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29 agosto 2019 4 29 /08 /agosto /2019 23:00
Imagen: Portada del Monográfico sobre Corrupcion del medio ALAINET 531 (Marzo 2018)

Imagen: Portada del Monográfico sobre Corrupcion del medio ALAINET 531 (Marzo 2018)

La corrupción pone en peligro los valores mismos del sistema: la democracia es herida en el corazón; la corrupción sustituye el interés público por el privado, mina los fundamentos del Estado de Derecho, niega los principios de igualdad y de transparencia favoreciendo el acceso privilegiado y secreto de ciertos agentes a los recursos públicos

Yves Mény y Donatella Della Porta

En su sentido más amplio, la corrupción podría referirse a las estrategias privadas que subvierten los intereses colectivos de determinadas comunidades, pero en nuestros tiempos, está claro que la corrupción es funcional al capitalismo, y ello directamente se traduce en que la corrupción siempre despunta cuando existe una gran concentración de poder, por ello la democracia es la mejor solución para la corrupción. O si se quiere, la corrupción es el peor enemigo de la democracia. La intensión de la competencia bajo el capitalismo conduce a la multiplicación de prácticas espurias, que básicamente inducen a la subordinación de los intereses colectivos de la sociedad a los del capital. Lo que Silvina M. Romano ha llamado "empresarialización del Estado" consiste en permitir todo ello, desde una leyenda falaz de eficiencia de los recursos públicos, tomando como referentes los privados. De esta forma, el Estado se pone al servicio tanto de la vieja oligarquía como de los nuevos empresarios al uso, adoptando sus formas, sus métodos, sus procedimientos y sus objetivos. Abundan los símiles que nos indican erróneamente que hay que tratar al Estado (contable y financieramente) como si se tratara de una familia, cuando evidentemente hay muchas diferencias de rigor entre una entidad y otra. Por su parte, otro elemento que se está desarrollando últimamente como un entramado propicio para la corrupción es el propio sistema judicial, que consiste básicamente en organizar un sistema no orientado a la justicia, sino al ataque hacia los adversarios políticos utilizando a la justicia como un medio, una herramienta, un instrumento al servicio de la lucha política. Varios ingredientes confluyen en este diseño: se apresuran sus expedientes frente a otros casos, no se toman en cuenta las pruebas (normalmente hay ausencia de pruebas), y además se apoya en una campaña mediática de desprestigio hacia dicho adversario. Esta práctica judicial corrupta lleva ocurriendo sobre todo en América Latina durante los últimos años (Brasil, Argentina, etc.). 

 

Naciones Unidas ha calculado que por delitos de corrupción se pierden 2,6 billones de dólares cada año, lo que equivale a más del 5% del PIB mundial, recursos que bien podrían destinarse a financiar los programas sociales necesarios para atender a las necesidades más apremiantes de las mayorías sociales a nivel mundial. Una prueba más de que la arquitectura de la desigualdad está fuertemente organizada y proyectada. No es casual, no es natural, no es inherente a la naturaleza humana, es inherente a este capitalismo desbocado e irracional. Hemos atravesado una peligrosa frontera donde el Estado se ha convertido en un botín para el asalto de los indecentes empresarios que ávidos de ganancias no se detienen ante nada. Hemos pasado de modelos de sociedad rentistas a un modelo de sociedad del despojo. El tamaño del botín público saqueado y la internacionalización del "negocio" han adquirido volúmenes espantosos, dimensiones gigantescas. Y por su parte, los medios de comunicación a lo más que llegan es a denunciar expresamente los hechos corruptos y sus consecuencias, pero nunca a cuestionarse sus verdaderas causas, porque eso, como estamos viendo, sería casi tanto como cuestionarse el propio sistema capitalista. Y en cuanto a las medidas y recetas para acabar con la corrupción, lo que suelen hacer los medios y los dirigentes políticos y empresariales (¡cuánta hipocresía!) es limitarse a proponer una serie de parches muy generalistas, sin la trascendencia suficiente como para acabar con el triste fenómeno. Además, con el añadido de que no suelen llevarse a la práctica, con lo cual la decepción de las clases populares con respecto a la corrupción va en aumento. La arquitectura de la desigualdad se ataja con medidas firmes, valientes y decididas (más abajo indicaremos algunas de las propuestas por los investigadores de OMAL), no con parches indicados para cuando tenemos una simple herida. La herida que provoca la desigualdad es amplia, sangrante, hiriente, y su erradicación ha de ser necesariamente tomada desde la valentía y la seguridad de unos objetivos certeros. 

 

Pero la corrupción no consiste únicamente en acabar con estas prácticas. También afecta a la actividad (y a la misma existencia) de todo tipo de foros, think tanks, organismos y organizaciones que a nivel mundial adquieren un protagonismo inusitado, y que por supuesto suponen enormes escaparates para que estas prácticas se legitimen y se extiendan. Un buen ejemplo de esto es el famoso "Foro de Davos". En este artículo de TNI se explica perfectamente la verdadera esencia de dicho foro. Lo resumiremos a continuación: este Foro Económico Mundial se celebra anualmente, y según propia declaración, su misión consiste en "mejorar el estado del mundo", cuando en realidad es un encuentro de las élites para continuar diseñando estrategias de saqueo y manipulación. La radiografía de sus asistentes ya dice mucho al respecto: se halla dominado por hombres blancos (83%), procedentes fundamentalmente de Europa y Estados Unidos (75%). No parece que sea una radiografía muy democrática. Por otra parte, su base de miembros permanentes la conforman exclusivamente 1.000 de las mayores empresas del mundo, la mayor parte de las cuales contabilizan una facturación anual de más de 5.000 millones de dólares. ¿Puede ser un foro de estas características realmente representativo y responsable ante la sociedad? ¿No es el propio poderío del foro un despliegue de corrupción en sí mismo? No es el único caso: en este otro artículo de nuestro Blog presentamos una radiografía del Club Bildelberg, otro de los selectos "clubs" de magnates mundiales. Solo uno de los 24 integrantes de la Junta Directiva del Foro de Davos puede decirse que representa a la sociedad civil (concretamente, a la Cruz Roja). En la junta no participa ningún representante de sindicatos, entidades del sector público, grupos de derechos humanos, organizaciones campesinas o indígenas, estudiantes o jóvenes. La pregunta es: ¿Qué tipo de mundo pueden diseñar estos personajes que se reúnen en Davos anualmente? ¿Existe pluralidad ideológica entre ellos? Varios de los representantes de la junta directiva de Davos lo son también de grandes corporaciones con un largo historial de abusos laborales, sociales y ambientales, lo cual está dejando claro los intereses que se mueven allí. 

 

De cara a servir de muestra para la arquitectura de la desigualdad, citaremos un solo ejemplo del personal que forma parte de la junta directiva de Davos: Mukhesh Ambani, Presidente de Reliance Industries, es conocido por ser el hombre más rico de la India. Posee una casa valorada en 1.000 millones de dólares, con 27 pisos, para una familia de 6 personas, en un país en que el 40% de los niños y niñas padecen desnutrición. ¿Qué tipo de mundo puede desear diseñar este personaje? Sin embargo, al Foro de Davos le gusta presentarse como un actor preocupado por la situación mundial, consternado por la irracional, creciente y disparada desigualdad, y comprometido con la construcción de una globalización progresiva. Si no fuera porque es tan grave y patético, podría darnos un ataque de risa. ¿Alguien tiene dudas sobre los intereses que representan los que acuden al Foro de Davos? Susan George, veterana activista reconocida internacionalmente, y una de las pensadoras más lúcidas y capaces, ha llamado a estas élites "la clase de Davos", una clase de "individuos resueltos, poderosos y educados, que pese a los agradables modales y la bien entallada ropa de sus miembros, es depredadora". El verdadero problema no está en que esta "clase de Davos" tenga ocasión de reunirse y elaborar sus estrategias (faltaría más, no queremos coartar la libertad de nadie), sino más bien en su poder para impulsar agendas globales que sirven en gran medida a sus propios intereses económicos y que inciden de forma desproporcionada en los sectores pobres, sin ningún tipo de responsabilidad democrática. ¿No es quizá ésta la mayor forma de corrupción? En definitiva, la Junta Directiva del Foro Económico Mundial de Davos refleja, en cierto sentido, una idea de cómo desea que funcione el mundo, un mundo dirigido por un pequeño grupo de directivos empresariales, hombres en su mayoría, con la misma educación y visión ideológica, y con la comparsa de diversos actores no empresariales para dar a sus acciones un barniz de legitimidad. Davos y otros foros por el estilo representan la corrupción en sí misma, son la expresión de la corrupción al más alto nivel, y representan una visión del mundo corrupto que hemos diseñado. 

 

Desde OMAL (Observatorio para América Latina), hacen una serie de propuestas de control ante estos hechos que permiten, fomentan y propician la corrupción: prohibir la circulación sin obstáculos de altos cargos y representantes políticos entre el sector público y el privado (lo que hemos denominado las "puertas giratorias"), la cooptación del proceso decisorio de las políticas públicas, el soborno y otras prácticas corruptas. Por otra parte, se vuelve imperioso obligar a gobiernos y parlamentos a someter a consultas con las empresas, grupos de presión (lobbies), movimientos sociales, sindicatos, ONG y pueblos autóctonos (el conjunto de la ciudadanía), entre otros actores, la toma de decisiones que afecten a sus intereses: o dicho de otra forma, más resumidamente, aumentar la democracia, alcanzar un sistema de democracia plena. Así mismo, es imprescindible regular el complejo entramado de bancos, empresas, grupos de inversores, agencias, consultoras, comisionistas y demás actores que operan en los mercados financieros. Poner orden en todo este entramado resulta fundamental para canalizar los procesos, y evitar que no degeneren en medios y formas corruptas. Y finalmente, aprobar normas sobre la transparencia de las prácticas financieras, el flujo y control de capitales y de los servicios financieros, el control de los fondos de inversión (hedge funds), el control de los llamados "fondos buitre", el fraude y la elusión fiscal, las agencias de calificación, la retribución de los altos directivos de las compañías, y el secreto bancario, así como la aplicación de sanciones a los flujos ilícitos de capital. Todo ello puede conseguirse, como siempre afirmamos, pero tenemos que disponer de un ingrediente fundamental: la voluntad política, manifestada en la valentía de los gobernantes para acabar y erradicar con cualesquiera entidades, procesos o prácticas corruptas que puedan contribuir a la opacidad de los intercambios y a los ilícitos fraudulentos. La corrupción es otro gran pilar donde se asienta la arquitectura social de la desigualdad. Un pilar profundo, extenso, y con mil recovecos donde actuar. Finalizamos aquí este octavo bloque temático, y continuaremos con el noveno a partir de la próxima entrega.

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27 agosto 2019 2 27 /08 /agosto /2019 23:00
Viñeta: Kalvellido

Viñeta: Kalvellido

Desde su torre de marfil de puertas cerradas y de lugares exclusivos el continente europeo contempla, impávido, los tropiezos, los ahogos, los secuestros, los traumas que su insolidaridad genera. Y aguarda a los supervivientes para sortear entre ellos trabajo precario y semiesclavo. Escribió John Berger que aceptar la desigualdad como algo natural nos convierte en seres fragmentados. Los principios de la Europa nacida tras la segunda guerra mundial se caen a trozos, con los derechos humanos resquebrajados

Olga Rodríguez

Nos centrábamos al final del último artículo sobre el planteamiento estadounidense, recrudecido bajo este Trumpismo ultra que desde 2016 padecen. Desde entonces, los migrantes se han convertido para su sociedad en la plaga de todos los males, usados como "chivos expiatorios", especialmente los indocumentados, tachados de criminales, salvajes, corruptos, drogadictos, delincuentes, violadores, narcotraficantes.... Trump prometió expulsar y deportar a más de 11 millones de migrantes mexicanos, centroamericanos y latinos, y a ello se ha puesto con todo su fervor racista. Pretende construir un muro fronterizo de 3.145 km. financiado por el gobierno mexicano, y prohibir la entrada de migrantes musulmanes, alegando razones de terrorismo. Así mismo, su programa social y laboral es xenófobo, de limpieza étnica y alimentador de las discriminaciones y hostigamientos internos para las minorías de su país. Y como señala Miguel Ángel Adame Cerón en su artículo de referencia que seguimos, es también abono para las mafias y bandas criminales, a las cuales quiere trasladar a sus patios traseros, ya que con las repatriaciones masivas (2 ó 3 millones de "criminales", como los ha denominado con la agresiva verborrea que le caracteriza), los verdaderos delincuentes y narcotraficantes (no sólo de México sino de Centroamérica y de toda América Latina) se nutrirán de esos repatriados, expoliándolos y saqueándolos aún más, contribuyendo a la diabólica espiral que los conduce a migrar. Pero...¿qué se puede esperar de un personaje carente de la más mínima ética, insolente, ignorante, cruel y despiadado, que además no muestra respeto por el resto de países ni por los acuerdos internacionales que su propios país suscribe? Trump representa la avanzadilla del más agresivo proyecto capitalista de destrucción de la humanidad. Trump no sólo se ha revelado como el mejor aliado del sionismo del Estado israelí, sino que alienta y alimenta con apoyo logístico, político y diplomático la agresividad de dicho Estado contra todos los demás países y pueblos árabes de la región (en especial Palestina), fomentando la escalada de violencia en dicha zona geoestratégica. 

 

Ni qué decir tiene que el racismo y la xenofobia más profundos e intolerantes están también en la raíz de los diversos atentados y matanzas masivas que ocurren muy frecuentemente en USA. Los criminales atentan "contra la invasión de hispanos" (como dejó escrito en su manifiesto Patrick Crusius, asesino de El Paso, Texas), o de cualquier otra raza, y por supuesto, tienen como aliado una sociedad descompuesta, perversa y con gran tolerancia social hacia el fenómeno de la posesión privada de armas de fuego.  Crusius dejó dicho: "Estoy simplemente defendiendo a mi país contra el reemplazo cultural y étnico provocado por una invasión". No obstante, y por otra parte, razones laborales explican también la enorme presencia de mano de obra barata en USA, procedente de estos países de origen. Lo explica perfectamente Marcelo Colussi en este artículo para el digital Rebelion, del cual extraigo los siguientes párrafos: "La economía del imperio conoce a la perfección ese carácter "ilegal" (en términos administrativos) de buena parte de la masa trabajadora, y se aprovecha. Siempre ha habido persecución de los inmigrantes irregulares, con lo que se consuma un descarado chantaje: esos trabajadores, huyendo de sus países de origen por las precarias condiciones socio-económicas en que sobreviven, son aprovechados por el capital norteamericano para, chantaje mediante, pagarle sueldos muy bajos en relación a la media estadounidense. Pero pese a que esos ingresos son bajos en términos comparativos, para los latinoamericanos llegados a aquél país, tales salarios representan "una salvación". Aún viviendo en condiciones indignas, se permiten ahorrar y enviar remesas a sus familiares en América Latina y el Caribe, con lo que se atenúa un poco la grave situación en los países expulsores. Todo el mundo sabe esto: autoridades estadounidenses y latinoamericanas. Pero éstas últimas prefieren ignorar las condiciones paupérrimas y de sobreexplotación de esa masa de gente, y más aún, el calvario que deben atravesar para llegar a suelo norteamericano, por cuanto esos dólares enviados a su territorio ayudan a soportar mejor la pobreza local. De hecho, en muchos países de la región, las remesas representan entre un 15% y un 20% del PIB, llegando en algunos casos hasta un tercio de su economía global. Sin dudas, ningún gobierno de la zona desea perder esa suerte de subsisio; de ahí su silencio cómplice con la desdicha de sus conciudadanos". Bien, ¿cómo podríamos llamar entonces a esta política de fronteras? ¿Cínica, explotadora, perversa? ¿Política de fronteras por clases sociales? ¿Política de inmigración rentista? El caso es que todos los nombres que pensemos se quedarán insuficientes para definir tal desaguisado.

 

Además, por su baja formación y cualificación, los migrantes acceden a puestos laborales muy generalizados, tales como asistentes para cuidar a enfermos, preparadores de comida, asistentas del hogar, conserjes para edificios comerciales, etc., por lo que el aprovechamiento y explotación despiadada de inmigrantes hispanos está asegurado. Bien, pues a pesar de todo ello, aún se vierte el indecente discurso que versa sobre los "migrantes que roban puestos de trabajo". Mucho doble rasero, mucho cinismo y mucho oportunismo es lo que hay detrás de todas esas consignas. Pero no obstante todo ello, el racismo y la xenofobia extremos se dan especialmente en dicho país. El llamamiento a levantar muros en las fronteras se fundamenta en un racismo visceral que atraviesa buena parte de la cultura media estadounidense, de la cual Trump es un claro exponente. Un país fundado sobre los rescoldos del miedo no puede dejar de mostrar manifestaciones de este tipo. En última instancia, se cumple buena parte del discurso de Karl Marx, al hablar del "ejército de reserva industrial" (refiriéndose a los desempleados del mundo para el capital a nivel global). En efecto, una buena masa de desocupados/desesperados provenientes de países empobrecidos sirve de forma ideal para ser chantajeada en suelo norteamericano, amenazándola además con el fantasma de la deportación. Ellos, que levantaron sus fronteras con el aniquilamiento de millones de indios nativos americanos, ahora se aprovechan por una parte, y por otra parte tratan con la punta del pie a los migrantes que intentan alcanzar sus tierras para poder desarrollar un proyecto de vida digno. Estados Unidos viola en este sentido dos principios éticos de la sociedad mundial, tales como la hospitalidad y el respeto a los derechos humanos. Y ello en un país que casi es una teocracia, a tenor de las proclamas religiosas que alude, y del sentido de "nación predestinada" que ellos mismos afirman. La realidad es bien distinta: la violencia y la xenofobia son elementos fundacionales de los Estados Unidos, tal como afirma el periodista Fernando A. Torres en este artículo para el digital Rebelion, que seguimos a continuación

 

USA constituye un modelo de sociedad donde se glorifica y venera la violencia, la posesión de armas de fuego, y el rechazo y odio al inmigrante. Y lo que tenemos que hacer es denunciarlo desde todas las tribunas posibles, en vez de continuar siendo cómplices de tan malvado silencio. Diariamente la furia de la supremacía blanca se ceba contra miles de migrantes, incluso contra su propia población afroamericana, a la que por supuesto consideran inferiores. Toda una política de fronteras al servicio de la retórica del odio se manifiesta continuamente y en todas las instancias. Y es que la xenofobia racista y la violencia, como más arriba hemos afirmado, son los pilares fundamentales, los mimbres principales con los que se construyó dicho país. El robo, expolio, rapiña y saqueo de territorios, los engaños, el incumplimiento de tratados, la explotación ilegal de recursos naturales en tierras indígenas y las masacres contra las tribus indígenas de América del Norte continuaron hasta el presente siglo, desde las postrimerías del siglo XVII. Si esto es lo que han practicado desde su fundación, es lógico pensar que la violencia es parte integrante de su sociedad. Una sociedad que no solo guerrea en el exterior, sino que mantiene un clima de hostilidad y violencia en su interior. Una sociedad que bulle continuamente por buscar su supervivencia, desde los parámetros del terror, del hostigamiento y del uso de armas. La violencia es para USA folklore, cultura y entretenimiento. Las armas se regalan a los adolescentes para sus cumpleaños. Existen allí muchas personas que poseen auténticos arsenales. Pero a Trump sólo se le ocurre decir que "quien aprieta el gatillo es una persona", intentando disculpar esta enloquecida posesión privada de armas de fuego. En Estados Unidos existe violencia de todo tipo: verbal, física, doméstica, en los colegios, en las computadoras, en las carreteras, en los juicios, en el mercado, en los precios, en los discursos políticos, en la bolsa, en Wall Street, en los debates políticos...Violencia por todo y para todo, violencia en todas partes y para todas las circunstancias. ¿No se han dado cuenta de que los presidentes estadounidenses son los únicos que hablan a la presa vociferando? La violencia interna y externa es su sello de identidad, personal y social. Hoy día, son el pueblo que más y mejor se identifica con la violencia de todo el planeta. 

 

La violencia es parte de su propia cultura popular. Y además se trata de una violencia amnésica, una violencia que se olvida rápidamente, lo que da idea de la falta de responsabilidad de un modelo de sociedad como la estadounidense. Sus veteranos de guerra se estiman en casi 20 millones de ciudadanos, una cifra impensable en cualquier otro país del mundo. Muchos de ellos regresan de la violencia de las guerras donde han participado a insertarse en la violencia de la sociedad. Es decir, vuelven de una guerra y se encuentran con otra. Diversas películas han mostrado este escenario social. Con variados traumas mentales y viviendo en condiciones paupérrimas, estos veteranos representan también un foco en ebullición. Y lógicamente, todas estas violencias se trasladan a los refugiados, indocumentados, solicitantes de asilo, incluso inmigrantes legales. Y en el epicentro de todo este modelo social desquiciado, por supuesto, las armas. Armas en las viviendas, armas en las tiendas, en la calle, armas en las películas y en las series de televisión, armas en los videojuegos, y armas en los escenarios del crimen real. El poderoso lobby de las armas (Asociación Nacional del Rifle) no ha querido jamás reconocerlo, pero se está generando una adicción descontrolada. Se argumentan cosas tan aberrantes como que "sólo las armas pueden detener a las armas, que a un insano con pistola lo detiene un sano con pistola, que el arma de fuego no mata, que el que está detrás del gatillo es el matador, o que para detener las masacres en las escuelas hay que armar a los profesores y al resto del personal escolar" (Fernando A. Torres). Lo raro, dado este panorama, sería que este país que estamos dibujando a grandes rasgos, tratara y acogiera bien a sus refugiados. Lo extraño sería un comportamiento civilizado, correcto, amable y cordial a las personas necesitadas que vienen de otros países. Todo ello sería lo raro. Una sociedad violenta expande su carácter violento a todas las capas y esferas, a todas las instancias, a todas las instituciones, a todas las actividades. Cuando la violencia está a flor de piel, no se puede esperar otra cosa que violencia. La peligrosa industria de las armas de fuego, más poderosa en Estados Unidos que en ningún otro lugar del mundo, financia campañas basadas en el miedo, en una supuesta necesidad de protección, en la desconfianza, en el terror. Se inventan presuntos ataques al llamado "estilo de vida estadounidense", por parte de ciertos "envidiosos". Se infunde que el resto del planeta los quiere atacar, los quiere derrotar, los quiere exterminar, porque el resto del planeta quisiéramos tener lo que ellos tienen. Ilusión y fantasía al servicio de la violencia. Continuaremos en siguientes entregas.

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25 agosto 2019 7 25 /08 /agosto /2019 23:00
Imagen: CCO / Pixabay

Imagen: CCO / Pixabay

Al cambiar el tiempo, hacemos que cada punto de la tierra esté hecho por el hombre y sea artificial. Hemos privado a la naturaleza de su independencia, lo cual es fatal para su sentido. La independencia de la naturaleza es su sentido, y sin él no quedamos nada más que nosotros

Bill McKibben (“The End of Nature”)

Diríase, más bien, que hemos creado con el tiempo una especie de fobia a todo aquéllo que sea naturaleza, y que nos encontramos a gusto únicamente en ambientes creados por humanos. Por ejemplo, en las ciudades se dan luchas sin cuartel contra la existencia y la vida de determinados animales (las palomas, por ejemplo), incluso frente a la existencia de animales domésticos, a los cuales se les prohíbe la entrada a medios de transporte, a las playas, a los parques públicos. Pareciera que únicamente nos interesa lo natural (animales, ríos, bosques, etc.) para expoliarlo, para saquearlo, y para conseguir ese ansiado y demencial "crecimiento económico", el verdadero cáncer de nuestro sistema. Debemos asumir, ya lo hemos dicho, el paradigma decrecentista. La opción del decrecimiento es ya una necesidad imperiosa. Insistiremos un poco más en ello. En un artículo para el medio "El Salmón Contracorriente", el Profesor Luis Prádanos establece unas premisas de partida para poder comprender la necesidad decrecentista. Lo expongo en sus propios términos: "Asumamos por un momento que todas las personas estamos de acuerdo con tres premisas básicas: 1.- La biosfera contiene todos los sistemas vivos del planeta. 2.- Los humanos son una de las múltiples especies contenidas por la biosfera y dependientes de su adecuado funcionamiento. 3.- Un sistema económico es (o debería ser) un instrumento que los humanos emplean para organizar sus sociedades de manera funcional". A tenor de todo ello, Prádanos concluye: "Si nos basamos en dichas premisas resulta obvio que la economía es un subsistema de la biosfera y no al revés. La economía convencional es disfuncional porque asume que los ecosistemas y las sociedades deben adaptarse a la economía de mercado. En cambio, si comenzáramos a organizar nuestras prioridades según la realidad biofísica, en vez de hacerlo según las demandas del mercado, quedaría claro que nuestro sistema económico dominante es absurdo, dado que destruye los ecosistemas que son la fuente de su riqueza". Y efectivamente, los destruye. Veáse la situación actual de la Amazonía, con extensos y agresivos incendios, incontrolables por el ser humano, que devastarán toda la zona más tarde o más temprano, eliminando quizá el mayor pulmón del planeta. ¿Están realmente las élites sociales, políticas y económicas de acuerdo con estas premisas? 

 

Pues parece que no. Estas ignorantes y peligrosas élites consideran que el ser humano está por encima de todo, de la biosfera y de cualquier ecosistema que nos albergue. Para ellos/as el ser humano es lo más, siempre tendrá recursos para todo, siempre seremos capaces de solucionar cualquier situación límite que provoquemos. No ha lugar, por tanto, para un razonamiento serio, científico y responsable con las élites que nos gobiernan. Desacreditan no sólo a los líderes de los movimientos decrecentistas, sino incluso a los científicos que exponen las razones empíricas que demuestran el camino suicida que llevamos. Con total temeridad, mandan al cuerno las leyes de la Termodinámica, e incluso volverían a mandar a la hoguera a Galileo si se atreviera a discutir que la Tierra no es redonda. Es tal la ceguera y la ignorancia que dispensan que están a años luz de comprender, asimilar y actuar de acuerdo a un discurso y a una necesidad decrecentista. Seguiremos a continuación los argumentos de José Alberto Cuesta Martínez, en entrevistas concedidas a El Viejo Topo, entrevistado por Salvador López Arnal, y disponible en línea desde la web del digital Rebelion. Bien, el Profesor Cuesta Martínez define en dicha entrevista de este modo el decrecimiento: "Decrecer significa que, una vez constatado que nuestro consumo y nuestras emisiones de residuos han superado la capacidad de carga del planeta, las poblaciones opulentas han de reducir su consumo para permitir una vida digna a las poblaciones empobrecidas y garantizar la sostenibilidad ambiental, y poner freno al calentamiento global. Significa producir y consumir menos, pero no en todos los lugares ni en todos los sectores de la producción. Será necesaria una drástica reducción de la producción industrial, del transporte y del turismo. Pero habrá que tratar de mantener la producción de alimentos que, con menor energía fósil requerirán de más trabajo humano, al igual que otros servicios menos intensivos en energía como la educación o los cuidados". La aspiración al crecimiento continuo es absolutamente inviable en el tiempo, y contradecirlo asegurando una mínima sostenibilidad a los recursos del planeta es, simplemente, tomar el pelo a la gente. Las clases dirigentes no quieren enfrentarse a la idea de que el capitalismo es una quimera, desde su atalaya de recetas neoliberales. En cualquier caso, las leyes biofísicas se encargarán de hacérselo ver, lo malo es que pagaremos el pato toda la humanidad.

 

Cuando los recursos comiencen a escasear y la capacidad extractivista se vea limitada, comenzará una época de ecofascismo, es decir, de rapiña y acaparamiento por la fuerza de todas las fuentes de energía y materias primas de que sean capaces los más poderosos, y las élites a las que representan. La supervivencia de un contingente importante de personas, en todos los países del globo (sobre todo en los más débiles y desfavorecidos), en un contexto cercano de mengua de recursos (el abismo civilizatorio del que hablamos) materiales y energéticos, causará incluso un mayor caos que la escasez en sí de dichos recursos. ¿Seremos capaces entonces de practicar lo que no hemos practicado durante los últimos tres siglos, a saber, el reparto y la redistribución justa de la riqueza? Permítanme mis lectores y lectoras que lo dude. Porque, entre otras cosas, ya no estaremos hablando de los millones de hambrientos del mundo, en comparación a los pocos milmillonarios que poseen enormes fortunas, sino en que ni incluso dichas élites podrán continuar disfrutando de su ritmo de vida, frenético y despilfarrador. Está demostrado que ya necesitamos 1,7 planetas para mantener nuestro ritmo de producción y consumo, así como para emitir nuestros residuos. Incluso un crecimiento estacionario tampoco sería ya hoy sostenible. ¿Nos imaginamos por ejemplo crecer cada año al 3%? Bueno, pues eso significaría multiplicar nuestro consumo por 2 en 24 años, por 4 en 48 años, por 8 en 72 años...¿seguimos? Pensemos en consumo de agua, de minerales, de metales, de materias primas, de semillas...Absolutamente inviable. La huella ecológica ha sido superada ya con creces, y tendremos que acostumbrarnos a vivir en un solo planeta. Y si algún iluso/a piensa por ejemplo en establecernos en Marte, le informaremos que la atmósfera de Marte contiene un 95% de CO2. Una cosa es el afán científico-tecnológico humano para conducirnos al descubrimiento de otros planetas, algo muy loable, y otra cosa es imaginarnos que podemos romper, precisamente, con esas mismas leyes de la ciencia que nos están permitiendo descubrir esos otros mundos, y vivir ajenos a ellas, algo absolutamente imbécil. 

 

El ya famoso y tan cacareado "crecimiento sostenible" es una contradicción en sí mismo. Si hay crecimiento económico, de seguro será insostenible. Y si alcanzamos la sostenibilidad, de seguro que no será a través del crecimiento, sino del decrecimiento. Aunque todo esto, como ya hemos afirmado en entregas anteriores, no está reñido con el progreso ni con el desarrollo, valores y conceptos que la filosofía capitalista ha alterado para que se pongan a su servicio. En efecto, la teoría del Desarrollo a Escala Humana, presentada ya en entregas anteriores, nos ha demostrado que el ser humano puede crecer y desarrollarse alejado de los parámetros capitalistas, y orientado bajo otros valores, principios, objetivos y comportamientos. Necesidades y satisfactores han de ser adaptados (redescubiertos, para ser más precisos) para conducir nuestro desarrollo por otros derroteros. Veamos un simple ejemplo, pero muy significativo, citado en la entrevista por José Alberto Cuesta Martínez: "En noviembre de 2018 la Agencia Internacional de la Energía publicó su informe anual. Antonio Turiel [uno de los mayores expertos en el llamado "Peak Oil", el pico del petróleo] señala cómo en una gráfica de dicho informe se advierte de que el pico de todos los petróleos (convencionales y no convencionales) puede haberse alcanzado a lo largo de 2017, y que en el año 2025 faltarían 34 millones de barriles diarios (un tercio de la extracción, y el equivalente a la producción de de más de tres Arabias Saudíes) para satisfacer la demanda mundial". ¿Qué ocurre? Pues que noticias de este tipo no se cuentan en los informativos diarios. De hecho, el Informe de la AIE incluye dicha gráfica en un lugar recóndito y perdido del texto, para curarse en salud, pero no para que sea un hecho conocido y trasladado al conjunto de la opinión pública mundial. Y así nos va. Nuestros ignorantes políticos y las organizaciones internacionales que nos gobiernan en la sombra no están muy interesadas en que estas noticias se difundan. La gran pregunta es...¿Por qué? Dejo la reflexión a mis lectores/as. Pero no solamente esto es absurdo. El transporte mundial de materias primas, de productos elaborados, de mercancías, de personas y de animales no tiene absolutamente ningún sentido, porque en su inmensa mayoría son productos que se pueden obtener de forma local, no hace falta importarlos desde la otra parte del mundo, con enormes gastos en combustibles fósiles, y vastas emisiones de gases contaminantes.

 

A este respecto, José Alberto Cuesta Martínez nos pone otro ejemplo muy ilustrativo, que reproduzco a continuación: "...La cantidad de patatas que Egipto exporta a Gran Bretaña es prácticamente igual a la cantidad de patatas que Gran Bretaña exporta a Egipto (¿?). Piense en el modelo de agricultura aquí en Europa. Se utilizan fertilizantes minerales para la tierra, para trabajarla con maquinaria que funciona con petróleo, y cuyos materiales han sido transportados desde varios continentes en descomunales barcos que se mueven con petróleo, para la elaboración de tractores o cosechadoras que han sido elaborados en una fábrica que funciona con petróleo. Todo para producir cultivos destinados a la exportación en barcos movidos con petróleo, para recibir otros productos desde lugares muy remotos para ser consumidos en supermercados. El resultado es que esta agricultura industrial se convierte en una actividad deficitaria energéticamente. Para producir una caloría de alimentos se necesitan varias de combustibles fósiles (...) ¿Qué sentido económico tiene? Pues únicamente los superbeneficios de una plutocracia que controla el mundo a costa de la explotación de los demás y de la Naturaleza". Curioso, ¿verdad? Hemos llegado a un punto de economía sin sentido, a unas relaciones económicas absurdas, máxime teniendo en cuenta el despilfarro de fuentes energéticas que practicamos, la contaminación que provocamos, y la ineficiencia que conseguimos. Lógicamente, si estas perversas e inútiles relaciones económicas se revirtieran, grandes multinacionales dejarían de engrosar inmensos dividendos en sus cuentas de resultados, cientos de miles de accionistas, millonarios del mundo, se resentirían en sus fortunas, y según ellos, nuestros inteligentes economistas neoliberales, entraríamos en un colapso económico, porque "dejaríamos de crecer". El bulo del crecimiento económico es, sin embargo, tan interiorizado en el imaginario colectivo que no podemos entender ya nuestra economía sin este azote del crecimiento, sin que suba el PIB. Aunque exista más pobreza, aunque exista más paro, aunque existan menos servicios públicos y de peor calidad, el PIB tiene que subir, porque de lo contrario, nos conduce a la catástrofe. Pues no señor, el PIB no tiene por qué subir, el PIB es un mero indicador macroeconómico que nos da ciertas pistas de la riqueza nacional, pero únicamente ciertas pistas. El bienestar humano y las relaciones económicas eficientes se miden de otras muchas maneras. Continuaremos en siguientes entregas.

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22 agosto 2019 4 22 /08 /agosto /2019 23:00
Viñeta: El Roto

Viñeta: El Roto

La corrupción se puede entender como el abuso de confianza por parte de individuos u organizaciones (públicas o privadas) en actividades políticas, empresariales, sindicales, culturales o de cualquier tipo que benefician directa o indirectamente a una persona o a un grupo en detrimento de la comunidad que depositó en ellos –en la función y obligaciones que debían desempeñar– su confianza. La corrupción es la expresión del predominio de una lógica particularista sobre la prosecución del bien común. Allí donde terminan por imponerse las redes clientelares y el manejo arbitrario y fraudulento de los recursos de todos, resulta quimérico pensar que pueda florecer la democracia

Santiago Álvarez Cantalapiedra

La corrupción es el cáncer de una democracia, quizá el factor que en mayor medida contribuye a su descrédito, a su decadencia, a su perversión. El punto de inflexión ocurre cuando de alguna manera los comportamientos y visiones corruptas se normalizan. Veamos algún ejemplo reciente: Francisco Correa, cabecilla de la trama Gürtel del PP, aseguró en sede judicial que solo hizo en el sector público lo que todo el mundo hace en el sector privado. Se refería en concreto a los cohechos y a las dádivas. Es decir, llega un momento en que, cuando se instalan en el sector público las mismas prácticas, filosofías y objetivos que en el sector privado, en definitiva, las mismas dinámicas de actuación, pervirtiendo la propia esencia de lo público, la corrupción, como una práctica más, quizá como la práctica por excelencia, se instala también en dicho ámbito con total naturalidad. De hecho, el señor Correa declaró que a él nunca le había constado que lo que hacía fuese delito. Y como afirmábamos también en la última entrega, la corrupción tiene un coste, pasa una factura social. Se calcula en miles de millones de euros la cantidad saqueada por la corrupción de empresarios y políticos sin escrúpulos (corruptores y corruptos), cantidades todas ellas procedentes de los recursos públicos, que son de todos, que son bienes comunes, pertenecientes al conjunto de la ciudadanía, dinero que podría haberse invertido en escuelas, en hospitales, servicios sociales, atención a la dependencia, prestaciones por desempleo, violencia de género, o cualesquiera otras partidas sociales. La corrupción va minando la confianza, y llega a provocar lo que Jesús García Gualdras ha denominado como "el destrozo de la cultura de la honestidad". Este autor envió una carta al medio digital Rebelion el 16 de febrero de 2016 con dicho título, y cuyo contenido vamos a comentar a continuación. García Gualdras expone que "los representantes políticos se acaban constituyendo en cártel de los intereses que se presentan a las elecciones, y gracias a las redes clientelares que van organizando, con la complicidad de las empresas de medios de comunicación, que son parte de la misma trama, consiguen instalarse en los centros de influencia". 

 

Establecidos estos "conseguidores" en los despachos públicos, toda una red de empresas se organizan para beneficiarse directa o indirectamente de sus decisiones. A cambio, estas empresas suelen dar puestos de trabajo y prebendas a las personas del entorno de los políticos a su servicio, es decir, los mismos que les han proporcionado suculentos contratos. Y así, este tipo de relaciones ilícitas acaba convirtiéndose en el modo de funcionar común, asimilándose por el conjunto de la ciudadanía como "lo normal". Se acaba internalizando, como algo "natural", que el empleo público y las condiciones de vida dependen de esta forma de entender la política y las empresas, es decir, el mundo en última instancia. García Gualdras prosigue: "Las relaciones políticas, económicas y sociales se pervierten por las zancadillas y codazos (legales o ilegales) que "naturalmente" todos han de dar para colocarse en algún lugar de esta tela de araña, y se produce (ya se ha producido) el destrozo de la cultura de la honestidad, tan funcional para enmascarar, o incluso justificar, el repugnante saqueo de los mencionados en primer lugar [se refiere a los empresarios], los cuales se han constituido en jefes de unos oligopolios, convertidos descaradamente en peajes privados (bancarios, energéticos, industriales, comerciales, farmacéuticos, alimentarios...) que nos desahucian, nos precarizan y nos humillan, con nuestro "consentimiento y nuestro beneplácito". El destrozo de la cultura de la honestidad, y de resultas de la solidaridad, a quien perjudica realmente es a nosotros, las clases subalternas y populares". Y así, retribuciones, privilegios, prebendas y jubilaciones tan escandalosas son asumidas por la mayoría social y normalizadas por la ciudadanía. Los directivos cobran al año cientos de veces lo que sus empleados. Se va constituyendo una "deshonestidad legal" (en expresión de García Gualdras) referida a una acumulación de riqueza desmesurada, que convive con la pobreza, desempleo, miseria y exclusión social de una gran parte de la población, porque al mismo tiempo estos personajes son los mismos que dejan a la gente sin empleo, sin electricidad, sin vivienda, sin agua, sin calefacción, sin recursos en una palabra. 

 

Una deshonestidad legal que se reviste de diversas estrategias: nepotismo, puertas giratorias, tráfico de influencias, información privilegiada, enriquecimiento ilícito, y todo un rosario de prácticas inmorales que se toleran de forma descarada. En los casos más graves, algunos delitos son llevados ante los tribunales, pero han prescrito, o bien los absuelven por falta de pruebas, o simplemente, porque "era legal". Un poderoso ejército de abogados, junto a un sistema judicial al servicio de los poderosos, blindan también a la corrupción salvaje. Claro, también los paraísos fiscales son legales, también las SICAV son legales, también la precariedad es legal. En una palabra, la arquitectura de la desigualdad es legal. El sistema la consagra, la perpetúa, lucha para que se extienda, se incremente y se refuerce. Ex Banqueros, ex Ministros, familiares de la Casa Real, políticos y empresarios a cualquier nivel forman toda esta trama organizada, perfectamente formada en la escuela de la corrupción. La corrupción es el espejo de lo peor de esta sociedad capitalista, explotadora y opresora, desigual e injusta, que fomenta la arquitectura de la desigualdad y la miseria donde los ricos son cada vez más ricos, y los pobres lo son cada vez más. Mencionar cada uno de los casos de corrupción de nuestra etapa "democrática" nos llevaría a incrementar nuestro número de artículos en demasía, así que no lo haremos. Creemos que con la radiografía de la corrupción que estamos presentando aquí es más que suficiente para que los lectores y lectoras se hagan una idea, y puedan comprender, como así es nuestro objetivo, que la corrupción es otro elemento que actúa en el mismo sentido que los demás: agrandar la arquitectura de la desigualdad. Otra práctica "legal" pero corrupta en sí misma, es la privatización de empresas públicas, que también aumentan la desigualdad, ya que permiten la subcontratación en condiciones precarias (adelgazando el negocio matriz, lo cual a su vez también les permite reducir la plantilla general), externalizando sus servicios a terceras empresas o a falsos autónomos, y contribuyendo a un incremento de las desigualdades entre los trabajadores de la empresa matriz y los trabajadores de las subcontratas. 

 

Y todo ello, como venimos contando, es absolutamente legal. Las empresas que lo practican están amparadas en la legalidad. La conclusión es evidente: la precariedad y la desigualdad están amparadas por la legalidad. O lo que es lo mismo: la sociedad se pervierte y corrompe porque ampara legalmente la desigualdad. Y la bola de nieve crece y crece, y siguen empujándola desde las élites: salarios millonarios, puertas giratorias, impunidad empresarial, paraísos fiscales, condiciones laborales abusivas, expolio de recursos, financiación de empresas armamentísticas, políticas de austeridad, consejos de administración y directivos millonarios...La lista es interminable. Para conseguir una sociedad igualitaria sería imprescindible aniquilar todos estos mecanismos. Pero...¿no son todos ellos precisamente representantes típicos y dignos del propio capitalismo? Conclusión: El capitalismo es la corrupción, y viceversa. Ambas caras de la moneda se necesitan, al igual que el rico necesita al pobre para aumentar su riqueza. Capitalismo y corrupción se retroalimentan, se condicionan, se complementan. La corrupción es inherente al capitalismo. En 2007 se publicaron las conclusiones de un estudio de investigación muy interesante (referido en este artículo del medio El Salmón Contracorriente), donde se relata que 737 accionistas, lo que representa el 0,123% del total de accionistas del mundo, controlan el 80% del valor de las más de 43.000 compañías multinacionales (en dicho año). Y además, 147 de estos accionistas, el 0,024% del número total de ellos, controlan el 40% del valor total de estas empresas. Es decir, existe una alta concentración del control. Y, lo que es quizá todavía más importante, esos accionistas están fuertemente conectados entre ellos. ¿En qué se traduce todo esto? Pues en que unos pocos grandes inversores internacionales e interconectados controlan toda la economía mundial. O lo que es lo mismo: controlan los Gobiernos y los Estados. Es decir, imponen las decisiones que benefician sus intereses, financiando a los partidos y a sus miembros, sus campañas electorales y sus medidas. Las gigantescas cantidades de dinero de las que disponen son una herramienta del control del mundo, de ese escandaloso poder que nos gobierna en la sombra. 

 

Así mismo, las mal llamadas "políticas de austeridad" (que en realidad son políticas de desigualdad) son otro modo de corrupción, una estrategia encaminada a la "acumulación por desposesión" (expresión creada por el geógrafo marxista británico David Harvey) de las clases populares, y a una transferencia de fondos del sector público al privado. Para ello se inventan unas oscuras y absurdas reglas macroeconómicas, como el asunto de la regla del déficit público. En realidad, se trata sólo de una excusa para acabar con cualquier petición de derechos, y dejar así todo el poder del Estado para la implantación de privilegios capitalistas. Se trata de un sistema de intervención estatal para la desigualdad. Es el Estado, de esta forma, la intervención pública, quien mandata la desigualdad, por eso decimos que se trata de otra forma de corrupción. Y al ser normas impuestas desde instancias supranacionales antidemocráticas (como es en nuestro caso la Unión Europea), también son decisiones corruptas en sí mismas, ya que socavan la soberanía popular, y en última instancia, la democracia. Corrupción y capitalismo forman ese tándem, ese mal sistémico y que sistemáticamente ataca a la democracia. La nueva generación de "piratas de saco y corbata" (en expresión de Rodolfo Bejarano) copan las altas esferas de la política y del mundo empresarial, y entienden el planeta como un objeto de saqueo. Mientras el sistema los legitime, ahí estarán para corromper todo lo que encuentren a su paso, y cuando encuentren amplias barreras, diseñarán otros mecanismos, tales como la nueva generación de los Tratados de Libre Comercio, que dicho sea de paso, no tienen absolutamente nada que ver con el libre comercio. Lo hemos explicado a fondo en su serie de artículos correspondiente, a la que remito a los lectores y lectoras interesadas. El capitalismo ha de buscar por nuevas vías y herramientas lo que no puede obtener de forma lícita, y así recurre a estos instrumentos a su servicio, y los disfraza de algo bonito, que suene bien, que parezca algo muy positivo, y que va a traer muchas ventajas. Pero mientras intentan convencernos de ello, ocultan las negociaciones, impiden las consultas a los textos del tratado, y difunden datos inconexos y falaces. ¿No es todo esto también corrupción? Corrupción y más corrupción. Llega un momento en que, para consagrar y ampliar la arquitectura de la desigualdad, el capitalismo ha de recurrir a ella. No puede funcionar sin ella. Continuaremos en siguientes entregas.

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20 agosto 2019 2 20 /08 /agosto /2019 23:00
Viñeta: Martirena

Viñeta: Martirena

Todos los que han muerto en el Mediterráneo y todos los desaparecidos, muestran hasta qué punto es fundamental tener un nuevo enfoque de las políticas de asilo y de migración. Lo que necesitamos es centrarnos menos en la seguridad de nuestras fronteras y poner más énfasis en los derechos humanos y la dignidad humana

Cornelia Ernst (Eurodiputada alemana)

En última instancia, una política racista generalizada es la que legitima las despreciables medidas que se están implementando tanto en el Viejo Continente como en los Estados Unidos, en lo que a refugiados y migrantes se refiere. En su artículo "Racismo", de 2009, Michael Walzer nos indica que el racismo se puede definir como "un sistema de ideas, discursos y actos que, atribuyendo a grupos humanos y a los individuos que forman parte de ellos diferencias esenciales, generalizadas y definitivas, justifica, legitima, favorece y reproduce prácticas de estigmatización, discriminación, interiorización, segregación, exclusión y/o exterminio". Y es que, como afirma Miguel Ángel Adame Cerón en este artículo para el digital Rebelion, que seguiremos a continuación, la cuestión de las razas, los racismos y las racializaciones ha sido y es en la actualidad y de cara al futuro una problemática política y socio-cultural de central importancia para la coexistencia y convivencia inter-humana y para la unidad humana presente y futura. La misma base de partida ya es incorrecta, pues no existen diferentes razas de hombres y mujeres en el mundo, de personas en general, sino solamente una: la raza humana. La historia de la humanidad está repleta de gestas inhumanas contra las diferentes "razas", que se han considerado holocaustos y crímenes contra la humanidad. Algunas son más visibles que otras. Por ejemplo, todo el mundo conoce el holocausto perpetrado contra los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, pero no conoce tanto el holocausto perpetrado contra 500.000 (no es una errata, medio millón) de gitanos en toda Europa. Miguel Ángel Adame relata: "El sustrato de todo racismo es una falta de reconocimiento pleno a la humanidad del otro, de los otros; o sea, es un problema de inhumanidad o si se quiere de inhumanización, pues lo propio o el nosotros no acepta que el otro es plenamente humano y tiene necesidades y capacidades humanas iguales (aunque diferenciadas) a nosotros. En segundo lugar, tampoco el nosotros reconoce las diferencias, variaciones, diversidades que conforman al ser humano al no reconocerlas como parte del ser genérico y que lo enriquecen como parte de ese ser de la humanidad". Es un problema de empatía, de aceptación, de tolerancia. Se va fomentando una especie de fobia hacia la alteridad, un miedo al diferente, un rechazo hacia esos "otros" distintos al "nosotros". 

 

No se percibe, asegura Adame Cerón, como malvadas a las personas cercanas a uno mismo, sino a los de fuera. Los otros representan como un escudo, un parapeto donde estrellamos nuestros males, nuestras desgracias, actuando como chivos expiatorios de nuestros problemas y decadencias. Aquellos que son diferentes, de algún modo, extraños o distintos, pueden ser percibidos como malvados, con independencia de si son de otra religión, otra nacionalidad, tienen otro color de piel o pertenecen a otra cultura. Así, se crean actitudes racistas hacia dentro y hacia afuera: estrategias y tácticas, mentalidades y prácticas; justificaciones y legitimaciones, discursos, proclamas y sentimientos racistas. ¿Qué subyace debajo de todo ello? Cuando se proclama una Declaración de Derechos a nivel universal no tenemos garantizado que ello se asuma, en efecto, en todas partes del mundo, y de forma generalizada. Lo que tenemos que hacer es descender de nivel, desde el nivel jurídico-normativo internacional, hasta el nivel educativo-emocional, en nuestro ámbito local. La educación es la mejor arma para crear conciencias críticas, y liberarnos de todo tipo de limitaciones, prejuicios o ataduras. Seguramente la inmensa mayoría de las personas que hoy son oculta o abiertamente racistas, lo son porque no han recibido una educación claramente solidaria, internacionalista, intercultural. Hasta que no hagamos ese trabajo para las nuevas generaciones, y en todas partes del mundo, no tendremos garantías de que no vuelvan a aparecer otros Salvini, Trump, Orbán, Abascal, etc. Y lo primero que tenemos que aprehender es que lo que la ciencia realiza es simplemente un ejercicio de descripción y clasificación de razas como grupos humanos connotados por una serie de caracteres físicos distintivos: colores de piel o pelo, forma de los ojos, tamaños, formas, genes, magnitudes, etc., explicados e interpretados por disciplinas especializadas y en vinculación determinante con climas, suelos, latitudes, regiones, ecologías, etc., todo lo cual a su vez también determina una serie de rasgos psicomentales diferenciales: inteligencias, temperamentos, habilidades, aptitudes, logros, etc. Ello se plasma, por ejemplo, en que no existan campeones negros de ajedrez, pero sí existan de boxeo o de 100 metros lisos. 

 

El conjunto de hábitos, costumbres, comportamientos, reacciones, tradiciones, idiomas, folklores, etc., pueden dibujar un mapa de racialidades o de poblaciones "cuturalizadas" en cierta manera, que las distinguen de otras. De hecho, cualquier grupo humano puede ser racializado por estas peculiaridades culturales y sociales. Pero desde aquí podemos saltar peligrosamente a una suerte de "Filosofía del Racismo", que proyecta actitudes discriminatorias y excluyentes. Expresémoslo de nuevo en palabras de Miguel Ángel Adame: "De esta forma el racismo desprendido de su base originalmente (bio-psico) racial y manifestado-usado como categorización se aplica a manera de estigma social, político, ideológico, simbólico y/o moral, a ciertas categorías de personas y/o agrupaciones (estigmatizadas) con fines de exclusión, victimización, rechazo, expulsión, castigo, sometimiento, marginación, opresión, explotación, esclavización, etc. En ese proceso racista de racialización (valga la reiteración) se destilan etnocentrismos, jerarquizaciones, animadversiones, discriminaciones, odios, desprecios, aberraciones, guerras y/o violencias inhumanas de todo tipo. Bajo esas lógicas de comportamientos, actitudes, pensamientos y prácticas; cualquier acto y/o discurso es susceptible de justificación, legitimación y/o legalización por parte de instituciones, organismos, agencias, grupos o individuos racistas". Estaríamos ya entonces en la fase de racismo institucional y social. Es decir, en una peligrosa fase de legitimacion y justificación de las actitudes racistas por parte de cualquier sociedad. Sin ir más lejos, una comunidad de vecinos puede determinar que no habiten en ella personas negras. Una Universidad puede decretar que el precio de la matrícula no sea igual para latinos que para americanos, o un determinado club puede cerrar sus puertas a personas de determinada religión. Si el nivel de madurez, justicia y tolerancia de una sociedad no lo impiden, estas prácticas perversas pueden ser perfectamente legitimadas, incluso apoyadas activamente. Se crean entonces condiciones, ambientes o circunstancias donde llegan a imperar odios a varios niveles entre agrupaciones y/o personas, trátese de etnias, sectas, iglesias, castas, facciones, clases sociales, naciones, Estados, bloques de países, etc. Y por consiguiente se sintomatiza de manera compleja el miedo/odio a "los otros" bajo la supuesta defensa de valores, honores, lealtades, intereses, propiedades, exclusividades, etc., particulares de "nosotros". 

 

¿Dónde podríamos situar históricamente el origen de esta evolución del racismo? Aunque desconocemos si en las sociedades primitivas existiera ya algún atisbo del mismo, es evidente que la génesis del racismo es moderna y capitalista, nace junto con las prácticas imperialistas y coloniales del siglo XVI, la acumulación originaria, el saqueo de recursos a los nativos de los pueblos americanos, la expropiación y expulsión de los campesinos europeos, la esclavitud de los africanos y su exportación a otras tierras, el control de los cuerpos, la explotación de los asalariados, mujeres, niños, etc. Las formas históricas de su manifestación van desde el darwinismo social capitalista, pasando por los nazifascismos, las "guerras santas", el sionismo, el apartheid, los sistemas de castas, los guetos, las limpiezas étnicas, los reservados psiquiátricos o los campos de trabajo forzado o de concentración, etc. Durante todos estos siglos, la evolución del "nosotros" frente al "ellos" ha pasado por muchas variantes: el nosotros los blancos frente a los otros de color, nosotros los occidentales frente a los otros orientales, nosotros los civilizados frente a los otros atrasados, nosotros los elegidos frente a los otros condenados, nosotros los fieles frente a los otros infieles, nosotros los desarrollados y tecnologizados frente a los otros subdesarrollados y analfabetos, nosotros los dueños frente a los otros desposeídos, nosotros la gran nación frente a los otros de las pequeñas naciones, etc. Un caso especial, donde nos detendremos a continuación, por ser claramente paradigmático, es el de Estados Unidos. Ya nos ocupamos de su crisis migratoria durante las Caravanas de Migrantes que, procedentes de Centroamérica (Guatemala, Honduras, El Salvador...) se dirigían de forma organizada a la frontera sur entre México y USA. Ahora nos volveremos a ocupar de la nación imperialista por antonomasia, pues durante estas últimas semanas se vienen produciendo allí hechos aún más macabros, si cabe. Y así, el control de la frontera sur en México expulsa migrantes provenientes de estos países (también del Caribe y de África), y deja en manos del crimen organizado a los que logran atravesar su territorio para dirigirse al falaz "sueño americano", resultando en miles de secuestrados, semiesclavizados, explotados sexualmente, muertos y desaparecidos. 

 

El racismo desaforado y la discriminación racial de las minorías (nativos, latinos, hispanos, afroamericanos, árabes, etc.) en Estados Unidos, ha conducido a su gobierno imperialista y racista a la mal llamada "guerra contra el terrorismo", a la construcción de muros y a la deportación masiva de millones de migrantes "ilegales" (aunque ahora nos referimos a las redadas racistas de Trump, lo cierto es que durante la época de Obama se deportaron más de 3 millones de personas). Pero no es un fenómeno nuevo. Recurrimos de nuevo a Miguel Ángel Adame: "La historia de los EUA está cuajada de racismo y racialismo como parte de un nacionalismo religioso o una teología nacionalista. Resulta muy peculiar que estos fenómenos históricos en este Estado-nación se alimenten dentro del país capitalista más boyante del orbe y el que mayor cantidad de comunidades étnico-nacionalitarias acumuló por inmigración mundial de "dreamers" en pos de la "american way of life" y de los "american dreams" durante todo el siglo XX". En efecto, creemos que la etiología racista del país norteamericano ha de encontrarse en su propio proceso fundacional. Lo que ocurre es que, en cada circunstancia histórico-política, se achacan al fenómeno causas de tipo coyuntural. Por ejemplo, desde la última crisis de 2007 hacia acá, se incubaron frustraciones y resentimientos sobre todo entre los componentes de las clases medias, que se canalizaron vía étnico-racial y sociocultural, principalmente contra los extranjeros, migrantes (sobre todo ilegales o indocumentados) y las minorías a las que abierta o veladamente responsabilizaron del estancamiento o bajada de sus niveles de bienestar (es decir, los culparon de la pérdida de empleos, de la precarización laboral, de la pobreza, de la exclusión...). Exactamente igual sucedió en los países europeos, aunque quizá no de forma tan violenta. En USA, se ha acelerado un cuadro sintomático, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, que busca preservar, recuperar o engrandecer ("Make America Great Again" fue su lema de campaña) la "esencia nacional", propiciando aún más si cabe la intolerancia, el odio y el rechazo al extranjero. El chivo expiatorio es el otro proletario inmigrante, que procede de otros países con otras costumbres, con otras culturas, que no come, habla, piensa o sueña como nosotros, y que llega a desplazarnos y a quedarse con nuestros trabajos y oportunidades (y con "nuestros sueños"), siempre según la cosmovisión popular norteamericana. Así pues, en nombre de nuestro (supuesto) derecho a mantener nuestra "integridad" (más bien integrismo), nuestra identidad de "primer mundo" (construido a base de saquear otros países de otros mundos), nuestra "grandeza" (que no existe más que en sus "sueños), nuestra cultura "blanca" (en realidad supremacismo), se niega la alteridad inmigrante y se está de acuerdo en que se le deporte, expulse, guetifique, amuralle, excluya...Este es básicamente el relato de lo que allí ocurre. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 agosto 2019 7 18 /08 /agosto /2019 23:00
Viñeta: Paolo Calleri

Viñeta: Paolo Calleri

Las ideas del Buen Vivir, en términos amplios, han existido y existen en diversas partes del planeta. Si por el concepto de Buen Vivir entendemos una vida en armonía del ser humano, consigo mismo y con sus congéneres (otros pueblos o naciones), así como en armonía con la naturaleza, entonces debemos reconocer a este término no simplemente como una alternativa de desarrollo, sino como una alternativa al desarrollo. Es decir, como una propuesta global para superar la vieja idea de progreso (sobre todo en su versión productivista y de copia, siempre fallida, de los países industrializados) y poder plantear un cambio civilizatorio real

Alberto Acosta

Bien, es hora de recopilar un poco el material expuesto durante estas más de 50 entregas de la serie. Básicamente y a grandes rasgos, hemos comenzado exponiendo la situación caótica en la que nos encontramos desde todos los puntos de vista (económica, social, y sobre todo medioambiental), destacando los elementos que demuestran claramente que los graves efectos del caos climático nos han hecho entrar en un abismo civilizatorio, y por tanto, concluyendo la necesidad de cambiar nuestros modelos productivos, de fabricación, distribución, consumo y desecho, si pretendemos continuar la vida sobre la Tierra. Después de ello, y de poner en cuestión los conceptos de "progreso" derivados del desarrollismo capitalista, hemos incidido en la necesidad del decrecimiento como alternativa a este falso desarrollismo, hemos explorado superficialmente lo que nos aportan algunas disciplinas tales como el ecosocialismo, el ecofeminismo, o la teoría del Desarrollo a Escala Humana, y hemos desarrollado los fundamentos de lo que puede ser una ética del medio ambiente, aplicada a todos los ámbitos de nuestra vida. Aún tenemos mucho que exponer, entrando a fondo en muchos conceptos, volviendo a analizar otros, matizando y concretando nuestras ideas y mensajes, para al final conducir a buen puerto la asunción de que tenemos que adoptar otro paradigma civilizatorio, que bien puede ser la filosofía y la política del Buen Vivir. Bien, insistamos aquí en un punto que nos parece esencial, ya que como afirma Alberto Acosta (economista ecuatoriano, profesor universitario, ex Ministro de Energía y Minas, ex Presidente de la Asamblea Constituyente, autor de varios libros y uno de los más grandes expertos en el tema) en este artículo publicado en el sitio web de Amnistía Internacional: "Sin derechos de la naturaleza no hay plenos derechos humanos". ¿Cuál es el sentido de esta afirmación? Pues veamos: nosotros hemos insistido durante las últimas entregas, dedicadas a la necesidad de una ética del medio ambiente, en que es absolutamente necesario conceder valor intrínseco a los ecosistemas naturales que nos rodean, con todos sus seres vivos, y que nos permiten la vida en su interior. 

 

Vivimos en un mundo, no obstante, que está muy lejano de dicho horizonte. Sin ir más lejos, concedemos derechos casi humanos a personas jurídicas (empresas y corporaciones), pero en cambio no lo hacemos con la vida no humana. Hoy día, cualquier empresa disfruta de un contexto de mayor seguridad jurídica que un gato, que un león o que una serpiente. Mucho más que un árbol, un bosque, un río o el aire que respiramos. Existen muchas más leyes que protegen a las empresas que las que protegen a los mares y océanos. Es algo que no tiene ningún sentido. Hemos construido una serie de entornos legales y económicos que protegen determinadas organizaciones, y hemos dejado casi sin protección los elementos naturales que nos proporcionan la vida. Pues bien, a tenor de la importancia de asumir, desarrollar y practicar una ética del medio ambiente...¿No habremos de comenzar por reconocer a la propia Naturaleza como sujeto de derechos? ¿Cómo será posible asegurar que sus derechos se respetan si no están expresamente reconocidos? ¿Cómo podría cualquier persona u organización denunciar el ataque contra elementos naturales si ello no es contemplado como delito? Alberto Acosta relata: "A lo largo de la historia, cada ampliación de derechos fue antes impensable. La emancipación de los esclavos o la extensión de los derechos a los afroamericanos, a las mujeres y a los niños y niñas fueron rechazadas por considerarse absurdas. Incluso la aceptación de los derechos humanos ha demandado y demanda aún una permanente lucha. En suma, el reconocimiento del "derecho a tener derechos" se ha conseguido siempre con luchas políticas para cambiar aquéllas visiones, costumbres y leyes que negaban esos derechos; luchas que devienen en fuente pedagógica potente que exigen claridad conceptual y voluntad de cambio". Actualmente, nuestro enfoque antropocéntrico ha conseguido como mucho que centremos nuestra atención (aunque aún no demasiada) en los derechos para los seres humanos, pero hay que ir tendiendo hacia un cambio de enfoque, a ampliar nuestras miras, para reconocer derechos a la propia naturaleza en su conjunto, a todo lo que ella contiene, reconociendo la interdependencia de todas las formas de vida que nos rodean. 

 

Y la siguiente pregunta podría ser: ¿Hasta qué punto están relacionados nuestros derechos humanos con los derechos de la naturaleza? Acosta denomina al nuevo enfoque "socio-biocéntrico", que básicamente se refiere a poner la vida en el centro, algo igualmente reclamado por las corrientes ecofeministas. Porque...¿acaso no son los derechos de la propia naturaleza parte integrante de la permanente emancipación de los pueblos? ¿No necesitan los pueblos a la naturaleza como fuente de vida y recursos? ¿No está el propio desarrollo humano basado en la existencia de recursos naturales, y de elementos que biológicamente permiten la existencia de la vida? ¿Qué sentido tiene reconocer y proporcionar derechos al ser humano mientras no los reconozcamos también a los entornos naturales que nos permiten la vida? El disfrute de los derechos humanos no es independiente de la existencia de un medio ambiente sano. La degradación ambiental nos lleva a profundizar o sufrir nuevas enfermedades, así como a violaciones de los derechos humanos (derecho a la salud, a la comida, a la vivienda, al agua...). La degradación de la tierra condena a determinados cultivos a la extinción, poniendo en peligro derechos humanos, así como la soberanía alimentaria, y el cuidado de los propios cuerpos. La Corte Interamericana de Derechos Humanos confirma explícitamente en una sentencia que: "...Se trata de proteger la naturaleza y el medio ambiente no solo por su conexión con una utilidad para el ser humano o por los efectos que su degradación podría causar sobre los derechos de otras personas, como la salud, la vida o la integridad personal, sino por su importancia para los otros organismos vivos con quienes se comparte el planeta, que también merecen protección en sí mismos". Nos parece que queda claro, pues, la interdependencia en el reconocimiento de unos derechos a la naturaleza para que nuestros derechos humanos puedan verse reflejados e igualmente garantizados. Todo ello está pidiendo a gritos fortalecer y ampliar nuestros contextos legales y normativos, al más alto nivel (léase en la Carta Magna), reforzando el principio de responsabilidad de los seres humanos para preservar los ecosistemas naturales y reconocer su relevancia en el desarrollo de nuestra vida, tanto individual como social. 

 

La contradicción más flagrante puede llevar a preguntarnos: si nosotros, los humanos, también somos naturaleza...¿cómo podemos seguir saqueándola, explotándola y destruyéndola? ¿Cómo podemos arrasar valles enteros, desertizar terrenos, acabar con la biodiversidad, o contribuir a la extinción de especies de plantas o animales? ¿Cómo podemos someter a la naturaleza a procesos de extractivismo tan brutales, atacando sus equilibrios y alterando su metabolismo? ¿Cómo podemos ser tan despiadados con los animales, que son nuestros compañeros en este planeta, que han ayudado al ser humano desde su aparición como especie, y que continúan sirviéndolo? La naturaleza puede existir sin seres humanos (de hecho ya lo hacía antes de que nuestra especie existiera), pero nosotros no podemos vivir sin nuestra Madre Tierra, sin nuestra Pacha Mama. La Encíclica "Laudato Si" del Papa Francisco (por fin un documento religioso absolutamente crítico con el sistema capitalista) insiste en este punto numerosas y repetidas veces: "Nosotros mismos somos tierra. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta (...) Estamos incluidos en la naturaleza, somos parte de ella y estamos interpenetrados". Dicho documento pastoral dedica todo el Capítulo IV a la "Ecología Integral", destacando la Ecología Ambiental, Económica y Social, la Ecología Cultural, la Ecología de la Vida Cotidiana, el Principio del Bien Común, y la Justicia entre las Generaciones. Los derechos de la naturaleza se podrían colocar en la gama de los derechos emergentes, en la categoría de derechos ecológicos, que buscan proteger ciclos vitales, procesos evolutivos, áreas naturales y especies de animales y plantas. Estos derechos se centran sobre los ecosistemas, y en las colectividades, no en los individuos. De este derecho puede vincularse un nuevo tipo de justicia, que podríamos denominar "justicia ecológica", muy vinculada con la justicia ambiental que ya conocemos. Desde este punto de vista, la justicia ecológica pretendería asegurar la supervivencia de las especies de flora y fauna y sus respectivos ecosistemas, como conjuntos estrechamente vinculados. Alberto Acosta sentencia: "El tránsito de la "naturaleza objeto" a la "naturaleza sujeto" ha comenzado. Noción que vive en las percepciones de los pueblos indígenas desde hace mucho tiempo. Incluso podemos hablar de un "derecho salvaje", propio de la Madre Tierra". 

 

¿Qué antecedentes y jurisprudencia tenemos para ello? No podemos reconocer ni dejar de mencionar, en este sentido, el gran impulso que supuso la Asamblea Constituyente de Montecristi, en Ecuador, cuando se constitucionalizaron en 2008 por primera vez los derechos de la naturaleza. En efecto, era la primera Constitución (volveremos a referirnos a ella en entregas posteriores) que consagraba al más alto nivel jurídico la protección de los ecosistemas naturales, transformando a la propia Naturaleza como sujeto de derechos. Es curioso que hasta ahora, la UNESCO reconoce como "Patrimonio de la Humanidad" muchos ecosistemas naturales, como por ejemplo el Parque Natural de Doñana, insistiendo en esa visión antropocéntrica que mencionábamos al principio. ¿No sería mejor declararlos Patrimonio de la Naturaleza? La humanidad es el conjunto de la especie humana en todo el planeta, pero como hemos afirmado, los ecosistemas naturales pueden existir sin la humanidad. Por tanto, ¿qué sentido tiene declararlos así? Son patrimonios de la vida, de todas las formas de vida que allí se dan. Son patrimonio del propio planeta, de la Madre Tierra. La humanidad, desgraciadamente hasta ahora, no ha hecho más que destrozar dichos patrimonios. Por tanto, éste es el camino. Después del reconocimiento de la Constitución Ecuatoriana, tuvimos un siguiente hito en 2010, con la propuesta formulada en la Cumbre de la Tierra de Tikipaya, en Bolivia. Debemos internacionalizar esta necesidad en todas las Constituciones, nacionales y supranacionales, así como en todos los tratados, convenios y convenciones que se adopten a partir de ahora. Sería interesante también establecer un Tribunal Internacional para sancionar los delitos ambientales, contra las personas y la naturaleza, tal como se propuso ya en la referida cumbre. Los Derechos de la Naturaleza no pueden ser ignorados. No se oponen a los Derechos Humanos, sino que los complementan y potencian, porque ambos son derechos, en última instancia, para la vida. Incluso en el futuro, ambos grupos de derechos deberían reunirse en uno solo, como una especie de declaración conjunta de derechos para la humanidad y la naturaleza. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 agosto 2019 5 16 /08 /agosto /2019 23:00

En efecto, la errata se localiza en el último párrafo del artículo aparecido ayer (16 de Agosto), concretamente la entrega 155 de la serie "Arquitectura de la Desigualdad", donde estamos hablando de corrupción. Pues bien, la errata en cuestión se refiere a la mención equivocada del proyecto "Madrid Central" (proyecto de carácter ecologista para reducir las emisiones de gases procedentes del tráfico rodado en el centro de la ciudad), cuando debería haber reseñado "Madrid Nuevo Norte" (proyecto de carácter urbanístico denunciado por Ecologistas en Acción y otras asociaciones). Queda comunicado. 

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15 agosto 2019 4 15 /08 /agosto /2019 23:00
Viñeta: Anne Derenne

Viñeta: Anne Derenne

Robar es un delito…sólo para los pobres

Pancarta Popular

Tanto en los países pobres como en los ricos, las élites utilizan su mayor influencia política tanto para ganarse el favor de los Gobiernos de turno (en forma de exenciones fiscales, contratos exclusivos y privilegiados, concesiones especiales, subvenciones...), como para oponerse a la introducción de políticas que puedan fortalecer los derechos de la mayoría social. Y así, la enorme capacidad de influencia política que las grandes empresas pueden ejercer para manipular las leyes en su favor (aplazar, derogar, aprobar, modificar textos legales y normativos) ha incrementado sustancialmente la concentración de poder y dinero en muy pocas manos. Las labores de lobby llegan a ser tan poderosas que estas corporaciones invierten miles de millones de euros al año para fortalecerlos, y que su actividad sea más eficaz. Las instituciones financieras (que en la entrega anterior habíamos situado como la base del gran edificio de la corrupción) dedican más de 120 millones de euros anuales a financiar auténticos ejércitos de lobistas que trabajan para influir sobre las políticas de la Unión Europea en favor de sus intereses. Por su parte, muchas de las personas más ricas del mundo amasaron sus fortunas gracias a las concesiones gubernamentales exclusivas y las privatizaciones inherentes al fundamentalismo de mercado. No se trata (como ya analizamos en el primer bloque temático) de gente dotada de especial inteligencia, ni de especial valentía, ni de especial suerte, sino simplemente de gente con especial influencia. En el informe "Acabemos con la desigualdad extrema" de Oxfam Intermón se ilustran algunos ejemplos: "La privatización en Rusia y Ucrania tras la caída del comunismo convirtió a los políticos en multimillonarios de la noche a la mañana; Carlos Slim amasó sus muchos miles de millones garantizándose derechos exclusivos sobre el sector mexicano de las telecomunicaciones cuando éste fue privatizado en la década de 1990". Podríamos citar miles de casos por el estilo. Pero está claro que todos ellos son casos de corrupción, en el sentido de que, por vías lícitas, estas personas jamás habrían llegado a amasar sus fortunas. La edición de noviembre de 2016 de la Revista Papeles se tituló "Corrupciones", y animo a mis lectores y lectoras a que la tomen como referencia ilustrativa de hasta dónde llega el volumen de la misma en nuestro país, y en general en el mundo capitalista. 

 

La corrupción es la propia manifestación del sistema cuando entra en estado tumoral, es la metástasis del sistema. Nos quieren convencidos de que la corrupción son unos cuantos casos aislados, que además no están asignados a las organizaciones, sino a las personas que los cometen. Falso por los cuatro costados. Ni son unos cuantos casos aislados (ya que son miles), ni son achacables a determinadas personas que son corruptas por naturaleza humana, sino que es el comportamiento natural del propio sistema, cuando necesita garantizar un volumen de negocio y una determinada demanda. Y así, blanqueo de capitales, posición abusiva de mercado, creación de cárteles, apropiación indebida, manipulación contable, fraude, cohecho, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias, estafas, sobornos, evasión de impuestos, pago de comisiones, sobresueldos, puertas giratorias, y un largo etcétera de comportamientos delictivos o inmorales "forman parte de un extenso catálogo de prácticas corruptas, con las que convivimos diariamente, que llegamos a normalizar, y que nos conducen a una seria reflexión sobre la necesidad de crear una nueva cultura cívica, con mayor preocupación por la democracia real, la defensa de lo público y la construcción de lo común" (contaban los redactores del número indicado de dicha Revista). Lo que normalizamos es la desigualdad, materializada, por ejemplo, en que determinada empresa tenga que cerrar porque no obtiene contratos para sus actividades, mientras que otras se hagan gigantes y se extiendan por todo el mundo, por el descomunal e indecente grado de influencia política que disfrutan. Es la arquitectura de la desigualdad, que condena a determinadas personas o empresas a la indigencia, mientras a otras las encumbra al poder más absoluto. Según Santiago Álvarez Cantalapiedra (Director de la publicación), la corrupción es la expresión del predominio de una lógica particularista sobre la prosecución del bien común. La corrupción no tiene como única consecuencia el enriquecimiento ilícito de unos pocos a costa de los demás, sino que también provoca enormes costes para el conjunto de la sociedad, en términos de desconfianza, desmoralización y deslegitimación de unas actividades fundamentales para garantizar el ejercicio de los derechos de todas las personas. La consecuencia más devastadora consiste en que la democracia se socava, se resiente profundamente. 

 

La corrupción es muchas cosas a la vez: es síntoma de una enfermedad social, es traición a la comunidad y a los bienes públicos, es creación de una arquitectura de la impunidad, es la privatización de la regulación, es la normalización de prácticas ilícitas, es la decadencia de un imaginario colectivo, es el declive de unos valores de limpieza y ética en la actividad pública, y es un modo, ya lo hemos dicho, de perpetuar la arquitectura de la desigualdad. Como paradigma de corrupción podemos citar el rescate a la banca privada llevado a cabo desde 2012: reflotar nuestro sistema bancario privado (después de haber practicado durante varios años un proceso de bancarización de las antiguas Cajas de Ahorros) nos costó más de 60.000 millones de euros, de los que más de 50.000 fueron de dinero público. De esta forma, se volvió a dar vida a unos bancos zombis, repletos de prácticas corruptas, ilícitas y criminales, que unos banqueros irresponsables habían practicado durante años. Tras explotar aquélla burbuja financiera, se dejó tras de ella un inmenso destrozo social sin precedentes en términos de desempleo, desigualdad, pobreza y falta de oportunidades. Cientos de miles de personas se quedaron sin empleo, otras cientos de miles vieron degradadas sus condiciones, otras muchas perdieron sus viviendas, otras muchas quedaron en la más absoluta indigencia. Y mientras se cerraban cientos de sucursales bancarias y se recortaba personal de sus oficinas, estos indecentes banqueros se jubilaban con pensiones escandalosas. Pero como relata Santiago Álvarez: "Nada surgió accidentalmente. El sistema financiero hipertrofiado se convirtió en el peor ejemplo de la degradación moral empresarial: los responsables de la estafa de las preferentes, de los activos contaminados, de las cláusulas suelo, de los desorbitados intereses de demora y de los desahucios cobraban --al tiempo que transferían los costes a todos los ciudadanos, y en particular, a los más desfavorecidos-- sueldos astronómicos y compensaciones inmerecidas". Pero al hilo de todo lo relatado, podríamos preguntarnos...¿cuál es la causa final para que todo esto se desencadene? ¿Cuál es el motivo último? La mayoría de los banqueros y empresarios que han sido encausados por la justicia por estos hechos han defendido y alegado la estricta legalidad de sus acciones, luego la conclusión es bien sencilla: la causa final, el motivo último de que todo ocurra es el propio capitalismo. 

 

En realidad es el deseo desmedido de beneficios, el afán de lucro incesante, la codicia desorbitada, pero...¿quién fomenta estas actitudes? Volvemos de nuevo: el capitalismo. Y como concluye Santiago Álvarez: "En los tiempos de la codicia no hay más proyecto que gestionar lo que hay sin pretensión de transformar la sociedad para hacerla mejor. Aparcados los ideales dignos de mejor causa, y sin más horizonte que el enriquecimiento personal, la mera gestión de lo que hay es sinónimo de corrupción o venalidad generalizada". Nos sumimos así en un estado de corrupción generalizado, sistemático, estructural, que lo llena todo, que lo inunda todo, y que desprende un hedor insoportable. La corrupción es portada diaria, noticia de todos los informativos, ingesta diaria de la miseria humana. De ahí que no resulte extraña no ya la naturalidad con la que contemplan corruptores y corrompidos todos sus actos, sino la indiferencia con que la inmensa mayoría social los reciben. Como describen A. Costas y X. C. Arias en "Mercados financieros, falsos dioses": "El 'nuevo rico' que surge de la práctica de los salarios de expolio, desacomplejado y amoral, movido por la idea de que la vida es para saquearla, cuanto más rápida y fácilmente mejor; es decir, por la hybris moderna. Esta cultura de los negocios que acentúa la inclinación depredadora del nuevo héroe del capitalismo financiero y corporativo, ajeno a cualquier tipo de tabúes y normas de contención y de autocontención sería, entonces, la verdadera causa de la crisis financiera-económica-social que estamos viviendo. Estamos, por tanto, ante una reedición de aquella hybris o desmesura que ya los antiguos griegos identificaron como la principal fuente de destrucción del individuo y de la libertad colectiva". Corruptores y corruptos forman toda una galería de gente amoral e insensible, que vienen a la política o a los negocios a aprovecharse al máximo de la situación, para engrosar sus beneficios, sin pararse a pensar en los daños que puedan causar sus acciones. En nuestro país, la corrupción como modus operandi es una práctica habitual de las grandes multinacionales españolas y de buena parte de la clase político-empresarial que gobierna, y es una dinámica que se remonta a los inicios del desarrollismo franquista.

 

Y desde la Transición hacia acá, el bipartidismo ha contribuido a reforzarla y a dotarla de vigor y de poder, mediante la constante vista gorda que se ha practicado en torno a ella. Mariola Olcina nos destaca un dato en este artículo del medio El Salmón Contracorriente: "Las empresas españolas aparecían en 2008 como las segundas (después de las empresas chinas de una muestra de 22 países) que, con mayor probabilidad, recurrieron a los sobornos para obtener contratos públicos o negocios ventajosos en América Latina, y las terceras con mayor probabilidad (después de las empresas chinas e italianas) cuando se trataba de recurrir a sobornos en los países de Europa y en Estados Unidos". Los pelotazos urbanísticos se pusieron de moda desde los años 90, y aún continúan (véase el proyecto Madrid Central, aberración urbanística donde las haya), y después han ido ampliando su campo de actuación en diferentes frentes. Quizá la forma de corrupción más "legal" que exista hoy día es el trabajo de lobby. Nosotros ya los presentamos en este otro artículo de nuestro Blog. Consiste en ejercer continuamente un trabajo de presión política para acordar tratados y diseñar leyes y normativas que favorezcan los intereses económicos privados, precisamente los que dañan al interés público, es decir, al interés general. Manuel Villoria, Catedrático en la Universidad Rey Juan Carlos y uno de los ponentes en dicho documento monográfico de Fuhem Ecosocial dedicado a la corrupción, afirma que "es una de las modalidades de corrupción más influyentes, rentables y dañinas", precisamente por ser una de las más poderosas. La acción de lobby se ejerce continuamente, mediante muchas personas a la vez, y en ámbitos distintos simultáneamente. Cada vez que las empresas entienden que se pueden tocar intereses que puedan perjudicarles, o bien si se pueden diseñar leyes más favorecedoras para ellas, invierten miles de millones de euros para presionar a los legisladores, incluso para elaborar informes sesgados que presenten datos o conclusiones falsas. Esto, por ejemplo, es lo que llevan desarrollando desde la banca durante décadas en el ámbito del sistema público de pensiones, para intentar que las pensiones públicas sean cada vez más residuales, y se fomenten los planes privados de pensiones. Continuaremos en siguientes entregas.

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13 agosto 2019 2 13 /08 /agosto /2019 23:00
Viñeta: Vicman

Viñeta: Vicman

En los regímenes autoritarios queda velado el contenido económico de la violencia, mientras que en los regímenes formalmente democráticos queda velado el contenido violento de la economía

Bertolt Brecht

Y es que, en el fondo, todo migrante es un migrante político. No existe, no debe existir otra clasificación: el refugiado es un migrante político, ya que no puede expresar en su país las ideas en las que cree, o es un perseguido político por razón de identidad sexual, de credo religioso, de etnia, de nacionalidad, de opinión...por su parte, el migrante "económico" también es un migrante político, ya que las razones para su migración (básicamente, la desigualdad en las relaciones internacionales, la explotación de su medio de vida, los efectos del cambio climático, etc.) también obedecen a causas políticas. Y todos tienen el derecho reconocido a obtener la condición de refugiado, si se comprueban estas circunstancias. Y ese derecho no lo podemos ignorar en base a ningún "efecto llamada", a ninguna "invasión", a ningún "ataque a nuestra civilización y a nuestra cultura", o a la inexistencia de algún "puerto seguro". El "puerto seguro" es, simplemente, cualquier puerto de un país que no sufra una guerra (interna o externa), y que sea el más cercano al lugar de donde fueron rescatadas dichas personas. Ante todo este "ninguneo institucional" que se lleva a cabo prácticamente en toda Europa en lo concerniente a las políticas de refugio y asilo, las autoridades europeas no sólo no se mojan directamente, sino que además incentivan de algún modo la acción de ignorar de facto estos ataques al derecho internacional. La Comisión Europea no sólo hace la vista gorda ante las brutales acciones de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad en muchos Estados de la UE, sino que además calla ante la aprobación de leyes que son claramente restrictivas en derechos humanos básicos, y que vulneran tratados internacionales, que se supone deberían tener prelación incluso sobre los propios tratados de la UE. En palabras de Javier de Lucas, en la entrevista de referencia: "Sorprende que la UE tenga tanto empeño en exigir el cumplimiento de los deberes a los socios [comunitarios] cuando se incumple la "regla de oro" del déficit, o las políticas de austeridad, pero cuando se aprueban leyes en los parlamentos incompatibles con el Tratado de la Unión, como en el caso de Hungría, no se establezcan mecanismos de sanción".  

 

Y al caso de Hungría que cita Javier de Lucas habría que añadirle, entre otros, el reciente caso de Italia, a la deriva ultraderechista con su Ministro Salvini al frente. De entrada, el hecho de sean las ONG de rescate humanitario las que se estén dedicando a salvar las vidas de esta gente en el mar, ya sería suficiente para que se les cayera la cara de vergüenza, si es que tuvieran vergüenza. Pero no sólo no tienen vergüenza, sino que despliegan, además, maldad y mala fe. Y así, la última desfachatez de este personaje (apoyado por su gobierno y por una parte de la población, todo hay que decirlo) ha sido promover una ley por la cual se podrá multar hasta con ¡Un millón de euros! (hasta ahora la máxima cuantía era de 50.000, que ya suponía un claro ataque a la decencia) a las ONG responsables de salvar vidas "sin permiso" (aquí está el matiz) en el Mediterráneo. Salvini, que participó en la votación de esta ley en calidad de senador (hoy día cualquier mequetrefe puede optar a cualquier cargo político), celebró inmediatamente la aprobación de la norma, agradeciéndoselo a la Virgen María (estamos seguros de que si la Virgen pudiera haberle contestado, y precisamente por ello lo hace, no refrendaría ese horror legislativo). Este artículo del medio Contrainformación explica el sentido de dicha norma, y a él nos remitimos. Esta ley fue aprobada el pasado 25 de julio, y otorga al Ministro del Interior la potestad de limitar o prohibir la entrada de naves (por motivos de seguridad, que en realidad son motivos de xenofobia) en aguas territoriales italianas, con amenaza de estas brutales multas a los comandantes de dichas naves. Evidentemente, está basada en el escozor que provocó la entrada en puerto italiano del buque conducido por la alemana Carola Rackete. La nueva ley también prevé el arresto del capitán que ignore las órdenes de alejamiento, autoriza a las autoridades navales a abordar el barco sin necesidad de permiso, e incluso permite la interceptación de las conversaciones telefónicas de modo preventivo contra aquéllos sospechosos de favorecer la "inmigración clandestina e irregular". Pero como observábamos más arriba, el matiz está en la expresión "sin permiso" a la hora del rescate de las personas. Es decir, salvar la vida a alguien en el mar y llevarlo a puerto seguro ya deja de ser una acción humanitaria en sí misma, sino que tiene que tener el "permiso" de las desalmadas autoridades que tengan la potestad de concederlo. 

 

Una situación, como vemos, absolutamente surrealista. Pero nuestros gobernantes tampoco se quedan atrás en este perverso asunto: este pasado fin de semana, el Ministro de Fomento en funciones, y número 2 del PSOE, José Luis Ábalos, declaraba en entrevista a un diario nacional, refiriéndose al Open Arms (que lleva casi dos semanas con más de 120 personas a bordo sin poder desembarcarlas en puerto seguro por falta de "permiso" de las autoridades): "Me molestan estos abanderados de la humanidad que nunca han tenido que tomar ninguna decisión...". Podríamos responderle muchas cosas al señor Ábalos, tantas que nos darían para otro artículo, pero por hacerlo rápidamente, le diremos que el PSOE y sus dirigentes han conducido las siglas del socialismo a tal nivel de indignidad que ya no merecen seguir incorporándolas en su partido. Y es que, como expresa Santiago Álvarez Cantalapiedra en este artículo para Fuhem Ecosocial: "El Estado neoliberal está evolucionando hacia un Estado "securitario" que, ante las problemáticas que debe afrontar, responde endureciendo el aparato punitivo y con políticas que suponen un régimen de excepción en el cumplimiento de los derechos y garantías constitucionales". Repasaremos lo fundamental de este artículo. Así las cosas, podemos afirmar sin dudas que las actuales políticas de fronteras (inmigración y asilo) están desafiando en Europa y en Estados Unidos los fundamentos de la democracia. En 2016, los gobiernos de Dinamarca y Suecia dictaron normas que entorpecían la reagrupación familiar, confiscaban los bienes de los refugiados y aceleraban la expulsión de los migrantes cuya solicitud de asilo hubiese sido denegada. Y por su parte, Alemania, Austria, Hungría, la República Checa o Eslovaquia han reintroducido controles fronterizos en la zona Schengen, para bloquear la posible llegada de nuevos refugiados a sus territorios. ¿Por qué tienen éxito estas sangrientas medidas? ¿Por qué obtienen estas aberrantes normas los aplausos de una parte importante de la población? Básicamente, porque antes los políticos se han encargado de insuflar miedo a esta población. Si no hacen entrar antes a los contingentes humanos en situación de miedo (difundiendo falsos mantras y argumentos de perogrullo), las poblaciones no estarían preparadas psicológicamente para normalizar estos fanáticos estados de excepción. 

 

Álvarez Cantalapiedra explica: "Un miedo alimentado por una visión deformada de la realidad que, alentada desde el poder, impere en el imaginario colectivo y busque que la población europea crea que es la diana del terrorismo internacional, cuando con datos en la mano, no somos, ni mucho menos, el objetivo principal del yihadismo; que presente como inasumible, a quienes disfrutamos unos de los niveles de vida más elevados del planeta, la recepción de un contingente de refugiados que representa una parte muy pequeña del total; que haga sentir que nos encontramos ante el riesgo de una invasión de inmigrantes que no se da". Cuando logran infundir este miedo injustificado a la población, a partir de ahí se abre el campo libre para introducir perversiones legislativas y morales como las que hoy día caracterizan el contexto europeo y norteamericano. ¿Se va la gente de sus países, de sus hogares? No, los echan. Actualmente existen cerca de 40 conflictos armados en el mundo, y casi 100 escenarios de tensión que están provocando la huida de millones de personas ante la destrucción de sus tierras, de sus hogares, de sus culturas. Otros varios millones poseen el temor (éste sí, fundado) de que serán perseguidas o aniquiladas en caso de permanecer en sus hogares. Pero como ya hemos insistido, junto al hecho incontestable de que los conflictos armados provocan la huida masiva de la gente, nos encontramos con otros procesos menos evidentes (como el acaparamiento de tierras, el agresivo extractivismo minero o energético, la destrucción de amplios parajes naturales que forman el hábitat de numerosos pueblos, la desertificación de amplias zonas de terreno, el anegamiento procedente de grandes tormentas, tifones, huracanes, etc., procesos todos ellos que están expulsando (y en el futuro lo harán más y de forma más intensa) a numerosas personas de sus centros y modos de vida, por motivo de simple y pura supervivencia. Este es el relato verdadero. Este es el relato que se niegan a contarnos. Este es el relato que deberían comprender nuestros dirigentes políticos, para actuar en consecuencia. Es muy cobarde excusarse en un burdo sistema de cuotas, o en inexistentes "efectos llamada", o alegar a falsos mantras como la "inmigración ordenada" (¡pues ordénenla ustedes!), para desentenderse completamente del problema, y dejar a estas personas abandonadas a su suerte, sufriendo todo tipo de penurias y vejaciones en el mar, en campos de concentración, o en montes desde donde preparan sus saltos a las condenadas vallas. 

 

Son procesos, como incide Álvarez Cantalapiedra, activados por mecanismos de acumulación por desposesión, intensificados además durante las últimas décadas. David Harvey, en su obra "El nuevo imperialismo", relata: "Durante las tres últimas décadas se ha acelerado el desplazamiento de poblaciones campesinas y la formación de un proletariado sin tierra en países como México y la India; muchos recursos que antes eran propiedad comunal, como el agua, están siendo privatizados (con frecuencia bajo la presión del Banco Mundial) y sometidos a la lógica de la acumulación capitalista; desaparecen formas de producción y consumo alternativas (indígenas o incluso de pequeña producción, como en el caso de Estados Unidos); se privatizan industrias nacionalizadas; las granjas familiares se ven desplazadas por las grandes empresas agrícolas; y la esclavitud no ha desaparecido (en particular en el comercio sexual)". No, la esclavitud no ha desaparecido. Poblaciones enteras son literalmente empujadas, salvajemente expulsadas, u hostigadas por las grandes empresas transnacionales, grupos paramilitares, o bien por sus propios Estados, pasando a engrosar las estadísticas de desplazados internos o refugiados en terceros países. Indocumentados estadounidenses proceden a millares de este tipo de políticas. Ante todo este retrato del horror, si nos queda un ápice de decencia, no se puede sino asumir las oportunas responsabilidades. No vale escudarse (porque además, es falso) en que "España siempre ha asumido sus responsabilidades" (José Luis Ábalos dixit, en entrevista citada más arriba), cuando acoge cifras realmente ridículas de refugiados anualmente. ¿Es que vamos a negar que somos las potencias occidentales las responsables de dichos conflictos armados? ¿Es que vamos a negar nuestras responsabilidades históricas y presentes en la devastación de estos pueblos, por medio del neocolonialismo? ¿Es que vamos a negar que llevamos desde su fundación como país haciendo el juego a los perversos Estados Unidos, apoyando sus guerras, participando de sus decisiones, alineándonos con sus argumentos, alimentando el belicista imperialismo estadounidense? ¿Es que vamos a negar que somos nosotros, las potencias occidentales, las principales emisoras de gases de efecto invernadero (con nuestras empresas, nuestras tecnologías, nuestros vehículos...), y por tanto las principales responsables del cambio climático, que afecta principalmente a los países menos responsables, es decir, más pobres? Si no podemos negar nada de esto, sólo nos queda asumir, de verdad, nuestra responsabilidad, abandonar todas estas bárbaras políticas, y acoger a todo el que llegue a nuestra puerta. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 agosto 2019 7 11 /08 /agosto /2019 23:00
Viñeta: Martirena

Viñeta: Martirena

Estamos atrapados en la trampa perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece, destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes

Yayo Herrero

Con todo lo que llevamos expuesto, es lógico darse cuenta de que las líneas generales de una verdadera ética del medio ambiente son fácilmente identificables. En su nivel más fundamental, dicha ética favorece la consideración de los intereses de todas las criaturas sensibles (una foca, un pez, un lagarto, una vaca, un perro, un caballo, una nutria...), incluidas las sucesivas generaciones que se extiendan hacia un futuro lejano. También debe venir acompañada de una estética de aprecio hacia los lugares salvajes y la naturaleza virgen (una cascada, un río, una montaña, un pico, un valle, un bosque...). Igualmente, una ética del medio ambiente ha de velar por la máxima pureza de los elementos que nos permiten la vida sobre la Tierra (el aire, el agua, la propia tierra...). Así mismo, una ética del medio ambiente rechaza los ideales de una sociedad materialista en la cual el éxito se calibra por la cantidad de artículos de consumo que uno puede acumular (electrodomésticos, vehículos, viviendas, propiedades, acciones...). En su lugar, juzga el éxito en términos de las capacidades humanas propias y la consecución de una realización y satisfacción reales (en este sentido, enlaza con la teoría del Desarrollo a Escala Humana, ya expuesta en entregas anteriores). Promueve la frugalidad, la austeridad (bien entendida), en la medida en que es necesaria para minimizar la contaminación, y asegurar que todo lo que se puede volver a usar se vuelva a usar (reciclaje). Tirar a la ligera materiales o alimentos que se puedan reciclar constituye una forma de vandalismo o de robo de nuestra propiedad común en los recursos del mundo. Ese desperdicio también genera contaminación, y vierte al medio ambiente sustancias tóxicas y nocivas para nuestra vida. Una ética del medio ambiente también debe ocuparse de minimizar los efectos del transporte (tanto de personas como de mercancías), intentando que éste sea el más pequeño posible (tanto en distancia como en generación de emisiones). No tiene ningún sentido la importación de determinados productos desde la otra punta del mundo, si podemos obtenerlo por nosotros mismos de una forma cercana. 

 

Una ética del medio ambiente también ha de fijarse en nuestra dieta, en lo que compramos y comemos. Dejaremos para la sección final de esta serie de artículos lo que tiene que ver con el veganismo como tendencia general de nuestra dieta hacia un mundo que respeta la vida de todos los animales, y sólo mencionaremos aquí la necesidad de tender hacia una dieta basada en una mayor cantidad de elementos vegetales y en un descenso de nuestro ingesta de carne. Y ello porque el consumo mundial de carne se provee mayoritariamente desde grandes granjas donde se cultiva la ganadería intensiva, y está demostrado que hemos llegado a un punto donde el cultivo de ganado necesario para satisfacer nuestra demanda de carne mundial necesita a su vez de una cantidad de agua y nutrientes, actividades que al por mayor contribuyen al calentamiento global del planeta, y a la escasez de estos recursos naturales. Precisamente acaba de publicarse un informe por parte del IPCC (ONU), advirtiendo de la necesidad de cambiar el uso de la tierra, así como nuestros hábitos de alimentación, si queremos contribuir a mitigar los graves efectos del cambio climático. Porque en lo que se refiere a la comida, el mayor despilfarro no está constituido por el caviar o las trufas, sino por la ternera, el cerdo y las demás aves de corral. Un 38% de la cosecha mundial de cereales se destina a la alimentación de animales, así como cantidades descomunales de soja. Solamente el peso de las 1.280 millones de cabezas de ganado mundial sobrepasa el de la población humana. Mientras que observamos con tristeza el número de niños que nacen en las zonas más pobres del mundo, pasamos por alto la superpoblación de animales de granja, a la cual nosotros mismos contribuimos. El enorme desperdicio de cereal con que se alimenta a los animales destinados al consumo humano, así como las cantidades descomunales de agua son insostenibles. Eso, sin embargo, es sólo parte del daño ocasionado por los animales que criamos. Los métodos de cría intensiva que utilizan energía de forma ingente en las naciones industrializadas son responsables del consumo de grandes cantidades de combustibles fósiles. 

 

Igualmente, los fertilizantes químicos utilizados para cultivar pienso para el ganado vacuno, los cerdos y las gallinas que se crían en granjas de cría intensiva producen óxido nitroso y metano, gases que contribuyen en gran medida al efecto invernadero. Y también hemos de considerar la pérdida de bosques. Desde hace décadas, a los moradores (tanto humanos como no humanos) de estos bosques se les está desalojando, en un lento proceso de expulsión para proceder a su desalojo antes de ser arrasados. Desde el año 1960, el 25% de los bosques de América Central han sido talados para el ganado. Grandes extensiones vírgenes de terreno han sido destruidas, para ser consagradas a la cría intensiva de ganado dedicada al consumo humano. Una vez talados, los suelos pobres tendrán pasto durante unos cuantos años, pero luego los ganaderos tendrán que marcharse a otra parte. La maleza toma el lugar del pasto abandonado, pero el bosque no volverá a existir, perdiéndose esa reserva natural y ese sumidero de gases GEI. Cuando se talan los bosques para que pueda pastar el ganado, se liberan billones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Finalmente, se cree que el ganado mundial produce aproximadamente un 20% del metano liberado a la atmósfera, y el metano retiene 25 veces más calor del sol que el dióxido de carbono. El abono de las granjas de cría intensiva también produce metano, ya que a diferencia del estiércol que cae de forma natural en los campos, no se descompone en presencia del oxígeno. Todo ello contribuye a proporcionarnos argumentos a favor de la tesis de que, desde una ética del medio ambiente, es mejor seguir una dieta basada mayormente en vegetales y verduras, e ir olvidándose de la carne. Por otra parte, debemos también extender a otros ámbitos y manifestaciones (hábitos y comportamientos) nuestro concepto de despilfarro. Como afirma Peter Singer: "En un mundo bajo presión, este concepto no se limita a una limusina con chófer y champán francés".

 

Las vigas que provienen de un bosque suponen un despilfarro, puesto que el valor del bosque a largo plazo es mucho mayor que el uso que se hace de las vigas. Los productos de papel desechable son un despilfarro, ya que los viejos bosques de madera dura están siendo transformados en viruta, y vendidos a los fabricantes de papel. Dar un paseo en coche por el campo supone un despilfarro de combustible fósil que contribuye al efecto invernadero. Es necesario, de cara a una ética del medio ambiente, suprimir los viajes innecesarios y replantearse el uso de los grandes medios de transporte, tales como los grandes buques de crucero, el avión y el tren de alta velocidad, para ir sustituyéndolos por barcos de mediano tamaño, trenes talgo de larga distancia, u otras alternativas menos contaminantes. Y en la ciudad, deben imponerse los transportes públicos y colectivos, la bicicleta y demás medios eléctricos no contaminantes. Como estamos pudiendo comprobar, el desarrollo y respeto hacia una ética del medio ambiente no es algo excesivamente complicado, aunque sí nos requiere y nos insta a olvidarnos de algunos de nuestros patrones de producción, distribución, consumo y desecho. No obstante, el principal problema no proviene de hacer cambiar nuestros hábitos de viaje, transporte o alimenticios, sino de la profunda resistencia que ofrecen los sectores económicos que se dedican a estas actividades. Y por tanto, al igual que una petrolera discutirá el peligro que conlleva la extracción y el uso de los combustibles fósiles (porque estamos atacando su negocio), una distribuidora de carne opondrá feroz resistencia a que cambiemos nuestros hábitos alimenticios, simplemente porque estamos atacando su medio de producción. O el sector minero, por ejemplo, reaccionará igual ante las políticas tendentes a olvidar el carbón como medio de obtención de energía. Ésta es la resistencia principal que tendremos que vencer, porque tendremos que luchar contra los propios modelos de negocio de los que viven miles de personas, y esto supone una ardua tarea. No obstante, los argumentos que estamos exponiendo son tan comprobables y convincentes que, en el fondo, se trata de un asunto de tiempo, donde al final las posturas intolerantes o recelosas de estas soluciones dejarán de ofrecer resistencia, habiendo de reconvertirse en otros modelos de negocio o mercado.

 

El principal cambio es el cambio interior, no impuesto, sino voluntario. Este cambio implica abandonar a veces nuestros modos de vida, nuestros hábitos, nuestros gustos, preferencias y deseos, para adoptar otros a los cuales nos acostumbraremos más o menos rápida o lentamente. El énfasis en la frugalidad, en la austeridad y en una vida sencilla no implica, no obstante, que la ética del medio ambiente, y la propia filosofía del Buen Vivir, desaprueben el placer, sino que simplemente ponen el foco en otro sitio, es decir, que los placeres que se valoren no deben provenir de un consumo excesivo o desaforado o incontrolado, incluso compulsivo o fanático en algunas ocasiones y para algunas personas. Algunas actividades que hoy día pueden ser placenteras para determinadas personas deberán ir migrando hacia otro tipo de placeres, pero nada más. El contingente humano lleva cambiando estos hábitos y consideraciones durante siglos, y no ocurre nada. El concepto del placer es incluso civilizatorio y cultural, y precisamente nos hallamos, como hemos afirmado tantas veces, en un abismo civilizatorio, donde la realidad nos exige estos cambios de enfoque. Los placeres han de recuperarse del bagaje más sencillo que nos podamos imaginar: deben provenir de las gratas experiencias personales y sexuales, de estar cerca de los niños y de los amigos, de la conversación, de la contemplación, del deporte, del ocio y del esparcimiento que estén en armonía con nuestro medio ambiente, en lugar de dañarlo; de una alimentación que no esté basada en la explotación de las criaturas sensibles, y no tenga como coste la propia tierra; de la actividad creativa, del trabajo de todo tipo (productivo e improductivo, rentable y no rentable, social y personal, obligatorio y voluntario, de cuidados y de reproducción, externo o interno al hogar, retribuido y no retribuido...); y, como hemos intentado exponer durante estas últimas entregas, de saber apreciar y cuidar y respetar las zonas vírgenes del mundo en que vivimos. Ellas son las que nos permitirán seguir habitando este bello y hermoso planeta, nuestro hogar, nuestro mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Fuente de Referencia: Ética Práctica (Peter Singer)

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