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6 febrero 2019 3 06 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Mohammad Sabaaneh

Viñeta: Mohammad Sabaaneh

La aparición de las Caravanas no es un elemento fortuito surgido de la nada sino una realidad directamente proporcional a la miseria, corrupción y descomposición social de los países de procedencia

Juan Rivera (Colectivo Prometeo)

Pero no solo las guerras o las hambrunas son la causa inexorable de los millones de desplazados forzosos y refugiados que existen en el mundo. También lo son los cambios ambientales en su propio entorno, que les dificultan e impiden su propia supervivencia. Son los refugiados climáticos, o desplazados por el clima. En muchos casos, se han dado desastres ambientales que sucesivamente han hecho inviable el poder continuar con sus modos de vida, con la existencia de las fuentes de recursos que les procuraban la vida. Pero hay que hacer notar que estos procesos no responden a maldiciones caídas del cielo, sino creadas también por el ser humano: el cambio climático (provocado por las emisiones contaminantes de la gran fábrica y el gran supermercado globalizados), se incrementa bajo la extensión de un modelo de agricultura que explota los suelos y los acuíferos más allá de sus límites. En el libro "¿Qué hacemos con las fronteras?", sus autores refieren lo siguiente: "Se hace necesario explicar la relación entre el hambre y la modernización de la agricultura, entre el hambre y el progreso, entre el hambre y la Revolución Verde, entre el hambre y el capitalismo. Hace ya casi treinta años, durante la hambruna que entre 1983 y 1985 desplazó a más de diez millones de personas del Sahel hacia el sur y hacia las ciudades, más de un millón de cabezas de ganado y casi ciento cuarenta mil toneladas de cereales fueron exportadas en plena crisis. Hoy en día el hambre en Somalia se presenta de nuevo como una tragedia consecuencia de designios divinos que se han conjurado para que no llueva. Pero la privatización y el acaparamiento de las tierras comunitarias, las medidas contra el pastoreo nómada y la esquilmación de los caladeros pesqueros no son fruto, desde luego, de la voluntad de los dioses. Mientras, se obvia la historia de los pueblos que habitan la región, que se habían adaptado a la fragilidad de los ecosistemas de la zona mediante delicadas combinaciones de agricultura, ganadería y pesca". 

 

Por tanto, y es algo que reseñan con insistencia los autores de dicho texto, hablar de desplazamientos masivos y forzados de la población es siempre hablar de violencia. De violencia climática (provocada por el hombre), de violencia armada (provocada por el hombre), de violencia en cuanto a ausencia de oportunidades (provocada por el hombre), y de violencia por hambre y sed (provocada por el hombre). Cuando decimos "provocada por el hombre" queremos decir provocada por la perversa política desarrollada y aplicada en dichos territorios, provocada por Gobiernos, provocada por el imperialismo (europeo o norteamericano), provocada por guerras, provocada por intereses geoestratégicos. Tengamos en cuenta que nadie se desplaza porque sí. Siempre existen motivos, y dichos motivos no son debidos al ansia de aventuras, ni de riquezas ni de cambiar de aires. Son desplazamientos forzosos, provocados por el ansia de poder y de control de los recursos de dichos territorios por parte de potencias extranjeras, o bien por el cambio climático provocado por la acción despiadada del hombre sobre el planeta, la naturaleza y el resto de seres vivos. Cuando entran en escena las poderosas corporaciones multinacionales, interesadas en acaparar tierras, o en apoderarse de los recursos naturales del territorio mediante salvajes procesos extractivos, o en construir gigantescas infraestructuras de comunicación o de transporte, se hace necesario vaciar dichos territorios (en África, Asia o América Latina) de las comunidades que los habitan (pueblos indígenas, comunidades negras, poblaciones campesinas...), y esto en muchas ocasiones, en la mayoría de ellas, se logra promoviendo la violencia, expoliando sus recursos, destruyendo sus medios de vida, acabando con sus fuentes de recursos, aniquilando su medio ambiente, enfrentando a la población entre sí, etc. Luego enmascaran todos estos procesos mediante la "necesidad", o mediante conflictos étnicos o religiosos, pero la verdad es que son los grandes agentes del capitalismo los que provocan toda esta destrucción, todo este éxodo de población, toda esta barbarie. 

 

Por otra parte, el incremento espectacular de los precios de los alimentos es otra forma de violencia a gran escala. La especulación alimentaria es no sólo un negocio a gran escala, sino una fuente perversa de transformación de los recursos naturales, y de manipulación genética indeseable. Poderosas empresas del sector alimentario se apoderan violentamente de las tierras vírgenes de estos territorios, así como de las semillas cultivadas, despreciando la soberanía alimentaria de las poblaciones asentadas, e interviniendo en la estructura mundial de los mercados. La modernización de la agricultura a través de los planes de ajuste estructural impuestos a las economías de más de 90 países desde los años ochenta del siglo XX, la multiplicación de la actividad especulativa en torno a los alimentos y la irrupción de la producción masiva de agrocombustibles (pan para los coches y hambre para los pobres), se combinan como factores desencadenantes de este incremento trágico de los precios. Este proceso alienta además el acaparamiento de nuevas tierras, los monocultivos, etc., y toda esta dinámica retroalimenta a su vez todo este modelo. Este explosivo cóctel deja también sin recursos y sin medios de vida a la población originaria de estos territorios, que de nuevo se ve condenada al éxodo o al hambre. Y a pesar de todo, hemos de resaltar que los pequeños/as campesinos/as del mundo producen aún en torno a 2/3 de los alimentos del planeta. En África y en la India, sobre todo, la gran mayoría de las pequeñas explotaciones agrarias son cultivadas por mujeres. Y hoy día, son también ellas las principales damnificadas por este proceso de acaparamiento de tierras, además de sufrir una invisibilización de su actividad, por lo que capitalismo y patriarcado se entrelazan aún más mientras se degradan las condiciones de vida de las mujeres de estas poblaciones. Vaciar unos territorios y sobrepoblar otros, una estrategia que no es novedosa, sino que forma parte de las características del capitalismo desde sus orígenes. Se busca que ciertos territorios posean menos población, para que sus recursos puedan ser mejor explotados, mientras otros territorios se masifican, sobre todo para que sus habitantes sumen abundante mano de obra barata, fuerza de trabajo miserable para la explotación, con objeto de tener la maquinaria capitalista bien engrasada. 

 

En pleno siglo XXI, este esquema tradicional del capitalismo se ha desbocado. El robo y el despojo de la tierra están a la orden del día, mientras la desposesión de sus habitantes es constante y despiadada. Esta gigantesca expropiación mundial se intensifica hoy día, apoyada por el poder incontrolado de los mal llamados "Tratados de Libre Comercio", que dotan a las megaempresas de un poderío descomunal, mientras anulan la capacidad de gobiernos para enfrentarse a los intereses de estas infernales corporaciones. En América Latina, por ejemplo, Colombia es un ejemplo perfecto de cómo el gran capital necesita deshabitar determinados territorios para poder hacer negocios. Colombia posee el tercer índice de desigualdad más grande del mundo (según PNUD, 2011), es el país con mayor número de desplazamientos internos (entre 3,5 y 5,2 millones de personas, según diversas estimaciones), y con mayor número de personas refugiadas en el exterior (casi 400.000). Allí llegaron nuestras empresas transnacionales y acapararon los monopolios estatales en sectores como el agua, la banca, la energía o las telecomunicaciones. España es el mayor inversor europeo en el país. Prácticamente todas las grandes multinacionales españolas tienen negocios en Colombia. Y todas ellas, en sectores estratégicos de la economía colombiana: hidrocarburos (Repsol YPF, Cepsa y Gas Natural), electricidad (Endesa y Unión Fenosa), construcción (Ferrovial y ACS), banca (BBVA y Santander), telefonía (Telefónica), seguros (Sanitas, Prosegur y Mapfre), y por supuesto, los medios de comunicación (Prisa y Planeta). Además, en mayo de 2010, curiosamente coincidiendo con la presidencia española de turno en la UE, se aprobó el Tratado de Libre Comercio entre la UE y Colombia y Perú. Confío en la sagacidad de los lectores y lectoras para que relacionen todos estos datos, y saquen sus conclusiones. En Colombia se produce, sobre todo, un conflicto por la tierra. Grandes cantidades de población son despojadas de sus tierras por estas grandes compañías, que las utilizan para la construcción de sus megaproyectos de ingeniería o infraestructuras. Y así, los territorios estratégicos, ricos en recursos naturales, o aptos para la construcción de grandes proyectos energéticos, se militarizan y paramilitarizan, bajo la excusa de combatir a las guerrillas y el tráfico de drogas.

 

En todo este tinglado colaboran muy activamente los grandes medios de comunicación, propiedad y aliados del gran capital, que ocultan la información que no les interesa difundir, y tergiversan datos y otras informaciones, construyendo pseudorealidades informativas, absolutamente manipuladas. Las mismas potencias colonizadoras que ya actuaban desde el siglo XIX continúan su perversa estrategia de repartirse continentes completos, dividen países y trazan nuevas fronteras, mientras lanzan calumniosas campañas a través de sus medios de comunicación, o mejor dicho, de intoxicación desinformativa. Tomemos la guerra de Siria como ejemplo: se difunde internacionalmente que existe allí un dictador que reprime a su pueblo, mientras la verdad es que la guerra tiene otros motivos e intereses: es la puerta de entrada a tres continentes, es el segundo país del mundo en reservas de petróleo (probablemente también lo sea en reservas de gas), tiene suelo para dar salida al Mediterráneo a gaseoductos y oleoductos de lo que piensan saquear a otros países de Oriente Medio, tiene suelo para ampliar el Estado sionista de Israel, es el perfecto trampolín para saltar a Irán...Se comprende, analizando todos estos datos, que en Siria se mida el control por una hegemonía mundial para las grandes potencias. La pregunta es: ¿nos cuentan todo esto los medios de comunicación? Pues no solamente no lo cuentan, sino que además toman partido de forma descarada por uno de los bloques, demonizando al otro, y ocultando los verdaderos intereses en juego. Parte de esta intoxicación informativa es hacer campaña contra los migrantes, contra esa población de pobres que "nos invade", es un "peligro para nuestra cultura y nuestros valores", "detestan el mundo libre", y mil barbaridades por el estilo. En este sentido, la Red Acoge (una federación de 18 ONG que trabajan en defender los derechos de los migrantes) publicó el pasado diciembre el "Manual contra el Inmigracionalismo", definiendo este término como un acrónimo entre "Sensacionalismo" e "Inmigración", e intentando desmontar bulos, falacias y mentiras sobre el asunto. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 febrero 2019 2 05 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: El Roto

Viñeta: El Roto

La religiosidad es uno de los cimientos más importantes del ser humano y como tal un filón explotado a destajo por las religiones. En nombre de Cristo y la salvación de las almas se obtienen inmejorables réditos económicos. La industria de la fe se ha convertido en un artículo más de consumo, el negocio más lucrativo, pero también el más peligroso para la salud mental de los creyentes

Carlos de Urabá

La secularización del poder es un mito. La separación Iglesia-Estado no deja de ser una ficción. Presidentes, diputados, senadores, alcaldes juran ante Dios. Los símbolos religiosos están presentes en los espacios públicos. Estado laico o aconfesionales adoptan rituales políticos, acompañados de cruces, medias lunas, budas, biblias, Torá, etcétera. Dirigentes asumen morales católicas, protestantes, islámicas, judías, siendo unos devotos practicantes de su fe. Sus mandatos suelen dar cuenta de ello. El divorcio, el aborto, la familia, el sexo, la moral cotidiana y la educación son opciones valoradas a la luz de las creencias religiosas. Hoy gobiernan las iglesias

Marcos Roitman

Desgraciadamente, vivimos una época donde la política está muy intervenida por determinadas confesiones religiosas, que son capaces de construir mayorías de apoyo o rechazo a determinaciones formaciones, gracias al elevado número de adeptos y adeptas que poseen. El caso más reciente y emblemático ha sido el de Brasil, donde el candidato ganador (el ultraderechista y ex militar Jair Bolsonaro) ha sido masivamente apoyado por los evangélicos de todo el país, que hicieron piña contra el PT y difundieron millones de mensajes mediante redes sociales para concentrar su apoyo al PSL (Partido Social Liberal). Este hecho es sumamente peligroso, podríamos denominarlo como la “religionización” de la política, porque al basar los apoyos en creencias irracionales y fanáticas, conducen a violentos virajes ideológicos, y a una mezcla de política y religión, donde los asuntos sociales son tratados bajo un trasfondo religioso, y apartados de la mirada del progreso colectivo, y de las grandes conquistas de la humanidad. En el caso citado, los evangélicos creen firmemente en “dogmas” políticos, tales como que la corrupción es un fenómeno de la izquierda, que la seguridad pública se resuelve con una mayor permisividad hacia la posesión privada de armas, que el desempleo se debe a que las empresas pagan muchos impuestos, y a que existen muchas leyes laborales que entorpecen a los empresarios, etc.

 

Hoy día, determinadas confesiones religiosas constituyen uno de los sectores sociales en expansión más organizados, cohesionados y conservadores de nuestras sociedades. Ocurre en muchos países del mundo, sobre todo en América Latina. Y si en cualquiera de dichos países una determinada confesión religiosa decide prestar su apoyo a cierto candidato/a, es evidente que las posibilidades de que salga elegido/a se multiplican. Estos sectores religiosos de la población se extienden entre masas con bajos ingresos, que viven en las grandes ciudades, y que normalmente atraen a nuevos adeptos/as utilizando sobre todo redes de apoyo popular. Pero debajo de todo ello, como decimos, tenemos un fenómeno muy preocupante, que es el que se refiere a las consecuencias de que millones de personas de una determinada confesión religiosa alcancen el poder a través de su líder. En América Latina tenemos infinidad de corrientes de las llamadas pentecostales: Asamblea de Dios, Iglesia Universal del Reino de Dios, Iglesia Mundial del Poder de Dios, Renacer en Cristo, o Iglesia Internacional de la Gracia de Dios. Pero en general, las llamadas Iglesias Evangélicas se extienden por todo el mundo. En Brasil, el ejemplo más reciente, se ha confirmado a la perfección la alianza de las sectas religiosas con los poderes fácticos, tras la elección de Bolsonaro como Presidente del gigantesco país sudamericano.

 

Porque en realidad funcionan como sectas, con un proceso de captación de adeptos/as muy sofisticado, y con una capacidad para la difusión de sus dogmas nunca antes vista. Sus principales pastores ya poseen las más grandes fortunas de los países donde están implantadas. Poco a poco van construyendo todo un imperio de poder económico, mediático y político, que resulta tremendamente peligroso, pues proyectan una influencia social determinante. A medida que crecen, van ampliando su radio de acción mediante la adquisición de medios de comunicación (cadenas de radio y televisión, fundamentalmente), ediciones impresas y portales en Internet. Su ideología política es tremendamente conservadora, y van introduciendo en los Parlamentos locales, regionales y estatales a sus respectivos candidatos/as. Están fanáticamente contra el aborto, contra los colectivos LGTBI, contra los modernos modelos de familia, etc. Pero sin ninguna duda, el ámbito de mayor influencia que suelen copar es el educativo, mediante la creación de centros “concertados” y privados, y de Universidades privadas. Es en estos centros educativos donde estas confesiones religiosas se aseguran de verter sus dogmas a una audiencia muy numerosa, que cuando llegan a ser adultos/as serán nuevos/as fieles seguidores/as. Básicamente, los ideales de esta nueva comunidad evangélica están basados en una doctrina que defiende “la bendición financiera y la riqueza material como único deseo de Dios” (en palabras de Joaquín Piñero).

 

Y así, van inoculando lo que Carlos de Urabá ha denominado como “Terrorismo Espiritual”, concentrado en un fanatismo religioso popular que santifica determinadas creencias políticas porque a su vez son coherentes con su dogma religioso. Es decir, lo verdaderamente peligroso de estos movimientos, cuando alcanzan el poder, es que van a estar guiados en sus acciones no por sus ideales políticos, sino por sus creencias religiosas. Este fenómeno es justamente el contrario al del Estado Laico, que precisamente distingue las creencias políticas de la comunidad (públicas), de las creencias religiosas (privadas), y separa los dos ámbitos de forma contundente. Pero América Latina es aún un terreno muy abonado para este fenómeno, pues sus pueblos en general son muy proclives a la dependencia espiritual y afectiva. Basan mucho sus instintos, tanto públicos como privados, en la creencia en líderes espirituales, en caudillos que encaucen sus creencias, en personajes que les devuelvan la esperanza, en redentores que les colmen de bendiciones. Esa es la explicación para el éxito de las sectas, para la presencia de tantas corrientes religiosas, para la extensión del fenómeno religioso de todo tipo: Bautistas, Evangélicos, Mormones, Adventistas, Testigos de Jehová, Niños de Dios, Pentecostales, etc.

 

¿Y cuál es el riesgo fundamental de un Estado cuando involuciona y permite que la religión cubra todos los ámbitos del mismo? Está claro que ese riesgo es el fascismo, pues sobran los ejemplos históricos que lo avalan. De hecho, el matrimonio entre religiosidad y fuerzas militares ha sido fecundo en la historia de la humanidad. Durante siglos estuvo ligado también a los monarcas, como el caso de la Inquisición en nuestro país, que funcionó durante varios siglos desde los tiempos de los Reyes Católicos. Isabel y Fernando entendieron que había que eliminar a todo infiel que no creyera en el único Dios verdadero, y además alargaron su cruzada religiosa allende los mares, colonizando por la fuerza las mentes de los pueblos indígenas que se encontraron en el “Nuevo Continente”. Durante el siglo XX, el Papa Pío XII se mostró comprensivo y tolerante con la política genocida de Hitler, y aquí, en España, la Iglesia Católica bendijo al Caudillo “por la Gracia de Dios” y lo hizo entrar bajo palio en sus templos, proporcionando el soporte ideológico (el nacionalcatolicismo) a la dictadura. Y en América Latina, el Vaticano bendijo las dictaduras militares de Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil…responsables de miles de muertos, torturados y desaparecidos.

 

Y así llegamos hasta el siglo XXI, donde lejos de erradicar el cáncer religioso, nuestra educación y valores (aún de la mayoría de la sociedad, aunque afortunadamente en retroceso) se inspiran en el fundamentalismo cristiano, cómplice de los mayores crímenes contra la humanidad. Las escenas de fanatismo popular se reproducen sobre todo en las iglesias de América Latina, que prometen la salvación de las almas, y las multitudes caen de rodillas y se retuercen enloquecidas gritando “Aleluya”. Carlos de Urabá cuenta en su artículo “El Dios de la esquizofrenia” lo siguiente:Las sectas se han trasformado en entidades financieras que dan crédito a mejor interés que los bancos y encima no pagan impuestos. La usura es la norma para financiar sus empresas ya que manejan un presupuesto que envidiarían las multinacionales más prestigiosas del planeta. Sus tesoros superan con creces a los del mismísimo rey Salomón; millones de dólares producto de la verborrea mística que a través de los testaferros invierten en negocios tales como el tráfico de armas, las drogas o la trata de blancas. Sin contar con el dominio que ejercen sobre los medios de comunicación, los colegios, las universidades, la banca, los partidos políticos, el comercio. Es decir, como Dios, están en todas partes”.

 

Sólo en el Estado mexicano de Chiapas se calcula que existen más de 282 asociaciones religiosas. Las sectas se suelen extender en caldos de cultivo apropiados, cuanto mejor si se trata de pueblos empobrecidos y embrutecidos, proclives a la manipulación, debido a su atraso histórico y a su tremenda ignorancia. Se aprovechan de las comunidades indígenas, de las almas cándidas e inocentes que buscan su “redención”, candidatos/as pefectos/as para caer presa de la verborrea propia de charlatanes y embaucadores. Las sectas se nutren del dolor, difundiendo perversas doctrinas que se nutren masivamente de los pobres, afligidos, hambrientos, enfermos, desgraciados, pordioseros, huérfanos, etc. Legitiman la doctrina del sufrimiento, para ser buenos y sufridos en la Tierra, y agraciados en el cielo. Y así, ningún gobernante en América Latina gobierna de espaldas a las iglesias, o se atreve a desafiar su poder. Más bien al contrario, suelen gobernar bajo su influencia, pues de lo contrario, sus mandatos serán tormentosos, cuando no sometidos a graves crisis. En Brasil, la llamada “Bancada de la Biblia” votó a favor en bloque para el proceso de impeachment de Dilma Roussef. Tener el beneplácito de las iglesias supone millones de votos, véase el caso Bolsonaro.

 

Y aquí, en nuestro país, tampoco nos quedamos cortos en este fenómeno. Varias sectas religiosas están presentes en el escenario político, la principal de ellas la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana (SICAR, para abreviar), conservadora y poderosa donde las haya, además de machista, homófoba, y pederasta, entre otras características. Pero no es la única. Tenemos el caso del criminal sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo Rey (protegido por el Papa Juan Pablo II), acusado de violaciones en masa de niños pertenecientes a su comunidad. Es una de las congregaciones más poderosas e influyentes, según este artículo de Anaitze Aguirre para el medio Pikara Magazine, del que extraemos esta información. Durante los años 80, fue utilizada por Juan Pablo II para desplazar a los sacerdotes de la Teología de la Liberación en América Latina, que según él, eran unos peligrosos marxistas. Es una secta muy extendida en España, donde cuenta con adeptos como Ana Botella o los ex Ministros del Partido Popular José María Michavila y Ángel Acebes. O en México el famoso empresario Carlos Slim, una de las mayores fortunas del mundo. Marcial Maciel, un terrorífico personaje que murió hace 2 años y nunca fue juzgado por sus crímenes, funda la orden en 1946, y se calcula que posee unos 400.000 millones de dólares en paraísos fiscales. A caballo entre México y España, Marcial Maciel construyó un imperio educativo de 200 escuelas privadas y 20 universidades (entre ellas la Francisco de Vitoria), consiguiendo implantar un modelo educativo de evangelización ultraconservadora que, tras 50 años, está muy implantado, sobre todo en México.

 

Y si de influencias de sectas religiosas se trata, no podemos finalizar este artículo sin mencionar al Opus Dei, cuya influencia política y social en nuestro país coexistió con una implantación en medio mundo, particularmente en Europa, América Latina y América del Norte, pero también en muchos países africanos y asiáticos. El miembro de Europa Laica Antonio G. Movellán escribía recientemente un artículo en Contrainformacion donde analizaba el poder de esta secta, que seguimos a continuación. Además de una gran habilidad para infiltrarse en los poderes del Estado, esta secta posee un gran imperio de negocios propios, que van desde colegios y residencias, universidades, escuelas de negocios, hospitales, etc., además de una participación en el accionariado de diversos bancos, medios de comunicación, etc. Fundada por Escrivá de Balaguer, su introducción partió desde los tiempos del franquismo, durante los años 50 y 60, copando diversos puestos de las Administraciones Públicas. El Opus funciona al más puro estilo de organización secreta, y su poder de control e influencia sobre la vida de los miembros es enorme. Varios ministros franquistas eran del Opus, cuyos descendientese llegan hasta la actualidad. Organismos como el CSIC están absolutamente controlados por esta secta. Su ascensión dentro del Vaticano culminó también durante los tiempos de Juan Pablo II, uno de los pontífices más siniestros y perversos que ha conocido la historia.

 

Gómez Movellán relata: “…para el Opus la penetración en la judicatura y la fiscalía ha sido algo de una importancia fundamental, sobre todo en los niveles altos y en puestos decisivos (tribunales supremos, audiencias territoriales superiores, tribunal constitucional) y lo ha sido porque lo ha utilizado para, desde la fiscalía, acusar a sus enemigos y desde los tribunales actuar en favor de los negocios de la secta o sus intereses y eliminar a sus rivales y enemigos y en todo caso como un elemento más de poder de la secta”. Las recientes denuncias por “ofensas a los sentimientos religiosos” hay que entenderlas en esta línea. Por ejemplo, ex Fiscales Generales del Estado, como Jesús Cardenal o Eduardo Torres-Dulce, han pertenecido al Opus. Se sospecha que existen salas completas del Tribunal Supremo controladas por el Opus. Nombres más recientes, como el ex Ministro de Economía Luis de Guindos, o la ex Ministra de Sanidad, Ana Mato, también se sitúan en esta órbita, o los ex Ministros de Defensa Federico Trillo o Pedro Morenés, o el ex Ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz (el que impuso la Medalla de Oro de la Policía a la Virgen del Amor). También era declaradamente del Opus el ex Presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar. También se atribuye al control de las decisiones por parte del Opus Dei la brusca finalización de la carrera de varios jueces, como Baltasar Garzón, Elpidio Silva, o Santiago Vidal. Éste último aseguraba que alrededor de un tercio de la totalidad de los jueces eran del Opus Dei, y según algunas otras estimaciones se quedaba corto. Se atribuye también control mayoritario por parte del Opus a la Asociación Profesional de la Magistratura, la más numerosa y conservadora.

 

Hoy día, el secretismo, la opacidad y el anonimato continúan imperando en la secta, tal como se estableció en los Estatutos fundacionales. Algunos ex miembros han confesado públicamente después la presión permanente y psicológicamente criminal para permanecer en el Opus. El Opus fue objeto de debate en un programa del espacio “La Clave”, de José Luis Balbín, así como referenciado en el cine, en películas como “La trastienda”. Hoy día, la presencia de estas sectas y/o confesiones religiosas es un elemento esencial para mantener sistemas políticos totalmente corruptos, al servicio de los intereses de dichas organizaciones, y no al servicio del bien público y colectivo. Cuando algún miembro de un partido político (sobre todo del ala conservadora y de ultraderecha) proclame que “confía en la justicia”, lo que está queriendo decir es que confía en que la justicia lo protegerá, lo exculpará de sus delitos, gracias a la anacrónica y perversa influencia que estas sectas religiosas extienden sobre la justicia, y el resto de órganos y administraciones del Estado. Cuidado por tanto con la influencia de las confesiones o sectas religiosas en la política, su mezcla puede ser tóxica y nociva, sus actividades aberrantes, y sus decisiones injustas y criminales. Ellas son las responsables de la deriva involucionista y retrógrada de los gobiernos y de sus respectivos países, y el freno fundamental al avance de la libertad, la igualdad y la justicia social. ¿Hasta cuándo lo vamos a seguir permitiendo?

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4 febrero 2019 1 04 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Juanjo Mata

Viñeta: Juanjo Mata

A lo largo de la historia de la vida en la tierra ha habido cinco grandes extinciones masivas, la más reciente hace 65 millones de años, cuando el impacto de un asteroide se llevó por delante al género sauro en un brevísimo lapso de tiempo, junto a otras especies, marcando, así, la conclusión del Cretácico. Ahora, la pregunta es si el Homo sapiens liderará la Sexta Extinción sin la ayuda de cuerpos extraños venidos del espacio exterior

Josep Emili Arias

Hasta tal punto de ignorancia y estupidez llega el capitalismo actual, que pretende de forma arrogante ignorar los límites físicos impuestos por la naturaleza, proponiendo como "receta para la recuperación" de la crisis originada en 2007 un "más de lo mismo", es decir, un regreso a las pautas de crecimiento existentes anteriormente, lo que implica mayor producción de bienes, servicios y productos a gran escala, con más derroche de materias primas y energía, para que se continúe consumiendo, y se "reactive" la economía en su conjunto. Craso error, que significa no haber entendido nada sobre lo que está ocurriendo a nivel ecológico y energético. Y efectivamente, el capitalismo no va a desaparecer en esta crisis (sobre todo porque ahí están los principales voceros para su salvaguarda), por la sencilla razón de que, por lo menos hasta el momento, no se dibuja en el horizonte ningún sistema alternativo con implantación y desarrollo como para hacerle sombra. Es precisamente el reto que tenemos desde abajo, desde el conjunto de la ciudadanía, que ha ir creando las bases y redes de interacción y apoyo populares, para ir cultivando otros modos de producir y de consumir, así como un nuevo imaginario colectivo que abandone los valores capitalistas, y comience a albergar otros valores. Pero esto no significa en modo alguno que el capitalismo vaya a continuar funcionando de forma armónica, como antes, porque como estamos explicando, debe afrontar límites auténticamente infranqueables. Los principales de dichos límites los enumeramos a continuación, basándonos de nuevo en el ensayo de Renán Vega Cantor: 

 

1.- El límite energético, relacionado con el agotamiento del petróleo, el gas y el carbón y cuando no emerge a la vista una alternativa real a esos combustibles fósiles, lo cual indica que la sociedad del automóvil y de las ciudades iluminadas no tiene perspectivas de mantenerse en el largo plazo, aunque de seguro se va extender en los próximos años, con lo cual estaremos sumidos con plena certeza, para usar una metáfora del mismo medio automovilístico, en un coche de alto cilindraje pero sin combustible para andar.

 

2.- El límite científico y tecnológico, que en la práctica supone reconocer el carácter restringido y relativo de cualquier solución basada en los desarrollos de la ciencia y la tecnología como panacea que va a solucionar cualquiera de los problemas creados por la sociedad capitalista, los cuales incluso, en muchos casos, son causados y agravados por los mismos inventos tecnológicos o los descubrimientos científicos, lo que se ejemplifica con el caso del automóvil, considerado hoy, con toda razón, como uno de los peores inventos de todos los tiempos. Abandonemos, por tanto, ese "tecnoutopismo" que nos lleva a creer de forma fanática en que la tecnología va a venir a salvarnos del colapso. 

 

3.- El límite ambiental, que resulta del hecho comprobado que los recursos naturales se encuentran en un momento crítico, en razón del ritmo desenfrenado de explotación a que han sido sometidos en los últimos decenios, junto con la extinción de miles de especies, y aunque esto último no parece preocupar al capitalismo, éste si debe enfrentar la perspectiva poco halagadora de mantener unos irracionales ritmos de producción y consumo que no pueden ser satisfechos ante la disminución real de los recursos materiales que posibilitan la producción. 

 

4.- El límite demográfico, como producto del crecimiento de la población, que se apiña en grandes urbes de miseria, y cuya mayoría soporta deplorables condiciones de vida –mientras recibe mensajes ideológicos y propagandísticos de que las cosas van a mejorar para los exitosos y triunfadores– y que deben luchar por participar en el reparto de un pedazo de la tarta, cada vez más concentrada en pocas manos, hace que tarde o temprano el capitalismo busque la reducción de población y para eso, como está demostrado hasta la saciedad, empezará por eliminar a los más pobres, como se ejemplifica hoy con las epidemias, hambrunas, guerras y otros mecanismos maltusianos de control demográfico.

 

5.- Los límites sociales y laborales, porque con la crisis se acentúan las diferencias de clases, la explotación y diversas formas de opresión que, de seguro, originarán resistencias, rebeliones, revoluciones y estallidos sociales, los cuales no sabremos decir dónde nos conducirán, pero sí podemos decir que estarán presentes ante la confluencia de todas las crisis señaladas en esta exposición.

 

Por tanto, límites energéticos, sociales, laborales, demográficos, científicos y tecnológicos harán imposible continuar por la senda capitalista, que evidentemente, deja de tener sentido si ya no responde a su máxima, que es el crecimiento constante de la producción, del consumo y del beneficio. Por tanto, el concepto de Crisis Civilizatoria, que aglutina y viene definida por todos los límites anteriores, ya no define la puesta en cuestión de algún punto del sistema-mundo actual, sino de todos ellos a la vez, asistiendo a un deterioro incontrolable de las condiciones naturales y sociales de la producción, motivado por la deriva suicida del propio capitalismo, aunque eso no impida que a muy corto plazo algunas fracciones del capital alcancen ganancias extraordinarias, como resultado del acaparamiento, la especulación o la inversión en actividades relacionadas con la propia crisis, tales como la compra de empresas petroleras o de automoción. El capitalismo aprovechará para su beneficio todos los resquicios posibles, aunque ello suponga debilitar aún más la suficiencia del sistema. Pero como estamos describiendo, este carácter integral y universal de la crisis civilizatoria plantea la urgencia de un cambio revolucionario para sustituir al capitalismo, si es que la humanidad pretende tener un futuro sobre la faz de la Tierra. Esto exige la construcción paulatina de otra civilización distinta, que recobre los valores de la justicia, la igualdad, el valor de uso, la solidaridad, la empatía, el cooperativismo, la fraternidad, así como otro tipo de relaciones con la naturaleza, rompiendo con el culto al consumo, al lucro, a la mercancía, al beneficio y al dinero. Esto supone, en primer lugar, reconocer los límites anteriormente señalados: naturales, materiales, energéticos, económicos, tecnológicos, sociales que vuelven imposible un crecimiento ilimitado, rechazando por tanto la idea de la incontenible acumulación de capital. Mientras el ser humano no asuma el fin de esta cultura industrial capitalista, no hay nada que hacer. El colapso ya se encargará de estamparnos en nuestras narices dichos límites, si nosotros no somos capaces de comprenderlos por nosotros mismos. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 febrero 2019 5 01 /02 /febrero /2019 00:00

Las personas deben adquirir derechos sociales por el mero hecho de existir, sin que dichos derechos puedan estar condicionados a la posición que ocupe cada sujeto en el mercado laboral. De ninguna manera se puede aceptar que el trabajo asalariado sea el único camino de acceso a los derechos sociales y al bienestar de las personas, sobre todo en un sistema como el actual cada vez más incapaz de generar empleo en la calidad y cantidad suficiente para todas las personas que desean trabajar de forma remunerada. En una sociedad democrática, integrada por ciudadanos libres, la satisfacción de la existencia material debe estar garantizada como derecho de ciudadanía, sin estar condicionada a disponer o no de un trabajo remunerado ni al cumplimiento de ningún otro requisito que no sea el de residencia. Sin esta garantía de una existencia material garantizada como derecho inalienable, no puede hablarse de una ciudadanía verdaderamente libre

Daniel Raventós y Luis Alonso Echevarría

Desgraciadamente, y como hemos afirmado en alguna entrega anterior, no toda la izquierda abandera la propuesta de la Renta Básica Universal (RBU). Es lamentable, pero es así. No obstante ello no desmerece nuestra propuesta, primero porque estamos convencidos de sus bondades, y segundo, porque ya existen experimentos en la actualidad y en el pasado (los primeros experimentos reales con la RBU datan de los años 70), que nos indican que las experiencias han sido exitosas. Pero en el espectro político de la izquierda de hoy día en nuestro país, tan solo la formación EQUO la defiende claramente en su programa. Pero esto no siempre fue así, y hubo recientemente defensas de otras formaciones, que por cuestiones que no vamos a analizar aquí en la actualidad la desestiman, o directamente no la proponen (o proponen otras ideas parecidas a la RBU, menos potentes e ineficaces que ella). Por ejemplo, Izquierda Unida, antes de sumarse a la propuesta de los PTG (Planes de Trabajo Garantizado, que también hemos comentado en entregas anteriores, y hemos señalado la perfecta compatibilidad de ambas medidas), también la promovió. Para las Elecciones Europeas de 2015, la RBU era una de las propuestas estrella de Podemos, que luego también abandonó (influida quizá por la radicalidad de la propuesta, pero sobre todo por los enfoques económicos de sus ponentes, Juan Torres y Vicenç Navarro, que son contrarios a la misma). Hasta el mismísimo Presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (el famoso CIS), José Félix Tezanos, del PSOE, la defendió antes de que su partido accediese al gobierno. En opinión de Lluís Torrens, economista y miembro de la Red Renta Básica: "Está en el debate, pero luego cuesta mucho proponerla por el miedo al coste de financiación, que implica una subida fuerte de la presión fiscal, sobre todo de las rentas más altas". Es decir, que parece que en el fondo, a lo que se tiene miedo es a hacer que paguen más los ricos. 

 

Y en palabras de David Casassas: "Hay una resistencia electoral, que yo creo que es miope porque la gente necesita entusiasmarse. Entusiasmarse con la idea de hacerse con poder de decisión para construir vidas propias. Además de combatir el programa fascista, tendríamos que poner sobre la mesa cuál es nuestro programa ilusionante. Ellos hablan de reconquista, nosotros podemos hablar también de reconquistar, de reapropiarnos de nuestras vidas y recordar que el capitalismo es un sistema que históricamente, y hoy también, funciona acumulando por desposesión, nos desposee de nuestras vidas". Y existe también un aspecto de la RBU que no hemos comentado, y por el que también creemos que el capitalismo le teme: es el aspecto "comunal" o "comunitario" de la Renta Básica. Porque en efecto, estamos convencidos de que una medida como la RBU, si realmente se hiciera universal, contribuiría no solo a todas las ventajas que ya hemos comentado, sino que también abriría la puerta a la realización e implementación de proyectos comunes, frente al miedo que fomenta el individualismo y la competitividad del capitalismo más agresivo, y frente a la selva diaria de la gente que tiene que trabajar donde sea y como sea para poder vivir. Se fomentarían los trabajos y proyectos comunitarios, en equipo, para la sociedad, a los niveles locales, lo cual también actuaría como una especie de antídoto contra el miedo. Pero sobre todo, por encima de todos los argumentos, la verdadera raíz de una medida como la RBU es eliminar la pobreza, erradicarla de nuestras sociedades, y parece que aún no nos damos cuenta de la envergadura de ello. Miles de manifestaciones diarias de la pobreza nos asaltan y nos estremecen: personas que no pueden comer caliente, que no poseen un hogar, que no disponen de lo esencial, que sufren pobreza energética (otra modalidad de la pobreza de la que nos ocuparemos en su bloque temático correspondiente), que roban, que cometen delitos...porque son pobres. Personas cuya salud mental y emocional se ve afectada porque son pobres, porque sus vidas se han visto truncadas en lo fundamental, porque la precariedad los sume en un verdadero pozo vital...Al decir de Guy Standing, uno de los promotores y expertos mundiales de la RBU, "las sociedades están repletas de suplicantes".

 

Sí, de suplicantes, de suplicantes que han de vivir con el permiso de otros, de otros que les presten dinero, de otros que les ofrezcan trabajo, unas veces oficial y otras veces sumergido, suplicantes que no pueden vivir dignamente, durante un día, una semana, un mes, un año...varios años. Nuestras sociedades se asientan en legiones sorprendentes de personas que suplican, suplican un nivel mínimo de bienestar y de tranquilidad, necesitan un mínimo de seguridad, y no lo poseen. Personas que suplican un empleo, una prestación, una ayuda. Personas que suplican alimentos a una ONG, ayuda a una organización de caridad, ayuda a sus parroquias, etc. Y personas que suplican que, en caso de que se interrumpa su relación laboral, las instituciones políticas tengan a bien no dejarlos en la indigencia. Suplican que sus prestaciones no se acaben, que puedan seguir viviendo, que puedan sobrevivir...muchos hasta el siguiente mes, hasta el siguiente semestre, hasta el siguiente año. Personas que negocian directamente con sus bancos, diciéndole abiertamente que no pueden pagar las hipotecas de sus casas, o los alquileres de sus pisos, o los colegios de sus hijos/as, o que ya no pueden salir a comer fuera, o a disfrutar de un día de esparcimiento. Personas que suplican que sus condiciones y requisitos cumplan con los que la Administración les impone. Frente a este mundo de la indigencia, de la súplica, del desconcierto, de la necesidad, de la imperiosa necesidad, de la dignidad no restablecida, se precisa el gesto, la medida, la forma de tratar de crear mecanismos e instrumentos que restablezcan este maltrato institucional. Debemos emanciparnos de los que controlan actualmente la riqueza, de los que la tutelan, de los que nos hacen depender de ellos/as, y liberarnos de su dogal para no tener que pedirles permiso para satisfacer las condiciones materiales de la existencia de una gran mayoría social. El mundo moderno, dominado por un capitalismo brutal y agonizante, se caracteriza por la existencia de vastos procesos de expropiación de las bases materiales para la existencia libre del grueso de la población. Y así, la RBU no podrá derribar los inmensos pilares donde se asienta el capitalismo, pero sí al menos paliará todas estas injusticias, provocando que millones de seres humanos recuperen su dignidad, su independencia y su libertad material. 

 

Podemos expresarlo de esta forma: la RBU introducirá una herida en el capitalismo, una fisura, fisura a través de la cual podamos ir reapropiándonos de parcelas vitales de nuestra vida, y liberándonos de la presión del sistema-mundo capitalista. Pero la liberación que la RBU nos proporciona es también del trabajo, pero entendámoslo bien: la Renta Básica no solo no desincentiva la búsqueda de un empleo, sino que permite la externalización de nuestros talentos, habilidades y capacidades, los cuales quedan hoy sepultados por la necesidad de cazar al vuelo lo que surgiera (cualquier trabajo, cualquier opción, cualquier condición...), lo que podamos encontrar (es decir, lo que podamos suplicar, lo que podamos pedir sumisamente) en los actuales y depredadores mercados de trabajo capitalistas, o la prestación condicionada ante la ventanilla de cualquier Administración. Sólo la mera instalación de una renta universal cambiaría todo el fondo de las relaciones laborales, y eso se notaría radicalmente. Y no porque la gente dejara de trabajar, pero sí en la libertad que concede el poder disfrutar de un colchón a partir del cual relanzar libremente nuestra vida. Porque la RBU implica poder de negociación, y poder de negociación supone mayores niveles de libertad efectiva para el conjunto de la población. La reversión de la arquitectura de la desigualdad laboral es perfectamente posible tan sólo con una medida como la RBU. Pero los poderosos intereses de los ricos, de las grandes fortunas y de las grandes corporaciones, es decir, de los grandes agentes económicos, son tan potentes en este capitalismo neoliberal que aducen todo un corolario de falsos argumentos para que la medida sea invalidada, incluso antes de ser probada socialmente. Los voceros de la derecha demonizan la renta básica porque es contraria a sus intereses y a su filosofía política, que legitima la pobreza de muchos, y la desigualdad social. Su visión estrecha y egoísta les legitima que tengan que existir los ricos y poderosos, precisamente a costa de millones de personas que viven "con su permiso". Hasta ahora, no hemos tenido ni una sola formación política en nuestro país que defienda la medida honradamente, pero también valiente y decididamente, a capa y espada, y que desmonte todos los argumentos que los poderosos vierten sobre ella. 

 

Conceptos como "reparto" y "redistribución" causan auténticas úlceras en los estómagos de los ricos y poderosos, y sus úlceras son también más poderosas que las nuestras. Garantizar la pobreza cero en una sociedad es algo muy peligroso para las empresas y las grandes fortunas, porque supone claramente una amenaza y un desafío a su poder, al integrar a todo el mundo bajo raseros que no les hagan depender de este cruel sistema. Y los amenaza porque bajo el modelo de RBU que proponemos, el 80% de la población ganaría, mientras que el 20% más rico perdería. Y ante este hecho, toda una conquista social verdaderamente histórica, levantan toda su artillería argumental, que además posee más fuerza que la nuestra, supuesto que poseen grandes cadenas de medios de comunicación, think tanks, fundaciones, etc., y legiones de "periodistas" y "pensadores" (ahora también tertulianos) a su servicio, para difundir sus perversos argumentos a cuanta más audiencia, mejor. Quien más ganaría con nuestro modelo de RBU sería quien no tiene nada (como millones de personas hoy día), los que tienen poco ganarían algo menos, y los que perderían serían los más ricos y poderosos. Con la RBU seguirán existiendo tipos como Amancio Ortega, George Soros, Carlos Slim, Jeff Bezos y compañía, es decir, los grandes ricos, pero ahora no tanto a costa de esos pobres desamparados por la sociedad, que no poseen ni lo más mínimo para sobrevivir. Existiría un gran proceso de redistribución desde los sectores más ricos hacia los más pobres, de forma justa y proporcional, para acabar con el tremendo drama humanitario que la pobreza social conlleva. Concretamente, los estudios de la Red Renta Básica han estimado que el Índice Gini, aplicando nuestro modelo de RBU, disminuiría más de 11 puntos, situándose en torno al 0,25, lo que constituye un nivel muy similar al que actualmente poseen los países escandinavos, que son los más avanzados del mundo en estos asuntos. Y para los que afirman que aún así financiar la RBU supone "mucho dinero" (en porcentaje del PIB), les diremos que la cantidad estimada de fondos en paraísos fiscales del Reino de España se eleva a casi 140.000 millones de euros. A tenor de esto...¿Realmente nos hacemos una idea de lo que decimos cuando afirmamos que financiar la renta básica es algo "muy caro"? Debemos reflexionar con un poco más de calma, evitar las palabras gruesas, sobre todo si no disponemos de todos los datos, y no solo aisladamente, sino en forma comparada con lo que suponen otros gastos de los PGE (por no hablar de los gastos derivados del mantenimiento de otras instituciones, como la Casa Real, la Iglesia Católica, los Planes de Armamento...). Continuaremos en siguientes entregas.

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31 enero 2019 4 31 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Kalvellido

Viñeta: Kalvellido

Gran parte de los problemas de la humanidad se debe a que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes llenos de dudas

Bertrand Russell

Desarrollan un discurso político retrógrado que mezcla tintes populistas y ultraderechistas con una férrea posición económica de carácter liberal. Con sus variantes, este tipo de movimiento son denominados como nacionalpopulistas. En el caso de VOX se trata simplemente de un partido de ultraderecha de raíces franquistas. Cuando alguien te diga que eso del franquismo sociológico es mentira, antes de contestar, piensa que VOX no sería posible sin su existencia y lo explicarás perfectamente

Fran Delgado

Son los trogloditas del siglo XXI. Siempre los hubo en la historia de la humanidad. Gente que se resiste a los avances sociales, al progreso del pensamiento humano, que reniegan de los ideales de justicia social y de igualdad, que buscan la involución de las sociedades, y que cultivan los peores valores del género humano. Gente que desprecia a los demás (sobre todo a los que no piensan como ellos/as), gente excluyente, gente inculta e ignorante, por muchos títulos académicos que puedan haber obtenido. Gente que dice adorar más a un trapo de colores llamado bandera, que a la verdad y a la justicia. Mentes atrasadas y aberrantes que distorsionan la historia para verse a ellos/as mismos/as como héroes y “descubridores” de otras naciones. Gente oscura, simple y ramplona, gente a las que se les da voz en un Parlamento para que renieguen de todo lo que hay construido, gente que sigue representando lo peor de nuestro pasado. Y como todos los trogloditas, están orgullosos de serlo. Se creen fuente de pensamiento, y sólo son charco de putrefacción.

 

Básicamente, se han aprovechado de que en nuestro país no se han aplicado de una puñetera vez medidas auténticas para acabar con el franquismo político, sociológico y mediático, que hasta ahora resistía bajo una capa de “corrección” política, es decir, escondiéndose tras las proclamas “democráticas” del PP. Las formaciones políticas que representan a estos trogloditas a los cuales se les ha dado voz deberían estar ilegalizadas hace tiempo, porque sólo la más mínima apología del fascismo (y del franquismo, por tanto) debería constituir delito. Pero lejos de ello, esta ala más extrema del PP (fundada como Alianza Popular por ex Ministros franquistas, no lo olvidemos) ha adquirido ahora identidad propia, y han decidido hacerse “políticamente incorrectos” (ellos/as lo llaman “extremo sentido común”, Francisco Serrano dixit). No tienen miedo a expresar a las claras lo que piensan y lo que sienten, y ambas cosas dan miedo. Preconizan una vuelta a nuestro pasado más oscuro, aquél que “nos salvó del comunismo”, y que recogía una moral pública y privada nacionalcatólica absolutamente aberrante.

 

Son gente que propone salvajadas como la derogación de las leyes de “ideología de género” (porque dicen que ellos/as están en contra de “todas las violencias”), la anulación del matrimonio para personas del mismo sexo (porque para ellos/as el matrimonio sólo es “la unión de un hombre y una mujer”, les faltaría añadir de un hombre con pene y de una mujer con vulva, como decían sus amigos de HazteOír), la supresión de organismos feministas “radicales subvencionados” (pero en cambio no dicen nada de fundaciones fascistas como la Nacional Francisco Franco), la expulsión de todos los inmigrantes sin papeles (pero tampoco dicen nada sobre acabar con las guerras y los expolios de sus países por nuestra parte), la eliminación de las autonomías (desde el “constitucionalismo” más riguroso), la ilegalización de partidos independentistas (pero no de los fascistas como ellos/as), el levantamiento de sendos muros en Ceuta y Melilla (al estilo de Trump en la frontera mexicana), o el cierre de mezquitas “fundamentalistas” (pero en cambio no dicen nada de los colegios del Opus Dei), etc. Como decimos, auténticos trogloditas han alcanzado voz en un Parlamento autonómico. 

 

Son gente que abomina de los nuevos modelos de familia, y sólo entienden “su” familia tradicional, con un desprecio absoluto a los colectivos LGTBI. Y al igual que sólo ven familias, en el país sólo ven “españoles”, que para ellos son los únicos que cuentan. En realidad, los que cuentan son los “españoles ricos”, porque el desprecio que les provocan los pobres es evidente: toda su política económica no es más que una continuación eufórica de su marco neoliberal, proclive a aumentar las desigualdades sociales, la pobreza, la miseria y la exclusión de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Estos trogloditas niegan el machismo y el sexismo, ni por supuesto saben lo que es el patriarcado. Y como tales machitos recalcitrantes, niegan la violencia de género y la discriminación de la mujer. Y como seres absolutamente anacrónicos, como sacados de un daguerrotipo, sólo defienden a capa y espada “la raza, la cultura y las tradiciones”, aunque estas tradiciones sean tan aberrantes como pegarle un tiro a un conejo, o ponerle 20 banderillas a un toro en una plaza.

 

Son los mismos trogloditas que dicen que quieren “reconquistar” España y Europa, para liberarla del “marxismo cultural” que nos invade, según ellos, lo que recuerda a nuestro fanático dictador cuando hablaba del “contubernio” contra el que había que luchar. Roberto Savio lo ha explicado muy bien en su artículo “Un nuevo fantasma atormenta Europa”, cuando ha afirmado:Esto es lo que propició la explosión de Vox en España, por parte de quienes creen que la vida en la época de Franco era más fácil y barata, que no había corrupción, que las mujeres se quedaban en su lugar y que España era un país unido, sin los separatistas de Cataluña y el País Vasco. Corresponde a lo que Jair Bolsonaro está explotando en Brasil, presentando a la dictadura militar como una etapa en que la violencia era limitada. Nuestro futuro es el pasado…”. Estos trogloditas son gente que, debido a su incapacidad para el análisis de los problemas, intentan difundir una propuesta simplista y descabellada para su solución. Y además, poseen una capacidad desbordante para situar el foco de los problemas donde no corresponde. Basándose en una mezcla de noticias falsas (hoy día con una capacidad de difusión tremenda a través de las redes sociales), burda demagogia, falacias absurdas y falsos dilemas, y volviendo a tirar de tópicos anacrónicos (como el patriotismo), han construido un marco conceptual que ponen en cuestión (como en una regresión al pasado) los elementos, conquistas y valores alcanzados por nuestra aún incipiente, imperfecta y débil democracia.

 

Porque en efecto, para ellos los principales males de nuestro tiempo, a juzgar por su demencial y abominable discurso, son el feminismo, la inmigración y el independentismo. Es decir, que los graves problemas que tiene nuestro país (desigualdad, cambio climático, deuda pública, superación del franquismo, desempleo, precariedad, pobreza, miseria, modelo educativo, modelo fiscal, modelo turístico, corrupción institucional, modelo judicial, modelo energético, deficientes servicios públicos, igualdad entre hombres y mujeres, violencia de género, y un largo etc.), se arreglan, según ellos, recortando derechos, libertades y poderes a las mujeres, echando a los inmigrantes de nuestro país, y atacando sin piedad a los independentistas catalanes. Para poner la guinda a este vomitivo pastel que los trogloditas del siglo XXI nos ofrecen, hemos sabido en estos días que han sido financiados por un grupo iraní en el exilio, que hasta 2012 estuvo incluido en la lista oficial de organizaciones terroristas. Es la pieza final que faltaba para completar el puzle. Un puzle retrógrado, reaccionario, indecente, absurdo, inútil, ignorante, regresivo, machista, misógino, homófobo, involucionista, racista, imperialista y capitalista hasta la médula…¿Alguien da más?

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30 enero 2019 3 30 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Tomas

Viñeta: Tomas

El 9 de noviembre de 1989 caía uno de los muros más emblemáticos del mundo: el que separaba el Berlín de la República Democrática Alemana del de la República Federal Alemana, el mayor símbolo de la división del mundo entre los ejes capitaneados por EE UU y la URSS. Casi tres décadas después del fin de la amenaza de la guerra fría, Europa ha levantado cerca de 1.000 kilómetros de muros, seis veces el tamaño del de Berlín, contra una supuesta amenaza que no porta AK-47 y no tiene ni cazas MIG, ni armas nucleares

Redacción de El Salto Diario

En la entrega anterior expusimos algunos casos bien conocidos sobre la externalización de las fronteras europeas, y sus terribles consecuencias. Países que controlan por voz de la UE a los migrantes, a cambio de recibir dinero público de todos los europeos, y de que sometan a las personas a férreos controles violatorios de los más elementales derechos. Todos los casos que hemos expuesto revelan que la política de interacción de la UE con su región vecina se ha vuelto obsesiva con el control migratorio, a pesar de los costes para los países o para las personas desplazadas por la fuerza. Es un concepto de seguridad limitado y, en última instancia, contraproducente, ya que no aborda las causas de raíz que obligan a la gente a migrar: los conflictos, la violencia, el subdesarrollo económico y la incapacidad de los Estados para gestionar debidamente estas situaciones. Si, en vez de ello, se refuerzan la tecnología, los impedimentos y los cuerpos militares que los controlan, es probable que se agrave la represión, se limite la rendición de cuentas democrática y se aviven conflictos que empujarán a más personas a huir de sus hogares. Hay que cambiar el rumbo de esta nefasta y caótica política de fronteras. En lugar de ella, en lugar de traspasar esa responsabilidad errática a terceros países, en lugar de hacerles la vida imposible a los migrantes, en lugar de dar cabida a las mafias, en lugar de cerrarles rutas seguras y obligarles a rutas peligrosas, deberíamos externalizar la solidaridad real y el respeto por los derechos humanos. Jamás los migrantes fueron una amenaza. Siempre han supuesto riqueza e interculturalidad en todas las sociedades donde se han asentado. La clave puede ser respondernos a la pregunta: ¿Por qué viene esta gente? ¿Por qué se juegan la vida? ¿Por qué abandonan sus países de origen por alcanzar el "sueño europeo"? Quizá ahí encontremos la respuesta a lo que ocurre, y así poder diseñar la estrategia correcta. El problema es que aún viéndolo, son tantos los intereses cruzados que se dan cita en el mapa de interrelaciones que hemos diseñado, que simplemente no les conviene hacerlo a nuestros indignos gobernantes. 

 

Desde nuestra perspectiva occidental, cada vez que mueren personas intentando surcar el Mar Mediterráneo hasta alcanzar sus destinos, nos preguntamos por qué lo hacen, por qué arriesgan sus vidas de esa manera tan suicida. Simplemente lo hacen porque no ven otra alternativa. Es más: cuando sus familias se enteran de que han muerto, los padres no tardan en pedir a sus otros hijos que retomen el testigo, que sean ellos los que lo intenten, que vuelvan a repetir la misma peligrosa travesía, aún a sabiendas de cómo puede terminar ese nuevo intento. Pero para ellos/as no existe otra alternativa. Los hemos condenado en sus países de origen a un destino tan cruel, que la salvación pasa por alcanzar su sueño, ese "sueño europeo" al que aspiran. Saben que cuando lo consigan, si es que lo consiguen, eso significará la supervivencia de la familia. Y aunque son tremendamente religiosos y confían en el "destino" que su Dios les tenga preparado, nosotros sabemos que no tiene nada que ver con su Dios, sino con el cruel e inhumano sistema que Occidente ha preparado para ellos/as. Por ejemplo, unos 50 euros mensuales que un joven africano pueda enviar a su familia en un país como Gambia, les da para que coma su familia durante todo ese período. Pero hasta poder alcanzar ese sueño, han de superar mil desafíos, a cada cual más insufrible. En caso de que hayan alcanzado las costas españolas, primero asistirán a un desembarco y recepción de lo más inhumano. Ya lo hemos descrito en entregas anteriores, ayudados del fantástico reportaje de Patricia Simón. Pero después, dependiendo del lugar en el que desembarquen, del abogado de oficio que les corresponda, del juzgado de instrucción de turno que reciba las órdenes de internamiento en los CIE correspondientes, o del nivel de ocupación en estos centros, las personas recién llegadas tendrán o no posibilidad de solicitar asilo, o acceso a una asistencia letrada especializada en Extranjería, según documentan fuentes de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). 

 

Según estas fuentes, un abogado para cada 12 personas, entrevistas colectivas que impiden una asistencia letrada con garantías, menores encerrados en calabozos, envíos sistemáticos a los CIE o falta de información sobre la posibilidad de pedir asilo son algunas de las consecuencias de la falta de medios y de respuesta coordinada ante el fuerte incremento de las llegadas en patera a las costas españolas durante 2017, que triplicaron la cifra en comparación con el año anterior, según este artículo de Gabriela Sánchez para eldiario.es. Ante este nivel de llegadas, y si pretendemos hacer las cosas bien, las ONG's proponen reforzar los mecanismos de coordinación entre los técnicos de los diversos Ministerios implicados, de tal manera que se pueda reconocer de forma rápida y eficaz a potenciales refugiados, menores o víctimas de trata, para ser derivados a los centros y autoridades especializadas en cada caso, y así conseguir mejorar la asistencia, y las posibilidades de integración de los migrantes en nuestro país. Sólo la completa coordinación efectiva de los organismos e instituciones implicados, podrá garantizar un recibimiento y derivación correctas y garantistas de todas estas personas. El traspaso inmediato a calabozos (pues según la Ley de Extranjería deben estar a disposición policial un máximo de 72 horas para proceder a su identificación) es otro punto que debiera ser acondicionado (o alterado), no solo por las propias instalaciones en sí, sino porque no disponen de acceso a un teléfono o cargador mediante el cual comunicar su llegada a sus familiares. Algunos de estos calabozos no cumplen con las mínimas condiciones de salubridad, e incluso poseen colchones en el suelo, o los típicos barrotes de las cárceles. La Policía Nacional, según la ley, es la encargada de proceder al expediente administrativo con el objeto de devolverlos a su país de origen, salvo los que hayan solicitado asilo. Pero según denuncia CEAR, el expediente de expulsión suele abrirse con anterioridad a que conozcan su posibilidad de solicitar asilo. Este protocolo debería cambiarse, garantizando que los abogados puedan reunirse con ellos para informarles de todos sus derechos, antes de proceder a su custodia por parte de la Policía Nacional. 

 

Y siempre según este protocolo vigente, tras haber llevado a cabo la identificación y el expediente de expulsión, en la mayor parte de los casos son puestos a disposición judicial para que se autorice su internamiento en un CIE durante un tiempo máximo de 60 días para su deportación. Es decir, que en el mejor de los casos, estas personas son conducidas a verdaderas cárceles durante algunos días, sin haber cometido ningún delito, a expensas de que en cualquier momento los Cuerpos de Seguridad les notifiquen su expulsión inmediata. Mientras, la reclusión en el CIE correspondiente se convierte en el siguiente calvario en su periplo vital. Pero según el Instituto de Derechos Humanos de Iridia, el hecho de que pasen a disposición judicial o no depende de la disponibilidad de plazas que haya en los CIE o de otras circunstancias personales, que conducen a que no se solicite el internamiento, con lo cual las personas quedan (de momento) en libertad. Como estamos comprobando, se trata de un protocolo inhumano, ineficaz y arbitrario, indigno para el recibimiento de estas personas, cuyo único delito es ser pobres. Otro aspecto descuidado del protocolo tiene lugar cuando las embarcaciones sufren tragedias en el mar, porque son dramas humanos que han de tratarse como cualquier otro. En este sentido, se echa en falta la asistencia psicológica y sanitaria imprescindible para los afectados/as. La ONG Caminando Fronteras lleva años solicitando la aplicación del "Protocolo Nacional de Actuación Médico-forense y de Policía Científica en sucesos con víctimas múltiples", que aunque suele aplicarse para coordinar la actuación de las diferentes instituciones implicadas en la respuesta ante tragedias múltiples, no se aplica en el caso (tan frecuente) de naufragios migratorios. Estas normas básicas se aplican en accidentes de tren, de avión, en atentados terroristas (son protocolos para la identificación de víctimas, comunicación a familiares, etc.), pero que incomprensiblemente no se aplican a estos casos. 

 

En esta página del diario.es se publicó un extracto del libro "¿Qué hacemos con las fronteras?", libro colectivo de Gema Fernández Rodríguez de Liévana, Pablo Sainz Rodríguez, Eduardo Romero, Raquel Celis y Leire Lasa. Vamos a destacar lo fundamental de la reseña publicada. Comienza con un titular muy significativo: Las personas no se van porque haya violencia, sino que hay violencia para que se vayan. Porque en este asunto...¿Quién fue primero, la gallina o el huevo? Hemos afirmado infinidad de veces que los migrantes se mueven porque sus condiciones de vida son penosas, pero...¿y si se trata exactamente de eso? Al capitalismo le interesa vaciar unos territorios y sobrepoblar otros, únicamente en función de su beneficio. Los habitantes de los territorios expoliados sufren lo que David Harvey (geógrafo marxista británico) ha denominado "acumulación por desposesión", es decir, un despojo en toda regla, controlado bajo el fin capitalista de extraer los recursos naturales y estratégicos, a costa de provocar la expulsión masiva de la población. El análisis del hecho migratorio suele hacerse desde puntos de vista muy simplistas, sin tener en cuenta el origen y los motivos primigenios que determinan esa desposesión. Población rural de todo el mundo abandona en masa su territorio, y su desplazamiento tiene que ver con motivos recurrentes. Generalmente estas poblaciones (al contrario que los turistas) no practican la libertad de movimiento. Despojados de su derecho a la inmovilidad, son forzadas a engrosar las estadísticas de las migraciones internas e internacionales. Estadísticas de 9 dígitos, pues las estimaciones respecto a las personas desplazadas directa o indirectamente por la crisis ambiental, son de cientos de millones. Incluso cuando se trata de catástrofes naturales, la mano del capitalismo llega después. Porque a veces, las comunidades huyen voluntariamente de catástrofes ambientales inesperadas, incontrolables, súbitas (un terremoto, un tsunami...), pero es menos conocida la historia que llega después. Cito textualmente a los autores: "...cómo la reconstrucción posterior se convierte en terapia de choque, liderada por las instituciones financieras internacionales, para expulsar definitivamente de la costa y de las playas a las comunidades que vivían de la pesca, e instalar en su lugar lujosos complejos turísticos en los que ya no huele a pescado sino a desodorante. Naomi Klain relata la ejecución de esta doctrina del shock en países como Sri Lanka. El plan consistía en que millones de personas abandonasen definitivamente sus pueblos para que los ecoturistas disfrutaran de la fauna salvaje, de las exóticas mujeres hindúes y de los templos y lugares sagrados. Enfocadas por las cámaras televisivas en el momento de la llegada de la ayuda de emergencia internacional, las comunidades autóctonas pronto supieron lo que significaba vivir en campos de refugiados, cada vez menos temporales y cada vez más militarizados". Continuaremos en siguientes entregas.

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29 enero 2019 2 29 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

Los gringos no tienen amigos ni conocen lealtad a nadie. Los gringos tienen intereses y las agallas y las ambiciones... por el petróleo venezolano, por el gas venezolano, por el oro venezolano

Nicolás Maduro Moro

Maduro no es solo el único presidente legítimo de Venezuela, elegido en comicios democráticos y transparentes, certificados por el mismo ente electoral que reconoció en 2015 la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias. Es, además, junto a la dirección político-militar de la Revolución, un paciente, laborioso e inquebrantable luchador por la paz. Con grandes esfuerzos y buena voluntad, ha agotado cuantas oportunidades han estado a su alcance por mantener la paz, la estabilidad y la institucionalidad democrática de la república y cuando no han existido esas oportunidades, ha tratado de crearlas. Esto, en circunstancias de acoso, cerco, guerra económica, diplomática y mediática de Washington, sus lacayos y aliados. Maduro hizo lo posible y lo imposible, en reiteradas ocasiones, por conducir a una salida airosa para ambas partes, el diálogo con la oposición

Ángel Guerra Cabrera

¿Qué has hecho, Venezuela, para vivir hostigada desde que Hugo Chávez tomó el poder en 1999, justo ahora hace 20 años? Dos décadas de hostigamiento capitalista, por tierra, mar y aire, difundiendo “fake news” (como tanto le gusta decir al perverso e indecente magnate devenido en Presidente estadounidense), difamando, promoviendo revueltas populares, cercando su economía, imponiendo brutales sanciones, desabasteciendo de productos sus grandes almacenes, promoviendo los éxodos de población, las guarimbas, los asesinatos, las injurias, las maldades y las mentiras sobre el legítimo gobierno de Venezuela. Dos décadas de continuas elecciones donde siempre resultaba ganador el chavismo (con o sin Chávez), pero ante las cuales recurrían a la mentira, para alegar que no eran “elecciones libres”, sólo porque no ganaban sus vasallos de la derecha. Y así continúan. Venezuela lleva dos décadas de ataques implacables del Imperio, pero aún resiste. Y es que la obsesión estadounidense por derrocar el chavismo es ya patológica, y además, en el fondo, tras burdas proclamas a la libertad y a la democracia, lo único que les mueve es apropiarse de sus enormes recursos naturales, especialmente del petróleo venezolano. El bienestar de los habitantes de Venezuela les trae absolutamente sin cuidado.

 

La secuencia de los últimos días ha sido vertiginosa, continua, incesante: en primer lugar, varios militares indignos se rebelaron y llamaron a la población a salir a las calles y a seguirlos (enseguida fueron detenidos por las fuerzas policiales), a continuación desde Estados Unidos también llamó a la rebelión el Vicepresidente Mike Pence, en un ridículo intento de pronunciar parte de su discurso en español (mientras los latinos en su país siguen discriminados y tratados como criminales), y llamando “dictador” a Nicolás Maduro, entre otras lindezas. Y por último, asistimos con vergüenza ajena a la ridícula autoproclamación de Juan Guaidó (el joven Presidente de la Asamblea Nacional) como Presidente “interino” de Venezuela, cuyo absurdo juramento en plena calle ha sido reconocido ya por varios países del ala conservadora y neoliberal mundial, y por supuesto por Estados Unidos en primer lugar. Este personaje, aunque no haya sacado los fusiles y los tanques a la calle, es simplemente un golpista. Para tener una idea clara de dónde hay que posicionarse, sólo hay que contemplar las amistades que se han situado a un lado y otro: legitimando a Juan Guaidó, tenemos a Estados Unidos, Canadá, la UE (aunque no oficialmente aún), y la mayoría de países de América Latina, (en nuestro país tenemos a la triple derecha PP+C’s+VOX, más los dinosaurios Felipe González y José María Aznar), y alineándose con Nicolás Maduro para defender la legitimidad del gobierno bolivariano tenemos entre otros a Cuba, México, Bolivia, Rusia, China, Turquía, o Nicaragua (y en nuestro país a Unidos Podemos, ya que el PSOE siempre se muestra ambiguo en estos temas, incluyendo al ex Presidente Zapatero).

 

Hasta ahora, la cúpula de las Fuerzas Armadas se ha alineado sin fisuras con el Presidente Maduro, pero no han podido evitar las algaradas callejeras, que en el momento de redactar este artículo, se han cobrado la vida de 16 personas, y numerosos heridos. Es posible que este ambiente caldeado en las calles aumente durante los próximos días, para presionar aún más al Gobierno bolivariano. Nicolás Maduro ha roto todas las relaciones con Estados Unidos, y ha dado un plazo de 72 horas a todos sus representantes diplomáticos para que abandonen el país, aunque Donald Trump ya les ha arengado para que se queden en el país, argumentando que el Presidente Maduro ya no posee autoridad para dar ninguna orden. Los que se quedan en la ambigüedad han declarado que quieren que se celebren “elecciones libres”, un argumento que tiene bastante gracia, teniendo en cuenta que Venezuela lleva celebrando elecciones libres durante los últimos 20 años (es decir, durante todo el chavismo), consideradas además por todos los observadores internaciones y organismos como de las más garantistas del mundo. Está claro que los que alegan esto lo que quieren decir es que, para ellos/as, “elecciones libres” quiere decir que ganen los candidatos de la derecha. En cualquier otro caso, no serán libres.

 

Las intenciones de los partidos de la derecha venezolana están claras: diseñar (como acaba de hacer Brasil, por ejemplo) un Gobierno títere de Washington, seguidista y servil a todas sus políticas, y sobre todo, entreguista de los recursos naturales y del petróleo venezolano a las arcas públicas norteamericanas. Como ha dicho Pablo Iglesias en un tuit: “A Donald Trump le interesa más el petróleo que los derechos humanos”. Pero los medios de comunicación dominantes ya han comenzado a enviar sus perversos mensajes, para seguir colonizando las mentes en todo el mundo, y ponerlas a favor del nuevo presidente fantasma. Sin ir más lejos, el mensaje del Vicepresidente Mike Pence el martes pasado, enviado en video a los venezolanos para alentar a quienes protestan contra Maduro, se difundió a través de 2.751 poderosos medios de comunicación de todo el mundo, todos ellos bajo la coordinación de expertos de la OEA (Organización de Estados Americanos, dirigidos por Luis Almagro), y de la ONG estadounidense Human Rigths Watch. La intención de todos estos indecentes gobernantes y de todos estos corruptos medios, como llevan haciendo durante años sin descanso, es crear en Venezuela un estado de descomposición social tan profundo que conduzca sin remedio a una intervención extranjera bajo el pretexto de la “intervención humanitaria”.

 

Hasta ahora, el Pentágono se ha conformado con el descrédito fomentado hacia el gobierno bolivariano, las salvajes movilizaciones sociales, y el sabotaje y desabastecimiento de miles de supermercados y grandes almacenes, para crear un ambiente social irrespirable, donde las personas tengan que huir del país porque no pueden vivir dentro. Es la fase de deslegitimación, pero le ha salido el tiro por la culata, porque el pueblo siempre ha mostrado, en cada uno de los comicios celebrados, su apoyo al chavismo. En vista de lo cual, ha endurecido la campaña (ya Barack Obama declaró a Venezuela “amenaza a la Seguridad Nacional” de los Estados Unidos), pasando a la etapa del asedio internacional, de las sanciones y de los intentos de bloqueo a su economía. Como están desesperados porque esta campaña, más hostil aún que la primera, tampoco consigue arrebatar el poder a Maduro, sólo les quedaría la tercera fase, la más peligrosa, la de la intervención directa, por medio de las Fuerzas Armadas, con la ayuda de mercenarios, y las fuerzas de países vecinos, como Colombia o Brasil. Esperemos que esta fase no llegue nunca, pero los ánimos están más caldeados que en cualquier momento anterior. A Estados Unidos y a toda la derecha local y mundial le hubiera gustado que la rebelión se hubiese forjado desde las propias Fuerzas Armadas venezolanas, pero se han dado con un canto en los dientes, precisamente porque la democratización del Ejército fue una de las primeras tareas que el Presidente Hugo Chávez llevó a cabo en su país, para asegurarse que esa “unidad cívico-militar” (como él la llamaba), no defraudara nunca, y jamás abandonara la voluntad popular, situándose siempre en la defensa de la voluntad del pueblo venezolano. Ya podrían aprender otros países de esta hazaña y éxito chavista.

 

Para aquéllos que afirman y repiten como un papagayo que Maduro es un “dictador”, un “usurpador” del poder, etc., aquí tenemos la réplica de Pascualina Curcio, que explica perfectamente y con detalle la validez, legalidad y legitimidad del último proceso electoral de mayo de 2018. Los lacayos seguidores del imperialismo yanki no se van a dar por vencidos, pero ante la barbarie del Imperio, sólo la dignidad y la determinación de todo un pueblo, podrán vencer. La voz del neoliberalismo continuará intentando destruir la Revolución Bolivariana (como tantas veces intentó hacerlo con la Revolución Cubana), pero hasta ahora, Goliat no ha podido vencer a David. La ultraderecha y el neofascismo, representados por el eje Madrid-Bogotá-Miami, junto al llamado Grupo de Lima, no han podido hasta ahora con la voz del pueblo venezolano que se abraza a la Revolución que liderara primero Chávez y ahora Maduro, dos valientes líderes, que han sabido mantener a raya todos los intentos de destrucción de su proyecto para una Venezuela libre, soberana, justa y digna. Los perros de Washington y sus falderos no buscan la paz ni la democracia, sino el enfrentamiento de la propia sociedad venezolana, para así poder destruir lo que tanto costó construir: la independencia de Venezuela frente a los designios del Imperio.

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28 enero 2019 1 28 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Martirena

Viñeta: Martirena

Es necesaria y urgente una potente movilización global de los movimientos ambientalistas, sindicales, campesinos, feministas e indígenas. Ya no es suficiente indignarse y hacer presión sobre quienes deciden. Hay que rebelarse, construir convergencias de luchas, salir a la calle por millones o decenas de millones, bloquear las inversiones fósiles, los acaparamientos de tierras y el militarismo

Daniel Tanuro

En las anteriores entregas hemos descrito (basándonos en este magnífico artículo de Renán Vega Cantor) diversos ámbitos de lo que hemos denominado Crisis Civilizatoria (alimentaria, hídrica, energética...), y todas ellas convergen en la crisis ambiental, es decir, aquélla que destruye las condiciones de producción y de vida. Son numerosos los componentes de la degradación medioambiental que hoy soportamos, en la que deben incluirse la destrucción de las fuentes de agua, la desaparición de tierras y suelos fértiles para la agricultura, el arrasamiento de selvas y bosques, la reducción de recursos pesqueros, la disminución de la biodiversidad, la extinción de especies animales y vegetales, la generalización de distintos tipos de contaminación, la reducción de la capa de ozono y la destrucción de ecosistemas necesarios para la vida. Todos ellos juntos inhabilitan la continuidad de la especie humana sobre la Tierra, y tienen en común haberse originado bajo la lógica depredadora del capitalismo, con su concepción arrogante y salvaje de mercantilizar todo lo existente y de dominar a su antojo la naturaleza. El capitalismo considera a la propia naturaleza y al resto de especies animales y vegetales como objetos para su libre explotación, sin derechos, pretendiendo eludir los límites naturales, las leyes físicas de la naturaleza, y el más mínimo sentido común. Y así, la expansión mundial del capitalismo ha transformado profundamente los paisajes del planeta, dando por sentado que dicha destrucción no generaría ningún costo, y que por tanto se puede destruir impunemente, y además, es posible regenerarla rápidamente, o sustituirla de manera artificial. Ahora estamos pagando las consecuencias de tantos desmanes, de tanta devastación.

 

El capitalismo que de forma despiadada produce esta explotación prefiere ignorar, con su miopía y ambición características, el precio que ha de pagarse por haber sometido al medio ambiente a una transformación tan acelerada, como parte del uso intensivo de combustibles fósiles y del uso descomunal de materias primas y de recursos naturales para obtener los mayores y más inmediatos beneficios. Y como estos recursos naturales van mermando, desde hace varias décadas vienen librándose terribles guerras por parte de los países imperialistas y sus grandes corporaciones transnacionales para apoderarse por la fuerza de los recursos energéticos, forestales e hídricos en aquéllas zonas que todavía los tienen, como se evidencia en el Congo, en Colombia, en Brasil, en México, en Indonesia, y el caso más flagrante, el de Venezuela. El consumo a gran escala de dispositivos tecnológicos de última generación (televisores, dispositivos móviles, armamento sofisticado...) conlleva el arrasamiento de ecosistemas, y de las consecuentes guerras locales en países africanos, por ejemplo, para satisfacer las ingentes necesidades de materias primas (metales y minerales) a las empresas multinacionales que financian ejércitos estatales y privados (mercenarios, paramilitares, guerrillas...) con el fin de asegurarse el abastecimiento de esas materias primas, y mantener la oferta continua de sofisticados elementos tecnológicos de consumo. Relacionada también con todo ello, estamos asistiendo a la Sexta Extinción de especies, provocada no por causas naturales sino económicas y sociales (es decir, creadas por el ser humano), motivada por la ambiciosa lógica capitalista. El comercio de animales exóticos o la ganadería extensiva convierten a los animales en mercancías, o bien en tremendas factorías de huevos, leche, carne o grasa, que de forma descontrolada provocan enfermedades entre los animales, algunas de ellas pasando incluso a la cadena alimentaria y afectando al ser humano. 

 

Según el Índice Planeta Viviente, que pretende medir el estado de la biodiversidad mundial, hemos provocado un declive promedio del 30% entre 1970 y 2005. De igual forma, nuestra huella ecológica (que calcula la cantidad de recursos de la tierra y el mar, medido en hectáreas, que cada uno de nosotros necesita para vivir, incluyendo la destinada a absorber nuestros desechos) señala que la demanda humana sobre la biosfera aumentó más del doble entre 1961 y 2005, lo que se traduce más concretamente en que, en la actualidad, al ritmo de población y consumo existentes, serían necesarios 1,2 planetas tierra para vivir, y que en 2030 la cifra habrá llegado a 2 planetas...pero sólo tenemos uno. Como es obvio, la huella de todos los países y todos los seres humanos no es la misma, puesto que el nivel de consumo de las grandes potencias capitalistas es sensiblemente mayor que los del resto del mundo. Por ejemplo, Estados Unidos es el país que posee una mayor huella ecológica, que de lejos supera su capacidad de carga. Mientras esa huella es de una hectárea en los países más pobres, en los Estados Unidos se acerca a las 10 hectáreas y en promedio para toda la población mundial es de algo más de 2 hectáreas. Las leyes físicas de la materia y de la energía no pueden ser eludidas, por muchos avances tecnológicos que podamos engendrar los humanos. Y como no es posible evolucionar hacia un capitalismo sin "crecimiento" económico (es decir, sin la elevación constante de la producción y del consumo), y los recursos son finitos, nuestra civilización industrial ha de enfrentarse a la dura realidad de afrontar y asumir esos límites, el del agotamiento y carácter finito de los combustibles fósiles y la reducción paulatina de los recursos naturales. No es posible conciliar, como conclusión, una lógica de crecimiento ilimitado, propia del capitalismo, con la existencia limitada de recursos energéticos y materiales, si tenemos en cuenta que el planeta es un sistema cerrado en términos de materia. El conflicto, entonces, está servido. 

 

La otra gran amenaza a que nos enfrentamos ya la hemos venido contando desde las primeras entregas de la serie, y es el caos climático provocado por el conglomerado de todos estas crisis que hemos expuesto. Aunque a lo largo de la historia del planeta se hayan presentado incontables modificaciones climáticas, más o menos bruscas, con cambios hacia épocas glaciales o cálidas, todas estas modificaciones anteriores tenían un origen natural, o fueron debidas a una amenaza externa (un meteorito, por ejemplo). Ahora es diferente. Ahora estamos experimentando un trastorno climático asociado de manera directa al uso de combustibles fósiles, especialmente del petróleo. No por casualidad, en la medida en que se llegaba al pico del petróleo (Peak Oil) han aumentado en forma proporcional las emisiones de GEI y su concentración en la atmósfera. Y como algunos científicos han establecido, el clima es uno de los factores fundamentales para explicar la extraordinaria biodiversidad, y por lo tanto, sus modificaciones tienen efectos devastadores sobre variadas formas de vida. Asistimos por tanto a un cambio climático brusco resultado de la acción entrópica, ligada a la constitución de la moderna civilización industrial, más o menos desde finales del siglo XVIII. Esa transformación climática ya tuvo su primera manifestación hace unos 40 años, cuando se detectó la destrucción de la capa de ozono en algunos lugares de la Antártida. Y desde entonces, los fenómenos climáticos han sido mucho más potentes y adversos, muchos de ellos absolutamente destructivos. Y como, a pesar de los Acuerdos Climáticos alcanzados desde 1992 hasta la actualidad, no existen perspectivas reales de poder controlar el paulatino calentamiento global del planeta, asistiremos a catástrofes climáticas con efectos desastrosos, que provocarán más pérdida de biodiversidad, éxodo masivo de personas, y aumento de las nuevas guerras por todas esas situaciones. Por citar tan solo un dato (ya hemos expuesto en las entregas anteriores las terribles consecuencias que todo ello está acarreando), ciertos estudios anuncian que en un lapso de tiempo de 50 años desaparecerán, como resultado de las modificaciones climáticas, unas 450.000 especies de animales y plantas, algo así como el 30% de todas las especies vivas actualmente existentes.

 

Esta situación plantea la pregunta sobre la posibilidad de colapso de la civilización capitalista-industrialista, y con ella de toda la humanidad, admitiendo esto último solo si no admitimos la existencia de alternativas revolucionarias, imprescindibles para evitarlo. Hoy día esa revolución es más imperiosa que nunca antes en la historia de la humanidad, pues el reto es también ciertamente mayor. Necesitamos concienciarnos de forma masiva, entender la dimensión del colapso que enfrentamos, para colocar los frenos de emergencia que detengan la rápida caída en el abismo, e impidan que el capital nos hunda en la locura mercantil que nos conduce hacia la extinción como especie, así como a la desaparición de diversas formas de vida. La visión pesimista nos dice que está demostrado a lo largo de la historia que el capitalismo no va a desaparecer gracias a sus propias crisis, sino por acción de sujetos colectivos, conscientes de la necesidad de superar esta forma de organización económica y social y que actúan en consecuencia. En este sentido, más que una concienciación global que abandone por voluntad el capitalismo, lo que necesitamos son millones de conciencias parciales que vayan abandonándolo, mediante el cultivo de otras formas de vida, de otras costumbres, de otros valores, de otras aspiraciones, de otros objetivos, de otras estructuras. Es precisamente eso lo que intentamos desde esta serie de artículos, dar una visión alternativa al pensamiento dominante (que cultiva el Vivir Bien, basado en la posesión y en el culto al lujo), para cultivar el Buen Vivir, basado en los valores de "con esto es suficiente". Necesitamos los cambios culturales que nos hagan que seamos nosotros mismos los que vayamos progresivamente abandonando el capitalismo, para llegar, por ejemplo, a una situación donde no nos importe que las grandes corporaciones no inviertan capital (empresas, fábricas, empleos, aumento del PIB...) en nuestro país, porque ya tengamos desarrolladas formas de vida alternativas, y toda una red de cooperación social a nivel local suficientemente resiliente como para desafiar al sistema. Continuaremos en siguientes entregas.

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25 enero 2019 5 25 /01 /enero /2019 00:00
Arquitectura de la Desigualdad (126)

Cabe destacar, que el término trabajo no solo engloba el trabajo remunerado, sino que una parte muy importante del mismo (a veces incluso superior a la del trabajo remunerado) se divide también en trabajo doméstico y de cuidados y en trabajo voluntario. Si algo haría la Renta Básica, desde luego, sería visibilizar y ofrecer un valor más aproximado a la realidad que el que ostentan actualmente situándose fuera del mercado de trabajo

Julen Bollain

En el fondo, el concepto de la RBU no se abrirá paso mientras no cambiemos de mentalidad colectivamente, y nos tomemos mucho más en serio los derechos humanos. Hoy día, desgraciadamente, no poseemos una educación y una conciencia de ciudadanía que incorpore un enfoque de derechos (incluidos los llamados "derechos emergentes", a los cuales les dedicaremos una serie de artículos independiente) ampliamente aceptados. Hemos de partir de la base de que estos derechos son inherentes a todos los seres humanos, y por su carácter universal e indivisible, tienen que ser exigidos y defendidos para todos y en todas partes. Actualmente, la conciencia sobre estas ideas brilla por su ausencia, hasta tal punto que algunas encuestas llevadas a cabo entre personas precarias o desempleadas que se organizan para reclamar derechos sociales, laborales y económicos (a los cuales se les supone cierta conciencia e información), cuando se le ha planteado la idea del ingreso universal, muchas han respondido que no lo quieren, porque lo que quieren es ganárselo por ellos/as mismas. Cuesta asumir, por tanto, que la RBU es un derecho como tal, que nos corresponde como ciudadanos/as que somos, como parte de la colectividad y de la sociedad, insertos en una comunidad, y por lo tanto, nos corresponde una parte de la riqueza que entre todos/as generamos. Esta simple idea es aún difícil de entender y de asumir, incluso, como decimos, por los más afectados por la pobreza, el desempleo y la exclusión. Y es que la aceptación social de los valores donde se asienta el capitalismo neoliberal es mayoritaria, y está casi grabada a fuego en nuestros imaginarios colectivos. Para estas personas, el único objetivo al que aspiran es al mensaje "Tenemos que trabajar a toda costa", y no entienden nada más. Son perfectos hijos e hijas del pensamiento dominante. La secuencia de pasos mentales para llegar a la RBU sería más o menos la siguiente:

 

1.- Entender que al sistema capitalista siempre le interesa poseer un ejército de desempleados de reserva. Precisamente de esta forma el capitalismo ejerce una fuerza de presión constante sobre la fuerza de trabajo, para disciplinarla y ponerla a su servicio, mediante una amenaza constante a la fuerza laboral activa. 

 

2.- Entender que incluso con las mejores voluntades, no es posible el pleno empleo si sólo atendemos al concepto capitalista de trabajo. Y ello simplemente porque el capitalismo sólo está interesado en los empleos rentables económicamente, y no en los rentables socialmente, o en aquéllos que desempeñan funciones imprescindibles para la sociedad, pero que no están remunerados, como los trabajos de cuidados. A esto hay que sumar lo que ya hemos expuesto en entregas anteriores sobre la evolución de las nuevas tecnologías aplicadas al ámbito laboral. 

 

3.- Entender que exista trabajo o no, las personas han de poseer su existencia material garantizada. Una vez que hemos entendido que el Dios Trabajo tiene que dejar de ser adorado, hemos de entender que una sociedad justa y avanzada ha de garantizar la libertad material (entendida como la satisfacción de las necesidades básicas) al conjunto de su ciudadanía, y además hacerlo de forma incondicional, es decir, sin estar supeditado al cumplimiento de un conjunto de ridículos requisitos, que evidentemente cumplen sólo un mínimo conjunto de la población. 

 

4.- Entender la RBU como derecho universal de ciudadanía, y comprender todas sus potencialidades. La Renta Básica se nos presenta así como un derecho de plena ciudadanía, para todo el mundo que viva en nuestra comunidad, de forma incondicional, y por vía individual, personal, intransferible e inembargable. Y nos abre todo un mundo de posibilidades: trabajar cuando queramos, en las actividades que queramos (sean o no remuneradas), o bien dedicar nuestro tiempo a otras actividades (trabajos de voluntariado, dedicación a aficiones, a proyectos abandonados, a emprender nuevas empresas, a viajar, a retomar la formación, y un largo etc.).

 

Y es que el mundo del trabajo clásico (digamos desde el período fordista hasta la actualidad), muy ligado también al mundo del sindicalismo, se resiste enormemente a abandonar sus postulados históricos, y aún defiende el trabajo como vector fundamental para la integración social. Sus políticas de concertación, sin embargo, al bajar la guardia progresivamente con respecto al capital, sólo han conseguido que el conflicto capital-trabajo se solucione siempre a favor del capital, mediante las sucesivas contrarreformas laborales de las últimas décadas, que han ido abandonando las conquistas obreras históricas, para reforzar la hegemonía de la clase empresarial. Estas personas siguen ancladas a esos objetivos, y la mayoría aún piensa que podemos y debemos alcanzar el pleno empleo, con salarios dignos y derechos y protección social. Nosotros, desde la izquierda republicana y transformadora, no es que estemos en contra de dichos objetivos, es que analizamos la realidad social y las estructuras productivas de nuestro tiempo, y comprendemos que hay que asumir ciertas realidades, y por tanto ciertos objetivos, sin perder el norte de que la existencia material de todas las personas ha de quedar garantizada. Este es el ejercicio mental que pretendemos que hagan las personas aún ligadas a los postulados laborales clásicos de la lucha obrera. Esas tesis trabajistas se oponen a la RBU, porque aún entienden que la dignidad de las personas se encuentra en sus puestos de trabajo, pero no es cierto. Han de comprender que la RBU no desincentiva el trabajo, más bien al contrario, lo estimula y lo refuerza, y además elimina las trampas de la pobreza, asociadas a los nuevos empleos precarios, y a las prestaciones condicionadas.

 

La idea es poseer un instrumento, la RBU, que haga a la gente libre: libre para trabajar o no, libre para aceptar ciertos puestos de trabajo o no aceptarlos, y libre para dedicarse o no a otras actividades, o a trabajos no remunerados. Esa es la libertad que una herramienta como la RBU nos proporciona. Esta libertad material que nos proporciona la Renta Básica tiene más que ver con la idea de que podamos trabajar en algo realmente elegido por nosotros, democratizando las relaciones laborales, empoderando a las clases más desfavorecidas, y liberándonos del dogal del trabajo asalariado y esclavizador. La RBU es revolucionaria por todos estos aspectos, y por ello también anticapitalista, aunque por supuesto, no es la panacea. Muchos lectores y lectoras podrán preguntarse: ¿Pero es que con la RBU vamos a solucionar todos los problemas? Evidentemente que no. Nos hacen falta más instrumentos, entre los que figuran más medidas asociadas de política económica, de política fiscal, social, ambiental...de justicia social en una palabra. De entre todas vamos a destacar una que entronca con lo que explicamos en el primer bloque temático de esta serie, que exponía el poder de los ricos. Se trataría de introducir una limitación en las rentas máximas que las personas pudieran cobrar, es decir, lo que pudiéramos denominar como una Renta Máxima (RM). 

 

Porque en efecto, la RBU eliminaría la pobreza, pero no la riqueza. Y es absolutamente necesario eliminar también la riqueza, por varios motivos. El primer y principal motivo se refiere a la perversidad de la riqueza en sí misma, como factor colaborador necesario para que la pobreza exista: desde los primeros artículos de la serie, insistimos en la idea de que existe la pobreza precisamente porque existe la riqueza. Desde este punto de vista, una medida de una Renta Máxima, combinada con la RBU, nos dotaría de una mejor plataforma para ir erradicando la arquitectura de la desigualdad, en el sentido de que eliminaríamos todas las consecuencias que la existencia de la riqueza desmedida provoca, que fundamentalmente se manifiesta en la enorme influencia que poseen los ricos para proyectar su poder bajo las sociedades capitalistas, y gracias a ello, controlar las instituciones, empresas y organismos (incluidos los propios Gobiernos) para conseguir que se pongan al servicio de sus intereses. Recordemos que lo que venimos denunciando durante toda esta serie de artículos es que asistimos paulatinamente a un crecimiento constante de la riqueza de unos pocos, así como a la pobreza generalizada de la inmensa mayoría. Es necesario entonces no sólo erradicar la pobreza, conseguir que no haya pobres, sino también acabar con el enorme poder de las grandes fortunas, y de las grandes corporaciones transnacionales, que además de asolar el planeta, atentan contra las condiciones de vida de las mayorías sociales. Ya tendríamos el círculo completo en este sentido, porque además de garantizar la existencia material de todas las personas mediante la RBU, impediríamos que los grandes poderes económicos privados fuesen capaces de seguir imponiéndonos sus designios a todos los demás. Todo ello además combinado con medidas para reforzar la democracia, nos conduciría a un panorama donde la arquitectura de la desigualdad sufriría un serio revés. Continuaremos en siguientes entregas.

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24 enero 2019 4 24 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: JRMora

Viñeta: JRMora

La liberación de los animales es, también, la liberación de los humanos

Peter Singer

El progreso no puede seguir entrañando el juego de suma nula en el cual los humanos “ganan” a costa de los animales y el medio ambiente. Por el contrario, un concepto más profundo de progreso elimina la contraposición entre animales humanos y no humanos, entre sociedad y naturaleza, comprende las profundas interrelaciones entre todos los aspectos de la ecología planetaria, y nos permite llegar a ser buenos ciudadanos de la biocomunidad, en lugar de hunos, bárbaros e invasores que destruyen toda su morada

Steven Best

Muchas veces, desde la confusión o el desconocimiento, desde la información insuficiente, y por supuesto desde el corsé que nos proporcionan nuestra educación y nuestros prejuicios, ocurre que determinadas personas se hacen adeptas a una corriente determinada de pensamiento, sin darse cuenta de que forma parte de un ente mayor, más completo, que la incluye y la integra, pero el cual ignoramos, no queremos ver, no nos interesa, o incluso (en los casos más incoherentes) rechazamos. El animalismo es un buen ejemplo de lo que decimos. La verdadera visión animalista no puede ser aislada, ni tampoco puede quedarse en ese animalismo “de andar por casa” que se reduce a tener un perro o un gato viviendo con nosotros, y al cual cuidamos y alimentamos. Una mirada profunda al animalismo nos conduce también al ecologismo, o mejor dicho, al ecosocialismo, al decrecimiento, incluso al Buen Vivir, como revoluciones en nuestros modos de vida en sociedad. El Animalismo se integra absolutamente en ellas, y por tanto, forma parte del conjunto de disciplinas de pensamiento que completan al Marxismo clásico, al igual que lo hacen el feminismo o el pacifismo. El Animalismo entroniza con un modelo de sociedad empática, de derechos, de solidaridad y de cuidados. Pero veamos por qué con un poco más de calma.

 

Comencemos por los antecedentes jurídicos, porque al igual que existe una Declaración de los Derechos Humanos promulgada por la ONU, también existe una Declaración Universal de los Derechos de los Animales aprobada primero por la ONU, y posteriormente ratificada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Pero tenemos un hito todavía más reciente. En Colombia, en agosto de 2012, la Sección Tercera del Consejo de Estado se pronunció favorablemente a una demanda interpuesta por el magistrado Enrique Gil Botero, que sentó un precedente fundamental en la jurisprudencia universal, reconociendo a los animales como seres vivos titulares de derechos, como una muerte digna sin sufrimiento, o a no ser maltratados. Y concluyó el Doctor Gil Botero para redondear su razonamiento: “Nos beneficiamos de los animales, pero no es lícito que los torturemos, o que su muerte se convierta en un espectáculo”. La sentencia enfatiza que la naturaleza animal, pese a no tener la capacidad de expresar su voluntad, “como seres vivos, tienen dignidad en sí mismos”, por lo que se les exige a los hombres, que sí están regidos por la Ley, la obligatoriedad de asumir una responsabilidad frente a ellos, otorgándoles cuidados, y respetándoles su dignidad. 

 

Desde las investigaciones de Charles Darwin, sabemos que los sentidos y las intuiciones, las diversas emociones, y algunas facultades, como el amor, la memoria, la atención, la curiosidad, la imitación, la razón, etc., son poseídas también por los animales. Darwin lo resumió de esta forma: “Las distintas emociones y facultades de las que el ser humano se cree único dueño se encuentran de modo naciente y a veces bien desarrolladas en los animales inferiores”. Por otra parte, estudios científicos de todo tipo han demostrado hasta qué punto los animales sufren como nosotros, ya que sus estructuras sensoriales son bastante parecidas. Visto lo visto, hemos de seguir, en principio, ese dicho popular que dice que “deberíamos dejar de estudiar cuán inteligente es un mono, para comenzar a estudiar cuán estúpido es el ser humano”. Esta es la primera barrera mental, es decir, no creernos “superiores” a los animales. Si comenzamos a vernos de igual a igual, quizá también comprendamos que somos (todos, los humanos y el resto de animales) seres vivos que habitan y que necesitan la naturaleza, y que por tanto no podemos disponer de ella ilimitadamente, como si fuera infinita.

 

En la plena asunción de ese principio también comenzaríamos a respetar a la naturaleza, a los ecosistemas naturales, y a vernos como parte de un todo que necesita preservar sus equilibrios para poder funcionar, y que no podemos expoliar a nuestro antojo. Ni los animales ni la naturaleza están a nuestro servicio. Debemos aprender a valorar y a respetar todo lo que nos rodea, a cuidarlo y por qué no, a amarlo. Si llegamos hasta este estadío mental, seremos sensibles a comprender el concepto de “Especismo”, y el “principio de igual consideración de intereses”, es decir, que hay que considerar por igual los intereses de todas las especies que habitamos la Madre Tierra. Peter Singer, filósofo australiano y activista pionero por los derechos de los animales, nos explica en su tratado “Liberación Animal” (1975) que “El especismo (…) es un prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras”.

 

Y se pregunta posteriormente: “Si la posesión de una inteligencia superior no autoriza a un humano a que utilice a otro para sus propios fines, ¿cómo puede autorizar a los humanos a explotar a los no humanos con la misma finalidad?”. El especismo se nos presenta entonces como un tipo de discriminación, tal como el racismo o el sexismo. Y entonces, si el sufrimiento importa, habrá de importarnos independientemente de quién sufra. Debe importarnos sea cual sea la especie de individuo que está sufriendo. Y así, concluimos que las mismas razones que tenemos para prevenir y reducir los daños y maltratos que sufren los seres humanos, son también razones para prevenir y reducir el maltrato y el sufrimiento que puedan ser infligidos a los animales de otras especies. Una visión animalista, por tanto, reconoce e integra los derechos de los animales y de la propia naturaleza, los reconoce como sujetos de pleno derecho, y vela por su cumplimiento. Y ello implica, a su vez, trabajar activamente por la abolición de toda forma de maltrato, sufrimiento o explotación animal. Por ejemplo, no podemos ser animalistas siendo taurinos, o defendiendo la caza o el comercio con animales. Pero tampoco podemos defender, desde posiciones animalistas, la experimentación clínica masiva con animales, o su explotación intensiva en granjas o ganaderías. La visión animalista, como estamos comprobando, debe ser asumida desde la estética, la ética y la política. Y en este sentido, lo personal es también político, como afirmábamos en un reciente artículo.

 

Comenzamos a ver entonces posturas antagónicas. No podemos ser animalistas ni estar por la defensa de sus derechos si no estamos también por la defensa de los nuestros. ¿Tendría sentido entonces el Animalismo desde posturas políticas simpatizantes con el fascismo, o simplemente que rechazaran la defensa escrupulosa de los Derechos Humanos? No parece que desde posturas que se dicen animalistas se pueda defender la injusticia, la discriminación ni la opresión de ningún colectivo, ni de ninguna especie. Tampoco el sacrificio ni la humillación, y por tanto, la visión animalista es contradictoria con la defensa de esos bárbaros festejos populares que en honor a la “tradición” se llevan a cabo en multitud de localidades. Porque amar y cuidar del perro o del gato que vive con nosotros es incompatible con defender la tauromaquia, la matanza de ballenas en Japón, la industria de la peletería, o la masacre de crías de focas en Canadá. La visión animalista introduce una nueva relación con los humanos, las plantas y la naturaleza. La filosofía Zen ya lo enunciaba desde hace miles de años: “Ser uno con la naturaleza”. De hecho, todos los monjes Shao-Lin eran veganos, y no montaban en caballos, por ejemplo. Nuestra civilización occidental, sobre todo desde la introducción del industrialismo-desarrollismo-consumismo, verdadera punta de lanza de la globalización del capitalismo neoliberal, se ha posicionado en contra de todos aquellos valores, que ahora nos parecen, cuando menos, extraños.

 

Hemos de entender que el bienestar animal es parte del cuidado del medio ambiente. El ser humano ha tomado conciencia del hecho del maltrato animal dentro del conjunto de sus actividades humanas, y todo ello hay que erradicarlo desde una visión animalista completa. Ello incluye, entre otras muchas medidas, una mayor regulación de las actividades agropecuarias para limitar al máximo el sufrimiento animal, erradicando los métodos execrables que se emplean en la cría de ganado y en las explotaciones avícolas. La visión animalista ha de ser consecuente en un Código Penal mucho más adaptado a las malvadas prácticas que el ser humano ejecuta contra los animales, desde el abandono de un animal de compañía hasta el crecimiento en condiciones de encierro permanente en granjas o mataderos. La visión animalista es incompatible con la existencia de espectáculos donde se utilicen animales, para simple diversión del público. También nos deben preocupar las salvajes condiciones de transporte para muchos animales, la experimentación biológica con animales en laboratorios, y la existencia de perversas actividades como la caza y la pesca. La visión animalista implica también retirar toda subvención pública para el mantenimiento de canódromos e hipódromos, así como cualesquiera otros centros de recreo o diversión donde existan animales.

 

Las ciudades y su entorno también deben contemplarse desde la visión animalista, y en ese sentido, deberíamos fomentar la implantación de medidas que favorezcan el acceso y el viaje de animales en espacios públicos (autobuses, trenes, aviones, etc.), minimizar los molestos ruidos para los animales (especialmente los provenientes de petardos), así como también fomentar la creación y mantenimiento de espacios de recreo, juego y esparcimiento para animales domésticos en nuestras ciudades (parques animalistas, etc.). En definitiva, todo el conjunto de medidas que sean necesarias, de carácter social, ético, penal, científico, sanitario, cívico, ecológico, etc., para conseguir una sociedad que deje atrás la violencia, una sociedad en la que perjudicar y matar a otros animales no se considere ocio, tradición, cultura, deporte, espectáculo, arte o diversión. Hemos de corregir el déficit moral que todavía arrastramos hacia el mundo animal. En resumen, la visión animalista es incompatible con corrientes de pensamiento o actitudes que vayan en contra de la defensa de los derechos humanos, del resto de animales y de la naturaleza.

 

Y así, no se puede rescatar a un gato de una alambrada para después criticar el desembarco de unos migrantes. No se puede ser voluntario en un refugio y defender la agresión bélica a un país. No se puede plantar un árbol y a continuación defender la caza. La visión animalista está imbricada con la visión ecologista, y ella con la visión pacifista, y todas ellas a su vez con la defensa de los derechos de todos los seres vivientes y sintientes. Hay contradicciones públicas escandalosas que hay que denunciar, como la de la popular actriz francesa Briggite Bardot, que es ¿a la vez? una fervorosa animalista y una seguidora del Frente Nacional de Marine Le Pen. Estas contradicciones chirrían por cualquier lado que se miren. No es mínimamente coherente. Porque…¿se puede ser animalista, y a la vez antifeminista y xenófoba? Parece que no. La sensibilidad no casa con la brutalidad. Simplemente no es de recibo. Pero el mundo está lleno de contradicciones que hay que denunciar. No existe un “animalismo capitalista”. La visión animalista es anticapitalista, pacifista, feminista, ecologista…o simplemente, no es tal.  

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