Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
2 junio 2019 7 02 /06 /junio /2019 23:00
Viñeta: Emrah Arikan

Viñeta: Emrah Arikan

Decís que por encima de todo queréis a vuestros hijos, pero en cambio les estáis robando el futuro

Greta Thunberg (pionera y líder internacional del movimiento “Fridays for Future”)

El caos civilizatorio en el que nos encontramos nos insta a concebir la interrelación de todos los problemas, ya sean éstos políticos, económicos o sociales. El Desarrollo a Escala Humana y el Buen Vivir nos están intentando transmitir que solo un enfoque transdisciplinario de los problemas nos permitirá comprender de qué manera la economía influye en la política, y viceversa, y hasta qué punto los problemas sociales están estrechamente intrincados, a su vez, con la política y la economía. Entonces, si las políticas económicas diseñadas por los economistas afectan a la sociedad al completo, estos economistas ya no pueden pretender que su única preocupación sean los problemas económicos. La crisis civilizatoria es de una magnitud tal que un cambio de paradigma se vuelve imprescindible. Avancemos por tanto en la implementación concreta del Desarrollo a Escala Humana. Debemos entender que el desarrollo se refiere a las personas, y no a los objetos, al igual que los países se deben a sus poblaciones, y  no al contrario. Si el PIB por ejemplo es un indicador para comprobar cuánto ha crecido la economía (por ejemplo, cuántos coches hemos fabricado), y estamos viendo que estos indicadores no nos indican cuánto ha avanzado la calidad de vida de la gente, necesitamos otros indicadores que midan el crecimiento cualitativo de las personas. Ese nuevo paradigma, a la luz de todo lo referido sobre el Desarrollo a Escala Humana, debería reflejarse en un cambio cultural, consecuencia fundamental de abandonar ciertos satisfactores tradicionales para reemplazarlos por otros nuevos y diferentes. La meta debería ser la satisfacción completa de todas nuestras necesidades, ya que cualquier necesidad humana fundamental que no sea adecuadamente satisfecha revela una pobreza humana (ya hemos comentado que el concepto de pobreza no debe ser únicamente economicista). 

 

Por ejemplo, la pobreza de subsistencia (debido a alimentación y abrigo insuficientes), la pobreza de protección (debido a sistemas de salud insuficientes, a la violencia, a la carrera armamentista, etc.), la pobreza de afecto (debido al autoritarismo, a la opresión, a las relaciones de explotación con el medio ambiente natural, etc.), la pobreza de entendimiento (debido a la deficiente calidad de la educación), la pobreza de participación (debido a la marginación y a la discriminación de las mujeres, los niños y las minorías), la pobreza de identidad (debido a la imposición de valores extraños a culturas locales y regionales, emigración forzada, exilio político, etc.), y así sucesivamente, generan en el ser humano multitud de tipos o formas de pobreza. Pero a su vez, estas pobrezas generan patologías, cada vez que se rebasan los límites críticos de intensidad y de duración de las mismas. Por ejemplo, consideremos la situación de desempleo prolongado. Es evidente que si dicha situación se mantiene en el tiempo, provocará una perturbación total del sistema de necesidades fundamentales de las personas que lo sufran. Debido a los problemas de subsistencia, la persona se sentirá cada vez menos protegida; las crisis familiares y los sentimientos de culpa pueden destruir las relaciones afectivas; la falta de participación dará cabida a sentimientos de aislamiento y marginación, y la disminución de la autoestima podrá fácilmente provocar con el tiempo una crisis de identidad. Es fácil comprobar, entonces, la estrecha relación entre la insatisfacción de necesidades fundamentales y la generación de determinadas patologías, si estas situaciones se cronifican. Si ello afecta a muchas personas, podemos hablar de patologías colectivas de la frustración, cuando dichas insatisfacciones crónicas afectan a colectivos completos, o a porciones significativas de la población. El enorme montante de la deuda pública, por ejemplo, también puede ser responsable de otro tipo de patologías colectivas. Con el fin de pagar a nuestros acreedores (otros países y terceras instituciones, normalmente financieras), una gran cantidad de países y sus poblaciones tendrán que someterse, a costa de quedar debilitados y enfermos, patologías que engendrarán, a su vez, otros problemas económicos, que volverán a influir en la insatisfacción de necesidades. 

 

Todos estos problemas, por tanto, no solo poseen componentes económicos, sino también psicológicos y sociales. Planes de "ajuste estructural" generan en el conjunto de la ciudadanía nuevos problemas económicos y nuevas patologías, estrechamente interrelacionados entre sí. Los sacrificios y privaciones de estas necesidades fundamentales se ven atacados en cascada, y a la larga provocan generaciones completas de ciudadanos "perdidas" ante tanta frustración. ¿Viven bien estas personas? Cualquier análisis de acercamiento superficial nos diría que no. Las mismas personas que han sufrido en sus carnes estos efectos nos confiesan que no. Llega incluso un momento crítico donde la falta de expectativa vital y la crisis en varios ámbitos que sufren estas personas, pueden conducirlas (de hecho ocurre) a fatales consecuencias, como el suicidio. Personas que pierden la vida, después de intentar ganarla durante mucho tiempo. El agotamiento psicológico provocado por la insatisfacción de estas necesidades fundamentales es, como se ve, aterrador. Estas son las consecuencias de concebir estos procesos económicos desde enfoques estrechos, tecnocráticos y reduccionistas, responsables de crear dichas patologías sociales colectivas. El aislamiento, la marginación, la exclusión social y la frustración de proyectos de vida va minando la vida de estas personas. A su vez, cuando alcanzan situaciones límite, la propia sociedad comienza a verlos como auténticos desechos humanos, gente que no sirve para nada. El perverso círculo, entonces, se retroalimenta. Por su parte, el embrutecimiento social y mediático, y el miedo son factores que incrementan y favorecen estas terribles situaciones. Y así, llamamos "mundo libre" a un mundo repleto de las más obscenas desigualdades y violaciones de los derechos humanos. En nombre del "pueblo" se instituyen sistemas donde el pueblo debe únicamente acatar, de manera obediente, los dictámenes de un Estado autoritario y represor, todopoderoso y antidemocrático. Marchas de protesta que se oponen a este sistema son severamente castigadas, y los que participan en ellas son detenidos y condenados por "atentar contra el orden público". Lo vivimos cada día.

 

Sin embargo, y al mismo tiempo, las más variadas y sutiles formas de terrorismo de Estado son aplicadas en nombre de la ley, la democracia, la libertad y los derechos humanos. Ante todo este incierto panorama, numerosamente repetido, las personas acaban por no comprender nada, y presas de la manipulación, se transforman en cínicas, o bien en masas perplejas, alienadas e impotentes frente a la realidad. Lo más normal en estos casos es que los propios oprimidos voten a sus opresores, manteniendo las cadenas que los atan y los condenan a esa triste realidad. La violencia (manifestada en la insatisfacción crónica y profunda de estas necesidades) perturba directamente la necesidad de protección, y de este modo, nos conduce a una profunda ansiedad. Por otra parte, el aislamiento, la marginación y el exilio político (situación ésta última que viven actualmente sobre todo los jóvenes, ante la falta de perspectivas) destruyen la identidad de las personas y causan profundas crisis rupturistas con destrucción de afectos, que generan sentimientos de culpa, a menudo acompañados de falsas lecturas o interpretaciones, e incluso, como hemos dicho, a intentos reales de autoaniquilación. Además, la frustración de los proyectos de vida personales (debida a situaciones políticas, sociales y económicas supresoras de la libertad) destruye la potencial capacidad creativa de las personas, todo lo cual conduce, lentamente, a partir de un profundo resentimiento, a la apatía total y a la falta de autoestima. Nuestro desafío, de cara a un mejor Desarrollo Humano, consiste en reconocer y evaluar las patologías colectivas que los diversos sistemas sociopolíticos son capaces de provocar, como resultado del bloqueo sistemático de necesidades tales como entendimiento, protección, identidad, afecto, creatividad y libertad. Es evidente que así no se puede vivir. Para el Buen Vivir, necesitamos crear otros fundamentos para la vida, comenzando por respetar la satisfacción de necesidades fundamentales. Ello requerirá volver a recuperar todos los ámbitos de deshumanización en que hemos ido cayendo, es decir, volver a humanizarnos, porque la humanización es nuestra única defensa. 

 

Acceder al ser humano a través de las necesidades permite tender el puente entre una antropología filosófica y una opción política concreta. Comprender al ser humano en función de sus necesidades fundamentales nos previene de cualquier otro enfoque reduccionista o simplista. Es más apropiado, por tanto, hablar de vivir y de realizar las necesidades, y de vivirlas y realizarlas de manera continua y renovada. Y ello nos lleva, de nuevo, a los satisfactores. Max-Neef, Elizalde y Hopenayn explican: "El que un satisfactor pueda tener efectos distintos en diversos contextos depende no solo del propio contexto, sino también en buena parte de los bienes que el medio genera, de cómo los genera y de cómo organiza el consumo de los mismos. Entendidos como objetos y artefactos que permiten incrementar o mermar la eficiencia de un satisfactor, los bienes se han convertido en elementos determinantes dentro de la civilización industrial. La forma como se ha organizado la producción y apropiación de bienes económicos a lo largo del capitalismo industrial ha condicionado de manera abrumadora el tipo de satisfactores dominantes". Lo que debemos hacer, entonces, superando el actual escenario de la sociedad de consumo y del crecimiento infinito, es pensar las formas viables de recrear y reorganizar los satisfactores y bienes de manera que enriquezcan nuestras posibilidades de satisfacer las necesidades y reduzcan nuestras posibilidades de frustrarlas. Hemos de entender los satisfactores como la realización histórica de las necesidades, y los bienes económicos como su materialización. Veamos su carácter histórico (social-universal): al reflexionar en torno a las 9 Necesidades Fundamentales definidas por estos autores, ellos entienden que (basándose en algunos estudios antropológicos) seguramente las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio y Creación estuvieron presentes desde los orígenes del Homo Habilis, y sin duda, desde la aparición del Homo Sapiens. Probablemente en un estadío evolutivo posterior surgió la necesidad de Identidad, y mucho más tarde, la necesidad de Libertad. Los autores también opinan que, del mismo modo, es probable que en el futuro de la especie la necesidad de Trascendencia (que no incluyen aún en el catálogo por no considerarla tan universal como las otras), llegue a serlo tanto como las demás. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0
30 mayo 2019 4 30 /05 /mayo /2019 23:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

La puerta giratoria más nociva es la de los altos técnicos de organismos reguladores, abogados del Estado, economistas del Estado… De esto no se habla, solo se piensa en ministros y poco más

Jorge Fabra (ex Presidente de Red Eléctrica)

En el último artículo, a tenor de nuestra exposición sobre los diversos aspectos que rodean la pobreza energética en nuestro país, citamos el fenómeno de las puertas giratorias como uno de los principales en torno a este asunto. Veámoslo con un poco más de detalle (en este otro artículo de nuestro Blog ya explicamos las puertas giratorias en sentido general), basándonos en este artículo colectivo (José Bautista, Dani Domínguez, Eduardo Robaina y Ana Ordaz) publicado en el medio La Marea. A fecha de septiembre de 2018, existían en nuestro país más de 175 ex altos cargos políticos que habían formado o formaban parte de los Consejos de Administración o equipos directivos de las empresas energéticas del IBEX 35. Es un fenómeno tan normalizado en nuestro país que Pedro Solbes llegó a asegurar que "Las puertas giratorias existirán siempre, y si no existen es una desgracia que la política solo pueda contar con políticos profesionales que no puedan entrar y salir". Ahí queda eso. Iremos contestando a Solbes a lo largo de nuestra exposición. En primer lugar, las puertas giratorias no solo es que no debieran existir, sino que representan toda una aberración democrática y un modo de corrupción en sí mismo. Porque aquí no estamos hablando, aclarémoslo, de una persona que viene, por ejemplo, del mundo universitario, entra en la política, y al cabo de un tiempo deja la política y vuelve a su mundo laboral. No. Aquí estamos hablando de un mecanismo que responde al más puro estilo del "Hoy por ti, mañana por mi", y que supone una intoxicación intolerable de la política con el mundo de los negocios privados. Pondremos su propio ejemplo: hasta el año 2014, Pedro Solbes fue Consejero de Enel, la eléctrica italiana que se hizo con el control de Endesa con el beneplácito del gobierno "socialista" del que él mismo formaba parte. 

 

Su sucesora en el Ministerio de Economía, Elena Salgado, también trabajó para Endesa. Fue nombrada Consejera de la eléctrica española menos de un año después de abandonar el cargo. También fue consejero de la misma compañía Luis de Guindos, sucesor (PP) de Salgado en la misma cartera ministerial. ¿No son ya demasiadas sucesiones? Estamos hablando de toda una casta político-empresarial, que entiende la política como un juego de favores, y que además no tiene empacho en dirigir las políticas públicas no para el interés general, sino para el interés privado de estas grandes empresas. Claro, así después se entienden los "regalos" y la devolución de estos favores. El sector energético es el que más puertas giratorias aglutina en nuestro país...¿Tendrá este hecho algo que ver con que tengamos que pagar una de las facturas eléctricas más caras de Europa? Endesa es el ejemplo más paradigmático: en su plantilla han "prestado sus servicios" al menos un ex Presidente, cinco ex Ministros y una larga lista de altos cargos públicos, desde ex Secretarios de Estado hasta ex Consejeros autonómicos. La siguiente pregunta podría ser: ¿Y todos ellos entendían de energía? Pero separemos más piezas de este indecente puzzle: al igual que Repsol, Enagás, Red Eléctrica y otras compañías energéticas, Endesa también era una empresa pública y estatal, hasta que el gobierno de Felipe González inició su privatización progresiva, obra que culminó José María Aznar a finales de los años 90. Y como nos cuentan sus autores en el artículo de referencia: "Hay puertas giratorias que dejan transcurrir varios años desde que salen del gobierno hasta que fichan por alguna compañía del ramo energético. En otros casos, sólo transcurren meses. Hay ex altos cargos del Estado que entran en los Consejos de estas empresas por su reputada trayectoria profesional y académica, como es el caso de Jorge Fabra, ex Presidente de Red Eléctrica. No obstante, la mayoría no dispone de experiencia previa ni estudios o perfil técnico relacionados con el sector. Un caso llamativo es el de Arsenio Fernández de Mesa, ex Director de la Guardia Civil y actual consejero de la misma compañía. Fernández no tiene estudios universitarios, y fuera del ámbito político, solo ha trabajado como ayudante de jardinería". ¿Conocen mis lectores y lectoras muchos jardineros que sean nombrados Consejeros de una gran empresa multinacional? Yo no. ¿Arquitectura de la Desigualdad, tal vez?

 

Esta práctica de las puertas giratorias viene de lejos. En los años 90 ya había políticos que saltaban del gobierno a las empresas energéticas. Por entonces aún eran frecuentes los perfiles técnicos (es decir, que observaban un comportamiento un poquito más ético), pero hoy día ya no respetan ni ese detalle. Las privatizaciones iniciadas por González y Aznar dieron un giro a esta dinámica. Hoy día la dinámica es perversa y escandalosa: no respetan el tiempo estipulado por ley para los nombramientos, no fichan a personas de reputado conocimiento o experiencia en el sector de que se trate, y además, los sueldos (por no hacer casi nada, por lo cual Felipe González aseguró que dejaba el cargo en Gas Natural porque se aburría) son absolutamente escandalosos. Pero yendo a la cita de entradilla, es cierto que más allá de los sonados nombres de ex Presidentes o ex Ministros, no suelen salir a relucir otros cargos que giran entre la política y la empresa privada, nombramientos que pasan desapercibidos porque el conjunto de la ciudadanía los conoce menos, poseen menor visibilidad mediática, pero resulta que juegan un papel clave a la hora de diseñar y redactar leyes, decretos, proyectos de ley, normativas, órdenes ministeriales, etc. Esas personas son las que, desde sus altas atalayas políticas, han redactado la letra pequeña de las leyes, y a las que luego se les pagan esos "favores" en forma de miembros de un Consejo de Administración. De todos modos, que la clase política y las energéticas tengan contacto directo no es raro. Por un lado, el suministro de electricidad, gas y petróleo es un negocio estratégico y de vital importancia para la sociedad y la economía. Debido a ello, los sucesivos gobiernos legislan y regulan este fundamental sector, estableciendo límites y garantizando el funcionamiento del "mercado" energético pensando, supuestamente, en el bien común. ¿Pero realmente lo hacen?

 

Todo ello explica el enorme interés de estas empresas por mantenerse próximas y en buena sintonía con los círculos del poder político. Pero hasta ahora, lo que han buscado los políticos de turno ("PSOE y PP, la misma mierda es" gritaban en las manifestaciones del 15-M) no es el servicio público pensando en el interés general (respondiendo a un derecho humano fundamental), sino en el servicio privado pensando en el interés particular de ellos mismos y de unos cuantos allegados. Por otro lado, el sector energético requiere inversiones de capital intensivo, es decir, es necesario poseer e invertir grandes sumas para, entre otras cosas, construir una central nuclear, poner en marcha una central hidroeléctrica, desplegar kilómetros de líneas de alta tensión o afrontar la burocracia necesaria para obtener licencias operativas. Es evidente que el negocio de suministrar petróleo no es igual a quien posee una farmacia o una panadería. Pero tampoco es normal ni bueno la exagerada concentración del poder. En la actualidad, tres empresas eléctricas (Endesa, Iberdrola y Gas Natural Fenosa, ahora Naturgy) acaparan en torno al 90% de la producción eléctrica nacional. Dicho de otra forma, el pastel energético se reparte entre muy pocas manos. Esto explica la relación fluida y directa (que a su vez genera ese modo de corrupción al que antes hemos aludido) entre gobernantes y dirigentes empresariales del negocio energético. De esta forma, esa "relación fluida" se va transformando en un juego de intereses e intercambios de favores, que se manifiesta a través de estas puertas giratorias. Un fenómeno ampliamente extendido y consentido, incluso bien visto por alguna parte de la ciudadanía, y muy bien suavizado por los grandes medios de comunicación, por supuesto al servicio de sus amos, ya que cada año ingresan gran parte de los presupuestos millonarios en publicidad de estas empresas, blanqueando con ello sus terribles prácticas. 

 

En el IBEX 35, principal selectivo bursátil español, existen 6 compañías del ramo energético: Iberdrola, Naturgy, Endesa, Repsol, Enagás y REE (Red Eléctrica de España). Las cuatro últimas eran empresas públicas, es decir, propiedad del Estado hasta finales de los años 90. Las dos últimas (Enagás y REE) siguen teniendo como accionista mayoritario al Estado, que es quien garantiza por ley que operen en régimen de monopolio (transporte de gas y electricidad, respectivamente), aunque el 80% de sus dividendos (dinero con el que la empresa "premia" a sus accionistas) va a parar a manos privadas, tales como fondos de inversión extranjeros (BlackRock), o grandes bancos (Caixabank). Actualmente España tiene una de las facturas de la luz más caras de la Unión Europea. Además, a pesar de ser uno de los países con más horas de luz solar del planeta, el mix energético español sigue siendo adicto al gas natural y al petróleo, dos recursos que España importa de países como Argelia, Arabia Saudí o Libia. De ahí el riesgo de que los gobernantes tengan más preocupación por ganarse un puesto bien remunerado en una compañía energética que por erigir un sector energético estable, soberano y autosuficiente en la medida de lo posible, así como respetuoso con el medio ambiente. Recomiendo a los/as seguidores/as de este Blog la lectura completa del artículo de referencia, ya que sus autores/as citan gran cantidad de datos concretos que ayudan a hacerse una idea más o menos exacta de la magnitud del cáncer que representan las puertas giratorias para nuestra política económica y nuestros servicios públicos en general, así como para entender el bárbaro funcionamiento de nuestro sector energético en particular. Es evidente lo que habría que hacer con todo este tinglado: desmontar las puertas giratorias, aboliendo dicha posibilidad, así como devolver a su control público y social (propiedad del Estado, pero controladas democráticamente por sus trabajadores/as y por el resto de la sociedad) todas estas empresas del ramo. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0
28 mayo 2019 2 28 /05 /mayo /2019 23:00
Viñeta: Martirena

Viñeta: Martirena

El problema, lo que se suele olvidar, es que esta gente no atraviesa África, en un viaje lleno de peligros de un par de años, por gusto. Lo que se obvia es que la destrucción de los Estados sirio y libio ha sido una bomba de relojería para nuestra preciada integridad territorial. Lo que no se quiere ver es que nadie deja atrás su tierra, su familia, su cultura, su pasado, si no tiene razones poderosísimas, a menudo de vida o muerte. Quizá a usted no le agraden los inmigrantes, posiblemente a ellos tampoco les hace ninguna gracia tener que convertirse en uno

Daniel Bernabé

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos es la máxima autoridad jurídica de nuestro continente, y en octubre de 2017 sentenció que las expulsiones inmediatas llevadas a cabo en Ceuta y Melilla por parte de nuestro Gobierno violan el Convenio Europeo de Derechos Humanos, tal como recoge este artículo de Gabriela Sánchez para eldiario.es, al que nos remitimos. Es decir, que las llamadas devoluciones en caliente no se pueden practicar, so pena de violar dicho tratado. En concreto, sus artículos prohíben los retornos colectivos y obligan a garantizar el derecho de recurso efectivo de las personas devueltas. En efecto,  la Corte Suprema Europea concluyó que las devoluciones en caliente (expulsión inmediata) de dos ciudadanos de origen subsahariano a Marruecos no se pueden practicar. La denuncia fue llevada a cabo por dos personas, originarias de Mali y Costa de Marfil, refiriéndose a unos hechos ejecutados en agosto de 2014. Después de varias horas encaramados a la valla de Melilla, agentes españoles de la Guardia Civil les pusieron una escalera para que bajaran, y los entregaron a las autoridades marroquíes. Nadie les preguntó su nombre. No fueron identificados, ni les ofrecieron el acceso a un abogado ni a un intérprete, tal como establecen expresamente diferentes acuerdos internacionales que nuestro país tiene suscritos. Incluso nuestra Ley de Extranjería vigente en ese momento recogía la normativa prevista en estos casos. España fue sancionada a pagar 5.000 euros a cada víctima, en concepto de indemnización. Pero lo mejor de todo este relato viene a continuación: ¿Qué hizo entonces nuestro Gobierno? Pues intentar legitimar estas prácticas. ¿Cómo lo hizo? Pues en 2015 añadió la figura legal del "rechazo en frontera" dentro del texto de la Ley de Seguridad Ciudadana (la llamada "Ley Mordaza"), que supuso mediante esta vía indirecta una modificación de la Ley de Extranjería. 

 

Es decir, que a pesar de las numerosas advertencias acerca de la ilegalidad intrínseca de medidas de este tipo, por parte de organismos como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el Consejo de Europa y numerosas ONG, el Ejecutivo insistió en regularlas en su legislación, y llevarlas a cabo de forma sistemática en cada salto de las vallas de Ceuta y Melilla. Ante las numerosas críticas, los Ministros del Interior han justificado estas prácticas intentando hacernos ver que no hay sitio para todos, que la inmigración debe ser "regulada", que debe estar en función de ofertas de trabajo reales, etc., todo ello muy "ordenado". Es un abominable discurso que esconde las terribles realidades de estas personas, cuyas circunstancias, la mayoría de las veces, hemos creado nosotros. Pretenden obviar todo el fallido sistema que provoca que miles de personas sean literalmente expulsadas de sus tierras. Hay que abrir las fronteras, ya lo hemos dicho en varias ocasiones en entregas anteriores, pero dentro de un contexto más amplio de una Política de Fronteras no solamente respetuosa con la legalidad internacional y los derechos humanos, sino también con el pacifismo, con el antiimperialismo y con la cooperación internacional. Desde el momento en que planteamos estas cosas en las tertulias, todo un ejército de periodistas, políticos y tertulianos previsibles nos ataca directamente a nuestra línea de flotación con los argumentos de que somos ingenuos, buenistas, o que simplemente, no sabemos cómo funciona el mundo. Parece ser que ellos no solo lo saben, sino que además lo bendicen. Dejemos por tanto de poner el foco en las fronteras, en su militarización y en su seguridad, pues el problema no tiene nada que ver con ello. Tampoco son decisivos la altura del muro, cuántos muros haya, el número de agentes que los vigilen, o la presencia de los más sofisticados sistemas de seguridad. Hemos de comprender que ninguna frontera va a servir para impedir la entrada, sino para hacerla más dolorosa. 

 

Las fronteras más rígidas contribuirán únicamente a que las mafias se refuercen, y a que solo puedan cruzarlas los que tengan dinero para pagarlas. Eso se traducirá en travesías más complejas, aumentando el riesgo de tragedias en dicho recorrido. Y tampoco es solución delegar nuestra "seguridad migratoria" a terceros países, para que sean ellos los que lleven a cabo el trabajo sucio a cambio de dinero. El caso del acuerdo UE-Turquía, que ya hemos citado en entregas anteriores, es el más paradigmático en este sentido. Nos basamos a continuación en este artículo de Gladys Martínez para El Salto Diario, donde detalla la situación transcurridos dos años, en marzo de 2018. En ese mismo mes de 2016, la UE firmaba con Turquía un acuerdo para "resolver" el problema de los refugiados que trataban de llegar desesperadamente, en su mayoría desde Siria, hasta las costas griegas a través de Turquía, a cambio de 6.000 millones de euros. Pero no se perseguía la creación de vías alternativas y seguras, sino más bien el freno del flujo de estas personas, para que no pudieran llegar a territorio europeo. Dicho "acuerdo de la vergüenza" fue criticado desde todas las instancias de la sociedad civil, organizaciones de derechos humanos y ONG que abordan dichos temas, Los resultados eran palpables: un año después de la firma, el número de llegadas por esta ruta pasó de las 850.000 a 180.000 personas, pero por contra, el número de muertes en el Mediterráneo aumentaba un 38% respecto a 2015. Y mientras nuestros indecentes gobernantes practicaban dichos vergonzantes acuerdos, se silenciaba que países mucho más pequeños, como Líbano, acogían ya a un millón de sirios, o Jordania a cerca de 700.000. Así mismo, Europa se autoimponía la obligación de dar acogida a 160.000 refugiados entre todos los países miembro, cifra que ha sido sistemáticamente incumplida por todos ellos, incluido por supuesto España. Y así, dos años después del acuerdo, un país grande como España, con 47 millones de personas, sólo había acogido a 1.900 de las 16.000 personas a que se había comprometido. Absolutamente lamentable.

 

Ya durante los meses previos al acuerdo, las fronteras europeas comenzaron a cerrarse a cal y canto. Primero, Turquía blindó su frontera sur con Siria. Después, se cerró la ruta de los Balcanes: Eslovenia, Serbia, Croacia y Macedonia cerraron y militarizaron sus fronteras. Las fuerzas de seguridad ejecutaban expulsiones masivas y violentas en las fronteras de dichos países. El paso hacia el norte desde Grecia quedó también bloqueado. Poco a poco, las islas griegas, para los que conseguían llegar hasta ellas, quedaron convertidas en campos de concentración. Al principio, los campos de refugiados se convirtieron en campos de detención. Luego, se fueron masificando y alcanzando condiciones de vida deplorables, convirtiéndose en campos de detención a cielo abierto. Por su parte, nuestro país también posee acuerdos informales con Marruecos para que este país norteafricano también controle los flujos migratorios hacia nuestro país. A su vez, Libia, desde la caída de Gadaffi, ha ido convirtiéndose en un Estado fallido, sumido en varias revoluciones y luchas tribales por el poder, lo cual ha conducido también a que la estancia de migrantes en su territorio se haya convertido en un infierno. Este es el fenómeno "paisaje europeo" que ofrece nuestro continente a los migrantes. Y la cosa tiende a ir a peor, por el continuo aumento de la presencia en los parlamentos europeos de las fuerzas políticas de la ultraderecha, pues podríamos concluir que el único factor que las une a todas ellas es el odio y el rechazo hacia los migrantes. Pero volviendo a Turquía, ¿qué es lo que está pasando allí en realidad? Pues que aunque Europa vendió en dicho acuerdo a Turquía como un tercer país seguro, lo cierto es que Turquía no considera refugiados a los solicitantes de asilo no europeos. Y como tampoco respeta el principio de no devolución, según Amnistía Internacional y otras organizaciones de derechos humanos, lo que ocurre es que se deportan masivamente a los refugiados, incluidos sirios, a los que se envía de vuelta a su país en guerra. 

 

Además, también se han denunciado torturas y malos tratos a los solicitantes de asilo en los centros de detención y deportación, además de malas condiciones de vida en los campos. El panorama es ciertamente desolador: en la práctica lo que existe es un claro mercadeo de personas a cambio de dinero, con lo cual no se cumple con las directrices del derecho internacional, se vulneran varias leyes y convenios internacionales y europeas en materia de derechos humanos, tales como la Convención de Ginebra, la Convención Europea de Derechos Humanos o la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, cuando todas ellas contemplan el derecho de asilo y prohíben expresamente las devoluciones o expulsiones de refugiados. Actualmente podríamos distinguir por tanto ciertos niveles de "externalización" de nuestras fronteras europeas: el primer nivel sería impedir que lleguen a salir de su país de origen (mediante acuerdos con sus respectivos gobiernos). El segundo nivel es el que vela por que si salen, no consigan llegar a territorio europeo, es decir, se alientan las muertes en el Mediterráneo. Para ello, no dudan en intervenir embarcaciones humanitarias, en cerrar puertos europeos, o en seguir militarizando las fronteras. Y el tercer nivel estaría en los propios países de destino (si alcanzan a llegar), donde se crean espacios de excepcionalidad y de exclusión de derechos, desde los campos de concentración en las islas griegas hasta los CIE en nuestro país (ya referidos en anteriores entregas), además de que se les impide la plena integración y se les excluye del derecho al trabajo, se les aboca a la economía sumergida, no se les reconocen derechos fundamentales (como el derecho al voto), etc. Mientras, la ONU y el resto de la comunidad internacional miran para otro lado. La inmigración se está convirtiendo, gracias a estas desastrosas e indignas políticas, en el caballo de batalla del proyecto europeo, pero en realidad lo que está ocurriendo es que todo el fango de las políticas agresivas, belicistas e imperialistas está saliendo a la superficie. Toda la ponzoña derivada de nuestras actividades en política exterior, cual boomerang, se están volviendo contra nosotros. Y a todo esto, los gobernantes europeos se afanan en proclamar la "lucha contra la inmigración" como uno de sus más valiosos objetivos, cuando lo que en realidad despliegan son todos los trucos, artimañas y violaciones posibles a la legalidad internacional. Flaco favor le estamos haciendo al proyecto europeo de integración, a no ser que se trate de un proyecto clasista, racista y supremacista. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0
26 mayo 2019 7 26 /05 /mayo /2019 23:00
Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

La buena vida es, para mí,
Dejar volar lo que se fue
Saber sembrar la mejor vid,
Dar amistad sin ofender,
Sin más gobierno que el del alma,
Con la mente limpia y siempre en calma,
Sabiduría y simplicidad,
Saber dormir sin ansiedad,
La mente en calma

Marco Valerio Marcial (poeta de la antigua Roma)

En la última entrega nos preguntábamos, a la luz de lo referido en torno a nuestras necesidades y a los satisfactores, cuál podría ser o dónde podría estar el verdadero bienestar humano. Intentaremos continuar desde allí hasta llegar al fondo de nuestra exposición. Habíamos hablado sobre el concepto inclusivo del "todos", habíamos hablado de la escasez de ciertos recursos. Pues bien, del mismo modo, es posible descubrir que hay recursos que se caracterizan por requerir ser compartidos para crecer. Es decir, está en su propia naturaleza que sólo en el hecho de darse, crecen. Estos recursos violan la ley universal de la entropía creciente del universo, aquélla ley que señala que el universo camina hacia su homogeneización, hacia la igualación de las temperaturas de todos los cuerpos, llegándose así a un cese del intercambio energético y por lo tanto a la desaparición de todo cambio, movimiento y transformación, en última instancia, a la muerte del universo. Porque hay recursos, como decimos, que por su naturaleza son creadores de vida, instauradores de potencialidad y de virtualidad transformadora, generadores de diversidad y de enriquecimiento colectivo. Recursos sinérgicos tales como el lenguaje, el amor, el conocimiento científico, la información, la creatividad, el poder sobre uno mismo, la memoria colectiva, la identidad grupal, el humor, la democracia, etc. Estos recursos no pierden un ápice de su naturaleza si se dan a los demás, si son compartidos. De hecho, crecen al ser compartidos, se engrandecen si son compartidos. Está, como decimos, en su propia naturaleza. Pues bien, dicho esto, relacionémoslo con lo indicado anteriormente sobre los recursos expuestos a la escasez, y vamos a ver lo que ocurre. Resulta que gran parte del dolor y de la infelicidad humana son producto de la percepción incorrecta del carácter de estos recursos, producida precisamente por la ideología de la escasez.

 

Veamos unos ejemplos: ¿Cuántos de nosotros, si no todos, no hemos vivido sintiéndonos poco queridos e intentando acumular afectos a cualquier precio, incluso al de nuestra propia dignidad? ¿Cuántos no hemos sentido envidia y celos porque hemos visto que otro ser humano recibía el cariño y el amor que nosotros creíamos que nos pertenecía (aunque quien lo recibiera fuese alguien a quien nosotros queríamos profundamente, como un padre, una madre, un hijo, una hermana, nuestra pareja, etc.)? Sin embargo, estos recursos son los descritos en la parábola evangélica de los talentos: pueden quedarse ocultos y escondidos por temor a perderlos o crecer por arriesgarse a compartirlos. ¿Existe algo que implique más un darse a otros que el hecho de amar? ¿No es de la naturaleza misma del amor la donación de sí mismo a otro? ¿Acaso no son el amor, el cariño y el afecto en sí mismos un compartir? ¿No implican el entregarse a los demás? ¿Por qué razón, entonces, los vemos como la negación de lo anterior? ¿Es posible amar sin compartir lo más mínimo y propio con otro ser humano con absoluta generosidad, sin medida alguna y sin ningún tipo de cálculo? ¿Qué nos lleva entonces a calcular y a medir lo incalculable e inconmensurable? ¿Por qué no vemos la profundidad de nuestro error perceptivo? Antonio Elizalde explica: "La mayor parte de la existencia social está construida sobre la base del establecimiento de procesos de institucionalización de las relaciones sociales, ello implica la creación de diversas normas y pautas de conducta que regulan los ámbitos de actuación de las personas, gran parte de aquellas reforzadas por grados diversos de control social. Lo anterior implica la casi absoluta desaparición de la gratuidad en esas formas de relación entre las personas. El mundo que tenemos nos provee de muchísimos descubrimientos, encuentros y creaciones pero no todos son originales, verdaderos y profundos. Y sólo en la gratuidad o mediante la gratuidad es posible el encuentro verdadero, el descubrimiento profundo, la creación original. Únicamente en un ámbito de relaciones donde no prime la obsesión por la eficiencia, por la competencia, por el logro y por el rendimiento será posible el surgimiento sinérgico de lo gratuito, de lo inefable y de lo que probablemente muchos sentimos como lo más propiamente humano: la ternura y la compasión".

 

Podríamos poner muchos ejemplos de nuestra vida cotidiana, de nuestra vida laboral, profesional o familiar, donde todo lo anterior puede constatarse. Cada lector o lectora puede hacer ese ejercicio. ¿No nos sentimos mucho mejor cuando participamos altruistamente en cualquier proyecto? ¿No es cierto que los mejores proyectos científicos (el software libre, por ejemplo) se han desarrollado de forma altruista y comunitaria? En cualquier caso, es posible plantear como una utopía realizable el avanzar en un esfuerzo colectivo de educación y de desarrollo personal que nos haga posible una ampliación de la conciencia (para los religiosos, asimilado al concepto budista de compasión, o bien al concepto cristiano de amor al prójimo) para desarrollar la capacidad de dar cuenta simultáneamente de la necesidad propia y de la necesidad del otro, estableciendo de ese modo un horizonte de autolimitación (voluntaria) a la actualización o satisfacción de nuestras necesidades, que permita la existencia y el reconocimiento de los otros, hoy y mañana. Pensamos que es justamente aquí donde radica el verdadero bienestar humano.  Por tanto, es éste el gran desafío que se nos plantea en nuestro desarrollo como seres éticos, esto es, responsables de nuestro accionar en el mundo, capaces de entender dónde alcanza su plenitud nuestra calidad de vida: tenemos claro que esto ocurre cuando el simple ser inicial que ha devenido en conciencia mediante la individualización, se transforma definitivamente en un ser consciente no solo de su existir, sino también del de los otros. Ello avala también, igualmente, los razonamientos que hemos expuesto desde el ecosocialismo y el ecofeminismo, en el sentido de que somos seres ecodependientes e interdependientes. 

 

Y como puede comprobarse, toda esta teoría del Desarrollo a Escala Humana confronta total y absolutamente con la teoría económica convencional, que basa nuestro progreso y desarrollo en el crecimiento económico, un crecimiento que hemos señalado es pernicioso desde todos los puntos de vista: degrada el medio ambiente y nuestro planeta, no respeta al resto de seres vivos, expolia y agota los recursos naturales, explota al ser humano, y no garantiza una justa redistribución de la riqueza generada. Frente a todo ello, como estamos viendo, sólo un desarrollo basado en las personas y en la mejora de su calidad de vida puede considerarse realmente "bienestar". La teoría de Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martin Hopenhayn se establece como corriente crítica con el economicismo dominante, corriente de la que ya formaban parte figuras destacadas de la economía como Amartya Sen, o de la filosofía política, tales como Rawls o Habermas, que habían realizado aportes y revisiones a los conceptos de justicia, equidad y cooperación social. Cuatro años después de su publicación, en 1990, la Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas reconocía a las personas como protagonistas del proceso de desarrollo. Bajo la situación actual, bajo la angustiosa realidad de un planeta en crisis, de unos combustibles fósiles en el declive de su aprovechamiento, y de un cambio climático como mayor azote para la humanidad, amenazados por la insostenibilidad social y ambiental del modelo económico dominante, es imprescindible rastrear los fundamentos de esta teoría, que al menos sitúa el foco de nuestras necesidades, de su satisfacción y de los procesos que nos conducen a ellas desde una visión muy distinta. La revolución que estos autores aportan al mundo de las necesidades, los satisfactores y los bienes económicos es fundamental para poder plantearse otros modos de vivir, de producir y de consumir. 

 

A la luz de estas nuevas consideraciones, se vuelve imprescindible hacer un ejercicio de reconsideración de nuestras aspiraciones, valores, objetivos y prioridades, y distinguir, como nos proponen estos autores, entre necesidades (finitas y universales) y satisfactores (determinados cultural e históricamente). Porque en esta distinción y en nuestra definición colectiva de los satisfactores sinérgicos radica la clave de un futuro económicamente viable, socialmente justo y ecológicamente sostenible. La teoría de las necesidades humanas y la distinción entre necesidades y satisfactores (presentaremos en próximas entregas la lista completa) ofrecen el marco adecuado desde el que analizar, evaluar, comprender y realizar el seguimiento de todo tipo de iniciativas para un mejor vivir, para vidas más dignas, más justas y más sostenibles. Para vidas más simples, más centradas en nuestra humanidad, y por tanto, más auténticas. Unas vidas donde los sujetos protagonistas recuperen el control de su tiempo y de su espacio, y que garanticen la libertad individual y la responsabilidad social y ecológica. La teoría del Desarrollo a Escala Humana aporta a la filosofía y a la política del Buen Vivir una visión sustancial para la construcción de un nuevo paradigma del desarrollo, menos mecanicista y más humano. Rompe con indicadores, procesos y objetivos de la visión que aporta la teoría del pensamiento económico dominante, que no es capaz de salir de la órbita capitalista. Cumple así la función de proporcionarnos otras visiones constructivas y alternativas, otros focos de atención y otros sustratos donde asentar nuestros conocimientos y nuestras prácticas colectivas como sociedad. Nos aporta marcos conceptuales nuevos, así como unos índices discursivos que nos ayudan a entender la realidad que nos rodea de otra forma, concediendo importancia donde realmente hemos de concederla. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0
23 mayo 2019 4 23 /05 /mayo /2019 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (143)

La pobreza es obra del hombre y puede ser superada y erradicada por la acción de los seres humanos. Superar la pobreza no es un gesto de caridad. Es un acto de justicia. Es la protección de un derecho fundamental del ser humano, el derecho a la dignidad y a una vida decente. Mientras haya pobreza no habrá verdadera libertad

Nelson Mandela

BLOQUE VII. POBREZA ENERGÉTICA.

 

Bajo este hipócrita eufemismo de "pobreza energética" (en realidad, simplemente pobreza, y por tanto desigualdad) se esconde otra vileza típica de las élites económicas y sociales de nuestro país, para maltratar a las clases más necesitadas, que consiste simplemente en retirar los suministros básicos de electricidad, agua y gas a las personas que no pueden hacer frente al pago de su factura. Suministros básicos que corresponden a derechos humanos básicos, sin los cuales, hoy día, no se puede vivir dignamente. Y nuestra sociedad lo permite. Simplemente mira para otro lado. ¿Cómo puede permitir en pleno siglo XXI estas prácticas una sociedad que se considera madura, democrática y avanzada? Y debido a ello, los "usuarios", "clientes" o "consumidores" (terribles eufemismos modernos para llamar a la gente que se encuentra en sus malévolas "listas negras" de necesitados) se ven obligados, muy a su pesar, a recurrir, sobre todo en invierno, al uso de mantas, a adaptar los horarios, a dejar de usar algunos recursos, a desenchufar los electrodomésticos, a vivir en la oscuridad, en el frío y en el silencio, incluso a morir como consecuencia de ello. Ya ni tan siquiera hablamos de desigualdad, sino de un problema de reconocimiento de la mínima dignidad humana. Algunas personas llevan negando durante mucho tiempo que exista pobreza energética en nuestro país. La realidad, de nuevo, se enfrenta tozudamente a sus espurios intereses. La pobreza energética es la responsable de la muerte de 7.000 personas al año. Esto significa que mueren muchas más personas por pobreza energética en España que por accidentes de tráfico, por poner un ejemplo bien conocido. Un 18% de los hogares, según los últimos estudios, tiene dificultades para poder mantener su casa acondicionada en invierno, y un 22% de la población (1 de cada 5 personas) sufre sus consecuencias.

 

Además, la pobreza energética es una pobreza muy especial: podemos decir que es el tipo de pobreza más íntima, más privada, porque ocurre en el interior de los hogares, de las casas, y denigra profundamente la dignidad de las personas. Provoca que muchos ancianos/as y muchos niños/as se vayan a la cama muy temprano, porque allí están más calentitos. Los datos indican que desde el comienzo de la crisis la factura eléctrica ha subido en cómputo total del orden del 70%. Según el medio Infolibre, durante el período 2009-2015, se produjeron en España 7,5 millones de cortes de luz. Y como todos hemos experimentado, sin luz no podemos ver nuestra casa, ni a las demás personas, no podemos encender ningún electrodoméstico, no podemos calentarnos, no podemos refrescarnos, no podemos usar ningún dispositivo móvil a menos que tengamos las baterías recargadas (teléfono móvil, laptop, ordenador portátil o de sobremesa, consola...), no podemos ver la televisión, ni escuchar la radio, ni oír música, ni leer. Tampoco podemos cocinar, ni usar el microondas. La situación de impotencia es muy grande. Los investigadores Pedro Ramiro y Erika González, de OMAL (Observatorio de Multinacionales de América Latina), han explicado lo siguiente: "Los debates en torno a los impactos económicos, sociales y ambientales de las empresas multinacionales de la energía, así como en torno a la democracia y soberanía energética, deben comenzar con la pregunta de ¿energía para qué y para quién? Y ahondando en la cuestión: ¿quién se beneficia de los proyectos de energía y quién sale perdiendo? ¿A qué intereses sirven? ¿Qué conocimientos se valoran? La historia reciente de los proyectos de energía en muchas partes del mundo está estrechamente relacionada con la imposición colonial de un modelo de desarrollo capitalista y de políticas neoliberales de ajuste estructural promovidos e impuestos por instituciones tales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio o la propia Unión Europea".

 

Y prosiguen estos autores: "Y los beneficiarios han sido, por supuesto, el gran capital, las grandes empresas transnacionales y las instituciones financieras, en detrimento de innumerables vidas y medios de sustento. El desarrollo del capitalismo industrial ha estado y está basado en los combustibles fósiles, y por lo tanto, siempre ha servido a los intereses de ciertas élites. Cuando trabajamos sobre políticas de energía tenemos que hablar de relaciones de poder y cambiarlas". En este sentido, la pobreza energética es el claro síntoma final de toda esta indecente cadena. Véase nuestro caso español: antes de mediados de los años 90, cuando Endesa era Sevillana de Electricidad, S.A., y antes de que comenzaran los terribles ajustes derivados de la ola neoliberal y las privatizaciones subsiguientes, los casos de pobreza energética eran mínimos. La factura de la electricidad era mucho más barata y comprensible, las instalaciones de las empresas de cara a la atención al público eran amplias y nunca estaban colapsadas, y la luz, simplemente, no era un problema para casi nadie. Hoy, en cambio, cuando la pública Sevillana ya es la privada Endesa, la pobreza energética es una triste y degradante realidad, el precio de la factura de la luz es mucho más caro, y las instalaciones dedicadas a la atención al público son ínfimas, cada vez más reducidas. La factura de la luz se ha convertido en un grave problema para cientos de miles de familias en nuestro país. Y nosotros nos preguntamos: ¿para esto ha servido la privatización de estas empresas, que antes proporcionaban un servicio público y universal, y ahora es privado e inaccesible para mucha gente, desde la época del PSOE de Felipe González, completada después por el PP de José María Aznar? ¿Era esto lo que pretendían conseguir? ¿No se les cae el alma al suelo (probablemente no la tengan) cuando contemplan los efectos de sus desastrosas políticas? 

 

Pero vayamos por partes: el proceso de liberalización del sector eléctrico, emprendido a partir de 1997 (en varias fases y por sucesivos gobiernos), ha sido un completo fracaso. Hoy día tenemos una de las facturas eléctricas más elevadas de toda la Unión Europea, viviendo en el país que posee una dosis natural solar mayor de los países de nuestro entorno. ¿Cómo es posible esto? Las grandes eléctricas se quedaron con la mejor parte del pastel, las centrales nucleares y las hidráulicas. El mercado eléctrico actual es un mercado marginalista, como en otros países de Europa, pero aquí su repercusión en el precio de la electricidad es absolutamente desproporcionado. El poder de las grandes compañías eléctricas es descomunal, y además se han valido de varios argumentos (como el famoso déficit tarifario, explicado en este artículo), para ampliar aún más su margen de beneficio. Pero también sufrimos en nuestro sistema otras muchas deficiencias e injusticias, como el elevado tipo de IVA aplicado a la electricidad (21%, algo insólito referido a un suministro fundamental), en teoría un bien de primera necesidad (los cuales tributan al reducido 4%), y los perniciosos efectos de una tarificación por horas de todo punto absurda. Es inconcebible que un bien de primera necesidad como la energía haya de estar sujeta a los cambios de mercado de última hora, como si fueran acciones en bolsa. El elevado número de impuestos y tasas completan el resto de las piezas del puzzle, todo lo cual es utilizado por los gobiernos de turno como justificación para no poder intervenir. En realidad, simplemente, les resulta más cómodo no intervenir, dada la estrecha relación, como veremos más adelante, entre el poder político y el poder de estas grandes corporaciones, expresado en el fenómeno conocido como las "puertas giratorias". 

 

Y así, con todo ello, nuestro sistema de precios de la electricidad es tan injusto y disparatado, como el fantástico símil que leí de estos autores: "es como si entráramos en una cafetería a tomarnos un café, y la dependienta nos cobrara según la hora que fuese, según el mayor precio del mercado mayorista de ese día, y además nos cobrara un peaje por gasto de barra, un plus por reposición de tazas, un plus por lectura de prensa, y también por (posible) conversación con la camarera. Y después de todo eso, nos aconsejara tomarnos el café a las cuatro de la madrugada, que es cuando el precio es menor. Pues si entendemos que todo esto es un absurdo, igual de absurdo es el precio que pagamos por nuestra electricidad". En efecto, el símil no tiene desperdicio. Por si todo ello fuera poco, las empresas energéticas se han opuesto rigurosamente en nuestro país a la revolución (positiva en todos los sentidos) que suponen las fuentes de energía renovables, y han interpuesto todo tipo de inconvenientes para que estas tecnologías no pudieran desarrollarse en igualdad de condiciones, y fueran inaccesibles para el conjunto de la ciudadanía. Aspectos como las subvenciones a estas empresas renovables, el llamado "impuesto al sol", y otros impedimentos han retrasado la implantación masiva de estas fuentes renovables, lo cual no tiene otra explicación que la de intentar retrasar todo lo posible la explotación de este nicho de mercado, hasta que ellas mismas puedan seguir controlando los nuevos mercados surgidos de las mismas. La pobreza energética en España, resumiendo, podemos indicar que se debe a dos factores fundamentales: la codicia de algunos grandes y desalmados empresarios, y la cobardía y connivencia de nuestros indecentes gobernantes, aliados del gran capital, para no poder remedio a tanto despropósito y a tanta injusticia social. El acceso a la energía es un derecho humano fundamental, y como tal ha de ser garantizado por nuestros representantes públicos. Pero desgraciadamente, importa mucho más el botín que se reparten las grandes empresas que el hecho de que existan pobres energéticos en nuestro país. Desolador. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0
21 mayo 2019 2 21 /05 /mayo /2019 23:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

El apartheid europeo, que causa la marginación y precarización de las personas inmigrantes seguirá imperando. Las invasiones imperialistas para saquear los recursos de África, Asia y América Latina seguirán siendo perpetradas por esos mismos que luego se quejan de que las personas de los países invadidos, intervenidos y saqueados tengan que migrar y sigan la misma ruta que previamente siguieron las riquezas succionadas de sus países por multinacionales de la UE, EEUU y demás metrópolis capitalistas

Cecilia Zamudio

El próximo domingo 26 de mayo se celebran Elecciones al Parlamento Europeo, y tal como afirma Mark Brey (entrevistado por Iñigo Sáenz de Ugarte para el medio eldiario.es): "A una escala europea, tal vez es el peor momento en cuanto a la amenaza fascista desde 1945". Si las fuerzas políticas mal llamadas "populistas", "euroescépticas" o "ultranacionalistas" (en realidad de extrema derecha) consiguen una mayor representación en la Eurocámara, es lógico pensar que se desencadenará una mayor oleada de xenofobia en nuestro Viejo Continente, y ello afectará especialmente a las personas migrantes. Hasta el mismo lenguaje es violento e insultante: los migrantes no esperan, sino que "aguardan"; no hay personas que intentan cruzar la frontera hispano-marroquí, sino inmigrantes que "asaltan la valla"; algunos no intentan entrar en vehículos, sino que utilizan "coches-kamikaze"; y no hay gente de carne y hueso que busca un futuro mejor porque las desigualdades cada vez son mayores, sino que lo que hay es, simplemente, "una brutal presión migratoria". El lenguaje es el primer signo que nos describe lo que vemos, que nos ofrece el primer impacto de lo que nuestros sentidos interpretan en nuestro cerebro, por eso el lenguaje es tan importante. Es una de las piezas de ese "inmigracionalismo" que hemos definido algunas entregas atrás. Así que quizá una de las pocas razones que existan para votar en las próximas Elecciones Europeas sea mitigar el impacto del neofascismo, expresado entre otros indicadores en esta ola de racismo y xenofobia sin límites. Si no frenamos el avance de estas fuerzas políticas de ideario neofascista, continuaremos presenciando los "pequeños holocaustos cotidianos" (en expresión de Arturo Borra) que suponen los cadáveres en el mar, las torturas en Libia, los campos de concentración de migrantes, los puertos de acogida cerrados, el ataque a las ONG, la fortificación de las fronteras, la ausencia de rutas seguras, la falta de integración de los migrantes en nuestras sociedades, etc.

 

Así que si no lo impedimos, asistiremos en los próximos tiempos a un recrudecimiento de las políticas migratorias, bajo un nuevo giro reaccionario y discriminatorio, restringiendo las oportunidades de los migrantes regulares, y criminalizando a los que se encuentran en situación irregular. Estas formaciones políticas han abierto su veda al migrante, y lo proclaman indecentemente a los cuatro vientos, para ver si les compran su indeseable y aberrante discurso. Se incrementarán entonces el tráfico y la trata de personas (ya que las mafias se nutren precisamente de la existencia de fronteras fuertes), las deportaciones ilegales y expres, los naufragios masivos, las redadas bajo perfiles étnicos, la represión en las vallas fronterizas, el despliegue de medios tecnológicos represivos, las torturas en los CIE y demás centros de internamiento, o los tratados con terceros países fuera de la UE para que sean ellos los que ejecuten el trabajo sucio, y mantengan a los migrantes fuera de nuestros territorios. Hacemos un llamamiento desde esta humilde tribuna para que el voto de cara al Parlamento Europeo se vincule con formaciones políticas que proclamen que otra Política de Fronteras es necesaria, y que es absolutamente fundamental el respeto a los Derechos Humanos, así como el cese de la injerencia en sus países de origen. También la lucha contra el cambio climático es vital, ya que estamos superando poco a poco la cifra de migrantes que han de escapar de sus hogares por mor de esta terrible causa. Los partidos y coaliciones políticas de ultraderecha izan la bandera del nacionalismo más excluyente, bajo la falsa proclama de que estamos en riesgo de perder "los valores de nuestra civilización", los fundamentos cristianos de Europa, cuando son éstos precisamente los que deberían demostrarse en el tratamiento que damos a estas personas. Es un ejercicio de tan alto cinismo y desvergüenza que se descalifica por sí mismo. Lo malo es que existen personas que compran este fanático discurso. Así nos va. 

 

Arturo Borra nos explica en su artículo "El estigma de los cuerpos": "La enumeración de los crímenes perpetrados tanto por mafias organizadas como por autoridades públicas y empresas privadas colaboradoras no solo nos instala en la ignominia moral más absoluta: institucionalizada la excepcionalidad como pauta de actuación con respecto a los colectivos más vulnerables, expuestos a una sociodisea tan dramática como evitable. Lo que los massmedia presentan como "trágico" --una suerte de mal inexorable, generado por fuerzas incontrolables--, no es otra cosa que el efecto de una política migratoria que se empecina en resolver por vía policial y militar lo que es problema político-económico de primer orden, atinente tanto a los desequilibrios entre norte y sur como a las relaciones neocoloniales que Europa mantiene con respecto a las periferias del capitalismo. Es completamente previsible que esa política arroje de forma regular un saldo de "muertos" anónimos, parte habitual de ese paisaje vallado en que han convertido las fronteras". Si tuviésemos hoy día que resumir nuestra Política de Fronteras, sería muy fácil hacerlo: es una política basada en la negación sistemática del derecho de ciudadanía a miles de personas. Una política totalmente falta de la más mínima humanidad, y que contraviene el derecho y la legalidad internacional. Una política discriminatoria (no se actúa igual con los migrantes ricos), una política de vasallaje y de atropello (pues la inmensa mayoría de estas personas vienen a nuestros países porque les hacemos la vida imposible en los suyos), y una política carente de escrúpulos, basada en la mentira y en la ocultación. No es que desatendamos a estas personas en cuanto a ciudadanos, sino en cuanto a seres humanos. Nuestros gobernantes han perdido la humanidad. Nuestras políticas se han desgajado de la más mínima dignidad. No están en juego solamente el derecho al trabajo, a la seguridad social o al voto de los extranjeros, sino los propios mecanismos de solidaridad que cualquier sociedad debería practicar. 

 

Estas personas, tratadas como auténticos despojos humanos, son excluidos al derecho a una vida humana digna, y abandonados a su propia supervivencia. La hostilidad de Gobiernos, Estados y de las propias sociedades han ido en aumento, a medida que las terribles consecuencias de nuestras políticas exteriores nos daban una bofetada colectiva de realidad. El reforzamiento policial de las fronteras y los incrementos en la seguridad tienen el único fin de disuadir a los posibles infractores de tan detestables políticas. Lo que se busca es infundir pánico entre los que sueñan con acceder a territorio europeo (o entre los sudamericanos que buscan alcanzar el "sueño" estadounidense). La tendencia es la una práctica generalizada e institucionalizada de criminalización del migrante, de creación de un falso enemigo, fundamentando sentimientos de insolidaridad para con estas personas, que son las únicas víctimas en toda esta historia. ¿Qué queda entonces de las políticas solidarias y abiertas, de las políticas de cooperación, de las políticas multiculturalistas, de las políticas tolerantes? En absoluto se puede afirmar que sean éstos los puntos cardinales que nos señalan nuestras brújulas en cuanto a Políticas de Fronteras. ¿Cómo puede arrogarse Estados Unidos o nuestra Europa del Capital la ejecución de políticas que representen faros y guías morales de la humanidad? ¿En base a qué datos? Lo que preconizan estos países es el desentendimiento más brutal, la ignominia más poderosa, una tendencia a que la vida de los otros nos resulte cada día más indiferente. Si no reaccionamos y damos marcha atrás, nos acercamos peligrosamente a un umbral histórico cuyo traspaso, seguramente, pondrá un punto y aparte en los valores humanos. Un punto y aparte que nos conducirá a unos niveles de miseria moral quizá nunca antes vistos. 

 

¿Nos importa que se vuelva a producir la tragedia de Lampedusa? ¿Nos importa evitar para siempre el drama de la playa del Tarajal? ¿Queremos de verdad que las personas no sufran en los CIE? ¿Pretendemos detener los vuelos masivos de deportación? ¿Pretendemos continuar contemplando los saltos de vallas con concertinas y las heridas que provocan? ¿Queremos que nuestros puertos continúen cerrados a las embarcaciones humanitarias? ¿Pretendemos seguir alimentando a las mafias? ¿Queremos a nuestros Ministros del Interior dando ruedas de prensa anuales para hacer balance de nuestros "avances en el control de la inmigración ilegal"? ¿Nos importa que nos hablen de la integración de estas personas? ¿Nos importa que creemos un entorno en sus países de origen que no les obligue a abandonarlos en una peligrosa odisea? ¿Queremos seguir aumentando nuestros presupuestos anuales para fortificación de nuestras fronteras? ¿Deseamos seguir aumentando los presupuestos de armamento y tecnología de protección de las mismas? ¿Queremos continuar recibiendo noticias en cada portada de los informativos diarios sobre las personas ahogadas en el Mediterráneo, o en el Mar de Alborán? ¿Queremos seguir asistiendo al continuo genocidio fronterizo? ¿Queremos seguir haciendo ricos a los indecentes gestores de las empresas de armamento, a los bancos que los financian, o a las empresas que gestionan los vuelos de deportación? ¿Acaso pretendemos seguir asistiendo impasibles a casos como el de Aylan Kurdi? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar execrables gobernantes como Mateo Salvini, escupiendo en cadenas de televisión en horarios de máxima audiencia su repulsa contra los migrantes pobres? ¿Hasta cuándo veremos aumentar nuestra insensibilidad social y el despotismo institucional con que se les trata? ¿Hasta cuándo continuaremos permitiendo y practicando las devoluciones en caliente? ¿Y las deportaciones en frío, tras años de convivencia, arraigo e integración en nuestro país? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar oír decir que personas humanas son ilegales? ¿Hasta cuándo habremos de contemplar las guerras genocidas e imperialistas, y los éxodos dantescos que provocan? Por compasión, otra Política de Fronteras. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0
20 mayo 2019 1 20 /05 /mayo /2019 23:00
Viñeta: Antonio Rodríguez

Viñeta: Antonio Rodríguez

El hombre en su arrogancia se cree una gran obra, merecedor de la mediación de una deidad. Más humilde, y yo pienso más cierto, es considerar que fue creado a partir de los animales

Charles Darwin

Hablamos normalmente de Animalismo, de Liberación Animal, de Vegetarianismo, de Veganismo, etc., pero existe un concepto de mayor amplitud, que recoge toda la dimensión de los demás conceptos e ideas relacionadas: el Antiespecismo. Intentaremos explicarlo de forma resumida en el presente artículo, comenzando por entender qué es el Especismo. El ser humano actual (heredero evolutivo de sus antepasados Homo …), es, simplemente, una especie más en el universo. En el planeta existen millones de especies de animales y plantas. El cuervo, por ejemplo, es otra especie más. De entrada, muchas personas podrían pensar que entre el cuervo y nosotros los humanos no hay comparación, pero creemos que están en un error. Podrían pensar que nosotros somos “personas”, y a esta palabra le conceden un estatus superior al estatus que conceden al cuervo. Para ellas, por tanto, dadas nuestras más evolucionadas características en todos los órdenes (reflexión, inteligencia, capacidades, etc.), seríamos “superiores” a un cuervo. Bien, hasta aquí la discusión no saldría de unos límites académicos que podríamos explicar científicamente (y entonces veríamos que no hay tantas diferencias entre el cuervo y nosotros). Pero el especismo comienza desde el momento en que nuestra consideración de seres “superiores” al cuervo nos conduce a dominar a dicha especie, y a colocarla a nuestro servicio, sometiéndola a todo tipo de explotación. La especie trasciende a la clase, pero también al género, a la raza…

 

Y así, desde tiempos inmemoriales, el papel que ocupamos en nuestro planeta frente al resto de especies de seres vivos nos ha conducido (por una serie de factores no evolutivos, sino culturales, sociales, educativos, políticos y económicos) a contemplar, digamos, una visión antropocéntrica (el ser humano sería el epicentro del universo), que nos ha empujado primero a la conquista, y luego a la destrucción de la naturaleza, y a tratar al resto de especies animales como verdaderos nazis, es decir, tratándolas como especies “inferiores”, y por tanto, autoconcediéndonos el supuesto derecho de explotarlos y asesinarlos para nuestro provecho. A lo largo del tiempo, toda una serie de deleznables prácticas han colocado al resto de especies bajo las más macabras intervenciones humanas: vivisección, experimentación animal, ganadería intensiva, uso de animales para nuestro ocio, celebración, tradición, diversión, deporte, costumbre, etc. Todo un tipo de alimentación humana basada en la ingesta de ciertas partes del cuerpo de los animales llevamos practicando desde hace siglos. Y toda una industria de productos derivados o procedentes de los animales se lleva cultivando para nuestra protección, abrigo, atuendo, modas, etc. La explotación animal llega a límites insospechados. Y en la inmensa mayoría de los casos, es una explotación sistemática, violenta, brutal, sanguinaria y macabra. El especismo justifica todas estas prácticas, legitima toda esta “cultura” basada en la sangre y el terror para el resto de los animales.

 

El antiespecismo es una revolución ética y política que se opone a toda esta salvaje cosmovisión. El antiespecismo aboga por un respeto hacia todas las especies por igual, aplicando el principio de igual consideración de intereses, que ya describiera magníficamente el genial pensador Peter Singer, uno de los padres del movimiento mundial por la liberación animal. Pero el antiespecismo, como hemos indicado, es una causa política, y en este sentido, ha de ser coherente con el resto de causas políticas que están en su onda. En caso contrario, corremos el riesgo de quedarnos a medio camino, y por tanto, de perder credibilidad, haciendo un flavo favor a la causa. Porque si el antiespecismo aboga por la liberación de todas las especies de animales, la nuestra, es decir, la humana, también debe estar incluida. No tendría sentido desear para una foca lo que no deseamos para nosotros, los humanos. Por tanto, el antiespecismo está en línea con el anticapitalismo, ya que el capitalismo también es un sistema de dominación y explotación (en este caso, del hombre para el hombre). Y también está en línea con el antifascismo, ya que el fascismo es, igualmente, un sistema de opresión para nuestra especie. En este amplio sentido, el antiespecismo también es incompatible con el racismo, con el sexismo, con el clasismo, y con cualquier otro sistema de sometimiento de unas especies sobre otras, de unas razas sobre otras, o de unos individuos sobre otros.

 

Una de las facetas del especismo es considerar la vida de los animales como nuestra propiedad, ya que de esa forma, legitimamos la explotación que practicamos con ellos, obviando lo que les pertenece al más alto nivel, que es su propia vida. En nuestra jerga aplicada a los animales de compañía (y a otros que no lo son), les aplicamos el nombre de “mascotas”, o decimos que somos sus “dueños”, o que nos pertenecen. Y es que dicho sentido de la propiedad nos conduce a la cosificación, en este caso de los animales, es decir, a considerarlos como a cosas que son nuestras, y que podemos hacer con ellas lo que queramos. Más bien al contrario, lo que debe primar en nuestra relación con los animales es la ética del respeto. Si llevamos este concepto de la propiedad y cosificación de los animales hasta el extremo, nos encontramos con los perversos escenarios que podemos contemplar en la ganadería extensiva (de vacas, cerdos, pollos, gallinas…), donde se secuestra literalmente la vida de estos animales desde su nacimiento hasta su muerte, y se les somete a todo tipo de torturas para obtener de ellos determinados productos que luego pasarán al circuito alimentario (huevos, leche…), o a la industria del vestido, del calzado (pieles, cuero…), etc. Vacas sometidas a potentes máquinas succionadoras de leche, gallinas hacinadas que no pueden ni desplazarse medio metro, crías de animales a las que se somete a crueles amputaciones de determinadas partes de su cuerpo, y un largo etcétera de salvajes prácticas demuestran hasta qué punto el ser humano “posee” a estos animales, “secuestra” sus vidas y los coloca a su servicio, sometiéndolos a todo tipo de torturas, maltrato y sacrificios.

 

La falta de ética del especismo se aplica también a la experimentación científica, donde es usual observar, en muchas disciplinas de investigación, los experimentos que se realizan en los laboratorios, a la hora de diseñar cierto producto cosmético, o bien de avanzar en la creación de algún fármaco para combatir determinada enfermedad. Lo típico es encontrarse con que los experimentos han sido realizados con animales (los ratones son los que se llevan la peor parte aquí), en las fases previas de experimentación clínica y comprobación de resultados, hasta que, con el paso del tiempo y los avances científico-técnicos, se consigue el efecto deseado, y comenzamos a patentar dicho producto, antes de aplicarlo a los humanos. Pero hasta llegar ahí, miles de animales mueren en los laboratorios (ante experimentos fallidos), son sometidos a crueles torturas, o bien quedan severamente afectados por los efectos secundarios o colaterales que dicha experimentación pueda ocasionar. El antiespecismo aboga porque los animales no pueden ser considerados recursos de experimentación, carne de cañón expuesta continuamente a los terribles efectos derivados de nuestros avances científicos. La ciencia posee otras alternativas para avanzar sin tener que someter continuamente a determinadas especies de animales a este constante maltrato, explotación y asesinato.

 

El especismo nos ha enseñado, desde pequeños y a través de varias instancias sociales (la familia, la escuela, el trabajo, etc.) a ver al resto de especies animales como meras mercancías, como máquinas, como utensilios para nuestra ayuda, como productos para satisfacer nuestras necesidades (alimentación, abrigo, etc.), pero nunca como seres capaces de sentir amor, sufrimiento y dolor, tal como lo sentimos nosotros. Nos han enseñado que son cosas, que son reemplazables, que son descartables, que nunca estarán a nuestra altura de seres humanos. Pero la verdad es que todos somos animales, todos sentimos por igual, todos nos merecemos la libertad y el mejor trato, todos merecemos vivir vidas dignas. El antiespecismo, pues, se enfrentaría a toda esta cosmovisión antropocéntrica que nos ha conducido a la situación actual, reemplazándola y tendiendo hacia una visión respetuosa e integradora de la especie humana con el resto de especies animales y con la propia naturaleza, entendiendo que no estamos aquí para dominarla ni para destruirla, sino para ser, estar y existir en función de ella, siendo parte de ella, siendo uno con ella, en armonía plena, y donde la naturaleza y el resto de especies animales no están a nuestro servicio, sino que todas las especies compartimos por igual la misma casa común, la madre Tierra.

Compartir este post
Repost0
19 mayo 2019 7 19 /05 /mayo /2019 23:00
Viñeta: Tasos Anastasiou

Viñeta: Tasos Anastasiou

Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo

Slavoj Zizek

En la última entrega expusimos muy de pasada la clasificación de los satisfactores, atendiendo a los cinco tipos generales que distinguieron los creadores de la teoría del Desarrollo a Escala Humana. A continuación nos detendremos un poco más en ellos (basándonos en este documento de Antonio Elizalde como referencia):

 

1.- Satisfactores destructores o violadores, son aquéllos que por la forma en cómo satisfacen la necesidad a la que van dirigidos, no solamente aniquilan la posibilidad de satisfacción de esa necesidad en un plazo inmediato, sino que imposibilitan además la satisfacción de otras necesidades humanas. Un claro ejemplo pudiera ser el armamentismo, que pretendería satisfacer la necesidad de protección, pero que sin embargo imposibilita la necesidad de subsistencia, porque, obviamente, las armas se fabrican para matar; imposibilita la necesidad de afecto, ya que nadie ama a alguien que lo hiere o mata. Al igual que con la participación y la libertad, como ha ocurrido en nuestros países, donde se han usado las armas para impedir por la fuerza justamente que se puedan ejercitar normalmente los derechos fundamentales y las libertades públicas básicas, en épocas de dictadura. 

 

2.- Pseudosatisfactores, que son los que estimulan una falsa sensación de satisfacción de una necesidad determinada, pero pueden aniquilar, en un plazo determinado, la posibilidad de satisfacer la necesidad a la cual originariamente se dirigen. Normalmente son satisfactores inducidos por la propaganda, la publicidad u otros medios de persuasión. Como ejemplos podemos poner la prostitución, las modas, la automedicación irresponsable, la drogodependencia o los nacionalismos estrechos. Si nos fijamos, todos ellos poseen unas miras muy cortas, y están basados en ofrecer un pseudoproducto manipulado, o si se prefiere, ideados para satisfacer una necesidad creada o artificial, o bien en crear un atajo para llegar antes a la satisfacción.

 

3.- Satisfactores inhibidores, que son aquéllos que habitualmente sobresatisfacen una necesidad determinada, pero con ello dificultan seriamente la posibilidad de poder satisfacer otras necesidades. Habitualmente se hallan ritualizados y fuertemente arraigados en hábitos y costumbres. Algunos ejemplos de ellos podrían ser el paternalismo, la familia sobreprotectora, el clientelismo político, los monocultivos, los mesianismos, o la competitividad económica obsesiva. 

 

4.- Satisfactores singulares, que apuntan a la satisfacción única y exclusiva de una necesidad, siendo por tanto neutros respecto a otras necesidades. Frecuentemente son institucionalizados, es decir, producidos desde determinados espacios y actores institucionales de la sociedad. Ejemplos de ellos podrían ser muchas de las políticas, medidas y programas públicos que se ponen en marcha, así como algunas prácticas institucionalizadas tales como los espectáculos deportivos, los procesos electorales, los sistemas de cobertura de seguros, etc. 

 

5.- Satisfactores sinérgicos, que representan el anverso de los satisfactores destructores, ya que los satisfactores sinérgicos se caracterizan porque mediante la forma en que satisfacen la necesidad, logran producir una potenciación generalizada en todo el sistema, y entonces aunque se expresen apuntando a una determinada necesidad, actualizan en cascada otras necesidades, como por ejemplo en el caso de la lactancia materna: si la madre le da un biberón al lactante satisface únicamente su necesidad de subsistencia, mientras que si le da el pecho, a la vez, estimula también las necesidades de protección, afecto e identidad. 

 

Bien, llegados a este punto en la exposición de los fundamentos del Desarrollo a Escala Humana, podríamos plantearnos una pregunta esencial: ¿Dónde radica el auténtico bienestar? Vayamos por partes: nuestro mundo capitalista nos ha ido imponiendo una especie de dialéctica materialista para valorar todo lo que nos rodea, basada en medir y poner precio a todas las cosas: aquéllo que no se puede medir, no importa; aquéllo que no tiene precio, no tiene valor. Por otra parte, también estamos acostumbrados a las grandilocuentes frases donde nos hablan del "todos", de la colectividad, de la comunidad, del país..."Debemos remar todos en la misma dirección", "vamos a gobernar para todos", etc. Pero lo realmente determinante es la definición de quiénes constituyen ese "todos". Habitualmente, eso se ha hecho desde quienes detentan el poder, sea éste económico, político, cultural o religioso. Esta es una forma frecuente de protección usada por casi todos los grupos humanos a lo largo de la historia, ya que al usar una definición excluyente y estrecha del concepto de "todos" se puede neutralizar la natural expresión de la compasión humana, así como las tendencias biológicas a la cooperación. Como expresa el satírico aforismo: "Todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros". Esa frase nos lleva a entender que existen estamentos o clases más privilegiados que otros. Y ante la consabida frase del "remar en la misma dirección", o de que "todos estamos en el mismo barco", habría que objetar que sí, pero algunos estamos en unos departamentos, y otros en otros. El establecimiento progresivo de una cultura universal de los derechos humanos, tal vez el más importante de los avances civilizatorios del siglo XX, apunta al desarrollo de un concepto incluyente de ese "todos". 

 

Es posible afirmar que es a partir de este momento cuando nos encontramos con lo más auténticamente humano, es decir, la punta del despliegue evolutivo de la vida y el universo: la vida consciente de sí misma, la condición humana. Pero esta nueva mirada nos puede proveer de nuevos recursos y nuevas opciones en un mundo que se vivencia en crisis de utopías y de esperanzas. Un mundo donde todo se percibe amenazante. Y entonces, nuestra visión del mundo está teñida por la ideología de la escasez. Como algunos recursos (los económicos) son escasos y limitados, hemos tendido a ver todos los recursos como limitados también, y hemos hecho invisibles todos aquellos recursos que son abundantes. Nuestra cosmovisión anclada en la escasez los hace invisibles. Es necesario desvelar el profundo error que subyace tras esta visión de la realidad gobernada por el paradigma economicista. Por una parte existen recursos escasos, es decir, recursos que están sometidos a la Segunda Ley de la Termodinámica, los cuales al ser compartidos se pierden para aquél que los comparte. Con aquéllos ocurre lo mismo que a un cuerpo que irradia su calor a otro pero al hacer esto pierde su propio calor. Si alguien tiene dinero y se lo da a otra persona, ésta última lo gana pero aquél lo pierde. Ocurre lo mismo en aquéllos juegos a los cuales se denomina de "suma cero", esto es, si alguien gana otro pierde. Sin embargo, también tenemos evidencias que nos indican que existen otros caminos, otras posibilidades, otras formas de realidad, otros tipos de juegos: juegos donde todos ganan. Juegos colectivos donde lo que importa es el hecho en sí de jugar, y no el ganar a otros. Juegos donde el goce y la felicidad se obtienen no en la meta sino en el disfrute mismo del juego. Continuaremos con nuestra búsqueda del verdadero bienestar en la próxima entrega.

Compartir este post
Repost0
16 mayo 2019 4 16 /05 /mayo /2019 23:00
Viñeta: Moro

Viñeta: Moro

No es inevitable ser pobre, ni serlo para toda la vida, porque la pobreza no es un camino sin retorno. Para que se visibilice este fenómeno creciente de fractura social por el aumento de la pobreza infantil y la exclusión social , se requiere de un compromiso explícito y decidido de inversión social para el desarrollo de medidas, programas y actuaciones políticas que se coordinen internamente, y que busquen decididamente la superación de este enorme escándalo social de desigualdad y pobreza que afecta a los colectivos más vulnerables de nuestras supuestas sociedades ricas y del bienestar: los menores, las mujeres, los hogares monoparentales

Amaia Otaegui

Como hemos venido comentando en anteriores artículos, un elemento de cohesión absolutamente fundamental para evitar la continuación de la pobreza infantil hasta la pobreza adulta es el sistema educativo. En este sentido, avanzar hacia la universalización de la educación infantil de 0 a 3 años (pública, gratuita y universal), extendiendo la red pública de centros de Educación Infantil y favoreciendo la escolarización temprana de los hijos e hijas de familias con ambos progenitores desempleados, se establece como una medida obligatoria en nuestro horizonte. Hemos de favorecer, como sociedad, las posibilidades de empleo de las personas con hijos menores a su cargo, mediante planes especiales de inserción rápida y conciliación de la vida laboral y familiar, con especial atención, de nuevo, a familias con ambos progenitores desempleados. Hay que incrementar, además, el énfasis en la protección social de los colectivos más vulnerables en la infancia: niños migrantes, niños gitanos, niños tutelados por instituciones, niños con discapacidad, niños en familias numerosas, y niños en familias monomarentales con bajos niveles de renta y empleo. Estos colectivos necesitan de una especial protección, dada su alta probabilidad de sufrir pobreza severa y exclusión social. En referencia a la vivienda, hay que reformar las actuales leyes obsoletas e injustas, que no respetan en materia de desahucios los tratados internacionales suscritos por nuestro país ni la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDU), con objeto de proteger, sobre todo, a los niños en situación de especial vulnerabilidad, dentro de un proceso de desahucio. Si estamos abogando por que ningún desahucio pueda ejecutarse sin alternativa habitacional digna, esta regla debe respetarse aún más si cabe ante la presencia de menores. Con respecto a los MENA, habría que evitar al máximo la institucionalización de los menores en desamparo, promoviendo siempre que se pueda su adopción o acogimiento familiar, aumentando todo lo posible la red de familias de acogida, y agilizando los trámites vigentes. 

 

Por otra parte, los centros de tutelaje de menores de la Administración carecen de los recursos humanos y materiales deseables, así que deberíamos incrementarlos, hasta alcanzar una dotación suficiente. Y para que cuando finalicen su período de tutela no se vean de nuevo desamparados, hemos de incluir el colectivo de menores ex-tutelados para que tengan acceso preferente a vivienda, empleo, formación y prestaciones sociales. Si no lo hacemos, cuando estos chicos y chicas alcancen la mayoría de edad, volverán a ser canditatos/as a la pobreza, al no poder disfrutar de alternativas y posibilidades de integración social. Se trata, como estamos pudiendo comprobar, de tejer una red social de apoyo en todos los campos y facetas, para que en ningún momento los niños y niñas puedan volver a caer en la pobreza. Existen actualmente muchos escalones en estos niveles de integración, y cada uno de ellos representa un escollo que aumenta la desigualdad. Hay que romperlos todos. Bien, otro asunto de inmenso calado e importancia es el que se refiere al trabajo infantil, que esclaviza a los niños y niñas, les roba su infancia, y contribuye a un desarrollo deficiente de sus capacidades. Hoy día, nuestro cruel mundo no condena la explotación capitalista ni siquiera aplicada a la infancia. El concepto de trabajo infantil de la OIT dice que "se refiere a cualquier trabajo que es física, mental, social o moralmente perjudicial para el niño, afecta a su escolaridad y le impide jugar. Se les niega la oportunidad de ser niños". Pero la realidad es que el trabajo infantil se da en numerosas zonas del mundo, contribuyendo también a su desigualdad. Tomo a continuación datos e informaciones publicadas por el economista Gastón Remy para el medio La Izquierda Diario, donde analiza magníficamente el trabajo infantil y su relación con el capitalismo. Una mirada al trabajo infantil por continentes o regiones encuentra a África con los mayores niveles (19,6%), luego aparece Asia-Pacífico (7,4%), América (5,3%), Europa y Asia Central (4,1%) y por último, los Estados Árabes con el 2,9%. 

 

Según EANNA (Encuesta de Actividades de Niñas, Niños y Adolescentes, un organismo argentino, pero cuyos datos pueden extrapolarse al resto de países), el 3,8% de las niñas y niños de 5 a 15 años trabajan para el mercado, el 3% en actividades de autoconsumo y el 4,8% en tareas domésticas intensivas. Para el caso de los adolescentes de 16 a 17 años, el 29,9% realiza alguna actividad productiva. El 17,2% lo hace para el mercado, mientras que las labores dentro de la unidad familiar también cobran un peso mayor respecto de los niños y niñas. Concretamente, el 5,3% realiza actividades de autoconsumo, y el 12,8% realiza tareas domésticas intensivas. Las consecuencias del trabajo para los niños son absolutamente desastrosas. Ya Marx hablaba de una "devastación intelectual, producida artificialmente al trasformar a personas que no han alcanzado la madurez en simples máquinas de fabricar plusvalor". Aún en muchos lugares del mundo, se continúan practicando todo tipo de engaños y trucos para evadir las tibias reglamentaciones legales que rigen el trabajo infantil. Hay que entender de forma universal que lo único que un niño debe hacer a esas edades es desarrollar todas sus capacidades, y eso se hace mediante la formación, el juego, y las diferentes actividades que los complementen. Ningún niño o niña debería poder ser utilizado por los mercados capitalistas como elemento de producción. El trabajo infantil es una forma de injusticia, de discriminación y de desigualdad, que aplicada a este tramo de la formación de la personalidad y de las capacidades, puede resultar traumática. Sin embargo, el trabajo infantil ha sido una constante del capitalismo que encuentra en infantes y adolescentes un nuevo ejército de fuerza de trabajo dócil y de bajo coste. Como ya sabemos, la perversión del capital no posee límites. Según la OIT, en todo el planeta en 2017 había 218 millones de niños y niñas que trabajaban, y 73 millones lo hacían en trabajos peligrosos que abarcan múltiples actividades, desde el tabaco, el algodón o la minería, hasta la trata de personas, el narcotráfico o la prostitución. Una triste realidad que refleja el modelo de sociedades que estamos permitiendo. Concretamente, las explotaciones capitalistas agrícolas conforman el sector que concentra el 70% del trabajo infantil en el mundo en la actualidad. 

 

Respecto a las condiciones de trabajo, el 21,3% de las niñas y niños de 5 a 15 años que trabajan no perciben remuneración alguna (ni monetaria, ni en especie) y lo hacen durante jornadas en promedio de 12 horas. Por su parte, los adolescentes de 16 y 17 años que trabajan más de 36 horas semanales (igual o más que un adulto) representan al 23,2% del total de jóvenes que trabajan. Las cifras son absolutamente alarmantes. Una mirada al trabajo infantil por sectores de actividad económica arroja que el 70,9% lo hace en la agricultura, el 17,2% en los servicios y el 11,9% en la industria. El peso superlativo del sector primario indica el carácter aberrante del capitalismo que en pleno siglo XXI se aprovecha de la fuerza de trabajo de los menores en las tareas más duras y en las peores condiciones. Hay casos muy paradigmáticos y vergonzantes, como el de Estados Unidos, el cuarto productor mundial de tabaco, donde es legal contratar a niños de 12 años para que trabajen en el campo. De hecho, el Convenio sobre los Derechos del Niño y contra la prostitución y la pornografía infantil no ha sido suscrito (como otros muchos) por USA. Por otra parte, grandes corporaciones tecnológicas multinacionales, como Apple, Samsung o Sony, entre otras, han sido denunciadas por obtener el mineral de cobalto para la fabricación de baterías para dispositivos móviles, del trabajo de miles de niños y niñas en el Congo. Igualmente ocurre con otros materiales necesarios para la fabricación de las pantallas de estos dispositivos, en cuyos procesos extractivos también participan miles de niños y niñas en diversos países africanos. Como concluye Gastón Remy: "Todo intento de erradicar el trabajo infantil dentro de los marcos de la sociedad capitalista está condenado al fracaso. Superar estas utopías reaccionarias nos pone del lado de construir una organización anticapitalista que le ponga fin a la explotación y a la opresión de la fuerza de trabajo de adultos y menores en todo el mundo". 

 

Bien, por último, y para finalizar este bloque temático dedicado a la pobreza y la desigualdad infantil, queremos volver a traer a colación el tema de la Renta Básica Universal (RBU), pero esta vez referida al mundo de los menores, de los niños y adolescentes. Como recordarán los lectores y lectoras, cuando expusimos a fondo el tema de la RBU desde todos sus puntos de vista, ya comentamos la posibilidad de entenderla no solo como una aportación económica para los adultos, sino también para los menores de edad. Y ello porque respondiendo a sus características de universalidad, individualidad e incondicionalidad, entendemos que también los niños y adolescentes deben percibirla. Tal como insistimos entonces, la RBU no se aplica a las llamadas "unidades familiares", sino a cada individuo en concreto de nuestra sociedad, sin más requisitos que ser miembro de ella. De ahí que, por tanto, nosotros defendemos la versión de RBU que asigna una prestación monetaria también a los niños (en realidad a cada invididuo desde que nace hasta que muere), aunque lógicamente con una cuantía inferior que la aplicada a los adultos. Defendemos esta propuesta, por supuesto no entendida en solitario, sino complementaria de todas las demás medidas aquí comentadas, como una manera de erradicar de un plumazo la pobreza infantil y la desigualdad que puedan sufrir estos miembros menores de las familias, que dependen de un injusto sistema de "prestaciones condicionadas para pobres", que además de ser insuficientes, obligan a cumplir una serie de absurdos requisitos. Pero como hemos sostenido, una sociedad que se precie de abanderar la libertad y la democracia, no puede basarse en estas premisas excluyentes e injustas. La RBU garantizará para cada niño o niña una prestación que le asegurará un mínimo vital que impedirá caer en la pobreza y la exclusión social a estos menores, lo cual, unido al reforzamiento de las medidas de complemento al Estado de Bienestar, blindará un sistema donde no podrán darse las actuales situaciones de pobreza infantil, con sus traslaciones al posterior mundo adulto. Finalizamos aquí este bloque temático, y a partir de la próxima entrega comenzaremos con el siguiente, dedicado a la pobreza energética.

Compartir este post
Repost0
14 mayo 2019 2 14 /05 /mayo /2019 23:00
Viñeta: Martirena

Viñeta: Martirena

Tenemos que organizarnos para defender el derecho a la vida de la gente que, desesperada, escapa de sus países y viene buscando paz y salvaguardar nada más y nada menos, que su propia existencia y la de sus hijos. Los pobres y descastados no tienen nacionalidad. No hay pasaporte para la pobreza

Juan Ignacio Zubiarrain

Aportábamos datos, desde el artículo anterior, sobre la violencia estructural que se practica asiduamente en nuestra frontera sur, es decir, en la frontera hispano-marroquí, basados en el informe de las organizaciones Iridia, Novact y Fotomovimiento, y comentados por Enric Llopis en este artículo para el digital Rebelion. Como estas mismas organizaciones reconocen, su trabajo es tedioso, y presenta innumerables dificultades. Documentar lo que ocurre en nuestra Frontera Sur no resulta un trabajo fácil, cómodo ni sencillo. Los autores del informe afirman que su trabajo se encuentra continuamente con las trabas de las fuerzas de seguridad, tanto españolas como marroquíes. Parece ser que es algo común, ya que otras organizaciones, asociaciones y activistas también han denunciado en muchas ocasiones estas dificultades, debido a la represión policial. La conclusión lógica nos lleva a pensar que, desde los estamentos oficiales, no se ve con buenos ojos que lo que ocurre allí sea conocido y documentado, elevado a la opinión pública, y para ello recurren a todo tipo de injusticias y artimañas, amparados por una legalidad cómplice. Hoy día parece que los Estados tienen una extraña e indecente habilidad para dar la vuelta a la tortilla de los Derechos Humanos, y hacer aparecer como delincuentes a las personas que los reivindican y que luchan por ellos. Bomberos, activistas de ONG (Open Arms, por ejemplo), activistas que salvan vidas, aquéllos que luchan por sus derechos (como el caso de Helena Maleno, afortunadamente con final feliz), y otros muchos nos llevan a pensar en esta dirección. Otro ejemplo fue la multa de 1.500 euros impuesta a la Asociación Prodein, acusada de "actos vandálicos" y "concentración ilegal", cuando organizaron un acto con niños y niñas de la calle para despedirse de un compañero muerto en Melilla. El informe citado, cuyas conclusiones estamos presentando, incluye también el caso de la fotógrafa Ángela Ríos, detenida en marzo de 2015 cuando trabajaba en el entorno de la valla melillense. Fue acusada de un presunto delito de tráfico de inmigrantes. Un juez archivó posteriormente el caso. Podríamos poner cientos de ejemplos más, que están a la orden del día. ¿Es señal de comportamiento de una sociedad plenamente democrática? Nos parece que no. 

 

Nos parece más bien la actitud típica de un Estado hostil, de unas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que no desean que sus verdaderas labores sean conocidas, que sus prácticas sean reveladas, y que para ello cuentan con la complicidad de todo un sistema represivo a su servicio. Pero en fin...¿qué vamos a esperar de un Estado donde aún posee vigencia la Ley Mordaza? Pero volviendo al tema que nos ocupa, que es la violencia estructural en nuestra frontera sur, el informe de referencia presenta también el conocido y triste caso de las porteadoras, ya que ellas también sufren acoso, violencia y abusos de forma sistemática. Las porteadoras son también protagonistas de la vida cotidiana en la Frontera Sur. En su inmensa mayoría mujeres y de nacionalidad marroquí, tienen edades comprendidas entre 35 y 60 años y muchas de ellas viven en las zonas de Tetuán y Nador. Estas porteadoras trabajan por su cuenta, o a cambio de una cierta comisión. Se trasladan a Ceuta y Melilla para recoger fardos que pueden pesar alrededor de 90 kilos, que después transportan a territorio marroquí. Entonces entregan el fardo con las mercancías al cliente (en caso de trabajar por una comisión pueden cobrar entre 3 y 5 euros por fardo). Uno de los mayores problemas para ellas radica en el propio diseño de los pasos fronterizos, que lleva invariablemente a las aglomeraciones y al hacinamiento. Además, desde la apertura de los pasos a las 6 de la mañana hasta el cierre, las porteadoras intentan atravesarlos el mayor número posible de veces, con el fin de aumentar sus escasos ingresos. En las zonas de Ceuta y Melilla donde trabajan estas mujeres, operan la Guardia Civil y las Unidades de Intervención Policial (UIP). El informe, citando como fuente a varias organizaciones sociales, señala que "uno de los puntos donde se produce mayor violencia policial es en los pasos desde territorio español a marroquí; los casos de violencia verbal son diarios y las agresiones físicas muy comunes". Como podemos comprobar, necesitamos una nueva Política de Fronteras que no se centre en los elementos, diseños y estructuras que generan violencia de forma estructural, salvaguardando y preservando los derechos humanos. 

 

Citado en algún artículo anterior de pasada, hemos de remarcar que uno de los episodios más trágicos de violencia ocurridos fue el de la playa de El Tarajal (Ceuta), el 6 de febrero de 2014. A aquél grupo de migrantes, a la orilla de esa playa, en territorio español, les esperaban en grotesco comité de bienvenida, personal de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, equipados con abundante material antidisturbios, pelotas de goma incluidas, a pocos metros de los náufragos. Existen imágenes de todo ello, así como de lanchas de salvamento marítimo que no pudieron llegar a tiempo para evitar aquélla inútil e injustificable masacre: la muerte de 15 personas, en su mayoría dentro del agua, en ese tramo de frontera que parece muy difícil de trazar. Los migrantes sin embargo lo trazan muy bien, porque para ellos significa la frontera entre el hambre y la ocasión de poder emprender un proyecto de vida digno. Pero al parecer, no se lo ponemos nada fácil. Este episodio ha sido relatado por diversas fuentes, nosotros hemos elegido el presentado por Antonio Martínez López, Profesor de Sociología de la Universidad de Granada, en sus reflexiones publicadas en el digital Rebelion, al mes siguiente de los tristes hechos. Se sucedieron un sinnúmero de declaraciones confusas, contradictorias, unas más presentables que otras. Los responsables institucionales no estuvieron a la altura, ofreciendo relatos, algunos de los cuales eran auténticamente surrealistas. Este macabro acontecimiento sirvió para prohibir el uso de pelotas de goma en las operaciones de control fronterizo y de salvamento de los migrantes náufragos. Antonio Martínez expresa lo siguiente, refiriéndose al entonces Ministro del Interior (PP), Jorge Fernández Díaz: "Para el Ministro son inmorales todos aquéllos ciudadanos que se atrevan a anteponer en su pensamiento la existencia de quince personas inocentes muertas a la intachable actuación desde siempre, ahora y para siempre de la Guardia Civil, que para él sólo responde ante Dios y la historia". En efecto, teníamos la desgracia en esas fechas de tener que soportar a un Ministro de Interior, digamos, muy especial, que alentaba, por ejemplo, a que todas las personas que discrepáramos de su política, les diéramos nuestra dirección y teléfono, para poder enviar los migrantes a nuestra casa. Toda una ocurrencia digna de su triste personalidad. 

 

De nuevo, tirando de ironía, comenta Antonio Martínez: "Duele la muerte, pero puede doler más al ciudadano desarmado que subvenciona el gasto en municiones de las fuerzas del orden, que se produzcan estos derroches de recursos...en época de recortes. Duele mucho saber que los mismos guardianes de nuestra seguridad son los que están impulsando un código penal que podría llevarnos de nuevo a una edad de piedra con pelotas de goma, gases lacrimógenos, y escudos dispuestos en escuadrones de asalto al más puro estilo de la hollywoodiense Braveheart. Mal, muy mal asunto...la gente está muy asustada, y el miedo nunca es buen consejero de la democracia". Y concluye preguntándose: "¿Entendemos a día de hoy por derechos humanos, lo mismo que creo que entendían los que los pusieron en marcha y los centenares de miles de ONG's y movimientos sociales ciudadanos que les han dado cuerpo: un conjunto de derechos que tienen en su centro de gravedad el derecho a la vida de todos los seres humanos que existen en este triste, entristecido planeta?". Pues mucho nos tememos que no. Y no sólo que nuestra visión de los derechos humanos no es la misma, sino que además el escrupuloso respeto a los derechos fundamentales de todas las personas del mundo se viola constantemente, en aras a otros falaces eslóganes. Incluso son capaces (nuestros desalmados gobernantes, se entiende) de, en un ejercicio de cinismo sin límites, enarbolar la pancarta de la libertad, la justicia y la democracia, asentados sobre los pilares del desprecio a la vida humana en todas sus dimensiones. Es, por desgracia, el escenario al que actualmente asistimos. Y así, en el caso que nos ocupa del Tarajal, no solamente tuvimos que escuchar mil versiones distintas, falsas, incompletas y contradictorias entre sí, sino que además todo ello fue acompañado de una campaña mediática (de los medios de comunicación del régimen, cómo no) que se esforzaba en presentar (aún lo hacen) a las personas migrantes como auténticas hordas violentas. 

 

Este artículo publicado en el medio vasco Naiz ofrece un resumido rosario de todas ellas, en él nos basamos a continuación. La sucesión de vergonzosas declaraciones debió llevar a dimisiones inmediatas, pero no ocurrió así. Unos hechos y unas declaraciones sólo explicables por el afán de ocultar una realidad que, sin embargo, poco a poco fue aflorando a la superficie gracias a diversos testimonios, contradeclaraciones y vídeos grabados por algunas personas. A continuación los políticos y gobernantes se enzarzaron en la burda polémica sobre si los migrantes habían alcanzado suelo español o no. Los hechos confirmaron, en cualquier caso, la devolución de personas migrantes sin expediente administrativo alguno (lo que se ha dado en llamar "devoluciones en caliente"), prohibidas por la legalidad internacional, la normativa española y la europea. Todo un absurdo y macabro serial para intentar ocultar unos hechos absolutamente reprochables e intolerables, fruto de una sociedad violenta, desquiciada y fuera de lugar. Un esperpento que llevó al propio Ministro del Interior a contradecirse en una misma frase, cuando habló de la muerte de "15 personas en Ceuta, perdón, formalmente ha sido en Marruecos". ¿De verdad tiene mucha importancia donde hubiesen muerto esos migrantes pobres? ¿De verdad necesitamos ir a medir con una cinta métrica si ha sido en el lado español o marroquí donde han fallecido? ¿De verdad este señor no tenía más argumentos para justificar tal aberración? Paralelamente a las mil y una versiones ofrecidas por las autoridades españolas, nuestras autoridades de entonces (2014) fueron tejiendo un discurso donde la Guardia Civil pasaba de verdugo a víctima, sosteniendo que "el grupo de inmigrantes ha mostrado actitudes violentas". El propio Director de la Guardia Civil de dicho Gobierno, Arsenio Fernández de Mesa, lamentó que las ONG se preocupen solo por los migrantes y no de las condiciones en que trabajan los uniformados, en un intento de justificar lo injustificable. Es como si nos dijeran que siempre nos preocupamos de los palestinos, y no de las condiciones de vida de los israelíes. ¿Cabe mayor desvergüenza? Intentar difundir una equidistancia entre el oprimido y el opresor es de cobardes, en el mejor de los casos. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías