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10 diciembre 2018 1 10 /12 /diciembre /2018 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

En un mundo normal, la declaración de Trump de que el control del clima es un cuento chino, y que se inventó contra los intereses de Estados Unidos, debería haber causado una conmoción global. Además, si bien las políticas internas de Trump son una cuestión estadounidense, el clima está afectando a los 7.590 millones de habitantes del planeta, y Trump fue elegido por menos de una cuarta parte de las personas con derecho a voto de USA: aproximadamente 63 millones. Demasiado poco para imponer decisiones que afectan a toda la humanidad

Roberto Savio

Julio César Centeno, un autor que ya hemos citado alguna vez en esta serie de artículos, precisamente en el titulado "La encrucijada climática", publicado en el digital Rebelion, expresa de esta forma el daño que le hemos venido haciendo a nuestro medio ambiente: "Aunque la atmósfera es un bien común, ha venido siendo colonizada por una minoría de la población mundial, sin costo alguno, amenazando la seguridad de toda la humanidad y la estabilidad del planeta. Los costos sociales y ambientales de sus procesos de desarrollo han sido arbitrariamente transferidos a toda la población mundial. Los países industrializados se niegan a reconocer su desproporcionada responsabilidad por el calentamiento global. Se niegan por lo tanto a asumir compromisos vinculantes sobre la reducción de emisiones, sobre la transferencia de recursos financieros y tecnológicos a los países más pobres, a reconocer las extremas limitaciones que el calentamiento global impone ahora a las aspiraciones de desarrollo de la mayoría de la humanidad. De mantenerse las tendencias actuales, para el 2050 los países industrializados, con sólo el 16% de la población mundial para entonces, habrán acaparado el 60% del cupo atmosférico disponible para evitar un aumento de temperatura superior a los 2ºC, habiendo consolidado su desarrollo a partir del consumo de combustibles fósiles. El resto de la población mundial, el 84% de la humanidad para entonces, verá sus posibilidades de desarrollo severamente limitadas. Las restricciones se harán efectivas a través de mayor endeudamiento, mayor dependencia tecnológica, impuestos a las emisiones de carbono y medidas arancelarias y no arancelarias a la huella de carbono de productos y servicios. La obligatoria transformación de la infraestructura energética de los países en desarrollo hacia energías limpias y renovables, sin un acuerdo vinculante sobre la transferencia de recursos financieros y tecnológicos, tiende a profundizar su dependencia económica y tecnológica, fortaleciendo el injusto orden económico internacional impuesto desde la segunda guerra mundial".

 

El panorama es, pues, incierto y desolador. En la base del desconocimiento se sitúa también nuestra cultura sobre la energía. En general, las posibilidades energéticas de una sociedad construyen también sus posibilidades de interacción y su propia complejidad. Hoy día, se requiere una transformación profunda de nuestra cultura de la energía si pretendemos hacer frente a este problema con ciertas garantías de éxito (entendiendo éste como una adaptación no demasiado traumática a los nuevos escenarios derivados del colapso civilizatorio). Y estos cambios y adaptaciones energéticas deben ser realizados contra reloj, en un período de tiempo cada vez más limitado. Parece que cada informe que se publica nos acucia a una transformación más urgente, pero esto no es debido a que cambie el grado de optimismo o pesimismo de sus redactores e investigadores, sino a que ante la limitada acción política y social ante el colapso, las cifras y datos nos apremian a proyectar las acciones necesarias cada vez con menos tiempo por delante. A modo de ejemplo, como citan Francisco Heras y Pablo A. Meira en este artículo para la Revista Papeles, un reciente trabajo aparecido en la revista Nature estima que, para tener un 50% de posibilidades de mantener el calentamiento global por debajo de 2ºC, las emisiones acumuladas entre 2011 y 2050 no deberían superar las 1.100 gigatoneladas de CO2, unas cifras que serán superadas de largo si persisten las actuales tendencias. De hecho, si se utilizasen las reservas conocidas de combustibles fósiles, se produciría una cantidad de emisiones tres veces superior a esta cifra. De acuerdo con los autores del citado artículo, no superar los 2ºC requiere renunciar a quemar el 80% de las reservas conocidas de carbón, el 50% de las de petróleo y el 30% de las de gas. 

 

Es fácil imaginar las enormes resistencias (modelos de negocio, número de puestos de trabajo afectados, industrias dependientes, PIB nacional...) que plantea esta autolimitación en las esferas social y económica. De hecho, la actual Cumbre de Katowice (Polonia) se está celebrando paradójicamente en una ciudad altamente dependiente de estas industrias, y como decimos, la resistencia del gobierno polaco a desmantelarlas es enorme. Y como ya venimos denunciando, existe un abismo real entre los objetivos de reducción de emisiones planteados en estas cumbres, y las propuestas y decisiones reales que se adoptan después en cada país. Y es que las creencias y valoraciones sociales sobre el cambio climático y el Peak Oil (agotamiento del petróleo) condicionan las reacciones personales y colectivas ante el problema. Cuando ni las formaciones políticas son capaces de reflejar en sus programas la transversalidad requerida en cuanto a las decisiones a tomar, no podemos pedir a la ciudadanía que esté más concienciada. Es la ciencia la que nos planta ante nosotros la cruda realidad, y ante sus conclusiones, son los medios de comunicación y los actores políticos y sociales los mayores responsables de crear la debida conciencia en el conjunto de la población. Y así, por ejemplo, si se extienden las dudas sobre el cambio climático, o sobre su relación causal con la acción humana, o si se minusvalora su peligrosidad, parece muy difícil alcanzar los consensos sociales necesarios y la voluntad política requerida para hacer frente a tamaña amenaza. Es necesario conceder la relevancia necesaria al problema, y entender que, como asunto transversal al resto de políticas a implementar, se hace necesario reformular decisiones en materia de agricultura, transporte, industria, energía, turismo...El problema surge cuando estas políticas y medidas contra el cambio climático y la adaptación a nuevos entornos energéticos entran en competencia (o en clara contradicción o conflicto de intereses) con otras políticas, especialmente cuando se aplican objetivos y visiones a corto plazo. 

 

A esto tampoco ayuda el hecho de que los medios de comunicación reflejen estos temas de forma poco frecuente o relevante, únicamente cuando existen noticias concretas de interés (nos referimos aquí sobre todo a los medios convencionales y dominantes, la prensa alternativa en Internet sí suele más sensible a ello). La bibliografía y el número de autores que tratan el asunto también es menor con respecto a la importancia del mismo. Por su parte, como bien indican Francisco Heras y Pablo A. Meira, el cambio climático y el agotamiento energético están ausentes de los debates políticos, las campañas electorales y las intervenciones parlamentarias. Sin embargo, tal y como declara el gran pensador crítico estadounidense Noam Chomsky, este asunto es (junto a la guerra nuclear) la mayor amenaza que se cierne sobre la humanidad. Creo personalmente que es el temor a los costes de actuar los que más pesan a la hora de poder explicar nuestra inacción al respecto. En efecto, una cosa es que comprendamos la gravedad y urgencia del problema, y otra cosa distinta es que las acciones a implementar "me toquen al bolsillo". Los problemas comienzan ahí porque la filosofía capitalista nos impone la inmediatez y el beneficio como máximas universales. Ni incluso la guerra compite con las ganancias (véase el conflicto ético creado recientemente entre el modelo de negocio de Navantia y el uso bélico que va a darse a sus productos). Así que, si de hecho no nos importan ni las vidas de millones de personas a la hora de mantener nuestros puestos de trabajo, difícilmente nos va a importar la destrucción del planeta, o el colapso energético. No vemos más allá de nuestras narices económicas. Nuestra mirada es cortoplacista. Nuestra mente (capitalista) no es capaz de proyectar grandes problemas en el tiempo y el espacio, analizarlos con el rigor debido, y proyectar soluciones al respecto. Siempre se interponen el negocio, los beneficios, los puestos de trabajo, la economía en una palabra. Así nos va.

 

Pareciera que, como sociedad, hemos decidido mirar para otro lado, o hacer oídos sordos ante los mensajes de una minoría (compuesta esencialmente por ecologistas, activistas sociales y algunos científicos) que alerta sobre el problema y exige que nos enfrentemos abiertamente a él si pretendemos sobrevivir como civilización. Aún no tenemos la suficiente conciencia como para comprender en todas sus dimensiones hasta qué punto el mantenimiento de las condiciones mínimas de sostenibilidad para los ecosistemas naturales constituye una condición sine qua non del bienestar humano.  Hay por tanto que llevar a cabo duras campañas, difundir los mensajes al máximo posible, alertar al conjunto de la ciudadanía sobre la envergadura del problema, desmentir a los negacionistas, y en general, romper el "silencio climático" en el que aún vivimos, disfrutando de unos niveles de complejidad energética que dentro de poco ya no serán posibles. Mirar de frente una realidad que no nos agrada no es un ejercicio racional y emocionalmente fácil, pero aún peor es continuar practicando la "política del avestruz", es decir, no querer saber del tema, ignorarlo, hacer como que no existiera. Por otra parte, también hemos de soportar discursos irresponsables (incluso algún dirigente político se ha permitido tal desfachatez), que transmiten un optimismo irracional y alimentan la inacción con absurdas soluciones (expresadas comúnmente como "ya se arreglará", "ya estamos trabajando para resolverlo", "al final la ciencia inventará algo", "los científicos tampoco están seguros", y muchos más por el estilo). Nos encontramos ante un reto crucial, ante una situación extraordinariamente difícil y comprometida, y no es lícito ocultarlo, disfrazarlo ni minimizarlo. Pero el señalamiento de los riesgos no puede venir solo, no podemos hacer únicamente un discurso catastrofista, sino que este discurso debe asociarse también a la identificación de soluciones, a las propuestas concretas. Este enfrentamiento al problema tampoco es fácil, pero debemos estar absolutamente decididos y comprometidos a hacerlo, porque nuestra supervivencia como especie depende de ello. Debemos repensar la producción de alimentos, el transporte, la vivienda, el comercio, el turismo, el ocio, etc. Todos ellos están sustentados en modelos insostenibles que es preciso transformar. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 diciembre 2018 5 07 /12 /diciembre /2018 00:00
Fuente Viñeta: http://www.expansion.com/

Fuente Viñeta: http://www.expansion.com/

En definitiva, quienes defienden la renta básica participan de la idea de que una vida que merezca la pena ser vivida es una vida pluriactiva que acomoda todo tipo de actividades —de formación, de cuidado propio y de quienes nos rodean, de trabajo remunerado, de ocio, de participación cívico-política—, y de que una gestión autónoma y liberadora de toda esa diversidad de actividades, muchas de las cuales implican una interrupción de nuestra relación con los mercados de trabajo, requiere una base material incondicionalmente garantizada que nos haga inmunes a cualquier forma de chantaje o coacción y que nos empodere para proponer —y si es preciso forzar— unos repartos de los trabajos que respeten los deseos y aspiraciones individuales y colectivos de todos y todas

David Casassas

Nos quedamos en el artículo anterior exponiendo quizá uno de los argumentos más utilizados (cuando ya se quedan sin los demás), tanto por la "izquierda" como por la derecha, por parte de los detractores de la RBU. Se trata de aquél que alega, simplemente, que con la RBU la gente no trabajaría, quedaría ociosa, nos convertiríamos en unos vagos. Ya habíamos contestado a este argumento, como razón principal, que el concepto de "trabajo" debía adaptarse a un rango más amplio, y no considerar sólo al modelo clásico de empleo remunerado. Pero hay más argumentos. Tanto para la derecha como para algunas izquierdas algo despistadas, "el trabajo dignifica". Ya hemos debatido sobre esta afirmación en entregas anteriores, pero la volveremos a traer a colación aquí. Y como según ellos el trabajo dignifica, no tendría sentido apoyar una medida que incondicionalmente transfiriera recursos a las personas "a cambio de nada". Parece que tienen una imagen en su retina donde se ve a ese perceptor o perceptora de la RBU todo el día tumbado en el sofá de su casa, esperando recibir la tan ansiada asignación. Además de tener una imagen muy pobre de la especie humana en general, resulta que esta imagen, en la práctica, no se daría. Y nos remitimos para ello a varios datos. El primero, ya señalado, alude a las experiencias ya implementadas de la RBU en algunos territorios, que contradicen este argumento, pues demuestran que la gente ha continuado trabajando, aún percibiendo la renta básica. Parece ser que no eran tan vagos/as como este argumento intentaba presentarnos a estas personas. Y ello porque la RBU en ningún caso cuestiona la centralidad del trabajo, sino que es una medida que, al cubrir las necesidades esenciales de la vida, favorece la emergencia del trabajo realmente deseado, y actúa como caja de resistencia para oponerse a los trabajos indeseados. Sin la renta básica, y bajo este capitalismo opresor, nos encontramos abocados por la necesidad de agarrarnos a cualquier oferta de empleo, aunque nos parezca indigna, precaria o explotadora. En cambio, la RBU nos libera de dicha opresión. Quizá es precisamente esto lo que temen quienes proporcionan este simplista, injusto, débil, infantil y reduccionista argumento. 

 

La denominada "economía de mercado" nos esclaviza, nos somete y nos desposee, obligándonos a abandonar nuestros proyectos y prioridades de vida, para aceptar cualquier oferta que nos llegue. La RBU, en cambio, puede ser vista como una palanca que reactiva el empleo realmente deseado y necesitado, aquél que de verdad nos dignifica y proyecta nuestras capacidades. Y ello es importante, como nos recuerda David Casassas, no solo por una cuestión de justicia y de equidad, sino también por una cuestión de eficiencia y hasta de regeneración de la actividad económica. La RBU, desde este punto de vista, estimula la creatividad y la capacidad para emprender caminos propios, así como explorar nuevas relaciones productivas. Estimula las destrezas, las habilidades, la justicia social, el talento y la utilidad pública del trabajo humano. Todo esto sí es lo que dignifica, además de la cobertura de nuestras necesidades materiales básicas. La derecha política, social y mediática enseguida proyecta el argumento del parasitismo social, difundiendo una imagen negativa de los "subsidios" en general, y de la RBU en particular. Ante ello, nosotros planteamos algunas incoherencias. Por ejemplo, ¿no padecemos ya la existencia de un grupo minoritario de personas que gozan del derecho a vivir sin trabajar? Nos estamos refiriendo a los ricos que cuentan ya con rentas no ganadas, que les permitirían vivir (incluso varias vidas en algunos casos) sin hacer literalmente nada. Ellos sí que son absolutamente improductivos, su vida es absolutamente ociosa, no aportan nada digno a la sociedad. En este sentido, pues, con una medida como la RBU se podría universalizar un derecho que ya existe para una minoría de la población, que sería el derecho al parasitismo. Este derecho ya lo habíamos desarrollado nosotros en este otro artículo. Pero en un plano puramente empírico (es decir, investigable y demostrable), nos encontramos con innumerables datos que nos conducen a pensar que, aún con la renta básica, existe infinidad de motivaciones para el trabajo (remunerado o no), como demuestran los casos de personas que llevan a cabo horas extraordinarias, personas jubiladas que continúan trabajando, las que emprenden una dedicación al voluntariado, los propios ricos que aún no necesitándolo trabajan, y un largo etcétera. 

 

Todos estos casos demuestran perfectamente que las motivaciones para trabajar (remuneradamente o no) van mucho más allá del deseo de obtener con ello una renta estrictamente necesaria para cubrir las necesidades básicas de la vida. Estos casos demuestran hasta qué punto el ser humano emprende actividades porque lo necesita para perfeccionarse, para realizarse profesionalmente, para distraerse, para mantenerse activo, para realizar su sueño, para materializar sus hobbies o aficiones, etc. Están por tanto muy equivocados quienes piensan que la RBU desmotivaría a la gente para trabajar. En el fondo lo que existe, lisa y llanamente, es un miedo a que las personas se emancipen, se empoderen y se liberen de la neoesclavitud de los empleos precarios bajo este desbocado y enloquecido capitalismo. La RBU es una herramienta de liberación, y por lo tanto, una mala noticia para los acérrimos capitalistas que no saben ni quieren ver más allá de sus narices (sus narices sólo huelen los beneficios del próximo trimestre). Bien, llegados a este punto, plantearemos otro "dilema" clásico, otra duda fundamental podríamos decir, que se deduce del poco conocimiento que existe de esta medida. Esta duda fundamental ha sido introducida por las versiones de la RBU promovidas por la derecha, que como siempre, arriman el ascua a su sardina, y contemplan adaptaciones a su conveniencia, que aligeran o descafeinan las medidas. En este caso, conviene poner encima de la mesa, para su aclaración, si las virtudes que se atribuyen a la RBU pueden mantenerse en caso de que ésta actúe como red única de protección social. En otros términos: ¿son incompatibles la renta básica y los dispositivos propios de los Estados de Bienestar? ¿Qué desaparece y qué se mantiene con la introducción de una medida de este calado?

 

Hemos de aclarar esto porque como decíamos, existe por ahí una versión "de derechas" de la RBU que apuesta por una "sustitución" por parte de la renta básica de todas las demás prestaciones y servicios públicos que el Estado de Bienestar contempla (sanidad, educación, servicios sociales...). En este sentido, dicha versión contempla "intercambiar" la RBU por las coberturas del Estado de Bienestar, esto es, proporcionar a las personas la renta básica, pero despojarlas del resto de protecciones, que entonces se tendrían que costear el conjunto de la ciudadanía (hospitales cuando enfermaran, colegios para sus hijos/as...). Bien, vaya desde aquí nuestra rotunda oposición a este modelo, que no incide para nada en la reversión de la arquitectura de la desigualdad, que es precisamente el objetivo. Según la RBU que nosotros proponemos (el modelo propuesto por la Red Renta Básica), lo único que desaparece son las prestaciones monetarias de carácter condicionado (subsidios de desempleo, rentas no contributivas, pensiones de jubilación, etc.). Todas estas prestaciones quedan refundidas en una única prestación monetaria incondicional y universal, que nos acompaña durante toda la vida. Obviamente, si hay personas con derecho a prestaciones contributivas (pensiones de jubilación o prestaciones por desempleo) de una cuantía superior a la cantidad establecida para la RBU, ésta se complementará hasta poder satisfacer la cantidad que justamente corresponda a dichas personas. Pongamos un simple ejemplo: si la RBU está en 650 euros, y cierta persona, por su trayectoria laboral, tiene derecho a una pensión de 1200 euros, dicha persona percibirá una RBU de 1200 euros. 

 

Pero al margen de la cantidad que cada persona reciba (RBU + otros supuestos ingresos que pueda percibir), el Estado (es decir, cada persona con sus impuestos seguirá sufragándolo) seguirá cubriendo a todo el mundo los servicios públicos derivados del Estado del Bienestar, ya que todos ellos corresponden a derechos fundamentales que han de quedar reconocidos y plasmados en servicios públicos universales, gratuitos y de calidad. Desde la izquierda transformadora estamos convencidos de que las políticas del bienestar (sanidad, educación, vivienda, cuidados...) y de lucha contra la pobreza y la exclusión social ganan en efectividad cuando sus beneficiarios acceden a ellas desde la seguridad socioeconómica. Por ejemplo, y sin ir más lejos, la RBU sería una poderosa herramienta de emancipación para mujeres en situación de vulnerabilidad especial, debido por ejemplo a situaciones de violencia de género, discapacidad mental o física, etc. En definitiva, la RBU que proponemos aquí es vista siempre como una parte de un paquete de medidas mucho más amplio. Una parte muy esencial y vertebradora de las necesidades vitales de las personas, pero como decimos, complementada con el resto de protecciones que los derechos de un Estado de Bienestar proporcionan al conjunto de la población, y al que el conjunto de la ciudadanía contribuye con sus impuestos, pero de una manera justa y progresiva. Seguramente las personas que únicamente percibieran el montante de la RBU no aportarían nada, y el resto (todas aquéllas que poseen más ingresos además de la RBU) comenzarían a aportar (mediante sus Declaraciones de IRPF), en proporción a la cantidad de ingresos percibida. A más ingresos y más patrimonio, esa persona aportaría proporcionalmente más al sistema. A menos ingresos y menos patrimonio, se aportaría menos. Entendemos que es lo justo y lo necesario. Luego por tanto, la RBU constituye un suelo de ingresos garantizado en cualquier situación de nuestra vida, establecido como un mínimo vital para que las personas no caigan en pobreza ni exclusión social. Por ese suelo no se tributaría nada. Pero lo lógico es pensar que las personas se dediquen a cualquier otra actividad deseada, y que dicha actividad les proporcione más o menos ingresos. A partir de ahí comenzarían a tributar. El resto de prestaciones dejarían de existir (subsidios condicionados, rentas de inserción, pensiones no contributivas, subsidios por desempleo, pensiones de viudedad, orfandad, jubilación...), pues todas ellas convergerían con la RBU, que como hemos dicho, se complementaría hacia arriba hasta alcanzar los ingresos esperados. Este es nuestro modelo. Continuaremos en siguientes entregas.

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6 diciembre 2018 4 06 /12 /diciembre /2018 00:00
Tragedia electoral en Andalucía

Los ciudadanos hemos dejado un espacio vacío entre nosotros, los que ostentamos la soberanía, y aquellos a los que hemos llamado representantes, pero que se olvidan de representar con mucha facilidad. Enseguida dejan de parecerse a quienes les pusieron en el escaño, dejan de tener los mismos intereses. El elector se queda sin voz. La democracia muere. Y ese espacio vacío, ese hueco, lo han llenado los lobos

Lola Sánchez

En efecto, como una tragedia de enormes dimensiones puede calificarse lo ocurrido este pasado domingo en los comicios andaluces. La lectura resumida puede enunciarse así: debacle de la izquierda, avance muy peligroso de la derecha. La participación sufrió un gran descenso (evaluado en unos 5 puntos porcentuales a las 18:00 horas, en torno al 46%) sobre las pasadas elecciones. La abstención final fue de un 37,7%, lo que claramente ha beneficiado a las derechas. La suma de escaños de la izquierda (PSOE+AA) da 50, mientras que la suma de escaños de las derechas (PP+C'S+VOX) da 59, situándose la mayoría absoluta en 55 escaños, dentro de un Parlamento con 109 diputados/as. El orden y los escaños después de porcentajes de voto (ya sabemos que el algoritmo de la famosa Ley D'hont no es muy proporcional) es el siguiente: PSOE 33 escaños (pierde 14 escaños, y unos 400.000 votos, que habrán ido a la abstención o a otras formaciones), PP 26 escaños (pierde 7 escaños, pero no se ha visto sobrepasado por C's, como algunas encuestas vaticinaban), C's 21 escaños (sube 9 con respecto a las últimas elecciones, es el único partido que sube en porcentaje de votos y en escaños), AA 17 escaños (Adelante Andalucía, que aglutinaba a Podemos Andalucía y a IU-CA, pierde 3 escaños sobre su representación por separado de ambas formaciones, traducido en casi 300.000 votos menos), y por último, Vox 12 escaños (ha obtenido unos 400.000 votos, siendo la primera vez que esta formación de la derecha extrema obtiene representación parlamentaria en un Parlamento autonómico, y en general en la escena política española). El hecho por tanto de haber quedado el PSOE andaluz como primera fuerza política, no se traduce más que en una amarga derrota. 

 

Con estos resultados, está claro que las derechas gobernarán Andalucía. No sabemos aún bajo qué pactos, alianzas o acuerdos, pero los números dicen claramente que el electorado andaluz en general se ha escorado hacia la derecha, y lo que es peor, hacia la extrema derecha. Los discursos no se hicieron esperar: Susana Díaz apela a la responsabilidad de cada fuerza política para no llegar a acuerdos con una fuerza que "se sitúa fuera de la Constitución" (en referencia a Vox), AA (y Pablo Iglesias, en concreto) llaman a la "unidad de un frente antifascista", y las tres derechas más contentas que unas castañuelas (andaluzas) por haber obtenido los resultados anteriormente descritos. Es posible no obstante que aún tengamos que esperar cierto tiempo hasta ver configurado el nuevo Gobierno andaluz, ya que tanto PP como C's alegan sus respectivos resultados para reclamar la Presidencia de la Junta de Andalucía. El PP alega que quiere liderarlo por ser la segunda fuerza política, mientras que Ciudadanos alega que ellos/as han sido la única fuerza política que ha subido tanto en votos como en escaños. Ambos se reclaman como valedores del "cambio" en Andalucía. Por su parte, los de Vox, con su agresivo discurso ultranacionalista, xenófobo y machista, conservadores hasta las trancas, y adalides del capitalismo hasta la médula, se congratulaban en el Hotel sevillano que les sirvió de cuartel general, exhibiendo banderas españolas (no andaluzas), y coreando al unísono "Adiós, Susanita, adiós", en clara referencia a la obligada despedida de Susana Díaz. 

 

Bien, ante esta tragedia electoral, ante estos resultados desoladores, debiéramos plantearnos la pregunta de rigor: ¿Por qué? ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación? A mi modesto juicio, sólo hay uno, que es el fracaso de la socialdemocracia (llamado aquí aún de forma vergonzante "socialismo"), representada en nuestro país por ese partido que responde a las siglas de PSOE (Partido "Socialista" "Obrero" Español), pero que debería quedar en PE (Partido Español), ya que es lo único cierto, sobrándoles la S de "Socialista" y la O de "Obrero". ¿Y esto por qué? Pues porque es la única formación "de izquierdas" que lleva gobernando desde 1982, y ello tanto a nivel nacional (quitando por supuesto los períodos donde se ha alternado con el PP) como en el propio feudo andaluz, donde se creían los amos del cortijo, gobernando durante casi 40 años de forma ininterrumpida. Como ya hemos explicado en otros artículos de este Blog, el PSOE-A ha funcionado a base de tejer extensas redes clientelares por toda la geografía política andaluza, pero no es siquiera esto lo más destacable. Lo peor de todo es que, como decimos, ha lastrado, pervertido y prostituido los auténticos valores de la izquierda, hasta confundirlos y llevarlos a su mínima expresión (por no hablar de la corrupción endémica que afecta a este partido, también en Andalucía). Y este fraude del "socialismo" se ha manifestado no sólo por la traición sin complejos a los principios y valores de la izquierda, sino también por sus modos y formas de gobernar, y por lo que ha dejado de hacer durante sus mandatos, por ser medidas absolutamente prioritarias en un Estado que se autodenomina Democrático y de Derecho. 

 

Algo tan simple como prohibir por Ley la exaltación franquista. Con algo tan simple como esto formaciones políticas como Vox (y el PP y C's también, aunque ya se hubieran cuidado de no hacerlo), simplemente, estarían ilegalizadas. No existirían, no podrían figurar en ningún Parlamento, toda vez que una Democracia que no se proclame inequívocamente antifascista es un oxímoron en sí misma. Sin embargo, nunca se ha hecho. O algo tan simple como cumplir nuestra Constitución de 1978, esa que estos días vanaglorian precisamente estas fuerzas políticas (PP, PSOE C's, que se autodenominam "constitucionalistas"), pero cumplirla no sólo en lo que a los poderes fácticos les interesa, sino cumplirla a rajatabla en su totalidad. Y no vamos ya a referirnos a los consabidos derechos al trabajo, a la vivienda, etc., incumplidos flagrantemente durante décadas (que también), sino también en otros muchos artículos. Pondremos tan sólo un ejemplo reciente: las empresas Vestas y Alcoa (entre otras muchas durante este año) eran prácticamente desmanteladas en sus respectivas fábricas, y los trabajadores comenzaron lógicamente a ejercer presión y a plantear el conflicto laboral. Pues bien, nuestra Constitución Española dispone en su Artículo 131 lo siguiente: "El Estado, mediante Ley, podrá planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución. El Gobierno elaborará los proyectos de planificación, de acuerdo con las previsiones que le sean suministradas por las Comunidades Autónomas y el asesoramiento y colaboración de los sindicatos y otras organizaciones profesionales, empresariales y económicas. A tal fin se constituirá un Consejo, cuya composición y funciones se desarrollarán por ley". 

 

Pues bien, ante los casos de las empresas citadas, y preguntada la Ministra del ramo por parte de la prensa sobre si el Gobierno tenía intenciones de nacionalizar la empresa, o bien de colaborar con los trabajadores para su establecimiento en régimen cooperativo (y de esta forma no perder los puestos de trabajo), la Ministra contestó de esta forma: "...¡Es que aquí no estamos en un régimen comunista!". Y se quedó tan pancha. En fin, podríamos poner muchos más ejemplos, pero creo que está claro nuestro mensaje: los Gobiernos del PSOE no han ido en la línea de consagrar nuestros derechos sociales, económicos y laborales, ni tan siquiera haciendo respetar y aplicar el articulado de la Constitución que prevé claramente estos casos. Se ha optado siempre por la imposición de la lógica del mercado, lo que tuvo su cénit cuando el Gobierno de Zapatero acordó con el PP la modificación del artículo 135 CE para que diera preferencia absoluta al pago de la deuda frente a la consecución de cualesquiera otros derechos al conjunto de la ciudadanía. Todo ello además no podemos verlo como una foto fija, sino como una secuencia histórica, desde 1982 hasta la actualidad, lo que provoca que la conciencia de las clases más vulnerables, de las clases populares y trabajadoras, se vea seriamente atacada. Se adulteran los valores, se cultivan las prácticas corruptas y clientelares, se olvidan los principios, la ética y el honor, se sacrifican los más sagrados postulados, y se traiciona desde entonces y de forma continua al electorado de izquierdas. Si a todo esto le unimos la escasa formación intelectual y madurez política de cierta parte de la ciudadanía, ávido de probar a "votar a otros" sin calibrar la dimensión de sus consecuencias, ya tenemos el escenario completo. Cuando la sociedad se abandona, cuando todo está pervertido, cuando todos los valores y principios han sido prostituidos, entonces se va creando poco a poco el caldo de cultivo social más idóneo para que surjan los monstruos. El monstruo en este caso se llama Vox, y acaba de irrumpir nada más y nada menos que con ¡12 escaños! Si yo fuera creyente diría aquéllo de: ¡Que Dios nos coja confesados!

 

Pero no toda la culpa es para el PSOE. La formación morada (tanto a nivel nacional como en Andalucía) también tiene mucha responsabilidad en lo ocurrido. No ha cosechado ni 600.000 votos en toda Andalucía, por lo cual incluso la vía de pactar con el PSOE de Susana Díaz se ha esfumado. Y decimos que también tiene responsabilidad por su creciente "suavización" del discurso, un discurso que Vox tilda aún así de "comunismo chavista". Desde que apareciera en 2014, lo que tenemos actualmente es un (Unidos) Podemos muy descafeinado, que ha abandonado gran parte de sus propuestas originales (por considerarlas inviables o radicales), tales como la Renta Básica Universal, o la nacionalización de las empresas de los grandes sectores estratégicos de nuestra economía. Hoy día, las propuestas de Unidos Podemos y sus confluencias se encuadrarían (hasta sus dirigentes lo han admitido) en una socialdemocracia de baja intensidad, pues están renunciando incluso a hablar de la instauración de la Tercera República y de Procesos Constituyentes populares para crear toda una renovada Carta Magna, mandando a paseo al obsoleto y antidemocrático Régimen del 78.  Se intenta de esta forma llegar a un electorado más numeroso y moderado, pero en vez de conseguir esto, lo que consiguen es una desafección mayor de toda la izquierda, que apuesta por la abstención. Por su parte, ese electorado "moderado" prefiere apostar por otros partidos. Ahora, con Vox en el Parlamento andaluz, entiendo que habrá razón más que suficiente para radicalizar el discurso de la izquierda transformadora, si no queremos vernos reducidos a cenizas. Si esto fuera una partida de ajedrez, diríamos que nos están dando "Jaque a la Democracia".

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5 diciembre 2018 3 05 /12 /diciembre /2018 00:00
Viñeta: Yoemnis Del Toro

Viñeta: Yoemnis Del Toro

La idea de que unos pocos miles de pobres de a pie van a invadir el país más poderoso del mundo es simplemente una broma de mal gusto. Como de mal gusto es que algunos mexicanos del otro lado adopten este discurso xenófobo que ellos mismos sufren, consolidando la ley del gallinero

Jorge Majfud

El caso más actual y flagrante de migración no deseada, para la cual además se interponen muchos inconvenientes, es el caso centroamericano. En general, toda América Latina es el patio trasero de los Estados Unidos, contra el cual dirige todas sus políticas injerencistas y saqueadoras. Pero de entre toda América Latina, el caso centroamericano constituye el núcleo más duro. Los países y ciudades de dichas latitudes están consideradas las más peligrosas del mundo (Honduras, El Salvador, Guatemala...). Huyendo precisamente de dichas sociedades, varios grupos de miles de personas en sucesivas oleadas se han organizado desde hace varios meses para marchar caminando desde sus países de origen hasta la frontera sur de Estados Unidos. El viaje está siendo un calvario, y lo peor se da cuando llegan a la frontera de México con el sur estadounidense fronterizo. Cristóbal León Campos, del Colectivo Disyuntivas, en este magnífico artículo para el digital Rebelion, nos hace un buen retrato de esta corriente migratoria, que vamos a seguir a continuación. A veces ateridos de frío, a veces empapados en sudor, siempre cansados, pero también siempre ilusionados, esta corriente humana se alza en movimiento. Una ruta de varios miles de kilómetros los separan de su destino final, el que ellos creen "su sueño americano". León Campos relata: "Pies descalzos, espíritu desnudo, caminan, no poseen más que la esperanza, un anhelo, el mismo que ha alimentado a millones durante décadas a realizar el viaje, la travesía, el ideal del "sueño americano", no importa el peligro ni la distancia, de todos los puntos se congregan, la Caravana se convierte en colectivo, unen la voluntad individual, los vecinos a su paso alimentan y visten sus cuerpos, la solidaridad se extiende, pero su espíritu sigue desnudo, a nadie buscan engañar, han solicitado visas humanitarias, quieren llegar a los Estados Unidos para conseguir algún empleo y poder sobrevivir, rehacer sus vidas o apoyar desde la lejanía a sus familiares que se arraigan a la tierra originaria". 

 

Todos ellos son pobres, son los "nadies" (en célebre expresión de Galeano), son los desposeídos, son los machacados, son los que sufren los riesgos, el peligro, la devaluación de la vida, la hostilidad constante, el impulso de sobrevivir. La vida ha dejado de tener sentido en sus territorios. Sufren desde hace tiempo la pobreza severa, la marginación, la violencia, la falta de democracia, la imposición de la salvaje ley capitalista. Padecen desde hace décadas la imposición de los gobiernos títere de turno, pues cuando han conseguido alzar a un Presidente digno, los Estados Unidos, la omnipresente potencia, lo ha desalojado del poder por la fuerza, instaurando de nuevo gobiernos obedientes a sus designios. Ocurrió con Manuel Zelaya en Honduras, con Fernando Lugo en Paraguay, y con muchos otros. El imperialismo no deja de acosarlos, de explotarlos y de saquearlos. El avance constante de la pobreza en Centroamérica es resultado de la intervención directa de la Casa Blanca en los asuntos de cada país, con la ayuda de las élites económicas locales. Sus movimientos sociales son atacados, hostigados, perseguidos, sus líderes son asesinados (como la hondureña Berta Cáceres, por poner el caso más significativo), la impunidad sale victoriosa, y los de siempre vuelven a imponer sus oscuros y destructivos planes. Así, bajo este deprimente ambiente, surgió casi espontáneamente la Caravana Migrante. Inició su camino en San Pedro Sula (Honduras), por unos cientos de personas, y al poco tiempo ya se habían sumado miles a la iniciativa. La Caravana ha ido nutriéndose de migrantes a su paso por cada país centroamericano, con el propósito de encontrar una alternativa digna a sus vidas. Mujeres, hombres, ancianos, ancianas, niños y niñas, personas con discapacidad, embarazadas...la Caravana es símbolo de la propia diversidad humana que es atacada y que necesita sobrevivir. Y desde que se conoció públicamente la noticia, la Administración Trump, con su propio presidente a la cabeza, la ha ido torpedeando con insultos y amenazas, que ellos y ellas han ignorado. 

 

Mensajes prepotentes y racistas eran emitidos continuamente, pero la Caravana no se ha amilanado ante nada. Ha continuado su camino hacia su meta final. Han escuchado toda una retahíla de mensajes de descalificación, de perversos insultos, criminalizándolos y hostigando a los Gobiernos por donde pasaban. Trump llegó a proferir amenazas de sanciones a los países de paso si no detenían la Caravana. Todas las fronteras han intentado detener a los migrantes con medidas represivas, pero no han podido impedir su marcha. Por fin, la Caravana entró a tierras mexicanas, sin importar la presencia de policías y militares. Y ahí siguen. Han llegado a la frontera sur entre Tijuana y San Diego, donde un enorme muro vigilado constantemente les impide el paso a la "tierra prometida". Pero nada los detendrá, nada los separará de su objetivo. México ha ofrecido (el nuevo Gobierno de Andrés Manuel López Obrador) la posibilidad de integración a los que lo han solicitado, para quedarse allí e intentar encontrar un empleo decente. En sus tierras estas personas han sido despojadas de todo, han pasado por condiciones extremas, por la violencia promovida por los propios Estados y por las amenazas del crimen organizado. Su situación era de permanente vulnerabilidad, por eso no le tienen miedo a nada. Nada puede ser peor que lo que ya han vivido. Sus derechos humanos han sido pisoteados, sus familias y sus casas destruidas, o simplemente, no pueden ganarse la vida de forma honesta sin ser amenazados o violentados. Por fin, entre el 19 de octubre y el 2 de diciembre, entre 13.000 y 17.000 personas entraron en México. Llegaron exhaustos, en sucesivas oleadas, algunos decidieron acabar su camino, mientras otros continuaban con su decisión de arribar a suelo estadounidense. La pesadilla aún no había acabado. 

 

Fueron recibidos con gases lacrimógenos, balas de goma y violencia estatal. Muchos aceptaron la oferta del gobierno mexicano para solicitar asilo allí, y se quedaron en Tapachula (Chiapas). Tal como cuenta este artículo de Eliana Gilet para el medio lavaca.org, en primer lugar, el Instituto Nacional de Migración los tuvo presos en un espacio llamado Feria Mesoamericana durante dos semanas, hasta que los desalojó sin previo aviso ni alternativas, esperando el tiempo que dure el trámite de sus solicitudes para permanecer legalmente en México. Son alrededor de unas 2.000 personas. Otro pequeño grupo fueron deportados. La gente de los pueblos por los que pasan durante su travesía les dan agua, comida y ropa para que puedan resistir mejor. México se ha convertido también en una potencia deportadora: entre 2016 y mediados de 2017 deportó a 60.000 niños y niñas al triángulo norte de Centroamérica. Desde 2015 México supera a Estados Unidos en número de deportaciones año tras año, personas que sólo han pasado el filtro de una entrevista. Este hecho no sucedía desde 1971. Pero esta no es una crisis humanitaria que se haya gestado durante estas últimas semanas o meses, sino que es "el resultado de las dictaduras impuestas desde hace décadas en la región centroamericana, es la consecuencia del asalto de bandas criminales oligárquicas a los gobiernos centroamericanos. El genocidio migrante que se vive en México viene como resultado de todo un plan orquestado por quienes quieren desangrar a los pueblos, sea cual sea su procedencia", asegura la escritora y poetisa guatemalteca (afincada en Estados Unidos) Ilka Oliva Corado, y ella lo sabe por experiencia propia, ya que también es migrante. Ilka nos define a la perfección las consecuencias de la emigración: "Cuando emigramos, emigra la vida, la creatividad, la inteligencia, emigra la alegría, la familia, la sociedad, las tradiciones, la cultura, la memoria, emigra nuestra raíz que se desperdiga desamparada en la intemperie del olvido". Fantástica definición donde las haya. Gracias Ilka, por tu sensibilidad!

 

En sus países de origen está la pesadilla. No quieren volver. Cuando la vida no alcanza ni para la supervivencia, las personas se movilizan. Estos éxodos se han repetido miles de veces a lo largo de la Historia de la Humanidad, y continuarán ocurriendo mientras haya desposeídos, maltratados, explotados. Y como explica Jesús González Pazos en este artículo para el medio Alainet, a millones de personas en Honduras, El Salvador y Guatemala se les ha robado este derecho primigenio. El sistema dominante garantiza este derecho sólo a las minorías enriquecidas, que cada día son a su vez más minoría porque la brecha de la desigualdad se ensancha y profundiza continuamente, arrojando a más y más personas al territorio de las mayorías empobrecidas, mientras aumentan las riquezas de las primeras. Al sistema no le importan estas personas. Hablamos de seres humanos que intentan sobrevivir con menos de 2 dólares al día, si es que a eso se le puede llamar sobrevivir. Entonces, la Caravana de Migrantes centroamericanos tiene una evidente carga y significado político. Representan la sociedad en marcha en un mundo que ya no proporciona las mínimas opciones para una vida digna en el territorio que les vio nacer. Precisamente por eso, la decisión de abandonarlo tiene que ser muy dolorosa, pero a la vez imprescindible, inevitable. Molesta para los poderosos, pero necesaria para ellos. La autoorganización popular por la vida se abre paso, hace camino al andar (como diría nuestro insigne poeta Manuel Machado), y es la expresión misma de la desesperación de los pueblos buscando alternativas. En sus países de origen, potentes corporaciones transnacionales norteamericanas y europeas explotan hasta el agotamiento bosques, ríos, campos, y hasta las entrañas de la tierra. Destrozan los recursos naturales de muchos pueblos indígenas, saquean sus múltiples riquezas para seguir alimentando las tecnologías de ese "mundo desarrollado", y explotan hasta la extenuación a los nativos centroamericanos. Todo ello se adereza con la acción criminal de los cómplices Gobiernos centroamericanos, y la impunidad de las bandas, mafias y pandillas criminales, todo un cóctel explosivo que marca un límite vital que mucha gente ya ha alcanzado. Inseguridad, desempleo, pobreza, exclusión, marginalidad, amenazas, impunidad, miseria...estas son las experiencias de la gente que pide paso a marchas forzadas. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 diciembre 2018 2 04 /12 /diciembre /2018 00:00
Ilustración: Javier Ferrero

Ilustración: Javier Ferrero

Serían necesarios muchos artículos con la extensión de éste para poder describir todas las mejoras que ha experimentado nuestra RadioTelevisión pública desde el abandono de la misma por parte del PP, y la toma de control por parte de los nuevos equipos, así como de la Administradora Única Rosa María Mateo. Por cierto, que Mateo pedía disculpas ayer en la nueva comparecencia ante la Comisión del Congreso, por haber dedicado algunas contestaciones de mal gusto al representante del PP que la increpaba constantemente en la última sesión. Hasta ahí llega la altura de su dignidad. Pues bien, como decíamos, es muy larga la lista de avances, mejoras, cambios y progresos que la nueva RTVE ha experimentado en los prácticamente cinco meses que lleva en antena. Hemos acabado con la televisión casposa y manipuladora del PP, y aunque aún quedan muchas cosas por mejorar, hemos vuelto a una televisión libre, plural y de calidad. Se pudiera decir que hemos pasado de una televisión en blanco y negro a una televisión en color. Como nos cuenta este artículo de Vanesa Rodríguez para el medio VerTele, los casos de malas prácticas en TVE han bajado de 70 a 4 tras la salida del PP del poder.

 

El artículo se basa en la información publicada por el Consejo de Informativos de RTVE (CDI) en su último informe trimestral, que declara que “Han bajado los niveles de intromisión y el carácter manipulador en la dirección”, refiriéndose a la gestión de los anteriores directivos. ¡Incluso han informado hoy mismo desde el Telediario 1ª Edición de los Referéndums sobre Monarquía-República que se están celebrando en distintas Universidades españolas! Algo impensable si el PP aún gestionara nuestra televisión. La manipulación era la tónica habitual en los informativos de la época del PP, desde que aterrizaron en ella en 2012, lo que fue provocando una escalada de protestas, huelgas e informes del Consejo de Informativos con centenares de casos de manipulación documentados. Con la llegada de Rosa María Mateo se cambió la dirección de informativos, y se cesó a sus anteriores responsables (peperos hasta la médula, como José Antonio Sánchez y José Antonio Álvarez Gundin). El nombramiento de la actual directora de informativos (Begoña Alegría) fue secundado en referéndum con el 84% de los votos de la redacción. En resumidas cuentas, nuestra Radio Televisión pública ha dejado de ser un instrumento al servicio de la propaganda gubernamental, para convertirse en un servicio más equilibrado, justo, fiable y plural.

 

No obstante, como decíamos al comienzo, aún necesita la RTVE superar algunos detalles para poder aspirar a ser realmente un servicio público de calidad, orientada a la información, el entretenimiento y la cultura de sus espectadores. De entre lo más elemental, deberían suprimirse las emisiones (e informaciones) sobre las corridas de toros (por ser un espectáculo que se basa en el dolor y el sufrimiento de los animales), deberían igualmente suprimirse las emisiones de misas en directo y de programas religiosos en sus diversas facetas y cadenas (ya que la Constitución nos define como un país aconfesional, aunque ya sabemos hasta qué punto nos gobierna también la Iglesia Católica), deberían eliminarse también los programas encasillados como “crónica social” (que únicamente nos presentan de forma enlatada y grosera la vida de nuestros personajes famosos, y de otros que no lo son tanto, pero que estos programas contribuyen a que lo sean), deberían eliminarse de la parrilla la enorme presencia de eventos deportivos (sobre todo el fútbol, quedando relegados a la emisión en sus canales temáticos correspondientes), y deberían centrar la programación (conservando todo lo bueno que ya existe en estos órdenes) en los programas documentales e informativos, en el buen cine/teatro, en los buenos programas culturales, de debate, y de entretenimiento (concursos, etc.). Pero es evidente que nuestra RadioTelevisión pública, desde los tiempos de Rajoy hasta los actuales, ha pasado (al contrario de lo que reza el consabido refrán) “de lo pintado a lo vivo”.

 

Y si el Gobierno del PSOE fuera realmente socialista (que no lo es), además de todo lo anterior, abordaría una profunda reforma sobre el control de los medios de comunicación, tanto públicos como privados, para democratizar su gestión, y acabar así con el demencial hecho de que las grandes corporaciones mediáticas y audiovisuales están en manos privadas, y copan la inmensa mayoría del espectro radioeléctrico. Debido a ese hecho, todas ellas ofrecen variantes de los mismos mensajes, de las mismas opiniones, de los mismos debates. Y ello porque, en el fondo, obedecen “la voz de sus amos”, es decir, la voz de los pocos personajes que de verdad las gestionan, porque las poseen. Y ya sabemos de qué pie cojean estos personajes. No existe realmente pluralidad en nuestro mercado audiovisual. Deberían impedirse por Ley los oligopolios audiovisuales, así como repartir el especio radioeléctrico de forma completamente equitativa, entre los canales públicos, los privados y los comunitarios. En la prensa escrita y en el resto de medios debería operarse de igual forma, para acabar con tanta dictadura de los mercados, también en la televisión. Pero esa es otra historia que contaremos con más calma y profundidad otro día. De momento, bienvenidos a una mejor RTVE, y que ustedes la disfruten.

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3 diciembre 2018 1 03 /12 /diciembre /2018 00:00
Viñeta: Luc Descheemaeker

Viñeta: Luc Descheemaeker

Ahora sabemos, porque ya lo estamos viviendo (fenómenos meteorológicos extremos, aumento del nivel del mar, megaincendios, deshielo polar), que el cambio climático iba en serio cuando nos lo dijeron, hace más de 30 años. Si hubiéramos empezado a actuar entonces no estaríamos donde estamos, ni estaríamos caminando hacia el abismo. En lugar de eso decidimos acumular más ciencia, más conocimiento, más certezas. El cambio climático fue ganando presencia mediática: películas, documentales, discursos en la Asamblea General de la ONU, premios Nobel, cumbres mundiales, acuerdos, protocolos. Pero acción, acción climática, acción política, acción legislativa: de eso nada. Nada vinculante, nada obligatorio. Nada de compromisos ineludibles. Nada de sanciones, impuestos disuasorios ni cambios forzosos. Y aquí estamos, con toda la información sobre el desastre que se nos avecina pero sin ningún avance significativo para evitarlo. La calidad de vida de las generaciones futuras va a depender de lo que hagamos en las próximas tres décadas. Hemos agotado la prórroga del cambio climático: vamos a los penaltis

José Luis Gallego

Nos quedamos en el último artículo comentando algunos ejemplos sobre la falta de responsabilidad en los acuerdos firmados recientemente por los diferentes Gobiernos y demás actores políticos y sociales, para la consecución de una serie de compromisos (¿vinculantes?) encaminados a conseguir reducir las emisiones de GEI y el consecuente calentamiento global. Nos estamos documentando en este artículo de Roberto Savio para el medio Alainet, que se centra sobre estos aspectos. Por ejemplo, la Comisión del Acuerdo de París (2015) propuso reducir los biocombustibles (a base de productos de consumo humano, como el aceite de palma) al 3,8%. Pero en cambio los Ministros, contrariamente a todas sus declaraciones sobre la lucha contra el hambre en el mundo, decidieron duplicarlo al 7%. El Acuerdo de París (COP25, Conferencia de las Partes) estuvo organizado por el IPCC (Panel Internacional sobre Cambio Climático), que es una organización auspiciada por la ONU, cuyos miembros son 194 países, pero su fortaleza proviene de los más de 2.000 científicos de 154 países que trabajan juntos en el tema del clima. El IPCC se fundó en 1988, y en 2013 llegaron a una conclusión definitiva: la única manera de detener el rápido deterioro del planeta, consiste en impedir que las emisiones de GEI superen los 1,5 grados centígrados sobre la temperatura del planeta en 1850. El IPCC ha explicado claramente que nuestro planeta está ya deteriorado, y no podemos recuperarnos de dicho deterioro. Hemos quemado demasiada gasolina y emitido demasiados gases contaminantes, que ya están actuando sobre nuestra atmósfera. Pero si conseguimos detener este proceso, aunque ya nunca podremos revertir el daño causado (que durará algunos miles de años), podemos de algún modo estabilizar el planeta. 

 

Lo que concluyeron los científicos del IPCC fue que si superamos los 1,5 ºC con respecto a la temperatura de 1850, cruzaremos irreversiblemente una línea roja, tras la cual ya no podremos modificar la tendencia, y el clima quedará fuera de control, con dramáticas consecuencias para nuestros ecosistemas. El Acuerdo de París ha sido el acto final de un proceso que comenzó en Río de Janeiro en 1992, con la Conferencia de Medio Ambiente y Desarrollo, que representó la primera gran cumbre de Jefes de Estado sobre el problema climático. El siguiente gran hito fue la Declaración del Protocolo de Kioto (1997), que únicamente dotó de un marco de referencia no vinculante, y cuyos compromisos tampoco fueron asumidos. Y a diferencia de Kioto, se suponía que París sería un acuerdo realmente global, con el fin de incluir la mayor cantidad posible de países firmantes. Pero el límite para el calentamiento global que asumió el Acuerdo de París ya ha sido alcanzado, y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha estimado que los compromisos asumidos por los países en París, si no cambian, nos llevarán a 6ºC, un aumento que según la comunidad científica internacional hará inhabitable una gran parte de nuestro planeta. De hecho, durante los últimos 4 años hemos registrado los veranos más calurosos desde 1850. En 2018 ya tenemos el récord de emisiones de GEI en la historia, alcanzando las 41,5 gigatoneladas. De dichas emisiones, un 90% proviene de actividades relacionadas con los humanos, mientras que las energías renovables (cuyo coste ahora se ha vuelto competitivo con respecto a las energías fósiles), cubren en la actualidad tan sólo el 18% de toda la energía consumida en el planeta. Los datos pintan muy mal, como puede comprobarse. Por otra parte, y para empeorar las cosas, los países más contaminantes son precisamente los que menos compromisos adquieren a la hora de reducir sus niveles de emisiones (Estados Unidos, Rusia, China...). 

 

Y mientras discutimos a nivel mundial para ponernos de acuerdo sobre la reducción necesaria de las emisiones, continuamos practicando justo lo contrario. En este momento, gastamos 10 millones de dólares ¡por minuto! para subsidiar a las industrias de los combustibles fósiles. Y lo peor es que los subsidios no contemplan sólo dinero en efectivo, sino que también implican el uso de la tierra, la destrucción del suelo, el uso del agua, etc. Vamos dejando en ese sentido una huella ecológica difícil de revertir. La Administración Trump pretende reabrir las minas de carbón, y no sólo porque esto atrae los votos de aquéllos que perdieron un trabajo obsoleto, sino porque la industria de los combustibles fósiles también financia los fondos y las campañas del Partido Republicano. Hay un caso muy especial y señalado: los multimillonarios hermanos Koch, los mayores propietarios de minas de carbón en Estados Unidos, declararon haber "invertido" 800 millones de dólares en la última campaña presidencial. Pero después escucharemos asegurar por todos los medios de comunicación dominantes que EE.UU. es una "democracia avanzada". Así nos va. Pero esto no ocurre sólo en EE.UU. Según la organización Transparencia Internacional, en Europa existen más de 40.000 lobistas que actúan para ejercer influencia política a favor de sus intereses. Sus representantes superan en 7 veces el número de sindicatos y organizaciones de la sociedad civil. El poder de la industria de los combustibles fósiles explica por qué en 2009 los gobiernos ayudaron al sector con 557.000 millones de dólares, mientras que la industria de las energías renovables recibió sólo unos 45.000 millones de dólares, según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía. Es decir, que esos mismos gobiernos que proclaman en las cumbres climáticas sus férreos compromisos con la reducción de emisiones, son los mismos que después financian (con el dinero de los ciudadanos, claro está) a una industria clave en la destrucción de nuestro planeta. Es toda una oda a la hipocresía internacional, a los papeles mojados, a las intenciones secuestradas, a la negación de la realidad, y al ecocidio premeditado. Este no es el camino, pero aquí seguimos. 

 

Pero en el fondo, no es más que un reflejo de la sociedad, donde existe un casi nulo conocimiento del problema, así como una pobre concienciación sobre el mismo. Por tanto, si los propios ciudadanos no son conscientes y no están preocupados...¿por qué habrían de estarlo sus políticos? Estamos en un círculo vicioso donde al no existir ciudadanos responsables, tampoco existen políticos responsables, y viceversa. Alguien debe romper esta decadente cadena de desinformación y nula acción sobre algo que nos acecha quizá como el primer problema a nivel mundial. Pero la incapacidad de los gobiernos para tomar en serio sus responsabilidades es manifiesta, porque disponen de toda la información necesaria para saber que nos dirigimos hacia un desastre. Los impactos de los fenómenos climáticos extremos (que ocurren cada vez con más frecuencia) se hacen sentir cada vez más por las poblaciones, lo que provoca igualmente oleadas de damnificados, y éxodos masivos. Se estima que durante la última década, entre 200 y 300 millones de personas han resultado afectadas cada año por desastres naturales o accidentes tecnológicos. "Todos estos fenómenos, cada vez más extremos y menos excepcionales, provocan, además de altos costes económicos, un agravamiento del hambre y la pobreza en las zonas afectadas, actuando como catalizadores en guerras y conflictos", asegura Santiago Álvarez Cantalapiedra, en este Boletín de la organización Fuhem Ecosocial, que estamos tomando como referencia. La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR), encargada de estudiar los impactos y costes de los fenómenos extremos que provoca la desestabilización del clima, señala que la media de 335 desastres anuales registrados en los últimos diez años (entre 2005 y 2015) representan un 14% más que en la década anterior, y más del doble de los acontecidos en los años 80 del pasado siglo. Y la incidencia de estos fenómenos es mayor en los países de renta media y baja, donde la población sufre de forma desproporcionada las consecuencias de estas catástrofes climáticas. El número de desastres en dichos países se ha duplicado desde el principio de la década de los 90.

 

Las personas afectadas (como también las de aquéllas islas que van a desaparecer por el aumento del nivel del mar) no tienen muchas más alternativas que emigrar o pedir refugio, sin que aún exista en este último caso una figura jurídica consensuada para proteger a estos grupos de desplazados por motivos ambientales. Quizá debamos crear la categoría de "refugiado ambiental" para definirlos. Y es que en general, la desestabilización del clima está creando unas condiciones ambientales mucho más adversas, que al afectar a la producción de alimentos, al suministro de agua o a la salud pública, provocan crecientes situaciones de inseguridad humana por hambrunas, pandemias o desplazamientos forzados de población. A su vez, todos estos factores causan y se retroalimentan con los conflictos violentos y las guerras. El informe de la FAO del año 2017 puso de manifiesto la relación entre los conflictos violentos y el hambre, resaltando cómo la violencia atenta contra la seguridad alimentaria de las poblaciones afectadas, y este deterioro contribuye, a su vez, al agravamiento del propio conflicto en un terrible círculo vicioso. Todos estos factores y el estudio de sus interrelaciones nos llevan a concluir que el caos climático pasa su más gravosa factura a los pobres, que por otro lado son quienes menos han contribuido a su creación. En palabras de Santiago Álvarez: "El calentamiento global lleva en su seno la injusticia socioambiental". Las poblaciones menos responsables de generar el problema son, en una cruel paradoja, las más vulnerables ante sus consecuencias. Todo lo cual nos lleva a concluir que el colapso también está muy relacionado con las clases sociales y las desigualdades entre ellas. Hay que prepararse para las migraciones internas y externas que el colapso traerá consigo, manifestadas a través de las agresiones climáticas a cientos de millones de personas. De hecho, este artículo de la web Ecoportal recoge que, según el Banco Mundial, para 2050, se calcula que el cambio climático podría obligar a desplazarse a más de 140 millones de personas, empujándolas a migrar dentro o fuera de sus propios países hacia diferentes regiones del mundo. El aumento del nivel del mar, la disminución de la producción agrícola, las sequías extremas, y otros factores relacionados causarán, si no se actúa pronto y de forma decidida, estos fenómenos migratorios. Continuaremos en siguientes entregas.

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30 noviembre 2018 5 30 /11 /noviembre /2018 00:00
Fuente Viñeta: https://economipedia.com/

Fuente Viñeta: https://economipedia.com/

Desde nuestra condición de contribuyentes, los ciudadanos y ciudadanas españoles llevamos años pagando costes privados sobre los que no poseemos ni control ni beneficio alguno: quiebras bancarias, bancarrotas de autopistas, déficits de tarifas eléctricas, cierres de centrales nucleares o sondeos fallidos de almacenamiento de gas. Es justo, pues, reclamar una contrapartida a este esfuerzo nacional en forma de indemnización social por el saqueo de los bienes públicos. Lo cual refuerza el argumento político para reivindicar un ingreso de ciudadanía garantizado e incondicional

Cive Pérez (Escritor y miembro del Observatorio de Renta Básica de Ciudadanía de ATTAC Madrid)

A estas alturas de lo que llevamos de exposición en cuanto al instrumento de la RBU, ya debe entenderse ésta como una medida realmente revolucionaria, un proyecto social para revertir la peligrosa e indecente arquitectura de la desigualdad, y una medida realmente capaz de abrir caminos para la articulación de escenarios sociales más justos, equitativos y avanzados, así como para la construcción de relaciones sociales y laborales más libres. Hoy día, la RBU debe enmarcarse en una nueva línea de derechos humanos emergentes, en línea con la tradición republicana, que incida en la consecución de mayores grados de libertad material, tanto personal como colectivamente. Pero detengámonos ahora en la característica de la universalidad, ya citada igualmente en entregas anteriores. Esta característica implica que la RBU la recibirá todo el mundo. Enseguida salen los detractores más demagogos a replicar: "¿Qué quieres? ¿Dársela también a los ricos?", como si sufrieran un ataque de solidaridad social. Y la respuesta es que sí, que pretendemos que también la cobren los ricos, pero que ello no implica que todos "ganen" por igual al percibir la RBU. Unas nociones básicas de fiscalidad nos llevan a la idea de que los ingresos que realmente percibe una persona están en proporción a su nivel de ingresos reales menos los impuestos que ha de pagar a las arcas públicas, para el sostenimiento del Estado del Bienestar, y del propio Estado en todas sus instancias y manifestaciones. Pues bien, basta con aplicar una Reforma Fiscal realmente progresiva (repetimos, realmente progresiva) para que aunque los ricos reciban también la RBU, no ganen, sino que pierdan. Dicho en otros términos, hemos de entender que la Renta Básica se encuentra integrada en el propio sistema impositivo, del que salen los recursos necesarios para financiarla. Por ser un instrumento universal, va destinada a todo el conjunto de la población (más ricos, menos ricos, jóvenes, viejos, empleados, desempleados...). Hasta aquí, estupendo (nótese que hemos dicho "menos ricos", porque bajo la RBU dejarían de existir los pobres).

 

Pero por hallarse vinculada al propio sistema fiscal, y atendiendo al principio de progresividad, las personas con más recursos (que más tienen y más cobran) aportarán más (en algunos casos mucho más) de lo que obtienen en concepto de renta básica. En el prólogo del texto "Renta Básica Incondicional", David Casassas incluye el siguiente símil, que nos parece muy acertado: "En este sentido, la renta básica opera como un hospital público --allá donde el acceso a la salud es un derecho universal, claro está--: todo el mundo, incluidas las personas con más recursos, tienen el derecho a acudir a él --hagan tal derecho efectivo o prefieran recurrir a la sanidad privada--; pero, de promedio y a lo largo de toda una vida, lo que estas personas con más recursos aportan al sistema sanitario a través de los impuestos es más de lo que gastan de él". Y así, en efecto, la propia financiación de la RBU surge de todo el mundo, de lo que aportan los más ricos (mucho más) y de lo que aportan los menos ricos (en muchos casos incluso nada, como ahora la gente que está exenta de la Declaración de IRPF). Pero como es universal, todo el mundo disfruta de ella. Esto es así porque la RBU funciona como un suelo de ingresos, no como un techo. Sencillamente, a partir de ella podemos (si lo deseamos) ir acumulando otros ingresos procedentes de las fuentes que estimemos oportunas, y en el caso en que tales ingresos superen ciertos umbrales, nos corresponderá ir aportando a la sociedad (es decir, al resto de perceptores de la RBU) a través del sistema impositivo. Y por su parte, tener la existencia material garantizada incondicionalmente (es decir, como un derecho de ciudadanía) nos permite alzar nuestra voz de forma libre y rotunda, y lograr participar de forma efectiva en los procesos de toma de decisiones relativas a todo tipo de contratos y relaciones sociales que podamos estar construyendo. 

 

En otros términos, tener la existencia material garantizada incondicionalmente nos habilita para poder decir que no queremos vivir como se  pretende que vivamos, todo ello para poder decir que sí queremos vivir de otros modos, con arreglo a otros criterios, bajo otras concepciones de la vida. En una palabra, tener la existencia material garantizada nos proporciona más libertad. ¿Libertad para qué? Pues libertad para negarnos a realizar determinados trabajos que no nos interesan, que no cuadran con nuestros principios, o para los cuales no nos gustan las condiciones que nos ofrecen. Libertad para practicar períodos de descanso, de realizar otro tipo de proyectos, de salirnos de la rutina diaria, y sobre todo, libertad para poder vivir por nosotros mismos, sin los recursos y el permiso de otros. Y es que cuando tenemos un conjunto de recursos que garantizan nuestra existencia material, adquirimos mayores cuotas de poder de negociación, pues tenemos mayor fuerza para aguantar pulsos a lo largo del tiempo, períodos sin otros ingresos, y mayor capacidad de emprender riesgos y de explorar opciones alternativas. El mundo de las actividades humanas se enriquecería enormemente con la implantación de una RBU. Como ya hemos debatido en anteriores entregas, el modelo clásico de empleo remunerado (bajo la visión capitalista, dominante y explotadora) está entrando en una profunda crisis, y además, sabemos que no todo el trabajo humano que se realiza cuadra con el perfil de trabajo asalariado y rentable económicamente. Existen muchos otros trabajos que no responden a estas características, y que debemos o podemos querer llevar a cabo en algún momento de nuestras vidas. La RBU actúa a modo de "caja de resistencia" en este sentido, liberándonos de la carga del trabajo asalariado, para poder enfocar nuestra atención a otras tareas. La renta básica, al garantizar nuestra existencia material como un derecho, nos capacita y nos fortalece para poder salir (cuando queramos o lo necesitemos por un tiempo) de los mercados de trabajo, es decir, para desmercantilizar la fuerza de trabajo. 

 

Pero ojo, porque salir de los mercados de trabajo no significa no realizar ningún tipo de trabajo, como la mayoría de las personas entienden. No nos estamos refiriendo a disfrutar de dos años "sabáticos" (que también), sino a desempeñar otras tareas que necesitemos, bien porque sea el momento (cuidar de nuestros hijos, de nuestros mayores, de nuestros nietos, levantar una empresa...), o bien porque simplemente nos lo pida el cuerpo (hacer un viaje, llevar a cabo un voluntariado, matricularnos en la Universidad, dedicarnos a escribir, a pintar, a administrar nuestra comunidad de vecinos, a cualquier otro hobby o afición que tuviéramos desatendida...). Bien al contrario, por tanto, poder salir de los mercados de trabajo equivale a poder constituir otros centros de trabajo, otras unidades productivas, otras tareas o actividades enriquecedoras. Esta es la razón por la que también la RBU se nos ha presentado vinculada con la democracia económica: en efecto, la desmercantilización de la fuerza de trabajo nos puede convertir en actores con verdadera capacidad para alumbrar nuevas estructuras productivas de titularidad colectiva donde actuemos como trabajadores/socios/cooperativistas con efectivos derechos políticos sobre las decisiones de inversión, organización de la producción, distribución del excedente, etc. David Casassas afirma: "Los hechos nos demuestran que el cooperativismo es posible sin renta básica; la hipótesis que manejamos aquí apunta a una posible extensión social del cooperativismo como resultado de la garantía universal de una base material de la que capas inmensas de la población carecen hoy en día". La RBU es un instrumento tremendamente liberador en todos estos sentidos. Nos empodera frente a cualquier tipo de presión o negociación, frente a cualquier intento de chantaje o coacción, y frente a determinadas actividades que no queramos llevar a cabo por principios, o por simple elección personal. Bien, pero llegados a este punto, hay que darle entrada a la pregunta del millón: Entonces...¿Trabajaría la gente con una renta básica?

 

Es precisamente ese otro de los argumentos de los detractores de la medida, que fundan su opinión en que con la RBU, la gente, simplemente, dejaría de trabajar. Pero...¿realmente estamos seguros de que, en el caso de contar con una RBU para todo el mundo, la gente tendría incentivos para trabajar? De entrada, los experimentos que hasta ahora se han implementado en algunos lugares del planeta, también echan abajo este sucio argumento. Efectivamente, las personas, aún disponiendo de los ingresos fijos, continuos e indefinidos de una RBU, no han dejado de dedicarse a lo que ya se venían dedicando. La realidad, por tanto, desmiente este argumento. Pero es que independientemente de ello, la pregunta tiene muchas trampas por debajo. Vamos a ver si somos capaces de desmontarlas todas. La primera trampa está bien clara: si alguien poseía ya un trabajo muy precario, que además ni le gustaba llevar a cabo (es decir, no poseía para esa persona ningún tipo de incentivo, ni material ni espiritual), seguramente lo abandonará si le proporcionamos una RBU. Pero esto en ningún modo hay que entenderlo como que la gente "deja de trabajar". En casos como éste, es simplemente que las personas tenían una actividad que no les compensaba, pero de la que no podían prescindir porque no tenían otro modo de sufragar sus necesidades básicas. Y ahora, con la RBU, ya sí lo tienen, y por eso abandonan esa actividad. Pero es lógico pensar que cuando puedan disfrutar de un puesto de trabajo que les incentive en cualquier ámbito, seguro que lo elegirán antes que seguir inactivos. Por otra parte, se no se nos puede olvidar (por eso hemos planteado ese debate justo en las entregas anteriores) que "trabajo" no siempre significa "empleo" desde el punto de vista capitalista al que estamos acostumbrados (es decir, en su acepción de "trabajo remunerado"), por lo cual que las personas estén recibiendo su RBU y que no tengan ningún "empleo" no significa que estén inactivas. Pero aún no hemos acabado nuestro razonamiento. Lo continuaremos en siguientes entregas.

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29 noviembre 2018 4 29 /11 /noviembre /2018 00:00

La democracia verdadera es la auténtica herramienta de transformación social

José López

 

 

Con desprecio y hacia países pobres o del “Tercer Mundo” se ha usado este calificativo para desmerecer a sus respectivas democracias, para denunciar sus tropelías, sus deficiencias o sus contradicciones. La verdad es que, como afirman Luis Alegre y Carlos Fernández Liria en uno de sus textos, la Democracia (así, con  mayúsculas) no ha llegado realmente a consolidarse todavía en ningún sitio del mundo. Pero el asunto es que reconocemos como democracias “avanzadas” a perversos sistemas como el de Estados Unidos, tildamos como “dictaduras” a Gobiernos como el venezolano que han ganado muchas más elecciones y referéndums que nuestros partidos políticos, y nos aplicamos a nosotros mismos el calificativo de “democracia”, cuando en realidad tenemos bien poco de ella. Y no por sufrir enormes deficiencias en las diversas facetas que componen una democracia real (democracia representativa, democracia participativa, democracia revocatoria y democracia económica), sino porque un montón de circunstancias de diferentes tipos, que vamos a comentar, convergen en nuestro sistema pseudodemocrático despojándolo de sus características fundamentales. No podríamos circunscribirlo a un hecho concreto, sino que como decimos, son múltiples los acontecimientos y circunstancias que casi a diario percibimos y que nos hacen pensar que estos últimos 40 años de democracia, desde la Transición aquí, no nos han conducido hasta ahora a buen puerto.

 

Veamos tan sólo unos cuantos ejemplos, para no cansar en demasía a nuestros lectores y lectoras. Nuestra Constitución de 1978 (esa que tanto alaban las fuerzas políticas que se autodenominan “constitucionalistas”) prevé el instrumento de la Moción de Censura cuando se dan ciertas circunstancias durante una legislatura, sin embargo, al Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha accedido al poder mediante este mecanismo, esas fuerzas políticas le llaman “presidente ilegítimo”, “presidente okupa”, y otras cosas por el estilo. Tuvimos un monarca que cuando abdicó en 2014 en favor de su hijo, el actual Rey Felipe VI, se le adscribió a la categoría de ¡Rey Emérito! (¿?). Se entiende que perdió su protección de inviolabilidad e irresponsabilidad, pero aún así, cuando salen a la luz pública determinados hechos que ponen en entredicho su actividad institucional, las Cortes Generales continúan protegiéndolo, y se niegan siquiera a abrir una Comisión de Investigación al respecto. Tenemos unas instituciones y unos poderes fácticos donde la corrupción campa a sus anchas, y donde cientos de casos inundan juzgados y tribunales, afectando a altos cargos de los principales partidos, prostituyendo las funciones de representación popular, y alterando los flujos éticos de información con el único fin de acaparar influencias, control, poder y riquezas. Todo ello, como cualquiera mínimamente sensato puede comprender, afecta a la calidad democrática de nuestro país.

 

Tenemos unos medios de comunicación dominantes que ponen el foco donde les interesa, silenciando otros asuntos, opiniones y conflictos que no consideran dignos de repercusión social. Por ejemplo, mientras todos ellos nos contaban estos días la huelga de jueces y fiscales, o las de los funcionarios de prisiones, han silenciado la huelga de presos que también está teniendo lugar, quizá porque no les interesa hacerse eco de las demandas de dicho colectivo. La calidad democrática de un país también se mide por la calidad y fiabilidad de sus medios de comunicación, y aquí volvemos a suspender. Por su parte, la separación de los tres Poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) es en nuestra “democracia” una broma macabra. En realidad, los tres poderes están supeditados a otro poder distinto, que es el poder económico, que se expresa fundamentalmente en el poder de la gran banca privada. Puede comprobarse en multitud de casos, sentencias, decisiones y acontecimientos. Y como ya dijera sabiamente José Saramago: “Si quienes gobiernan son los poderes económicos…¿qué hacemos hablando de democracia?”. El Poder Judicial está ampliamente desacreditado. Tenemos por ejemplo unos actores, blogueros, tuiteros, cantantes o titiriteros que se ven denunciados o juzgados simplemente por emitir opiniones o críticas a las instancias del poder, quedando la libertad de expresión peligrosamente recortada, a la vez que se permite la exaltación pública de una dictadura sangrienta y represora como la franquista. Tenemos una “democracia” que cuando plantea sacar al dictador de un faraónico mausoleo después de 43 años de su muerte genera una explosión de enaltecimiento fascista, una reacción de sus descendientes y unas declaraciones surrealistas de la Iglesia Católica. Lo último en este sentido ha sido la solicitud del PP para ilegalizar organizaciones “comunistas y populistas” como condición para condenar el franquismo. Algo absolutamente insólito.

 

Pero no acaban aquí las tropelías de nuestra madura “democracia”. Tenemos un senador al que se le destapa un mensaje de móvil donde dice que controlarán la Sala Segunda del Tribunal Supremo “desde atrás”, después de explicar a su grupo parlamentario con vergonzante sinceridad cómo se nombran y para qué sirven los jueces en nuestro país, los vocales y el Presidente de la instancia judicial más importante. O por ejemplo, tenemos unos grupos políticos en Cataluña que cuando plantean la soberanía de su pueblo, su derecho a decidir su encaje político en el resto del Estado Español, y organiza un referéndum popular para ello (después de arduos años donde el Gobierno del Estado se negaba rotundamente a negociar nada de ello), el pueblo es apaleado brutalmente, y se aplica un artículo previsto en la Constitución mediante el cual se destituyen todos sus gobernantes, se intervienen sus instituciones, se encarcela preventivamente a sus líderes acusados de perversos delitos de sedición y rebelión, y se provoca el exilio de algunos de ellos para internacionalizar el conflicto. Y los asuntos de nuestra democracia tampoco escapan al ámbito religioso. Religioso católico, queremos decir. La laicidad, otro puntal de una buena democracia, también salta por los aires. Porque por toda nuestra geografía patria, a lo largo y ancho de nuestros pueblos, en muchos de ellos las actividades políticas se amalgaman con la fe y las creencias, ofreciéndonos bochornosos espectáculos, que tienen más que ver con alguna tribu perdida sumida en sus atávicas creencias que con un país avanzado y democrático.

 

Sí, porque en nuestro país la ciencia, el conocimiento y la ética están siendo sustituidas muchas veces por las creencias religiosas, que a tenor de los suculentos ejemplos que podemos poner, dejan en entredicho la perversa influencia de la Iglesia Católica en suelo patrio. Ya no es sólo que se celebren las típicas fiestas populares donde se realizan ofrendas a sus patronos y patronas (Cristos y Vírgenes varias), sino que, por ejemplo, a una Virgen se le viste con el mantón de la Falange Española, o se imponen Medallas de Oro de la ciudad a determinadas imágenes religiosas (como recientemente ha ocurrido en una localidad gaditana, hecho denunciado por Europa Laica), porque se argumenta que antaño fueron las responsables de erradicar epidemias de peste, de fiebre amarilla, o de evitar maremotos. Es típica por tanto la estampa de un Alcalde o Alcaldesa concediendo dichas medallas a estas Vírgenes o Cristos, y reconociéndolas como máximas autoridades de la ciudad o pueblo en cuestión. Esto ya es de una democracia aberrante, pues conceder dichos honores municipales bajo creencias animistas religiosas supone un desprecio mayúsculo a las propias instituciones públicas que representan a toda la ciudadanía. Pero, como diría aquél hidalgo de la Mancha: “¡Con la Iglesia hemos topado, Sancho!”. O como ha dejado dicho el genial Isaac Rosa: “La democracia se ha convertido en un deporte de riesgo por falta de ejercicio”. Saquen ustedes sus conclusiones sobre nuestra “madura democracia”.

 

 

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28 noviembre 2018 3 28 /11 /noviembre /2018 00:00
Viñeta: Fernando Asian

Viñeta: Fernando Asian

La presión migratoria seguirá existiendo mientras existan los actuales niveles de desigualdad: Los asaltos a la frontera en Ceuta y Melilla no responden a explicaciones conspiratorias ni nada por el estilo. Los africanos saben cuál es el nivel de desigualdad que hay entre Europa y sus países de origen. Por eso vienen. Por ejemplo: el PIB de España, con 47 millones de habitantes, es superior al agregado de los 53 países africanos con sus 1.300 millones de habitantes. Nuestro país tiene el récord mundial de desigualdad con respecto a sus vecinos

Iñigo Moré (Autor de “Borders of Inequality”)

Durante las últimas entregas hemos ido revisando los diversos muros de todo tipo (físicos, pero también morales, ideológicos, sociales, económicos, políticos, etc.) que se levantan sobre pueblos, naciones, países y continentes. Nuestro caso europeo es el que más nos preocupa por cercanía, pero todo lo que aquí contamos es extrapolable al resto del planeta. Los muros son el gran enemigo a abatir. En este artículo se nos informa que los Estados de la Unión Europea y del Espacio Shengen han levantado cerca de 1.000 kilómetros de muros para frenar los flujos migratorios. ¿Han disminuido? Más bien al contrario. No es, por tanto, un problema de muros. Los muros sólo convertirán en sufrimiento lo que es un proceso humano condicionado por las desigualdades, por el desempleo, por las guerras, por las hambrunas, por la falta de expectativas vitales. Tenemos muros físicos, armados, virtuales, marítimos, terrestres, fronterizos...y los muros del miedo. Si nos fortificamos cada vez más lo único que conseguiremos es ignorar el problema, maltratar aún más a los migrantes que lo intenten, pero no disminuiremos el número de migrantes, ni acabaremos con el fenómeno. Mirar hacia otro lado, aislarnos de ese mundo que viene a nosotros porque nosotros lo hemos dejado sin nada no es opción. Tarde o temprano se volverá en nuestra contra. El informe referido ("Levantando muros. Políticas del miedo y securitización en la Unión Europea") cuenta que de la existencia de dos muros en suelo europeo existentes en la década de los años 90 del pasado siglo, hemos pasado a 15 en el año 2017, siendo el año 2015 cuando más se materializó este aumento, con la construcción de 7 nuevos muros. Un total de diez de los 28 Estados miembro de la Unión Europea (España, Grecia, Hungría, Bulgaria, Austria, Eslovenia, Reino Unido, Letonia, Estonia y Lituania) han erigido muros en sus fronteras por razones exclusivamente migratorias, como también lo ha hecho Noruega (perteneciente al Espacio Schengen). 

 

A los muros terrestres que fortifican Europa, también hay que sumarle los muros marítimos, como nuestro Mar Mediterráneo. A este respecto, Ainhoa Ruiz Benedicto, investigadora del Centre D'elas y coautora del citado informe, apunta lo siguiente: "Ninguna de las principales operaciones europeas en el Mediterráneo ha tenido como mandato principal el rescate de personas. Todas las operaciones siguen el objetivo de erradicar la criminalidad en las zonas fronterizas y frenar la llegada de personas desplazadas. Sólo una, Mare Nostrum, llevada a cabo por el gobierno italiano, llegó a incluir organizaciones humanitarias en su flota, y fue reemplazada por la Operación Tritón de Frontex, con un presupuesto menor. Este tipo de medidas alimentan que se trate a las personas refugiadas y desplazadas como criminales". Paralelamente, el aumento de los programas europeos de control y vigilancia de la circulación de personas, y de recogida y análisis de datos biométricos (huellas dactilares, escáner del iris, rasgos del rostro o de la voz, etc.) representan los muros virtuales analizados en dicho informe. "Estas medidas han aumentado la sociedad del control y la vigilancia a la vez que han securitizado el movimiento de las personas, que se concibe como una amenaza", dice la referida investigadora. Toda esta deriva criminalizadora de los migrantes es casi un fenómeno mundial, que estamos viendo en prácticamente todos los lugares del mundo donde se produce este tipo de fenómenos. En el corazón de todo este proceso de criminalización se sitúa el discurso de corte neofascista que muchas formaciones políticas de nuevo cuño (y otras más antiguas) están ofreciendo a la ciudadanía europea, pues prácticamente florecen en todos los países de nuestro entorno. En este sentido, el informe analiza de qué manera los muros mentales que han sido creados a partir de la narrativa del miedo, promovidos por mensajes xenófobos y racistas por parte de partidos de extrema derecha en auge en Europa, y la identificación de las personas migrantes y refugiadas como una amenaza para las sociedades europeas, están justificando la construcción de muros físicos y virtuales. 

 

Se refuerza así el peligroso imaginario colectivo que refleja un interior "seguro" y un exterior "inseguro" (Donald Trump comenzaba un reciente tuit declarando que el mundo era "un lugar peligroso"). Los datos analizados en el informe muestran un ascenso preocupante de las opiniones racistas durante los últimos años, hecho que ha aumentado el porcentaje de votos a partidos europeos de ideología xenófoba, facilitando así el crecimiento de su influencia política. Más en concreto, un total de 10 de los 28 Estados miembro de la Unión Europea (Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Holanda, Hungría, Italia, Polonia y Suecia) tienen partidos xenófobos con presencia importante en la sociedad y en sus parlamentos, que han obtenido más de medio millón de votos en elecciones celebradas desde el año 2010 en adelante, y que, a excepción de Finlandia, han aumentado desde entonces su representación parlamentaria. Estos partidos, incluso en los casos en que son minoritarios, se observa que poseen una influencia indebida en las políticas migratorias de sus respectivos gobiernos. Pere Brunet, otro de los coautores del informe, concluye: "De este modo, en Europa se han ido construyendo estructuras y discursos de violencia que nos alejan de las políticas de defensa de los derechos humanos, de la convivencia, de la igualdad y de relaciones más equitativas entre territorios". Y este hecho va en aumento. Es así de triste. En nuestro país, la formación emergente Vox es la más fiel seguidora de los postulados racistas y xenófobos, y ojalá no se confirme, pero algunos estudios de opinión le asignan ya algunos escaños en ciertos parlamentos. En resumidas cuentas, la Unión Europea está abordando el asunto de la inmigración no sólo desde un punto de vista absolutamente injusto, sino además terriblemente inhumano, insolidario y hasta criminal.

 

El respeto al marco legal internacional sobre los Derechos Humanos, así como al resto de tratados humanitarios que Europa tiene firmados, brillan por su ausencia. La UE está abordando los flujos migratorios mediante políticas que se demuestran fallidas, que se basan en la fortificación, en el aislamiento, en la construcción de muros, el cierre de fronteras, el aumento de la vigilancia, la securitización y la suspensión de la libre circulación. Todas estas políticas erróneas, todas estas medidas están reforzando la idea de la Europa Fortaleza, con muros físicos, políticos y sociales que se erigen para una mayor seguridad frente a una supuesta amenaza, pero que finalmente resultan cada vez más peligrosos para las vidas y los derechos de las personas, tanto dentro como fuera de los Estados europeos. En concreto, además del muro noruego, existirían cuatro zonas donde se han erigido barreras: las Repúblicas Bálticas (donde Estonia, Letonia y Lituania han construido muros en sus fronteras con Rusia), la llamada "Ruta de los Balcanes" (con vallas construidas por Austria, Eslovenia, Hungría, Macedonia, Bulgaria y Grecia), los enclaves españoles en el norte de África (las vallas de Ceuta y Melilla), y el muro interno levantado en Calais (Francia), puerta de entrada al Reino Unido, donde además se desmantelaron hace un año los campamentos de refugiados que allí existían. Hay que derribar todos estos muros, pero también los muros de las mentalidades europeas que criminalizan al migrante, y que lo colocan como chivo expiatorio de los problemas internos de cada país, que en el fondo se deben a la propia política de la Unión Europea. La extrema derecha se basa como uno de sus puntales ideológicos en la culpa al extranjero, una criminalización fácil donde dirigir la frustración interna de sus sociedades, que se rebelan ante la austeridad que asfixia a la población trabajadora. Pero vamos a plantear una reflexión interesante a partir de este hecho, para comprobar hasta qué punto los postulados racistas son los que persisten en el fondo del imaginario colectivo de estas formaciones políticas, que luego a su vez intentan trasladar al resto de la sociedad. 

 

Y vamos a hacerlo con la ayuda del Profesor Jorge Majfud, que lo plantea en este artículo para el digital Rebelion bajo el sugerente título de "El racismo no necesita racistas". El mensaje de fondo es bien simple: si el racismo es el discurso dominante, basta con que cualquier persona lo legitime, se adscriba a él, para que pase a ser racista, aunque crea que no lo es. Majfud parte de un enunciado que parece ser inocente, pero que no lo es: "Una persona no necesita ser racista para defender las fronteras o las leyes". Correcto hasta aquí. Bajo una primera lectura, la frase parece ser irrefutable. Sin embargo, si no nos quedamos en la superficie, y ahondamos un poquito más, veremos su auténtico mensaje de fondo. Porque basta con que tomemos en consideración la historia reciente y un contexto presente más amplio, para que enseguida salte un patrón de enfoque abiertamente racista. Como ejemplo de ello, Jorge Mafjud nos ilustra con la frase del novelista francés del siglo XIX Anatole France, quien proclamó: "La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan". Aplicado al rico, parece muy evidente (nunca tendrán que hacerlo), pero la cosa varía si la aplicamos al pobre...La conclusión está clara: uno no necesita ser clasista para apoyar una cultura clasista. Uno no necesita ser machista para reproducir el machismo imperante. Es decir, con frecuencia basta sólo con reproducir, de forma acrítica, una cultura dominante y defender alguna que otra ley, para participar de su fondo, de su mensaje, de su injusticia. Vemos lo que se nos muestra, pensamos lo que se nos expresa, y a esto lo llamamos "objetividad". Pero no es tal.

 

Es el condicionante, la presión del imaginario colectivo de la cultura donde estamos insertos, lo que provoca que, al menos de entrada, pensemos de determinada manera, elaborando un juicio, o mejor dicho, un prejuicio. El verdadero pensamiento crítico es el que obedece a poder escaparse mentalmente del imaginario colectivo, poder plantearnos otras premisas, otros valores, admitir otras posibilidades, y entonces nuestra opinión sí será totalmente libre. Jorge Majfud concluye contundentemente: "Claro, si uno es un hombre de bien y está a favor de hacer cumplir las leyes como corresponde, no por ello es racista. Uno no necesita ser racista cuando las leyes y la cultura ya lo son. En Estados Unidos nadie protesta por los inmigrantes canadienses o europeos. Lo mismo en Europa y hasta en el Cono Sur. Pero todos están preocupados por los negros y los mestizos híbridos del sur. Porque no son blancos, buenos, y porque son pobres, malos. Actualmente, casi medio millón de inmigrantes europeos viven ilegalmente en Estados Unidos. Nadie habla de ellos, como nadie habla de que en México vive un millón de estadounidenses, muchos de ellos de forma ilegal". Desconfiemos, por tanto, cuando alguien nos asevere que "sólo quiere que se cumplan las leyes", o que "le gusta que se las leyes se respeten", porque eso no nos asegura que su juicio sea justo. Detrás de dichas leyes normalmente existe un contexto más o menos extenso de prejuicios que dichas leyes manifiestan, encubren y delimitan...La simple reproducción del discurso dominante es una herramienta muy potente. Y así, en cada trabajador de piel oscura se ve un criminal, porque las mismas leyes de inmigración tienen pánico de los trabajadores pobres. Continuaremos en siguientes entregas.

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27 noviembre 2018 2 27 /11 /noviembre /2018 00:00
Nueva colaboración permanente en el medio Contrainformación

Queridos lectores/as y seguidores/as de este Blog, he de comunicaros que desde la pasada semana he cerrado un nuevo acuerdo de colaboración permanente con el medio digital Contrainformación (https://contrainformacion.es/), de tal forma que podréis encontrar diariamente una columna firmada por mi en dicho medio. Espero que me sigáis en esta nueva aventura con tanta fidelidad como ponéis en esta humilde tribuna, que es mi Blog personal, que seguirá publicando como siempre series de artículos divulgativos sobre el pensamiento alternativo. 

 

Aprovecho la ocasión para daros las gracias por vuestro atento seguimiento a mis artículos y series tanto en este Blog como en el resto de medios donde se hacen eco de mis reflexiones. Son ya ocho largos años de colaboración constante, y de intentar que la calidad de los artículos que aquí se publican no defrauden ni por asomo vuestras expectativas. 

 

Gracias y un abrazo a todos/as!!

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