar los 2.000. El puerto de Barcelona tuvo durante 2017 un total de 778 entradas de cruceros, según datos de Ports de Barcelona, un 2,6% más que durante el año anterior, con 2,7 millones de pasajeros. La previsión de escalas que daba el organismo público para el año 2018 alcanzaba los 867. Es un absoluto despropósito, y una aberración turística, que solo contribuye a la masificación de la ciudad, y al deterioro de los elementos urbanos y el medio ambiente. Algunas organizaciones calculan que para el año 2026 la llegada de cruceristas a la ciudad se multiplique hasta los 4,4 millones, un 67% más que en 2017. Durante estos últimos años, lo único que se ha hecho ha sido invertir millonariamente en el sector de cruceros, y llevar a cabo ampliaciones profundas de las infraestructuras, para adaptarlas a los nuevos paradigmas de los visitantes. 

 

Por su parte, en las Islas Baleares, 2,1 millones de cruceristas desembarcaron durante 2017, lo que supone un 8,5% más que en el año anterior. A nivel estatal, el volumen superó en 2017 los 9,2 millones de cruceristas, y creciendo. El sector de los cruceros apunta que contribuye a la economía europea con 47.860 millones de euros, mediante un crecimiento "inteligente y sostenible", lo cual es absolutamente descabellado. A nivel global, su impacto económico se cifra en 126.000 millones de dólares en 2016. La patronal CLIA (Asociación Internacional de Líneas de Cruceros) representa a más de 50 compañías de cruceros y 15.000 agencias de viajes, pero en la realidad únicamente tres gigantes se reparten el pastel. Las empresas Carnival Corporation, Royal Caribbean International y Norwegian Cruise Line copan el 82% del mercado mundial de cruceros, según un estudio de la Universidad de Columbia (Nueva York). Son empresas gigantescas, cuyas sedes fiscales normalmente se encuentran en paraísos, donde el Impuesto de Sociedades es prácticamente nulo. En cuanto a su régimen laboral, normalmente en aguas internacionales, la legislación fiscal y laboral que prevalece es la que represente la bandera del barco, por lo que los 16.400 millones de dólares que Carnival Corporation ingresó en 2016 no necesitan pasar por los fiscos estadounidense o británico. Los autores del artículo señalan que la elusión de impuestos que estas compañías pueden haber llevado a cabo desde el año 1972 es una cifra tan estratosférica como incalculable. Tomemos solo un dato ilustrativo: de los 187 barcos analizados en el informe de la Universidad de Columbia, el 70% tienen cuatro banderas: Bahamas, Panamá, Bermudas y Malta. No hace falta ser muy inteligente para relacionar estos datos con la ingente ingeniería fiscal que reside en dichos paraísos. La industria de cruceros es, pues, una industria muy peligrosa. Pero sus peligros no solo se refieren a los ámbitos laboral o fiscal, sino a los propios efectos turísticos que producen sus viajes. 

 

Veamos: las consecuencias fundamentales de que miles de personas atraquen de vez en cuando en un determinado puerto son la masificación turística, reforzada aún más con esta versión crucerística más intensiva que las clásicas ofertas, acompañada de saturación del espacio público de cada ciudad de destino, y de un empeoramiento de la movilidad en las zonas afectadas, de una expulsión del comercio minorista, en favor de una proliferación de lo que pudiéramos llamar un comercio "superclónico", continuamente replicado donde se ofrecen los mismos productos enlatados "en forma de souvenirs, zumos de fruta y paella barata". Pero aún hay más: estos mastodontes turísticos contribuyen grandemente a la gentrificación de los ya saturados espacios turísticos, con la pequeña salvedad de que el impacto directo sobre la vivienda es relativo, debido a las posibles pernoctaciones en el interior de los buques. No obstante, es obvio que cuanto mayor es el flujo turístico proveniente de estos megacruceros, ello se traduce en un mayor impacto directo sobre el precio de la vivienda, "porque el atractivo turístico se traduce en atractivo inmobiliario". Por otra parte, también nos podemos detener en el aspecto energético: una ciudad móvil de 9.000 personas, como son estos buques, necesita una gran cantidad de energía para impulsarla, y ofrecer electricidad a su población flotante, además de incineradoras de basura, plantas eléctricas, depósitos de aguas grises y negras, una gestión de residuos sólidos y toda una amplia gama de servicios para sus pasajeros (restaurantes, discotecas, piscinas, salones de actos, saunas, escenarios...). En este sentido, la organización ecologista alemana Nature and Biodiversity Union (NABU), con datos de 2016, señala que un crucero de 150 metros de eslora y una potencia de 36.000 Kw (por ejemplo, el Symphony of the Seas mide 362 metros y tiene 97.000 Kw) emite al día 5.250 kilos de óxido de nitrógeno, 7.500 de dióxido de azufre y 476.850 de CO2, producto de la quema de las hasta 150 toneladas diarias del combustible del motor diésel. Ahí es nada. 

 

Según este colectivo ecologista, las emisiones de partículas de un solo buque de estas dimensiones pueden llegar a equivaler a las de un millón de automóviles. No es ninguna errata: 1.000.000 de automóviles. La patronal CLIA señala, sin embargo, que "en Europa, los cruceros solo representan el 1,2% del total de las emisiones que generan los buques en los puertos", y remarca que las compañías navieras han invertido 1.000 millones de dólares en mejoras tecnológicas para mitigar sus efectos sobre el medio ambiente. Desde las organizaciones ambientalistas abogan por una limitación de los cruceros, tanto en su número como en su envergadura, y además, instan a que se obligue desde las Administraciones Públicas a cambiar a un combustible menos tóxico, así como a la implementación de una serie de mejoras tecnológicas, entre las que destacan los filtros de partículas, sistemas de reducción catalítica para reducir oxidos nitrosos y scrubbers (lavadores de gases). Sin embargo, son contados los barcos que poseen estas tecnologías, y menos aún los que las utilizan, ya que son tecnologías costosas no solo de implementar, sino también de mantener. Todo ello, unido a la falta de estrictos controles, nos conduce a una cierta permisividad en las tecnologías empleadas. Mientras, las cifras de vertido cantan por sí solas: 800.000 litros de aguas grises, 115.000 litros de aguas negras, 26.000 litros de aguas sentina, 10.000 kilos de basura sólida, 130 kilos de residuos tóxicos, lo que hacen un total de 1.000 toneladas de residuos al día, cifras que equivalen a los de todo un barrio de una gran urbe. Evidentemente, todo este turismo a gran escala es absolutamente insostenible. Calles abarrotadas, centros de las ciudades copados por los visitantes, hoteles a rebosar, consumo masificado, imposibilidad de visitar los grandes museos o monumentos, imposibilidad de comer tranquilamente en cualquier restaurante, y un largo etcétera de incomodidades provocan estos gigantes del agua, en cualquier destino al que llegan. 

 

Al igual que los TAV (Trenes de Alta Velocidad), de los que hablamos en el artículo anterior, los buques de cruceros aportan a la sociedad más bien en dirección contraria al Buen Vivir. Porque para viajar por mar no necesitamos estas gigantescas embarcaciones contaminantes y energéticamente devoradoras, sino barcos de placer de menor envergadura, que puedan llevarnos hasta nuestro destino. Prácticamente todos los servicios que los cruceros aportan a los pasajeros ya existen fuera, luego no tiene ningún sentido buscarlos dentro. Sus lujosos camarotes podrían ser sustituidos por otros más modestos, su capacidad podría ser reducida, y sus atractivos servicios podrían ser también recortados, por lo cual su consumo energético y su emanación de gases serían más reducidos, sobre todo en alta mar. Apostemos por tanto por otros tipos de embarcaciones, por otro tipo de viajes en el mar, más simples, más intimos, más sostenibles, menos contaminantes. La idea de los pequeños barcos de recreo que hace algunas décadas hacían pequeñas rutas de un sitio a otro ha quedado en desuso, pero sería una buena idea su recuperación. No son barcos de grandes recorridos, pero su modesto tamaño y consumo, así como su privacidad y encanto hacia los pasajeros, los convierten en una alternativa turística más sostenible y accesible. No podemos seguir manteniendo en alta mar estos "leviatanes" del turismo, trayendo y llevando miles de personas de un sitio a otro, aportando en cada puerto miles de personas, las mismas que consumen elevados recursos en alta mar, y que masifican el turismo, suponiendo graves inconvenientes para los autóctonos de los lugares de destino. Como ya indicamos en este otro artículo de nuestro Blog, el Buen Vivir necesita de un derecho a la ciudad efectivo, derecho que viene siendo atacado por estas formas de turismo masivo, por la gentrificación del centro de las ciudades, por la turistificación de los servicios, y por la privatización de los espacios públicos. Grandes complejos turísticos, parques temáticos, super hoteles, vuelos supersónicos, cruceros a gran escala, trenes de alta velocidad, etc., forman parte de ese modelo que debemos erradicar. Continuaremos en siguientes entregas. 

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10 octubre 2019 4 10 /10 /octubre /2019 23:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Los países en los que las diferencias de ingresos entre ricos y pobres son más acusadas tienden a padecer en mayor medida una gran variedad de problemas sociales y sanitarios. La salud física y mental empeora, la esperanza de vida disminuye, la tasa de homicidios aumenta, las calificaciones de los niños en matemáticas y lectoescritura tienden a ser más bajas, la drogadicción es más común y hay un mayor número de encarcelamientos. Todos estos elementos guardan una estrecha relación con los niveles de desigualdad

Kate Pickett y Richard Wilkinson

La codicia es repugnante. Dondequiera que florece, mata el espíritu de la fraternidad y de la humanidad compartida

Julie Wark

EPÍLOGO.

 

Finalizamos ya en la presente entrega esta extensa serie de artículos, que nos ha llevado a través de sus 163 artículos que hoy finalizamos por toda la Arquitectura de la Desigualdad, es decir, el conjunto de mecanismos que nuestra sociedad capitalista ha diseñado, proyectado, impulsado y perpetuado para que las desigualdades (vistas desde todos los ámbitos, contempladas desde todos los enfoques) sean la nota y el distintivo característico de nuestro mundo. A través de sus 11 bloques temáticos hemos recorrido los diversos aspectos que a nivel general configuran esta arquitectura de la desigualdad, deteniéndonos en asuntos tales como el poder de los ricos, los paraísos fiscales, el yugo de la deuda pública, la Renta Básica Universal, el poder de las empresas y el esclavizante mercado laboral, los peligrosos valores del neoliberalismo, la pobreza infantil, la pobreza energética, la tremenda y onmipresente corrupción, la desigual e injusta redistribución de la riqueza en el planeta, la posible implantación de una fiscalidad internacional para el desarrollo, la globalización del trabajo decente, la reorganización de las normas del comercio internacional, y un largo etcétera. Los que poseen más poder, riquezas y privilegios de los que les corresponden, siempre lo hacen a expensas de otros, como creo que ha quedado demostrado a lo largo de esta serie de artículos. Los enemigos de los derechos humanos siempre recurren a cualquier tipo de ensañamiento, a fin de preservar el botín de su codicia, que por alguna lógica delirante, siempre consideran como algo merecido. Pero nada más lejos de la realidad. La desigualdad no es algo merecido, es algo impostado, creado y deseado por un sistema económico y social, el capitalismo, a todas luces perverso e irracional. 

 

A tenor de todo ello, hemos podido desmontar las visiones falsas, miopes e injustas del capitalismo de hoy día, que justifica las desigualdades con el mensaje básico de que "son algo natural". Nos dicen que siempre han existido, y que siempre existirán, y que no se puede luchar contra ellas. A lo largo de la serie de artículos que hoy finalizamos hemos demostrado que es mentira, que las desigualdades en nuestras sociedades no son naturales, que están minuciosa y perfectamente planificadas, estructuralmente establecidas, y que pivotan en torno a una serie de mecanismos que se pueden revertir, si nuestros líderes políticos y gobernantes tuvieran de verdad la voluntad política para hacerlo. Personas en condiciones laborales diversas (falsos autónomos, jornaleros, obreros, trabajadores de la banca, de la salud, artesanos, desempleados, acoso laboral, "emprendedores" endeudados...), desplazados (deslocalizados, emigrados forzosos, desplazados urbanos por la gentrificación...), desahuciados, migrantes, retornados, jubilados, mujeres, jóvenes, territorios estigmatizados (barrios populares, zonas segregadas, escuelas "gueto"), represión de activistas, salud en riesgo, negritud y racismo, discriminación y silenciamiento, despoblación, caridad y externalización de la asistencia social, personas en situación de calle, personas sin hogar, mujeres sometidas al maltrato y a la discriminación...Los retratos de la desigualdad están presentes en nuestro mundo a diario, forman parte de nuestro imaginario colectivo, los vemos en los programas informativos, los vemos cuando salimos de casa, cuando escuchamos cualquier reportaje, cuando leemos cualquier artículo, cuando conversamos con la gente, cuando pensamos y reflexionamos sobre lo que ocurre...

 

Aquí, durante esta serie de artículos, hemos intentado demostrar cómo sus vidas y sus circunstancias no responden a ninguna plaga divina, ni a ninguna ley inherente de la naturaleza, ni a ningún castigo celestial, ni a ninguna ley matemática, sino que sus vidas y sus circunstancias responden a la implantación de una arquitectura política, social y económica, expresamente creada para instalar y difundir dicha desigualdad. Sufrimos desigualdad porque nuestro mundo quiere, porque dispone de los mecanismos para perpetuarla, porque nuestros líderes mundiales desean que siga siendo así. Espero que hayamos conseguido demostrar esto, y que a partir de ahora, nuestros lectores y lectoras tengan bien claro de dónde provienen las desigualdades, y sobre todo, que es posible, si se quiere, erradicarlas. Evidentemente, no sería cuestión de un día para otro, téngase en cuenta que los mecanismos que aquí hemos expuesto no han sucedido de forma mecánica ni en poco tiempo, sino de forma planificada, y a lo largo de décadas. Pero todo ello puede revertirse, todo ello puede diluirse, y construir un mundo y unas sociedades pensadas para la equidad, para la igualdad, para la justicia social. Debemos seguir teniendo presentes, para finalizar, las terribles cifras siguientes: más del 50% de la población mundial vive en la pobreza, una cifra que se traduce en que unos 3.500 millones de personas no gozan de los derechos más básicos. Mientras, la opulencia y la riqueza desmedida, irracional y desproporcionada de otras personas es insultante e indignante. La brecha creciente entre ricos y pobres es de una injusticia inconmensurable, incalificable. Julie Wark aporta el dato de que las 1.210 personas más ricas del mundo suman un patrimonio neto de 4,5 billones de dólares (un promedio de aproximadamente 3.720 millones de dólares cada uno). 

 

Pero la igualdad no es caridad, ni empatía hacia los más desfavorecidos, es simplemente justicia, y una obligación de los poderes internacionales. La igualdad no es una concesión de ningún gobierno de turno, que lo estime conveniente de forma caprichosa o a regañadientes. La igualdad debe ser patrimonio de la humanidad, el más loable objetivo a alcanzar por toda la humanidad. Junto a la fraternidad y a la libertad (que precisamente no pueden ejercerse desde la desigualdad), forman parte de las expresiones y metas humanas más loables y de más alto nivel. La exigencia y la reclamación de la igualdad es legítima, una afirmación y una necesidad que debe proclamarse a escala global, y para todos los tipos de desigualdades que en el planeta se manifiesten. Los derechos deben ser para todos, y el derecho a la igualdad es parte del más íntimo e intrincado sistema que proporciona nuestra vida humana de una forma digna. No renunciemos jamás a la igualdad, pues ella es la base de la convivencia, de la fraternidad, de la vida en armonía y en justicia social. El capitalismo no solo ha desplegado todos los resortes que disparan las desigualdades, sino que además, para reforzar su discurso, ha creado todo un imaginario colectivo que legitima las desigualdades, que las explica y las naturaliza, de tal forma que la mayoría de la población piensa, en mayor o menor medida, que las desigualdades en el mundo son de siempre, de toda la vida, y que toda la vida existirán, porque el mundo es así, porque otro mundo no es posible, porque sería como ir contra natura. Durante los últimos siglos, generaciones completas de personas se han creído estas perversas afirmaciones, estas ideas absurdas, ideas que incluso se han difundido y estudiado en los más altos foros universitarios y de debate. La mayoría de titulados universitarios en Economía del mundo salen al mundo exterior después de sus estudios legitimando estas ideas, y proyectando su actividad profesional bajo estas premisas. Solo una minoría de personas, las que han tenido la suerte de ser educadas desde postulados críticos, se cuestionan estas premisas capitalistas, y entienden que las desigualdades no son algo natural, sino creado por el ser humano, y que nuestra misión es erradicarlas. 

 

Mientras, el conjunto del PIB de los 20 países más pobres del mundo asciende a unos 310.000 millones de dólares, por lo que la suma de esas fortunas privadas es casi 15 veces mayor que el valor generado por todos estos países, y sus 410 millones de personas. Como promedio, cada archimillonario del planeta posee más dinero que el PIB de Liberia, Eritrea o la República Centroafricana. Las personas pobres no pueden vivir en condiciones de libertad y dignidad, pues su libertad y su dignidad dependen del permiso de otros. Pero tampoco tienen ninguna dignidad las personas perversas y esperpénticas dedicadas al consumo egoísta de lujos, que llevan un tren de vida opulento, con mastodónticas mansiones, flotas de automóviles, o de aviones privados. La clave para remediar estas brutales injusticias está en conseguir erradicar la arquitectura de la desigualdad, que a lo largo de estas 163 entregas hemos expuesto de forma clara y profunda. Se puede hacer. Conseguiremos de hecho un mundo mejor si lo hacemos. El artículo 1 de la Declaración Universal de los DDHH comienza así: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos...", pero nuestra arquitectura de la desigualdad se encarga de que no sea así. Se encarga de que existan profundas diferencias, y de que estas diferencias estén basadas en mecanismos expresamente creados para exacerbar estas desigualdades. Como siempre, extiendo mi más profundo agradecimiento a cuantos autores me han servido de base para exponer las ideas aquí vertidas, sin cuyas aportaciones no hubiera sido posible esta serie. Y por supuesto, a mis lectores y lectoras, que fielmente hayan esperado y seguido cada entrega. Sin ellos y ellas, esto tampoco tendría sentido, y la semilla del pensamiento alternativo no se extendería por todo el mundo, que es lo que pretendemos desde esta humilde tribuna. Gracias a todos. 

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8 octubre 2019 2 08 /10 /octubre /2019 23:00
Viñeta: Luc Descheemaeker

Viñeta: Luc Descheemaeker

La alianza británica-sionista – y con ella el papel cumplido por Washington y sus aliados regionales -- ha tenido un impacto catastrófico sobre la vida de millones de personas, no sólo en Palestina, sino en el conjunto del Levante mediterráneo. Gran Bretaña debe una reparación en los más amplios aspectos al pueblo palestino, pues no sólo es culpable quien dispara a quemarropa a hombres y mujeres desarmados, quien usurpa territorios, destruye aldeas, demuele casas, construye muros. Es responsable también el que con su silencio permite estos crímenes y Gran Bretaña con su silencio obsequioso es responsable de la Declaración Balfour y de los padecimientos de un pueblo sometido al salvajismo colonial del sionismo

Pablo Jofré Leal

En efecto, cien años de complicidad criminal entre Gran Bretaña y el sionismo nos contemplan. Se cumplieron exactamente el 2 de noviembre de 2017, cuando 100 años atrás se gestó el fatídico acuerdo entre el sionismo y el Imperio británico, por entonces aún muy desarrollado, aunque en franca decadencia. Desde aquél momento se comenzó a dar rienda suelta a los objetivos de colonización de Palestina, y por ello lo consideramos, como estamos explicando, el origen histórico más remoto del conflicto palestino-israelí. El Profesor Daniel Montañez Pico lo ha explicado en los siguientes términos, en este artículo para el medio Naiz: "Israel es un Estado colonial heredero de una colonia británica. Gran Bretaña, de modo muy similar a como hizo el Estado Español con el Sáhara, al ver conflictos en el territorio se retiró y dejó el país a merced del sionismo. Este movimiento, que arrancó a finales del siglo XIX, colonizó el país con el apoyo de Estados Unidos, quienes vieron con buenos ojos geopolíticos imperialistas formar una gran base militar en mitad de Oriente Medio, región en la que tenían intereses petrolíferos. Unido a ello, la masacre de judíos en la Segunda Guerra Mundial fue el detonante para la creación del Estado de Israel, dado que la mayoría de naciones concluyeron que era lo menos que se merecían después de aquél genocidio. De esta forma, el sionismo dejó de verse como sinónimo de colonialismo y se naturalizó como mito del nuevo Estado". Pero como venimos contando, la excusa primigenia fue la Declaración Balfour. Todo lo demás vino a partir de ahí. Sus consecuencias llegan hasta nuestros días: "Armando a Israel, protegiéndolo de las sanciones de la ONU y tratándolo como un Estado que está por encima del derecho internacional, afianzan la patente inhumanidad inherente al legado de Balfour". Son palabras de Omar Barghouti, cofundador del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) por los derechos palestinos, y uno de los premiados con el Premio Ghandi de la Paz 2017, tomadas de este artículo para el medio Newsweek, traducido por Beatriz Morales Bastos para el digital Rebelion, que tomamos como referencia. Hoy día Israel, respaldado vergonzosa, impune e indecentemente por Estados Unidos y la Unión Europea, está construyendo muros de hormigón y utilizando una violencia extrema para aplastar la esperanza de los palestinos, intentando grabar en su conciencia colectiva que es inútil resistir a su hegemonía colonial. 

 

Pero no lo conseguirán. Llevan décadas intentándolo, pero los palestinos son un pueblo heroico, que continuará luchando mientras salga el sol cada nuevo día. Las matanzas siguen al albur de una comunidad internacional absolutamente cobarde y deleznable, pero además de volver a relacionar la lucha palestina por la libertad con las luchas internacionales por la justicia racial, indígena, económica, de género, social y referente al clima, el movimiento BDS está movilizando una considerable presión no violenta de base sobre las instituciones, las corporaciones e incluso los gobiernos que contribuyen a apoyar las violaciones de derechos humanos que comete Israel. Omar Barghouti explica: "Inspirado en el movimiento estadounidense en defensa de los derechos civiles y en el movimiento en contra del apartheid el Sudáfrica, el movimiento BDS fue lanzado en 2005 por la más amplia coalición de la sociedad civil palestina. Pide acabar con la ocupación israelí de 1967, acabar con su discriminación racial legalizada, que coincide con la definición de apartheid de la ONU, y respetar el derecho de los refugiados palestinos a retomar a sus hogares y tierras, derecho reconocido por la ONU". Es un movimiento en alza a nivel mundial, que ha calado en sindicatos, movimientos estudiantiles, asociaciones académicas, movimientos sociales, agrupaciones artísticas, y un largo etcétera de asociaciones ciudadanas a nivel global. Como su nombre indica, este movimiento pretende ofrecer presión y resistencia a la genocida política de Israel de forma pacífica, en base a un boicot a cualquier actividad que provenga de Israel (empresarial, institucional, artística...), a una desinversión de los accionistas internacionales en tierras israelíes, y a la aplicación de una política de sanciones por parte de la propia ONU y de terceros Estados frente al Estado opresor israelí. Frente al movimiento BDS, los grupos de presión de Israel han recurrido a medidas de guerra legal represivas, desesperadas y probablemente ilegales, para intentar sofocar los efectos de este movimiento. 

 

En 2017 se cumplieron 70 años desde la partición de Palestina, y la creación del Estado terrorista de Israel. Nos lo cuenta Abu Faisal Sergio Tapia, Director fundador del diario Palestina Libération, en este artículo. Retomo sus palabras: "El inicio de la ilegalidad con marco legal, la legalidad del genocidio contra el pueblo palestino, el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 181, la "resolución de la partición y el robo de la tierra palestina", en la cual se estipulaba la creación de un "Estado Sionista judío", y un "Estado árabe" en Palestina, con Jerusalén como corpus separatum sometido a un régimen internacional especial. De los dos Estados previstos en dicha resolución, hasta el momento solo se ha creado uno, el ilegal: el Estado Terrorista de Israel". Pero dicha resolución 181 de la creación de la entidad terrorista sionista es ilegal en su esencia, porque la ONU no tiene potestad para dividir un territorio y crear un Estado lleno de ilegalidades, violando los 119 artículos de su Carta Magna, basado en el terrorismo de los grupos sionistas que comenzaron el genocidio contra el pueblo palestino desde 1917 con la Declaración Balfour, donde en este año se cumplieron 100 de esa resolución de la corona británica tan criminal ella en la historia, como su aliada, la entidad sionista. Desde 1977, el 29 de noviembre de cada año, se conmemora el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Este día brinda la oportunidad a la comunidad internacional de centrar su atención en el hecho de que la cuestión de Palestina aún no se ha resuelto, poniendo el foco de atención en ella. En 1975 en la ONU se estableció el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino, con el mandato de asesorar a la Asamblea sobre los programas destinados a que puedan ejercerlos, incluidos el derecho a la libre autodeterminación sin injerencia externa, el de la independencia y la soberanía nacionales, y el de regresar a sus hogares y recuperar sus propiedades, de las cuales fueron desalojados y despojados. Y es que durante estos 70 años, las violaciones de los derechos humanos al pueblo palestino han sido sistemáticas, donde por ejemplo los palestinos suelen ser detenidos en redadas de secuestro nocturno y que el ejército de ocupación lleva a cabo asaltos y saqueos a los hogares palestinos, con secuestros masivos arbitrarios, con un saldo de 5.700 palestinos secuestrados por las fuerzas de ocupación israelíes, solo desde principios de 2017.

 

En estos 70 años, el objetivo final no ha sido otro que exterminar totalmente al pueblo palestino, y ocupar ilegalmente sus tierras. Hoy Palestina se debate ante la unidad de sus organizaciones, las cuales son presionadas por el régimen israelí para doblegarlas y derrotar la resistencia palestina, pidiendo que se desarme la resistencia heroica de Hamas, Yihad Islámica Palestina, los Frentes Populares Palestinos, entre otros movimientos, para encaminar diálogos de (falsa) paz con la entidad ilegal y terrorista israelí, que solo sabe mentir y matar a todo el pueblo palestino a todo intento de paz. Su único objetivo es ganar tiempo, para poder cumplir su mandato fundacional, el mismo desde 1917, con la Declaración Balfour. Desde hace décadas se dedican a matar impunemente a la infancia palestina, miles de niños y niñas son exterminados, secuestrados y/o asesinados. Israel ejecuta esta macabra práctica como símbolo de la destrucción de la identidad palestina misma, del presente y del futuro, lo necesita porque es el exterminador de la vida, y la infancia palestina representa la vida, la resistencia, el futuro del pueblo palestino. Es la misma razón de violar, matar y asesinar a mujeres embarazadas, el no tener que luchar contra la siguiente generación de palestinos. Abu Faisal relata: "La entidad sionista siempre tuvo como base de su ocupación la matanza de la infancia palestina, llevamos más de 3000 niños palestinos asesinados desde el año 2000 hasta la fecha por el genocida ejército israelí, el cual se jacta de matar a mujeres palestinas embarazadas, diciendo dos por uno, y donde tienen al carnicero del pueblo palestino, a uno de los criminales asesinos de niños más grande de la historia, Ariel Sharon, como un héroe nacional israelí, además de dejar heridos a más de 13.000 menores de edad. Las cifras también indican que en total detuvieron a más de 12.000 niños (mientras que en la actualidad mantienen encarcelados a unos 300), de los cuales un 95% ha sido víctima de agresiones y torturas en interrogatorios. El número de niños palestinos detenidos por las fuerzas israelíes va en aumento, ya que tras el inicio de la Segunda Intifada de Al-Quds (Jerusalén) en octubre de 2015 se detuvo a más de 2.000 niños en un año, mientras que la cifra anual es de unos 700 niños detenidos". ¿A tanta crueldad puede llegar un Estado para aniquilar a su enemigo? ¿Cuántas vejaciones tendrán todavía que soportar miles de niños detenidos y torturados? ¿Qué tipo de comunidad internacional tenemos que soporta todo esto? ¿A qué nivel de degradación moral hemos llegado para permitir que un determinado país lleve décadas ejecutando estas terribles prácticas con absoluta impunidad? Dejo la reflexión a mis lectores y lectoras. 

 

Bestias sionistas amigas de la barbarie, sedientas de sangre inocente del pueblo palestino, el cual pone sus mártires día a día, hombres y mujeres, niños y ancianos, en su lucha contra la ocupación, y por la liberación de la tierra palestina. Dentro del marco de violaciones contra el pueblo palestino se incluyen los asentamientos ilegales judíos en la Ribera Occidental ocupada y el Este de Jerusalén, donde sucesivos gobiernos israelíes han construido y ampliado asentamientos en los territorios que ocupan, elevando el número total de asentamientos a 237. El régimen de ocupación llamado Israel ha creado en los territorios ocupados palestinos un régimen de apartheid discriminatorio a través de su bloqueo ilegal de la Franja de Gaza desde 2006, que ha afectado directamente las vidas de 2 millones de palestinos, la mayoría de los cuales son refugiados como resultado de la resolución 181 de la ONU. El principal actor responsable de todo el conflicto, digámoslo desde ya claramente, es la ONU. Naciones Unidas debe pedir perdón por legalizar los crímenes de lesa humanidad del terrorismo sionista israelí contra la infancia palestina, contra la nación palestina, única y verdadera dueña de la tierra palestina ocupada, donde existe un solo Estado legal para los pueblos libres del mundo, el Estado Palestino, hoy bajo ocupación, pero mañana, en un futuro próximo, seguramente una Palestina Libre y Soberana, como símbolo de la liberación de la humanidad al completo, contra la opresión imperialista y su forma más cruel de ocupación, el régimen sionista israelí. Los pueblos del mundo no podemos permitir tanta atrocidad, tanta barbarie, tanta injusticia. Una injusticia que lleva décadas haciendo chorrear la sangre del pueblo palestino, con su libertad coartada, con su población maltratada, con su soberanía intervenida. La comunidad internacional no puede continuar indiferente por más tiempo, hace falta de forma inmediata un pronunciamiento colectivo internacional, que haga un llamamiento a no permitir ni un minuto más este sangriento conflicto, con un claro compromiso por parte de la ONU de enviar observadores internacionales para verificar que las resoluciones son efectivamente cumplidas. Continuaremos en siguientes entregas.

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6 octubre 2019 7 06 /10 /octubre /2019 23:00
Viñeta: Osval

Viñeta: Osval

El dilema urgente en el que nos encontramos actualmente lanza un mensaje alto y claro para cualquiera que esté escuchando: Si queremos mantener un planeta medianamente sano para finales de este siglo, tenemos que cambiar los cimientos de nuestra civilización. Necesitamos cambiar de un sistema que está basado en la riqueza a uno que esté basado en la vida, una nueva forma de sociedad construida sobre principios que afirmen la vida, a menudo descrita como una Civilización Ecológica. Necesitamos un sistema mundial que devuelva el poder a las personas; que controle los excesos de las corporaciones globales y de la corrupción política; que sustituya la locura de un crecimiento económico infinito por una transición justa hacia una economía estable e igualitaria

Jeremy Lent

En el artículo anterior ya avanzamos que nos ocuparíamos aquí de dos ejemplos muy ilustrativos sobre hacia dónde han ido evolucionando nuestra técnica y nuestra ciencia, aplicado en este caso a los medios de transporte y al turismo de masas, para comprobar hasta qué punto representan dos aberraciones de todo punto insostenibles. Dos opciones que representan dos buenos ejemplos de lo que NO debemos hacer, y si podemos, debemos revertir. Comenzaremos por el AVE, o Tren de Alta Velocidad (TAV). En el digital Rebelion publicó un artículo Mattin Hiriberri, tratando sobre este asunto, que vamos a tomar como referencia a continuación. En 1992, dentro del marco de la Exposición Universal de Sevilla, se inauguró el primer tramo de AVE entre Madrid y Sevilla. Una infraestructura absolutamente innecesaria y costosa, pensada no para los viajeros, sino para las élites empresariales, políticas y financieras, que son las únicas que se han beneficiado con ella. Hiriberri describe: "En estos 25 años se han desarrollado 3.240 km. de AVE y están en construcción otros 1.500 km. más, lo que coloca al Estado Español en el segundo lugar del mundo después de China en cuanto a número de kilómetros de TAV y el primero en km. de TAV por persona y km. cuadrados, a pesar de su escaso número de pasajeros. Eso sí, la factura ha sido cara: 51.775 millones de euros, y la hemorragia continúa". ¿Quién ha promovido todo este super tinglado del AVE? Las grandes empresas, y con ellas, inherente a ellas, la corrupción. La tupida red de sobornos del AVE en Castilla-León, Galicia, CAV, Asturias, Cataluña y Murcia por la que hay imputadas 14 personas, al igual que los famosos Papeles de Bárcenas, nos lo explican todo. La dinámica reflejada en estos documentos de la vergüenza ya fue tratada por nosotros en su momento en otro artículo, donde remito a los lectores y lectoras que deseen más información. Pero además de los propios mecanismos de corrupción, hay que destacar el determinante y poderoso papel del lobby de la construcción en nuestro país. Entre las empresas constructoras más potentes del mundo figuran varias españolas. Su origen debemos buscarlo en el franquismo, cuando algunas de ellas se hicieron ricas empleando mano de obra esclava republicana. Esto también explica que el Estado Español sea líder en km. construidos de autopistas y autovías (muchas de ellas sin apenas tráfico y rescatadas con dinero público), y el que más cemento exporta. 

 

Este poderoso lobby de la construcción privada, como decimos, es el que determina la política de infraestructuras públicas y de transportes en el Estado Español, y en concreto y para el tema que nos ocupa, el desquiciado e irracional desarrollo de km. de vías de AVE. El AVE ha constituido uno de los fetiches favoritos para reflejarnos en un supuesto "progreso" o "modernidad" al más brutal estilo capitalista, que consiste en obtener pingües beneficios, destruyendo la naturaleza, aunque de hecho no vaya a tener mucha utilidad, y sin preguntarse siquiera si de verdad lo necesitamos. Como relata Mattin Hiriberri: "En esta alocada carrera hacia el abismo, ninguna capital de provincia se quería quedar sin su flamente estación de TAV para eliminar su complejo provinciano, creando al mismo tiempo una perversa competencia entre diferentes regiones. Además, en las capitales la llegada del TAV ha ido acompañada de importantes pelotazos urbanísticos que en algunos casos ha rayado en lo estrambótico como la estación de Guadalajara, situada a 10 km. de la capital, al lado de la cual se construyó en terrenos propiedad del marido de Esperanza Aguirre una urbanización de lujo para 34.000 personas en la que actualmente viven solo 2000, siendo utilizada la estación por unos 70 viajeros al día". ¿De verdad hacía falta este despliegue? ¿De verdad que no podía quedarse Guadalajara con un buen tren Talgo? ¿Había que favorecer de esa manera tan escandalosa los beneficios de los poderosos? Mientras todo ello ocurre, ahí tenemos a los extremeños, que han organizado ya un montón de marchas y movilizaciones porque su Comunidad no posee no ya un AVE, sino ni siquiera un tren medio decentito que les comunique con el resto de provincias del suelo patrio. Como estamos viendo, el desarrollo exponencial de nuestro AVE no ha respondido a necesidades reales de la población, sino a intereses de lucro personal de unos cuantos dueños y accionistas de algunas poderosas constructoras. ¿Es éste el progreso y el bienestar que nos hace falta? La chapucería, la corrupción y la improvisación han sido una constante en el desarrollo del AVE en nuestro país, y así nos va. El autor del artículo nos proporciona algunos otros ejemplos interesantes, cuya lectura recomiendo. 

 

La conclusión está clara: las líneas del AVE no ofrecen la más mínima rentabilidad, ni económica ni social, incluso tomando las de mayor trayecto, o mayor afluencia de pasajeros. Inversiones irrecuperables, explotaciones comerciales deficitarias, elevado endeudamiento, destrucción del medio ambiente...¿realmente merecen la pena este tipo de proyectos? ¿Pueden ser considerados buenos proyectos para que la gente viva bien? ¿Son sostenibles este tipo de proyectos? ¿Son beneficiosos para la sociedad? Porque ya puestos, si le hacemos caso únicamente a la ciencia y la técnica, es posible que pronto podamos fabricar un tren que viaje a 500 km. por hora...¿También lo vamos a normalizar en las vías españolas? ¿Y cuando tengamos un tren que viaje a 1000 km./h? Esta alocada carrera no nos lleva a ningún sitio. Este tipo de infraestructuras son demoledoras para una sociedad que aspire a ser sostenible. Bien, y vamos con el argumento estrella: se dice que estos proyectos crean "riqueza" y "muchos puestos de trabajo". Veamos: las obras del AVE se llevan a cabo normalmente por subcontratas que se valen de mano de obra migrante, extremadamente precarizada, con contratos de trabajo en base a los convenios laborales de los países de origen, tras agotadoras jornadas de trabajo, que además están dejando un importante reguero de muertes. ¿Es ésta la calidad del empleo que buscamos? ¿Es éste un modelo laboral y de negocio a seguir? ¿Es coherente con lo que venimos contando en cuanto a los objetivos, filosofía y política del Buen Vivir? Parece que no. Veamos a continuación lo que se debería haber hecho, diametralmente opuesto a lo que se ha hecho: lo que una sociedad sostenible necesita es un tren para viajar, no para viajar rápidamente. En base a ello, se debería haber potenciado la línea regular de Trenes Talgo, de trenes convencionales y de trenes de cercanías, potenciando sus infraestructuras y dotándolas de mejores medios, a la par que extendiendo su alcance para los usuarios. 

 

En el caso de mi ciudad, Málaga, las organizaciones de viajeros, usuarios y consumidores llevan años reclamando una línea de cercanías que cubra la parte de la costa oriental malagueña, ya que existen únicamente las que cubren el interior (muy limitada) y la costa occidental. No se ha hecho. Y las cifras cantan por sí mismas: a pesar de que sólo un 6% de los usuarios del tren viajan en AVE, casi el 70% del presupuesto para todo el ferrocarril va al AVE. Ha quedado demostrado que cada vez que se inaugura una nueva línea de TAV, disminuye drásticamente o se cierran definitivamente el resto de servicios de la línea. Durante estos más de 25 años desde el primer AVE Madrid-Sevilla, se han perdido unos 3.000 km. de tren convencional. A esto habría que añadir que el gasto de mantenimiento del TAV es un 70% superior al del tren convencional, como es lógico, supuesto que es una infraestructura más poderosa técnicamente. Hablamos de un coste de unos 100.000 euros por km./año. El AVE se convierte así en un importante factor de desvertebración del territorio (a pesar de que nos cuenten justo lo contrario), que empuja a muchos usuarios a la carretera y que además no transporta mercancías. Como asegura Hiriberri, el AVE es básicamente un instrumento de poder clasista. Se construye sin necesidad, se construye por pobres, con el dinero de los pobres para beneficiar a las élites económicas y empresariales, y por supuesto, políticas (luego vendrán las puertas giratorias). Y encima, solo lo utilizan los ricos, porque el precio del billete no es accesible a las mayorías sociales de este país, con el poder adquisitivo que manejan. Mientras, el tren convencional utilizado por los pobres es condenado al abandono y a la discriminación. El AVE es una infraestructura contaminante, cara e innecesaria, creada únicamente como fetiche del poder y como símbolo del mal progreso de los pueblos.

 

Quizá pudiéramos pensar, a efectos medioambientales, que es menos contaminante que los trenes convencionales. Pues no: como ha quedado demostrado fehacientemente en el reciente estudio de EKOPOL, el AVE en absoluto se puede justificar como garantía de ahorro energético y reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), sino todo lo contrario. Tengamos en cuenta también la profunda devastación del medio natural que la propia construcción del AVE requiere (montañas, ríos, bosques, llanuras, praderas, humedales...), y no solo por donde pasa, todo lo cual configura al TAV como una de las mayores agresiones al territorio que podamos imaginar. Como concluye el autor del artículo de referencia: "...nos conduce (...) a gran velocidad hacia el colapso civilizatorio del que cada vez más voces nos advierten". Hemos querido traer a esta entrega número 60 de nuestra serie sobre el Buen Vivir un claro ejemplo de infraestructura peligrosa, inconveniente, indeseable, que va en contra de todos los criterios y parámetros que deben regir y guiar una buena planificación del medio ambiente y de los medios de transporte de una sociedad sostenible. Una infraestructura al estilo del AVE va justamente en contra de todo lo que venimos contando que hay que hacer, es contraria a toda la esencia propia del Buen Vivir, porque contamina, porque daña, porque no está pensada para la función que debe desarrollar, sino que simplemente la enmascara bajo otros objetivos. Ello no quiere decir que estemos en contra de los avances científico-técnicos que nos permiten mejorar nuestros medios de vida y sus elementos cotidianos, pero como acabamos de explicar, la esencia y los motivos que inspiran al AVE no son los que deberían ser. Desde hace siglos existen gran cantidad de avances científico-técnicos, la ciencia los conoce, sabe de su existencia, los experimenta, los perfecciona, pero no los implementa mayoritariamente en la sociedad, porque se entiende que no están creados para esa función. Razones de costes, de contaminación, de inconveniencia, de motivos éticos, etc., provocan que finalmente no se difundan mayoritariamente. El AVE debería ser uno de ellos. Continuaremos en siguientes entregas.

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3 octubre 2019 4 03 /10 /octubre /2019 23:00
Viñeta: Moro

Viñeta: Moro

En la entrega anterior exponíamos la importancia y las funciones de las instituciones y organismos internacionales (FMI, BM, OMC...) que daban soporte a las reglas del comercio internacional, y también nos detuvimos en las instituciones de la Unión Europea, que delimitan igualmente la gobernanza (sobre todo a niveles macroeconómicos) de los Estados miembros. Por tanto, toda esta superestructura del gran capital a nivel europeo y transnacional (y con respecto a la cual nuestra burguesía española es cómplice) está también vigilante de que el diseño, la arquitectura (económico-político-social) que favorece el incremento de las desigualdades sociales continúe vigente. Y ante cualquier intento de formalizar un gobierno que a nivel de cualquier Estado miembro de la UE se enfrente a toda esta perversa arquitectura, las instituciones europeas, de claro tinte antidemocrático y antisocial, se encargan de que dichos gobiernos y sus políticas sean gobiernos y políticas fallidas. Incluso a costa de humillar a dichos países. Véase el caso griego como claro paradigma de lo que estamos contando. Solo un gobierno con un inmenso apoyo popular, pero además dotado de grandes dosis de valentía, desobediencia e insumisión, así como de claros planes estratégicos alternativos, será capaz de enfrentarse con éxito a toda esta arquitectura europea y transnacional, encargada de perpetuar la creciente desigualdad social que afecta a todos los países de nuestro Viejo Continente. La globalización de toda esta estructura (precarización de los mercados laborales, financiarización de la economía, paraísos fiscales, deuda pública, grandes empresas transnacionales, tratados de libre comercio, instituciones que lo vigilan todo...) es quizá ya no solo la expresión de la desigualdad institucionalizada a nivel mundial, sino casi imposible de revertir, pues ha sido diseñada durante décadas para proteger los intereses del gran capital. 

 

¿Qué podemos hacer al respecto? Las movilizaciones internacionales, junto con gobiernos dignos que planten cara a esta diabólica globalización, son absolutamente imprescindibles. Necesitamos una estrategia para generalizar el trabajo decente a nivel mundial, aumentar la presión social para cambiar las reglas de juego del comercio internacional, luchas para revertir los grandes procesos privatizadores (incluyendo remunicipalizaciones de los servicios públicos a niveles locales), exigir sin más demoras la anulación de la deuda externa de los países pobres del Sur global (mediante procesos de auditoría ciudadana, y posterior declaración de deudas ilegales, odiosas, ilegítimas o insostenibles), la mejor y más justa redistribución de la riqueza a nivel planetario (como hemos indicado en el bloque temático anterior), la implantación de un sistema de fiscalidad internacional justo y equilibrado (como también hemos tratado en un bloque temático anterior), y la reversión de las normas sobre comercio internacional, en atención sobre todo a corregir esa supuesta "libertad" de que gozan los países, para que se convierta en una auténtica libertad. Pero la mayor amenaza a esta desigualdad (y al propio planeta en sí mismo) son las nefastas consecuencias del crecimiento económico mundial. Necesitamos revertirlo para erradicar las desigualdades. Carlos Fernández Liria intenta explicarlo en este artículo para el medio Publico, que tomamos como referencia a continuación. Como afirma Fernández Liria, el mayor reproche que podemos hacer al capitalismo es, precisamente, que es incapaz de detenerse, de reflexionar, incluso de ralentizar su marcha. "El capitalismo es un sistema preso de su propio impulso", en palabras del autor. La imparable y absurda obsesión por la obtención de beneficios niega la propia sostenibilidad del sistema. Y ante esta absurda dinámica, debemos exigir nuestro derecho a pararnos, a ralentizar, incluso a decrecer. Pero si observamos las noticias de cualquier programa informativo, nos daremos cuenta de que ello se plantea como una noticia peligrosa.

 

En efecto, titulares como "La OCDE rebaja el crecimiento de Europa en tres décimas para el año próximo" son contempladas como noticias negativas, y si las cifras son mayores, como auténticas tragedias. No podemos seguir permitiendo que nuestros Ministros de Economía, banqueros, empresarios, organizaciones, etc., nos trasladen que es catastrófico crecer por debajo de ratios como el 2% o el 3%. No es posible, porque el planeta, que es el único que tenemos, no da para tanto. Ese vertiginoso ritmo es, simplemente, un imposible matemático. Pero el capitalismo y nuestro sistema de valores está tan inmerso en su dinámica, en su propia esencia, en su insaciable metabolismo, que parece que no tenemos otra cosa que hacer que crecer. Crecer sin parar, crecer más que el año pasado, crecer indefinidamente. Ahí parece estar la salvación del mundo, cuando en realidad ahí está el verdadero cáncer. El comercio internacional ha de decrecer, sobre todo el de algunos países y productos. No es sostenible un comercio internacional al ritmo de destrucción de recursos que llevamos desde hace décadas, ni de aniquilación de los recursos naturales. Tampoco es sostenible un comercio internacional ligado al transporte de mercancías desde un punto a otro del planeta, cuando es perfectamente posible cultivar dichos productos a nivel local, evitando dicho transporte, dicha contaminación, y dicha destrucción de recursos. Pero recordemos que aquí hablamos de desigualdad, y aplicado a lo que contamos, se traduce en que el Índice de Desarrollo Humano (IDH), un indicador para medir el bienestar de las poblaciones creado por el PNUD (ONU), es muy distinto de unos países a otros. Fernández Liria nos aporta un gráfico en su artículo que compara este IDH con la cantidad de planetas que serían necesarios para hacerlo sostenible en el tiempo, y los resultados son demoledores, no solo en la desigualdad que manifiesta, sino en el frenético ritmo que llevamos. 

 

Veamos el ejemplo que recoge el autor: Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0,3 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo y nivel de vida se generalizase, nos harían falta tres planetas Tierra para que todos los países del mundo pudieran alcanzarlo. Estados Unidos también tiene buena nota en su IDH, pero su huella ecológica (indicador que mide el nivel de impacto medioambiental de las actividades y consumos humanos) es tan brutal que harían falta más de cinco planetas Tierra para generalizar su estilo de vida. Traducido a desigualdad, podríamos preguntarnos entonces: ¿Quién cabe en el mundo? (Es precisamente el título del artículo referido de Fernández Liria). Porque si pretendemos caber todos, es evidente que no podemos tener esta disparidad de IDH, lo cual implica que muchos países tendrán que subirlo, pero otros muchos tendrán que bajarlo, para conseguir un nivel más o menos homogéneo en todos los países, y que además sea sostenible y no acabe con los recursos del planeta. El mundo por tanto no sólo suspende en desigualdad, sino también en desarrollo sostenible. No es únicamente la equidad en el escenario internacional lo que hay que conseguir, sino la sostenibilidad, traducido en que todos debamos ser sostenibles (unos países creciendo, otros quedando igual y otros decreciendo). Y esto es precisamente lo que no entienden (ni quieren entender) los líderes políticos mundiales, que solo lanzan mensajes de "progreso" asociados a crecimientos económicos imparables, insostenibles, irracionales, perniciosos. Como solo disponemos de un planeta, es evidente que solo los países con un buen IDH sostenible están en un comportamiento correcto. El resto deben cambiar. 

 

Mensajes, como decimos, incomprensibles e inasumidos para la inmensa mayoría de líderes mundiales, que aspiran a crecer indefinidamente, sin tener en cuenta las limitaciones biofísicos del planeta. Al menos para aquéllos políticos que quieran conservar el mundo a medio plazo, estas consideraciones deben ser atendidas. Para el resto, hemos de hacerlas comprender, sobre todo a aquellos que estén dispuestos a defender su derecho (¿racial? ¿divino? ¿histórico?) irracional a vivir indefinidamente por encima de los países del mundo. Los nuevos "patriotismos" de corte neofascista que están surgiendo, y que dicen enarbolar las banderas y los objetivos nacionales a toda costa, son los primeros en no entender estos mensajes. Cuando Estados Unidos bajo la presidencia de Trump enarbola el "America First", y retira a su país de un montón de acuerdos y tratados internacionales, no lo hace en virtud de que estén convencidos de estos mensajes, sino más bien todo lo contrario. Si, por ejemplo, un acuerdo internacional prohibiera que el PIB de cualquier país estuviera por encima del 1,5%, los Estados Unidos (y algunos otros, posiblemente) se retirarían o no suscribirían dicho acuerdo, mirando de forma miope los intereses de sus países. Craso error. Lo que hay que conseguir es que Uganda, Sierra Leona o Burkina Fasso crezcan más, y que Gran Bretaña, Francia, China o Estados Unidos crezcan menos. Entonces estaremos en el camino de la igualdad internacional. Como no podemos continuar es con la situación de grave irresponsabilidad global y colectiva que nos caracteriza, reivindicando de forma egoísta y miope nuestro derecho a crecer como el que más, es decir, a comportarnos de forma globalmente irresponsables, criminales y suicidas como lo estamos haciendo. Lo que normalmente se hace es ignorar el consumo responsable para buscar el consumo suicida, cuando deberíamos hacer lo contrario. A partir de la siguiente entrega entraremos ya en el epílogo de esta serie, para ir cerrándola intentando hacer un compendio final de todo lo expuesto, así como una nueva reivindicación de los Derechos Humanos a nivel mundial. Hasta entonces.

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1 octubre 2019 2 01 /10 /octubre /2019 23:00
Viñeta: Caricatura de Benjamin Netanyahu (Fuente: Pinterest)

Viñeta: Caricatura de Benjamin Netanyahu (Fuente: Pinterest)

Una nación que coloniza, una civilización que justifica la colonización, y por lo tanto la fuerza, ya es una civilización enferma, una civilización moralmente contaminada, que irresistiblemente, de consecuencia en consecuencia, de negación en negación, llama a su Hitler, quiero decir, su castigo

Aimé Césaire (Discurso sobre el colonialismo, 1955)

En el anterior artículo, primero de la serie, ya comenzamos a explicar un poco el verdadero origen histórico del conflicto palestino-israelí, situado en la llamada "Declaración Balfour" (el establecimiento de un "hogar nacional" para los judíos en Palestina). Durante todos los años que siguieron a dicha declaración y a la Segunda Guerra Mundial, el movimiento sionista se hallará profundamente dividido entre el sionismo europeo y el estadounidense. Los sionistas intentarán, además, sacar partido de esta importancia repentina publicando en febrero de 1919 un memorando que reivindicaba el "hogar nacional" ampliado al margen oriental del río Jordán. La Conferencia de San Remo (1920) ratificará la creación de las partes orientales de los imperialismos francés y británico: Francia en el Líbano y Siria; Reino Unido en Irak y Palestina, incluida Transjordania. Y en consecuencia, la traición de las promesas hechas a los aliados árabes. El mandato británico en Palestina creará una especie de "jaula de hierro" para las aspiraciones de los árabes en Palestina. Un yugo, en palabras de Rashid Khalidi, "concebido precisamente para excluir el principio y la puesta en marcha de un gobierno representativo en Palestina y toda otra modificación constitucional que se orientara en tal sentido". Como recordábamos en el anterior artículo, lo importante de la Declaración eran los "derechos civiles y religiosos", pero nunca se abordaron los derechos políticos de la población árabe palestina. Paul Delmonte finaliza su artículo destacando que fue el antisemitismo del Viejo Continente y su paroxismo nazi, poco después de que EE.UU. hubiera limitado drásticamente la inmigración, los factores que multiplicaron la oleada migratoria judía a Palestina. Fueron los británicos los que aplastaron la gran revuelta palestina entre 1936 y 1939. Sin ellos y el apoyo europeo, el proyecto sionista hubiera sido letra muerta.

 

La Declaración Balfour daría comienzo a todo un proceso de colonización que sería llevado a cabo por parte de colonos judíos europeos, alentados por la dirigencia sionista y bajo el mito religioso del retorno a una tierra prometida por una divinidad. En palabras de Pablo Jofré Leal: "Una declaración con consecuencias hasta el día de hoy otorgando un apoyo político en Gran Bretaña y otros gobiernos occidentales a un sionismo en ciernes, cuestión que condujo a la creación del mandato británico en Palestina tras el derrumbe del imperio otomano, que facilitaría la llegada de colonos judíos a Palestina y con ello sentar las bases para la construcción artificial de la entidad sionista en el año 1948, sostén del actual conflicto que sacude esta zona del mundo". La Declaración Balfour, tal como estamos exponiendo, fue un documento que delata claramente la complicidad entre la política imperial británica y los cuerpos dirigentes del sionismo, que en virtud del poderío financiero y de su privilegiada posición en círculos de poder, tanto en Francia como en Estados Unidos y Gran Bretaña, había creado un intenso lobby destinado a conseguir la aprobación del Imperio Británico (en ese momento una de las potencias económicas y militares más grandes del mundo) para intensificar el proceso de colonización en tierras palestinas. Un ingente traslado de judíos que comenzaron a trasladarse a una tierra de la cual no poseían referencias, y un arraigo inexistente, pero del cual comenzaron a interesarse vistas las promesas de tierras y bienes provistos por los multimillonarios sionistas europeos, que financiaban a gran escala esta operación colonial. Los derechos de millones de habitantes de Palestina fueron menospreciados e ignorados. Ninguna ley internacional amparaba dicho proyecto colonizador. La realidad demostró que aquéllos deseos eran una mera hipocresía, pues se concedía algo que no se poseía. En el fondo no era más que una decisión geoestratégica más del imperio británico. Las cifras nos retratan perfectamente la terrible evolución de dicho experimento: Palestina pasó de tener 85.000 judíos en un territorio donde habitaban 600.000 palestinos en 1915, a tener 600.000 colonos en el año 1947 frente a un millón y medio de palestinos. 

 

Jofré Leal lo explica en los siguientes términos: "Resulta indiscutible, por más que la hasbara (propaganda sionista) lo presente como un documento jurídico, que Gran Bretaña no tenía autoridad política, legal ni moral para hacer promesas de entrega o compartir objetivos coloniales de una ideología que no conocía Palestina más que por mapas, como lo demuestra el hecho de que las discusiones para encontrar "un hogar nacional judío" dividían las opciones entre la Patagonia sudamericana, Uganda y el levante mediterráneo. Cuestión que obligó a los ideólogos del sionismo a buscar las razones, líneas centrales y ejes discursivos que les permitieran sostener con algo de solidez que Palestina era el destino final". En resumidas cuentas, la Declaración Balfour fue un disparate histórico, una decisión abusiva y criminal. Prometió entregar un territorio que no le pertenecía a terceros (judíos europeos), cuyo vínculo con la región, para más inri, era inexistente. Supuso un plan de colonización de tintes racistas, pues implicaba poblar con extranjeros una tierra habitada, como se hizo en Andalucía con las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, en 1787, durante el reinado de Carlos III (donde colonos extranjeros europeos fueron instalados en pueblos y aldeas andaluzas), aunque dicho experimento fue de menores dimensiones humanas. Dicho experimento sionista implicaba también, lógicamente, expulsar a la población nativa residente y crear las bases del actual sistema de apartheid que rige históricamente en Palestina para los palestinos que allí residen, y más brutalmente en los territorios palestinos ocupados y bloqueados de la Franja de Gaza. El sionismo comienza desde la Declaración de Balfour a tejer la falsificación histórica que hiciera pensar al resto del mundo que ellos no pensaban colonizar, segregar o usurpar, sino que simplemente estaban ocupando una tierra estéril, sin población, argumento absolutamente falso, como hemos visto. Un mito en todo el sentido de la palabra, que continúan difundiendo como un dogma de fe, apoyándose en atropellos y aplastamientos de la población y de la cultura palestinas. 

 

Recientemente se ha levantado con fuerza la exigencia de que Gran Bretaña pida perdón por aquella infame Declaración, y los males causados desde entonces. La Declaración Balfour es responsable, por extensión, de avalar y ser la semilla del establecimiento de las bases políticas, militares, económicas, demográficas y culturales de lo que sería posteriormente el nacimiento de la entidad sionista (Estado de Israel) en 1948. Desde entonces, los vínculos políticos, militares y financieros entre el sionismo internacional y Londres son profundos. De hecho, Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia albergan grupos de poder y lobistas del sionismo que hacen difícil separar los intereses colonialistas de Israel con los intereses de estas potencias. De facto, es una asociación criminal, creada para delinquir, una asociación ilícita albergada en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, que blinda a la entidad más criminal del planeta. Es momento de aclarar conceptos. Antisemitismo y antisionismo pueden dar lugar a confusión, pero son conceptos muy distintos. Lo explica muy bien Sai Englert (Profesor del Departamento de Política y Estudios Internacionales de la Universidad SOAS de Londres) para el medio Cronica Palestina, traducido para el digital Rebelion por Loles Oliván. A él nos remitimos para clarificar ambos conceptos. Muchas veces se utilizan en los debates de forma indistinta, pero significan cosas completamente diferentes. Explica el profesor: "El antisemitismo se refiere a las ideas y a los comportamientos que discriminan, atacan o perjudican a los judíos por ser judíos. Las afirmaciones de que los judíos son avaros, que gobiernan el mundo, o que dirigen la banca, son antisemitas. Igualmente, lo son los ataques físicos o verbales contra el pueblo judío a causa de su judaísmo. El antisionismo, por el contrario, es una ideología política que como su nombre indica se opone al sionismo. El sionismo es un movimiento político nacido a finales del siglo XIX que sostiene que la única forma de que los judíos pudieran escapar del antisemitismo europeo era formando su propio Estado. Este Estado lo construyeron en Palestina, y a pesar de una oposición interna minoritaria [en el seno del movimiento], lo hicieron a expensas de quienes ya vivían en el país: los palestinos. La creación de Israel, resultado de la iniciativa del movimiento sionista, tuvo lugar en 1948 con el telón de fondo de la expulsión de más de 700.000 palestinos y la destrucción de al menos 400 aldeas. Estas injusticias continúan hoy en día: la expansión de los asentamientos en Cisjordania, el mortífero bloqueo de Gaza o las más de 60 leyes dirigidas específicamente contra las y los ciudadanos palestinos de Israel siguen en vigor y se aplican en nombre del sionismo".

 

Ya vamos pudiendo comprobar, entonces, la gran diferencia que existe entre uno y otro concepto. En realidad lo que reclamamos los antisionistas es que todos los habitantes de la Palestina histórica (judíos, cristianos y musulmanes, palestinos y no palestinos) gocen de los mismos derechos independientemente de su raza, religión u origen étnico. Algo que el Estado de Israel y el movimiento sionista siguen rechazando. Lamentablemente, estos dos conceptos se equiparan cada vez más, pero como decimos, su diferencia es rotunda: el antisionismo rechaza la idea de un Estado basado en la supremacía étnica o religiosa. El antisemitismo simplemente odia a los judíos por ser judíos. Pero...¿qué ocurre cuando estos movimientos se globalizan, y aún se confunden más? Veamos: que todos los judíos sean sionistas o que los sionistas representen a todos los judíos esconde una idea reduccionista y fundamentalmente racista que supone atribuir a todo un grupo de personas la misma bandera ideológica. Nada más lejos de la realidad. El Estado de Israel y sus políticas no representan a todos los judíos del mundo, de la misma forma que el Estado francés y sus políticas no representan a todos los franceses del mundo. Son muchos los judíos que se declaran antisionistas por motivos religiosos y/o políticos, y otros que incluso pueden no tener formada ninguna opinión, por desconocimiento del asunto. Pero al contrario también: no todos los sionistas son judíos. Sin ir más lejos, existen en el mundo muchos sionistas cristianos, particularmente en Estados Unidos, así como muchos políticos y partidos políticos en todo el mundo que también lo son. Y esto no tiene nada que ver con el judaísmo, sino con la política exterior y las alianzas que estos actores tienen con el Estado de Israel. Las principales víctimas del movimiento sionista en el mundo son los palestinos, pero su aspiración a poder regresar a sus hogares, de los que fueron expulsados, no tiene nada que ver ni con el judaísmo ni con los judíos, sino con la política concreta de un Estado concreto (Israel), y todos los que les apoyan.

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29 septiembre 2019 7 29 /09 /septiembre /2019 23:00
Viñeta: Becs

Viñeta: Becs

La tierra se dirige hacia un *burnout*. La naturaleza agoniza. El índice planetario de agua dulce registra una disminución del 83% en comparación a 1970 y en igual período ha desaparecido el 60% de las especies vertebradas. Especialmente en los trópicos y en particular en América del Sur y Central, con 89% de pérdidas. El reino animal vive el peor momento de toda su existencia

Extracto del Informe “Planeta Vivo” 2018, de WWF

Costará aún tiempo, esfuerzo y dedicación, insistencia y luchas, constancia y ánimo, el conseguir que las sociedades actuales, vinculadas al capitalismo más descarnado, acepten regular y conceder derechos a la Naturaleza. Pero esta lucha no puede decaer. Más bien al contrario, ha de ser reforzada, porque nos va en ella nuestra existencia como seres humanos sobre la Tierra. En definitiva, si la Naturaleza incluye a la Humanidad, sus derechos no están aislados de los Derechos Humanos, aunque tampoco se reducen a éstos. Inversamente, los Derechos Humanos como el derecho al trabajo, a la vivienda o a la salud deben entenderse también en términos ecológicos. No podemos tener una vivienda sobre un río, no podemos tener salud con un aire contaminado, no podemos trabajar desarrollando actividades que perjudiquen al medio ambiente...Todo ello exige reconceptualizar todo el compendio de los Derechos Humanos desde una óptica ecológica profunda y transversal, pues la destrucción de la Naturaleza niega también la propia existencia humana, y por tanto, los Derechos Humanos serían inalcanzables sin nuestra Madre Tierra. De esta forma, la justicia ecológica y la justicia social se complementan, la una no es posible sin la otra. Alberto Acosta explica en el artículo de referencia: "Los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza, que articulan una "igualdad biocéntrica", unos derechos bioculturales, un derecho salvaje (como lo denomina Cormac Cullinan), una propuesta desde "lo común", aún siendo analíticamente diferenciables, se perfeccionan y conforman una suerte de "derechos de y a la vida". Por eso, los Derechos de la Naturaleza, imbricados cada vez más con los Derechos Humanos, conminan a construir democráticamente sociedades sustentables, a partir de ciudadanías plurales pensadas también desde lo ecológico".

 

Si la Naturaleza no es considerada sujeto de derechos, si continuamos expoliándola, si seguimos destruyéndola, los efectos devastadores de dicha destrucción se volverán contra nosotros y cualquier forma de vida sobre la Tierra: aumento de temperaturas (si no se toman medidas para reducir las emisiones de GEI, la temperatura de la Tierra aumentará probablemente en unos 4ºC respecto de la era preindustrial de aquí a finales de siglo), elevación del nivel del mar (de aquí a 2100, el nivel del mar se elevaría entre 26 y 82 centímetros respecto del período 1986-2005, según el IPCC), fenómenos meteorológicos extremos (lluvias torrenciales, olas de frío o de calor extremos, huracanes, tifones), sequías e inundaciones (los científicos piensan que un planeta más caliente tendrá menos precipitaciones en forma de nevadas, pero más en forma de lluvias torrenciales), crisis humanitarias (se generarán enfermedades, se destruirán cosechas, se anegarán territorios, y se generarán éxodos masivos de poblaciones afectadas, refugiados climáticos, haciendo estallar guerras y enfrentamientos), etc. El panorama que se nos avecina, por tanto, es desolador, apocalíptico. Buena parte de dichas tendencias son ya imparables, pero muchas otras pueden rebajarse, incluso controlarse, si comenzamos a tomar seria conciencia de la envergadura del problema, y actuamos en consecuencia. La Naturaleza ha de ser venerada, protegida, respetada. No puede ser atacada, porque eso implica atacarnos a nosotros mismos, y al resto de seres vivos que ella alberga. Pues bien, veamos un momento lo que se está haciendo por parte de las grandes empresas: este artículo de Diego Herranz para el medio Publico nos cuenta el resultado de un informe de la ONG británica InfluenceMap, que desvela la verdadera agenda anticlimática (es decir, negacionista) de las cinco grandes petroleras (las llamadas Big Fives): ExxonMobil, Shell, Chevron, BP y Total no escatiman esfuerzos para obstruir los objetivos de los Acuerdos de París (2015). ¿Cuál es el fondo del asunto? Está muy claro: el petróleo es su negocio, las emisiones de gases contaminantes son su consecuencia fundamental. Conclusión: nos importan un pimiento las emisiones de gases contaminantes, mientras nuestro negocio continúe dando beneficios. ¿Y continúa? Pues veamos: Repsol logró en 2018 unas ganancias récord en los últimos 8 años (2.341 millones de euros), y Cepsa ganó 830 millones de euros en el mismo año, su mejor beneficio en toda la última década.

 

Ante este panorama, las Big Fives no escatimarán esfuerzos en torpedear cualquier acuerdo, por muchos países que lo suscriban, que vaya contra sus intereses. Después ya blanquearán sus actividades del modo que nos tienen acostumbrados, pero la verdad es que no están dispuestas a abandonar (o a reciclar) su negocio. Un montón de fundaciones nos contarán que han creado innovadores proyectos en energías renovables, pero el petróleo continuará extrayéndose, y las emisiones GEI seguirán contribuyendo al calentamiento global. Dedicarán inmensas cantidades de dinero para retrasar, controlar o bloquear cualquier iniciativa pensada para combatir el cambio climático. No les temblará el pulso. Nos hablarán después de la Responsabilidad Social Corporativa, pero serán palabras. Los hechos las desmentirán. Pura imagen. Publicidad engañosa. Sus costosas estrategias de lobby continuarán estando en contra de la lucha por una civilización sostenible. El caos civilizatorio les importa un bledo, ni siquiera creen en él. Continuarán quejándose de un exceso regulatorio que les merma los beneficios y les dispara los costes. Hasta ahí llega su hipocresía y su cinismo. Veamos ejemplos concretos: BP donó 13 millones a una campaña, a la que también se sumó Chevron, que logró frenar la imposición de una tasa al carbón en el Estado de Washington, un millón de los cuales se destinó a publicidad en los medios. Mientras sus discursos públicos dicen apoyar la causa climática, sus acciones de lobby van en sentido contrario. Mientras abogan públicamente por soluciones de bajas emisiones de CO2, aumentan sus inversiones y gastos hacia la expansión del negocio de los combustibles fósiles. Puro teatro. Mentira absoluta. Nula conciencia. Esto es el capitalismo. Lo previsto para 2019, es que los desembolsos presupuestados en planes de inversión para la extracción de gas y petróleo de estas 5 grandes corporaciones, se incrementen hasta los 115.000 millones de dólares, de los que sólo el 3% irán a proyectos de bajas emisiones. En definitiva, la retórica de estas grandes petroleras no concuerda para nada con su actividad real, y mientras no seamos capaces de detenerlas, todos los acuerdos internacionales que se suscriban quedarán en papel mojado. Sus intentos de sabotaje contra el cambio climático prevalecerán a los esfuerzos por detenerlo. 

 

Pero las petroleras no son las únicas que boicotean las acciones contra el cambio climático. Los bancos no se quedan atrás. Este artículo de Ecologistas en Acción nos remite a las actividades del Banco Santander en este asunto. Esta entidad es una de las mayores corporaciones financieras del mundo que más contribuyen al cambio climático. Ecologistas en Acción relatan en dicho artículo: "En su plan de eficiencia 2016-2018 el Banco Santander afirmaba que dedicaba 69,8 millones de euros a paliar su impacto en el cambio climático. Se trata de una cifra ridícula comparada con los casi 13.400 millones de euros dedicados en ese período de tres años a financiar los combustibles fósiles, según el Informe "Fossil Fuel Finance Report Card 2019". El Banco Santander aparece en esta lista de los bancos más sucios del mundo. Incluso para algunos sectores, como los proyectos de gas y petróleo en aguas ultraprofundas, la entidad se sitúa en los cinco primeros puestos". Dudoso honor le cabe al banco en esta tarea, por mucha publicidad que nos venda en sentido contrario. El Banco Santander, como otras muchas corporaciones, están apostando más por el suicidio climático que por las acciones en favor de un nuevo modelo de sociedad sostenible. De hecho, continúa financiando el fracking, las arenas bituminosas, o las prospecciones en el Ártico, por mucho que diga que está comprometido con el Acuerdo de París. ¡Menudo compromiso! Sin la financiación que el Banco Santander concede a estas actividades, difícilmente podrían ser continuadas. Los bancos fósiles como el Santander son directamente responsables del caos climático, porque las empresas de combustibles fósiles no podrían operar sin su dinero. Son agentes capitalistas muy peligrosos, que permiten con su financiación que otras actividades perniciosas se implanten y desarrollen, sin tener en cuenta su licitud o moralidad. Mientras fluya el dinero y contribuya a sus beneficios, estos gigantes bancarios no se plantearán nada más. Les da igual que su negocio se llame "destrucción del clima". La lucha por la justicia climática y los Derechos de la Naturaleza ha de alcanzar tal calibre y envergadura que obligue a estos agentes tóxicos del capitalismo a replantear sus actividades, o a hundirse con ellas. 

 

Y como hemos planteado más arriba, los ataques a la Naturaleza favorecen también el desarrollo de nuevas enfermedades, tal como nos cuenta este artículo de Ecoportal. Fundamentalmente la deforestación y los desarrollos inmobiliarios han modificado el medio ambiente, produciendo escenarios ideales para la proliferación de enfermedades transmitidas por animales e insectos. La construcción de autopistas, aeropuertos y los modelos productivos agropecuarios están provocando un aumento de estas enfermedades. De esta forma, la modificación que el ser humano está efectuando sobre la Naturaleza está provocando la existencia de nuevos virus, cada vez más mortales. Por ejemplo, en territorios donde se han producido grandes deforestaciones, se han creado condiciones ideales para la propagación de virus transmitidos por mosquitos. Pero no solo los mosquitos: los caracoles, los primates y los murciélagos también pueden propagar estas enfermedades. Hoy día un virus puede dar la vuelta al mundo en pocas horas, gracias a los vuelos aéreos. El caso más paradigmático de cómo la deforestación multiplica la aparición de enfermedades se dio en la selva peruana, que luego de construir una ruta que la atravesó, los casos de malaria subieron de 600 a 120.000 por año. Destruir la Naturaleza implica, pues, grandes riesgos para la salud. El equilibrio natural que ella nos brinda actúa como paraguas para nuestra protección, pero nosotros estamos alterando dicho equilibrio. En la próxima entrega nos centraremos en dos buenos ejemplos de lo que decimos, como son el AVE (monstruosidad agresiva capitalista donde las haya), y el turismo de Cruceros (modelo insostenible a gran escala). Ellos y otros muchos ejemplos (las modernas aeronaves, entre otros) nos han conducido a una situación donde los artefactos que fabricamos e introducimos en nuestra vida atentan gravemente contra la sostenibilidad de la Naturaleza, contra el equilibrio de los ecosistemas y contra los recursos que necesitamos para la vida. Todas estas razones nos instan a derribar estos modelos, a excluirlos de nuestras vidas, y a luchar por alcanzar otros modos de producción, de consumo, de transporte, de reciclaje, de utilización de los recursos, para alcanzar modos sostenibles de vivir, de Buen Vivir. Continuaremos en siguientes entregas.

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26 septiembre 2019 4 26 /09 /septiembre /2019 23:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Si en el artículo anterior expusimos la falacia que se escondía detrás de la expresión "libre comercio", veremos aquí las diversas instituciones y organismos internacionales que validan la estructura actual del comercio internacional. El primer gran actor económico que juega en este escenario son las propias sociedades o corporaciones transnacionales, que desempeñan su propio rol de agentes del capitalismo, es decir, proyectos (empresas, sociedades, corporaciones, UTE, holdings, etc.) que activan la lógica capitalista en sí misma, y cuyo objetivo es alcanzar el máximo beneficio posible. Pero lógicamente, estas corporaciones se ven ayudadas en su tarea por una serie de organismos cuya función es vigilar que la "libertad" del capitalismo se cumple. Hoy día, estas instituciones se podrían resumir en el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización Mundial del Comercio (OMC), los Tratados de Libre Comercio (regionales, subregionales y bilaterales), y el CIADI (especie de tribunal internacional privado para subsanar las posibles controversias). Para ayudarnos a exponer sus funciones, nos basaremos en el texto "Capitalismo por dentro" de Alejandro Teitelbaum, uno de los analistas más lúcidos de nuestro tiempo. Todas estas instituciones y organismos forman todo un entramado jurídico-institucional internacional, destinado a consolidar y reforzar el dominio del poder económico transnacional sobre los Estados y los pueblos, es decir, fomentar que el gran capital alcance mayor poder que la propia soberanía de los pueblos. Esto implica deslegitimar las reivindicaciones de los derechos de los pueblos a disponer soberanamente de sus riquezas y recursos. Las decisiones de la OMC son obligatorias, y los Estados que no las acaten podrán ser sancionados. El modelo de "libre comercio" que la OMC fomenta va mucho más allá de la regulación del comercio transfronterizo, y constituye un mecanismo institucional de imposición planetaria del modelo desregulador neoliberal, erosionando seriamente las funciones de los poderes públicos de los propios Estados, su capacidad de negociación externa y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Por su parte, los TLC delimitan hoy día una especie de suprapoder económico, de tal forma que superan al poder de las Constituciones nacionales, y las leyes económicas y sociales vigentes en cada lugar. Los TLC son el mejor soporte para que las políticas neoliberales circulen libremente a escala planetaria y penetren en los Estados, donde desintegran las economías nacionales y generan graves daños sociales.

 

Los TLC fomentan la primacía de los derechos del capital sobre los derechos democráticos y humanos de los pueblos, así como del derecho ambiental, y del resto de derechos económicos, sociales y culturales. Consolidan las políticas de liberalización y privatización, externalización y sometimiento de los derechos fundamentales a meras mercancías. Y además, cuestión muy grave, se aseguran mediante estos acuerdos internacionales, que dichas políticas nefastas no puedan ser revertidas. Todo este marco supranacional está en función de los intereses exclusivos del gran capital transnacional y de los Estados ricos, y en detrimento de los derechos humanos fundamentales, así como de los derechos de los pueblos. Por todo ello, los TLC (existen miles en el planeta, de todo tipo y entre todos los actores) son poco visibles para la opinión pública, y muchos de ellos han sido negociados sin la presencia de representantes de los sectores populares y trabajadores, y celebrados en medio de una gran opacidad. Para una mayor información, remito a mis lectores y lectoras a nuestra serie "Contra los Tratados de Libre Comercio". Por su parte, el CIADI (Centro Internacional para el Arreglo de Controversias Relacionadas con las Inversiones) es la institución que defiende los acuerdos de los TLC frente a los Estados. Es decir, cuando cualquier empresa entiende que algún Estado suscriptor de un determinado TLC adopta políticas que puedan perjudicarle, le denuncia ante el CIADI, y éste debe dirimir la situación y emitir un juicio. Normalmente, la balanza se inclina en favor de las empresas, y los Estados se ven obligados a indemnizarlas con elevadas cantidades. No existe ningún mecanismo para poder hacer lo contrario, es decir, que un Estado denuncie a una empresa dentro del marco de un TLC. Se trata de jurisdicciones específicas, algo así como un tribunal de arbitraje internacional, que dirime las posibles controversias que puedan darse. Curiosamente, el CIADI es miembro del Grupo del Banco Mundial, y está presidido por el Presidente del mismo BM, tal como establece su propio reglamento. Todo queda en casa. Evidentemente, el CIADI actúa con una falta evidente de objetividad e imparcialidad, es decir, defiende igualmente los mismos intereses. Conclusión: arquitectura de la desigualdad elevada al escenario internacional, es decir, a su enésima potencia. Como podemos comprobar, todos estos organismos e instituciones mundiales no hacen más que consagrar la dictadura del gran capital, o si se quiere, la arquitectura de la desigualdad mundial. 

 

Vivimos en una sociedad global profundamente enferma de desigualdad. La regla de oro para el comercio internacional es la propia globalización neoliberal, y ésta ya estamos viendo cómo actúa. Está claro que no sirve a los intereses de la humanidad, de los pueblos, de las personas, de los animales, de la naturaleza. Sólo sirve a los intereses del capital. Los acuerdos tildados engañosamente como de "libre comercio" son negociados en secreto, sin la presencia de representantes de las clases populares y trabajadoras. En ningún TLC del mundo han estado presentes en las negociaciones las diversas organizaciones de la sociedad civil, ni sindicatos, ni movimientos sociales, ni ONG's, ni asociaciones ciudadanas. Ninguno de los acuerdos comerciales existentes en el planeta consagra o se preocupa siquiera por medidas para dignificar el trabajo, de los trabajadores y de su nivel de vida. Ninguno piensa en los derechos ambientales, en la naturaleza, en los recursos naturales, en los bienes comunes. Ninguno se preocupa por la reducción de las desigualdades, ni de la redistribución de la riqueza, ni de la justicia social y ambiental. Ninguno pretende alcanzar mejores cotas de bienestar para el conjunto de la ciudadanía. ¿De qué se preocupan, entonces? Pues de que las cuentas de resultados de las empresas y de los sectores económicos implicados sean cada vez mayores, a costa de lo que sea: derribar leyes, ignorar decretos, saltarse directivas, eliminar barreras, ignorar la soberanía nacional, soslayar las políticas estatales, atacar los derechos sociales y laborales, expoliar la naturaleza. Mario y Nora Fernández, en su artículo "Los ricos y su poder", publicado en el digital Rebelion, lo explican en los siguientes términos: "El mundo occidental sufre una continua pérdida de trabajos en la industria manufacturera; hasta los empresarios más pequeños con alguna posibilidad de ganancias en la actividad de algún producto o servicio, ya sea en áreas rurales o en centros urbanos, también están en continuo peligro de desaparecer. Muchas empresas pequeñas y/o medianas han sucumbido o han sido absorbidas por otras más grandes que simplemente las compran para cerrarlas por lo que los pequeños empresarios tienen que conformarse con empresas que apenas se solventan".

 

Y continúan: "Este proceso de monopolización y acumulación sin fronteras, llamado globalización, destruye las economías locales gracias a la firma de tratados que no son de "libre comercio" sino documentos legales para los más ricos y sus empresas que crecen en su monopolio, acumulan crecientes derechos sin responsabilidades, aseguran la libre circulación de mercancías y servicios (incluso financieros) mientras ponen en jaque incluso a los Estados mismos --éstos, últimos garantes de sus aventuras de enriquecimiento y paganinis de toda especulación fallada. Lo irónico: la diatriba repetitiva de los políticos representantes de los ricos (casi todos ellos) en su aparente continua preocupación por la existencia misma, y prosperidad, del llamado "pequeño negocio o empresa"-- una preocupación tan irreal como hipócrita que se entiende más bien como una burla surrealista". Arquitectura de la desigualdad, porque fomenta la riqueza y poder de unos pocos frente a la pobreza de muchos. Arquitectura de la desigualdad, porque se proyecta que mediante estas tendencias del comercio internacional, se limite la capacidad de los Estados para proveer los bienes y servicios públicos destinados al conjunto de la población, mientras se mejora y se dotan de más fondos y recursos los destinados al sector privado más potente económicamente. Arquitectura de la desigualdad porque mientras garantiza la libertad de inversión y movimiento sin límites del capital, enmascara la falta de libertad de las personas para poder garantizarse el acceso a sus derechos básicos y fundamentales. Libertad para los más ricos y poderosos: de crear empresas, de configurar filiales, de establecer cadenas y franquicias, de deslocalizar sus sedes y sucursales, de tributar donde les venga en gana, de jugar con el empleo y la vida de sus trabajadores/as, de ejecutar procedimientos de ingeniería financiera para evadir impuestos al fisco, de establecerse en zonas que son paraísos fiscales, de operar en un mercado mundial, de ignorar las normas, leyes y tratados laborales y ambientales...¿Y dónde está la libertad para los demás, para los trabajadores/as, para las personas desempleadas, para los colectivos de pensionistas, para los enfermos, para los migrantes, para los jóvenes, para las mujeres, para los colectivos más desfavorecidos? ¿Qué se supone que tienen que hacer ellos/as? ¿Admirar cómo esta gentuza crea riqueza basándose en la pobreza de los demás? ¿Admirar cómo destruyen todo a su paso para crear gigantescas corporaciones que atropellan y avasallan a todo aquél que se oponga a su expansión? 

 

Pero la desigualdad también posee una estructura supranacional, y para lo que afecta a nuestro caso español, además por supuesto de la propia superestructura globalizada, también depende de la superestructura de la Unión Europea, a la que pertenecemos. Y así, lo que los burócratas de la UE llaman "austeridad" no es más que una política que ha llevado a cabo, con total impunidad, una transferencia masiva de recursos sociales arrebatados al sector público (sus empresas y servicios), para ponerlos al servicio del capital privado (el rescate de la banca privada es quizá el mejor ejemplo en este sentido), y que ha provocado una gigantesca transferencia de las rentas del trabajo a las rentas del capital, deviniendo a su vez en una caída al vacío en la protección social de nuestras mayorías sociales (empleo, protección al desempleo, sanidad, educación, servicios sociales, vivienda, dependencia...). Todas estas políticas son inherentes al capitalismo en tiempos de crisis, son consustanciales a sus propias contradicciones, y han ocurriendo otras muchas veces en la historia. En momentos de recesión, el gran capital, para mantener sus tasas de ganancias y de beneficio, necesita aumentar la explotación de la clase trabajadora y el expolio de los recursos naturales, necesita nuevas esferas y nichos de negocio, que está consiguiendo mediante la privatización de servicios públicos, convirtiendo los derechos humanos en mercancía. Y todo esto, además, con el apoyo y el aliento de unas instituciones europeas y unos gobiernos estatales a su servicio, que les ríen las gracias, que les hacen el juego sucio mediante "reformas estructurales" y "planes de ajuste", todos ellos al servicio de la oligarquía más parasitaria. Pero el ámbito europeo, como decíamos anteriormente, se apoya también en el ámbito transnacional. Y junto a esas políticas de austeridad, estamos ante una oleada de acuerdos comerciales (TTIP, TISA, CETA...) que son la propuesta capitalista para su salida a la crisis. Todos ellos van más allá de meros acuerdos comerciales, porque tratan de establecer nuevas normas que les permitan revertir los avances sociales y laborales conseguidos mediante años de lucha del movimiento obrero, nuevas normas que les permitan seguir aumentando beneficios, que les permitan eliminar obstáculos para continuar privatizando servicios públicos y aumentar la explotación del planeta. De esta forma, la actual arquitectura del comercio internacional fortalece y expande la arquitectura de la desigualdad. Continuaremos en siguientes entregas.

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25 septiembre 2019 3 25 /09 /septiembre /2019 23:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

Los nuevos socialdemócratas han tardado muy poco en revelarse como tales, a pesar de sus soflamas de hace no tantos años, cuando se iban a asaltar los cielos. Hoy dicen que “sólo desde el Gobierno se cambian las cosas” o que están en política “para entrar a gobernar, no para ser testimoniales”. Al final se han asaltado los despachos, los cielos siguen impolutos y los que manejan las riendas de la economía y la sociedad españolas siguen tan tranquilos

Astor García (Secretario General del PCTE)

En definitiva, el sistema ha absorbido como en otras tantas veces y no solo en España, a una izquierda que empezó revoltosa e irreverente, para terminar tan dócil y adaptada que es más necesario que nunca revolucionarla para que vuelva al pueblo del que se despegó y reanudemos juntos la tarea de construir una sociedad mejor

Ángel Cappa

No debemos temer decir la verdad ni explicar la necesidad de una alternativa socialista, democrática y verdaderamente humana; debemos confiar en que lo que hoy no saben ni conocen las amplias masas de la clase trabajadora, lo sabrán y conocerán mañana, y que por lo tanto nuestra autoridad se verá reforzada y ampliada cuando las masas educadas y convencidas por esa misma dura experiencia de la vida vean en nosotros haber sido consecuentes, sinceros, claros y faltos de doblez, porque nuestras ideas y alternativa habrán sido confirmadas por la experiencia

David Rey

Una izquierda sin complejos. Eso es exactamente lo que necesitamos. Una especie de Vox, pero de izquierdas. Está más que demostrado, por activa y por pasiva, que una domesticación de la izquierda nunca ha traído buenos logros. Más bien al contrario, al final únicamente ha servido para convertirse en segundona del social-liberalismo, que es hoy día el nudo gordiano de prácticamente todas las fuerzas políticas, el núcleo sobre el que giran las políticas mayoritarias, diríamos la práctica totalidad de ellas. La derecha lo tiene muy claro: no existen complejos. Ofrecen sus políticas, sus medidas y sus soluciones racistas, homófobas, capitalistas, incluso franquistas. No pasa nada. Levantan la voz y lanzan exabruptos que no se escuchaban desde los tiempos del dictador. Y mientras, la izquierda actual, la parlamentaria, intenta suavizar sus medidas, hacerlas más “razonables”, más moderadas, restarles radicalidad. Una aureola de miedo tilda las medidas de la izquierda, como intentando no molestar mucho al gran capital. Son tan ingenuos que no se percatan de que el gran capital va a intentar siempre que la verdadera izquierda no gobierne nuestro país, que es lo que lleva haciendo desde el franquismo. El discurso dominante para Cataluña no pasa de la cordialidad y las buenas intenciones, pero dentro del constitucionalismo. Tampoco se dan cuenta de que hay que romper con él para liberar a los pueblos que forman el Estado Español.

 

Viñeta: El Roto

A todo esto, Unidas Podemos se presentó en los debates electorales con un programa básico de “estricto cumplimiento” de los artículos constitucionales, y pretende realizarlo desde la subordinación al PSOE. Hemos entrado casi en una nueva etapa de conformismo, de aceptación de la realidad, de sumisión a los intereses del bipartidismo. La izquierda transformadora no puede nunca aceptar ese papel. ¿Dónde queda acabar con la precariedad laboral? ¿Dónde queda levantar una misma cifra digna para las pensiones mínimas, el SMI y la Renta Básica Universal? ¿Dónde queda la intervención pública de los grandes sectores estratégicos de nuestra economía? ¿Dónde queda la derogación de todo lo nocivo y tóxico que aprobó el PP de Rajoy? ¿Dónde queda el Parque Público de Vivienda Social y la intervención del mercado de los alquileres? ¿Dónde queda el repudio de la deuda pública y la creación de un polo de Banca Pública? ¿Dónde queda la intervención del mercado energético? ¿Dónde quedan las aspiraciones para establecer leyes transversales que luchen contra los efectos del cambio climático, derivando hacia nuevos modelos productivos y de consumo? ¿Dónde quedan las aspiraciones hacia una nueva política de fronteras? ¿Dónde quedan los avances para un verdadero feminismo anticapitalista? ¿Dónde quedan las aspiraciones para implantar la República, erradicar la Monarquía y alcanzar altas cotas de democracia plena? ¿Dónde queda nuestra lucha por la Verdad, Justicia y Reparación de nuestra Memoria Histórica? ¿Dónde quedan nuestras aspiraciones a plantear un Estado Federal Laico y Socialista?

 

En estas condiciones, no merece siquiera la pena votar a la izquierda. Si no tenemos en el arco electoral ninguna formación política sin complejos, que se atreva a plantear y a luchar por alcanzar estos ideales, es que no tenemos una verdadera izquierda. Podremos jugar con votos, con coaliciones, con Ministerios, con repartos de poder, con tibias y cobardes medidas, con pequeñas concesiones, pero no cambiaremos la vida de la gente. Al final, los grandes poderes económicos se encargarán de atarnos de pies y manos para que no podamos actuar. Y ello porque el sistema está perfectamente concebido, ideado y construido para que nada ni nadie pueda revertir su funcionamiento. El sistema dispone de todo un armazón político-jurídico-institucional, pensado y diseñado precisamente para que nada pueda destruirlo (fuerza del poder económico, leyes, decretos, normas institucionales, convenios internacionales, presencia en instituciones extranjeras, tratados comerciales…). Hay que ser realmente valiente para enfrentarse a todos ellos y conseguir cambiar de verdad, a fondo, radicalmente, el sistema. Sólo unos cuantos líderes mundiales lo han conseguido a lo largo de la Historia. Véase el caso del estrepitoso fracaso de la griega Syriza. Y aquí, las luchas del Movimiento 15-M han quedado absolutamente olvidadas. Sus reivindicaciones siguen vivas, siguen siendo necesarias, pero nadie les hace caso. Nadie las lleva al Parlamento, a no ser por mecanismos de peticiones ciudadanas, en base a una presión de la calle, cientos de miles de firmas, etc. Parece que ya no hay que luchar contra la “casta”, contra el “Régimen del 78”, contra la desigualdad, hacia la democracia plena, etc.

 

Viñeta: Kalvellido

Este proceso de dulcificación o suavización de las políticas de Unidas Podemos, y su acercamiento servil al PSOE, sólo nos conducirá al desastre (nos ha conducido ya, de hecho), ya que se deconfigura la imagen de un partido de izquierda verdaderamente radical, que nació como un referente de superación del sistema, así como del régimen del 78. Así no es posible levantar un modelo alternativo de sociedad, que sea ilusionante para millones de personas, y que no pierda de vista su vocación republicana, socialista e internacionalista. La opción de co-gobernar con una fuerza política que viene siendo el partido del régimen por excelencia, y que ha demostrado con creces alejarse sucesivamente de los planteamientos de las clases trabajadoras, no es precisamente la situación ideal para poder cambiar el sistema. Lo que una izquierda alternativa y sin complejos debe ofrecer es una alternativa real de gobierno, independientemente de que consiga más o menos escaños. No se trata de llegar rápidamente, ni de llegar masivamente, sino de llegar. Llegar de forma limpia, de forma ilusionante, de forma digna. Hay que hacer pedagogía para que las clases populares entiendan que en la senda del capitalismo jamás podremos arrancar al poder las conquistas que pretendemos. Y por tanto, sin poner las grandes palancas de la economía al servicio de la mayoría, mediante su transformación a propiedad social, no serán posibles ninguna de las demandas.

 

Los famosos “Ayuntamientos del cambio” han sido los espejos donde hemos podido mirarnos para contemplar los límites de esta izquierda, bajo un marco estatal encorsetado en el Régimen del 78. Ni se han convertido en instituciones laicas, ni han repudiado la deuda, ni han conseguido remunicipalizar los servicios públicos privatizados, ni han puesto fin a los desahucios, ni han conseguido la integración plena de los migrantes, ni han erradicado los pelotazos urbanísticos. Incluso unos planes mínimos de lucha contra la contaminación ambiental les han costado bastante trabajo de implementar, por la tremenda presión de la derecha y de los grupos de poder. El colmo de todos ellos fue el Ayuntamiento de Cádiz, donde su alcalde animó y declaró que lucharía para que los obreros de los Astilleros continuaran fabricando corbetas para la guerra. La decepción es profunda, enorme, colosal. La impotencia es bárbara. Así no se puede. Por supuesto, todo ello no quiere decir que no hayan gestionado mejor que la derecha los propios asuntos públicos, pero en el fondo, las grandes transformaciones, de nuevo, se han vuelto imposibles. Por todo ello, necesitamos una nueva izquierda refundada, bajo un programa de clase y socialista. Pero una verdadera izquierda, valiente y sin complejos, que vuelva a llamar a las cosas por su nombre, y que no se amilane ante los exabruptos y descalificaciones de la derecha.

 

Viñeta: JRMora

Hay que comenzar comprendiendo que los graves problemas sociales y democráticos que padecemos no poseen solución dentro de los límites del sistema. Bajo el capitalismo y el Régimen del 78, sus soluciones son absolutamente inviables. En el aparato del Estado (lo que ha sido llamado “las cloacas”) descansan los enormes privilegios de las castas militares, eclesiásticas, policiales, judiciales, y de la alta administración estatal, incluyendo por supuesto el pegamento que las une a todas, esto es, la Monarquía. La cuestión catalana sólo puede dirimirse aceptando el derecho a su autodeterminación, cosa que nunca aceptará la burguesía parasitaria. No será posible disfrutar de vivienda para todos, de ingresos para todos, de educación y sanidad para todos, de dependencia y de servicios sociales, de energía accesible y renovable, de transporte accesible y sostenible, de pensiones dignas, etc., mientras no implantemos un cierto grado de democracia económica, mediante la cual las clases trabajadoras puedan controlar las palancas económicas fundamentales. Es, sencillamente, imposible. O son imbéciles quienes lo proponen, o aún sabiéndolo, son embusteros, porque pretenden, simplemente, alcanzar el poder a toda costa. La cobardía no es una opción inteligente. Sólo un programa radical, valiente, integrador, será capaz de hacer frente a todas estas carencias. Incluso alcanzando el poder político, habrá que seguir siendo valiente para enfrentarse al poder económico que desplegará todos los medios a su alcance para impedirlo.

 

De ahí que nosotros continuamos preguntándonos: ¿dónde está la izquierda? ¿Es aquélla que calla cuando se reconoce a Juan Guaidó como Presidente “interino” de Venezuela? ¿Es aquélla que nos quiere hacer creer que Bruselas se quedará impasible viendo cómo llevamos a cabo las reformas anunciadas? ¿Es quizá la que aspira a co-gobernar con el PSOE? La verdadera izquierda no puede abandonar la visión integral de cambio estratégico para imbuirse en la filosofía del mal menor, o en cuotas de reparto equilibrado de poder. Desde la aparición del movimiento social del 15-M, ni una sola de las causas que se enarbolaban en sus pancartas y en sus asambleas abiertas ha sido alcanzada. Siguen presentes la democracia insuficiente, la corrupción, la precariedad, la pérdida de derechos, las privatizaciones…y sobre todo, sigue más presente que nunca el engaño que representa el PSOE, que se presenta como la pata izquierda del bipartidismo, precisamente para tomar el pelo a la clase trabajadora. Su función, desde la Transición hasta aquí, no ha sido otra que servir al régimen del 78 haciendo la función de partido “progresista” (¡hasta qué punto pueden las expresiones perder su significado!), para crear la ilusión de que existe oposición frente al PP (ahora también a C’s y a Vox).

 

Ante el renacimiento de la ultraderecha neofranquista, hay que volver a desempolvar los cimientos ideológicos de la izquierda, hoy día perdidos ante tanta confusión ideológica, patrocinada por los partidos “de izquierda” del Régimen, principalmente el PSOE. Hay que hacer pedagogía, y explicar a las clases populares y trabajadoras por qué estamos en esta situación, y qué hay que hacer para revertirla. Veamos:

 

1.- Lo primero que una izquierda sin complejos tiene que modificar es su propia actitud. Ello conlleva mostrar su propia firmeza y convicción en sus postulados, sus ideas, sus programas y sus propuestas. Y ello, a su vez, ha de reflejarse en la actitud de firmeza con que se plantean en entrevistas y tertulias. Ante el virulento ataque de los que mandan y no se presentan a las elecciones (los poderes económicos) y de sus palmeros mediáticos, los representantes políticos de una izquierda sin complejos deben manifestar sus planes de transformación de la sociedad sin miedos, sin ambages, sin titubeos y sin dudas. Han de mostrar sus objetivos y sus argumentos con plena rotundidad, absolutamente convencidos. Pero además, manifestar dichas ideas con coraje, con valentía, sin rodeos, con actitudes firmes, tajantes y comprometidas. Y además, cuanto más radical sea una determinada propuesta, más firmes y rotundos nos hemos de mostrar. En definitiva, no es sólo lo que comunicas, sino cómo lo comunicas. Los mensajes subliminales, el lenguaje no verbal y la contundencia son tan importantes como el mensaje en sí mismo. Hay que desterrar las actitudes tibias, cobardes, indecisas, porque entonces la fuerza del mensaje se escapa por estas vías, y se pierde credibilidad. Hemos de transmitir valentía en nuestras propuestas (“no solo te propongo esto, sino que me muestro con la suficiente valentía como para llevarlo a cabo”). Aprendamos de líderes como Fidel Castro o Hugo Chávez. En definitiva: no hay que ser moderados, sino radicales.

 

2.- En segundo lugar, necesitamos desmontar el famoso eslógan, tan falaz como políticamente correcto, del “gobernar para todos”. Esta expresión obvia la existencia de las propias clases sociales, y los intereses enfrentados de las mismas. Por tanto, una izquierda sin complejos no puede ir diciendo que “va a gobernar para todos”, sino declarando abiertamente que sus objetivos se centrarán en la mejora de las condiciones de vida de las clases más vulnerables, precarias y trabajadoras. Las demás clases no serán objetivo de nuestro gobierno. Por tanto, vamos a dejarnos ya de expresiones absurdas como que “vamos a gobernar para los que nos han votado y para los que no nos han votado”, y demás estupideces que intentan dar grandilocuencia a un discurso vacío de contenido. Simplemente, una izquierda sin complejos debe mostrarse adalid y punta de lanza del empoderamiento de los más débiles, porque los más fuertes ya tienen otras opciones a quienes votar.

 

Viñeta: Malagón

3.- En tercer lugar, necesitamos abandonar el lenguaje adaptado a las fuerzas políticas de la restauración borbónica, que se centra en la “moderación”. Una izquierda sin complejos no puede difundir el valor de la moderación, sino de la transformación. Una transformación profunda de la sociedad es justo lo contrario a la moderación, que se basa en la cautela, en la prevención, en alterar lo mínimo aquello que aspiramos a cambiar. La transformación, en cambio, es el valor supremo de la izquierda, y aspira a cambiar profundamente las estructuras sociales y económicas del país, a instalar un nuevo proyecto de país, de sociedad y de cultura. Bajo el paraguas de la “moderación” las cosas permanecen como están, la transformación es lo que consigue los verdaderos cambios.

 

4.- En cuarto lugar, hay que plantar batalla (continuando con las veleidades del lenguaje) a esa dichosa palabra tan manida como es “progresista”. Manuel Garí ha afirmado en este artículo para el medio Viento Sur sobre la expresión “Gobierno progresista”: “No hay palabras más ambiguas y polisémicas, más citadas e idealizadas que las de progreso y progresismo. Y por lo tanto más vacías”. En efecto, el “progresismo” es una muleta vacía a la que se agarra cualquiera que quiera sonar bien. Hasta el extinto partido de Rosa Díez, UPyD se llamaba “Unión, Progreso y Democracia”, cuando no creían en ninguna de las tres cosas, ni sabían lo que eran. El progresismo, como decimos, no es nada si no se le dota de un significado. Porque “progresar” progresan todas las sociedades, en el sentido en que cambian, evolucionan, pero ese progresismo es un valor neutro, porque se puede “progresar” para mejorar o para empeorar. El progreso es un valor que hasta los partidos más decadentes y reaccionarios utilizarán para venderse. Lo que hay que hacer es articular el contenido de dicho progreso, y describirlo, hacer pedagogía de él. Contarlo a la ciudadanía a las claras, sin tapujos, de forma sincera y argumentada.

 

Viñeta: Kalvellido

5.- En quinto lugar, necesitamos una extrema izquierda sin complejos, que pelee por un programa radical contra este Régimen y los capitalistas. Que defienda el derecho de autodeterminación, el fin de la Corona, de la impunidad, de las leyes liberticidas, la libertad de todos los presos políticos y encausados por luchar, el fin de todos los privilegios de la casta política, de la casta judicial patriarcal al servicio de la banca y la ofensiva represiva... y que combata por un programa que resuelva los grandes problemas sociales a costa de los beneficios y privilegios de los grandes capitalistas. Que luche por demandas como el reparto de horas de trabajo sin reducción salarial, la nacionalización bajo control obrero de las grandes empresas y la banca, la expropiación de todo el parque de viviendas en manos de la bancos y especuladores, el no pago de la deuda o los impuestos a las grandes fortunas para garantizar la financiación suficiente a los servicios públicos y pensiones dignas, entre otras medidas urgentes. Una izquierda sin complejos que vuelva a hablar de Procesos Constituyentes, de redistribución de la riqueza, de intervención pública en la economía, de derribar la Monarquía, y de un montón de asuntos que se venden como secundarios por la actual izquierda, pero que muy al contrario, son temas raíces de profundo calado. En estos asuntos también figuran los de ámbito internacional, ya que hay que reivindicar posturas muy diferentes con respecto a las que se tienen en relación a Cuba y Venezuela, Corea del Norte, Rusia, Israel, o el Sáhara Occidental, por mencionar los temas principales.

 

Pero no nos engañemos: además de las propias fuerzas políticas del Estado Español, hemos de librar otra dura batalla con la Unión Europea, porque ¿Alguien cree, a estas alturas, que se puede nacionalizar el sector eléctrico sin enfrentarse a la Comisión? ¿Alguien cree realmente que se puede intervenir el sector financiero y crear una banca pública con la aprobación de Bruselas? Una izquierda sin complejos ha de tener asumido el enfrentamiento con la UE y sus órganos de gobierno si pretende llevar a la práctica su programa. ¿Se puede hacer? Claro que sí, sólo se necesita la voluntad y la valentía política necesaria. ¿Acaso no ha retirado Donald Trump a su país de más de una docena de acuerdos mundiales que tenía suscritos? Lo que ocurre es que un programa de izquierda sin complejos, fundamentalmente radical, no solo necesita saber lo que hay que hacer, sino disponer de unos dirigentes con la valentía política necesaria para hacerlo.

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24 septiembre 2019 2 24 /09 /septiembre /2019 23:00
El Genocidio Palestino (I)

…despojados de sus tierras, expulsados de su propia patria, dispersados por el mundo, perseguidos y asesinados, los heroicos palestinos constituyen un ejemplo impresionante de abnegación y patriotismo, y son el símbolo vivo del crimen más grande de nuestra época

Fidel Castro (Fragmento de su discurso ante la Asamblea General de la ONU en 1979)

Comenzamos aquí una nueva serie de artículos. Es la primera serie que le dedicamos en este Blog a un conflicto internacional concreto, como es el existente, desde hace muchos años, entre Palestina e Israel. Una serie a la que tenía ya muchas ganas de dedicarme. Durante los próximos artículos iremos exponiendo muchos aspectos, de la mano de diversas fuentes, para que este conflicto llegue a mis lectores y lectoras con toda su crudeza, pero también con toda su justicia. Hablaremos, entre otros muchos asuntos, de la Declaración de Balfour, de la relación entre el sionismo y Gran Bretaña (el más firme aliado de los Estados Unidos en Europa), de la partición de Palestina, de la creación hace más de 70 años del Estado terrorista de Israel, del apartheid sionista, del lobby israelí estadounidense, de la relación entre el imperialismo y el sionismo, hablaremos sobre quiénes son los palestinos y de dónde vienen, recordaremos la figura del mítico Yaser Arafat, de la política criminal aplicada a Palestina por parte de Israel, de sus atrocidades, del sufrimiento de los palestinos, de su heroica resistencia, de la franja de Gaza, de la criminal complicidad de los medios de comunicación, de las campañas BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) contra Israel, de los pueblos palestinos borrados del mapa y reemplazados por ciudades judías, del incumplimiento sistemático de las Resoluciones de Naciones Unidas, del escandaloso silencio de la comunidad internacional, y de mil asuntos más que irán apareciendo durante nuestro recorrido. De entrada, hemos de afirmar que el llamado "conflicto palestino-israelí" es uno de los más complejos del panorama internacional, así como la principal clave de la inestabilidad política surgida en toda la región de Oriente Medio. Principalmente, la importancia de este conflicto tiene que ver con el interés geoestratégico de la zona para los países occidentales. Como sabemos, gran parte de las reservas petrolíferas del mundo se encuentran en dicha zona del planeta, a pesar de tratarse de un espacio de reducidas dimensiones. 

 

Bien, ¿cuál es el relato dominante en cuanto a este conflicto? El relato convencional, es decir, el surgido de los políticos y de los medios de comunicación dominantes en todo Occidente, nos presenta una posición, digamos, neutral. Es decir, nos presentan a dos países enfrentados, Israel y Palestina, cada uno con su supuesto "derecho a defenderse", sin más. No se entra a tomar partido directamente por una u otra opción. ¿Son realmente neutrales? Más bien parece que ante la indiferencia por la represión ejercida por Israel sobre Palestina (el fuerte reprime al débil), la supuesta "neutralidad" no es tal. Pero la pregunta es: ¿se puede realmente ser neutral? Se puede ser neutral ante dos pueblos que se enfrentan en condiciones de igualdad (nunca se debería ser neutral o indiferente ante cualquier guerra), pero como decimos, cuando existe un gigante opresor frente a un pequeño país acosado y oprimido...¿puede existir la neutralidad? Desde esta humilde tribuna afirmamos, sin más, que cualquier país que adopte esta actitud está adoptando una actitud miserable. Y lo peor es que, como decíamos más arriba, esta actitud miserable es adoptada por la inmensa mayoría de países del mundo. Frente a una Palestina cada vez más invadida, oprimida y acosada, Israel no deja de adquirir puestos avanzados a nivel mundial confirmando su peso económico y político, y siendo actor de primer orden, sobre todo para los Estados Unidos. La existencia de este conflicto se remonta al año 1948, por lo cual es quizá el único conflicto que se mantiene vivo desde mediados del siglo XX hasta nuestros días. Como describe Rana Zhran en su tesis doctoral de 2015 (Universidad de Málaga) relativa al tratamiento de los medios de comunicación sobre este conflicto: "La situación de la inestabilidad de la región árabe, derivada, como consecuencia inmediata, del conflicto palestino-israelí, está contribuyendo a la creación de un ambiente inadecuado e inestable en las relaciones entre los árabes-musulmanes y occidentales, alimentando el odio musulmán hacia los europeos y americanos, lo que empuja a los movimientos extremistas a perpetrar atentados terroristas en los países occidentales achacando a éstos el sufrimiento del pueblo palestino debido a sus políticas sesgadas a favor de los israelíes y dirigidas en contra de los derechos del pueblo palestino, y todo esto, ante la ausencia de un papel europeo en el proceso de paz y el papel sesgado de los Estados Unidos a favor de Israel en relación con todas las cuestiones pendientes entre palestinos e israelíes". 

 

En efecto, éste es básicamente el panorama. Y todo ello hace de este conflicto quizá el más vivo y activo del mundo. No hay semana donde no se nos ofrezcan nuevas noticias sobre ataques de Israel a Palestina, a sus zonas ocupadas, verdaderas masacres, y también las respuestas de los palestinos, que suelen ser en forma de cohetes lanzados al otro lado de la llamada Franja de Gaza. Precisamente durante estos días se han celebrado elecciones en Israel, pero no creemos que ningún nuevo Parlamento que salga de las mismas altere sustancialmente las coordenadas del conflicto. Intentemos situarnos en el más remoto origen histórico del conflicto, para intentar una línea de aproximación histórica lo más completa posible. Y entonces nos encontramos con la llamada "Declaración Balfour", entendida como la mecha que encendió el conflicto. Vamos a tomar como referencia para su exposición un artículo de Paul Delmonte, cuya lectura completa recomendamos, traducido por Susana Merino, y publicado en varias fuentes, como en UCR. Este profesor afirma que el conflicto que nos ocupa nació el 2 de noviembre de 1917 mediante esta declaración, mediante la cual "una nación (Reino Unido) ofreció solemnemente a otra (los judíos) el territorio de una tercera (los árabes de Palestina)". Son palabras textuales del escritor húngaro de origen judío y nacionalizado británico Arthur Koestler. En dicha fecha el Ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour dirigía una "carta de intención" al diputado conservador y banquero Lionel Walter Rostchild, amigo de Haïm Weizman, líder de la rama británica de la Organización Sionista Mundial (OSM) y futuro primer presidente de Israel, verdadero destinatario de la misiva. El 8 de noviembre la carta aparecerá en la prensa británica antes de entrar en la historia como la Declaración Balfour. Veamos un fragmento de la citada carta: "El Gobierno de Su Majestad ve favorablemente el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina y dedicará sus mayores esfuerzos para lograr este objetivo, quedando en claro que no se hará nada que pueda atentar contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías ni contra los derechos ni los estatutos políticos de los que gozan los judíos en cualquier otro país".

 

Hay que aclarar que con el término "colectividades no judías" la carta se refería a unos 700.000 árabes palestinos, musulmanes y cristianos, que entonces vivían en Palestina. ¿A qué se referían entonces cuando hablaban los británicos de "hogar nacional en Palestina"? Como Paul Delmonte nos explica, en esa época incluso en el seno del gobierno inglés por los representantes del establishment judío británico, especialmente Lord Edwin Samuel Montagu (1879-1924), Secretario de Estado en India, estaban en contra de los proyectos de Haïm Weizman y Lionel Walter Rostchild. Por entonces, los judíos hostiles al sionismo basaban su postura en consideraciones "prácticas": estrechez y pobreza del territorio, dificultades climáticas, el "problema árabe", etc. Se oponían también a la "teoría sionista de una nacionalidad [judía] sin patria, que tendría como consecuencia transformar a los judíos en extranjeros en sus países natales, y que pondría en peligro a los judíos en los países donde habían obtenido igualdad". Teoría que, finalmente, "comprometería a los judíos palestinos --unos 60.000 entonces-- en luchas mortales con sus vecinos de otras razas". El asunto, por tanto, no estaba claro. Hay que añadir que mucho tiempo antes, desde mediados del siglo XIX, ya era difundido el sueño de "un derecho al regreso luego de 2000 años de ausencia" de los judíos desperdigados por todo el mundo, difundido por parte de la civilización judeocristiana. Después de la Declaración Balfour, Londres se transformó en el centro del movimiento sionista mundial. En aquél tiempo tanto Alemania como Inglaterra cortejaban a las diferentes ramas del movimiento sionista, incluidas las comunidades judías estadounidenses. Y aunque sea un hecho poco conocido, el 4 de junio de 1917 existió también la llamada "Declaración Cambon", es decir, una carta del Secretario General del Ministerio de Relaciones Exteriores francés, Jules Cambon, dirigida al líder sionista Nahum Sokolow, a quien le manifestaba el apoyo oficial de París al proyecto sionista, lo que de hecho precipitó la Declaración Balfour.

 

¿Pero cuáles fueron los motivos para estas actitudes, para estos cálculos políticos? Pues mencionada de manera más recurrente, la idea de frenar la radicalización de la Revolución Rusa, muchos de cuyos dirigentes eran de origen judío, e impedir la deserción de Rusia en el frente oriental europeo, es más que probable que pesara bastante en las consideraciones e intereses británicos. En 1930, Winston Churchill recordaba que no se debía considerar la Declaración "una promesa realizada por motivos sentimentales [sino que] se trataba de una medida práctica tomada en interés de una causa común", a saber, que el movimiento sionista "en ningún lugar era más visible que en EE.UU." y que "sus talentosos dirigentes y sus múltiples ramificaciones" ejercían una "apreciable influencia" sobre la opinión pública estadounidense. Churchill manifestaba un hecho, como era que el peso indiscutible que había adquirido el movimiento sionista en el aliado estadounidense había crecido inusitadamente hasta la Primera Gran Guerra, y mucho más después. La intención de precipitar la entrada de Estados Unidos en la I Guerra Mundial (1918) constituyó, efectivamente, otro motivo más para la Declaración Balfour, ya que se suponía que la promesa de aquél "hogar nacional judío" ayudaría a tomar la decisión al Presidente estadounidense Wilson. Igualmente, la Organización Mundial Sionista (OMS) se había acercado también al Foreign Office (Departamento estadounidense de asuntos exteriores) valiéndose de su capacidad de influencia sobre las autoridades estadounidenses, para presionarlas a entrar en guerra en el caso de que los británicos les garantizaran Palestina. Toda una maraña de intereses cruzados se dieron antes y después de la Declaración, que constituyó el hito fundamental. No obstante, el apoyo más incondicional por parte estadounidense al Estado de Israel no ocurre hasta la década de 1960, y especialmente luego de la guerra de junio de 1967, fuente del nuevo dibujo de las supuestas fronteras entre Israel y Palestina, de lo que en su momento daremos cuenta. Continuaremos en siguientes entregas.

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