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23 enero 2019 3 23 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

Los gobiernos de España y de la Unión Europea deberían plantearse qué derecho tienen a obligar a sus trabajadores –así sean rescatadores, miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o de entidades como la Cruz Roja– a lidiar con una crisis humanitaria como si se tratase de una rutina burocrática, y a envenenar así a su ciudadanía con unas prácticas que convierten a estas personas en mercancías desechables. No hay discurso cargado de buenas intenciones que resista el ejercicio cotidiano de la banalización del mal: llevan tres décadas normalizando y volviendo cómplice a su ciudadanía de la deshumanización y criminalización de los extranjeros pobres, personas que llegan sin nada a las que presentan como una amenaza. Arrasado el horizonte de la Ética Pública, no cabe sorpresa ante el siguiente paso natural: el abrazo del fascismo

Patricia Simón

Europa está completamente obsesionada por la "amenaza" de los refugiados y migrantes, hasta tal punto que no sólo desvía recursos, sino que también distorsiona el comercio, las ayudas y las relaciones internacionales de nuestro continente con toda la región MENA (Middle East and North Africa), acrónimo de norte de África y Medio Oriente, a las que podemos añadir el Magreb, el Sahel y el cuerno de África. Tal y como ya han señalado muchos expertos analistas, se están sentando las bases para una mayor inestabilidad e inseguridad en la región, así como de la probabilidad de provocar un aumento del número de personas refugiadas en el futuro. El informe "Expandiendo la Fortaleza", de Mark Akkerman, del cual extraemos esta información, revela que la gran mayoría de los 35 países que la UE prioriza para la externalización de sus fronteras poseen gobiernos de corte autoritario, y son conocidos por cometer abusos contra los derechos humanos, además de poseer indicadores de desarrollo humano deficientes. Sólo 4 de ellos pueden ser considerados democráticos. Además, 25 de ellos se encuentran en los últimos lugares del mundo en términos de bienestar de la mujer (inclusión, seguridad y justicia). Por su parte, los países europeos continúan vendiendo armamento a estos países, aunque ello alimente más conflictos, violencia y represión, y por tanto, contribuya al aumento del número de refugiados. Es de destacar que el 20% de estos países sufren un embargo de armas por parte de la ONU, pero la propia UE ignora este mandato. El gasto de la UE en seguridad fronteriza en estos terceros países ha aumentado enormemente, y la mayor parte de estos recursos se desvían desde las partidas de Ayuda al Desarrollo. Creemos que no cabe mayor indecencia. Y como venimos contando desde entregas anteriores, el aumento del gasto en seguridad de fronteras ha beneficiado a una amplia variedad de empresas, en particular a las fabricantes de armas y a las de seguridad biométrica. Veamos algunos datos.

 

El gigante armamentístico francés, Thales, también uno de los que más armas exporta a la región, es un actor destacado. Proporciona equipamiento militar para la seguridad de las fronteras y sistemas y equipos biométricos. Entre los proveedores empresariales de seguridad biométrica más importantes se hallan Veridos, OT Morpho y Gemalto (que pronto será absorbido por Thales). Por otra parte, Alemania e Italia financian sus propias empresas de armamento (Hensolt, Airbus y Rheinmetall de Alemania, y Leonardo e Intermine de Italia) para apuntalar el trabajo de seguridad fronteriza en varios países de la región del MENA, en particular Egipto, Túnez y Libia. En Turquía, los contratos de seguridad fronteriza más importantes se han adjudicado a empresas de defensa turcas, en particular a Aselsan y Otokar, que utilizan los recursos para subvencionar sus propios esfuerzos en materia de defensa, que también respaldan los controvertidos ataques turcos contra comunidades kurdas. Pero no todo el mercado es privado. También existen varias empresas y organismos semipúblicos y organizaciones internacionales que ofrecen proyectos de consultoría, formación y gestión de seguridad de fronteras, que han prosperado con el enorme crecimiento del mercado de la seguridad fronteriza. Entre ellas, se encuentran la compañía francesa (semipública) Civipol, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Centro Internacional para el Desarrollo de Políticas Migratorias (CIDPM). Civipol es, en parte, propiedad de grandes fabricantes de armas como Thales, Airbus y Safran, y en 2003 elaboró un informe de consultoría que tuvo una gran influencia en la Comisión Europea y que sentó las bases para las actuales medidas de externalización de fronteras de las cuales ahora se beneficia. Y nosotros nos preguntamos...¿Hasta qué punto es ético todo esto? ¿Tiene sentido que existan empresas y organismos, tanto públicos como privados, que estén haciendo un formidable negocio con el sufrimiento de terceras personas, cuyo éxodo es además patrocinado en gran parte por los países a los cuales pertenecen estas empresas? Nos parece una cuestión absolutamente cínica y aberrante, digna del capitalismo más odioso, agonizante y terminal que nos corroe. 

 

Y por supuesto, como guinda del pastel, todo esto ha sido organizado de forma antidemocrática, es decir, ignorando los posibles y obligados debates en el Parlamento Europeo, otra prueba más de que este Parlamento es absolutamente inútil, y sirve únicamente para el retiro de algunos dinosaurios de la política. Concretamente, la toma de decisiones y la puesta en marcha de la externalización de fronteras en el ámbito de la UE han estado marcadas por una velocidad poco habitual (intentando ser justificadas por la premura de las decisiones en cuanto a las oleadas de refugiados que venían llegando), y han eludido todos los mecanismos de control democrático del Parlamento Europeo. De hecho, varios acuerdos importantes con terceros países, incluidos los acuerdos alcanzados en virtud del Marco de Asociación y el vergonzoso acuerdo migratorio con Turquía, han excluido o evitado la supervisión de la Eurocámara. Y así, al amparo de esta creciente seguridad transfronteriza europea, han crecido las mafias, obligando a las personas migrantes a acudir a rutas más inseguras y peligrosas. Es un hecho constatable que el impulso y la militarización de la seguridad de fronteras ha llevado a un aumento del número de muertos entre las personas desplazadas por la fuerza. En general, las medidas para bloquear una ruta de migración obligan a la gente a jugarse la vida de forma más peligrosa. En 2017, 1 de cada 57 migrantes que cruzó el Mediterráneo murió, mientras que en 2015, perdieron la vida 1 de cada 257. Esto refleja el hecho de que en 2017 la ruta del Mediterráneo Central, la más larga y peligrosa, era la ruta principal para un número significativamente inferior de las personas desplazadas por la fuerza, en su mayoría provenientes de los países del África oriental y subsahariana, en comparación con la principal ruta del año 2015 de Turquía a Grecia, utilizada principalmente por sirios. Aunque no hay cifras oficiales (a fecha de redactarse el informe), se estima que en el desierto mueren al menos el doble de personas refugiadas que en el Mediterráneo. 

 

Hay una creciente presencia de fuerzas de seguridad y militares europeas en terceros países, desplegadas allí para encargarse de la seguridad fronteriza. Frenar la inmigración se ha convertido en prioridad absoluta para las actuales misiones de la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) en países como Mali y Níger, y hay Estados miembros, como Francia e Italia, que han empezado a desplegar tropas en Libia y Níger. Por su parte Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, trabaja cada vez más coordinada con terceros países. Ha empezado negociaciones con países que tienen frontera con la UE sobre la posibilidad de llevar a cabo operaciones conjuntas en sus territorios. Las deportaciones son un buen ejemplo de ello. La cooperación en materia de deportaciones ya es generalizada. Desde 2010 hasta 2016, Frontex coordinó 400 vuelos conjuntos de devolución a terceros países, 153 de los cuales tuvieron lugar durante 2016. Desde 2014, algunos de estos vuelos han sido denominados Operaciones Conjuntas de Recogida para el Retorno (CJRO), donde el avión y los guardias en el vuelo pertenecen al país de destino. Los Estados miembros de la UE invitan cada vez con más frecuencia a las delegaciones de terceros países a identificar a las personas "deportables" sobre la base de su evaluación de nacionalidad. En muchos casos, esto ha dado lugar a la detención y tortura de personas deportadas. En países como Turquía, Libia, Egipto, Sudán, Níger, Mauritania o Mali, la UE ha "suavizado" las críticas a los abusos cometidos por sus fuerzas de seguridad contra los derechos humanos, con el único objetivo de firmar los acuerdos. Una política de fronteras rastrera, indecente, inmoral y que ignora completamente la seguridad de las personas. Se incumplen descaradamente muchos preceptos del derecho internacional, tales como el principio de no devolución, el principio de no discriminación y el principio de acceso al asilo. 

 

En Libia la situación de caos llega hasta límites absolutamente terroríficos, impensables para sociedades del siglo XXI. Allí, la actual guerra civil y la inestabilidad no han impedido que las instituciones de la UE ni Estados miembro como Italia canalicen dinero hacia equipamientos y sistemas para las fronteras, formación de guardacostas y financiación de centros de detención. Se han dado imágenes terribles e inhumanas, de guardacostas disparando contra embarcaciones de refugiados (gente inocente que no ha cometido ningún delito), o milicias dirigiendo centros de detención como campos de prisioneros, donde se dan las escenas más dantescas (humillaciones, vejaciones, violaciones, torturas, etc.). En Egipto, Alemania financia equipamiento y formación periódica para la policía fronteriza. Las personas desplazadas allí por la fuerza se han visto atrapadas, incapaces de trasladarse a Libia debido a la situación de inseguridad, y tiroteadas por los guardacostas egipcios si intentan llegar al mar. ¿Es preciso hacer pasar a personas inocentes por estos inhumanos calvarios? ¿Es que sólo se nos ocurre solucionar el problema de los refugiados mediante tratos degradantes para estas personas? En Sudán, el apoyo fronterizo de la UE no solo ha sacado a una dictadura infame del aislamiento internacional, sino que también ha acabado respaldando a las Fuerzas Rápidas de Apoyo, formadas por combatientes de las mismas milicias responsables de violaciones de los derechos humanos en la capital, Darfur. La situación en Níger, uno de los países más pobres del mundo, muestra los costes del control migratorio para las economías locales. Las crisis en la ciudad septentrional de Agadez han socavado la economía local y favorecido la inmigración clandestina haciéndola más peligrosa para las personas migrantes y aumentando el poder de las bandas armadas de traficantes. Por último, en Mali, la imposición por parte de la UE de medidas de externalización de fronteras en un país que está saliendo de una guerra civil amenaza peligrosamente con reavivar el conflicto. Continuaremos en siguientes entregas. 

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22 enero 2019 2 22 /01 /enero /2019 00:00
El bárbaro modelo educativo neoliberal

Antes que ver la enseñanza como una práctica técnica, la educación debe ser considerada una práctica moral y política bajo la premisa de que el aprendizaje no se centra únicamente en el procesamiento del conocimiento recibido, sino en la transformación de este como parte de una lucha más amplia por los derechos sociales, la solidaridad y la construcción de un mundo más justo y mejor

Enrique Díez Gutiérrez (Profesor de la Universidad de León y responsable del Área Federal de Educación de IU)

Asistimos, sobre todo desde el enfoque que puso en marcha la LOMCE del ex Ministro José Ignacio Wert (hoy día este personaje es nuestro representante educativo en la UNESCO, disfrutando de un dorado retiro en París), a una progresiva implantación del modelo neoliberal también en el ámbito educativo. No sería tan preocupante si no fuera porque precisamente el ámbito educativo es el pilar fundamental para proyectar a los ciudadanos y ciudadanas del mañana, residiendo ahí la diferencia entre que tengamos o no generaciones responsables, cívicas, cultas, críticas y sensibles. La base de la pirámide para conseguir esto es el sistema educativo, y el neoliberalismo, como no podía ser de otra forma, arrima el ascua a su sardina, y va preparando a los estudiantes de hoy para su gente del mañana, gente a la que prefiere mal formada, acrítica, moldeable y obediente al sistema. De ahí la importancia que tiene diseñar un buen modelo educativo.

 

En nuestro Blog ya desarrollamos en su día una serie de 13 artículos detallando las perversiones de la LOMCE, y allí remito a los lectores/as que deseen más amplia información sobre el sistema educativo vigente actualmente, aunque no en su totalidad, y en muchas Comunidades Autónomas en pleno desmantelamiento. Como alternativa, también publicamos la serie “Por una Educación Pública a todos los niveles”, donde también remito a los lectores/as interesados/as en ampliar la visión y las posibilidades sobre lo que se puede/debe plantear. Bien,  la idea principal de este bárbaro modelo es la siguiente: el sistema educativo tiene que estar al servicio del capitalismo. Es decir, se trata de transformar todas las estructuras y modos de impartición y gestión de la enseñanza a todos los niveles (desde el infantil hasta el universitario), para que sirvan a los objetivos finales del capitalismo. La siguiente pregunta podría ser por tanto: ¿Y qué tipo de sistema educativo necesita el capitalismo? Pues básicamente, un sistema educativo que forme personas dóciles y poco críticas con el propio sistema capitalista. Esto será mucho más difícil de conseguir mediante un sistema educativo público, gratuito y de calidad, y por tanto, el primer objetivo es dar peso a los centros privados y concertados, y recortar en todos los frentes (profesores, dependencias, retribuciones, medios, ratios, etc.) en el sistema público, hasta que éste se convierta en un sistema educativo residual.

 

A la vez, el sistema educativo público, además de recortado, ha de formar a las personas con menos recursos, a las que se les brindarán menores posibilidades, mientras que las personas con mayores recursos serán desviadas a los centros privados y/o concertados, dotados de más medios y posibilidades, con lo cual estamos construyendo un sistema elitista. De hecho, son las intenciones del “trifachito” (en expresión de Gerardo Tecé) que va a gobernar la Junta de Andalucía. El segundo gran parámetro a considerar es que el sistema educativo, para servir bien al capitalismo, ha de estar imbuido de su propia filosofía, y a su vez esto se manifiesta en varios frentes: no sólo no ha de cuestionar el propio sistema capitalista, sino que además ha de difundir sus ideales, sus bases y sus valores, por ello el propio sistema educativo ha de funcionar como un negocio, es decir, sujeto a parámetros mercantilistas, tales como la selección del alumnado, la publicación de ránkings, o la eliminación de la democracia en el funcionamiento de los propios centros. Para ello, se elimina la capacidad de decisión de los órganos colegiados, se le concede máximo poder al Director/a del centro, y a su vez éste se nombra desde la propia Administración.

 

Por último, se van perfilando unos contenidos educativos claramente ideologizantes, que vayan formando al alumnado en los valores capitalistas: la colonización del “sentido común”, la ética del “emprendedor”, la explotación, la competitividad, el valor de lo privado frente a lo público, de lo individual frente a lo colectivo, etc. Para ello, se eliminan una serie de asignaturas que puedan educar en otros valores (Educación para la Ciudadanía es el mejor ejemplo de ello), se establecen una serie de asignaturas troncales con mayor peso (para restar peso a otras), y se establecen (para centralizar la evaluación de resultados) una serie de pruebas de evaluación externas, controladas por comités estatales. La guinda del pastel la pone la relevancia recuperada de la asignatura de religión, para que por supuesto, los alumnos sigan formándose en los valores de la Religión Católica, con lo cual se ayuda también a difundir los valores de la misma, tales como la oposición al aborto, la primacía del patriarcado, el relevo de la mujer a sus tareas domésticas, y el cuestionamiento de las opciones sexuales y de los modelos de familia.

 

Todo ello nos dibuja el panorama donde este bárbaro modelo nos conduce: un sistema educativo sexista, discriminatorio, desigual, que dé apoyo a los centros privados, que elimina la democracia decisoria en los centros, que fomenta el elitismo, la excelencia para los centros privados, la eliminación de fondos para los centros públicos, los recortes en profesorado, la elevación de ratios, el endurecimiento del sistema de becas y ayudas al estudio, la legitimación de las desigualdades, la instauración de valores del capitalismo, la dictadura de los valores religiosos, la instauración de evaluaciones externas, el desprestigio de la actividad docente, la elección de itinerarios tempranos, el cambio de funcionamiento de los centros bajo criterios mercantilistas, el fomento de la competitividad entre los propios centros, la publicación de ránkings, la capacidad de selección del alumnado, el apoyo de patrocinadores privados, o el mayor peso de la propia Administración para controlar que todo este edificio, toda esta arquitectura del sistema educativo sirva perfectamente al capitalismo.

 

La idea básica que subyace es la transformación completa del derecho humano a la educación en un negocio, proceso que se suele acompañar de múltiples mantras y falacias, tales como el derecho de los padres a “la libertad de elección”. Todo ello va parejo también a la apropiación privada del conocimiento público y la desvirtuación de la investigación, procesos que afectan sobre todo al nivel universitario, y que ya quedaran planteados desde el famoso “Plan Bolonia”. Precisamente el nivel universitario es el que más hostilidad y competencia está presentando frente al modelo público, pues la lista de Universidades privadas aumenta paulatinamente, mientras que las Universidades públicas se estancan. Y es también este nivel el que mayores cotas presenta de lo que se ha dado en llamar el filantrocapitalismo, o el mecenazgo privado para diversos contenidos, proyectos y programas educativos (y así, podemos contemplar Másteres universitarios patrocinados por bancos, empresas de telecomunicaciones, empresas de servicios, y un largo etcétera). Aquí por tanto es donde más se potencia la “oferta” privada, los valores y la ideología de la pedagogía neoliberal, la participación del mercado incluso en los trabajos finales de los estudiantes, etc. Hemos de revertir este modelo de “Capitalismo Académico”, que se centra en que los centros educativos miren cada vez más al mercado y a las empresas que a una buena y completa formación de sus estudiantes. Hemos de fomentar una educación que promocione valores alternativos al peligroso ideario neoliberal. Las nuevas generaciones nos lo demandan. Hemos de recuperar un modelo educativo enfocado a las personas, que incluya la planificación democrática de la educación, la inclusión que promueva la igualdad y la diversidad, la educación laica que respete la libertad de conciencia, etc. Si permitimos que nuestros jóvenes se formen bajo este bárbaro modelo, tendremos otra generación perdida.

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21 enero 2019 1 21 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos… estas situaciones provocan el gemido de la hermana Tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo

Extracto de la Encíclica “Laudato Si” (Papa Francisco, 2015)

En el anterior artículo nos quedamos exponiendo las diversas facetas de la crisis civilizatoria que nos afecta, tomando como referencia este artículo de Renán Vega Cantor. Habíamos expuesto ya algunos matices de la vertiente alimentaria de esta crisis terminal. Asistimos a un ataque global a las civilizaciones campesinas, perpetrado por las corporaciones alimentarias que se apropian de las materias primas para formar enormes cadenas productivas, que van desde la generación de semillas hasta la venta de productos-paquete elaborados en los supermercados, que son controlados por estas empresas, proceso tras el cual los alimentos ya no son la base de la producción agrícola. Justamente, la conversión de los alimentos en mercancías y la aplicación de los principios criminales del llamado "libre comercio" (cuyos últimos exponentes son los salvajes Tratados intercontinentales de última generación) destruyen los mecanismos de producción, distribución, comercialización y consumo que posibilitan la supervivencia de los pueblos. Vega Cantor describe: "Las grandes empresas han despojado a los pequeños agricultores basándose en la retórica del libre comercio, falacia con la cual justifican la eliminación de los subsidios y los mecanismos proteccionistas por parte de los Estados, obligan a los países dependientes a especializarse en la producción de géneros agrícolas para el mercado mundial (los de siempre, café, banano, azúcar, o los nuevos, como palma aceitera, soja, colza o frutas exóticas), impulsan la conversión de las mejores tierras en zonas ganaderas, de cultivos forestales, y últimamente, las destinan a la siembra de cultivos de los que se extraen necrocombustibles (combustibles de la muerte es su verdadero nombre, pues el de biocombustibles que se emplea frecuentemente es un embuste). Todo esto ha ocasionado la pérdida de la seguridad alimentaria en los países pobres, en los cuales ya no se producen los alimentos básicos, que deben ser comprados en el mercado mundial, a los precios que fijen las empresas multinacionales y los países imperialistas". 

 

Este perverso modelo agrícola es el responsable del hambre que se extiende por el mundo y que afecta a millones de seres humanos (se calcula que unos 1.200 millones de personas soportarán hambre crónica en 2025), y que ha vuelto cotidianas las escenas de muerte de niños por inanición en Sudán, Haití, Colombia y muchos otros países. Por otro lado, la crisis alimentaria se conecta con la crisis energética por múltiples vías: la industrialización de la agricultura la vuelve petrodependiente en todos los ámbitos, debido al uso de fertilizantes, abonos, pesticidas, fungicidas, y por la utilización de medios de transporte que requieren de combustibles fósiles para funcionar; el aumento en los precios del petróleo, una tendencia que cobrará más fuerza a medida que se agote el crudo, incide en la producción agrícola; los intentos de sustituir petróleo por agrocombustibles, originan un proceso de concentración de tierras para sembrar productos destinados a alimentar a los motores de automóviles y aviones en vez de a seres humanos, aumentando también los precios de los alimentos. Así, el arroz, el azúcar, el maíz, la patata, y otros productos esenciales se están convirtiendo en biomasa para producir combustibles y no para satisfacer las necesidades nutricionales de millones de personas que viven en la periferia. Así mismo, la crisis alimentaria está también vinculada con el caos climático, puesto que éste incide de forma directa en la disminución de las cosechas, sobre todo en las zonas más pobres del mundo. Las zonas desérticas avanzan, debido a los bruscos cambios de temperatura y la reducción del volumen de precipitaciones. Se prevé que durante los próximos años caerán los rendimientos de los principales productos alimenticios en diversos lugares del mundo: la caña de azúcar en un 3% en los Andes, el arroz en un 10% en Asia Meridional, el maíz en un 47% en el sur de África, el trigo en un 3% en Asia oriental, etc. 

 

Otra faceta de la crisis civilizatoria que nos afecta sobremanera es la crisis hídrica, responsable de la destrucción de las reservas de agua, el agotamiento del agua dulce y la contaminación de ríos, lagos y mares, junto al arrasamiento de los humedales. Hasta no hace mucho tiempo se suponía que el agua era un recurso inagotable y no había ningún problema en garantizar su suministro de forma permanente. Hoy se sabe que el agua dulce es limitada y su agotamiento y escasez corre en paralelo al aumento demográfico, al crecimiento urbano, a la industrialización de la agricultura, a las modificaciones climáticas y a su derroche en la producción de mercancías. En este sentido, la crisis hídrica es el resultado de la expansión mundial del capitalismo, porque el agua misma se ha convertido en una mercancía y ha dejado de ser un bien común y público, ya que algunas corporaciones transnacionales alimentarias (como Coca-Cola, Danone, y otras) la han convertido en un nicho de mercado, con el que obtienen cuantiosas ganancias por diversos medios: la producción a gran escala de agua embotellada, la privatización de los servicios de canalización, producción y distribución (incluso acueductos, cloacas, etc.), y la apropiación de ríos y lagos por empresarios capitalistas. A todo ello deben añadirse algunos otros factores, como la urbanización acelerada, que necesita de importantes cantidades de agua, los procesos tecnológicos más sofisticados, que requieren cantidades ingentes de agua (como la que precisa la producción de automóviles, ordenadores, dispositivos móviles o televisores), o la producción de determinado tipo de cultivos (como las flores, que consume enormes volúmenes de agua). A todo lo anterior hay que añadirle los procesos salvajes de industrialización, la urbanización desaforada, la agricultura industrial, los megaproyectos e infraestructuras faraónicas, los grandes centros de ocio, y la explotación de recursos minerales y energéticos, que han contaminado las más importantes fuentes de agua en el mundo. 

 

Pero la crisis hídrica también se ve afectada por la profunda desigualdad en el acceso a este bien público y sagrado para la vida. Tanto a nivel interno en los países como en el plano mundial existe una distribución injusta y desigual del agua, porque mientras sectores minoritarios tienen siempre a su disposición agua de calidad que despilfarran continuamente (para lavar coches, regar campos de golf, o surtir sus propias piscinas), otra gran parte de la sociedad carece del imprescindible líquido, lo cual ocasiona en el mundo la muerte diaria de miles de personas por problemas estomacales y produce la enfermedad de millones de ellos por consumir agua no potable. Esta desigual apropiación del agua también existe en el plano mundial, ya que algunos países cuentan con importantes reservas hídricas o por su poder económico, militar o político, pueden apropiarse del agua de otros países, a cuyas poblaciones dejan muriéndose de sed (como el emblemático caso de Israel con los palestinos, o como le ocurre a algunos países africanos), con lo cual podemos predecir una de las contradicciones determinantes de los conflictos del futuro inmediato, que va a ocasionar guerras por el agua, con la misma frecuencia que las actuales guerras por el petróleo. Valga recordar también, para mostrar las interrelaciones e interdependencias entre la explotación de hidrocarburos y el agua, que la extracción de los primeros conlleva siempre despilfarro de la segunda por múltiples formas: para extraer un barril de petróleo o de gas se precisan cientos o miles de barriles de agua; con todas las labores propias de la industria petrolera se contaminan las fuentes de agua; los derrames de crudo llegan inexorablemente a los cursos de agua, como nos lo recuerdan las enormes tragedias de contaminación hídrica que han generado los numerosos accidentes de grandes buques petroleros en los mares del mundo.

 

Y un último aspecto que debe mencionarse es el relativo a los nexos directos entre el caos climático y la crisis hídrica. Así, el trastorno climático se manifiesta en primera instancia con un aumento de la temperatura en diversos lugares del planeta, lo que ocasiona transformaciones bruscas e inesperadas: se producirá, y estamos asistiendo ya e ello, el deshielo de glaciares, con lo que se reducirá la oferta hídrica en muchos países, pues las principales reservas de agua dulce están en los nevados y en los páramos. Al mismo tiempo, y como consecuencia de lo anterior, aumentará el caudal de muchos ríos mientras otros se secarán, y estos desequilibrios afectarán sobre todo a las poblaciones que viven gracias a esos cursos de agua. Todo ello generará inundaciones y sequías a un ritmo e intensidad no conocidas, como ya se evidencia en algunos continentes, como Europa, donde hemos asistido en los últimos años a inviernos más lluviosos y veranos más cálidos. De la misma forma, el caos climático influye en el cambio de la cantidad y calidad del agua disponible, ya que al aumentar la temperatura del aire se altera la temperatura del agua, con lo cual se reduce su contenido de oxígeno, se afecta a la distribución de los organismos acuáticos y se altera el ciclo de los nutrientes, entre otras muchas y graves consecuencias. También el cambio climático ocasiona la mezcla de agua salada con aguas dulces en los acuíferos litorales, afectando a otra importante reserva de agua dulce en muchos lugares del planeta. Adicionalmente, en la medida en que cambia el clima mundial se altera el régimen de lluvias en ciertas zonas del planeta, lo que produce severas sequías, la desertificación y la hambruna, y genera los éxodos de población, las migraciones hídricas, cuando la gente huye en masa de sus terrenos ancestrales, sitios adorados para muchas culturas indígenas, convertidos en lugares yermos y sin vida, donde han desaparecido las fuentes de agua que les posibilitaban la subsistencia, como es el caso de algunos países del Sahel en África. La crisis hídrica, unida a la crisis alimentaria que hemos descrito, serán las responsables de terribles hambrunas, guerras y éxodos de población, que desestabilizarán el planeta y causarán la muerte de millones de personas durante los próximos años. Graves desequilibrios que afectarán también a miles de especies animales y vegetales, cuyos ciclos vitales también dependen de los equilibrios ecosistémicos donde se asientan. Continuaremos en siguientes entregas. 

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18 enero 2019 5 18 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

Una garantía de ingresos dinerarios mínimos forma parte del paquete de bienes primarios que configuran la libertad efectiva, tiene que ser universal, es decir para todos, por las mismas razones que lo son la educación, la sanidad, o las pensiones... Como tiene que ser incondicionado o, mejor dicho, sólo sometido a la condición de ciudadanía, eso posibilita que alguien cuyo proyecto de vida no sea trabajar en el sistema productivo, pueda hacerlo si considera que con el nivel establecido de renta básica satisface sus necesidades. Aquí, el debate más interesante que se abre no es tanto sobre la influencia de la renta básica en los incentivos al trabajo... sino sobre el propio concepto del trabajo

Jordi Sevilla

La Renta Básica Universal también pone el foco sobre las verdaderas fuentes de riqueza, identificadas desde el Marxismo clásico con la fuerza del trabajo humano y con la propia naturaleza y sus recursos. Pero hoy día hay que ampliar ese concepto, porque como indican Luis Alonso Echevarría y Daniel Raventós en el artículo de referencia, "la riqueza que se genera no procede sólo del trabajo de los trabajadores en activo en el momento actual, sino que en su mayor parte, la riqueza procede de los conocimientos acumulados por la humanidad a lo largo de la historia, de las infraestructuras que nuestros antepasados han ido construyendo, y de los recursos naturales que son, o mejor dicho deberían ser, de todos (y de nadie en particular al mismo tiempo). Por tanto, no solo el que trabaja en la actualidad o el que dispone de capital privado (que compra la fuerza laboral de terceros) tienen derecho a una renta. Al menos una parte de dicha riqueza total, debe redistribuirse a todos por igual, se trabaje o no, se disponga de bienes o no. Y así, los frutos de la tierra y del conocimiento humano deben ser compartidos por todos porque a todos pertenecen. En este sentido, la RBU, por primera vez en la historia, universalizaría un derecho hasta ahora exclusivo de unos pocos, la parte más rica de la población: el derecho a poseer rentas no necesariamente del trabajo propio". Hemos de contemplar la RBU como un derecho universal de ciudadanía a conquistar, y como tantas conquistas obreras y sociales en el pasado, las reticencias son poderosas. Raventós y Echeverría nos ponen como ejemplo en su referido artículo la lucha que nos costó la conquista del sufragio universal. Rescato sus palabras a continuación. 

 

Merece la pena, en este sentido, recordar el proceso que en su día condujo a la consecución de uno de los hitos más importantes de la historia política contemporánea. La idea del sufragio universal, la idea de conceder el voto a todo el mundo, con independencia del nivel de renta, de la instrucción o del género, tuvo ilustres y respetables enemigos tanto en la derecha (por razones de principio) como en la izquierda (por consideraciones de oportunidad política). Sin embargo, esta oposición que tan razonable parecía fue lenta pero vigorosamente barrida de la opinión pública, mediante heroicas luchas y muchos retrocesos, por una idea sencilla y éticamente irresistible. De este modo, es difícil entender hoy la democracia y la libertad sin el triunfo definitivo del sufragio universal. En esta misma dirección, la democracia y la libertad tampoco se entenderán en el futuro (así lo deseamos) sin la RBU, esto es, sin el derecho a la existencia económica y social garantizada políticamente a todos los ciudadanos por el mero hecho de serlo. Entonces, y al igual que el sufragio universal hace un siglo aproximadamente, la idea de garantizar políticamente la subsistencia digna al conjunto de la ciudadanía de un Estado democrático, por el simple hecho de ser ciudadanos y ciudadanas residentes en dicho Estado, constituye hoy una idea con tanta fuerza normativa que bien puede acabar barriendo todas las consideraciones de oportunidad y principios que se le puedan oponer. Y al igual que entonces con la universalidad del sufragio concedido por la condición de ciudadano/a, la RBU puede pasar a ser considerada por la ciudadanía como un valor en sí misma, como una pieza indispensable para garantizar su libertad e independencia, y como un requisito irrenunciable de justicia y dignidad para las sociedades democráticas de hoy día. Así lo esperamos. 

 

Vamos a rescatar a continuación un argumento no diríamos contrario, pero sí crítico con el concepto de RBU, tal y como lo estamos exponiendo aquí. Es el argumento energético, al que sí le concedemos cierta validez, o con el que estamos, al menos en principio, de acuerdo. Este inconveniente o crítica a la RBU no lo es por principio, es decir, no se opone a la propia naturaleza de la medida en sí misma, sino que centra su enfoque en algunos inconvenientes que podrían hacerla inviable, de aquí a algunas pocas décadas. Retomo a continuación dicho argumento, del ensayo de Manuel Casal ya referido en anteriores entregas. La corriente ecosocialista pone el dedo en la llaga al denunciar que la propuesta de la RBU que aquí exponemos no tiene en cuenta habitualmente la situación de inminente colapso de varios de los condicionantes básicos para su viabilidad: el crecimiento económico (como fuente monetaria última de esa renta), el sistema monetario (ya que la RBU se concibe únicamente en forma pecuniaria), y la sostenibilidad del propio Estado del Bienestar. Casal Lodeiro explica: "Es decir, conseguimos dejar de mirar al empleo como la única manera de satisfacer nuestras necesidades, pero inventamos un nuevo concepto socioeconómico que también acaba dependiendo, en última instancia, de un marco civilizatorio que deja de ser viable". En efecto, el ecosocialismo pone en jaque los marcos civilizatorios actuales amenazados por el agotamiento de los combustibles fósiles, y por las terribles consecuencias del cambio climático, entre otros factores. Y en este sentido, nos llama a reconvertir nuestros modos de producción y consumo desde otras vías, por otros medios, para otros fines (lo estamos explicando con detalle en nuestra serie "Filosofía y Política del Buen Vivir"). La incompatibilidad entre este incipiente colapso y la sostenibilidad de esta medida de asignación monetaria es lo que esta corriente destaca. 

 

Lo que se prevé es que debido a este colapso civilizatorio, incluso el propio Estado verá mermadas sus facultades, alcances y posibilidades, habiendo de reducir su tamaño y complejidad mientras va también disminuyendo la energía que alimenta su metabolismo. Destacados ecosocialistas, como Jorge Riechmann o Henrique Pérez Lijó se muestran críticos con esta medida de la RBU desde dichos puntos de vista. Y en efecto, hay que concederles que sus reticencias a esta medida, en el carácter con el que aquí la planteamos, están plenamente justificadas, pues es evidente que para que el Estado pueda repartir el montante de la RBU entre el conjunto de la ciudadanía, es necesario que dichos ingresos provengan del crecimiento económico que experimenten las arcas públicas (bajo el consiguiente aumento de la demanda energética y consumo de recursos asociado), procediendo éste de la actividad económica y mercantil de las empresas y organizaciones de la sociedad civil, tanto públicas como privadas. Es algo absolutamente evidente. Y aunque manejemos parámetros de justicia social, de mejor redistribución de la riqueza, y de personas que no dediquen su tiempo a hacer "crecer" la economía, lo cierto es que el dinero necesario para repartir la RBU a todo el mundo procederá de actividades económicas de sus propios agentes sociales. Bien hasta aquí. Pero veremos que si el problema es la moneda en sí, con el valor de uso y social que el propio capitalismo le otorga, podemos transformar un poco la naturaleza de la medida, para que deje de depender tanto de la lógica de mercado capitalista, y hacer de este modo la medida de la RBU más sostenible. Es decir, se trataría de anular el carácter crecentista de la RBU (que profundizaría aún más el problema ecológico y energético de nuestras civilizaciones industriales), lo que puede conseguirse por diversas vías, no excluyentes entre sí. 

 

Veamos: de lo que se trata es de que la RBU no redistribuye riqueza real (sino monedas, riqueza monetaria, es decir, riqueza virtual), porque la moneda oficial está continuamente sometida a los procesos de inflación o deflación que los que controlan la moneda en que se hiciere efectiva la RBU (nosotros proponemos una salida del euro, dicho sea de paso) quisieran permitir, o donde fuese empujada por el declive energético. Y así llegamos a la idea-fuerza que podría hacer viable tanto la RBU como los Planes de Trabajo Garantizado (PTG) de los que hemos hablado, que consiste en desligarse del Dios Trabajo por una parte, y de la dependencia de la moneda oficial por otra parte...¿cómo hacemos esto? Tendiendo hacia labores comunitarias, organizadas autónomamente por la población de cada lugar como un elemento de autosuficiencia, y sin el vínculo a un salario, sino remuneradas mediante cualquier tipo de moneda social, y ocupándose la gente de satisfacer las necesidades de la comunidad en cuestión. Estos parámetros ya sí podrían ser sostenibles, al desligarse tanto de la producción industrial (y su crecimiento económico emparejado, lo cual necesita incrementos energéticos y de consumo, inviables de aquí a poco tiempo), como del modelo capitalista de trabajo remunerado, como del modelo de renta monetaria, ligada a la producción del Estado capitalista, y por tanto sujeta a los mismos inconvenientes que ya hemos expuesto. En cualquier caso (y aquí es donde sobre todo llaman la atención estos autores), es absolutamente necesario ir desligándose de los conceptos típicos del capitalismo industrial, tales como la reactivación de la economía, el consumo desaforado y la imparable recaudación pública de impuestos, pues estos parámetros están basados ya en un modelo que a todas luces se nos presenta insostenible en un par de décadas. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 enero 2019 4 17 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en este claroscuro surgen los monstruos

Antonio Gramsci

La construcción de una izquierda integral, alter-sistémica y capaz de dar la batalla democrática también en el plano transnacional, se hace cada vez más imprescindible en el juego de todo o nada que nos propone hoy el capital terminal

Andrés Piqueras

En todas las recientes citas electorales, tanto de nuestro país como del resto del mundo, la izquierda (en los lugares donde existe) pierde apoyo ciudadano, apoyo social y electoral, en resumidas cuentas, pierde fuerza y votantes. Es un fenómeno internacional, no aislado o reducido a un ámbito geográfico concreto. Evidentemente la ofensiva reaccionaria es brutal en todos los órdenes, pero creemos que no es mérito de la derecha, sino demérito de la izquierda. Dicho en otros términos, tiene más responsabilidad la propia izquierda de sus retrocesos y declives que mérito la derecha por hostigarla, desprestigiarla y atacarla. Básicamente, la izquierda fracasa cuando deja de ser alternativa real. Asistimos a toda una oleada ultraconservadora basada en un repliegue nacionalista, un culto exacerbado a la identidad nacional, una visión excluyente del conjunto de la ciudadanía, una serie de tintes xenófobos y racistas, una fervorosa religiosidad, y un desprecio hacia las mujeres, las minorías, y el pensamiento alternativo. Por su parte, la izquierda, cuando existe, ha dejado de ser izquierda…¿dónde está la izquierda en Francia, en Alemania o en Italia? ¿Dónde está la izquierda en el mundo?

 

Se trata de una vuelta al pensamiento dominante con más dosis, si cabe, de exaltación y de fanatismo, que han sabido canalizar el descontento popular (provocado por la  ofensiva neoliberal que ha despojado de tantos derechos y libertades a las mayorías sociales) dirigiendo las miradas hacia chivos expiatorios muy bien definidos, como los extranjeros. Pero como decíamos anteriormente, son incluso más culpables de esta evolución las propias izquierdas, que no han sabido estar a la altura. Para entenderlo es preciso que comprendamos cómo funciona el fenómeno del desplazamiento del arco ideológico. Vamos a imaginar un arco ideológico que fuera desde la izquierda hasta la derecha en una escala del 1 al 10. Supongamos que en un ámbito geográfico determinado (una comunidad, un país, un Estado) tenemos desde la izquierda más radical (representada con un 1 en la escala) hasta la derecha más ultra (representada por ejemplo con un 8). Pues bien, puede suceder que la izquierda radical entienda (equivocadamente) que para captar más apoyo electoral debe suavizar sus propuestas, es decir, abandonar sus propuestas más radicales y abrazar la “moderación”, con lo cual se desplaza en el arco ideológico antes mencionado.

 

Pues bien, cuando esto sucede, en realidad no afecta sólo a la(s) formación(es) política(s) que haya(n) efectuado este desplazamiento, sino que todas las demás también se ven desplazadas, quizá por un procedimiento mimético para evitar confundir sus mensajes y propuestas con las de otra formación. Entonces, si la izquierda radical que estaba en la escala en el 1 pasa al 3, por ejemplo, entonces la derecha más ultra se desplaza también, hasta el 9, es decir, se vuelve más radical. Así, la izquierda muy moderada se volverá todavía más, y la derecha más centrada y moderada se moverá hacia la derecha más extrema. Exactamente eso es lo que está ocurriendo, tanto en nuestro país como en el resto del mundo. Es decir, la pérdida de radicalidad de los extremos, su desplazamiento hacia posturas más centradas y moderadas, más suavizadas, provoca también el desplazamiento del resto de formaciones. Y así, unos partidos tradicionales (situados en las órbitas conservadora, liberal o socialdemócrata) se ven afectados por ese desplazamiento, y copian las recetas más extremas, abriendo así la puerta a que cierta parte del electorado legitime las propuestas de los extremos, y acabe votándoles, simplemente porque prefiere el original a la copia. En nuestro país, uno de los mejores ejemplos, hemos pasado desde la radicalidad, rebeldía y pureza de las propuestas del Movimiento 15-M (que dio origen a la frescura del Podemos original), a la entrada en el Parlamento andaluz de la ultraderecha más retrógrada (Vox), simplemente porque esa izquierda ha ido perdiendo gran parte de esas características originales.

 

La izquierda, adalid del mensaje de que “otro mundo es posible”, no puede perder nunca el norte, “la mirada de tigre”, la agresividad y radicalidad que la caracteriza, y esto se pierde con más facilidad de la que sería deseable, en cuanto las formaciones políticas que la representan se “civilizan”, es decir, intentan integrarse en el sistema, jugar con sus cartas, participar de sus canales y estructuras, beneficiarse de sus prebendas. La izquierda debe quedarse en el “anti-sistema”. Pero hoy día, volviendo a nuestro país, ese Podemos ha quedado muy descafeinado, y las centrales sindicales mayoritarias, bajo los nuevos modelos laborales y el tremendo acoso del gran capital transnacional, están absolutamente descolocadas, y sólo juegan a la concertación. Bajo esta “sociedad del cabreo” (en expresión de Andrés Piqueras), el capitalismo en su fase terminal lleva golpeando a las mayorías sociales desde hace demasiado tiempo. Y en esta situación social tan amenazada, los monstruos que mencionaba Gramsci no tardan en aparecer. La única manera de luchar contra estos monstruos es diseñar una alternativa radical, y tener la valentía de “sostenella y no enmendalla”. Porque una cosa es que la izquierda tenga que actualizarse desde los postulados de Marx de hace 200 años, enriqueciéndose con otras disciplinas que complementan su discurso, y otra cosa es que esa izquierda se banalice, abandone sus orígenes y renuncie a la verdadera transformación social.

 

Cada vez que la izquierda se debilita en el sentido que explicamos, la ultraderecha engorda, gana adeptos y votantes, fortalece su discurso, se envalentona, se empodera. La valentía, coherencia e integridad de la izquierda, por el contrario, la radicalidad de su discurso y su ambición para cambiar el sistema desde la base, acobarda a la derecha más radical, que ve precisamente en esa izquierda un grave peligro que tiene que combatir (piénsese en las terribles campañas de desprestigio hacia Podemos cuando surgió en 2014, y cómo han desaparecido hoy día ante un Podemos que ya está institucionalizado, acomodado, y que por tanto no representa una gran amenaza). ¿Pero en qué consiste hoy lo “anti-sistema”? Hemos de partir de la base de que nuestras capacidades de decisión política están absolutamente coartadas por el gran capital y todas sus instituciones y organismos, nacionales e internacionales. Ellos son los que marcan la pauta, y ordenan lo que es posible y lo que no lo es. Su fuerza es tremenda, y anulan por completo la soberanía de cualquier país o Estado. Desde la política económica hasta la política exterior, están protegidos frente a cualquier decisión democrática. Las estructuras supranacionales están situadas fuera del campo democrático (la UE, la OTAN, la OMC, la OCDE, el FMI, el BM, el G20, el Foro de Davos…).

 

En primer lugar, recuperar la democracia implica recuperar la soberanía en todos los campos (monetario, económico, energético, político…), y mientras esto no se consiga, las propuestas de una izquierda radical no serán posibles, porque serán interceptadas por el poder de las instancias supranacionales. Se impone, por tanto, la salida de todas esas organizaciones. No nos dejemos engañar por discursos que hablan del “signo de los tiempos”, y de la imperante “globalización”, porque aquí lo único que se globaliza es el capitalismo neoliberal, y con él las desigualdades, la miseria, la pobreza, y el poder y la impunidad del gran capital. En segundo lugar, la izquierda debe dar la batalla y apostar nítidamente por los derechos humanos, de los pueblos, de los animales y de la propia naturaleza. Sólo si se defienden estos principios desde la radicalidad más absoluta, cueste lo que cueste, la izquierda podrá diferenciarse nítidamente del resto de opciones. En nuestro caso, la izquierda sólo puede ser creíble si cuestiona desde su base el Régimen del 78, en su totalidad, con todas sus consecuencias, y no hace como ahora, que se queda a medio camino, en opciones intermedias, entre Pinto y Valdemoro. En su intento de estar “al plato y a las tajadas”, como reza el refrán popular, no contenta ni a tirios ni a troyanos, y ello se traduce en una ambigüedad que después se paga muy caro en las urnas.

 

Y para el resto de las transformaciones, está claro que hay que responder con la misma radicalidad. No puede hablarse en el mismo lenguaje que el resto de opciones políticas. Los mensajes de la izquierda han de ser distintos. Propuestas como la nacionalización de los grandes sectores productivos y estratégicos de nuestra economía, la banca pública, la auditoría y el repudio de una parte de la deuda, la renta básica universal, y muchas otras que la izquierda ha ido dejando en el camino (por miedo a ser demasiado radicales), han de ser recuperadas. Y ello no por una cuestión estética, sino porque no es posible poner la economía al servicio de las mayorías sociales mientras los grandes medios de producción estén en manos de unas élites cada vez más ricas. Hay que explicarle a todo el mundo que el blindaje de los derechos sociales, laborales, políticos, económicos y culturales no es posible dentro del capitalismo, y hay que hacerlo con valentía, contundencia y claridad. No cabe duda de que los ataques de la derecha política, social y mediática serán enormes, pero lo iban a hacer igual ante un simple programa reformista o socialdemócrata, que es lo que hoy día propone Podemos. Hasta el actual gobierno del PSOE de Pedro Sánchez es atacado, y no es precisamente un gobierno comunista. En resumen, el reto de construir una izquierda verdaderamente alternativa, altersistémica, requiere volver a la radicalidad de las propuestas. Mientras no seamos conscientes de esta tarea, estaremos alentando el fuego donde se cuece la ultraderecha, pues el mundo y el sistema en crisis, que genera los agravios y profundiza las injusticias, son, también para ellos, su caldo de cultivo.

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16 enero 2019 3 16 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Luca Garonzi

Viñeta: Luca Garonzi

Debemos enfrentar la realidad: las políticas inhumanas diseñadas para impedir la migración no detienen a las personas en movimiento. Estas políticas fortalecen a funcionarios corruptos y a bandas criminales. Estas políticas criminalizan y arrojan a las personas vulnerables a las manos de traficantes y redes criminales que las explotan despiadadamente

Joanne Liu (Presidenta Internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF))

Retomamos de nuevo datos y reflexiones de Patricia Simón en este fantástico reportaje para el medio La Marea: 2018 ha sido el año con mayor número de personas migrantes llegadas por la vía marítima: 43.467 personas, a bordo de 1.636 pateras, a fecha de 15 de octubre pasado. Ello supone 14.000 personas más que en 2017. La mayoría de ellas continúan su periplo hacia otras ciudades de Europa, y sólo están en nuestro país el tiempo imprescindible para poder continuar viaje. La tarea más ardua e imprescindible la realizan los barcos humanitarios de diversas ONG's, que son los que intentan rescatarlos en el mar, y que los muertos sean los menos posibles. Sus experiencias son terribles. Su agotamiento también. Desde hace varios meses acá se ha impuesto la respuesta negativa cuando dichas embarcaciones solicitan un puerto seguro donde llegar. Ante esta petición, se les ofrece la negativa como respuesta. La inhumanidad se vuelve tan descarada, que últimamente es frecuente que los informativos diarios nos cuenten los puertos que se han negado a recibirlos, y el número de días que llevan navegando, intentando que algún país se haga cargo de ellos. Absolutamente inaudito, detestable, aberrante. Hemos llegado a tocar fondo como sociedad, cuando permitimos que estos crueles episodios se instalen en nuestro imaginario colectivo y cotidiano. Vergüenza es la única palabra que se nos ocurre para calificarlo. Y aún así (¡cómo es la naturaleza humana!), muchas veces son las propias reacciones y actitudes de los migrantes los que alegran a las personas que se dedican a su recepción y su traslado. Se contemplan estampas como la sonrisa de un niño, un joven bailando, una madre amamantando a su bebé...son ellos y ellas, a pesar de su tragedia personal, los que inyectan alegría y esperanza a las escenas dantescas que experimentan.

 

Y muy lejos de estos lugares, de estas desgracias, de estas escenas, en Bruselas, en el Parlamento Europeo, se siguen llenando la boca hablando de los Derechos Humanos. El cinismo parlamentario alcanza cotas insospechadas. Pareciera que el ser humano ya no puede caer más bajo. Pero cae, y vuelve a caer. Su insensibilidad hacia sus congéneres es absoluta, perversa, malévola, despiadada.  Parece que aceptan ya de buen grado, de forma normalizada, que una gran parte de la población mundial se haya vuelto superflua, y sea tratada de forma indigna e inhumana. Las únicas políticas que son capaces de crear son aquéllas que les conducen a la muerte, y si la superan, al encarcelamiento, a la deportación, a la precariedad, a la economía sumergida, a la pobreza y a la miseria. Pero para nuestros gobernantes estas personas sólo son números de una terrible y fría estadística, una estadística que sale en sus gráficos y en sus informes, pero de la cual no quieren saber nada más. Para esta necropolítica neoliberal parece que unas vidas valen más que otras, y sus medidas van orientadas a que toda esta población sobrante se muera, o simplemente, no sea un estorbo, no moleste a la población acomodada. Y luego, estos responsables del diseño de esta indecente Europa Fortaleza se harán los sorprendidos, o se rasgarán las vestiduras cuando contemplen el ascenso del fascismo en sus Parlamentos nacionales, y no sabrán explicarlo, porque no tienen ni la inteligencia suficiente como para darse cuenta de que son ellos/as mismos/as, con sus políticas, los que lo están fomentando. Patricia Simón acierta de pleno cuando afirma: "No, [ese fascismo] es el hijo natural de treinta años de discursos políticos y mediáticos dirigidos a la creación de un enemigo exterior personalizado en el inmigrante, con el fin de desviar la atención ante la incapacidad de la clase dirigente de dar respuesta a los verdaderos problemas de sus sociedades".

 

Es un fascismo social larvado, criado en los pechos de este salvaje neoliberalismo globalizado, que no tiene empacho en tratar a los extranjeros indocumentados como "el peligro" ante el que hay que protegerse. Nuestra actitud es muy bien resumida por Javier Cortines en este artículo: "Primero les abrimos las puertas, luego los abandonamos y practicamos la segregación y el apartheid". Según Cortines: "Da la impresión de que el valor de los seres humanos depende de su "denominación de origen", pues el "mercado" lo impregna todo, desde la superficie al subsuelo". En efecto, en cualquier metrópoli del mundo podemos comprobar cómo se van formando guetos de migrantes, porque la población autóctona va cambiando su residencia, y abandonando a los extranjeros. Una mayoría sobrevivirán en la marginalidad social, en la clandestinidad, sin derechos, después de pasar algún tiempo encerrados como bestias en los CIE. Vagarán por las calles, permanecerán en un "limbo jurídico" (como afirma Luis Díez en este artículo para el medio Cuarto Poder), carecerán de documentación, sobrevivirán como puedan, serán perseguidos, serán agredidos, soportarán el desprecio, serán discriminados, serán excluidos. Se dedicarán a cualquier cosa, a cualquier tarea que pueda darles cada día el pan que necesitan. Y a veces ni eso. Serán ese grueso de la población ignorada, habitando en una especie de "inframundo social". Serán las dianas de esa ultraderecha racista y xenófoba, que odia a los migrantes, y que desgraciadamente se extiende cada vez más a lo largo y ancho de nuestra geografía. De los miles de expedientes de expulsión resueltos, sólo se ejecuta una mínima parte. Muchos de ellos se niegan incluso a decir a la Policía el país del cual proceden. Simplemente dicen "de África". Estas personas, para las cuales su expulsión no ha sido posible, deberían disponer de una certificación que lo acredite, y así se evitarían desgraciados episodios con la policía. A todos/as ellos/as les gustaría abandonar ese limbo jurídico donde se encuentran, y disponer de algún documento que acredite su situación, y así poder abrirle puertas a la "legalidad", a conseguir la nacionalización, etc., y así tener más posibilidades de salir de esa marginalidad donde se encuentran.

 

Pero tampoco ocurre esto, así que estas personas continúan en su triste y anacrónica situación. Los partidos políticos de la derecha xenófoba se oponen a estas medidas, y continúan argumentando vilmente que eso constituiría un "efecto llamada" insoportable. Hasta ese punto llega su indecencia. Las políticas de fronteras son así de despiadadas...para los pobres. Luis Díez nos informa de que, en consonancia con la recomendación de la Comisión Europea del 16 de noviembre de 2017, recogida en la llamada Directiva de Retorno, el grupo parlamentario confederal de  Unidos Podemos solicitó al Gobierno "medidas para documentar por escrito a las personas migrantes con órdenes de retorno aplazadas temporalmente, para establecer la extensión de su estatuto de garantías, y para especificar los supuestos y requisitos en los que resultaría procedente otorgarles una autorización por motivos extraordinarios en casos de situación de irregularidad prolongada". Esta petición ha sido ignorada a día de hoy. El limbo jurídico continúa, la exclusión social también, la desesperación de estas personas también. Son personas invisibles para el poder, pero tremendamente visibles para uso y abuso de explotadores, violentos y racistas. Extrapolemos esta situación a todo el contexto europeo, donde millones de personas sobreviven en la más oscura tragedia. Una política de fronteras sensible debería ampliar el catálogo de opciones legales de residencia, sin embargo no lo hace. Y mientras todo ello ocurre, el proceso de externalización de nuestras fronteras crece, se amplía y continúa ofreciendo pingües beneficios a los sectores armamentísticos y de seguridad, que son los principales nichos de mercado que se han beneficiado con el creciente número de contratos y medidas de seguridad fronteriza. En el fondo, como tantas veces hemos afirmado, es el capital quien sale ganando con todas las "soluciones" que se diseñan. Sean éstas cárceles, muros o sistemas de impedimento legal, las empresas que están detrás de estos instrumentos salen ganando. 

 

Y es que el gran capital no tiene amigos, ni sensibilidad, ni nacionalidad, ni fronteras, sólo posee intereses. No responderá por nada ni por nadie, sólo estará a la hora de contabilizar los beneficios. Le dará igual de dónde proceden, sólo le importarán las ganancias. No se cuestionará la licitud o ilicitud de sus negocios, sólo se marcará el objetivo de incrementar sus cuentas de resultados. Y así, millones de euros son destinados en la actualidad a una serie de proyectos destinados a impedir la migración de determinadas personas hacia territorio europeo, o su desplazamiento dentro de éste. El rango es amplio: incluye la colaboración con terceros países (fuera de la UE) para la aceptación de personas deportadas, la formación de su policía y guardia fronteriza, el desarrollo de potentes e inteligentes sistemas biométricos de identificación, la dotación de sofisticado equipamiento, incluidos helicópteros, barcos patrulleros, vehículos, y equipos de vigilancia y seguimiento. Como podemos imaginar, las empresas que están detrás de la fabricación de todos estos instrumentos, se están haciendo de oro. Y así, a la Unión Europea y sus Estados miembro no les preocupan si esos terceros países con quienes acuerdan estas cuestiones respeten o no los derechos humanos, si son más o menos autoritarios, más o menos represores, más o menos violentos. La UE emplea una erudita retórica sobre los derechos humanos en sus discursos, sus altos jerifaltes pronuncian exaltados discursos, reclamando el cumplimiento de los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho, pero después de que los discursos acaban, acuerdan con regímenes dictatoriales siempre y cuando éstos se comprometan a impedir que la "migración irregular" llegue a las costas europeas, o a sus alambradas y concertinas. Sin ir más lejos, la UE ha firmado acuerdos con regímenes infames como los de Chad, Nigeria, Bielorrusia, Libia o Sudán, y les ha proporcionado fondos para que realicen su "trabajo". La violencia y la represión contra personas desplazadas por la fuerza fomentan también la migración clandestina, consiguiendo el efecto contrario al que se pretende. Porque de esta forma, reconfiguran y potencian el negocio del tráfico de seres humanos, y refuerzan el poder de las mafias y redes de trata de personas, de extorsión y de violencia contra ellas. Como consecuencia, muchas personas se han visto obligadas a buscar otras rutas, a menudo mucho más peligrosas, y a confiar en traficantes que cada vez tienen menos escrúpulos. La situación por esta vía se complica. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 enero 2019 2 15 /01 /enero /2019 00:00
Bolsonaro: primeras medidas del "Trump del Sur"

El nuevo gobierno de Brasil se parecerá más a una junta militar de un país de América Latina de finales del siglo pasado que al gabinete técnico de una democracia del siglo XXI, y la presencia de tantos militares en puestos de tanta responsabilidad será un acontecimiento sin precedentes desde que en 1985 se pusiera fin a la dictadura

Juraima Almeida

Perseguirá, encarcelará y asesinará sin merced a quienes resistan sus atropellos. Las libertades serán coartadas y la cultura sometida a una persecución sin precedentes para erradicar “la ideología de género” y cualquier variante de pensamiento crítico. Toda persona u organización que se le oponga será blanco de su odio y su furia. Los Sin Tierra, los Sin Techo, los movimientos de mujeres, los LGTBI, los sindicatos obreros, los movimientos estudiantiles, las organizaciones de las favelas, todo será objeto de su frenesí represivo

Atilio Borón

Purgar a los empleados públicos de la anterior administración petista, desmantelar algunas agencias públicas, atacar a la comunidad LGTBI, ofrecer más permisividad frente al uso de armas, y un neoliberalismo a ultranza (con vocación de privatizar todo servicio público) son los primeros pasos del nuevo “Trump del Sur”, Jair Bolsonaro. Durante su discurso de toma de posesión, el pasado día 1 de enero, mencionó a “Dios por encima de Brasil”, lo cual da idea de su fanatismo religioso. Con un gobierno mayoritariamente de hombres y entre ellos, de militares, poco se puede esperar de este nuevo “Mesías” que ha venido a “salvar al pueblo brasileño del socialismo”, según sus propias palabras. Brasil volverá al blanco y negro durante los próximos años. Su Ministra de Familia, profundamente religiosa, declaró hoy: “Ha comenzado una nueva era en Brasil. Los niños vestirán de azul y las niñas vestirán de rosa”. Una frase que, aunque aparentemente inocente, esconde peligrosos mensajes. Creo que aún no tenemos una idea clara de hasta dónde puede llegar la involución y el retroceso de este país con el nuevo Gobierno de Bolsonaro.

 

Por supuesto, el gobierno de los Estados Unidos ha encajado la nueva era brasileña con los brazos abiertos, y Bolsonaro ya ha declarado que tiene intención de que USA posea una base militar en territorio brasileño. El ex capitán del ejército augura un futuro ciertamente preocupante para su país. Pero hagamos siquiera un breve ejercicio recordatorio de cómo hemos llegado hasta aquí. La operación se inició con el jaque mate a Dilma Roussef y su gobierno, mediante una operación de “impeachment” patrocinada por la derecha y los Estados Unidos. Con acusaciones infundadas y mucha propaganda engañosa, el Parlamento la destituyó de su cargo, nombrando como Presidente (interino) a Michel Temer, que ya comenzó a revertir todas las medidas y políticas desarrolladas a favor de los más pobres en Brasil. En nuestro artículo del Blog explicamos a fondo el Golpe parlamentario que sufrió el gobierno brasileño del PT. Mientras todo esto ocurría, las derechas política, social, y sobre todo mediática brasileñas no descansaban, lanzando todo tipo de campañas, injurias, infundios y conspiraciones para impedir que Luis Ignacio Lula da Silva, el verdadero artífice de la izquierda brasileña, pudiera de nuevo presentarse a unos comicios. Las encuestas le eran favorables, así que la única manera de impedir que se presentara era inhabilitarlo judicialmente, y eso exactamente es lo que hicieron. Actualmente, Lula está encarcelado, cumpliendo condena por el caso Petrobrás, un nudo de corrupción y tráfico de influencias.

 

La izquierda del PT cometió muchos errores (sería ingenuo y poco realista no admitirlo), pero su balance, en cuanto a medidas para disminuir las tremendas desigualdades entre ricos y pobres en Brasil, fue infinitamente más positivo que negativo. Al igual que otras izquierdas latinoamericanas (la de Correa en Ecuador, la de Morales en Bolivia, la de los Kirchner en Argentina, incluso las de Chávez y Maduro en Venezuela), fundamentaron su acción política en redistribuir la riqueza procedente de sus recursos naturales, pero fallaron estrepitosamente en los ámbitos culturales y educativos, que son principales para mantener socialmente el apoyo en toda revolución que se precie. Y así, las vengativas derechas latinoamericanas se lanzan al ataque más agresivo y por todos los medios en cuanto ven algún resquicio o posibilidad para ello. Y en Brasil, con Dilma fuera de combate y Lula encarcelado, el candidato del PT tuvo que vérselas con Bolsonaro, que se presentaba, al igual que Trump en EE.UU., como un “outsider” de la política, que llegaba para “regenerar” el escenario. Pero más que regenerarlo lo que va a hacer es involucionarlo. Bolsonaro es un ultraconservador en lo político, un neoliberal en lo económico, un ultrarreligioso en lo social, y un troglodita en el resto de asuntos. Ha defendido la dictadura que sufrió su país, y es declaradamente fanático, machista, reaccionario, racista, homófobo, bravucón e intolerante. ¡Toda una joya!. Ha estado respaldado masivamente (lo cual ha constituido una pieza clave en su victoria) por la Iglesia Evangélica brasileña, que como todas las iglesias del mundo, siempre apoyan a los candidatos más retrógrados y conservadores.

 

Bolsonaro se ha propuesto eliminar de la sociedad brasileña el pensamiento crítico y de izquierda, y si para ello tiene que acudir a los métodos más discriminatorios y represores, lo hará. Atacará al sistema educativo (ha dicho que piensa “eliminar la basura marxista de las escuelas”), del que ha dicho que únicamente tiene que formar piezas para el mercado de trabajo, y no ciudadanos/as pensantes. Una de sus propuestas es reducir la edad laboral mínima por dejado de los 14 años (que ya insinuara el gobierno Temer). Bolsonaro defiende la prohibición del aborto en TODOS los casos posibles. Atacará igualmente a las poblaciones indígenas y al medio ambiente, habilitando las transformaciones de las tierras de la Amazonía para que puedan convertirse en tierras cultivables. Esta selva es el mayor pulmón del planeta, pero a Bolsonaro esto le importa bien poco. Al igual que Trump, ha declarado que sacará a su país de los acuerdos por el clima y ambientales que tenga suscritos. En el panorama internacional, el gobierno Bolsonaro se alineará con Israel (el gobierno del PT lo había hecho con Palestina), y sobre todo con su mentor principal, Donald Trump, en plena connivencia con sus intereses y “amistades” internacionales. No se pueden esperar otras cosas de un gobierno formado por militares, ultraderechistas, negacionistas y evangelistas. El deterioro de la sociedad brasileña será profundo y abarcará todas las dimensiones. Los únicos que saldrán ganando serán los terratenientes y grandes empresarios. En resumen, Bolsonaro practicará un régimen dictatorial disfrazado de democracia. Malos tiempos se avecinan para Brasil.

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14 enero 2019 1 14 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

El Hombre es la especie más insensata: venera a un Dios invisible y masacra una naturaleza visible, sin saber que esta naturaleza que él masacra es ese Dios invisible que él venera

Hubert Reeves

Volvamos en este punto de nuevo, y lo haremos tantas veces como haga falta según los nuevos argumentos que pongamos en el debate, al concepto de crisis civilizatoria. ¿Cuáles han sido los términos que se han manejado hasta ahora? Veamos: retrocedamos por ejemplo una década. Entonces se hablaba únicamente de crisis económica, y los economistas de izquierda nos explicaban muy bien lo sucedido (véase por ejemplo el texto "Hay Alternativas", todo un clásico, de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón). Pero después comenzamos a distinguir nuevas facetas o dimensiones a esa crisis, que inicialmente era sólo económica, y entonces empezamos a hablar sobre crisis política, crisis social, crisis de régimen (de nuestro Régimen del 78), crisis alimentaria, crisis energética...Todas ellas eran ciertas, siguen siendo ciertas, y cada una se explica teniendo en cuenta sus propios puntos de vista, no excluyentes entre sí. Pero desde hace unos años, convergemos (debemos hacerlo) en el concepto global de Crisis Civilizatoria. Sigamos este artículo de Renán Vega Cantor, donde nos lo explica profundamente: "La noción de crisis civilizatoria es importante porque con ella se quiere enfatizar que estamos asistiendo al agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural. Esta crisis señala las terribles consecuencias de la producción de mercancías, que se ha hecho universal en los últimos 25 años, con el objetivo de acumular ganancias para los capitalistas de todo el mundo y que sólo es posible con el gasto exacerbado de materiales y energía". Es decir, la crisis civilizatoria se da cuando ponemos en riesgo todos los modos en que una determinada civilización vive y se expresa: sus modos de producción, sus fuentes de energía, sus materiales, su cultura...Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en estos albores del siglo XXI.

 

Entiéndase bien: no estamos queriendo negar el resto de crisis, que son ciertas todas ellas. Estamos diciendo que superpuesta a todas ellas (y curiosamente de la que se habla menos), tenemos la crisis más generalista que podemos sufrir, porque afecta a todos los elementos de nuestro mundo actual. Todos nuestros modos de vida se ven implicados. El mensaje es, pues, de rotunda emergencia civilizacional. ¿Y cuál es esa civilización que se acaba? Pues podemos denominarla de varias formas, pero quizá la forma más correcta sea la de Civilización Industrial Capitalista. Antes de ella las sociedades humanas se organizaban y funcionaban de otros modos, existían otras fuentes de producción, sus materiales eran rudimentarios, el consumo respondía a otros valores culturales, la filosofía de vida era distinta, sus fuentes de energía eran muy limitadas, etc. Y luego se produjo la transición hacia nuestra actual civilización. La civilización industrial consolidada durante los dos últimos siglos, un breve lapso de toda la historia de la humanidad, se ha sustentado en la extracción intensiva de combustibles fósiles (carbón, gas, y de manera primordial, petróleo). Las transformaciones tecnológicas que se han dado durante estos dos últimos siglos han sido posibles gracias también al uso de estos combustibles, a los cuales están asociados inventos como la máquina de vapor, el ferrocarril, el avión, el televisor, el tanque de guerra, el automóvil, el ordenador, el teléfono móvil, y cualquier otro instrumento tecnológico que se nos ocurra. El uso de dichos combustibles ha permitido al capitalismo extenderse por todo el mundo (hoy hablamos de "globalización"), ya que los medios de transporte han aumentado su velocidad, tamaño y alcance, con lo cual la producción de mercancías ha rebasado el ámbito local y se ha desplegado por todo el mundo. Las distancias geográficas que antes eran muy largas se han hecho cortas, y con ellas las posibilidades de interacción humana entre diversas culturas. Ello ha permitido también una rápida urbanización, un éxodo de gran cantidad de población del campo a las ciudades, hasta el punto de que hoy por primera vez habita en las ciudades un poco más del 50% de la población mundial, una tendencia que continúa creciendo, y que provoca el abandono de los lugares rurales. 

 

Pero el capitalismo nos trae también las desigualdades, así que podemos contemplar cómo en esas ciudades existe una minoría opulenta que disfruta de lujosos bienes, junto a una mayoría que vive en la más espantosa pobreza, sin tener acceso a los servicios públicos fundamentales, apiñados en guetos y sin contar con lo básico para poder vivir de una forma digna. Pero esta expansión mundial del capitalismo no habría sido posible sin el petróleo, cuyo despegue podemos situarlo durante la década de 1930, ya que la producción de China o India, que vincula a millones de personas al mercado capitalista como productores (en gigantescas fábricas del neoesclavismo laboral) y consumidores (vía uso de ropa de moda, automóviles o teléfonos móviles, por ejemplo), se ha logrado con la reproducción de la lógica depredadora del capitalismo y el uso a gran escala de los combustibles fósiles. Pero el petróleo tiene un problema fundamental, y es que es un recurso no renovable, y en estos momentos nos encontramos en un punto de inflexión, cuando ha comenzado su agotamiento irreversible. Y este petróleo resulta esencial para mantener el modelo capitalista, pues no sólo se necesita para garantizar que se incremente la producción de cualquier tipo de mercancía que se consume a gran escala en cualquier punto del planeta, sino también para permitir la construcción de infraestructuras que posibiliten el transporte de esas mercancías, hasta sus ciudades de destino, mediante carreteras, puertos, oleoductos, aeropuertos, etc. Dado el aumento de la población mundial vinculada al mercado capitalista, y del consumo que de éste se deriva, no hay duda de que nos encontramos en el cénit no solamente de la producción de petróleo y de carbón, sino también de los principales recursos minerales que posibilitan el funcionamiento de nuestra civilización industrial. La mayoría de los ingenieros consideran que el eclipse del petróleo se consumará en las próximas dos décadas, lo cual implica que tenemos que abordar ya un cambio radical en la forma de vida que conocemos, incluyendo una reducción del tamaño de las ciudades, una desaparición de los grandes sistemas de transporte existentes, y unos modos de vida más frugales, locales y simples. 

 

Según Richard Duncan, uno de los mayores expertos mundiales, la época del petróleo puede considerarse como una fiesta de corta duración que va a durar sólo un siglo aproximadamente, al cabo de la cual finalizará el derroche energético emprendido por el capitalismo, situación a la que se llegará en escasamente dos décadas, cuando arribemos a otra era, en la cual ya no habrá petróleo, y por tanto no podrán mantenerse las estructuras productivas y consumistas de nuestra civilización. Pero nos asalta una pregunta fundamental...Si esta información también la poseen las élites mundiales...¿Qué panorama se nos avecina? Es lógico pensar que en estas condiciones, cuanto más aumente la producción y el consumo de energías fósiles, el petróleo se acabará incluso más rápido de lo previsto, y tal carencia provocará el regreso brusco a las crisis precapitalistas de subproducción por la imposibilidad de mantener los frenéticos ritmos de despilfarro de petróleo en el mundo actual, como una expresión de la decadencia y del parasitismo de nuestro modelo de sociedad. Por supuesto, todo ello también acarreará el aumento de guerras y conflictos armados, debidos a la lucha por el control de los últimos reductos de hidrocarburos, como ya se aprecia con los diversos conflictos que asolan a los territorios que tienen la desgracia de poseer petróleo (Irak), que están cerca de las fuentes de petróleo o de gas (Afganistán), o se ubican en lugares estratégicos de la circulación mundial de mercancías (Ucrania, Somalia o el cuerno de África). Pero esta reducción acelerada no es solo del petróleo, puesto que los más recientes estudios indican que el carbón (del que hasta hace poco se anunciaba que iba a durar por varios siglos) también se acerca a su pico máximo, al cual se llegará también en las próximas dos décadas. Lo mismo acontece con otros minerales estratégicos (imprescindibles para la fabricación de determinadas tecnologías), cuyo agotamiento también está más o menos próximo: uranio, 40 años; antinomio y plata, entre 15 y 20 años; tantalio y zinc entre 20 y 30 años; indio entre 5 y 10 años; platino, 15 años; hafnio, menos de 10 años, etc. Lo verdaderamente crítico radica en que el pico del petróleo es un punto de inflexión histórico, cuyo impacto mundial sobrepasará todo cuanto se ha visto hasta ahora, y tendrá consecuencias en la vida de la mayoría de las personas que habitamos este planeta.

 

Otra vertiente de la crisis civilizatoria es la alimentaria. El capitalismo es una fábrica simultánea de riqueza y de miseria, productor constante de injusticia y desigualdad, en razón de lo cual la polarización de clase es una de sus características intrínsecas. Esto se manifiesta en las más diversas facetas de la vida social, como sucede con la producción de alimentos. Que el capitalismo produzca hambre no es nuevo (de ahí la hipocresía de las grandes campañas mundiales, incluidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la propia ONU), puesto que su expansión mundial ha generado, de manera invariable, hambre a gran escala, como resultado de la destrucción de las economías locales, sometidas a nuevas exigencias para que se adapten a los requerimientos del mercado mundial, y a las "reglas del comercio", controladas por las élites y sus organizaciones anexas. En la práctica, la globalización capitalista ha dado origen a una realidad profundamente injusta en términos alimentarios, porque al mismo tiempo unos pocos consumen hasta el hartazgo (lo que provoca fenómenos como los índices mundiales de obesidad en los países más desarrollados), mientras que en todos los continentes millones de seres humanos soportan la desnutrición o mueren de hambre. O también: mientras la comida basura se extiende por el mundo, millones de toneladas de alimentos se desperdician diariamente. Esta atroz realidad es, por desgracia, cotidiana. Pero todo ello se explica por la misma causa: el hambre y la desnutrición actuales son un resultado directo de la destrucción de las economías campesinas por parte de las grandes empresas agroindustriales, que monopolizan las mejores tierras, imponen costosos paquetes tecnológicos y controlan la producción de alimentos, semillas y materias primas de origen agrícola. Todo ello ha venido acompañado del despojo y expulsión de los campesinos e indígenas de sus territorios ancestrales por poderosas compañías transnacionales (con la colaboración de empresarios locales), con lo que la producción agrícola y pecuaria es dominada por unos pocos países, unas cuantas empresas y algunos terratenientes, habiéndose liquidado la soberanía alimentaria de multitud de territorios antaño autosuficientes, en los cuales se siembran productos comerciales en sustitución de alimentos esenciales. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 enero 2019 5 11 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: https://www.youtube.com/

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Podemos subrayar que la RB se convierte ella misma en un pilar del nuevo sistema de bienestar para este nuevo milenio, nuevo en el sentido de que las prestaciones pasan a basarse en el concepto de ciudadano y no en la condición de trabajadores de la población. Consideramos que este nuevo derecho ciudadano a una renta básica contiene las virtudes y las características suficientes que lo hacen idóneo para establecer los fundamentos de un nuevo modelo de bienestar social público para el siglo XXI

José Iglesias Fernández

Mis lectores y lectoras convendrán conmigo, a estas alturas de lo que llevamos expuesto sobre la Renta Básica Universal, que incluso más que estar a favor o en contra de la medida con criterios fundamentados, lo que existe en la opinión pública es un nivel muy generalizado de desconocimiento sobre lo que de verdad implica esta medida, así como sus posibilidades reales de implementación. Cada vez se habla más de ella, pero las ideas no se transmiten claramente, o quizá no se entienden bien. Debemos hacer una campaña a favor de la correcta comprensión de la medida, explicando sus fundamentos, y echando abajo todas las falacias que la derecha suele verter sobre ella. Las personas y los tertulianos al uso de todos los programas opinan de la medida sin tener todos los datos y los conocimientos sobre ella, y de esta forma, lo único que se consigue es aumentar el grado de confusión. Pero incluso muchos pensadores, autores, activistas, economistas y políticos de izquierda, también vierten (equivocadamente) algunos criterios sobre la RBU que no se ajustan a la realidad, y a ellos/as no se les puede achacar desconocimiento, sino más bien quizá una serie de prejuicios ideológicos que impiden ver la foto correcta y al completo de la RBU. La mayoría de ellos insisten en defender el trabajo a ultranza (en su modalidad de los Planes de Trabajo Garantizado, que ya hemos comentado aquí), pero se niegan a ver las imponentes ventajas de la Renta Básica, que también hemos comentado en entregas anteriores. Quizá sea esa fe ciega en el Dios Trabajo que también expusimos antes de entrar en el asunto de la RBU, la que mueve a estos autores a demonizar la Renta Básica, pero abrazar cualquier medida que santifique el trabajo humano.

 

Y es que la idea de la Renta Básica Universal se apoya filosóficamente en el republicanismo histórico, para quien nadie puede ser libre si no tiene su existencia material garantizada. Lo que la RBU en esta dimensión aportaría sería precisamente esa libertad, que se resume en poder existir sin el permiso de otros. Porque la miseria, la pobreza y la exclusión social, digámoslo claramente, no es sólo la carencia y la privación material, sino también la dependencia (causada por éstas) sobre la voluntad y el arbitrio de terceras personas, que gobiernan nuestras vidas. Es un problema, por tanto y en el fondo, de libertad. Y en este sentido, dotaría de esa libertad a los colectivos más vulnerables socialmente, tales como los trabajadores precarios (cada vez más en nuestra sociedad), mujeres que no gozan de independencia económica de sus parejas, jóvenes con pocos recursos, y personas pobres en general. Hemos de insistir también en que la RBU (en su propuesta de izquierdas, que es la que aquí defendemos) no vendría a sustituir a ningún otro mecanismo de integración, igualdad, solidaridad, protección o bienestar (nos estamos refiriendo a los clásicos pilares del Estado de Bienestar), porque también es otra falacia que se vierte. Los que lo hacen pueden estar pensando en la variante de la RBU de derechas, pero esa no es la que nos interesa. La prueba infalible para saber si la propuesta que cualquier autor/a defiende o critica sobre la RBU es de izquierdas o de derechas, es fijarse en dos aspectos fundamentales: el sistema de financiación propuesto, y las medidas económicas de acompañamiento. Aquí ya hemos explicado cuáles son los que proponemos nosotros, así que cualquier otro documento o artículo que llegue a mis lectores/as y que plantee otras formas de financiación, y/u otras medidas de acompañamiento, no es la RBU que estamos proponiendo. Y todo ello suele hacerse, o bien por desconocimiento, o bien por introducir aún más grado de confusión, con objeto de desprestigiar la medida, o indicar su imposibilidad práctica.

 

Seamos, pues, claros también en este aspecto: los defensores de derecha de la RBU (que los hay) proponen desmantelar el Estado del Bienestar (educación, sanidad, vivienda, servicios sociales, etc.) "a cambio" de la RBU, persiguiendo sus ya clásicos objetivos de adelgazamiento del Estado, privatización de los servicios públicos, y mercantilización de todos los derechos humanos. Su modelo de Renta Básica les da alas en este sentido, pues legitima su fundamento y su objetivo principal, digamos que les ayuda a conseguirlo. Por el contrario, los defensores de la RBU desde la izquierda transformadora perseguimos una redistribución más justa de la riqueza, y el mantenimiento, e incluso el fortalecimiento, de las prestaciones del Estado del Bienestar. Concretando en esta línea, nuestro modelo de RBU propone asegurar a toda persona el derecho a vivir dignamente, financiando el sistema mediante un sistema fiscal progresivo y de forma compatible (no sustitutorio) a las demás prestaciones universales del Estado de Bienestar. De hecho, y para eliminar dudas al respecto, Daniel Raventós y Luis Alonso Echevarría, en este artículo para la revista Sin Permiso, informan de lo siguiente: "En el último Congreso de la Basic Income Earth Network (BIEN), celebrado en Seúl en julio de 2016, dicha organización, que agrupa a estudiosos y activistas de muy diverso signo ideológico, decidía por mayoría añadir a la definición tradicional de la Renta Básica recogida en sus estatutos (un ingreso universal, individual e incondicional), el siguiente redactado: "[...], y suficientemente alto como para que, en combinación con otros servicios sociales, constituya parte de una estrategia política para eliminar la pobreza material y para facilitar la participación social y política de cada individuo. Nos oponemos a la sustitución de servicios sociales o derechos [...]". Pensamos que queda claro, y que quien afirme otra cosa, es un ignorante en el tema o bien solo pretende introducir confusión.

 

Y la confusión o perversión argumental llega a tal extremo que además de las razones y motivos que durante las entregas anteriores ya hemos desmontado ("no se puede financiar", "no hay dinero", "entonces la gente no trabajaría", "no podemos dársela también a los ricos", y demás falacias), algunos autores intentan parangonar la RBU con otras medidas propuestas por otras fuerzas políticas, digamos, del arco ideológico de la derecha. Por ejemplo, Ciudadanos propuso en la campaña electoral de los últimos comicios nacionales un "Complemento Salarial" para los trabajadores que no llegaran a unos determinados ingresos mínimos. Es decir, era una propuesta donde el Estado complementaba el salario de los trabajadores hasta un nivel mínimamente digno. A todas luces puede comprobarse que esta es una medida completamente distinta a la RBU que aquí proponemos. Las diferencias son múltiples: la propuesta de la formación naranja vuelve a ser condicional, no elimina la dependencia del trabajo, libera a los empresarios para continuar proponiendo empleos indignos, y al ser condicionada, no conlleva ninguna de las ventajas que hemos enumerado para nuestra RBU. De nuevo, pretender comparar ambas cosas sólo es un ejercicio de supina ignorancia, de mala información o de mala fe. De hecho, en este ejemplo, el efecto de la RBU sería justamente el contrario a la propuesta de Ciudadanos, ya que forzaría al empleador a ofrecer mejores condiciones, al empoderar y emancipar al trabajador de tener que vender su fuerza de trabajo. También se enfrenta a veces la RBU con la medida de reparto del trabajo, que también es defendida por nosotros. De nuevo nos preguntamos...¿Es que acaso son medidas incompatibles? ¿No pueden implementarse ambas? ¿No pueden implementarse incluso las tres medidas a la vez: la RBU, el reparto del trabajo y los Planes de Trabajo Garantizado? Estamos convencidos de que es posible y deseable.

 

De hecho, muchas propuestas de implantación de la RBU se acompañan de medidas de reducción de la jornada laboral, para permitir un mayor reparto del trabajo entre todos los que deseen trabajar. Subyace una filosofía de desligarnos del modo de producción capitalista, que en su actual fase terminal, agónica y destructiva, obliga a que existan por ejemplo personas superempleadas (es decir, trabajando muchas horas a la semana, en uno o varios empleos), junto a personas inactivas. Esto no tiene ninguna razón de ser. Es un despropósito absoluto. Es más, la RBU por sí misma puede resultar un instrumento muy útil para conseguir la disminución de la jornada laboral y el reparto del trabajo remunerado, dado que, a través de la seguridad que confiere al trabajador o trabajadora, facilita la reducción de jornada, el inicio de proyectos cooperativos, el autoempleo, la dedicación temporal al estudio, a las aficiones, etc. Es muy simple de entender: toda medida que nos libere de la dependencia cruel y absoluta del trabajo será empleada precisamente en disminuir el culto al mismo, para dedicar nuestro tiempo a otras actividades, y también dar lugar a que otras personas que lo deseen puedan también trabajar. En el fondo, son medidas que estimulan el reparto, la solidaridad, la cooperación, la libertad, la emancipación, la liberación. El reparto del tiempo de trabajo se vería incentivado, proporcionando una forma flexible de compartir el empleo libremente. Es decir, permitiría liberarse de algunas horas de jornada para los que lo desearan, y para otros/as, aprovechar el trabajo así liberado. Por tanto, no son medidas antagónicas ni excluyentes, sino complementarias. Repartir el trabajo que existe se convierte hoy día en una imperiosa necesidad, pero en caso de no poder/querer hacerse, el suelo firme que proporciona la RBU emancipa y libera a los trabajadores/as que no puedan/quieran practicarla.  Por su parte, los PTG contribuyen a liberar al trabajo humano de las fuentes privadas capitalistas, asumiendo que en la comunidad determinada donde se implementen, seguro que existen miles de trabajos que hay que desarrollar para el bien de dicha comunidad, aunque no sean rentables económicamente: siempre lo serán socialmente. Continuaremos en siguientes entregas.

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10 enero 2019 4 10 /01 /enero /2019 00:00
¿Lo personal es también político?

Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia

Honoré de Balzac

O dicho de otro modo: ¿Pueden las actitudes personales influir en el ámbito político? ¿Son ámbitos interdependientes? Parece ser que normalmente solemos distinguir entre las acciones y comportamientos que tenemos en nuestro ámbito privado, íntimo y personal, de las actividades y comportamientos, digamos, públicos. Extrapolándolo al terreno de la política, continuamos haciendo esta distinción, sin percatarnos de que muchas veces ambas facetas van unidas, o al menos, se interrelacionan. Vamos a explicarnos mejor: muchas decisiones políticas a gran escala necesitan de un cambio mental y cultural en el conjunto de la ciudadanía, para poder asumirlas. Y viceversa, para alcanzar decisiones políticas de gran calado, es la ciudadanía la que tiene que apostar por ellas desde la base. Es decir, hay aspectos que tienen que desarrollarse tanto de abajo hacia arriba (es decir, desde los movimientos sociales y la acción individual o grupal de la ciudadanía) como de arriba hacia abajo (desde los más altos representantes políticos, económicos y sociales de nuestras Administraciones e instituciones y organismos).

 

Es decir, que no basta sólo con una vía. Ambas vías deben ser implementadas, porque ambas vías se retroalimentan. La historia nos muestra infinidad de ejemplos donde podemos demostrarlo. Cuanta más presión ejerza la ciudadanía, dichos valores y comportamientos llegarán a transformar las estructuras políticas y económicas a gran escala, y por otra parte, cuanto más convicción muestren nuestros líderes políticos de que hay que alcanzar ciertas decisiones y medidas, más convencida y asumido lo tendrá la ciudadanía. Piénsese por ejemplo en las leyes antitabaco. La transformación cultural y las acciones a proyectar requieren ir en ambas direcciones: porque nada podrá hacerse desde arriba sin una ciudadanía convencida (crearíamos estallidos sociales y revoluciones), ni tampoco desde abajo sin unos responsables políticos y económicos convencidos (porque sólo desde arriba a nivel político se podrá actuar contra ciertos modelos). Pues bien, una vez explicado (o al menos intentado) lo que queremos decir, vamos a poner como ejemplo tres comportamientos, decisiones, o modos de actuar, a nivel personal, que empujan en las altas esferas, es decir, en el mundo político.

 

1.- El Veganismo. El veganismo es una opción personal que consiste en no ingerir ningún alimento que provenga de la explotación animal, ni de sus derivados. En el fondo, se practica porque estamos convencidos de que el ser humano no debería someter a los animales al sufrimiento, la crueldad y la explotación industrial masiva que supone elaborar productos de consumo humano a partir de la carne del animal, o de sus productos derivados. Pero conseguirlo a nivel político, además de disponer de líderes y representantes que lo asuman en sus postulados y programas electorales, requiere alterar profundamente las reglas y las estructuras de los mercados económicos mundiales, ya que es un proceso mundialmente extendido. Pero por otra parte, tenemos claro que cuantas más personas se hagan veganas, y renuncien a una alimentación basada en productos procedentes de animales, las industrias correspondientes se resentirán, comenzarán a decaer, perderán cuota de mercado, y tendrán que reciclarse, adaptarse o modificarse para abandonar sus modelos actuales, y por tanto, habremos conseguido nuestro objetivo: Lo personal es político.

 

2.- El Decrecimiento. El cambio climático y el agotamiento de nuestros combustibles fósiles causarán más temprano que tarde un colapso civilizatorio (entiéndase como un descenso brusco y radical de la complejidad de nuestros sistemas de producción y consumo). Es un hecho científico innegable, a pesar de que exista propaganda interesada (de las grandes empresas) en mantener lo contrario. Pues bien, ante ello, podemos y debemos extender líneas políticas de actuación que vayan acomodando poco a poco nuestros modos de producir y consumir hacia un volumen y ritmo mucho más pausado, es decir, hemos de hacer justo lo contrario a lo que ahora hacemos: si venimos apostando por el crecimiento económico, debemos apostar por el decrecimiento. Pero ello, por mucho que la política haga su trabajo, afecta a nuestros más íntimos modos de vivir, luego practicar y poner en marcha paulatina ese decrecimiento es algo que podríamos ya efectuar en nuestra vida cotidiana: abandonar los automóviles, comprar en comercios locales, contribuir al autoconsumo energético, regresar al campo…Lo personal es político.

 

3.- La Igualdad de Género. Efectivamente, será un gran logro político el día que podamos alcanzar y mantener la igualdad real entre los hombres y las mujeres de nuestra sociedad en todos los ámbitos. La política está haciendo su trabajo (aún debería hacer muchísimo más, y se lo reclamamos a nuestros representantes), pero al nivel personal, íntimo y familiar, social y laboral, también podemos y debemos contribuir: manifestarnos públicamente cuando haya convocatorias, ejercer la conciliación laboral cuando nos toque, repartirnos por igual los permisos de maternidad y paternidad, no consumir pornografía ni prostitución, protestar si nos enteramos de que existen compañeras que cobran menos que nosotros (hombres) en nuestra empresa, apoyar a mujeres para que asciendan en puestos laborales, renunciar a tener un hijo mediante vientres de alquiler (en nuestro país no está regulado, pero sí en otros muchos), eliminar nuestro lenguaje sexista, denunciar cuando conozcamos algún caso de violencia de género cercano…Lo personal es político.

 

En fin, existen muchos más ejemplos que podríamos poner. Lo dejamos aquí, para no cansar mucho a nuestros lectores y lectoras, pero estamos seguros de que ellos y ellas serán capaces de imaginar muchos otros. Al final, el mensaje se nos ofrece claro y cristalino: el ámbito privado y personal, en más casos de los que pensamos, empuja al político, y por tanto, cambiar el mundo hacia otro mundo más justo, también depende de nosotros, de lo que hacemos cada día, en cada momento, a cada paso de nuestra vida: Lo personal es político. ¡Feliz 2019, en lo personal y en lo político!

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