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18 abril 2019 4 18 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Cecilia Zamudio

Viñeta: Cecilia Zamudio

Mientras algunas personas gastan cientos o miles de dólares en un manjar exótico, un vino añejo, en joyas, en pieles, en cirugías estéticas y hasta en viajes espaciales, otras, muchísimas otras, más de mil millones de otras, están desnutridas, no tienen nada que comer, nada para darle de comer a sus hijos. Tampoco tienen agua potable para beber, ni asearse. Y por supuesto que no tienen acceso a la salud, ni a la educación, ni a nada más que una vida corta en la sala de espera de la muerte

Ricardo Natalichio (Director de Ecoportal.net)

BLOQUE VI. POBREZA INFANTIL

 

Comenzamos a partir de esta entrega la exposición de la faceta de la desigualdad que afecta a la niñez, al desarrollo más primigenio del ser humano, donde las experiencias, desarrollos y aprendizajes son absolutamente vitales para los futuros adultos que serán. Bien, lo primero que tendríamos que afirmar, lisa y llanamente, es que la pobreza infantil no existe, sino que es, en realidad, otra manifestación más de la pobreza. Básicamente, los niños y niñas del mundo son pobres porque lo son sus padres, pero también porque el mundo se despreocupa de esos niños y niñas. Dado el tremendo auge de la misma (es decir, de la pobreza en su manifestación durante la infancia), hemos preferido concederle un bloque temático separado, para así enfatizar la suprema importancia que esta faceta posee en la arquitectura social de la desigualdad. Ya a mediados de 2016, el portal Infolibre publicaba que la tasa de pobreza infantil severa en España había crecido en medio millón de niños más desde 2008, cuando más o menos comenzaron a manifestarse las consecuencias de la crisis en todo su rigor. La organización Save The Children alertaba de que la "salida de la crisis", tan pregonada por nuestros indecentes gobernantes, no era más que un espejismo, y denunciaba la debilidad del sistema español de protección social a la infancia. Tomamos datos a continuación desde dicho artículo. Infolibre recogía que un 3,2% de los hogares no pueden permitirse una comida de carne, pollo, pescado o equivalente vegetariano tres veces a la semana. Casi 940.000 niños y niñas viven en un hogar donde no pueden mantener la vivienda con una temperatura adecuada (pobreza energética, de la cual nos ocuparemos también a fondo en el siguiente bloque temático). La tasa de pobreza alcanza el 16,7% entre los menores de 18 años, y hasta datos de 2015, 1.390.000 niños viven en hogares que cuentan con unos 9.000 euros de ingresos anuales. El retrato más doloroso es el de hogares monoparentales (monomarentales, en realidad), de mujeres que viven con sus hijos/as, y que entre diversas ayudas económicas y algunos trabajos esporádicos, en los mejores casos, reciben unos míseros ingresos al mes con los que tienen que hacer frente a todos los gastos. 

 

Normalmente se trata de niños y niñas que aún escolarizados/as, no pueden comenzar sus cursos con los libros de texto y materiales adecuados, que han de cancelar visitas a dentistas u otros profesionales sanitarios, y que en su entorno familiar carecen de bastantes de sus necesidades. El porcentaje de niños en esta situación, conocida como pobreza relativa, sigue en aumento y afecta especialmente a los niños y niñas de entre 12 y 17 años (el 35,5%), el tramo de edad crítica para su trayectoria educativa o inserción futura en el mercado laboral. Sin embargo, la población más afectada es la que se encuentra en situación de pobreza severa. Un niño que viva con sus dos padres se encuentra en esta situación si los ingresos del hogar son inferiores a 9.612 euros anuales. La pobreza se mide también (véanse las primeras entregas de la serie, donde introdujimos varios indicadores de la misma) por el llamado "Índice de Privación Material", que mide los retrasos en el pago de recibos de vivienda o de determinadas compras vitales, la capacidad de mantener la vivienda a una temperatura adecuada durante los meses fríos, la posibilidad de hacer frente a gastos imprevistos, poder garantizar una ingesta de carne, pollo, pescado o su equivalente vegetariano cada dos días, la posibilidad de salir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año, o de disponer de un vehículo, lavadora, televisión a color o teléfono. Pues bien: es España, a la fecha indicada, casi 760.000 niños, lo que supone el 9,1% de la población infantil del país, vivían en hogares incapaces de cumplir al menos cuatro de estos indicadores. Antes de la crisis, es decir, hasta 2007, había un 40% menos de hogares en esta situación. De los datos aportados se deduce que casi 270.000 niños podrían estar sufriendo malnutrición en España, y un 11,3% de la infancia de nuestro país sufriría pobreza energética. 

 

Save The Children denuncia que a diferencia de la mayoría de los países de la Unión Europea, España cuenta con un sistema de protección social a la infancia débil, con prestaciones más bajas, de acceso demasiado restrictivo y donde prima la existencia de ayudas aplicadas sobre la Declaración de la Renta (IRPF) de los padres. Esta ONG propone reforzar este sistema insuficiente, aumentando por ejemplo la prestación por hijo/a a cargo hasta los 100 euros mensuales por niño, con una bonificación adicional del 50% para familias monoparentales, pues en ellas entran de media menos ingresos que en las familias con ambos progenitores. Bien, como hacemos siempre, vamos a extrapolar también las cifras a escala mundial, porque como venimos contando, la arquitectura de la desigualdad es un elemento global que se proyecta a todos los países del mundo. Eduardo Camín nos presenta en este artículo reciente para el medio Alainet el panorama mundial de la protección a la infancia, que tomaremos como referencia a continuación. Unicef y la OIT son las dos organizaciones firmantes del informe de referencia, que ponen de manifiesto la necesidad urgente de extender la protección social a todos los niños, para sacarlos de la pobreza y de sus devastadores y traumáticos efectos. El panorama más típico dibuja unos programas de protección social a la infancia de coberturas limitadas, niveles de prestaciones inadecuados, fragmentación y una pobre institucionalización. Algunos países sujetos a un proceso de consolidación fiscal están reduciendo los subsidios, en lugar de extender las prestaciones, como fue acordado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

 

A nivel mundial, sólo un 35% de los niños goza de protección social, con cifras que oscilan desde el 87% en Europa y Asia Central, 66% en América Latina, 28% en Asia y 16% en el continente africano. El panorama es, pues, tremendamente desolador. Según Isabel Ortiz, Directora del Departamento de Protección Social de la OIT, la pobreza infantil puede ser reducida de la noche a la mañana con una protección social adecuada. Es decir, que si existiera la voluntad política suficiente, se podría alcanzar la protección social universal, pero desgraciadamente, no se hace. Este tipo de prestaciones son un elemento vital de las políticas dirigidas a mejorar el acceso a la nutrición, la salud y la educación, puntales principales, así como para reducir el trabajo infantil, la pobreza y la vulnerabilidad de los niños del mundo. Por su parte, Alexandra Yuster, Directora Asociada y Jefa de Inclusión Social y Políticas de UNICEF, ha declarado que "La pobreza afecta a los niños de manera particularmente grave, ya que sus consecuencias pueden hacerse sentir a lo largo de toda la vida. La malnutrición y la pérdida de años de educación, que con frecuencia derivan de la pobreza, son una tragedia para el individuo, su comunidad y la sociedad". Esta investigadora pone los puntos sobre las íes, al dar en el clavo de lo más terrible de la arquitectura social de la desigualdad, que es proyectarla sobre el mundo infantil, porque es un mundo que se está formando, son los adultos del futuro, y evidentemente, les estamos recortando e imposibilitando su desarrollo, su formación y sus necesidades vitales. Esta es la verdadera tragedia de la pobreza infantil, el hecho de que supone una brusca interrupción en las necesidades incipientes del ser humano, durante su crecimiento. A esa edad las personas no son autosuficientes, luego si no somos capaces de diseñar un mundo que garantice que los niños no tengan que pasar privaciones, nos encontraremos con un mundo más desigual en el futuro, y con personas que arrastran graves y profundos déficits en todos los indicadores vitales. 

 

De esta forma, proyectar la desigualdad y la pobreza sobre la infancia solo nos traerá mayores injusticias sociales, perpetuando la explotación del actual orden económico dominante, tanto en el plano nacional como internacional. Quizá sea ésta la manifestación más cruda de la profunda insensibilidad del mundo capitalista en el que vivimos, que contempla sin inmutarse el tremendo sufrimiento social que estamos causando a nuestros niños y niñas. Ya sabemos que la crisis general del capitalismo implica su decadencia, su descomposición, conduciéndonos al abismo, y abarcando al conjunto de la humanidad, perturbando a fondo su economía, su régimen social, político, ideológico y cultural, como afirma Eduardo Camín en su artículo. Pero si además todo esto lo proyectamos y hacemos víctimas de ello a la infancia, estamos multiplicando el daño para las futuras generaciones. Camín expone muy sabiamente: "Aceptamos con cierta normalidad que la riqueza del hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, dueño de Amazon, alcanzó el año pasado 112.000 millones de dólares. Al tiempo que se nos indica que "el presupuesto de salud de Etiopía equivale al 1% de su fortuna", debemos al menos interpelarnos, porque si esto no es una descomposición y decadencia de un sistema económico (además de una injusticia flagrante), entonces posiblemente no hemos entendido nada, en todos estos años sobre las injusticias que nos gobiernan". En efecto, nuestra insensibilidad para "digerir" estos datos y quedarnos tan tranquilos es absolutamente pasmosa y preocupante. De manera general, la riqueza de los 26 mayores multimillonarios del mundo aumentó en 900.000 millones de dólares durante 2018, a un ritmo de 2.500 millones de dólares por día, mientras los ingresos de la mitad más pobre de la población del planeta cayeron en un 11%. Al mismo tiempo, uno de cada cinco niños vive en las formas más extremas de pobreza (menos de 2 dólares al día), mientras que a una vaca europea se le destinan de 2,5 a 3 euros diarios, y casi la mitad de los niños del mundo viven en situación de pobreza "moderada" (menos de 3,10 dólares al día). Los datos son machacones, incisivos, denigrantes, espectaculares, insufribles, incontenibles. Pero son la realidad. Esa realidad que hemos creado. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 abril 2019 2 16 /04 /abril /2019 23:00
Hacia otra Política de Fronteras (43)

El mercado mediático nos propone la radical descontextualización de los procesos sociales. La mirada televisiva nos ofrece atajos para comprender la realidad: para que percibamos al inmigrante subido a la valla como un asaltante, previamente hemos tenido que despojarle de su humanidad. Lo vemos como una aparición súbita, como un ser sin pasado y sin futuro. Existe porque lo vemos. Existe mientras lo vemos

Eduardo Romero

En efecto, tal como nos dice Eduardo Romero en la cita de entradilla, sólo así es posible que nuestra sociedad albergue aberrantes centros como los CIE, y el resto de la población permanezca inerme, como si no pasara nada. No es el único caso: en Estados Unidos tienen la base militar y prisión de Guantánamo (Cuba), donde se han practicado y se practican los más crueles maltratos a los presos, y el mundo sigue mirando para otro lado. Hemos desarrollado esa escandalosa insensibilidad, ese hierático silencio, esa pasmosa indiferencia, no para no ver, sino para no querer ver que estas monstruosidades existen en nuestro mundo. Los Centros de Intermiento para Extranjeros (CIE), que estamos tratando a fondo en estas entregas, son otro claro ejemplo. El carácter penitenciario de estos centros, como nos cuentan en el Informe "CIE: Derechos Vulnerados" que estamos tomando como referencia, excede a la propia arquitectura y fisonomía de los mismos, para extenderse a la privación de los derechos de las personas detenidas en estos centros, que en ocasiones es superior a las que se aplican a las típicas cárceles. La negación por ley del carácter penitenciario de los CIE nos debería llevar a presuponer que el nivel de calidad de estancia de las personas internadas en ellos debiera ser superior al existente en las cárceles propiamente dichas, es decir, debiera suponer un régimen más favorable, algo que desgraciadamente no se corresponde con la realidad. La ley establece que las personas ingresadas en los CIE tienen únicamente restringido su derecho ambulatorio. Por ello se debería respetar por norma el resto de sus derechos, los cuales son en muchos casos vulnerados, condenándolos sin ser delincuentes a condiciones mucho peores a las que se ven sometidas las personas que sí han cometido delitos. Un ejemplo de ello es la restricción a los internos en el uso de sus teléfonos móviles.

 

Los CIE adolecen también de otras restricciones: no disponen de intérpretes, la falta de garantía de acceso a la defensa jurídica (con la consiguiente indefensión), la imposibilidad de agrupamiento familiar, la ausencia de cámaras de vigilancia en parte de las instalaciones (que impiden verificar el correcto funcionamiento del centro en todo momento y lugar), y el uso de protocolos y procedimientos administrativos inadecuados para que los internos puedan tramitar con seguridad y confidencialidad quejas respecto a la vulneración de sus derechos. Otra de las carencias que se acusa es la vulneración de la intimidad en las comunicaciones a través de mamparas, lo que impide el contacto físico con familiares y amigos, o del derecho a la integridad moral que supone compartir una habitación de pocos metros cuadrados con numerosas personas. Como ya advertíamos en la entrega anterior, cobra una especial relevancia la práctica del desnudo integral a la que se somete en algunos CIE a las personas que van a ingresar a los mismos, que resulta absolutamente intolerable y constituye una clara agresión a los derechos de las personas. Así mismo, normalmente las personas no son identificadas por su nombre y apellidos sino por su número, lo que conlleva una grave despersonalización e infravaloración de las personas internas. Continúa siendo frecuente el internamiento de personas con problemas de salud, especialmente psiquiátricos, y mujeres embarazadas en los CIE, que carecen de los recursos para poder darles a estas personas una atención adecuada a su situación. Algunos CIE conservan instalaciones muy degradadas (procedentes de cuando eran utilizados como centros penitenciarios), pese a que en otros se hayan efectuado algunas reformas. Bien, todo este retrato que estamos relatando refuerza la conclusión que ya habíamos enunciado desde el artículo anterior, solicitando una nueva Política de Fronteras que, entre otras muchas medidas, no contemple el encierro en este tipo de centros a personas que no han cometido ningún delito.

 

Hemos de volver a insistir en que son personas que únicamente carecen (aún) de la documentación necesaria para acreditar su residencia o su trabajo entre nosotros, y que por ello, no pueden ser objeto de presidio, en instalaciones deficientes, sin respeto a sus derechos elementales, y sin información sobre la duración de su encierro. Estas estructuras de maltrato no pueden continuar. Una Política de Fronteras humana y sensible debería descartar la existencia de estos centros, pero mientras tanto, su regulación debería hacerse por Ley Orgánica en vez de por Reglamento, como se hizo por el Gobierno anterior. Debería tratarse de una Ley específica que regule expresamente el régimen jurídico de estos centros, cuya ausencia trae como consecuencia la peligrosa arbitrariedad y discrecionalidad de los Cuerpos y Fuerzas que se ocupan de su vigilancia y seguridad. Dicha Ley debería contemplar al menos los siguientes aspectos:

 

1.- Que se prohíban expresamente los lugares de detención de las personas extranjeras que no tengan la consideración legal de CIE. De esta forma, quedaría prohibido de manera expresa la posibilidad de habilitar, aunque sea de manera provisional o por motivos de urgencia, establecimientos que no cumplieran con los requisitos de habitabilidad o servicios mínimos con los que deben dotarse. 

 

2.- Permitir el acceso de la sociedad civil y de las organizaciones sociales a los CIE de forma regular y estandarizada. De esta forma, se acabaría con gran parte de la opacidad que aún rodea al funcionamiento de estos centros. Cualquier ONG o asociación civil legalmente instituida que lo solicitare, debiera obtener permiso para visitar cualquiera de estos centros. 

 

3.- Comunicación con el exterior. La Ley Orgánica y sus ulteriores reglamentos deben establecer previsiones concretas sobre el acceso a la comunicación con el exterior de los internos e internas, que debe ser garantizado con la existencia de teléfonos públicos, además del libre acceso a los propios teléfonos de los internos.

 

4.- Asistencia médica y social completas e independientes. Los CIE deben contar con una asistencia médica independiente, con libre acceso a la misma de todos los extranjeros internados. Éstos deben así mismo poder acceder a todos los servicios de la sanidad pública. Otro tanto cabe decir de los servicios de asistencia social. 

 

5.- Visitas y comunicaciones. Se debe garantizar el ejercicio del derecho a las visitas familiares, y de quienes lo pidan las personas encerradas, con compromisos concretos en cuanto a infraestructuras para que las mismas se efectúen en condiciones de dignidad e intimidad. Los horarios de visita deben tener en cuenta la conciliación familiar y laboral, estableciéndose visitas en horarios de mañana y tarde. Por su parte, la comunicación de los letrados con sus respectivos clientes debe realizarse en lugares especialmente habilitados para ello, con objeto de preservar su confidencialidad. 

 

6.- Mecanismos para prever malos tratos. El asunto de los abusos y malos tratos a los internos ha sido sin duda lo peor que ha trascendido de los CIE. Todo ello debe desaparecer bajo los parámetros de funcionamiento de una sociedad civilizada. Garantizando el respeto a la intimidad personal, se debe prever la existencia obligatoria de cámaras de grabación que eviten la comisión de malos tratos, torturas o tratos inhumanos o degradantes, y en su caso, su posible sanción, tanto en los propios CIE como en los desplazamientos al aeropuerto u otros lugares desde los que se ejecuten las expulsiones. 

 

7.- Transparencia y Control. Hemos de acabar con la opacidad, el secretismo y la arbitrariedad que rigen el funcionamiento de estos centros. En este sentido, el Reglamento debería incluir un mecanismo para que se informe a la sociedad civil sobre la situación de los CIE, existiendo total transparencia sobre su gestión. Sólo el juez encargado de autorizar el inicio, seguimiento y control de la detención administrativa, deberá autorizar cualquier modificación del régimen que afecte a la persona interna, incorporándose tanto al expediente administrativo como al judicial las posibles denuncias que se formulen.

 

Aún estamos lejos de cumplir con todos estos requerimientos. Los CIE son, en cualquier caso, lugares indignos, pues limitan la libertad de personas que no son delincuentes. Por ello, no deberían existir dentro de los límites de una Política de Fronteras justa y humana. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 abril 2019 1 15 /04 /abril /2019 23:00

La lista de sandeces, barbaridades y estupideces de los líderes de la derecha política (hoy expresada en el trifachito PP-C’s-Vox) es realmente espectacular. No tienen bastante con incluir en sus listas electorales a personajes venidos de profesiones tan “edificantes” como el toreo y las Fuerzas Armadas, sino que además van de disparate en disparate. Proclamas y medidas de corte falaz, ordinario, ignorante y desconcertante, que ni siquiera se molestan en estudiar a fondo, con lo cual, cuando los periodistas les interrogan un mínimo de dos veces sobre el asunto, quedan en el más espantoso de los ridículos. Eso mismo le ha ocurrido a la candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid por el PP, Isabel Díaz Ayuso, cuando ha anunciado recientemente en un desayuno informativo que (agárrense): “El concebido no nacido se considerará como un miembro más de la unidad familiar, para que se le pueda tener en cuenta a la hora de expedir el Título de Familia Numerosa, o de cara a una plaza escolar”. Y se ha quedado tan pancha. Cuando un periodista presente en el acto le ha preguntado qué pasaría si hay problemas durante el embarazo, la candidata, después de balbucear un poco, ha respondido que “no lo había pensado”. Claro, porque seguramente si lo hubiera pensado, se hubiera dado cuenta de la barbaridad que había anunciado.

 

Porque para empezar…¿Quién es el “concebido no nacido”? Respuesta: Nadie. A lo más que llega nuestro Diccionario de la Real Academia es a la siguiente acepción de “Concebir”: “Referido a una hembra: empezar a tener un hijo en su útero”. Esa denominación (difundida por la Iglesia Católica, por cierto) está basada en intentar conceder un protagonismo actual a una existencia futura, es decir, en potencia. Se refiere a “alguien que será, pero que todavía no es”. Porque para que sea, simplemente, tiene que haber nacido. La “concepción” (aplicada al ámbito que tratamos) no existe, sino la fecundación. El “No Nacido” nos lleva por otra parte a pensar que pudiera existir el contrario, es decir, “El Nacido”, pero ya entonces tampoco lo llamaríamos así, sino por su nombre o identificación social, jurídica, personal o familiar. ¿Tiene sentido hablar entonces de que el “concebido pero no nacido aún” es alguien? Sólo desde un punto de vista fundamentalista religioso (católico, en nuestro caso) puede sostenerse tal afirmación, porque la religión sí concibe “la vida humana” desde la unión del óvulo y el espermatozoide. Pero en realidad, la sociedad entiende y habla de personas desde que ocurre el nacimiento, y alguno de los progenitores inscribe al bebé nacido en el Registro Civil.

 

Es entonces cuando a todos los efectos existe esa persona, tanto en su dimensión física, como jurídica y social. ¿Tendría sentido entonces hacer proyecciones con los “concebidos no nacidos”? ¿Tendría sentido contabilizarlos como población activa? ¿Quizá como futuros cotizantes? Si lo extrapolamos al mundo real, tampoco tiene mucho sentido hacer estadísticas con personas y situaciones en potencia: ¿Tendría sentido contabilizar a los estudiantes de Medicina como médicos en potencia? Sólo cuando finalizan sus estudios, aprueban el MIR y acceden a una plaza, son verdaderamente médicos para el sistema. De igual forma, ¿tendría sentido que una Cofradía contabilizara los embarazos de sus feligresas como miembros de la misma? Son ejemplos del contrasentido al que se podría llegar si aplicáramos la medida de la candidata del PP a cualquier otro contexto.

 

Lo que hay detrás de todas estas absurdas y fanáticas medidas es la presión de los denominados “Grupos Pro-Vida”, todos ellos fundamentalistas religiosos, que hacen presión en la bancada de los grupos políticos de la derecha, para inculcar sus obsesivas medidas contra el aborto. Y todo vale en su objetivo de “abortos-cero”. Estos grupos consideran la vida un “Don de Dios”, porque para ellos sólo Dios puede darnos la vida y también quitárnosla, en lo que coinciden con los parámetros donde se mueve la Conferencia Episcopal, y que además les llevan a oponerse frontalmente a otros asuntos, como la eutanasia, que ha vuelto a salir recientemente a la palestra a través de otro penoso y mediático caso. Estos grupos parten de una cosmovisión religiosa en torno a la concepción (esta vez usamos la palabra con la acepción de “comprender, asimilar, entender”) de la vida humana, por efecto e influencia de los preceptos de la Iglesia Católica en nuestra sociedad, y por tanto consideran que cualquier acción, decisión o comportamiento que lleve al ser humano a “interferir” en los procesos de esa “concepción” de la vida y de la muerte, es contraria a los designios de Dios, y no debe ser permitida.

 

El aborto ahora es combatido en positivo, y por ello el candidato del PP Pablo Casado ha propuesto en este contexto una Ley de Ayuda a la Familia. En el fondo, es esta dimensión “divina” de la vida humana la que les interesa, lo que prevalece, la razón última de la defensa de sus políticas. Pablo Casado ha dejado dicho: “Si pretendemos favorecer la natalidad, tenemos que pensar en cómo ayudamos a las madres a tener los hijos, no en cómo los abortamos”. En vez de tanta proclama falaz, más les valdría ocuparse de la propia dimensión humana de la vida, la cual parece que descuidan en cuanto esos fetos nacen. Por eso nos suena a fanatismo rancio eso del “concebido no nacido”, porque además suele ser la misma gente que defiende la ley del darwinismo social, que proclama que la sociedad debe, después de que haya nacido, abandonar a cada cual a su suerte, para que venza y triunfe el más fuerte, el más poderoso, el que posea más medios.

 

Esos mismos a los que tanto les interesa la “vida” son los mismos que defienden la competitividad, la desigualdad, el egoísmo, el individualismo, valores que tanto se alejan de la humanidad, sobre todo en su dimensión social. Esos mismos que tanto alaban la “vida” son los mismos que están en contra de la protección social, de los servicios públicos, y de los humanos valores del bien común, de la igualdad, de la cooperación, de la confraternidad. A estos que tanto defienden la “vida” más les valdría estar en contra del neoliberalismo, porque éste sí que acarrea muerte, destrucción, odio, competencia, miseria y caos. Pero no, parece ser que para ellos/as, el único tramo de la vida digno de ser protegido es el del “no nacido”. Y una vez nacido, parece que no importa si no puede ser criado y alimentado por sus padres (la pobreza infantil se ha disparado en nuestro país durante los últimos años), si no pueden darle una buena educación, si la sanidad no puede atender sus posibles enfermedades, si (en el caso de ser una persona discapacitada) la sociedad renuncia a su deber de asistencia, si una vez adulto no puede disfrutar de un trabajo digno, de una vivienda digna, o si una vez ancianos/as, la sociedad no le garantiza unas mínimas prestaciones para seguir viviendo dignamente. Parece que todas estas dimensiones de la vida, como ya son humanas y terrenales, no divinas, ya no interesan tanto, y las personas se pueden ver abocadas a su suerte, y continuar viviendo en la pobreza, en la miseria, en la indigencia, en la barbarie, en la precariedad, en la exclusión, en el desempleo o en el exilio. ¿No deberíamos también proteger a los “concebidos nacidos” en todo momento de su vida?

 

En la propia doctrina y comportamiento de la Iglesia Católica encontramos la base del pensamiento de estos grupos: frente a la defensa más enraizada de la vida del “concebido no nacido”, y frente al más enconado fervor por penalizar el aborto y estigmatizar a las mujeres que defienden el derecho a poder practicarlo cuando entiendan que no van a poder procurarle a su hijo/a esa vida, se encuentra también el mayor silencio, la mayor complicidad, la mayor colaboración y la mayor insensibilidad moral a la hora de alinearse y de defender las políticas capitalistas y neoliberales, esas que atacan al auténtico derecho a la vida. Por tanto, ¿están por la vida humana en toda su dimensión, o son simples rehenes de un integrismo religioso? Las conclusiones y los planteamientos no pueden estar más claros. Que cada cual se sitúe en la posición que quiera, pero que no intenten darnos gato por liebre, e inculcarnos una sesgada y ciega fe en un supuesto derecho a la vida sólo mientras somos un conjunto de células en división constante, mientras se nos niega cuando ya somos personas, seres sociales, con personalidad jurídica.

 

Y es que en el fondo, el PP no sabe ya qué medidas va a proponer para desincentivar y desmotivar a las mujeres embarazadas para que no aborten (obsesionado como está con este asunto), que ya deliran y protagonizan los ridículos más espantosos. Hace pocos días, en entrevista radiofónica, también le preguntaban por este asunto al número 2 por Madrid, Adolfo Suárez Illana (“de atrás le viene el pico al garbanzo”, como reza el dicho popular), y éste respondía con absoluto desparpajo que “En Nueva York acaban de aprobar una ley para que se pueda practicar el aborto después de haber nacido”, sin caer en la barbaridad que había dicho, porque precisamente, si el feto ya ha nacido, no puede haber “aborto”, porque este término se aplica únicamente para la interrupción del embarazo, y lógicamente, si el embarazo ha llegado a su fin y el feto ha nacido, no se puede hablar de aborto. Como es lógico, el candidato tuvo que disculparse también esa misma tarde, por sus poco afortunadas declaraciones. En fin…¡qué daño están haciendo las Iglesias de todo el mundo a la vida de las personas! Rompamos con la tremenda hipocresía e ignorancia de los que se alzan en paladines del “derecho a la vida” y de la importancia del “concebido no nacido”, pues no son más que fanáticos fundamentalistas y voceros del cruel y feroz sistema capitalista que ataca a la vida, a todas las formas de vida, de forma continua y despiadada.

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14 abril 2019 7 14 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Ramses

Viñeta: Ramses

El mundo no está amenazado por seres que quieren matar sino por aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo piensan técnica, económica y comercialmente. La economía capitalista ha llevado el planeta a un callejón sin salida. La situación es tan grave que, hoy día el recurso a la violencia por parte de los movimientos antisistema debe considerarse, sin más, legítima defensa. Estamos amenazados, la población mundial está amenazada de muerte, por vulgares hombres de negocios con aspecto inofensivo. Considero ineludible que nosotros, a todos aquellos que tienen el poder y nos amenazan, los asustemos. No hay que vacilar en eliminar a aquellos seres que por escasa imaginación o por estupidez emocional no se detienen ante la mutilación de la vida y la muerte de la humanidad

Günther Anders (“Llámese cobardía a esta esperanza”)

Como ya afirmábamos en el artículo anterior, la idea fundamental de una economía ecológica y socialista es producir valores de uso, bienes que necesariamente sean destinados para la satisfacción de las necesidades, el bienestar y el pleno desarrollo de las personas. Enfocamos por tanto la característica general del progreso no en el crecimiento indefinido de productos (tener) sino en la reducción del trabajo socialmente necesario y el concomitante aumento del tiempo libre (ser). Está más que demostrado que el "progreso" en la acepción dominante (capitalista) acarrea toda una serie de consecuencias destructivas para la naturaleza. La obsesión por el lucro continuo y creciente explota las dos fuentes de riqueza: el trabajo humano y la naturaleza. Pero es la misma lógica depredadora del capitalismo la que está actuando a ambos niveles, consiguiendo explotar y degradar tanto a la mano de obra humana como a los propios recursos naturales. Todos estos principios ya se conocían desde la vasta obra de Marx y Engels, pero la Ecología va tomando forma propia a partir de medidados del siglo XX. Durante las décadas de 1970 y 1980 en Europa y los Estados Unidos, comenzó a tomar forma un socialismo ecológico. Manuel Sacristán, un filósofo comunista de primer orden, referente y maestro de muchos filósofos y activistas de la izquierda actual, fundó en 1979 la revista ecosocialista y feminista "Mientras Tanto", introduciendo el concepto dialéctico de "fuerzas productivas-destructivas". Sus trabajos y su extensa obra no solo influyeron en pensadores de nuestro país, sino también en autores marxistas y ecologistas extranjeros, tales como Raymond Williams, André Gorz, Barry Commoner, James O'Connor, etc., que hicieron avanzar el ecosocialismo, y consiguieron proporcionarle un cuerpo ideológico más firme y extenso. 

 

Una nueva generación de pensadores ecomarxistas aparecieron durante los años 2000, incluyendo a John Bellamy Foster (autor ya citado en entregas anteriores) y otras personas en torno a la revista Monthly Review, que desarrolló aún más el concepto marxista de "fractura metabólica" entre las sociedades humanas y la naturaleza. En 2001, Joel Kovel y Michael Löwy (autor del cual estamos extrayendo datos e informaciones desde este artículo) escribieron "Un manifiesto ecosocialista", que luego fue más desarrollado por los mismos autores, junto con Ian Angus, en el "Manifiesto Ecosocialista de Belem", publicado en 2008, y que fue firmado por cientos de personas de 40 países y distribuido en el Foro Social Mundial del año 2009. Desde entonces se ha convertido en una referencia importante para ecosocialistas de todas partes del mundo, contribuyendo a reforzar esta disciplina de pensamiento, que pretende ser la fiel evolución del marxismo original, actualizado al conocimiento humano sobre la ecología y los procesos de los ecosistemas naturales. Bien, esto nos está instando a que hagamos una mezcla de ambas disciplinas, de tal forma que una complementa a la otra, y a que, por tanto, lleguemos a la conclusión de que las personas socialistas necesitan ser también ecologistas, y también a que las personas ecologistas necesitan ser socialistas. Pero veamos por qué. Como todos estos autores y muchos otros han demostrado, el capitalismo es incompatible con un futuro sostenible. El sistema capitalista, una máquina de crecimiento económico impulsada por los combustibles fósiles a partir de la Revolución Industrial, es el principal responsable del cambio climático y la crisis ecológica más amplia y peligrosa que se cierne sobre el planeta. Su lógica irracional de expansión y acumulación infinita, el desperdicio de recursos, el consumo ostentoso, la obsolescencia programada y la búsqueda de ganancias a cualquier costo están conduciendo a nuestro planeta al borde del precipicio. 

 

Ante este panorama, ¿ofrece el llamado "Capitalismo Verde" una solución? Más de 25 años de intentos, de conferencias internacionales, de protocolos incumplidos, de aumento de emisiones, de agotamiento de recursos, y de contaminación del planeta, nos demuestran que esta vía está agotada. No será posible reducir el impacto ambiental mientas se mantengan las instituciones económicas dominantes, funcionando bajo los mismos paradigmas. Está demostrado que bajo las ópticas de producción y consumo dominantes, y sin cambiar los objetivos de los grandes agentes económicos, no es posible alcanzar las metas propuestas. La acción colectiva por el bien común se ve continuamente entorpecida, bloqueada y ninguneada por la micro-realidad capitalista cotidiana. Michael Löwy lo explica en los siguientes términos: "La lógica ciega del mercado se resiste a una rápida transformación energética lejos de la dependencia de los combustibles fósiles que están en contradicción intrínseca con la racionalidad ecológica. El punto no es enjuiciar a los capitalistas ecocidas malos en oposición a los capitalistas verdes buenos; el error se encuentra en un sistema basado en la competencia despiadada y en una carrera por ganancias a corto plazo que destruyen el balance de la naturaleza. El desafío ambiental (construir un sistema alternativo que refleje el bien común en su ADN institucional) se vuelve inextricablemente unido al desafío socialista". Todo el imaginario colectivo capitalista de la economía ha de migrar hacia una economía moral, basada en principios no monetarios y socio-ecológicos, gobernada a través de procesos democráticos y populares. Pero esto no será posible sin tomar el control de los medios de producción, y sus instalaciones, maquinaria e infraestructuras. Necesitamos migrar desde una economía de mercado hacia una economía ecológica. La experiencia nos dice que la falta de una postura realmente anticapitalista coherente ha llevado a la mayoría de los partidos verdes europeos a convertirse en simples compañeros suavizantes de las reformas social-liberales del capitalismo. Este, decididamente, no es el camino. 

 

Por su parte, las personas y los programas también se equivocan si únicamente pretenden aplicar las medidas del "socialismo realmente existente" del pasado siglo. Y ello porque este socialismo no era ecologista. Hoy día sabemos con certeza que cualquier teoría o praxis socialista que no integre la ecología como un elemento central de su programa y estrategia, es incoherente, anacrónico e irrelevante. No será posible alcanzar un modelo civilizatorio justo y sostenible únicamente aplicando los paradigmas clásicos del socialismo, sino también impregnando a éstos de los valores, objetivos y estrategias del ecologismo. Es decir, el socialismo ha de ser necesariamente ecológico, y la ecología ha de ser necesariamente socialista. Sólo la perfecta unión de ambos paradigmas harán posible la continuidad de nuestra civilización humana sobre la Tierra. Quizá sea ya demasiado tarde cuando las colectividades asuman esto. De nuevo recurrimos a las palabras de Michael Löwy: "El ecosocialismo extiende el significado de la transformación socialista más allá de un cambio en la propiedad, hacia una transformación civilizatoria en el aparato productivo, los patrones de consumo y el estilo de vida completo". ¿Cómo llegamos hasta él? En primer lugar, necesitamos ir recorriendo un camino de adaptación económica y tecnológica en relación a los modelos productivos, en particular la batalla para forzar a los poderes económicos para que reduzcan drásticamente las emisiones de GEI sigue siendo un frente clave y un objetivo fundamental (es justo lo que están intentando, sin éxito, las Cumbres por el Clima del IPCC, la última de las cuales se ha realizado en Katowice, Polonia, a finales del año pasado). Pero este objetivo hay que combinarlo con esfuerzos locales para migrar hacia métodos agroecológicos, energía solar cooperativa y la administración comunitaria de recursos. Pero mientras avanzamos en todo ello, hemos de elevar la conciencia ecológica y socialista, y promover el activismo desde abajo. Tanto la conciencia masiva como la auto-organización social son precondiciones decisivas y fundamentales para transformar radicalmente el sistema. Sin un nivel de compromiso y conocimiento social adecuado, estos asuntos no pasarán de ser meros objetivos teóricos. 

 

La síntesis de miles de esfuerzos locales y parciales hacia un gran movimiento global sistémico irá forjando el camino hacia la transición necesaria. La conciencia colectiva debe asumir la dimensión internacionalista del problema, ya que la crisis mundial ecológica, económica y social no conocen fronteras, y por ello la lucha contra las fuerzas sistémicas que provocan estas crisis deben ser también globalizadas. Están apareciendo muchos movimientos alrededor de todas estas corrientes de pensamiento, cuyas intersecciones son muy interesantes. De entrada, el ecosocialismo tiene bastantes puntos de encuentro con el ecofeminismo tratado ya en anteriores entregas, lo que los convierten en movimientos convergentes y complementarios. Todos los movimientos por la justicia social, por supuesto, tienen cabida dentro de él (luchas por la justicia fiscal, por la renta básica, por las pensiones, por los servicios públicos, etc.), y todos ellos a su vez conectan con los movimientos antirracistas y contra la intolerancia, porque todos ellos luchan juntos contra la destrucción de las condiciones de vida de comunidades y colectivos que sufren discriminación, o que simplemente son despojados por este agresivo capitalismo salvaje, en su estadío terminal. En los movimientos indígenas, por su parte, también hay líderes que son ecosocialistas, mientras que, igualmente, muchos ecosocialistas ven el modo de vida indígena, basado en la solidaridad comunitaria y en el profundo respeto a la madre Tierra, como una interesante inspiración para el paradigma ecosocialista. De forma parecida y complementaria, el ecosocialismo también se nutre y encuentra voces entre movimientos campesinos, sindicales, decrecentistas, y otros. Como se puede observar, tenemos un crisol de movimientos que aspiran a la vez a un cambio sistémico, convencidos de que otro mundo es posible más allá de la mercantilización absoluta, de la destrucción ambiental, de la explotación de personas y recursos, y de la opresión de comunidades y colectivos. El poder de las élites que gobiernan el mundo es inmenso, y todos estos movimientos aún muy débiles, pero están creciendo y se levantan como una gran esperanza mundial para detener el catastrófico rumbo del crecimiento capitalista. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 abril 2019 4 11 /04 /abril /2019 23:00
Fuente Viñeta: https://canadalatina.info/

Fuente Viñeta: https://canadalatina.info/

Se necesita una renta básica para la libertad. Es la única forma en que las personas pueden tener una elección genuina sobre si deben realizar un trabajo remunerado o no. Donde las personas tienen más opciones sobre si trabajar y en qué, la calidad de su trabajo es mucho mayor. Necesitamos una renta básica si queremos lograr buenos empleos. También la necesitamos para que algunos puedan elegir vivir un estilo de vida de consumo muy bajo. Una renta básica es lo que dice: básica. El consumo por parte del acomodado también se reduce en aquellos lugares y tiempos en que se introduce la renta básica

Danny Dorling

Hemos de ir ya finalizando este quinto bloque temático de la serie, dedicado a la desigualdad en el mundo del trabajo y de las empresas. El trabajo humano, como hemos venido exponiendo, está siendo objeto de profundas transformaciones, algunas derivadas de la propia evolución tecnológica, pero otras derivadas de la perversa globalización neoliberal. El mundo del trabajo deberá sufrir una gran revolución, no sólo con el instrumento de la renta básica universal (RBU), a la que hemos dedicado profunda atención en las entregas anteriores, sino también por el hecho de que determinados trabajos, ocupaciones y empleos son perjudiciales para el bienestar social, y para la salud de nuestro planeta. La desigualdad en el mundo laboral hay que revertirla no sólo mediante la RBU, sino también dotando de más capacidad a los representantes de las clases populares y trabajadoras, y no permitiendo que ciertos sectores laborales vayan cayendo en las trampas de los nuevos nichos de mercado, y de los nuevos modelos de negocio, basados en las plataformas digitales. No podemos permitir que la revolución tecnológica, que afecta a todas las facetas de nuestra vida, pueda llegar al mundo laboral para precarizarlo, generando nuevas y profundas bolsas de pobreza en personas que poseen algún tipo de actividad. Hemos igualmente de reivindicar no sólo las acepciones capitalistas del "trabajo", sino también las versiones sociales y comunitarias de los mismos: ocupaciones de cuidados, reparto del trabajo existente, fomento del tiempo libre, renta básica, capacidad de negociación, planes de empleo garantizados, etc. Debemos orientar los trabajos humanos desde las perspectivas de género, abolir la visión de los trabajos asalariados como las únicas versiones aceptables de trabajo, apostar por la utilidad y rentabilidad social de los empleos, y descartar trabajos, ocupaciones o proyectos que vayan en contra o perjudiquen el resto de parámetros que hay que conservar (pacifismo, ecologismo...). 

 

Necesitamos grandes dosis de ética en el mundo laboral, criticar los parámetros dominantes del trabajo, e ir introduciendo otras visiones, conceptos y valores en el mundo laboral. Debemos sacar a flote todo el mundo del trabajo de cuidados, mayoritariamente desarrollado por mujeres, no sólo para acabar con la división sexual del trabajo, sino también para reconocer como económicamente indispensables dichas actividades, que no se suelen remunerar, porque quedan escondidas en el ámbito familiar y privado. En este sentido, la ONG Oxfam Intermón ha llevado a cabo un cálculo curioso, y ha llegado a la conclusión de que si una única hipotética empresa se encargase de realizar todo el trabajo de cuidados no remunerado que actualmente llevan a cabo las mujeres de todo el mundo, su facturación anual ascendería a...¡10 billones de dólares!, que supone una facturación 43 veces mayor a la de Apple, la mayor empresa del mundo. Todas estas actividades, por tanto, hay que normalizarlas, visibilizarlas, y sobre todo, concederles la dignidad y la importancia que suponen en nuestro mundo. Las tareas de cuidados son absolutamente imprescindibles para que el resto de tareas y actividades económicas puedan llevarse a cabo, y como tales han de estar reconocidas y remuneradas. Bien, pero hemos de finalizar este bloque tal como lo empezamos, porque el poder empresarial constituye por sí solo quizá el principal inconveniente para revertir la arquitectura de la desigualdad laboral. No podemos seguir tolerando que los directivos, gerentes, accionistas, consejeros, etc., de las grandes corporaciones continúen alcanzando sus millonarias retribuciones, mientras llevan a cabo ERE, ajustes de plantilla, congelaciones salariales, subidas de sueldo mínimas, o masivas deslocalizaciones de sus sedes o sucursales. 

 

Tomo datos a continuación, por constituir un ejemplo paradigmático de lo que decimos, en este artículo de Antonio M. Vélez para eldiario.es, donde titula que "Los consejeros del IBEX se subieron el sueldo medio en 2017 cuatro veces más que a los empleados". Y así, la retribución media de los gestores ascendió, según el sindicato CC.OO., a 786.000 euros, lo que supone un 15,8% más, mientras que el salario medio de los empleados creció tan sólo un 4%, hasta 34.600 euros. Los ejecutivos pasaron a embolsarse 86,6 veces la retribución media de un empleado, frente a las 60,9 veces del año 2016. Estas diferencias no son socialmente aceptables. Esta manifiesta desigualdad laboral no hace sino incrementar profundamente todas las brechas que ya hemos venido comentando. A todo ello hay que unirle las crecientes condiciones de precarización laboral que hemos enumerado en anteriores entregas (exagerada temporalidad, horas extraordinarias no pagadas, empleos a tiempo parcial, falsos autónomos...), lo que dibuja un panorama ciertamente desolador. Por tanto, a la luz de estos escandalosos datos, volvemos a insistir en un asunto ya también tratado a la luz de la implantación de la RBU, como es la existencia de una Renta Máxima, es decir, de asignar unos topes máximos (SMAXI) y mínimos (SMINI), tanto para empleados como para directivos empresariales. Son verdaderamente extravagantes (en realidad debieran ser consideradas delictivas y criminales) las retribuciones percibidas por los dirigentes de las grandes corporaciones. Y además, tienen la indecencia de proclamar públicamente que los salarios mínimos deben moderarse, que los incrementos salariales deben estar en función de la productividad, o que los planes de pensiones públicos son inviables, precisamente ellos/as, que se embolsan sumas millonarias en concepto de indemnizaciones y pensiones vitalicias. Sus ingresos son varios cientos de veces (y en algunos casos más de mil veces) superiores al salario promedio percibido por los trabajadores y trabajadoras de sus respectivas empresas. 

 

Esta extravagante y perniciosa desigualdad en la percepción de rentas sólo se puede entender en clave de privilegios, y de relaciones de poder e influencia. El poder empresarial, de los ricos, de las grandes fortunas y de las grandes corporaciones es precisamente la barrera que hemos de eliminar para dotar de un mayor empoderamiento a la clase obrera en general. Hoy día, además, estos grandes poderes económicos no suelen controlar únicamente una sola esfera de poder, sino que lo extienden a numerosas facetas, tales como los medios de comunicación y los bancos, dos actores muy relacionados y muy poderosos para consagrar la arquitectura de la desigualdad (los primeros creando opinión pública, y los segundos controlando los préstamos que el resto de corporaciones y los Estados necesitan). Pero se trata de unas retribuciones que nada tienen que ver con el supuesto "capital humano" que aportan, o su contribución a la productividad del trabajo. Nada de eso. Sus ingresos, sobre los que ellos mismos deciden (constituyendo una escandalosa endogamia oligárquica), alimentan tanto los mercados financieros como el lujoso consumo, y representan un factor de descapitalización y empobrecimiento de las empresas que dirigen, incidiendo por supuesto en disparar la arquitectura de la desigualdad. Pensemos por ejemplo en la Caja Madrid de la época de Miguel Blesa: todo un conglomerado empresarial constituido para enriquecerse de forma ilícita, desarrollando mecanismos de retribución descontrolados e ilegales, mientras desahuciaban a familias enteras, o engañaban a ahorradores de toda la vida, sobre todo personas mayores, haciendo que participaran de la gestión de productos financieros tóxicos. Todo un conjunto de actividades delictivas y condenables, que extienden el manto de la desigualdad por todos los sectores que atraviesan. 

 

Existe un último factor laboral que hoy día consagra la desigualdad: la edad de los trabajadores y trabajadoras. Durante los últimos años, estamos asistiendo también a una clara discriminación laboral según la edad, de tal forma que se prima la capacidad, la experiencia y la trayectoria profesional de los candidatos jóvenes sobre la de los mayores, digamos, de 45 años en adelante. Y así, asistimos hoy día a un escenario ciertamente preocupante: personas de 45, 50, 55 y más años, tremendamente útiles, válidas y capaces para sus respectivas áreas de actividad, con gran experiencia acumulada, que son completamente desechados/as por las empresas, en favor de candidatos y candidatas más jóvenes. Este hecho afecta tanto a hombres como a mujeres, y además se une la fuerte pérdida de protección social que estas personas padecen, ya que cuando el tiempo de desempleo crece, y dura ya varios años, estas personas han consumido ya todos los itinerarios de prestaciones, tanto contributivas como no contributivas, quedando absolutamente desprotegidos, sin ningún tipo de ingresos, teniendo muchos de ellos y ellas, ciertamente, cargas familiares a sus espaldas. Todos los tipos de empresas practican esta pauta de conducta muy clara, que podríamos resumir y enunciar como la expulsión de los mayores del mercado de trabajo, y una deriva en la concentración del empleo por grupos de edad. Solo daremos una cifra como referencia: en las empresas del IBEX-35, los mayores de 50 años representan únicamente el 15% del empleo total. Hemos de revertir también esta peligrosa tendencia, y volver a recuperar la actividad de todas estas personas, por supuesto comenzando por no dejarlas sin protección social. En este sentido, volvemos a recuperar aquí la importancia de la Renta Básica Universal (RBU), con la dimensión, significación y alcance que aquí hemos expuesto, como baza fundamental para no continuar causando sufrimiento a todo este segmento de población. Bien, creemos haber tratado en este bloque de la serie todos los aspectos que configuran y contribuyen a la desigualdad laboral, aunque seguro que algún aspecto se nos habrá quedado pendiente. Lo trataremos en artículos independientes. Finalizamos aquí este bloque temático, y en la próxima entrega comenzaremos el siguiente, dedicado a la pobreza infantil.

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9 abril 2019 2 09 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

¿Por qué defiende Europa la libre circulación de sus mercancías y cierra a la vez sus fronteras? Esta contradicción refleja simplemente la hipocresía de la UE como centro del sistema capitalista. Por una parte oculta los resultados de sus políticas y por otra genera pobreza y desesperación cuando impide que lleguen las personas refugiadas y migrantes, legisla leyes mortales de extranjería, levanta vallas acuchilladas, externaliza fronteras, financia mafias y señores de la guerra, abre CIEs, y piensa continuar con su política de centros de detención en África, alejados, para no ensuciarse las manos. No sería de extrañar que en un tiempo no muy lejano se lleguen a usar formas cercanas al genocidio

Omar Boudaaoui

De los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) nos vamos a ocupar a continuación, un asunto que ya hemos citado de pasada en multitud de ocasiones durante esta serie de artículos, dentro del contexto de la falta de humanidad con que nuestros países tratan a los migrantes y refugiados. El CIE es una aberración más dentro de la ya larga cadena de aberraciones que hemos de contemplar en el periplo vital que muchas personas migrantes tienen que sufrir. El CIE es, básicamente, una cárcel temporal. Es decir, nuestras sociedades son tan insensibles a estas personas, que durante un tiempo inicial (que puede estimarse en varios meses), durante el cual no saben qué hacer con estas personas (si van a quedarse, si van a ser deportados, etc.), los encierran literalmente en una prisión. Aunque legalmente no estén consideradas como tales, toda la parafernalia que rodea al CIE (seguridad, régimen interno, instalaciones, etc.) los coloca al mismo nivel que las prisiones. Desde hace ya bastantes años, la práctica totalidad de las organizaciones orientadas a la defensa de los Derechos Humanos que en nuestro país poseen representación (CEAR, APDHA, SOS Racismo, Andalucía Acoge, Médicos del Mundo, Caminando Fronteras, y muchas otras) se han mostrado enérgicamente contrarias a la existencia de estos centros. Aunque los extranjeros (pobres) eran encerrados allí desde muchos años antes, el Reglamento de funcionamiento interno de los CIE no fue aprobado hasta el año 2014. Anteriormente, el funcionamiento de estos perversos centros se había dejado al arbitrio del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional. Pero antes y después de la aprobación de este reglamento, las denuncias contra los CIE no han cesado. Incluso determinadas marchas, protestas y movilizaciones de diversos colectivos han manifestado su rotunda oposición a los mismos. Por supuesto, nuestro Ministerio de Interior jamás hizo caso a las mismas. También en los CIE se han producido motines y altercados, por las protestas de muchos internos que se han rebelado ante las infames condiciones que padecían. 

 

La Plataforma "Que el derecho no se detenga a las puertas de los CIE" presentó ya en abril de 2012 un extenso documento de propuestas para que se tuvieran en cuenta de cara a la preparación del borrador del documento reglamentario, pero todas ellas fueron ignoradas. También contribuyeron organizaciones de la sociedad civil, tales como Jueces para la Democracia, o Unión Progresista de Fiscales. Y así, retenidos, sin información sobre su destino, sin saber cuánto tiempo van a estar recluidos, atrapados e indefensos, criminalizados, maltratados, ignorados, tratados como "ilegales", ninguneados, y en situación de extrema vulnerabilidad, se encuentran estas personas en los CIE. Se permite el encierro en este tipo de centros a personas vulnerables de toda condición: menores, personas discapacitadas, ancianos, mujeres embarazadas, padres solos con hijos menores, y personas que hayan padecido tortura, violación u otras formas graves de violencia psicológica, física o sexual. Todos ellos pueden ser (y son) encerrados. Desde antes de su aprobación reglamentaria, y también después de la misma, se mantiene el marcado carácter policial de estos centros. La Policía es la encargada no sólo de la seguridad de los centros, sino también de gestionar todo lo relativo a la permanencia de los extranjeros en los mismos. Únicamente la "faceta asistencial" es asumida por empleados públicos ajenos a la policía (psicólogos/as, trabajadores/as sociales, etc.). El Reglamento generalizó la posibilidad de que la Policía porte armas de fuego en el interior de los CIE, que son centros que no tienen legalmente reconocido su función penitenciaria, en contraste con la normativa penitenciaria que limita su uso a situaciones excepcionales. Ante el previsible incremento del número de personas encerradas, el Reglamento de los CIE ya autoriza la habilitación de otros "centros de ingreso temporal o provisional". 

 

Durante su reclusión, estas personas están privadas en su ejercicio de derechos básicos y fundamentales, que nada tiene que ver con su situación de encierro, y que los colocan aún en peor situación que las personas legalmente recluidas en prisiones. A saber: 

 

1.- No se garantiza el libre acceso al sistema público sanitario, ni a la atención sanitaria completa las 24 horas del día (lo cual es especialmente salvaje para personas mayores, mujeres y niños, así como personas enfermas crónicas).

 

2.- Las visitas de familiares no tienen garantizado ningún régimen de privacidad e intimidad, y pueden ser limitadas en cuanto a número de personas visitantes, duración (30 minutos) y solo para algunos días de la semana.

 

3.- No se permite el uso de teléfonos móviles. 

 

4.- Las labores de control del respeto a los derechos de las personas internas, además de la competencia judicial, sólo será "facilitada" a los organismos nacionales e internacionales "con competencias propias en la visita e inspección de los centros", que es tanto como decir que ninguna entidad no institucional podrá acceder a dicho control. La opacidad por tanto reina en el interior de estos centros. 

 

5.- No se garantiza la instalación y funcionamiento de vídeo-cámaras de vigilancia, herramienta que se ha mostrado esencial como medio de prueba de lo que realmente sucede en situaciones conflictivas, y que constituye una garantía tanto para los internos como para la propia Policía. 

 

6.- Se autoriza el registro personal con desnudo integral, lo que nos parece un atentado contra la intimidad de estas personas. 

 

7.- Las ONG no ven reconocido ningún derecho para poder acceder a estos centros. Sólo es un derecho individual de cada interno. Adicionalmente, queda al arbitrio de la dirección de cada CIE la posibilidad de firmar un acuerdo o convenio que posibilite en la práctica la visita de este tipo de organizaciones. 

 

8.- Las salas de inadmisión de los puertos fronterizos quedan excluidas del Reglamento de los CIE, convirtiéndose en lugares de peor derecho, donde las personas extranjeras podrán sufrir inferiores garantías y condiciones. 

 

Todo lo anterior nos ofrece un siniestro panorama alrededor del funcionamiento interno de los CIE, que nos los presentan como centros de reclusión inhumanos, que no están a la altura de una sociedad democrática, justa ni avanzada, ni de la propia evolución del fenómeno migratorio en sí mismo, que ya venimos analizando en anteriores entregas. Todo lo expuesto es la motivación fundamental de que se den situaciones de abusos y vulneraciones de derechos para las personas migrantes en el interior de estos centros de la vergüenza. Los CIE son, claramente, "verdaderas cárceles encubiertas, prisiones camufladas sin garantías penitenciarias para personas que no han cometido ningún delito". Así son definidos en el Informe "CIE. Derechos Vulnerados", que estamos tomando como referencia, elaborado por las organizaciones sociales que componen la red Migreurop, que puede descargarse libremente en Internet. Los CIE representan un gran agujero negro, desconocido para el conjunto de la ciudadanía, que retuvieron, sólo en el año 2010 (el informe data de 2011), a más de 26.000 personas. Los CIE son la imagen del maltrato institucional a miles de personas cada año, por parte de un sistema que es absolutamente incapaz de integrarlas y de respetarlas mínimamente. Su figura ya estaba contemplada en la primera Ley de Extranjería del año 1985, y desde entonces, las sucesivas leyes promulgadas al respecto amplían las causas de internamiento a casos de devolución, de retorno y a los procedimientos de expulsión por sanción. Según la ley, las personas extranjeras internadas en los CIE se encuentran "retenidas" y no "detenidas", de manera preventiva, y no por un delito sino por una falta administrativa, en este caso por no disponer de la documentación necesaria para permanecer en nuestro país. Su ingreso en un CIE está sujeto a la espera del retorno a su país de origen, de la devolución a la frontera o de una sanción de expulsión. Continuaremos en siguientes entregas.

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8 abril 2019 1 08 /04 /abril /2019 23:00
España sí debe pedir perdón a América Latina

La destrucción de las civilizaciones precolombinas, el genocidio de la población autóctona, la esclavización de la fuerza de trabajo en las minas y en las encomiendas, y la conversión forzosa a una religión extraña, son episodios constatados de la historia de la humanidad. ¿Tanto nos cuesta decir que sentimos aquélla siniestra epopeya protagonizada por nuestros antepasados directos?

Paco Rodríguez de Lecea

Muchas veces, de modo sistemático y estructural, los pueblos indígenas han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su cultura y sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡perdón! El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita

Papa Francisco

Es verdaderamente perturbador el grado de derechización al que se ha llegado en el debate y entre la opinión pública española (que en este sentido no hace sino encaminarse por la senda emprendida por la mayoría de sociedades occidentales en el último periodo). La banalidad, la zafiedad, el cinismo y la indigencia intelectual están llegando a tal punto que empiezan a ser incompatibles incluso con la existencia de una democracia formal en España

Jorge Sancho

Recientemente hemos asistido a la polémica suscitada por el requerimiento del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al Rey de España, para que pida perdón por los agravios que el Imperio Español de entonces ejecutó contra los pueblos y tribus nativas mexicanas durante el período de su conquista, hace ahora cinco siglos, concretamente entre 1519 y 1521. En 2021 se cumplirán 500 años de la caída de Tenochtitlán y 200 años de la Independencia de México, y en la celebración de dicha efeméride enmarcaba López Obrador dicha solicitud hacia España. Estoy de acuerdo con dicha pretensión del presidente mexicano, pero pienso que debe ser un “perdón” matizado, referido no tanto (que también) al reconocimiento de los agravios, atrocidades y aberraciones que cometimos allende los mares, sino y sobre todo, la petición de perdón debe centrarse, a mi juicio, sobre la propia versión de la Historia que nosotros, desde España, hemos divulgado y exportado. Bastaría con que se difundiera la verdadera labor que nuestra España Imperialista de entonces ejecutó sobre los pueblos nativos latinoamericanos, y que por tanto, en vez de un mensaje de altivo “descubrimiento”, heroico y venturoso, “por la gloria de la patria”, se difundiera la auténtica versión de la historia, que no es otra que una historia de sometimiento.

 

El relato dominante nos ha contado una historia de grandeza épica de nuestros conquistadores, de hazaña memorable, cuando la verdad es que hubo masacre, invasión, y colonización brutal. Muchos autores, profesores e investigadores insisten en que los hechos históricos de hace cinco siglos no pueden evaluarse ni juzgarse con los ojos de hoy, a la vista actual de los acontecimientos. Es cierto. Pero es una afirmación que habría que matizar bastante, porque por la misma regla…¿Tampoco podemos evaluar la Inquisición como un crimen contra la humanidad perpetrado por la Iglesia Católica (bajo la instigación, la connivencia y el mandato de la España Imperial)? ¿No podemos tampoco evaluar los tremendos sufrimientos que fueron causados a moriscos, judíos y sobre todo gitanos, que fueron expulsados en sucesivas oleadas históricas mediante diversas pragmáticas, comenzando por la de Medina del Campo en 1497? Los sucesivos reinos desde entonces no sólo expulsaron de nuestras tierras a todos ellos, sino que además publicaron contra ellos salvajes leyes que intentaban eliminar su memoria histórica, su identidad, su cultura, su derecho a ser y a existir, y que abrían la veda para que contra los gitanos de la época se pudieran ejecutar los más perversos tormentos. Es cierto que toda la legislación de la época era cruelmente salvaje, pero este hecho histórico no anula la perversidad de tales leyes.

 

En general, ante el asunto de la conquista de América Latina, asistimos desde hace siglos a un claro negacionismo de los verdaderos hechos históricos que ocurrieron. Al igual que con el relato de la II República, de la Guerra Civil y de la posterior dictadura franquista, el pensamiento dominante ha dejado su distorsionada versión de los hechos, y de ahí que, por ejemplo, aún estemos con el asunto de la exhumación del dictador pendiente, a más de 40 años de su muerte. Precisamente aún arrastramos la celebración de la Fiesta Nacional el 12 de Octubre, como una reafirmación de nuestro papel en aquéllas tierras, una jornada festiva que debería ser erradicada, pues como decimos, no hay nada que celebrar. Enseguida vendrá la derecha recalcitrante y “patriótica” a argumentar que les dimos la lengua (como si los pueblos indígenas fueran todos mudos), la conciencia moral (como si las tribus indígenas no tuvieran de eso), la democracia (como si eso hubiera existido durante la España Imperial), y la libertad, pero no dicen nada de las numerosas masacres que ocurrieron, del expolio al que sometimos a dichos pueblos, o del tratamiento que dábamos a los negros africanos que “exportábamos” al Nuevo Mundo. El Gobierno del PSOE se limitó a decir con soberbia y altanería que “Felipe VI no tiene que pedir perdón a ningún país”. Absolutamente lamentable. Quizá el más beligerante ha sido el escritor Arturo Pérez Reverte, quien tildó por vía Twitter al Presidente mexicano de “imbécil” y de “sinvergüenza”. Por su parte, el Nobel de Literatura , Mario Vargas Llosa, también negó el genocidio americano (porque también existen personajes ilustres y académicos ignorantes).

 

Es además incomprensible tanto revuelo político, mediático y social, cuando López Obrador únicamente solicitaba en su carta que “…el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado de su historia común…”, es decir, que tampoco era una declaración de guerra. Tan sólo se pretende que acabemos de una vez con el relato dominante, con el relato de las bondades imperiales, porque es un relato falso, que situemos los hechos en su justo lugar, que les concedamos una valoración ajustada a la realidad. Y en cualquier caso, y podemos extrapolarlo a otros muchos asuntos, el Gobierno y la oposición se han arrogado la representación de todo el país sin consultar a la ciudadanía, porque…¿no sería el conjunto del pueblo español el que debería manifestarse sobre si debemos o no pedir perdón a otros pueblos por los hechos acaecidos durante la conquista? Si es un acto de país, es evidente que todo el país debería manifestarse ante tales hechos, y la respuesta que debe dar el Estado, y no el Gobierno de turno. Lo que ocurre es que estamos muy poco acostumbrados a la democracia.

 

El problema fundamental es el relato que nos han contado. Y, por supuesto, nos lo han contado los dominadores. Porque ese relato es falso. Nuestra educación nos ha transmitido, a través ya de muchas generaciones, un consenso nacionalcatólico en el que estos hechos históricos se nos presentan como hazañas épicas de nuestros “conquistadores”, y en el que la destrucción de las civilizaciones y culturas americanas más antiguas fue solo un “mal necesario” para la construcción de nuestra “Hispanidad”. Día de la Raza se llamaba al 12 de Octubre, luego Día de la Hispanidad, y últimamente Fiesta Nacional. Todavía, en pleno siglo XXI, usamos conceptualizaciones con una evidente carga semántica, tales como “Reconquista” o “Descubrimiento”, cuando es absolutamente palmario que no “reconquistamos” ni “descubrimos” nada. Todas esas culturas ya existían con anterioridad, y poblaban aquellos territorios desde mucho antes que los “españoles” que llegaron después. Por ejemplo, el 2 de enero (fecha a la que Vox pretende traspasar el actual Día de Andalucía del 28F), no “reconquistamos” Granada, únicamente finalizamos nuestra expulsión de los musulmanes, mejor dicho, de los andaluces que habitaban Granada, desde mucho antes que los actuales andaluces. Nosotros llevamos cinco siglos, ellos llevaban ocho.

 

Los conquistadores castellanos no llegaron a ningún Nuevo Mundo, ni a una tierra desconocida ni vacía, ni tampoco habitada por salvajes que esperasen a recibir las culturas más avanzadas, las civilizaciones más iluminadas. Las Américas ya eran habitadas desde miles de años antes por multitud de tribus, de pueblos y de culturas que se extendían desde Alaska hasta Tierra de Fuego, presentando todo un ecosistema humano rico y diverso. Allí ya se encontraban civilizaciones avanzadas, con ciudades, comercio, y un alto grado de organización social. Nosotros solo llegamos para hacer más grande nuestro Imperio, y para imponerles nuestra lengua, nuestra cultura y nuestra religión, por la fuerza. El Imperio Español de entonces, ese donde “nunca se ponía el sol”, ejecutó la destrucción deliberada de pueblos enteros, a las órdenes de nuestros “héroes” Pizarro, Hernán Cortés, Núñez de Balboa o Cristóbal Colón. El historiador Jorge Sancho nos lo explica con claridad:En todo caso, es innegable que tomando en consideración el conjunto del proceso (que se extendió durante más de un siglo y a escala continental) la catástrofe demográfica fue de unas dimensiones apocalípticas. En términos absolutos murieron decenas de millones de personas, algo comparable solo con las Guerras Mundiales o las conquistas de los mongoles en Asia. En términos relativos el impacto fue aún mayor, dado que las estimaciones más conservadoras situarían la pérdida de población en el Nuevo Mundo en al menos un 75% de la población continental entre los años 1500 y 1650, cuando empezó una lenta recuperación. Este probablemente sea el  proceso demográfico más relevante en tiempo histórico ya que alteró de manera decisiva el equilibrio demográfico entre los continentes”. Es algo de lo que, sencillamente, no podemos estar orgullosos.

 

La invasión española fue, por tanto, una clara guerra de rapiña, de expolio, de saqueo y de apropiación violenta e ilegítima de las riquezas de aquellas culturas indígenas. Nos apropiamos de territorios, de personas, de recursos, todo ello disfrazado de “cruzada civilizadora y evangelizadora”. Aquellos pueblos no nos habían pedido evangelizarlos, no solicitaron nuestra inestimable “colaboración” para ser tránsfugas de sus culturas ancestrales, y adquirir la nuestra, ni para aborrecer su fe y adherirse a la nuestra. Como consecuencia, la guerra, el hambre, la peste y la muerte asolaron durante decenios aquellas tierras. Este es el relato adecuado. Y ante tamaña realidad, sólo nos queda condenar los horrores de aquélla “Conquista”. Cualquier intento de justificarla es únicamente seguir participando de aquella barbaridad. Ello no obsta para admitir que los españoles no fueron los únicos bárbaros de la Historia, pues a lo largo de la misma se han dado muchos otros episodios cruentos, protagonizados por muchos otros pueblos. Serán ellos los que también tengan que disculparse. No es deshonroso, por tanto, asumir la reparación moral de toda aquella barbarie, y pagar esa factura pendiente con las comunidades indígenas. Más bien al contrario, sería un gesto de una altura de miras envidiable, realmente ejemplar.

 

Sin embargo, difundir un relato incorrecto, alejado de la realidad, convirtiendo en épicas hazañas lo que realmente fueron horrendos crímenes, como llevamos haciendo durante cinco siglos, es mucho más que una mentira: es un crimen contra la humanidad. Y cuando aprendamos a contemplar el verdadero relato, a la luz de los verdaderos acontecimientos, cuando lo asumamos y lo difundamos como realmente fue, entonces el perdón estará prácticamente implícito. Porque se nos deberá caer la cara de vergüenza en nombre de nuestros antepasados, esos “españoles” que llevaron la Cruz y la Espada a cientos de pueblos extranjeros, para obligarlos a que tuvieran una nueva fe, una nueva cultura (ya no se discute sobre si más avanzada o menos), y una nueva identidad. Y esta actitud debe extrapolarse a todo acto cruel, genocida o salvaje de cualquier pueblo contra cualquier o cualesquiera otros. Por ejemplo, por poner un ejemplo más cercano en el tiempo, pienso que el ex Presidente estadounidense Barack Obama debió pedir perdón en nombre de su país a Hiroshima y Nagasaki (a Japón en realidad) cuando visitó dichas ciudades niponas en el último año de su mandato, aunque Obama ni siquiera había nacido cuando su país hizo estallar las dos bombas atómicas en 1945. Cientos de ejemplos más podemos tomar como referencia. De esta forma, extenderemos la cultura de la reconciliación y contribuiremos a una mayor confraternización entre todos los pueblos.

 

¿Dónde está el límite, por tanto? El límite entiendo que debemos situarlo en todas aquellas afrentas, sucesos, acontecimientos y hechos históricos que, a la luz de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), y de sus documentos anexos posteriores aprobados por la ONU (y refrendados por la inmensa mayoría de los países), constituyan crímenes de lesa humanidad, que no prescriben, y que podamos perfectamente identificar a las víctimas y a los verdugos de dichos crímenes. No podemos extenderlo a los tiempos de Carlo Magno, ni al Imperio Romano, simplemente porque el mundo de aquellas épocas no era igual al mundo de hoy. La configuración de países, reinos y continentes era significativamente diferente a la de hoy día, como era diferente, por ejemplo, el mundo en que vivieron Ulises, Agamenón, Menelao y Aquiles. No podemos identificar entonces a víctimas y a victimarios. Pero en todos aquellos casos donde se cumplan estas premisas, entiendo que la práctica del reconocimiento del agravio, y del ofrecer una visión correcta de la Historia, siempre será un gesto deseado y bienvenido. Un gesto de justicia, y la humanidad está bastante necesitada de ella.

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7 abril 2019 7 07 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Guffo

Viñeta: Guffo

La actual crisis es completamente distinta a todas las anteriores, en virtud de la sincronía de diversos factores, que hacen de la presente una crisis civilizatoria, que marca la frontera de una época histórica en la que se ha puesto en peligro la misma permanencia de la especie humana, conducida al abismo por un sistema ecocida y genocida, regido por el afán de lucro

Renán Vega Cantor

Hablábamos en la entrega anterior (siguiendo este artículo de Michael Löwy) de cómo el clásico "crecimiento" económico, bajo el ecosocialismo, ha de ser profundamente redefinido. Para empezar, porque no todos los países del mundo han adquirido el mismo nivel de desarrollo, y por ende, no todos han contribuido por igual al escenario actual, ni poseen para sus respectivas poblaciones los mismos grados, elementos y características para su protección. Atendiendo a las mínimas necesidades sociales, es evidente que en los países del Sur global, donde estas necesidades están muy lejos de ser satisfechas, debe buscarse el desarrollo más bien clásico (vías férreas, hospitales, sistemas de alcantarillado, y otras infraestructuras necesarias para un acondicionamiento mínimo). Pero aún así, deberíamos potenciar que estos países realizaran estos proyectos de forma ecológicamente más sostenibles, menos dañinos, introduciendo, por ejemplo, sistemas energéticos renovables. Mientras que estos países más pobres necesitarán expandir su producción agrícola para combatir el hambre y la población en aumento, el ecosocialismo apuesta por la promoción de métodos agroecológicos enraizados en unidades familiares, cooperativas o granjas comunitarias, en vez de los métodos destructivos del agronegocio industrializado, tales como el uso intensivo de pesticidas, productos químicos y organismos genéticamente modificados (OGM). Así mismo, la transformación ecosocialista abordaría el pernicioso sistema de la deuda pública que enfrentan estos países pobres (mediante sistemas de auditorías, repudio y negociación con los países u organizaciones acreedoras), como también la renuncia a la explotación de sus recursos por países ricos e industrializados, o aquellos con rápido desarrollo, como es el caso de China. 

 

En lugar de todo ello, el ecosocialismo plantea el establecimiento de un fuerte flujo de ayuda técnica y económica desde los países más ricos hacia los países del sur global, orientada desde un fuerte sentido de la solidaridad y en el reconocimiento de que los problemas planetarios exigen soluciones globales. Y como sabemos, el cambio climático y el agotamiento de los recursos energéticos son los problemas más globales que padecemos. Por su parte, en los países ricos e industrializados debemos fomentar unas prácticas sociales ligadas a un imaginario colectivo que erradique los actuales ritmos, modos y formas de vida, centrados en un consumo compulsivo, inducido por la voracidad del propio sistema capitalista, que nos induce a adquirir un montón de mercancías inútiles que no satisfacen necesidades reales, ni contribuyen al bienestar o a la prosperidad humanas. Hay que eliminar de los productos tecnológicos la vertiginosa obsolescencia programada, que fomenta el consumo periódico de nuevas versiones de productos, bienes y servicios, ya que toda esta fabricación y consumo excesivos son la mayor causa de generación de residuos tóxicos, y de agotamiento de materias primas y recursos naturales. No es sano ni sostenible desde ningún punto de vista, por ejemplo, que estemos cambiando de teléfono móvil cada año, al albur de las nuevas prestaciones que traen las nuevas versiones tecnológicas, al igual que tampoco podemos dejar al arbitrio de los grandes fabricantes de automóviles la evolución de la producción, sino que es el conjunto de la comunidad, de la ciudadanía, la que debe controlar cómo ha de ser esa evolución tecnológica, sobre todo en la vertiente que vaya a afectar al consumo social. Un socialismo ecológico como el que estamos proponiendo nos induce a pensar que es la sociedad la que controla lo que se produce, cómo y para qué, y todo ello bajo parámetros sostenibles ecológicamente.

 

El efecto de la publicidad en este ámbito es sumamente perjudicial. Michael Löwy lo explica en los siguientes términos: "Pero ¿cómo distinguimos a las necesidades auténticas de aquellas artificiales y contraproducentes? A un grado considerable, las últimas son estimuladas por la manipulación mental de la publicidad. En las sociedades capitalistas contemporáneas, la industria de la publicidad ha invadido todas las esferas de la vida, dando forma a todo desde la comida que comemos y las ropas que vestimos a los deportes, la cultura, la religión y la política. La publicidad promocional se ha vuelto omnipresente, infectando insidiosamente nuestras calles, paisajes y medios tradicionales y digitales, moldeando hábitos de consumo conspicuos y compulsivos. Más aún, la industria de la publicidad misma es una fuente considerable de desperdicio de recursos naturales y tiempo de trabajo, finalmente pagados por el consumidor, por una rama de producción que está en contradicción directa con las necesidades socio-ecológicas reales. Mientras que es indispensable para la economía de mercado capitalista, la industria de la publicidad no tendría lugar en una sociedad en transición al ecosocialismo; sería reemplazada por asociaciones de consumidores que veten y diseminen información sobre los bienes y servicios. Mientras se desarrollen en algún grado estos cambios, los viejos hábitos persistirán por algún tiempo, y nadie tiene el derecho de dictar los deseos de las personas. Alterar los patrones de consumo es un desafío educacional en desarrollo dentro de un proceso histórico de cambio cultural". Nosotros hemos abordado a fondo los aspectos de la publicidad en nuestra serie de artículos "Capitalismo y Sociedad de Consumo", a la que remito a los lectores y lectoras que deseen consultarla. Bien, llegados aquí, seguro que a alguno(s) lectores y lectoras, de mente bien formada bajo el paradigma falaz de la "libertad" capitalista, se le habrán encendido todos los focos, para alumbrar una duda fundamental, una cuestión primordial, que podría ser enunciada así: "Pero entonces...¡estaríamos recortando la libertad de las personas!". 

 

Bien, este prejuicio surge a raíz de que nuestra mente ha sido colonizada absolutamente bajo los valores y principios capitalistas, y entendemos por "libertad" sólo un determinado grado, visión o modalidad de la misma. El capitalismo llega incluso a más: no solo nos induce a pensar en determinadas visiones de la libertad, sino que crea o inventa libertades inexistentes, o bien que se nos aparecen disfrazadas para albergar peligrosos enfoques (un ejemplo de esto último es la famosa "libertad de elección" de los padres a la educación de sus hijos/as, que disfraza en realidad el supuesto derecho de los padres a que existan colegios religiosos, sexistas o elitistas). Así que, volviendo a la supuesta "libertad" que algunos dicen que se recortaría si pusiéramos en práctica los paradigmas del ecosocialismo, hay que responderles que en realidad esa libertad que aducen es la libertad de las propias empresas a continuar haciendo lo que deseen con tal de conseguir más beneficios: contaminar, fabricar productos peligrosos, crear publicidad engañosa, etc. Esta supuesta libertad no es tal, simplemente porque se basa en la desigualdad, es decir, es una libertad ejecutada desde las posiciones de poder de las grandes corporaciones, frente al poder limitado y recortado de los Estados, países, sociedades o comunidades. Precisamente por esto hay que recortar dicho poder de las empresas, y no hay que verlo como un "recorte de libertades", sino como un avance de la democracia. Y es que llegados a este punto donde nos encaminamos al colapso civilizatorio, es absolutamente esencial que el conjunto de la sociedad sea capaz de retomar el control (sobre lo que se produce, de qué manera y para qué), y no hay otra forma de hacerlo que arrebatando poder a las corporaciones, a las empresas, a esos gigantes agentes económicos que, en expresión de Manolo Monereo, "son los que mandan y no se presentan a las elecciones". 

 

El ecosocialismo, y el Buen Vivir, se basan en una premisa social común, absolutamente básica e integradora: el "ser" debe tener precedencia sobre el "tener". Hay que prestar mucha más atención al "ser" que al "tener", hemos de incidir más en "lo que somos" que en "lo que tenemos". Pero para llegar a ese punto, hemos de liberarnos de la alienación capitalista, hemos de liberarnos del dogal que representa la actual sociedad de consumo. Cuando asumamos ese paradigma de forma colectiva, dejaremos de enfocar nuestros bienes, productos y servicios privados, para enfocar los bienes y servicios comunes. Cambiaremos el foco de lo privado a lo público, olvidaremos "lo que yo tengo" y lo sustituiremos por "lo que tenemos". Hay que poner la atención en lo que somos, y lo que tenemos debe enfocar no al yo, sino a la sociedad, al común, al nosotros. Y así, en vez de perseguir el lucro incesante y los bienes infinitos, las personas buscarán más tiempo libre, menos dedicación al trabajo, reducirán su dependencia sobre los asuntos materiales, comenzará a primar el compartir sobre el poseer, y los logros personales se orientarán a través de actividades culturales, deportivas, recreativas, artísticas, científicas, políticas, etc. Para los filósofos más profundos, diremos que no existen evidencias de que la codicia compulsiva provenga o corresponda a una naturaleza humana intrínseca, como sugiere la retórica conservadora. Han existido muchos pensadores que lo han argumentado, pero nadie ha llegado a tal conclusión empírica. Tampoco podemos situarnos, por supuesto, en el otro extremo, y sostener que la naturaleza humana es por definición y origen, altruista, cooperativa y solidaria. Tampoco esto ha podido ser demostrado. Quizá la humanidad tenga que acarrear siempre con ambos lados de la naturaleza de las personas (la mala, corrupta, egoísta y perversa, junto con la buena, social, solidaria y cooperativa). Pero lo que sí podemos hacer es crear un modelo social donde la propia sociedad controle que los valores perversos de la humanidad no puedan prevalecer sobre los demás. El ecosocialismo y el Buen Vivir contribuyen a ello. Será, sin duda, el modelo social y de convivencia más justo, equilibrado, libre, avanzado, igualitario y sostenible. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 abril 2019 4 04 /04 /abril /2019 23:00
Fuente Viñeta: ATTAC

Fuente Viñeta: ATTAC

Ciertamente, todos necesitan los medios básicos para sustentar sus propias vidas, como una base mínima. También creo que necesitamos disminuir la importancia del empleo para el significado individual y el valor social, y rechazar la idea de que el ingreso es una función del mérito. Necesitamos más tiempo libre y menos trabajo por el trabajo mismo. Necesitamos romper el dominio absoluto que la “creación de empleo” tiene sobre las propuestas políticas. Necesitamos no solo “elevar el suelo” para los ingresos, sino también “bajar el techo”. Necesitamos, esto es, cambiar radicalmente las formas de vida construidas en torno a una economía en constante crecimiento que de alguna manera nunca tiene suficiente para todos

Alyssa Battistoni

El trabajo asalariado ya no es garantía de salvarse de la pobreza. Los trabajadores y trabajadoras pobres son una figura hoy día constante en prácticamente todos los países "desarrollados". Este incremento de la clase obrera pobre es una constatación a raíz de los ataques que sobre todo desde la última crisis de 2007 hacia acá han venido llevándose a cabo sobre las clases populares y más vulnerables. Y así, desregulaciones laborales, recortes en prestaciones sociales, desuniversalización de los servicios públicos, ataque a los servicios de empleo, preponderancia de la iniciativa privada, desmantelamiento de sectores productivos, políticas austericidas fomentadas por los organismos internacionales, y un largo etcétera estratégico de acoso y derribo a las conquistas sociales de la clase obrera mundial han traído consigo que, por ejemplo en Europa, en 2015 la tasa de trabajadores pobres fuese del 13,2%. Actualmente, será incluso mucho más elevada. Por su parte, la mecanización, automatización, informatización y robotización de muchos puestos de trabajo ha traído (y traerá consigo aún más) el paulatino descenso de trabajadores en muchos sectores industriales. La mayoría de estudios concluyen que, aunque es probable una evolución en la naturaleza de los puestos de trabajo que desempeñen los humanos en el futuro, será mucho mayor la cantidad de empleos que se destruirán debido al incremento de tareas mecanizadas. Todas estas razones, y otras muchas que hemos ido desgranando en las entregas anteriores, abonan la tesis de la importancia que la RBU puede y debe tener en un futuro próximo, como herramienta que contribuya a que esta escalada de la desigualdad, de la pobreza y de la exclusión social sea atajada de una forma eficiente.

 

Pero ojo, porque estamos viendo, sobre todo de un tiempo a esta parte, cómo se le llama renta básica a cualquier propuesta: al ingreso vital del PSOE, a las Rentas Mínimas de Inserción, a la propuesta de renta garantizada de Podemos, e incluso recientemente Ciudadanos también se ha apuntado a ella. Y así, la renta básica es la medida a la que todos se apuntan para ganar votos...Todas ellas son mentiras. La renta básica RBU que aquí proponemos no la contempla hoy día ninguna formación política en su programa electoral. Nadie se atreve a defenderla realmente, en la dimensión que aquí hemos explicado. Ello provoca una cantidad delirante de confusión, en torno a la medida en sí, en cuanto a su alcance, en cuanto a su financiación, etc. Como a todo se le llama "renta básica", con o sin más apellidos, con tal o cual matiz en su nombre (renta activa, renta mínima, renta garantizada, renta vital...), todo cae en un cajón de sastre que no somos capaces de diferenciar. Ninguna propuesta actual es la RBU que nosotros defendemos. Podremos estar más o menos de acuerdo con ella, pero lo que no podemos hacer es confundir. Y hoy día, lo que existe es confusión. El problema radica en que el enunciado de las propuestas es muy tibio, generalista y demagógico, poco preciso, y después, cuando desarrollan la medida, comprobamos que no tiene nada que ver con la verdadera RBU. En cuanto accedemos al detalle de las diversas medidas que se proponen, ya empezamos con la confusión: no son individuales sino familiares, hace falta no superar cierto margen de recursos, son limitadas en el tiempo, y un largo etcétera de condicionantes que desvirtúan la medida, y que nos ofrecen más de lo mismo. En resumidas cuentas, a los subsidios condicionados para pobres no les debemos llamar "renta básica", y así ganaríamos mucho tiempo, esfuerzo, y claridad. 

 

Y en cuanto al funcionamiento de las empresas, lo ideal sería, manteniendo el mercado, es decir, sin renunciar a él, cambiar la óptica, el prisma y la filosofía actual del "libre mercado" salvaje y desregulado (que pensamos es el caballo de batalla principal, causante y responsable de toda la barbarie empresarial descrita en anteriores entregas), por lo que bien ha sido denominado como la "Economía del Bien Común" (EBC). Como resumen de la misma, extraigo a continuación la fantástica explicación que de dicho paradigma realizó en este artículo Joan Ramón Sanchis para el medio Nueva Revolución: "Los valores de la EBC son los principios básicos y universales de los derechos humanos: la dignidad humana, la solidaridad, la sostenibilidad ecológica, la justicia social, la transparencia y la participación democrática. Según este modelo, la economía ha de estar al servicio de las personas y el dinero y el capital no han de ser un fin en sí mismo sino un instrumento. Para ello, las reglas de juego básicas del capitalismo, esto es, el afán de lucro y la competencia, se han de sustituir por la contribución al bien común y la cooperación. El fin último ha de ser la felicidad de las personas, por lo que los indicadores clásicos de la economía, el Producto Interior Bruto (PIB) de los Estados y el Balance Financiero de las empresas, ya no son útiles. La EBC propone como indicadores adecuados el Producto del Bien Común (PBC) y el Balance del Bien Común (BBC). El PBC sirve para medir el crecimiento de un país, incluyendo dentro del mismo aspectos como la cohesión social, la solidaridad, la participación, la calidad de la democracia, la política medioambiental, el justo reparto de los beneficios, la igualdad de género, la igualdad salarial, etc., valores que no recoge el PIB a nivel macroeconómico. La EBC propone que el crecimiento económico no sea un fin en sí mismo sino un medio para alcanzar los fines del bien común, que son reducir la huella ecológica y conseguir la sostenibilidad del territorio". 

 

Y continúa: "Se proponen como medidas concretas la reducción de la jornada laboral (entre 30 y 33 horas semanales), una cooperación monetaria global para el comercio mundial, el uso de monedas regionales como complemento de la moneda nacional (para evitar la especulación del dinero), la creación de una zona del comercio justo (Zona del Bien Común), la creación de un Banco Central Democrático controlado por la ciudadanía, el establecimiento de límites a los ingresos (máximo de 10 veces el salario mínimo) y los patrimonios y la aprobación de ventajas legales para todas aquellas empresas que cumplan con los criterios del Balance del Bien Común, entre otros aspectos. También se propone completar la democracia representativa con la democracia directa y participativa, de manera que la ciudadanía pueda participar de forma directa en las decisiones que les afectan y controlar también directamente a sus representantes políticos". Con esta semblanza rápida que nos hace este autor sobre los parámetros donde se mueve la EBC, no hacen falta muchas más explicaciones para entender que con ella, la arquitectura de la desigualdad se revertiría en gran medida. Y por otra parte, también entendemos que la propia filosofía de los empleos, de los trabajos humanos, tiene que cambiar. A la luz de la globalización neoliberal y del poder inmenso de las grandes corporaciones, han surgido toda una pléyade de tipos de actividades, trabajos y empleos absolutamente inútiles, que hoy día copan una parte importante de la actividad laboral de muchas personas. Hay que cambiar también aquí el chip mental con el que funcionamos, y echar abajo algunos tópicos, así como derribar algunas falacias. Por ejemplo, los trabajos improductivos no son inútiles. Hay que volver a recuperar la función y el valor social del empleo, erradicar los empleos estúpidos, y por tanto centrarse en la pregunta del millón: ¿qué es un empleo socialmente útil?

 

En el mundo laboral actual, los tipos de puestos de trabajo y los salarios que perciben no están relacionados con su utilidad social. ¿Realmente produce el valor y la utilidad un directivo de una sociedad como para ganar 300, 500 o 1000 veces lo que ganan sus empleados? El capitalismo llega un momento en que retribuye únicamente por el grado de influencia, de poder o de relación que dicha persona pueda ofrecer, por su grado de experiencia, pero no por el valor que realmente aporta a la empresa u organización. Por otra parte, existen gran cantidad de trabajos estúpidos, trabajos sucios, inútiles, o que simplemente no tienen ningún sentido. Curiosamente, los trabajos estúpidos a menudo están muy bien pagados y ofrecen excelentes condiciones, pero no sirven para nada, o están creados bajo premisas innecesarias. No hay que confundir estos trabajos con los trabajos precarios, que en su mayor parte, consisten en tareas que son necesarias e indiscutiblemente beneficiosas para la sociedad, pero aún así, están mal pagados y mal protegidos. Y todo ello apoya poderosamente la arquitectura de la desigualdad. La justa valoración de los trabajos por su utilidad social también ayudaría a revertir esta arquitectura laboral de la desigualdad. Hay que diferenciar también entre el trabajo productivo y el trabajo útil. Por ejemplo, el trabajo de los funcionarios públicos es útil pero no productivo, y no por ello dejan de ser trabajos muy importantes, con un valor social inestimable. Los trabajos de cuidados estarían también en este grupo. Nosotros hemos venido insistiendo, desde hace muchas entregas, en que debemos dejar de atender a los trabajos humanos según la escala de valores capitalista al uso, y por tanto, dejar de valorar únicamente los trabajos rentables económicamente (los que son "productivos" para el capitalismo), para comenzar a valorar más y mejor los trabajos que son únicamente rentables socialmente (no productivos, y por tanto, inútiles para el capitalismo). Su utilidad social es precisamente la que conforma su necesidad, su validez y su justificación, y la que los hace necesarios e imprescindibles en una sociedad democrática, justa, avanzada e igualitaria que se precie de serlo. Continuaremos en siguientes entregas.

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2 abril 2019 2 02 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

En el informe “Alerta 2018!” (Icaria), la Escola de Cultura de Pau contabiliza 33 conflictos armados en el mundo en 2017 (14 concentrados en África) y 88 “escenarios de tensión”. El 40% de los conflictos son de “alta intensidad”, es decir, con más de mil víctimas mortales al año y graves impactos en el territorio; por ejemplo en Libia, región Lago Chad, República Democrática del Congo (región de Kasai), Somalia, Sudán del Sur, Afganistán y Filipinas (isla de Mindanao). Asimismo, ACNUR calcula que hay 68,5 millones de desplazados forzosos en el mundo (44.400 nuevos desplazamientos diarios durante 2017) por los conflictos y la violencia generalizada

Enric Llopis

Y al hilo de la cita de Enric Llopis que hemos destacado, resulta que los Gobiernos occidentales, siempre ávidos a desviar sus responsabilidades, suelen echar gran parte de la culpa de las muertes de refugiados y migrantes a las organizaciones que los trafican, a las mafias. Evidentemente no dudamos de su existencia, está documentado perfectamente que las hay y hasta dónde llega su perversión, pero en este asunto, entendemos que se magnifica su influencia. Con todo lo que llevamos expuesto sobre la propia esencia perversa de las fronteras, podemos concluir que dichas muertes son parte integral del propio régimen fronterizo, y que por tanto, la responsabilidad última de tanta barbarie corresponde a los Estados, que son también en última instancia los responsables de luchar contra ellas. Si las fronteras fuesen libres y seguras, si los trayectos fuesen garantistas y las personas tuviesen formas seguras de viajar de un país a otro, no recurrirían a las mafias, a los traficantes. Precisamente recurren a dichas mafias porque les "prometen" encargarse de su viaje a cambio de dinero (bastante dinero), pero esto es fomentado precisamente por la inseguridad y hostilidad de las fronteras, y por la peligrosidad de los trayectos. Recce Jones, en la entrevista que estamos tomando como referencia, afirma que por ejemplo les cuesta cinco, seis o siete mil dólares viajar de Bangladesh a Europa. Pero un simple billete de avión se consigue por mil. El hecho de que no existan vías seguras para el viaje es lo que arroja a los migrantes en brazos de los traficantes. Su negocio se basa precisamente en la existencia de esos peligros fronterizos, y de esa inestabilidad de los trayectos. Pero la auténtica responsabilidad de estos hechos corresponde a la Unión Europea y sus Estados miembro, que son los que implementan las políticas que obligan a la gente a valerse de intermediarios, y a tomar rutas cada vez más peligrosas. 

 

Y como venimos contando desde varias entregas atrás, lo que prima (como siempre bajo el sistema globalizado capitalista) es el negocio, el beneficio de las empresas, que han visto un filón y un nicho de mercado fantástico en el sector de la "seguridad fronteriza". Todo lo demás les da igual. Ello es fomentado por eslóganes políticos que aluden a las "invasiones" de migrantes, a la "perdida de nuestra identidad cultural europea", y demás chorradas por el estilo. Pero lo cierto es que quien gana es dicho sector. Hoy día se estima que la industria de la seguridad fronteriza alcanzará el astronómico volumen de 107.000 millones de dólares de facturación para el próximo año 2020. Como sabemos, es una industria relativamente joven, que ha emergido hace unos 30 años. La inmensa mayoría vienen del sector armamentístico, que además se han especializado en desarrollar tecnología de seguridad para las fronteras. Como ocurre en el resto de sectores industriales en alza, a medida que dicho sector crece, se crea un círculo vicioso en el cual las empresas obtienen grandes ingresos, que a su vez utilizan para hacer tareas de lobby y conseguir que el negocio aumente, es decir, que los países gasten cada vez más dinero en seguridad fronteriza, lo cual aumenta más sus ingresos. Estamos acostumbrados a ver que cada vez que ocurre un atentado terrorista, el miedo social que se provoca se canaliza hacia la adquisición de más seguridad en las fronteras, pero también ahora en las propias ciudades. De esta forma, ha emergido todo un fantástico mercado dedicado a la seguridad, del mismo modo que en su tiempo emergió el complejo militar-industrial cuando las empresas vieron el filón de fabricar armas para las guerras, más o menos tras la Segunda Guerra Mundial. Al final de la segunda Gran Guerra, existían únicamente cinco muros fronterizos en el mundo. En 1990, tras la caída del Muro de Berlín, había 15, y hoy, treinta años más tarde, hay más de 70. Ello nos da buena idea de la proliferación de esta perversa Política de Fronteras, que hay que erradicar. 

 

La solución, como venimos expresando en esta serie de artículos, es la plena eliminación de dichos muros, la apertura total de las fronteras (lo cual debilitaría y haría desaparecer las mafias de traficantes) para permitir la libre circulación de las personas, y el establecimiento de toda una serie de condiciones laborales y protecciones medioambientales globales, que controlen las mercancías, y sobre todo, los capitales. Ellos, los capitales, representan el poder del dinero, el verdadero poder fáctico del neoliberalismo, y es el último responsable de toda esta locura fronteriza, y sus peligrosas consecuencias. Por supuesto, ello requeriría también, como igualmente hemos explicado, dejar de practicar políticas injerencistas en terceros países, que son las que provocan las guerras por los recursos, las guerras geopolíticas, o las interesadas simplemente en derrocar cierto tipo de Gobiernos que son incómodos para Occidente. Todo ello configura la razón de un mayoritario porcentaje de los flujos migratorios. En lugar de eso, deberíamos comenzar a practicar verdaderas políticas de ayuda al desarrollo, de cooperación y de responsabilidad internacional, teniendo como fin que ningún país sea inviable para la vida digna de sus habitantes. Y por supuesto, el último paso es integrar convenientemente, de manera justa, ordenada y equitativa, a todos los extranjeros que vengan a nuestros países. Ello requiere, por ejemplo, conseguir la plena igualdad de derechos en los territorios, evitando los guetos, las desigualdades de oportunidades y las injusticias. Porque si mantenemos las diferencias de derechos según nacionalidad, los que tengan plenos derechos en un lugar concreto podrán abusar de quienes no los tienen. Hay que poner palos en las ruedas a la globalización, intentando fomentar la idea de un salario mínimo global, que disminuyera los incentivos que tienen las grandes empresas para deslocalizar sus negocios, y obtener mayores beneficios recurriendo a la mano de obra barata de otros lugares con salarios devaluados. 

 

Hay que pensar que si pusiéramos todo esto en marcha como Política de Fronteras (apertura de las fronteras, libre circulación de las personas, limitaciones al capital y a las mercancías, condiciones laborales y ambientales globales, salario mínimo global, practicar políticas de cooperación con terceros países, olvidarnos de las guerras y conflictos armados, integración justa de los extranjeros en nuestras sociedades, igualdad de derechos en todos los lugares, entre otras muchas que irían complementando a las anteriores), otro gallo nos cantara. La situación sería inmensamente más justa y humana, pero perderían (y mucho) las grandes corporaciones, que son, como decíamos más arriba, el poder fáctico de esta interesada globalización. Hemos de enfrentarnos a ellas, ese es el reto que tenemos como sociedades. ¿Existe por ahí algún Gobierno digno que quiera seguir este rastro? Mucho nos tememos que no. Pero estamos convencidos de que es la única solución. Mejor que eso: la verdadera solución. Porque con todo ello se mejorarían considerablemente las condiciones de trabajo en todos los territorios, con lo cual serían bueno para los trabajadores de Europa y de Estados Unidos, pero también para la clase obrera de los países pobres del Sur global. Los únicos actores que saldrían perdiendo, como decimos, son las grandes corporaciones, que perderían la capacidad de aprovecharse de las divergencias en regulaciones y en salarios, y de esa cultura de las fortalezas, de las fronteras seguras, de "controlar las invasiones", y de toda la falsa parafernalia que se ha ido generando alrededor de este asunto. Un mundo sin fronteras sería lo ideal. Está en nuestra mano. No es una utopía, ni una ilusión inalcanzable. Sólo tenemos que pelear por ello. Pelear y enfrentarnos a los grandes gigantes de la industria, que son los enemigos de este escenario. 

 

Porque estas grandes industrias, que se lucran con las desgracias humanas, son las primeras interesadas en que todo el panorama actual continúe como está: a ellas, a estas grandes empresas, les interesa que continúen las guerras y conflictos armados, que continúe la fortificación e inexpugnabilidad de nuestras fronteras, que se levanten muros, que se militaricen sus instalaciones, que los pueblos pobres no puedan avanzar, que las rutas continúen siendo peligrosas, que las mafias trafiquen con las personas, que los mercados laborales sean dispares y desiguales, que no exista la integración de los migrantes, que los capitales sean cada vez más libres de actuar, que sus posibilidades comerciales cada vez estén sujetas a menos restricciones, que puedan explotar los recursos naturales de cualquier sitio del planeta, que los refugiados y migrantes sean encerrados (en Estados Unidos existe el mayor porcentaje de empresas privadas que se dedican al encierro de personas), que la violencia estructural de las fronteras continúe, que las políticas de cooperación al desarrollo sean prácticamente inexistentes, que no existan las políticas de interculturalidad, que se fomente la política del odio, del rechazo, de la intolerancia, del racismo y del miedo, que se fomente el discurso de la persecución al extranjero, al diferente, que existan seres humanos considerados "ilegales", que continúen los éxodos dantescos de población, que la inmigración sea considerado un problema de "seguridad", que se identifique a los migrantes con delincuentes, criminales y asesinos (porque así criminalizan la misma pobreza), que se instalen las políticas racistas globalizadas, que aumente el racismo institucional, que los discursos identitarios crezcan, y que, en fin, se continúe diseñando un mundo hostil para los muchos, y un mundo plácido, cómodo y lleno de riquezas para los pocos. ¿Nos quedamos de brazos cruzados ante sus bárbaros intereses, o luchamos por Políticas de Fronteras humanas, justas y seguras? Continuaremos en siguientes entregas. 

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