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13 marzo 2019 3 13 /03 /marzo /2019 00:00
Viñeta: Silvano Mello

Viñeta: Silvano Mello

Para que una persona emigre así, primero tuvo que haber sufrido mucho, haber sido excluida desde su nacimiento. Rechazada, oprimida, la gente no emigra solo por migrar. La gente no arriesga la vida solo porque sí, porque quiere riquezas o porque le han contado historias de tierras donde el dinero se recoge con palas. La gente emigra así porque no hay salida y como único camino se van, a morir en el intento

Ilka Oliva Corado

Vamos a ocuparnos a continuación, entrando ya en los aspectos relativos a la integración de las personas migrantes en nuestra sociedad, de lo relativo al mercado laboral y su relación con estas personas que llegan. Suponemos entonces que dichas personas han llegado, han superado los primeros controles, han superado una estancia mínima en nuestro país (encerrados en un CIE o puestos en libertad), han conseguido alguna forma de obtener documentación legal, y por tanto, comienzan a estar disponibles para nuestro mercado de trabajo. Pues bien, como señala René Behoteguy en este artículo para el digital Rebelion, tenemos de entrada (ya estamos acostumbrados a ello) una doble moral y un discurso contradictorio. Por una parte, se lanza el mensaje "los inmigrantes son perezosos/as y no quieren trabajar porque prefieren vivir de ayudas públicas", y por otro lado, el mensaje es el siguiente: "los inmigrantes vienen a trabajar por muchas horas por poco salario, robándole el empleo a los/as nacionales". Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Son unos vagos empedernidos o vienen a quedarse con nuestros puestos de trabajo? Pues como siempre ocurre, ni una cosa ni otra son verdad. La verdad es que tienen las mismas necesidades que nosotros, de trabajar para poder vivir lo más dignamente posible, y esa es la razón de que cuando todas las puertas se cierran (o mejor dicho, ninguna se abre) estas personas tengan que dedicarse a actividades laborales "sumergidas", de la economía alegal, como por ejemplo la venta ambulante. Es muy común escuchar todos estos argumentos juntos, pero a nadie se le escapa que no pueden producirse ambas cosas a la vez. ¿Cuál de los dos es cierto? La respuesta es que ninguno de los dos lo es. Son argumentos falaces que carecen de toda base, y que provienen del conjunto de prejuicios instalados en nuestro imaginario colectivo. 

 

Pero esta clase de discursos son muy frecuentes, y están incluso promovidos por los grandes poderes económicos y políticos, porque con ellos evitan que la clase trabajadora les apunte a ellos como responsables de su opresión, centrando su frustración en quienes vienen de otros países, que son igualmente golpeados por las políticas económicas neoliberales, y que tienen por objeto dividir y enfrentar a la propia clase trabajadora entre sí, en nativos y migrantes, negros y blancos, hombres y mujeres, etc. La pregunta acertada debería ser por tanto: ¿Quién roba empleo y reduce salarios? Y la respuesta es clara: los y las empresarias. Quienes ofrecen salarios a la baja (aprovechándose de la condición de migrantes) y finalmente determinan los mismos son los empleadores y no los trabajadores. Si debemos responsabilizar a alguien por contratar de forma irregular, abusiva, aprovechándose de ello para pagar salarios de miseria, es a los muchos/as empresarios/as que lo practican. Pero en vez de ello, hacemos culpable a quien en verdad es víctima. Por tanto, afirmémoslo con claridad: son los empresarios y no los inmigrantes quienes determinan los salarios. René Bohoteguy lo explica perfectamente: "Es, en este sentido, evidente, que la pérdida de poder adquisitivo sufrida en los últimos años se debe a la acción de un gobierno enemigo de las clases trabajadoras que ha aprovechado el creciente desempleo para modificar la normativa con una Reforma Laboral diseñada a gusto de la patronal que, al facilitar el despido y la contratación precaria a la vez que debilita la organización sindical y la negociación colectiva, ha dado las herramientas que los/as empresarios/as necesitaban para despedir barato y empeorar las condiciones laborales a su antojo como de hecho ha sucedido". 

 

Pero por si aún tenemos dudas sobre los causantes de la crisis, y con ella la pérdida masiva de empleos, podríamos continuar con las preguntas: ¿Han sido quizá los migrantes quienes especularon con los activos bancarios? ¿Fueron los migrantes los que crearon la burbuja inmobiliaria? ¿Acaso han sido las personas que vienen de países extranjeros más empobrecidos los que han planificado un modelo productivo ineficaz, centrado en los servicios, desmantelador de la industria y amigo de los combustibles fósiles? ¿Son los migrantes los responsables del exilio laboral de nuestros jóvenes, de la caída de la investigación, de la reducción de las becas y ayudas al estudio, y del aumento de la economía especulativa? ¿Es que son las miles de personas refugiadas que huyen de la guerra y la pobreza quienes han ordenado los ERE en multitud de grandes empresas de este país, llevando al desempleo a cientos de miles de personas? ¿Quizá son los migrantes los responsables también de los desahucios practicados de forma cruel e indecente a tantas miles de personas que ya no pudieron continuar pagando sus hipotecas o alquileres? Podríamos continuar, pero pensamos que la reflexión de los lectores y lectoras les llevará a la respuesta adecuada: son los causantes de todos estos desmanes los mismos que denigran y persiguen a los migrantes, es decir, la clase política aliada con una élite social y económica que únicamente persigue los beneficios privados y el desmantelamiento del Estado del Bienestar, tanto de propios como de foráneos. Rompamos una lanza para concluir que el discurso que intenta culpabilizar a los migrantes de la falta de empleo y de los bajos salarios, busca en el fondo evitar que señalemos claramente a los verdaderos culpables, que son los que desde el poder económico y político, han empobrecido a la clase trabajadora independientemente de su origen étnico, cargando a sus espaldas las consecuencias de una crisis generada por ellos mismos. 

 

Bien, el segundo mito que referíamos al comienzo es el que afirma que los migrantes y refugiados son personas "perezosas, que quieren vivir de la sopa boba, que no quieren trabajar, y prefieren sobrevivir mediante las ayudas públicas". Incluso algunos/as llegan más allá y están convencidos de que muchas ayudas públicas son denegadas a los nacionales, y concedidas a los extranjeros. Este indecente discurso es fomentado por la extrema derecha, la misma vocera del eslogan "Los españoles primero" (o los franceses primero, o los italianos primero...). Los datos desmienten absolutamente esta creencia. De entrada, debemos afirmar que no existe ningún tipo de ayuda o prestación económica (ni estatal ni autonómica, en todo el Estado Español) que priorice a los extranjeros sobre los nacionales. Por el contrario, si cualquier persona migrante desea solicitar cualquier ayuda social, lo primero que le exige la Administración es que acredite la residencia en el lugar de la solicitud, durante un tiempo mínimo. Esto desmonta ya parte de la mentira, pues deja claro que estas ayudas sociales no pueden constituir entonces ningún "efecto llamada", que es otra de las falacias de la derecha, al impedir que los recién llegados a nuestro país puedan solicitarla directamente. Los datos de todos los informes de la Administración nos dicen además que la mayoría de las personas que cobraron cualquier ayuda social durante el último año son de nacionalidad española (un 63% por ejemplo en el País Vasco), con lo cual queda también desmontado el prejuicio de que dicha ayuda se concede preferentemente a los extranjeros, o de que se deniega a los nativos. Queda probado con ello que la inmensa mayoría de los migrantes no viven de las ayudas públicas sino de su trabajo, y que las ayudas se destinan (por supuesto, con sus deficiencias y errores de enfoque y diseño) a quienes las necesitan, independientemente de su origen. 

 

René Bohoteguy concluye de forma categórica: "Lamentablemente en los tiempos que corren parece ser que la verdad y las cifras que la avalan no bastan para convencer, nos enfrentamos a un engrasado y sistemático aparato de propaganda que el poder ha diseñado para dividir y enfrentar a segmentos de una misma clase trabajadora y que provoca que muchos descarguen su frustrada indignación por el continuo deterioro de su nivel de vida hacia, por ejemplo, una familia africana que recibe una ayuda de subsistencia. Evitando así que miremos hacia los miles de millones que se han derramado en la fosa sin fondo de los rescates bancarios, ni los cientos de millones con que se subvenciona a una patronal que con una mano recibe del Estado y con la otra fustiga a los/as trabajadores/as y exige mayores recortes en nombre del sacrosanto dios del libre mercado. Por eso hace falta desenmascarar a los/as verdaderos/as culpables, a quienes intentan ocultar la miseria que generan en la población en un creciente manto fascista de xenofobia y racismo. Contra ellos/as las verdades son nuestra más poderosa arma, verdades como puños, verdades revolucionarias". Existen otros mitos y falacias sobre el mundo laboral en relación con las personas migrantes que iremos desmontando, porque es la única manera de que hagamos desaparecer los prejuicios y pensamientos racistas de nuestro imaginario, y pongamos el foco de atención donde verdaderamente importa, que no es otro que esa clase poderosa del empresariado, esa élite económica siempre ávida de continuar explotando a los más débiles, y a la que no le tiembla el pulso para condenar a miles de personas a destinos inciertos y macabros, mientras ellos y ellas puedan continuar saqueando, expoliando y destrozando los recursos naturales de sus países. Nos falta aún mucha conciencia obrera, mucha conciencia de clase, los empresarios y capitalistas la tienen mucho más desarrollada que nosotros, y eso permite, como tantas veces se ha dicho, que vayan ganando esta guerra, esta lucha de clases. Y decimos lucha "de clases", no de nacionalidades, no de extranjeros contra nacionales, no de autóctonos contra foráneos, no de nativos contra migrantes, no de acomodados frente a refugiados. La única lucha que viene existiendo desde que el capitalismo llegó al mundo es la lucha del explotado frente al explotador. No perdamos nunca el norte. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 marzo 2019 1 11 /03 /marzo /2019 00:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (30)

Hay que pensar en estrategias de salida de la pobreza material que no dependan del crecimiento económico y del aumento del consumo general. Algunos deberán aumentar su riqueza, pero otros deberán disminuirla. No se puede combatir a la pobreza sin, a la vez, combatir la riqueza. No, al menos, al nivel de consumo al que hemos llegado el día de hoy, en el cual ya nos hemos comido la Tierra

Gerardo Honty

El Buen Vivir se enfrenta, como venimos contando, en todas las dimensiones a la concepción capitalista de la vida, y eso incluye muchos flecos, todos ellos atravesados por la relación del ser humano con la naturaleza y el resto de seres vivos que nos rodean. El propio entorno donde vivimos, su metabolismo, su morfología, su estructura y su dinámica, son tremendamente importantes. Hoy día, la mitad de la población total del planeta malvive hacinada en grandes urbes, gigantescas ciudades, que imponen un ritmo de vida frenético, y además constituyen los grandes núcleos del metabolismo capitalista, donde se distribuyen y se consumen los productos, bienes y servicios que se generan. El propio urbanismo desenfrenado sería lo primero que habría que combatir, alejándose de los modelos actuales de construcción, que son modelos agresivos que atentan contra el medio ambiente y la propia vida. Por otra parte, las ciudades son los principales sumideros de energía y materiales, y las principales generadoras de insostenibilidad. Las ciudades, su derecho a ellas (catalogado como uno de los Derechos Emergentes) han de replantearse desde prácticamente todos los puntos de vista (vivienda, urbanismo, desechos urbanos, contaminación acústica, lumínica, del aire, aumento de los espacios públicos, ampliación de los espacios verdes, desprivatización del ámbito público, participación ciudadana...). En primer lugar, habría que acotar el continuo crecimiento de las ciudades de forma clara, declarando moratorias para impedir que aquellas ciudades que aún poseen un tamaño medio continúen ampliándose. Cuanto más se amplía un núcleo urbano más se manifiestan todos los inconvenientes antes mencionados, y todo ello se hace a costa de comer terreno rural o de costa. 

 

Así mismo, hay que acometer procesos de transformación urbana en las grandes ciudades, que llegan a absorber el área de influencia de varias provincias de alrededor. También hay que acometer medidas contra el tráfico de vehículos a motor en el centro de las ciudades, debido a la enorme contaminación del aire que causan. Algunos gobiernos locales de ciertas ciudades por todo el mundo ya comienzan a ser conscientes, pero otros aún no están en esa línea. Medidas como protocolos anticontaminación, reducción de la velocidad de circulación, prohibición de circulación por el centro urbano, etc., son bastante beneficiosas en este sentido. En cualquier caso, las tendencias generales han de evolucionar hacia no permitir ninguna modalidad de tráfico contaminante en los núcleos urbanos, y hacia sustituir los motores contaminantes por otros que no lo sean. Por otra parte, los modelos de transporte público, desde la bicicleta hasta el tren, pasando por el autobús o los taxis, han de ser potenciados frente al vehículo privado. Hay que tender hacia modelos de ciudad más policéntricas, en las que no haya un único centro urbano que obligue a grandes desplazamientos. También hay que favorecer todos los procesos que creen cercanía, tanto en la producción y en el consumo, como en los propios modelos de negocio. La meta siempre debe ser, mirando hacia el colapso que estamos explicando, disminuir el uso y consumo de energía, y la generación de una cada vez menor huella ecológica. Por supuesto, las grandes infraestructuras, tanto de transporte como de vivienda, deber ser minimizadas. Complejos como el que se va a construir al norte de Madrid son una auténtica aberración urbanística, y generan perjuicios desde todos los puntos de vista. Hay que dar prioridad a los modelos de fabricación, distribución y consumo de cercanía, generando incluso procesos de agricultura urbana, intentando generar un porcentaje cada vez mayor de la alimentación necesaria mediante agricultura dentro de la propia ciudad. 

 

Todos los bienes públicos fundamentales han de comunalizarse, o si se quiere, desprivatizarse, volviendo a remunicipalizar, es decir, regresar desde el control privado de unos pocos hacia el control público, comunitario y democrático. Un claro ejemplo de ello es el agua, del que ya hablábamos en la entrega anterior. Y sobre todo, hay que insistir en el mensaje de que debemos y podemos organizarnos renunciando a nuestra vida en los núcleos urbanos, volviendo al campo, al entorno rural, mucho más limpio y sostenible. Es fundamental volver a recuperar un tejido rural vivo y amplio, saneado y bien estructurado. Durante las últimas décadas los progresivos procesos de despoblamiento rural han conducido a que muchos pueblos, antaño con verdadera vida propia, hayan sido masivamente abandonados y despoblados, llegando a estar prácticamente vacíos, lo cual revierte en su propia contra, pues se llega a entrar en un círculo vicioso donde si no hay gente no tiene sentido que existan servicios e infraestructuras, y si no existen, si se desmantelan, se convierten en un inconveniente para que venga más gente. Hoy día existen infinidad de pueblos vacíos, donde ya no existen servicios como para mantener una comunidad de vecinos de cierto tamaño. Se fue creando un imaginario cultural de atraso de estos núcleos rurales, que junto a la escasez de oportunidades laborales, fue contribuyendo a su despoblación. Hay un enorme desprestigio de la vida y del mundo rural, por lo cual, la revitalización y dinamización del campo, de los pueblos y del entorno rural es un elemento central para la filosofía del Buen Vivir. Y hablar del entorno rural nos lleva a hablar también del animalismo. No entraremos aún a fondo en este asunto, que dejaremos para el final de esta serie de artículos, pero avanzaremos siquiera a continuación algunos planteamientos básicos. Y lo haremos volviendo a reclamar, en el mayor marco legal posible, es decir, en la propia Constitución, un reconocimiento como sujeto de derechos a la propia naturaleza, y a todos los animales que conviven con nosotros. 

 

En este sentido, el Buen Vivir se asienta sobre un equilibrio entre el ser humano y el entorno natural que nos rodea, una interacción constante y una valoración y protección del mismo. El Buen Vivir se asienta sobre el profundo respeto y consideración a todos los seres vivos. La relación del ser humano con los animales debe avanzar hacia modelos de profundo respeto y conservación de todas las especies animales y vegetales, así como hacia los ecosistemas que las mantienen y las albergan. La vida humana no está por encima de la vida de ningún otro ser vivo. Toda la vida ha de ser valorada por igual. Los animales no son máquinas, ni utensilios, ni instrumentos, ni artefactos, ni herramientas que estén a nuestro servicio. Son seres vivos, y como tales, tienen dignidad, valor y derechos por sí mismos, y nosotros hemos de conseguir que se respeten. Hasta ahora sólo hemos conseguido cierto grado de valoración de la vida humana (muy relativo, cuando aún existen países donde se practica la pena de muerte), pero ninguno hacia la vida animal. Nuestros códigos morales y deontológicos no consideran a una persona al igual que un animal, sino de forma superior, y ello se traduce en brutales prácticas de trato a los animales, y desconsideración hacia su vida, que provocan que los Códigos Penales castiguen de forma ridícula a quien abusa o provoca la muerte o el sufrimiento de algún animal. Parece que sus sufrimientos no están al nivel de los nuestros. La filosofía capitalista es una filosofía antropocéntrica, que utiliza y desprecia al resto de animales y seres vivos de la naturaleza, en provecho del hombre. De ahí que las especies animales se utilicen como fábricas, o como parte del comercio exótico, o como parte de la experimentación científica. Cada animal se utiliza sin piedad, como si fuera una máquina de la cual extraemos huevos, plumas, lana, piel, leche, o cualquier subproducto derivado. Y todo bajo la lógica industrial capitalista, que busca con todo ello no generar la alimentación más sana posible para el ser humano, sino la máxima generación de beneficio. A todo ello debemos añadir que la disponibilidad de territorio que hace falta para que se pueda alimentar a toda la población con una dieta básicamente basada en la proteína animal se multiplica de una forma impresionante con respecto a la que se necesita para una dieta basada en proteína vegetal. 

 

Esto significa que se necesita una cantidad enorme de territorio para alimentar al ganado, y ese ganado a su vez alimenta y proporciona una base de proteína animal a muy poca gente, y desde unos criterios de reparto o de acceso a la riqueza en un mundo cuyos límites físicos se están desbordando y colapsando. Por ejemplo, las cantidades de agua y otros recursos necesarios para mantener a una cantidad reducida de ganado son insostenibles comparados con la cantidad de alimentación humana que generan. El retrato, por tanto, no es muy sugestivo. Desde este punto de vista, entonces, una dieta básicamente vegetariana se vuelve un imperativo ético fundamental. Esto no quiere decir que tengamos que criminalizar a todas las personas que mantienen su alimentación desde una dieta animal, sobre todo si lo hacen potenciando el mantenimiento de granjas con criterios no industriales o ecológicos. Pero en cualquier caso, debemos concienciarnos, y el Buen Vivir nos obliga a ello, de que el modelo de producción industrial basado en la proteína animal de cara a la alimentación humana es ecológicamente insostenible, y éticamente reprobable. Pero nuestra alimentación no es el único problema que tenemos con los animales: la caza de diversas especies, la mercantilización de especies exóticas, la brutalidad ejercida con algunos animales en determinadas manifestaciones enfocadas al entretenimiento humano, el uso de animales para experimentación científica, la extinción de muchas especies debido a los efectos del caos climático, el salvaje destrozo de hábitats naturales por parte del hombre donde conviven determinadas especies de animales, y muchos otros procesos, deben cambiar si queremos adoptar otra filosofía y forma de vida, basada en el reconocimiento y valoración del mundo animal. El animalismo, por tanto, también nos introduce un cambio estructural a la hora de entender nuestra relación con los animales, basado en el respeto a sus derechos, a su protección y a su cuidado. Continuaremos en siguientes entregas.

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8 marzo 2019 5 08 /03 /marzo /2019 00:00
Fuente Viñeta: https://nulla.org/

Fuente Viñeta: https://nulla.org/

Hace un millón de años, el hombre de las cavernas, sin herramienta alguna, con su pequeño cerebro y sin más ayuda que la fuerza de su pequeño cuerpo, consiguió alimentar a su mujer y a sus hijos, para que a través de él la raza pudiera continuar. Vosotros, por otra parte, armados con los medios de producción moderna, multiplicando la capacidad productiva del hombre de las cavernas un millón de veces, sois incompetentes y atolondrados, incapaces de salvaguardar para millones siquiera el mísero trozo de pan para sostener su integridad física. Habéis dirigido mal el mundo y os lo tendrán que quitar

Jack London (1876-1916)

Ramiro Pinto, en uno de los artículos de su propio Blog, nos hace la siguiente reflexión en torno al "establecimiento" de la pobreza: "¿Por qué la pobreza es un derecho? porque no sólo es legal, sino que se establece por decreto ley quién ha de ser pobre. Por mucho que asuste a los bien pensantes de la sociedad del bienestar, sucede que cuando se ha establecido que quienes carezcan de empleo y de rentas reciben, en determinadas condiciones, una Renta Mínima de Inserción, valorada muy por debajo del umbral de la pobreza, 435 euros, siendo tal umbral la base mínima para poder sobrevivir. Según indica el Departamento de Estadística Europeo (Eurostat) harían falta doscientos euros más por persona. Mientras que, además, las prestaciones en España son a nivel familiar, de manera que la recibe un miembro por familia y por ende excluye al resto de recibir otros apoyos económicos por parte de las instituciones. Quienes ponen en práctica estas prestaciones y los políticos y sindicalistas que las defienden ¿podrían vivir ellos y sus familias con esta cantidad de dinero?". A ello le suman, como ya indicamos en entregas anteriores, una serie de prerrequisitos e itinerarios, de tal manera que no todas las personas pueden acceder a ellas, y además, quienes lo hacen, disponen de dicha prestación sólo por un período de tiempo determinado (parece que los pobres además tenemos que comer sólo durante seis meses al año). La situación, como puede verse, es absolutamente surrealista. Pero a los que manejan el cotarro les parece que así "se insta más a las personas a la búsqueda activa de empleo". Afirmaciones indecentes como ésta estamos acostumbrados a escucharlas todos los días, sobre todo en boca de algunos empresarios/as de este país. Si a ello le unimos el manido mensaje que dice que "este Gobierno no ha dejado a nadie atrás", ya es para echarse a llorar. 

 

Con la Renta Básica Universal, visto lo visto, no estamos proclamando una reivindicación utópica, sino ciñéndonos a lo que la propia Carta Social Europea propugna, que dicta que no puede haber ningún ciudadano/a europeo que, ante la falta de medios económicos para poder vivir, reciba una prestación o pensión, contributiva o no, por debajo de dicho umbral de la pobreza, que se supone que es la cantidad mínima que se considera (en un momento histórico y económico determinado) esencial para vivir con las necesidades básicas cubiertas a título individual. Según esto, si nuestro país lo incumple flagrantemente, al menos en 6 millones de personas, está claro que toda esta gente no tenemos la ciudadanía europea reconocida de pleno derecho. Y los organismos europeos (Parlamento, Comisión, Consejo...) no hacen nada por evitarlo, pero tampoco por evitar que cientos de miles de millones de euros estén alojados en paraísos fiscales, como ya explicamos en su bloque temático correspondiente. Es lo que Ramiro Pinto ha denominado como el "derecho a la pobreza". Si a todo ello le sumamos los rasgos característicos de la precariedad laboral, ya referidos también en entregas anteriores, que caracterizan también a lo que hemos llamado el "trabajador pobre", tenemos la radiografía completa de la clase trabajadora española. Es curioso cómo se aumenta por ejemplo el Presupuesto de Defensa ante el supuesto peligro de un "ataque exterior", "y es el propio gobierno quien ataca a su pueblo, condenando a una parte del mismo con su política económica y medidas sociales a la pobreza extrema" (Ramiro Pinto). Podemos concluir, sin temor a equivocarnos, que todas las formaciones políticas que hoy día tienen representación parlamentaria (insistimos, todas ellas) presentan en sus programas electorales propuestas con las que legislar para que haya pobres, con políticas sociales tímidas, nimias y cobardes, que únicamente sirven para extender la pobreza, no para erradicarla, ejerciendo así el derecho establecido a ser pobre. 

 

Ninguna de ellas se plantea de verdad (únicamente lo hizo Podemos para las elecciones europeas de 2015) la premisa de que los pobres NO EXISTAN, con una medida como la RBU. Porque el asunto no es que yo, Administración Pública, te pueda atender a ti, pobre de solemnidad, cuando me demuestres que lo eres, sino que mi misión es evitar que lo seas, prevenir que lo seas, impedir que lo seas. No necesitamos, bajo las premisas de una sociedad justa, que los pobres sean atendidos, lo que necesitamos es que no haya pobres. Lo que antes eran supuestamente instituciones dedicadas a que no existieran personas desempleadas, como el que hoy día se llama Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), se han reconvertido en instituciones de control contra las personas en paro. Es decir, instituciones dedicadas a vigilar a las personas en paro (desde cuándo lo están, si completan o no su currículum, si cobran o no prestaciones, si actualizan o no sus demandas de empleo, si cumplen o no determinados requisitos...), más que impedir que existan personas en paro. El indecente discurso político, institucional y empresarial se basa en dos afirmaciones, a cual peor:

 

1.- No hay dinero. Falso. Por mucho que costara implementar una RBU tal y como aquí la definimos (remito de nuevo a los lectores y lectoras interesadas a los artículos de la Red Renta Básica donde existen numerosos de ellos que concretan las cifras necesarias), tenemos dinero suficiente. Es decir, podemos dedicar dicha cuantía en los Presupuestos Generales del Estado. Cuando los detractores de la medida aluden esto, quieren decir que "con las premisas y enfoques actuales, no hay dinero". Y es verdad: sin implementar una reforma fiscal progresiva, sin auditar la deuda pública, y sin retirar los fondos a la Iglesia Católica, a los programas especiales de armamento, y demás presupuestos injustos e inútiles, es completamente cierto que no hay dinero. Pero si se posee verdadera voluntad política de que no existan pobres, los PGE no serán una limitación. Lo son porque, simplemente, el Estado no recauda lo que debería recaudar bajo un sistema social justo y progresivo. 

 

2.- "Mejor son 430 euros que nada". Este argumento no es que sea falso, sino que es perverso. Porque, ya puestos, también es mejor dar 1 euro que nada a cada parado. Y también es mejor dar 20 euros que nada. Pero también es mejor dar 700 euros que nada, con la diferencia de que estos 700 euros ya podrían hacer salir de la pobreza a millones de personas. Tales argumentos y afirmaciones son falaces por naturaleza, demagógicas y perversas, y justifican atrocidades como la que se vive con los pobres de este país. Extrapolando el argumento...¿no es mejor matar a 3 personas que a 7 en un atentado? Ponemos este ejemplo para que se vea lo absurdo del argumento. 

 

La RBU anularía este "derecho a ser pobre", erradicando la pobreza por NO PERMITIR que existan pobres en nuestra sociedad. La RBU concedería un derecho básico de ciudadanía mediante el cual todo el mundo tendría la existencia material garantizada, base de la verdadera libertad material republicana. El derecho a ser pobre tiene que transformarse entonces en el derecho a existir, a subsistir, a vivir, a ser en una palabra. Una medida absolutamente revolucionaria que revertiría poderosamente la arquitectura de la desigualdad. Una medida anticapitalista que fortalecería y liberaría a las personas del dogal del clásico empleo remunerado, con el cual ya hoy día tenemos muy difícil poder vivir. La RBU como modelo económico ha de ser también el eje para un modelo de justicia social, donde de verdad la pobreza no exista, no permitamos que exista. La RBU sería una pieza elemental en todo un nuevo entramado social, donde quedara excluida la pobreza como tal. Pero como estamos contando en esta serie de artículos, y sobre todo en el presente bloque temático, es mucha la resistencia que hay que vencer, para entender y valorar realmente una medida de tan profundo calado. Imaginarios culturales, prácticas empresariales, poder de los grandes actores del capitalismo, escenarios de reparto y redistribución de la riqueza, nuevo imaginario colectivo sobre el trabajo humano, una mayor recaudación fiscal por parte del Estado, una progresividad fiscal realmente efectiva, una liberación de la clase trabajadora, una emancipación de la población joven, una libertad material garantizada, una incidencia especial para las mujeres, una mejor administración de los recursos del Estado, la eliminación de gran cantidad de controles administrativos sobre la gente pobre, o un nuevo universo más igualitario, justo y avanzado. Tales son algunas metas que alcanzaríamos con la RBU. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 marzo 2019 4 07 /03 /marzo /2019 00:00
Fuente Viñeta: https://economistasfrentealacrisis.com/

Fuente Viñeta: https://economistasfrentealacrisis.com/

La lucha por la liberación de la mujer proletaria no puede ser similar a la que la mujer burguesa lleva contra el hombre de su clase. Al contrario, debe ser una lucha conjunta con el hombre de su clase contra toda la clase capitalista

Clara Zetkin

Algunas veces se dictan medidas políticas y sociales de cierto calado, que si se no se analizan con profundidad, se pueden perder en la nebulosa de la crítica generalista. El Consejo de Ministros del pasado viernes 1 de marzo aprobó, entre otras cuestiones, la equiparación y ampliación progresiva de los permisos de paternidad y maternidad, del siguiente modo: durante este año a 8 semanas, en 2020 a 12 semanas, y en 2021 a 16 semanas, siempre retribuibles e intransferibles. Como aportación a la Huelga Feminista del 8M, vamos a intentar explicar el verdadero alcance de dicha medida, en su dimensión igualitaria (y por tanto, feminista), y también en su dimensión anticapitalista. La verdad es que se trata de una medida que hubiese sido impensable hace algunos años. De ahí que le prestemos esta especial atención, porque nos parece un gran hito en este sentido. Comenzaremos por distinguir entre trabajo productivo y trabajo reproductivo. Esta distinción (al igual que otros conceptos, como el de la división sexual del trabajo, la feminización de la pobreza y otros relacionados con la lucha feminista) comenzó a efectuarse a partir de la década de los años 70 del pasado siglo, y ha aportado también al debate sobre la propia consideración del trabajo humano.

 

El trabajo productivo nos remite al que tiene que ver con la producción directa o indirecta de bienes, productos o servicios. Esta modalidad es la única que está reconocida como “trabajo” en el sentido capitalista del término, es decir, aquella visión que considera “trabajo” únicamente a la modalidad de la actividad humana que es remunerada y que genera beneficios a los patronos, es decir, rentabilidad económica. Por el contrario, el trabajo reproductivo comprende todas las actividades que tienen por objeto ocuparse del cuidado de las personas, así como del mantenimiento de la vida: básicamente se manifiestan en el cuidado del hogar (tareas domésticas) y en el cuidado de las personas que lo necesiten (niños/as, ancianos/as, personas dependientes…).  Son tareas relegadas históricamente, bajo la visión patriarcal, al desempeño de las mujeres, y se diferencian del trabajo productivo en que esta modalidad no es considerada “trabajo” en su acepción capitalista, pues ni se remunera ni es rentable económicamente, aunque lo sea (y mucho) socialmente. Por ello siempre ha sido un trabajo invisibilizado, desarrollado en la sombra y en la intimidad del hogar. En la época franquista a las mujeres que se dedicaban únicamente a estas tareas (que eran la inmensa mayoría) se las denominaba “amas de casa”, y cuando tenían que rellenar cualquier formulario, a la pregunta de su ocupación o profesión indicaban “S L” (que quería decir, “sus labores”, en la cima machista de la discriminación femenina).

 

Con el paso del tiempo, los trabajos reproductivos han sido más visibilizados y entendidos como absolutamente fundamentales para el mantenimiento de la vida. De esta manera, al reconocerse esta modalidad como un trabajo propiamente dicho (al que hoy se agregan todas las variantes del trabajo voluntario), han plantado batalla a la versión capitalista y excluyente del trabajo productivo. En la actualidad, una de las principales batallas de la izquierda es conseguir que todas estas variantes de trabajos estén igualmente reconocidas, para así desligar también las fuentes de renta de las obtenidas por el trabajo asalariado. Es decir, separar las rentas del empleo, y no entender que la única manera de obtener un sueldo o una prestación sea a través de un empleo remunerado. En el fondo es una lucha no sólo contra el capitalismo, sino también contra el patriarcado, que lleva empeñado desde hace siglos en que este proceso de socialización diferencial de género, estos roles sexistas, vaya provocando que las mujeres queden subordinadas a los hombres, pues además dichas diferencias en cuanto a las dedicaciones acaban convirtiéndose en discriminaciones y en desigualdades, que además quedaban ocultas bajo el manto del hogar conyugal y familiar.

 

Reconocer cada vez más el trabajo reproductivo no es únicamente una labor de justicia, sino también de lucha anticapitalista, ya que, bajo la ausencia de un mecanismo que reconozca el trabajo reproductivo, las dinámicas y sinergias capitalistas se refuerzan, porque el capitalista puede seguir expropiando el valor que este tipo de trabajo genera, y por tanto, puede seguir acumulando capital a costa de su realización invisibilizada. A lo largo de la historia se han dado diferentes campañas para reivindicar el salario y el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados, que reclamaban la valoración del trabajo reproductivo como parte de la productividad social, así como la visibilización de las mujeres que lo desempeñaban. Estas campañas proclamaban que estos trabajos generan beneficios para el capitalismo, y que por ello debían ser remunerados al educar, cuidar y reproducir, tareas que desempeñaban las mujeres fundamentalmente. Hoy día creemos que, al menos, hemos conseguido que se comprenda y se asuma que el trabajo reproductivo es una responsabilidad social de toda la población en general, como contribución esencial para el mantenimiento de la vida. Nos queda pendiente, entre otras muchas cuestiones, la inserción de la mujer en el trabajo productivo, en condiciones de justicia y de igualdad con el hombre. Los datos son aún, en este sentido, muy desalentadores.

 

En nuestro país, sin ir más lejos, a pesar de que las mujeres suponen el 51% del total de personas tituladas superiores, tan solo el 21% ocupa cargos directivos en sus empresas. Las mujeres representan el 13% del total de miembros en Consejos de Administración, aunque en puestos directivos de las Administraciones Públicas representan alrededor del 30%. Las peores cifras se encuentran en el IBEX35, el gran selectivo de las principales empresas, donde tan solo un 15% de mujeres ocupan puestos de alta responsabilidad. Estas cifras no han variado mucho durante los últimos años. Todo ello es consecuencia de las escasas posibilidades de promoción de las mujeres en las entidades públicas y sobre todo privadas, pero…¿a qué se debe este hecho? Pues parece lógico pensar que es una pescadilla que se muerde la cola, porque en una sociedad dominada por hombres…¿cómo se van a crear y aprobar leyes que dejen de discriminar a las mujeres? ¿cómo van a estar representadas las mujeres, si dichas leyes continúan discriminándolas? ¿cómo van a ser respetados sus derechos, y representados sus intereses? ¿serán los hombres los que lo hagan? Cuando tenemos un problema de tal naturaleza, sólo la discriminación positiva, aplicada durante el tiempo necesario, puede arreglarlo: se trata de abrir una brecha para tener una buena posición desde la que opinar, decidir, gobernar…

 

Y en este sentido, es necesario un tiempo de cambio en el que se apoye a las mujeres para darles voz y que sean ellas las que ocupen puestos de relevancia y trascendencia, hasta conseguir la equiparación. Es falso el discurso que aboga porque “las mejores mujeres llegan, al igual que los mejores hombres”, porque la experiencia demuestra que no es así en una sociedad dominada por el patriarcado y el capitalismo. De ahí que, por ejemplo, sea imprescindible la introducción de la paridad a la hora de elegir la representación en todos los estamentos de la sociedad, tanto públicos como privados, y en todos los ámbitos: económico, político, social, etc. Pero la paridad por sí sola no basta. Hemos de partir de la base de que el propio capitalismo, en alianza con el patriarcado, establecen límites a la emancipación y liberación de la mujer. No habrá plena libertad e igualdad material entre ambos sexos hasta que consigamos eliminar todas esas barreras. Es exactamente aquí donde una medida como la que se ha tomado recientemente viene a actuar. Imaginemos que una cierta empresa E tiene como empleados a Alberto y Carmen. La empresa E, como cualquier otra entidad privada, se moverá únicamente por el ánimo de lucro, por la obtención del máximo beneficio, y desde este punto de vista, sus decisiones vendrán determinadas por los posibles incentivos económicos que pueda disfrutar, o perder.

 

Consideremos el caso en que Carmen quede embarazada. En ese caso, mientras Alberto continuará trabajando sin merma alguna en su productividad, Carmen tendrá que estar de baja durante algunos meses, durante los cuales la empresa tendrá que continuar pagando su sueldo sin obtener beneficio (la plusvalía). Y cuantas más veces quede embarazada, más tiempo estará la empresa en dicha situación. Por mucho que intentemos convencer a la empresa E de la cualificación, experiencia y valía profesional de Carmen, o bien de lo importante que es para el país que aumente la tasa de natalidad, la empresa seguirá en sus trece. Los empresarios privados son esa punta de lanza del capitalismo, y por tanto representan en carne y hueso la insensibilidad y la barbarie del mismo. Durante su permiso de maternidad, es evidente que Carmen será improductiva para la empresa. En cambio, Alberto se tomará su permiso de paternidad, mucho más limitado que el de Carmen. Y así, mientras Carmen será deficitaria para la empresa, Alberto seguirá generando beneficios para la misma. Es evidente que, a la hora de ascender, dotar de mayores responsabilidades, o simplemente remunerar mejor a sus empleados/as, la empresa tendrá a Alberto en mejor lugar que a Carmen. Ni siquiera cobran lo mismo, aunque pudieran tener la misma cualificación, experiencia y capacidad de trabajo: es la conocida brecha salarial.

 

¿Cómo podemos solucionar este problema? Mientras exista la empresa privada capitalista, el problema de Alberto y Carmen se repetirá cientos de miles, millones de veces, en protagonistas distintos, y a los efectos prácticos, quien promocionará (si lo desea) será Alberto, y no Carmen. Más bien al contrario, el conjunto de valores del patriarcado y del capitalismo provocarán que ella quede relegada cada vez más al cuidado de sus hijos/as, mientras que él se dedique cada vez más en cuerpo y alma a la empresa. Y es que el capitalismo busca la rentabilidad por encima de las vidas, de la felicidad, del bienestar humano. Sólo le interesa la familia en el sentido de poder seguir reproduciendo a través de ella los beneficios del capital, y para eso necesita a la mujer dedicada a ese trabajo reproductivo del que hablábamos al comienzo. Entonces…¿Cuál es la solución? Pues luchar para conseguir la igualdad real entre hombres y mujeres en los tiempos de permiso por embarazo, nacimiento, crianza y lactancia, antes y después del parto, de manera obligatoria. Cuando la mujer se vaya a casa por estos motivos, el hombre deberá irse con ella, durante el mismo tiempo, simultáneamente o no, dependiendo del tipo de permiso del que hablemos: paternidad, reducción de jornada, excedencia por cuidado de hijo/a, etc.

 

De esta forma, cuando la mujer se reincorpore al trabajo, el hombre igual. Si la mujer ha estado por ejemplo 10 semanas de permiso, el hombre deberá tomarse el mismo tiempo. Siempre de manera equilibrada, igualitaria, y por imperativo legal en ambos casos, sin posible negociación o coacción por parte de la empresa. De esa forma, no haremos más rentable a Carmen, pero tampoco a Alberto. La empresa perderá por ambos y por igual. Alcanzada esta situación, la empresa dejará de tener criterios o incentivos económicos para discriminar a Carmen (o a cualquier otra mujer) frente a Alberto (o a cualquier otro hombre), dentro de la empresa, en cualquier momento. Porque si el principal motivo para la discriminación laboral de la mujer está en razón a su capacidad de ser madre, eliminemos esta diferencia por ley. Si Alberto toma su baja durante el mismo tiempo que Carmen, para atender a su hijo/a, para corresponsabilizarse en todo, y para liberarla de su dedicación al trabajo reproductivo, entonces no sólo podrá compartir las tareas de cuidados con ella (contribuyendo a eliminar también la división sexual del trabajo), sino que se transformará en un trabajador igual de deficitario que Carmen, o dicho de otro modo, igual de caro que ella. Alberto costará a la empresa, cada vez que Carmen quede embarazada, los mismos meses que ella. De esta forma, habremos eliminado esas razones y criterios objetivos de tipo económico, y la empresa no tendrá motivos para discriminar. Por supuesto, ni qué decir tiene que todo lo indicado es aplicable igualmente a las parejas LGTBI.

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6 marzo 2019 3 06 /03 /marzo /2019 00:00
Viñeta: Ramses

Viñeta: Ramses

¿Qué decir entonces de las políticas occidentales actuales -en primer lugar de la de Francia- en África o en Medio Oriente? ¿Por qué deberíamos callar el caos económico, político, militar, y las guerras suscitadas por estas injerencias, motivadas por el afán de ganancias y la sed de dominación política, que son la causa del desplazamiento de la mayor parte de esas personas migrantes que huyen del infierno?

Olivier Besancenot

Las políticas migratorias son un verdadero caos, y están construidas de espaldas a la realidad, y desde la insensibilidad más absoluta. La política de fronteras es cruel e inhumana, y mientras se olvida, se va convirtiendo en un problema desatendido y no solucionado, en un problema enquistado, que cada vez se hunde más en la aberración. Por ejemplo, es caótica la estampa de unos inmigrantes encerrados en un penal, en una cárcel, en un CIE. El desinterés por abordar estos asuntos de una manera correcta, humana y sensible supone, como bien indica Esteban Ordóñez en este artículo para el medio Contexto, la confirmación de una realidad ideológica: las condiciones arquitectónicas y organizacionales que el Gobierno considera óptimas para alojar a los inmigrantes sólo se pueden implementar dentro de una prisión. Las políticas de fronteras están caracterizadas por la improvisación, por la dejadez, por el desinterés, por la crueldad, por la pereza, por la inconsistencia, por la falta de sensibilidad y de voluntad política, por la vulneración de derechos humanos fundamentales...podríamos seguir, remitiéndonos a lo ya expuesto en entregas anteriores, y a lo que aún seguiremos exponiendo en las próximas entregas. Quizás la emergencia humanitaria no era inevitable, quizá algunos hechos puedan haber desbordado las previsiones, quizás algunas instituciones no estuvieran preparadas, pero nada de eso disculpa que después de más de una década de enfrentamiento con el hecho migratorio, desde diversas rutas, no se haya construido una arquitectura institucional de acogida e integración mucho más estable y garantista. Muchas instalaciones llevan años desbordadas, muchos centros de acogida descontrolados, algunos a punto del colapso. 

 

Por su parte, las retóricas alarmistas van generando una caja de resonancia que actúa como un altavoz difusor de las políticas migratorias deficientes. En palabras de Carlos Arce, portavoz de APDHA: "La ausencia de planificación y la escasísima dotación de recursos para afrontar la asistencia y la acogida de los migrantes obligan a la improvisación y generan una imagen de caos y de emergencia que, a su vez, sirve para justificar medidas más duras contra la inmigración, para instalar en la ciudadanía una sensación de incertidumbre y alarma, y para esbozar un culpable: el inmigrante irregular". Y ya sabemos que la construcción de este chivo expiatorio en el imaginario popular es el caldo de cultivo de votos y ascenso de la ultraderecha, que proclaman falaces eslóganes como "los españoles primero", y otros parecidos. Es como si el propio Estado se colocara en el papel de víctima, y pide apoyo ciudadano en forma de votos. No existen instalaciones adecuadas, ni recursos humanos ni materiales, ni planes o protocolos para asistir a los refugiados en sus demandas de asilo. Comisarías desbordadas, CIE's repletos, instalaciones desastrosas, condiciones deplorables. Esta es la imagen que cualquier observador mínimamente decente puede obtener del panorama de acogida a los migrantes. Y en vez de atajar todo esto bajo una política de fronteras realista y coherente, completa y honesta, humana e integral, solidaria y garantista, lo que hace el Estado es escurrir el bulto continuamente, poner parches y bordear la legalidad en todos los frentes. Para disimular todo esto, el Estado se erige como si fuera una víctima ante un ataque sorpresivo, y para ello, elabora un discurso institucional falso e indigno, ese "inmigracionalismo" al que nos referíamos en entregas anteriores: "asalto a vallas", "inmigrantes irregulares", "ilegales violentos", "oleadas masivas", "efecto llamada", y otros calificativos por el estilo crean en la opinión pública la sensación de que estamos ante una crisis continua debido a la inmigración descontrolada. 

 

Es un discurso político irreal e indecente, que "construye su proyecto político espoleando y profundizando prejuicios arraigados en la sociedad española" (en palabras de Esteban Ordóñez). Todo este discurso va creando un imaginario colectivo que crea opinión, define posicionamiento y después, decide elecciones. Y por su parte, el posterior proceso de integración de los migrantes que se quedan en nuestro territorio es insuficiente, deficitario y carente de las mínimas garantías. Deberían existir cauces institucionales, dotados de las infraestructuras y los recursos necesarios, para que estas personas pudieran aprender nuestro idioma, nuestras costumbres, y tuvieran después amplias posibilidades de inserción, al igual que cualquier ciudadano/a nacional. Las personas que quedan en situación irregular no tienen posibilidades de acceder a un puesto de trabajo y a una vivienda dignos. La política migratoria es proyectada de espaldas a las necesidades reales. Es lógico en sociedades donde impera el capitalismo más descarnado, como ocurre en nuestro país. Lo correcto sería, en primer lugar, abrir vías de acceso legales y seguras para la llegada de estas personas. En segundo lugar, habilitar protocolos, instalaciones y recursos para garantizar la acogida de estas personas, y por último, garantizar procesos de inserción garantistas para las personas que se quedaran en nuestro país. Estamos a años luz de conseguir todo esto. En todo el continente europeo, lejos de avanzar hacia una política de fronteras estable y coordinada, es evidente el escoramiento a la derecha de sus fuerzas políticas, y por tanto, la criminalización creciente de los migrantes. Las ONG's se han venido encargando de las tareas de rescate humanitario en alta mar ante la desidia repugnante de los Gobiernos europeos, pero incluso esta posibilidad ha sido interceptada, y no se permite actualmente faenar a ningún barco de rescate ni atracar en puerto europeo. 

 

La situación se cronifica, y los líderes europeos, lejos de ofrecer una solución, empeoran el escenario tras cada reunión comunitaria. Impera una violación flagrante del derecho internacional, de los derechos humanos más elementales, y del respeto a los tratados y convenciones vigentes. Estamos abocados al enquistamiento de la situación, bajo una política migratoria sin rumbo, que se mueve al albur de las decisiones oportunistas, erróneas o déspotas de los líderes políticos del viejo continente. Las acciones que se despliegan contra los migrantes son execrables, a la deriva de una casta política que parece no respetar los más mínimos estándares humanitarios. Con la extrema derecha como pilar de esta Europa fortaleza, no es probable que las políticas de fronteras vayan a evolucionar en sentido positivo, sino todo lo contrario. Como apunta Beatriz Ríos en este artículo para el medio Publico: "La extrema derecha gobierna en coalición en Austria, también con un discurso marcadamente racista, Bélgica cuenta con un Secretario de Estado para el Asilo y la Migración que no oculta su xenofobia, y países como Hungría, Polonia, República Checa o Eslovaquia se han negado a acoger refugiados casi desde el inicio de la crisis. Además, otros Estados miembros, sobre el papel progresistas, como Países Bajos, ceden ante los discursos más radicales. Y los halcones del este, el norte, y ahora también el sur, han hecho de la política migratoria su principal objetivo". El Parlamento Europeo aprobó en noviembre de 2017 una propuesta para reformar el sistema de Dublín. La Eurocámara propuso un sistema de reubicación obligatorio, para que no sean necesariamente los países de llegada quienes deban hacerse cargo de las demandas de asilo, y así evitar la saturación en países fronterizos como Italia, Grecia o España. Se propusieron sanciones contra los Estados que no cumplieran sus obligaciones, pero gran parte de los Estados miembros llevan torpedeando sistemáticamente las políticas que iban hacia una gestión europea de los flujos migratorios, a no ser que el objetivo fuera simplemente reducirlos. 

 

No existe voluntad política, ni siquiera al más alto nivel, de que Europa pueda alcanzar una política migratoria integrada y solidaria. Las únicas y perversas decisiones que la Europa comunitaria ha sido capaz de tomar han sido el vergonzoso acuerdo con Turquía, el cierre de la ruta de los Balcanes, la suspensión del Tratado de Schengen, y el refuerzo de la seguridad en las fronteras terrestres y marítimas (de lo cual hemos dado cumplida información y valoración en las anteriores entregas). Es todo lo que Europa ha sido capaz de confeccionar hasta ahora. Absolutamente lamentable. Indigno de un continente que fue faro, luz y guía en la antigüedad. Indigno de unos gobernantes que se creen adalides de la libertad, la democracia y los derechos humanos. Incapaces de diseñar una política europea de fronteras respetuosa y justa con el derecho internacional, vagan de reunión en reunión, de decisión en decisión, perdidos y presionados por las fuerzas políticas más desalmadas. El explosivo cóctel que se nos brinda no tiene que ver con la protección de los derechos de los migrantes, ni con su integración como ciudadanos, ni siquiera con verdaderos planes que, lejos de continuar abonando las actividades neocoloniales, se dediquen a fortalecer el tejido social y económico de los países de origen. Sólo saben proteger por la fuerza nuestras fronteras, nuestros territorios, sin la más mínima autocrítica, derivada de su funesta actuación durante décadas (incluso siglos) de dominación sobre sus países, sus territorios, sus recursos naturales. El viejo continente, cuna de la democracia en la antigüedad, debiera más bien verse retrospectivamente, y darse cuenta hasta dónde ha sido capaz de llegar. Y en vez de presumir de Occidente próspero, de valores, y de respeto a las libertades, debería hacérselo mirar, debería autocontemplarse como el niño que se ve reflejado en el agua por primera vez, y descubrir la verdadera cara de este continente, una cara inhóspita, imperialista, violenta, desgarradora, aberrante, involucionista y degeneradora. Una cara que es, a su vez, la cruz de una misma moneda: la moneda de la insolidaridad, de la dominación, de la devastación, de la degradación de los derechos humanos. Quizá sea la indecente política de fronteras donde mejor se vea. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 marzo 2019 1 04 /03 /marzo /2019 11:45
Filosofía y Política del Buen Vivir (29)

Llamar a las cosas por su nombre nos obliga a superar conceptos flacos de contenido, como aquello de antropoceno, una trampa nada casual. Hablemos sin rodeo de capitaloceno. No negamos que la Humanidad provoca los tremendos desajustes que hoy vive la Tierra, pero la responsable no es cualquier Humanidad, es la Humanidad del capitalismo. Una civilización que sofoca la vida tanto de los seres humanos como de la Naturaleza a fin de alimentar al poder que conocemos con el nombre de capital. Y en ese empeño de llamar las cosas como son, cabría renombrar a los monstruosos huracanes y fenómenos extremos por sus verdaderos nombres: Chevron-Texaco en vez de Irma, British Petroleum en vez de Harvey, Exxon en vez de María…

Alberto Acosta

Uno de los puntales de las políticas del Buen Vivir debe ser la relajación de nuestros modos de vida, de nuestros ritmos infernales, de nuestra vertiginosa dedicación a las tareas. La reorganización de los tiempos de las personas es fundamental. Al igual que se proyectan políticas económicas, se han de proyectar también políticas del territorio, políticas de la dedicación, políticas de los tiempos, políticas de distribución...Debemos repensar todo el tiempo dedicado a los trabajos remunerados, y la distribución de todo aquéllo que requiere una dedicación. Reducción de jornadas, reorganización de los permisos, de las posibilidades de excedencia, servicios públicos y sociocomunitarios pensados para ayudar en todas estas asignaciones, etc., son algunos ejemplos que van en esa línea. Y conectando con el debate sobre la concepción de trabajo humano y la renta básica universal que estamos exponiendo actualmente en nuestra serie sobre la arquitectura de la desigualdad, hay que decir, como ya sostuvimos allí, que el propio concepto de trabajo ha de ser repensado. Tomo las palabras y ejemplos que expone Yayo Herrero en la entrevista que estamos tomando como referencia: "...cantar porque te encanta cantar con tu coro de barrio no es trabajo, pero cuando eso lo haces pagado en un escenario, en una gala, es trabajo. Un futbolista trabaja, pero si tú haces exactamente la misma actividad jugando con tus colegas un fin de semana, eso no es trabajo. Más paradójico aún: si tú eres empleada doméstica y vas cada día a cuidar a un viejito a una casa estás trabajando, pero las personas que hacen eso mismo dentro del hogar estando disponibles veinticuatro horas al día, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año, son consideradas personas inactivas por la Encuesta de Población Activa. Cuando en una asamblea de barrio estamos organizándonos para mejorar o para crear un centro social que proporcione actividades culturales al barrio, eso no es considerado trabajo. Si lo que hay es una empresa privada que media y organiza actividades culturales en un centro público, eso sí es trabajo". 

 

Y concluye: "...llamamos trabajo exclusivamente al empleo y lo otro, que es toda esa cantidad ingente de trabajo que supone el cuidado cotidiano de la vida, pasa a no tener ni nombre, no tiene valor. Ojo, no estoy diciendo que a ese cuidado cotidiano de la vida se le tenga que reconocer su valor en términos monetarios. Lo que decimos es que tiene que haber otra serie de indicadores multicriterio además de los económicos para valorar esas aportaciones; que se tiene que abandonar esa manera ultracontable y ultracapitalista de entender la vida". Este es, en efecto, el enfoque. Todo ello ocurre porque la dimensión capitalista del trabajo (la única de hecho que se tiene en cuenta) entiende que sólo ha de reconocerse como tal aquéllas actividades que ofrezcan rentabilidad económica, es decir, beneficios. El Buen Vivir intenta que lo veamos desde otra filosofía, desde la filosofía de lo útil y lo positivo para la comunidad, es decir, de lo rentable socialmente. Los "trabajos" así considerados no han de ser únicamente los que las empresas privadas catalogan y consideran como tales, sino también todo el conjunto de actividades que nuestras comunidades más locales (barrios, distritos, municipios...) necesitan para su mantenimiento, para su evolución, para su enriquecimiento desde todos los puntos de vista: social, económico, tecnológico, cultural, educativo, medioambiental...El Buen Vivir solapa, de esta forma, trabajo con actividad, con necesidad. La necesidad puede ser de hecho un impulso vital que sienta una determinada persona en un momento de su vida, o puede ser una necesidad social que la comunidad estime que necesita (por supuesto, democráticamente). Y todo ello sin desvalorizar, es decir, empoderándolos, los trabajos cotidianos dedicados al cuidado de la vida de las personas. 

 

Hemos llegado a tal punto de perversión capitalista en nuestra sociedad, que existe muchísima gente que trabaja en asuntos que no le interesan absolutamente nada (para las cuales su vida es justo lo que hacen fuera del trabajo), y llama "trabajo" a ese período de varias horas de alienación diaria, a las que no ven ningún sentido, que detestan, pero que les proporciona la renta para poder vivir. Es un modelo de vida absolutamente enloquecido y desvirtuado, pero desgraciadamente, imperante hoy día. Como resultado, tenemos personas que debido a dicha forma de vida sufren desajustes psicológicos tremendos, no ven sentido a sus vidas, son infelices, no disfrutan de lo que hacen. Intentando ir de nuevo a la raíz del planteamiento, el Buen Vivir está interesado en despojar de su vertiente mercantilista a la fuerza de trabajo humana y a la propia naturaleza, pero también a la mayor parte de los productos, bienes y servicios que este ciclo crea. Aquí entroncamos con la filosofía, economía y política del Bien Común (EBC), y desde este enfoque, podríamos decir que "básicamente, un bien común es una fuente de vida, algo necesario para sostener la propia vida, y en torno al cual existe una comunidad que se organiza para administrarlo y cuidarlo" (según definición de Yayo Herrero). Entonces, frente a la visión egoísta, competitiva e individual de todo bien, el Buen Vivir intenta despojar esa visión, e instalar la visión comunitaria, solidaria y compartida de todo lo que es importante para nuestra vida. Consideremos el ejemplo del agua, algo básico para la vida humana y el resto de animales y la propia naturaleza: si el agua es privatizada, embotellada, distribuida, vendida y comprada, por mucho que ética y naturalmente nos parezca un bien común, deja de serlo, porque se convierte en un producto del capital: en torno al "negocio" del agua surgen empresas, industrias, trabajadores/as, otras empresas, distribuidores finales...Es decir, hemos mercantilizado ese bien común que es de todos, para que pase a ser únicamente de los que puedan pagarla. 

 

Pues bien, frente a ese planteamiento capitalista para el agua, que busca el negocio y la rentabilidad, tenemos el planteamiento que haría la Economía del Bien Común, y también el Buen Vivir: el bien común no es sólo el agua, sino el conjunto de prácticas comunitarias que se organizan en torno a ella. El agua es parte de ese bien común tanto como todo el sistema organizativo (cultural, político, administrativo...) que construimos alrededor de ella, para que el agua pueda llegar a todo el mundo. De esta forma, los bienes pasan a ser comunes en el momento en que existe una comunidad que se organiza para garantizar precisamente que lleguen a todo el mundo, que estén bien repartidos, y que elabora para ello un conjunto de normas, controles y sanciones. La norma ha de existir precisamente porque los bienes comunes no son infinitos, son limitados. Todos los recursos naturales que la naturaleza alberga lo son. Veámoslo desde el siguiente enfoque: todo aquéllo que es necesario, y por tanto hay que garantizar para que todo el mundo pueda disfrutarlo, y sin embargo es limitado, no puede tener un uso descontrolado, y lo que hace el capitalismo para evitar que el uso de dicho recurso sea irrestricto es que esté mediado por el dinero. Quien tiene dinero, quien puede pagarlo, accede al bien, y quien no tiene dinero no accede, y así es como se reparte y organiza. El problema es que entonces deja de ser común algo que es necesario para todo el mundo. Por tanto, cuando hablamos desde la lógica de lo común, de los bienes universales, el planteamiento debe ser otro, y es básicamente que tiene que existir una comunidad que colectivamente defina cómo se organiza el control y el acceso a ese recurso para que todo el mundo pueda disfrutarlo, y cómo se sanciona a quienes pretendan consumir mucho más de lo que les corresponde, o a quienes pretendan negarlo a otras personas. La conclusión es perfectamente entendible: lo que, siendo absolutamente necesario para la vida, es limitado, tiene que ser comúnmente gestionado. El Buen Vivir apuesta por ello, lo cual contribuye además a una mayor justicia social. Y precisamente esta filosofía y esta política nos conduce de nuevo al decrecimiento, ya que todo aquéllo que necesita todo el mundo, pero es finito, no puede ser usado de forma creciente, sino controlada, precisamente para que no se agote. 

 

Cuando se habla de decrecimiento nos referimos siempre a la esfera material de la economía. Lo que tiene que decrecer son las actividades extractivistas, la extracción de minerales, de fuentes de energía finitas, la destrucción de suelo fértil, etc. La economía debe decrecer en este sentido, lo cual obliga lógicamente a que los parámetros de crecimiento capitalista también se pongan en solfa. Ese manta del "crecimiento económico" debe denunciarse, porque no es posible bajo una biosfera finita y limitada. No debemos fijarnos sólo en el PIB, pues no es tan importante si éste indicador sube o baja, sino en base a qué lo hace. Retomo de nuevo las sabias palabras de Yayo Herrero: "Es decir, si de repente pusiéramos en el centro la atención y el desarrollo de los bienes relacionales, el cuidado, la transición a un modelo basado en renovables, etc., que eso generara un incremento en el PIB no sería preocupante. El crecimiento del PIB sólo es preocupante cuando se produce a costa de la fabricación de automóviles, del consumo cada vez mayor de petróleo, de la guerra...Lo que nosotros decimos es que debe decrecer la esfera material de la economía. Y no es que deba decrecer, es que es inevitable que decrezca. No es algo que busquemos los ecologistas, es una imposición de los límites físicos de la naturaleza". Se trata, entonces, no tanto de que la economía se contraiga, cuanto de buscar y reorientar la economía hacia otros paradigmas, otros modelos, otras fuentes de energía, otros repartos, otras actividades. Debemos entender que durante los próximos años vamos a decrecer inexorablemente, y si no lo hacemos de forma tranquila, asumida, pacífica y progresivamente, lo haremos de forma brusca y violentamente. Esa será la diferencia entre un panorama donde nuestros políticos, nuestros empresarios y el conjunto de la ciudadanía hayan entendido la natural necesidad de decrecer, y un panorama donde este decrecimiento se deje al albur de la propia escasez de los recursos naturales, y del colapso brusco de determinados modelos de negocio, que conducirá a situaciones sociales de mayor desigualdad, violencia, estallidos, revueltas, indignación y masacres. Si los países continúan por la senda del "estilo de vida" actual, arrogante, despilfarrador e insolidario, a costa incluso de los recursos de otros países, llegará el fascismo más tarde o más temprano, y el colapso se manifestará de forma aún más violenta y desgarradora. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 marzo 2019 5 01 /03 /marzo /2019 00:00
Fuente Viñeta: https://marxismo.mx/

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Adán y Eva disfrutaron, antes de ser expulsados del Paraíso, de un alto estándar de vida sin trabajar. Luego de su expulsión, ellos y sus sucesores fueron condenados a ganarse una existencia miserable, trabajando de sol a sol. La historia del progreso tecnológico en los últimos 200 años es esencialmente la historia de la especie humana trabajando lenta y firmemente su camino de vuelta al Paraíso. ¿Qué pasaría si es que de pronto nos encontráramos allí? Con todos los bienes y servicios producidos sin trabajo, nadie tendría un trabajo remunerado. Ser desempleado significa no recibir salario. Como resultado, hasta que nuevas políticas de ingreso fueran formuladas para adecuarse a las nuevas condiciones tecnológicas, todo el mundo moriría de hambre en el Paraíso

Wassily Leontief (1905-1999)

Como venimos insistiendo desde hace varias entregas atrás, la Renta Básica Universal revoluciona un montón de conceptos y de prejuicios, quizá de entre todos ellos el más importante sea la concepción del trabajo humano, que ya poníamos en solfa incluso antes de comenzar a hablar sobre la RBU. Desde la aparición del capitalismo, y sobre todo desde la extensión del modelo fordista, la mayor acepción del trabajo humano ha sido la que respondía a aquélla que se encuentra inserta en el mercado laboral, por tanto, desde este (exclusivo) punto de vista, y hasta más o menos mediados del siglo XX, "trabajo" era exclusivamente el realizado bajo las reglas del mercado laboral, inserto en sus normas, bajo el nombre de trabajo asalariado o empleo remunerado. No se consideraba trabajo el que realizan la mayor parte de las mujeres en el hogar, ni el que muchos/as voluntarios/as realizan altruistamente a nivel individual o formando parte de alguna organización no gubernamental. La arquitectura de la desigualdad impuso esta única acepción de trabajo, ayudada también por el patriarcado (que propugna la discriminación de las mujeres y la división sexual del trabajo), ya que la inclusión de un "mercado" del mismo, es decir, el sometimiento del trabajo humano sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, así lo favorece. Bien, a tenor de lo que venimos contando, en realidad, podemos diferenciar hasta tres tipos de trabajo humano: 1) trabajo remunerado; 2) trabajo doméstico; y 3) trabajo voluntario. Veamos a continuación los efectos previsibles de la implantación de una RBU para cada una de esas tres modalidades, basándonos en este artículo de Daniel Raventós y Julie Wark publicado en Sin Permiso. Para el caso del trabajo remunerado, los posibles efectos son al menos cuatro: 1) incremento del poder de negociación de los trabajadores y trabajadoras (ya que una RBU proporciona un colchón sobre el que disponer de más autonomía y por tanto menor dependencia de empleos precarios, sin miedo a perderlo); 2) incremento del autoempleo (ya que la RBU podrá incentivar a más personas a emprender su propio negocio o empresa, desde la posición de salvaguarda que representa); 3) más empleo a tiempo parcial (ya que existirían quizás muchas más personas a las que no les conviniera, por diferentes motivos, la realización de un empleo a tiempo completo); y 4) subidas salariales en determinados puestos de trabajo y disminuciones en otros (ya que precisamente la emancipación del mundo laboral que la RBU representa traerá como consecuencia que las personas que elijan determinados puestos sea porque obtienen a cambio gran valor añadido). 

 

La RBU también solventará en gran medida el drama personal (y familiar) de la pérdida de puestos de trabajo debido al mayor grado de implantación de la robótica y la inteligencia artificial, además de perder fuerza en sí misma la existencia de ese "ejército disciplinado de reserva" que representa el conjunto de la población desempleada. En una palabra, la clásica relación Capital-Trabajo (que ya definiera Marx en sus escritos) se ve debilitada hacia el capital, y reforzada hacia el trabajo, rompiendo la enorme desigualdad que hasta ahora le afecta. El miedo hacia los patronos dejará de existir, ya que cada empleador negociará con sus trabajadores/as los puestos de trabajo a ofertar, y los empleados elegirán mucho más libremente si aceptarlos o no. La RBU permitiría a la clase trabajadora no solo negarse terminantemente a aceptar unas condiciones de explotación inadmisibles (que además disuadirían a los empresarios de plantearlas cada vez más), sino también plantear formas dignas y más satisfactorias de organizar el trabajo. En los casos de huelga, otra situación típica, el poder de la RBU haría disponer a los empleados y empleadas de una mayor capacidad de fuerza de negociación con la patronal, so pena de mantener la huelga de forma indefinida. Sin duda, la RBU constituiría la mejor caja de resistencia para dotar a los trabajadores y trabajadoras de una posición de fortaleza. Por otra parte, la RBU también convertiría a las cooperativas de trabajadores y usuarios en una opción mucho más atractiva y viable. Incluso la posibilidad de asociarse y emprender el cambio de titularidad de una empresa hacia el conjunto de sus trabajadores se haría mucho más factible (esta posibilidad toma sentido especialmente cuando las empresas ponen en marcha suspensiones de pagos, o reducciones masivas de empleo). Quizá la RBU no acabaría por sí sola con el trabajo precario, pero estamos seguros de que lo debilitaría, así como de que quien lo llevara a cabo lo haría por propia decisión personal. 

 

Por otra parte, existen autores que han estimado que quizá para la década del 2030 casi la mitad de los puestos de trabajo actuales en todo el mundo se habrán automatizado. Por esta misma razón, muchas de las personas que trabajan en el campo de la Inteligencia Artificial (IA) son partidarios/as de la renta básica. Está claro en ese sentido que, si las predicciones se cumplen y no queremos que la mitad de la población mundial se muera de hambre por no aportar valor añadido, la mejor solución sería implementar una RBU, basándose en la premisa de que todas las personas, trabajen o no, tienen derecho a una vida digna. Esto tiene mucho que ver también con el asunto de la posible financiación de la renta básica, ya que comienzan a existir algunas corrientes de pensamiento que aducen que, si la productividad de la robótica lo permite (al sustituir empleos humanos por máquinas que harían su trabajo), serían los propios robots y autómatas los que deberían cotizar a los sistemas públicos de Seguridad Social. Bien, el segundo tipo de trabajo que habíamos distinguido más arriba es el trabajo doméstico, que podría incluir no sólo las tareas propias del mantenimiento del hogar, sino también las labores propias de cuidados (niños, personas dependientes, ancianos, enfermos...). Las tareas de cuidados, además de estar mayoritariamente desempeñadas por mujeres, no suelen estar remuneradas, por lo cual es un trabajo casi absolutamente ignorado a efectos de "productividad" y rentabilidad económica, pero muy importante a nivel de rentabilidad social. En nuestra serie sobre el Buen Vivir que estamos desarrollando, como sabrán los lectores y lectoras que la siguen, estamos exponiendo en las actuales entregas los principios y bases de la corriente del ecofeminismo, que concede gran importancia precisamente a los trabajos de cuidados, ya que son parte y garantizan nuestra supervivencia como especie. Por supuesto, todas estas tareas han de ser consideradas como trabajo, y no solo eso, sino que además, diversos estudios concluyen que esta vertiente del trabajo representa una parte verdaderamente importante del porcentaje del PIB de cualquier país. 

 

Como es de prever, la RBU por sí misma no resolverá tampoco todos los problemas derivados de la división sexual del trabajo, ya que ello requiere un mayor calado de las posturas feministas en el conjunto de la población, que ha de asumir el descarte de los ya clásicos roles de género que el patriarcado asigna, y todas sus consecuencias en los mercados laborales. Ya hemos dicho infinidad de veces que la RBU no es "bálsamo de fierabrás" social, que vaya a curar todos los problemas que nos afectan. Pero con respecto a la modalidad del trabajo de cuidados (y doméstico), parece estar bien claro que la RBU aportaría también suculentas ventajas. De entrada, la renta básica concedería mucha más libertad en general a las mujeres, y como ya hemos afirmado tantas veces, libertad implica empoderamiento y emancipación. Al ser igual la cantidad de RBU para hombres que para mujeres, la base de percepción de rentas para todo el mundo será la misma, pues los derechos de ciudadanía son iguales para ambos sexos. La RBU proporcionará a las mujeres su propia independencia económica, accedan o no al mercado laboral. Eso es un paso fundamental para su libertad. La feminización de la pobreza se vería de forma seriamente mermada. Al desaparecer en la RBU el concepto de "unidad familiar", la RBU como también sabemos será percibida por mujeres en cualquier estado civil, vivan solas o acompañadas, tengan o no pareja, tengan o no hijos/as, sean familias monoparentales o no lo sean, etc. Por último, la tercera modalidad que habíamos distinguido al principio es la del trabajo voluntario. Podemos entender esta modalidad como el uso del propio tiempo personal en actividades no remuneradas, destinadas a la ayuda a terceros, y distintas al trabajo doméstico. Se puede ser voluntario/a en un experimento científico o social, en una ONG, o desempeñar trabajos para los servicios sociales, la atención médica, la educación, la solidaridad, los proyectos de reinserción de personas recluidas en prisión, el asesoramiento a mujeres víctimas de agresiones, el cuidado de pacientes relacionados con enfermedades terminales, los servicios de acompañamiento a personas mayores para evitar los estragos de la soledad, la asistencia a personas que hayan sufrido catástrofes naturales, la ayuda para mantener un refugio para animales abandonados, ejercer como intérprete para los extranjeros ante cualquier Administración pública, y un larguísimo etcétera de dedicaciones y actividades. 

 

La motivación para desarrollar cualquier tipo de trabajo voluntario es la propia satisfacción personal que genera la propia actividad, aunque también pueda acarrear beneficios de cara a su inclusión en nuestro currículum personal. Para todos estos casos, la RBU actuaría como estímulo para facilitar nuestra participación en cualquier trabajo voluntario que nos interesara en un momento determinado de nuestra vida, proporcionándonos la independencia económica como para dedicarnos a una actividad de la cual no vamos a obtener ninguna remuneración, más que la del corazón. Muchas personas que desearían poder llevar a cabo algún trabajo voluntario no pueden hacerlo por falta de tiempo o recursos, y la RBU las liberaría de esas limitaciones. Y ni qué decir tiene, como también hemos comentado en entregas anteriores, que también nos liberaría para poder dedicarnos a proyectos personales, que no siendo considerados trabajos, también nos proporcionarán satisfacción personal o bien una mayor capacitación profesional para abordar ciertas tareas. En este sentido, la realización de viajes, de cursos de formación, de experiencias vitales (ser padres, por ejemplo), de proyectos abandonados (escribir un libro, aprender a tocar un instrumento musical, a practicar cualquier deporte...) o de cualesquiera otras actividades que los lectores y lectoras puedan imaginar, se incluirían en este apartado, bajo la libertad y seguridad que la RBU proporcionaría. En última instancia, no sólo sería una magnífica herramienta para garantizar la libertad material (y disminuir tremendamente los efectos de la arquitectura de la desigualdad), sino que también contribuiría a que fuésemos, como personas, bastante más felices. Si hiciéramos una encuesta, la mayoría de las personas creo que coincidiría en afirmar que necesitamos de algo más en nuestras vidas que trabajar para la mera supervivencia. La RBU nos pondría todo esto más fácil. Sería una revolución muy importante, por eso al capitalismo no le interesa. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 febrero 2019 4 28 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

Solo una mente democrática puede entender un pensamiento diferente al suyo sin necesidad de aceptarlo

Aristóteles

Toda persona que examine objetivamente los hechos acaecidos entre el 20 de septiembre y el 27 de diciembre de 2017 comprobará que no hubo ninguna rebelión, por la sencilla razón de que no hubo ninguna violencia. Hubo manifestaciones, desobediencia civil, un referéndum multitudinario, una huelga general de país y una declaración de independencia sin efectos prácticos. Todas ellas acciones pacíficas en defensa de la libertad que no deberían estar penalizadas y, aún menos, ser objeto de peticiones fiscales tan desorbitadas

Martí Caussa

La corrupción del discurso político es evidente y se está haciendo contagiosa; uno dice una brutalidad y los otros apuestan por otra mayor. El discurso pervertido, mentiroso, demagógico, descalificador se convierte en un arma potente en boca de quienes lo adulteran; son conscientes de que les proporciona réditos electorales

Jesús Parra Montero

Se está celebrando en el Tribunal Supremo el llamado “Juicio al procés”, que no es ni más ni menos que una perversión judicial, y por tanto, al referirse a uno de los poderes del Estado, una perversión democrática. Se piden muchos años de cárcel por delitos que únicamente existen en la mente antidemocrática de los acusadores, porque en realidad, lo único que hubo fueron intentos de votar en el clima de hostilidad política y represión policial que se dieron durante la jornada del famoso 1-O. Para algunos de los encausados se piden penas más elevadas que las que se pedirían para un homicida, un terrorista o un golpista (los 9 encausados/as se enfrentan a penas por rebelión, sedición y malversación que suman 156 años de cárcel). Es completamente falso que el pueblo catalán o sus dirigentes sociales o políticos alentaran a la violencia, porque solo hubo, como máximo, desobediencia civil, y a menos que queramos condenar también a Ghandi, eso no es un delito. Lo que nuestros políticos no entendieron entonces (y aún siguen sin entender), es que si una parte importante de un pueblo apoya unas determinadas propuestas y acciones políticas, no se puede juzgar y condenar a sus representantes, que lo único que hacen es luchar y preparar las condiciones materiales para poder alcanzarlas. De ahí que los Consellers y líderes sociales actualmente encarcelados deban ser considerados presos políticos.

 

Todo ello sólo puede ocurrir en un país, como el nuestro, de profundas debilidades democráticas, donde se entiende el país (España) como un todo indivisible por la fuerza, donde únicamente existe descentralización administrativa (las Comunidades Autónomas) pero no política, y donde cualquier intento de negociar con el resto del Estado unas condiciones distintas a las existentes, es considerado como un acto de alta traición, como si estuviéramos en los tiempos de Felipe II (han pasado 400 años y cuatro reyes Felipe desde entonces). España es aún una democracia muy débil y limitada, que entiende su Constitución (por parte de los gobernantes que lo han sido hasta ahora) como un instrumento rígido e inalterable, una momia legal que hay que santificar y respetar, y a la que nadie puede plantar batalla. Esta actitud podría tener algún sentido únicamente si se dieran además dos circunstancias: en primer lugar, que fuera una Constitución joven (la nuestra no lo es, ya que data de 1978, donde aún no habían nacido las generaciones actuales de menos de 50 años), y en segundo lugar, que se respetara toda ella, en todo su articulado (lo cual no se hace, ya que existen numerosos artículos de la Carta Magna que son sistemáticamente incumplidos por todos los Gobiernos que hemos tenido desde su vigencia).

 

Luego por tanto, no tiene sentido una lectura constitucional al pie de la letra, negando todas las posibilidades de debate y negociación, cuando es una parte importante de un pueblo la que la demanda. Los políticos y legisladores conocen perfectamente que un determinado territorio no posee fuerza democrática suficiente como para impulsar una reforma constitucional: esto significa que, ni aunque el 100% de los catalanes quisiera cambiarla, sería posible alcanzar dichos cambios. Luego por tanto, la única vía posible, si no se quiere enquistar un conflicto social, es negociar un acuerdo que dé satisfacción a todas las partes. Esto es precisamente lo que no se ha hecho. Se prefirió enarbolar la bandera de la “soberanía nacional del pueblo español” (como si el pueblo español no tuviera ya cedida la soberanía en multitud de aspectos), antes que negociar la soberanía de una parte frente a la soberanía del conjunto. Esa negociación necesitaba únicamente un marco legal donde desarrollarse, pero dicho marco legal no fue construido ni por los gobernantes de entonces, ni por los actuales, que continúan negando el derecho de autodeterminación de los pueblos que forman el Estado Español. Además de insensibilidad y deficiencia democráticas, lo que esta negativa pone de manifiesto es una visión nacionalista (españolista) y excluyente, que no deja resquicio a considerar la “unidad de España” bajo una visión distinta, es decir, la plurinacional. Ninguna unidad política puede mantenerse en el tiempo si una de las partes en unión no lo desea. La única forma es negociar marcos de acuerdo de convivencia distintos, federales o confederales, o bien acordar la posible autodeterminación de los pueblos que lo deseen.

 

Si en vez de ello lo que el Estado lleva a cabo es la detención y enjuiciamiento de los líderes políticos de ese pueblo, lo que está realizando es, simple y llanamente, un juicio político, hecho que jamás puede darse en una democracia plena. Prácticamente todas las ONG y observadores internacionales coinciden en verlo así, pero como ya sabemos, “Spain is different”. Aquí nuestros gobernantes no estuvieron por la labor de hacer con ETA lo que por ejemplo Colombia hizo con las FARC, y en el tema que nos ocupa, no están por la labor de hacer con Cataluña lo que ocurrió en Canadá o en Escocia. Hay aspectos de nuestra democracia que aún tienen que desarrollarse bastante, pero para ello, hemos de evolucionar hacia una verdadera mentalidad democrática, de la cual carecemos hoy día. Más tarde o más temprano tendremos que entender que la solución al problema catalán debe resolverse por vías y cauces democráticos, en vez de por querellas, cárceles, represión, juicios y condenas. Esa vía solo nos conduce al permanente conflicto político, al estallido social, a la revuelta popular, al enquistamiento de la situación. Y si continuamos por la deriva del “todo es rebelión”, llegaremos a una involución democrática aún mayor, que convertirá en delito todo acto masivo de manifestación o desobediencia popular. Sólo un Estado con tics autoritarios y totalizantes puede responder a este esquema. Un Estado democrático siempre encauza estos problemas mediante vías democráticas.

 

Bajo una democracia plena, todas las alternativas políticas son igualmente válidas, se puede hablar de todo, ningún asunto es tabú, ni está criminalizado. El único límite que existe es el respeto a los Derechos Humanos, y la propia democracia en sí misma. Plantear opciones políticas, por muy descabelladas que nos parezcan, no es un delito. Luchar por ellas tampoco, luego eso debería ser suficiente como para desmontar el falaz eslogan que está circulando, que dice que estas personas “no están siendo juzgadas por sus ideas, sino por sus hechos”. Es una afirmación muy graciosa, que poco menos que relega las ideas al ámbito de la intimidad de las personas (“puedes pensar lo que quieras, siempre que no te atrevas a llevarlo a la práctica”). Uno de los fiscales del caso dijo en la tribuna que “El independentismo no es objeto de juicio”, pero la verdad es que sí lo es. Lo que se juzga y criminaliza es el intento de forzar una negociación con el Estado, para que se reconozca que Cataluña debe poder decidir su futuro como pueblo integrado actualmente en el Estado Español. Lo que se juzga y criminaliza es a unos gobernantes catalanes que han luchado por conseguir un ideal, y para ello han tenido que desobedecer. Las ideas no son un reservorio privado e íntimo de nuestra mente, sino que si creemos realmente en ellas, es perfectamente lícito intentar ejecutarlas, llevarlas a cabo. Eso es precisamente la política. Un conjunto de ideas que intentan ser llevadas a la práctica, una ideología en la que creemos para diseñar un mundo mejor que el que habitamos. Pero todo esto es muy difícil de comprender para las mentalidades fascistas, que no solo entienden el mundo a su manera, sino que además entienden que hay que aniquilar a todos los que no piensen así.

 

Sin ir más lejos, las fuerzas políticas de la derecha (PP, Ciudadanos y Vox) apoyan a la justicia porque la justicia se alinea actualmente de forma mayoritaria con sus intereses, pero si la justicia “se volviera loca” por un instante, y se pusiera de parte del soberanismo catalán, esa justicia sería criticada por la derecha social, política y mediática de este país, como ahora mismo critican a la justicia belga, alemana o suiza, porque no extradita a los dirigentes catalanes refugiados temporalmente allí, y al contrario que la justicia española, estiman que lo ocurrió en Cataluña durante aquéllas jornadas fue el libre ejercicio de derechos fundamentales. Pero no obstante, nuestra reflexión no debe quedar aquí, porque…¿es sólo una cuestión de debilidad democrática, o confluye también la inquebrantable defensa de los principios e intereses del Régimen del 78? Parece que esto último también es un factor a considerar, es decir, que en el fondo el soberanismo de los pueblos, su capacidad de decidir su futuro, no interesa a un Estado surgido de la extinción del franquismo, pero que aún mantiene sus postulados, y que está contaminado en sus tres poderes fundamentales (legislativo, ejecutivo y judicial), así como en el resto de poderes fácticos (las Fuerzas Armadas, la banca, la Iglesia…) por los valores y principios del conservadurismo neoliberal, así como de la actual estructura monárquica, que favorece todo el entramado de intereses de los poderes indicados. De ahí que no pueda siquiera admitir la remota posibilidad de que cualquier “amenaza” ponga en peligro su status quo.

 

Una prueba palpable de que la democracia no les importa, sino la defensa de los intereses en juego, la tenemos en el mantenimiento de la venta de armas a Arabia Saudí (un Estado sátrapa, violador de los derechos humanos, y representante de la corriente más fundamentalista del Islam), o en el reciente reconocimiento a Juan Guaidó como Presidente “interino” de Venezuela, una acción claramente ilegal según la Carta de la OEA, según la Constitución Venezolana y el conjunto del Derecho Internacional Público, ya que se trata de una injerencia intolerable en los asuntos internos de aquél país. Sin embargo, todo eso se obvia, y se reconoce a un fantoche que no ha sido elegido por nadie, pero representa una pieza en el entramado del Golpe de Estado que el imperialismo estadounidense y sus aliados occidentales pretenden lanzar contra la Revolución Bolivariana, para apoderarse de sus recursos naturales y desmontar los avances sociales que el chavismo ha traído al pueblo venezolano. Es decir, tenemos un gobierno que reconoce y apoya a un golpista extranjero en su país, pero que procesa por rebelión a unos líderes políticos que representan las decisiones democráticas de la mayoría del pueblo catalán en elecciones, manifestaciones y consultas populares. Esa es la catadura moral de la democracia española.

 

Asistimos, por tanto, con el juicio al procés, a una nueva incursión reaccionaria del Régimen del 78, en vías de aplastar el movimiento democrático catalán. Así que con estos visos, es lógico dudar que las garantías democráticas de esta macrocausa judicial vayan a ser plenas, no solo por las enormes carencias democráticas que nos caracterizan, sino por la trayectoria de los diversos jueces que forman el Tribunal. La contaminación de estos jueces también ha sido explicada perfectamente por Gemma García en este artículo (que forma parte de un dossier completo del medio catalán La Directa) publicado también en el medio El Salto Diario. No cabe esperar mucha justicia del mismo Estado que promovió toda la represión social que se vivió el mismo día de la votación, el 1-O, máxime habiendo insistido hasta la saciedad en que el ilegal referéndum no iba a tener consecuencias jurídicas ni políticas (en realidad, celebrar un referéndum, incluso suspendido por el TC, tampoco es delito, prueba de ello es la intención del PP de incluirlo como tal, moción que ha sido reprobada por el resto del Parlamento hace pocos días). Entonces…¿para qué tanta represión ciudadana? Si en cualquier caso el referéndum no iba a tener consecuencias…¿por qué no se dejó que la población catalana votara en paz? Si sólo era algo simbólico, ¿por qué ensañarse de esa forma, haciendo que los Cuerpos de Seguridad se dedicaran a buscar las urnas, a quitarlas por la fuerza de los colegios catalanes, y a impedir por la fuerza que las personas votaran? Sólo una democracia bananera actuaría de ese tipo. Sólo un Estado irresponsable y represor ordenaría tales actuaciones.

 

Una mayoría social en Cataluña considera que este juicio ejemplifica el fracaso político, democrático y social de España. Las aspiraciones democráticas de un pueblo (contaminadas o no, que podamos compartir o no) han sido enfrentadas únicamente con el peso de la Ley. Pero la justicia está profundamente politizada por el propio diseño institucional del Régimen del 78. De ahí que este juicio se haya convertido en “asunto de Estado” para las fuerzas políticas de la derecha, defensoras acérrimas del actual régimen, y de ahí que aspiren a una aplicación del artículo 155 “profunda e indefinida”. Se busca con ello no solucionar el problema, sino controlar desde el Estado todas las instituciones catalanas (incluidos los medios de comunicación y el sistema educativo), y mantenerlas recluidas hasta que en unas elecciones resulten elegidos representantes que no opten por las posturas soberanistas/independentistas. Es, como decíamos, aplastar el problema más que solucionarlo. De esta forma, se ha erigido un bloque político que han dado en llamar falazmente “constitucionalista”, no porque sean amantes ni defensores de la Constitución (cuyo articulado niegan en muchos otros aspectos), sino porque son defensores de reprimir la pluralidad política, negar las visiones plurinacionales del Estado, y aniquilar los deseos de soberanía popular. Más bien al contrario, según propias declaraciones, lo que desean es ilegalizar todo tipo de opciones políticas que alberguen estas posiciones en su ideario.

 

Únicamente la negociación de las condiciones para la realización de un referéndum pactado con el Estado, es decir, una consulta popular de autodeterminación vinculante, podrá solucionar definitivamente el conflicto. Con el conflicto catalán el Estado se ve seriamente amenazado, se siente humillado, y ese germen se proyecta en muchas manifestaciones de odio hacia el separatismo. De ahí tanta palabra gruesa de las formaciones políticas de extrema derecha, que cada día se vuelven más violentas en sus discursos. Y es que el desafío soberanista catalán ha provocado un verdadero salto cualitativo en las luchas contra el Régimen del 78. La respuesta de la Corona a través de la figura de Felipe VI puso aún más de manifiesto, si cabe, la profunda herencia totalitaria del franquismo, manifestada en este caso por la visión unitaria, excluyente y uniformizada del Estado Español, que no puede consentir devaneos soberanistas en ninguna parte. El hecho de que se permita ejercer como acusación particular a representantes de Vox, un partido abiertamente neofranquista, da idea del carácter de las instituciones del Estado. El secesionismo político militante, que no militar ni terrorista, no puede ser un delito. Votar no puede ser un delito. Por el contrario, criminalizar estas ideas y estas conductas sí debe serlo en todo Estado que se precie de ser democrático.

 

Pero hoy por hoy, con la actual correlación de fuerzas, el Régimen del 78 no puede tolerar que se forme una República Catalana en sus propias narices, porque sería un gran hito en su derrumbamiento. Por eso actúa con tanta virulencia, con tanto odio. La cuestión catalana ha copado el interés mayoritario frente a otros problemas sociales, que han quedado ignorados ante tamaño desafío. La bandera de la “unidad de España” es izada desde las atalayas y agitada con furia por todo el arco político, social y mediático de la derecha de este país. Pero se olvidan que esa “unidad territorial del Estado” no es ningún derecho fundamental, y que en cualquier caso no puede estar por encima del respeto a los derechos fundamentales de la ciudadanía. Como indica el jurista Miguel Pasquau Liaño en este artículo para el medio Contexto:Es probable que dentro de algunos años asistamos a otro proceso judicial en el que el Estado no esté en la acusación, sino en la posición de demandado, ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La perspectiva será inversa: la cuestión, entonces, no será si los acusados transgredieron límites infranqueables hasta constituir delitos, sino si el Estado, al defender la unidad territorial y el orden constitucional, transgredió los límites de la represión penal hasta el punto de vulnerar los derechos humanos de los políticos acusados”. Están en juego la calidad de nuestro Estado de Derecho, el prestigio de nuestras instituciones, y sobre todo, el valor y la grandeza de nuestra democracia.

 

Una democracia que, seguramente, quedará aún más tocada después de la sentencia, pues no cabe de ninguna forma mantener la acusación por rebelión o sedición ante unos hechos donde no existieron armas ni explosivos, ni siquiera el remoto propósito de uso de los mismos. El delito de rebelión necesita para producirse un “alzamiento público y violento”, y eso es muy distinto de lo que se produjo en Cataluña. Se dieron manifestaciones masivas, protestas, por supuesto algunos altercados, pero no más que lo que se puede producir en cualquier país democrático cuando cierto sector de la población sale a las calles a plantear sus demandas. Destrozos inmensamente mayores se han producido en las calles de las principales ciudades francesas desde hace varios meses por parte de los llamados “chalecos amarillos”, y no creemos que el Gobierno de Emmanuelle Macron se esté planteando acusar de rebelión a estas personas. Por tanto, si el delito de rebelión no existió…¿por qué los presos políticos catalanes están siendo juzgados en el Tribunal Supremo? Demos la vuelta a la pregunta…¿no será que están siendo juzgados por el Supremo precisamente porque el delito del que se les acusa es el de rebelión? En efecto, como sostiene Ignacio Escolar en este artículo para su propio medio, era la forma para conseguir que los procesados no lo fueran en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Es otra prueba más de la contaminación de ese tribunal.

 

Pero volvamos al principio, al origen de todo. Desde los primeros encuentros hasta los últimos, tanto el Gobierno del PP de entonces (Mariano Rajoy) como el del PSOE después (Pedro Sánchez, por no remontarnos a la época de Zapatero, que es cuando el conflicto comienza a enconarse) se han negado sistemáticamente siquiera a hablar de la posibilidad de que los catalanes ejerzan el derecho de autodeterminación. Para el bipartidismo (y por supuesto para la extrema derecha de Ciudadanos y Vox) eso es poco menos que un monstruo del que hay que huir. Se cuentan por cientos las veces que han declarado públicamente que jamás van a reconocer este derecho. ¿Cuál puede ser la causa para tan firme oposición? Nosotros ya intentamos exponerlo en nuestro artículo “¿Por qué temen a un referéndum de autodeterminación?”, al cual remito a los lectores/as interesados. Los sucesivos gobiernos han alegado que no se puede negociar la “soberanía nacional”, porque sólo está en poder del pueblo español en su conjunto. Quizá desconocen, como nos ilustra Isidoro Moreno en este artículo para el medio Contrainformacion, que tal derecho de autodeterminación es un Derecho Humano reconocido en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 (ratificado por nuestro país en 1977), y en reiteradas Resoluciones de NNUU. En dicho texto se señala que “Todos los Estados promoverán el ejercicio del derecho de libre determinación y respetarán este derecho de conformidad con las disposiciones de la Carta de Naciones Unidas”.

 

En virtud a ello, es nuestra Constitución CE1978 la que tendría que haber sido urgentemente modificada para admitir este derecho de los pueblos, a menos que no se quiera reconocer que Cataluña es un pueblo, lo cual ya sería debate de otra dimensión (dicho sea de paso, algunos fundadores de las fuerzas políticas de la derecha, como Fernando Savater, niegan el protagonismo de los pueblos, incluso que éstos existan). Por tanto, si nuestro Estado Español fuese realmente democrático y pretendiera respetar la legalidad y el derecho internacional, lo que debería haber hecho es permitir un encaje para tal referéndum en nuestra actual Constitución, estableciendo sus parámetros vinculantes, y las condiciones concretas para su realización, para que tal derecho pueda ser ejercido con plenas garantías. Esto es un problema político, y no judicial. Si repetidamente se han negado y se niegan a hacerlo, es lógico pensar que deban existir poderosas razones para tan obstinada negativa. Y en efecto, las hay: un miedo atroz a sentar precedente, a perder el status quo que brinda la arquitectura definida y proyectada en la Constitución, por muchos de los actores que se benefician de dicha situación, comenzando por la Monarquía. Todos esos actores saben perfectamente (o cuando menos pueden intuir) que si el derecho de autodeterminación fuese admitido, acabaría por fin la consigna del “atado y bien atado” que dejara el dictador, y sería la perfecta rampa de lanzamiento para que toda esa arquitectura “nacional” dejara de existir. Es justo el pánico que le tienen a dicha situación el que les lleva a no permitir este derecho. Por todo ello, es lógico pensar que este juicio al procés llegue a las instancias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

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27 febrero 2019 3 27 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Amorim

Viñeta: Amorim

Los ricos nos explotan, saquean el estado de bienestar con rescates, no pagan impuestos, gozan de privilegios y paraísos fiscales, pero según los fascistas los culpables de nuestra situación son nuestros compañeros de clase social por ser negros, moros e inmigrantes. Solo idiotas o miserables caen tan bajo

Miguel Ángel Montes

Como venimos afirmando, la información falsa, el sensacionalismo, los titulares grandilocuentes, las alarmas sociales, las falacias contextuales, y un largo etcétera de recursos, son predominantes en los medios de comunicación cuando de noticias de migrantes se trata. Como destaca Eduardo Romero en el artículo de referencia, ya en 2003 el Consejero de Economía canario advertía de que nos podrían "invadir 20 millones de africanos". Sostenían que aquélla "crisis de los cayucos" podría ocasionar un grave problema demográfico. Y al calor de aquélla falaz campaña, el Gobierno del PSOE de entonces (con Rodríguez Zapatero a la cabeza), aprobó el llamado "Plan África", un plan diseñado (aunque publicitado bajo otros objetivos) para militarizar y externalizar la frontera, y para utilizar la excusa de la inmigración ilegal para continuar promoviendo intereses neocoloniales en algunos países africanos. Por ejemplo, intereses pesqueros e intereses petrolíferos y gasísticos formaban parte de aquélla ofensiva diplomática y comercial. Pero los migrantes no interesaban, así como tampoco promover el bienestar de esos países africanos desde los cuales provenían. Pero es muy fácil desmontar esas cifras escandalosas: en 2006 llegaron a Canarias exactamente 30.000 migrantes, mientras que visitaron las islas 9,5 millones de turistas. Cualquier lector/a mínimamente decente podrá concluir que frente a 9,5 millones, 30.000 personas no pueden suponer ninguna amenaza demográfica. Burdas mentiras, como siempre, para exagerar criterios, y elevar falsas conclusiones, para todas aquéllas personas que se dejen o quieran dejarse manipular. Los datos siempre han de verse en contexto, comparativamente, analizándolos en perspectiva y en conjunto con otros datos, y entonces es cuando de verdad comprendemos la envergadura del fenómeno al que se alude. Pero si las cifras se vierten de forma aislada y alarmista, entonces consiguen el fin esperado por los medios que las vierten, que no es otro que crear alarma social y destacar un problema donde no lo hay. Actualmente, el sobreconsumo de imágenes, mensajes, fotografías, informaciones, reportajes alarmistas, noticias sobre las fronteras...inciden en un efecto de "sobreestimulación comunicativa" (en expresión de Eduardo Romero en esta segunda entrega de su artículo) que nos instala en un proceso de digestión continua de informaciones que al final tienen como efecto que miremos para otro lado. 

 

Porque en efecto, una sociedad hiperinformada sobre un determinado aspecto tiende a normalizarlo, y hoy día la televisión, la prensa escrita, los medios digitales, y las redes sociales nos han instalado en un consumo continuo de hechos y declaraciones sobre el asunto, tan exhaustivo como impotente. La realidad no ha sido diseccionada de forma correcta y mostrada al público tal cual, sino sesgadamente mediatizada, y mostrada expresamente para provocar el efecto deseado, que no es otro que una posición política determinada ante el hecho de las migraciones. Toda la comunicación mediática, sea por cualquier fuente, pretende que veamos un fenómeno despojado de su humanidad, de su vertiente humana. Cuando desgraciadamente llegamos ahí, ya vemos al inmigrante que sube a la valla no como a una persona, sino como a un asaltante. Lo despojamos de su contexto vital, de su pasado, de sus necesidades, y únicamente lo vemos como una amenaza. Por tanto, frente a esta mentira y a esta manipulación, frente a esta radical e inhumana descontextualización mediática, hemos de reconstruir las dimensiones histórica, social, cultural y política de las migraciones. Humanizar el fenómeno es precisamente eso: reconocer el contexto que les conduce, en un determinado momento de sus vidas, a subirse por ejemplo a una alambrada rodeada de policías marroquíes y españoles. O esperar en el monte a poder cruzarla. O tirarse al mar en una embarcación insegura. O pagar a unas mafias para que lo conduzcan a otro continente. Rescatar esa dimensión exige recuperar la historia, los motivos y los contextos en que sus países de origen son atacados, son víctimas de perversas políticas neocoloniales. España, Europa en general, sus empresas y sus intereses, sus multinacionales y sus objetivos, comenzaron a tener sus países en la diana, y a saquear y expoliar sus recursos. Todo ello conllevó, con el paso de los años, el despojo de sus tierras, de sus modos de vida, de sus recursos. Por tanto, defender la soberanía alimentaria, energética y política de los pueblos implica reconocer y denunciar la política injerencista de otros países, más concretamente el robo español del pescado senegalés o somalí, el expolio por parte de España del gas y el petróleo nigerianos, o el vil acaparamiento de tierras por todo el continente africano para producir agrocombustibles o para especular con el hambre. 

 

Y entender todo eso nos llevará a comprender a ese joven maliense o nigeriano que se sube a una valla, y que espera días o semanas para poder cruzarla. Nos llevará a comprender cómo está su familia, cómo han quedado su mujer y sus hijos/as, y qué esperan de él cuando alcance su sueño. Un sueño al que nosotros le hemos forzado. Un sueño que ahora le recriminamos, intentamos impedirlo, intentamos criminalizarlo. El círculo quedará cerrado, comprendiendo toda la dimensión de nuestro desprecio hacia estas personas y sus países. Su presencia aquí es causada por nosotros, igual que su ausencia allá. En los mejores casos, suponiendo que dicha persona, venga del país que venga, consiga entrar en nuestro país, y después de superar todas las trabas administrativas, y si consigue por fin acceder a un empleo, nos encontraremos con ese migrante africano sirviendo de fuerza de trabajo barata y servil, precaria, sin derechos, sin protección social, y víctima del racismo descarnado de personas, comunidades e instituciones. Sectores como la construcción, la hostelería, el turismo, el trabajo agrícola en invernaderos o el cuidado de personas mayores dependen mucho del trabajo de los inmigrantes, los cuales, tras la jornada, desde el locutorio, enviarán dinero a sus familias, y hablarán con sus seres queridos, que quedaron allá, esperando la suerte del que marchaba. Esta es la triste realidad de estas personas en el mejor de los casos. El contexto legal de la Ley de Extranjería ya les condena en sí mismos, porque el estado de excepción que ha creado esta Ley (el sofisticado sistema de permisos temporales vinculados a un empleo, la captura de la población clandestina, los CIE, las deportaciones...) ha multiplicado el desarraigo y la inseguridad de los migrantes. Eduardo Romero concluye: "El capital español, ávido de población desarraigada y, por tanto, debilitada, se ha llenado las manos de plusvalías mediante su explotación laboral. El Estado, con sus Brigadas de Extranjería, sus calabozos y sus torturantes procedimientos administrativos, ha colocado a millones de personas a los pies de los explotadores (...) La amenaza no viene del sur. Está aquí, instalada en las vísceras del Estado. Y reprime, explota y mata en nombre de la autoridad"

 

Y mientras todo esto ocurre, ¿quiénes se frotan las manos? Pues como siempre ocurre, las empresas vinculadas a los nichos de negocio creados a tal efecto, como por ejemplo, las empresas de armamento, absolutas beneficiarias del negocio de la seguridad en las fronteras. De hecho, algunas de las compañías beneficiarias de los contratos de seguridad en las fronteras europeas están en la lista de las mayores vendedoras de armas a Oriente Medio y el Norte de África, precisamente los países de origen de la mayor parte de los refugiados. Negocio lucrativo y repugnante aquél que primero provoca muerte y destrucción en otro lugar, y luego contrata con los Estados agresores mecanismos fronterizos para impedir la llegada de las personas a las cuales se les ha hecho la vida imposible previamente. Una muestra más del grado de descomposición al que ha llegado el capitalismo actual. Las mismas empresas que crean las crisis humanitarias, después se benefician de ellas con el apoyo de los mismos países que han fomentado dichas guerras. Las mismas empresas que reciben adjudicaciones de licencias para exportar armas, son luego las que reciben los contratos para reforzar la seguridad en las fronteras. ¿Es que nadie se ha dado cuenta aún de que sus servicios no hacen falta ni antes ni después? ¿Es que nadie es capaz de denunciar esta terrible realidad? Estos hechos se analizan a fondo en el Informe "Guerras de fronteras", elaborado en mayo de 2016, pero plenamente vigente hoy día. Los lectores y lectoras interesadas en el mismo pueden descargarlo completo aquí. Vallas fronterizas, drones, ayuda de la OTAN, ferias de seguridad como lugares de encuentro, y un largo arsenal de dispositivos y tecnologías, financiadas en los presupuestos europeos a cargo de los capítulos de "financiación para investigación", han hecho crecer como la espuma este mercado global de la seguridad de fronteras, donde estas espurias empresas hacen su agosto. 

 

Todo ello además es posible porque en Bruselas actúa un conjunto de lobbies del sector (grupos de presión que actúan en nombre de tales empresas, defendiendo sus intereses) que se encargan de que las políticas que se han de implementar favorezcan estas visiones, se encaucen de la manera más beneficiosa para las corporaciones implicadas en dicha industria. Un conjunto enorme de organizaciones de cabildeo se reúnen con Frontex (Agencia Europea de Fronteras) para diseñar los modelos de seguridad que hacen falta, cómo construirlos, y quiénes deben implementarlos, y por supuesto, pagarlos o financiarlos. Gigantes corporativos como Airbus, Finmeccanica, BAE Systems, Thales, Indra, Safran, y otras muchas son las que "parten el bacalao" en estas cuestiones. Los dispositivos diseñados son múltiples: muros de hormigón, paredes virtuales, torres de vigilancia y de francotirador, cámaras, radares terrestres, vigilancia infrarroja de telecomunicaciones inalámbricas, sondas de dióxido de carbono, tecnología de información, sistemas de identificación, o bases de datos de inmigración. La industria y la tecnología de las armas está plenamente integrada en los círculos de toma de decisiones de Bruselas. Ellas son las principales interesadas en que se difunda cierto tipo de discurso, como el que considera la inmigración a Europa como una fuente de amenazas para la seguridad. Ello les asegura el negocio, instándoles a fabricar dispositivos cada vez más inteligentes y avanzados. Este discurso es patrocinado por el lobby industrial-tecnológico para la seguridad de las fronteras, para que a su vez cale en los representantes europeos y en sus órganos ejecutivos, y a su vez en los gobiernos de los Estados miembro de la UE, los cuales a su vez lo vertirán al conjunto de la opinión pública europea. De esta forma, ese repugnante negocio y ese abominable discurso llega al común de los mortales mediante medios de comunicación dominantes (pertenecientes a empresas que también están en su radio de influencia) que difunden igualmente esas supuestas "amenazas" a la seguridad. Continuaremos en siguientes entregas.

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25 febrero 2019 1 25 /02 /febrero /2019 00:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (28)

El clima es un asunto político, puesto que incide de forma directa e inmediata en la vida cotidiana de todos nosotros, como se ve a diario, con las inundaciones, las sequias, los huracanes cada vez más destructivos, el frío extremo, el calor asfixiante… No podemos pensar que esos sean fenómenos naturales, al margen de la realidad capitalista, con su lógica de producción incesante de mercancías y búsqueda insaciable de ganancias. Es lógico hablar de capitaloceno, porque esa denominación recalca que el capitalismo tiene un sello, casi de tipo geológico, que deja una huella destructiva por doquier

Renán Vega Cantor

El reto principal que poseen los enfoques del decrecimiento, del Buen Vivir, de la Economía del Bien Común, y de más enfoques por el estilo, es que nos encontramos con la losa del bloqueo mental, es decir, hemos de ganar la batalla cultural. Hemos de sustituir el imaginario cultural heredero del capitalismo (el único sistema que han conocido las diversas generaciones que aún viven en cualquier país del mundo), por uno distinto, adecuado a las nuevas necesidades, que tenga en cuenta los límites biofísicos del planeta, así como la escasez y el agotamiento de materiales, recursos y combustibles fósiles. Por poner un ejemplo, mucha gente ya asume y comprende la comparación del 1% frente al 99% (paradigma de la desigualdad social), pero es que dentro de ese 99% que comprende las desigualdades y desea abolirlas, una parte aún muy importante mira la realidad bajo el prisma capitalista, porque ese ha sido el paradigma de su mundo cultural, de sus valores. El capitalismo, en palabras de Yayo Herrero, "ha generado un tipo antropólogico que mira como le conviene al capitalismo que mire". Y por tanto, no solo es que haya que acabar con las desigualdades sociales (como la mayoría de la gente ya piensa, afortunadamente), sino que además hay que acabar con los paradigmas productivos y de consumo imperantes en nuestra civilización industrial. Lo que es absolutamente crucial es entender que la crisis de esta civilización, en todas sus facetas, obedece siempre a unas mismas causas, es decir, que los orígenes y motivaciones de cualquier lucha social de hoy día (mujeres, clase obrera, precarios, desempleados, campesinado, pensionistas...) tienen que ver con el cuidado de la vida, de los ecosistemas, con el peso del patriarcado y con la superación de los límites biofísicos del planeta. Si esto no se entiende no habrá manera de entender la auténtica y verdadera dimensión del colapso civilizatorio. 

 

Cuando todo esto se comprende, cuando se asimila de forma completa y total, parece que ya quedan pocas dudas (más bien ninguna) de que el decrecimiento no es una opción, sino que estamos abocados a él. Luego por tanto...¿Cuál es el siguiente paso? Evidentemente, prepararnos para él. Pero prepararnos, ¿para qué? No podemos decir que nos avisen media hora antes del colapso, como circula en ese famoso chascarrillo, así que hemos de haber transformado mínimamente nuestras estructuras productivas y nuestras formas de consumo y desecho, y sobre todo, como decíamos antes, haber transformado nuestro imaginario cultural. Bien, esto puede hacerse de dos maneras: 1) de forma voluntaria y progresiva, consciente y paulatina, de forma global, equiparando oportunidades sociales, o 2) de forma violenta, competitiva y fascista, promoviendo una guerra de todos contra todos por unos recursos cada vez más escasos. De nosotros depende elegir o implementar una u otra forma. Es evidente que cuanto más tiempo tardemos en reaccionar, le estaremos dando más peso a la segunda y muy peligrosa opción. Hay que partir de la base de unificar problemas, diagnósticos y estrategias. Hay que entender que la sobreexplotación de la naturaleza y el sometimiento de las mujeres (variante ecofeminista, que ya hemos traído a colación) tienen un mismo origen, que no es otro que una economía depredadora que funciona devorando cuerpos y territorios, y que se sostiene en una concepción de la naturaleza como máquina infinita, y en la extensión del patriarcado como sistema de dominación cultural. Yayo Herrero, en esta extensa entrevista para el medio Asturias24 que tomaremos como referencia a partir de ahora, lo explica de este modo: "Lo que plantea básicamente el ecofeminismo, o lo que le da sentido, es que cuando uno analiza las causas de la degradación de la naturaleza y de la destrucción de los procesos naturales, e indaga también en algunas de las causas que se esconden detrás de la subordinación de las mujeres y de la persistencia del patriarcado, se encuentran bastantes lógicas comunes".

 

Y continúa: "Del mismo modo, cuando uno se plantea cómo construir un mundo ajustado a los límites físicos del planeta y de la naturaleza y que a la vez sitúe como prioritario el cuidado de la vida y el bienestar de las personas, que ha sido una de las preocupaciones fundamentales del feminismo, se encuentra también que las propuestas son bastante sinérgicas. Cuando los dos movimientos dialogan se produce una amplificación de la fuerza de los temas que cada uno de ellos aborda por separado. El ecofeminismo nos permite, por así decirlo, comprendernos mejor como especie; darle importancia material, política y simbólica a las relaciones del ser humano con la naturaleza y con el resto de seres humanos, que es la base de poder sostener la condición humana". El ecofeminismo, así como el Buen Vivir que da título a esta serie, y todas las corrientes de pensamiento político, social y económico (incluso filosófico) que están en esta línea parten de una base que parece de pura lógica, pero que asientan una idea fundamental: el ser humano no puede existir en soledad, ni con respecto a otros seres humanos ni con respecto a la naturaleza. Esta afirmación, que parece de perogrullo, es como decimos muy importante, porque al contrario que el capitalismo, que pregona el individualismo y la competencia, y que reniega de la sociedad, estas corrientes intentan demostrar que ello no es posible para nuestra especie. Para el ecofeminismo, existen dos conjuntos de relaciones que son profundamente materiales: las relaciones con la naturaleza y las relaciones con las demás personas. No podemos prescindir ni de unas ni de otras. Y hemos dicho "profundamente materiales", es decir, que más allá de lo afectivo, lo sentimental, lo espiritual o lo simbólico, estas relaciones se basan en procesos físicos y en leyes naturales. Y es fundamental entender esto porque los instrumentos que ha desarrollado el modelo económico capitalista y los propios instrumentos políticos que hemos construido para desarrollar las sociedades del bienestar no lo tienen en cuenta. Es como si aceptaran la idea que las personas pudiéramos vivir emancipadas de la naturaleza y del resto de los seres vivos. 

 

Y así, se ha construido una idea del individuo sobre el que pivotan los derechos, las obligaciones, la participación económica y política, etc., que no existe, que es una ficción, que es imposible materialmente. Porque los humanos no somos seres aislados ni autónomos, sino interdependientes: dependemos de la naturaleza y del resto de seres vivos que la habitan, y por lo tanto, la destrucción de esa naturaleza y de los entornos comunitarios donde nos relacionamos somete a las personas a una tremenda vulnerabilidad, es causa de sufrimiento y de muerte. Por tanto, ese no es el camino. El camino debe partir de la base de que nos necesitamos los unos a los otros (la vía del ser social) y también necesitamos a la naturaleza (la vía del ser natural). Ambas vías se complementan, se necesitan, se interrelacionan. Ambas vías están profundamente intrincadas. No podemos separarlas, ni intentar emanciparnos de ellas. Para el conocimiento de ambas vías nos ilustra la ciencia (tanto las ciencias exactas como las ciencias sociales, como por ejemplo la matemática, la física, la química, la antropología, la economía, la sociología, la fisiología, la ecología...), pero también la ciencia evoluciona sus paradigmas con el tiempo. Pongamos un ejemplo: según Francis Bacon (célebre científico y filósofo inglés, que vivió entre los siglos XVI y XVII), el objetivo básico de la ciencia es someter a la naturaleza, ponerla al servicio del hombre. Esta idea está en plena consonancia con lo que la derecha política y social de hoy día defiende ("el planeta al servicio del hombre"), lo que legitimaría todos los procesos extractivos y destructivos (saqueadores, en una palabra) que el hombre practica con la madre Tierra. Según esta visión (acuñada a principios de la modernidad), la ciencia no es sólo un instrumento de poder, sino también un conocimiento exacto, neutro, desideologizado, y no sujeto a distorsiones fruto de las modas imperantes. Hoy sabemos que esto no es así, ya que hemos separado las ciencias sociales de las ciencias exactas (en ese sentido, las Leyes de la Termodinámica son neutras, pero las "Leyes" de la economía de mercado no), y ayudados de otras recientes disciplinas, como la Ecología, sabemos que la naturaleza no es una autómata fría y predecible, sino un gigantesco organismo vivo, que experimenta evoluciones, cambios y metabolismos. Y que nosotros, el ser humano, tiene mucho que ver con ellos. 

 

De hecho, han existido otras épocas pretéritas que también experimentaron grandes cambios naturales, caos climáticos, y enormes transformaciones, dando lugar a otras varias extinciones. Pero nunca como ahora el ser humano tuvo tanto poder (derivado de la globalización de la civilización industrial-capitalista-desarrollista) para hacer daño a la naturaleza, para forzar esos cambios, para alterar el medio ambiente, para acometer y provocar enormes catástrofes naturales. La naturaleza, como decimos, no es un autómata que funcione bajo unas cuantas leyes mecánicas, sino todo un entramado de ecosistemas naturales que necesitan unos equilibrios, unas condiciones y unos estados para poder funcionar. ¿Por qué los científicos de entonces veían así a la naturaleza? Hay que partir de la base de que los padres de la ciencia eran personas extremadamente religiosas (como era normal en la época), y concebían al ser humano cerca de Dios y distanciado de la naturaleza, al ser concebido como un ser con inteligencia, reflexión y razón, que le permiten alejarse de la órbita de lo material, y acercarse a la órbita espiritual (de Dios). Y así, los científicos y pensadores de la época concebían a Dios como un arquitecto o diseñador de la naturaleza, y al Hombre como el depositario de esa "máquina" que estaba a su servicio. En ese sentido, Max Weber acuñó el concepto de "desencantamiento del mundo" para resumir ese proceso mediante el cual se pasa de una visión medieval o de la naturaleza vista como un receptáculo de magia que era impredecible y fuente de temor (y que por lo tanto había que cuidar y respetar), a esa otra nueva visión mecánica de la naturaleza en la que se reduce toda la complejidad de lo vivo a las relaciones causa-efecto y se pasa a creer que la misma acción siempre genera en la naturaleza el mismo efecto (o la misma reacción), cuando en realidad lo que sucede en los sistemas complejos, en los organismos o sistemas vivos, es que operan muchísimas más relaciones que las relaciones causa-efecto. Esas relaciones están presentes, desde luego, pero también lo están las sinergias, las realimentaciones positivas y negativas, etc. Hoy sabemos que la naturaleza es un entorno en el que intervienen una infinidad de variables y de factores que no siempre responden de la misma manera. Continuaremos en siguientes entregas.

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